Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
Comentario editorial · Claves del argumento
Policarpo une carta pastoral y testimonio de sangre: puente entre generación apostólica y gran patrística de Asia.
Policarpo de Esmirna (c. 69 d.C.–† ca. 155–160 d.C.) representa una figura clave en la transición del período apostólico al postapostólico del cristianismo primitivo. Como obispo de Esmirna en Asia Menor, fue considerado por la tradición discípulo de Juan (según Ireneo), amigo y destinatario de Ignacio de Antioquía, estimado maestro de Ireneo de Lyon, su voz nos llega en dos piezas de enorme peso: una carta pastoral a la iglesia de Filipos y el relato de su martirio redactado por la iglesia de Esmirna. Juntas dibujan un cristianismo que aprende a organizarse, a defender su ortodoxia frente a desviaciones y a enfrentar, sin teatralidad ni voluntarismo, la persecución del Estado romano.
Sobre la relación de Policarpo con "Juan": la tradición (Ireneo) lo vincula
con un Juan de autoridad apostólica, pero la identificación (apóstol o
presbítero) no es indiscutida. Conviene expresarlo como dato tradicional,
no como hecho demostrado.
La Carta a los Filipenses es una “palabra de exhortación” que entrelaza doctrina y vida: Policarpo habla de “justicia” con acentos paulinos y joánicos, pero la aterriza en el caso doloroso de Valente, un presbítero caído en avaricia. El Martirio de Policarpo, por su parte, ofrece el más antiguo y completo relato de un martirio cristiano fuera del NT que nos ha llegado íntegro: presenta un “martirio según el evangelio” (1.1; 19.1), preocupado por desalentar el voluntarismo suicida y por modelar obediencia, caridad y sobriedad litúrgica bajo presión.
Ocasión y tono: La iglesia de Filipos le pidió a Policarpo que les escribiera unas palabras de ánimo, que les ayudara a juntar y enviar las cartas de Ignacio, y que les diera consejo sobre algunos problemas internos. Policarpo les responde de manera directa y sencilla, con un tono pastoral. Su carta está llena de referencias a la Biblia, sobre todo a los Salmos, Proverbios, Isaías y, del Nuevo Testamento, a 1 Pedro, 1 Clemente, 1 Corintios, Efesios y probablemente a las cartas a Timoteo y a 1 Juan. No cita de forma técnica, sino como quien ya tiene muy asimilado el lenguaje bíblico.
Fecha: Casi todos los estudiosos piensan que la carta se escribió poco después de la muerte de Ignacio, cuando todavía no se sabía con certeza qué había pasado con él, es decir, alrededor del año 110 al 117 d.C. (algunas cronologías mueven un poco la fecha de la muerte de Ignacio, pero en cualquier caso, la carta es de las más antiguas). La idea de que en realidad eran dos cartas distintas, o que Policarpo escribe solo contra Marción, hoy ya no tiene tanto peso: lo que él discute no necesariamente tiene que ver con Marción.
Género: Es una carta de exhortación, con partes que suenan a sermón. Policarpo insiste mucho en que la fe y la forma de vivir no se pueden separar: lo que uno cree y cómo actúa van juntos. El caso de Valente, un presbítero que cayó en problemas, muestra cómo Policarpo busca corregir sin hacer escándalo, tratando de restaurar y proteger a la comunidad.
Transmisión textual: El texto griego que nos ha llegado está bastante incompleto: hay nueve manuscritos, todos tardíos y ninguno está entero (se cortan en el capítulo 9.2 y luego saltan a la carta de Bernabé 5.7). Eusebio, un historiador antiguo, cita completa la sección 9 y casi toda la 13, y además existe una versión latina antigua (también en nueve manuscritos) que conserva el resto de la carta de forma bastante confiable. También hay algunos fragmentos en siríaco.
Es una carta que la iglesia de Esmirna envió a la comunidad de Filomelio, escrita poco tiempo después de la muerte de Policarpo y basada en el testimonio de quienes estuvieron presentes. El texto cuenta cómo buscaron, arrestaron, juzgaron y ejecutaron al anciano obispo. Además, plantea una idea central: el verdadero Señor es Cristo, no el César (10.1). También menciona a Quinto como ejemplo de alguien que buscó el martirio por su cuenta, y advierte que esa actitud no es la correcta (4.1).
Paralelos evangélicos: El relato tiene ecos de la Pasión de Jesús, pero no busca imitarla de manera exagerada ni teatral. Lo importante es la obediencia a la voluntad de Dios, rezar por los demás y mantenerse firme en medio del sufrimiento. Policarpo aparece como un obispo con carisma y visión profética, no como un héroe de novela.
Fecha: Al final del texto se menciona que los hechos ocurrieron bajo el gobierno de Estacio Cuadrato y en torno al 22 o 23 de febrero (el llamado “gran sábado”). Por eso, la mayoría de los estudiosos sitúa el martirio en los años 155 o 156 d.C. Eusebio, un historiador antiguo, propone el año 167, pero hoy se considera menos probable. La fecha exacta depende a veces de cómo se contaban los días en el calendario local (por ejemplo, si coincidía con Purim o había ajustes en el calendario). En cualquier caso, el suceso es de mediados del siglo II.
Integridad: Los capítulos 21 y 22, así como algunas notas atribuidas a Gayo, Sócrates y Pionio, parecen añadidos posteriores. Eusebio cita partes del texto con algunas diferencias menores. El detalle de que salió un “ave” al morir Policarpo probablemente es una explicación añadida en algunos manuscritos. El texto insiste en que los cristianos no deben adorar a los mártires (“los amamos, pero solo adoramos al Hijo de Dios”), y esto es parte esencial del mensaje.
Testigos: Se conservan ocho manuscritos griegos y una versión latina; Eusebio también cita largos fragmentos. Más tarde, se dijo que Pionio encontró y copió el texto. Es probable que, con el paso de los siglos (sobre todo entre los siglos III y V), se hayan añadido o adornado algunos detalles, pero el corazón histórico y pastoral del relato sigue siendo confiable.
Saludo
Policarpo y los presbíteros que están con él, a la iglesia de Dios que habita como extranjera en Filipos: que la misericordia y la paz de Dios Todopoderoso y de Jesucristo nuestro Salvador se multipliquen sobre ustedes.
1.1–1.3
1.1 Me gozo grandemente con ustedes en nuestro Señor Jesucristo, porque recibieron modelos de amor verdadero y acompañaron en su camino, como era propio que hicieran, a aquellos que estaban envueltos en cadenas dignas de santos, las cuales son diademas de quienes verdaderamente han sido elegidos por Dios y nuestro Señor. 1.2 También me gozo porque la raíz firme de su fe, proclamada desde tiempos antiguos, permanece hasta ahora y da fruto para nuestro Señor Jesucristo, quien soportó por nuestros pecados hasta llegar a la muerte, a quien Dios resucitó, desatando los dolores del Hades.
1.3 En él, aunque no lo han visto, creen con gozo inefable y glorioso (sobre estas cosas incluso los ángeles desean inclinarse a mirar), sabiendo que por gracia han sido salvados, no por obras, sino por la voluntad de Dios a través de Jesucristo.
Comentario editorial · Los «modelos del amor verdadero»
La frase “modelos/representaciones del amor verdadero” quiere expresar una imagen muy concreta para los lectores: los prisioneros encadenados por su fe, que llegaron a Filipos, no solo son admirados, sino que se vuelven ejemplos vivos, casi como si fueran “copias” o “figuras” del amor cristiano en carne y hueso. Así, al verlos y acompañarlos, la comunidad puede mirar en ellos una representación real y palpable de la caridad y la fidelidad, como si fueran un espejo donde se refleja lo que significa amar de verdad. El texto griego permite varias lecturas (“copias”, “modelos”), pero aquí se subraya que la experiencia de ver a esos hermanos encadenados impacta y enseña más que cualquier teoría.
Comentario editorial · Un eco de 1 Pedro 1:8–12
Aquí Policarpo retoma la idea de : aunque no vemos a Jesús, creemos en él y eso nos llena de una alegría profunda, tan grande que ni los ángeles pueden comprenderla del todo. Por eso, en vez de decir "al cual muchos desean entrar", es más claro hablar de "gozo inefable" y, si se quiere, recordar que "los ángeles desean mirar" ese misterio.
2.1–2.4
2.1 Por tanto, ciñan sus lomos y sirvan a Dios en temor y verdad, dejando atrás la palabrería vana y sin sentido y el extravío de las multitudes, creyendo en aquel que resucitó a nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos y lo sentó a su diestra y le dio gloria. 2.2 A él se sometieron todas las cosas celestiales y terrenales, a quien toda criatura que respira sirve, quien viene como juez de vivos y muertos, de cuya sangre Dios pedirá cuentas a quienes le desobedecen.
2.3 Pero el que lo resucitó de entre los muertos también nos resucitará a nosotros, si hacemos su voluntad y caminamos en sus mandamientos y amamos lo que él amó, absteniéndonos de toda injusticia, codicia, amor al dinero, calumnia y falso testimonio, no devolviendo mal por mal, ni insulto por insulto, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición.
2.4 Más bien, recordando lo que dijo el Señor al enseñar: "No juzguen, para que no sean juzgados; perdonen, y serán perdonados; tengan misericordia, para que reciban misericordia; con la medida que midan, les será medido a ustedes;" y "bienaventurados los pobres y los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de Dios."
Comentario editorial · Frases de Jesús combinadas
Policarpo une varias frases de Jesús tomadas de los evangelios de Mateo y Lucas, por eso aparecen expresiones mezcladas como "reino de Dios" y "reino de los cielos". Este modo de juntar diferentes citas seguidas, típico de los primeros escritores cristianos, se llama catena (es decir, una "cadena" de frases enlazadas).
3.1–3.3
3.1 Estas cosas les escribo, hermanos, acerca de la justicia, no por iniciativa propia, sino porque ustedes me invitaron a hacerlo. 3.2 Pues ni yo ni otro semejante a mí puede seguir el paso de la sabiduría del bienaventurado y glorioso Pablo, quien, cuando estuvo personalmente entre ustedes, enseñó con precisión y firmeza la palabra concerniente a la verdad, y quien también, estando ausente, les escribió cartas; si las estudian cuidadosamente, podrán edificarse en la fe que les ha sido dada. 3.3 Esta fe es madre de todos nosotros, siguiéndola la esperanza y guiándola el amor hacia Dios y Cristo y hacia el prójimo. Pues si alguien se ocupa de estas cosas, ha cumplido el mandamiento de justicia, porque quien tiene amor está lejos de todo pecado.
Comentario editorial · Policarpo ante la autoridad de Pablo
Cuando Policarpo menciona a Pablo, muestra una humildad muy genuina y sencilla. Aunque tenía peso como obispo y fue discípulo directo de Juan, no se pone por encima de nadie, ni siquiera de Pablo, a quien reconoce como alguien mucho más grande. Esta forma de ser es muy distinta a la actitud de los líderes gnósticos de su tiempo, que solían presumir de su autoridad y conocimientos.
4.1–6.3
4.1 Pero el amor al dinero es raíz de todos los males. Sabiendo, por tanto, que nada trajimos al mundo y nada podemos sacar de él, armémonos con las armas de la justicia y enseñémonos primero a nosotros mismos a caminar en el mandamiento del Señor. 4.2 Luego instruyan también a sus esposas en la fe que les ha sido dada y en amor y pureza, para que amen a sus propios esposos en toda fidelidad y amen a los demás con imparcialidad y pureza, y para que eduquen a los hijos con la instrucción del temor de Dios.
4.3 Las viudas deben ser prudentes respecto a la fe del Señor, intercediendo sin cesar por todos, manteniéndose lejos de toda calumnia maliciosa, difamación, falso testimonio, amor al dinero y todo mal, sabiendo que son altar de Dios, y que todos los sacrificios son cuidadosamente inspeccionados, y nada se le escapa, ni pensamientos ni intenciones ni los secretos del corazón.
5.1 Sabiendo, por tanto, que Dios no puede ser burlado, debemos caminar de manera digna de su mandamiento y gloria. 5.2 Asimismo, los diáconos deben ser irreprochables delante de su justicia, como siervos de Dios y Cristo, y no de los hombres; no calumniadores, no de doble palabra, no amantes del dinero, sino controlados en todo, compasivos, diligentes, caminando conforme a la verdad del Señor, quien se hizo siervo de todos. Si le agradamos en este siglo presente, recibiremos también el venidero, según nos prometió que nos resucitaría de entre los muertos y que, si nos comportamos como ciudadanos dignos de él, también reinaremos con él, si es que creemos.
5.3 Igualmente, los jóvenes deben ser irreprochables en todas las cosas; deben preocuparse por la pureza ante todo y refrenarse de todo mal. Porque es bueno ser cortado de los deseos en el mundo, ya que todo deseo lucha contra el espíritu, y ni los fornicarios ni los afeminados ni los que se acuestan con hombres heredarán el reino de Dios, ni los que hacen cosas perversas. Por tanto, es necesario abstenerse de todas estas cosas, someterse a los presbíteros y diáconos como a Dios y Cristo. Las vírgenes deben caminar en conciencia irreprochable y pura.
6.1 Los presbíteros, por su parte, deben ser compasivos, misericordiosos para con todos, haciendo volver a los extraviados, visitando a todos los enfermos, sin descuidar a viuda, huérfano o pobre, sino proveyendo siempre para lo bueno delante de Dios y los hombres, absteniéndose de toda ira, parcialidad, juicio injusto, manteniéndose lejos de todo amor al dinero, no creyendo apresuradamente contra alguien, no siendo severos en el juicio, sabiendo que todos somos deudores con respecto al pecado.
6.2 Por tanto, si pedimos al Señor que nos perdone, nosotros también debemos perdonar; porque estamos delante de los ojos del Señor y Dios, y todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, y cada uno debe dar cuenta de sí mismo. 6.3 Así pues, sirvámosle con temor y toda reverencia, como él mismo mandó y como mandaron los apóstoles que nos predicaron el evangelio y los profetas que anunciaron de antemano la venida de nuestro Señor. Seamos celosos para el bien, absteniéndonos de los escándalos y de los falsos hermanos y de los que llevan hipócritamente el nombre del Señor, quienes extravían a hombres vanos.
7.1–7.2
7.1 Porque todo el que no confiese que Jesucristo ha venido en carne es anticristo; y el que no confiese el testimonio de la cruz es del diablo; y el que tuerza las palabras del Señor según sus propios deseos y diga que no hay ni resurrección ni juicio, ese es primogénito de Satanás. 7.2 Por tanto, dejando la vanidad de las multitudes y las falsas enseñanzas, volvamos a la palabra que nos fue entregada desde el principio, siendo sobrios para la oración y perseverando en ayunos, pidiendo en súplicas al Dios que todo lo ve que no nos meta en tentación, como dijo el Señor: "El espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil."
Comentario editorial · Contra quiénes escribe Policarpo
Este pasaje refleja claramente la controversia cristológica del siglo II. La
negación de la encarnación real de Cristo era característica del docetismo
gnóstico, mientras que la negación de la resurrección podría referirse tanto a
gnósticos como a otros grupos heréticos. La expresión "primogénito de Satanás"
será utilizada posteriormente por Policarpo para referirse a
Marción.
8.1–8.2
8.1 Perseveremos, pues, sin cesar en nuestra esperanza y en la garantía de nuestra justicia, que es Cristo Jesús, quien llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, quien no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca; sino que por nosotros, para que vivamos en él, todo lo soportó. 8.2 Hagámonos, pues, imitadores de su paciencia, y si sufrimos por su nombre, glorifiquémoslo. Porque este es el ejemplo que nos puso en sí mismo, y esto es lo que hemos creído.
9.1–9.2
9.1 Les ruego, pues, a todos ustedes que obedezcan la palabra de justicia y practiquen toda paciencia, como la que vieron con sus propios ojos no solo en los bienaventurados Ignacio, Zósimo y Rufo, sino también en otros de entre ustedes y en el mismo Pablo y los demás apóstoles. 9.2 Estén convencidos de que todos estos no corrieron en vano, sino en fe y justicia, y que están en el lugar que les corresponde junto al Señor, con quien también padecieron. Porque no amaron el siglo presente, sino al que murió por nosotros y fue resucitado por Dios a causa de nosotros.
10.1–10.3
10.1 Manténganse firmes, por tanto, en estas cosas y sigan el ejemplo del Señor, firmes e inmutables en la fe, amando la hermandad, queriéndose unos a otros, unidos en la verdad, dándose unos a otros en la gentileza del Señor, no despreciando a nadie. 10.2 Cuando puedan hacer el bien, no lo pospongan, porque la limosna libra de la muerte. Todos sométanse unos a otros, y mantengan su conducta irreprochable entre los gentiles, para que por sus buenas obras reciban alabanza y el Señor no sea blasfemado por causa de ustedes. 10.3 Pero ¡ay de aquel por quien el nombre del Señor es blasfemado! Enseñen, pues, a todos la sobriedad en la cual ustedes mismos viven.
Comentario editorial · «La limosna libra de la muerte»: el eco de Tobías
La frase «la limosna libra de la muerte» remite directamente al libro de Tobit, donde se subraya el poder salvador de la limosna. Así se lee en Tob 4,10-11:
«Porque la limosna libra de la muerte y no deja caer en las tinieblas. La limosna es un buen tesoro para todos los que la practican delante del Altísimo»;
y en Tob 12,9:
«Porque la limosna libra de la muerte y purifica de todo pecado. Los que dan limosna tendrán larga vida».
En la tradición bíblica sapiencial, la limosna no es solo una obra de caridad material, sino un acto de justicia y fidelidad a Dios, que preserva de la muerte y purifica del pecado. Por eso, la exhortación de Policarpo a no posponer el bien y practicar la limosna se vincula con esta enseñanza: no se trata solo de dar, sino de vivir una justicia misericordiosa que protege y libera, anticipando la enseñanza neotestamentaria sobre el amor al prójimo como cumplimiento de la ley.
11.1–11.4
11.1 Estoy profundamente entristecido por Valente, quien una vez fue presbítero entre ustedes, porque ignora tanto el lugar que le fue dado. Les advierto, por tanto: absténganse del amor al dinero, y sean puros y veraces. Absténganse de todo mal. 11.2 Pero el que no puede gobernarse a sí mismo en estas cosas, ¿cómo puede proclamar esto a otros? Si alguien no se abstiene del amor al dinero, será contaminado por la idolatría y será juzgado como uno de los gentiles, que ignoran el juicio del Señor. ¿O no sabemos que los santos juzgarán al mundo, como enseña Pablo?
11.3 Pero no he percibido ni he oído nada semejante entre ustedes, en cuyo medio trabajó el bienaventurado Pablo, quienes son alabados al principio de su carta. Pues él se gloría de ustedes en todas las iglesias, que en aquel tiempo únicamente habían conocido al Señor; nosotros aún no lo habíamos conocido. 11.4 Por tanto, hermanos, estoy muy entristecido por él y por su esposa; que el Señor les conceda verdadero arrepentimiento. Sean, pues, ustedes también sobrios en esto, y no consideren a tales personas como enemigos, sino como miembros dolientes y extraviados, restáurenlos, para que salven todo su cuerpo. Porque al hacer esto, se edifican a ustedes mismos.
Comentario editorial · Una disciplina que busca sanar
El caso de Valente, un presbítero que cayó en la avaricia, muestra los retos concretos de la Iglesia en sus primeros años. Policarpo no solo advierte sobre el peligro, sino que insiste en no rechazar ni excluir definitivamente a quien ha fallado. Habla de restaurar al “miembro doliente” para que todo el cuerpo esté sano, una imagen que recuerda a Pablo pero que aquí se usa de manera muy directa y práctica: la comunidad no se desentiende de quien se equivoca, sino que busca recuperarlo para el bien de todos.
12.1–12.3
12.1 Porque confío en que están bien ejercitados en las Sagradas Escrituras y nada se les oculta; a mí, sin embargo, no me ha sido concedido esto. Solamente, como está dicho en estas Escrituras: "Aírense, pero no pequen", y "no se ponga el sol sobre su ira". Bienaventurado el que recuerda esto, lo cual creo que está en ustedes.
12.2 Ahora, que el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el mismo sumo sacerdote eterno, el Hijo de Dios Jesucristo, los edifique en fe y verdad y en toda mansedumbre y sin ira y en paciencia y longanimidad y tolerancia y castidad; y les dé parte y porción entre sus santos, y a nosotros con ustedes, y a todos los que están bajo el cielo que creerán en nuestro Señor y Dios Jesucristo y en su Padre que lo resucitó de entre los muertos. 12.3 Oren por todos los santos. Oren también por los reyes y magistrados y gobernantes, y por los que los persiguen y aborrecen, y por los enemigos de la cruz, para que su fruto sea manifiesto en todos, para que sean perfectos en él.
Comentario editorial · Una variante en 12.2
Variantes textuales: algunas tradiciones leen "nuestro Señor y Dios Jesucristo", otras "nuestro Señor Jesucristo y su Dios y Padre".
13.1–13.2
13.1 Tanto ustedes como Ignacio me han escrito que, si alguien va a Siria, lleve también sus cartas. Esto haré si tengo oportunidad conveniente, ya sea yo mismo o aquel a quien envíe como embajador también por ustedes. 13.2 Las cartas de Ignacio que nos envió, y otras cuantas tenemos en nuestro poder, se las enviamos como nos pidieron; van adjuntas a esta carta. De ellas podrán recibir gran provecho, pues contienen fe y paciencia y toda edificación que pertenece a nuestro Señor. Y acerca del mismo Ignacio y de los que están con él, si saben algo más cierto, hágannoslo saber.
14
14 Les escribo estas cosas por medio de Crescente, a quien recientemente les recomendé y ahora vuelvo a recomendar, pues su conducta entre nosotros ha sido irreprochable, y creo que será igualmente así entre ustedes. Y tendrán por recomendada a su hermana cuando llegue a ustedes. Que estén sanos en el Señor Jesucristo en gracia, ustedes y todos los suyos. Amén.
Saludo
La iglesia de Dios que reside en Esmirna, a la iglesia de Dios que reside en Filomelio y a todas las comunidades de la iglesia santa y católica que residen en todo lugar: que la misericordia, la paz y el amor de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo se multipliquen.
Comentario editorial · «Católica» en el siglo II
"Iglesia católica" significa "universal" en el s. II; no designa todavía
denominación confesional particular.
1.1–1.3
1.1 Les escribimos, hermanos, acerca de los que fueron martirizados y especialmente del bienaventurado Policarpo, quien como sellando con su martirio puso fin a la persecución. 1.2 Pues casi todos los acontecimientos precedentes sucedieron para que el Señor nos mostrara desde arriba el martirio conforme al evangelio. Porque esperó a ser entregado, como también el Señor, para que nosotros también llegáramos a ser imitadores suyos, no mirando solo por lo nuestro sino también por lo de los prójimos.
1.3 Es propio del amor verdadero y firme desear que no solo uno mismo se salve, sino también todos los hermanos.
Comentario editorial · Qué es un martirio «según el Evangelio»
El "martirio según el evangelio" (1.1; 19.1) se caracteriza por la obediencia a la voluntad divina (no búsqueda propia), la caridad hacia otros (incluyendo perseguidores), y la perseverancia sin teatralidad. Contrasta con el voluntarismo de Quinto (4.1), quien buscó el martirio pero falló en la prueba.
2.1–2.5
2.1 Bienaventurados y nobles son, por tanto, todos los martirios que han acontecido según la voluntad de Dios (pues conviene que, siendo reverentes, atribuyamos a Dios el poder sobre todas las cosas). 2.2 Porque ¿quién no admiraría su nobleza, su paciencia y su amor al Señor?
2.3 Algunos fueron desollados con látigos hasta que se veía la estructura interna de su carne, incluso las venas y arterias interiores, y resistieron de tal modo que incluso los espectadores se compadecían y lloraban. Otros alcanzaron tal grado de nobleza que ninguno de ellos gritó ni gimió, mostrándonos a todos que en aquella hora, mientras eran torturados, los mártires de Cristo se hallaban ausentes de la carne, o más bien que el Señor estaba presente y conversaba con ellos.
2.4 Dirigiendo su atención a la gracia de Cristo, despreciaron las torturas de este mundo, comprando con una hora la exención del castigo eterno. El fuego de los inhumanos torturadores les resultaba frío, pues tenían ante sus ojos el escape de aquel fuego eterno que nunca se extingue, y con los ojos del corazón contemplaban los bienes reservados para los que perseveran: cosas que oído no oyó, ni ojo vio, ni subieron al corazón del hombre, pero que les fueron mostradas por el Señor, ya que nos parecían no ya hombres sino ángeles.
2.5 De manera semejante, los condenados a las fieras soportaron terribles suplicios: fueron obligados a acostarse sobre caracolas puntiagudas y sometidos a otras diversas formas de tortura, para que, si fuera posible, por medio del suplicio prolongado los condujera a la negación. Muchas cosas maquinó contra ellos el diablo.
Comentario editorial · Cómo narra la comunidad el sufrimiento
El texto cuenta de forma muy directa lo duro y cruel que era el sufrimiento de los cristianos perseguidos por los romanos. Sin embargo, quien narra ve todo esto desde la fe: interpreta el dolor y la resistencia de los mártires a la luz de la esperanza cristiana, como dice . Además, cuando habla de que los mártires parecen "ángeles", está mostrando una idea muy profunda de que, en medio del sufrimiento, Dios los transforma y los llena de su Espíritu.
3.1–3.2
3.1 Pero gracias a Dios, porque no prevaleció contra ninguno. El muy noble Germánico alentó su timidez mediante su propia paciencia, y luchó gloriosamente contra las fieras. 3.2 Cuando el procónsul quiso persuadirlo diciéndole que se compadeciera de su juventud, él mismo atrajo hacia sí a la fiera, forzándola, deseando librarse más rápidamente de su vida injusta y sin ley. Por esto toda la multitud, admirando la valentía del pueblo amante y temeroso de Dios de los cristianos, gritó: "¡Fuera los ateos! ¡Que se busque a Policarpo!"
4.1–4.2
4.1 Hubo uno llamado Quinto, frigio recién llegado de Frigia, que al ver las fieras se acobardó. Este era el que se había forzado a sí mismo y a algunos otros a presentarse voluntariamente. A este, el procónsul, tras muchas súplicas, lo persuadió de jurar y ofrecer sacrificio. 4.2 Por esta razón, hermanos, no elogiamos a los que se entregan a sí mismos, ya que el evangelio no enseña así.
Comentario editorial · El problema del martirio voluntario
El caso de Quinto anticipa controversias posteriores sobre el martirio
voluntario que se intensificarían con el montanismo.
La comunidad de Esmirna establece aquí un principio pastoral importante: el
verdadero martirio cristiano no surge de la búsqueda humana de la muerte,
sino de la fidelidad a Cristo cuando las circunstancias lo requieren.
5.1–5.2
5.1 El admirable Policarpo, cuando escuchó por primera vez las noticias, no se turbó. De hecho, quería permanecer en la ciudad, pero la mayoría lo persuadió de retirarse. Se retiró a una pequeña finca no lejos de la ciudad y se quedó allí con unos pocos compañeros, no haciendo otra cosa noche y día sino orar por todos y por las iglesias de todo el mundo, como era su costumbre. 5.2 Mientras oraba, tuvo una visión tres días antes de ser arrestado: vio su almohada consumida por el fuego. Se volvió y dijo a los que estaban con él: "Es necesario que yo sea quemado vivo."
6.1–6.2
6.1 Como persistían los que lo buscaban, se trasladó a otra finca. Inmediatamente llegaron los que lo buscaban, y al no encontrarlo, capturaron a dos jóvenes esclavos, uno de los cuales confesó bajo tortura. 6.2 Era realmente imposible que permaneciera oculto, ya que los mismos que lo traicionaron eran miembros de su casa. El comandante de la policía, que casualmente tenía el mismo nombre —llamado Herodes— se apresuraba a llevarlo al estadio, para que él cumpliera su destino señalado de ser hecho partícipe con Cristo, mientras que los que lo traicionaron recibieran el castigo del mismo Judas.
7.1–7.3
7.1 Llevando consigo al joven esclavo, el viernes hacia la hora de la cena salieron la policía montada y los jinetes con sus armas habituales, como persiguiendo a un bandido. Rodeándolo al final de la tarde, lo encontraron acostado en una habitación del piso superior de una pequeña casa; aunque aún podía haber escapado de allí a otro lugar, no quiso, diciendo: "Que se haga la voluntad de Dios."
7.2 Cuando oyó que habían llegado, bajó y habló con ellos, y los presentes se maravillaron de su edad y compostura, y se preguntaban por qué había tanta prisa por arrestar a un anciano como él. Inmediatamente ordenó que les pusieran una mesa para que comieran y bebieran cuanto quisieran a esa hora, y les pidió que le concedieran una hora para orar sin ser molestado. 7.3 Cuando consintieron, se puso en pie y oró, tan lleno de la gracia de Dios que durante dos horas no pudo dejar de hablar; los que lo escuchaban se asombraron, y muchos se arrepintieron de haber venido contra un anciano tan piadoso.
Comentario editorial · «Viernes», una traducción aproximada
El texto usa lenguaje de "preparación"/víspera; se traduce "viernes" por
naturalidad, aunque el uso antiguo puede ser algo más amplio.
8.1–8.3
8.1 Cuando finalmente terminó su oración, después de recordar a todos los que alguna vez habían tenido contacto con él, pequeños y grandes, conocidos y desconocidos, y toda la iglesia católica en el mundo entero, llegó la hora de partir, y así lo sentaron en un asno y lo llevaron a la ciudad en el día de un gran sábado. 8.2 Herodes, el comandante de la policía, y su padre Nicetes salieron a su encuentro. Después de trasladarlo a su carruaje y sentándose a su lado, trataron de persuadirlo, diciendo: "¿Qué mal hay en decir 'César es Señor' y ofrecer incienso?" (y otras palabras semejantes) "¿y así salvarte?" Al principio no les dio respuesta alguna. Pero cuando insistieron, dijo: "No voy a hacer lo que me aconsejan."
8.3 Así, al no lograr persuadirlo, comenzaron a proferir amenazas y lo hicieron bajar con tal prisa que se lastimó la espinilla al descender del carruaje. Sin siquiera volverse, siguió su camino con prontitud y rapidez como si nada le hubiera pasado, y mientras era conducido al estadio, había tal alboroto en el estadio que nadie podía siquiera ser oído.
Comentario editorial · Por qué no podía llamar «Señor» al César
Contexto: reconocer "Señorío" al César implicaba acto cultual (incienso al genius imperial), no mera cortesía política.
9.1–9.3
9.1 Cuando Policarpo entró en el estadio, vino una voz del cielo: "Sé fuerte, Policarpo, y sé valiente." Nadie vio al que hablaba, pero los de nuestro pueblo que estaban presentes oyeron la voz. Cuando fue traído adelante, hubo un gran alboroto al oír que Policarpo había sido arrestado. 9.2 Por tanto, cuando fue llevado ante él, el procónsul le preguntó si era Policarpo. Cuando confesó que lo era, el procónsul trató de persuadirlo de retractarse, diciendo: "Respeta tu edad," y otras cosas semejantes que acostumbran decir: "Jura por la fortuna del César, arrepiéntete, di: '¡Fuera los ateos!'"
9.3 Policarpo, con rostro grave, miró a toda la multitud de gentiles impíos que estaban en el estadio, les hizo un gesto con la mano, gimió y mirando al cielo, dijo: "¡Fuera los ateos!" Cuando el magistrado insistió y dijo: "Jura el juramento y te liberaré; maldice a Cristo," Policarpo respondió: "Durante ochenta y seis años he sido su siervo, y él no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo blasfemar a mi Rey que me salvó?"
Comentario editorial · «Ochenta y seis años»: ¿edad o años de fe?
La famosa respuesta de Policarpo "ochenta y seis años he sido su siervo" ha
sido interpretada de dos maneras: como la edad del mártir o como los años de
su vida cristiana. El contexto sugiere que se refiere a toda su vida,
indicando que fue cristiano desde la infancia, posiblemente bautizado en
familia cristiana.
10.1–10.2
10.1 Como siguió insistiendo, diciendo: "Jura por la fortuna del César," respondió: "Si te imaginas vanamente que voy a jurar por la fortuna del César, como dices, y finges no saber quién soy, escucha con atención: soy cristiano. Ahora, si quieres aprender la doctrina del cristianismo, señala un día y escúchame." 10.2 El procónsul dijo: "Persuade al pueblo." Pero Policarpo dijo: "A ti te he considerado digno de una respuesta, pues hemos sido enseñados a rendir el debido respeto a los gobernantes y autoridades establecidas por Dios, en la medida en que no nos perjudique; pero en cuanto a estos, no los considero dignos de que tenga que defenderme ante ellos."
11.1–11.2
11.1 El procónsul dijo: "Tengo fieras salvajes; te arrojaré a ellas, a menos que cambies de parecer." Pero él dijo: "¡Tráelas! Para nosotros es imposible el arrepentimiento de lo mejor a lo peor; pero es noble cambiar de lo que es malo a la justicia." 11.2 Entonces le dijo de nuevo: "Te haré consumir por el fuego, ya que desprecias las fieras salvajes, a menos que cambies de parecer." Pero Policarpo dijo: "Amenazas con un fuego que arde solo brevemente y después de poco tiempo se extingue, pues ignoras el fuego del juicio venidero y del castigo eterno, que está reservado para los impíos. ¿Por qué te demoras? Trae lo que quieras."
12.1–12.3
12.1 Mientras decía estas y muchas otras palabras, se llenó de valor y gozo, y su rostro se llenó de gracia, de modo que no solo no se desplomó aterrado por las cosas que le decían, sino que al contrario el procónsul quedó asombrado, y envió a su propio heraldo al centro del estadio para que proclamara tres veces: "Policarpo ha confesado que es cristiano."
12.2 Cuando esto fue proclamado por el heraldo, toda la multitud, tanto gentiles como judíos que vivían en Esmirna, gritó con ira incontrolable y gran voz: "Este es el maestro de Asia, el padre de los cristianos, el destructor de nuestros dioses, que enseña a muchos a no sacrificar ni adorar." Diciendo estas cosas, gritaron y pidieron a Felipe el Asiarca que soltara un león contra Policarpo. Pero él dijo que no le era lícito hacerlo ya que había dado por concluidas las cacerías de animales.
12.3 Entonces se les ocurrió gritar al unísono que Policarpo fuera quemado vivo. Era necesario que se cumpliera la visión que había recibido sobre su almohada, cuando la vio ardiendo mientras oraba y se volvió y dijo proféticamente a los fieles que estaban con él: "Es necesario que yo sea quemado vivo."
13.1–13.3
13.1 Estas cosas sucedieron con sorprendente rapidez, más rápido de lo que se puede contar, reuniendo la multitud rápidamente madera y leña de los talleres y baños, siendo especialmente diligentes los judíos en ayudar en esto, como es su costumbre. 13.2 Cuando la pira estuvo lista, se quitó toda la ropa y se desató el cinturón; también trató de quitarse los zapatos, aunque no tenía la costumbre de hacerlo antes, porque todos los fieles siempre se apresuraban a ser los primeros en tocar su carne. Pues había sido honrado en todo respecto a causa de su vida santa incluso antes de su martirio.
13.3 Entonces los materiales preparados para la pira fueron colocados alrededor de él; y cuando también estaban a punto de clavarlo, dijo: "Déjenme como estoy; el que me capacita para soportar el fuego también me capacitará para permanecer en la pira sin moverme, incluso sin la seguridad que ustedes obtienen de los clavos."
14.1–14.3
14.1 Así que no lo clavaron, sino que lo ataron. Entonces, habiendo puesto sus manos detrás de sí y habiendo sido atado, como un carnero espléndido escogido de un gran rebaño para sacrificio, un holocausto preparado y aceptable a Dios, miró al cielo y dijo: "Oh Señor Dios Todopoderoso, Padre de tu amado y bendito Hijo Jesucristo, por medio del cual hemos recibido el conocimiento de ti, el Dios de los ángeles y poderes y de toda la creación, y de toda la raza de los justos que viven en tu presencia,
14.2 te bendigo porque me has considerado digno de este día y hora, para que pueda recibir una parte en el número de los mártires en la copa de tu Cristo, para resurrección a vida eterna, tanto del alma como del cuerpo, en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Que sea recibido entre ellos en tu presencia hoy, como sacrificio rico y aceptable, como tú preparaste y revelaste de antemano, y has cumplido ahora, tú que eres el Dios que no miente y eres verdadero.
14.3 Por esta razón, y por todas las cosas, te alabo, te bendigo, te glorifico, por medio del eterno y celestial sumo sacerdote, Jesucristo, tu amado Hijo, por medio del cual sea gloria a ti, con él y el Espíritu Santo, tanto ahora como por los siglos venideros. Amén."
Comentario editorial · Una oración de forma eucarística
La oración final de Policarpo sigue el patrón de las oraciones eucarísticas
primitivas, con su estructura trinitaria y doxología final. El lenguaje
sacrificial evoca tanto el culto levítico como la teología paulina del
martirio como ofrenda. Esta es una de las piezas litúrgicas más antiguas
conservadas fuera del Nuevo Testamento, y revela el desarrollo temprano de
las formas de oración cristiana.
15.1–16.2
15.1 Cuando ofreció el "Amén" y terminó su oración, los encargados del fuego lo encendieron. Y cuando se alzó una llama poderosa, vimos un milagro (nosotros, a quienes se nos dio ver), y hemos sido preservados para contar a los demás lo que sucedió. 15.2 El fuego, tomando la forma de un arco, como la vela de un barco llenada por el viento, rodeó completamente el cuerpo del mártir; y estaba allí en el medio, no como carne que se quema sino como pan que se hornea o como oro y plata que se refinan en un horno. También percibimos un aroma muy fragante, como si fuera incienso o alguna otra especia preciosa.
16.1 Cuando los impíos finalmente se dieron cuenta de que su cuerpo no podía ser consumido por el fuego, ordenaron a un verdugo que se acercara a él y lo apuñalara con una daga. Y cuando hizo esto, [salió una paloma] y tal cantidad de sangre que extinguió el fuego; y toda la multitud se maravilló de que hubiera tanta diferencia entre los incrédulos y los elegidos.
16.2 De estos fue uno también este hombre, el admirable Policarpo, que en nuestros tiempos llegó a ser maestro apostólico y profético, obispo de la iglesia católica en Esmirna. Cada palabra que salió de su boca se cumplió y se cumplirá.
17.1–17.3
17.1 Pero el celoso y envidioso Maligno, el adversario de la raza de los justos, cuando observó la grandeza del martirio de Policarpo y el carácter irreprochable de su vida desde el principio, y se dio cuenta de que ahora estaba coronado con la corona de la inmortalidad y había ganado un premio que nadie podía disputar, se las arregló para que ni siquiera su pobre cuerpo fuera tomado por nosotros, aunque muchos deseaban hacer esto y tocar su carne santa.
17.2 Así que incitó a Nicetes, el padre de Herodes y hermano de Alce, a apelar al magistrado para que no entregara su cuerpo, "no sea," dijo, "que abandonen al crucificado y comiencen a adorar a este hombre." Todo esto se hizo por instigación e insistencia de los judíos, que incluso vigilaron cuando estábamos a punto de tomar el cuerpo del fuego. No sabían que nunca podremos abandonar a Cristo, que sufrió por la salvación de todo el mundo de los que se salvan, el sin mancha por los pecadores, ni adorar a ningún otro.
17.3 A este, siendo Hijo de Dios, lo adoramos, pero a los mártires los amamos como discípulos e imitadores del Señor, como merecen, por su devoción incomparable hacia su propio Rey y Maestro. ¡Que también nosotros lleguemos a ser sus compañeros y condiscípulos!
Comentario editorial · Adorar a Cristo, amar a los mártires
Este pasaje ayuda a entender la veneración de mártires en el siglo II.
La comunidad establece claramente la distinción entre adoración (latría)
debida solo a Cristo como Hijo de Dios, y el amor y respeto (veneración)
apropiado para los mártires como discípulos ejemplares. Esta distinción será
fundamental en el desarrollo posterior de la hagiografía cristiana.
18.1–18.3
18.1 El centurión, por tanto, viendo la oposición suscitada por los judíos, puso el cuerpo de Policarpo en el centro y lo cremó, como es su costumbre. 18.2 Así más tarde recogimos sus huesos, que son más valiosos que las piedras preciosas y más finos que el oro refinado, y los depositamos en un lugar apropiado. 18.3 Allí, cuando nos reunamos como podamos, con gozo y alegría, el Señor nos permitirá celebrar el cumpleaños de su martirio en conmemoración de los que ya han luchado en el combate y también para el entrenamiento y preparación de los que lo harán en el futuro.
19.1–19.2
19.1 Tal es la historia del bienaventurado Policarpo. Aunque él (junto con los de Filadelfia) fue la duodécima persona martirizada en Esmirna, solo él es especialmente recordado por todos, de modo que se habla de él en todas partes, incluso por los paganos. Demostró ser no solo un maestro distinguido sino también un mártir extraordinario cuyo martirio todos desean imitar, ya que fue conforme al patrón del evangelio de Cristo.
19.2 Por su perseverancia derrotó al magistrado injusto y así recibió la corona de la inmortalidad; ahora se regocija con los apóstoles y todos los justos, y glorifica al Dios Todopoderoso y Padre, y bendice a nuestro Señor Jesucristo, el Salvador de nuestras almas y guardián de nuestros cuerpos y Pastor de la iglesia católica en todo el mundo.
Comentario editorial · «Guardián» o «timonel» en 19.2
En 19.2 esta traducción dice «guardián de nuestros cuerpos». El griego dice κυβερνήτην, literalmente «timonel» o «piloto», y así lo vierten casi todas las traducciones; «guardián» interpreta la imagen. Con cualquiera de las dos imágenes, el texto atribuye a Cristo el cuidado de la persona entera, alma y cuerpo.
20.1–20.2
20.1 Ustedes ciertamente pidieron que las cosas que sucedieron les fueran reportadas con algún detalle, pero por el presente hemos dado un resumen, por así decirlo, por medio de nuestro hermano Marciano. Cuando se hayan informado sobre estas cosas, envíen la carta a los hermanos que están más lejos, para que ellos también glorifiquen al Señor, que selecciona de entre sus propios siervos.
20.2 Ahora, al que es capaz de conducirnos a todos por su gracia y bondad a su reino eterno, por medio de su Hijo unigénito, Jesucristo, sea gloria, honor, poder y majestad para siempre. Saluden a todos los santos. Los que están con nosotros los saludan, como también Evaristo (Evarestos), que lo puso por escrito, y toda su casa.
Comentario editorial · Marciano no es Marción
Aquí "Marciano" es un hermano mensajero; no debe confundirse con
Marción de Sinope, el conocido polemista del s. II.
21.1
21.1 Ahora, el bienaventurado Policarpo fue martirizado el segundo día de la primera parte del mes Xántico, siete días antes de las calendas de marzo, en un gran sábado, como a las dos de la tarde. Fue arrestado por Herodes cuando Felipe de Trales era Asiarca durante el proconsulado de Estacio Cuadrato, pero mientras Jesucristo reinaba como Rey para siempre. A él sea gloria, honor, majestad y el trono eterno de generación en generación. Amén.
22.1
22.1 Les deseamos bienestar, hermanos, mientras caminan según la palabra de Jesucristo que está conforme al evangelio; con quien sea gloria a Dios para la salvación de los santos elegidos; así como el bienaventurado Policarpo fue martirizado, en cuyos pasos que también seamos encontrados nosotros en el reino de Jesucristo.
22.2
22.2 Gayo (que vivía en la misma ciudad que Ireneo) transcribió este relato de los escritos de Ireneo, discípulo de Policarpo. Y yo, Sócrates, lo escribí en Corinto de las copias de Gayo. La gracia sea con todos.
22.3
22.3 Y yo, Pionío, lo escribí de nuevo de la copia antes mencionada, después de hacer una búsqueda de ella (pues el bienaventurado Policarpo me la mostró en una revelación, como explicaré en la continuación). La reuní cuando ya estaba casi gastada por la edad, para que el Señor Jesucristo también me reúna junto con sus elegidos en su reino celestial; a quien sea la gloria con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial
Ireneo de Lyon presenta a Policarpo como alguien que conoció a los apóstoles y guardó viva su enseñanza. En el occidente cristiano, su figura fue usada para argumentar contra Marción y otros grupos que se apartaban de la enseñanza tradicional. En oriente, el relato de su martirio ayudó a formar una manera de vivir la fe sencilla y sin exageraciones: se respeta al mártir, pero no se le convierte en objeto de culto. La carta de Policarpo muestra cómo una iglesia puede animar y corregir a otra sin imponer ni mandar, solo desde la confianza y el cariño entre comunidades.
Los parecidos con la Pasión de Jesús no buscan hacer un “teatro sagrado”,
sino invitar a seguir la voluntad de Dios incluso en el sufrimiento. El
texto corrige el impulso de buscar el martirio por cuenta propia (como el
caso de Quinto) y propone un criterio: el martirio debe ser “según el
evangelio”, es decir, por llamado de Dios, con amor y perseverancia.
Algunos piensan que la crítica a quienes buscan el martirio por su cuenta
(4.1) responde a movimientos entusiastas que surgieron después en Asia
Menor. Aunque el Martyrion es de mediados del siglo II, este enfoque
recuerda que el texto ayudó a poner límites y dar estabilidad a las
comunidades.
- La vida en comunidad: En Policarpo, lo que se cree y lo que se hace van juntos. El caso de Valente es una advertencia sobre líderes que dañan el testimonio si no rinden cuentas.
- Una fe sencilla y sin buscar protagonismo: El Martyrion desanima el heroísmo exagerado y enseña a enfrentar el sufrimiento en comunidad, con oración y serenidad, sin despreciar la vida ni buscar la muerte.
- Una mirada realista sobre la política: La oración por las autoridades (como en 1 Clemente y en Policarpo, eco de 1 Tim 2) evita los extremos: ni idolatrar el poder ni demonizarlo. Se busca la templanza y el bien común.
- Memoria y sentido crítico: La comunidad antigua respeta a sus testigos, pero solo adora a Cristo. La memoria se cuida y se limpia cuando reconoce añadidos o tradiciones tardías, sin miedo ni desconfianza.
La carta y el relato del martirio de Policarpo nos llevan a lo esencial: una fe que ora, anima, discierne y resiste; una Iglesia que busca la unidad sin dejar de lado la verdad. Policarpo no busca ser un héroe, sino servir hasta el final al Señor. Si hoy nos preguntamos qué es un “martirio según el evangelio”, la respuesta sigue siendo la misma: es un llamado (no algo que uno se inventa), se vive con amor (no en soledad), requiere perseverancia (no impulsos) y siempre pone a Cristo en el centro.