Premisa central
Un lector medieval le hacía a un pasaje las mismas preguntas que sus predecesores y las respondía con lo que otros ya habían dicho. Este taller sigue seis lecturas reales para ver qué hacía con cada una.
La síntesis de la época, Leer la Biblia en la Edad Media, cuenta las discusiones y las convicciones desde las que se leyó. Aquí se miran los textos. Cada caso trae el pasaje bíblico, la lectura de un autor latino, lo que hace y lo que conviene llevarse. Los textos de Gregorio, Orígenes y Agustín los traduce Eusebeia de las versiones inglesas de la biblioteca; los de Hugo, Tomás, Buenaventura y Honorio, de las que cita Lubac, y cada uno lo indica.
La lista es de esta edición, no de los autores; los nombres técnicos son los que usan los estudios de la biblioteca.
| Caso | Pasaje | Autor | Qué se ve |
|---|---|---|---|
| 1 | Job 1,1 | Gregorio Magno, Moralia I | Un mismo versículo en historia, alegoría y moral, con material distinto en cada sentido |
| 2 | Génesis 6,14-16 | Orígenes y Hugo de San Víctor | La letra como discusión: cómo era el arca, antes del sentido espiritual |
| 3 | Lucas 10,38-42 | Agustín, en la Catena Aurea | La moral y la anagogía de un mismo pasaje, sin negar lo que Marta hace |
| 4 | Un símbolo (luz, tabernáculo, bodas) | Tomás, Buenaventura, Honorio | Los cuatro sentidos aplicados por regla, y su rendimiento |
| 5 | Ezequiel 2,9-10 | Gregorio Magno, Homilías sobre Ezequiel I | Un versículo sobre un libro, leído como descripción de la Biblia |
| 6 | Isaías 6,2 | Hugo de San Víctor, Sobre el arca moral | Una imagen de los sentidos hecha por un maestro de la época |
abre el libro: «Había en tierra de Uz un hombre llamado Job». Gregorio lo comenta en el primer libro de los Moralia en tres tramos, que la traducción inglesa rotula como interpretación histórica, alegórica y moral. En el primero explica por qué el narrador dice dónde vivía:
Se nos dice dónde vivía el santo varón para que se exprese el mérito de su virtud; pues ¿quién no sabe que Uz es tierra de gentiles? Y el mundo gentil cayó bajo el dominio de la maldad en la misma proporción en que tenía cerrados los ojos al conocimiento de su Creador. Se nos dice, pues, dónde habitaba para que se le cuente en alabanza que fue bueno entre los malos; pues no es gran alabanza ser bueno en compañía de los buenos, sino serlo con los malos. […]
Compara después con Lot, a quien Pedro alaba por haber sido justo en medio de un pueblo réprobo (). Más adelante vuelve al versículo, esta vez en sentido alegórico. Gregorio dice que Job significa «el que se lamenta» y Uz «consejero»:
Creemos por la historia que estas cosas ocurrieron, pero veamos aquí de qué modo se cumplieron alegóricamente; pues, como hemos dicho, Job se interpreta «el que se lamenta» y Uz «consejero». ¿A quién expresa, pues, el bienaventurado Job con su nombre sino a aquel de quien dice el Profeta: «Ciertamente él llevó nuestros dolores»? Habita en la tierra de Uz porque rige los corazones de un pueblo de sabios consejos; pues Pablo dice que Cristo es la sabiduría de Dios y el poder de Dios. […]
La cita es de , el poema que la síntesis patrística leía en tres lecturas. Y el tercer tramo pasa al cuerpo:
Puesto que hemos mostrado cómo puede entenderse representada nuestra Cabeza, mostremos ahora cómo se representa su Cuerpo, que somos nosotros; de modo que, como de la historia hemos oído algo que admirar y de la Cabeza hemos aprendido algo que creer, saquemos ahora del Cuerpo algo que mantener en nuestra vida. Pues debemos transformar en nosotros lo que leemos, para que, cuando el ánimo se mueve al oír, la vida concurra a ejecutar lo que ha oído. […] Si «Job» significa «el que se lamenta» y «Uz» «consejero», todo elegido está representado, con razón, por cualquiera de los dos nombres: pues vive en una mente de sabio consejo quien se apresura, lamentándose, de las cosas presentes a las eternas.
Qué hace. Gregorio trabaja cada sentido con un material distinto. En el histórico usa el lugar y una comparación con otro personaje bíblico, Lot, para explicar un detalle del relato; en el alegórico, el significado de los nombres, que da por sabido, y un texto de Isaías; en el moral, los mismos nombres, ahora dichos de «todo elegido». Tampoco los tramos pesan lo mismo: en este libro, el histórico es el más breve de los tres. Y entre uno y otro avisa de lo que viene, con una frase que resume el orden: de la historia, algo que admirar; de la Cabeza, algo que creer; del Cuerpo, algo que mantener en la vida.
Qué llevarse. La alegoría de Gregorio no sustituye al versículo: parte de él («creemos por la historia que estas cosas ocurrieron») y vuelve a él en el tramo moral. Y la tercera pregunta tiene un lugar propio: después de decir qué creer, dice qué hacer con ello, sin mezclar las dos respuestas. Los libros consultados no examinan si los significados de los nombres que da Gregorio son correctos; quien quiera usar esa parte de la lectura tendría que comprobarlos.
El caso muestra a dos lectores, separados por unos novecientos años, ante la misma descripción: da las medidas del arca, trescientos codos de largo, cincuenta de ancho y treinta de alto, y manda terminarla «a un codo». Orígenes lo expone en su segunda homilía sobre el Génesis, y empieza por decir cómo se propone leer:
Veamos primero lo que se relata de ella según la letra y, proponiendo las preguntas que muchos acostumbran a presentar, busquemos también sus soluciones en las tradiciones que nos han transmitido los antepasados. Cuando hayamos puesto cimientos de este tipo, podremos ascender desde el relato histórico a la comprensión mística y alegórica del sentido espiritual y, si estos contienen algo secreto, explicarlo según el Señor nos revele el conocimiento de su palabra. […] En primer lugar, preguntamos qué aspecto y qué forma hemos de entender que tenía el arca. Creo, en la medida en que se manifiesta por lo descrito, que, elevándose con cuatro ángulos desde abajo, fue reduciéndose gradualmente hasta lo alto, hasta quedar reunida en el espacio de un codo.
Heine anota que, en el texto griego de esta parte de la homilía, Orígenes dice que el arca tenía forma de pirámide. Unos nueve siglos más tarde, Hugo de San Víctor († 1141) trata de la misma cuestión en el primer libro de su Sobre el arca moral de Noé. Según Lubac, empieza así:
Quienes desean investigar con más cuidado la verdad de lo que se cuenta del arca de Noé según la letra deben indagar sobre todo dos cosas, a saber, la forma y la cantidad del arca. Y de la forma dice así Orígenes […]. […] A esta opinión parecen oponerse varias cosas: la primera, que esta forma no parece idónea para flotar.
Hugo propone otra disposición del arca y, en el tratado que dedica al arca «mística», describe un dibujo:
Primero, en cuanto a la descripción mística del arca de Noé: busco en la superficie donde quiero dibujar el arca el punto central, y en el punto fijado trazo a su alrededor un pequeño cuadrado equilátero, a semejanza de aquel codo en que se consumó el arca. […] En el cuadrado interior pinto una cruz. […] Luego revisto de color los espacios […], los dos superiores de rojo llama y los dos inferiores de azul zafiro. […] En medio de la cruz de oro que había hecho pinto un cordero de un año en pie, etc.
Qué hace. Los dos empiezan por la letra y la tratan como una discusión sobre medidas, formas y reparto de los animales; los dos anuncian que después vendrá el sentido espiritual. Hugo rechaza la forma de pirámide porque no flotaría. Esa objeción es sobre navegación, no sobre exégesis, observa Lubac, que concluye que Hugo y Orígenes dan al arca una forma igualmente material y «precisa históricamente». Smalley, citada por Lubac, veía en ese rechazo el inicio de un movimiento científico; Lubac responde que Orígenes ya había medido el arca, que su explicación se conocía por la traducción de Rufino y pasó a la Glossa ordinaria, y que en la obra de Hugo la parte literal es mínima frente a la espiritual. La «descripción» del arca mística es, además, una pintura con una cruz y un cordero, no un plano.
Qué llevarse. El pasaje enseña dos cosas que conviene ver juntas. La letra era materia de discusión seria: cuánto mide, qué forma tiene, si flota. Y esa discusión era un paso previo, no el fin: Orígenes la llama «cimientos» sobre los que se asciende, y Hugo dedica la mayor parte de su obra al sentido espiritual. Quien quiera juzgar entre Smalley y Lubac sobre si aquí hay un cambio de método tiene, con estos textos, lo que Lubac pone sobre la mesa; no tiene a Smalley.
sigue en el Evangelio al pasaje del samaritano que la síntesis lee en la Catena Aurea. Marta recibe a Jesús en su casa y se afana en el servicio; María, sentada a sus pies, escucha. La Catena reúne a Agustín, Crisóstomo, Teofilacto, Cirilo, Basilio y Ambrosio. Agustín (sermón 104) rechaza la lectura que condena a Marta:
¿Qué, pues? ¿Hemos de pensar que se censura el servicio de Marta, que estaba ocupada en las atenciones de la hospitalidad y se alegraba de tener tan gran huésped? Si esto fuera cierto, que los hombres dejen de servir a los necesitados; que descansen, atentos solo a adquirir un saber saludable, sin cuidarse de qué forastero hay en la aldea que necesite pan. […] El Señor, pues, no censura las acciones, sino que distingue entre los deberes. […] No «la tuya, mala», sino «la suya, mejor». ¿Por qué mejor? Porque no le será quitada. A ti te quitarán un día la carga necesaria de las ocupaciones. Pues cuando llegues a aquella tierra no encontrarás forastero a quien recibir con hospitalidad. Pero para tu bien te será quitada, para que se te dé lo que es mejor. […] Tú estás todavía en el mar; ella está en el puerto.
Y en las Cuestiones sobre los Evangelios (II, 30), que la cadena también recoge, la misma pareja es una figura de la Iglesia:
Que Marta reciba al Señor en su casa representa a la Iglesia, que ahora recibe al Señor en su corazón. María, su hermana, que se sentaba a los pies de Jesús y oía su palabra, significa a la misma Iglesia, pero en la vida futura, donde, cesando del trabajo y del servicio a sus necesidades, se deleitará solo en la Sabiduría. […] porque por la una se llega a la otra, que no será quitada.
Qué hace. En el primer texto, Agustín lee con los ojos de la vida moral: dos deberes y no dos conductas buena y mala. Defiende la acción de Marta y le da una razón escatológica a la preferencia de María, que está en el puerto mientras Marta sigue en el mar. En el segundo, la moral se vuelve anagógica: las dos hermanas son la Iglesia ahora y la Iglesia después, y por el servicio de una se alcanza la quietud de la otra. Teofilacto, en la misma cadena, pone el límite en el texto: el Señor no prohíbe la hospitalidad, sino el afanarse por muchas cosas.
Qué llevarse. Los sentidos se tocan. La pregunta de qué hacer (servir o escuchar) lleva a la pregunta de hacia dónde se va (el reposo de la contemplación), y la respuesta de Agustín a la primera depende de la segunda. Y el sentido moral no anula el literal: Agustín empieza por decir que Marta hace bien. Es, en pequeño, el movimiento que Gregorio pide en la carta a Leandro: no forzar una alegoría que vacíe lo que el texto dice a la vista.
Lubac reúne, en el capítulo sobre la unidad de los cuatro sentidos, varios casos en que un autor aplica el esquema a una expresión o a un símbolo (vol. 2, cap. 10, §3). Aquí se toman tres, todos medievales: dos en la tabla y el de Honorio debajo.
| Sentido | «Hágase la luz» (Tomás, comentario a Gálatas, lección 7) | Eclesiástico 24,12, «el que me creó descansó en mi tienda» (Buenaventura, sermón 4 sobre la Anunciación) |
|---|---|---|
| Literal | La luz corporal | La Virgen María, en cuya tienda el Señor descansó corporalmente |
| Alegórico | «Que nazca Cristo en la Iglesia» | La Iglesia militante, en cuya tienda el Señor descansa sacramentalmente |
| Moral | «Que por Cristo seamos iluminados en el entendimiento y encendidos en el afecto» | El alma fiel, en cuya tienda el Señor descansa espiritualmente |
| Anagógico | «Que por Cristo seamos introducidos en la gloria» | La corte celestial, en cuya tienda descansa para siempre |
Honorio de Autun va más lejos y duplica cada sentido. En el prólogo a su comentario al Cantar lo hace con las bodas:
Este libro trata de las bodas, que se hacen de cuatro modos, a saber, histórica, alegórica, tropológica y anagógicamente. Según la historia hay bodas de dos modos: por la unión de la carne o por la sola desposición. Según la alegoría también hay bodas de dos modos: uno, en que el Verbo de Dios unió a sí la carne, es decir, en que Dios asumió la naturaleza humana, que, exaltada a la derecha del Padre, colocó en el trono de la gloria; otro, en que Cristo, Dios hombre, asoció a sí la Iglesia universal, es decir, toda la multitud de los fieles, por la unión de su cuerpo con ella. […] Según la anagogía hay también bodas de dos modos: uno, en que Cristo, resucitando de la muerte, subió a los cielos como hombre nuevo y asoció a sí la multitud de los ángeles; otro, en que, aún después de la resurrección, unió toda la Iglesia a su gloria en la visión de su deidad.
Qué hace. Los tres toman una expresión o un símbolo y le dan un referente por sentido. Honorio duplica cada sentido y obtiene ocho bodas en un mismo prólogo. Lubac observa que hay símbolos que se prestan mejor que otros a esta aplicación, y que el más favorecido es Jerusalén, que reúne la historia de Israel, la Iglesia, el alma y la ciudad de Dios.
Qué llevarse. El cuadro muestra por dentro lo que la síntesis explica por fuera: el esquema funciona como una lista de cuatro preguntas que se hacen a una misma palabra. Se ve también su rendimiento: en la tabla de Tomás y Buenaventura, la tropología y la anagogía cambian de contenido porque cambia el símbolo, y no porque cambie la regla. Y se ve el riesgo contra el que advierte Ocker, citado en la síntesis: que el esquema sirva para trocear. Con Honorio, que duplica cada sentido, el esquema se parece más a un reparto que a una pregunta (juicio de esta edición).
cuenta que el profeta ve un rollo escrito por ambos lados. Gregorio, en el libro I de sus homilías sobre Ezequiel, lee el rollo como una descripción de la Biblia. Moorhead traduce el pasaje al inglés:
Estaba escrito por dentro y por fuera. Pues el libro de la Biblia está escrito por dentro mediante la alegoría y por fuera mediante la historia; por dentro mediante una comprensión espiritual, por fuera mediante un mero sentido literal adecuado a los que aún son débiles; por dentro, porque promete cosas que no se pueden ver, por fuera, porque establece cosas visibles mediante sus preceptos rectos; por dentro, porque promete cosas celestes, por fuera, porque ordena de qué modo han de despreciarse las cosas terrenas, ya sea usándolas o huyendo de desearlas. Pues dice unas cosas sobre secretos celestes y ordena otras sobre las acciones exteriores. Y lo que ordena por fuera es bastante claro, pero lo que cuenta de lo interior no puede entenderse por completo.
Qué hace. Gregorio aplica el versículo, que habla de un libro con dos caras, al libro que está comentando. Reparte lo que cada cara contiene: por fuera, la historia, los preceptos y las cosas visibles, que son claras; por dentro, la alegoría y las promesas, que «no pueden entenderse por completo». Es una imagen paralela a la del río de la carta a Leandro: en las dos, la Escritura tiene lo que está a la vista y lo que está hondo.
Qué llevarse. Dos cosas. Gregorio llama «mero sentido literal» al de fuera y lo presenta como el adecuado a los que aún son débiles; no lo declara falso. Moorhead observa, por su parte, que en la práctica Gregorio terminó diciendo poco de la historia; cabe preguntarse (es una pregunta de esta edición) si una imagen que reparte así las caras empuja al lector hacia adentro. La imagen sirve de todos modos para recordar a cuál de las dos caras pertenece lo que una lectura afirma.
describe a los serafines con seis alas. Hugo de San Víctor lee la visión como una imagen de la Escritura y de los modos de entenderla:
Si el serafín significa la Sagrada Escritura, los tres pares de alas son los modos en que se entiende esa misma Escritura, a saber, la historia, la alegoría y la tropología. Estos pares, aunque dobles, son distintos, porque cada uno por separado enciende en las almas el amor de Dios y del prójimo. Las dos alas que cubren el cuerpo del serafín son la historia, que cubre con el velo de la letra los entendimientos místicos. Las dos alas que se extienden hasta la cabeza y los pies del Señor son la alegoría: cuando hablamos de los misterios de la Divina Escritura, logramos, por una iluminación de la mente, penetrar hasta el conocimiento de la propia divinidad. […] Las dos alas con que vuelan los serafines significan la tropología, porque, tras leer la Divina Escritura, somos instruidos para las buenas obras y como alzados a lo alto por unas alas.
Qué hace. Hugo toma una imagen visual y la hace corresponder con tres de los sentidos. Las alas de la historia cubren; las de la alegoría llegan hasta Dios; las de la tropología son las que vuelan. Es una enumeración de tres sentidos, no de cuatro. Lubac recuerda que Hugo enumera a veces tres y a veces cuatro, y rechaza que la omisión de la anagogía sea el síntoma de un giro hacia la letra.
Qué llevarse. Una imagen puede mostrar el orden y la función de los sentidos: lo que cubre, lo que alcanza y lo que levanta. Y dice algo que no está en el dístico: que cada par «enciende en las almas el amor de Dios y del prójimo». Esa es la medida que Agustín pone a toda lectura (Sobre la doctrina cristiana I, 36, 40, como se vio en la síntesis patrística).
Los seis casos comparten un orden que ningún autor enuncia del todo, y que esta edición resume así:
- Se empieza por la letra, aunque sea breve (Gregorio, Orígenes y Hugo). Orígenes lo dice con la palabra «cimientos» y Gregorio con la historia que se cree antes de alegorizar.
- Cada sentido usa su material. Los nombres, el lugar, un texto de otro libro, un símbolo, la vida de quien lee. No se reparte el mismo material en cuatro cajas.
- El sentido moral viene después de decir qué se cree (Gregorio, Hugo), y en Agustín se prolonga en la esperanza de la Iglesia futura.
- Se leyó con otros. Gregorio cita a Pedro y a Pablo, la Catena junta a Agustín con Teofilacto y Crisóstomo, y Hugo corrige a Orígenes citándolo. Ningún caso es una lectura sola.
Los libros de la biblioteca citan estos trabajos, que no están en ella y no se han leído para este artículo:
- Beryl Smalley, The Study of the Bible in the Middle Ages (Blackwell, 1952), según Lubac.
- Hugo de San Víctor, Sobre el arca moral de Noé y Sobre el arca mística de Noé (PL 176), según Lubac.
- Honorio de Autun, Exposición del Cantar de los Cantares (PL 172), según Lubac.
- Buenaventura, Sermones sobre la Anunciación, según Lubac.
- Tomás de Aquino, comentario a la carta a los Gálatas, según Lubac.