Premisa central
El credo niceno-constantinopolitano condensa la fe trinitaria de la iglesia antigua frente a herejías que vaciaban la divinidad del Verbo o del Espíritu.
En muchas iglesias se confiesa cada domingo: «Creemos en un solo Dios…». Esas palabras se fijaron entre los concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381), en medio del debate sobre la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo. Son una fórmula litúrgica y, a la vez, el resultado de una controversia que obligó a precisar qué significa confesar a un solo Dios en tres Personas.
El estudio distingue tres planos: la historia que produjo el texto (secciones I a IV), el texto completo del Credo y su explicación frase a frase (V). Las secciones siguientes tratan su recepción, su trasfondo filosófico y su lugar en la vida de la Iglesia.
El año 311 marcó un punto de inflexión en la historia del cristianismo. Con el Edicto de Tolerancia de Galerio y posteriormente el apoyo de Constantino, la Iglesia emergió de las catacumbas para enfrentar un nuevo desafío: definir con precisión qué significaba ser cristiano en un mundo donde ya no se enfrentaba la persecución externa, sino las divisiones internas.
Como señala el historiador Philip Schaff, este período representa "la
formación y establecimiento eclesiástico de la ortodoxia ecuménica" (History
of the Christian Church. Vol. 3, chapter IX). La Iglesia ahora poseía el
aprendizaje y la filosofía del Imperio Romano, y los aplicó al desarrollo y
defensa de la verdad cristiana. Sin embargo, esta nueva libertad también
trajo consigo el peligro de que las controversias teológicas se entrelazaran
con las intrigas políticas y los intereses seculares del día.

La controversia que precipitó el Concilio de Nicea comenzó en Alejandría, donde un presbítero llamado Arrio comenzó a enseñar que el Hijo de Dios, aunque divino, era una criatura - la primera y más exaltada de todas las criaturas, pero criatura al fin. Su lema era provocador: "Hubo un tiempo cuando el Hijo no existía" (ἦν ποτε ὅτε οὐκ ἦν).
Nota de lectura · Las implicaciones de la enseñanza arriana
La posición de Arrio no era meramente académica. Como T.F. Torrance observa
brillantemente en su obra: "Si no hay relación de unidad en ser y agencia
entre lo que Dios el Padre es en sí mismo y lo que es hacia nosotros en la
gracia del Señor Jesucristo su Hijo, entonces el kerygma del Evangelio está
vacío de contenido salvífico" (The Trinitarian Faith, p. 23). En otras palabras, si Cristo no es
verdaderamente Dios, entonces:
-
No tenemos acceso directo a Dios a través de Él
-
La salvación se convierte en obra de una criatura, no de Dios mismo
-
El culto a Cristo sería idolatría
-
La revelación de Dios en Cristo no sería definitiva ni completa
Constantino, alarmado por las divisiones que amenazaban la unidad de su imperio recién cristianizado, convocó el primer concilio ecuménico en Nicea. Como describe una fuente contemporánea: "El nuevo emperador pronto descubrió que 'una fe y una iglesia' estaban fracturadas por disputas teológicas" (Presbyterian Church (U.S.A.) 2016, 2).
En un lado estaba Alejandro de Alejandría, junto con su joven diácono
Atanasio, quienes afirmaban que "la divinidad de
Cristo, el Hijo, es de la misma sustancia que la divinidad de Dios, el
Padre" (Presbyterian Church (U.S.A.) 2016, 2). Del otro lado, Arrio y sus
simpatizantes, incluyendo algunos obispos influyentes como Eusebio de
Nicomedia.

El concilio produjo una confesión de fe que comenzaba con las palabras "Πιστεύομεν" (Creemos), estableciendo desde el principio que esto no era un decreto imperial sino una confesión de fe de la Iglesia. Como explica Torrance: "El Credo Niceno fue un acto corporativo solemne de la Iglesia en la presencia de Dios" (The Trinitarian Faith, p. 23).
La palabra que selló el destino del arrianismo fue ὁμοούσιος (homoousios - "de la misma sustancia", "consubstancial"). Este término, aunque no aparece en las Escrituras, fue considerado esencial para salvaguardar la verdad bíblica.
Es importante entender que los padres nicenos no estaban añadiendo a la
Escritura, sino protegiéndola de interpretaciones erróneas. El término
homoousios funcionaba como una cerca alrededor del jardín de la verdad
bíblica.
Contrario a lo que muchos piensan, el Concilio de Nicea no resolvió inmediatamente la controversia. Los años siguientes vieron:
- El exilio de Atanasio - cinco veces desterrado por defender la fe nicena
- Múltiples sínodos y credos rivales - intentos de encontrar fórmulas de compromiso
- La emergencia de nuevas controversias - especialmente sobre el Espíritu Santo
Nota de lectura · Los tres grandes capadocios
Tres teólogos de Capadocia jugaron un papel crucial en clarificar y defender
la fe nicena:
- Basilio de Cesarea - El organizador y líder práctico
- Gregorio de Nacianzo - El orador y teólogo por excelencia
- Gregorio de Nisa - El filósofo místico
Juntos desarrollaron el vocabulario
teológico que permitió hablar de un Dios en tres personas (μία οὐσία, τρεῖς
ὑποστάσεις - una esencia, tres hipóstasis).
Un nuevo desafío surgió con los "pneumatómacos" (combatientes contra el Espíritu), quienes aceptaban la divinidad del Hijo pero negaban la del Espíritu Santo. Basilio de Cesarea escribió su tratado "Sobre el Espíritu Santo" defendiendo que el Espíritu debe ser adorado y glorificado junto con el Padre y el Hijo.
El emperador Teodosio I, comprometido con la fe nicena, convocó un nuevo concilio en Constantinopla. Como señala una fuente histórica: "Su propósito era afirmar la fe pro-nicena y resolver los asuntos de la iglesia oriental" (The Cambridge Companion to the Council of Nicea, p. 274).
El credo que emergió de Constantinopla, aunque presentado como una reafirmación del de Nicea, incluía expansiones significativas:
Sobre el Espíritu Santo: "El Señor y dador de vida, que procede del
Padre, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que
habló por los profetas."
Sobre la Iglesia: "Creemos en la Iglesia, que
es una, santa, católica y apostólica." Estas adiciones no fueron meras
elaboraciones, sino respuestas necesarias a las nuevas herejías que habían
surgido.

Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
y de todas las cosas visibles e invisibles.Y en un solo Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, el Unigénito,
engendrado del Padre antes de todos los siglos;
Luz de Luz; Dios verdadero de Dios verdadero;
engendrado, no creado; de una misma naturaleza con el Padre;
por quien todo fue hecho;
que por nosotros los hombres y por nuestra salvación
bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen,
y se hizo hombre;
y fue crucificado por nuestra causa bajo Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras;
y ascendió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.Y creemos en el Espíritu Santo,
el Señor, y Dador de Vida,
que procede del Padre,
que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria,
que habló por los profetas.Y creemos en una Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Esperamos la resurrección de los muertos,
y la vida del siglo venidero.Amén.
Siguiendo el método de T.F. Torrance, examinemos cada frase del Credo para comprender su profundidad teológica:
Nota de lectura · El fundamento monoteísta
Esta afirmación inicial establece el monoteísmo cristiano en continuidad con
la fe de Israel. resuena aquí:
"Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor uno es." Pero como observa
Torrance, este monoteísmo cristiano es único porque "está necesariamente
comprometido con la exclusión de cualquier otro dios que no sea Dios el
Padre y de cualquier otra revelación de este único Dios que no sea su Hijo
unigénito" (The Trinitarian Faith, p. 22-23).
La paternidad de Dios no es meramente metafórica. En el contexto trinitario, afirma que Dios es eternamente Padre - siempre ha tenido un Hijo. La palabra "Todopoderoso" (Pantocrátor) enfatiza su soberanía absoluta sobre toda la creación.
Esta frase rechaza todo dualismo gnóstico que despreciaba la creación
material. Afirma que el mismo Dios que nos salva es quien creó todas las
cosas, visibles e invisibles.
El título "Señor" (Κύριος) es crucial. En la Septuaginta (traducción griega del Antiguo Testamento), este es el término usado para el nombre divino YHWH. Aplicarlo a Jesús es afirmar su divinidad.
«Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos» (τὸν Υἱὸν τοῦ Θεοῦ τὸν μονογενῆ, τὸν ἐκ τοῦ Πατρὸς γεννηθέντα πρὸ πάντων τῶν αἰώνων)
Aquí el Credo rechaza explícitamente la enseñanza arriana. El Hijo no fue
creado en el tiempo, sino que es eternamente generado del Padre. Como
explicaban los padres capadocios, así como el sol nunca existe sin su
resplandor, así el Padre nunca existió sin el Hijo. La distinción entre
"nacido" (γεννηθέντα) y "hecho" (ποιηθέντα) es fundamental. El Hijo es
nacido, no hecho - procede de la esencia misma del Padre, no es una criatura
externa a Él.

«Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero» (φῶς ἐκ φωτός, Θεὸν ἀληθινὸν ἐκ Θεοῦ ἀληθινοῦ)
Estas expresiones poéticas pero precisas enfatizan la completa divinidad del Hijo. No es un dios menor o derivado, sino que posee la misma naturaleza divina que el Padre.
«Engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre» (γεννηθέντα οὐ ποιηθέντα, ὁμοούσιον τῷ Πατρί)
Nota de lectura · El corazón del Credo: homoousios
Aquí llegamos al término decisivo: ὁμοούσιος τῷ Πατρί (homoousios to Patri -
"de la misma sustancia/esencia que el Padre"). Esta palabra se convirtió en
el baluarte contra el arrianismo. Como señala la investigación moderna: "Una
idea clave de la alianza pro-nicena fue que el lenguaje de ousia y el
homoousios en particular, aunque no fueran escriturales, eran esenciales
para articular la doctrina ortodoxa de la Trinidad" (The Cambridge Companion to the Council of Nicea, p. 279).
Esta afirmación, basada en y , establece al Hijo como el agente de la creación. Si todas las cosas fueron hechas por Él, entonces Él mismo no puede ser una cosa hecha.
«Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo» (Τὸν δι ἡμᾶς τοὺς ἀνθρώπους καὶ διὰ τὴν ἡμετέραν σωτηρίαν κατελθόντα ἐκ τῶν οὐρανῶν)
El Credo ahora pasa de la teología (quién es Cristo) a la economía (qué hizo Cristo). La preposición "por" (διά) indica propósito - la encarnación fue por nuestra salvación.
«Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen» (καὶ σαρκωθέντα ἐκ Πνεύματος Ἁγίου καὶ Μαρίας τῆς Παρθένου)
Note cómo el Espíritu Santo aparece activo en la encarnación, preparando el
camino para la afirmación posterior de su divinidad. La virginidad de María
salvaguarda tanto la humanidad real de Cristo (nacido de mujer) como su origen
divino (concebido por el Espíritu).
No meramente apareció como hombre (docetismo) ni habitó en un hombre (adopcionismo), sino que verdaderamente "se hizo" (ἐγένετο) hombre () asumiendo la naturaleza humana completa.
«Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras» (Σταυρωθέντα τε ὑπὲρ ἡμῶν ἐπὶ Ποντίου Πιλάτου, καὶ παθόντα καὶ ταφέντα. Καὶ ἀναστάντα τῇ τρίτῃ ἡμέρα κατὰ τὰς Γραφάς.)
La referencia a Poncio Pilato ancla la fe en la historia. El cristianismo no es un mito atemporal sino que proclama eventos históricos específicos. La frase "según las Escrituras" indica que estos eventos cumplen el plan divino revelado en el Antiguo Testamento.
La ascensión no es simplemente un final feliz, sino que establece a Cristo como Señor cósmico, ejerciendo el dominio divino ("la derecha" es un símbolo de poder y autoridad).
El Credo afirma la esperanza escatológica cristiana. Cristo no solo vino una
vez sino que vendrá de nuevo, esta vez en gloria manifiesta como juez
universal. Esta es una afirmación implícita más de su divinidad, pues solo
Dios puede juzgar a toda la humanidad.

Esta adición fue específicamente dirigida contra Marcelo de Ancira, quien enseñaba que el reino del Hijo eventualmente sería reabsorbido en el Padre. El Credo afirma la eternidad del reino mesiánico.
La sección sobre el Espíritu Santo representa la expansión más significativa del Credo de Constantinopla respecto al de Nicea.
Nota de lectura · La divinidad del Espíritu
El título "Señor" (Κύριον) aplicado al Espíritu es significativo. Aunque el
Credo evita llamarlo explícitamente "Dios" (probablemente por razones
diplomáticas), todo lo que dice sobre Él implica su divinidad:
- Es "dador de vida" (ζωοποιόν) - solo Dios puede dar vida
- "Procede del Padre" - comparte el origen divino
- Recibe "una misma adoración y gloria" - solo Dios puede ser adorado Como observa la investigación histórica, algunos ven este lenguaje como "el pragmatismo sutil" (Ayres 2004, 257-58.) de los padres capadocios, especialmente Gregorio de Nisa.
Esta frase, basada en , distingue el modo de origen del Espíritu (procesión) del modo de origen del Hijo (generación). Ambos son eternos y ambos implican la comunicación de la esencia divina completa.
La posterior adición occidental del "Filioque" (y del Hijo, acorde a ) a esta frase se
convertiría en uno de los puntos de división entre Oriente y Occidente. El
Credo original solo dice "del Padre".
Esta es quizás la afirmación más fuerte de la divinidad del Espíritu sin usar la palabra "Dios". En el contexto judío y cristiano, solo Dios puede ser adorado. Al colocar al Espíritu en el mismo plano de adoración que el Padre y el Hijo, el Credo afirma implícitamente su divinidad.
Esta frase conecta al Espíritu con la revelación del Antiguo Testamento,
afirmando la unidad de la economía divina. El mismo Espíritu que inspiró a
los profetas es quien ahora habita en la Iglesia.

El Credo concluye con una confesión sobre la Iglesia, marcada por cuatro notas distintivas:
Nota de lectura · Las cuatro notas de la Iglesia
Una (μίαν) - La unidad de la Iglesia refleja la unidad de Dios. Como hay
un solo Dios, un solo Señor, un solo Espíritu, así hay una sola Iglesia.
Santa (ἁγίαν) - Separada para Dios y santificada por el Espíritu Santo
que habita en ella.
Católica (καθολικὴν) - Universal, abarcando a todos
los pueblos y preservando la totalidad de la fe apostólica. Apostólica
(ἀποστολικὴν) - Fundada sobre el testimonio de los apóstoles y continuando
su misión.
El bautismo único refleja la unidad de la Iglesia. No hay múltiples bautismos para diferentes grupos - todos son incorporados al único cuerpo de Cristo por el único bautismo.
El Credo concluye con la esperanza escatológica que da sentido a toda la vida cristiana. No es solo el alma la que es salvada, sino la persona completa - de ahí la resurrección del cuerpo.
Contrariamente a lo que muchos piensan, el Credo de Constantinopla no fue inmediatamente aceptado como ecuménico. Como señala la investigación histórica: "Después del Concilio de Calcedonia, el Credo Constantinopolitano fue gradualmente aceptado y diseminado como una expresión auténtica y autoritativa de la fe nicena" (The Cambridge Companion to the Council of Nicea, p. 334).
Fue el Concilio de Calcedonia (451) el que definitivamente validó el Credo
Constantinopolitano junto con el Niceno original, reconociendo ambos como
expresiones válidas de la única fe.
Nota de lectura · Desarrollo doctrinal en la tradición
Los padres de Calcedonia enfrentaron una paradoja: por un lado, afirmaban el
principio de la inmutabilidad de la fe nicena; por otro, aceptaban un credo
expandido. Como observa un erudito moderno: "Implícitamente, aunque sin
ningún reconocimiento explícito, aceptaron el hecho del desarrollo doctrinal
y, en la práctica, tuvieron que dejar de lado el principio de suficiencia
del Credo Niceno" (The Cambridge Companion to the Council of Nicea, p. 334).
Esto nos enseña que la ortodoxia no es estática sino dinámica,
capaz de responder a nuevos desafíos mientras mantiene fidelidad a la verdad
apostólica.
Los padres del siglo IV no rechazaron la filosofía griega sino que la bautizaron. Como señala Schaff: "(Tanto el platonismo como el aristotelismo) Ambos sistemas son teístas (en el fondo monoteístas), y favorables al espíritu de especulación seria y profunda" (History of the Christian Church, Vol. III, cap. IX, 1288).
Influencia platónica: Visible especialmente en los padres alejandrinos
como Orígenes y Atanasio. El
platonismo, con sus visiones ideales y poéticas, estimula e inspira la razón
y la imaginación. Elementos aristotélicos: Más evidentes en la precisión
lógica de las distinciones trinitarias. El aristotelismo proporciona
disciplina para el entendimiento y ayuda al tratamiento sistemático.

Schaff sabiamente advierte: "La influencia de las dos grandes filosofías sobre
la teología fue beneficiosa o perjudicial, según si el principio del
cristianismo era el factor gobernante o el gobernado" (History of the Christian Church, Vol. III, cap. IX, 1288).
Las controversias del siglo IV no fueron meras disputas académicas. Como observa Schaff: "Al más ardiente celo por la verdad se fundían los odios y la rabia de los teólogos; brotaba todo un cortejo de pasiones teológicas, las más hondas y amargas de cuantas existen, pues la religión se ocupa de intereses eternos." (History of the Christian Church, Vol. III, cap. IX, 1284).
Nota de lectura · Momentos decisivos en la controversia
- 325 - Nicea: La afirmación inicial del homoousios
- 328-335: Los múltiples exilios de Atanasio
- 359-360: Los sínodos de Rímini y Seleucia - el punto más bajo para los nicenos
- 362: El Sínodo de Alejandría bajo Atanasio - reconciliación de terminología
- 379-381: El ascenso de Teodosio y el triunfo final en Constantinopla
Cada uno de estos
momentos representa no solo un evento político-eclesiástico, sino una lucha
por el alma misma del cristianismo. (Para mas sobre la lucha interna y conflictos de nicea, vease el articulos sobre Arrianismo)
La investigación moderna ha identificado la formación de lo que se llama la "alianza pro-nicena" como clave para el triunfo final de la ortodoxia. Esta alianza:
- Rechazó tanto el modalismo (que negaba las distinciones personales) como el triteísmo
- Insistió en el lenguaje de ousia como esencial, no opcional
- Produjo abundante material suplementario para asegurar la correcta interpretación
- Se benefició del patrocinio imperial de Teodosio
El Credo Niceno-Constantinopolitano estableció la doctrina de la Trinidad
como el misterio central de la fe cristiana. Como Cirilo de
Alejandría expresaría más tarde, la
concepción de la interrelación de las tres Personas perfectas, coiguales,
coeternas, a través de su morada recíproca (περιχώρησις), representa "la
doctrina Atanasiana, Epifaniana y Constantinopolitana del Un Ser de la
Deidad en Trinidad y la Trinidad Consustancial en Unidad" (The Trinitarian Faith, p. 340).
(Para mas sobre modelos y entendimiento de pericóresis y subordinacionismo, vease el articulo sobre Subordinacionismo)

La importancia del Credo no es meramente especulativa sino profundamente práctica:
Nota de lectura · ¿Por qué importa la Trinidad?
Para la Salvación: Solo Dios puede salvar. Si Cristo no es
verdaderamente Dios, nuestra salvación es incierta.
Para la Revelación:
En Cristo vemos al Padre (). Si Cristo no
es homoousios con el Padre, no tenemos verdadero conocimiento de Dios.
Para la Adoración: Adoramos a Cristo y al Espíritu junto con el Padre.
Si no son verdaderamente Dios, somos idólatras.
Para la Vida Cristiana:
Somos bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Nuestra vida espiritual es participación en la vida trinitaria.
En una era de relativismo doctrinal, el Credo Niceno-Constantinopolitano permanece como:
- Un ancla de ortodoxia - Define los límites de la fe cristiana auténtica
- Un vínculo de unidad - Une a cristianos a través de denominaciones y culturas
- Una confesión litúrgica - Forma nuestro culto y espiritualidad
- Un recurso catequético - Proporciona estructura para la enseñanza de la fe
El Credo continúa hablando a desafíos contemporáneos:
-
Contra el relativismo religioso, afirma la verdad objetiva
-
Contra el individualismo, proclama una fe comunitaria ("Creemos")
-
Contra el reduccionismo materialista, afirma realidades espirituales
-
Contra la desesperanza, proclama la vida del mundo venidero
Nota de lectura · Más que una fórmula
El Credo no es meramente una declaración intelectual sino un acto de
adoración. Cuando decimos "Creemos", no solo afirmamos proposiciones sino
que nos comprometemos con el Dios Trino que es el objeto de nuestra fe. Como
observó un padre de la Iglesia: "El Credo es la regla de nuestra fe, el
fundamento de nuestra esperanza, y la fuente de nuestro amor." (Agustín de Hipona: Enchiridion de la fe, la esperanza y la caridad)
El Credo Niceno-Constantinopolitano no es solo para recitar los domingos, sino para vivir diariamente:
"Creemos en un solo Dios" - Llamados a rechazar todos los ídolos
modernos
"Padre Todopoderoso" - Confianza en la providencia divina en
medio de las pruebas
"Por nosotros bajó del cielo" - Motivación para el
servicio sacrificial
"Resucitó al tercer día" - Esperanza inquebrantable
ante la muerte
"Creemos en el Espíritu Santo" - Apertura a la acción
transformadora de Dios
"La Iglesia una, santa, católica y apostólica" -
Compromiso con la comunidad de fe

Nota de lectura · El Credo como vínculo de unidad
En un mundo fragmentado, el Credo nos recuerda que:
-
Compartimos una fe común que trasciende diferencias culturales
-
Estamos unidos en una misión que comenzó con los apóstoles
-
Participamos en una esperanza que nos proyecta hacia el futuro de Dios
-
Adoramos al mismo Dios Trino que adoraron nuestros antepasados en la fe
Esta unidad no es uniformidad, sino comunión
en lo esencial mientras permitimos diversidad en lo secundario.
Al concluir nuestro viaje a través del Credo Niceno-Constantinopolitano, podemos apreciar la sabiduría de los padres de la Iglesia que, en medio de intensas presiones y controversias, supieron articular la fe de manera que ha perdurado por diecisiete siglos.
Como señala Torrance: "El Credo Niceno fue considerado como un factor central
y controlador en la misión continua de la Iglesia, para ser tratado tanto como
una proclamación evangélica que lleva a la fe en Cristo como una formulación
instructiva de las verdades capitales del Evangelio" (The Trinitarian Faith, p. 18).
Nota de lectura · Guardianes del depósito
Como cristianos del siglo XXI, somos herederos de este gran tesoro. Nuestra
responsabilidad es:
-
Conocerlo profundamente - No solo memorizarlo sino entender su significado
-
Confesarlo fielmente - En el culto y en el testimonio público
-
Vivirlo auténticamente - Permitiendo que forme nuestra espiritualidad
-
Transmitirlo íntegramente - A las próximas generaciones
El Credo no es una reliquia del pasado sino una confesión viva
que continúa dando forma a la identidad cristiana y guiando a la Iglesia en
su peregrinación hacia la consumación final.
En palabras de una colecta para el domingo de la Trinidad:
"Dios todopoderoso y eterno, que te has revelado como Padre, Hijo y Espíritu Santo, y vives y reinas en la perfecta unidad del amor: Concede que mantengamos siempre firme y gozosamente esta fe, y, viviendo en la alabanza de tu divina majestad, seamos finalmente uno en ti; que eres tres Personas en un solo Dios, por los siglos de los siglos."
Y con el himno «Santo, Santo, Santo» de Reginald Heber (1826), en la traducción castellana de Juan Bautista Cabrera:
- ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Señor omnipotente,
Siempre el labio mío loores Te dará.
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Te adoro reverente,
Dios en tres Personas, bendita Trinidad.
- ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! en numeroso coro,
Santos escogidos Te adoran sin cesar
De alegría llenos y sus coronas de oro
Rinden ante el trono y el cristalino mar.
- ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! la inmensa muchedumbre
De ángeles que cumplen tu santa voluntad,
Ante Ti se postra, bañada de tu lumbre,
Ante Ti que has sido, que eres y serás.
- ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! por más que estés velado E imposible sea tu gloria contemplar;
Santo Tú eres sólo, y nada hay a tu lado
En poder perfecto, pureza y caridad.
- ¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! la gloria de tu nombre
Vemos en tus obras en cielo, tierra y mar;
¡Santo! ¡Santo! ¡Santo! Te adorará todo hombre,
Dios en tres Personas, bendita Trinidad.
El Credo Niceno-Constantinopolitano no es simplemente un documento histórico o una fórmula teológica. Es la expresión de la fe que ha sostenido a la Iglesia a través de los siglos, el ancla que la ha mantenido firme en medio de las tormentas doctrinales, y la brújula que continúa orientándola hacia la verdad salvífica del Dios Trino.
Que al recitarlo en cada celebración eucarística, no sea un mero ejercicio de memoria, sino un acto renovado de fe, esperanza y amor hacia Aquel que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios, bendito por los siglos. Amén.
- Homoousios: el término que Nicea hizo central y su historia.
- Generación eterna: qué afirma «engendrado, no creado».
- Arrianismo y subordinacionismo: las posiciones a las que el Credo responde.
- Atanasio y su tratado Sobre la encarnación: el principal defensor de Nicea.