Cap. 22
[1] ¿Y la doctrina a la que se maravillaban, de quién dice que es? ¿Suya, o del Padre? Cuando igualmente dudaban entre sí si él mismo era el Cristo — sin duda, no el Padre, sino el Hijo —: Ya sabéis, dice, quién soy y de dónde soy; y no he venido por mí mismo, sino que es veraz el que me envió, a quien vosotros no conocéis; yo lo conozco, porque estoy junto a él. [2] No dijo: "Porque yo mismo soy" y "Yo mismo me envié", sino: "Aquel me envió". Asimismo, cuando los fariseos enviaron para prenderlo: Todavía un poco de tiempo, dice, estoy con vosotros, y me voy al que me envió. Y cuando niega que esté solo: Pero yo, dice, y el que me envió, el Padre — ¿no muestra dos, tan dos como inseparables? Antes bien, todo esto era lo que enseñaba: que dos son inseparables. [3] Puesto que, proponiendo la ley que confirma el testimonio de dos hombres, añade: Yo doy testimonio de mí, y da testimonio de mí el que me envió, el Padre. Y si fuera uno, siendo el mismo el Padre y el Hijo, no se acogería al patrocinio de la ley, que concede fe no al testimonio de uno, sino de dos. [4] Asimismo, preguntado dónde estaba el Padre, respondiendo que ni a él ni al Padre los conocían, dijo dos ignorados; porque si lo conocieran a él, conocerían al Padre; no, ciertamente, como si él mismo fuera el Padre y el Hijo, sino porque por la indivisión ni puede ser conocido ni ignorado el uno sin el otro. [5] El que me envió, dice, es veraz, y yo lo que oí de él, eso hablo al mundo. Interpretando desde fuera la Escritura que ellos no habían conocido que hablaba del Padre, cuando ciertamente debían haber sabido que las palabras del Padre están en el Hijo, leyendo en Jeremías: Y me dijo el Señor: He aquí he puesto mis palabras en tu boca; y en Isaías: El Señor me da lengua de discípulo, para saber cuándo conviene decir la palabra; como él mismo, a su vez: Entonces, dice, conoceréis que yo soy, y que nada hablo por mí mismo, sino que como me enseñó, así hablo; porque el que me envió está conmigo. También esto para testimonio de dos individuos. [6] Asimismo, en altercado con los judíos, echándoles en cara que querían matarlo: Yo, dice, lo que vi junto a mi Padre, eso hablo; y vosotros lo que visteis junto a vuestro padre, eso hacéis; y ahora queréis matar a un hombre que os ha dicho la verdad que oyó de Dios. Y: Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais; porque yo salí de Dios y vine — y sin embargo no se separan, aunque dijo "salí" (como algunos toman ocasión de esta palabra). Salió, en efecto, del Padre como el rayo del sol, como el riachuelo de la fuente, como el vástago de la semilla. Y: Yo no tengo demonio, sino que honro a mi Padre. Y: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; es quien me glorifica el Padre, a quien vosotros decís que es vuestro Dios, y no lo conocéis; yo lo conozco, y si dijera "no lo conozco", sería mentiroso como vosotros; pero lo conozco y guardo su palabra. [7] Y cuando añade: Abraham vio mi día y se alegró, muestra sin duda que el Hijo fue visto antiguamente por Abraham, no el Padre. También, acerca de aquel ciego, dice que conviene que haga las obras del Padre; a él, después de devolverle la vista: Tú, dice, ¿crees en el Hijo de Dios? Y, preguntando quién era éste, mostrándose a sí mismo, mostró ciertamente al Hijo en quien había dicho que debía creerse. [8] Después profesa que él es conocido por el Padre y el Padre por él, y que es amado por el Padre porque pone su alma, porque había recibido este mandato del Padre. [9] Y preguntado por los judíos si él era el Cristo — sin duda, de Dios, pues hasta el día de hoy los judíos esperan al Cristo de Dios, no al Padre mismo, porque nunca está escrito que el Cristo Padre ha de venir —: Os hablo, dice, y no creéis; las obras que yo hago en nombre del Padre, ésas dan testimonio de mí. ¿Qué testimonio? Que él era aquel a quien preguntaban, esto es, el Cristo de Dios. [10] También, acerca de sus ovejas, que nadie las arrebataría de su mano: El Padre, dice, lo que me dio es mayor que todos; y: Yo y el Padre uno somos. Aquí ya quieren clavar el pie, los necios, mejor dicho, los ciegos, que no ven, primero, que "Yo y el Padre" es significación de dos; después, últimamente, "Somos", no es de una sola persona, porque está dicho en plural; y además, que dice "Uno somos", no "Uno soy". [11] Pues si hubiera dicho "Uno soy", habría podido ayudar a su sentencia; "uno" parece significación de número singular. Aun así, cuando dos de género masculino dice "uno" con palabra neutra — lo que no pertenece a la singularidad, sino a la unidad, a la semejanza, a la conjunción, al amor del Padre que ama al Hijo, y a la obediencia del Hijo que obedece a la voluntad del Padre —, diciendo "Uno somos" (Yo y el Padre), muestra que son dos a los que iguala y une. [12] Y tanto es así que añade también que había mostrado muchas obras del Padre, por ninguna de las cuales merecía ser apedreado. Y para que no pensaran que por eso debían apedrearlo, como si hubiera querido que se le entendiera como el mismo Dios, es decir, el Padre, porque había dicho "Yo y el Padre uno somos" — mostrándose como Hijo de Dios, Dios, no como el mismo Dios —: Si en la ley, dice, está escrito: Yo dije: Sois dioses, y no puede solverse la Escritura… ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís que blasfema, porque dijo: "Soy Hijo de Dios"? Si no hago las obras de mi Padre, no creáis; pero si las hago, y no queréis creerme a mí, creed a las obras, y conoced que yo estoy en el Padre y el Padre en mí. [13] Pues por las obras estará el Padre en el Hijo y el Hijo en el Padre; y así por las obras entendemos que uno es el Padre y el Hijo, hasta tal punto perseveraba en inducir esto: que sin embargo se creyera que son dos en una sola virtud, porque de otro modo el Hijo no podría ser creído si no se creyera que son dos.