Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Marco Minucio Félix, abogado insigne de Roma según Jerónimo (De viris illustribus 58) y de buen nombre entre los abogados según Lactancio (Instituciones divinas V, 1). De su vida se sabe casi solo lo que dicen ellos y lo que deja ver el diálogo; Wikipedia reconoce que de su historia personal no se sabe nada |
| Título | Octavio (en latín, Octavius), título con que lo citan Lactancio y Jerónimo |
| Fecha | Discutida. La Catholic Encyclopedia (Lejay) la sitúa entre 160 y 300 sin fecha exacta; Wikipedia, entre 150 y 270; Hardwick (citado por el Tertullian Project), entre c. 160 y c. 250; la nota del editor del ANF pone 210. Wallis, el traductor, la sitúa hacia 166 o a comienzos del siglo III según quién copiara a quién (véase la nota del Cap. 9). Esta edición no la fija |
| Género | Diálogo en prosa latina, con marco narrativo, dos discursos y un desenlace, a la manera de Cicerón (nota del Cap. 4). Según Lejay, se dirige a lectores cultos y escépticos |
| Estado del texto | Un solo manuscrito del siglo IX (Codex Parisinus Latinus 1661, París), en que figura como libro VIII de Contra los gentiles de Arnobio; así se imprimió al principio, y solo en 1560 Balduino lo restituyó a Minucio. Wallis advierte que el texto es incierto y a veces corrupto |
| Extensión | Cuarenta y un capítulos del ANF, unas 19 000 palabras |
| Traducción | Castellana, automática y directa del inglés de la edición de base; no del latín |
| Fuente | Ante-Nicene Fathers, vol. 4, tal como la recoge New Advent |
| Capítulos | Voz |
|---|---|
| 1–2 | Minucio narra: recuerda a Octavio y cuenta el viaje a Ostia |
| 3–4 | Minucio narra el paseo. Al comienzo del 3 Octavio le reprocha el gesto de Cecilio; en el 4 Cecilio pide discutir y, al final, empieza su discurso |
| 5–13 | Cecilio |
| 14–15 | Cecilio y Minucio cruzan unas réplicas; Minucio pide que se oiga a Octavio |
| 16–38 | Octavio |
| 39 | Minucio narra el silencio de Cecilio y el suyo |
| 40 | Cecilio, que se da por vencido (la primera frase es de Minucio) |
| 41 | Minucio, y la despedida |
Cap. 1
Cap. 2
Comentario editorial · Ostia y el beso a Serapis
Cap. 3
Cap. 4
Comentario editorial · Un diálogo a la manera de Cicerón
Cap. 5
Cap. 6
Cap. 7
Comentario editorial · Presagios despreciados y derrotas
Cap. 8
Cap. 9
Comentario editorial · Frontón, «el Cirtés» y lo que se contaba de los cristianos
Comentario editorial · ¿Quién copió a quién? Minucio y Tertuliano
Cap. 10
Cap. 11
Cap. 12
Cap. 13
Comentario editorial · Los escépticos que invoca Cecilio
Cap. 14
Cap. 15
Cap. 16
Cap. 17
Cap. 18
[ "... El relincho de los caballos" Esto es una referencia al caso de Darío Histaspes. La historia la cuenta Heródoto, como recordarán todos los que la han leído, y es ciertamente una de las más extraordinarias de la historia, si se piensa que un caballo eligió a un gran monarca, y a uno cuya vida no poco afectó los destinos de la humanidad. Un palafrenero astuto fue, en verdad, el artífice de esta elección, como a menudo, en tales sucesos, los resortes secretos de la historia quedan ocultos; pero, si la historia no es del todo una fábula, la coincidencia del trueno en los cielos es muy digna de notarse. Pareció significar el gobierno providencial de Dios, y el poder de Dios para volver para su alabanza tanto la necedad como la ira de los hombres. Véase Heródoto, libro III, cap. lxxxvi.]
Cap. 19
Cap. 20
Cap. 21
Comentario editorial · Euhémero y los dioses que fueron hombres
Cap. 22
Cap. 23
Cap. 24
Cap. 25
Cap. 26
Comentario editorial · Demonios, magos y el «Banquete» de Platón
Cap. 27
Cap. 28
Comentario editorial · Cómo se juzgaba a un cristiano
Cap. 29
Comentario editorial · El nombre que no aparece
Cap. 30
Cap. 31
Cap. 32
Cap. 33
Comentario editorial · Josefo y Antonino Juliano
Cap. 34
["... de la nada" De este capítulo, si no de otros, se había afirmado precipitadamente que nuestro autor imaginaba que el alma perece con el cuerpo, y que ha de ser renovada de la nada. El argumento es totalmente ad hominem, y no afirma nada desde el punto de vista propio del autor, según lo entiendo. Da lo que es «suficiente para su argumento,» y no declara nada más. No era un clérigo, ni su obra es un sermón para los fieles. Desafía a cualquiera a negar que, si Dios pudo formar al hombre de la nada, puede hacerlo de nuevo de la nada. El resto del argumento es una brillante afirmación de la imperecibilidad de la materia, en términos que podrían satisfacer a la ciencia moderna; y la implicación es que el alma no perece a la vista de Dios más que el cuerpo vaporizado y reservado en la custodia de los elementos.]
Cap. 35
Cap. 36
Cap. 37
Cap. 38
Cap. 39
Cap. 40
Cap. 41
Notas, recepción y bibliografía
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