Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Agustín de Hipona, obispo de Hipona |
| Título | Sobre la gracia de Cristo y sobre el pecado original (en latín, De gratia Christi et de peccato originali; en inglés, On the Grace of Christ, and on Original Sin) |
| Fecha | 418, según el NPNF (que recoge la argumentación de la edición benedictina) y según la tabla de obras de Agustín de Wikipedia, que cita a Lamberigts. El propio Agustín la reseña en Retractaciones II, 50, justo antes de su intervención contra Emérito, que acabó el 20 de septiembre de ese año |
| Destinatarios | Albina y su hija Melania y el marido de esta, Piniano, ascetas romanos establecidos en Palestina |
| Género | Tratado polémico en dos libros, escrito deprisa, con el mensajero a punto de partir y entre muchas ocupaciones (I, 1) |
| Extensión | 103 capítulos (55 en el libro I y 48 en el II), unas 33 600 palabras en esta edición |
| Traducción | Castellana, automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro) y directa del inglés de Peter Holmes; no del latín. Sin traductor humano y sin revisión frase a frase |
| Fuente | Nicene and Post-Nicene Fathers, 1.ª serie, vol. 5 (St. Augustin: Anti-Pelagian Writings), ed. Philip Schaff |
| Capítulos | De qué trata |
|---|---|
| I, 1 a 3 | La consulta de los tres destinatarios y lo que Pelagio les dijo: la sospecha ante su confesión de que la gracia es necesaria «para cada acto» |
| I, 4 a 8 | Las tres facultades de Pelagio —capacidad, voluntad, acción— y la ayuda de Dios solo para la primera () |
| I, 9 a 15 | Ley y gracia son cosas distintas; qué sirve la ley; la promesa de gloria y la revelación de la sabiduría no bastan |
| I, 16 a 22 | El uso de la vista como ejemplo; las dos raíces de la acción, el amor y la codicia |
| I, 23 a 34 | Pelagio pone el libre albedrío como fundamento de la gracia; qué es la verdadera gracia y por qué no se da según los méritos; la carta al papa Inocencio |
| I, 35 a 45 | Los niños y el bautismo; Celestio; una por una, las definiciones de gracia de Pelagio, que Agustín da por insuficientes |
| I, 46 a 55 | Pelagio profesa respetar a los autores católicos; Ambrosio dice lo contrario que él; vivir sin pecado |
| II, 1 a 10 | Celestio en Cartago y en Roma; el papa Zósimo; Pelagio y la Iglesia de Roma; el juicio de Inocencio |
| II, 11 a 17 | El sínodo de Palestina y cómo engañó Pelagio a sus jueces |
| II, 18 a 27 | La condenación de Pelagio; sus ambigüedades sobre el bautismo de los niños; la larga residencia en Roma; las cuestiones que «no ponen en peligro la fe» |
| II, 28 a 35 | La herejía ataca los cimientos de la fe; los santos antiguos se salvaron por Cristo; Cristo mediador; la circuncisión de los niños |
| II, 36 a 43 | El alma y los platónicos; Cristo «pecado»; el pecado original no hace malo el matrimonio; la concupiscencia |
| II, 44 a 48 | Los hijos de los regenerados nacen en pecado; la liberación se ajusta a la cautividad; Ambrosio en favor del pecado original |
Donde muestra que Pelagio es falso en su confesión de la gracia, en cuanto que coloca la gracia o en la naturaleza y el libre albedrío, o en la ley y la enseñanza; y, además, afirma que es meramente la «posibilidad» (como él la llama) de la voluntad y de la acción, y no la voluntad y la acción mismas, lo que es asistido por la gracia divina; y que esta gracia auxiliadora, además, es dada por Dios según los méritos de los hombres; mientras piensa, además, que son asistidos con el único fin de poder cumplir más fácilmente los mandamientos. Agustín examina aquellos pasajes de sus escritos en los que se jactaba de haber otorgado expresa recomendación a la gracia de Dios, y señala cómo pueden interpretarse como referidos a la ley y la enseñanza —en otras palabras, a la divina revelación y al ejemplo de Cristo, que están igualmente incluidos en «la enseñanza,»— o bien a la remisión de los pecados; y no ofrecen prueba alguna de que Pelagio reconociera realmente la gracia cristiana, en el sentido de la ayuda prestada para la realización de la acción recta a la facultad natural y a la instrucción, por la inspiración de un amor ardentísimo y luminoso; y concluye con la petición de que Pelagio escuche seriamente a Ambrosio, a quien tanto gusta de citar, en su excelente elogio en alabanza de la gracia de Dios.
I, 1
Comentario editorial · Albina, Piniano y Melania
I, 2
I, 3
I, 4
I, 5
Comentario editorial · Posibilidad, voluntad, acción
I, 6
I, 7
Capítulo 8.— La gracia, según los pelagianos, consiste en la iluminación interna y múltiple de la mente
I, 8
I, 9
I, 10
I, 11
I, 12
I, 13
I, 14
I, 15
I, 16
I, 17
I, 18
Capítulo 19 [XVIII.]— Las dos raíces de la acción, el amor y la codicia; y cada una produce su propio fruto
I, 19
I, 20
I, 21
I, 22
I, 23
Capítulo 24.— Pelagio pone el libre albedrío como fundamento de toda conversión a Dios para obtener la gracia
I, 24
I, 25
I, 26
Capítulo 27 [XXVI.]— Qué es la verdadera gracia y por qué se da. Los méritos no preceden a la gracia
I, 27
Capítulo 28 [XXVII.]— Pelagio enseña que puede resistirse a Satanás sin la ayuda de la gracia de Dios
I, 28
I, 29
I, 30
I, 31
I, 32
Capítulo 33 [XXXI.]— Pelagio no profesa nada sobre la gracia que no pueda entenderse de la ley y la enseñanza
I, 33
I, 34
I, 35
I, 36
I, 37
I, 38
I, 39
Capítulo 40 [XXXVII.]— La ayuda de la gracia puesta por Pelagio en la mera revelación de la enseñanza
I, 40
I, 41
Capítulo 42 [XXXVIII.]— La gracia puesta por Pelagio en la remisión de los pecados y el ejemplo de Cristo
I, 42
I, 43
I, 44
I, 45
I, 46
I, 47
I, 48
I, 49
I, 50
I, 51
I, 52
Capítulo 53 [XLVIII]—En qué sentido se puede decir que algunos hombres viven sin pecado en la vida presente
I, 53
I, 54
Capítulo 55 [L]—Ambrosio da testimonio de que la pureza perfecta es imposible para la naturaleza humana
I, 55
Donde Agustín muestra que Pelagio en realidad no difiere en nada, en la cuestión del pecado original y del bautismo de los niños, de su seguidor Coelestio, quien, negándose a reconocer el pecado original y atreviéndose incluso a negar la doctrina en público, fue condenado en juicios ante los obispos — primero en Cartago y después en Roma; porque esta cuestión no es, como querrían estos herejes, una en la que se pueda errar sin peligro para la fe. Su herejía, en verdad, no apuntaba a otra cosa que a los fundamentos mismos de la fe cristiana. Refuta luego a todos cuantos sostenían que la bendición del matrimonio resulta menospreciada por la doctrina de la depravación original, y que se hace injuria a Dios mismo, Creador del hombre que nace por medio del matrimonio.
Capítulo 1 [I.]— Precaución necesaria al atender a las afirmaciones de Pelagio sobre el bautismo de los niños
II, 1
II, 2
II, 3
Comentario editorial · Celestio ante el sínodo de Cartago
II, 4
II, 5
II, 6
II, 7
II, 8
Capítulo 9 [VIII.]— Pelagio engañó al concilio de Palestina, pero no pudo engañar a la Iglesia de Roma
II, 9
II, 10
II, 11
II, 12
Comentario editorial · El «sínodo de Palestina» es el de Diospolis
II, 13
II, 14
II, 15
II, 16
II, 17
II, 18
Capítulo 19.— El intento de Pelagio de engañar a la Sede Apostólica; invierte los términos de la controversia
II, 19
II, 20
II, 21
II, 22
II, 23
II, 24
II, 25
Comentario editorial · 418: Zósimo, el emperador y el concilio

II, 26
II, 27
II, 28
II, 29
II, 30
Capítulo 31.— La encarnación de Cristo fue de provecho para los padres, aun cuando aún no hubiese acontecido
II, 31
II, 32
II, 33
II, 34
II, 35
II, 36
II, 37
II, 38
II, 39
II, 40
II, 41
II, 42
II, 43
II, 44
II, 45
Capítulo 46.— La dificultad de creer el pecado original. El vicio del hombre es naturaleza de bestia
II, 46
II, 47
II, 48
Notas, recepción y bibliografía
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