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    EXÉGESIS — CRISTO NUESTRO SANADOR

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    «Estas señales seguirán a los que creen»: Marcos 16:17-18 y el final discutido de Marcos

    Marcos 16:17-18 · undécimo pasaje de la línea temática22 minPosición: 0% de esta parteParte 2 de 2 · La lectura moderna y contemporáneaPublicado el Actualizado el Ref. EXE-SAN-11

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    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minEl pasaje y su lugar
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minQuién cita el final largo, y desde cuándo
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minCómo juzgan el asunto los autores de la biblioteca
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minContexto histórico y literario
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 minJustino, Tertuliano y Orígenes: el nombre que echa fuera
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minGregorio Magno: lo que la Iglesia hace en espíritu
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minLa lectura de la Reforma y de la ortodoxia posterior
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa lectura moderna y contemporánea
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minBuckley y Warfield: la prueba y el texto
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minSíntesis: qué dice el pasaje
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minNota de fuentes

    8. La lectura moderna y contemporánea

    Los lectores del siglo XIX que defendían la sanidad por la fe y los que la combatían leyeron Marcos 16:17-18 con la discusión textual al lado. Burgon, Gregory, Warfield y Metzger ya se vieron en la sección 2. Aquí se ve qué hicieron con las cinco señales.

    Gordon: una promesa que cuelga de un tallo

    A. J. Gordon, en El ministerio de la sanidad (1882), trata Marcos 16 en el capítulo sobre el testimonio de la Escritura (cap. II, pp. 22-24), después de Mateo 8:17. Lo lee como la comisión misma:
    Texto de la fuenteA. J. Gordon · El ministerio de la sanidad · cap. II, «The Testimony of Scripture», pp. 22-24The Ministry of Healing, or Miracles of Cure in All Ages (1882)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Conviene observar que este rico racimo de promesas milagrosas cuelga de un solo tallo, la fe. Y esta no es una fe exclusiva o esotérica. El mismo creer al que va unida la promesa de salvación lleva unida también la promesa de obrar milagros. Ni hay fundamento alguno para limitar esta promesa a los tiempos apostólicos y a los hombres apostólicos, como se ha intentado con tanta violencia. […] Y no deshilemos este cordón doble de promesa, aferrándonos a la primera hebra porque sabemos usarla y arrojando la otra a los apóstoles porque no sabemos usarla. […] Porque si la razón o la tradición echan a un eclipse la mitad de esta ilustre promesa, el peligro es que la otra mitad quede envuelta con ella. En efecto, no olvidaremos pronto la fuerza con que oímos a un escéptico hábil usar este texto contra uno que sostenía la opinión común sobre él. Instado a «creer en el Señor Jesucristo» para ser salvo, respondió: «¿Cómo puedo estar seguro de que esta parte de la promesa se cumplirá conmigo, cuando, como usted admite, la otra parte no se cumple con la Iglesia de hoy?» […] La única posición segura es afirmar con énfasis la perpetuidad de la promesa y, con el mismo énfasis, admitir la debilidad y el fracaso generales de la fe de la Iglesia al apropiársela.
    La regla de Gordon es la de la unidad de la promesa: el «creer» de Marcos 16:16, que salva, es el mismo de 16:17, que acompaña las señales; si se acota uno, se acota el otro. Y no trata de las cinco señales por igual. Más adelante (cap. III, p. 53) responde a quien le dice que, si admite las sanidades, debe admitir también resucitar muertos, convertir agua en vino y hablar en lenguas desconocidas, y lo hace separando la sanidad de las demás: resucitar a los muertos no se promete a los creyentes de hoy, mientras que «sanar a los enfermos, en cambio, descansa en una promesa distinta y específica a los creyentes». Es la grieta que Warfield señala (abajo). Gordon cuenta en el cap. VI (pp. 120-121) casos de misioneros que actuaban bajo la gran comisión, entre ellos el del veneno de Nommensen, y añade que su probabilidad descansa «más» en las palabras de esa comisión que en lo fidedigno del testimonio humano.

    Simpson: una lógica que se acepta entera

    Simpson cita el pasaje en El evangelio de la sanidad (1890), en la parte que enumera los fundamentos, y lo arma sobre la traducción de un «Dr. Young» que él no identifica:
    Texto de la fuenteA. B. Simpson · El evangelio de la sanidad · cap. 1, «Fundamento bíblico», 9The Gospel of Healing (1890)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Aquí está la comisión que se les dio, el Evangelio doble, con la seguridad de su presencia y de su poder inmutable. ¿Con qué derecho predicamos lo uno sin lo otro? ¿Con qué derecho retenemos parte alguna del mundo que perece? ¿Con qué derecho vamos al mundo incrédulo y exigimos que acepte nuestro mensaje sin que sigan estas señales? ¿Con qué derecho explicamos su ausencia de nuestro ministerio intentando eliminarlas de la Palabra de Dios o relegarlas a un pasado obsoleto? No: Cristo las dio, y siguieron mientras los cristianos continuaron «creyendo» y esperándolas. Pues es importante observar la traducción que el Dr. Young da del versículo diecisiete: «Señales seguirán a los que creen estas cosas». Las señales corresponderán a la medida de su fe. […] La incredulidad del mundo las necesita hoy tanto como en los tiempos apostólicos.
    La traducción que Simpson atribuye a Young (el original de Young no está en la biblioteca) toma «ταῦτα» como objeto de «creen», una de las dos posibilidades gramaticales que señaló la sección 3; la otra, que adoptan las versiones del módulo, lo une a «señales». Simpson saca de ahí que las señales «corresponderán a la medida de su fe», que es también la lectura de Wesley y de Bengel. En el capítulo sobre las objeciones populares contesta a la que Warfield luego volverá contra Gordon:
    Texto de la fuenteA. B. Simpson · El evangelio de la sanidad · cap. 3, «Popular Objections», objeción 4The Gospel of Healing (1890)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Una objeción común se plantea así: la última promesa de Cristo en Marcos abarca mucho más que la sanidad; pero si reclamáis una, debéis reclamarlas todas. Si esperáis la sanidad de los enfermos, debéis incluir también el don de lenguas y el poder de vencer los venenos mortales; y si el don de lenguas ha cesado, también ha cesado de igual modo el poder sobre la enfermedad. Aceptamos con gusto la severa lógica; no podemos permitirnos renunciar a una sola de las promesas. […] No vemos razón por la que un humilde siervo de Cristo, ocupado en la obra del Maestro, no pueda reclamar con sencilla fe el poder de resistir la malaria y otros venenos y peligros malignos; y creemos que el don de lenguas solo fue retirado de la Iglesia primitiva porque se abusó de él para la ostentación vana, o porque dejó de ser necesario para el uso práctico, por la rápida evangelización del mundo; y se repetirá en cuanto la Iglesia humildemente lo reclame para la difusión universal del Evangelio.
    Simpson acepta la lista completa, lo que Gordon no hace, y pone dos matices. Sobre el veneno, que se reclame con «sencilla fe» frente a «malaria y otros venenos y peligros malignos»: los ejemplos son los que encuentra el misionero en su trabajo, no los que busca, y Wesley había dicho que el veneno no se bebe por elección. Sobre las lenguas, que su ausencia tiene dos causas, el abuso y la falta de necesidad, y que el don vuelve. En este pasaje no dice nada de las serpientes. Thompson, en la biografía de 1920, abre el capítulo sobre el ministerio de la sanidad diciendo que «nunca se perdió del todo en la Iglesia cristiana», y da como prueba a Ireneo y Tertuliano y, en la Edad Media, a los valdenses (cap. XIV, p. 138); el capítulo no cita Marcos 16:17-18. R. H. Glover, en el capítulo sobre las misiones del mismo libro, aplica el versículo 20 a los misioneros de la Alianza: «como con los primeros apóstoles, así con estos posteriores: salieron y predicaron por todas partes, obrando con ellos el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían» (cap. XXII, p. 230).

    Buckley y Warfield: la prueba y el texto

    Buckley, en Faith-Healing, Christian Science and Kindred Phenomena (1892), no cita Marcos 16 en las páginas leídas (pp. 24-46). Su criterio es otro: pone a los sanadores de fe al lado de los mormones, los espiritistas y los curanderos mentales, y mide su obra con la de Cristo y la de los apóstoles. Para eso enumera lo que hicieron los apóstoles, y en esa lista está lo de Malta, la víbora que se colgó de la mano de Pablo, contada sin que Buckley la ponga en relación con ninguna promesa (p. 41). Concluye que los sanadores de hoy no igualan las obras de Cristo ni las de los apóstoles (p. 42) y, como echar fuera demonios era un poder «de bajo grado», se extraña de que los sanadores que dicen que los mormones obran con ayuda del diablo no hayan echado esos demonios (p. 45). La prueba que propone es la de lo que cada uno puede hacer, y no la del texto.
    Warfield, en cambio, empieza por el texto. En la sección 2 vimos que lo da por espurio. Sobre las señales dice dos cosas más:
    Texto de la fuenteB. B. Warfield · Milagros falsificados · cap. «Faith-Healing», pp. 167-168Counterfeit Miracles (Nueva York, 1918)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Y puede añadirse que es igual de bueno para usted y para mí que sean espurios. Pues los dones que se prometen a «los que creen» parecen no prometerse solo a santos eminentes, uno aquí y otro allá que cree poderosamente, sino a todos los creyentes; y lo que se promete a los creyentes no es uno o dos de estos dones, sino todos ellos. «Estas señales», se dice, «acompañarán a los que creen». No me gustaría que la autenticidad de mi fe quedara supeditada a mi capacidad de hablar en lenguas nuevas, beber veneno impunemente y sanar a los enfermos con un toque. Y notemos de paso que no se entendió en la Iglesia apostólica que estos dones fueran inseparables de la fe genuina. El episodio de la conversión de los samaritanos, narrado en el capítulo octavo de Hechos, está allí […] para enseñarnos lo contrario: que estas señales no acompañaban a los que creían, sino a aquellos sobre quienes los apóstoles imponían las manos para conferírselas.
    Warfield lee la misma lista con dos reglas. La primera es de consecuencia: si el pasaje promete todo a todos, el que no lo cumple deja de ser creyente, y la Iglesia apostólica no lo entendió así. La segunda es de analogía con Hechos 8, donde las señales se dan por la imposición de manos de los apóstoles. Sobre las serpientes y el veneno añade que «tienen apariencia apócrifa» (p. 169). Contra Gordon señala que quien defiende la perpetuidad de toda la promesa por su unidad la parte luego al separar la sanidad de las lenguas, y le devuelve sus propias palabras: arroja «a un eclipse la mitad de la ilustre promesa» (pp. 168-169). Es la objeción que Simpson, ocho años después de Gordon y casi treinta antes de Warfield, resolvió en sentido contrario: aceptando la lista entera.

    Fee y Stuart: la intención del autor

    Fee y Stuart, en How to Read the Bible for All Its Worth (4.ª ed.), usan Marcos 16:18 como ejemplo de mala hermenéutica: los que manejan serpientes en ciertas sectas de los Apalaches, igual que los testigos de Jehová o quienes bautizan por los muertos, apoyan su práctica en un texto bíblico, y el error, dicen, está en que parten del «aquí y ahora» y leen «significados» que el autor no quiso dar (cap. 1). No dicen nada de la cuestión textual en esas páginas. Su regla de control es el significado original del texto, «en cuanto está en nuestro poder discernirlo». Aplicada a este pasaje, lleva a lo que se vio en la sección 3: «beban» es hipótesis y no mandato, y «con las manos» está entre corchetes en el propio NA27.

    Qué aporta el pasaje a la línea «Cristo nuestro Sanador»

    Primera. Es el único pasaje de la línea cuyo texto está en discusión, y la discusión no se decide con los autores de la biblioteca. Lo cita ya Ireneo, hacia el 180, y a partir de ahí lo leen Padres, medievales, reformados, Gordon y Simpson. Lo discuten Eusebio y Jerónimo, que lo ven en algunos ejemplares y en otros no y dejan las dos lecturas, y Burgon, Gregory, Metzger y Warfield, que lo juzgan de modos opuestos. Quien lo cite como palabra de Jesús tiene que decir qué hace con la duda; quien lo deseche tiene que decir qué hace con lo que los lectores, desde Ireneo, hicieron con él.
    Segunda. La sanidad va en un racimo de cinco. Simpson lo acepta («la severa lógica») y Warfield lo vuelve contra Gordon; el texto pone la sanidad en quinto lugar de la lista, sin marcar diferencia con las otras cuatro. Lo que se puede decir con las palabras es que los enfermos «estarán bien» cuando los creyentes les impongan las manos, y que Marcos no dice quién sana. Se parece a lo que Marcos cuenta en 6:5 y 8:23-25, donde sana Jesús, y en 6:13, donde sanan los Doce con aceite, y a Santiago 5:14-16, donde es la oración de fe.
    Tercera. El pasaje no describe un rito ni un oficio. No hay aceite (como en Marcos 6:13 y Santiago 5:14), ni ancianos, ni dones distribuidos (como en 1 Corintios 12). Habla de «los que creen», y cada lector tuvo que decidir quiénes son: los apóstoles y los que ellos designaran (Warfield, por Hechos 8), los creyentes que reciben el don (las Constituciones, Calvino, Henry), todos (Gordon, Simpson) o todos, pero en el alma (Gregorio, Bernardo).
    Cuarta. El pasaje sitúa las señales en la predicación y no en la enfermedad: el versículo 20 dice que confirmaron «la palabra». Este fin lo dicen las Constituciones, Calvino y Henry, y para las lenguas Agustín; lo comparten Gordon y Simpson cuando hablan del mundo incrédulo. Lo que sigue abierto es si ese fin dura mientras haya incrédulos (Gordon, Simpson) o se cumplió «al comienzo» (Gregorio, Calvino, Crisóstomo).
    Mapa en cuatro columnas (Padres, medieval y latina, Reforma, siglos XIX y XX) con una tarjeta por lector de Marcos 16:17-18: Ireneo, Justino y Tertuliano, las Constituciones apostólicas, Crisóstomo y Agustín, Gregorio Magno, Teofilacto, Lapide y Bernardo, Calvino, Henry, Wesley y Bengel, Gordon, Simpson, Buckley, Warfield y Fee y Stuart
    Qué hizo cada época con las cinco señales: prueba pública, regalo con un fin, señal que pasó, lectura moral, promesa perpetua, texto ajeno. · Figura de Eusebeia (VectorCraft)

    9. Síntesis: qué dice el pasaje

    Lo que el texto, tal como lo traen la mayoría de los manuscritos, afirma con más seguridad:
    • Que Jesús dice a los once, después de reprenderlos por su incredulidad, que vayan a todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura, y que salvará quien crea y se bautice (vv. 14-16).
    • Que «estas señales» seguirán a los que han creído, «en mi nombre»: echarán fuera demonios, hablarán en lenguas nuevas, tomarán serpientes, no sufrirán daño si beben algo mortífero, y los enfermos a quienes impongan las manos estarán bien (vv. 17-18).
    • Que cuatro de las señales son futuros que anuncian lo que ocurrirá y la del veneno es una hipótesis; y que en la de los enfermos el texto dice qué gesto hacen los creyentes y cuál es el resultado, no quién sana.
    • Que los once salieron, predicaron «por todas partes» y el Señor obró con ellos y confirmó la palabra «mediante las señales que la seguían» (v. 20): las señales tienen la función de confirmar la predicación.
    Lo que el texto no dice, aunque se le haya hecho decir:
    • No dice cuánto dura la promesa. Calvino lo reconoce: «Cristo no declara expresamente» si es temporal o perpetua, y lo que lo inclina a lo primero es una razón y no una frase del pasaje.
    • No dice que todo creyente obre todas las señales. Las Constituciones, Calvino y Henry leen «los que creen» como los que reciben el don, y 1 Corintios 12:29-30 lo confirma con sus preguntas. Warfield lee lo contrario y dice que es «igual de bueno» que el pasaje sea espurio; Simpson acepta la consecuencia, y Gordon distingue la sanidad de las otras cuatro.
    • No dice que la sanidad sea la señal principal ni la separa de las otras cuatro.
    • No prescribe un rito ni un oficio: ni aceite ni ancianos, como Santiago 5:14; ni dones repartidos, como 1 Corintios 12.
    • No manda beber veneno ni tomar serpientes para probar la fe. Wesley: «Dios nunca nos llama a hacer tales experimentos». Fee y Stuart cuentan el uso de Marcos 16:18 para manejar serpientes entre los errores de hermenéutica.
    • No dice que quien no haga las señales no crea. Warfield teme esa consecuencia, y Gordon admite la «debilidad y el fracaso generales de la fe de la Iglesia» en apropiarse la promesa.
    • No dice quién escribió el final. Que sea de Marcos lo sostienen quienes lo defienden, y lo niegan quienes lo tienen por ajeno.
    La sección 2 dejó varias posiciones sobre el origen del final; con las dos lecturas sobre la duración de la promesa forman un cuadro que ordena a los lectores de la biblioteca:
    Cuadro de dos filas y dos columnas. Filas: el final es de Marcos; el final no es de Marcos, pero se recibió como Escritura. Columnas: promesa para los creyentes de todo tiempo; señales de la edad apostólica. Primera casilla: Gordon, Simpson, Wesley y Bengel. Segunda: Calvino, Henry, las Constituciones apostólicas, Crisóstomo y Agustín. Tercera: nadie en la biblioteca la defiende, aunque Metzger la deja abierta. Cuarta: Warfield, y Gregory con el final como apéndice de Aristión
    Dos preguntas, el origen del final y la duración de la promesa, y quién ocupa cada casilla entre los lectores de la biblioteca. · Figura de Eusebeia (VectorCraft)
    Lo que se sostiene si el final es de Marcos. Los versículos 17 y 18 son palabras del Resucitado, y la discusión pasa a la aplicación: si valen para todo tiempo (Gordon, Simpson, Wesley y Bengel) o para el comienzo de la predicación (Calvino, Henry, las Constituciones, Crisóstomo, Agustín, y Gregorio en el sentido literal). Quien tenga el pasaje por palabra de Jesús debe contestar a las preguntas que el texto no resuelve: cuánto dura, a quién va, si las cinco van juntas.
    Lo que se sostiene si no lo es. El pasaje es un texto cristiano antiguo, conocido en el siglo II por Ireneo y por Taciano, leído como Escritura por las Iglesias que lo tuvieron y admitido en el canon por la recepción (Metzger). Para Warfield no es una promesa con la autoridad de un dicho de Jesús; para Gregory, en la forma más estricta, es obra de Aristión y puede imprimirse aparte, entre corchetes. Lo que quedaría sin el respaldo de un dicho de Jesús es la promesa a «los que creen» con las cinco señales; lo que se mantiene en otros textos (Marcos 6, Lucas 10, Hechos, Santiago) son los demonios, las manos sobre los enfermos y la oración, y queda el testimonio de lo que se esperaba y se hacía en la Iglesia de Ireneo.
    Lo que no depende del final. Los demonios, las manos sobre los enfermos, las lenguas y la víbora de Malta tienen cada una su caso en textos cuyo origen no se discute (Marcos 6 y 8; Hechos 2, 10, 19 y 28), y la promesa general al que cree está también en . Dependen del final la lista de las cinco como promesa colectiva, la del veneno sin daño y la de las «lenguas nuevas».
    Las dos tradiciones que se oponen. Una lee los versículos 17 y 18 como promesa abierta, y los obstáculos que ve son de fe: Wesley y Bengel («la incredulidad reina»), Gordon («el fracaso de la fe de la Iglesia») y Simpson («la medida de su fe»). Otra los lee como señales de un comienzo, y los obstáculos que ve son de propósito: Crisóstomo («han cesado»), Agustín («pasó»), Gregorio («eran necesarias al comienzo»), Calvino («para dar lustre al evangelio mientras era nuevo») y Warfield (la lista entera no puede prometerse a todos). Entre las dos hay una tercera que cruza ambas: la de Ireneo, Agustín en La ciudad de Dios y Gregorio cuando pasa al sentido moral, que dicen que algo sigue ocurriendo y que no es lo mismo que entonces.
    Principios hermenéuticos que este pasaje ha puesto a prueba:
    • Establecer el texto antes de interpretarlo. Eusebio y Jerónimo, según Metzger, no dijeron que una forma del texto fuera canónica y la otra no. Burgon decide que los doce versículos son de Marcos; Gregory, que no lo son. Quien lee Marcos 16:17-18 hereda esa decisión.
    • Distinguir entre la autenticidad de un pasaje y la canonicidad del documento (Metzger): lo que la Iglesia recibió no es lo mismo que lo que el evangelista escribió.
    • Leer el texto con otros textos (la analogía de la fe): las Constituciones con Lucas 10:20 y 1 Corintios 14:22, Calvino con Mateo 24:24, Warfield con Hechos 8.
    • No pasar de «el texto no dice» a «el texto niega», ni de «el texto promete» a «todos, siempre»: Calvino lo confiesa al decir que Cristo no declara expresamente la duración.
    • Leer el sentido literal junto al moral sin que uno borre al otro (Gregorio, Teofilacto, Lapide con Bernardo).
    • Distinguir signum y res (Agustín): una señal se da por una cosa, y cuando la cosa se cumple, la señal puede pasar.
    • Atender a la función que el propio texto asigna (v. 20: confirmar la palabra) antes de deducir de él una promesa de sanidad (Constituciones, Calvino, Henry).
    Siguiente pasaje de la línea: , el envío de los setenta. Simpson lo junta con Marcos 6 y Santiago 5 en una cadena de transmisión («los primeros ancianos»); su versículo 19 es el paralelo de las serpientes y su versículo 20 («no os regocijéis de que los espíritus se os sujeten, sino de que vuestros nombres están escritos en los cielos») es el que usan las Constituciones apostólicas para decir que las señales no miden la fe.

    10. Nota de fuentes

    Texto. Griego de NA27 con análisis morfológico (módulo iNA27), con sus corchetes dobles y sencillos de Marcos 16:9-20; Diccionario Strong ampliado (Str-ES) para los términos del pasaje; versiones BTX4 (con su nota a 16:9: «cuatro finales distintos»), RV60, LBLA, NVI, DHH, TLA, NTV y KJV; referencias cruzadas de OpenBible; índice de citas patrísticas de Roberts y Donaldson, que sirve para localizar y que aquí se contrastó con cada texto (el índice da como cita de 16:17 un texto de Ireneo, libro II, que evoca Lucas 10:19, y como cita de 16:18 un texto de Tertuliano, Escorpiaco, que no guarda relación; los dos se descartaron). Las cuentas de ocurrencias en Marcos salen de una consulta al módulo NA27 con los números de Strong.
    El texto discutido. J. W. Burgon, The Last Twelve Verses of the Gospel according to S. Mark (Oxford, 1871), caps. I, III, IV, V, VI, X, XI y apéndice B, que trae el griego de Eusebio, Cuestiones a Marino (A. Mai, Nova Patrum Bibliotheca IV, 255-257). El texto de Burgon que tiene la biblioteca es de reconocimiento óptico, con erratas sobre todo en el griego; las citas se cotejaron con su contexto. Caspar René Gregory, Canon and Text of the New Testament (1907), pp. 362-363 y 511-518. Bruce M. Metzger, The Canon of the New Testament (Oxford, 1987), cap. XII, I. T. P. Scheck, introducción a la carta 120 de Jerónimo, en St. Jerome, Exegetical Epistles, vol. 2 (Fathers of the Church 148, 2024), pp. 123-125: protegida por derechos, solo se resume. Del latín de Jerónimo, carta 120, 3, y Contra los pelagianos II, 15, se tradujo lo que Burgon transcribe; el volumen 6 de NPNF no trae el texto de este capítulo.
    Padres. Papías (por Eusebio, Historia eclesiástica III, 39), Justino (Primera apología 45 y Diálogo con Trifón 85), Ireneo (Contra las herejías II, 32; III, 10; V, 6), Tertuliano (Apologético 23), Orígenes (Contra Celso I, 6), Agustín (Homilía 6 sobre 1 Juan y La ciudad de Dios XXII, 8): copiados de las ediciones publicadas en Eusebeia. Constituciones apostólicas VIII, 1: ANF vol. 7, traducido del inglés. Diatessaron (sección LV): ANF vol. 9, traducción inglesa de Hill. Crisóstomo, Homilía 29 sobre 1 Corintios: NPNF1 vol. 12, trad. T. W. Chambers, traducido del inglés. Gregorio Magno, Beda y Teofilacto, por la Catena Aurea de Tomás de Aquino (San Marcos, trad. J. H. Newman).
    Medieval y latina. Cornelio a Lapide, The Great Commentary, vol. 3 (Mateo 22-28 y Marcos, trad. T. W. Mossman), sobre Marcos 16:14, 16-18; de él se toman Eutimio y Bernardo (Sermón de la Ascensión), traducidos del inglés.
    Reforma y después. Calvino, Commentaries, vol. 33 (Armonía, trad. W. Pringle); Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible, vol. 5, sobre Marcos 16:14-18; Wesley, Notes on the Bible (sobre Marcos 16:17-18); Jamieson, Fausset y Brown, sobre Marcos 16:9-18 (sin discusión textual): traducidos del inglés.
    Siglos XIX-XXI. A. J. Gordon, The Ministry of Healing (1882), caps. II (pp. 22-24), III (pp. 52-53) y VI (pp. 120-121), apéndice, nota C (pp. 245-247), y la nota sobre Bengel (pp. 24 y 101); A. B. Simpson, The Gospel of Healing (1890), cap. 1 («Scriptural Foundation», 9) y cap. 3 («Popular Objections», objeción 4), de la edición completa; J. M. Buckley, Faith-Healing, Christian Science and Kindred Phenomena (1892), pp. 24-46: escaneado leído con reconocimiento óptico; B. B. Warfield, Counterfeit Miracles (Nueva York, 1918), pp. 166-169; A. E. Thompson, The Life of A. B. Simpson (1920), caps. XIV y XXII; Gordon Fee y Douglas Stuart, How to Read the Bible for All Its Worth (4.ª ed.), cap. 1: traducidos del inglés o parafraseados.
    Límites. La biblioteca no tiene el Textual Commentary de Metzger, ni NA28 ni UBS ni ningún aparato crítico, y de ahí que la lista de testigos sea la de Burgon, Gregory y Metzger y no un recuento propio. Eusebio, Cuestiones a Marino, llega solo por Burgon; tampoco están Hipólito, Sobre los carismas, las actas del concilio de Cartago del 256, Afrahat ni Víctor de Antioquía, que Burgon cuenta entre los testigos más rotundos del final largo. Los comentarios a Marcos de Beda y de Teofilacto no están; sí sus pasajes en la Catena. Olshausen, Lange y Morison, que cita Gordon, llegan solo por Gordon. De Bengel, cuya nota llega por Wesley y Gordon, la biblioteca tiene el Gnomon sobre 1 Pedro y no el de Marcos; la traducción de Young que cita Simpson tampoco está. De A. W. Tozer solo está The Pursuit of God, que no trata este pasaje. La atribución a Aristión que da Gregory descansa en un manuscrito armenio que no se pudo ver. No se leyó el griego de los Padres: lo que se cita de ellos va en traducción o por Burgon.

    11. Esbozo homilético (referencia)

    Un esquema de lo que el pasaje permite predicar sin traicionar lo leído. No es la homilía; es su esqueleto.
    Título. «El Señor los ayudaba».
    Idea central. Jesús manda predicar a toda criatura, promete señales a los que creen en su nombre, y los once salieron a predicar y el Señor confirmó la palabra con las señales que la seguían.
    1. Id (v. 15). La orden es predicar el evangelio a toda criatura. Las señales se prometen después de la orden, no antes.
    2. Creed (vv. 16-17). Salvación para quien cree y se bautiza; las señales siguen a los que han creído, y lo hacen «en mi nombre»: la autoridad es de Jesús.
    3. El Señor los ayudaba (v. 20). Los once predicaron por todas partes, y el Señor confirmó la palabra. La palabra va primero, y las señales la acompañan.
    Aplicación. Predicar sin hacer de las señales el centro; pedir al Señor que confirme su palabra con lo que él quiera; poner las manos sobre un enfermo y orar por él con confianza, sin condicionar a nadie la fe a un resultado.
    Cautela. El pasaje no dice que toda enfermedad se sanará, ni que todo creyente obrará las cinco señales, ni que haya que tomar serpientes o beber veneno para probar la fe, ni que quien no obre señales no crea. Tampoco dice cuánto dura la promesa. Su final se discute, y eso debe decirse al predicarlo.
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