La muerte de Constantino en 337 d.C. y el subsiguiente retorno de muchos obispos exiliados, incluyendo a Atanasio a Alejandría, marcó el inicio de una nueva y confusa fase en la controversia teológica. El Imperio se dividió entre los hijos de Constantino: Constante en Occidente (generalmente pro-niceno) y Constancio II en Oriente (más inclinado a las posiciones eusebianas o anti-nicenas). Esta división política se reflejaría en las divisiones eclesiásticas.
Con Atanasio nuevamente en Alejandría (aunque su posición sería disputada) y otros obispos regresando a sus sedes, la cuestión doctrinal volvió al primer plano, llevando a una proliferación de concilios y credos alternativos a Nicea.
En el verano de 341 d.C., unos noventa obispos, en su mayoría orientales y de tendencia eusebiana, se reunieron en Antioquía con ocasión de la dedicación de una magnífica iglesia construida por Constantino, la "Domus Aurea". Este concilio es de gran importancia porque produjo al menos cuatro fórmulas credales, siendo la más influyente la segunda, conocida como el "Credo de la Dedicación".
Este credo era notable por varias razones:
- Evitaba cuidadosamente el término niceno homoousios (consustancial), que seguía siendo altamente controvertido en Oriente.
- Afirmaba que el Hijo es "Dios de Dios, entero de entero, solo de solo, perfecto de perfecto, Rey de Rey, Señor de Señor", y la "imagen exacta (ἀπαράλλακτον εἰκόνα) de la divinidad, y sustancia (οὐσίας), y voluntad, y poder, y gloria del Padre".
- Insistía en la distinción real y eterna de las tres hipóstasis (Padre, Hijo y Espíritu Santo), pero unidas en concordia.
- Condenaba explícitamente a quienes enseñaban que "hubo un tiempo cuando el Hijo no existía" o que era una criatura como las demás criaturas, distanciándose así del arrianismo más radical.
- También condenaba las enseñanzas de Marcelo de Ancira y Fotino, considerados sabelianos.
El Credo de la Dedicación representaba una posición teológica intermedia, a menudo llamada "eusebiana" u "origenista conservadora". Buscaba ser fiel a la tradición bíblica y patrística (especialmente a Orígenes) tal como la entendían muchos orientales, rechazando tanto el arrianismo extremo como la terminología nicena, que consideraban novedosa y peligrosamente cercana al sabelianismo.

Es crucial entender que el Credo de la Dedicación y otras fórmulas similares no pretendían ser un suplemento o una explicación del Credo de Nicea, sino un sustituto. Reflejaban la teología de raíz origenista que predominaba entre muchos obispos orientales educados, quienes veían Nicea como una imposición problemática.
El Concilio de Sérdica (actual Sofía, Bulgaria), convocado conjuntamente por los emperadores Constante (Occidente) y Constancio II (Oriente) en el verano de 343 d.C., tenía como objetivo resolver la creciente tensión y la ruptura de comunión entre los obispos orientales y occidentales. Sin embargo, lejos de lograr la unidad, el concilio resultó en un fracaso estrepitoso y profundizó la división.
Aproximadamente 170 obispos fueron convocados, pero nunca llegaron a reunirse como un solo cuerpo:
- Los obispos occidentales (unos 90-100), liderados por Osio de Córdoba y apoyando a Atanasio y Marcelo.
- Los obispos orientales (unos 70-80), encabezados por Esteban de Antioquía y otros líderes eusebianos.
El punto de ruptura fue simple pero fundamental: los orientales se negaron a sesionar conjuntamente con los occidentales mientras estos mantuvieran en comunión a Atanasio y Marcelo, a quienes consideraban ya condenados y depuestos por concilios orientales legítimos (Tiro y Constantinopla). Los occidentales, por su parte, insistían en la inocencia de Atanasio y Marcelo (respaldados por el Papa Julio I) y consideraban injustas sus deposiciones.
Ante el impasse, los dos grupos se reunieron por separado:
- Los orientales, en Filipópolis (cerca de Sérdica), reafirmaron las condenas de Atanasio y Marcelo, excomulgaron a Julio de Roma y a Osio, y promulgaron un credo similar al Cuarto Credo de Antioquía (el Macrostichos, ver más abajo), que era esencialmente anti-niceno y anti-marceliano.
- Los occidentales, en Sérdica, absolvieron a Atanasio y Marcelo, excomulgaron a los principales líderes orientales, y reafirmaron el Credo de Nicea.
Nota de lectura · La controvertida profesión de fe de Sérdica (occidental)
Los obispos occidentales reunidos en Sérdica produjeron una profesión de fe o exposición doctrinal que ha generado gran controversia histórica y teológica. Este documento, influenciado por las ideas de Marcelo y el deseo de combatir el subordinacionismo:
- Afirmaba que existe "una sola hipóstasis" (mia hypostasis, entendida aquí como una sola sustancia o ser divino) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
- Rechazaba explícitamente la distinción de tres hipóstasis que los orientales consideraban esencial para evitar el sabelianismo.
- Contenía elementos que parecían peligrosamente cercanos al sabelianismo o al monarquianismo de Marcelo, al enfatizar la unidad divina a expensas de las distinciones personales.
Curiosamente, Atanasio, quien estuvo presente en Sérdica y conocía esta declaración, años más tarde (en su Tomus ad Antiochenos de 362) negaría categóricamente que el Concilio de Sérdica hubiera producido tal declaración doctrinal, probablemente porque para entonces reconocía sus problemáticas implicaciones sabelianas y su incompatibilidad con la emergente síntesis capadocia de "una ousia, tres hipóstasis".
Este credo occidental de Sérdica, aunque no fue ampliamente difundido ni aceptado, ilustra las profundas diferencias de enfoque teológico y terminológico entre Oriente y Occidente.
El resultado del "concilio fallido" de Sérdica fue desastroso para la unidad eclesial:
- Ambos bandos se excomulgaron mutuamente.
- La brecha teológica y política entre la Iglesia Oriental y Occidental se hizo aún más profunda.
- Se evidenció la dificultad de alcanzar un consenso universal incluso con la intervención imperial.
A pesar del fracaso de Sérdica, en los años siguientes hubo algunos esfuerzos por buscar la reconciliación, impulsados en parte por el emperador Constante (Occidente), quien deseaba la paz religiosa.
- Emisarios Occidentales en Antioquía (344 d.C.): Una delegación occidental encabezada por Eufrates de Colonia y Vicente de Capua (quien ya había representado al Papa en Nicea) visitó Antioquía. Sin embargo, el intento fracasó debido, en parte, a las intrigas del obispo eusebiano Esteban de Antioquía, quien intentó desacreditar a Eufrates. Esteban fue posteriormente depuesto por su conducta.
- El Macrostichos (Μακρόστιχος, "Línea Larga" o "Exposición Larga") (344/345 d.C.): Los obispos orientales, deseando aclarar su posición ante Occidente y distanciarse del arrianismo extremo, enviaron una extensa profesión de fe conocida como el "Macrostichos". Este documento, basado en el Cuarto Credo de Antioquía de 341, era una exposición detallada de su teología:
- Rechazaba tanto el sabelianismo de Marcelo como el arrianismo extremo (la idea de que el Hijo fue creado "de la nada" o que "hubo un tiempo en que no existía").
- Evitaba el término homoousios pero afirmaba la generación eterna del Hijo desde el Padre y su semejanza con el Padre.
- Insistía en las tres hipóstasis distintas. Fue presentado en Milán ante Constante y obispos occidentales, pero no logró la aceptación occidental, que seguía aferrada a Nicea y desconfiaba de cualquier fórmula que no incluyera el homoousios.
- Condenación de Fotino (347-348 d.C.): Un punto de acuerdo se encontró en la condena de Fotino de Sirmio, cuyas doctrinas (una forma radicalizada del marcelianismo) eran consideradas heréticas por la mayoría de los bandos, tanto orientales como occidentales. Fue condenado en sínodos en Milán y Sirmio.
- Retorno de Atanasio (346 d.C.): Gracias a la presión de Constante sobre Constancio II y a la muerte de Gregorio, el obispo arriano intruso en Alejandría, Atanasio pudo regresar a su sede en octubre de 346 d.C., siendo recibido triunfalmente. Esto marcó un período de relativa paz para él, que duraría unos diez años.
A finales de esta década, parecía haberse alcanzado una tregua inestable. Sin embargo, la situación cambiaría drásticamente con la muerte de Constante en 350 d.C.
La segunda fase de intentos de formulación de credos estuvo dominada por la figura del emperador Constancio II, quien, tras la muerte de su hermano Constante en 350 y la derrota del usurpador Magnencio en 353, se convirtió en el único soberano del Imperio Romano. Constancio II estaba profundamente interesado en los asuntos eclesiásticos y se propuso activamente lograr la unidad doctrinal en la Iglesia, aunque bajo una fórmula que no siempre coincidía con la fe de Nicea.
Constancio II (emperador 337-361, único emperador 353-361) ha sido tradicionalmente representado por los historiadores pro-nicenos (especialmente Atanasio) como un fanático arriano que persiguió sistemáticamente a los defensores de Nicea. Sin embargo, R.P.C. Hanson y otros estudios recientes sugieren una figura más compleja:
- Aunque personalmente favoreció la posición homoiana (que afirmaba que el Hijo es "semejante" - ὅμοιος - al Padre, sin especificar "en sustancia"), no se comprometió con el arrianismo extremo de Arrio ni con el anomeísmo de Aecio.
- Su principal preocupación parece haber sido la unidad del imperio y de la iglesia. Veía las disputas teológicas como una amenaza a la estabilidad y buscó una fórmula de compromiso que pudiera ser aceptada por la mayoría de los obispos, tanto orientales como occidentales.
- A diferencia de lo que sugieren sus críticos más acérrimos, mostró en ocasiones una relativa clemencia hacia sus oponentes, aunque no dudó en usar la fuerza y el exilio para imponer su política.

El principal objetivo de Constancio II parece haber sido establecer una fórmula de fe que, al evitar los términos más controvertidos como homoousios y ousia, pudiera ser aceptada por la mayoría. El hecho de que esta fórmula fuera teológicamente insatisfactoria para los defensores más estrictos de Nicea no debe oscurecer su intención, al menos declarada, de unificación.
En 351 d.C., mientras Constancio II estaba en Sirmio (Panonia) dirigiendo la campaña contra Magnencio, se celebró un importante concilio en esta ciudad. Este concilio tenía dos propósitos principales: condenar a Fotino de Sirmio (lo cual logró) y promulgar un nuevo credo. Este credo, conocido como el Primer Credo de Sirmio:
- Tomaba como base el Cuarto Credo de Antioquía de 341 (el Macrostichos).
- Añadía veintiséis anatemas que condenaban diversas posiciones consideradas erróneas, incluyendo el sabelianismo de Marcelo y Fotino, y también algunas tesis arrianas (como que el Hijo fue hecho de la nada o que hubo un tiempo en que no era).
- Crucialmente, condenaba explícitamente el uso del término ousia (sustancia) y sus compuestos (como homoousios y homoiousios) en la teología, argumentando que no eran bíblicos y causaban confusión.
- Afirmaba la subordinación del Hijo al Padre.
Este credo marcó un giro hacia una posición más claramente anti-nicena, aunque no era explícitamente arriano en el sentido original de Arrio. Reflejaba la creciente influencia de obispos como Valente de Mursa y Ursacio de Singidunum, quienes abogaban por una fórmula homoiana.
Una vez que Constancio II se convirtió en único emperador, buscó imponer su política religiosa de manera uniforme en todo el Imperio. Convocó dos concilios en Occidente con este propósito:
- Concilio de Arlés (Galia, 353 d.C.):
- Valente de Mursa actuó como principal agente imperial.
- Se exigió a los obispos occidentales presentes la condena de Atanasio.
- La mayoría cedió a la presión imperial, incluyendo a los legados del Papa Liberio.
- Solo Paulino de Tréveris se negó firmemente y fue exiliado.
- Concilio de Milán (Italia, 355 d.C.):
- Asistieron numerosos obispos occidentales. El emperador estuvo presente y ejerció una fuerte presión.
- Eusebio de Vercelli intentó que los obispos firmaran primero el Credo de Nicea, pero fue frustrado.
- Se volvió a exigir la condena de Atanasio.
- Aquellos que se negaron a condenar a Atanasio y/o a suscribir una fórmula de fe no nicena (Dionisio de Milán, Eusebio de Vercelli y Lucifer de Cagliari) fueron depuestos y exiliados.
Estos concilios demostraron la determinación de Constancio II de doblegar la resistencia occidental a su política eclesiástica.
Los siguientes objetivos de Constancio II en Occidente fueron dos figuras emblemáticas que hasta entonces habían sido firmes defensores de la fe nicena: Osio de Córdoba y el Papa Liberio de Roma.
Nota de lectura · El caso de Osio de Córdoba: cediendo ante la presión
Osio de Córdoba, una figura venerable que había presidido (o al menos jugado un papel clave) en el Concilio de Nicea, escribió inicialmente una valiente carta a Constancio II defendiendo la independencia eclesiástica y negándose a condenar a Atanasio: "No te entrometas en asuntos eclesiásticos... Dios te ha dado el imperio a ti, pero a nosotros nos ha confiado los asuntos de la iglesia".
Sin embargo, en 357 d.C., a la avanzada edad de casi 100 años, Osio fue llevado a Sirmio y, tras resistir inicialmente, finalmente cedió a la intensa presión imperial (que pudo haber incluido maltrato físico). Firmó el Segundo Credo de Sirmio (la "Blasfemia de Sirmio", ver más abajo), que era una fórmula claramente arriana (homoiana). No está claro si también condenó a Atanasio, pero su firma en este credo fue un duro golpe para la causa nicena y un triunfo propagandístico para los arrianos.
Los defensores de Nicea, como Atanasio e Hilario, insistieron en que su capitulación fue temporal, producto de la debilidad senil y la coacción, y que antes de morir (c. 357/358 d.C.) reafirmó su fe nicena y anatematizó el arrianismo.
En cuanto al Papa Liberio de Roma (obispo 352-366 d.C.):
- Tras negarse inicialmente a condenar a Atanasio y a aceptar las decisiones de Arlés, fue exiliado por Constancio II a Berea en Tracia en 355 d.C.
- Después de dos años de exilio, y bajo considerable presión, Liberio también cedió.
- Firmó alguna fórmula de fe que satisfizo a Constancio (probablemente el Primer Credo de Sirmio de 351 o alguna otra fórmula homoiana).
- Condenó a Atanasio y pidió la comunión con los obispos orientales (eusebianos).
- Fue autorizado a regresar a Roma en 358 d.C., aunque tuvo que compartir la sede por un tiempo con el antipapa Félix, quien había sido instalado durante su exilio.
La "caída" de Osio y Liberio, aunque obtenida bajo coacción, fue un momento oscuro para la causa nicena en Occidente y demostró el poder de la intervención imperial en los asuntos de la Iglesia.
Tras los concilios occidentales de Arlés y Milán, y con la sumisión de las principales figuras occidentales en el horizonte, Constancio II dirigió su atención nuevamente a Atanasio en Alejandría:
- El 8 de febrero de 356 d.C., tropas imperiales, bajo el mando del dux Siriano, irrumpieron violentamente en la iglesia de Teonas en Alejandría, donde Atanasio estaba oficiando.
- En medio del tumulto, el obispo logró escapar y se ocultó en el desierto, entre los monjes de Egipto, quienes le ofrecieron refugio y apoyo durante los siguientes seis años.
- En junio de 356, las iglesias alejandrinas fueron entregadas a los seguidores de Jorge de Capadocia, un arriano extremo que fue nombrado obispo intruso de Alejandría. Su episcopado estuvo marcado por la violencia y la opresión de los nicenos.
- Durante este largo exilio, Atanasio compuso algunas de sus obras más importantes, incluyendo la Apología a Constancio, la Apología por su Huida, y la Historia de los Arrianos, en las que defendía su causa y denunciaba la política imperial y a sus oponentes arrianos.
En el verano de 357 d.C., un pequeño pero influyente grupo de obispos se reunió en Sirmio. Entre ellos estaban Valente de Mursa, Ursacio de Singidunum y Germinio de Sirmio (el obispo local). Produjeron un credo que marcó un punto de inflexión en la controversia y fue rápidamente apodado "La Blasfemia de Sirmio" por sus oponentes pro-nicenos (como Hilario de Poitiers).
Este documento, redactado originalmente en latín, era notable por su radicalismo:
- Prohibía explícitamente el uso de los términos ousia (sustancia), homoousios (consustancial) y homoiousios (de sustancia semejante), con el argumento de que no son bíblicos y han causado perturbación.
- Afirmaba inequívocamente la subordinación del Hijo al Padre: "No puede haber duda de que el Padre es mayor. Nadie puede dudar que el Padre es mayor que el Hijo en honor, dignidad, gloria, majestad y en el mismo nombre de Padre".
- Subrayaba la incomprensibilidad de la generación del Hijo: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo... Cómo engendró al Hijo, nadie lo sabe sino el Padre".
- Declaraba que el Hijo fue engendrado antes de los siglos.
Este credo era una clara victoria para la facción homoiana (que sostenía que el Hijo es simplemente "semejante" al Padre, sin especificar "en sustancia"). Su carácter abiertamente anti-niceno y su rechazo de términos clave de la discusión teológica provocaron una fuerte reacción incluso entre muchos obispos orientales que hasta entonces habían apoyado las políticas religiosas de Constancio II, llevando al surgimiento del partido homoiousiano.

Fue este credo el que Osio de Córdoba, bajo presión, firmó. Su promulgación marcó el punto más bajo para la causa nicena y preparó el escenario para una nueva fase de la controversia.
La promulgación del Segundo Credo de Sirmio en 357 d.C. (la "Blasfemia de Sirmio"), con su rechazo explícito de los términos ousia, homoousios y homoiousios, y su fuerte énfasis en la subordinación del Hijo, provocó una reacción significativa, especialmente en Oriente. Esta reacción llevó al surgimiento de un nuevo partido teológico y a una serie de concilios y credos que intentaron encontrar un terreno común o, alternativamente, imponer una nueva ortodoxia.
El Segundo Credo de Sirmio, por su radicalismo homoiano, alarmó a muchos obispos orientales que, aunque recelosos del homoousios niceno (considerándolo propenso al sabelianismo), se oponían igualmente al arrianismo extremo que negaba cualquier similitud esencial entre el Padre y el Hijo.
Este grupo, liderado por figuras como Basilio de Ancira, Jorge de Laodicea y Eustacio de Sebaste, comenzó a propugnar que el Hijo es "semejante en sustancia" (ὁμοιούσιος - homoiousios) al Padre. Argumentaban que la relación Padre-Hijo, para ser genuina, implicaba necesariamente una semejanza de naturaleza o sustancia, no solo de voluntad o actividad.
En la primavera de 358 d.C., Basilio de Ancira convocó un concilio en Ancira que produjo un importante documento teológico (un Sínodo o Exposición doctrinal) donde:
- Se argumentaba que la relación Padre-Hijo implica necesariamente una semejanza de sustancia (homoiousios).
- Se rechazaba tanto el sabelianismo (que confundía las Personas) como el arrianismo extremo (que hacía al Hijo una criatura desemejante al Padre en esencia, anomoios).
- Se condenaba a quienes negaban que el Hijo fuera "semejante en sustancia" al Padre, así como a quienes lo consideraban homoousios en un sentido sabeliano o materialista.
Nota de lectura · La teología homoiousiana: un intento de síntesis
Los homoiousianos desarrollaron argumentos teológicos sofisticados para defender su posición:
- Si Dios es verdaderamente Padre, debe engendrar un Hijo que comparta su naturaleza divina esencial, aunque el Padre siga siendo la fuente y el Hijo derivado.
- Sin esta semejanza sustancial, la relación sería meramente la de creador-criatura, y el título "Hijo" sería solo metafórico.
- El término homoiousios (semejante en sustancia) buscaba garantizar la distinción real de las hipóstasis (contra el sabelianismo) mientras preservaba la plena divinidad del Hijo (contra el arrianismo que lo hacía heteroousios -de otra sustancia- o anomoios -desemejante-).
Esta teología, desarrollada por Basilio de Ancira y Jorge de Laodicea, es de gran importancia histórica porque sentó las bases para el posterior trabajo de los Padres Capadocios (Basilio el Grande, Gregorio de Nacianzo, y Gregorio de Nisa. Aunque la teología homoiousiana temprana aún mantenía ciertos elementos subordinacionistas y no aceptaba plenamente el homoousios niceno, su énfasis en la "semejanza de sustancia" fue un paso crucial hacia la formulación trinitaria ortodoxa definitiva.
Basilio de Ancira y sus asociados lograron temporalmente persuadir al emperador Constancio II de cambiar su política eclesiástica, alejándolo de los homoianos radicales. El emperador, siempre buscando una fórmula de unidad, convocó un nuevo concilio en Sirmio en el verano de 358 d.C. En este concilio:
- Se reafirmó el Segundo Credo de Antioquía de 341 (el "Credo de la Dedicación"), que era aceptable para muchos orientales moderados.
- Se aprobó la fórmula "semejante al Padre según la sustancia y en todo" (ὅμοιον κατὰ τὴν οὐσίαν καὶ κατὰ πάντα), lo que representó un triunfo temporal para los homoiousianos.
- Se exilió a Eudoxio de Antioquía y a Aecio (el líder anomeo), así como a otros teólogos de la línea arriana más extrema.
- El Papa Liberio, ya de regreso en Roma, también suscribió esta fórmula homoiousiana.
Este cambio de política fue temporal pero significativo, demostrando la fluidez de las alianzas y la constante búsqueda de una solución doctrinal en esta compleja controversia.
Intentando mantener la unidad eclesiástica y preparar el terreno para un gran concilio ecuménico, Constancio II convocó a un grupo selecto de obispos (incluyendo a Basilio de Ancira, Valente de Mursa, Jorge de Alejandría y Marcos de Aretusa) a Sirmio en la primavera de 359 d.C. Este grupo produjo el llamado "Credo Fechado" (así denominado porque explícitamente se indicó su fecha de composición: 22 de mayo de 359). Este documento, redactado por Marcos de Aretusa, era un intento de compromiso:
- Prohibía el uso del término ousia (sustancia) por no ser bíblico y causar confusión.
- Afirmaba que el Hijo es "semejante (ὅμοιον) al Padre en todo (κατὰ πάντα)", como dicen las Escrituras.
- Evitaba tanto las fórmulas más explícitamente arrianas (como "creado de la nada") como las nicenas (homoousios) y las homoiousianas (homoiousios).
- Fue diseñado como una fórmula de compromiso para los próximos concilios de Oriente y Occidente.
Constancio II, siguiendo el consejo de Basilio de Ancira, decidió convocar un concilio ecuménico, pero dividido en dos sedes para facilitar la asistencia y, quizás, el manejo:
- Los obispos occidentales se reunirían en Rímini (Ariminum, Italia).
- Los obispos orientales se reunirían en Seleucia Isáurica (Cilicia).
Ambos concilios inicialmente rechazaron el "Credo Fechado" presentado por los delegados imperiales:
- En Rímini (verano de 359), los aproximadamente 400 obispos occidentales, en su mayoría, reafirmaron su adhesión al Credo de Nicea y al término homoousios, y depusieron a los líderes homoianos como Valente y Ursacio.
- En Seleucia (otoño de 359), los aproximadamente 150 obispos orientales se dividieron. La mayoría homoiousiana (liderada por Eleusio de Cízico y Silvano de Tarso) apoyó el Segundo Credo de Antioquía ("Credo de la Dedicación"). Una minoría homoiana (liderada por Acacio de Cesarea) propuso su propia fórmula, similar al Credo Fechado pero con matices. Los anomeos eran una pequeña minoría.
Sin embargo, Constancio II no aceptó estos resultados. Usando una combinación de tácticas dilatorias, presión política, amenazas de exilio e intrigas (especialmente a través de Valente de Mursa con los delegados de Rímini), logró que ambos concilios finalmente aceptaran una versión modificada del "Credo Fechado". Esta versión, conocida como el "Credo de Niké" (Tracia, no Nicea en Bitinia), fue firmada por los delegados de Rímini en Niké a finales de 359, y posteriormente impuesta a los delegados de Seleucia en Constantinopla.
La principal modificación en el Credo de Niké fue la eliminación de las palabras "en todo" (κατὰ πάντα) después de "semejante al Padre", dejando solo "el Hijo es semejante (ὅμοιον) al Padre". Esta fórmula era lo suficientemente vaga como para ser aceptada por los homoianos, pero profundamente insatisfactoria para los nicenos y los homoiousianos. Jerónimo describió este momento con su famosa frase: "el mundo entero gimió y se maravilló de encontrarse arriano".

A principios de 360 d.C., un concilio en Constantinopla, presidido por Acacio de Cesarea y con fuerte apoyo imperial, completó el triunfo temporal de la fórmula homoiana:
- Depuso a los principales líderes homoiousianos (Basilio de Ancira, Eleusio de Cízico, Eustacio de Sebaste, etc.), así como a Aecio (el anomeo) y a Cirilo de Jerusalén (por razones no estrictamente doctrinales).
- Confirmó el Credo de Niké (el "Credo Fechado" modificado) como credo oficial del Imperio.
- Nombró a Eudoxio (un homoiano con simpatías anomeas) como obispo de Constantinopla.
Constancio parecía haber logrado finalmente la uniformidad doctrinal que tanto buscaba, aunque a costa de exiliar a numerosos obispos y de imponer una fórmula teológicamente ambigua.
Un último episodio significativo de este período fue el breve episcopado de Melecio en Antioquía. Nombrado por el partido homoiano en 360, Melecio sorprendió a todos con un sermón inaugural que, aunque cauto, se inclinaba hacia posiciones homoiousianas o incluso nicenas. Fue rápidamente depuesto (después de solo un mes) y reemplazado por Euzoio, un antiguo compañero de Arrio. Esta deposición de Melecio daría lugar al largo y complicado "cisma meleciano" en Antioquía.
En noviembre de 361 d.C., mientras se dirigía a enfrentar la rebelión de su primo Juliano (quien se había proclamado Augusto en Galia), Constancio II murió en Mopsuestia, Cilicia. En su lecho de muerte, fue bautizado por Euzoio, el obispo arriano de Antioquía.
La noticia de su muerte provocó disturbios en varias ciudades. En Alejandría, la población pagana y también cristianos nicenos lincharon al obispo arriano intruso, Jorge de Capadocia, el 24 de diciembre de 361. Con la ascensión de Juliano ("el Apóstata") al trono imperial, comenzaría una nueva fase en la controversia teológica, marcada por el intento de restaurar el paganismo y una política de tolerancia forzada (o indiferencia calculada) entre las facciones cristianas, lo que permitiría el regreso de muchos obispos exiliados, incluyendo a Atanasio.
Con la muerte de Constancio II en noviembre del 361 d.C., la controversia arriana entró en una fase nueva y, en cierto modo, inesperada. La ascensión de su primo Juliano (conocido como "el Apóstata") al trono imperial marcó un giro significativo en la política religiosa del Imperio. Juliano, educado como cristiano pero convertido secretamente al paganismo helénico, adoptó una estrategia diferente a la de sus predecesores: intentar restaurar el paganismo como religión preeminente del Estado, mientras implementaba una política de tolerancia forzada (o indiferencia calculada) entre las distintas facciones cristianas, esperando quizás que se destruyeran mutuamente.
Nota de lectura · Política religiosa de Juliano «el Apóstata» (361-363 d.C.)
Las principales características de la política religiosa de Juliano fueron:
- Restauración del Paganismo: Promovió activamente el culto a los dioses tradicionales, restauró templos paganos y buscó reorganizar el sacerdocio pagano siguiendo el modelo de la jerarquía cristiana.
- Revocación de Exilios: Una de sus primeras medidas fue permitir el regreso de todos los obispos cristianos exiliados por Constancio II, independientemente de su facción doctrinal. Esto incluyó a nicenos acérrimos como Atanasio, homoiousianos como Basilio de Ancira, y arrianos radicales como Aecio. Su intención probable era fomentar la discordia interna en la Iglesia.
- Eliminación de Privilegios al Clero Cristiano: Retiró las exenciones fiscales y otros privilegios que los emperadores anteriores habían concedido al clero cristiano.
- Prohibición a los Cristianos de Enseñar Literatura Clásica (362 d.C.): Argumentando que era hipócrita que los cristianos enseñaran textos paganos que no creían, les prohibió ejercer como profesores de gramática y retórica, buscando limitar su influencia cultural.
- Fomento de Divisiones Internas: Juliano parece haber disfrutado de las disputas teológicas cristianas, viéndolas como una debilidad.
Esta política, aunque de corta duración (Juliano murió en campaña contra los persas en junio de 363 d.C.), tuvo consecuencias importantes. El regreso de los obispos exiliados reavivó debates y permitió la reorganización de los diferentes partidos teológicos.
En este contexto de aparente "libertad" religiosa bajo Juliano, es útil examinar las posturas de teólogos que no encajan fácilmente en las categorías de "niceno" o "arriano" estricto, como Eusebio de Emesa y Cirilo de Jerusalén.
Eusebio de Emesa (c. 300 – c. 359 d.C.) fue un erudito obispo sirio, conocido por su vasta cultura y sus habilidades exegéticas. Aunque murió poco antes del reinado de Juliano, su teología representa una corriente influyente en Oriente que buscaba un camino intermedio.
Nacido en Edesa, Eusebio estudió con Eusebio de Cesarea y Patrófilo de Escitópolis. Dominaba el siríaco, el griego y el hebreo. Rechazó el obispado de Alejandría tras la deposición de Atanasio en Tiro (335), y finalmente aceptó el de Emesa (Homs, Siria).
Su teología, conocida principalmente a través de fragmentos y homilías (algunas conservadas en latín), es difícil de clasificar:
- Posición sobre el Hijo: Estaba más cerca de Atanasio que de Arrio en cuanto a la divinidad del Hijo. Afirmaba que el Hijo es "Dios de Dios por naturaleza", no por promoción o gracia. Rechazaba la idea de que el Hijo fuera una criatura en el sentido arriano.
- Subordinacionismo Moderado: No obstante, mantenía una cierta subordinación del Hijo al Padre "en rango y honor", aunque no en tiempo. El Padre es la fuente ingénita.
- Cristología: En su doctrina de la Encarnación, Eusebio enseñaba que el Logos divino no podía sufrir. El sufrimiento pertenecía a la carne asumida. Utilizó la analogía de que un insulto a la imagen del Emperador es un insulto al Emperador mismo, así los sufrimientos infligidos al cuerpo de Cristo "tienen una relación con aquel que habita en él".
Eusebio de Emesa representa una teología oriental conservadora, que valoraba la tradición y la exégesis bíblica, y buscaba una formulación que afirmara la divinidad del Hijo sin comprometer la monarquía del Padre ni caer en el sabelianismo. Su pensamiento influyó en la escuela homoiousiana.

Eusebio de Emesa, sobre la Encarnación: "El Poder (el Logos) no fue capaz de recibir los sufrimientos de la carne... Ciertamente no murió. No recibió el clavo. Si logras traspasar un alma, admitiré (lo mismo en el caso del) Poder." Esto ilustra su esfuerzo por proteger la impasibilidad del Logos divino.
Cirilo de Jerusalén (c. 313 – 386 d.C.) es conocido principalmente por sus Catequesis, una serie de instrucciones para catecúmenos y recién bautizados, compuestas alrededor del 350 d.C. Su carrera episcopal fue larga y marcada por varios exilios debido a las cambiantes políticas imperiales y los conflictos con otros obispos, especialmente con Acacio de Cesarea.
Nota de lectura · Cronología y posición teológica de Cirilo de Jerusalén
- c. 313: Nacimiento, probablemente en Palestina.
- c. 335: Ordenado diácono por Macario de Jerusalén.
- c. 343-348: Ordenado presbítero por Máximo de Jerusalén.
- c. 348: Sucede a Máximo como obispo de Jerusalén.
- c. 350: Compone sus famosas Catequesis.
- 357-359: Primer exilio, instigado por Acacio de Cesarea (un homoiano).
- 360-362: Segundo exilio, tras el concilio homoiano de Constantinopla. Regresa bajo Juliano.
- 367-378: Tercer exilio, bajo el emperador arriano Valente.
- 381: Participa en el Concilio de Constantinopla, donde su ortodoxia es reconocida.
- 386/387: Fallecimiento.
La teología de Cirilo, tal como se expresa en sus Catequesis, es notable por:
- Afirmación de la Generación Eterna del Hijo: "No se convirtió en Padre tras haber sido sin hijos... sino antes de toda sustancia y antes de toda percepción... Dios poseía el estado de Padre." El Hijo es "Hijo verdaderamente, Hijo por naturaleza, sin principio".
- Subordinación Moderada: Aunque afirma la divinidad y eternidad del Hijo, también admite una subordinación al Padre, quien es la fuente.
- Evita Términos Controvertidos: Es notable que Cirilo, en sus Catequesis, nunca utiliza la palabra ousia (sustancia) ni homoousios. Prefiere un lenguaje bíblico y tradicional, evitando los términos técnicos que dividían a la Iglesia. Esto ha llevado a debates sobre su verdadera posición doctrinal en sus primeros años, siendo a veces clasificado como "semi-arriano" o, más probablemente, como un conservador oriental cauto.
- Alta Pneumatología: Es pionero en su alta valoración del Espíritu Santo, describiéndolo como "viviente y subsistiendo distintamente y siempre presente junto con el Padre y el Hijo... no es un sonido de voz, sino subsistente distintamente él mismo hablando y obrando".
La evolución de Cirilo hacia una aceptación plena de la fe nicena se evidencia en su participación en el Concilio de Constantinopla de 381. Su cautela inicial puede interpretarse como un intento pastoral de evitar divisiones en su propia iglesia en Jerusalén.
El período de Juliano, aunque breve, permitió un reagrupamiento de fuerzas y una clarificación de posiciones que serían cruciales para la siguiente fase de la controversia bajo sus sucesores cristianos.
Atanasio de Alejandría se erige como la figura teológica central en la defensa y articulación de la fe nicena. Su pensamiento, desarrollado a lo largo de décadas de controversia y múltiples exilios, se convirtió en la piedra angular de la ortodoxia trinitaria.
Para entender la evolución y la coherencia del pensamiento de Atanasio, es crucial considerar la cronología de sus numerosas obras, muchas de ellas escritas en respuesta directa a los acontecimientos de la controversia arriana.
Los escritos más tempranos, como la doble obra Contra Gentes (Contra los Paganos) y De Incarnatione (Sobre la Encarnación), probablemente fueron compuestos antes del estallido de la controversia arriana o en sus primerísimos momentos (c. 318-325 d.C.), aunque algunos eruditos los datan un poco más tarde, durante su primer exilio (c. 335-337 d.C.). Estas obras sientan las bases de su teología del Logos y la redención.
Sus famosas Orationes contra Arianos (Discursos contra los Arrianos), usualmente tres (aunque a veces se incluye un cuarto de dudosa autenticidad), son su obra polémica más extensa y sistemática. Probablemente fueron compuestas durante su segundo exilio (c. 339-346 d.C.).
Obras posteriores clave incluyen:
- De Decretis Nicaenae Synodi (Sobre los Decretos del Concilio de Nicea) (c. 350-357 d.C.), donde defiende explícitamente el término homoousios.
- De Sententia Dionysii (Sobre la Opinión de Dionisio) (c. 350 d.C.), defendiendo la ortodoxia de su predecesor Dionisio de Alejandría.
- Varias Apologías (Apología a Constancio, Apología por su Huida, Apología Segunda contra los Arrianos) escritas durante su tercer exilio (356-362 d.C.).
- La Historia Arianorum ad Monachos (Historia de los Arrianos para los Monjes) (c. 358 d.C.), una obra polémica y a menudo partidista.
- Las Epistulae ad Serapionem de Spiritu Sancto (Cartas a Serapión sobre el Espíritu Santo) (c. 359-361 d.C.), fundamentales para la doctrina de la divinidad del Espíritu Santo.
- El Tomus ad Antiochenos (Tomo a los Antioquenos) (362 d.C.), un importante documento conciliar de su sínodo de Alejandría.
- Cartas tardías como la Epistula ad Epictetum (c. 371 d.C.) y la Epistula ad Adelphium (c. 371 d.C.), que abordan cuestiones cristológicas.

Nota de lectura · Evolución del uso de *homoousios* en Atanasio
Un aspecto notable es la evolución en el uso y defensa del término homoousios por parte de Atanasio:
- Primera etapa (c. 325 - c. 350 d.C.): Aunque presente en el Credo de Nicea, Atanasio hace un uso esporádico del término en sus primeras obras polémicas (como las Orationes contra Arianos, donde aparece solo una vez de forma significativa). Prefiere usar expresiones bíblicas o equivalentes como "propio de la sustancia del Padre", "imagen exacta de la sustancia" o "verdadero Hijo por naturaleza".
- Segunda etapa (c. 350 - c. 362 d.C.): En obras como De Decretis, Atanasio comienza a defender explícita y vigorosamente el homoousios. Este cambio se debe probablemente a la creciente presión de los credos arrianos y homoianos que rechazaban el término, y a la necesidad de unificar a los defensores de la fe nicena en torno a una palabra clave.
- Tercera etapa (362 d.C. en adelante): Integra el homoousios en una comprensión más amplia de la Trinidad, extendiendo la idea de consustancialidad (aunque no siempre el término exacto) a la relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo.
Esta evolución no indica un cambio en su fe fundamental, sino una adaptación estratégica y una profundización teológica en respuesta a los desafíos de la controversia.
La teología de Atanasio se fundamenta profundamente en la Escritura, aunque utiliza conceptos filosóficos (especialmente del platonismo, aunque críticamente) para defender la unidad ontológica del Padre y el Hijo.
Lo revolucionario del enfoque de Atanasio, como señala Hanson, es que sitúa la actividad mediadora del Hijo no dentro de una jerarquía intradivina (como tendían a hacer los subordinacionistas, incluyendo a Orígenes en cierto modo), sino en la Encarnación. Para Atanasio, el Hijo no es un ser divino intermedio cuya constitución divina le permite contactar con la humanidad (en contraste con un Dios Padre más remoto). Más bien, el Hijo es la manera en que Dios mismo (el Dios único) elige tener tal contacto y revelarse plenamente.
Atanasio desarrolla varios argumentos clave para la relación Padre-Hijo:
- La Eternidad del Hijo: El Hijo no fue creado ni tuvo un principio temporal; es eterno como el Padre. Si el Padre siempre fue Padre, siempre tuvo un Hijo.
- La Generación Natural, no por Voluntad Creadora: El Hijo procede del Padre por naturaleza (φύσει), como un verdadero "engendro" (γέννημα) de la sustancia del Padre, no por un acto de voluntad creadora (βουλήσει) como las criaturas. Para Atanasio, la voluntad se refiere a la creación de lo que es externo a Dios, mientras que la generación se refiere a lo que es propio de la esencia de Dios.
- Unidad Ontológica (Ser): El Hijo es "propio engendro derivado de su ousia (sustancia)" (ἴδιον τῆς οὐσίας αὐτοῦ γέννημα). Esto significa que comparte la misma naturaleza divina que el Padre.
- Relación Esencial e Inseparable: El Padre no sería Padre sin el Hijo, ni el Hijo sería Hijo sin el Padre. Su relación es intrínseca a la identidad divina.
Para expresar esta relación, Atanasio utiliza imágenes bíblicas y analogías, aunque siempre consciente de sus limitaciones:
Atanasio describe al Hijo como "imagen" (εἰκών) del Padre, "resplandor" (ἀπαύγασμα) de su gloria, "sello" o "impronta" (χαρακτήρ) de su sustancia, y "Verdad" (ἀλήθεια), todos términos derivados de la Escritura (especialmente Hebreos 1:3, Colosenses 1:15, Juan 14:6).
Una de sus analogías favoritas es la del sol y su rayo (o luz): el Hijo procede del Padre como el rayo del sol, sin disminuir ni alterar la fuente, siendo coeterno y de la misma naturaleza que la fuente. Otra es la de la fuente y el río. Estas imágenes buscan ilustrar una derivación que no implica inferioridad de naturaleza ni separación temporal.

Para Atanasio, el término homoousios (consustancial) significa que el Hijo comparte la misma e idéntica sustancia o ser divino que el Padre. No implica una identidad numérica simple que borre la distinción personal (Atanasio no es sabeliano), sino una unidad orgánica y esencial con una asimetría en la relación (el Padre es la fuente, el Hijo es engendrado).
"No hablamos de dos dioses... sino de un Dios que existe como una forma de divinidad, como la relación de la luz con el rayo."
El homoousios asegura, para Atanasio, que el Hijo es verdaderamente Dios en el mismo sentido que el Padre, y por lo tanto capaz de divinizar a la humanidad.
Para Atanasio, la Encarnación del Logos es el acto central de la historia de la salvación. Su famosa frase resume su soteriología:
"Él (el Logos) se hizo hombre para que nosotros pudiéramos ser hechos dioses (Αὐτὸς γὰρ ἐνηνθρώπησεν, ἵνα ἡμεῖς θεοποιηθῶμεν)." (De Incarnatione 54.3)
Esto no significa una deificación literal que nos haga iguales a Dios en esencia, sino una participación en la vida incorruptible e inmortal de Dios a través de la unión con el Logos encarnado.
En su descripción de la Encarnación, Atanasio utiliza la metáfora del Logos usando el cuerpo como un "instrumento" (ὄργανον):
"El Logos, aunque era Dios, tenía su propio cuerpo y usando éste como un instrumento se hizo hombre por nuestra causa."
A través de este cuerpo, el Logos opera, realizando tanto acciones humanas (comer, dormir, sufrir) como divinas (milagros, enseñanza con autoridad).
"Cuando fue necesario revivir a la suegra de Pedro que sufría de fiebre, como hombre extendió su mano, pero como Dios detuvo la enfermedad."
Un punto históricamente debatido en la cristología de Atanasio es su tratamiento del alma humana de Cristo. En sus obras principales (especialmente las Orationes contra Arianos), Atanasio parece operar con un modelo Logos-Sarx (Verbo-Carne), donde el Logos divino toma el lugar del alma o mente humana racional en Jesús. Esto le permite atribuir las limitaciones y sufrimientos humanos directamente al Logos operando en la carne, pero también lo lleva a posiciones problemáticas:
- Cuando los arrianos señalaban textos donde Jesús muestra ignorancia (Marcos 13:32) o miedo (Getsemaní), Atanasio a menudo argumenta que el Logos no podía realmente ignorar o temer; tales expresiones eran solo "aparentes", pedagógicas, o referidas a la perspectiva de la carne, no a una debilidad intrínseca del Logos.
Esta posición, aunque útil contra ciertos argumentos arrianos, limita su capacidad para explicar adecuadamente la plena e íntegra humanidad de Cristo y la realidad de sus experiencias psicológicas humanas.
Sin embargo, es importante notar que más tarde en su carrera, especialmente en el Tomus ad Antiochenos (362 d.C.) y en su Epistula ad Epictetum (c. 371 d.C.), Atanasio reconoce formalmente que el cuerpo de Cristo no estaba "sin alma" (ἄψυχον) ni "sin mente" (ἄνους), y afirma: "nuestra salvación no era una ilusión ni solo salvación del cuerpo, sino del hombre completo, realmente alma y cuerpo." Este desarrollo posterior, posiblemente influenciado por el surgimiento del apolinarismo (que negaba una mente humana en Cristo), muestra una mayor apreciación de la integridad de la naturaleza humana de Cristo.

La doctrina de Atanasio, con su firme defensa de la plena divinidad y consustancialidad del Hijo, y su soteriología centrada en la divinización, fue fundamental para la victoria final de la fe nicena.
Mientras la controversia arriana se desarrollaba principalmente en el Oriente de habla griega, el Occidente latino, aunque menos involucrado en las sutilezas teológicas iniciales, también produjo defensores clave de la fe nicena. Estos teólogos occidentales a menudo abordaron la controversia desde una perspectiva diferente, influenciados por la tradición latina de Tertuliano y Novaciano, y con una comprensión a veces limitada de los matices del debate griego.
Hilario de Poitiers (c. 310 – c. 367 d.C.) emerge como el defensor más destacado y sofisticado del Credo de Nicea en Occidente. Su teología se desarrolló significativamente durante su exilio en Oriente, donde entró en contacto directo con las complejidades del debate griego.
- c. 310-320: Nacimiento, probablemente en Poitiers (Galia). De familia pagana acomodada, recibió una buena educación clásica.
- c. 345: Conversión al cristianismo.
- c. 350-353: Consagración como obispo de Poitiers.
- c. 355: Escribió su Comentario sobre Mateo, su primera obra importante, que muestra un conocimiento aún limitado de la controversia arriana.
- 356: En el Sínodo de Béziers, se opuso a la política pro-arriana (homoiana) del emperador Constancio II y fue exiliado a Frigia (Asia Menor) por el emperador.
- 356-360 (Exilio): Este período fue crucial para su desarrollo teológico. Entró en contacto con teólogos orientales y estudió a fondo la controversia. Compuso su obra maestra, De Trinitate (Sobre la Trinidad) en doce libros, una defensa profunda de la divinidad del Hijo. También escribió De Synodis (Sobre los Sínodos) (359 d.C.), un intento de explicar la fe nicena a los obispos occidentales y orientales moderados (homoiousianos), buscando un terreno común.
- 359: Asistió al Concilio de Seleucia, donde intentó defender la posición nicena.
- c. 360: Regresó a Galia, donde organizó concilios (como el de París en 360/361) para contrarrestar la influencia arriana y reafirmar la fe de Nicea.
- 364: Intentó sin éxito deponer a Auxencio, el obispo arriano (homoiano) de Milán.
- c. 367/368: Fallecimiento.
Otras obras incluyen fragmentos históricos (Collectanea Antiariana Parisina) y tratados contra Constancio y Auxencio.
También es conocido por componer himnos.
La teología trinitaria de Hilario, especialmente en De Trinitate, es una defensa robusta de la plena divinidad y consustancialidad del Hijo.
"Jesucristo debe ser confesado como nada menos que Dios en la plenitud de la divinidad." (De Trinitate)
Hilario insiste en que la unión del Hijo con el Padre es de naturaleza (natura), no meramente moral o voluntaria:
"Él describió su nacimiento nombrando al Padre. Enseña que el Padre es conocido cuando él mismo es conocido. Confiesa una unidad de naturaleza puesto que el Padre es visto cuando él es visto. Testifica que él es inseparable del Padre puesto que permanece en el Padre que permanece en él." (De Trinitate VII.41)
La doctrina de Hilario sobre la generación eterna del Hijo, ausente o poco desarrollada en sus primeros escritos, se articula plenamente en su De Trinitate, influenciada por su contacto con el pensamiento oriental: "Profesamos una generación que ha existido atemporalmente (nativitatem... intemporaliter subsistentem), declaramos a Dios el Hijo como Dios de naturaleza no diversa de Dios Padre." (De Trinitate XII.21)
Hilario utiliza el término unius substantiae (de una sustancia), eco del homoousios niceno, para afirmar la unidad de ser entre Padre e Hijo. Aunque reconoce la distinción de Personas (personae), enfatiza su unidad de naturaleza divina.

La cristología de Hilario presenta características sorprendentes y, en algunos puntos, problemáticas. A diferencia de Atanasio (en su fase temprana), Hilario reconoce claramente que Jesús tenía un alma humana (anima). Sin embargo, desarrolla una teoría peculiar sobre el sufrimiento de Cristo:
Hilario sostiene que el cuerpo de Cristo, aunque real y derivado de la Virgen María, tenía cualidades especiales debido a su origen divino y su unión con el Logos. Argumenta que Cristo no experimentó el dolor del sufrimiento como los humanos normales:
"El hombre Cristo Jesús, el unigénito Dios... asumió al verdadero hombre según la semejanza de nuestra humanidad sin apartarse de ser Dios. Y en él, aunque el golpe cayera sobre él o la herida le alcanzara o los nudos se apretaran o las cuerdas le levantaran, le trajeron la fuerza (impetus) del sufrimiento, ¡pero no el dolor del sufrimiento!" (De Trinitate X.23)
Para Hilario, el cuerpo de Cristo, por su unión con el Logos, era de alguna manera "celestial" y trascendía la capacidad de sentir dolor como la carne pecadora. Su alma no estaba sujeta a las pasiones de la misma manera que la nuestra. Esta posición, que podría considerarse una forma de docetismo sutil o monofisismo incipiente, buscaba proteger la divinidad de Cristo de la experiencia del sufrimiento, pero a costa de comprometer la plena realidad de su experiencia humana.
Esta visión es una desviación significativa de la ortodoxia posterior y muestra las dificultades que enfrentaban los teólogos al tratar de conciliar la plena divinidad y la plena humanidad de Cristo.
Además de Hilario, otros obispos y teólogos occidentales defendieron la fe nicena, aunque con diversos grados de sofisticación teológica:
- Eusebio de Vercelli (c. 283 – 371 d.C.): Obispo de Vercelli (Italia), fue un firme opositor del arrianismo. Exiliado junto con Hilario tras el Concilio de Milán (355). Participó en el Concilio de Alejandría de Atanasio (362) y trabajó por la restauración de la fe nicena en Occidente.
- Lucifer de Cagliari (fallecido c. 370 d.C.): Obispo de Cagliari (Cerdeña). Conocido por su intransigencia y su lenguaje vehemente contra los arrianos y el emperador Constancio II. Su rigorismo extremo lo llevó a romper la comunión con aquellos que mostraban lenidad hacia los obispos que habían cedido al arrianismo, fundando así el cisma "luciferiano".
- Febadio de Agen (fallecido después de 392 d.C.): Obispo de Agen (Galia). Autor de Liber contra Arianos (Libro contra los Arrianos), una refutación del Segundo Credo de Sirmio de 357.
- Gregorio de Elvira (fallecido c. 392 d.C.): Obispo de Elvira (España). Autor de De Fide Orthodoxa (Sobre la Fe Ortodoxa), una defensa de la fe nicena que también es una de las primeras obras en Occidente en defender explícitamente la consustancialidad del Espíritu Santo. Como Lucifer, fue un rigorista.
Es importante notar que muchos de estos autores occidentales dependían fuertemente de la tradición teológica latina (especialmente Tertuliano) y tenían un conocimiento a menudo limitado de los desarrollos y matices del debate teológico en Oriente. Su vocabulario teológico (substantia, persona) y su enfoque conceptual a veces diferían significativamente de sus contrapartes orientales (ousia, hypostasis), lo que contribuía a los malentendidos.
Mario Victorino (Caius Marius Victorinus Afer, c. 281/291 – c. 364 d.C.) representa un caso único y fascinante. Fue un destacado filósofo neo-platónico y rétor pagano en Roma, traductor de obras de Aristóteles y Plotino al latín. Se convirtió al cristianismo en una edad avanzada (alrededor del 355 d.C.), un evento que tuvo un impacto considerable (como lo relata Agustín en sus Confesiones VIII.2).
Tras su conversión, Victorino aplicó su sofisticada formación filosófica a la defensa de la ortodoxia nicena, escribiendo varias obras contra los arrianos (Adversus Arium) y sobre la Trinidad. Su teología es altamente filosófica, empleando conceptos neo-platónicos para articular la doctrina cristiana.
Desarrolló una metafísica trinitaria original:
- Dios como Potencialidad Pura: El Padre es "existencia más allá de la existencia" (esse superius quam esse), pura potencialidad (potentia).
- El Hijo como Actividad Divina: El Hijo (Logos) es la "actividad" (actus, agere) o la forma (forma) de esa potencialidad paterna. "Lo que el Padre es como Ser (esse), el Logos es como actividad (agere)".
- Distinción sin Separación: La generación del Hijo no implica división ni disminución en Dios.
- Homoousios Filosófico: Defendió el homoousios niceno interpretándolo a través de categorías neo-platónicas, enfatizando la unidad de ser y acción en la divinidad.

Nota de lectura · Terminología trinitaria de Mario Victorino: un enfoque distinto
Curiosamente, Victorino, a pesar de escribir en latín, rechazó explícitamente el uso del término persona en contextos trinitarios, a diferencia de la tradición latina establecida por Tertuliano. Consideraba que persona tenía connotaciones de "máscara" o apariencia, y no expresaba adecuadamente la realidad subsistente de las distinciones divinas.
En su lugar, prefirió hablar de "tres subsistencias de una sustancia" (una substantia, tres subsistentiae), usando subsistentia como un intento de traducir el griego hypostasis en el sentido de realidad individual subsistente. Su uso de substantia se refiere a la esencia divina común.
A pesar de la sofisticación de su pensamiento, Victorino tuvo poca influencia inmediata en sus contemporáneos. Jerónimo describió sus obras como "dialécticas y muy recónditas, que solo podían ser entendidas por los eruditos". Solo décadas después, Agustín reconocería y utilizaría algunos de sus conceptos (especialmente la tríada Ser-Vida-Entendimiento para Dios) en su propia teología trinitaria, aunque con importantes modificaciones.
Los defensores occidentales de Nicea, aunque diversos en sus enfoques y niveles de comprensión teológica, jugaron un papel vital en mantener viva la fe nicena en el Occidente latino y, a través de figuras como Hilario, en tender puentes hacia el Oriente.