Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Efrén el Sirio, nacido en Nísibis (Mesopotamia romana) hacia 306 según Wikipedia y muerto en Edesa en 373; Gwynn recoge que algunos llevan su muerte a 378 y que el diaconado le llegó tarde, a unos tres años del final |
| Contenido | Tres escritos del volumen 13: 45 de los Himnos de Nísibis, los siete himnos de La Perla y la Homilía sobre la mujer pecadora |
| Fechas | Solo los Himnos de Nísibis dan indicios internos de fecha, según Gwynn: 1–21 entre 350 y 363; 35–42, posteriores a 363. De La Perla y de la homilía no consta ninguna |
| Lengua | Siríaco; esta edición lo lee en inglés, y el castellano parte del inglés |
| Género | Himnos estróficos con estribillo (Nísibis, Perla) y una homilía en prosa tal como la imprime el NPNF |
| Extensión | Unas 43 900 palabras en esta edición |
| Traducción | Castellana, automática y directa del inglés de Stopford, Morris y Johnston; no del siríaco |
| Fuente | Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 13, tal como lo recogen CCEL y New Advent |
| Escrito | Título en el NPNF | Traductor inglés | Aquí |
|---|---|---|---|
| Himnos de Nísibis | The Nisibene Hymns | Stopford (los 21 primeros, según el prefacio) | Himnos 1–7, 9–21, 35–42 y 52–68 (45) |
| La Perla | The Pearl. Seven Hymns on the Faith | Morris, revisado por Gwynn | Siete himnos |
| Homilía | On the Sinful Woman | Johnston | 15 secciones y un cierre |
Himno 1
Comentario editorial · El cerco de 350 y el diluvio
Himno 2
Himno 3
Himno 4
Himno 5
Himno 6
Himno 7
Himno 9
Himno 10
Himno 11
Himno 12
Himno 13
Himno 14
Comentario editorial · Los tres pastores: Jacob, Babu y Valgesh
Himno 15
Himno 16
Himno 17
Himno 18
Himno 19
Himno 20
Himno 21
Comentario editorial · 363: la ciudad cedida

Himno 35
Comentario editorial · La Muerte y Satanás toman la palabra
Himno 36
Himno 37
Himno 38
Himno 39
Himno 40
Himno 41
Himno 42
Himno 52
2. La Muerte mostró su poder, que conquista a todos; Satanás mostró su astucia, que hace pecar a todos.—
3. Muerte, A ti, oh Maligno, nadie escucha sino el que quiere: a mí, el que quiere y el que no quiere, aun a mí vienen.—
4. Satanás, La tuya, oh Muerte, es sólo la fuerza de la tiranía: mías son las trampas y redes de la sutileza.—
5. D., Oye, oh Maligno, que cualquiera que es sutil rompe tu yugo: pero no hay nadie que pueda escapar de mi yugo.—
6. S., Tú, Muerte, sobre el que está enfermo pruebas tu poder: pero yo sobre los que están sanos soy sumamente poderoso.—
7. D., El Maligno no prevalece sobre todos los que lo insultan: pero para mí, el que me ha maldecido y el que me maldice, vienen a mis manos.—
8. S., Tú, Muerte, de Dios has obtenido tu poder: yo solo por nadie soy ayudado, cuando conduzco a los hombres al pecado.—
9. D., Tú, oh Maligno, como un débil: mientras como un rey ejerzo mi dominio.—
10. S., Eres un necio, oh Muerte, al no saber cuán grande soy: que basto para capturar el libre albedrío, el poder soberano.—
11. D., Tú, oh Maligno, como un ladrón, he aquí que andas alrededor: yo como un león despedazo y no temo.—
12. S., A ti, oh Muerte, nadie sirve ni adora: a mí los reyes sirven con sacrificio como a Dios.—
13. D., A la Muerte muchos llaman, como a un Poder bondadoso: a ti, oh Maligno, nadie ha llamado ni llama.—
14. S., ¿No notas esto, oh Muerte, cuántos hay que de diversas maneras me llaman y hacen oblación?—
15. D. Odiado es tu nombre, oh Satanás, y no puedes limpiarlo: tu nombre todos lo maldicen, esconde tu vergüenza.—
16. S., Tu oído, oh Muerte, se ha embotado, que no oyes: cómo contra ti todos los hombres gimen, ocúltate.—
17. D., Mi rostro se muestra al mundo, pues soy sin malicia: no como tú, que sin malicia no puedes permanecer.—
18. S., No me has superado en nada, pues es verdad que eres odioso como yo para los hijos de los hombres.—
19. D., De mí todos los hombres tienen miedo como de un señor: pero en cuanto a ti, te odian como al Maligno.—
20. S., Para ti, oh Muerte, odian tu nombre, y también tu obra: mi nombre odian pero mis deleites aman grandemente.—
21. D., A amargura de dientes se convierte esta tu dulzura: la penitencia del alma se apega siempre a tus concupiscencias.—
22. S., El Seol es odiado porque en ella no hay arrepentimiento: una fosa que traga y se cierra sobre todos los movimientos.—
23. D., El Seol es un abismo donde quien cae se levantará de nuevo: el pecado es odiado porque corta la esperanza del hombre.—
24. S., Aunque me desagradan los penitentes, doy lugar para el arrepentimiento: tú cortas la esperanza al pecador que muere en su pecado.—
25. D., Fue por ti que al principio su esperanza fue cortada: pues aquel a quien no has hecho pecar muere felizmente.—
26. Bendito es Aquel que levantó a esos siervos malditos el uno contra el otro: para que los viéramos como ellos nos han visto y se burlaron de nosotros.—
27. Esto que hemos visto de ellos es una prenda, hermanos míos: de lo que veremos de ellos en el más allá cuando resucitemos.
Himno 53
2. Dijo la Muerte al Maligno: Al fin la victoria es mía: porque la Muerte es dueña del término, como vencedora.—
3. Satanás, Esto sería en verdad Muerte, si pudieras: llevar a la muerte a un hombre vivo, por medio de las concupiscencias.—
4. M., He aquí yo que contemplo a los muertos, buenos y malos: los justos que te desprecian, oh Maligno, a mí no me desprecian.—
5. S., Este morir del cuerpo es sueño por un tiempo: no pienses, oh Muerte, que eres Muerte, tú que eres como sombra.—
6. M., A ti, oh Maligno, te han vencido los justos, sí, te vencerán: pero a estos que te han vencido, he aquí, yo los venzo.—
7. S., Aun esto de que tú lleves a la muerte a los justos, no es de ti: por causa de Adán, a quien yo vencí, beben ellos esta copa.—
8. M., He aquí el Seol está lleno de los hombres de Sodoma, y de los asirios: y de los gigantes que había en el diluvio, ¿quién como yo?—
9. S., Estos, oh Muerte, todos ellos, por mí fueron muertos: yo soy el que los hizo pecar para que perecieran.—
10. M., A José, que te venció, yo lo vencí, oh Satanás: en la cámara te venció él, pero yo lo vencí y lo arrojé al sepulcro.—
11. S., Moisés, que te venció, oh Muerte, con la aspersión de la sangre: te venció en Egipto, pero en la roca, ¿quién lo venció a él?—
12. M., Elías, que no te temió, oh Satanás: huyó ante el rostro de Jezabel, porque me temió a mí.—
13. S., Aarón, que te resistió, oh Muerte, con el humo del incienso: a él le di zarcillos de oro: y él fabricó un becerro.—
14. M., Bajaste a contender con Job, y él te venció y subió: pero yo, después que él te hubo vencido, entonces lo vencí a él.—
15. S., David, que con su cilicio detuvo aquella peste: a él en la azotea lo vencí, al que había vencido a Goliat.—
16. M., Jehú, que destruyó la casa de Baal, el templo del Maligno: no pudo destruir el Seol, la fortaleza de mi reino.—
17. S., Salomón, que arrebató de tu boca a un niño por su juicio: a él en su vejez lo hice edificador de altares de ídolos.—
18. M., Samuel, que en cuanto al oro te despreció, oh Satanás: a él lo vencí yo, al vencedor, que venció los sobornos.—
19. S., Sansón, que en cuanto al cachorro del león te despreció, oh Muerte: por Dalila, vaso frágil, lo uncí al molino.—
20. M., Josías desde su niñez te despreció, Maligno: pero a mí ni aun en su vejez pudo resistir.—
21. S., Ezequías te resistió, Muerte, cuando venció el límite de la vida: yo lo extravié y descuidó el milagro, y mostró sus tesoros.—
22. M., Juan, que te venció, Maligno, y absolvió y bautizó: yo apagué aquella antorcha, que te había puesto al descubierto.—
23. S., Simón te venció, cuando devolvió a la vida a aquella mujer bendita: en una mujer te venció, y por una mujer yo lo vencí y lo hice negar.—
24. S., Apóstoles y profetas a una voz te maldicen, oh Muerte: ¿Dónde está la victoria de la Muerte, y el aguijón del Seol? —
25. A tu Señor en el Seol has encerrado, oh siervo maldito: Dios te aborrece, y también el hombre; calla pues.—
26. S., Fue la voluntad de Aquel que da vida a todos, la que lo encerró en el Seol: fuiste tú quien lo llamó a esto, cuando hiciste pecar a Adán.—
27. Oh compañero de Nabal, que en el desierto afrentó a su señor: aborrecida sea tu boca que le dijo: ¡Póstrate y adórame!
Himno 54
2. R., ¡A Ti sea la gloria, por cuya humillación Adán fue exaltado: y por cuya muerte fue resucitado, y recobró el Edén! —
3. Si pues el Maligno te vence, grande es la vergüenza: la Muerte, su compañera, lo ha convicto, como débil.—
4. Y si a su vez la Muerte te subyuga, he aquí ¡qué oprobio!: porque el Maligno, su compañero, la escarnece, como a una sombra.—
5. Su disputa es para ti un espejo, en el cual puedes ver: que ambos son como paja, delante de tu aliento.—
6. Sí, y los Profetas y los Apóstoles, en sus promesas: te aseguran que ellos, como flores, se marchitarán al salir el sol.—
7. S., Tú, Muerte, eres a quien odian, los vivos y los muertos: porque toda unión la disuelves y destruyes.—
8. M., No es la muerte abierta la que mata, oh Satanás: tu muerte, que es secreta, mata a los hijos de los hombres.—
9. S., Mi nombre no es odioso como el tuyo, pues el ángel: se mostró en semejanza de Satanás a Balaam en el camino.—
10. M., ¡Cuán propio es este tu nombre, oh Satanás: que erró e hizo errar del camino al incauto Adán!—
11. S., No vaguees como ignorante, y pierdas tu causa: disputa, oh Muerte, si eres competente, para replicar.—
12. M., Yo sé que eres astuto, oh Satanás: de modo que de la arena puedes torcer una trampa.—
13. S., Tu disputa, Muerte, ha terminado: porque el que es vencido: cuando le faltan y se le acaban las palabras, comienza a injuriar.—
14. M., Entre todos yo soy vencedor, ¿y por ti soy vencido? ¡Que te persuada Adán, a quien he vencido, oh Satanás!—
15. S., Yo soy el que até a Adán, y lo arrojé ante ti: al varón fuerte que mis astucias habían atado, tú viniste y lo subyugaste.—
16. M., Yo soy el que ha sido coronado de nuevo, con una diadema en el mundo: pues a Adán, jefe de los fuertes, tengo cautivo en el Seol.—
17. S., Yo lo maté con muerte secreta, a Adán, cuando pecó: tú, Muerte, has matado a uno que ya estaba muerto, muerto por mí.—
18. M., En tu deseo de vencer, Maligno, te has hecho odioso: pues eres Muerte y también Satanás, y esto te parece poca cosa.—
19. S., Tú has quedado silenciada, Muerte, como débil: pues ni en palabras ni en obras tienes fuerza para estar en pie.—
20. M., Por tu mal vences, oh Maligno, si disciernes; tu corona es enteramente de vergüenza, si percibes.—
21. Yo seré derrotado y tú serás maldito, oh Satanás: mejor me es ser ignorante, y no malicioso.—
22. Bendito sea el Justo que los dividió, aunque eran de un mismo sentir: bendito sea el Bueno que nos hizo de un mismo sentir, cuando estábamos divididos.—
23. Venceré al Maligno mediante Tu perdón, oh Todo Misericordioso: y venceré a la muerte mediante Tu Resurrección, ¡oh Dador de toda vida!
Himno 55
2. R., ¡A Ti sea la gloria, Hijo del Señor de todo, que moriste por todos: pues fue resucitado para dar vida a todos, en el día de Su Venida! —
3. S., Jonás, que te venció, y volvió del Seol, se hizo mi abogado al preguntar, ¿por qué se perdonaba a los pecadores?—
4. M., No calumnies, oh Maligno, al hijo de Amitai: mostró rostro de enojo, para que ellos te alabaran más.—
5. S., Del todo impotente es toda tu persuasión, oh tirana Muerte: pues nada me agrada, de todo lo que has dicho.—
6. M., Pues ¿cuándo te fue agradable la palabra de verdad? Un abismo hay entre ti y la veracidad, oh mentiroso.—
7. Soy justo todos mis días, sin nada de qué arrepentirme: yo soy el que rescata de ti a los hijos de los hombres.—
8. S., Proclama tu arrepentimiento, Muerte, eres bienvenida: he aquí, también Saúl entre los profetas, gran causa de escarnio.—
9. Si tú, Muerte, eres justificada, entonces para mí: no corto la esperanza, asimismo, del arrepentimiento.—
10. M., Ningún ídolo con mi Señor he hecho, ¡oh aborrecedor de tu Señor! He aquí, tú por ídolos muertos, matas a los vivos.—
11. S., Que tú, Muerte, eres la mitad de mí, lo sé, y yo la mitad de ti: si la mitad de mí se arrepiente, se arrepiente, pero me maravillo.—
12. M., Tu socio soy en la parte, pero no en el pecado: míos son los muertos y tuyos los matadores, a quienes hiciste pecar.—
13. S., Mi astucia llora por sí misma, cuando disputo contigo: mis ardides se lamentan sobre mí, cuando te encuentro.—
14. M., Los obradores de hechicerías y adivinos, con todas sus ofensas: el fuego que tú encendiste en el mundo, en el Seol lo he apagado.—
15. S., Tú, penitente que cuelas el mosquito y te tragas al justo: los castos te desgarrarán, que claman, desde dentro de tu vientre.—
16. M., Es la casa del tesoro donde guardo a todos los justos: su resurrección amenaza mal a ti, que los perseguiste.—
17. S., El codicioso que lleva a todas las criaturas, en sus entrañas: he aquí, me echa en cara que he sido robado, de mis posesiones.—
18. M., Antes del golpe no te lamentes, pues aún no te ha alcanzado: el día vendrá en que clamarás, y yo oiré y me gozaré.—
19. Vendrá el fuego que te arrancará tu misma piel: como con el tiesto arrancaste la piel de Job.—
20. M., El sabor de la pereza comienza, como a cernirse sobre mí; es entonces un sueño que yo cesé, por breve espacio.—
21. No fue que me faltaran palabras, y por eso callé: es por el tiempo que me lamento, que ha pasado ociosamente.—
22. La herida hecha por tu discurso es muy grande: ¡ojalá no la hubiera oído! Pues toda mi mente está atenta a mi obra.—
23. Esta humanidad que está perdida, fue deshecha por el pensamiento errabundo: la pereza, con la negligencia, la puso bajo yugo.—
24. La locura del deseo pujaba por la riqueza, y la compró: la contienda con la jactancia, fueron los fiadores.—
25. Con la persistencia por fuerza, hago mi guerra: y si descuido un poco, mi dominio es nada.—
26. Por el continuo gotear, limpio las rocas: pues el continuo gotear puede disolver aun una montaña.—
27. El hábito, aun sobre la naturaleza, se hace dueño: adiestra y conduce aun a los leones, como bestias de carga.—
28. El hábito, el reposo y el aumento, con persistencia; por estos es vencida la libertad, aunque obstinada sobre todo.—
29. Si su voluntad está firmemente puesta, rompe las cadenas; pero si está laxa, una red frágil puede capturarla.—
30. Si acaso la Libertad grita, somos dispersados: pero si ella calla, nos reunimos para burlarnos de ella.—
31. Cesemos de mucho hablar, no sea que lleve a mucha pereza: con un mismo ánimo asaltemos el muro, y he aquí, está derribado.—
32. S., Ve y atiende a las enfermedades, y yo a las trampas: pues para mí los pecados y para ti las pestilencias, son gran solaz.—
33. Y aunque he pausado, no he pausado de mis cuidados: porque mi voluntad en ningún tiempo descansa, sino que está lista.
Himno 56
2. R., A Ti sea la gloria en cuya victoria hemos cobrado fuerza: y en cuya resurrección desafiamos aun a la Muerte misma!— 3. He aquí, otra vez estos dos se pusieron al descubierto, cuán débiles son ambos: la Muerte recordó al Maligno tu poderío ( oh Libertad ).—
4. Tu fuego está en tu nido, oh Muerte, y no percibes: el destino de los difuntos, para ti es derribamiento.—
5. He aquí, la Muerte y el Maligno proclaman tu poderío ( oh Libertad ): sí, el Maligno trae a la memoria tu fe.—
6. Si pues estos que estaban contra ti están a tu favor: gran cosa es que tus perseguidores se hayan hecho tus heraldos—7. M., Confieso, oh Maligno, que como usura: guardo los tesoros del Rey, hasta Su Venida.—
8. S., Yo, oh Muerte, niego más bien que esto pertenezca a Dios: este tesoro de sutileza, que he almacenado.—
9. M., Tu moneda es fraudulenta, pues, oh Satanás: que en los tesoros de Dios, no es recibida.—
10. S., Una moneda nueva acuño, a la manera real: he aquí, mis mercaderes traen pérdida, al mundo.—
11. Dios creó todas las cosas de la nada: y yo creé el gran pecado de la nada—
12. M., Cerrada y atada sea tu boca, Maligno, que eres así de audaz: de ponerte, he aquí, en comparación con el Creador.—
13. S., A mí, oh Muerte, me es lícito atreverme y hablar: tu lengua, aun la tuya, es esclava, y está bajo temor.—
14. M., Un abismo hay de aquí en adelante entre nosotros, oh Satanás: pues locamente contra tu Señor, he aquí, arremetes.—
15. S., ¿Por qué dudas, oh Muerte, de nuestra concordia? Sé para nosotros compañero y miembro: y he aquí, reinamos.—
16. Ven, desenvainemos nuestro par de espadas, contra la humanidad: yo secretamente, tú abiertamente, y he aquí, les ponemos fin.—
17. El Pecado y el Seol también dieron consejo a aquellos dos: diciendo Si estáis divididos, estáis perdidos. —
18. Mira las aguas cómo, si se dispersan, corren bajas: pero si se juntan cobran fuerza, y así vosotros igualmente.—
19. Si divididos perecéis, como los débiles: pero uncidos juntos reináis, como los fuertes.—
20. El amor funde a muchos, como en un horno: y hace una masa poderosa, que todo lo vence.—
21. En él hay sabiduría y astucia, y fuerza y poder: es mucho mayor que una imagen de sesenta codos.—
22. Reconciliaos, reunámonos y vayamos, contra aquel partido: que si está unido jamás puede ser derrotado.—
23. Estas cosas discurrieron los perturbadores, y se reunieron y vinieron: Tu día, Señor, los reunirá, en la Gehena.—
24. Por Tu misericordia, Señor, te adoraré, cuando haya resucitado: a Tu trompeta alabaré a Tu Hijo, cuando sea purgado.
Himno 57
2. R., ¡A Ti sea la gloria, porque por Tu humillación es subyugado Satanás: y porque Tu abatimiento ha exaltado a Adán, que fue abatido! —
3. M., Tu gran desnudez será vista, por los hijos de Adán; como te burlaste de su desnudez, cuando lo hiciste pecar.—
4. Eva cesará de aquella serpiente, y te injuriará: pues tú, oh Dragón, fuiste el que engañó su simpleza.—
5. Abel lo verá, aun a Caín, que ha venido a ti: el discípulo de su ira culpará a su maldito maestro.—
6. S., Noé, que venció el diluvio, como a la muerte: por boca de Cam me reí de él, cuando el vino lo venció.—
7. M., Noé no fue dañado, sino tu vestidura, con que lo vestiste: aun maldiciones, se puso, y se hizo esclavo.—
8. S., Lot, que venció la ira que es tu semejanza, Muerte: a sus hijas di tales consejos, como me placían.—
9. M., Y la mujer de Lot, que era tu vaso, escuchó tu consejo: ¡que la mitad de ti sea secada, como todo tu vaso fue secado!—
10. Que la Gehena sea trastornada, sobre tu cabeza: como tu malicia trastornó a Sodoma, sus moradores!—
11. Torrentes de fuego se agiten contra ti, en la resurrección: tú que contra Moisés y Elías, agitaste al pueblo!—
12. Que los justos se burlen de ti al fin, y José se regocije! Cuyos hermanos se burlaron de él, instigados por ti!—
13. Que entre vapor de humo, y ahogue tus sentidos: como las aguas del mar ahogaron, los sentidos de los impíos! —
14. Que también las mujeres castas se burlen de ti, por cuyo consejo: las hijas de Madián se burlaron, del pueblo insensato!—
15. Que la llama se encienda sobre tu cabeza, por causa de Sansón: pues por una mujer le rapaste sus guedejas, ¡a aquel león de fuerza!—
16. S., Saúl, a quien vencí por la envidia, por la hechicería te venció a ti: pues pidió e hizo subir a Samuel, de su tumba.—
17. M., No calumnies a los vivos muertos, pues él no subió: tú fuiste el que subiste en el fantasma, porque eras digno.—
18. Que el mandamiento te cuelgue sobre la llama, ¡Maligno! Pues por ti colgaron a Absalón, de un árbol.—
19. En el fuego te veas humillado, entre mujeres viles! Pues Salomón por ti fue degradado, entre mujeres profanas.—
20. Que se te mida justicia, como tú la inflamaste a ella! Aun a Jezabel, que devoró a los profetas, tú la encendiste.—
21. En el fuego ardas justamente, tú que los embriagaste! Los dos a quienes Elías quemó, cuando subieron y lo asaltaron.—
22. ¡También sobre ti sean amontonadas brasas! Que lo vea y se regocije: aquel Nabot, sobre quien tú amontonaste un montón de piedras!—
23. Sé vestido de escarnio en el día del juicio, ante todos los que miran! Tú que vestiste a Giezi de lepra, por medio de tu hurto.—
24. Con el relámpago como dardo seas traspasado, ¡oh Satanás! Que en el corazón de Josías, fijaste tus dardos.—
25. Húndete en las heces de la Gehena, ¡oh Satanás! Que hundiste a Jeremías en el lodo de la cisterna.—
26. Daniel escapó de la cisterna, adonde lo arrojaste: ¡que tenga consuelo al verte, en el horno para siempre!—
27. Vuelva tu maldad sobre tu cabeza, aborrecedor del hombre: como su maldad volvió sobre la cabeza, de Amán tu compañero! —
28. Que la Esposa del Rey se burle de ti, como hizo Ester: cuando le ruegues en el día del juicio, que interceda por ti!—
29. El fuego liberó a los justos, a quienes tú habías atado: un lazo poderoso sea para ti, ¡la llama del fuego!—
30. Sé desgarrado, y que los siete hermanos, vean tu derrota: los hijos de Shemuni que por tus lobos, fueron desgarrados!—
31. Que el fuego triunfe sobre tu coronilla, como te burlaste: de las dos cabezas de nazareos, hijos de la estéril!—
32. Que el fuego se burle de tu cabeza, por madre e hija: triunfó sobre la cabeza de Juan, cuando las enloqueciste!—
33. La llama triunfó sobre tu cabeza, oh Maligno: pues sobre los cargos triunfaste, sobre la cabeza de Juan!
Himno 58
2. R., ¡Gloria a Ti que por Tu crucifixión, venciste al Maligno: y por Tu resurrección obtén victoria, también sobre la Muerte! —
3. Y por causa de nuestro Señor la Muerte pronunció maldiciones sobre él: que fue la causa de Su vergüenza, y crucifixión.—
4. D.., El pozo de fuego sea tu sepultura, oh Satanás: que blasfemaste contra la Voz desde la tumba, que rasgó las tumbas—
5. A mi Señor conozco, y al Hijo de mi Señor, ¡oh tú, Satanás! Tú has negado a tu Señor, y crucificado al Hijo de tu Señor.—
6. Este es el nombre que te conviene, Asesino de tu Señor: cuando aparezca Aquel a quien diste muerte, Él te matará.—
7. Ante ti todos sacudirán la cabeza, pues por ti los jefes: sacudieron sus cabezas ante Él, el Señor de la vida.—
8. Caña cascada bajo los pies, de los justos serás: pues por ti pusieron una caña en Su mano, a Aquel que sostiene todo.—
9. Con corona de espinas fue coronado, para significar: que Él tomó la diadema del reino, de la casa de David.—
10. Con corona de espinas fue coronado, el Rey de reyes: pero Él tomó la diadema del rey, de aquellos que lo avergonzaron.—
11. En los mantos de burla que le dieron, en esos Él se burló de ellos: pues Él tomó la vestidura de gloria, de sacerdotes y reyes.—
12. Al vinagre se asemeja tu memoria, oh tú, Satanás: que ofreciste vinagre para la sed, de la Fuente de la Vida.—
13. Contra ti todo hombre levantará la mano, tú que fortaleciste la mano que lo golpeó a Aquel por Cuya mano, todas las criaturas se sostienen.—
14. Fue herido por la mano y Él cortó la mano, de Caifás: la mano del sacerdocio es cortada, en el corte de la unción.—
15. Sobre la columna de nuevo lo tendieron, como para azotarlo: a Aquel cuya columna iba delante, para guiar a sus tribus.—
16. La columna sobre la columna, fue azotado: Él se apartó de Sión, y vino su caída.—
17. Cuando unieron dos maderos, para formar la Cruz: Él los quebró, aun las dos varas, los guardianes de ellos.—
18. Ezequiel unió las varas, las dos en una: en los dos maderos de la Cruz, sus varas han cesado.—
19. Las dos varas, como alas, llevaron al pueblo: ¡he aquí! Sus dos varas fueron quebradas, como sus alas.—
20. El seno y las alas de la Cruz, Él abrió en misericordia: sus plumas se inclinaron y llevaron a las naciones, para ir al Edén.—
21. Es semejante al Árbol de la Vida, y al hijo de su linaje: conduce a sus amados para que en sus ramas, se alimenten de sus frutos.—
22. Ve, aúlla y llora, Maligno, por mí y por ti: pues ninguno de nosotros entrará en el Jardín de la Vida. —
23. S.., Ahora que has confesado oh Muerte, ven déjame decirte: que todo este discurso tuyo, para mí es palabra vana.—
24. Yo iré y vigilaré las trampas, que he puesto: tú también, Muerte, vuela y cuida, de todos los enfermos.—
25. Nuestro Señor ha reducido a nada a ambos, por cada lado: el Maligno será reducido a nada aquí, y la Muerte en el más allá allí.
Himno 59
2. R., ¡A Ti sea la gloria de Tu rebaño, por Ti: son sometidos tanto la Muerte como Satanás, bajo Tus Pies! —
3. D.., Los malvados serán colgados erguidos, pero tú, cabeza abajo: pues, al revés, crucificaste a Simón en el leño.—
4. S.., Sobre todo lo demás guardo silencio, Muerte, pues mi tiempo declina: Simón mismo me conjuró, Crucifícame así. —
5. Si fuera el justo quien me maldijera, no me habría afligido: la maldición de la Muerte sobre mí, es peor que el infierno.—
6. D.., De la vergüenza de nuestro Señor no he hablado, es demasiado grande para mi boca: que yo deba sopesar y comparar Su Pasión, con Tu tormento.—
7. Doce tronos de juicio pondrá, para Sus Doce: pues por las doce tribus tú, aun tú, serás condenado.—
8. Una soga no comprada te colgará a ti, oh tú, Satanás: como aquel discípulo Tuyo se colgó, con una soga por un precio.—
9. Acaso aquel infierno por misericordia, será vaciado: y tú habitarás allí solo, con Tus ministros.—
10. Múltiples son Tus maldiciones, ¿y cómo las contaré a todas? ¡He aquí! La suma de todas tus maldiciones, está sobre tus miembros.—
11. Los malvados en el fuego te atravesarán, tú que los hiciste malvados: te reprocharán ¿por qué nos trajiste aquí? —
12. Los pecadores te insultarán, y acaso sus amenazas: serán peores para ti que el tormento, de aquel infierno.—
13. Estos serán para ti allí, todos ellos Satanases: como tú has sido para ellos aquí, el único Satanás.—
14. Los Vigilantes te agarrarán y te arrojarán abajo, recordando: cómo por ti los hombres arrojaron a su Señor, desde lo alto a lo profundo.—
15. Todos los hombres correrán a apedrearte, sin olvidar que por ti el pueblo enloquecido corrió, a apedrear a su Hacedor.—
16. Sobre ti, Maligno, de todas las bocas será, el esputo de la ira: pues por ti escupieron sobre Aquel cuyo esputo, dio vista a los ciegos.—
17. Sobre ti, Maligno, de todas las lenguas, serán todas las maldiciones: pues por ti los hombres blasfemaron contra Él, Quien abrió las bocas mudas.—
18. ¡Bendito sea Aquel que vengó nuestro agravio, aunque en silencio: e incitó a la Muerte contra el Maligno, para caer sobre él!—
19. ¡Sonnemos Hosanas, hermanos míos, como hizo Gedeón: [] quien cuando sonó, los opresores, cayeron unos sobre otros!
Himno 60
2. R., ¡Gloria al Único que solo, venció al Maligno; y a Él sí a Él sea también la confesión, Quien venció a la Muerte! —
3. El Maligno se maravilló ¿Dónde está su risa? ¿Dónde sus perfumes? ¿Dónde su danza y ornamento exterior, y su maldad interior? —
4. En lugar de aquella risa ligera, se ha entregado a las lágrimas: Se ha cortado el cabello para enjugar el polvo, de los pies de Jesús.—
5. Nada perdura en ella de ninguna doctrina, ni permanece en ella: de nuestra instrucción se ha escapado y desechado, todo lo que yo le enseñé.—
6. Ella nos ha negado a nosotros y a nuestro trato, y como si: nunca me hubiera visto ha borrado mi imagen, de su mente.—
7. La levadura viva de Jesús voló hacia ella, Jesús guardaba silencio: pero ella se atrevió a apresurarse y entrar, aunque nadie la llamaba.—
8. Olvidó nuestro amor de muchos años, y en un abrir y cerrar de ojos: de entre mí y ella lo quitó , y puso a la Muerte allí.—
9. Pues en lugar de risa el llanto la deleita, y en lugar de afeites: una lluvia de lágrimas, y en lugar de ornamento, un semblante triste.—
10. A Zaqueo hice jefe de extorsionadores, y a ella hice: jefa de lascivas; mis dos alas, Jesús las ha quebrado.—
11. Si es que Zaqueo se hace su discípulo, y si es que ella: se hace su oyente, de ahora en adelante encadenan, mi astucia.—
12. Las imágenes talladas de ahora en adelante son una burla y los talladores: una mofa, y los adoradores un hazmerreír.—
13. Yo cerraba los ojos de los hombres para que no percibieran, que son imágenes talladas: Jesús abre sus ojos para ver que son las obras de manos de hombres.—
14. Si Jesús ha escogido para Sí predicadores, entonces nuestra predicación: de la cual está lleno el mundo entero, es silenciada.—
15. ¡Pues he aquí! ¡Los caldeos con los adivinos, y he aquí! ¡Los magos: con los encantadores son heridos y los sacerdotes, con todos los malvados!—
16. Vosotros sacerdotes estáis acabados y habéis entregado el Espíritu de ahora en adelante, ¡idos, adivinos! Haceos labradores, los caldeos igualmente, cerrarán sus libros.—
17. Si los hebreos se han hecho Sus discípulos, quienes por todos los milagros: no fueron sometidos, ¿quién de las naciones, no le obedecerá?—
18. Si Él comienza a enderezar lo torcido, reduce a nada nuestro discurso: de ahora en adelante no vacilará contra nosotros, Él que reprende a todos los hombres.—
19. En que yo era adorado en todos los templos, nuestra desgracia es mayor: que nuestro honor era, pues todos los hombres escupen, sobre nuestros altares.—
20. La carne de sacrificio se vuelve aborrecida, en fragmentos: los ídolos son quebrados, y las imágenes talladas arden, bajo sus ollas.—
21. Toda nuestra obra se convierte en hazmerreír, y en ruina: todo lo que hemos edificado, y en mofa, todo lo que hemos enseñado.—
22. Los misterios secretos que les enseñé, laboriosamente: están a punto de ser divulgados, sobre los tejados.—
23. De los egipcios estaba yo más orgulloso, que de cualquier nación: pues solían adorar incluso, las cebollas y el ajo.—
24. ¡He aquí! Temo que aun aquí, donde el engaño era tan grande: la verdad prevalezca tanto que allí extraordinariamente, Jesús reine.—
25. Y si cuando Él era un infante, y huyó y descendió, Egipto se maravilló: sí lo arrulló— este estrangulador de infantes, amó a su Niño.—
26. ¿Fue una prenda lo que Él descendió a darle, como desposador: dando seguridad de que cuando llegara a la plena edad, Él también la tomará por esposa?—
27. Faraón no puede afirmar su pie firmemente, pues éste no es tartamudo: como para engañarlo, y no es esclavo, como para mentirle.—
28. Moisés golpeó y los egipcios se rebelaron, y castigó al pueblo: y los hebreos se rebelaron— Jesús es golpeado, y da vida a todos.—
29. Esto es difícil de entender que no por la fuerza; ponga Él Su yugo: sobre los rebeldes: Él fue reprendido, y Él instruye a otros.—
30. El esputo de Su boca, limpió y quitó, la vergüenza de Adán: por las bofetadas en Sus mejillas, arrancó nuestra ira, de Sus discípulos.—
31. Por los clavos que Él recibió, me hizo sufrir. Yo me regocijé cuando lo crucifiqué: y no sabía que Él me estaba crucificando a mí, en Su crucifixión.
Himno 61
2. R., A Ti sea la alabanza que descendiste, para seguir a Adán: y hallaste a Adán y también en los hijos de Adán. —
3. Y con razón acaso dice, Matáis: sin misericordia y ¡he aquí! Lloráis, como si fuerais misericordiosos. —
4. Me habéis hecho como un cruel, oh vosotros asesinos: ¡pues os matáis unos a otros, sin mi ayuda!—
5. Mientras la Muerte apenas deseaba venir, la espada llegó antes que ella: veamos entonces contra quién clama, la sangre de los asesinados.—
6. Contra vosotros claman los estrangulados, que fueron sofocados: pues me avergüenza la cuerda, de sus estrangulamientos.—
7. Me quitan incluso mi descanso, pues sin mí: ¿cómo podrían los estrangulados y los asesinados, entrar en el Seol?—
8. ¡He aquí! Vuestros infantes son arrojados fuera, como aquellos en Egipto: ¡a vuestros hijos habéis sacrificado a los demonios, oh endemoniados!—
9. Mientras la Muerte apenas deseaba gustar, de vuestros cadáveres: Caín me refrescó de antemano, con sangre de hombre.—
10. Mientras yo apenas deseaba esperar con paciencia, hasta que Adán muriera: antes de que yo tuviera poder me disteis poder, sobre vuestros cuerpos.—
11. Caín con su espada derribó, la puerta del Seol: pues estaba cerrada y antes del tiempo, él la abrió primero.—
12. Él hollando hizo el camino del Seol, sin mi ayuda: pues en el camino que habéis hollado para mí, ¡he aquí! yo camino por él.—
13. Novecientos años me senté y esperé, a que Adán muriera: pero Caín ni siquiera un día, soportó a su hermano.—
14. Los ladrones en los caminos, son peores que yo: yo estoy dormitando mientras ellos, vigilan para matar.—
15. ¡He aquí! ¡Vuestros degollados en las tumbas, y vuestros asesinados en vuestros caminos; y vuestros estrangulados sobre vuestros maderos!—
16. Si yo me rebelé contra mi señor, sí y lo maté: ¿quién fue el que mató a estos aquí, dijo Jehú.—
17. Y si yo la Muerte he tomado, a vuestros difuntos: los estrangulados, los asesinados, y los degollados, ¿quién fue quien los mató?—
18. Sois Satanás unos para otros, y el Maligno es aborrecido: ¡sois pestilencia unos para otros, y la Muerte es culpada!—
19. Vuestra propia voluntad es para vosotros Satanás, sí y un asesino: pero de la Muerte y de Satanás, todos los hombres se quejan.—
20. Veneno de Muerte dais también a beber, unos a otros: ¡he aquí! Cuántas Muertes tenéis, además de mí.—
21. Astucias, estratagemas, sí y trampas, espada y veneno: cuántas Muertes de vosotros y en vosotros, ¡he aquí! Nacen.—
22. El juez en la sala del juicio, es una segunda Muerte: él mata por recompensa secreta, pero yo por nada.—
23. He visto el soborno y me he maravillado de ello, que corrió y me sobrepasó: ¡a cuántos asesinados mata el soborno, y nadie lo percibe!—
24. Me avergüenzo de que tan torpemente, me conduzco: si tomo aun un cadáver, todos los hombres lo perciben de inmediato.—
25. En las casas llanto y en las calles, también lamentación: y aun hasta las puertas del Seol, gimen por mí.—
26. Gemid sobre vosotros mismos que sois tan odiosos, y me odiáis: ¡el Seol de ahora en adelante gemirá sobre vosotros, oh asesinos!—
27. ¡Con tortura, azotes y fuego, sí con lapidación: dais muerte a los hijos de los hombres, y estáis orgullosos!—
28. Soy más modesto que vosotros y misericordioso, también reverente: pues con reverencia me llevo, a vuestros difuntos.—
29. En el lecho trato con suavidad, al que está enfermo: y en silencio lo acuesto a dormir, por solo un rato.
Himno 62
2. R., ¡A Él sea gran alabanza que descendió a nosotros aquí abajo: y padeció y resucitó y en Su Cuerpo, resucita nuestros cuerpos! —
3. Mientras lloramos como locos, a las puertas del Seol: escuchad lo que dice la Muerte, reprochándonos.—
4. Me avergüenza, dice la Muerte, que vosotros, me hayáis vencido: la mitad del Seol no basta, para contener a vuestros asesinados.—
5. Pues cadáveres ajenos juntos, yacen amontonados en el Seol: hay dos divisiones allí, los muertos, los asesinados.—
6. Mientras yo debería quejarme de que me habéis agraviado, ¡he aquí! Estáis llorando: habéis reventado la puerta del Seol, y me habéis hecho daño.—
7. Pues sois como un infante, que mientras aún llora: ríe de nuevo como vosotros también, sobre vuestros muertos.—
8. Pues no hay discreción en vuestro luto, y no hay entendimiento: en vuestra risa— pues a mí me parecéis, un niño destetado.—
9. Una hora llorando y lamentando, y poco después: tanto bromas como desenfreno, como de niños.—
10. Pues sois incapaces de llegar a ser, hombres perfectos: que no lloran sí y no ríen, como los discretos.—
11. En cuanto a vuestros libros nos afligimos, de que se hayan afanado sobre ellos: quienes deberían leéroslos, aun las divinas Escrituras.—
12. Los lectores claman en voz alta, porque sois sordos: este su clamor prueba respecto a vosotros, que sois como troncos.—
13. Pues ya que el lector y el intérprete, claman en voz alta: vuestros oídos por tanto están pesados, o si no vuestros corazones.—
14. Pues si hubiera con vosotros un oído, abierto a la persuasión: sería propio oír poco, y hacer mucho.—
15. Pero porque su oído está cerrado, quienquiera que llame a él: la voz vuelve de regreso a aquel, que la envió.—
16. No hay clamor conmigo de lo mío, no soy sordo: nadie que lea o interprete para mí, no soy torpe.—
17. El aliento que viene de Él me ordena, hijos del Dios de verdad: y con el mandato sigue, también el cumplimiento.—
18. Conmigo no hay contención, ni desvíos: no conozco ni siquiera flecha, que pudiera sobrepasarme.—
19. Pero vuestras voces son despreciadas por mí, cuando estáis llorando: sobre las tumbas de vuestros difuntos, en el truncado de la esperanza.—
20. Si fuera posible o permitido, cuando estáis llorando: saldría y os lo diría a vosotros, a vuestras caras.—
21. Estoy esforzándome por dar, cuenta de la muerte: y vuestras voces me perturban, de modo que me equivoco en mi cuenta. —
22. Vosotras naciones, no dejéis que vuestro entendimiento, se vuelva infantil: como aquella nación cuya inteligencia, nunca fue grande.—
23. En la cual la prudencia no se otorga a sí misma, como en un necio: pues sus pensamientos son tinieblas, sin discernimiento.—
24. Pues vuestros infantes y vuestros hijos, en la resurrección: serán los primeros en salir, como las primicias—
25. Luego después de ellos vendrán los justos, como victoriosos: último saldrá el pecador, como avergonzado.—
26. Pues aunque en un abrir y cerrar de ojos, sean vivificados: sin embargo es en orden que sus filas, salgan del Seol.—
27. Los profetas salen y los Apóstoles, y los santos Padres: siguiéndolos en debida formación, según el mandato.—
28. ¡He aquí! Lo que ahora se siembra, en mezcla desordenada: se devuelve en gran orden, como hierbas de jardín.—
29. Pues aunque uno en la siembra, mezcle todas las semillas: aquello que es más temprano que su semejante, se anticipa a su semejante—30. Y no como su descenso fue confuso, tan desordenado será: su ascenso desde la tierra, pues su orden está fijado.—
31. ¡He aquí! He estado contra mí mismo, en lo que he dicho: pues las cosas secretas que no comprendíais, de mí las habéis aprendido.—
32. En lugar de las lágrimas que no aprovechan, que están en la tumba: derramadlas en vuestra oración, en medio de la Iglesia.—
33. Pues para los muertos hay provecho en éstas, y asimismo para los vivos: ¡no lloréis con un llanto que aflige, a muertos y vivos!
Himno 63
2. R., A Ti sea la gloria, Voz que das vida a los muertos en el Seol: ¡y han subido como pregoneros de Su Hijo, que a todos vivifica! —
3. En aquel tiempo salí a toda prisa a ver la maravilla: cómo su cuchillo estaba desenvainado contra su amado.—
4. Reuní mis múltiples recuerdos de todas partes: y recogí mi espíritu para maravillarme de aquel ilustre.—
5. ¿Cómo, pues, podéis leer aquella gran historia? Habéis despreciado su lectura, en vuestros mismos oídos.—
6. La espada de Jefté reprende al que se lamenta: su hija fue para él un espejo de vida de entre los muertos.—
7. Ella se entregó por su padre; así, encomendad vosotros: vuestra vida al Padre de todos, en la esperanza de vuestro fin.—
8. ¿No hicisteis, pues, en el vientre, prueba de un misterio del Seol? Sin embargo, en el Seol tuvisteis más descanso que en el vientre.—
9. Es obstinación en vosotros alzaros contra mi poderosa voluntad: pues, he aquí, para socorrerlos me llevo a vuestros difuntos.—
10. Por el rey de Moab que mató con sus manos a su hijo: queda avergonzado el que se lamenta por el difunto.—
11. Era un hombre profano, he aquí, según lo que leéis: pero vosotros sois doctores y maestros, según suponéis.—
12. Él soportó, pero vosotros estáis furiosos en vuestro duelo: contra la voluntad del Señor de todos, mientras lloráis.—
13. Temo, sin embargo, dejar pasar la historia de Job: por esta boca débil mía, pues soy indigno.—
14. Así, de igual modo, me aparto de la mención de sus huesos: aunque alabo a Aquel que concedió que vinieran a mí.—
15. No deshonréis vuestros miembros con vuestros pecados: pues en el Seol son despreciados los huesos de los malhechores.—
16. Siempre que veo el cuerpo de uno de los malvados: lo pisoteo y maldigo, incluso su memoria.—
17. Pero dondequiera que veo un hueso de uno de los justos, lo pongo aparte y lo honro, y le rindo culto.—
18. Vosotros, débiles, no comprendéis todas mis ordenanzas: entre vosotros las órdenes están confundidas, pues sois ciegos.—
19. Solo a Moisés conozco que haya honrado como yo: los huesos de aquel José a quien yo engrandezco.—
20. Pero Moisés dio tal honra a un solo cuerpo puro: mas yo, al cuerpo y a los huesos de todos los justos.—
21. Resplandecen con brillo los huesos de los Profetas y de los Apóstoles: lámpara para mí en las tinieblas son todos los justos.—
22. Adoro a Aquel que ilumina para mí las tinieblas del Seol: el esplendor de Moisés, que fue tan grande, fue como el sol para mí.
Himno 64
2. R., Gloria a Aquel que todo lo soportó por causa de todos los hombres: sí, gustó la muerte por todos, para dar vida a todos —
3. Os revelo que hasta Satanás, aunque muy contento: con vuestro llanto, se ríe mucho de vuestro duelo.—
4. En son de burla me guiña y me hace señas, como un bufón: Venid, riámonos de los pecadores, pues he aquí, están locos. —
5. Verdaderamente han abandonado el recuerdo de aquel fuego, que he escondido para ellos: y he aquí, los necios están ebrios de llanto por sus difuntos.—
6. En vez de llorar como si, sin provisión: yo hubiera saqueado y enviado fuera a sus muertos, he aquí, están locos.—
7. Las almas de los malvados serán afligidas, hasta el día del juicio: y estos lloran sobre las tumbas, como locos.—
8. No se preocupan de sus propios pecados, pues quizá mañana: deban ir con vergüenza de rostro a reunirse con sus muertos.—
9. Y así todos serán avergonzados por igual, familia por familia: en el Seol los desdichados se arrepentirán sin provecho.—
10. Dejad al ebrio y al loco, hasta aquel día: en que cada uno sacudirá de sí el vino con que se enloqueció.—
11. Iré a reunirlos, como a niños: para que jueguen al libertino y al loco, hasta que perezcan.—
12. He aquí, os he revelado el misterio, el secreto de mi camarada: salid, pues, apartaos, enmendaos con arrepentimiento.—
13. Dejadme; yo también me iré, atenderé mis asuntos: para que con rostro descubierto pueda dar cuenta a mi Señor.—
14. Sé que el viento, al soplar, se ha llevado mis palabras: porque sois los mismos a quienes muchas veces he puesto a prueba.—
15. Recuerdo a Jeremías, cómo comparó la osadía: con el indio que no muda su piel, aunque es de libertad.—
16. Pues también esto pertenece a la libertad: que se ata a sí misma por la voluntad, como por naturaleza.—
17. Pues tan poderosa es la voluntad, en los que son libres: que puede asemejarse a la naturaleza por sus obras.
Himno 65
2. R., A Ti sea la gloria, que descendiste y te sumergiste, tras Adán: ¡y lo sacaste de las profundidades del Seol, y lo introdujiste en el Edén! —
3. Muerte, me maravillo de esta semilla y de tus palabras: pues he aquí, después de cinco mil años, aún no brota.—
4. H., Su estado presente pasa, como pasa el invierno: y como un puñado de grano viene en la resurrección, al granero de la vida.—
5. M., Que hay tiempo de vendimia, he aquí, lo sé, pero no he visto: los muertos sembrados en algún tiempo, ni aun segados.—
6. H., Viene una siega, oh Muerte, que te dejará desnuda: y los Vigilantes saldrán como segadores, y te asolarán.—
7. M., ¿Cuándo me convertí en labrador, en vez de viñador? ¿Quién ha convertido el lagar del Seol en campo labrado?—
8. H., ¿No te enseña, pues, la semilla, que se corrompe y muere: y es cortada de la esperanza, pero de la lluvia recobra esperanza?—
9. M., Un sueño habéis visto, oh débiles, de vida de entre los muertos: pues en el tiempo de vela no veis la resurrección.—
10. H., Vuestra somnolencia os impide ver: las multitudes de misterios que claman a gritos la resurrección.—
11. M., Sé que las semillas cobran vida, pero no he visto: huesos que hayan crecido en el Seol, y brotado y subido.—
12. H., Todo tu discurso es como tú, pues he aquí, Ezequiel: te ha enseñado cómo en el valle los muertos cobran vida.—
13. M., He visto árboles que en verano se visten con sus ropas: pero los huesos en su desnudez son arrojados al Seol.—
14. H., Moisés quebrantó con su esplendor tu corazón, oh Muerte: el hijo de Adán ha recobrado y se ha revestido de la gloria de Adán.—
15. M., Nuestra ley en el Seol es esta: guardar silencio; pues vosotros sois palabras, y para mí son obras, oh débiles.—
16. H., ¿Cómo pasan de largo los ancianos si eres viñador? Aquel que te impidió tomar sus vidas, Él mismo vivifica a todos.—
17. El niño en el vientre te confuta, que está como sepultado allí: a mí me proclama vida de entre los muertos, y a ti despojo.—
18. La flor despreciada te desprecia, pues está encerrada y pasada por alto: y aunque perdida, no está perdida, sino que florece de nuevo.—
19. El polluelo grita desde el huevo en que está sepultado: y las tumbas son rasgadas por una Voz, y el cuerpo se levanta.—
20. Pues también es un cuerpo el polluelo que está en el huevo: he aquí, su cuerpo a nuestro cuerpo proclama la vida de entre los muertos.—
21. Con la langosta queda derribada y terminada tu causa, oh Muerte: pues al salir del polvo enseña la vida de entre los muertos.—
22. M., Me habría contentado si ya hubiera sido la resurrección: pues el día de la resurrección me habría turbado menos, que vuestros juicios.—
23. Misericordioso es el Hijo del Altísimo, sí, bueno y justo: y no vengará con dureza en mí la muerte de Adán.—
24. ¿No tenéis, pues, entendimiento para percibir esto: que vuestro padre puso sobre mí esta retribución?
Himno 66
2. R., A Ti sea la gloria, Vigilante, que descendiste tras los que dormían: ¡y pronuncia la voz desde el Árbol, y despiértalos! —
3. Estáis afligidos, sí, llorando, por el que se ha ido: como si viniera a moler para mí el molino en el Seol.—
4. Grande es la paz que doy a los fatigados: no me canso como vosotros, ni los fatigo.—
5. Oigo toda clase de maldiciones de hombres ingratos: los hijos de Adán son como Adán, que fue ingrato con su Señor.—
6. Contrarias entre sí son vuestras voces y vuestras obras: con vuestras voces lloráis, y en vuestras obras peleáis cada día.—
7. Oí llanto y pensé para mis adentros que nadie trabaja: vi afán y pensé para mis adentros que nadie muere.—
8. Las luchas del hombre me hicieron pensar que no es mortal: su gran llanto me hizo pensar que mañana ya no existe.—
9. Oíd y dejad que sea vuestro consejero, si queréis: pues estas dos cargas son muy amargas.—
10. Cesad un poco de este trabajo y de este llanto: trabajad y llorad como mortales, que mañana se desvanecen.—
11. Estáis frenéticos de llanto por vuestros difuntos: y lucháis afanándoos por vuestras posesiones.—
12. Bien les va a los niños que mueren, y benditos son: pues quedan libres de la miseria a la que sois arrojados.—
13. Permitidme ir al Seol y allí decir: ¡Felices vosotros, muertos silenciosos, cuán tranquilos estáis! —
14. Oíd la conclusión de nuestras propias palabras, Si hay resurrección: no lloréis ni trabajéis como extranjeros.—
15. Lucháis como quien ha de vivir aquí para siempre: y lloráis como quien nunca ha de resucitar.—
16. Oíd mis palabras, si hay en vosotros lugar para oír: y preparad provisión, para que cuando os llame podáis responder.—
17. Pues yo también escucho a Aquel que me llama: y devolveré vuestros cuerpos con vuestros tesoros.—
18. Haya paz entre nosotros, hasta aquel día: y cuando salgáis, clamaré y diré, ¡Partid en paz! —
19. Venid, vosotros y yo, aun ahora, daremos gloria: a Aquel que lleva a la muerte y a la vida, para que dé auxilio.—
20. Alabanza de todos nosotros sea a Ti, oh Señor, Sacrificio viviente: que por el sacrificio de Tu Cuerpo has dado vida a vivos y muertos.—
21. Alabanza a Aquel que se vistió de nuestro cuerpo, y murió y resucitó: Él murió en nosotros y nosotros vivimos en Él, ¡bendito sea Aquel que lo envió!
Himno 67
2. R., A Ti sea la gloria, que por Tu sacrificio redimiste nuestra deshonra: y cuya muerte fue en lugar de todas las muertes, para que resucitaras a todos! —
3. No fue la Muerte en verdad quien crucificó a Jesús, sino el Pueblo: ¡cuán odioso es, pues, el Pueblo, que es aún más odioso que yo!—
4. En la cisterna arrojaron a Jeremías, en la cisterna cenagosa: pero yo en el Seol asigné honra a sus huesos.—
5. A Nabot lo molieron a pedradas hasta la muerte, como si fuera un perro: ¡cuán bueno soy yo, que jamás he apedreado ni a un perro!—
6. Las mujeres hebreas, en el hambre, comieron a sus hijos: el Seol es bueno, que los entrega y los devuelve sin dificultad.—
7. A la viuda le devolví su hijo por mano de Elías: a la sunamita su amado por mano de Eliseo.—
8. Las mujeres hebreas, en su avidez, comieron a sus hijos: el Seol devolvió los muertos y aprendió a ayunar sobriamente.—
9. El Seol no era en verdad Seol, sino su semejanza: Jezabel fue el verdadero Seol, que devoró a los justos.—
10. A los hijos de los profetas y a los profetas, los mató y derribó: al cielo escapó Elías de su furia.—
11. ¡Cuántas muertes en lugar de una sola Muerte había entre el Pueblo! ¡Y cuántos Seoles en lugar de uno solo había también!—
12. Samaría y Jezrael, sus hijas, en Israel: y Sión y Jerusalén, su hermana, en Judea.—
13. Profetas y justos en Judea, y en Israel: en estos dos abismos fueron ahogados.—
14. ¿Por qué, pues, es odiado el Seol, y solo él: habiendo muchos que son más odiosos que él?—
15. Los muertos de los hombres de Judá me son muy odiosos: sí, aborrecidos me son sus huesos en medio del Seol.—
16. ¡Ojalá tuviera yo un modo de echarlos fuera: de arrojar de allí, del Seol, sus huesos, pues la hacen pudrir!—
17. Me maravillo del Espíritu Santo, que habitó así: en medio de un Pueblo cuyo olor apestaba, como su conversación.—
18. Cebollas y ajos son los heraldos de sus obras: como es el alimento, así es el entendimiento de este pueblo contaminado.—
19. Por la súplica de todos los que se inclinan y adoran a Tu Padre: ten misericordia de Tu adorador, que es ingrato con Tu amor.—
20. De hebreos y arameos, y también de los Vigilantes: a Ti sea alabanza, y por Ti a Tu Padre, sea también gloria.—
21. Porque tengo boca para la Muerte, que no tiene boca: ¡que el Hijo, que es todas las bocas, aparte de Su Padre mi ofensa!
Himno 68
2. R., A Ti sea la gloria porque por Tu mandato, reinó la Muerte: y por Tu Resurrección ha sido humillada a baja condición! —
3. Muerte., En esto soy sumamente grande, según tu dicho: que aunque soy esclava, pisoteo a los que son libres.—
4. H., Adán fue elegido y soberano, y bajo su yugo: tú, Muerte, y el Maligno, tu compañero, os hicisteis esclavos.—
5. M., Este es nuestro orgullo: que, he aquí, los esclavos se han hecho señores: la Muerte y Satanás, su compañero, han pisoteado a Adán.—
6. H., ¡He aquí la humillación de ti y de tu compañero, siervos malditos! Cómo Enoc os pisoteó a ambos, y subió a lo alto y reinó.—
7. M., Si Enoc me hizo entristecerme, aún tengo consuelo: pues sobre el polvo de Noé en el Seol, he aquí, pisoteo.—
8. H., Tiembla, oh Muerte, ante el hombre, pues aunque siervo: el yugo de su dominio reina sobre todas las criaturas.—
9. M., Me alegro, pues, de que no sean viles enemigos los que he vencido: porque según la grandeza del vencido, es grande el vencedor.—
10. H., Bien canta triunfo tu voz, oh Muerte, sobre los justos: pues Enoc y Elías han quebrado tu par de alas.—
11. M., Sé cómo sopesar mis dolores con mis consuelos: en lugar de dos, he aquí, muchos han llegado y están llegando.—
12. H., Todos los que han llegado y llegan a ti moran como peregrinos, y salen de tu morada como Lázaro.—
13. M., Este tu dicho no me hiere, antes me sana: pues a Lázaro, que se rebeló contra mí, de nuevo lo sometí.—
14. H., Responde, oh Muerte, y argumenta qué lo obligó: a ser resucitado, si no fue un misterio que manifestaba su resurrección.—
15. M., Sois famosos en argumentar como ociosos, mientras yo trabajo en mi tarea de discernir y obrar—
16. H., Estabas bien preparado para el argumento, ¿qué te ha detenido? La verdad de nuestra resurrección te ha constreñido por su fama.—
17. M., Me habéis hecho odiosa entre vosotros, aunque no soy odiosa: soy yo la que da descanso a vuestros ancianos y a vuestros afligidos.—
18. Me habéis hecho como una que perturba, oh mortales: Adán trajo la muerte sobre vosotros, y yo llevo la culpa.—
19. Suavemente os expondré, pues soy esclava, y vosotros sois quienes por vuestros pecados me habéis hecho reina.—
20. La voluntad de Adán me despertó, pues yo estaba en reposo: yo estaba muerta y vosotros me disteis vida, para que murierais por mí.—
21. Acuso a los mentirosos, que mataron y lo negaron: pues Adán se mató a sí mismo y me acusa a mí.—
22. El comienzo de la contienda fue la serpiente maldita, que con razón ha quedado lisiada: que se arrastró, entró y puso enemistad entre mí y vosotros.—
23. Satanás queda de lado, y contra mí os enardecéis: id, luchad con el Maligno que os hizo transgredir.—
24. Él es mi camarada y no lo niego, pero aunque sea muy odiado, ¿qué necesidad hay de que yo sea culpada por él? Lo niego de aquí en adelante.—
25. Escuchad mis palabras, oh mortales, y os consolaré: os he afligido y confieso la vida de entre los muertos.—
26. Pues comienza a hurtadillas a entrar en mis oídos una voz de preparación: de la trompeta que se mantiene lista para sonar.—
27. Oíd mis palabras y poned mucho aceite en vuestras lámparas: pues de mi parte no hay impedimento para vosotros.—
28. Sin embargo, sabed que aunque he dicho estas cosas, querido es el sonido de vuestra voz en la soledad del Seol.—
29. Pues el hombre ha sido pesado por mí, y grande es su paz: pues serpientes, peces y aves vienen a su encuentro.—
30. Pero es una maravilla que también a los Vigilantes les sea querida su conversación: sí, el Maligno en la Gehena desea su presencia.—
31. Tendréis vida de entre los muertos, oh mortales, y yo, que quedo despojada, quedaré despojada en medio del Seol.—
32. ¡Ascienda la alabanza de todos a Ti, que a todos vivificas, y que de todos los rincones recoges el polvo de Adán!
La Perla, Himno 1
Comentario editorial · Una perla mirada por todos lados
La Perla, Himno 2
La Perla, Himno 3
La Perla, Himno 4
La Perla, Himno 5
La Perla, Himno 6
La Perla, Himno 7
Homilía, § 1
Comentario editorial · Lucas 7 y lo que Efrén añade
Homilía, § 2
Homilía, § 3
Homilía, § 4
Homilía, § 5
Homilía, § 6
Homilía, § 7
Homilía, § 8
Homilía, § 9
Homilía, § 10
Homilía, § 11
Homilía, § 12
Homilía, § 13
Homilía, § 14
Homilía, § 15
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial