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    TEXTOS — PADRES APOSTÓLICOS

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    Ignacio de Antioquía

    Cartas de Ignacio de Antioquía

    Recensión media · texto base: edición crítica de Michael W. Holmes

    Traducción: Versión castellana de esta edición · siete cartas

    Lectura continua · ≈ 66 min · Comentarios editoriales opcionales

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    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    Comentario editorial · Claves del argumento
    Las cartas de Ignacio documentan fe eucarística, monárquica (un obispo) y martirial en la transición postapostólica.

    Introducción

    En los primeros años del siglo II, Ignacio, obispo de Antioquía (también llamado Teóforo, “portador de Dios”), aparece fugazmente en la historia mientras es trasladado a Roma para sufrir el martirio. En ese trayecto —vigilado por diez soldados a quienes llama “los leopardos (Rom. 5.1)— redacta siete cartas que iluminan como pocas fuentes la vida de las iglesias: su unidad y estructura, la Eucaristía como centro, la cristología frente al docetismo, y una teología del martirio como imitación de Cristo.

    ¿Qué cartas y a quién?

    Las cartas de la recensión media (el núcleo aceptado por el consenso actual) son: A los Efesios, Magnesios, Tralianos, Romanos, Filadelfios, Esmirniotas y A Policarpo. Las seis primeras van dirigidas a iglesias de Asia Menor; la última, a Policarpo de Esmirna.

    Ocasión e itinerario

    Arrestado en Siria por causas no especificadas, Ignacio es enviado a Roma para ser “entregado a las fieras”. En un desvío por el norte (probablemente desde Laodicea) llega a Filadelfia y Esmirna, donde lo visitan delegaciones de Éfeso, Magnesia y Trales; desde allí escribe a esas iglesias y avisa a Roma de su inminente llegada. Más tarde, en Troas, al saber que “la paz” había vuelto a la iglesia de Antioquía, envía cartas a Filadelfia, Esmirna y a Policarpo. Tras pasar por Neápolis y Filipos, desaparece de la vista de nuestras fuentes. La tradición lo sitúa finalmente en el anfiteatro romano.
    Tres preocupaciones atraviesan sus cartas:
    1. Falsos maestros: “judaizantes” que desdibujan la centralidad de Cristo y docetas que niegan su verdadera humanidad.
    2. Unidad y forma de la Iglesia: tríada obispo–presbíteros–diáconos y la comunión en torno al obispo.
    3. Su propio martirio: deseado como imitación de la pasión de Jesús.

    Autoría, recensiones y autenticidad

    • Recensión media (7 cartas): conocida ya por Eusebio de Cesarea y transmitida en griego y latín. Es la base de esta traducción y la más ampliamente aceptada como auténtica.
    • Recensión larga: versión expandida (s. IV) de las siete cartas y seis epístolas añadidas (p.ej., a los de Tarso, Antioquía, Filipos, y a Hero, diácono), con coloraciones doctrinales más tardías (en varios pasajes se perciben respuestas a controversias del s. IV, con matices antiarriano/apolinaristas).
    • Recensión corta siríaca: abreviación de tres cartas (Efesios, Romanos, Policarpo), publicada en 1845 por Cureton; hoy se la considera un epítome, no el original.
    Desde Lightfoot y Zahn (s. XIX) hasta estudios recientes, el consenso mantiene la recensión media como la forma auténtica más probable. Hubo cuestionamientos globales o parciales (Weijenborg, Joly, Rius‑Camps; más tarde Hübner y Lechner), pero no han desplazado la posición mayoritaria.

    Fecha y lugar de composición

    La datación tradicional sitúa las cartas durante el reinado de Trajano (98–117 d.C.), a menudo en torno a 107–110. Algunos extienden el abanico hacia Adriano (117–138). En cualquier caso, el escenario es Asia Menor y el contexto es el viaje forzado a Roma.

    Rasgos literarios y estilo

    Ignacio usa recursos epistolares paulinos (pero sin los desarrollos doctrinales de Romanos o Gálatas) y un estilo retórico asiático: denso, vehemente, con imágenes recurrentes (“médico”, “medicina”, “altar”). A menudo omite acciones de gracias para ir directo al exhorto.

    Fuentes y entorno

    Ignacio cita poco el AT; en cambio, respira tradición cristiana primitiva: ecos paulinos (con seguridad 1 Corintios, con probabilidad Efesios y 1–2 Timoteo), motivos de Mateo, afinidades con 1 Juan en la confesión de Jesús “venido en carne”. Conoce y asimila el lenguaje cultural común (p. ej., valores de orden y concordia) sin diluir su identidad cristiana.

    Transmisión textual (papiros y códices)

    Testigos principales (recensión media):
    • G: Codex Mediceo‑Laurentianus 57,7 (s. XI), único códice griego completo de la recensión media.
    • L: traducción latina antigua de la recensión media.
    • P: P. Berol. 10581 (s. V): papiro con Smyrn. 3.3–12.1.
    • S: siríaco abreviado (recensión corta) y Sf fragmentos siríacos de la media.
    • A: armenio (media); C: copto; además tradición arábiga.

    Criterios de traducción

    • Base: edición crítica de Michael W. Holmes (recensión media), cotejada con G y L, y con las versiones antigua(s) cuando aportan clarificación.
    • Epískopos–presbyteros–diákonos: se traducen como obispo–presbíteros–diáconos, respetando el perfil ignaciano (no idéntico al uso posterior).
    • Eucharistía se vierte como Eucaristía (metonimia del rito entero); mystería como misterios; Theophoros se glosa como “portador de Dios”.
    • Traducción semántica con atención al ritmo; se preservan fórmulas célebres (p. ej., “medicina de inmortalidad”).

    Carta a los Efesios

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a la iglesia bendecida en grandeza por la plenitud de Dios Padre, predestinada antes de los siglos para gloria duradera e inmutable, unida y elegida en sufrimiento genuino por voluntad del Padre y de Jesucristo nuestro Dios; a la iglesia dignísima de bendición que está en Éfeso de Asia: abundante gozo en Jesucristo y en alegría intachable.
    Comentario editorial · «Portador de Dios» (Theophoros)
    En griego, Theophoros significa literalmente "portador de Dios". Algunos estudiosos han sugerido que también podría entenderse como "llevado por Dios", pero la mayoría prefiere la traducción directa: "portador de Dios". Es posible que aquí se use como un apodo o sobrenombre para Ignacio ("Ignacio, también llamado Teóforo"), y si es así, sería la primera vez que se ve este uso como nombre propio. Más adelante, en 9.2, Ignacio aplica este término a los mismos efesios, no solo como "portadores de Dios", sino también como "portadores del templo" y "portadores de Cristo". Para Ignacio, la idea de ser "portador" (theophoros) no es solo un título, sino que tiene un sentido profundo: habla de llevar a Dios, a Cristo y a lo sagrado en la vida diaria, como algo que se vive y se nota. Así, ser "portador de Dios" no es algo místico lejano, sino una forma concreta de vivir la fe y la identidad cristiana.

    Gratitud por la visita y asistencia

    1.1–2.2

    1.1 Recibí en Dios su amadísimo nombre, que poseen por naturaleza justa según la fe y el amor en Cristo Jesús nuestro Salvador. Siendo imitadores de Dios, una vez que cobraron nueva vida por la sangre de Dios, completaron perfectamente la obra que les era tan natural. 1.2 Pues cuando oyeron que venía encadenado desde Siria por el nombre común y la esperanza, confiando por sus oraciones lograr luchar con las fieras en Roma —para que al conseguirlo pueda ser verdaderamente discípulo—, se apresuraron a visitarme. 1.3 Por tanto, ya que recibí en el nombre de Dios a toda su congregación en la persona de Onesimo, hombre de amor indecible que es también su obispo terrenal, ruego que lo amen según la norma de Jesucristo y que todos sean semejantes a él. Bendito sea quien les concedió, siendo dignos, tener tal obispo. 2.1 Respecto a mi consiervo Burrus, su diácono según Dios, bendecido en todo, ruego que permanezca para honor de ustedes y del obispo. También Croco, digno de Dios y de ustedes, a quien recibí como modelo vivo de su amor, me consoló en todo; que el Padre de Jesucristo lo consuele igualmente a él, junto con Onesimo, Burrus, Éuplo y Frontón, en quienes vi a todos ustedes en el amor. 2.2 ¡Ojalá siempre tenga gozo en ustedes, si es que soy digno! Conviene, pues, glorificar en toda forma a Jesucristo, que los glorificó, para que unidos en una sola obediencia, sometidos al obispo y al cuerpo de presbíteros, sean santificados en todo.

    Obediencia al Obispo

    3.1–6.2

    3.1 No les doy órdenes como si fuera alguien importante. Pues aunque esté encadenado por el Nombre, aún no he sido perfeccionado en Jesucristo. Ahora apenas comienzo a ser discípulo, y les hablo como a condiscípulos míos. Necesitaba ser ungido por ustedes con fe, exhortación, paciencia y longanimidad. 3.2 Pero como el amor no me permite callar acerca de ustedes, por eso me adelanté a exhortarlos para que corran acordes con el designio de Dios. Pues Jesucristo, nuestra vida inseparable, es el designio del Padre, como también los obispos constituidos por los confines del mundo están en el designio de Jesucristo. 4.1 Por eso conviene que corran acordes con el pensamiento del obispo, cosa que ya hacen. Su cuerpo de presbíteros, digno del nombre y digno de Dios, está tan armonizado con el obispo como las cuerdas con la cítara. Por eso, en su concordia y amor sinfónico, Jesucristo es cantado. 4.2 Que cada uno de ustedes forme también un coro, para que, siendo armónicos en la concordia y tomando el tono de Dios, canten a una voz por medio de Jesucristo al Padre, para que los escuche y los reconozca por sus buenas obras como miembros de su Hijo. Les conviene, pues, estar en unidad intachable, para que participen siempre de Dios. 5.1 Si yo en tan corto tiempo tuve tal intimidad con su obispo —no humana sino espiritual—, ¡cuánto más los felicito a ustedes que están tan unidos a él como la iglesia a Jesucristo y como Jesucristo al Padre, para que todas las cosas sean armoniosas en unidad! 5.2 Que nadie se engañe: si alguien no está dentro del altar, le falta el pan de Dios. Pues si la oración de uno o dos tiene tal poder, ¡cuánto más la del obispo junto con toda la iglesia! 5.3 Quien no viene a la reunión común, ya se ensoberbece y se separa a sí mismo, pues está escrito: "Dios resiste a los soberbios" (cit.). Procuremos, pues, no resistir al obispo, para ser obedientes a Dios. 6.1 Cuanto más ve uno que el obispo calla, tanto más debe temerlo. Pues a todo el que envía el Señor de la casa para su propia administración, así debemos recibirlo como al mismo que lo envía. Es evidente, por tanto, que debemos mirar al obispo como al Señor mismo.
    6.2 El mismo Onesimo elogia grandemente su buena conducta en Dios, pues todos viven según la verdad y ninguna herejía habita entre ustedes. Más aún: ni siquiera escuchan a nadie, a menos que hable con verdad acerca de Jesucristo.
    Comentario editorial · El obispo «como el Señor»: una hipérbole
    Ignacio usa un lenguaje muy fuerte para animar a la unidad de la Iglesia, porque había divisiones y enseñanzas falsas (como el docetismo) en ese tiempo. Cuando dice que hay que ver al obispo como al Señor mismo, no quiere decir que el obispo sea igual a Cristo en su ser, sino que está exagerando a propósito para resaltar la importancia de estar unidos y no separarse de la comunidad y sus líderes.

    Advertencia sobre Maestros de Enseñanzas Falsas

    7.1–9.2

    7.1 Pues algunos suelen llevar el Nombre con engaño malicioso, haciendo otras cosas indignas de Dios. A éstos deben evitarlos como a fieras salvajes. Son perros rabiosos que muerden a traición; deben guardarse de ellos, pues su mordedura es difícil de sanar. 7.2 Hay un solo médico, carnal y espiritual, engendrado y no engendrado, Dios en hombre, vida verdadera en muerte, nacido de María y nacido de Dios, primero pasible y luego impasible: Jesucristo nuestro Señor. 8.1 Que nadie los engañe, pues tampoco son engañados ahora, siendo enteramente de Dios. Cuando ninguna discordia capaz de atormentarlos se establece en ustedes, entonces viven verdaderamente según Dios. Soy su ofrenda humilde y me consagro a ustedes, efesios, iglesia célebre por los siglos. 8.2 Los carnales no pueden hacer cosas espirituales, ni los espirituales cosas carnales, así como la fe no puede hacer obras de infidelidad, ni la infidelidad obras de fe. Pero aun las cosas que hacen según la carne son espirituales, pues todo lo hacen en Jesucristo. 9.1 Supe que algunos de allí pasaron por su camino llevando mala doctrina, pero no les permitieron sembrarla entre ustedes, tapándose los oídos para no recibir lo que sembraban. Como piedras del templo, preparadas de antemano para el edificio de Dios Padre, son elevados a las alturas por la máquina de Jesucristo, que es la cruz, usando como cuerda al Espíritu Santo; su fe es lo que los eleva, y el amor es el camino que conduce hacia Dios.
    9.2 Son, pues, todos compañeros de viaje, portadores de Dios y portadores del templo, portadores de Cristo, portadores de lo santo, adornados en todo con los mandamientos de Jesucristo. Yo también me regocijo con ustedes, pues fui juzgado digno de hablarles por esta carta y alegrarme con ustedes, porque no aman nada en la vida humana sino solo a Dios.
    Comentario editorial · ¿Qué significa «máquina» aquí?
    Cuando Ignacio habla de la "máquina" (en griego mēchanē), se refiere a una herramienta de construcción, como una grúa o un torno, que servía para levantar piedras muy pesadas en las obras. Usa esta imagen sencilla y concreta para explicar cómo la comunidad cristiana se va construyendo y elevando espiritualmente, como si fueran piedras que Dios va colocando en su edificio.

    Respuesta al maltrato

    10.1–10.3

    10.1 Oren también sin cesar por los demás hombres, pues hay en ellos esperanza de conversión, para que encuentren a Dios. Permítanles, pues, ser instruidos por ustedes, al menos por sus obras. 10.2 Frente a sus iras, sean mansos; frente a sus jactancias, sean humildes; frente a sus blasfemias, ofrezcan oraciones; frente a su error, sean firmes en la fe; frente a su ferocidad, sean mansos, sin procurar imitarlos. 10.3 Mostremos por nuestra bondad que somos sus hermanos, y procuremos ser imitadores del Señor: quién puede ser más ultrajado, más despojado, más despreciado, para que no se halle entre ustedes planta alguna del diablo, sino que permanezcan en toda pureza y templanza en Cristo Jesús, corporal y espiritualmente.

    Los últimos tiempos: tanto cósmico como personal

    11.1–12.2

    11.1 Son los últimos tiempos. En adelante, tengamos pudor y temamos la paciencia de Dios, no sea que se vuelva juicio contra nosotros. Pues temamos la ira venidera o amemos la gracia presente —una de las dos cosas—; con tal de ser hallados en Cristo Jesús para la vida verdadera. 11.2 Nada los atraiga fuera de él, en quien llevo estas cadenas, mis perlas espirituales, por las cuales espero resucitar mediante su oración. Ojalá siempre participe de ella, para ser hallado en la compañía de los cristianos efesios, que siempre concordaron con los apóstoles por el poder de Jesucristo. 12.1 Sé quién soy y a quiénes escribo. Yo soy un condenado; ustedes han alcanzado misericordia. Yo estoy en peligro; ustedes están afianzados. 12.2 Ustedes son el camino por donde pasan los que van a ser ofrecidos a Dios; son compañeros de misterio y comunión con Pablo, el santificado, el testigo fiel, el digno de ser felicitado —¡ojalá yo sea hallado siguiendo sus huellas cuando llegue a Dios!—, quien en toda carta se acuerda de ustedes en Cristo Jesús.

    Reuniones frecuentes y de armonía

    13.1–13.2

    13.1 Procuren, pues, reunirse con más frecuencia para la Eucaristía y para la gloria de Dios. Cuando se juntan frecuentemente, se derriban los poderes de Satanás y se destruye su ruina por la concordia de su fe. 13.2 Nada hay mejor que la paz, en la cual toda guerra queda abolida, tanto la de los seres celestiales como la de los terrestres.

    Palabras versus obras

    14.1–15.3

    14.1 Nada de esto se les oculta, si tienen perfecta fe y amor hacia Jesucristo. Pues éstos son principio y fin de la vida: la fe es principio, el amor es fin, y ambos unidos en unidad están en Dios; todo lo demás que conduce a la nobleza los sigue.
    14.2 Nadie que profesa la fe peca, ni quien posee amor odia. El árbol se conoce por su fruto; así los que profesan ser de Cristo se reconocerán por sus obras. Pues la obra no es cuestión de lo que ahora se promete, sino de perseverar hasta el fin en el poder de la fe. 15.1 Mejor es callar y ser, que hablar y no ser. Es bueno enseñar, si quien habla también hace. Uno solo es el maestro, que dijo e hizo; y aun lo que hizo callando es digno del Padre. 15.2 Quien verdaderamente posee la palabra de Jesús también puede escuchar su silencio, para ser perfecto, para obrar por lo que dice y ser conocido por lo que calla. 15.3 Nada se oculta al Señor; aun nuestros secretos están cerca de él. Hagamos, pues, todas las cosas como si él habitara en nosotros, para que seamos sus templos y él sea nuestro Dios en nosotros —lo cual es real y se manifestará ante nosotros por el amor que justamente le tenemos.
    Comentario editorial · «Hechas Dios»: dos lecturas posibles
    En el texto griego aparece la expresión genómena Theós, que literalmente podría traducirse como "hechas Dios" o "convertidas en Dios". Sin embargo, también puede entenderse como "proceden de Dios" o "son obra de Dios". Aquí no se traduce como "son Dios" porque Ignacio no está diciendo que las cosas sean Dios en sí mismas, sino que vienen de Dios o que Dios es quien las hace. Es una forma de decir que todo lo bueno tiene su origen en Dios, sin confundir a las cosas con Dios mismo.

    El hedor de la enseñanza perversa

    16.1–17.2

    16.1 No se engañen, hermanos míos: los corruptores de hogares no heredarán el reino de Dios. 16.2 Si los que hacen estas cosas según la carne mueren, ¡cuánto más si alguien corrompe con mala doctrina la fe en Dios, por la cual Jesucristo fue crucificado! Tal persona, habiéndose contaminado, irá al fuego inextinguible, lo mismo que quien lo escucha. 17.1 Por esto el Señor recibió ungüento sobre su cabeza: para exhalar incorrupción a la iglesia. No se unjan con el hedor de la doctrina del príncipe de este siglo, no sea que los lleve cautivos y los prive de la vida que les está propuesta. 17.2 ¿Por qué no nos hacemos todos sabios recibiendo el conocimiento de Dios, que es Jesucristo? ¿Por qué perecemos neciamente, ignorando el don que el Señor envió verdaderamente?

    El misterio de la muerte de Jesús

    18.1–19.3

    18.1 Mi espíritu es ofrenda humilde por la cruz, que es escándalo para los incrédulos, pero para nosotros salvación y vida eterna. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el disputador? ¿Dónde la jactancia de los que se tienen por entendidos? 18.2 Pues nuestro Dios, Jesús el Cristo, fue concebido por María según el plan de Dios, del linaje de David, y por obra del Espíritu Santo; nació y fue bautizado para purificar el agua con su pasión. 19.1 Se ocultaron al príncipe de este siglo la virginidad de María y su parto, lo mismo que la muerte del Señor: tres misterios de proclamación, que se realizaron en el silencio de Dios. 19.2 ¿Cómo, pues, se manifestaron a los siglos? Una estrella brilló en el cielo más que todos los astros, y su luz era indescriptible, y su novedad causaba extrañeza. Todos los demás astros, junto con el sol y la luna, formaron coro a la estrella, pero ella superaba con su luz a todos; y había perplejidad de dónde venía esta novedad tan distinta de ellos. 19.3 Por eso se disolvía toda magia y todo lazo se desvanecía; desaparecía la ignorancia de la maldad, se destruía el reino antiguo, al manifestarse Dios humanamente para novedad de vida eterna; y comenzaba a tomar efecto lo que había sido preparado junto a Dios. De ahí que todo se conmoviera, porque se meditaba la destrucción de la muerte.

    Promesa de segunda carta

    20.1–20.2

    20.1 Si Jesucristo me juzga digno por su oración, y es su voluntad, en el segundo opúsculo que pienso escribirles les explicaré más la dispensación de la que comencé a hablar, sobre el hombre nuevo Jesucristo, en su fe y en su amor, en su pasión y resurrección, 20.2 especialmente si el Señor me revela algo. Reúnanse todos juntos, cada uno y en común, en la gracia, en un solo nombre, en una sola fe y en un solo Jesucristo, que según la carne es del linaje de David, Hijo del hombre e Hijo de Dios, para obedecer al obispo y al cuerpo de presbíteros con mente serena, partiendo un solo pan, que es medicina de inmortalidad, antídoto para no morir sino vivir para siempre en Jesucristo.

    Saludos personales y peticiones de despedida

    21.1–21.2

    21.1 Soy su ofrenda, lo mismo que los que enviaron para gloria de Dios a Esmirna, desde donde les escribo dando gracias al Señor, amando a Policarpo como también a ustedes. Acuérdense de mí, como también Jesucristo se acuerda de ustedes. 21.2 Oren por la iglesia que está en Siria, desde donde soy llevado encadenado a Roma, siendo el último de los fieles de allí, según fui juzgado digno de ser hallado para gloria de Dios. Que les vaya bien en Dios Padre y en Jesucristo, nuestra esperanza común.

    Carta a los Magnesios

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a la iglesia bendecida por la gracia de Dios Padre en Cristo Jesús nuestro Salvador, que está en Magnesia del Meandro, en quien los saludo y les deseo abundante gozo en Dios Padre y en Jesucristo.

    Cadenas y dignidad

    1.1–1.3

    1.1 Conociendo su buena disposición en el amor hacia Dios, lleno de alegría, decidí dirigirles la palabra en la fe de Jesucristo. 1.2 Pues habiendo sido juzgado digno de llevar un nombre santísimo, en estas cadenas que porto canto a las iglesias, y ruego que en ellas haya unión de carne y espíritu que viene de Jesucristo, nuestra vida imperecedera, y de fe y amor, a lo cual nada es preferible, y —lo más importante— de Jesús y del Padre. 1.3 En él alcanzaremos a Dios, si soportamos pacientemente todo el maltrato del príncipe de este siglo y escapamos.

    Obediencia al obispo

    2–4

    2 Ya que fui juzgado digno de verlos a través de Damas, su obispo digno de Dios, y de los presbíteros dignos Baso y Apolonio, y mi consiervo el diácono Zotión —¡que yo goce de su compañía!—, porque él se somete al obispo como a la gracia de Dios, y al consejo de presbíteros como a la ley de Jesucristo.
    3.1 También a ustedes les conviene no aprovecharse de la juventud del obispo, sino darle toda reverencia según el poder de Dios Padre, tal como sé que los santos presbíteros no han aprovechado su apariencia juvenil, sino que le conceden lugar como quien es prudente en Dios; no a él realmente, sino al Padre de Jesucristo, obispo de todos. 3.2 Por el honor, pues, de aquel que los amó, conviene obedecer sin ninguna hipocresía; porque no es tanto engañar a este obispo que se ve, sino burlar al Invisible. En tal caso, no debe tener en cuenta la carne, sino a Dios, que conoce nuestros secretos.
    4 Es propio, por tanto, no solo ser llamados cristianos, sino serlo de verdad, a diferencia de algunos que llaman obispo a un hombre, pero hacen todo sin él. Tales personas no me parece que actúan con buena conciencia, por cuanto no se reúnen válidamente según el mandamiento.
    Comentario editorial · Obispo, presbíteros y diáconos
    Ignacio presenta consistentemente una estructura eclesial de tres órdenes: obispo (epískopos), presbíteros (presbyteroi) y diáconos (diákonoi). Esta tríada aparece en todas sus cartas como modelo de unidad y orden. Para Ignacio, el obispo representa la presencia de Cristo, los presbíteros el consejo apostólico, y los diáconos el servicio ministerial. Es uno de los testimonios más antiguos de esta estructura jerárquica definida.

    Los dos caminos

    5.1–7.2

    5.1 Puesto que todas las cosas tienen fin, dos cosas se presentan juntas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. 5.2 Pues así como hay dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y cada una tiene impreso su propio sello, así los incrédulos llevan el sello de este mundo, pero los fieles en amor llevan el sello de Dios Padre por medio de Jesucristo, cuya vida no está en nosotros a menos que escojamos voluntariamente morir en su pasión.
    6.1 Ya que en las personas antes mencionadas he contemplado por fe a toda la congregación y la he amado, les aconsejo: procuren hacer todas las cosas en concordia divina, presidiendo el obispo en lugar de Dios y los presbíteros en lugar del consejo de los apóstoles, y los diáconos, dulcísimos para mí, a quienes se ha confiado el ministerio de Jesucristo, quien desde antes de los siglos estaba con el Padre y al final de los tiempos se nos reveló. 6.2 Todos, pues, tomando la misma disposición de Dios, respétense mutuamente, y que nadie mire a su prójimo según la carne, sino ámense unos a otros siempre en Jesucristo. Que nada haya entre ustedes que pueda dividirlos, sino únanse al obispo y a los que presiden, como ejemplo y enseñanza de incorruptibilidad.
    7.1 Así como el Señor nada hizo sin el Padre —estando unido con él—, ni por sí mismo ni por medio de los apóstoles, así tampoco ustedes hagan nada sin el obispo y los presbíteros. No decidan por cuenta propia lo que les parezca razonable, sino reuniéndose: una oración, una súplica, una mente, una esperanza, en amor y gozo sin mancha, que es Jesucristo, que nada hay mejor que él. 7.2 Corran todos como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, hacia un solo Jesucristo, el que salió de un solo Padre y está en el Uno y volvió al Uno.

    Judaísmo y Cristianismo

    8.1–10.3

    8.1 No se dejen engañar por doctrinas extrañas ni por fábulas antiguas que no sirven para nada. Porque si hasta ahora vivimos según el judaísmo, confesamos no haber recibido la gracia. 8.2 Pues los profetas más divinos vivieron según Cristo Jesús. Por eso también fueron perseguidos, inspirados por su gracia para convencer plenamente a los desobedientes de que hay un solo Dios que se manifestó por medio de Jesucristo su Hijo, que es su Palabra que salió del silencio, quien en todo agradó al que lo envió.
    9.1 Si, entonces, los que se habían comportado según las costumbres antiguas vinieron a la novedad de esperanza, ya no guardando el sábado sino viviendo según el día del Señor, en el cual nuestra vida también resurgió por él y por su muerte —que algunos niegan—, misterio por el cual llegamos a creer, y por esto perseveramos para ser hallados discípulos de Jesucristo, nuestro único maestro, 9.2 ¿cómo podremos vivir sin aquel a quien incluso los profetas, siendo sus discípulos en el Espíritu, lo esperaban como maestro? Y por eso, al que justamente aguardaban, cuando vino los resucitó de entre los muertos.
    10.1 No seamos, pues, insensibles a su bondad. Porque si él imitara nuestra manera de actuar, ya no existiríamos. Por eso, habiéndonos hecho sus discípulos, aprendamos a vivir según el cristianismo. Quien es llamado por otro nombre que no sea este, no es de Dios. 10.2 Desechen, pues, la levadura mala, que se ha vuelto rancia y agria, y transfórmense en levadura nueva, que es Jesucristo. Sazónense en él, para que ninguno de ustedes se corrompa, pues por el olor serán puestos en evidencia. 10.3 Es absurdo hablar de Jesucristo y judaizar. Porque el cristianismo no creyó en el judaísmo, sino el judaísmo en el cristianismo, en el cual toda lengua que creyó en Dios fue reunida.
    Comentario editorial · ¿«Día del Señor» o «vida del Señor»?
    El griego permite leer tanto "día del Señor" (kyriakē hēmera) como "vida del Señor" (kyriakē zōē). La primera lectura sugiere una referencia temprana al domingo cristiano; la segunda enfatiza el modo de vida centrado en Cristo. El debate continúa entre los especialistas, aunque "día del Señor" es la lectura mayoritaria.

    La realidad de las experiencias humanas de Jesús

    11

    11 Estas cosas las escribo, queridos míos, no porque haya sabido que algunos de ustedes son así, sino que, siendo menor que ustedes, quiero prevenirlos para que no caigan en los anzuelos de la vana opinión, sino que se persuadan plenamente del nacimiento, la pasión y la resurrección que ocurrieron en el tiempo del gobierno de Poncio Pilato, cosas realizadas verdadera y firmemente por Jesucristo, nuestra esperanza, de la cual ninguno de ustedes sea jamás apartado.

    Obediencia al Obispo

    12–13.2

    12 ¡Que yo goce de ustedes en todo, si es que soy digno! Pues aunque esté encadenado, no soy comparable a uno de ustedes que están en libertad. Sé que no se envanecen, porque tienen a Jesucristo en ustedes. Y más aún, cuando los alabo, sé que se avergüenzan, como está escrito: "El justo es su propio acusador."
    13.1 Procuren, pues, estar firmemente establecidos en las enseñanzas del Señor y de los apóstoles, para que en todo lo que hagan prosperen en carne y espíritu, en fe y amor, en el Hijo y el Padre y en el Espíritu, en el principio y en el fin, junto con su obispo dignísimo y la corona espiritual bellamente tejida de su consejo de presbíteros y los diáconos según Dios. 13.2 Sométanse al obispo y unos a otros, como Jesucristo al Padre según la carne, y los apóstoles a Cristo y al Padre, para que haya unión tanto carnal como espiritual.

    Saludos y despedida

    14–15

    14 Sabiendo que están llenos de Dios, brevemente los he exhortado. Recuérdenme en sus oraciones, para que alcance a Dios; recuerden también la iglesia en Siria, de la cual no soy digno de ser llamado miembro. Pues necesito su oración unida en Dios y su amor, para que la iglesia en Siria sea juzgada digna de ser refrescada con el rocío de sus fervientes súplicas.
    15 Los saludan los efesios desde Esmirna, desde donde les escribo. Están aquí para gloria de Dios, como también ustedes, y me han consolado en todo, junto con Policarpo, obispo de los esmirneanos. También las demás iglesias los saludan en honor de Jesucristo. Permanezcan firmes en la concordia de Dios, poseyendo un espíritu indiviso, el cual es Jesucristo.

    Carta a los Tralianos

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a la santa iglesia amada por Dios Padre de Jesucristo que está en Trales de Asia, elegida y digna de Dios, en paz en carne y espíritu por la pasión de Jesucristo, nuestra esperanza en la resurrección que en él tendremos, a quienes también saludo en la plenitud de Dios con carácter apostólico y deseo abundante gozo.

    Elogio a los tralianos

    1.1–1.2

    1.1 Reconocí que tienen una disposición irreprochable e inquebrantable en la paciencia, no por costumbre sino por naturaleza, según me informó Polibio su obispo, quien vino a mí en Esmirna por voluntad de Dios y de Jesucristo, y de tal manera se regocijó conmigo, prisionero en Cristo Jesús, que en él contemplé a toda su congregación. 1.2 Habiendo recibido, pues, su benevolencia según Dios por medio de él, glorifiqué a Dios al hallar que eran, como había sabido, imitadores de Dios.

    Obediencia al obispo

    2.1–3.3

    2.1 Pues cuando se someten al obispo como a Jesucristo, me parece evidente que no viven según criterios humanos, sino según Jesucristo, quien murió por nosotros para que, creyendo en su muerte, escaparan de la muerte. 2.2 Es necesario, por tanto, tal como hacen, no hacer nada sin el obispo, sino someterse también al consejo de presbíteros como a los apóstoles de Jesucristo, nuestra esperanza, en quien seremos hallados si así vivimos.
    2.3 Además, es necesario que los diáconos, siendo servidores de los misterios de Jesucristo, agraden a todos en todo sentido. Pues no son diáconos de comidas y bebidas, sino ministros de la iglesia de Dios. Por tanto, deben guardarse de las acusaciones como del fuego.
    3.1 Igualmente, que todos respeten a los diáconos como a Jesucristo, así como al obispo, que es figura del Padre, y a los presbíteros como consejo de Dios y como vínculo de apóstoles. Sin estos, no se llama iglesia. 3.2 De esto estoy persuadido que así lo tienen, pues recibí el ejemplo de su amor y lo llevo conmigo en su obispo, cuya misma presencia es gran enseñanza, y su mansedumbre es poder; creo que hasta los impíos lo respetan. 3.3 Porque los amo, los perdono, aunque podría escribir más severamente sobre esto. Pero no me creí capacitado para esto, para que yo, siendo un condenado, les dé órdenes como si fuera apóstol.

    Sufrimiento y verdadero discipulado

    4.1–5.2

    4.1 Tengo muchos pensamientos profundos en Dios, pero me mido a mí mismo, para no perecer por la jactancia. Ahora debo temer más y no prestar atención a los que me adulan, pues los que me hablan así me atormentan. 4.2 Porque amo el padecer, pero no sé si soy digno; pues la envidia, aunque no es visible para muchos, me combate más aún. Necesito, pues, mansedumbre, por la cual es destruido el príncipe de este siglo.
    5.1 ¿No podría yo escribirles acerca de las cosas celestiales? Pero temo causarles daño, siendo ustedes como niños. Les pido comprensión, no sea que, si no pueden recibirlo, se ahoguen. 5.2 Porque yo mismo, aunque estoy encadenado y puedo entender las realidades celestiales, las moradas de los ángeles y las órdenes de los principados, lo visible y lo invisible, aun así, no por eso soy ya un verdadero discípulo. Pues todavía nos falta mucho, para que no nos falte Dios.

    El peligro de la falsa enseñanza

    6.1–6.2

    6.1 Los exhorto, pues —no yo, sino el amor de Jesucristo—, usen solamente el alimento cristiano, y absténganse de toda planta extraña, que es herejía. 6.2 Estos, entremezclándose, presentan a Jesucristo como digno de fe, como quien da droga mortal con vino dulce, que el incauto recibe sin temor, y así con placer funesto bebe la muerte.

    Seguridad bajo el obispo

    7.1–7.2

    7.1 Guárdense, pues, de tales personas. Y lo harán si no se envanecen y permanecen inseparables de Jesucristo y del obispo y de los mandamientos de los apóstoles. 7.2 El que está dentro del altar está limpio, pero el que está fuera del altar no está limpio. Esto es: quien hace algo sin el obispo, el consejo de presbíteros y los diáconos, este no está limpio en su conciencia.

    Prevención contra el error

    8.1–8.2

    8.1 No porque haya conocido algo semejante entre ustedes, sino que los protejo de antemano por ser mis amados, previendo las asechanzas del diablo. Ustedes, pues, tomando la mansedumbre, restáurense en la fe, que es carne del Señor, y en el amor, que es sangre de Jesucristo. 8.2 Que ninguno de ustedes guarde rencor contra el prójimo. No den oportunidades a los gentiles, para que por causa de unos pocos insensatos no sea blasfemada la multitud piadosa. Pues "¡ay de aquel por cuya vanidad es blasfemado mi nombre entre algunos!" (cit.)
    Comentario editorial · «La fe es carne del Señor»
    Cuando Ignacio dice que "la fe es carne del Señor" y "el amor es sangre de Jesucristo", no quiere decir que estas virtudes sean literalmente carne o sangre. Más bien, usa estas imágenes para mostrar que la fe y el amor nos unen de manera real a Jesús, especialmente en la Eucaristía, y que lo espiritual y lo concreto van de la mano en la vida cristiana.

    La realidad de las experiencias humanas de Jesús

    9.1–11.2

    9.1 Háganse sordos, pues, cuando alguien les hable prescindiendo de Jesucristo, el del linaje de David, el de María, quien verdaderamente nació, comió y bebió, verdaderamente fue perseguido bajo Poncio Pilato, verdaderamente fue crucificado y murió a la vista de los celestiales, terrestres y subterráneos. 9.2 Quien también verdaderamente resucitó de entre los muertos, habiéndolo resucitado su Padre, quien de la misma manera también nos resucitará en Cristo Jesús a nosotros que creemos en él, sin el cual no tenemos la vida verdadera.
    10 Pero si, como algunos impíos, es decir, incrédulos, dicen que sufrió solo en apariencia —siendo ellos mismos mera apariencia—, ¿por qué estoy encadenado? ¿Y por qué deseo luchar con fieras? En vano, pues, muero. ¿Acaso, entonces, miento acerca del Señor?
    11.1 Huyan, por tanto, de esos malignos retoños que producen fruto mortífero, del cual si alguien gusta, inmediatamente muere. Pues estos no son plantío del Padre. 11.2 Porque si lo fueran, aparecerían como ramas de la cruz, y su fruto sería incorruptible, por la cual en su pasión los llama a ustedes que son sus miembros. La cabeza, pues, no puede nacer sin miembros, prometiendo Dios la unidad, que es él mismo.

    Saludos personales y peticiones finales

    12.1–13.3

    12.1 Los saludo desde Esmirna junto con las iglesias de Dios que están aquí conmigo, las cuales me han consolado en todo sentido, en cuerpo y espíritu. 12.2 Mis cadenas los exhortan, las cuales llevo por causa de Jesucristo pidiendo alcanzar a Dios: permanezcan en su concordia y en la oración mutua. Pues conviene a ustedes, a cada uno en particular, y especialmente a los presbíteros, alentar al obispo para honor del Padre y de Jesucristo y de los apóstoles. 12.3 Ruego que me escuchen en amor, para que no sea testimonio contra ustedes por haberles escrito. Y oren también por mí, necesitando su amor en la misericordia de Dios, para ser juzgado digno de la suerte que busco alcanzar, no sea que sea hallado descalificado.
    13.1 El amor de los esmirneanos y efesios los saluda. Recuerden en sus oraciones la iglesia en Siria, de la cual no soy digno de ser llamado miembro, siendo el último de aquellos. 13.2 Permanezcan firmes en Jesucristo, sometiéndose al obispo como al mandamiento, igualmente al consejo de presbíteros. Y ámense unos a otros, cada uno, con corazón indiviso. 13.3 Mi espíritu se consagra por ustedes, no solo ahora sino también cuando alcance a Dios. Pues aún estoy en peligro, pero fiel es el Padre en Jesucristo para cumplir mi petición y la de ustedes; en él seamos hallados irreprochables.

    Carta a los Romanos

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a la iglesia que ha hallado misericordia en la majestad del Padre Altísimo y de Jesucristo su único Hijo, iglesia amada e iluminada por la voluntad de aquel que quiso todas las cosas que existen, según la fe y el amor de Jesucristo nuestro Dios, que también preside en el territorio de la región de los romanos, digna de Dios, digna de honor, digna de bendición, digna de alabanza, digna de éxito, digna de santificación, y que preside en el amor, que guarda la ley de Cristo, que lleva el nombre del Padre, a la cual también saludo en el nombre de Jesucristo, Hijo del Padre; a los que están unidos en carne y espíritu a todo mandamiento suyo, llenos de la gracia de Dios sin vacilar y purificados de todo color extraño: abundante gozo irreprochable en Jesucristo nuestro Dios.
    Comentario editorial · ¿Qué significa «presidir en el amor»?
    Cuando Ignacio dice que la iglesia de Roma "preside en el territorio de los romanos" y "preside en el amor", está usando frases que en griego tienen mucho peso y han sido discutidas por siglos. No quiere decir que Roma mandaba oficialmente sobre todas las demás iglesias (no habla de poder legal o de gobierno), sino que le reconoce un lugar especial de respeto y liderazgo moral dentro de la comunidad cristiana (koinonía) de ese tiempo. Es como decir: "Roma es un ejemplo de amor y fe para todos". Tiene mucho mas sentido cuando pensamos que gran parte de las persecuciones a cristianos hasta el momento fueron en Roma, y por tanto su ejemplo de fe y amor serían cuanto menos valorado por sus iglesias hermanas.

    Petición de no impedir su martirio

    1.1–2.2

    1.1 Ya que al orar a Dios logré ver sus rostros dignos de Dios, de manera que he recibido más de lo que pedía —pues espero saludarlos encadenado en Cristo Jesús, si es voluntad suya que sea juzgado digno de llegar al fin—, 1.2 pues el principio ha sido favorable, con tal de que alcance la gracia de recibir mi destino sin impedimento. Porque temo su amor, no sea que me cause daño; pues a ustedes les es fácil hacer lo que quieran, pero a mí me es difícil alcanzar a Dios, a menos que me perdonen.
    2.1 Pues no quiero que agraden a los hombres, sino a Dios, como de hecho hacen. Porque nunca más tendré una ocasión como esta de alcanzar a Dios, ni ustedes, si guardan silencio, podrán asociarse con una obra mayor. Pues si guardan silencio y me dejan, seré palabra de Dios; pero si aman mi carne, entonces seré nuevamente mera voz. 2.2 No me concedan nada más que ser derramado como ofrenda a Dios, mientras hay aún un altar preparado, para que formando coro en el amor canten al Padre en Jesucristo, porque Dios juzgó digno que el obispo de Siria fuera hallado en el occidente, habiéndolo llamado desde el oriente. Es hermoso partir del mundo hacia Dios, para así resucitar en él.

    El martirio: prueba verdadera del cristiano

    3.1–3.3

    3.1 Nunca tuvieron envidia de nadie; a otros enseñaron. Y mi deseo es que permanezcan firmes aquellas instrucciones que imparten cuando enseñan como discípulos. 3.2 Solo pidan para mí fuerza interior y exterior, para que no solo hable sino también quiera, para que no solo sea llamado cristiano, sino que de verdad sea hallado tal. Pues si soy hallado tal, también puedo ser llamado, y entonces seré fiel cuando ya no sea visible al mundo. 3.3 Nada de lo que es visible es bueno. Pues nuestro Dios Jesucristo, estando en el Padre, se hace más visible. La obra no es de persuasión, sino que el cristianismo es grande cuando es odiado por el mundo.
    Comentario editorial · «Nada visible es bueno»: una hipérbole
    Cuando Ignacio dice "nada de lo que es visible es bueno", está usando una forma exagerada de hablar propia de quienes buscan vivir de manera muy entregada a Dios (ascética), especialmente en el contexto del martirio. No quiere decir que lo material o el mundo sean malos en sí mismos, sino que, comparados con el valor de encontrarse con Dios, todo lo demás pierde importancia. Ignacio quiere resaltar que lo más importante es la vida con Dios, y que los bienes materiales son secundarios frente a ese objetivo. Recuerda el dilema de Pablo en
    .

    Sacrificio como verdadero discipulado

    4.1–4.3

    4.1 Escribo a todas las iglesias e insisto a todos que yo muero voluntariamente por Dios, si ustedes no me lo impiden. Les suplico: no sean para mí una bondad inoportuna. Déjenme ser alimento de las fieras, por las cuales puedo alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios, y por los dientes de las fieras soy molido, para ser hallado pan puro. 4.2 Más bien halagen a las fieras, para que se conviertan en mi sepulcro y no dejen nada de mi cuerpo, para que al dormir no sea carga para nadie. Entonces seré verdaderamente discípulo de Jesucristo, cuando el mundo ya no vea mi cuerpo. Rueguen al Señor por mí, para que por medio de estos instrumentos sea hallado sacrificio de Dios. 4.3 No les mando como Pedro y Pablo: ellos eran apóstoles, yo soy un condenado; ellos eran libres, yo hasta ahora soy esclavo. Pero si padezco, seré liberto de Jesucristo, y resucitaré libre en él. Ahora aprendo, estando encadenado, a no desear nada.

    Deseo de enfrentar, no huir del martirio

    5.1–6.1

    5.1 Desde Siria hasta Roma lucho con las fieras, por tierra y mar, de noche y de día, encadenado a diez leopardos —es decir, un pelotón de soldados—, que tratados con bondad se vuelven peores. Pero con sus injusticias me hago más discípulo, aunque no por eso soy justificado. 5.2 ¡Que goce yo de las fieras que me están preparadas! Y ruego que se muestren prontas conmigo. Hasta las halagaré para que me devoren rápidamente, no como a algunos a quienes por cobardía no tocaron. Y si cuando yo esté dispuesto ellas no quieren, yo las forzaré. 5.3 Perdónenme: yo sé qué me conviene. Ahora comienzo a ser discípulo. Que nada visible o invisible me tenga envidia, para que alcance a Jesucristo. Fuego y cruz y manadas de fieras, mutilaciones, desgarramientos, dislocaciones de huesos, amputación de miembros, trituración de todo el cuerpo, crueles tormentos del diablo: que vengan sobre mí, con tal de que alcance a Jesucristo.
    6.1 De nada me sirven los confines del mundo ni los reinos de este siglo. Mejor es para mí morir por Jesucristo que reinar sobre los confines de la tierra. A aquel busco, que murió por nosotros; a aquel quiero, que resucitó por nosotros. Los dolores de parto me sobrevienen.

    Anhelo de vida a través de la muerte

    6.2–8.3

    6.2 Perdónenme, hermanos: no me impidan vivir, no quieran que muera. Al que quiere ser de Dios no lo entreguen al mundo, ni lo seduzcan con lo material. Déjenme recibir la luz pura; llegando allá, seré hombre. 6.3 Permítanme ser imitador de la pasión de mi Dios. Si alguien lo tiene dentro de sí, que entienda lo que quiero y que simpatice conmigo, conociendo lo que me constriñe.
    7.1 El príncipe de este siglo quiere secuestrarme y corromper mi propósito hacia Dios. Que ninguno de ustedes que están presentes lo ayude; más bien pónganse de mi parte, es decir, de Dios. No hablen de Jesucristo mientras desean el mundo. 7.2 Que no more entre ustedes la envidia. Y aunque cuando esté presente yo mismo les ruegue, no me obedezcan; crean más bien en esto que les escribo. Pues les escribo estando vivo, pero enamorado de la muerte. Mi amor ha sido crucificado, y no hay en mí fuego que ame la materia, sino agua viva y que habla en mí, diciéndome por dentro: "Ven al Padre". 7.3 No me deleito en alimento de corrupción ni en los placeres de esta vida. Quiero el pan de Dios, que es la carne de Cristo, el del linaje de David; y por bebida quiero su sangre, que es amor incorruptible.
    8.1 Ya no quiero vivir según los hombres. Esto será, si ustedes quieren. Quieran, para que también ustedes sean queridos. 8.2 Con estas pocas líneas les ruego: créanme. Jesucristo les hará manifiesto que hablo verdad, él que es la boca veraz por la cual el Padre habló verdaderamente. 8.3 Oren por mí, para que alcance la meta. No les escribí según la carne, sino según el pensamiento de Dios. Si padezco, me habrán querido; si soy desechado, me habrán aborrecido.

    Saludos personales y peticiones finales

    9.1–10.3

    9.1 Recuerden en su oración la iglesia en Siria, que en lugar de mí tiene a Dios por pastor. Solo Jesucristo la pastoreará, y su amor. 9.2 Yo me avergüenzo de ser contado entre ellos, pues no soy digno, siendo el último de ellos y como un aborto; pero he recibido misericordia de ser alguien, si alcanzo a Dios. 9.3 Los saluda mi espíritu y el amor de las iglesias que me recibieron en el nombre de Jesucristo, no como a simple viajero. Pues incluso las que no estaban en mi ruta según la carne me escoltaron de ciudad en ciudad.
    10.1 Les escribo esto desde Esmirna por medio de los efesios, dignísimos de bendición. Está también conmigo, junto con otros muchos, Croco, nombre para mí entrañable. 10.2 Respecto a los que me precedieron de Siria a Roma para gloria de Dios, creo que ya tienen noticias. Díganles que estoy cerca, pues todos son dignos de Dios y de ustedes, y es propio que los consuelen en todo. 10.3 Les escribí esto el día noveno antes de las calendas de septiembre. Permanezcan firmes hasta el fin en la paciencia de Jesucristo.
    Comentario editorial · La fecha de la carta
    Cuando Ignacio dice "el día noveno antes de las calendas de septiembre", está usando el calendario romano antiguo. Las "calendas" eran el primer día de cada mes, así que contar nueve días antes de las calendas de septiembre (contando ambos días, como hacían los romanos) nos da el 24 de agosto. Es raro encontrar una fecha tan exacta en los escritos cristianos antiguos, por eso llama la atención.

    Carta a los Filadelfienses

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a la iglesia de Dios Padre y de Jesucristo que está en Filadelfia de Asia, la que ha hallado misericordia y está firmemente establecida en la concordia de Dios, y se regocija sin vacilar en la pasión de nuestro Señor, y está plenamente convencida de su resurrección en toda misericordia, a la cual saludo en la sangre de Jesucristo, que es gozo eterno y permanente, especialmente si están unidos con el obispo y los presbíteros y diáconos que están con él, designados según la mente de Jesucristo, a quienes él, conforme a su propia voluntad, estableció firmemente por su Santo Espíritu.

    Elogio del obispo

    1.1–1.2

    1.1 Reconocí que su obispo obtuvo un ministerio —que pertenece a toda la comunidad— no por sí mismo ni por medio de hombres ni por vanagloria, sino en el amor de Dios Padre y del Señor Jesucristo. Me impresiona su paciencia: callando puede más que los que hablan. 1.2 Pues está en armonía con los mandamientos como la cítara con sus cuerdas. Por eso mi alma bendice su mente dirigida hacia Dios, reconociendo que es virtuosa y perfecta, su firmeza y su ausencia de ira, viviendo en toda mansedumbre del Dios viviente.

    Advertencias sobre divisiones

    2.1–4

    2.1 Hijos, pues, de la luz de la verdad, huyan de la división y las falsas enseñanzas. Donde está el pastor, allí sigan como ovejas. 2.2 Pues muchos lobos aparentemente dignos de confianza cautivan con placer perverso a los que corren hacia Dios, pero en su unidad no tendrán lugar.
    3.1 Apártense de las plantas malignas, que Jesucristo no cultiva, por no ser plantío del Padre. No es que haya encontrado división entre ustedes, sino purificación. 3.2 Pues todos los que son de Dios y de Jesucristo están con el obispo; y todos los que se arrepientan y vengan a la unidad de la iglesia, también estos serán de Dios, para que vivan según Jesucristo. 3.3 No se engañen, hermanos míos: si alguno sigue al que causa división, no heredará el reino de Dios; si alguno anda en doctrina ajena, este no consiente con la pasión.
    4 Procuren, por tanto, usar una sola Eucaristía, pues una es la carne de nuestro Señor Jesucristo, y una la copa para la unión de su sangre; un altar, como un obispo, junto con el consejo de presbíteros y diáconos, mis consiervos, para que todo lo que hagan, lo hagan según Dios.

    Seguridad en el evangelio y en la iglesia

    5.1–5.2

    5.1 Hermanos míos, reboso de amor por ustedes, y regocijándome en extremo les aseguro —no yo, sino Jesucristo, por quien estoy encadenado—, temo más por ser aún imperfecto. Pero su oración a Dios me perfeccionará, para que alcance la suerte en la cual he recibido misericordia, refugiándome en el evangelio como en la carne de Jesús, y en los apóstoles como en el consejo de presbíteros de la iglesia. 5.2 Y amemos también a los profetas, porque también ellos anunciaron hacia el evangelio y esperaron en él y lo aguardaron; en él también, creyendo, fueron salvos, estando en la unidad de Jesucristo, santos dignos de amor y admiración, atestiguados por Jesucristo y contados en el evangelio de la esperanza común.

    Advertencias sobre el judaísmo

    6.1–6.3

    6.1 Pero si alguno les interpreta el judaísmo, no lo escuchen. Pues mejor es oír el cristianismo de un hombre circuncidado que el judaísmo de un incircunciso. Pero si ambos no hablan de Jesucristo, estos son para mí lápidas y sepulcros de muertos, sobre los cuales solo están escritos nombres de hombres. 6.2 Huyan, pues, de las malas artes y asechanzas del príncipe de este siglo, no sea que, oprimidos por su plan, se debiliten en el amor; sino vengan todos a lo mismo con corazón indiviso.
    6.3 Doy gracias a mi Dios porque tengo buena conciencia con ustedes, y nadie puede gloriarse, ni en secreto ni en público, de que yo fuera carga para alguien en algo pequeño o grande. Y para todos aquellos a quienes hablé, ruego que no conviertan en testimonio contra ellos lo que dije.

    Revelación profética

    7.1–8.1

    7.1 Pues aunque algunos quisieron engañarme según la carne, el Espíritu no se engaña, siendo de Dios; pues sabe de dónde viene y adónde va, y descubre lo oculto. Grité estando entre ustedes, hablé con gran voz, voz de Dios: "Presten atención al obispo, al consejo de presbíteros y a los diáconos". 7.2 Ciertamente, los que sospecharon que yo decía esto porque conocía de antemano la división de algunos. Pero testigo mío es aquel por quien estoy encadenado, que no lo supe por carne humana. Sino que el Espíritu predicaba, diciendo: "No hagan nada sin el obispo. Guarden su carne como templo de Dios. Amen la unidad. Huyan de las divisiones. Háganse imitadores de Jesucristo, como también él de su Padre".
    8.1 Yo, pues, hacía lo mío como hombre destinado a la unidad. Pero donde hay división e ira, Dios no habita. El Señor, sin embargo, perdona a todos los que se arrepienten, si se arrepienten hacia la unidad de Dios y el consejo del obispo. Confío en la gracia de Jesucristo, que los librará de toda atadura.

    El evangelio versus el judaísmo

    8.2–9.2

    8.2 Pero les exhorto a no hacer nada por espíritu de contienda, sino según la enseñanza de Cristo. Pues oí a algunos decir: "Si no lo encuentro en los archivos, no lo creo en el evangelio". Y cuando les dije: "Está escrito", me respondieron: "Eso es precisamente lo que está en cuestión". Para mí los archivos son Jesucristo, los archivos inviolables son su cruz, su muerte, su resurrección y la fe que viene por él; en los cuales quiero, mediante su oración, ser justificado.
    9.1 Buenos eran también los sacerdotes, pero mejor es el sumo sacerdote a quien se confían los santos de los santos, quien solo tiene confiados los secretos de Dios, siendo él mismo puerta del Padre, por la cual entran Abraham, Isaac, Jacob, los profetas, los apóstoles y la iglesia. Todas estas cosas convergen en la unidad de Dios. 9.2 Pero el evangelio tiene algo distintivo: la venida del Salvador, nuestro Señor Jesucristo, su pasión y la resurrección. Pues los amados profetas anunciaron hacia él, pero el evangelio es la obra consumada de incorrupción. Todas estas cosas en conjunto son buenas, si las creen con amor.
    Comentario editorial · Qué son los «archivos»
    Ignacio llama "archivos" a las Escrituras judías, el Antiguo Testamento. Pero aquí se enfrenta a un debate crucial: ¿debemos juzgar a Cristo y el evangelio según las antiguas Escrituras, o debemos interpretar las antiguas Escrituras a la luz de Cristo? Ignacio rechaza la idea de que la fe cristiana deba ser validada únicamente por los textos antiguos y afirma que el centro de todo es la persona de Jesús: su cruz, muerte y resurrección. Así, la discusión no es solo sobre qué textos usar, sino sobre qué tiene prioridad: ¿la letra antigua o la revelación en Cristo? Este pasaje muestra que ya en las primeras comunidades cristianas existía la tensión entre quienes querían subordinar a Cristo a la interpretación literal de las Escrituras judías y quienes, como Ignacio, insistían en que todo el Antiguo Testamento debe ser entendido a partir de Cristo. Si limitamos a Cristo a nuestra interpretación de los "archivos" o permitimos que respire verdadera libertad y autoridad primera.
    Comentario editorial · El sumo sacerdote y el santuario
    Cuando Ignacio habla del "sumo sacerdote" y los "santos de los santos", está usando imágenes que también aparecen en la carta a los Hebreos (capítulos 4 al 10), donde se presenta a Jesús como el gran sacerdote que entra al lugar más sagrado. Además, al decir que Cristo es la "puerta del Padre", mezcla la idea del sacerdote del Antiguo Testamento con frases del evangelio de Juan (como Juan 10:9 y 14:6), donde Jesús dice que él es la puerta y el camino hacia Dios. Así, Ignacio une símbolos judíos y cristianos para mostrar que todo se centra en Jesús.

    Saludos personales y peticiones finales

    10.1–11.2

    10.1 Ya que según su oración y la compasión que tienen en Cristo Jesús se me informó que la iglesia en Antioquía de Siria está en paz, conviene a ustedes, como iglesia de Dios, nombrar un diácono para que vaya allí como embajador de Dios, para felicitarlos al reunirse y glorificar el Nombre. 10.2 Bienaventurado en Cristo Jesús quien sea juzgado digno de tal ministerio, y ustedes serán glorificados. No les será imposible, si quieren, hacerlo por el nombre de Dios; como también las iglesias cercanas enviaron obispos, y otras presbíteros y diáconos.
    11.1 Ahora, respecto a Filón, el diácono de Cilicia, hombre de buen testimonio, que incluso ahora me sirve en la palabra de Dios, junto con Reyo Agatópodo, hombre escogido que me siguió desde Siria habiendo renunciado a la vida: ellos dan testimonio de ustedes, y yo doy gracias a Dios por ustedes, porque los recibieron como también el Señor los recibió a ustedes. Pero los que los deshonraron, sean redimidos por la gracia de Jesucristo.
    11.2 Los saluda el amor de los hermanos en Tróade, desde donde también les escribo por medio de Burro, enviado conmigo por efesios y esmirneanos como señal de honor. El Señor Jesucristo los honrará, en quien esperan en cuerpo, alma, espíritu, fe, amor, y concordia. Permanezcan firmes en Cristo Jesús, nuestra esperanza común.

    Carta a los Esmirneanos

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a la iglesia de Dios Padre y del amado Jesucristo que está en Esmirna de Asia, la que ha hallado misericordia en todo don espiritual, llena de fe y amor, sin carecer de ningún carisma, dignísima de Dios y portadora de santidad: abundante gozo en espíritu irreprochable y palabra de Dios.

    La realidad de las experiencias humanas de Jesús

    1.1–3.3

    1.1 Glorifico a Jesucristo, el Dios que así los hizo sabios, pues observé que están establecidos en fe inquebrantable, como clavados en la cruz del Señor Jesucristo en carne y espíritu, y afianzados en amor por la sangre de Cristo, plenamente convencidos respecto a nuestro Señor: que verdaderamente es del linaje de David según la carne, Hijo de Dios según la voluntad y poder divinos, verdaderamente nacido de una virgen, bautizado por Juan para que se cumpliera en él toda justicia, 1.2 verdaderamente clavado en la carne por nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el tetrarca —de cuyo fruto existimos nosotros, es decir, de su pasión divinamente bendita—, para alzar un estandarte por los siglos mediante su resurrección hacia sus santos y fieles, ya sea entre judíos o entre gentiles, en el un solo cuerpo de su iglesia.
    2 Pues todas estas cosas las padeció por nosotros, para que fuésemos salvos; y verdaderamente padeció, como también verdaderamente resucitó, no como dicen algunos incrédulos que padeció solo en apariencia —siendo ellos los que existen en apariencia—, y conforme piensan, así les sucederá: ser incorpóreos y demoníacos.
    3.1 Pues yo sé y creo que él estaba en la carne incluso después de la resurrección; 3.2 y cuando vino a Pedro y a los que estaban con él, les dijo: "Tomen, tóquenme y vean que no soy un demonio incorpóreo". E inmediatamente lo tocaron y creyeron, uniéndose a su carne y sangre. Por esto también despreciaron la muerte; más aún, fueron hallados superiores a la muerte. 3.3 Y después de la resurrección comió y bebió con ellos como quien es corporal, aunque espiritualmente estaba unido al Padre.
    Comentario editorial · «Fue resucitado» o «resucitó»
    En algunos manuscritos y cartas de Ignacio se lee "fue resucitado por el Padre" en vez de la frase activa. Ignacio usa ambas formas para hablar de la resurrección, y no parece hacer diferencia entre una y otra.

    Advertencias sobre maestros del error

    4.1

    4.1 Estas cosas les aconsejo, amados, sabiendo que también ustedes piensan así. Pero los protejo de antemano contra las fieras con forma humana, a quienes no solo no deben recibir, sino, si es posible, ni siquiera encontrar. Solo oren por ellas, por si acaso se arrepienten, aunque es difícil. Pero Jesucristo, nuestra vida verdadera, tiene poder sobre esto.

    Martirio motivado por la pasión real de Jesús

    4.2–5.3

    4.2 Pues si estas cosas fueron hechas por nuestro Señor solo en apariencia, entonces también yo estoy encadenado en apariencia. ¿Y por qué, además, me he entregado a la muerte, al fuego, a la espada, a las fieras? Pero, en todo caso, "cerca de la espada" significa "cerca de Dios"; "entre las fieras" significa "entre Dios". Solo que sea en el nombre de Jesucristo, para padecer junto con él. Todo lo soporto porque él mismo, que es el hombre perfecto, me fortalece.
    5.1 A él, algunos por ignorancia lo niegan, o más bien han sido negados por él, siendo defensores de la muerte más que de la verdad. A estos no los persuadieron las profecías ni la ley de Moisés, ni hasta ahora el evangelio ni nuestros padecimientos individuales. 5.2 Pues también acerca de nosotros piensan lo mismo. ¿Pues de qué me sirve si alguien me alaba pero blasfema de mi Señor, no confesando que llevó carne? El que no dice esto, completamente lo ha negado, siendo portador de cadáver. 5.3 Sus nombres, siendo de incrédulos, no me pareció bien escribirlos. Más aún, que ni siquiera me sea dado recordarlos, hasta que se arrepientan respecto a la pasión, que es nuestra resurrección.

    Maestros malignos y creencias malvadas

    6.1–7.2

    6.1 Que nadie se engañe. Incluso los seres celestiales, la gloria de los ángeles y los gobernantes, visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo, también para ellos hay juicio. El que pueda entender, que entienda. Que la posición no envanezca a nadie, pues todo es fe y amor; nada es preferible a esto. 6.2 Pero observen a los que tienen opiniones heterodoxas sobre la gracia de Jesucristo que vino a nosotros, cómo son contrarios a la mente de Dios. No les importa el amor, ni la viuda, ni el huérfano, ni el afligido, ni el prisionero o el liberado, ni el hambriento o sediento. 6.3 Se abstienen de la Eucaristía y de la oración, porque no confiesan que la Eucaristía es carne de nuestro salvador Jesucristo, la que padeció por nuestros pecados, la cual el Padre en su bondad resucitó.
    7.1 Por tanto, los que contradicen el don de Dios, discutiendo, mueren. Les convendría amar, para que también resuciten. 7.2 Conviene, por tanto, apartarse de tales personas, y no hablar de ellas ni en privado ni en público, sino prestar atención a los profetas, y especialmente al evangelio, en el cual la pasión nos ha sido manifestada y la resurrección ha sido consumada.
    Comentario editorial · Eucaristía y carne real de Cristo
    Lo que dice Ignacio aquí sobre la Eucaristía se volvió una referencia clave para la teología cristiana después de él. Básicamente, deja claro que para participar en la Eucaristía hay que creer que Jesús realmente tuvo un cuerpo humano. Así, une la fe en la verdadera humanidad de Cristo con la práctica de la comunión, y eso se volvió una especie de “prueba” para saber quién seguía la enseñanza cristiana auténtica.

    Obediencia al obispo

    8.1–9.1

    8.1 Huyan de las divisiones como principio de males. Sigan todos al obispo como Jesucristo al Padre, y al consejo de presbíteros como a los apóstoles; respeten a los diáconos como mandamiento de Dios. Que nadie haga algo que atañe a la iglesia sin el obispo. Considérese válida aquella Eucaristía que esté bajo el obispo o a quien él autorice. 8.2 Donde aparezca el obispo, allí esté la congregación; así como donde esté Jesucristo, allí está la iglesia católica. No es lícito sin el obispo ni bautizar ni celebrar ágape, sino que lo que él apruebe, esto es también agradable a Dios, para que todo lo que hagan sea seguro y válido.
    9.1 Es razonable, finalmente, que volvamos en nosotros mientras aún tenemos tiempo de arrepentirnos hacia Dios. Bueno es reconocer a Dios y al obispo. El que honra al obispo ha sido honrado por Dios; el que hace algo a escondidas del obispo sirve al diablo.
    Comentario editorial · Primera mención de la «iglesia católica»
    Aquí es la primera vez que se usa el término "iglesia católica" en un escrito cristiano antiguo. En este contexto, "católica" significa simplemente "universal", es decir, la iglesia de todos los creyentes, y no tiene relación con ninguna denominación posterior. Además, cuando Ignacio menciona el "ágape", se refiere a una comida comunitaria especial que los primeros cristianos compartían como signo de unidad y amor fraterno, distinta de la Eucaristía pero relacionada con la vida de la comunidad.

    Gratitud por servicios prestados

    9.2–10.2

    9.2 Que todo, por tanto, les abunde en gracia, pues son dignos. Me consolaron en todo, y Jesucristo los consolará. Ausente y presente me amaron. Dios es su recompensa; soportándolo todo por él, lo alcanzarán.
    10.1 Hicieron bien en recibir a Filón y a Reyo Agatópodo, que me siguieron por causa de Dios, como diáconos de Dios. También ellos dan gracias al Señor por ustedes, porque los consolaron de toda manera. Nada de esto se les perderá. 10.2 Mi espíritu es rescate por ustedes, y mis cadenas, que no despreciaron ni se avergonzaron de ellas. Ni la esperanza perfecta, Jesucristo, se avergonzará de ustedes.

    Noticias sobre Antioquía

    11.1–11.3

    11.1 Su oración llegó a la iglesia que está en Antioquía de Siria; habiendo venido de allí atado con cadenas santísimas, saludo a todos, no siendo digno de ser de allí, por ser el último de ellos. Según la voluntad divina fui juzgado digno, no por testimonio de mi propia conciencia, sino por gracia de Dios, la cual ruego me sea dada en perfección, para que en su oración alcance a Dios. 11.2 Para que, pues, su obra sea perfecta tanto en la tierra como en el cielo, conviene que su iglesia nombre, para honor de Dios, un embajador de Dios que vaya hasta Siria a felicitarlos porque están en paz, han recuperado su propia grandeza y les ha sido restablecida su propia organización. 11.3 Me pareció, pues, obra digna de Dios enviar a uno de los suyos con carta, para que se una a glorificar la tranquilidad que les vino según Dios, y porque ya alcanzaron puerto seguro por su oración. Siendo perfectos, piensen también cosas perfectas; pues queriendo ustedes obrar bien, Dios está dispuesto a concedérselo.

    Saludos personales y despedida

    12.1–13.2

    12.1 Los saluda el amor de los hermanos que están en Tróade, desde donde también les escribo por medio de Burro, a quien enviaron conmigo junto con los efesios, sus hermanos, quien me consoló en todo. ¡Ojalá todos lo imitaran, siendo ejemplo de servicio a Dios! La gracia lo recompensará en todo. 12.2 Saludo al obispo digno de Dios, al consejo de presbíteros digno de Dios, a mis consiervos los diáconos, y a todos individual y colectivamente, en el nombre de Jesucristo y en su carne y sangre, pasión y resurrección carnal y espiritual, en unidad de Dios y de ustedes. Gracia, misericordia, paz, paciencia con ustedes siempre.
    13.1 Saludo las casas de mis hermanos con esposas e hijos, y las vírgenes llamadas viudas. Los despido en el poder del Padre. Filón, que está conmigo, los saluda. 13.2 Saludo la casa de Gavia, a quien ruego se afiance en fe y amor carnal y espiritual. Saludo a Alce, nombre querido para mí, y a Dafno el incomparable, y a Eutecno, y a todos por nombre. Permanezcan firmes en la gracia de Dios.

    Carta a Policarpo

    Saludo

    Saludo

    Ignacio, también llamado Portador de Dios, a Policarpo, obispo de la iglesia de los esmirneanos, o más bien quien tiene por obispo a Dios Padre y al Señor Jesucristo: abundante gozo.

    Instrucciones generales para un obispo

    1.1–1.3

    1.1 Aprobando tu mente dirigida hacia Dios, afianzada como sobre roca inconmovible, me glorío sobremanera, habiendo sido juzgado digno de ver tu rostro irreprochable. ¡Que me traiga gozo en Dios!
    1.2 Te exhorto por la gracia del que estás revestido: acelera tu carrera y exhorta a todos para que se salven. Vindica tu puesto con toda solicitud corporal y espiritual. Preocúpate de la unidad, pues nada hay mejor. Soporta a todos, como también el Señor te soporta a ti; persevera con todos en amor, como ya haces. 1.3 Dedícate a oraciones incesantes; pide mayor entendimiento del que tienes. Mantente despierto poseyendo espíritu que no duerme. Habla a cada uno según la manera de Dios. Lleva las enfermedades de todos, como atleta perfecto. Donde hay mayor trabajo, mucha es la ganancia.

    Sabiduría pastoral

    2.1–2.3

    2.1 Si amas a los discípulos buenos, no tienes mérito; más bien somete a los más problemáticos con mansedumbre. No toda herida se cura con el mismo emplasto; alivia las inflamaciones con compresas frías. 2.2 Sé prudente como la serpiente en todo, y siempre sencillo como la paloma. Por eso eres corporal y espiritual, para que trates con suavidad lo que se te presenta visiblemente; pero pide que se te revelen las cosas invisibles, para que no carezcas de nada y abundes en todo don espiritual. 2.3 El tiempo te requiere —como los pilotos necesitan vientos y como quien sufre tempestad necesita puerto— para alcanzar a Dios. Sé sobrio como atleta de Dios; el premio es la incorrupción y la vida eterna, de lo cual ya estás convencido. En todo soy tu rescate, yo y mis cadenas que amaste.

    Tratando con maestros del error

    3.1–3.2

    3.1 Que no te turben los que parecen dignos de confianza pero enseñan doctrinas extrañas. Mantente firme como yunque golpeado. Propio es de gran atleta ser golpeado y vencer. Pero especialmente por causa de Dios debemos soportarlo todo, para que también él nos soporte. 3.2 Sé más diligente de lo que eres. Discierne los tiempos. Espera al que está sobre el tiempo: el Eterno, el Invisible, quien por nosotros se hizo visible; el Intocable, el Impasible, quien por nosotros se hizo pasible, quien por nosotros soportó de toda manera.

    Protegiendo a los débiles

    4.1–4.3

    4.1 Que las viudas no sean descuidadas; después del Señor, sé tú su protector. Que nada se haga sin tu parecer, ni hagas tú nada sin el parecer de Dios, como tampoco lo haces. Permanece firme. 4.2 Que haya reuniones más frecuentes; busca a todos por nombre. 4.3 No desprecies a esclavos y esclavas, pero que tampoco se envanezcan; antes bien, que sirvan más fielmente para gloria de Dios, a fin de alcanzar de Dios mejor libertad. Que no deseen ser liberados a costa de la comunidad, para que no se hallen esclavos del deseo.

    Deberes de los casados

    5.1–5.2

    5.1 Huye de las malas artes; mejor aún, predica sobre ellas. Di a mis hermanas que amen al Señor y se contenten con sus esposos en carne y espíritu. Igualmente manda a mis hermanos en el nombre de Jesucristo que amen a sus esposas como el Señor a la iglesia. 5.2 Si alguno puede permanecer en castidad para honor de la carne del Señor, que permanezca sin jactarse. Si se jacta, se perdió; y si se hace conocer más allá del obispo, se corrompió. Conviene que los que se casan, hombres y mujeres, hagan su unión con parecer del obispo, para que el matrimonio sea según el Señor y no por pasión. Que todo se haga para honor de Dios.

    Obediencia al obispo; trabajo armonioso

    6.1–6.2

    6.1 Presten atención al obispo, para que Dios también les preste atención. Soy rescate de los que se someten al obispo, presbíteros, diáconos; que me sea concedido tener parte con ellos ante Dios. Trabajen juntos, compitan juntos, corran juntos, padezcan juntos, duerman juntos, despierten juntos, como administradores, asistentes y servidores de Dios. 6.2 Agraden a aquel bajo quien militan, de quien reciben su paga. Que ninguno de ustedes sea hallado desertor. Que su bautismo permanezca como escudo, la fe como yelmo, el amor como lanza, la paciencia como armadura completa. Que su tesoro sean sus obras, para que reciban los ahorros que merecen. Sean, pues, pacientes unos con otros en mansedumbre, como Dios con ustedes. Que yo goce de ustedes siempre.

    Petición de un delegado a Antioquía

    7.1–7.3

    7.1 Puesto que la iglesia que está en Antioquía de Siria tiene paz, según me fue comunicado, gracias a su oración, también yo me he vuelto más animoso en la tranquilidad de Dios, con tal de que por el padecer alcance a Dios, para ser hallado discípulo por su oración. 7.2 Conviene, Policarpo bienaventuradísimo, convocar una asamblea santísima y elegir a alguien a quien tengan por muy querido y diligente, que pueda ser llamado correo de Dios; comisiónelo para que, yendo a Siria, glorifique su amor diligente para gloria de Dios.
    7.3 El cristiano no tiene autoridad sobre sí mismo, sino que está dedicado a Dios. Esta obra es de Dios y suya, cuando la completen. Pues confío en la gracia que están preparados para una buena obra que pertenece a Dios. Conociendo su intensidad por la verdad, los he exhortado con pocas líneas.
    Comentario editorial · El «correo de Dios»
    El "correo de Dios" (theódromos) es un emisario eclesiástico oficial. Esta práctica de enviar delegados entre iglesias para mantener la comunión y comunicar noticias importantes refleja la estructura de comunicación de la cristiandad primitiva.

    Saludos personales y peticiones finales

    8.1–8.3

    8.1 Ya que no pude escribir a todas las iglesias por tener que zarpar súbitamente de Tróade a Neápolis, como ordena la voluntad divina, escribirás tú a las iglesias de más adelante, como quien posee la mente de Dios, para que también ellas hagan lo mismo: los que puedan, que envíen mensajeros a pie; los demás, cartas por medio de los que tú envíes, para que sean glorificados con obra eterna, siendo dignos.
    8.2 Saludo a todos por nombre, y a la viuda de Epitropo con toda su casa e hijos. Saludo a Átalo, mi querido. Saludo al que está a punto de ser comisionado para ir a Siria; la gracia estará con él siempre, y con Policarpo que lo envía. 8.3 Les deseo bienestar siempre en nuestro Dios Jesucristo; que permanezcan en él, en la unidad de Dios y supervisión episcopal. Saludo a Alce, nombre querido para mí. Permanezcan firmes en el Señor.
    Comentario editorial · La ruta hacia Roma
    Neápolis (moderna Kavala) era el puerto de Filipos en Macedonia. Esta ruta desde Tróade marca la continuación del viaje de Ignacio hacia Roma, siguiendo parcialmente la ruta del segundo viaje misionero de Pablo (
    ).
    Notas, recepción y bibliografía

    Acompañamiento editorial

    Recepción y legado histórico

    De Esmirna al mundo cristiano: cómo se difundieron las cartas

    Policarpo le cuenta a los Filipenses que les envía las cartas de Ignacio “que nos mandó” y “todas las que tenemos” (Pol. Phil. 13.2). Este es el primer dato de que ya existía una colección de cartas. Más adelante, Ireneo cita la carta a los Romanos; Orígenes menciona Efesios y Romanos; y Eusebio (HE 3.36) enumera siete cartas. Además, en Smyrn. 8.2 aparece por primera vez la frase “Iglesia católica” (universal) en la literatura cristiana.

    Unidad y organización: ¿un solo obispo al mando?

    Ignacio presenta una estructura clara: el obispo es la figura principal, los presbíteros son como un consejo, y los diáconos ayudan en los asuntos importantes. Ignacio repite mucho que “no se haga nada sin el obispo”, lo que muestra cómo la Iglesia empezaba a organizarse de manera más formal después de los apóstoles.

    ¿Un solo obispo o un grupo de presbíteros?

    Las cartas de Ignacio son de los primeros textos que muestran claramente la figura de un obispo único en las iglesias de Asia Menor. Algunos piensan que este modelo ya estaba bien establecido a principios del siglo II; otros creen que Ignacio lo propone como una meta, no como algo ya logrado. La fecha exacta (si fue bajo Trajano o Adriano) cambia un poco la interpretación. Pero lo importante para Ignacio no es una cuestión legal, sino la unidad en torno a la Eucaristía y la comunión real entre los cristianos.

    La Eucaristía y la defensa contra los que negaban a Jesús

    Ignacio se enfrenta a personas que “no aceptan que Jesús vino en carne”. Para él, la Eucaristía es real porque Jesús realmente se hizo humano. Por eso, quienes niegan esto, “no participan de la Eucaristía ni de la oración” (Smyrn. 6.2). De aquí viene su famosa frase: la Eucaristía es “medicina de inmortalidad” (Eph. 20.2).

    El martirio: seguir a Cristo, no buscar el sufrimiento por sí mismo

    En la Carta a los Romanos, Ignacio pide que no le impidan morir mártir: “permitidme imitar la pasión de mi Dios”. Su deseo de morir por Cristo puede parecer exagerado, pero hay que entenderlo como una muestra de fe y fidelidad, no como gusto por el sufrimiento. Más adelante, otros textos como el Martirio de Policarpo buscarán equilibrar el valor del testimonio con la prudencia.

    Cambios y debates sobre los textos y las fechas

    • Recensión larga (siglo IV): amplía las cartas y añade temas nuevos, sobre todo para responder a discusiones de la época, como las disputas sobre la Trinidad.
    • Recensión siríaca corta (siglo VI): resume tres cartas y elimina saludos y detalles locales.
    • Fecha: Si las cartas son más antiguas (alrededor del año 110), muestran una Iglesia muy pionera; si son un poco más tardías, reflejan una comunidad ya más organizada.
    Nota crítica. La recensión larga no es solo una versión más extensa: incluye seis cartas nuevas y muchos cambios doctrinales. Hoy se estudia también como reflejo de los debates del siglo IV, no como si fuera exactamente lo que Ignacio escribió.

    ¿Por qué siguen siendo importantes hoy?

    • Ecumenismo: la relación que Ignacio ve entre Cristo/Iglesia y obispo/comunidad ayuda a hablar sobre temas como la autoridad y la participación de todos: unidad sí, pero no uniformidad.
    • Sacramentos: su manera de ver la Eucaristía, muy realista, la presenta como un remedio para unirnos, no solo como mero símbolo.
    • Discernimiento pastoral: Ignacio enseña a evitar tanto el sectarismo como la ingenuidad frente a ideas nuevas, y a buscar siempre el bien común.
    • Testimonio: su martirio nos hace pensar qué significa realmente el éxito y el poder en la vida cristiana, y cómo unir lo que creemos, celebramos y vivimos.

    Conclusión: Cartas de camino, Iglesia en camino

    Las cartas de Ignacio nacen mientras viaja y muestran una Iglesia que también está en camino hacia una organización más clara: ministerios definidos, comunión en la Eucaristía y una fe en Jesús como Dios hecho hombre. No resuelven todos los problemas, pero ofrecen un marco donde la fe, la oración y el orden se unen. Hoy nos invitan a cuidar la unidad sin perder la libertad de hablar, a buscar la unidad visible sin apagar los dones de cada uno, y a que la Eucaristía sea de verdad el centro donde Cristo une a su pueblo.

    Apéndice: orden de las cartas y manuscritos principales

    • Orden según Eusebio (HE 3.36): Efesios, Magnesios, Tralianos, Romanos (escritas desde Esmirna); Filadelfios, Esmirniotas, a Policarpo (desde Troas).
    • Orden del códice G (Mediceo‑Laurentianus): Esmirniotas, Policarpo, Efesios, Magnesios, Filadelfios, Tralianos.
    • Manuscritos y versiones importantes: G (griego, siglo XI), L (latín), P.Berol. 10581 (papiro, siglo V), traducciones siríaca, armenia, copta, árabe; recensión larga (griego/latín) con seis cartas más; recensión corta (siríaco) con tres.
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