Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 4 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 9 min¿Qué es la regla de fe?
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minQué no era: un credo con texto fijo
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 min¿La regla decide por encima de la Escritura?
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 5 minBases bíblicas

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    VOLUMEN I — TRADICIÓN Y ESCRITURA

    Índice de la obra

    Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    La regla de fe: el resumen que Ireneo y Tertuliano oponían a los herejes

    Patrística · siglos II y III25 minPosición: 0% de esta partePublicado el Actualizado el Ref. CON-REG-FE-01

    Leer por sesiones · 4 sesiones · 0 marcadas como leídas

    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 9 min¿Qué es la regla de fe?
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minQué no era: un credo con texto fijo
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 min¿La regla decide por encima de la Escritura?
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 5 minBases bíblicas

    Premisa central

    La regla de fe era el resumen de lo que la Iglesia decía haber recibido de los apóstoles y confesaba en el bautismo: un Dios creador, su Hijo hecho hombre, el Espíritu, el juicio y la resurrección. Su contenido era estable y su redacción variaba. Todavía no era un credo, y Ireneo y Tertuliano la usaban para saber cómo leer una Escritura que los herejes también citaban.

    ¿Qué es la regla de fe?

    Si dos partes citan la misma Escritura y sacan de ella doctrinas opuestas, la Escritura sola no decide. Ireneo de Lyon, que escribe hacia 180 contra los valentinianos, no los acusa de inventar versículos. Les reprocha que los reordenan, y compara su método con el de quien reúne versos de Homero hasta componer una historia que Homero no escribió (Contra las herejías I, 9, 4). Para comprobar el orden correcto propone un resumen de la fe que, según él, todo cristiano recibe en el bautismo: la «regla de la verdad».
    «Regla de fe» traduce el latín regula fidei. El griego dice kanon tes pisteos o kanon tes aletheias, «regla de la fe» o «de la verdad» (Schaff, Creeds of Christendom I, § 1). Ireneo escribe «regla de la verdad» en los pasajes que se citan aquí; Tertuliano, «regla de la fe». La definición mínima es esta: un resumen breve de lo que la Iglesia creía, que los autores de los siglos II y III dicen haber recibido de los apóstoles, y que sirve a la vez para leer la Escritura y para reconocer qué doctrinas caben dentro de la fe de la Iglesia.
    Ireneo da una redacción larga en I, 10, 1:
    Texto de la fuenteIreneo de Lyon · Contra las herejías · I, 10, 1Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (trad. inglesa de Roberts y Rambaut)Traducción: Eusebeia, del inglés
    La Iglesia, aunque dispersa por todo el mundo, hasta los confines de la tierra, ha recibido de los apóstoles y de sus discípulos esta fe: [Cree] en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Hacedor del cielo, y de la tierra, y del mar, y de todas las cosas que en ellos hay; y en un solo Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, que proclamó por medio de los profetas las dispensaciones de Dios, y los advenimientos, y el nacimiento de una virgen, y la pasión, y la resurrección de entre los muertos, y la ascensión al cielo en la carne del amado Cristo Jesús, nuestro Señor, y su [futura] manifestación desde el cielo en la gloria del Padre "para reunir todas las cosas en una", y para resucitar de nuevo toda carne de todo el género humano, a fin de que a Cristo Jesús, nuestro Señor, y Dios, y Salvador, y Rey, según la voluntad del Padre invisible, "se doble toda rodilla, de las cosas en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese" a Él, y que Él ejecute juicio justo hacia todos [...]
    El texto tiene tres partes, una por cada Persona. Lo que Ireneo atribuye al Espíritu es la proclamación profética de toda la historia de Cristo: las «dispensaciones», el nacimiento de una virgen, la pasión, la resurrección, la ascensión. Después vienen la manifestación futura, la resurrección de «toda carne» y el juicio. En el párrafo siguiente (I, 10, 2) Ireneo dice que esta fe es la misma en Germania, Hispania, Galia, Oriente, Egipto y Libia: «aunque las lenguas del mundo son distintas, el contenido de la tradición es uno y el mismo». Ni el que habla mucho le añade nada ni el que habla poco se la quita.
    Hacia 190, según calcula Robinson, Ireneo la repite en la Demostración de la predicación apostólica, que solo se conserva en una versión armenia. La llama «el orden de la regla de nuestra fe» y la divide en tres «puntos» que corresponden a los tres nombres del bautismo (§ 6–7). En el § 3 Robinson anota que el armenio conserva ahí la palabra griega kanon.
    Texto de la fuenteIreneo de Lyon · Demostración de la predicación apostólica · 6trad. inglesa de J. Armitage Robinson (1920), del armenio, pp. 74–75Traducción: Eusebeia, del inglés
    Este es, pues, el orden de la regla de nuestra fe, y el fundamento del edificio, y la firmeza de nuestra conducta: Dios Padre, no hecho, no material, invisible; un solo Dios, creador de todas las cosas. Este es el primer punto de nuestra fe. El segundo punto es: el Verbo de Dios, Hijo de Dios, Cristo Jesús nuestro Señor, que se manifestó a los profetas según la forma de su profetizar y según el método de la dispensación del Padre; por quien todas las cosas fueron hechas; que además, al fin de los tiempos, para completar y recapitular todas las cosas, se hizo hombre entre los hombres, visible y palpable, para abolir la muerte, mostrar la vida y producir una comunidad de unión entre Dios y el hombre. Y el tercer punto es: el Espíritu Santo, por quien profetizaron los profetas, y los padres aprendieron las cosas de Dios, y los justos fueron conducidos por el camino de la justicia; y que al fin de los tiempos fue derramado de un modo nuevo sobre la humanidad en toda la tierra, renovando al hombre para Dios.
    Ireneo cierra la obra diciendo que esta es la predicación de la verdad, «que los profetas proclamaron, Cristo estableció, los apóstoles entregaron y la Iglesia en todo el mundo transmite a sus hijos» (§ 98), y en el § 100 clasifica los errores según los tres puntos: rechazar al Padre, no aceptar al Hijo y su encarnación, o no recibir al Espíritu, es decir, rechazar la profecía. Kelly observa que Ireneo, más cercano a la Iglesia que los apologistas, exhibe con más gusto esta «regla de fe» triple (Early Christian Doctrines, p. 104).

    Una forma, varias redacciones

    Tertuliano escribe en Cartago hacia el 200 (la fecha de cada tratado es discutida) y da la regla en tres obras. En Sobre la prescripción de los herejes la presenta así:
    Texto de la fuenteTertuliano · Sobre la prescripción de los herejes · Cap. 13
    XIII. [1] La regla de la fe es, para que desde ya confesemos qué defendemos, aquella por la que se cree. [2] Que Dios es uno absolutamente, y no otro, fuera del creador del mundo, el cual produjo todas las cosas de la nada por su Verbo, emitido primero de todos. [3] Que ese Verbo, llamado Hijo suyo, en el nombre de Dios fue visto de diversas maneras por los patriarcas, siempre oído en los profetas, y finalmente llevado por el espíritu de Dios Padre y su poder a la virgen María, hecho carne en su seno y nacido de ella, actuó como Jesucristo. [4] Que después predicó la nueva ley y la nueva promesa del reino de los cielos, hizo milagros, fue crucificado, resucitó al tercer día, arrebatado a los cielos se sentó a la diestra del Padre, [5] que envió la fuerza vicaria del Espíritu Santo para que impulse a los creyentes; que ha de venir con gloria para acoger a los santos en el fruto de la vida eterna y de las promesas celestes, y para condenar a los profanos al fuego perpetuo, hecha la resurrección de una y otra parte, con la restitución de la carne. [6] Esta regla, instituida por Cristo, como se probará, no tiene entre nosotros cuestión alguna sino las que las herejías introducen y las que hacen herejes.
    Las otras dos redacciones de Tertuliano, la de Sobre el velo de las vírgenes 1 y la de Contra Práxeas 2, no coinciden con esta ni entre sí. Comparadas con la de Ireneo, la tabla muestra qué cambia y qué se repite:
    TextoRasgos propios de la redacción
    Ireneo, Contra las herejías I, 10, 1Atribuye al Espíritu la proclamación profética de la vida de Cristo. Incluye la manifestación futura, el juicio y la resurrección de «toda carne». No nombra a Poncio Pilato.
    Ireneo, Contra las herejías III, 4, 2Dios creador «por medio de Cristo Jesús»; nacido de la virgen, «padecido bajo Poncio Pilato», resucitado, recibido en esplendor, juez venidero. En este pasaje no hay artículo sobre el Espíritu.
    Tertuliano, Prescripción 13El Verbo «emitido primero de todos» crea por él; fue visto por los patriarcas; la «nueva ley»; la «fuerza vicaria» del Espíritu; la resurrección con «restitución de la carne». No nombra a Pilato.
    Tertuliano, Velo de las vírgenes 1Solo Dios y el Hijo: nacido de la Virgen María, crucificado bajo Poncio Pilato, resucitado al tercer día, recibido en los cielos, sentado a la diestra, juez por la resurrección de la carne. El pasaje no menciona al Espíritu.
    Tertuliano, Contra Práxeas 2Un solo Dios «bajo esta dispensación que llamamos economía»; el Hijo es su Verbo, que ha procedido de él; padeció, murió y fue sepultado «según las Escrituras»; el Paracleto, «santificador de la fe». No menciona la resurrección de la carne.
    Orígenes, Sobre los principios, prefacio 4Tres «puntos» expuestos con claridad: un solo Dios creador, que dio la ley, los profetas y los Evangelios; Jesucristo, nacido del Padre antes de toda criatura, hecho hombre; el Espíritu Santo, asociado al Padre y al Hijo en honor y dignidad.
    Kelly resume el rasgo común de la regla de Ireneo en una fórmula: «fluida en su redacción pero fija en su contenido» (Early Christian Doctrines, p. 37). Pelikan llega a la misma conclusión por otro camino: entre las citas de Ireneo, Tertuliano e Hipólito hay gran variación, a veces dentro de un mismo autor, pero permanecen dos elementos, el Padre, el Hijo y el Espíritu por un lado, y la vida, muerte y resurrección de Jesucristo por otro (The Christian Tradition I, p. 117). Schaff y Pelikan cuentan entre las redacciones de la regla el prefacio de Sobre los principios. Orígenes habla allí de la necesidad de «una regla inequívoca» sobre Dios, Cristo y el Espíritu (§ 2) y de «los puntos concretos expuestos claramente en la enseñanza de los apóstoles» (§ 4).
    Hipólito, contra Noeto, no usa la palabra «regla» en el pasaje que resume la fe, pero exhorta: «Creamos, pues, amados hermanos, según la tradición de los apóstoles, que Dios Verbo descendió del cielo» y tomó carne de la Virgen (Contra Noeto 17). A mediados del siglo III Novaciano hace de la regla el esqueleto de un tratado. Empieza: «La Regla de la Verdad exige que, antes que todas las cosas, creamos en Dios Padre y Señor omnipotente» (Sobre la Trinidad 1). Sigue con el Hijo en el cap. 9 («La misma Regla de la Verdad nos enseña a creer, después del Padre, también en el Hijo de Dios») y con el Espíritu en el cap. 29.

    Qué no era: un credo con texto fijo

    Un credo tiene palabras determinadas, se recita y se aprende de memoria. Los estudiosos no coinciden en si la regla de Ireneo y Tertuliano lo era.
    Kelly sostiene que Tertuliano entendía por regla la forma y el esquema propios de la revelación, y no un credo formal, como algunos estudiosos han supuesto; sus citas muestran que, formulada por entero, enunciaba las verdades capitales sobre el Padre, Jesucristo y el Espíritu (p. 40). Eno la define como «la fe misma» en forma de enunciado breve de artículos de creencia: no es lo mismo que un credo, aunque fue uno de los elementos que contribuyeron a su desarrollo, y la opinión general de los estudiosos es que no hubo un solo texto fijo (Teaching Authority in the Early Church, p. 22). Pelikan añade que la expresión no siempre designaba un credo: a veces significaba la tradición, a veces la Escritura y a veces el mensaje del evangelio (p. 117).
    Schaff, en cambio, escribe «credo» y «regla de fe» como nombres de una misma cosa (Creeds of Christendom I, § 1) y ve en lo que Tertuliano llama «regla» la forma sencilla que el Credo de los Apóstoles retiene en lo sustancial (§ 3, nota 11). Bindley distingue dos enseñanzas que recibía el catecúmeno: un cuerpo amplio de doctrina, que llama «la tradición apostólica, el canon de la verdad o regla de fe» y cuya forma variaba, y por otro lado las palabras exactas del credo local, que debía aprender de memoria y no escribir (The Oecumenical Documents of the Faith, pp. 4–5).
    Rufino de Aquilea, hacia el 400, atribuye a los apóstoles una fórmula única. Cuenta la tradición, recibida de «nuestros mayores», de que los apóstoles, a punto de separarse, compusieron una fórmula común:
    Texto de la fuenteRufino de Aquilea · Comentario al Credo de los Apóstoles · § 2Nicene and Post-Nicene Fathers, serie II, vol. 3 (trad. inglesa)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Estando, pues, a punto de separarse unos de otros, convinieron primero mutuamente en una norma de su futura predicación, no sea que, una vez separados, pudieran en algún caso discrepar en las declaraciones que hicieran a aquellos a quienes invitaran a creer en Cristo. Reunidos, pues, todos, y llenos del Espíritu Santo, compusieron, como hemos dicho, esta breve fórmula de su futura predicación, aportando cada uno su sentencia a un resumen común: y ordenaron que la regla así formada se entregara a los que creen.
    Schaff, en el mismo libro, dice que el Credo de los Apóstoles no es, en cuanto a su forma, obra de los apóstoles, como se creía antes (§ 7). Rufino añade que el credo «no está escrito en papel ni en pergamino», sino guardado en el corazón de los fieles (§ 2). Ireneo había hablado antes de pueblos bárbaros que creen en Cristo «sin papel ni tinta» y guardan la antigua tradición con la salvación «escrita en sus corazones por el Espíritu» (Contra las herejías III, 4, 2). Schaff añade que, mientras duró la disciplina del arcano, el resumen de la doctrina apostólica se mantuvo reservado y ni siquiera se comunicaba a los catecúmenos hasta la última etapa, y por eso los escritores anteriores a Nicea solo dejaron relatos fragmentarios (§ 2).
    Rufino describe además cómo difiere el credo según las iglesias: en Roma no se han hecho adiciones, y en otros lugares sí, para excluir novedades de doctrina. Su propia iglesia, la de Aquilea, dice «invisible e impasible» del Padre y «la resurrección de esta carne» (Comentario § 3 y el texto del credo). Bindley supone esa variación ya antes de Nicea: hasta 325 la regla de fe se había expresado en fórmulas locales, catequéticas y bautismales, que diferían de palabras, y el concilio produjo por primera vez una norma de creencia aceptada por los representantes de toda la cristiandad (p. 14).

    Para qué la usaban

    La regla servía para tres cosas, y cada una tiene su texto.
    Primero, para colocar cada versículo en su sitio. Ireneo compara a los valentinianos con quien reordena los versos de Homero para que cuenten otra historia. Quien conoce el poema reconoce los versos y no la historia. Con la Escritura pasa lo mismo:
    Texto de la fuenteIreneo de Lyon · Contra las herejías · I, 9, 4Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (trad. inglesa de Roberts y Rambaut)Traducción: Eusebeia, del inglés
    De igual manera, quien retiene inamovible en su corazón la regla de la verdad que recibió por medio del bautismo, reconocerá sin duda los nombres, las expresiones y las parábolas tomadas de las Escrituras, pero de ningún modo aceptará el uso blasfemo que estos hombres hacen de ellas. Pues, aunque reconocerá las gemas, ciertamente no recibirá la zorra en lugar de la imagen del rey. Mas cuando haya restaurado cada una de las expresiones citadas a su posición propia, y la haya ajustado al cuerpo de la verdad, pondrá al desnudo, y probará carente de todo fundamento, la ficción de estos herejes.
    La regla no suplanta los versículos: permite reconocer cuándo se les hace decir lo que no dicen. El artículo Ireneo desarrolla la imagen del mosaico.
    Segundo, para limitar la discusión con los herejes. En Sobre la prescripción, Tertuliano no discute los textos con quien no pertenece a la fe: prefiere preguntar de quién son las Escrituras. «La fe está puesta en la regla», escribe en el cap. 14, y concluye que no hay que admitir a los herejes «a entablar provocación sobre las Escrituras», porque «sin Escrituras probamos que no atañen a las Escrituras» (cap. 37, 1). La argumentación depende de que la regla coincida con la que guardan las iglesias fundadas por los apóstoles (cap. 21 y 36). Tertuliano promete probarlo («instituida por Cristo, como se probará», cap. 13, 6).
    Tercero, para fijar el límite de lo que se podía enseñar. Orígenes escribe en el prefacio de Sobre los principios que, ante tantas discrepancias entre quienes dicen creer en Cristo, hay que «establecer una regla inequívoca» sobre Dios, el Señor y el Espíritu, y que «solo debe aceptarse como verdad aquello que no difiera en nada de la tradición eclesiástica y apostólica» (§ 2). La frase corta en dos sentidos: cierra el paso a lo que contradice la enseñanza recibida y deja a la investigación lo que los apóstoles no precisaron (§ 3; véase más abajo).

    ¿La regla decide por encima de la Escritura?

    Si ante una Escritura disputada se recurre a la regla, ¿dónde queda la Escritura? Los estudiosos responden de maneras distintas.
    Kelly responde que Ireneo y Tertuliano no pusieron la tradición por encima de la Escritura. Para ellos la regla era un resumen del mismo mensaje que contiene la Escritura, con una ventaja en la controversia: el sentido del mensaje apostólico aparece en ella sin ambigüedad. El contenido es idéntico y la regla funciona como llave de lectura (pp. 37–41). De Tertuliano añade que la prefería como criterio al disputar con los gnósticos por razones tácticas: por definición era normativa y exponía el evangelio «en una forma sobre la que no cabía discusión» (p. 41).
    Pelikan advierte que las categorías de la controversia del siglo XVI no sirven para esa época, y recoge la fórmula de que en la Iglesia anterior a Nicea no había ni una noción de la Escritura sola ni una de la tradición sola. Bajo la palabra «tradición» se reunía material muy distinto. Reconoce, además, que el argumento de Ireneo es en parte circular, porque la tradición prueba la Escritura y la Escritura prueba la tradición, y que Ireneo sale del círculo por dos vías: identificar la tradición con el «evangelio», y apelar a las iglesias de origen apostólico (The Christian Tradition I, pp. 115–118).
    Eno señala que la regla, aunque más breve y clara que la Escritura, «tarde o temprano presenta el mismo problema»: necesita interpretación y no responde por sí misma a todas las preguntas. Por eso, dice, la pregunta que queda es quién tiene en la Iglesia la conexión con los apóstoles para interpretar con autoridad la Escritura y la regla (pp. 22–23). Kruger la describe como una tradición de tipo distinto de las enseñanzas eclesiásticas posteriores, porque los autores ortodoxos la tenían por algo recibido de los apóstoles que la Iglesia solo conservaba, y la compara con el mensaje central de Pablo en las cartas indiscutidas (Christianity at the Crossroads, cap. 5).
    Otra lectura discute el origen de la regla. Harnack sostiene que el canon del Nuevo Testamento y la regla apostólica, los dos puntos que decidieron el catolicismo, los fijaron en sentido estricto por primera vez los gnósticos, sobre la base de una fijación y sistematización de la tradición más antigua, y que en Marción y en ellos se encuentra por primera vez el conjunto del kerigma cristiano como confesión doctrinal (History of Dogma I, cap. 4, nota 350). Kruger sostiene lo contrario: la regla es anterior y aparece, según la lista de Bryan Litfin que sigue, en la primera carta de Clemente de Roma, en Ignacio, en Arístides y en Justino (cap. 5).

    Lo que fijaba y lo que dejaba abierto

    Para Tertuliano, la regla es inmutable y todo lo demás puede corregirse. Lo escribe en Sobre el velo de las vírgenes, que Schaff cita como muestra de la libertad de disciplina que Tertuliano defendió ya montanista (Creeds of Christendom I, § 7), y ahí dice que el Paráclito dirige la disciplina:
    Texto de la fuenteTertuliano · Sobre el velo de las vírgenes · 1Ante-Nicene Fathers, vol. 4 (trad. inglesa de Sydney Thelwall)Traducción: Eusebeia, del inglés
    La regla de la fe, en efecto, es del todo una sola, la única inamovible e irreformable: la de creer en un solo Dios omnipotente, creador del universo, y en su Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen María, crucificado bajo Poncio Pilato, resucitado al tercer día de entre los muertos, recibido en los cielos, sentado ahora a la diestra del Padre, destinado a venir a juzgar a vivos y muertos por la resurrección de la carne también (así como del espíritu). Permaneciendo esta ley de la fe, los demás puntos de disciplina y de conducta admiten la novedad de la corrección, obrando y avanzando hasta el fin la gracia de Dios.
    Lo fijo es el contenido; la redacción, como se ha visto, varía. Kruger cita a Paul Blowers: la regla no responde a todas las preguntas teológicas y exegéticas futuras; ofrece los elementos de una narración cósmica y evangélica sobre la cual la Iglesia debe articular su doctrina. Con otra imagen, que toma de Paul Hartog, la regla es un «campo de juego» interpretativo. El prefacio de Orígenes muestra ese campo en la práctica. Tras enumerar lo que la enseñanza apostólica declara con claridad, señala dónde los apóstoles no precisaron:
    • del Espíritu Santo dice que «no se distingue claramente si ha de considerarse nacido o ingénito, ni tampoco si es o no Hijo de Dios» (§ 4);
    • sobre el alma, que la enseñanza de la Iglesia no aclara si procede de la semilla ni cuál es su origen (§ 5);
    • sobre el Diablo y sus ángeles, que existen, pero que no se explica qué son ni cómo existen (§ 6);
    • sobre Dios mismo, si es corpóreo o no, que su enseñanza «no indica claramente» (§ 9);
    • sobre los ángeles buenos, que no se declara cuándo fueron creados ni de qué naturaleza son (§ 10).
    La regla tampoco bastaba para identificar a todo hereje. Ireneo lo reconoce: «casi todas las diferentes sectas de herejes admiten que hay un solo Dios; pero luego, por sus doctrinas perniciosas, cambian [esta verdad en error]» (Contra las herejías I, 22, 1). Tertuliano lo vio contra Práxeas. Dice que Práxeas «reivindica a un solo Señor omnipotente, creador del mundo, para hacer herejía incluso de lo único» (cap. 1, 1), y que la regla se oponía a él desde antes de él:
    Texto de la fuenteTertuliano · Contra Práxeas · Cap. 2, 2
    [2] Que esta regla ha recorrido desde el principio del Evangelio, incluso antes de todos los herejes anteriores, y mucho más antes de Práxeas, el de ayer, lo probará tanto la misma posterioridad de todos los herejes como la misma novedad de Práxeas, el de ayer. Por lo cual, de la misma manera contra todas las herejías, ya desde ahora quede prejuzgado que es verdadero lo que es primero, y adulterado lo que es posterior.
    Pero Tertuliano no se queda en el prejuicio. En el § 3 reconoce que «debe darse lugar también a las reconsideraciones», para que ninguna perversidad parezca «condenada no examinada sino prejuzgada», y en el § 4 añade a la regla una explicación del orden interno de Dios («economía», tres «grados», «formas» y «especies» de una sola sustancia). La regla de Ireneo ya tenía a Padre, Hijo y Espíritu, pero no decía cómo son uno. La pregunta siguió abierta: la trataron Hipólito y Novaciano, y en 325 Nicea la respondió con otras palabras. Bindley, que ve en el concilio una continuidad, escribe que «no añadió nada nuevo a los hechos de la creencia apostólica» y que los reformuló ante opiniones nuevas (p. 14). Lo que Nicea definió se cuenta en el compendio Credo niceno-constantinopolitano.

    Bases bíblicas

    La lista es del editor, no de los Padres: pasajes del Nuevo Testamento sobre lo recibido y lo transmitido, junto a los cuales se puede leer la regla.
    • : Pablo transmite lo que él mismo recibió sobre la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo.
    • : la «forma de doctrina» a la que fueron entregados los creyentes de Roma.
    • : el modelo de las sanas palabras y el depósito que debe guardarse.
    • : la fe entregada una vez a los santos, por la que hay que contender.
    • : un solo Dios y Padre, sobre todos, por todos y en todos. Ireneo lo cita en la Demostración (§ 5) al exponer el primer punto de su regla.

    Un caso para aplicar

    Un lector pregunta: «La regla de fe de los Padres es el Credo de los Apóstoles, ¿no?». Se puede responder en tres pasos.
    1. Qué supone. Que había un solo texto, con las mismas palabras en Ireneo, Tertuliano y Rufino.
    2. Qué distingue. Una cosa es el contenido y otra la redacción. Tertuliano da tres versiones y ninguna coincide con las otras (Prescripción 13, Velo 1, Práxeas 2). Rufino habla de un texto fijo por iglesia, el de Aquilea, que él mismo compara con el de Roma (§ 3).
    3. Dónde lo comprueba. En la tabla de este artículo, y en la nota de Eno: la regla es un elemento que contribuyó a la formación de los credos posteriores, no el credo mismo (p. 22).
    Según Schaff, el Credo de los Apóstoles conserva sustancialmente la forma sencilla de la regla; según Eno, la regla contribuyó a formar los credos y no se identifica con ninguno. En lo que los estudios coinciden es en que la regla de Ireneo y Tertuliano no tenía un texto único.

    Conclusión

    La regla de fe de Ireneo y Tertuliano fue un resumen de lo que la Iglesia decía haber recibido de los apóstoles, con contenido estable (Dios creador, Cristo encarnado, el Espíritu, la resurrección y el juicio) y redacción variable. Servía para leer la Escritura, para limitar lo discutible y para señalar a quien cambiaba la fe, y no suplía la interpretación: Tertuliano tuvo que añadirle una explicación de la unidad de Dios, y Orígenes enseñó dónde los apóstoles dejaron la cuestión abierta. Sigue en discusión si era ya un credo, si es anterior a los gnósticos y qué lugar ocupa respecto de la Escritura.
    La próxima vez que aparezca «regla de fe» en un Padre, se pueden preguntar tres cosas: qué contenido trae el pasaje, con qué palabras y contra quién o para qué la invoca.
    Nota de lectura · Fuentes de este artículo
    Primarios. Ireneo, Contra las herejías I, 9, 4; I, 10, 1–2; I, 22, 1; III, 4, 2; Tertuliano, Sobre la prescripción de los herejes 13, 14, 21, 36 y 37; Contra Práxeas 1–2; Orígenes, Sobre los principios, prefacio 2–10; Hipólito, Contra Noeto 17; Novaciano, Sobre la Trinidad 1, 9 y 29; Rufino, Comentario al Credo de los Apóstoles § 2–3: textos castellanos de Eusebeia, copiados sin cambios (se omiten las llamadas de nota de las ediciones) de Ireneo, Tertuliano, Práxeas, Orígenes, Hipólito, Novaciano y Rufino. Tertuliano, Sobre el velo de las vírgenes 1, traducido del inglés de Sydney Thelwall (Ante-Nicene Fathers, vol. 4, en el epub de las Complete Works of Tertullian). Ireneo, Demostración de la predicación apostólica 3, 6–7, 98 y 100, traducido del inglés de J. Armitage Robinson (1920), que a su vez traduce del armenio; la Demostración no está publicada en el sitio.
    Estudios. J. N. D. Kelly, Early Christian Doctrines, pp. 35–41 y 104; Jaroslav Pelikan, The Christian Tradition I (The Emergence of the Catholic Tradition), pp. 115–118; Robert B. Eno, Teaching Authority in the Early Church (1984), pp. 22–23; Philip Schaff, Creeds of Christendom I, § 1–3 y 7; Adolf Harnack, History of Dogma I, cap. 4, nota 350; Michael J. Kruger, Christianity at the Crossroads, cap. 5 (donde cita a Everett Ferguson, Paul Blowers, Paul Hartog y Bryan Litfin); Bindley, The Oecumenical Documents of the Faith (1899), pp. 4–5 y 14. Cada lectura de este artículo se atribuye a su autor.
    Límites. No están en la biblioteca Kelly, Early Christian Creeds, ni Ferguson, The Rule of Faith (2015), ni Blowers, «The Regula Fidei» (1997), que el plan de artículos listaba: Ferguson, Blowers, Hartog y Litfin aparecen aquí solo a través de las citas de Kruger. No se consultaron el griego ni el latín de ningún pasaje. El castellano de los escritos del sitio es en gran parte traducción automática hecha del inglés (Ireneo, Hipólito, Novaciano, Rufino) o del latín (Tertuliano); la de Orígenes es directa, y su prefacio llega por la versión latina de Rufino, no por el griego. Hipólito, Contra Noeto 17, no usa la palabra «regla»; se cita como pasaje paralelo. Las fechas de Ireneo (Kelly), de la Demostración (Robinson), de la Prescripción y de Contra Práxeas (discutidas) y de Rufino (no segura) dependen de las fuentes citadas. Las páginas de los estudios son las del libro según la conversión de la biblioteca y pueden diferir una unidad. Los demás libros de historia de la doctrina de la carpeta (Hagenbach, Shedd, Seeberg, Dorner) no se leyeron para este artículo.

    Dónde seguir

    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin del artículo