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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 10 minDemostración 1 (De la fe)
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minComienzan las Demostraciones
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minComienzan las Demostraciones
  5. Sesión 5 · Parte 2 · ≈ 9 minDemostración 5 (De las Guerras)
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 minDemostración 5 (De las Guerras)
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 11 minDemostración 5 (De las Guerras)
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minDemostración 5 (De las Guerras)
  9. Sesión 9 · Parte 3 · ≈ 10 minDemostración 6 (De los Monjes)
  10. Sesión 10 · Parte 3 · ≈ 12 minDemostración 6 (De los Monjes)
  11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 10 minDemostración 6 (De los Monjes)
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 10 minDemostración 6 (De los Monjes)
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 8 minDemostración 6 (De los Monjes)
  14. Sesión 14 · Parte 4 · ≈ 10 minDemostración 8 (De la Resurrección de los muertos)
  15. Sesión 15 · Parte 4 · ≈ 10 minDemostración 8 (De la Resurrección de los muertos)
  16. Sesión 16 · Parte 4 · ≈ 9 minDemostración 8 (De la Resurrección de los muertos)
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 9 minDemostración 10 (De los Pastores)
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 8 minDemostración 10 (De los Pastores)
  19. Sesión 19 · Parte 5 · ≈ 9 minDemostración 17 (De Cristo, el Hijo de Dios)
  20. Sesión 20 · Parte 5 · ≈ 9 minDemostración 17 (De Cristo, el Hijo de Dios)
  21. Sesión 21 · Parte 5 · ≈ 9 minDemostración 21 (De la Persecución)
  22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 9 minDemostración 21 (De la Persecución)
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 9 minDemostración 21 (De la Persecución)
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minDemostración 21 (De la Persecución)
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 1 minDemostración 21 (De la Persecución)
  26. Sesión 26 · Parte 6 · ≈ 11 minDemostración 22 (De la Muerte y de los Últimos Tiempos)
  27. Sesión 27 · Parte 6 · ≈ 9 minDemostración 22 (De la Muerte y de los Últimos Tiempos)
  28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 11 minDemostración 22 (De la Muerte y de los Últimos Tiempos)
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 7 minDemostración 22 (De la Muerte y de los Últimos Tiempos)
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 3 minLo que dejaron las Demostraciones

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    TEXTOS — AFRAHAT, EL SABIO PERSA

    Índice de la obra

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    Afrahat

    Demostraciones

    Texto base: versión inglesa de las Nicene and Post-Nicene Fathers, serie II, vol. 13 (Selections… from the Demonstrations of Aphrahat the Persian Sage, ed. John Gwynn; prefacio de 1898), «Aphrahat: Select Demonstrations» · ocho de las veintitrés demostraciones

    Traducción: Traducción automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro), directa del inglés de las NPNF; no del siríaco, y sin traductor humano

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    Lectura continua · ≈ 247 min · Comentarios editoriales opcionales

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    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    ¿Cómo se enseñaba la fe cristiana en el reino de Persia, en una lengua que no era el griego y, según Gwynn, sin mención de las grandes controversias teológicas de su tiempo? Afrahat, «el sabio persa», escribió en siríaco veintidós «demostraciones» en forma de cartas, cada una abierta por una letra sucesiva del alfabeto siríaco, y una más al final. Esta edición reúne ocho: sobre la fe, las guerras, los solitarios, la resurrección de los muertos, los pastores, el Hijo de Dios, la persecución, y la muerte y los últimos tiempos. Es su versión castellana, traducida directamente del inglés de las Nicene and Post-Nicene Fathers.

    Ficha de la obra

    AutorAfrahat, «el sabio persa»: súbdito del reino persa que escribió en siríaco. Su nombre se olvidó durante siglos y su vida se conoce solo por la obra; nació hacia 280 según Wikipedia (inglés), hacia 270 según Wikipedia (español), y Gwynn dice que para fecharlo no hay más que conjeturas
    TítuloDemostraciones, que Jorge, obispo de los árabes, llamaba «epístolas» en 714 (Gwynn)
    FechaLas demostraciones 1–10, en 337; la 11 a la 22, en 344; la 23, en julio de 345. Las fechas las da el propio autor (Gwynn)
    GéneroExposiciones exhortatorias en forma de carta, dispuestas en acróstico según el alfabeto siríaco
    ExtensiónOcho de las veintitrés demostraciones: 163 párrafos numerados y unas 47 000 palabras en castellano
    TraducciónCastellana, automática y directa del inglés de la edición de base; no del siríaco
    FuenteNicene and Post-Nicene Fathers, serie II, vol. 13, tal como la recogen CCEL y New Advent
    Las ocho demostraciones siguen el orden de la edición. La primera, precedida de la carta de un consultante, expone la fe como un edificio levantado sobre una piedra. La quinta, a propósito de las guerras, recorre las visiones de Daniel sobre los reinos. La sexta se dirige a los solitarios y a las vírgenes. La octava defiende la resurrección de los muertos y qué ocurre entre la muerte y el juicio. La décima exhorta a los pastores. La decimoséptima responde a los judíos que acusan a los cristianos de adorar a un hombre. La vigesimoprimera responde al reproche de paganos y judíos de que el pueblo cristiano, perseguido, no tiene Dios, y la vigesimosegunda, a la muerte y a lo que sigue.
    Comentario editorial · ¿Quién fue «el sabio persa»?
    Los manuscritos antiguos no dan el nombre del autor: lo llaman «el sabio persa» o «Mar Jacob, el sabio persa». Por eso la versión armenia y Genadio de Marsella lo confundieron con Santiago de Nisibis, que murió en 338. Según Gwynn, el nombre Afrahat solo reaparece en el siglo X; un manuscrito de 1364 lo hace «obispo de Mar Mathai», cerca de Mosul, pero Wikipedia juzga improbable que ese monasterio existiera tan pronto. Tampoco hay acuerdo en el nacimiento: hacia 280 (Wikipedia, en inglés) o 270 (Wikipedia, en español); Gwynn dice que para fecharlo no se ha dado más argumento que la conjetura.

    La fuente y su traducción

    Este texto es una traducción castellana directa de la versión inglesa que se imprimió en el volumen 13 de la serie II de las Nicene and Post-Nicene Fathers (NPNF): Gregory the Great (II), Ephraim Syrus, Aphrahat, editado por Philip Schaff y Henry Wace. La sección de Afrahat forma parte de las Selections… from the Hymns and Homilies of Ephraim the Syrian and from the Demonstrations of Aphrahat the Persian Sage, editadas, con una disertación introductoria, por John Gwynn, profesor de Teología en la Universidad de Dublín; su prefacio está fechado en el Trinity College de Dublín el 31 de marzo de 1898. New Advent da como pie de imprenta «Buffalo, 1890», que es el de la serie; la portada de CCEL es de T&T Clark (Edimburgo) y Eerdmans (Grand Rapids). Se tradujo del inglés, no del siríaco: es la traducción de una traducción, y conviene cotejarla antes de citarla en un trabajo académico.
    Quién tradujo el inglés. New Advent dice que las Demostraciones fueron «traducidas por John Gwynn». El prefacio del propio volumen dice otra cosa: las selecciones de Afrahat son obra del traductor de las homilías de Efrén, el reverendo Albert Edward Johnston, que siguió la edición siríaca de Dom Parisot (Patrologia Syriaca, I, París, 1894), y Gwynn declara haberlas revisado por entero y responder de su exactitud. Aquí se sigue el prefacio.
    El texto de partida. Son ocho de las veintitrés demostraciones: la 1, 5, 6, 8, 10, 17, 21 y 22. Gwynn cuenta que el texto siríaco, perdido durante siglos, se recuperó de la colección de manuscritos nitrios del Museo Británico (Cureton lo descubrió) y que Wright lo publicó en Londres en 1869. Antes solo se conocía una versión armenia con diecinueve demostraciones, impresa en Roma en 1756 bajo el nombre de Santiago de Nisibis. El comienzo de la carta del consultante, que falta en siríaco, el volumen lo toma del armenio a través del latín de Graffin.
    La traducción castellana la hizo un programa (Libyx, con el modelo DeepSeek V4 Pro) sobre ese inglés, sin traductor humano. Conserva el orden y los párrafos de la edición inglesa, pero nadie la ha revisado frase a frase; los defectos hallados se avisan al final.
    Lo que viene de la edición. La numeración en párrafos («1.», «2.»…), los títulos «Demostración N (De…)», los dos encabezados de la primera («Carta de un consultante» y «Comienzan las Demostraciones»), los paréntesis y las aclaraciones entre paréntesis son de la edición inglesa. Las referencias bíblicas entre corchetes («[Mateo 10:8]») son las que el volumen da en notas al pie, intercaladas en el texto por el epub; aquí se enlazan al lector bíblico, que muestra las Biblias modernas del sitio, y no son de Afrahat. Las notas explicativas de Gwynn no pasaron al epub; las que se citan en esta edición se identifican como suyas. Afrahat sigue la Peshitta, de modo que un versículo puede diferir de lo que dice el lector. Los títulos de las demostraciones y los dos encabezados de la primera vienen del epub: dentro del texto no se ha añadido ningún encabezado del editor.

    Demostración 1 (De la fe)

    Carta de un consultante

    Carta, § 1

    1. Amado, te envío consultas y preguntas, pues me veo obligado a buscar de ti más instrucción sobre muchos puntos. No rehúses oírme. Mi espíritu me urge a advertirte sobre muchos temas, para que tú me expongas las percepciones espirituales de tu mente y me muestres todo lo que has aprehendido de los libros santos, de modo que mi deficiencia sea suplida por ti, mi hambre saciada con tu doctrina, y mi sed sea mitigada por ti desde la fuente de tu instrucción. Sin embargo, aunque muchas cosas están dispuestas en mi pensamiento para preguntarte, con todo están reservadas en mí, para que, cuando vaya a ti, me instruyas en todos los asuntos.
    Comentario editorial · Un comienzo recuperado del armenio
    Una nota de Gwynn avisa de que el principio de esta carta, hasta «muchos temas», se perdió en el original siríaco y se conserva en la versión armenia; el volumen lo toma de allí a través del latín de Graffin (Patrologia Syriaca, I). Esa versión, impresa en Roma en 1756 con diecinueve demostraciones y bajo el nombre de Santiago de Nisibis, atribuye además, según Gwynn, la carta a Gregorio el Iluminador, algo que él califica de imposible.

    Carta, § 2

    2. Pero ante todas las cosas deseo que escribas y me instruyas acerca de esto que me angustia, a saber, acerca de nuestra fe; cómo es, cuál es su fundamento, sobre qué estructura se levanta, en qué se apoya, de qué manera se realizan su cumplimiento y consumación, y cuáles son las obras que se requieren para ella. Pues por mí mismo creo firmemente que Dios es uno, que hizo los cielos y la tierra desde el principio; que adornó el mundo con su hechura; que hizo al hombre a su imagen; Él es quien aceptó la ofrenda de Abel. Trasladó a Enoc por su excelencia. Preservó a Noé por su justicia. Escogió a Abraham por su fe. Habló con Moisés a causa de su mansedumbre. Él es quien habló en todos los profetas, y además envió a su Cristo al mundo. Puesto que, hermano mío, así creo que estas cosas son así, por tanto, hermano, te ruego que escribas y me muestres cuáles son las obras que requiere esta fe nuestra, para que así me dejes en reposo.

    Comienzan las Demostraciones

    I, 1

    1. He recibido tu carta, amado mío, y al leerla me alegró sobremanera que hayas dirigido tus pensamientos a estas investigaciones. Porque esto que me has pedido te será concedido gratuitamente, [] porque gratuitamente fue recibido. Y todo el que tiene y desea retener de aquel que busca, cuanto retenga le será quitado. Quien por gracia gratuita recibe, por gracia gratuita también le conviene dar. Y así, amado mío, en cuanto a lo que me has pedido, en la medida en que mi insignificancia lo ha aprehendido, te escribiré. Y también todo aquello que no me has pedido, invocando a Dios, te lo explicaré. Oye, pues, amado mío, y abre hacia mí los oídos interiores de tu corazón, y las percepciones espirituales de tu mente a lo que te digo.

    I, 2

    2. La fe se compone de muchas cosas y por muchas clases de cosas es llevada a perfección. Porque es como un edificio que se construye con muchas piezas de obra, y así su fábrica se levanta hasta lo alto. Y sabe, amado mío, que en los cimientos del edificio se colocan piedras, y así, apoyándose en piedras, todo el edificio se levanta hasta ser perfeccionado. Así también la verdadera Piedra, nuestro Señor Jesucristo, es el fundamento de toda nuestra fe. Y sobre Él, sobre esta Piedra, se basa la fe. Y apoyándose en la fe, toda la estructura se levanta hasta completarse. Porque es el fundamento el comienzo de todo el edificio. Pues cuando alguien es acercado a la fe, se le coloca sobre la Piedra, es decir, nuestro Señor Jesucristo. Y su edificio no puede ser sacudido por las olas, ni puede ser dañado por los vientos. Por las ráfagas tempestuosas no cae, porque su estructura está levantada sobre la roca de la verdadera Piedra. Y en esto que he llamado a Cristo la Piedra, no he hablado de mi propio pensamiento, sino que los Profetas de antemano lo llamaron Piedra. Y esto te lo aclararé.

    I, 3

    3. Y ahora oye acerca de la fe que se basa en la Piedra, y acerca de la estructura que se levanta sobre la Piedra. Porque primero el hombre cree, y cuando cree, ama. Cuando ama, espera. Cuando espera, es justificado. Cuando es justificado, es perfeccionado. Cuando es perfeccionado, es consumado. Y cuando toda su estructura está levantada, consumada y perfeccionada, entonces se convierte en casa y templo para morada de Cristo, como dijo el Profeta Jeremías:— El templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor sois vosotros, si enmendáis vuestros caminos y vuestras obras. [] Y de nuevo dijo por medio del Profeta:— Habitaré en ellos y caminaré en ellos. [] Y también el bendito Apóstol dijo así:— Vosotros sois el templo de Dios y el Espíritu de Cristo habita en vosotros. Y también nuestro Señor dijo de nuevo así a sus discípulos:— Vosotros estáis en Mí y Yo en vosotros. []

    I, 4

    4. Y cuando la casa ha llegado a ser morada, entonces el hombre comienza a preocuparse por aquello que se requiere para Aquel que habita en el edificio. Así como si un rey o un hombre honorable, a quien se da nombre real, se hospedara en la casa, se requerirían para el Rey todos los pertrechos de la realeza y todo el servicio necesario para el honor del Rey. Porque en una casa vacía de todo bien, el Rey no se hospedará, ni habitará en medio de ella; sino que todo lo más excelente de la casa se requiere para el Rey, y que nada en ella falte. Y si algo faltara allí en la casa en que el Rey se hospeda, el guardián de la casa es entregado a la muerte, porque no preparó el servicio para el Rey. Así también el hombre que llega a ser casa, sí, morada, para Cristo, tenga cuidado de lo que se necesita para el servicio de Cristo, que se hospeda en él, y con qué cosas puede agradarle. Porque primero edifica su edificio sobre la Piedra, que es Cristo. Sobre Él, sobre la Piedra, se basa la fe, y sobre la fe se levanta toda la estructura. Para la habitación de la casa se requiere ayuno puro, y se afirma por la fe. Se necesita también para ella oración pura, y por la fe es aceptada. Le es necesario también el amor, y con la fe se compone. Además se necesitan limosnas, y por la fe se dan. Exige también mansedumbre, y por la fe se adorna. Elige también virginidad, y por la fe es amada. Une consigo santidad, y en la fe es plantada. Cuida también de la sabiduría, y por la fe se adquiere. Desea también hospitalidad, y por la fe abunda. Requisito para Él es también la sencillez, y con la fe se mezcla. Exige también paciencia, y por la fe se perfecciona. Tiene respeto también a la longanimidad, y por la fe se adquiere. Ama también el llanto, y por la fe se manifiesta. Busca también la pureza, y por la fe se preserva. Todas estas cosas exige la fe que se basa en la roca de la verdadera Piedra, es decir, Cristo. Estas obras son requeridas para Cristo el Rey, que habita en los hombres edificados en estas obras.

    I, 5

    5. Y si acaso dijeras:— Si Cristo está puesto como fundamento, ¿cómo habita también Cristo en el edificio cuando está terminado? Porque ambas cosas dijo el bendito Apóstol. Pues dijo:— Yo como sabio arquitecto he puesto el fundamento. [] Y allí definió el fundamento y lo aclaró, pues dijo lo siguiente:— Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, que es Jesucristo. [] Y que Cristo además habita en ese edificio es la palabra que se escribió arriba— la de Jeremías, que llamó templos a los hombres y dijo de Dios que habitaba en ellos. Y el Apóstol dijo:— El Espíritu de Cristo habita en vosotros. [] Y nuestro Señor dijo:— Yo y Mi Padre somos uno. [] Y por tanto se cumple aquella palabra, que Cristo habita en los hombres, a saber, en aquellos que creen en Él, y Él es el fundamento sobre el cual se levanta todo el edificio.

    I, 6

    6. Pero debo proseguir con mi declaración anterior de que Cristo es llamado la Piedra en los Profetas. Porque en tiempos antiguos David dijo acerca de Él:— La piedra que desecharon los constructores ha venido a ser cabeza del edificio. Y ¿cómo desecharon los constructores esta Piedra, que es Cristo? [] ¿De qué otro modo sino que así lo rechazaron ante Pilato y dijeron— Este hombre no será rey sobre nosotros. [] Y de nuevo en aquella parábola que nuestro Señor habló, que cierto noble fue a recibir poder real y a volver y reinar sobre ellos; y enviaron tras Él mensajeros diciendo:— Este hombre no será rey sobre nosotros. [] Con estas cosas rechazaron la Piedra, que es Cristo. ¿Y cómo vino a ser cabeza del edificio? ¿De qué otro modo sino que fue puesta sobre el edificio de los gentiles, y sobre ella se levanta todo su edificio? ¿Y quiénes son los constructores? ¿Quiénes sino los sacerdotes y fariseos, que no edificaban un edificio firme, sino que derribaban todo lo que él edificaba, como está escrito en Ezequiel el Profeta:— Edificaba un muro de separación, pero ellos lo sacudían, para que cayera. [] Y de nuevo está escrito:— Busqué entre ellos un hombre que cerrara la cerca y se mantuviera en la brecha sobre la faz de la tierra, para que Yo no la destruyera, y no lo hallé. [] Y además Isaías también profetizó de antemano acerca de esta piedra. Pues dijo:— Así dice el Señor: He aquí que Yo pongo en Sion una piedra escogida, en el ángulo precioso, el corazón del muro del fundamento. [] Y dijo de nuevo allí:— Todo aquel que cree en ella no temerá. [] Y todo el que caiga sobre aquella piedra será quebrantado, y todo aquel sobre quien ella caiga, lo aplastará. [] Porque el pueblo de la casa de Israel cayó sobre Él, y Él fue su destrucción para siempre. Y de nuevo caerá sobre la imagen y la aplastará. [] Y los gentiles creyeron en ella y no temen.

    I, 7

    7. Y Él muestra así con respecto a aquella piedra que fue puesta como cabeza del muro y como fundamento. Pero si aquella piedra fue puesta como fundamento, ¿cómo también vino a ser cabeza del muro? ¿Cómo, sino que cuando nuestro Señor vino, puso su fe en la tierra como un fundamento, y se elevó sobre todos los cielos como cabeza del muro, y todo el edificio fue acabado con las piedras, desde abajo hasta arriba? Y con respecto a la fe, acerca de la cual dije que Él puso su fe en la tierra, David proclamó esto de antemano acerca de Cristo. Pues dijo:— La fe brotará de la tierra. Y además, que está arriba, dijo:— La justicia miró desde los cielos.

    I, 8

    8. Y de nuevo Daniel también habló acerca de esta piedra que es Cristo. Pues dijo:— La piedra fue cortada del monte, no por manos, y golpeó la imagen, y toda la tierra fue llena de ella. [] Esto mostró de antemano con respecto a Cristo, que toda la tierra será llena de Él. Pues he aquí, por la fe de Cristo están llenos todos los confines de la tierra, como dijo David:— El sonido del Evangelio de Cristo ha salido por toda la tierra. Y de nuevo, cuando envió a sus apóstoles, les habló así:— Id, haced discípulos de todas las naciones, y creerán en Mí. [] Y de nuevo el Profeta Zacarías también profetizó acerca de aquella piedra que es Cristo. Pues dijo:— Vi una piedra principal de igualdad y de amor. ¿Y por qué dijo «principal»? Ciertamente porque desde el principio Él estaba con su Padre. Y de nuevo, en cuanto a que habló de amor, fue porque cuando vino al mundo, dijo así a sus discípulos:— Este es Mi mandamiento: que os améis unos a otros. [] Y de nuevo dijo:— Os he llamado Mis amigos (amantes). [] Y el bendito Apóstol dijo así:— Dios amó como en el amor de su Hijo. En verdad Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros. []

    I, 9

    9. Y definitivamente Él mostró acerca de esta piedra:— ¡He aquí! Sobre esta piedra abriré siete ojos. [] ¿Y cuáles son, pues, los siete ojos que fueron abiertos sobre la piedra? Claramente el Espíritu de Dios que moró sobre Cristo con siete operaciones, como dijo el Profeta Isaías:— El Espíritu de Dios reposará y morará sobre Él, (un espíritu) de sabiduría y de inteligencia, de consejo y de fortaleza, de conocimiento y de temor del Señor. [] Estos eran los siete ojos que fueron abiertos sobre la Piedra, y estos son los siete ojos del Señor que miran sobre toda la tierra. []

    I, 10

    10. Y también con referencia a Cristo se dijo esto (que sigue). Pues dijo que Él fue dado como luz a todos los gentiles, como dijo el Profeta Isaías:— Te he dado por luz a todos los gentiles, para que seas Mi redención hasta los confines de la tierra. [] Y además David también dijo— Tu palabra es lámpara a mis pies y luz a mis sendas. Y también la palabra y el discurso del Señor es Cristo, como está escrito al comienzo del Evangelio de nuestro Salvador:— En el principio era el Verbo. [] Y con respecto a la luz, allí de nuevo dio testimonio:— La luz resplandecía en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. [] ¿Qué es, pues, esto:— La luz resplandecía en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron? Claramente Cristo, cuya luz resplandeció en medio del pueblo de la casa de Israel, y el pueblo de la casa de Israel no comprendió la luz de Cristo, por cuanto no creyeron en Él, como está escrito:— Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron. [] Y también nuestro Señor Jesús los llamó tinieblas, pues dijo a sus discípulos— Todo lo que os digo en las tinieblas, decidlo en la luz, [] a saber, que vuestra luz resplandezca entre los gentiles; [] porque ellos recibieron la luz de Cristo, que es la Luz de los gentiles. Y dijo de nuevo a sus Apóstoles:— Vosotros sois la luz del mundo. [] Y de nuevo les dijo— Que vuestra luz resplandezca delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. [] Y de nuevo mostró con respecto a sí mismo que Él es la luz, pues dijo a sus discípulos:— Caminad mientras tenéis la luz, antes de que os sorprendan las tinieblas. [] Y de nuevo les dijo:— Creed en la luz, para que seáis hijos de luz. [] Y de nuevo dijo:— Yo soy la luz del mundo. [] Y de nuevo dijo:— Nadie enciende una lámpara y la pone debajo de un celemín o debajo de una cama, ni la pone en un lugar oculto, sino sobre el candelero, para que todos vean la luz de la lámpara. Y la lámpara resplandeciente es Cristo, como David dijo— Tu palabra es lámpara a mis pies y luz a mis sendas.

    I, 11

    11. Y además el Profeta Oseas también dijo:— Encended una lámpara y buscad al Señor. [] Y nuestro Señor Jesucristo dijo:— ¿Qué mujer hay que tenga diez dracmas y pierda una de ellas, y no encienda una lámpara y barra la casa y busque su dracma que perdió? [] ¿Qué significa, pues, esta mujer? Claramente la congregación de la casa de Israel, a la cual fueron dados los diez mandamientos. Perdieron el primer mandamiento— aquel en el que Él les advirtió diciendo:— Yo soy el Señor vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. [] Y cuando hubieron perdido este primer mandamiento, tampoco pudieron guardar los nueve que están después de él, porque del primero dependen los nueve. Pues era imposible que, adorando a Baal, guardaran los nueve mandamientos. Porque perdieron el primer mandamiento, como aquella mujer que perdió una dracma de las diez. Por eso el Profeta clamó a ellos:— Encended una lámpara y buscad al Señor. [] Y además el Profeta Isaías también dijo:— Buscad al Señor, y cuando le hayáis hallado, invocadle; y cuando esté cerca, abandone el pecador su camino y el impío su pensamiento. [] Porque aquella lámpara resplandeció y ellos no buscaron por ella al Señor su Dios. Y su luz resplandeció en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Y la lámpara fue puesta sobre el candelero, y los que estaban en la casa no vieron su luz. ¿Y qué significa, pues, esto, que la lámpara fue puesta sobre el candelero? Claramente su ser levantado sobre la cruz. Y por esto toda la casa se oscureció sobre ellos. Porque cuando lo crucificaron, la luz se oscureció para ellos y resplandeció entre los gentiles, porque desde la hora sexta (del día) en que lo crucificaron hasta la hora novena hubo tinieblas en toda la tierra de Israel. Y el sol se puso al mediodía y la tierra se oscureció en pleno día, como está escrito en Zacarías el Profeta:— Sucederá en aquel día, dice el Señor, que haré que el sol se ponga al mediodía, y oscureceré la tierra en pleno día.

    I, 12

    12. Ahora debo proseguir con mi tema anterior de la fe, que sobre ella se levantan todas las buenas obras del edificio. Y de nuevo, en lo que dije con respecto al edificio, no fue de modo extraño que hablé, sino que el bendito Apóstol escribió en la primera Epístola a los Corintios, diciendo— Yo, como sabio arquitecto, he puesto el fundamento, pero cada uno edifica sobre él. Uno edifica plata y oro y piedras buenas; otro edifica caña y paja y hojarasca. En el último día aquel edificio será probado por el fuego; porque el oro y la plata y las piedras buenas serán preservados en medio del fuego, porque son un edificio firme. Pero en cuanto a la paja y la caña y la hojarasca, el fuego tendrá poder sobre ellas y serán quemadas. ¿Y qué es el oro y la plata y las piedras buenas con que se levanta el edificio? Claramente las buenas obras de la fe, que serán preservadas en medio del fuego; porque Cristo habita en aquel edificio seguro, y Él es su preservador del fuego. Y consideremos y entendamos (esto) por el ejemplo que Dios nos ha dado también en la dispensación anterior, porque las promesas de aquella dispensación permanecerán firmes para nosotros. Entendamos, pues, por (el caso de) aquellos tres varones justos que fueron arrojados en medio del fuego y no fueron quemados, a saber, Ananías, Azarías y Misael, sobre quienes el fuego no tuvo poder, porque edificaron un edificio seguro y rechazaron el mandamiento de Nabucodonosor el rey y no adoraron la imagen que él había hecho. Y en cuanto a aquellos que transgredieron el mandamiento de Dios, el fuego prevaleció al instante sobre ellos y los quemó, y fueron quemados sin misericordia. Porque los sodomitas fueron quemados como paja y caña y hojarasca. Además, Nadab y Abiú fueron quemados, quienes transgredieron el mandamiento de Dios. De nuevo, doscientos cincuenta hombres fueron quemados, que ofrecían incienso. De nuevo, dos príncipes y cien que estaban con ellos fueron quemados, porque se acercaron al monte en el que estaba sentado Elías, quien ascendió en un carro de fuego al cielo. También los calumniadores fueron quemados porque cavaron una fosa para varones justos. Por consiguiente, amado, los justos serán probados por el fuego, como el oro y la plata y las piedras buenas, y los impíos serán quemados en el fuego como paja y caña y hojarasca, y el fuego tendrá poder sobre ellos y serán quemados; tal como el Profeta Isaías dijo:— Por el fuego juzgará el Señor, y por él probará a toda carne. [] Y de nuevo dijo:— Saldréis y veréis los cadáveres de los hombres que pecaron contra Mí, cuyo gusano no morirá, ni su fuego se apagará, y serán un espanto para toda carne. []

    I, 13

    13. Y de nuevo el Apóstol ha comentado para nosotros acerca de este edificio y de este fundamento; pues dijo así:— Nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. [] De nuevo el Apóstol dijo acerca de la fe que está unida con la esperanza y el amor, pues dijo así:— Estas tres cosas permanecen: la fe, la esperanza y el amor. [] Y mostró respecto a la fe que primeramente se pone sobre un fundamento seguro.

    I, 14

    14. Porque Abel, a causa de su fe, su ofrenda fue aceptada. Y Enoc, porque agradó mediante su fe, fue quitado de la muerte. Noé, porque creyó, fue preservado del diluvio. Abraham, mediante su fe, obtuvo bendición, y le fue contada por justicia. Isaac, porque creyó, fue amado. Jacob, a causa de su fe, fue preservado. José, a causa de su fe, fue probado en las aguas de la contienda, y fue librado de su prueba, y su Señor estableció un testimonio en él, como dijo David:— Testimonio ha establecido en José. También Moisés por su fe realizó muchas obras maravillosas de poder. Por su fe destruyó a los egipcios con diez plagas. De nuevo, por la fe dividió el mar, e hizo pasar a su pueblo y hundió a los egipcios en medio de él. Por la fe arrojó el leño en las aguas amargas y se volvieron dulces. Por la fe hizo descender el maná y sació a su pueblo. Por la fe extendió sus manos y venció a Amalec, como está escrito:— Sus manos permanecieron en fe hasta la puesta del sol. También por la fe subió al monte Sinaí, cuando ayunó dos veces por espacio de cuarenta días. De nuevo por la fe venció a Sehón y a Og, reyes de los amorreos.

    I, 15

    15. Esto es maravilloso, amado mío, y un gran prodigio el que hizo Moisés en el mar Rojo, cuando las aguas fueron divididas por la fe, y se alzaron en alto como montañas o como poderosos acantilados. Fueron contenidas y se detuvieron ante el mandamiento; se cerraron como en vasijas, y quedaron firmemente atadas tanto en la altura como en la profundidad. Su fluidez no desbordó el límite, sino que cambiaron la naturaleza de su creación. Las criaturas irracionales se volvieron obedientes. Las olas se hicieron rígidas y aguardaban la venganza, mientras el pueblo había de pasar. Maravilloso fue cómo las olas se detuvieron y esperaron el mandamiento y la venganza. Los fundamentos (ocultos) desde las edades del mundo fueron revelados, y lo que desde el principio había sido líquido de repente se volvió seco. Las puertas levantaron sus cabezas y las puertas eternas fueron levantadas. La columna de fuego entró e iluminó todo el campamento. El pueblo pasó por la fe. Y el juicio de justicia se ejecutó sobre el Faraón y sobre su ejército y sobre sus carros.

    I, 16

    16. Así también Josué hijo de Nun dividió el Jordán por su fe, y los hijos de Israel cruzaron como en los días de Moisés. Pero sabed, amado mío, que este paso del Jordán fue abierto tres veces al ser dividido: primero por Josué hijo de Nun, luego por Elías y después por Eliseo. Porque la palabra del Libro da a conocer que frente a este paso de Jericó, allí Elías fue arrebatado al cielo; pues cuando Eliseo se volvió de seguirlo y dividió el Jordán y pasó, los hijos de los Profetas de Jericó salieron al encuentro de Eliseo y dijeron:— El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo. [] Además, cuando el pueblo cruzó en los días de Josué hijo de Nun (fue allí), pues así está escrito:— El pueblo pasó, frente a Jericó. [] También Josué hijo de Nun por la fe derribó los muros de Jericó, y cayeron sin dificultad. De nuevo por la fe destruyó a treinta y un reyes e hizo que los hijos de Israel heredaran la tierra. Además, por su fe extendió sus manos hacia el cielo y detuvo el sol en Gabaón y la luna en el valle de Ajalón. [] Y fueron detenidos y se quedaron quietos en sus cursos. Pero basta! Todos los justos, nuestros padres, en todo lo que hicieron fueron vencedores por la fe, como también testificó el bendito Apóstol acerca de todos ellos:— Por la fe prevalecieron. [] De nuevo dijo Salomón:— Muchos hombres son llamados misericordiosos, pero un hombre fiel, quién lo hallará? [] También Job dijo así:— Mi integridad no se apartará de mí, y en mi justicia persistiré. []

    I, 17

    17. También nuestro Salvador solía decir así a todo el que se acercaba a Él para ser sanado:— Conforme a tu fe te sea hecho. Y cuando el ciego se acercó a Él, le dijo:— Crees que puedo sanarte? Aquel ciego le dijo:— Sí, Señor, creo. [] Y su fe abrió sus ojos. Y a aquel cuyo hijo estaba enfermo, le dijo:— Cree y tu hijo vivirá. Él le dijo:— Creo, Señor; ayuda mi fe débil. Y por su fe su hijo fue sanado. Y también cuando el noble se acercó a Él, por su fe fue sanado su muchacho, cuando dijo a nuestro Señor:— Di la palabra y mi siervo será curado. [] Y nuestro Señor se maravilló de su fe, y conforme a su fe le sucedió. Y también cuando el principal de la Sinagoga le rogó acerca de su hija, le dijo así:— Solamente cree firmemente y tu hija vivirá. [] Así que creyó y su hija vivió y se levantó. Y cuando Lázaro murió, nuestro Señor dijo a Marta:— Si crees, tu hermano resucitará. Marta le dice:— Sí, Señor, creo. [] Y lo resucitó después de cuatro días. Y también Simón, que fue llamado Cefas, a causa de su fe fue llamado la roca firme. Y de nuevo, cuando nuestro Señor dio el Sacramento del Bautismo a sus apóstoles, les dijo así:— Todo el que cree y es bautizado vivirá, y todo el que no cree será condenado. De nuevo dijo a sus Apóstoles:— Si creéis y no dudáis, nada habrá que no podáis hacer. [] Pues cuando nuestro Señor caminó sobre las olas del mar, Simón también por su fe caminó con Él; pero cuando en cuanto a su fe dudó, y comenzó a hundirse, nuestro Señor lo llamó, hombre de poca fe. [] Y cuando los Apóstoles pidieron a nuestro Señor, no le rogaron nada más que esto, diciéndole:— Auméntanos la fe. Él les dijo:— Si hubiera en vosotros fe, incluso un monte se apartaría de delante de vosotros. Y les dijo:— No dudéis, no sea que os hundáis en medio del mundo, así como Simón, cuando dudó, comenzó a hundirse en medio del mar. Y de nuevo dijo así— Esta será la señal para los que creen; hablarán en nuevas lenguas y echarán fuera demonios, y pondrán sus manos sobre los enfermos y serán sanados. []

    I, 18

    18. Acerquémonos, pues, amado mío, a la fe, ya que sus poderes son tan numerosos. Porque la fe levantó a los cielos (a Enoc), y venció al Diluvio. Hizo dar a luz a la estéril. Libró de la espada. Levantó de la fosa. Enriqueció al pobre. Soltó a los cautivos. Libró a los perseguidos. Hizo descender el fuego. Dividió el mar. Hendió la roca, y dio de beber agua al sediento. Sació al hambriento. Resucitó a los muertos, y los sacó del sheol. Calmó las olas. Sanó a los enfermos. Venció a ejércitos. Derribó muros. Cerró la boca de los leones, y apagó la llama del fuego. Humilló a los soberbios, y trajo a los humildes a honra. Todas estas obras poderosas fueron hechas por la fe.

    I, 19

    19. Ahora bien, así es la fe: cuando un hombre cree en Dios, Señor de todo, que hizo los cielos y la tierra y los mares y todo lo que hay en ellos; y que hizo a Adán a su imagen; y que dio la Ley a Moisés; envió de su Espíritu sobre los profetas; envió además a su Cristo al mundo. Además, que un hombre crea en la resurrección de los muertos; y crea también en el sacramento del bautismo. Esta es la fe de la Iglesia de Dios. Y (es necesario) que el hombre se aparte de la observancia de horas y de sábados y de lunas y de estaciones, y de adivinaciones y hechicerías y artes caldeas y magia, de la fornicación y de la música festiva, de las doctrinas vanas, que son instrumentos del Maligno, de la adulación de palabras melosas, de la blasfemia y del adulterio. Y que no dé falso testimonio, y que no hable con doblez de lengua. Estas, pues, son las obras de la fe que se funda sobre la verdadera Piedra que es Cristo, sobre quien todo el edificio es levantado.

    I, 20

    20. Además, amado mío, hay mucho más en los Santos Libros acerca de la fe. Pero estas pocas cosas de entre lo mucho te he escrito para recordarlas a tu amor, para que conozcas y hagas conocer, y creas y también seas creído. Y cuando hayas leído y aprendido las obras de la fe, seas hecho semejante a aquella tierra labrada sobre la cual cayó la buena semilla, y produjo fruto al ciento, al sesenta y al treinta por uno. Y cuando llegues a tu Señor, Él te llamará siervo bueno, prudente y fiel, que a causa de su fe, que abundó, ha de entrar en el Reino de su Señor.

    Demostración 5 (De las Guerras)

    V, 1

    1. Esta reflexión me ha sobrevenido en este tiempo acerca del estremecimiento que ha de tener lugar en este tiempo, y de la hueste que se ha reunido para la espada. Los tiempos fueron dispuestos de antemano por Dios. Los tiempos de paz se cumplen en los días de los buenos y justos; y los tiempos de muchos males se cumplen en los días de los malos y transgresores. Pues así está escrito:— El bien debe suceder, y bendito aquel por quien acontecerá; y el mal debe suceder, pero ay de aquel por quien acontecerá. El bien ha venido al pueblo de Dios, y la bendición aguarda a aquel hombre por quien vino el bien. Y el mal es suscitado en cuanto a la hueste que se reúne por medio del malvado y arrogante que se gloría; y también hay ay reservado para aquel por quien el mal es suscitado. Pero no reprochéis, amado mío, a la persona malvada que ha infligido mal sobre muchos; porque los tiempos fueron dispuestos de antemano y ha llegado el tiempo de su cumplimiento.

    V, 2

    2. Por tanto, porque es el tiempo del Maligno, oíd en misterio lo que os escribo. Pues así está escrito:— Lo que entre los hombres es ensalzado, es despreciable ante Dios. [] Y de nuevo está escrito:— Todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado. [] También dijo Jeremías:— No se gloríe el poderoso en su poder, ni el rico en sus riquezas. [] Y de nuevo dijo el bendito Apóstol:— El que se gloría, gloríese en el Señor. [] Y David dijo:— Vi al impío ensalzado y levantado como el cedro del Líbano; y cuando pasé, ya no estaba; lo busqué y no lo hallé.

    V, 3

    3. Porque todo el que se gloría será humillado. Caín se glorió sobre Abel su hermano y lo mató. Y fue maldecido y se convirtió en fugitivo y vagabundo en la tierra. De nuevo los sodomitas se gloriaron sobre Lot, y cayó sobre ellos fuego del cielo y los quemó, y su ciudad fue derribada sobre ellos. Y Esaú se glorió sobre Jacob y lo persiguió, y Jacob recibió la primogenitura y las bendiciones de Esaú. Y los hijos de Jacob se gloriaron sobre José, y (después) cayeron y lo adoraron en Egipto. Y el Faraón se glorió sobre Moisés y sobre su pueblo; y el Faraón y su ejército fueron ahogados en el mar. Y Datán y Abirán se gloriaron sobre Moisés, y descendieron vivos al sheol. Y Goliat amenazó a David, y cayó delante de él y fue aplastado. Y de nuevo Saúl persiguió a David, y cayó por la espada de los filisteos. Y Absalón se ensalzó contra él, y Joab lo mató en la batalla. De nuevo Ben-adad se glorió sobre Acab, y fue entregado en mano de Israel. Y Senaquerib blasfemó contra Ezequías y contra su Dios, y su ejército se convirtió en cadáveres cuando uno de los Vigilantes salió y mató en el campamento a ciento ochenta y cinco mil, por la oración de Ezequías y por la oración del Profeta Isaías, el más glorioso de los Profetas. Acab se ensalzó sobre Miqueas, y subió y cayó en Ramot de Galaad. Jezabel se glorió sobre Elías, y los perros la devoraron en la heredad de Jezreel. Amán se glorió sobre Mardoqueo, y su iniquidad se volvió sobre su propia cabeza. Los babilonios se gloriaron sobre Daniel y lo echaron al foso de los leones, y Daniel salió victorioso, y ellos fueron echados en su lugar al foso. De nuevo los babilonios se gloriaron y acusaron a Ananías y a sus compañeros, y fueron echados al horno de fuego; y salieron victoriosos y la llama devoró a los acusadores.

    V, 4

    4. Ahora bien, dijo Nabucodonosor:— Subiré al cielo y ensalzaré mi trono por encima de las estrellas de Dios, y me sentaré en los montes altos que están en los confines del Norte. [] Isaías dijo acerca de él:— Porque tu corazón te ha ensalzado así, por tanto serás derribado al sheol, y todos los que te miren se asombrarán de ti. [] Y Senaquerib también dijo así:— Subiré a la cumbre de los montes y a las espaldas del Líbano. Cavaré y beberé agua, y secaré con las pezuñas de mis caballos todos los ríos profundos. Y porque así se ensalzó, Isaías de nuevo dijo acerca de él:— Por qué se jacta el hacha contra el que corta con ella, o se ensalza la sierra contra el que sierra con ella, o se levanta la vara contra el que la blande? [] Porque tú, Senaquerib, eres el hacha en las manos del que corta, y eres la sierra en las manos del que sierra, y la vara en la mano del que te blande para castigo, y eres el bastón para herir. Tú eres enviado contra el pueblo inconstante, y de nuevo eres ordenado contra el pueblo obstinado, para que lleves cautividad y tomes despojo; y los has hecho como el lodo de las calles para todos los hombres y para todos los gentiles. Y cuando hayas hecho todas estas cosas, por qué te ensalzas contra Aquel que te sostiene, y por qué te jactas contra Aquel que sierra contigo, y por qué has injuriado a la ciudad santa? Y has dicho a los hijos de Jerusalén:— Puede vuestro Dios libraros de mi mano? [] Y has osado decir:— Quién es el Señor para que os libre de mis manos? Por esto, oíd la palabra del Señor, que dice:— Aplastaré al asirio en mi tierra, y sobre mis montes lo pisotearé. [] Y cuando él haya sido aplastado y pisoteado, la Virgen, hija de Sion, lo despreciará, y la hija de Jerusalén moverá su cabeza y dirá:— A quién has injuriado y blasfemado, y contra quién has levantado tu voz? Has levantado tus ojos hacia el cielo contra el Santo de Israel, y por mano de tus mensajeros has injuriado al Señor. Mira ahora que el anzuelo ha sido metido en tus narices, y el freno en tus labios, y has vuelto con el corazón quebrantado, tú que viniste con el corazón enaltecido. Y su muerte fue por mano de sus seres queridos; y en la casa de su confianza, allí fue derribado, y cayó delante de su dios. Y verdaderamente fue justo, amado mío, que su cuerpo se convirtiera así en sacrificio y ofrenda delante de aquel dios en quien confió, y en su templo, como memorial para su ídolo.

    V, 5

    5. De nuevo el carnero fue levantado y ensalzado, y empujó con sus cuernos hacia el occidente, y hacia el norte, y hacia el sur, y humilló a muchas bestias. Y no pudieron estar delante de él, hasta que el macho cabrío vino del occidente y golpeó al carnero y le rompió los cuernos y humilló por completo al carnero. Pero el carnero era el rey de Media y de Persia, es decir, Darío; y el macho cabrío era Alejandro, hijo de Filipo, el macedonio. Porque Daniel vio al carnero cuando estaba en el Oriente, delante de la puerta de Susa, la fortaleza que está en la provincia de Elam, sobre el río Ulai. Y empujaba hacia el Occidente y hacia el Norte y hacia el Sur. Y ninguna de las bestias podía estar delante de él. Y el macho cabrío de las cabras subió de la región de los griegos, y se ensalzó contra el carnero. Y lo golpeó y le rompió ambos cuernos, el mayor y el menor. Y por qué dijo que le rompió ambos cuernos? Claramente porque humilló a ambos reinos que él gobernaba: el menor, el de los medos, y el mayor, el de los persas. Pero cuando Alejandro el griego vino, mató a Darío, rey de Media y de Persia. Pues así dijo el ángel a Daniel, cuando le explicaba la visión:— El carnero que viste era el rey de Media y de Persia, y el macho cabrío el rey de los griegos. [] Ahora bien, desde el tiempo en que fueron rotos los dos cuernos del carnero, hasta este tiempo, han transcurrido seiscientos cuarenta y ocho años.
    Comentario editorial · Contar el tiempo desde Alejandro
    Los «seiscientos cuarenta y ocho años» se cuentan desde la era de Alejandro, que Gwynn hace partir de 311 a. C.: de ahí el año 337, el de la muerte de Constantino. Afrahat lo repite al cerrar la serie (Demostración 22, § 25): las diez primeras son del año 648 y las doce últimas del 655 (344) y del año treinta y cinco «del Rey Persa». Wikipedia da el reinado de Sapor II como 309–379, de modo que el año 35 coincide con 344. La demostración 14, que no figura aquí, lleva su fecha expresa («el mes de Shebat del año 655», según Gwynn), y la 23 es de julio de 345.

    V, 6

    6. Por tanto, en cuanto al carnero, sus cuernos están rotos. Y aunque sus cuernos están rotos, he aquí! se ensalza y se levanta contra la cuarta bestia, que es fuerte y poderosa, y sus dientes de hierro y sus cascos de bronce; y devorará y triturará, y pisoteará con sus pies lo que quede. [] Oh carnero, cuyos cuernos están rotos, descansa de la bestia, y no la provoques, no sea que te devore y te muela hasta polvo! El carnero no pudo estar delante del macho cabrío; cómo estará delante de aquella bestia terrible, cuya boca habla grandes cosas, [] y todo lo que halla lo acecha como león sobre su presa? Quien provoca al león se convierte en su porción; y quien agita a aquella bestia, ella lo devorará. Y quién hay que escape de debajo de los pies de aquella bestia cuando lo está pisoteando? Porque la bestia no será muerta hasta que el Anciano de Días se siente en el trono, y el Hijo del Hombre se acerque delante de Él, y se le dé autoridad. Entonces aquella bestia será muerta y su cadáver perecerá. Y el Reino del Hijo del Hombre será establecido, un Reino eterno, y su autoridad de generación en generación.

    V, 7

    7. Cállate, tú que te ensalzas; no te jactes! Porque si tu riqueza ha enaltecido tu corazón, no es más abundante que la de Ezequías, quien entró y se jactó de ella delante de los babilonios; (sin embargo) toda ella fue llevada y fue a Babilonia. Y si te glorías en tus hijos, serán llevados lejos de ti a la Bestia, como fueron llevados los hijos del rey Ezequías, y se convirtieron en eunucos en el palacio del rey de Babilonia. Y si te glorías en tu sabiduría, no superas en ella al príncipe de Tiro, a quien Ezequiel reprochó, diciéndole:— Eres más sabio que Daniel, o has visto por tu sabiduría las cosas ocultas? [Ezequiel 18:3] Y si tu mente se envanece por tus años, que son muchos; no son más en número que los del príncipe de Tiro que gobernó el reino durante los días de veintidós reyes de la casa de Judá, es decir, por cuatrocientos cuarenta años. Y puesto que los años de aquel rey de Tiro eran muchos, todo el tiempo decía así en su corazón: Yo soy Dios y estoy sentado en el trono de Dios en el corazón de los mares. [] Pero Ezequiel le dijo: Tú eres hombre y no eres Dios. Porque mientras el príncipe de Tiro caminaba sin falta en medio de las piedras de fuego, hubo misericordia sobre él. Pero cuando su corazón se enalteció, el querubín que da sombra lo destruyó. []

    V, 8

    8. Ahora, qué son las piedras de fuego, sino los hijos de Sion y los hijos de Jerusalén? Porque en el tiempo antiguo, en los días de David y de Salomón su hijo, Hiram era amigo de los de la casa de Israel. Pero cuando fueron llevados cautivos de su lugar, se regocijó sobre ellos y los pisoteó con sus pies, y no se acordó de la amistad de la casa de David. Y en cuanto a lo que dije, que los hijos de Judá fueron llamados piedras de fuego, no fue de mi propio pensamiento que lo dije, sino que el profeta Jeremías habló acerca de ellos; pues cuando él derramaba lágrimas por ellos en las Lamentaciones, dijo:— Los hijos de Sion eran más excelentes que las piedras preciosas. [] Y de nuevo dijo:— Cómo son arrojadas las piedras del Santuario a la cabeza de todas las calles? [] Y de nuevo Él dijo por el Profeta:— Santas eran las piedras que fueron arrojadas en su tierra. [] Y en cuanto a estas mismas piedras, el fuego ardía en ellas, como dijo Jeremías:— La palabra del Señor se volvió en mi corazón como fuego ardiente, y estaba caliente en mis huesos. [] Y de nuevo Él dijo a Jeremías:— He aquí que pongo mi palabra en tu boca como fuego, y este pueblo será como leña. [] Y de nuevo dijo que las palabras saldrán como fuego, y como hierro que corta la piedra. [] Por esta razón los Profetas, entre los cuales caminaba Hiram, príncipe de Tiro, fueron llamados piedras de fuego.

    V, 9

    9. Y de nuevo (Dios) le dijo:— Tú estabas con el Querubín que era ungido y daba sombra. [] Porque el rey, que era ungido con el óleo santo, fue llamado Querubín. Y daba sombra a todo su pueblo, como dijo Jeremías:— El ungido del Señor es el aliento de nuestras narices, aquel de quien dijimos que a su sombra viviremos entre los gentiles. [] Porque estaban sentados a la sombra del rey, mientras él estaba a la cabeza de ellos. Y cuando cayó la corona de su cabeza, quedaron sin sombra. Y si alguno dijera que esta palabra se dice de Cristo, reciba lo que le escribo sin discusión, y así será persuadido de que fue dicha con referencia al rey. Porque Jeremías dijo en favor del pueblo:— Ay de nosotros, porque ha caído la corona de nuestra cabeza! [] Pero Cristo no ha caído, porque resucitó al tercer día. Porque el rey cayó de la casa de Judá, y nunca más fue levantado su reino. Y en cuanto a lo que Él dijo de nuevo:— Destruiré al Querubín que da sombra. [] Porque el Querubín que Él destruirá es Nabucodonosor, como está escrito:— Ejecutó una obra en Tiro, y no se le dio por Tiro paga para su ejército, y en recompensa por la obra de Tiro se le dio la tierra de Egipto. [] Y por qué no se le dio paga por Tiro a Nabucodonosor? Claramente porque su riqueza se fue al mar, de modo que Nabucodonosor no la recibió. Y en aquel tiempo Él destruyó al Querubín que da sombra, que es Nabucodonosor. Porque hay dos Querubines: uno ungido y que da sombra, y uno que da sombra pero no ungido. Porque Él dijo arriba:— Tú estabas con el Querubín ungido y que da sombra. [] Y más abajo Él dijo:— Te destruiré a ti, Querubín que da sombra; [] y no dijo «ungido.» Porque Nabucodonosor no era ungido; pero David y Salomón sí lo eran, y los otros reyes que se levantaron después de ellos. Y cómo fue llamado Nabucodonosor que da sombra? Claramente a causa de la visión del árbol, cuando vio un árbol en medio de la tierra, bajo el cual habitaban todas las bestias del campo y en sus ramas habitaban todas las aves del cielo, y de él se alimentaba toda carne. Cuando Daniel le interpretó su sueño, Daniel le dijo:— Tú eres el árbol, aquel árbol que viste en medio de la tierra y debajo de ti habitan todas las naciones. Por esta razón él era el Querubín que da sombra; quien destruyó al príncipe de Tiro, porque se regocijó sobre los hijos de Israel, porque fueron llevados cautivos de su tierra, y porque su corazón se enalteció. Esta Tiro también quedó desolada setenta años, como Jerusalén que estuvo asolada setenta años. Porque Isaías dijo acerca de ella:— Tiro vagará setenta años, como los días de un rey, y fornicará con todos los reinos que están sobre la faz de la tierra.

    V, 10

    10. Oh tú que eres ensalzado y levantado, no dejes que la jactancia de tu corazón te engañe, ni digas: Subiré contra la tierra rica y contra la bestia poderosa. Porque aquella bestia no será muerta por el carnero, puesto que sus cuernos están rotos. Porque el macho cabrío rompió los cuernos del carnero. [Daniel 7:7] Ahora el macho cabrío se ha convertido en la bestia poderosa. Porque cuando los hijos de Jafet tuvieron el reino, entonces mataron a Darío, rey de Persia. Ahora la cuarta bestia ha tragado a la tercera. Y esta tercera consiste en los hijos de Jafet, y la cuarta consiste en los hijos de Sem, pues son los hijos de Esaú. Porque, cuando Daniel vio la visión de las cuatro bestias, vio primero a los hijos de Cam, la simiente de Nemrod, que son los babilonios; y en segundo lugar, a los persas y medos, que son los hijos de Jafet; y en tercer lugar, a los griegos, hermanos de los medos; y en cuarto lugar, a los hijos de Sem, que son los hijos de Esaú. Porque se formó una confederación entre los hijos de Jafet y los hijos de Sem. Entonces el gobierno fue quitado de los hijos de Jafet, el menor, y fue dado a Sem, el mayor; y hasta hoy continúa, y continuará para siempre. Pero cuando haya llegado el tiempo de la consumación del dominio de los hijos de Sem, el Gobernante, que salió de los hijos de Judá, recibirá el reino, cuando venga en su segunda Venida.

    V, 11

    11. Porque en la visión de Nabucodonosor, cuando la vio, la cual Daniel dio a conocer y mostró a Nabucodonosor, cuando vio la imagen que estaba frente a él, la cabeza de la imagen era de oro, y su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce, y sus piernas y sus pies de hierro y de barro de alfarero. [] Y Daniel dijo a Nabucodonosor:— Tú eres la cabeza de oro. ¿Y por qué fue llamado cabeza de oro? ¿No fue porque la palabra de Jeremías se cumplió en él? Porque Jeremías dijo:— Babilonia es una copa de oro en la mano del Señor, que hace beber a toda la tierra de su vino. [] Y también Babilonia fue llamada cabeza de todos los reinos, como está escrito:— Babilonia era la cabeza del de Nemrod. []

    V, 12

    12. Y dijo que el pecho y los brazos de la imagen eran de plata. Esto significaba un reino que era inferior a él; a saber, Darío el Medo. Porque (Dios) puso el reino en la balanza. Porque el reino de la casa de Nemrod fue pesado y hallado falto. Y puesto que era falto, Darío lo recibió. Por esto dijo que su reino era inferior. [] Y porque era inferior, los hijos de Media no gobernaron en toda la tierra. Ahora bien, el vientre y los muslos de la imagen eran de bronce, y dijo:— El tercer reino gobernará en toda la tierra. [Ibid] Es el reino de los hijos de Javán, que son hijos de Jafet. Porque los hijos de Javán vinieron contra el reino de sus hermanos. Porque Madai y Javán son hijos de Jafet. [] Pero Madai era necio e incapaz de gobernar el reino, hasta que vino Javán, su hermano, que era sabio y astuto, para destruir el reino. Porque Alejandro, hijo de Filipo, gobernó en toda la tierra.

    V, 13

    13. Y las piernas y los pies de la imagen eran de hierro. Este es el reino de los hijos de Sem, que son los hijos de Esaú, el cual es fuerte como el hierro. Y dijo:— Como el hierro rompe y subyuga todas las cosas, así también el cuarto reino romperá y quebrantará todas las cosas. [] Y explicó con referencia a los pies y los dedos de los pies, que parte de ellos era de hierro y parte de ellos de barro de alfarero. Porque dijo:— Así se mezclarán con la simiente del hombre, y no se pegarán el uno al otro, como el hierro no puede mezclarse con el barro. [] Esto se refería al cuarto reino. Porque en el reino de los hijos de Esaú no había un rey, hijo de rey, establecido para gobernar el reino; sino que cuando los hijos de Esaú se reunieron en una ciudad poderosa, entonces hicieron un senado. Y desde entonces solían poner como jefe de la ciudad a un hombre sabio para gobernar el reino, no sea que cuando el Gobernador de su reino los pesara, fueran hallados faltos, y el reino les fuera quitado como el reino de los hijos del arrogante Nemrod fue quitado y dado a los hijos del necio Madai. Y este rey que era puesto, la simiente de aquel rey anterior lo destruía; y no se pegaban el uno al otro. Pero en cuanto a la simiente del hombre que se compara con el barro, el significado es este: que cuando el rey era elegido para el reino, se mezclaba con la raíz del reino de hierro.

    V, 14

    14. Y mostró que en los días de aquellos reyes, que se levantarán en el reino, el Dios del cielo establecerá un reino que no será destruido y no pasará jamás. [] Este es el Reino del Rey Mesías, que es el que hará pasar el cuarto reino. Y arriba dijo:— Viste una piedra que fue cortada, pero no por manos; y golpeó la imagen sobre sus pies de hierro y de barro de alfarero y los desmenuzó. [] Ahora bien, no dijo que golpeó sobre la cabeza de la imagen, ni sobre su pecho y sus brazos, ni tampoco sobre su vientre y sus muslos, sino sobre sus pies; porque, de toda la imagen, aquella piedra cuando venga hallará solamente los pies. Y en el siguiente versículo dijo:— El hierro y el bronce y la plata y el oro fueron desmenuzados juntamente. [] Porque después de ellos, cuando el Rey Mesías reine, entonces humillará el cuarto reino, y romperá toda la imagen; porque por toda la imagen se entiende el mundo. Su cabeza es Nabucodonosor; su pecho y sus brazos, el Rey de Media y de Persia; su vientre y sus muslos, el Rey de los griegos; sus piernas y sus pies, el reino de los hijos de Esaú; la piedra que golpeó la imagen y la rompió, y con la cual toda la tierra fue llena, es el reino del Rey Mesías, Quien reducirá a la nada el reino de este mundo, y Él reinará por siempre jamás.

    V, 15

    15. Oíd de nuevo acerca de la visión de las cuatro bestias que Daniel vio subir del mar y diversas una de otra. Esta es la apariencia de ellas:— La primera era semejante a un león, y tenía alas de águila. Y vi que sus alas fueron arrancadas, y se puso en pie como un hombre sobre sus pies, y le fue dado corazón de hombre. [] Y la segunda bestia era semejante a un oso, y se alzaba sobre un costado y había tres costillas en su boca entre sus dientes. Y la tercera bestia era semejante a un leopardo, y tenía cuatro alas y cuatro cabezas. Y la cuarta bestia era sobremanera terrible y fuerte y poderosa, y tenía dientes grandes. Devoraba y desmenuzaba, y todo lo que quedaba, lo hollaba con sus pies. Ahora bien, el gran mar que Daniel vio [Daniel 7:2] es el mundo: y estas cuatro bestias son los cuatro reinos significados arriba.

    V, 16

    16. Ahora bien, en cuanto a la primera bestia, dijo acerca de ella que era semejante a un león, y tenía alas de águila. Porque la primera bestia era el reino de Babilonia, que era semejante a un león. Porque así escribió Jeremías, diciendo:— Israel es una oveja descarriada. Los leones los hicieron errar. Primero el rey de Asiria lo devoró. Y este último fue más fuerte que él, Nabucodonosor, rey de Babilonia. [] Así que Jeremías lo llamó león. Y dijo:— Él tiene alas de águila. Porque así está escrito que, cuando Nabucodonosor salió al desierto con las bestias, le creció pelo como (el plumaje) de águila. Y dijo:— Vi que sus alas fueron arrancadas y se puso recto sobre sus pies como un hombre, y le fue dado corazón de hombre. [Daniel 4:30] Porque primero, en la visión de la imagen, fue comparado al oro, que es más precioso que cualquier cosa que se usa en el mundo. Así en la visión de las bestias es comparado a un león que aventaja en su poder a todas las bestias. Y de nuevo fue comparado a un águila que supera a toda ave. Todo lo que estaba escrito acerca de él se cumplió en él. Porque el Señor dijo acerca de él:— He puesto un yugo de hierro sobre el cuello de todas las naciones, y servirán al rey de Babilonia setenta años. Y también las bestias del desierto y las aves del cielo le he dado para que le sirvan. Pues como el rey era como la cabeza de oro, los hombres le sirvieron como a rey. Y cuando salió al desierto, las bestias le sirvieron como a león. Y cuando su pelo era como (el plumaje) de águila, las aves del cielo le sirvieron como a águila. Pero cuando su corazón se enalteció, y no supo que el poder le era dado desde el cielo, el yugo de hierro fue roto del cuello de los hombres, y salió con las bestias, y en lugar del corazón de rey le fue dado el corazón de león. Y cuando se enalteció sobre las bestias, el corazón de león le fue quitado, y le fue dado el corazón de ave. Y cuando le crecieron alas como las de un águila, se exaltó sobre las aves. Y entonces también sus alas fueron arrancadas y le fue dado un corazón humilde. Y cuando supo que el Altísimo tiene autoridad en el reino del hombre, para darlo a quien Él quiere, entonces como hombre lo alabó.

    V, 17

    17. Y en cuanto a la segunda bestia, dijo de ella que era semejante a un oso y se alzaba sobre un costado. Porque cuando surgió el reino de Media y Persia, surgió en el oriente. Y tres costillas había en su boca. Porque el carnero empujaba hacia el Occidente y hacia el Norte y hacia el Sur, hacia tres vientos del cielo. Estos tres vientos sostenía, y empujaba contra ellos, como las tres costillas que estaban en la boca del oso; hasta que el macho cabrío salió del occidente, y golpeó al carnero y sacó las costillas que estaban en su boca.

    V, 18

    18. Y en cuanto a la tercera bestia dijo que era semejante a un leopardo, y tenía cuatro alas de ave sobre su espalda y aquella bestia tenía cuatro cabezas. Ahora bien, esta tercera bestia era Alejandro el Macedonio. Porque era fuerte como un leopardo. Y en cuanto a las cuatro alas y las cuatro cabezas que tenía la bestia, eso era porque dio el reino a sus cuatro amigos para que gobernaran después de él, cuando vino y dio muerte a Darío y reinó en su lugar.

    V, 19

    19. Y de la cuarta bestia dijo que era sobremanera terrible y fuerte y poderosa, que devoraba y aplastaba y hollaba con sus pies todo lo que quedaba. Es el reino de los hijos de Esaú. Porque después de que Alejandro el Macedonio llegó a ser rey, se fundó el reino de los griegos, puesto que Alejandro también era uno de ellos, incluso de los griegos. Pero la visión de la tercera bestia se cumplió en él, puesto que la tercera y la cuarta eran una. Ahora bien, Alejandro reinó doce años. Y los reyes de los griegos surgieron después de Alejandro, siendo diecisiete reyes, y sus años fueron doscientos sesenta y nueve años desde Seleuco Nicánor hasta Ptolomeo. Y los Césares fueron desde Augusto hasta Filipo César, diecisiete reyes. Y sus años son doscientos noventa y tres años; y dieciocho años de Severo.

    V, 20

    20. Porque Daniel dijo:— Yo consideraba los diez cuernos que estaban sobre la cabeza de la bestia. Porque los diez cuernos eran diez reyes [] que surgieron en aquel tiempo hasta Antíoco. Y dijo:— Un cuerno pequeño surgió de entre aquellos diez y tres cayeron delante de él. [] Porque cuando Antíoco surgió en el reino, humilló a tres reyes, y se exaltó contra los santos del Altísimo y contra Jerusalén. Y profanó el santuario. [] E hizo cesar el sacrificio y las ofrendas por una semana y media semana, a saber, por diez años y medio. Y metió fornicarios en la casa del Señor, e hizo cesar las observancias de la Ley. [] Y mató a hombres justos y los dio a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. Porque en sus días se cumplió la palabra que David habló: — Oh Dios, los gentiles han entrado en Tu heredad, y han profanado Tu santo templo. Han hecho de Jerusalén una desolación. Han dado los cadáveres de Tus siervos como comida a las aves del cielo, y la carne de Tus justos a las bestias de la tierra. Han derramado su sangre como agua alrededor de Jerusalén, y no hay quien los sepulte. Porque esto se cumplió en aquel tiempo, cuando el venerable y anciano Eleazar fue muerto, y los hijos del bendito Samuna, siete en número, y cuando Judas (Macabeo) y sus hermanos luchaban en favor de su pueblo, cuando moraban en escondrijos. [] En aquel tiempo el cuerno hizo guerra contra los santos, [] y prevaleció su poder. Y el malvado Antíoco habló palabras contra el Altísimo, y cambió los tiempos y las estaciones. [] E hizo cesar el pacto de Abraham, y abolió el Sábado de reposo. [] Porque mandó a los judíos que no circuncidaran. Por tanto, (el Profeta) dijo acerca de él— Él pensará cambiar los tiempos y las estaciones y las leyes, y fueron entregados en su mano por un tiempo, tiempos y medio tiempo. [] Ahora bien, el tiempo y medio tiempo es la semana y media, que es diez años y medio. De nuevo dijo:— El juicio fue puesto y le quitaron su autoridad, para dañarlo y destruirlo hasta el fin del reino. [] Porque el juicio vino sobre Antíoco, un juicio del cielo; [] y enfermó de una enfermedad grave y maligna, y a causa de su hedor mientras se pudría, nadie podía acercarse a él, porque gusanos se arrastraban y caían de él y comían su carne porque oprimió al gusano Jacob. [] Y su carne se pudrió en vida, porque hizo pudrir los cadáveres de los hijos de Jerusalén y no fueron sepultados. Y se hizo detestable ante sus propios ojos, porque había profanado el santuario de Dios. Y oró y no fue oído, porque no escuchó los gemidos de los justos a quienes mató. Pues escribió una carta y la envió a los judíos y los llamó «amigos míos,» pero Dios no tuvo misericordia de él, sino que murió en su tormento.

    V, 21

    21. Dijo de nuevo:— Los santos del Altísimo recibirán el Reino. [] ¿Qué diremos acerca de esto? ¿Han recibido los hijos de Israel el Reino del Altísimo? Dios no lo quiera. ¿O ha venido ese pueblo sobre las nubes del cielo? Esto ha pasado de ellos. Porque Jeremías dijo acerca de ellos:— Llamadlos plata rechazada, porque el Señor los ha rechazado. [] De nuevo dijo:— No volverá a mirarlos. [] E Isaías dijo acerca de ellos:— Pasad; pasad; no os acerquéis a lo contaminado. [] Y acerca de los santos del Altísimo (Daniel) dijo así:— Ellos heredaránel Reino para siempre. [] Porque estos descansaron un poco de la carga de reyes y príncipes, [] a saber, desde después de la muerte de Antíoco hasta que se cumplieron las sesenta y dos semanas. Y el Hijo del Hombre vino a liberarlos y a reunirlos, pero no lo recibieron. Porque vino a obtener fruto de ellos, y no se lo dieron. Porque sus vides eran de la vid de Sodoma y de la cepa de Gomorra, una viña [] en la cual crecían espinos, y que producía uvas silvestres. [] Su vid era amarga, y su fruto agrio. Los espinos no pudieron ablandarse, ni la amargura pudo cambiar a la naturaleza del vino, ni el fruto agrio pudo cambiar a una naturaleza dulce.

    V, 22

    22. Porque Isaías primero puso hombres de Judá como jueces sobre ellos, y fue plantada entre ellos una plantación nueva y amada. Pero estos son aquellos jueces que se sentarán sobre doce tronos y juzgarán a sus doce tribus. [] Y así dijo a los jueces: [] — Juzgad entre Mí y Mi viña, ¿qué más, oh jueces, debía Yo haber hecho a Mi viña, que no hice? Pues he aquí que la planté con sarmientos de vid, y se volvieron vides extrañas. La rodeé con una cerca de Vigilantes celestiales y edifiqué su torre, el santo Templo. Y cavé su lagar, el bautismo de los sacerdotes. Y hice descender lluvia sobre ella, las palabras de Mis Profetas. Y la podé y la limpié, de las obras de los amorreos. Esperé que produjera uvas de justicia, y produjo uvas silvestres de iniquidad y pecado. Esperé juicio y he aquí opresión, y justicia y hubo clamor. Oíd, oh jueces, lo que haré a Mi viña. Romperé su cerca, y será para hollarla. Y derribaré su torre, y será para saqueo. Y la haré volverse un desierto porque produjo uvas silvestres. Y no será labrada y no será podada. Y crecerán en ella espinos y malas hierbas. Y mandaré a las nubes que no hagan descender lluvia sobre ella. Porque los Vigilantes celestiales se apartaron de la cerca de la viña; y la torre poderosa en la que confiaban fue derribada. El lagar, la purificación de sus ofensas, fue derribado. Cuando la vid estaba sin mancha, no resultó de servicio. Ahora que el fuego la ha devorado y que está asolada, ¿cómo resultará de servicio? El fuego ha devorado sus dos ramas y sus partes interiores están consumidas. [] Porque sus dos ramas son los dos reinos, y su parte interior que está asolada es Jerusalén. Muchos siervos fueron enviados a ellos por el Señor de la viña. Y los mataron y no enviaron el fruto al Señor de la viña. Después de los siervos fue enviado el Hijo amado, para recibir de ellos el fruto y llevarlo de vuelta a Aquel que lo envió. Y lo prendieron y lo echaron fuera de la viña; y cortaron púas de los espinos de la viña y las clavaron en Sus manos. Y Él tuvo hambre y les pidió comida; y tomaron y le dieron hiel del fruto de la viña. Tuvo sed y les pidió de beber; y le dieron vinagre y Él no quiso beberlo. Y trenzaron una corona de espinos que habían brotado en la viña, y la pusieron sobre la cabeza del Hijo del Señor de la viña. Porque desde el tiempo en que la viña fue hecha, mostró estos frutos. Por tanto su Señor la desarraigó y la echó en el fuego; y plantó buenas vides que dan fruto en la viña, y que alegran al viñador. Porque Cristo es la viña, y Su Padre es el viñador; y los que beben de Su copa son las vides. Por tanto, viña fue formada en lugar de viña. Y además, a Su venida entregó el reino a los romanos, como son llamados los hijos de Esaú. Y estos hijos de Esaú guardarán el reino para su dador.

    V, 23

    23. Y el pueblo santo heredó un Reino eterno; el pueblo santo que fue elegido en lugar del Pueblo. Porque Él los provocó a celos con un pueblo que no era pueblo. Y con un pueblo insensato Él los irritó. [] Y Él liberó al pueblo santo. Pues ¡he aquí! todo pacto de Dios es librado de la carga de reyes y príncipes. [] Pues aunque un hombre haya servido a los paganos, en cuanto se acerca al pacto de Dios, es liberado. Pero los judíos se afanan en servidumbre entre los gentiles. Porque así dijo acerca de los Santos:— Ellos heredarán el Reino que está debajo del cielo. [] Pero si lo hubiera dicho acerca de ellos (los judíos), ¿por qué se afanan en servicio entre los gentiles? Y si dicen que aún no ha sucedido; entonces (preguntamos) ¿el Reino que será dado al Hijo del hombre, ha de ser celestial o terrenal? Y ¡he aquí! Los hijos del Reino están sellados, y han recibido su emancipación de este mundo. Pues puesto que existe ahora, no querrá ser sometido al poder del Rey, Quien vendrá y tomará para Sí Su Reino. Sino que guardará Sus prendas con honor, para que cuando Él venga a aniquilar el Reino, venga sobre ellos no con ira. Porque cuando Él, de Quien es el Reino, [] venga en Su segunda venida, tomará para Sí todo lo que ha dado. Y Él mismo será Rey por siempre jamás. Y Su Reino no pasará, porque es un Reino eterno.

    V, 24

    24. Porque primero, Él dio el Reino a los hijos de Jacob, y les sometió a los hijos de Esaú; como Isaac dijo a Esaú:— Servirás a Jacob tu hermano. [] Y cuando otra vez no prosperaron en el Reino, Él lo quitó de los hijos de Jacob y lo dio a los hijos de Esaú hasta que viniera Aquel de Quien es. [] Y ellos entregarán el depósito a su Dador, y no obrarán fraudulentamente con él. Y el Guardián del Reino está sujeto a Aquel a Quien todas las cosas están sujetas. Por tanto, este Reino de los hijos de Esaú no será entregado en mano de las huestes que se reúnen, que desean subir contra él; porque el Reino está siendo guardado seguro para su Dador, y Él mismo lo preservará. Y en cuanto a esto que te escribí, amado, que el Reino de los hijos de Esaú está siendo guardado seguro para su Dador, no dudes de ello, que ese Reino no será conquistado. Pues un campeón poderoso Cuyo nombre es Jesús vendrá con poder, y portando como Su armadura todo el poder del Reino. Y escudriña y mira que también por el censo [] Él fue empadronado entre ellos. Y como fue empadronado por el censo entre ellos, también Él los socorrerá. Y Su estandarte abunda en aquel lugar, y ellos están vestidos con Su armadura, y no serán hallados faltos en la guerra. Y si me dijeras:— «En los años de los Reyes que precedieron a éstos, ¿por qué conquistaron y sometieron a la bestia?» Fue porque los jefes y reyes que se levantaron en aquel tiempo en el Reino de los hijos de Esaú no quisieron llevar con ellos a la guerra al Hombre que estaba empadronado con ellos en el censo. Por tanto, la bestia fue sometida un poco, pero no fue muerta.

    V, 25

    25. Pero acerca de estas cosas que te he escrito, amado mío, a saber, acerca de lo que está escrito en Daniel, no las he llevado a su fin, sino que (me he detenido) antes del fin. Y si algún hombre disputa acerca de ellas, dile así, que estas palabras no están concluidas, porque las palabras de Dios son infinitas, ni serán concluidas. Porque el hombre necio dice, «Hasta aquí llegan (estas) palabras.» Y de nuevo, no es posible añadirles ni quitarles. [] Porque las riquezas de Dios no pueden ser computadas ni limitadas. Pues si quitas agua del mar, la deficiencia será imperceptible. Y si quitas arena de la orilla del mar, su medida no será disminuida. Y si cuentas las estrellas del cielo, no llegarás a la suma de ellas. Y si enciendes fuego de una hoguera, no se disminuirá ni un ápice. Y si recibes del Espíritu de Cristo, Cristo no se disminuirá ni un ápice. Y si Cristo habita en ti, aún así Él no será completado en ti. Y si el sol entra por las ventanas de tu casa, aún así el sol en su totalidad no vendrá a ti. Y todas estas cosas que te he enumerado fueron creadas por la palabra de Dios. Por tanto, sabe que, en cuanto a la palabra de Dios, ningún hombre ha alcanzado ni alcanzará su fin. Por consiguiente, no tengas disputación acerca de estas cosas, sino di:— «Estas cosas son así. Eso es suficiente.» Pero escucha estas cosas de mí, y también infórmate de ellas de nuestros hermanos, hijos de nuestra fe. Mas quienquiera que se burle de las palabras de su hermano, aunque diga, «las mías son sabias,» no escuches sus palabras. Y en cuanto a lo que te escribí acerca de estas fuerzas que se están levantando para la guerra, no es como si algo me hubiera sido revelado que te he dado a conocer estas cosas, sino atiende a las palabras al comienzo de la carta:— Todo el que se exalta a sí mismo será humillado. Pues aunque las fuerzas suban y conquisten, sabe que es un castigo de Dios; y aunque conquisten, serán condenadas en un juicio justo. Pero aún ten por cierto esto, que la bestia será muerta en su tiempo (señalado). Pero, hermano mío, sé diligente en este tiempo en implorar misericordia, para que haya paz sobre el pueblo de Dios.

    Demostración 6 (De los Monjes)

    VI, 1

    1. Conveniente es la palabra que hablo y digna de aceptación:— Despertémonos ahora de nuestro sueño, [] y levantemos tanto nuestro corazón como nuestras manos a Dios hacia el cielo; no sea que de repente venga el Señor de la casa, para que cuando Él venga nos halle en vigilancia. [] Observemos el tiempo señalado del esposo glorioso, [] para que entremos con Él en Su cámara nupcial. Preparemos aceite para nuestras lámparas para que salgamos a Su encuentro con gozo. Preparemos provisión para nuestra morada, porque el camino es angosto y estrecho. Y apartemos y echemos de nosotros toda inmundicia, y vistámonos de vestiduras de boda. Negociemos con la plata que hemos recibido, [] para que seamos llamados siervos diligentes. Seamos constantes en la oración, para que pasemos por el lugar donde mora el temor. Limpiemos nuestro corazón de la iniquidad, para que veamos al Excelso en Su honor. Seamos misericordiosos, como está escrito, para que Dios tenga misericordia de nosotros. [] Haya paz entre nosotros, para que seamos llamados hermanos de Cristo. Tengamos hambre de justicia, para que seamos saciados [] de la mesa de Su Reino. Seamos la sal de la verdad, para que no nos convirtamos en alimento para la serpiente. Purguemos nuestra semilla de espinas, para que produzcamos fruto al ciento por uno. Fundemos nuestro edificio sobre la roca, [] para que no sea sacudido por los vientos y las olas. Seamos vasos para honra [] para que el Señor nos requiera para Su uso. Vendamos todas nuestras posesiones, y compremos para nosotros la perla, [] para que seamos ricos. Atesoremos nuestros tesoros en el cielo, [] para que cuando vengamos podamos abrirlos y gozarnos en ellos. Visitemos a nuestro Señor en las personas de los enfermos, [] para que Él nos invite a estar a Su diestra. Aborrezcámonos a nosotros mismos y amemos a Cristo, como Él nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotros. Honremos el espíritu de Cristo, para que recibamos gracia de Él. Seamos extraños al mundo, [] así como Cristo no era de él. Seamos humildes y mansos, para que heredemos la tierra de la vida. Seamos incansables en Su servicio, para que Él nos haga servir en la morada de los santos. Oremos Su oración en pureza, para que tenga acceso al Señor de la Majestad. Seamos partícipes de Su sufrimiento, para que así también nos levantemos en Su resurrección. [] Llevemos Su señal sobre nuestros cuerpos, para que seamos librados de la ira venidera. Porque temible es el día en que Él vendrá, ¿y quién podrá soportarlo? [] Furiosa y ardiente es Su ira, y destruirá a todos los impíos. Pongamos sobre nuestra cabeza el yelmo de la redención, [] para que no seamos heridos y muramos en la batalla. Ciñamos nuestros lomos con la verdad, para que no seamos hallados impotentes en la contienda. Levantémonos y despertemos a Cristo, para que calme las ráfagas tempestuosas de nosotros. Tomemos como escudo contra el Maligno, la preparación del Evangelio de nuestro Redentor. Recibamos poder de nuestro Señor para pisar serpientes y escorpiones. [] Apartemos de nosotros la ira, con todo furor y malicia. Que ninguna injuria salga de nuestra boca, con la cual oramos a Dios. No seamos maldicientes, para que seamos librados de la maldición de la ley. Seamos obreros diligentes, para que obtengamos nuestra recompensa con los de antaño. Tomemos la carga del día, para que busquemos una recompensa más abundante. No seamos obreros ociosos, ¡pues he aquí! Nuestro Señor nos ha contratado para Su viña. [] Seamos plantados como vides en medio de Su viña, porque es la viña verdadera. Seamos vides fructíferas, para que no seamos arrancados de Su viña. Seamos un olor dulce, para que nuestra fragancia se exhale a todos los que nos rodean. Seamos pobres en el mundo, y enriquezcamos a muchos por la doctrina de nuestro Señor. No llamemos a nadie padre nuestro en la tierra, [] para que seamos hijos del Padre que está en el cielo. Aunque nada tengamos, sin embargo poseemos todas las cosas. [] Aunque ningún hombre nos conozca, sin embargo los que tienen conocimiento de nosotros son muchos. Regocijémonos en nuestra esperanza en todo tiempo, [] para que Aquel Que es nuestra esperanza y nuestro Redentor se regocije en nosotros. Juzguémonos rectamente y condenémonos a nosotros mismos, para que no cuelguen nuestros rostros ante los jueces que se sentarán sobre tronos y juzgarán a las tribus. [] Tomemos para nosotros, como armadura para la contienda, [] la preparación del Evangelio. Llamemos a la puerta del cielo, [] para que se nos abra, y entremos por ella.

    VI, 1 (cont.)

    Pidamos diligentemente misericordia, para que recibamos todo lo que nos es necesario. Busquemos Su Reino y Su justicia, [] para que recibamos aumento en la tierra. Pensemos en las cosas de arriba, [] en las cosas celestiales, y meditemos en ellas, donde Cristo ha sido levantado y exaltado. Mas abandonemos el mundo que no es nuestro, para que lleguemos al lugar al que hemos sido invitados. Alcemos nuestros ojos a lo alto, para que veamos el esplendor que será revelado. Levantemos nuestras alas como águilas, para que veamos el cuerpo allí donde está. Preparemos como ofrendas para el Rey frutos deseables, el ayuno y la oración. Guardemos Su prenda en pureza, para que Él nos confíe todo Su tesoro. Porque a quienquiera que obre falsamente con Su prenda, no le permiten entrar en la casa del tesoro. Seamos cuidadosos con el cuerpo de Cristo, para que nuestros cuerpos se levanten al sonido de la trompeta. Escuchemos la voz del esposo, para que entremos con Él en la cámara nupcial. Preparemos el don de bodas para el día de Sus desposorios, y salgamos a Su encuentro con gozo. Vistámonos de vestiduras santas, para que nos recostemos en el lugar principal de los elegidos. Quienquiera que no se vista de vestidura de boda, [] lo arrojan a las tinieblas de afuera. Quienquiera que se excuse de las bodas no probará el banquete. [] Quienquiera que ame los campos y el comercio, será excluido de la ciudad de los Santos. Quienquiera que no dé fruto en la viña, será arrancado y echado al tormento. Quienquiera que haya recibido dinero de su Señor, devuélvalo a su Dador con su aumento. [] Quienquiera que desee hacerse mercader, cómprese el campo y el tesoro que hay en él. [] Quienquiera que reciba la buena semilla, purgue su tierra de espinas. [] Quienquiera que desee ser pescador, eche su red en todo tiempo. Quienquiera que se entrene para el combate, manténgase apartado del mundo. Quienquiera que desee ganar la corona, corra como vencedor en la carrera. Quienquiera que desee bajar al estadio a contender, aprenda a (contender) contra su adversario. Quienquiera que desee bajar a la batalla, tome para sí armadura con la cual pelear, y purifíquese en todo tiempo. Quienquiera que adopte la semejanza de los ángeles, sea extraño a los hombres. Quienquiera que tome sobre sí el yugo de los santos, aparte de sí el adquirir y el gastar. Quienquiera que desee ganarse a sí mismo, aparte de sí la ganancia del mundo. Quienquiera que ame la morada que está en el cielo, no se afane en edificar de barro lo que caerá. Quienquiera que esté expectante de ser arrebatado en las nubes, no se haga carros adornados. Quienquiera que esté expectante del banquete de bodas del Esposo, no ame el banquete de este tiempo presente. Quienquiera que desee gozar en el banquete reservado allí, aparte de sí la embriaguez. Quienquiera que se prepare para la cena, no se excuse, [] ni sea mercader. Quienquiera que sea aquel sobre quien cae la buena semilla, no permita que el Maligno siembre cizaña en él. Quienquiera que haya comenzado a edificar una torre, cuente todo el costo de ella. [] Quienquiera que edifica debe terminar, para que no sea objeto de burla para los que pasan por el camino. Quienquiera que asienta su edificio sobre la roca, haga profundos sus cimientos, para que no sea derribado por las olas. Quienquiera que desee huir de la oscuridad, camine mientras tiene luz. [] Quienquiera que tema volar en invierno, [] prepárese desde el verano. Quienquiera que espere entrar en el reposo, [] prepare su provisión para el Sábado. Quienquiera que ruega perdón a su Señor, perdone también a su deudor. [] Quienquiera que no exige de vuelta cien denarios, su Señor le perdona diez mil talentos. Quienquiera que echa el dinero de su Señor sobre la mesa del banquero, [] no será llamado siervo inútil. Quienquiera que ama la humildad, será heredero en la tierra de la vida. Quienquiera que desea hacer la paz, será uno de los hijos de Dios. [] Quienquiera que conoce la voluntad de su Señor, haga esa voluntad, para que no sea azotado mucho. [] Quienquiera que limpia su corazón de engaños, Sus ojos contemplarán al Rey en Su hermosura. [] Quienquiera que recibe el Espíritu de Cristo, adorne su hombre interior. Quienquiera que es llamado templo de Dios, [] purifique su cuerpo de toda inmundicia. Quienquiera que contrista el Espíritu de Cristo, [] no levantará su cabeza de las tristezas. Quienquiera que recibe el cuerpo de Cristo, guarde su cuerpo de toda inmundicia. Quienquiera que se despoja del hombre viejo, [] no se vuelva a sus obras anteriores. Quienquiera que se viste del hombre nuevo, guárdese de toda inmundicia. Quienquiera que se ha revestido de armadura del agua (del bautismo), no se quite su armadura para que no sea condenado. Quienquiera que toma el escudo [] contra el Maligno, guárdese de los dardos que él le arroja. Quienquiera que retroceda, su Señor no se complace en él. [] Quienquiera que piensa en la Ley de su Señor, no será turbado por los pensamientos de este mundo. Quienquiera que medita en la Ley de su Señor, es como un árbol plantado junto a las aguas. Quienquiera que de nuevo confía en su Señor, es como un árbol plantado junto al río. Quienquiera que pone su confianza en el hombre recibirá las maldiciones de Jeremías. Quienquiera que es invitado al Esposo, prepárese. Quienquiera que ha encendido su lámpara, no sufra que se apague. Quienquiera que está expectante del grito nupcial, tome aceite en su vasija. [] Quienquiera que es guardián de la puerta, esté en vela por su Amo. Quienquiera que ama la virginidad, vuélvase como Elías. Quienquiera que toma el yugo de los Santos, siéntese y calle. Quienquiera que ama la paz, espere a su Amo como la esperanza de vida.

    VI, 2

    2. Porque, amado mío, nuestro adversario es hábil. El que contiende contra nosotros es astuto. Contra los valientes y los renombrados se prepara, para que sean debilitados. Porque los débiles son suyos, y no pelea con los cautivos que le han sido hechos cautivos. El que tiene alas huye de él, y los dardos que le arroja no lo alcanzan. Los que son espirituales lo ven cuando ataca, y su panoplia no tiene poder sobre sus cuerpos. Todos los hijos de la luz están sin temor de él, porque las tinieblas huyen de delante de la luz. Los hijos del Bueno no temen al Maligno, porque Él lo ha dado para ser pisoteado por sus pies. Cuando él se hace como tinieblas para ellos, ellos se vuelven luz. Y cuando él se arrastra sobre ellos como serpiente, ellos se vuelven sal, de la cual no puede comer. Si él se hace como áspid para ellos, entonces ellos se vuelven como niños de pecho. Si él viene contra ellos en la concupiscencia de la comida, ellos, como nuestro Redentor, lo vencen con el ayuno. Y si él desea contender con ellos por la concupiscencia de los ojos, ellos levantan sus ojos a la altura del cielo. Si él desea vencerlos con seducciones, no le prestan oído. Si él desea luchar abiertamente con ellos, ¡he aquí! Ellos están vestidos de panoplia y se mantienen firmes contra él. Si él desea venir contra ellos por el sueño, ellos están despiertos y vigilantes y cantan salmos y oran. Si él los seduce con posesiones, ellos las dan a los pobres. Si él viene como dulzura contra ellos, no la prueban, sabiendo que él es amargo. Si él los inflama con el deseo de Eva, ellos moran solos, y no con las hijas de Eva.

    VI, 3

    3. Porque fue a través de Eva que él vino sobre Adán, [] y Adán fue seducido a causa de su inexperiencia. Y de nuevo vino contra José a través de la esposa de su amo, pero José estaba familiarizado con su astucia y no le prestó oído. A través de una mujer luchó contra Sansón, hasta que le quitó su nazareato. Rubén era el primogénito de todos sus hermanos, y a través de la esposa de su padre, [] (el adversario) arrojó una mancha sobre él. Aarón era el gran sumo sacerdote de la casa de Israel, y a través de Miriam su hermana envidió a Moisés. Moisés fue enviado a liberar al pueblo de Egipto, y llevó consigo a la mujer que le aconsejó actos vergonzosos, y el Señor salió al encuentro de Moisés, y deseó matarlo, hasta que devolvió a su esposa a Madián. David fue victorioso en todas sus batallas, sin embargo por medio de una hija de Eva se halló una mancha en él. Amnón era hermoso y bello de semblante, sin embargo (el adversario) lo tomó cautivo por el deseo de su hermana, y Absalón lo mató a causa de la humillación de Tamar. Salomón era más grande que todos los reyes de la tierra, sin embargo en los días de su vejez sus esposas extraviaron su corazón. [] A través de Jezabel, hija de Etbaal, la maldad de Acab aumentó, y se volvió enteramente pagano. Además, el adversario tentó a Job a través de sus hijos y sus posesiones, y cuando no pudo prevalecer sobre él, fue y trajo contra él su armadura, y vino, trayendo consigo a una hija de Eva, que había hecho caer a Adán, y por boca de ella dijo a Job, su justo esposo:— Maldice a Dios. [] Pero Job rechazó su consejo. El rey Asá también venció al Maldito-de-vida, cuando quiso venir contra él, a través de su madre. [] Porque Asá conocía su astucia y removió a su madre de su alta posición, y cortó en pedazos su ídolo y lo derribó. Juan era más grande que todos los profetas, sin embargo Herodes lo mató a causa de la danza de una hija de Eva. Amán era rico y tercero en honor después del Rey, sin embargo su esposa le aconsejó destruir a los judíos. [] Zimri era cabeza de la tribu de Simeón, sin embargo Cozbi, hija de los jefes de Madián, lo derribó, y a causa de una mujer veinticuatro mil de Israel cayeron en un día. []

    VI, 4

    4. Por tanto, hermanos míos, si algún hombre que es monje o santo, que ama la vida solitaria, desea sin embargo que una mujer, ligada por voto monástico como él mismo, habite con él, sería mejor para él en ese caso tomar (por esposa) a una mujer abiertamente y no ser corrompido por la concupiscencia. Así también de nuevo la mujer, si no está separada del solitario, es mejor para ella casarse abiertamente. La mujer, pues, debe habitar con mujer, y el hombre habitar con hombre. Y también cualquier hombre que desee continuar en santidad, no deje que su esposa habite con él, no sea que vuelva a su condición anterior, y así sea estimado adúltero. Por consiguiente, este consejo es conveniente y recto y bueno, que doy a mí mismo y a vosotros, amados míos solitarios, que no tomáis esposas, y a las vírgenes que no se casan, y a los que han amado la santidad. Es justo y recto y conveniente, que aunque un hombre esté afligido, continúe solo. Y así le conviene habitar, como está escrito en el Profeta Jeremías:— Bienaventurado el hombre que tomará Tu yugo en su juventud, y se sentará solo y callará, porque ha tomado sobre sí Tu yugo. [] Porque así, amado mío, conviene al que toma el yugo de Cristo, preservar su yugo en pureza.
    Comentario editorial · «Monjes» y «solitarios»
    La edición inglesa titula esta demostración «De los monjes», pero su texto habla de «solitarios» y de vírgenes, y más adelante Afrahat se remite a ella como «la Demostración acerca de los Solitarios» (Demostración 8, § 23, según la nota de Gwynn). Wikipedia la titula «sobre los miembros del pacto» y dice que Afrahat fue casi con seguridad uno de esos «hijos del pacto», una forma temprana de monacato comunitario en siríaco; la edición en español los describe como ascetas que permanecían en el mundo y decidían ser célibes antes del bautismo. No son, pues, sin más, los monjes de monasterio de épocas posteriores.

    VI, 5

    5. Porque así está escrito, amado mío, acerca de Moisés: desde el tiempo en que el Santo le fue revelado, él amó también la santidad. Y desde el tiempo en que fue santificado, su mujer no le servía. Pero así está escrito:— Josué, hijo de Nun, fue el servidor de Moisés desde su juventud. [] Y acerca de Josué otra vez está escrito así, que no solía apartarse del tabernáculo. [] Y el tabernáculo temporal no era servido por mujer, porque la Ley no permitía a las mujeres entrar en el tabernáculo temporal, sino que aun cuando venían a orar, solían orar a la puerta del tabernáculo temporal, y luego se volvían. Además, mandó a los Sacerdotes que en el tiempo de su ministerio continuaran en santidad, y no conocieran a sus mujeres. Y también acerca de Elías está así escrito: que en un tiempo habitó en el monte Carmelo, y en otro habitó junto al torrente Querit, y era servido por su discípulo; y porque su corazón estaba en el cielo, el ave del cielo solía traerle sustento; y porque tomó sobre sí la semejanza de los ángeles del cielo, esos mismos ángeles le trajeron pan y agua cuando huía de delante de Jezabel. Y porque puso todo su pensamiento en el cielo, fue arrebatado en el carro de fuego al cielo, [] y allí fue establecida su morada para siempre. Eliseo también caminó en las pisadas de su Maestro. Solía habitar en el aposento alto de la sunamita, y era servido por su discípulo. Porque así dijo la sunamita— Él es un santo Profeta de Dios y pasa por nosotros continuamente, porque así conviene a su santidad que le hagamos un aposento alto y hagamos para él el servicio que es (necesario) en él. [] Ahora bien, ¿cuál era el servicio necesario en el aposento alto de Eliseo? Claramente la cama y la mesa y el taburete y el candelero solamente. Pero ¿qué diremos de Juan? Él también solía habitar entre los hombres, y preservó su virginidad honrosamente, y recibió el Espíritu de Dios. Además, el bendito Apóstol dijo acerca de sí mismo y acerca de Bernabé:— ¿Acaso no teníamos potestad para comer y beber y llevar con nosotros esposas? Pero no era conveniente ni correcto. []

    VI, 6

    6. Por tanto, hermanos, porque sabemos y hemos visto que desde el principio fue por medio de la mujer como el adversario tuvo acceso a los hombres, y hasta el fin lo llevará a cabo por medio de ella— pues ella es el arma de Satanás, y por medio de ella lucha contra los campeones. Por medio de ella hace música en todo tiempo, porque vino a ser como un arpa para él desde el primer día. Porque por causa de ella fue establecida la maldición de la Ley, y por causa de ella fue hecha la promesa para la muerte. Porque con dolores da a luz hijos y los entrega a la muerte. Por causa de ella fue maldecida la tierra, para que produjera espinos y cizaña. En consecuencia, por la venida de la descendencia de la Bienaventurada María son arrancados los espinos, enjugado el sudor, maldecida la higuera, [] el polvo hecho sal, [] la maldición clavada en la cruz, [] el filo de la espada apartado de delante del árbol de la vida y dado éste como alimento a los fieles, y el Paraíso prometido a los benditos y a las vírgenes y a los santos. Así el fruto del árbol de la vida es dado como alimento a los fieles y a las vírgenes, y a los que hacen la voluntad de Dios se les ha abierto la puerta y allanado el camino. Y la fuente fluye y da de beber al sediento. La mesa está puesta y la cena preparada. El buey cebado está degollado y la copa de la redención mezclada. El banquete está preparado y el Esposo cercano, a punto de ocupar su lugar. Los apóstoles han dado la invitación y son muchísimos los llamados. Oh vosotros, elegidos, preparaos. La luz ha resplandecido brillante y hermosa, y vestiduras no hechas de manos están preparadas. El grito de bodas está cerca. Se abrirán los sepulcros y quedarán al descubierto los tesoros. Los muertos resucitarán y los vivos volarán al encuentro del Rey. El banquete está dispuesto, y la corneta animará y las trompetas apresurarán (a ellos). Los Vigilantes del cielo se apresurarán, y el trono será puesto para el Juez. El que trabajó se regocijará, y el que fue inútil temerá. El que hizo mal no se acercará al Juez. Los de la derecha exultarán, y los de la izquierda llorarán y se lamentarán. Los que están en la luz serán glorificados, y los que están en las tinieblas gemirán para humedecer su lengua. La gracia ha pasado, y la justicia reina. No hay arrepentimiento en aquel lugar. El invierno está cerca; el verano ha pasado. El Sábado del descanso ha llegado; la fatiga ha cesado. La noche ha pasado; la luz reina. En cuanto a la muerte, su aguijón está quebrado y es sorbida en la vida. [] Los que vuelven al sheol llorarán y rechinarán los dientes, y los que van al Reino se regocijarán y exultarán y danzarán y cantarán alabanzas. Porque los que no toman esposas serán servidos por los Vigilantes del cielo. Los que preservan la castidad descansarán en el santuario del Altísimo. El Unigénito que procede del seno de su Padre hará regocijarse a todos los solitarios. Allí no hay ni varón ni mujer, ni siervo ni libre, [] sino que todos son hijos del Altísimo. Y todas las vírgenes puras que están desposadas con Cristo encenderán sus lámparas [] y con el Esposo entrarán en la cámara nupcial. Todos los que están desposados con Cristo están muy lejos de la maldición de la Ley, y son redimidos de la condenación de las hijas de Eva; porque no están casadas con hombres para recibir las maldiciones y venir a los dolores. No piensan en la muerte, porque no le entregan hijos. Y en lugar de un esposo mortal, están desposadas con Cristo. Y porque no dan a luz hijos, se les da el nombre que es mejor que hijos e hijas. [] Y en lugar de los gemidos de las hijas de Eva, profieren los cánticos del Esposo. La fiesta de bodas de las hijas de Eva dura sólo siete días; pero para éstas (las vírgenes) es el Esposo que no se aparta para siempre. El adorno de las hijas de Eva es lana que se desgasta y perece, pero las vestiduras de éstas no se desgastan. La vejez marchita la hermosura de las hijas de Eva, pero la hermosura de éstas será renovada en el tiempo de la Resurrección.

    VI, 7

    7. Oh vosotras, vírgenes que os habéis desposado con Cristo, cuando uno de los monjes diga a una de vosotras, «Viviré contigo y tú me servirás,» así le diréis:— «A un esposo real estoy desposada, y a Él sirvo; y si dejo Su servicio y te sirvo a ti, mi desposado se enojará conmigo, me escribirá carta de divorcio y me enviará lejos de Su casa; y mientras tú buscas ser honrado por mí, y yo ser honrada por ti, ten cuidado no sea que venga daño sobre mí y sobre ti. No tomes fuego en tu seno, [] no sea que queme tus vestiduras; sino permanece tú solo en honor, y yo también sola permaneceré en mi honor. Y en cuanto a estas cosas que el Esposo ha preparado para la eternidad de su fiesta de bodas, haz un regalo de bodas y prepárate para salir a Su encuentro. Y en cuanto a mí, me prepararé aceite, para poder entrar con las vírgenes prudentes y no ser dejada fuera de la puerta con las vírgenes insensatas.»

    VI, 8

    8. Oíd, pues, amado mío, lo que os escribo, a saber, todo lo que conviene a solitarios, monjes, vírgenes y santos. Ante todas las cosas conviene al hombre sobre quien es puesto el yugo, que su fe sea firme; como os escribí en la primera epístola; que sea celoso en el ayuno y la oración; que sea ferviente en el amor de Cristo; y que sea humilde, manso y sabio. Y que su palabra sea pacífica y agradable, y su pensamiento sea sincero para con todos. Hable sus palabras pesándolas debidamente, y ponga una barrera a su boca contra palabras dañinas, y aleje de sí la risa apresurada. No ame el adorno de los vestidos, ni tampoco le conviene dejar crecer su cabello y adornarlo, o ungirlo con ungüentos perfumados. No se recueste en banquetes, ni le conviene llevar vestiduras espléndidas. No se atreva a excederse en el vino. Aleje de sí los pensamientos soberbios. No le conviene mirar vestiduras espléndidas, o llevar ropas finas. Deseche de sí la lengua astuta; eche de sí la envidia y la ira, y arroje de sí los labios astutos. Las palabras que se dicen acerca de un hombre, cuando aquel de quien se dicen no está cerca, no las oiga ni las reciba, para no pecar, hasta que las examine. La burla es falta odiosa, y traerla al corazón no es recto. No preste con usura, y no ame la avaricia. Soporte la injuria y no haga injuria. Además, aleje de sí la agitación, y no profiera palabras de broma. No desprecie a ningún hombre que se arrepiente de sus pecados, y no se burle de su hermano que ayuna, y al que no puede ayunar no lo avergüence. Donde sea recibido, reprenda; y donde no lo reciban, entienda su propio honor. En tiempo aceptable hable su palabra; de lo contrario, calle. No se haga despreciable por su mendicidad por causa de su vientre, y a aquel que teme a Dios revele su secreto; pero guárdese del hombre malvado. No hable con complacencia con un hombre malvado, ni con su enemigo. Y así contienda de modo que no tenga enemigo alguno. Cuando los hombres le envidien en lo bueno, añada a su bondad, y no sea dañado por la envidia. Cuando tenga y dé a los pobres, regocíjese; y cuando no tenga, no se entristezca. Con hombre malvado no tenga trato, y con hombre despreciador no hable, no sea que se entregue al menosprecio. Con un blasfemo no dispute, no sea que su Señor sea blasfemado por su causa. Apártese del calumniador, y ningún hombre agrade a otro con apariencia de palabras. Estas cosas convienen a los solitarios que toman el yugo celestial y se hacen discípulos de Cristo. Pues así conviene a los discípulos de Cristo ser semejantes a Cristo su Maestro.

    VI, 9

    9. Tomemos ejemplo, amado mío, de nuestro Salvador, Quien aunque era rico, se hizo pobre; [] y aunque era excelso, humilló Su Majestad; y aunque Su morada estaba en el cielo, no tenía dónde recostar la cabeza; [] y aunque ha de venir sobre las nubes, [] sin embargo cabalgó sobre un pollino y así entró en Jerusalén; [] y aunque es Dios e Hijo de Dios, tomó sobre Sí la semejanza de siervo; [] y aunque era (para otros) descanso de toda fatiga, sin embargo Él mismo se cansó con la fatiga del camino; aunque era la fuente que apaga la sed, sin embargo Él mismo tuvo sed y pidió agua; [] aunque era abundancia y saciaba nuestra hambre, sin embargo Él mismo tuvo hambre cuando salió al desierto para ser tentado; [] aunque era un Vigilante que no se adormece, sin embargo se adormeció y durmió en la barca en medio del mar; [] y aunque era servido en el Tabernáculo de Su Padre, sin embargo se dejó servir por manos de hombres; aunque era el sanador de todos los enfermos, sin embargo clavos fueron hincados en Sus manos; aunque Su boca producía cosas buenas, sin embargo le dieron hiel para comer; aunque a ningún hombre injurió y a nadie dañó, sin embargo fue azotado con varas y soportó la vergüenza; y aunque era Salvador de todos los mortales, se entregó a Sí mismo a la muerte de cruz.

    VI, 10

    10. Toda esta humildad nos mostró nuestro Salvador en Sí mismo. Humillémonos, pues, también nosotros, amado mío. Cuando nuestro Señor salió de Su naturaleza, caminó en nuestra naturaleza. Permanezcamos en nuestra naturaleza, para que en el día del juicio Él nos haga participar de Su naturaleza. Nuestro Señor tomó de nosotros una prenda cuando se fue, y nos dejó una prenda Suya cuando ascendió. Él, que no tenía necesidad, por causa de nuestra necesidad ideó este medio. Lo que era nuestro era Suyo incluso desde el principio, pero lo que era Suyo, ¿quién nos lo habría dado? Pero verdadero es lo que nuestro Señor nos prometió:— Donde Yo estoy, allí también vosotros estaréis. [] Porque todo lo que Él tomó de lo nuestro, está en honor con Él, y (como) una diadema está ceñida sobre Su Cabeza. Así también aquello que de lo Suyo hemos recibido, debemos honrarlo. Lo nuestro es tenido en honor con Aquel que no estaba en nuestra naturaleza: honremos lo que es Suyo en Su propia naturaleza. Si le honramos, iremos a Él, Quien tomó sobre Sí de nuestra naturaleza y así ascendió. Pero si le despreciamos, Él nos quitará lo que nos ha dado. Si tratamos fraudulentamente con Su prenda, allí Él quitará lo que es Suyo, y nos privará de todo lo que nos ha prometido. Magnifiquemos gloriosamente al Hijo del Rey que está con nosotros, porque un rehén por Él ha sido tomado de nosotros. Quien tiene en honor al Hijo del Rey, obtendrá muchos dones del Rey. Lo nuestro, que está con Él, se ha sentado en honor y una diadema está ceñida sobre Su cabeza, y Él se ha sentado con el Rey. Y nosotros, que somos pobres, ¿qué haremos al Hijo del Rey que está con nosotros? Él nada necesita de nosotros, sino que adornemos nuestros templos para Él; para que cuando el tiempo se cumpla y Él vaya a Su Padre, dé gracias a Él por causa de nosotros, porque le hemos honrado. Cuando vino a nosotros, Él no tenía nada de lo nuestro, y también nosotros no teníamos nada de lo Suyo, aunque las dos naturalezas eran Suyas y de Su Padre. Pues cuando Gabriel hizo el anuncio a la Bienaventurada María que le llevó, la palabra desde lo alto partió y vino, y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. [] Y cuando volvió a Aquel que le envió, se llevó, al irse, lo que no había traído, como dijo el Apóstol:— Nos ha hecho subir y nos ha sentado consigo mismo en los cielos. [] Y cuando fue a Su Padre, nos envió Su Espíritu y nos dijo Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo. Porque Cristo está sentado a la diestra de Su Padre, y Cristo habita entre los hombres. [] Él es suficiente arriba y abajo, por la sabiduría de Su Padre. Y habita en muchos, aunque Él es uno, y a todos los fieles uno por uno cubre con Su sombra desde Sí mismo, y no falta, como está escrito:— Lo repartiré entre muchos. [] Y aunque es repartido entre muchos, sin embargo está sentado a la diestra de Su Padre. Y Él está en nosotros y nosotros en Él, como Él dijo:— Vosotros estáis en Mí y Yo en vosotros. [] Y en otro lugar dijo:— Yo y el Padre somos uno. []

    VI, 11

    11. Y si alguien, cuya conciencia carece de conocimiento, disputara sobre esto y dijera:— «Puesto que Cristo es uno y Su Padre es uno, ¿cómo habita Cristo, y habita Su Padre, en hombres fieles? ¿Y cómo los hombres justos llegan a ser templos para Dios de modo que Él habite en ellos? Si entonces es así, que a cada hombre fiel le corresponde un Cristo particular, y el Dios que está en Cristo— si es así, hay para ellos dioses muchos y Cristos sin número.» Pero oye, amado mío, la defensa que conviene a este argumento. De lo que es visible reciba instrucción el que así ha hablado. Porque todo hombre sabe que el sol está fijado en los cielos, pero sus rayos se extienden por la tierra, y (la luz) de él entra por muchas puertas y ventanas de las casas; y dondequiera que cae la luz del sol, aunque sea sólo como (la medida de) la palma de la mano, es llamada sol. Y aunque caiga en muchos lugares, así es llamado, pero el verdadero sol mismo está en el cielo. Por tanto, si es así, ¿tienen ellos muchos soles? También el agua del mar es vasta, y cuando tomas una copa de ella, aquello es llamado agua. Y aunque la dividas en mil vasijas, aun así es llamada agua por su nombre. También cuando enciendes fuego de fuego en muchos lugares, el lugar de donde lo tomas, cuando lo enciendes, no queda disminuido, y el fuego es llamado por un solo nombre. Y porque lo dividas en muchos lugares, no por eso llega a tener muchos nombres. Y cuando tomas polvo de la tierra, y lo arrojas en muchos lugares, no queda en nada disminuido, y tampoco puedes llamarlo por muchos nombres. Así también Dios y Su Cristo, aunque son Uno, habitan en hombres que son muchos. Y están en el cielo en persona, y no quedan disminuidos en nada cuando habitan en muchos; como el sol no queda en nada disminuido en el cielo, cuando su poder se derrama en la tierra. Cuánto mayor es, pues, el poder de Dios, ya que por el poder de Dios el mismo sol subsiste.

    VI, 12

    12. De nuevo te recordaré, amado mío, también aquello que está escrito. Porque así está escrito, que cuando era una carga penosa para Moisés conducir el campamento solo, el Señor le dijo:— He aquí, tomaré del Espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre setenta hombres, ancianos de Israel. [] Pero cuando Él tomó algo del Espíritu de Moisés, y los setenta hombres fueron llenos de él, a Moisés nada le faltó, ni se pudo conocer que algo había sido quitado de su Espíritu. Además el bendito apóstol también dijo:— Dios dividió del Espíritu de Cristo y lo envió a los Profetas. Y Cristo en nada fue dañado, porque no fue por medida que Su Padre le dio el Espíritu. [] Por esta reflexión puedes comprender que Cristo habita en los hombres fieles; sin embargo Cristo no sufre pérdida aunque sea dividido entre muchos. Porque los Profetas recibieron del Espíritu de Cristo, cada uno de ellos según podía soportar. Y del Espíritu de Cristo de nuevo se derrama hoy sobre toda carne, [] y los hijos y las hijas profetizan, los ancianos y los jóvenes, los siervos y las siervas. Algo de Cristo está en nosotros, sin embargo Cristo está en el cielo a la diestra de Su Padre. Y Cristo recibió el Espíritu no por medida, sino que Su Padre lo amó y entregó todas las cosas en Sus manos, y le dio autoridad sobre todo Su tesoro. Porque Juan dijo:— No por medida dio el Padre el Espíritu a Su Hijo, sino que lo amó y dio todas las cosas en Sus manos. [] Y también nuestro Señor dijo:— Todas las cosas me han sido entregadas por Mi Padre. [] De nuevo dijo:— El Padre no juzgará a ningún hombre, sino que todo el juicio lo dará a Su Hijo. [] De nuevo también el Apóstol dijo:— Todo será sometido a Cristo excepto Su Padre que ha sometido todas las cosas a Él. Y cuando todo le sea sometido por el Padre, entonces también Él será sometido a Dios Su Padre que sometió todas las cosas a Él, y Dios será todo en todos, y en todo hombre. []

    VI, 13

    13. Nuestro Señor testifica acerca de Juan, que es el más grande de los Profetas. Sin embargo él recibió el Espíritu con medida, porque en aquella medida en que Elías recibió el Espíritu, (en la misma) Juan lo obtuvo. Y como Elías solía morar en el desierto, así también el Espíritu de Dios llevó a Juan al desierto, y él solía morar en los montes y cuevas. Las aves sustentaban a Elías, y Juan solía comer langostas que vuelan. Elías tenía sus lomos ceñidos con un cinto de cuero; así Juan tenía sus lomos ceñidos con un cinturón de cuero. Jezabel persiguió a Elías, y Herodías persiguió a Juan. Elías reprendió a Acab, y Juan reprendió a Herodes. Elías dividió el Jordán, y Juan abrió el bautismo. El espíritu de Elías reposó doblemente sobre Eliseo, así Juan puso su mano sobre nuestro Redentor, y Él recibió el Espíritu no por medida. Elías abrió los cielos y ascendió; y Juan vio los cielos abiertos, y el Espíritu de Dios que descendió y reposó sobre nuestro Redentor. Eliseo recibió doblemente el Espíritu de Elías; y nuestro Redentor recibió el de Juan y el del cielo. Eliseo tomó el manto de Elías, y nuestro Redentor la imposición de la mano de los sacerdotes. Eliseo hizo aceite de agua, y nuestro Redentor hizo vino de agua. Eliseo sació con un poco de pan a cien hombres solamente; y nuestro Redentor sació con un poco de pan a cinco mil hombres además de niños y mujeres. Eliseo limpió a Naamán el leproso, y nuestro Redentor limpió a los diez (leprosos). Eliseo maldijo a los niños y fueron devorados por osos, pero nuestro Redentor bendijo a los niños. Los niños injuriaron a Eliseo, pero los niños glorificaron a nuestro Redentor con Hosannas. Eliseo maldijo a Giezi su siervo, y nuestro Redentor maldijo a Judas Su discípulo y bendijo a todos Sus (otros) discípulos. Eliseo resucitó a un solo hombre muerto, pero nuestro Redentor resucitó a tres. Sobre los huesos de Eliseo un hombre muerto revivió, pero cuando nuestro Salvador descendió a la morada de los muertos, dio vida a muchos y los resucitó. Y muchas son las señales que el Espíritu de Cristo obró, las cuales los Profetas recibieron de Él.

    VI, 14

    14. Por tanto, amado mío, nosotros también hemos recibido del Espíritu de Cristo, y Cristo habita en nosotros, como está escrito que el Espíritu dijo esto por boca del Profeta:— Habitaré en ellos y andaré en ellos. [Levítico 21:12] Por tanto preparemos nuestros templos para el Espíritu de Cristo, y no lo entristezcamos para que no se aparte de nosotros. Recuerda la advertencia que el Apóstol nos da:— No entristezcáis al Espíritu Santo con el cual habéis sido sellados para el día de la redención. Porque del bautismo recibimos el Espíritu de Cristo. Porque en aquella hora en que los sacerdotes invocan al Espíritu, los cielos se abren y desciende y se mueve sobre las aguas. [] Y los que son bautizados son revestidos de él; porque el Espíritu se mantiene apartado de todos los que nacen de la carne, hasta que llegan al nuevo nacimiento por el agua, y entonces reciben el Espíritu Santo. Porque en el primer nacimiento nacen con un alma animal que es creada dentro del hombre y que después no está sujeta a muerte, como dijo:— Adán se convirtió en alma viviente. [] Pero en el segundo nacimiento, el que es mediante el bautismo, recibieron el Espíritu Santo de una partícula de la Divinidad, y ya no está sujeta a muerte. Porque cuando los hombres mueren, el espíritu animal es sepultado con el cuerpo, y se le quita el sentido, pero el espíritu celestial que reciben va según su naturaleza a Cristo. Y ambas cosas las ha dado a conocer el Apóstol, porque dijo:— El cuerpo es sepultado de manera animal, y resucita de manera espiritual. [] El Espíritu vuelve de nuevo a Cristo según su naturaleza, porque el Apóstol dijo de nuevo:— Cuando partamos del cuerpo estaremos con nuestro Señor. [] Porque el Espíritu de Cristo, que reciben los espirituales, va a nuestro Señor. Y el espíritu animal es sepultado en su naturaleza, y se le quita el sentido. Cualquiera que guarde el Espíritu de Cristo en pureza, cuando regrese a Cristo, así le habla:— «El cuerpo en el cual entré, y que me revistió desde el agua del bautismo, me ha guardado en santidad.» Y el Espíritu Santo intercederá ante Cristo por la resurrección de aquel cuerpo que lo guardó con pureza, y el Espíritu pedirá ser unido de nuevo a él para que aquel cuerpo resucite en gloria. Y cualquier hombre que recibe el Espíritu del agua (del bautismo) y lo entristece, este se aparta de él hasta que muere, y vuelve según su naturaleza a Cristo, y acusa a aquel hombre de haberlo entristecido. Y cuando haya llegado el tiempo de la consumación final, y se haya acercado el tiempo de la Resurrección, el Espíritu Santo, que fue guardado en pureza, recibe gran poder de su naturaleza y viene ante Cristo y se pone a la puerta de los sepulcros, donde están sepultados los hombres que lo guardaron en pureza, y espera el grito (de resurrección). Y cuando los Vigilantes hayan abierto las puertas del cielo ante el Rey, [] entonces sonará la corneta, y resonarán las trompetas, y el Espíritu que espera el grito (de resurrección) oirá, y rápidamente abrirá los sepulcros, y levantará los cuerpos y todo lo que fue sepultado en ellos, y se revestirá de la gloria que viene con él. Y (el Espíritu) estará dentro para la resurrección del cuerpo, y la gloria estará fuera para el adorno del cuerpo. Y el espíritu animal será absorbido por el Espíritu celestial, y todo el hombre se volverá espiritual, puesto que su cuerpo es poseído por él (el Espíritu). Y la muerte será absorbida por la vida, [] y el cuerpo será absorbido por el Espíritu. Y por el poder del Espíritu, aquel hombre volará al encuentro del Rey y Él lo recibirá con gozo, y Cristo dará gracias por el cuerpo que ha guardado Su Espíritu en pureza.

    VI, 15

    15. Este es el Espíritu, amado mío, que los Profetas recibieron, y así también lo hemos recibido nosotros. Y no se encuentra en todo tiempo con aquellos que lo reciben, sino que a veces regresa a Aquel que lo envió, y a veces va a aquel que lo recibe. Escucha lo que nuestro Señor dijo:— No despreciéis a uno de estos pequeños que creen en Mí, porque sus ángeles en el cielo ven siempre el rostro de Mi Padre. [] Este Espíritu, pues, va frecuentemente y se presenta ante Dios y contempla Su rostro, y cualquiera que dañe el templo en el cual habita, lo acusará ante Dios.

    VI, 16

    16. Te instruiré acerca de lo que está escrito, que el Espíritu no se encuentra en todo tiempo con aquellos que lo reciben. Porque así está escrito acerca de Saúl, que el Espíritu Santo, que recibió cuando fue ungido, se apartó de él, porque lo entristeció, y Dios le envió en su lugar un espíritu atormentador. Y cada vez que era afligido por el espíritu maligno, David solía tocar el arpa, y el Espíritu Santo, que David recibió cuando fue ungido, venía, y el espíritu maligno que atormentaba a Saúl huía de delante de él. Así que el Espíritu Santo que David recibió no se encontraba con él en todo tiempo. Mientras tocaba el arpa, entonces solía venir. Porque si hubiera estado con él siempre, no le habría permitido pecar con la mujer de Urías. Porque cuando estaba orando por sus pecados, y confesaba sus ofensas ante Dios, dijo así:— No quites de mí tu santo espíritu. También acerca de Eliseo está escrito así, que, mientras tocaba su arpa, entonces el espíritu vino a él y profetizó y dijo:— Así dice el Señor: No veréis viento ni lluvia, sin embargo este valle se llenará de muchas fosas. [] Y también cuando la sunamita vino a él a causa de su hijo que estaba muerto, le dijo así:— El Señor me lo ocultó y no me lo hizo saber. [1 Reyes 4:27] Sin embargo, cuando el rey de Israel envió contra él para matarlo, el Espíritu le informó antes de que el mensajero llegara a él, y dijo:— He aquí, este hijo de iniquidad ha enviado para quitarme la cabeza. [] Y de nuevo dio a conocer acerca de la abundancia que sobrevino en Samaria al día siguiente. Y de nuevo el Espíritu le informó cuando Giezi robó la plata y la ocultó.

    VI, 17

    17. Por tanto, amado mío, cuando el Espíritu Santo se aparta de un hombre que lo ha recibido, hasta que regresa y viene a él, entonces Satanás se acerca a aquel hombre, para hacerlo pecar, y para que el Espíritu Santo lo deje por completo. Porque mientras el Espíritu está con un hombre, Satanás teme acercarse a él. Y observa, amado mío, que nuestro Señor también, que nació del Espíritu, no fue tentado por Satanás hasta que en el bautismo recibió el Espíritu de lo alto. Y entonces el Espíritu lo llevó para ser tentado por Satanás. Este, pues, es el camino con el hombre; que en la hora en que percibe en sí mismo que no está ferviente en el Espíritu, y que su corazón se inclina al pensamiento de este mundo, puede saber que el Espíritu no está con él, y debe levantarse y orar y velar para que el Espíritu de Dios venga a él, para que no sea vencido por el adversario. Un ladrón no cava en una casa, hasta que ve que su dueño se está yendo de ella. Así también Satanás no puede acercarse a aquella casa que es nuestro cuerpo, hasta que el Espíritu de Cristo se aparta de ella. Y ten por seguro, amado mío, que el ladrón ciertamente no sabe si el dueño de la casa está dentro o no, sino que primero aplica su oído, y mira. Si oye la voz del dueño de la casa dentro de ella diciendo:— «Tengo un viaje que hacer,» y cuando ha investigado y visto que el dueño de la casa ha salido para realizar sus negocios, entonces el ladrón viene y cava en la casa y roba. Pero si oye la voz del dueño de la casa amonestando y ordenando a su casa que vigile y guarde su casa, y diciéndoles, «Yo también estoy dentro de la casa,» entonces el ladrón temerá y huirá, para no ser tomado y capturado. Así también Satanás, no tiene el conocimiento de antemano para saber o ver cuándo el Espíritu se apartará, para así venir a robar al hombre; sino que él también escucha y observa, y así ataca. Pero si oye a un hombre en quien Cristo habita hablando palabras vergonzosas, o airado, o peleando, o contendiendo, entonces Satanás sabe que Cristo no está con él, y viene y cumple su voluntad en él. Porque Cristo habita en los pacíficos y los mansos, y mora en aquellos que temen Su palabra, como dice por medio del profeta:— ¿Sobre quién miraré, y en quién habitaré, sino en el pacífico y el manso que teme Mi palabra? [] Y nuestro Señor dijo:— El que anda en Mis mandamientos y guarda Mi amor, vendremos a él y haremos morada con él. [] Pero si oye de un hombre que está en guardia y está orando y meditando en la Ley de su Señor de día y de noche, entonces se vuelve de él, porque sabe que Cristo está con él. Y si dijeras, «¡Cuán múltiple es Satanás! Porque he aquí, pelea con muchos;» entonces oye y aprende de aquello que te he demostrado arriba acerca de Cristo, que no importa hasta qué punto Él sea dividido entre muchos, sin embargo no es disminuido ni un ápice. Porque, como la casa, por la ventana de la cual entra un poco de luz del sol, está totalmente iluminada, así el hombre en quien entra un poco de Satanás, está totalmente oscurecido. Oye lo que el Apóstol dijo:— Si Satanás se transfigura en ángel de luz, no es de extrañar que sus ministros también se transfiguran en ministros de justicia. [] Y de nuevo nuestro Señor dijo a Sus discípulos:— He aquí, os he dado autoridad para pisar el poder del adversario. [] Y las Escrituras han dado a conocer que él tiene poder y también ministros. Además Job dijo acerca de él:— Dios lo hizo para hacer su guerra. [Job 40:14] Estos ministros, pues, que él tiene, los hace correr por el mundo, para hacer la guerra. Pero ten por seguro que no peleará abiertamente; porque desde el tiempo de la venida de nuestro Salvador, (Dios) ha dado autoridad sobre él. Pero ciertamente saqueará y robará.

    VI, 18

    18. Pero te explicaré, amado mío, acerca de aquella palabra que dijo el Apóstol, por la cual se pueden pesar las doctrinas que son instrumentos del Maligno y doctrinas de engaño. Porque el Apóstol dijo:— Hay un cuerpo animal y hay un cuerpo espiritual, puesto que así está escrito:— El primer Adán fue hecho alma viviente, y el segundo Adán espíritu vivificante. [] Así dicen que habrá dos Adanes. Pero él dijo:— Así como hemos llevado la imagen de aquel Adán que era de la tierra, así llevaremos la imagen de aquel Adán que es del cielo. [] Porque Adán, que era de la tierra, fue el que pecó, y el Adán que es del cielo es nuestro Salvador, nuestro Señor Jesucristo. Los que reciben el Espíritu de Cristo, pues, vienen a la semejanza del Adán celestial, que es nuestro Salvador, nuestro Señor Jesucristo. Porque lo animal será absorbido por lo espiritual, como te escribí arriba. Y el hombre que entristece al espíritu de Cristo, será animal en su resurrección; porque el espíritu celestial no está con él, para que lo animal sea absorbido en él. Pero cuando resucite, continuará en su estado natural, desnudo del Espíritu. Porque se despojó de él del Espíritu de Cristo, será entregado a la desnudez total. Y cualquiera que honra al Espíritu, y es guardado en él en pureza, en aquel día el Espíritu Santo lo protegerá, y se volverá totalmente espiritual, y no será hallado desnudo; como dijo el Apóstol:— Y cuando nos hayamos vestido, que no seamos hallados desnudos. [] Y de nuevo dijo:— Todos dormiremos, pero en la resurrección no todos seremos transformados. Y de nuevo dijo:— Esto que muere se vestirá de aquello que no muere, y esto que es corruptible de aquello que es incorruptible, y cuando esto que muere se haya vestido de aquello que no muere, y esto corruptible de aquello que es incorruptible, entonces se cumplirá aquella palabra que está escrita: que la muerte es absorbida por la victoria. [] De nuevo dijo:— De repente, en un abrir y cerrar de ojos, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. [] Y los que sean transformados se vestirán de la forma de aquel Adán celestial y se volverán espirituales. Y los que no sean transformados, continuarán animales en la naturaleza creada de Adán, es decir, de polvo; y continuarán en su naturaleza en la tierra de abajo. Y entonces los celestiales serán arrebatados al cielo y el Espíritu que se han vestido los hará volar, y heredarán el reino que fue preparado para ellos desde el principio. Y los que son animales permanecerán en la tierra por el peso de sus cuerpos, y volverán al sheol, y allí habrá llanto y crujir de dientes.

    VI, 19

    19. Al escribir esto me he recordado a mí mismo, y también a ti, amado mío; por tanto, ama la Virginidad, la porción celestial, la comunión de los Vigilantes del cielo. Pues no hay nada comparable con ella. Y en los que así son, en ellos mora Cristo. El tiempo del verano está cerca, y la higuera ha brotado y sus hojas han salido [] — las señales que dio nuestro Redentor han comenzado a cumplirse. Pues dijo:— Se levantará pueblo contra pueblo y reino contra reino. Y habrá hambres y pestilencias y terrores del cielo. [] Y he aquí que todas estas cosas se están cumpliendo en nuestros días.

    VI, 20

    20. Por tanto, lee en esto cuanto te he escrito, tú y los hermanos, los Monjes que aman la Virginidad. Y guardaos de los escarnecedores. Pues a cualquiera que escarnece y se burla de su hermano, le conviene aptamente la palabra que está escrita en el Evangelio; a saber, cuando nuestro Señor quiso ajustar cuentas con los avaros y con los fariseos. Porque está escrito:— Como amaban el dinero, se burlaban de Él. [] Así también ahora los que no están de acuerdo con estas cosas se burlan de la misma manera. Lee, pues, y aprende. Esfuérzate por leer y por hacer. Y sea la Ley de Dios tu meditación en todo tiempo. Y cuando hayas leído esta epístola, por tu vida (te conjuro), amado mío, levántate y ora, y recuerda mi pecaminosidad en tu oración.

    Demostración 8 (De la Resurrección de los muertos)

    VIII, 1

    1. En todo tiempo surgen controversias sobre este asunto, cómo resucitarán los muertos y con qué cuerpo vendrán? [] Pues he aquí que el cuerpo se desgasta y se corrompe; y también los huesos, sin duda, a medida que el tiempo se prolonga sobre ellos, se deshacen y no pueden ser reconocidos. Y cuando entras en un sepulcro en el que están enterrados cien muertos, no hallas allí ni un puñado de polvo. Y así dicen los que reflexionan sobre estas cosas:— «Sabemos, por supuesto, que los muertos resucitarán; pero serán revestidos de un cuerpo celestial y de formas espirituales. Y si no es así, estos cien muertos que fueron enterrados en un solo sepulcro, de los cuales después de transcurrir mucho tiempo no queda allí nada en absoluto, cuando los muertos sean vivificados, y sean revestidos de un cuerpo y resuciten, a menos que sean revestidos de un cuerpo celestial, ¿de dónde vendrá su cuerpo? Pues he aquí que no hay nada en el sepulcro.»

    VIII, 2

    2. Cualquiera que reflexiona así es necio y carece de conocimiento. Cuando los muertos fueron introducidos, eran algo; y cuando estuvieron allí por mucho tiempo, se volvieron nada. Y cuando llegue el tiempo en que los muertos resuciten, esa nada se convertirá en algo según su naturaleza anterior, y un cambio se añadirá a su naturaleza. Oh tú, insensato que reflexionas así, oye lo que dijo el bendito Apóstol cuando instruía a un necio como tú; porque dijo:— Necio, la semilla que siembras, si no muere, no es vivificada; y lo que siembras no es como lo que crece hasta ser espiga, sino un grano desnudo de trigo o de cebada o de alguna otra semilla. Y a cada una de las semillas se le da su propio cuerpo. Pero Dios viste tu semilla con su cuerpo como Él quiere. []

    VIII, 3

    3. Por tanto, oh necio, instrúyete por esto: que cada una de las semillas es revestida de su propio cuerpo. Nunca siembras trigo y sin embargo cosechas cebada, y nunca plantas una vid y sin embargo produce higos; sino que todo crece según su naturaleza. Así también el cuerpo que fue depositado en la tierra es el que resucitará. Y en cuanto a esto, que el cuerpo se corrompe y se deshace, debes ser instruido por la parábola de la semilla; que como la semilla, cuando es echada en la tierra, se pudre y se corrompe, y de su corrupción produce y brota y da fruto. Porque la tierra que es arada, y en la que no se echa semilla, no produce fruto, aunque esa tierra beba toda la lluvia. Así, de la tumba en la que no están enterrados los muertos, no saldrán hombres en la vivificación de los muertos, aunque la plena voz de la trompeta sonara dentro de ella. Y si, como dicen, el espíritu de los justos ha de ascender al cielo y revestirse de un cuerpo celestial, están en el cielo. Y Aquel que resucita a los muertos mora en el cielo. Entonces, cuando venga nuestro Salvador, ¿a quién resucitará de la tierra? ¿Y por qué escribió para nosotros:— Vendrá la hora, y ahora es, cuando también los muertos oirán la voz del Hijo del Hombre, y vivirán y saldrán de sus tumbas? Porque el cuerpo celestial no vendrá y entrará en la tumba, y de nuevo saldrá de ella.

    VIII, 4

    4. Pues así dicen los que son tercos en su necedad:— ¿Por qué dijo el Apóstol— Diferente es el cuerpo que está en el cielo del que está en la tierra? [] Pero el que oye esto, oiga también lo otro que dijo el Apóstol:— Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. [] Y de nuevo dijo:— Todos dormiremos, pero no todos seremos transformados. Y de nuevo dijo:— Esto que ha de morir debe revestirse de aquello que no ha de morir, y esto corruptible debe revestirse de lo incorruptible. De nuevo dijo:— Todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado en su cuerpo por todo lo que en el tiempo hizo, sea bueno o malo. [] De nuevo dijo:— ¿Qué harán los que se bautizan por los muertos? Porque si los muertos no resucitan, ¿por qué se bautizan por ellos? [] De nuevo dijo:— Si no hay resurrección de los muertos, entonces Cristo no ha resucitado; y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe es vana, y nuestra predicación. Y si es así, somos hallados falsos testigos, porque testificamos de Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó. Por tanto, si los muertos no resucitan, no hay juicio. Y si no hay juicio, entonces comamos y bebamos, porque mañana moriremos. No os engañéis: las malas compañías corrompen los buenos propósitos. Ahora bien, en cuanto a esto que dijo el Apóstol:— El cuerpo que está en el cielo es diferente del que está en la tierra, entiéndase así esta palabra por ti. Cuando el cuerpo de los justos resucite y sea transformado, se llama celestial. Y el que no es transformado se llama terreno, según su naturaleza terrenal.

    VIII, 5

    5. Pero oye, amado mío, otra palabra semejante, que ha hablado el Apóstol. Porque dijo:— El hombre espiritual juzga todas las cosas, y él no es juzgado por nadie. [] Y de nuevo dijo:— Los que son espirituales piensan en las cosas del espíritu, y los que son carnales piensan en las cosas de la carne. [] Y de nuevo dijo:— Cuando estábamos en la carne, las debilidades de los pecados obraban en nuestros miembros para que diésemos fruto para la muerte. [] De nuevo dijo:— Si el Espíritu de Cristo está en vosotros, sois espirituales. [] Todas estas cosas las dijo el Apóstol mientras estaba revestido de carne, pero hacía las obras del Espíritu. Así también en la Resurrección de los muertos, los justos serán transformados, y la forma terrenal será absorbida por la celestial, y se llamará cuerpo celestial. Y lo que no sea transformado, se llamará terrenal.

    VIII, 6

    6. Acerca, pues, de esta Resurrección de los muertos, amado mío, según mi capacidad te instruiré. Porque desde el principio Dios creó a Adán; lo amasó del polvo de la tierra y lo levantó. Porque si, cuando Adán no existía, lo hizo de la nada, ¿cuánto más fácil le es ahora levantarlo? Pues he aquí que como semilla es sembrado en la tierra. Porque si Dios hiciera aquellas cosas que son fáciles para nosotros, sus obras no nos parecerían poderosas. Pues he aquí que entre los hombres hay artífices que hacen cosas maravillosas, y los que no son artífices de las obras se quedan y se maravillan de cómo fueron hechas; y la obra de sus semejantes es difícil a sus ojos. ¡Cuánto más no deberían ser las obras de Dios una maravilla! Pero para Dios esto no fue gran cosa, que los muertos fueran vivificados. Antes de que la semilla fuera sembrada en la tierra, la tierra produjo aquello que no había sido echado en ella. Antes de haber concebido, dio a luz en su virginidad. ¿Cómo, pues, es difícil esto, que la tierra haga brotar de nuevo lo que había sido echado en ella, y después de concebir dé a luz? Y he aquí que sus dolores de parto están cerca; como dijo Isaías: ¿Quién ha visto cosa semejante y quién ha oído cosas como estas? ¿Que la tierra tenga dolores de parto en un día, y que un pueblo nazca en una hora? [] Porque Adán, no sembrado, brotó; no concebido, nació. Pero he aquí que ahora su descendencia es sembrada, y espera la lluvia, y brotará. Y he aquí que la tierra rebosa de muchos, y el tiempo de su alumbramiento está cerca.

    VIII, 7

    7. Pues todos nuestros padres, con esperanza en la Resurrección y en la vivificación de los muertos, miraban hacia adelante y se apresuraban; como dijo el bendito Apóstol: Si los justos hubieran estado mirando hacia aquella ciudad de la que salió Abraham, habrían tenido ocasión de volver de nuevo a ella; pero mostraron que miraban hacia una mejor que aquella, a saber, la que está en el cielo. [] Estaban mirando hacia adelante para ser liberados y para ir pronto allí. Y por lo que te escribo, entiende y observa que estaban mirando hacia la Resurrección. Porque Jacob nuestro padre, cuando estaba muriendo, ató a José su hijo con un juramento, y le dijo: Entiérrame en la tumba de mis padres, con Abraham y Sara e Isaac y Rebeca. ¿Y por qué, amado mío, no quiso Jacob ser enterrado en Egipto, sino con sus padres? Mostró de antemano que miraba hacia la vivificación de los muertos; para que, cuando se alzara el grito de la Resurrección y se oyera el sonido de la trompeta, pudiera levantarse cerca de sus padres, y no fuera mezclado en el tiempo de la Resurrección con los impíos que volverán al sheol y al castigo.

    VIII, 8

    8. Así también José ató a sus hermanos con un juramento, [] y les dijo:— Cuando Dios se acuerde de vosotros, tomad mis huesos de aquí con vosotros. Y según la palabra de José hicieron sus hermanos, y guardaron el juramento ciento veinticinco años. En aquel tiempo, cuando los ejércitos del Señor salieron de la tierra de Egipto, entonces Moisés tomó los huesos de José cuando salió. [] Y los huesos del varón justo eran más preciosos y mejores en su estimación que el oro y la plata que los hijos de Israel tomaron de Egipto cuando los despojaron. Y los huesos de José estuvieron cuarenta años en el desierto; y en aquel tiempo, cuando Moisés durmió, los dio en herencia a Josué hijo de Nun. Los huesos de José su padre eran mejores en su estimación que todo el botín de aquella tierra que sometió. ¿Y por qué dio Moisés los huesos de José a Josué? Claramente, porque era de la tribu de Efraín el hijo de José. Y los enterró en la tierra de la promesa, para que hubiera en aquella tierra un tesoro, (a saber) el de los huesos de José (que fueron) enterrados allí. Y también en el tiempo en que Jacob estaba muriendo, bendijo a sus tribus, y les mostró lo que les sucedería en los últimos días, y dijo a Rubén:— Rubén, tú eres mi primogénito, mi fuerza y el principio de mi vigor. Te has descarriado; como el agua, no permanecerás, porque subiste al lecho de tu padre. Verdaderamente profanaste mi lecho y subiste. [] Desde el tiempo en que Jacob durmió hasta el tiempo en que Moisés durmió transcurrieron doscientos treinta y tres años. Entonces Moisés quiso por su poder sacerdotal absolver a Rubén de su transgresión y pecado, en que se había acostado con Bilhá, la concubina de su padre; para que, cuando sus hermanos resucitaran, no fuera cortado de su número. Así dijo al principio de su bendición:— Rubén vivirá y no morirá, y estará en el número. []

    VIII, 9

    9. Y también cuando llegó el tiempo de que Moisés durmiera con sus padres, se entristeció y se angustió, y buscó a su Señor y suplicó que pudiera pasar a la tierra de la promesa. ¿Y por qué, amado mío, se entristeció el justo Moisés porque no entró en la tierra de la promesa? Claramente, porque deseaba ir y ser enterrado con sus padres, y no ser enterrado en la tierra de sus adversarios, en la tierra de Moab. Porque los moabitas alquilaron a Balaam hijo de Beor para maldecir a Israel. Por tanto, Moisés no quiso ser enterrado en aquella tierra, no fuera que los moabitas vinieran y tomaran venganza de él tomando y arrojando fuera los huesos de aquel varón justo. Y el Señor realizó un acto de gracia hacia Moisés. Pues lo sacó al monte Nebo, y le mostró toda la tierra, haciéndola pasar delante de él. Y mientras Moisés contemplaba toda la tierra, y contemplaba el monte de los jebuseos donde había de morar el Tabernáculo, se entristeció y lloró cuando vio la tumba en Hebrón donde estaban enterrados sus padres Abraham, Isaac y Jacob, porque no sería enterrado con ellos, ni sus huesos echados sobre sus huesos, para poder levantarse junto con ellos en la Resurrección. Pero cuando hubo visto toda la tierra, su Señor lo animó y le dijo: «Yo mismo te enterraré y te esconderé, y nadie conocerá tu tumba.» Así murió Moisés según la palabra de la boca del Señor, y Él lo enterró en un valle en la tierra de Moab, frente a Bet-Peor, donde Israel había pecado, y ningún hombre ha conocido su sepulcro hasta el día de hoy. [] Dos buenos beneficios obró su Señor para Moisés al no dar a conocer su tumba a los hijos de Israel. Se alegró de que sus adversarios no la conocieran, y echaran fuera sus huesos de su tumba; y en segundo lugar, de que los hijos de su pueblo no la conocieran, e hicieran de su tumba un lugar de adoración, porque era tenido como Dios a los ojos de los hijos de su pueblo. Y entiende esto, amado mío, de aquí: que cuando los dejó y subió al monte, dijeron: [] — En cuanto a este Moisés que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué ha sido de él. Así que se hicieron un becerro y lo adoraron, y no se acordaron de Dios que los sacó de Egipto por medio de Moisés con mano fuerte y brazo levantado. [] Por causa de esto, Dios tuvo respeto a Moisés, y no dio a conocer su tumba; no fuera que, si daba a conocer su tumba, los hijos de su pueblo se descarriaran, y se hicieran una imagen, y la adoraran y le sacrificaran, y así con sus pecados perturbaran los huesos del varón justo.

    VIII, 10

    10. Y Moisés proclamó de nuevo claramente la Resurrección de los muertos, pues dijo como de la boca de su Dios:— Yo soy el que hago morir y yo soy el que hago vivir. [] También Ana dijo así en su oración:— El Señor hace morir y vivifica; Él hace bajar al sheol y hace subir (de allí). [] El Profeta Isaías también dijo así:— Tus muertos vivirán, oh Señor, y sus cuerpos resucitarán, y los que duermen en el polvo despertarán y te alabarán. [] David también proclamó, diciendo:— Pues he aquí que para los muertos obras maravillas, y los poderosos se levantarán y te confesarán, y los que están en las tumbas contarán tu gracia. ¿Y cómo en las tumbas contarán la gracia de Dios? Claramente, cuando oigan el sonido de la trompeta que los convoca, y el cuerno que suena desde lo alto, y el terremoto que habrá, y las tumbas que serán abiertas, entonces los poderosos resucitarán en gloria, y contarán unos a otros en las tumbas, diciendo: «Grande es la gracia que se realiza hacia nosotros. Pues nuestra esperanza fue cortada; sin embargo, (otra) esperanza ha surgido para nosotros. Estábamos encarcelados en tinieblas, y hemos salido a la luz. Fuimos sembrados en corrupción, y hemos resucitado en gloria. Fuimos sepultados naturalmente, y hemos resucitado espiritualmente. De nuevo fuimos sembrados en debilidad, y hemos resucitado en poder.» Esta es la gracia que contarán en las tumbas.

    VIII, 11

    11. Y no solo de palabra, amado mío, dijo Dios:— «Yo vivifico a los muertos,» sino también con obras nos lo mostró por muchos testimonios; para que no tuviéramos vacilación (acerca de ello). Lo mostró de antemano claramente; pues mediante Elías se manifestó una maravilla, (en prueba) de que los muertos vivirán y de que los que duermen en el polvo resucitarán. Pues cuando murió el hijo de la viuda, Elías lo levantó y lo dio a su madre. Y Eliseo de nuevo, su discípulo, levantó al hijo de la sunamita; para que el testimonio de dos quedara establecido y confirmado para nosotros. Y también de nuevo, cuando los hijos de Israel arrojaron a un hombre muerto sobre los huesos de Eliseo, aquel hombre muerto revivió y se levantó. Y el testimonio de tres es cierto.

    VIII, 12

    12. Y también por medio del Profeta Ezequiel, la Resurrección de los muertos fue manifiestamente mostrada, cuando Dios lo sacó al valle y le mostró muchos huesos, y lo hizo pasar junto a ellos, alrededor de ellos, y le dijo:— Hijo del Hombre, ¿vivirán estos huesos? Y Ezequiel le dijo: [] — Tú lo sabes, oh Señor de señores. Y el Señor le dijo:— Profetiza, oh Hijo del Hombre, sobre estos huesos; profetiza y di a los huesos secos: Oíd la palabra del Señor de señores. Y cuando les hizo oír aquellas palabras, hubo un estremecimiento y un ruido, y los huesos se juntaron, aun aquellos que estaban desmenuzados y quebrados. Y cuando el Profeta los vio, quedó asombrado, pues se juntaron de todos lados, y cada hueso recibió a su compañero, y cada coyuntura se acercó a su coyuntura compañera, y se ordenaron unos sobre otros. Y su sequedad se humedeció, y las coyunturas se unieron por los ligamentos, y la sangre se calentó en las arterias, y la piel se extendió sobre la carne, y el cabello creció según su naturaleza. Pero yacían postrados y no había aliento en ellos. Entonces de nuevo mandó al Profeta, y le dijo:— Profetiza al espíritu y dile: Ven, oh espíritu, desde los cuatro vientos, y sopla sobre estos hombres muertos para que vivan. Y cuando les hizo oír esta segunda palabra, el espíritu entró en ellos, y revivieron y se pusieron de pie, un ejército muy grande.

    VIII, 13

    13. Pero ¿por qué, amado mío, fue que aquellos muertos no resucitaron por la única palabra (dicha) por medio de Ezequiel, y por qué no fue su resurrección, tanto de huesos como de espíritu, realizada (por medio de aquella única palabra)? Pues ¡he aquí! Por una palabra los huesos fueron ajustados, y por otra vino el espíritu. Fue para que la plena perfección quedase reservada para nuestro Señor Jesucristo, Quien con una sola expresión y una sola palabra levantará en el último día todo cuerpo de hombre. Pues no era la palabra la insuficiente, sino que su portador era inferior. Y con respecto a esto, entiende y observa que cuando Elías también, y Eliseo su discípulo, resucitaron a los muertos, no fue con una sola palabra que los levantaron, sino después de haber orado e intercedido y demorado no poco tiempo, entonces se levantaron.

    VIII, 14

    14. Y nuestro Señor mismo, en aquella Su primera Venida, resucitó a tres que estaban muertos, para que el testimonio de tres fuese confirmado. Y resucitó a cada uno de ellos con dos palabras a cada uno. Pues cuando resucitó al hijo de la viuda, lo llamó dos veces, diciéndole: Joven, joven, levántate. [] Y revivió y se levantó. Y de nuevo, dos veces llamó a la hija del principal de la sinagoga, diciéndole: Niña, niña, levántate. [] Y su espíritu volvió y ella se levantó. Y después que Lázaro murió, cuando Él llegó al lugar de la sepultura, oró fervientemente y clamó a gran voz y dijo: Lázaro, sal fuera. [] Y revivió y salió de su tumba.

    VIII, 15

    15. Y con respecto a todo esto que te he explicado, que aquellos muertos fueron resucitados con dos palabras cada uno, fue porque para ellos tienen lugar dos resurrecciones: aquella primera, y la segunda, la que ha de venir. Pues en aquella resurrección en la que todos los hombres se levantarán, ninguno caerá de nuevo; y por una sola palabra de Dios, enviada por medio de Cristo, todos los muertos se levantarán en un abrir y cerrar de ojos, velozmente. Porque Aquel que lo realiza no es débil ni insuficiente. Pues con una sola palabra de convocación hará oír a todos los confines (del mundo), y todos los que están tendidos (en el sepulcro) saltarán y se levantarán; y ninguna palabra volverá vacía a Aquel que la envió, sino como está escrito en el Profeta Isaías, [], quien compara la palabra a la lluvia y a la nieve; pues dijo:— Como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven allá, sino que fecundan la tierra y la hacen producir y dar semilla al sembrador y pan para alimento, así será la palabra que sale de Mi boca, y no volverá a Mí vacía, sino que realizará todo lo que Yo deseo y cumplirá aquello para lo cual la habré enviado. Porque la lluvia y la nieve no vuelven al cielo, sino que realizan en la tierra la voluntad de Aquel que las envía. Así la palabra que Él enviará por medio de Su Cristo, Quien es Él mismo el Verbo y el Mensaje, volverá a Él con gran poder. Pues cuando Él venga y la traiga, descenderá como lluvia y nieve, y por medio de Él todo lo que está sembrado brotará y llevará fruto justo, y la palabra volverá a Su remitente; pero no habrá sido en vano Su ida, sino que así dirá en presencia de Su remitente:— He aquí, Yo y los hijos que el Señor me ha dado. [] Y esta es la voz por medio de la cual los muertos vivirán. Acerca de ella da testimonio nuestro Redentor, diciendo:— Vendrá la hora en que aun los muertos oirán la voz del Hijo del Hombre y saldrán de sus tumbas; [] como está escrito, En el principio era la voz, es decir, el Verbo. [] De nuevo dijo, El Verbo se hizo cuerpo y habitó entre nosotros. [] Y esta es aquella voz de Dios que resonará desde lo alto y resucitará a todos los muertos.

    VIII, 16

    16. De nuevo, nuestro Señor explicó a los saduceos con respecto a la resurrección de los muertos, cuando ellos le presentaron la parábola de la mujer que se casó con siete maridos, y le dijeron:— ¡He aquí! La mujer fue esposa de todos ellos; en la Resurrección de los muertos, ¿de cuál de ellos será esposa? [] Entonces nuestro Señor les dijo:— Erráis grandemente, y no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios. Pues los que son dignos de aquel mundo y de aquella Resurrección de entre los muertos, los que son hombres no toman esposas, ni las mujeres son dadas en matrimonio a los maridos, porque no pueden morir, pues son como los ángeles de Dios e hijos de la Resurrección. Pero con respecto a la Resurrección, que los muertos han de resucitar, ¿no habéis leído en la Escritura que Dios dijo a Moisés desde la zarza, «Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.» Y ¡he aquí! No es Dios de muertos, pues todos están vivos para Él. [Mateo 23:29-32]

    VIII, 17

    17. Y hay quienes aun mientras viven están muertos para Dios. Pues Él impuso un mandamiento a Adán y le dijo: En el día que comas del árbol, ciertamente morirás. [] Y después que hubo transgredido el mandamiento, y hubo comido, vivió novecientos treinta años; pero fue tenido por muerto para Dios a causa de sus pecados. Pero para que te sea hecho cierto que un pecador es llamado muerto aun cuando vive, te lo haré claro. Pues así está escrito en el Profeta Ezequiel: Vivo Yo, dice el Señor de señores, no deseo la muerte del pecador muerto.

    VIII, 18

    18. Además, nuestro Señor dijo a aquel hombre que le dijo:— Déjame ir y enterrar a mi padre, y vendré a Ti. [] Y nuestro Señor le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero ve, predica el Reino de Dios. Pero ¿cómo entiendes esta palabra, amado mío? ¿Viste alguna vez a los muertos enterrando a sus muertos? ¿O cómo se levantará un muerto para enterrar a otro muerto? Pero recibe de mí esta explicación: que un pecador, mientras vive, está muerto para Dios; y un hombre justo, aunque muerto, está vivo para Dios. Porque tal muerte es un sueño, como dijo David: Me acosté y dormí, y desperté. De nuevo dijo Isaías: Los que duermen en el polvo despertarán. [] Y nuestro Señor dijo con respecto a la hija del principal de la sinagoga: La niña no está muerta, sino que duerme un sueño. [Mateo 9:26] Y con respecto a Lázaro, dijo a Sus discípulos:— Nuestro amigo Lázaro se ha dormido; pero voy a despertarlo. [] Y el Apóstol dijo:— Todos dormiremos, pero no todos seremos transformados. [] Y de nuevo dijo:— Acerca de los que duermen, no os entristezcáis. []

    VIII, 19

    19. Pero es justo que temamos la segunda muerte, aquella que está llena de llanto y crujir de dientes, y de gemidos y miserias, aquella que está situada en las tinieblas exteriores. Pero bienaventurados serán los fieles y los justos en aquella Resurrección, en la cual esperan ser despertados y recibir las buenas promesas que les fueron hechas. Pero en cuanto a los impíos que no son fieles, en la Resurrección ¡ay de ellos, por causa de lo que les está reservado! Mejor les sería, según la fe que poseen, no levantarse. Pues el siervo, para quien su Señor está preparando azotes y cadenas, mientras duerme no desea despertar, porque sabe que cuando haya llegado el alba y despierte, su Señor lo azotará y lo atará. Pero el siervo bueno, a quien su Señor ha prometido dones, espera con anhelo el tiempo en que llegue el alba y reciba regalos de su Señor. Y aun cuando está profundamente dormido, en su sueño ve algo semejante a lo que su Señor está a punto de darle, todo lo que le ha prometido, y se regocija en su sueño, y exulta, y se alegra. En cuanto al impío, su sueño no le es agradable, pues imagina que ¡he aquí! el alba ha llegado para él, y su corazón se quebranta en su sueño. Pero los justos duermen, y su sueño les es agradable, de día y de noche, y no se preocupan de toda aquella larga noche, y como una hora es tenida a sus ojos. Entonces, en la vigilia del alba, despiertan con gozo. Pero en cuanto a los impíos, su sueño pesa sobre ellos, y son como un hombre abatido por una grande y profunda fiebre, que se agita en su lecho de aquí para allá, y está aterrorizado toda la noche, que se alarga para él, y teme el alba cuando su Señor lo condenará.

    VIII, 20

    20. Pero nuestra fe enseña así: que cuando los hombres se duermen, duermen este sueño sin conocer el bien del mal. Y los justos no esperan con anhelo sus promesas, ni los impíos esperan con anhelo su sentencia de castigo, hasta que venga el Juez y separe a aquellos cuyo lugar está a Su diestra de aquellos cuyo lugar está a Su izquierda. E instrúyete por lo que está escrito: que cuando el Juez se siente, y los libros sean abiertos delante de Él y las buenas y malas obras sean recitadas, entonces los que hayan obrado buenas obras recibirán buenas recompensas de Aquel que es bueno; y los que hayan hecho malas obras recibirán malas penas del Juez justo. Porque hacia los buenos, Él no cambia Su naturaleza; y se prueba justo porque justamente condena a muchos. Pero hacia los malos Él cambia Su naturaleza, en aquel mundo donde la gracia se pierde en la justicia; y se prueba justo para con todos. Y la gracia no se unirá con la justicia hacia ellos. Así como la gracia no sirve (para remediar) el daño, así la justicia (no sirve para asistir a) la gracia. Porque la gracia está lejos del juez, pero la justicia urge al juez. Si la gracia está cerca de alguno, vuélvase él hacia ella, y no se entregue en manos de la justicia, no sea que lo condene, exigiendo de sus manos la pena por sus faltas. Y si la gracia está lejos de alguno, la justicia lo llevará a juicio, y por ella será condenado, e irá al tormento.

    VIII, 21

    21. Pero oye, amado mío, esta prueba de que la retribución tendrá lugar al final. Pues cuando el Pastor divida Su rebaño y ponga a unos a Su diestra y a otros a Su izquierda, hasta que haya reconocido el servicio de los buenos, entonces les hará heredar el reino; y hasta que haya reprendido a los malos y sean condenados, entonces los enviará al tormento. Y en cuanto a los que enviaron mensajeros tras el Rey, diciendo: Este hombre no reinará sobre nosotros, cuando Él reciba el reino y regrese, entonces Sus adversarios serán muertos delante de Él. Y los labradores que se apresuraron y se fatigaron en la viña, no recibirán la recompensa hasta que cese la labor. Y los comerciantes que recibieron el dinero, cuando venga el Señor del dinero, entonces exigirá la usura. Y las vírgenes que, mientras esperaban al esposo, dormitaron y durmieron porque Él tardaba en venir, cuando oigan el clamor, entonces despertarán y arreglarán sus lámparas; y las que son sabias entrarán; y las necias serán dejadas fuera. Y los que nos precedieron en entrar en la fe, sin nosotros no serán hechos perfectos. []

    VIII, 22

    22. De todas estas cosas, entiende, amado mío, como se te ha hecho cierto, que todavía nadie ha recibido su recompensa. Pues los justos no han heredado el reino, ni los impíos han ido al tormento. El Pastor todavía no ha dividido Su rebaño. Y ¡he aquí! Los obreros entran en la viña, y todavía no han recibido la recompensa. Y ¡he aquí! Los mercaderes negocian con el dinero. Y todavía su Señor no ha venido a tomar cuenta. Y el Rey ha ido a recibir el Reino, pero todavía no ha regresado por segunda vez. Y aquellas vírgenes que esperan al esposo están durmiendo hasta el tiempo presente, y aguardan el clamor cuando despertarán. Y los hombres anteriores que trabajaron en la fe hasta que vengan los últimos hombres, no serán hechos perfectos.

    VIII, 23

    23. Pero los que son niños en el entendimiento dicen:— «Si nadie ha recibido su recompensa, ¿por qué dijo el Apóstol: Cuando salgamos del cuerpo, estaremos presentes con el Señor?» [] Pero recuerda, amado mío, que te instruí acerca de este asunto en la Demostración acerca de los Solitarios, que el espíritu que reciben los justos, según su naturaleza celestial, va a nuestro Señor hasta el tiempo de la Resurrección, cuando vendrá a revestirse del cuerpo en el que habitó. Y en todo tiempo tiene memoria de esto en la presencia de Dios, y espera con anhelo la Resurrección de aquel cuerpo en el que habitó, como dijo el Profeta Isaías acerca de la Iglesia de los gentiles:— Los que hacen mención de ti serán fieles y estarán delante del Señor, y no les darás descanso. Pero en cuanto a los impíos, no tienen a nadie que haga mención de ellos delante del Señor, porque el Espíritu Santo está muy lejos de ellos, porque son animales, y son sepultados a la manera de los animales.
    Comentario editorial · Dormir hasta el juicio
    Afrahat sostiene que todavía nadie ha recibido su recompensa (§ 22): los hombres duermen «sin conocer el bien del mal» hasta que venga el Juez (§ 20). A quien objeta con 2 Corintios 5:8, le remite a lo que enseñó en la Demostración 6, § 14 (la referencia es de una nota de Gwynn): el espíritu que los justos reciben en el bautismo va a Cristo hasta la resurrección, mientras el espíritu «animal» se sepulta con el cuerpo. El texto distingue, pues, entre ese sueño de los hombres y un espíritu que ya está junto a Cristo.

    VIII, 24

    24. Y de nuevo, (los seguidores de) doctrinas, que son instrumentos del Maligno, se escandalizan por la palabra que nuestro Señor habló: Nadie ha subido al cielo sino Aquel que descendió del cielo, el Hijo del Hombre, que estaba en el cielo. [] Y dicen: «¡He aquí! Nuestro Señor testificó que ningún cuerpo terrenal ha subido al cielo.» En su ignorancia no pueden comprender la fuerza de esto. Pues cuando nuestro Señor instruyó a Nicodemo, él no comprendió la fuerza de la sentencia. Entonces nuestro Señor le dijo:— Nadie ha subido al cielo, para descender y relataros todo lo que allí hay. Porque si os he hablado de las cosas que están en la tierra, y no creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas que están en el cielo? [] Pues ¡he aquí! ningún otro testigo además de Mí ha descendido de allí, para dar testimonio acerca de las cosas que están en el cielo, para que creáis. Porque Elías subió allí, pero no descendió junto conmigo para dar testimonio, para que el testimonio de dos fuese seguro.

    VIII, 25

    25. Pero en cuanto a ti, amado mío, no dudes de la Resurrección de los muertos. Porque la boca viva (de Dios) da testimonio:— Yo hago morir y hago vivir. [] Y ambas cosas salieron de una sola boca. Y así como estamos seguros de que Él hace morir, y lo vemos; así también es seguro y digno de fe que Él hace vivir. Y de todo lo que te he explicado, recibe y cree que en el día de la Resurrección tu cuerpo resucitará en su integridad, y recibirás de nuestro Señor la recompensa de tu fe, y en todo lo que has creído te regocijarás y serás alegrado.

    Demostración 10 (De los Pastores)

    X, 1

    1. Los Pastores están puestos sobre el rebaño y dan a las ovejas el alimento de vida. Quien vela y se afana por sus ovejas, cuida de su rebaño y es discípulo de nuestro Buen Pastor, que se entregó a sí mismo por sus ovejas. [ y ss.] Y quien no trae de vuelta a su rebaño con cuidado, es comparado al asalariado que no tiene cuidado de las ovejas. Sed semejantes, oh Pastores, a aquellos Pastores justos de antaño. Jacob apacentó las ovejas de Labán, y las guardó, se afanó y veló, y así recibió la recompensa. Porque Jacob dijo a Labán:— He aquí, veinte años llevo contigo. Tus ovejas y tus rebaños no he robado, y los machos de tus ovejas no he comido. Lo que estaba despedazado no te lo traje, ¡pero tú lo exigiste de mi mano! De día me devoraba el calor y de noche el frío. [] Mi sueño se apartó de mis ojos. Observad, Pastores, a aquel Pastor, cómo cuidó de su rebaño. Solía velar de noche para guardarlo y estaba vigilante; y solía afanarse de día para apacentarlo. Así como Jacob fue pastor, también José fue pastor y sus hermanos fueron pastores. Moisés fue pastor, y David también fue pastor. También Amós fue pastor. Todos estos fueron pastores que apacentaron las ovejas y las guiaron bien.

    X, 2

    2. Ahora bien, amado mío, ¿por qué estos pastores apacentaron primero las ovejas y luego fueron elegidos para ser pastores de hombres? Claramente para que aprendieran cómo cuida un pastor de sus ovejas, y cómo vela y se afana por ellas. Y cuando hubieron aprendido las costumbres de los pastores, fueron elegidos para el oficio pastoral. Jacob apacentó las ovejas de Labán, se afanó, veló y las guió bien; y luego cuidó y guio bien a sus hijos, y les enseñó el modelo del trabajo pastoral. Y José solía apacentar las ovejas junto con sus hermanos; y en Egipto se convirtió en guía de un pueblo numeroso, y los condujo de vuelta, como hace un buen pastor con su rebaño. Moisés apacentó las ovejas de su suegro Jetro, y fue elegido de entre las ovejas para apacentar a su pueblo, y como buen pastor los guió. Moisés llevaba su cayado sobre el hombro e iba delante de su pueblo al que guiaba, y los apacentó durante cuarenta años; y velaba y se afanaba por sus ovejas, pastor diligente y bueno. Cuando su Señor quiso destruirlos a causa de sus pecados, porque adoraron el becerro, Moisés oró y suplicó a su Señor, diciendo:— Perdona al pueblo por sus pecados, o bórrame de tu libro que has escrito. [] Ese es un pastor diligentísimo, que se entregó a sí mismo por sus ovejas. Ese es un guía excelente, que se dio a sí mismo por sus ovejas. Y ese es un padre misericordioso, que amó a sus hijos y los crió. Moisés, el grande y sabio pastor, que supo traer de vuelta al rebaño, enseñó a Josué hijo de Nun, varón lleno del Espíritu, que después guio al rebaño, a todo el ejército de Israel. Destruyó reyes, sometió la tierra, y les dio la tierra como lugar de pastos, y repartió los lugares de descanso y los apriscos a sus ovejas. Además, David apacentó las ovejas de su padre, y fue tomado de las ovejas para apacentar a su pueblo. Así los pastoreó con integridad de corazón, y con la destreza de sus manos los guio. Y cuando David contó el rebaño de sus ovejas, vino la ira sobre ellos, y comenzaron a ser destruidos. Entonces David se entregó a sí mismo por sus ovejas, cuando oró diciendo:— Oh Señor Dios, he pecado al contar a Israel. Que tu mano caiga sobre mí y sobre la casa de mi padre. Estas ovejas inocentes, ¿en qué han pecado? [] Así también todos los pastores diligentes solían entregarse de este modo por sus ovejas.

    X, 3

    3. Pero aquellos pastores que no cuidaron de las ovejas, esos eran asalariados que solían apacentarse a sí mismos solamente. Por esto el Profeta se dirige a ellos, diciéndoles:— Oh vosotros, pastores que destruís y dispersáis las ovejas de mi pasto, oíd la palabra del Señor. Así dice el Señor: He aquí que visitaré a mis ovejas como el pastor visita su rebaño en el día del torbellino, y reclamaré mis ovejas de vuestras manos. Oh pastores necios, con la lana de las ovejas os vestís, y la carne de los cebones coméis, y no apacentáis las ovejas. Lo que estaba enfermo no curasteis, y lo que estaba quebrado no vendasteis. A la débil no fortalecisteis, y a la perdida y dispersa no reunisteis. A las fuertes y a los cebones guardasteis, pero con dureza las sometisteis. Los buenos pastos los pacéis vosotros mismos, y lo que queda lo pisoteáis con vuestros pies. Las aguas agradables bebéis, y lo que queda lo ensuciáis con vuestros pies. Y mis ovejas han comido lo pisoteado que vuestros pies han hollado, y han bebido las aguas que vuestros pies han ensuciado. Estos son los pastores codiciosos y viles y los asalariados, que no apacentaron las ovejas, ni las guiaron bien, ni las libraron de los lobos. Pero cuando venga el Gran Pastor, el jefe de los pastores, llamará y visitará a sus ovejas y conocerá a su rebaño. Y presentará a aquellos pastores, les pedirá cuentas y los condenará por sus obras. Y a los que apacentaron bien las ovejas, el Jefe de los Pastores los hará regocijarse y heredar la vida y el descanso. Oh pastor estúpido y necio, a cuya diestra y a cuyo ojo derecho confié mis ovejas. Porque dijiste acerca de las ovejas: que lo que muere, muera, y lo que perece, perezca, y lo que quede, que devoren la carne los unos de los otros; por tanto, he aquí que cegaré tu ojo derecho y secaré tu brazo derecho. Tu ojo que miraba el soborno será cegado, y tu mano que no gobernaba con justicia se consumirá. [] Y en cuanto a vosotras, ovejas mías, ovejas de mi pasto, vosotros sois hombres; pero yo soy el Señor vuestro Dios. [] He aquí que de ahora en adelante os apacentaré en pasto bueno y rico. []

    X, 4

    4. El buen pastor se da a sí mismo por sus ovejas. [] Y de nuevo dijo:— Tengo otras ovejas y es necesario que las traiga también acá. Y todo el rebaño será uno, y un solo pastor, y mi Padre por esto me ama; porque yo me doy a mí mismo por las ovejas. [] Y de nuevo dijo:— Yo soy la puerta de las ovejas. Todo el que entre por mí vivirá, y entrará y saldrá y hallará pastos. [] Oh vosotros, pastores, haceos semejantes a aquel pastor diligente, el jefe de todo el rebaño, que tan grandemente cuidó de su rebaño. Acercó a los que estaban lejos. Trajo de vuelta a los descarriados. Visitó a los enfermos. Fortaleció a los débiles. Vendó a los quebrantados. Guardó a los cebones. Se entregó a sí mismo por las ovejas. Eligió e instruyó a guías excelentes, puso las ovejas en sus manos y les dio autoridad sobre todo su rebaño. Porque dijo a Simón Cefas:— Apacienta mis ovejas y mis corderos y mis corderas. [] Así Simón apacentó sus ovejas; y cumplió su tiempo, os entregó el rebaño y partió. Apacentadlas y guiadlas también vosotros bien. Porque el pastor que cuida de sus ovejas no se ocupa en ninguna otra labor junto con aquella. No hace una viña, ni planta huertos, ni cae en los afanes de este mundo. Nunca hemos visto a un pastor que dejara sus ovejas en el desierto y se hiciera mercader, ni a uno que dejara su rebaño errante y se hiciera labrador. Pero si abandona su rebaño y hace estas cosas, con ello entrega su rebaño a los lobos.

    X, 5

    5. Y recuerda, amado mío, que te escribí acerca de nuestros padres de antaño: que primero aprendieron los modos de apacentar ovejas, y en eso recibieron prueba de diligencia, y después fueron elegidos para el oficio de guías, para que aprendieran y observaran cuánto cuida el pastor de su rebaño, y así como solían guiar con cuidado las ovejas, también pudieran ser perfeccionados en este oficio de guía. Así José fue elegido de entre las ovejas para guiar a los egipcios en el tiempo de la aflicción. Y Moisés fue elegido de entre las ovejas para guiar a su pueblo y apacentarlo. Y David fue tomado de seguir a las ovejas para llegar a ser rey sobre Israel. Y el Señor tomó a Amós de seguir a las ovejas y lo hizo profeta sobre su pueblo. Eliseo igualmente fue tomado de detrás del yugo para llegar a ser profeta en Israel. Moisés no volvió a sus ovejas, ni dejó su rebaño que le había sido confiado. David no volvió a las ovejas de su padre, sino que guio a su pueblo con integridad de corazón. Amós no volvió atrás para apacentar sus ovejas ni para recoger el fruto de los árboles, sino que los guio y cumplió su oficio de profecía. Eliseo no volvió atrás a su yugo, sino que sirvió a Elías y ocupó su lugar. Y el que habría sido para él como pastor, porque amaba los campos, las mercancías, las viñas, los olivares y la labranza, no quiso llegar a ser su discípulo; y por tanto no le confió el rebaño a su mano.

    X, 6

    6. Os ruego, pastores, que no pongáis sobre el rebaño guías necios y estúpidos, codiciosos y amantes de las posesiones. Todo el que apacienta el rebaño comerá de su leche. [ y ss.] Y todo el que guía el yugo será servido de su trabajo. Los sacerdotes tienen derecho a participar del altar, y los levitas recibirán sus diezmos. Quien come de la leche, tenga su corazón puesto en el rebaño; y el que es servido del trabajo de su yugo, atienda a su labranza. Y los sacerdotes que participan del altar sirvan al altar con honor. Y en cuanto a los levitas que reciben los diezmos, no tienen porción en Israel. Oh pastores, discípulos de nuestro gran Pastor, no seáis como asalariados; porque el asalariado no cuida de las ovejas. Sed como nuestro dulce Pastor, cuya vida no le fue más querida que sus ovejas. Criad a los jóvenes y educad a las doncellas; y amad a los corderos y dejad que sean criados en vuestro seno; para que cuando vengáis al Pastor Principal, podáis ofrecerle todas vuestras ovejas en integridad, y así Él os dé lo que ha prometido: Donde yo estoy, también vosotros estaréis. [] Estas cosas, breves como son, serán suficientes para los buenos pastores y guías.

    X, 7

    7. Arriba, amado mío, te he escrito para recordarte el carácter que conviene a todo el rebaño. Y en este discurso te he escrito acerca de los pastores, los guías del rebaño. Estos recordatorios te he escrito, amado, como me lo pediste en tu querida carta.

    X, 8

    8. El Mayordomo me introdujo en el tesoro del Rey y me mostró allí muchas cosas preciosas; y cuando las vi, mi mente quedó cautivada por el gran tesoro. Y mientras lo contemplaba, deslumbró mis ojos, cautivó mis pensamientos e hizo que mis reflexiones vagaran de muchas maneras. Quien recibe de él, se enriquece a sí mismo y enriquece a otros. Está abierto y sin guardia ante todos los que lo buscan; y aunque muchos toman de él, no hay merma; y cuando dan de lo que han recibido, su propia porción se multiplica en gran manera. Los que reciben gratuitamente, den gratuitamente [] como han recibido. Porque este tesoro no puede venderse por precio, pues no hay nada equivalente a él. Además, el tesoro no se agota; y los que lo reciben no se sacian. Beben y aún tienen sed; comen y tienen hambre. Quien no tiene sed no halla qué beber; quien no tiene hambre no halla qué comer. El hambre de él sacia a muchos, y de la sed de él brotan manantiales de aguas. Porque el hombre que se acerca al temor de Dios es como el hombre que en su sed se acerca al manantial, bebe y queda satisfecho, y la fuente no disminuye en nada. Y la tierra que tiene necesidad de beber agua bebe de la fuente, pero sus aguas no faltan. Y cuando la tierra bebe, tiene de nuevo necesidad de beber, y el manantial no se agota con su fluir. Así es el conocimiento de Dios. Aunque todos los hombres recibieran de él, no habría en él falta alguna, ni puede ser limitado por los hijos de la carne. Quien toma de él no puede llevarse todo; y cuando da, nada le falta. Cuando tomas fuego con una vela de una llama, aunque enciendas muchas velas en ella, la llama no disminuye cuando tomas de ella, ni la vela se consume cuando enciende muchas. Un hombre no puede recibir todo el tesoro del Rey, ni cuando un hombre sediento bebe de la fuente sus aguas lo llenan. Cuando un hombre está de pie sobre una montaña elevada, su ojo no comprende por igual lo cercano y lo distante; ni cuando está de pie y cuenta las estrellas del cielo puede poner límites a los ejércitos de los cielos. Así, cuando se acerca al temor de Dios, no puede alcanzar la totalidad de él; y cuando recibe mucho de lo que es precioso, no parece disminuir; y cuando da de lo que ha recibido, no se agota ni se le acaba. Y recuerda, amado mío, lo que te escribí en el primer discurso acerca de la fe: que quien ha recibido gratuitamente debe dar gratuitamente como ha recibido, como dijo nuestro Señor:— Gratuitamente habéis recibido, dad gratuitamente. [] Porque a quien retiene parte de cualquier cosa que ha recibido, [] aun lo que ha obtenido le será quitado. Por tanto, amado mío, como ahora he podido obtener de aquel tesoro que no se agota, te he enviado de él. Sin embargo, aunque te lo he enviado, todo está conmigo. Porque el tesoro no se agota, pues es la sabiduría de Dios; y el mayordomo es nuestro Señor Jesucristo, como Él atestiguó cuando dijo:— Todo me ha sido entregado por mi Padre. [] Y mientras Él es el mayordomo de la sabiduría, de nuevo, como dijo el Apóstol:— Cristo es el poder de Dios y su sabiduría. [] Esta sabiduría se imparte a muchos, y sin embargo nada falta, como te expliqué arriba; los Profetas recibieron del Espíritu de Cristo, y sin embargo Cristo no disminuyó en nada.

    X, 9

    9. Diez tratados te he escrito, amado mío. Todo lo que me has pedido te lo he explicado sin recibir nada de ti. Y lo que no me preguntaste, te lo he dado. He preguntado tu nombre y te he escrito. He preguntado de mí mismo tu cuestión, y te he respondido como he podido, para tu persuasión. Todo lo que te he escrito, medítalo en todo tiempo; y esfuérzate por leer aquellos libros que se leen en la Iglesia de Dios. Estos diez libritos que he escrito para ti, toman prestado unos de otros y dependen unos de otros. No los separes unos de otros. Desde Olaph hasta Yud te he escrito, cada letra después de su compañera. Lee y aprende, tú y los hermanos, los Monjes y los fieles, de quienes la burla está lejos; como te escribí arriba. Y recuerda lo que te señalé: que no he llevado estos asuntos a su fin, sino que quedan cortos del fin. Ni son estas cosas suficientes; sino escucha estas cosas de mí sin disputa, e inquiere acerca de ellas con hermanos aptos para la persuasión. Todo lo que oigas que ciertamente edifica, recíbelo; y todo lo que levanta doctrinas extrañas, derríbalo y demuélvelo totalmente. Porque la disputa no puede edificar. Pero yo, amado mío, como cantero he traído piedras para el edificio; y que los sabios arquitectos las labren y las coloquen en el edificio; y todos los obreros que trabajan en el edificio recibirán recompensa del Señor de la casa.

    Demostración 17 (De Cristo, el Hijo de Dios)

    XVII, 1

    1. (Esta es) una respuesta contra los judíos, que blasfeman contra el pueblo reunido de entre los gentiles; pues dicen así: «Adoráis y servís a un hombre que fue engendrado, a un hijo de hombre que fue crucificado, y llamáis Dios a un hijo de hombre. Y aunque Dios no tiene hijo, decís acerca de este Jesús crucificado que Él es el Hijo de Dios.» Y presentan como argumento que Dios dijo:— «Yo soy Dios y no hay otro fuera de Mí.» [] Y de nuevo dijo:— «No adoraréis a otro dios.» [] Por tanto, (dicen ellos), os oponéis a Dios al llamar Dios a un hombre.

    XVII, 2

    2. Acerca de estas cosas, amado mío, en cuanto yo, en mi pequeñez, puedo comprender, te instruiré sobre ellas: que aunque les concedemos que Él es hombre, y al mismo tiempo le honramos y le llamamos Dios y Señor, no es de ninguna manera novedosa que le hayamos llamado así, ni le hemos aplicado un nombre nuevo que ellos mismos no emplearan. Sin embargo, es cosa segura entre nosotros que Jesús nuestro Señor es Dios, el Hijo de Dios, y el Rey, el Hijo del Rey, Luz de luz, Creador y Consejero, y Guía, y el Camino, y Redentor, y Pastor, Reunidor, y la Puerta, y la Perla, y la Lámpara; y con muchos (tales) nombres es Él apellidado. Pero dejaremos de lado todos (los demás) de ellos, y probaremos acerca de Él que Aquel que vino de Dios es el Hijo de Dios, y (es) Dios.

    XVII, 3

    3. Porque el venerado nombre de la Divinidad ha sido aplicado también a varones justos, y ellos han sido tenidos por dignos de ser llamados con él. Y a los hombres en quienes Dios se complacía, a esos los llamó Hijos míos y Amigos míos. Cuando eligió a Moisés, su amigo y su amado, y lo hizo jefe, maestro y sacerdote para su pueblo, lo llamó Dios. Pues le dijo:— Te he puesto por Dios para Faraón. [] Y le dio su sacerdote por profeta, Y Aarón tu hermano hablará por ti ante Faraón, y tú serás para él como Dios, y él será para ti intérprete. [] Así, no solo ante el malvado Faraón hizo Dios a Moisés, sino también ante Aarón, el santo sacerdote, hizo Dios a Moisés.

    XVII, 4

    4. Otra vez, escucha acerca del título Hijo de Dios, con el cual le hemos llamado. Ellos dicen que «aunque Dios no tiene hijo, vosotros hacéis de ese Jesús crucificado el hijo primogénito de Dios.» Sin embargo, Él llamó a Israel «Mi primogénito,» cuando envió a Faraón por medio de Moisés y le dijo: Israel es Mi primogénito; te he dicho: deja ir a Mi Hijo para que me sirva, y si no quieres dejarlo ir, he aquí que yo mataré a tu hijo, tu primogénito. [] Y también por medio del Profeta [] dio testimonio acerca de esto, y los reprendió y dijo al pueblo: De Egipto he llamado a Mi hijo. Como los llamé, así se fueron y adoraron a Baal y ofrecieron incienso a las imágenes talladas. E Isaías dijo [] acerca de ellos: Hijos he criado y he hecho crecer, y ellos se han rebelado contra Mí. Y de nuevo está escrito: Vosotros sois hijos del Señor vuestro Dios. [] Y acerca de Salomón Él dijo: Él me será hijo, y Yo seré para él Padre. [2 Samuel 8:14] Así también nosotros llamamos al Cristo, el Hijo de Dios, pues por medio de Él hemos alcanzado el conocimiento de Dios; así como Él llamó a Israel Mi hijo primogénito, y como dijo acerca de Salomón, Él me será hijo. Y le llamamos Dios, así como Él apellidó a Moisés con Su propio Nombre. Y también David dijo acerca de ellos:— Dioses sois, e hijos del Altísimo, todos vosotros. Y cuando no se enmendaron, por eso Él dijo acerca de ellos:— Como hombres moriréis, y como uno de los príncipes caeréis.

    XVII, 5

    5. Porque el nombre de la Divinidad se da para el honor más alto del mundo, y a quienquiera que Dios se complace, se lo aplica a él. Pero, con todo, los nombres de Dios son muchos y venerables, según entregó Sus nombres a Moisés, diciéndole:— Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Este es Mi Nombre para siempre, y este es Mi memorial por todas las generaciones. [] Y llamó Su nombre Ahiyah ashar Ahiyah, El Shaddai y Adonai Sabaoth. Por estos nombres es llamado Dios. El grande y honorable nombre de la Divinidad no lo retuvo de Sus justos; así como, aunque Él es el gran Rey, sin escatimar aplicó el grande y honorable nombre de Reyes a hombres que son criaturas Suyas.

    XVII, 6

    6. Porque por boca de Su profeta Dios llamó al rey pagano Nabucodonosor, Rey de reyes. Pues Jeremías dijo:— A todo pueblo y reino que no ponga su cuello en el yugo de Nabucodonosor, Rey de reyes, Mi siervo, con hambre y con espada y con pestilencia visitaré a ese pueblo. Aunque Él es el gran Rey, no escatima el nombre de Reyes a los hombres. Y (así), aunque Él es el gran Dios, sin embargo no escatimó el nombre de la Divinidad a los hijos de carne. Y aunque toda paternidad es Suya, ha llamado también padres a los hombres. Pues dijo a la congregación:— En lugar de vuestros padres, serán vuestros hijos. Y aunque la autoridad es Suya, ha dado a los hombres autoridad unos sobre otros. Y mientras que la adoración es Suya para honra, con todo la ha permitido en el mundo, para que un hombre honre a otro. Pues aunque un hombre haga reverencia ante los impíos y los paganos y los que rechazan la gracia, no es censurado por Dios. Y acerca de la adoración mandó a Su pueblo: No adoraréis el sol ni la luna ni todos los ejércitos del cielo; y tampoco desearéis adorar criatura alguna que esté sobre la tierra. [] He aquí la gracia y el amor de nuestro buen Hacedor, que no escatimó a los hombres el nombre de la Divinidad y el nombre de la adoración, y el nombre de Reyes, y el nombre de autoridad; porque Él es el Padre de las cosas creadas que están sobre la faz del mundo, y ha honrado, exaltado y glorificado a los hombres por encima de todas las criaturas. Pues con Sus santas manos los formó; y de Su Espíritu sopló en ellos, y morada vino a ser para ellos desde antiguo. En ellos habita y entre ellos camina. Pues dijo por medio del profeta: Habitaré en ellos, y caminaré en ellos. [] Además, también el Profeta Jeremías dijo:— Vosotros sois el templo del Señor, si hacéis rectos vuestros caminos y vuestras obras. [] Y antiguamente David dijo:— Tú, Señor, has sido morada para nosotros por generaciones; antes que los montes fueran concebidos y antes que la tierra tuviera dolores de parto, y antes que el mundo fuera formado; de edad en edad Tú eres Dios.

    XVII, 7

    7. ¿Cómo entendéis esto? Pues un profeta dice:— Señor, Tú has sido nuestra morada. Y otro dijo:— Habitaré en ellos y caminaré en ellos. Primero, Él vino a ser para nosotros morada, y después habitó y caminó en nosotros. Para los sabios ambas cosas son verdaderas y sencillas. Pues David dice:— Tú, Señor, has sido nuestra morada por generaciones, antes que los montes fueran concebidos y antes que la tierra tuviera dolores de parto, y antes que el mundo fuera formado. Y sabes, amado mío, que todas las cosas creadas que están arriba y que están abajo fueron creadas primero, y después de todas ellas, el hombre. Porque cuando Dios determinó crear el mundo con todas sus cosas buenas, primero concibió y formó al hombre en Su mente; y después de que Adán fue concebido en Su pensamiento, entonces concibió las cosas creadas; como él dijo:— Antes que los montes fueran concebidos y la tierra tuviera dolores de parto; porque el hombre es más viejo y más antiguo en la concepción que las criaturas, pero en el nacimiento las criaturas son más viejas y más antiguas que Adán. Adán fue concebido y habitó en el pensamiento de Dios; y mientras en la concepción él (el hombre) era guardado en Su (de Dios) mente, Él (Dios) por la palabra de Su boca creó todas las criaturas. Y cuando hubo terminado y adornado el mundo, cuando nada faltaba en él, entonces sacó a Adán de Sus pensamientos, y formó al hombre con Sus manos; y Adán vio el mundo completo. Y Él (Dios) le dio autoridad sobre todo lo que había hecho, así como un hombre que tiene un hijo y desea hacerle una fiesta de bodas, le desposa una esposa y le edifica una casa, y prepara y adorna todo lo necesario para su hijo; entonces hace la fiesta de bodas y da a su hijo autoridad sobre su casa. Así, después de la concepción de Adán, lo sacó y le dio autoridad sobre toda su creación. Acerca de esto el Profeta dijo:— Tú, Señor, has sido nuestra habitación por generaciones, antes que los montes fueran concebidos y antes que la tierra tuviera dolores de parto y antes que el mundo fuera formado. De edad en edad Tú eres el Señor. Para que nadie suponga que hay otro Dios, ni antes ni después, dijo:— De edad y hasta edad, así como Isaías dijo:— Yo soy el primero y Yo soy el último. Y después de que Dios sacó a Adán de dentro de Su pensamiento, lo formó, y sopló en él de Su Espíritu, y le dio el conocimiento del discernimiento, para que discerniera el bien del mal, y supiera que Dios lo hizo. Y en cuanto el hombre conoció a su Hacedor, Dios fue formado y concebido dentro de su pensamiento, y llegó a ser templo para Dios su Hacedor, como está escrito: Vosotros sois templo de Dios. Y (así) Él mismo dijo:— Habitaré en ellos y caminaré en ellos. Pero en cuanto a los hijos de Adán, que no reconocen a su Hacedor, Él no es formado dentro de ellos, ni habita en ellos, ni es concebido en su pensamiento; sino que son tenidos ante Él como las bestias, y como el resto de las criaturas.

    XVII, 8

    8. Ahora bien, por estas cosas los obstinados serán convencidos de que no es nada extraño que llamemos a Cristo el Hijo de Dios. Pues he aquí, Él (Dios) concibió a todos los hombres y los sacó de Sus pensamientos. Y se verán obligados a reconocer que el nombre de la Divinidad también le pertenece a Él (a Cristo), pues Él (Dios) asoció a los justos también al nombre de Dios. Y en cuanto a esto, que adoramos a Jesús por medio de Quien hemos conocido a Dios, que se avergüencen, puesto que ellos se postran y adoran y honran incluso a los paganos de los gentiles inmundos, si poseen autoridad; y (por esto) no hay culpa. Y este honor de adoración lo ha dado Dios a los hijos de Adán, para que por él se honren unos a otros— especialmente a aquellos que sobresalen y son dignos de honor entre ellos. Pues si ellos adoran, y honran con el nombre de adoración, a los paganos— aquellos que en su maldad pagana niegan incluso el nombre de Dios— y sin embargo no los adoran como a su hacedor, como si los adoraran a ellos solos, y así no pecan; ¿cuánto más nos corresponde a nosotros adorar y honrar a Jesús, que convirtió nuestras mentes obstinadas de toda adoración de error vano, y nos enseñó a adorar y servir y ministrar al único Dios, nuestro Padre y nuestro Hacedor. Y (nos enseñó) a saber que los reyes del mundo se llaman a sí mismos dioses por el nombre del gran Dios, y son infieles y obligan a los hombres a la infidelidad, y los hombres se postran y adoran ante ellos y los sirven y honran, como imágenes talladas e ídolos; sin embargo, la ley nunca censuró a estos, y no hay pecado. Así también Daniel solía hacer reverencia a Nabucodonosor, rey de Babilonia, el infiel y forzador a la infidelidad, y no fue censurado. José también dio reverencia a Faraón, y no está escrito que fuera pecado para él. Pero en cuanto a nosotros, estamos seguros de que Jesús es Dios, el Hijo de Dios, y por medio de Él conocemos a Su Padre, y todos nosotros (nos hemos apartado) de toda otra adoración. Por tanto, nos es imposible pagarle a Aquel que soportó estas cosas por nosotros. Mas con adoración paguémosle honra a cambio de Su aflicción que fue en favor nuestro.

    XVII, 9

    9. Además, debemos probar que este Jesús fue de antemano prometido desde tiempos antiguos en los Profetas, y fue llamado el Hijo de Dios. David dijo:— Tú eres Mi Hijo; hoy te he engendrado. De nuevo dijo:— En los esplendores de la santidad, desde el vientre, desde antiguo, te he engendrado, niño. E Isaías dijo:— A nosotros nos ha nacido un niño, a nosotros nos ha sido dado un Hijo, y Su gobierno estuvo sobre Su hombro, y Su Nombre será llamado Admirable, y Consejero, y Dios fuerte de los siglos, y Príncipe de paz. Y al crecimiento de Su gobierno y a Su paz no hay fin. [] Por tanto, dime, oh sabio doctor de Israel, ¿quién es Aquel que nació y cuyo nombre fue llamado Niño y Hijo y Admirable y Consejero, el Dios fuerte de los siglos, y Príncipe de paz, al crecimiento de cuyo gobierno y a cuya paz (dijo), no hay fin? Porque si llamamos a Cristo el Hijo de Dios, David nos enseñó (esto); y que le llamamos Dios, esto lo aprendimos de Isaías. Y Su gobierno fue puesto sobre Su hombro; porque llevó Su cruz, y salió de Jerusalén. Y que Él fue nacido como niño, Isaías dijo de nuevo:— He aquí, la virgen concebirá y dará a luz; y Su nombre será llamado Emanuel, que es, nuestro Dios con nosotros.

    XVII, 10

    10. Y si dijeras que Cristo aún no ha venido, concederé también esto a tu espíritu contencioso. Pues está escrito que cuando Él venga, los gentiles lo esperarán. ¡He aquí! Yo, uno de los gentiles, he oído que Cristo ha de venir. Y cuando aún no había venido, de antemano he creído en Él; y por medio de Él adoro al Dios de Israel. Cuando Él venga, ¿acaso me culpará porque antes de Su venida creí de antemano en Él? Pero, necio, los profetas no te permiten decir que Cristo aún no ha venido; pues Daniel te refuta, [] diciendo:— Después de sesenta y dos semanas vendrá el Mesías y será muerto. Y en Su venida la Ciudad Santa será asolada, y su fin será con un diluvio. Y hasta el cumplimiento de las cosas que están determinadas, continuará en desolación. Tú esperas y esperas que, en la venida de Cristo, Israel será reunido de todas las regiones, y Jerusalén será edificada y habitada. Pero Daniel testifica que, cuando Cristo venga y sea muerto, Jerusalén será destruida, y continuará en desolación hasta el cumplimiento de las cosas que están determinadas, para siempre. Y acerca del sufrimiento de Cristo, David dijo:— Horadaron mis manos y mis pies, y todos mis huesos clamaron. Me miraron y me contemplaron, y repartieron entre sí mis vestiduras, y sobre mi ropa echaron suertes. E Isaías dijo:— ¡He aquí! Mi siervo será conocido y será revelado y será levantado, de modo que muchos se asombrarán de Él. En cuanto a este hombre, Su rostro será desfigurado más que el de hombre, y Su aspecto más que el de los hijos de los hombres. [] Y dijo:— Él purificará a muchas naciones, y los reyes se asombrarán de Él. [] Y dijo en aquel pasaje:— Subió como un niñito delante de Él, y como raíz de tierra seca. [] Y al final del pasaje dijo:— Será muerto por nuestros pecados; será humillado por nuestra iniquidad; el castigo de nuestra paz está sobre Él, y por Sus llagas seremos sanados. [] ¿Por cuáles heridas fueron sanados los hombres? David no fue muerto; pues murió en buena vejez, y fue sepultado en Belén. Y si dijeran que esto se dice de Saúl, pues Saúl fue muerto en los montes de Gilboa en la batalla contra los filisteos, y si dijeran que ellos horadaron sus manos y sus pies, cuando fijaron su cuerpo en el muro de Bet-sán; sin embargo, no se aplica propiamente a Saúl. Cuando los miembros de Saúl fueron horadados, sus huesos no tenían conciencia del sufrimiento, porque estaba muerto. Fue después de que Saúl murió, que colgaron su cuerpo y los de sus hijos en el muro de Bet-sán. Pero cuando David dijo: Horadaron mis manos y mis pies, y todos mis huesos clamaron, dijo en el versículo siguiente:— Oh Dios, acude en mi ayuda, y libra mi alma de la espada. Ahora bien, Cristo fue librado de la espada, y ascendió de entre el sheol, y revivió y resucitó al tercer día, y así Dios acudió en Su ayuda. Pero Saúl invocó al Señor y Él no le respondió; y preguntó por medio de los Profetas, pero no se le dio respuesta. Y se disfrazó e inquirió por medio de adivinos, y supo por allí. Fue vencido ante los filisteos, y se mató con su propia espada, cuando vio que la batalla lo había vencido. Además en este pasaje David dijo:— Anunciaré Tu nombre a mis hermanos, y en medio de la congregación te glorificaré. ¿Cómo pueden aplicarse estas cosas a Saúl? Y de nuevo David dijo:— No diste a Tu santo ver corrupción. Pero todas estas cosas se aplican propiamente a Cristo. Cuando Él vino a ellos, no lo recibieron; sino que lo juzgaron inicuamente con falso testimonio. Y fue colgado en el madero por Sus manos, y horadaron Sus manos y Sus pies con los clavos que fijaron en Él; y todos Sus huesos clamaron. Y en aquel día ocurrió un gran prodigio, a saber, que la luz se volvió tinieblas en medio del día, como profetizó Zacarías, diciendo:— El día será conocido para el Señor. No será de día, y no será de noche; y a la hora de la tarde habrá luz. [] Ahora bien, ¿cuál es el día que fue distinguido por el prodigio, que no era ni de día ni de noche, y que a la hora de la tarde hubo luz? Evidentemente el día en que lo crucificaron, pues en medio de aquel día vino tinieblas, y a la hora de la tarde hubo luz. Y de nuevo dijo:— Aquel día habrá frío y helada. — Como sabes, en aquel día en que lo crucificaron, hacía frío, y habían hecho un fuego para calentarse cuando Simón vino y se puso con ellos. Y de nuevo dijo:— La espada se levantará contra el pastor, y contra el hombre, Mi amigo; y herirá al pastor, y las ovejas de su rebaño serán dispersadas; y volveré Mi mano sobre el pastor. Y además David dijo acerca de Su Pasión:— Por Mi comida me dieron hiel, y por Mi sed me dieron a beber vinagre. — De nuevo dijo en aquel pasaje:— Han perseguido a Aquel a quien Tú has herido; y han añadido a la aflicción de Aquel que fue muerto. Porque le añadieron muchas (aflicciones), mucho que no estaba escrito acerca de Él, maldiciones y denuestos, tales como la Escritura no pudo revelar, pues sus denuestos eran odiosos. Pero, con todo, el Señor quiso humillarlo y afligirlo. [] Y fue muerto por nuestra iniquidad, y fue humillado por nuestros pecados, y fue hecho pecado en Su propia persona. []

    XVII, 11

    11. Adoramos esas misericordias, y doblamos la rodilla ante la Majestad de Su Padre, que convirtió nuestra adoración a Él. Le llamamos Dios, así como Moisés (fue llamado Dios); y Primogénito, e Hijo, así como Israel (fue llamado); y Jesús (Josué), así como Josué hijo de Nun fue llamado así; y Sacerdote como Aarón, y Rey, como David; y gran Profeta, como todos los Profetas; y Pastor, como los pastores que apacentaron y guiaron a Israel. Y así llamó también hijos, como Él dijo:— Hijos extraños me escucharán. Y nos ha hecho hermanos suyos, Él dijo:— Anunciaré Tu nombre a Mis hermanos. Y hemos venido a ser amigos suyos, como Él dijo a Sus discípulos:— Os he llamado amigos, [] así como Su Padre llamó a Abraham Mi amigo. [] Y Él nos dijo:— Yo soy el buen Pastor, la Puerta, el Camino, la Vid, el Sembrador, el Esposo, la Perla, la Lámpara, la Luz, el Rey, Dios, Salvador y Redentor. Y con muchos nombres es Él apellidado.

    XVII, 12

    12. Este breve argumento te he escrito, amado mío, para que hagas defensa contra los judíos, acerca de esto que ellos dicen, que Dios no tiene hijo, y acerca de esto que le llamamos Dios, el Hijo de Dios, Rey, y Primogénito de toda criatura. []

    Demostración 21 (De la Persecución)

    XXI, 1

    1. He oído un reproche que me ha afligido grandemente. Los impuros (los paganos) dicen que este pueblo, reunido de entre todas las naciones, no tiene Dios. Y así dicen los impíos:— «Si tienen un Dios, ¿por qué no venga Él a su pueblo?» Y una oscuridad más densa se ha espesado sobre mí, porque también los judíos nos reprochan y se engrandecen sobre los hijos de nuestro pueblo. Sucedió un día que un hombre, tenido por sabio entre los judíos, me preguntó, diciendo:— Jesús, Quien es llamado vuestro Maestro, escribió para vosotros, que Si hubiere en vosotros fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Quítate, y se quitará de delante de vosotros; y (diréis) aun: Sé levantado y cae al mar, y os obedecerá. Así que, al parecer, no hay en todo vuestro pueblo ni un solo sabio cuya oración sea oída, y que pida a Dios que vuestros perseguidores cesen de perseguiros. Pues claramente está escrito para vosotros en aquel pasaje, Nada hay que no podáis hacer.
    Comentario editorial · El pueblo perseguido de Sapor II
    Según Gwynn, esta demostración es de 344. Wikipedia sitúa las demostraciones 11 a 22 en lo más álgido de la persecución de los cristianos por Sapor II, que esa misma página presenta como una reacción a la cristianización del Imperio romano por Constantino: tras su muerte, el rey impuso a los cristianos un impuesto doble, el patriarca Shemon bar Sabbae se negó a pagarlo y comenzó el «ciclo de los mártires». Barbasceminus, obispo de Seleucia-Ctesifonte desde 342, fue ejecutado el 14 de enero de 346 con dieciséis clérigos. El texto no nombra al rey: parte del reproche que unos judíos y paganos hacen al pueblo cristiano.

    XXI, 2

    2. Y cuando vi que blasfemaba y hablaba mucho contra el Camino (la religión cristiana), mi mente se turbó, y entendí que no admitiría la interpretación de las palabras que me citaba. Entonces también le pregunté sobre dichos de la Ley y de los Profetas, y le dije:— ¿Confías en que, aun cuando estéis dispersos, Dios está con vosotros? Y él me profesó, «Dios está con nosotros, porque Dios dijo a Israel:— Aun en las tierras de sus enemigos, no los abandoné, ni anulé Mi pacto con ellos.» [] En respuesta le dije:— «Muy bueno es esto que he oído de ti, que Dios está contigo. Contra tus palabras hablaré también yo a ti. Pues dije que el Profeta dijo a Israel, como de boca de Dios:— Si pasares por el mar, Yo estaré contigo, y los ríos no te anegarán; y si anduvieres sobre el fuego, no serás quemado, y la llama no te alcanzará; porque el Señor tu Dios está contigo. [] Así que no hay ni un justo, bueno y sabio entre todo tu pueblo, que pudiera pasar por el mar y vivir y no ahogarse; o (por) el río sin que lo anegara; o que pudiera andar sobre el fuego y ver si no sería abrasado y si la llama no lo quemaría. Y si me traes una explicación, no seré persuadido por ti, así como tú tampoco aceptas de mí la interpretación de las palabras sobre las cuales me has preguntado.»

    XXI, 3

    3. Además le pregunté sobre otro dicho que está escrito en Ezequiel; a saber, que dijo a Jerusalén:— Sodoma y sus hijas serán reedificadas como antaño, y tú y tus hijas llegaréis a ser como antaño. [] Así que me explicó este dicho, y comenzó a hacer una defensa, y me dijo «En cuanto a esto que Dios dijo a Jerusalén por el Profeta, Sodoma y sus hijas serán reedificadas como antaño, y tú y tus hijas llegaréis a ser como antaño; esta es la fuerza del pasaje: que Sodoma y sus hijas estarán en su lugar como antaño, y serán sometidas a Israel; y Jerusalén y sus hijas estarán en el esplendor de la realeza como antaño.» Cuando oí esta defensa de él, fue muy despreciable a mis ojos, y le dije:— «Puesto que las palabras del Profeta fueron dichas en ira, ¿es todo el pasaje iracundo, o es una parte de él iracunda y otra parte de él graciosa?» Él respondió:— «Un pasaje iracundo es enteramente ira, y no hay paz en él.» Y le dije:— Puesto que me has instruido de que no hay paz en aquel pasaje iracundo, oye sin contienda y no blasfemes, y yo te instruiré sobre este dicho. Pues de arriba abajo todo el pasaje está dicho en ira. Pues dijo a Jerusalén:— Vivo Yo, dice el Señor Dios, que Sodoma y sus hijas no hicieron en absoluto como tú y tus hijas habéis hecho. [] Y dijo a ella (Jerusalén):— Avergüénzate y acepta tu vergüenza, que has vencido a tus hermanas en tus pecados, y ellas son justificadas antes que tú. [] Puesto que dice que Sodoma y sus hijas fueron justificadas antes que Jerusalén y sus hijas, y que Jerusalén venció a Sodoma en sus pecados, es recto que, cuando Israel sea reunido, su asiento esté en Sodoma y Gomorra. Porque su vid es de la vid de Sodoma, y de la plantación de Gomorra. Sus uvas son amargas y sus racimos son hiel para ellos. [] E Isaías también los llama príncipes de Sodoma, y pueblo de Gomorra. [] Porque si Israel es reunido, en Sodoma y Gomorra deben habitar con los príncipes de Sodoma y con el pueblo de Gomorra; y sobre la vid de Sodoma y la plantación de Gomorra comer uvas amargas y recoger racimos de hiel; y comer los huevos del basilisco y vestirse con telas de araña, [] para ser usados con uvas silvestres de la viña, [] y para ser convertidos en plata reprobada. [] Y Sodoma y sus hijas, que fueron justificadas antes que Jerusalén, serán reedificadas como antaño. Y Jerusalén, que sobrepasó a Sodoma en sus pecados, continuará en sus pecados, y permanecerá en desolación hasta el cumplimiento de las cosas determinadas para siempre. []

    XXI, 4

    4. Y Ezequiel dijo:— Esta es la iniquidad de Sodoma y de sus hijas: que no tomaron de la mano al pobre y al necesitado; y cuando vi estas cosas en ellas, las derribé. [] Y considera y mira que, desde el tiempo en que Sodoma fue derribada hasta que Jerusalén fue edificada, hubo ochocientos noventa y seis años. Desde el tiempo en que Abraham fue informado por Dios por medio del Ángel de que en este tiempo el año próximo volveré a ti, y Sara tu mujer tendrá un hijo, [] desde aquel tiempo hasta que Jacob entró en Egipto hubo ciento noventa y un años; y los hijos de Jacob estuvieron en Egipto doscientos veinticinco años. Así que todos los años desde el tiempo en que Isaac fue concebido y Sodoma derribada fueron cuatrocientos dieciséis años, y desde el Éxodo de Israel de Egipto hasta que el gran edificio de Jerusalén fue edificado por Salomón, y el templo fue construido, hubo cuatrocientos ochenta años. Por tanto, todos los años desde la concepción de Isaac y el derribo de Sodoma hasta la gran edificación de Jerusalén fueron ochocientos noventa y seis años. Y desde la gran edificación de Jerusalén hasta la destrucción de Jerusalén hubo cuatrocientos veinticinco años. La suma de todos los años desde el tiempo del derribo de Sodoma hasta que Jerusalén fue devastada fue mil trescientos veintiuno. Estos son todos los años que Sodoma y sus hijas estuvieron devastadas antes que Jerusalén. Y aquella que fue más justa que Jerusalén aún no está habitada. Por tanto, la suma total de los años desde el derribo de Sodoma hasta el año seiscientos cincuenta y cinco del Reino de Alejandro, hijo de Filipo de Macedonia, es dos mil doscientos setenta y seis años. Y desde el tiempo en que Jerusalén fue devastada por los babilonios hasta el tiempo presente hay novecientos cincuenta y cinco años. Y Jerusalén ha sido habitada, después que los babilonios la devastaron, durante aquellas setenta semanas de las que Daniel testificó. Luego fue devastada en su última destrucción por los romanos, y no será habitada de nuevo jamás, porque permanece en desolación hasta el cumplimiento de las cosas determinadas. [] Así pues, todos los años de la desolación primera y última de Jerusalén han sido cuatrocientos sesenta y cinco años, y cuando deduzcas de ellos los setenta años de Babilonia, han sido trescientos noventa y cinco años.

    XXI, 5

    5. Todo este argumento te he escrito, porque los judíos se enorgullecen, (diciendo), «Se nos ha pactado que seremos reunidos.» Porque si Sodoma, cuya iniquidad no fue tan grande como la de Jerusalén, no está aún habitada, y si decimos así, que no será restaurada jamás, ¿cómo será restaurada Jerusalén, cuya iniquidad es mayor que la de Sodoma y sus hijas? En cuanto a Sodoma, Dios no ha tenido misericordia de ella por dos mil doscientos setenta y seis años; ¿y diremos que Él tendrá misericordia de Jerusalén? Porque hasta el presente no hay más que trescientos noventa y cinco años desde el día en que fue devastada, según el cálculo que se ha escrito arriba. Pero en cuanto a esto que dijo, Sodoma y sus hijas serán poseídas como antaño, [] y con respecto a Jerusalén dijo, Tú y tus hijas llegaréis a ser como antaño, esta es la fuerza del pasaje: que no serán habitadas jamás; porque el Señor también maldijo así la tierra contra la cual estaba airado:— No será sembrada, ni producirá, ni brotará en ella hierba alguna, sino que será como Sodoma y Gomorra, contra las cuales el Señor se airó y hacia las cuales no fue aplacado. [] Por tanto, ten por cierto, oyente mío, que Sodoma y sus hijas no serán habitadas jamás; sino que serán como antaño, es decir, como en aquel tiempo cuando aún no estaban habitadas, y como en el tiempo cuando el Señor se airó contra ellas y no fue aplacado hacia ellas. Y Jerusalén y sus hijas serán como antaño, (esto es) como en el tiempo primero cuando el monte de los amorreos yacía en desolación, sobre el cual Abraham edificó el altar, cuando ató sobre él a Isaac su hijo; y como estaba desolado cuando David compró la era a Arauna el jebuseo, y edificó allí el altar. Porque considera y mira que este monte sobre el cual Abraham ofreció a su hijo es el monte de Jebús, que es Jerusalén. Y este lugar de la era que David compró de Arauna es aquel sobre el cual fue edificado el Templo. Así Jerusalén estará en desolación como antaño. Y considera que cuando Ezequiel profetizó este pasaje, Jerusalén aún estaba sentada en su grandeza, y los que estaban en ella se rebelaban contra el rey de Babilonia. Y lo que el Profeta habló, lo dijo en ira y reproche contra Jerusalén.

    XXI, 6

    6. Considera y observa, oyente mío, que si Dios hubiera dado una esperanza a Sodoma y a sus compañeras, no las habría derribado con fuego y azufre, señal del último día del mundo, sino que las habría entregado a uno de los reinos para ser castigadas. Como está escrito que cuando Jeremías hizo beber la copa de la ira a las naciones y reinos, dijo acerca de cada una de las ciudades, que después que hayan bebido la copa, haré volver el cautiverio de Elam, de Tiro, de Sidón, de los hijos de Amón, y de Moab, y de Edom. Acerca de cada uno de estos reinos dijo:— En los postreros días haré volver su cautiverio. Ahora vemos que Tiro fue habitada, y fue opulenta después que ella había andado errante setenta años, y después que ella había recibido la recompensa de sus fornicaciones y después que ella había cometido fornicación con todos los reinos. Y tomó el arpa, y la tocó dulcemente, y multiplicó su música. Y también la región de Elam está habitada y es opulenta. Y con respecto a Babilonia Jeremías dijo:— Babilonia caerá, y no se levantará. [] Y he aquí hasta este día continúa en desolación, y así será para siempre. Y también acerca de Jerusalén dijo:— La virgen de Israel caerá, y no se levantará más. Está abandonada sobre el suelo y no hay quien la levante. [] Porque si la profecía es verdadera que Jeremías habló acerca de Babilonia, también aquella acerca de Jerusalén es verdadera y digna de fe. E Isaías dijo a Jerusalén:— No volveré a airarme contra ti, ni te reprenderé. [] En verdad Él no volverá a airarse contra ella, ni la reprenderá para siempre; porque aquello que está en desolación no lo reprenderá, ni ella lo provocará a ira.

    XXI, 7

    7. En cuanto a los que nos reprochan (diciendo):— «Sois perseguidos y no sois librados,» que se avergüencen ellos mismos, pues en todo tiempo han sido perseguidos, incluso durante muchos años antes de ser librados. Fueron hechos servir en Egipto doscientos veinticinco años. Y los madianitas hicieron servir a Israel en los días de Barac y Débora. [] Los moabitas los dominaron en los días de Aod; [] los amonitas en los días de Jefté; [] los filisteos en los días de Sansón, [] y también en los días de Elí y de Samuel el Profeta; [1 Samuel 4:1, ss.] los edomitas en los días de Acab; los asirios en los días de Ezequías. [] El rey de Babilonia los arrancó de su lugar y los dispersó; y después que los probó y persiguió mucho, no se enmendaron, como Él les dijo:— En vano he herido a vuestros hijos, porque no aceptaron el castigo. [] Y de nuevo dijo:— He exterminado a los Profetas, y los he matado por la palabra de Mi boca. [] Y a Jerusalén dijo:— Por aflicciones y azotes sé instruida, oh Jerusalén, no sea que tu vida se aparte de ti. [] Pero ellos lo abandonaron, y adoraron ídolos, como Jeremías dijo acerca de ellos: [] — Id a las islas lejanas, y enviad a Cedar, y considerad bien y ved, si ha habido (algo) como esto, si las naciones cambian sus dioses, aquellos que no son dioses. Pero Mi pueblo ha cambiado Mi honra por lo que no es provechoso. Asombraos, cielos, por esto; y temblad y temed en gran manera, dice el Señor; porque Mi pueblo ha hecho dos maldades; me han abandonado a Mí, la fuente del agua de vida, y han ido y cavado para sí cisternas, cisternas rotas que no pueden retener agua. Porque las cisternas rotas son el temor de las imágenes y de los ídolos. Y Él llama a los cielos al asombro, porque adoraron a los ejércitos de los cielos. Y los cielos recibirán como pena, que serán enrollados como un rollo, y todo su ejército caerá. []

    XXI, 8

    8. Todo este discurso que te he escrito a ti, amado mío, desde el principio, fue porque el judío reprochó a los hijos de nuestro pueblo; pero ahora, en cuanto puedo comprender, te instruiré acerca de los perseguidos, que han recibido una gran recompensa, mientras que los perseguidores han venido a escarnio y desprecio.

    XXI, 9

    9. Jacob fue perseguido, y Esaú fue un perseguidor. Jacob recibió las bendiciones y la primogenitura, mientras que Esaú fue desechado de ambas. José fue perseguido, y sus hermanos fueron perseguidores; José fue exaltado y sus perseguidores se inclinaron ante él, y así sus sueños y sus visiones se cumplieron. José, que fue perseguido, fue figura del perseguido Jesús. Su padre vistió a José con una túnica de diversos colores; y Su Padre vistió a Jesús con un cuerpo (tomado) de la Virgen. Su padre amó a José más que a sus hermanos, y Jesús es el querido y amado de Su Padre. José vio visiones y soñó sueños; Jesús cumplió las visiones y los Profetas. José fue pastor con sus hermanos; y Jesús es el Jefe de los Pastores. Cuando su padre envió a José a visitar a sus hermanos, ellos lo vieron venir y tramaron matarlo; y cuando Su Padre envió a Jesús a visitar a Sus hermanos, ellos dijeron:— Este es el heredero; venid, matémoslo. [] Sus hermanos echaron a José en la cisterna; y Sus hermanos hicieron descender a Jesús a la morada de los muertos. José subió de la cisterna y Jesús resucitó de la morada de los muertos. José, después que subió de la cisterna, tuvo autoridad sobre sus hermanos; y después que Jesús resucitó de la morada de los muertos, Su Padre le dio un nombre grande y excelente, [] para que Sus hermanos le sirvieran, y Sus enemigos fueran puestos debajo de Sus pies. Después que José fue dado a conocer a sus hermanos, se avergonzaron y temieron y se asombraron de su grandeza; y cuando Jesús venga en el último tiempo, cuando sea revelado en Su Majestad, Sus hermanos se avergonzarán y temerán y se consternarán ante Él, porque lo crucificaron. Además, José, por consejo de Judá, fue vendido a Egipto; y Jesús, por las manos de Judas Iscariote, fue entregado a los judíos. Cuando vendieron a José, él no respondió nada a sus hermanos; Jesús tampoco habló ni dio respuesta a los jueces que lo juzgaron. Su amo entregó injustamente a José a la prisión; y Sus conciudadanos condenaron injustamente a Jesús. José entregó sus dos vestiduras, una en mano de sus hermanos, y la otra en mano de la mujer de su amo; y Jesús entregó Sus vestiduras y las repartió entre los soldados. José, cuando tenía treinta años, se presentó ante Faraón y llegó a ser señor de Egipto; y Jesús, cuando tenía alrededor de treinta años, vino al Jordán para ser bautizado, y recibió el espíritu, y salió a predicar. José alimentó a Egipto con pan; y Jesús alimentó a todo el mundo con el pan de vida. José tomó por mujer a la hija del sacerdote inicuo e impuro; y Jesús desposó para Sí a la Iglesia (tomada) de los gentiles impuros. José murió y fue sepultado en Egipto; y Jesús murió y fue sepultado en Jerusalén. Los huesos de José sus hermanos los subieron de Egipto; y a Jesús Su Padre lo resucitó de la morada de los muertos, y llevó consigo Su Cuerpo al cielo incorrupto.

    XXI, 10

    10. Moisés también fue perseguido, como Jesús fue perseguido. Cuando Moisés nació, lo escondieron para que no lo mataran sus perseguidores. Cuando Jesús nació, lo llevaron huyendo a Egipto para que Herodes, su perseguidor, no lo matara. En los días en que Moisés nació, solían ahogar a los niños en el río; y en el nacimiento de Jesús mataron a los niños de Belén y de sus alrededores. A Moisés dijo Dios:— Los hombres que buscaban tu vida han muerto; [] y a José dijo el ángel en Egipto:— Levántate, toma al niño, y vete a la tierra de Israel, porque han muerto los que buscaban la vida del niño para quitársela. [] Moisés sacó a su pueblo del servicio de Faraón; y Jesús libertó a todas las naciones del servicio de Satanás. Moisés creció en la casa de Faraón; y Jesús creció en Egipto cuando José lo llevó allí huyendo. Miriam estaba de pie a la orilla del río cuando Moisés flotaba en el agua; y María dio a luz a Jesús, después de que el Ángel Gabriel le hiciera la anunciación. Cuando Moisés sacrificó el cordero, los primogénitos de Egipto fueron muertos; y cuando crucificaron a Jesús, el verdadero Cordero, el pueblo que lo mató pereció por su muerte. Moisés hizo descender maná para su pueblo; y Jesús dio su Cuerpo a las naciones. Moisés endulzó las aguas amargas con el madero; y Jesús endulzó nuestra amargura con su cruz, con el madero del árbol de su crucifixión. Moisés hizo descender la Ley para su pueblo; y Jesús dio sus pactos a las naciones. Moisés venció a Amalec extendiendo sus manos; y Jesús venció a Satanás por la señal de su cruz. Moisés sacó agua de la roca para su pueblo; y Jesús envió a Simón Cefas (la roca) para llevar su doctrina entre las naciones. Moisés se quitó el velo del rostro y habló con Dios; y Jesús quitó el velo del rostro de las naciones, para que oyeran y recibieran su doctrina. Moisés impuso su mano sobre sus mensajeros (apóstoles), y recibieron el sacerdocio; y Jesús impuso su mano sobre sus apóstoles, y recibieron el Espíritu Santo. Moisés subió a la montaña y murió allí; y Jesús ascendió al cielo y se sentó a la diestra de su Padre.

    XXI, 11

    11. También Josué hijo de Nun fue perseguido como fue perseguido Jesús nuestro Redentor. Josué hijo de Nun fue perseguido por las naciones impuras; y Jesús nuestro Redentor fue perseguido por el pueblo necio. Josué hijo de Nun quitó la herencia a sus perseguidores y la dio a su pueblo; y Jesús nuestro Redentor quitó la herencia a sus perseguidores y la dio a naciones extrañas. Josué hijo de Nun hizo que el sol se detuviera en los cielos, y tomó venganza de las naciones sus perseguidores; y Jesús nuestro Redentor hizo que el sol se pusiera en medio del día, para que el pueblo perseguidor que lo crucificó fuera avergonzado. Josué hijo de Nun repartió la herencia a su pueblo; y Jesús nuestro Redentor ha prometido dar a las naciones la tierra de la vida. Josué hijo de Nun hizo vivir a Rahab la ramera; y Jesús nuestro Redentor reunió y dio vida a la Iglesia, aunque contaminada por la fornicación (de la idolatría). Josué hijo de Nun en el séptimo día derribó y abatió los muros de Jericó; y Jesús nuestro Redentor, en su séptimo día, en el Sábado del descanso de Dios, este mundo será disuelto y caerá. Josué hijo de Nun apedreó a Acor, porque robó del anatema; y Jesús nuestro Redentor separó a Judas de los discípulos, sus amigos, porque robó del dinero de los pobres. Josué hijo de Nun, cuando estaba muriendo, dejó un testimonio entre su pueblo; y Jesús nuestro Redentor, cuando fue llevado arriba, dejó un testimonio entre sus apóstoles.

    XXI, 12

    12. También Jefté fue perseguido, como Jesús fue perseguido. A Jefté, sus hermanos lo echaron de la casa de su padre; y a Jesús, sus hermanos lo echaron, lo levantaron y lo crucificaron. Jefté, aunque perseguido, se levantó como jefe de su pueblo; Jesús, aunque perseguido, se levantó y llegó a ser Rey de las Naciones. Jefté hizo un voto y ofreció a su hija primogénita como sacrificio; y Jesús fue levantado como sacrificio a su Padre por todos los gentiles.

    XXI, 13

    13. También David fue perseguido, como Jesús fue perseguido. David fue ungido por Samuel para ser rey en lugar de Saúl, que había pecado; y Jesús fue ungido por Juan para ser Sumo Sacerdote en lugar de los sacerdotes, ministros de la Ley. David fue perseguido después de su unción; y Jesús fue perseguido después de su unción. David reinó primero sobre una sola tribu, y después sobre todo Israel; y Jesús reinó desde el principio sobre los pocos que creyeron en Él, y al final reinará sobre todo el mundo. Samuel ungió a David cuando tenía treinta años; y Jesús, cuando tenía unos treinta años, recibió la imposición de la mano de Juan. David se casó con dos hijas del rey; y Jesús se casó con dos hijas de reyes: la congregación del Pueblo y la congregación de los gentiles. David devolvió bien a Saúl su enemigo; y Jesús enseñó, Orad por vuestros enemigos. [] David era el corazón de Dios; [] y Jesús era el Hijo de Dios. David recibió el reino de Saúl su perseguidor; y Jesús recibió el reino de Israel su perseguidor. David lloró con endechas por Saúl su enemigo cuando murió; y Jesús lloró por Jerusalén, su perseguidora, que había de ser devastada. David entregó el reino a Salomón, y fue reunido con su pueblo; y Jesús entregó las llaves a Simón, y ascendió y volvió al que lo envió. Por causa de David, se perdonaron los pecados a su posteridad; y por causa de Jesús se perdonan los pecados a las naciones.

    XXI, 14

    14. También Elías fue perseguido como Jesús fue perseguido. Jezabel la asesina persiguió a Elías; y la congregación perseguidora y asesina persiguió a Jesús. Elías retuvo los cielos de la lluvia a causa de los pecados de Israel; y Jesús con su venida retuvo el Espíritu de los profetas, a causa de los pecados del pueblo. Elías destruyó a los siervos de Baal; y Jesús pisoteó a Satanás y sus huestes. Elías resucitó al hijo de la viuda; y Jesús resucitó al hijo de la viuda, así como a Lázaro y a la hija del jefe de la Sinagoga. Elías sostuvo a la viuda con un poco de pan; y Jesús sació a miles con un poco de pan. Elías fue llevado en un carro al cielo; y nuestro Redentor ascendió y se sentó a la diestra de su Padre. Eliseo recibió el espíritu de Elías; y Jesús sopló sobre los rostros de sus Apóstoles.

    XXI, 15

    15. También Eliseo fue perseguido como Jesús fue perseguido. Eliseo fue perseguido por el hijo de Acab, hijo del asesino; y Jesús fue perseguido por el pueblo asesino. Eliseo profetizó, y hubo abundancia en Samaria; y Jesús dijo:— El que come de Mi cuerpo y bebe de Mi sangre vivirá para siempre. Eliseo sació a cien hombres con un poco de pan; y Jesús sació a cuatro mil hombres, además de mujeres y niños, con cinco panes. Eliseo hizo aceite del agua; y Jesús hizo vino del agua. Eliseo libró a la viuda de su acreedor; y Jesús libró a las naciones endeudadas. Eliseo hizo que el hierro flotara y la madera se hundiera; y Jesús levantó lo que estaba hundido en nosotros, y hundió lo que era ligero. Un hombre muerto (puesto) sobre los huesos de Eliseo recobró la vida; y todas las naciones, que estaban muertas en sus pecados, fueron echadas sobre los huesos de Jesús y recobraron la vida.

    XXI, 16

    16. También Ezequías fue perseguido como Jesús fue perseguido. Ezequías fue perseguido y reprochado por Senaquerib su enemigo; Jesús también fue reprochado por el pueblo necio. Ezequías oró y venció a su adversario; y por la crucifixión de Jesús fue vencido nuestro Adversario. Ezequías era rey de todo Israel; y Jesús es Rey de todas las naciones. Porque Ezequías estaba enfermo, el sol retrocedió; y porque Jesús sufrió, el sol se oscureció de su luz. Los enemigos de Ezequías se volvieron cadáveres; y los enemigos de Jesús serán echados debajo de sus pies. Ezequías era de la familia de la casa de David; y Jesús era, en la carne, hijo de David. Ezequías dijo:— Paz y verdad habrá en mis días; [] y Jesús dijo a sus discípulos:— Mi paz os dejo. [] Ezequías oró, y fue sanado de su enfermedad; Jesús oró, y resucitó de la morada de los muertos. Ezequías, después de resucitar de su enfermedad, añadió a sus años; y Jesús, después de su Resurrección, recibió gran gloria. Ezequías, después de la prolongación de su vida, la muerte tuvo dominio sobre él; pero Jesús, después de resucitar, la muerte no tendrá dominio sobre Él para siempre.

    XXI, 17

    17. También Josías fue perseguido como Jesús fue perseguido. Josías fue perseguido, y Faraón el Cojo lo mató; [] y Jesús fue perseguido, y el pueblo que estaba cojo por sus pecados lo mató. Josías limpió la tierra de Israel de la inmundicia; y Jesús limpió e hizo pasar la inmundicia de toda la tierra. Josías santificó y glorificó el nombre de su Dios; y Jesús dijo:— Lo he glorificado y lo glorificaré (Su Nombre). [] Josías, a causa de la iniquidad de Israel, rasgó sus vestiduras; [] y Jesús, a causa de la iniquidad del pueblo, rasgó el velo del Santo Templo. [] Josías dijo:— Grande es la ira que vendrá sobre este pueblo; y Jesús dijo:— Vendrá ira sobre este pueblo, y caerán a filo de espada. [] Josías echó fuera la inmundicia del Santo Templo; y Jesús echó fuera a los mercaderes inmundos de la casa de su Padre. Por Josías lloraron y se lamentaron las hijas de Israel, como dijo Jeremías:— Oh hijas de Israel, llorad por Josías; y sobre Jesús lloraron y se lamentaron las hijas de Israel, como dijo Zacarías:— La tierra se lamentará, familias sobre familias.

    XXI, 18

    18. También Daniel fue perseguido como Jesús fue perseguido. Daniel fue perseguido por los caldeos, la congregación de hombres paganos; Jesús también fue perseguido por los judíos, la congregación de hombres malvados. A Daniel lo acusaron los caldeos; y a Jesús lo acusaron los judíos ante el gobernador. A Daniel lo echaron al foso de los leones, y fue librado y salió de en medio de él sin daño; y a Jesús lo enviaron al foso de la morada de los muertos, y ascendió, y la muerte no tuvo dominio sobre él. Acerca de Daniel esperaban que cuando hubiera caído en el foso no subiría de nuevo; y acerca de Jesús dijeron, Puesto que ha caído, no se levantará más. De (dañar a) Daniel se cerró la boca de los leones voraces y destructores; y de (dañar a) Jesús se cerró la boca de la muerte, (aunque) voraz y destructora de formas (vivientes). Sellarón el foso de Daniel, y lo guardaron con diligencia; y el sepulcro de Jesús lo guardaron con diligencia, como dijeron, Poned guardias para vigilar todo el sepulcro. [] Cuando Daniel subió, sus acusadores fueron avergonzados; y cuando Jesús resucitó, todos los que lo habían crucificado fueron avergonzados. El rey que juzgó a Daniel se entristeció mucho [] por la maldad de sus acusadores los caldeos; y Pilato, que juzgó a Jesús, se entristeció mucho porque sabía que por malicia lo acusaban los judíos. [Mateo 28:18, 24] Por la oración de Daniel, el cautiverio de su pueblo subió de Babilonia; y Jesús por su oración hizo volver el cautiverio de todas las naciones. Daniel interpretó las visiones y sueños de Nabucodonosor; y Jesús explicó e interpretó las visiones de la Ley y los Profetas. Cuando Daniel explicó la visión de Baltasar, recibió autoridad sobre la tercera parte del reino; y cuando Jesús cumplió las visiones y los Profetas, su Padre le entregó toda autoridad en el cielo y en la tierra. Daniel vio maravillas y pronunció secretos; y Jesús reveló secretos y cumplió lo que está escrito. Daniel fue llevado entre los rehenes en favor de su pueblo; y el cuerpo de Jesús fue un rehén en favor de todas las naciones. Por causa de Daniel se aplacó la ira del rey contra los caldeos, de modo que no fueron muertos; y por causa de Jesús se aplacó la ira de su Padre contra todas las naciones, de modo que no fueron muertos ni murieron a causa de sus pecados. Daniel rogó al rey, y dio a sus hermanos autoridad sobre los asuntos de la provincia de Babilonia; [] y Jesús rogó a Dios, y dio a sus hermanos, sus discípulos, autoridad sobre Satanás y su hueste. Daniel dijo acerca de Jerusalén, que hasta las cosas determinadas permanecería en desolación; y Jesús dijo acerca de Jerusalén, No quedará en ella piedra sobre piedra, porque no conoció el día de su grandeza. [] Daniel previó las semanas que quedarían sobre su pueblo; y Jesús vino y las cumplió.

    XXI, 19

    19. También Ananías y sus hermanos fueron perseguidos como Jesús fue perseguido. Ananías y sus hermanos fueron perseguidos por Nabucodonosor; y Jesús, por el pueblo de los judíos. Ananías y sus hermanos fueron echados al horno de fuego, y estaba frío como rocío sobre los justos. Jesús también descendió al lugar de tinieblas, y rompió sus puertas y sacó a sus prisioneros. Ananías y sus hermanos subieron del horno de fuego, y la llama quemó a sus acusadores; y Jesús revivió y subió de en medio de las tinieblas, y sus acusadores y los que lo crucificaron serán quemados en llamas al final. Cuando Ananías y sus hermanos subieron del horno, el rey Nabucodonosor tembló y se asombró; y cuando Jesús resucitó de la morada de los muertos, el pueblo que lo crucificó se aterrorizó y tembló. Ananías y sus hermanos no adoraron la imagen del rey de Babilonia; y Jesús apartó a las naciones de la adoración de imágenes muertas. Por causa de Ananías y sus hermanos, las naciones y lenguas glorificaron a Dios que los había librado del fuego: [] y por causa de Jesús, las naciones y todas las lenguas glorificarán (a Dios) que libró a su Hijo, para que no viera corrupción. Sobre las vestiduras de Ananías y sus hermanos el fuego no tuvo poder; y sobre los cuerpos de los justos, que han creído en Jesús, el fuego no tendrá poder al final.

    XXI, 20

    20. También Mardoqueo fue perseguido como Jesús fue perseguido. Mardoqueo fue perseguido por el malvado Amán; y Jesús fue perseguido por el pueblo rebelde. Mardoqueo, por su oración, libró a su pueblo de las manos de Amán; y Jesús, por su oración, libró a su pueblo de las manos de Satanás. Mardoqueo fue librado de las manos de su perseguidor; y Jesús fue rescatado de las manos de sus perseguidores. Porque Mardoqueo se sentó y se vistió de cilicio, salvó a Ester y a su pueblo de la espada; y porque Jesús se vistió de un cuerpo y fue iluminado, salvó a la Iglesia y a sus hijos de la muerte. Por causa de Mardoqueo, Ester agradó al rey, y entró y se sentó en lugar de Vasti, que no hizo su voluntad; y por causa de Jesús, la Iglesia agrada a Dios, y ha entrado al rey, en lugar de la congregación que no hizo su voluntad. Mardoqueo amonestó a Ester que ayunara con sus doncellas, para que ella y su pueblo fueran librados de las manos de Amán; y Jesús amonestó a la Iglesia y a sus hijos (a ayunar), para que ella y sus hijos fueran librados de la ira. Mardoqueo recibió el honor de Amán, su perseguidor; y Jesús recibió gran gloria de su Padre, en lugar de sus perseguidores que eran del pueblo necio. Mardoqueo pisoteó el cuello de Amán, su perseguidor; y en cuanto a Jesús, sus enemigos serán puestos debajo de sus pies. Ante Mardoqueo, Amán proclamó, Así se hará con el hombre a quien el rey se complace en honrar; [] y en cuanto a Jesús, sus predicadores salieron del pueblo que lo perseguía, y dijeron:— Este es Jesús el Hijo de Dios. [] La sangre de Mardoqueo fue requerida de la mano de Amán y de sus hijos; y la sangre de Jesús, sus perseguidores la tomaron sobre sí mismos y sobre sus hijos. []

    XXI, 21

    21. Estos memoriales que os he escrito, amados míos, acerca de Jesús, que fue perseguido, y de los justos que fueron perseguidos, tienen por fin que aquellos que hoy son perseguidos por causa del Jesús perseguido sean consolados; porque Él escribió para nosotros y Él mismo nos consoló; pues dijo:— Si a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Y por esto os perseguirán: porque no sois del mundo, así como Yo no era de él. Porque Él escribió antes para nosotros:— Vuestros padres y vuestros hermanos y vuestra familia os entregarán, y todos los hombres os aborrecerán por causa de Mi nombre. [] Y de nuevo nos enseñó:— Cuando os lleven ante gobernantes y ante magistrados, y antereyes que dominan el mundo, no meditéis de antemano qué habéis de decir ni cómo habéis de defenderos; y Yo os daré boca y sabiduría, de modo que vuestros enemigos no puedan venceros, porque no sois vosotros quienes habláis, sino el Espíritu Santo de vuestro Padre; Él hablará en vosotros. Este es el espíritu que habló por boca de Jacob a Esaú, su perseguidor; y el espíritu de sabiduría que habló ante Faraón por boca del perseguido José; y el espíritu que habló por boca de Moisés en todos los prodigios que hizo en la tierra de Egipto; y el espíritu de conocimiento que fue dado a Josué, hijo de Nun, cuando Moisés puso su mano sobre él, de modo que las naciones que lo perseguían llegaron a total acabamiento ante él; y el espíritu que profirió salmos por boca del perseguido David, con el cual cantaba salmos y sosegaba a Saúl, su perseguidor, apartándolo del espíritu maligno; y el espíritu que revistió a Elías, y por medio de él reprendió a Jezabel y a Acab, su perseguidor; y el espíritu que habló en Eliseo, y profetizó y dio a conocer al rey, su perseguidor, todo lo que había de suceder después; y el espíritu que fue ferviente en boca de Micaías, cuando reprendió a Acab, su perseguidor, diciendo:— Si de cierto vuelves, el Señor no ha hablado por mí; [] y el espíritu que fortaleció a Jeremías, de suerte que estuvo firme con denuedo, y por él reprendió a Sedequías; y el espíritu que preservó a Daniel y a sus hermanos en la tierra de Babilonia; y el espíritu que libró a Mardoqueo y a Ester en el lugar de su cautividad.

    XXI, 22

    22. Oíd, amados míos, estos nombres de mártires, de confesores y de perseguidos. Abel fue asesinado, y su sangre clamó desde la tierra. Jacob fue perseguido, y huyó y se convirtió en desterrado. José fue perseguido, y vendido y arrojado a la cisterna. Moisés fue perseguido, y huyó a Madián. Josué hijo de Nun fue perseguido, y guerreó. Jefté, Sansón, Gedeón y Barac, también estos fueron perseguidos. Estos son aquellos de quienes el bendito Apóstol dijo:— Me falta tiempo para narrar sus victorias. [Hebreos 11:32, ss.] David también fue perseguido por mano de Saúl, y anduvo por los montes y por las cuevas y por las cavernas. [] Samuel también fue perseguido, e hizo duelo por Saúl. Además Ezequías fue perseguido, y atado en aflicción. Elías fue perseguido, y anduvo por el desierto. Eliseo fue perseguido y se hizo desterrado; y Micaías fue perseguido, y echado en prisión. Jeremías fue perseguido, y lo echaron en la cisterna de fango. Daniel fue perseguido, y echado en el foso de los leones. Ananías también y sus hermanos fueron perseguidos, y echados en el horno de fuego. Mardoqueo y Ester y los hijos de su pueblo fueron perseguidos por mano de Amán. Judas Macabeo y sus hermanos fueron perseguidos, y también soportaron oprobio. Los siete hermanos, hijos de la mujer bendita, soportaron tormentos con amargos azotes [2 Macabeos 7:1, ss.] y fueron confesores y verdaderos mártires; y Eleazar, anciano y avanzado en años como era, dio noble ejemplo, hizo su confesión y fue verdadero mártir. [2 Macabeos 6:18, ss.]

    XXI, 23

    23. Grande y excelente es el martirio de Jesús. Sobrepasó en aflicción y en confesión a todos los que fueron antes o después. Y después de Él fue el fiel mártir Esteban, a quien los judíos apedrearon. Simón (Pedro) también y Pablo fueron perfectos mártires. Y Santiago y Juan anduvieron en las pisadas de su Maestro Cristo. También (otros) de los apóstoles después, en diversos lugares, confesaron y probaron ser verdaderos mártires. Y también acerca de nuestros hermanos que están en Occidente, en los días de Diocleciano vino gran aflicción y persecución a toda la Iglesia de Dios, que estaba en toda su región. Las Iglesias fueron derribadas y desarraigadas, y muchos confesores y mártires hicieron confesión. Y (el Señor) se volvió con misericordia a ellos después que fueron perseguidos. Y también en nuestros días nos sucedieron estas cosas a nosotros a causa de nuestros pecados; pero también para que se cumpliese lo que está escrito, como dijo nuestro Redentor:— Estas cosas han de ser. El Apóstol también dijo:— También sobre nosotros está puesta esta nube de confesión; [Hebreos 11:1] que (es) nuestra honra, en la cual muchos confiesan y son muertos.

    Demostración 22 (De la Muerte y de los Últimos Tiempos)

    XXII, 1

    1. Los rectos, justos, buenos y sabios no temen ni tiemblan ante la muerte, a causa de la gran esperanza que está delante de ellos. Y en todo tiempo tienen presente la muerte, su éxodo, y el último día en que los hijos de Adán serán juzgados. Saben que por la sentencia del juicio la muerte ha tenido dominio, porque Adán transgredió el mandamiento; como dijo el Apóstol:— La muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron, de modo que también pasó sobre todos los hijos de Adán, así como pasó sobre Adán. ¿Y cómo reinó la muerte desde Adán hasta Moisés? Claramente, cuando Dios dio el mandamiento a Adán, le advirtió y dijo:— El día que comas del árbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente morirás. [] Así, cuando transgredió el mandamiento y comió del árbol, la muerte reinó sobre él y sobre toda su descendencia. Aun sobre los que no habían pecado, aun sobre ellos reinó la muerte por la transgresión del mandamiento de Adán.

    XXII, 2

    2. ¿Y por qué dijo:— Desde Adán hasta Moisés reinó la Muerte? ¿Y quién está tan mal provisto de conocimiento como para imaginar que la muerte ha tenido dominio sólo desde Adán hasta Moisés? Mas entienda por esto que dijo:— Sobre todos los hombres pasó. Así, pasó sobre todos los hombres desde Moisés hasta que el mundo se acabe. Sin embargo, Moisés predicó que su reino es anonadado. Pues cuando Adán transgredió el mandamiento por el cual la sentencia de muerte fue pronunciada sobre su descendencia, la Muerte esperaba atar con firmeza a todos los hijos del hombre y ser rey sobre ellos para siempre. Pero cuando vino Moisés, proclamó la resurrección, y la Muerte supo que su reino había de ser anonadado. Porque Moisés dijo:— Rubén vivirá y no morirá, y será contado en número. [] Y cuando el Santo llamó a Moisés desde la zarza, le dijo así:— Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. [] Cuando la Muerte oyó esta palabra, tembló, temió, se aterrorizó y se turbó, y supo que no se había convertido en rey para siempre sobre los hijos de Adán. Desde la hora en que oyó a Dios decir a Moisés:— Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, la Muerte batió sus manos, porque aprendió que Dios es Rey de los muertos y de los vivos, y que está ordenado a los hijos de Adán salir de sus tinieblas y resucitar con sus cuerpos. Y observad que nuestro Redentor Jesús también, cuando repitió esta palabra a los saduceos, cuando disputaban con Él sobre la Resurrección de los muertos, dijo así:— Dios no es (Dios) de muertos, pues todos viven para Él. []

    XXII, 3

    3. Y para que Dios hiciese saber a la Muerte que su autoridad no es para siempre sobre toda la descendencia del mundo, trasladó a Enoc a Sí mismo, porque era agradable, y lo hizo inmortal. Y de nuevo arrebató a Elías al cielo, y la Muerte no tuvo dominio sobre él. Y Ana dijo:— El Señor hace morir y hace vivir; hace bajar al sheol y hace subir. [] Además Moisés dijo como de boca de Dios:— Yo hago morir y Yo hago vivir. [] De nuevo el Profeta Isaías también dijo:— Tus muertos vivirán, y sus cadáveres resucitarán; y los que duermen en el polvo serán despertados y te glorificarán. [] Cuando la Muerte oyó todas estas cosas, el asombro se apoderó de él, y se sentó en duelo.

    XXII, 4

    4. Y cuando vino Jesús, el matador de la Muerte, y se revistió de un Cuerpo de la descendencia de Adán, y fue crucificado en su Cuerpo, y gustó la muerte; y cuando la Muerte percibió con ello que Él había descendido a ella, fue sacudida de su lugar y se agitó al ver a Jesús; y cerró sus puertas y no quiso recibirlo. Entonces Él rompió sus puertas, entró en ella y comenzó a despojar todas sus posesiones. Pero cuando los muertos vieron luz en las tinieblas, alzaron sus cabezas de la servidumbre de la muerte, miraron hacia afuera y vieron el esplendor del rey Mesías. Entonces los poderes de las tinieblas de la Muerte se sentaron en duelo, porque ella fue degradada de su autoridad. La Muerte gustó la medicina que le era mortífera, y sus manos cayeron, y supo que los muertos vivirán y escaparán de su dominio. Y cuando Él hubo afligido a la Muerte con el despojo de sus posesiones, ella gimió y clamó en amargura y dijo: «Sal de mi reino y no entres en él. ¿Quién, pues, es éste que entra vivo en mi reino?» Y mientras la Muerte clamaba aterrorizada (porque veía que sus tinieblas comenzaban a ser disipadas, y algunos de los justos que dormían se levantaron para ascender con Él), entonces Él le dio a conocer que, cuando venga en la plenitud de los tiempos, sacará a todos los prisioneros de su poder, y saldrán a ver la luz. Luego, cuando Jesús hubo cumplido su ministerio entre los muertos, la Muerte lo despidió de su reino y no consintió que permaneciese allí. Y devorarlo como a todos los muertos no lo contó por placer. No tuvo poder sobre el Santo, ni fue entregado a la corrupción.

    XXII, 5

    5. Y cuando ella lo hubo enviado con ansia y Él hubo salido de su reino, Él le dejó, como un veneno, la promesa de vida; para que poco a poco su poder fuese anonadado. Como cuando un hombre ha tomado un veneno en la comida que se da para (el sustento de) la vida, cuando percibe en sí que ha recibido veneno en la comida, entonces vomita de su vientre la comida en la que estaba mezclado el veneno; pero la droga deja su poder en sus miembros, de modo que poco a poco la estructura de su cuerpo se disuelve y se corrompe. Así Jesús, muerto, redujo a la nada a la Muerte; porque por Él se hace reinar a la vida, y por Él la Muerte es abolida, a la cual se le dice:— Oh Muerte, ¿dónde está tu victoria? []

    XXII, 6

    6. Por tanto, vosotros, hijos de Adán, todos vosotros sobre quienes la Muerte ha reinado, acordaos de la Muerte y recordad la vida; y no transgredáis el mandamiento como hizo vuestro primer padre. Oh reyes, coronados con la diadema, acordaos de la Muerte, que quitará las diademas puestas sobre vuestras cabezas, y ella reinará sobre vosotros hasta el tiempo en que resucitaréis para el juicio. Oh altivos, engreídos y soberbios, acordaos de la Muerte, que destruirá vuestra altivez, y disolverá los miembros, y separará las coyunturas, y el cuerpo y sus formas serán entregados a la corrupción. Los elevados serán abatidos por la Muerte, y los feroces y severos serán sepultados en sus tinieblas. Ella quitará toda soberbia, y ellos se corromperán y se volverán polvo, hasta el juicio. Oh ricos, acordaos de la Muerte; porque cuando llegue el tiempo y os acerquéis a ella allí, no os serviréis de vuestra riqueza y posesiones. Ella no pondrá manjares delicados ante vosotros, ni os preparará un rico banquete. Allí el cuerpo de los glotones que solían vivir delicadamente será corrompido. Cesarán de su lujo y no lo recordarán. Allí el gusano consumirá sus cuerpos, y se vestirán de tinieblas sobre sus hermosas vestiduras. No recuerdan el fin de este mundo, que la Muerte los confundirá cuando desciendan a ella. Así se sentarán en opresión y en sombra de muerte, y no recordarán este mundo, hasta que llegue el fin y resuciten para el juicio. Oh rapaces, extorsionadores y despojadores de vuestros semejantes, acordaos de la Muerte y no multipliquéis vuestros pecados; porque en aquel lugar los pecadores no se arrepienten; y el que ha despojado los bienes de sus semejantes no poseerá los suyos, sino que irá al lugar donde el hombre no hará uso de la riqueza. Y será reducido a nada y pasará de su honra, pero sus pecados serán guardados para el día del juicio.

    XXII, 7

    7. Oh vosotros que confiáis en este mundo, sea este mundo despreciado a vuestros ojos; porque sois peregrinos y extranjeros en medio de él, y no sabéis el día en que seréis sacados de él. Porque de repente vendrá la Muerte, y separará y llevará a los hijos amados de sus padres, y a los padres de sus hijos queridos. Ella se lleva para sí a los preciosos hijos unigénitos, y sus padres serán privados de ellos y vendrán a ser despreciados. Ella aparta para sí a los amigos preciosos, y sus amados lloran por ellos lastimeramente. Ella se lleva y toma cautivos para sí a los deseados por su hermosura, para avergonzar sus formas y corromperlos. Y a los de aspecto glorioso se los lleva para sí, y se vuelven polvo hasta el juicio. Ella se lleva a las doncellas desposadas de sus esposos, y las ata cautivas en su cámara nupcial, en su lugar de tinieblas. Ella se lleva y aparta a los esposos desposados de las vírgenes que estaban destinadas para ellos y desposadas en su nombre; y éstas se sentarán en amargo duelo por ellos. Ella se lleva y aparta para sí a todos los hermosos jóvenes que suponían que ni aun hasta la vejez verían la muerte. Ella se lleva y recoge para sí a los amados infantes de días, con los cuales sus padres no estaban saciados. Ella se lleva a los ricos, los hijos del lujo; y dejan sus posesiones como las olas del mar. [] Ella se lleva a los hábiles artífices, que levantaban el mundo con sus obras maravillosas. Ella se lleva a los sutiles y sabios, y se vuelven simples, sin distinguir el bien del mal. Ella se lleva a los ricamente dotados de este mundo, y sus dotes son destruidas y no serán establecidas para siempre. Ella se lleva a los poderosos y grandes, y su poder es abatido y debilitado, y llega a su fin. A los que confiaban en que su poder no sería abatido, en el día de la muerte, hombres de menor grado que ellos recogen sus cuerpos. A los que confían en que en su muerte serán sepultados con honra, les sucede que los perros los devoran. Y los que confían en que serán sepultados en el lugar donde nacieron, no saben sino que en la tierra de su cautividad serán reunidos (para la tumba) con insulto. A los que confiaban en sus posesiones, en que las darían en herencia a sus hijos, se les oculta que serán despojados por sus enemigos. La Muerte se lleva a los valientes y a los guerreros que pensaban asolar el gran mundo. La Muerte se lleva a los que se adornan con todas las cosas placenteras, y la sepultura de un asno les acontece cuando son sepultados. La Muerte reina sobre los no nacidos y los lleva cautivos a sí antes de nacer. La Muerte se lleva a los honrados con pompas, y vienen a ser despreciados cuando descienden a ella, al reino de las tinieblas, donde no hay luz. Ella no se avergüenza ante los reyes coronados con la diadema. No se turba ante los altivos y feroces que asolan las tierras. La Muerte no respeta a las personas de los honorables, ni recibe soborno de los ricos. La Muerte no desprecia al pobre, ni su alma desdeña al que nada tiene. La Muerte no honra a los que viven con magnificencia, ni para ella los buenos se distinguen de los malos. No tiene en cuenta a los ancianos más que a los niños en cuanto a honra. A los señores de la prudencia los hace sin entendimiento, y a los que solían apresurarse y afligirse adquiriendo posesiones allí con ella, éstos son despojados de sus ganancias. Ella se lleva a los esclavos y a sus amos; y allí los amos no son más honrados que sus siervos. Pequeños y grandes están allí, y no oyen la voz del opresor. El esclavo que es librado de su amo [] allí no hace caso a quien solía oprimirlo. La Muerte ata y hace cautivos a los guardas de prisioneros, y a los prisioneros que estaban encerrados. Por medio de la Muerte los prisioneros son liberados, y ya no temen por causa de sus opresores.

    XXII, 8

    8. Los que viven delicadamente temen a la muerte; pero los afligidos aguardan con esperanza ser prontamente llevados. Todos los ricos tiemblan a causa de la muerte; pero los pobres la desean, para descansar de su trabajo. La Muerte aterroriza a los poderosos cuando la recuerdan; pero los enfermos aguardan con esperanza en ella, para que por medio de ella olviden sus dolores. De nuevo los niños pequeños temen a la muerte, porque cuando venga sobre ellos dejarán sus placeres; pero los ancianos avanzados en años ruegan por ella, ellos que están necesitados del pan de cada día.

    XXII, 9

    9. Los hijos de la paz se acuerdan de la muerte; y abandonan y apartan de sí la ira y la enemistad. Como extranjeros habitan en este mundo, y se preparan provisión para el viaje que tienen delante. En lo que está arriba ponen sus pensamientos, en lo que está arriba meditan; y desprecian lo que está debajo de sus ojos. Envían sus tesoros al lugar donde no hay peligro, al lugar donde no hay polilla ni ladrones. Permanecen en el mundo como extranjeros, hijos de una tierra lejana; y aguardan ser enviados fuera de este mundo y llegar a la ciudad, el lugar de los justos. Se afligen en el lugar de su peregrinación; y no se enredan ni se ocupan en la casa de su destierro. Cada día sus rostros están puestos hacia arriba, para ir al reposo de sus padres. Como prisioneros están en este mundo, y como rehenes del Rey son guardados. Hasta el fin no tienen reposo en este mundo, ni su esperanza está en él, en que continuará para siempre. Los que adquieren posesiones no se regocijan en ellas, y a los que engendran hijos, la muerte los llena de tristeza. Los que edifican ciudades no serán dejados en ellas; y los que se apresuran y se afanan por algo, en nada se distinguen de los necios. ¡Oh hombre sin sentido, quienquiera que sea aquel cuya confianza está en este mundo!

    XXII, 10

    10. Acordaos, amados míos, comparad y considerad en vuestra mente: ¿quién hay de las generaciones pasadas que haya sido dejado en este mundo para continuar para siempre? La Muerte se ha llevado a las generaciones pasadas, a los grandes, a los poderosos y a los sutiles. ¿Quién hay que haya adquirido grandes posesiones y, al tiempo de partir, las haya llevado consigo? Lo que fue recogido de la tierra vuelve a su seno; y desnudo parte el hombre de sus posesiones. Los sabios, cuando adquieren bienes, envían algunos de ellos delante de sí, como dijo Job:— Mis testigos son el cielo; y de nuevo:— Mis hermanos y mis amadores están con Dios. Y nuestro Señor mandó a los que adquieren posesiones que se hagan amigos en el cielo, y también que atesoren tesoros allí.

    XXII, 11

    11. Acuérdate también de la muerte, oh sabio escriba, para que tu corazón no se enaltezca, de modo que olvides la sentencia del juicio. La Muerte no deja de lado al sabio, ni respeta a las personas de los sutiles. La Muerte se lleva consigo a los sabios escribas, de modo que olvidan lo que han aprendido, hasta que venga el tiempo en que todos los justos resucitarán.

    XXII, 12

    12. En aquel lugar olvidarán este mundo. Allí no tienen necesidad alguna; y se amarán unos a otros con amor abundante. En sus cuerpos no habrá pesadez, y ligeramente volarán como palomas a sus ventanas. [] En sus pensamientos no recordarán allí maldad alguna, ni cosa impura se levantará en su corazón. En aquel lugar no habrá deseo natural, pues allí serán destetados de todo apetito. No se levantará en su corazón ira ni lascivia; también apartarán de sí todas las cosas que engendran pecados. Ferviente en su corazón será el amor de unos por otros; y el odio no se fijará en ellos en absoluto. No tendrán necesidad allí de construir casas, pues morarán en la luz, en las mansiones de los santos. No tendrán necesidad de vestidura tejida, pues serán vestidos de luz eterna. No tendrán necesidad de alimento, pues se reclinarán a Su mesa y serán nutridos para siempre. El aire de aquella región es agradable y glorioso, y su luz resplandece, y es hermosa y gozosa. Plantados allí hay árboles hermosos, cuyos frutos no faltan y cuyas hojas no caen. Sus ramas son gloriosas, su perfume delicioso, y de su sabor ningún alma se cansará jamás. Espaciosa es la región, y no tiene límite; sin embargo, sus habitantes verán su lejanía como lo que está cerca. Allí la herencia no será repartida, y ningún hombre dirá a su semejante:— «Esto es mío y aquello es tuyo.» No estarán atados allí en el deseo de codicia, ni se extraviarán allí en cuanto al recuerdo. Allí un hombre no amará a su prójimo con reverencia especial, sino que abundantemente se amarán todos unos a otros de una misma manera. No tomarán esposas allí, ni engendrarán hijos; ni se distinguirá allí el varón de la hembra; sino que todos serán hijos de su Padre que está en los cielos; como dijo el Profeta:— ¿No tenemos todos un solo Padre; no nos ha creado un solo Dios? []

    XXII, 13

    13. Y en cuanto a lo que dije: que allí no tomarán esposas, ni el varón se distingue de la hembra, nuestro Señor y Sus Apóstoles nos lo han enseñado. Pues nuestro Señor dijo:— Los que son dignos de aquel mundo y de aquella resurrección de la morada de los muertos, no tomarán esposas, ni (las mujeres) se harán esposas de hombres; porque no pueden morir; sino que son como los ángeles en el cielo, y son hijos de Dios. [] Y el apóstol dijo:— No hay ni varón ni hembra, ni esclavo ni libre; sino que todos sois uno en Jesucristo. [] Pues, en cuanto a Eva, para difundir la generación, Dios la sacó de Adán, para que fuese madre de todos los vivientes; pero aun así en aquel mundo no hay hembra; así como en el cielo tampoco hay hembra, ni generación, ni uso de concupiscencia. En aquel lugar no hay deficiencia, sino plenitud y perfección. Los ancianos no morirán y los jóvenes no envejecerán. Y es en expectativa de envejecer y morir que los jóvenes toman esposas y engendran hijos, para que cuando los padres hayan muerto los hijos se levanten en su lugar. Ahora bien, todas estas cosas tienen su uso solamente en este mundo, pues en aquel lugar no hay necesidad, ni deficiencia alguna, ni concupiscencia, ni generación, ni fin, ni fracaso, ni muerte, ni término, ni vejez. No hay odio, ni ira, ni envidia, ni cansancio, ni fatiga, ni oscuridad, ni noche, ni falsedad. No hay en aquel lugar necesidad alguna; sino que está lleno de luz, y de vida, y de gracia, y de plenitud, y de satisfacción y renovación, y de amor, y de todas las buenas promesas que están escritas pero aún no selladas. Pues allí está aquello que ojo no ha visto y oído no ha oído, y que no ha subido al corazón del hombre, [] aquello que es indecible y que el hombre no puede expresar. Y el Apóstol dijo:— Lo que Dios ha preparado para los que le aman. [] Aunque los hombres digan mucho, no podrán expresarlo. Aquello que ojo no ha visto, no pueden relatarlo; y aquello que oído no ha oído, no es correcto hablarlo de tal manera que se compare con cosa alguna que el oído haya oído y el ojo haya visto. ¿Y aquello que no ha subido al corazón, quién se atreve a hablar de ello, como si fuese semejante a cosa alguna que haya subido al corazón? Pero esto es correcto para quien habla, comparar y llamar aquel lugar la morada de Dios, y el lugar de vida, el lugar perfecto, el lugar de luz, el lugar de gloria, el Sábado de Dios, el día de descanso, el reposo de los justos, el gozo de los rectos, la morada y el lugar de habitación de los justos y los santos, el lugar de nuestra esperanza, la morada segura de nuestra confianza, el lugar de nuestro tesoro, el lugar que calmará nuestro cansancio y apartará nuestras aflicciones, y aquietará nuestros suspiros. A estas cosas es correcto que comparemos, y así llamemos, aquel lugar.

    XXII, 14

    14. De nuevo, la Muerte lleva consigo a los reyes, los fundadores de ciudades, que se fortalecen en el esplendor. Y no deja de lado a los Señores de los países. La Muerte lleva y toma cautivos a los avaros que no se sacian ni dicen «Basta»; y es codiciosa de ellos con una codicia mayor que la suya. La Muerte lleva consigo a los despojadores que no fueron por su gracia refrenados de despojar a sus semejantes. La Muerte lleva consigo a los opresores, y por la muerte son refrenados de la iniquidad. La Muerte lleva consigo a los perseguidores, y los perseguidos tienen descanso hasta que van a ella. La Muerte lleva consigo a los que devoran a sus semejantes, y los pisoteados y oprimidos tienen descanso por un poco hasta que ellos mismos también son llevados y van allí. La Muerte lleva a los que abundan en meditaciones, y todo lo que han pensado se disuelve y queda en nada. Los hombres meditan sobre muchos asuntos, y la muerte viene sobre ellos de repente, y son llevados; y después no recuerdan nada de lo que han pensado. Hay uno que hace planes para muchos años, y (el conocimiento) le es ocultado para que no sobreviva hasta mañana. Algún hijo de Adán se enaltece y se jacta sobre su semejante; y la muerte viene sobre él y reduce su jactancia a nada. El rico planea añadir a sus posesiones, y no sabe que no continuará poseyendo aun aquello que ha adquirido. La Muerte lleva consigo a todos los hijos de los hombres, y los ata firmemente en su morada hasta el juicio. También sobre los que no han pecado es rey, a causa de la sentencia de juicio que Adán recibió por sus pecados.

    XXII, 15

    15. Y vendrá el Dador de vida, el Destructor de la Muerte, y reducirá su poder a nada, de sobre los justos y de sobre los impíos. Y los muertos resucitarán con un alarido poderoso, y la Muerte será vaciada y despojada de todo el cautiverio. Y para el juicio serán reunidos todos los hijos de Adán, y cada uno irá al lugar preparado para él. Los resucitados de los justos irán a la vida, y los resucitados de los pecadores serán entregados a la muerte. Los justos que guardaron el mandamiento irán, y no se acercarán al juicio en el día en que resucitarán; como David pidió, Y no traigas a tu siervo a juicio; ni su Señor los aterrorizará en aquel día.

    XXII, 16

    16. Recuerda que el Apóstol también dijo, Juzgaremos a los ángeles. [] Y nuestro Señor dijo a Sus discípulos, Os sentaréis sobre doce tronos, y juzgaréis a doce tribus de la casa de Israel. Y Ezequiel dijo acerca de los varones justos, [] que juzgarán a Aholá y a Aholibá. Puesto que, entonces, los justos han de juzgar a los impíos, Él ha dejado claro acerca de ellos que no entrarán en juicio. Y en cuanto a lo que dicen los apóstoles, que Juzgaremos a los ángeles, escucha, y te instruiré. Los ángeles que serán juzgados por los apóstoles son los sacerdotes que han violado la ley; como dijo el Profeta, Los labios del sacerdote guardarán el conocimiento, y la ley la inquirirán de su boca; porque él es el ángel del Señor, el más poderoso. [] Los ángeles que son los sacerdotes, de cuya boca se inquiere la ley, cuando transgreden la ley, serán juzgados al final por los apóstoles, y los sacerdotes que observan la ley.

    XXII, 17

    17. Y los impíos no se levantarán en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos. Y así como los justos que están perfeccionados en buenas obras no entrarán en el juicio para ser juzgados, así también de los impíos cuyos pecados son muchos, y cuya medida de ofensas está desbordándose, no se requerirá que se acerquen al juicio, sino que cuando hayan resucitado de nuevo se volverán al sheol, como dijo David, Los impíos se volverán al sheol, y todas las naciones que olvidan a Dios. Y Isaías dijo, Todas las naciones son como una gota del cubo, y como el girar de la balanza. Y las islas como un grano de arena serán arrojadas, y todas las naciones son estimadas como nada por Él. Para destrucción y para la espada son estimadas por Él. Por tanto aprende y persuádete, que todas las naciones que no conocen a Dios su Hacedor, son estimadas por Dios como nada, y no se acercarán al juicio, sino que tan pronto como hayan resucitado se volverán al sheol.

    XXII, 18

    18. Pero todo el resto del mundo que son llamados pecadores estarán de pie en el juicio y serán reprendidos. Aquellos en quienes hay una pequeña falta los reprenderá el juez, y les hará saber que han ofendido. Y les dará la herencia de vida después del juicio. Y entiende que nuestro Señor nos ha dado a conocer en Su Evangelio, que cada hombre según su obra recibirá su recompensa. El que recibió dinero, mostró el aumento sobre él. Aquel cuya libra o talento produjo el diez por uno, recibió vida, perfecta, en nada deficiente. Aquel cuya libra o talento produjo el cinco por uno, recibió la mitad de diez. A uno se le dio una autoridad de diez veces y a otro una de cinco. Ahora considera y ve, que el aumento de cinco es menor que el de diez; y los trabajadores que exigen la recompensa superan a los que la recibieron en silencio. Los que trabajaron todo el día, con rostro audaz reciben la recompensa y la exigen, en confianza de que Él les añadirá más. Mientras que los que trabajaron una hora la reciben en silencio, y saben que por gracia reciben misericordia y vida. Los pecadores cuyos pecados son muchos serán condenados por el lugar del juicio, e irán a los tormentos. Y desde aquel tiempo en adelante, el juicio gobernará sobre ellos.

    XXII, 19

    19. Además, escucha al Apóstol que dijo, Cada hombre según su obra recibirá su recompensa. [] El que trabajó poco, recibirá según su negligencia; y el que se apresuró mucho, será recompensado según su prontitud. Y Job también dijo, Lejos esté de Dios hacer iniquidad; y lejos esté de Él hacer pecado. Pues según las obras del hombre le recompensará, y el hombre recibirá según sus caminos. [] Y también el Apóstol dijo, Una estrella supera a otra estrella en resplandor. Así también es la resurrección de los muertos. [] Por tanto sabe que, aun cuando los hombres entren en la vida, sin embargo recompensa superará a recompensa, y gloria superará a gloria, y retribución superará a retribución. Grado es más alto que grado; y luz es más hermosa que luz en aspecto. El sol supera a la luna, y la luna es mayor que las estrellas que están con ella. Y observa que la luna y las estrellas están también bajo el poder del sol, y su luz es absorbida en el esplendor del sol. Y el sol tiene poder junto con la luna y las estrellas, para que no aboliera la noche que ha sido separada del día. Y cuando el sol fue creado, fue llamado luminaria. Y observa que el sol y la luna y las estrellas son todos llamados luminarias; pero luminaria supera a luminaria. El sol oscurece la luz de la luna, y la luna igualmente oscurece la luz de las estrellas; y estrella supera a estrella en su luz.

    XXII, 20

    20. Y entiende (esto) también, de aquello que es de este mundo, de los que trabajan con fatiga, y de los jornaleros que trabajan con sus semejantes. Hay algunos que contratan a sus semejantes por jornal diario, y (éstos) reciben el salario de su fatiga; y hay algunos que son contratados por mes, y computan y reciben el salario por el tiempo, en el tiempo acordado. Y el jornal diario se distingue del salario mensual; y el anual excede al salario mensual.

    XXII, 21

    21. Y también de nuevo, entiéndelo por la autoridad que hay en este mundo. Hay algunos que agradan al rey por su actividad, y reciben honra de los que están en autoridad. Uno recibe una corona del rey, para hacerse gobernador en uno de los países. Y bajo la autoridad de otro, el rey pone ciudades; y también él supera a sus inferiores en su atavío. Algunos reciben presentes y dones, y una honra se distingue de otra. Hay uno a quien el rey da la honra de ser mayordomo sobre todo el tesoro. Otro, según su condición inferior, sirve al rey, y su autoridad es solamente proveer el alimento diario.

    XXII, 22

    22. También en cuanto a la pena, digo que todos los hombres no son iguales. El que ha hecho gran maldad es grandemente atormentado. Y el que ha ofendido no tanto es menos atormentado. Algunos irán a la oscuridad exterior, donde hay llanto y crujir de dientes. [] Otros serán echados al fuego, según merezcan; pues no está escrito que crujirán los dientes, ni que haya oscuridad allí. Algunos serán echados a otro lugar, un lugar donde su gusano no morirá, y su fuego no se apagará, y serán un espanto para toda carne. [] Ante los rostros de otros la puerta será cerrada y el Juez les dirá:— No os conozco. [] Y considera que, así como la recompensa por las buenas obras no es igual para todos los hombres, así también es para las malas obras. No de una sola manera serán juzgados los hombres, sino que cada hombre según sus obras recibirá su retribución, porque el Juez está vestido de justicia y no hace acepción de personas.

    XXII, 23

    23. Y así como te he mostrado acerca del mundo, cómo una honra supera a otra, de aquellas que los reyes y gobernantes de este mundo dan a los que están debajo de ellos; también acerca de esto te he mostrado, que así como los reyes tienen buenos dones que dar a los honrados por ellos, así también tienen prisiones y cadenas y grilletes, que son diversas clases de ataduras. Un hombre ofende al rey con una ofensa grave, y sin investigación es entregado a la muerte. Otro ofende, sin embargo no es digno de muerte; es puesto en cadenas hasta que sea juzgado; y es castigado, y el rey remite su ofensa. Hay otro a quien el rey ha tenido en consideración; y fuera de la casa de prisión es mantenido en libertad, sin cadenas y sin ataduras. El que es condenado a muerte se distingue del que es atado; y el castigo de uno excede al de otro, según el mérito de su ofensa. Pero venid a nuestro Redentor, Quien dijo:— Muchas son las mansiones en la casa de Mi Padre. []

    XXII, 24

    24. Amado mío, los hombres de entendimiento inferior disputan acerca de esto que te escribo, y dicen:— «¿Cuál es el lugar en que los justos recibirán una buena recompensa; y cuál es el lugar en que están los tormentos, en el que los impíos recibirán los castigos de sus obras?» Oh hombre que piensas así, yo te preguntaré, y dime: ¿por qué la muerte es llamada muerte, y por qué el sheol es llamado sheol? Porque está escrito que cuando Coré y sus compañeros hicieron un cisma contra Moisés, la tierra abrió su boca y los tragó, y descendieron vivos al sheol. [] Por tanto, aquella fue la boca del sheol que se abrió en el desierto. David también dijo: Los impíos se volverán al sheol. Nosotros decimos que al sheol, en el que Coré y sus compañeros fueron tragados, allí serán vueltos los impíos. Porque Dios tiene poder, si Él lo elige, para dar herencia de vida en el cielo, y si le place, en la tierra. Jesús nuestro Señor dijo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. [] Y a uno de los que fueron crucificados con Él, que creyó en Él, le juró:— Estarás conmigo hoy en el jardín Edén. [] Y el Apóstol dijo: Cuando los justos resuciten, volarán hacia arriba al encuentro de nuestro Redentor. [] Pero, sin embargo, decimos así: Que lo que nuestro Redentor nos dijo es verdad:— El cielo y la tierra pasarán. [] Y el Apóstol dijo: La esperanza que se ve no es esperanza. [] Y el Profeta dijo: Los cielos se desvanecerán como humo, y la tierra como un vestido se gastará; y sus habitantes vendrán a ser como ella. [] Y Job dijo acerca de los que duermen: Hasta que los cielos se gasten, no serán despertados, ni se levantarán de su sueño. [] De estas cosas persuádete de que esta tierra, en la que los hijos de Adán son sembrados, y el firmamento que está sobre los hombres, (aun) aquel firmamento que está puesto para dividir los cielos superiores de la tierra y de esta vida, pasará, y se gastará, y será destruido. Y Dios hará una cosa nueva para los hijos de Adán, y ellos heredarán heredades en el Reino de los Cielos. Si Él les diere herencia en la tierra, será llamado el reino de los cielos. Y si en el Cielo, fácil le es hacerlo. Pues también con los reyes de la tierra, aunque cada uno de ellos mora en su propio lugar, sin embargo todo lugar al que se extiende su autoridad, es llamado su reino. Así el sol es una luminaria puesta en el cielo, sin embargo para todo lugar al que se extienden sus rayos, su autoridad basta, ya sea sobre el mar o sobre la tierra. Y observa que los príncipes del mundo también tienen banquetes y deleites, y en todo lugar o estado al que van, sus banquetes están con ellos; y en el lugar que les place, hacen una cárcel. Pues el sol en doce horas da su círculo, desde el oriente hasta el occidente; y cuando ha cumplido su curso, su luz queda oculta en el tiempo de la noche, y la noche no es perturbada por su poder. Y en las horas de la noche el sol gira en su curso rápido, y girando comienza a correr en su senda acostumbrada. En cuanto al sol que está contigo, hombre sabio, desde tu niñez hasta el cumplimiento de tu vejez, no sabes por dónde corre en el tiempo de la noche, para dar la vuelta hasta el lugar de su curso. ¿Te es necesario inquirir en aquellas cosas que están ocultas para ti?

    XXII, 25

    25. Estos memoriales he escrito para nuestros hermanos y amados, los hijos de la Iglesia de Dios, para que cuando estos lleguen a sus manos en diversos lugares, y cuando lean en ellos, también recuerden mi pequeñez en sus oraciones, y sepan que yo también soy pecador, y quedo corto; pero que esta es mi fe, que he expuesto desde el principio y escrito, en estos capítulos escritos (por mí). La Fe es el fundamento, y sobre la fe (descansan) las obras que le convienen. Y después de la Fe (escribí) que hay dos mandamientos del Amor. Y después del Amor, he escrito del Ayuno, en su demostración también junto con sus obras. Y después del Ayuno, escribí de la Oración en su fruto y en sus obras. Y después de la Oración, he escrito acerca de la Guerra y acerca de lo que Daniel escribió sobre los reinos. Y después de la Guerra, he escrito de la exhortación para los Monjes. Y después de los Monjes, he escrito acerca del Arrepentimiento. Y después del Arrepentimiento, he escrito acerca de la Resurrección de los muertos. Y después de la Resurrección de los muertos, he escrito acerca de la Humildad. Y después de la Humildad, he escrito de los Pastores, los maestros. Y después de los Pastores, he escrito acerca de la Circuncisión en la que el pueblo de los judíos se enorgullece. Y después de la Circuncisión, he escrito acerca de la Pascua, y acerca del día catorce. Y después de la Pascua, he escrito acerca del Sábado, en el que los judíos se engríen. Y después del Sábado, he escrito una Exhortación, a causa de la disensión que aconteció en nuestros días. Y después de la Exhortación, he escrito acerca de las Viandas, aquellas que los judíos consideran impuras. Y después de las Viandas, he escrito acerca de los Gentiles, que han entrado y han venido a ser herederos en lugar del pueblo original. Y después de los Gentiles, he escrito y probado que Dios tiene un Hijo. Y después del Hijo de Dios, he escrito contra los judíos, que hablan injuriosamente acerca de la Virginidad. Y después de la apología acerca de la Virginidad, he escrito de nuevo Contra los judíos, que dicen:— «Está dispuesto para nosotros ser reunidos.» Y después de aquella defensa, he escrito acerca de la Limosna para los Pobres. Y después de los Pobres, he escrito una demostración acerca de Los Perseguidos. Y después de los Perseguidos, he escrito al final acerca de la Muerte y los Últimos Tiempos. Estos veintidós discursos he escrito según las veintidós letras del alfabeto. Los primeros diez los escribí en el año seiscientos cuarenta y ocho del reino de Alejandro hijo de Filipo el Macedonio, como está escrito al final de ellos. Y estos doce últimos los escribí en el año seiscientos cincuenta y cinco del reino de los griegos y de los romanos, que es el reino de Alejandro, y en el año treinta y cinco del Rey Persa.

    XXII, 26

    26. Estas cosas he escrito según lo que he alcanzado. Pero si alguien leyere estos discursos, y hallare palabras que no concuerdan con su pensamiento, no debe despreciarlas; porque todo lo que está escrito en estos capítulos no fue escrito según el pensamiento de un solo hombre, ni para la persuasión de un solo lector; sino según el pensamiento de toda la Iglesia, y para la persuasión de toda fe. Si leyere y oyere con persuasión, bien está; y si no, me corresponde decir que escribí para los abiertos a la persuasión y no para los burladores. Y si de nuevo algún lector hallare palabras dichas por nosotros de una manera, y por otro sabio de otra manera, no se turbe por esto; porque cada hombre habla a sus oyentes según lo que puede alcanzar. Así yo, que he escrito estas cosas, aun si algunas de las palabras no concuerdan con lo que otros oradores han dicho, sin embargo digo esto; que aquellos sabios han hablado bien, pero me pareció bien a mí hablar así. Y si algún hombre hablare y me demostrare acerca de cualquier asunto, recibiré instrucción de él sin contención. Todo el que lee las sagradas Escrituras, tanto las anteriores como las posteriores, en ambos pactos, y lee con persuasión, aprenderá y enseñará. Pero si contiende acerca de algo que no entiende, su mente no recibe enseñanza. Pero si halla palabras que son demasiado difíciles para él, y no entiende su fuerza, diga así: «Todo lo que está escrito, bien está escrito, pero yo no he alcanzado la comprensión de ello.» Y si preguntare acerca de las materias que son demasiado duras para él a hombres sabios y discernidores que inquieren en la doctrina, entonces, cuando diez hombres sabios le hablaren en diez maneras diferentes acerca de una materia, acepte aquello que le place; y si alguna no le place, no desprecie a los sabios; porque la palabra de Dios es como una perla, que tiene hermosa apariencia de cualquier lado que la vuelvas. Y recuerda, oh discípulo, lo que David dijo: De todos mis maestros he aprendido. Y el Apóstol dijo:— Leed toda Escritura que está en el Espíritu de Dios. Y probadlo todo; retened lo bueno; y huid de toda cosa mala. Porque si los días de un hombre fueran muchos como todos los días del mundo desde Adán hasta el fin de los siglos, y se sentare a meditar sobre las Santas Escrituras, no comprendería toda la fuerza de la profundidad de las palabras. Y el hombre no puede elevarse hasta la sabiduría de Dios; como he escrito en el décimo discurso. Pero, sin embargo, las palabras de todos los oradores que no toman del gran tesoro, son malditas y dignas de desprecio. Porque la imagen del rey (en su moneda) es recibida dondequiera que va; pero (la moneda) en la que hay metal vil, es rechazada y no es recibida. Y si alguno dijere: «Estos discursos fueron dichos por fulano;» aprenda cuidadosamente que el ser cuidadoso en inquirir acerca del orador no le es mandado. Yo también según mi pequeñez he escrito estas cosas, un hombre nacido de Adán, y formado por las manos de Dios, un discípulo de las Santas Escrituras. Porque nuestro Señor dijo:— Todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá. [] Y el profeta dijo:— Derramaré mi espíritu sobre toda carne en los últimos días, y profetizarán. [] Por tanto, quienquiera que lea algo de lo que he escrito arriba, léalo con persuasión, y ore por el autor como hermano del Cuerpo; para que por la petición de toda la Iglesia de Dios; sus pecados sean perdonados. Y quienquiera que lea entienda lo que está escrito:— El que oye la palabra, comunique al que le hace oír, en todas las cosas buenas. [] Y de nuevo está escrito: El sembrador y el segador se regocijarán juntamente. [] Y Cada hombre según sus trabajos recibirá su recompensa. [] Y No hay nada oculto que no haya de ser revelado a todo hombre. []
    Comentario editorial · Una obra sin firma
    Afrahat pide que se lea lo escrito sin preguntar por quién lo dijo: «el ser cuidadoso en inquirir acerca del orador no le es mandado», y se presenta como «un discípulo de las Santas Escrituras». Lo que pedía le ocurrió: según Gwynn, los manuscritos de los siglos V y VI atribuyen las demostraciones al «sabio persa», y en 714 Jorge, obispo de los árabes, que las había estudiado con cuidado, confesaba no saber quién era su autor, ni su rango, ni su nombre ni su morada.

    Notas, recepción y bibliografía

    Acompañamiento editorial

    Lo que dejaron las Demostraciones

    Las Demostraciones nacieron, según Gwynn, antes que cualquier obra de Efrén que pueda fecharse con certeza: la primera de sus Himnos de Nisibis es de 350 y ellas son de 337 a 345. No tuvieron la fortuna de los himnos y homilías de Efrén: Gwynn cuenta un manuscrito completo y dos incompletos, frente a las columnas de manuscritos de Efrén, y propone como causas posibles la distancia de Persia respecto de los centros de la controversia, la falta de elocuencia y la sospecha que pudo recaer sobre lo salido de la «Escuela de los persas» de Edesa. Aun así, se tradujeron al armenio —en el siglo V, según los estudiosos armenios que cita—, Isaac de Antioquía tomó de ellas pasajes sin nombrarlas, Genadio de Marsella conoció sus títulos hacia 495 y en 714 Jorge, obispo de los árabes, las estudió a fondo. Wikipedia añade que una parte de la demostración 11, sobre la circuncisión del corazón, es hoy lectura de la Liturgia de las Horas romana en la primera semana de Cuaresma, y enlaza una audiencia de Benedicto XVI del 21 de noviembre de 2007. La edición de Gwynn las dio por primera vez en inglés en 1898.
    Límites. La traducción es automática y ninguna persona la ha revisado frase a frase. El castellano tiene los mismos 163 párrafos que el inglés, con la misma numeración, y un largo del 97 % del suyo, de modo que no falta texto. Se conservan sin corregir dos cosas. La Demostración 6 tiene tras el § 1 un párrafo sin número, que se localiza como «VI, 1 (cont.)». Y doce referencias bíblicas del volumen no coinciden con el pasaje que citan en las Biblias modernas: Dan. vii. 7 (el pasaje del macho cabrío es Dn 8:7), Dan. vii. 2 (el de la cuarta bestia es Dn 7:7), Ez. xviii. 3 (28:3), Lev. xxi. 12 (26:12), 2 Sam. viii. 14 (7:14), Dan. iv. 30 (7:4), Mt xxviii. 18, 24 (27:18), Mt xxiii. 29-32 (22:32), Mt ix. 26 (9:24) y Heb. xi. 1 (12:1); también «1 Reyes 4:27» (2 Reyes 4:27) y «Job 40:14». Esas doce se dejan como texto, sin enlace al lector; el resto de las referencias no se ha cotejado una por una con el pasaje. Las identificaciones y fechas de las notas proceden de las fuentes que se citan y no del texto; cuando difieren, se dice cuál afirma qué.
    Comentario editorial · Para reflexionar sobre la lectura
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    Fin de la obra