Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 31 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minIntroducción
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minCriterios de esta edición
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minSegunda visión
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minTercera visión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 minLas siete mujeres que sostienen la torre
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 9 minEl significado de las tres formas de la mujer
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 1 minIntroducción
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minQuinta visión
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCuarto mandamiento: castidad, matrimonio y arrepentimiento
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 minMandamiento 5
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minMandamiento 7
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 9 minMandamiento 10
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minMandamiento 12
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 7 minLas parábolas
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 7 minParábola tercera: árboles en invierno
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 8 minExplicación de la parábola del viñedo
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minParábola sexta: los dos pastores
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLa proporción del castigo
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minParábola octava: el sauce
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minLa segunda inspección
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 4 minConclusión de las categorías
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 6 minParábola novena: los doce montes y la torre
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl proceso de construcción
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minLas órdenes finales del Señor
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minLa preparación final
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa posibilidad de restauración
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minLos que se volvieron peores
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minExplicación de las piedras redondas
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minExhortaciones finales
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minEncargo final y exhortación social
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 1 minConclusión — El arte de volver

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    TEXTOS — APOCALÍPTICA MORAL

    Índice de la obra

    Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Hermas

    El Pastor de Hermas

    Traducción: Versión castellana de esta edición · 114 capítulos en numeración continua

    Lectura continua · ≈ 191 min · Comentarios editoriales opcionales

    Comenzar la obra
    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    Comentario editorial · Claves del argumento
    El Pastor une literatura visionaria y ética cotidiana en torno a arrepentimiento, comunidad y esperanza en Roma imperial.

    Introducción

    La historia de los primeros cristianos no siempre se cuenta con tratados formales y bien organizados. Muchas veces, avanza a través de relatos llenos de visiones, parábolas y consejos directos. El Pastor de Hermas es un ejemplo claro de esto: es un libro que viene de Roma, escrito en un lenguaje sencillo y directo, con la intención de ayudar a la gente común. Fue muy leído en los siglos II y III, tanto que en algunas comunidades se copiaba junto a los textos que hoy consideramos parte de la Biblia. ¿Por qué? Porque trataba un tema que preocupaba mucho: qué hacer cuando alguien pecaba después de haberse bautizado, y si era posible empezar de nuevo.
    Mientras que otros textos como 1 Clemente tienen un tono solemne y formal, El Pastor de Hermas se siente más cercano a la vida diaria de la ciudad y de los trabajadores. Su mensaje principal es sencillo: hay que cumplir los mandamientos y vivir en constante conversión, es decir, estar siempre dispuestos a cambiar y mejorar. En vez de meterse en discusiones complicadas sobre la fe, el libro prefiere hablar de ángeles y del espíritu, que en este caso cumplen funciones que en otros textos se atribuyen a Cristo. La ética es lo más importante, y se explica con imágenes fáciles de entender: una anciana que rejuvenece (que representa a la Iglesia), un pastor que aconseja (el ángel de la penitencia), y una torre que se construye piedra por piedra (la comunidad cristiana).

    Quién lo escribió, cuándo y dónde

    El libro se presenta como la historia de Hermas, un cristiano de Roma que fue esclavo y luego quedó libre, prosperó, tuvo problemas y aprendió, a base de errores, el valor del arrepentimiento. Un texto antiguo llamado el Fragmento Muratoriano, escrito a finales del siglo II, dice que Hermas era hermano del obispo Pío I (que estuvo en ese cargo entre los años 140 y 154) y que escribió el libro “hace muy poco, en nuestros tiempos, en la ciudad de Roma”. Por eso, se suele ubicar la obra en la mitad del siglo II y en el ambiente romano.
    Sin embargo, El Pastor de Hermas parece mezclar varias épocas. Las primeras visiones, donde la Iglesia aparece como una mujer, parecen venir de finales del siglo I o principios del II. Incluso se menciona a un tal Clemente que envía copias a otras iglesias. Pero la versión final, donde el Pastor (el ángel de la penitencia) es el personaje principal, encaja mejor en la Roma de los emperadores Adriano y Antonino. Es posible que haya habido un solo autor que fue escribiendo el libro por partes, y que al juntar todo, añadió o modificó algunas parábolas para que el conjunto tuviera sentido.

    Género, estructura y voz narrativa

    El Pastor de Hermas no es un tratado teórico, sino más bien una especie de “apocalipsis práctico” y una gran alegoría sobre la vida cristiana. El libro está organizado en tres grandes partes:

    Estructura en tres movimientos

    • Visiones (1–4): Aquí la Iglesia aparece como una mujer que rejuvenece a medida que la gente se arrepiente y cambia de vida.
    • Visión 5 + Mandamientos (12): En esta parte aparece el ángel de la penitencia, llamado “el Pastor”, que da una serie de reglas para quienes quieren volver a la comunidad o han caído después de bautizarse. Habla de la fe, la sinceridad, la castidad, la paciencia, la confianza y la humildad.
    • Similitudes (10): Son parábolas largas, como la de la torre, el sauce o la viña, que muestran cómo se entra, se cae y se puede regresar a la Iglesia.
    El libro no habla del fin del mundo, sino que su urgencia es más bien moral: lo importante es decidirse a cambiar ahora, no dejarlo para después. El mensaje se repite muchas veces: hay perdón después del bautismo, pero no es ilimitado; el “segundo arrepentimiento” es posible, pero hay que aprovecharlo. Por eso, el Pastor pide acciones concretas: devolver lo que se ha robado, dejar de hacer trampa, reconciliarse con los demás, y aceptar de nuevo al cónyuge que ha sido infiel si realmente quiere cambiar. No se trata de perdonar sin más, sino de una misericordia que exige un cambio real.

    Oración y espiritualidad en el Pastor

    Mientras que en 1 Clemente la oración más importante es una gran súplica por las autoridades, en El Pastor de Hermas la oración se vive de otra manera: la “liturgia” principal es la práctica del arrepentimiento. Hay oraciones, sí, por la familia y por la Iglesia (que se representa como una torre), pero la espiritualidad del libro se basa sobre todo en vivir con sinceridad. Por ejemplo: ayunar no para aparentar, sino para poder compartir con otros; alegrarse porque uno ha sido perdonado; caminar con humildad para no volver a caer. Es una forma de piedad sencilla, que nace de la vida cotidiana y se nota que está pensada para gente común, de talleres, campos y mercados.

    Papiros, códices y versiones: cómo nos llegó

    La historia de cómo nos ha llegado El Pastor de Hermas es casi tan interesante como el propio libro. El texto original en griego no se conservó completo: hay pocas copias y muchas partes faltantes. Entre los manuscritos más importantes están:
    • El Códice Sinaítico (siglo IV), que conserva buena parte del inicio y, como dato curioso, pone El Pastor al final de la Biblia, junto con la Epístola de Bernabé.
    • El Códice de Athos (siglos XIV–XV), que tiene secciones extensas del final de la obra.
    • Los papiros Bodmer 38 (finales del siglo IV o principios del V) y Michigan 129 (siglos II/III), que contienen partes clave como los mandatos y las similitudes.
    • Cuando falta el griego, las traducciones antiguas ayudan a completar el texto, sobre todo la versión latina antigua (a veces llamada la “Vulgata latina” del Pastor) y la latina palatina. También existen versiones en etiópico y copto (en sus variantes acmímica y sahídica), e incluso fragmentos en medio persa.
    Más que una curiosidad para especialistas, este mapa de manuscritos muestra que El Pastor fue copiado, leído y usado en muchas comunidades. Cuando el texto griego se perdió, la Iglesia dejó huellas: alguien lo tradujo porque alguien lo necesitaba.
    Nota de numeración: Existen dos sistemas principales para referirse a las partes del Pastor de Hermas. El primero divide el libro en grandes secciones: Visiones, Mandatos y Similitudes, y dentro de cada una numera los capítulos y apartados (por ejemplo, Visión 1.1, Mandato 2.3, Similitud 5.7, etc.). El segundo sistema utiliza una numeración continua de capítulos del 1 al 114, sin subdividir por libros o secciones.
    En esta edición solo utilizaremos la numeración continua de capítulos (1–114) para facilitar la lectura y la consulta. Cuando sea necesario, se podrá consultar la correspondencia con la numeración tradicional en otras ediciones o estudios como la de Michael W. Holmes, que es de donde se ha tomado la edición crítica para esta traducción.

    Criterios de esta edición

    Los títulos de las secciones son del editor; la división en visiones, mandamientos y parábolas es la tradicional. Las ilustraciones son recreaciones modernas de las escenas, no imágenes antiguas, y aparecen plegadas junto a su pasaje, igual que el comentario.

    Las visiones

    Primera visión

    La visión de Roda

    1.1–1.9

    1.1 El hombre que me crió me vendió a una mujer llamada Roda en Roma. Muchos años después la reconocí y comencé a amarla como hermana. 1.2 Tiempo después la vi bañándose en el río Tíber, le tendí la mano y la saqué del río. Al contemplar su belleza, reflexionaba en mi corazón diciendo: "Dichoso sería yo si tuviera una esposa de tal belleza y carácter." Solo esto pensé, nada más.
    1.3 Tiempo después, mientras iba hacia Cumas glorificando las obras de Dios —cuán grandes, espléndidas y poderosas son—, caminando me quedé dormido. Un espíritu me tomó y me llevó a través de un lugar sin senderos, por donde ningún hombre podía caminar; era un lugar escarpado y erosionado por las aguas. Crucé aquel río, llegué a terreno llano, puse las rodillas en tierra y comencé a orar al Señor y a confesar mis pecados.
    1.4 Mientras oraba se abrieron los cielos, y veo a aquella mujer que había deseado, saludándome desde el cielo y diciendo: "Salve, Hermas". 1.5 Mirándola le digo: "Señora, ¿qué haces aquí?" Ella me respondió: "He sido llevada arriba para acusar tus pecados ante el Señor".
    1.6 Le digo: "¿Ahora eres tú mi acusadora?" "No", dice, "pero escucha las palabras que voy a decirte. Dios, que habita en los cielos y creó de la nada las cosas que existen, las multiplicó y las hizo crecer por causa de su santa iglesia, está airado contigo porque pecaste contra mí."
    1.7 Respondiéndole le digo: "¿Pequé contra ti? ¿De qué manera? ¿Cuándo te dirigí alguna palabra indecente? ¿No te he considerado siempre como una diosa? ¿No te he respetado siempre como hermana? ¿Por qué me acusas falsamente, mujer, de estas cosas malvadas e impuras?"
    1.8 Riendo me dice: "El deseo del mal subió a tu corazón. ¿O no te parece que es cosa mala para un hombre justo que suba a su corazón el deseo malo? Ciertamente es pecado, y grande", dice. "Porque el hombre justo tiene propósitos justos. Al tener propósitos justos, su gloria se mantiene firme en los cielos y encuentra al Señor propicio en todo lo que hace. Pero los que tienen propósitos malvados en sus corazones se atraen muerte y cautiverio, especialmente los que se apropian de este mundo y se enorgullecen de sus riquezas, sin aferrarse a los bienes venideros. 1.9 Se arrepentirán sus almas, las que no tienen esperanza, sino que se han abandonado a sí mismas y a su vida. Pero tú ora a Dios, y él sanará tus pecados y los de toda tu casa y los de todos los santos."
    Comentario editorial · Ilustración: Hermas ayuda a Roda a salir del río (1.2)
    Hermas ayuda a Roda a salir del río. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Ilustración: Roda se le aparece desde el cielo abierto (1.5)
    Roda se le aparece desde el cielo abierto. Recreación moderna.
    Comentario editorial · El «pecado» de Hermas: qué es el deseo
    El griego ἐπιθυμία (epithymía) en este pasaje no se refiere solo al deseo sexual, sino a cualquier deseo intenso o anhelo. Por sí mismo, el deseo no es malo: se convierte en pecado según hacia dónde se orienta (por ejemplo, desear lo ajeno, el poder, riquezas injustas) o si es desordenado. Por eso, la traducción "deseo malo" o "deseo del mal" es válida, pero lo esencial es que el problema no es sentir deseo, sino consentir y dirigir el corazón hacia lo injusto.
    Hermas pone el foco en la intención interior: basta con consentir un pensamiento para que el "hombre justo" (ἀνὴρ δίκαιος) ya se aparte de su ideal, pues su mente debe estar orientada siempre al bien. Esta exigencia de pureza no solo en los actos, sino en la intención y el deseo, evoca la ética de
    y es un rasgo central del cristianismo primitivo: la verdadera justicia nace de un corazón recto.

    La anciana mujer

    2.1–4.3

    2.1 Después que dijo estas palabras se cerraron los cielos, y yo estaba completamente aterrorizado y afligido. Me decía a mí mismo: "Si este pecado se me imputa, ¿cómo podré salvarme? ¿Cómo expiaré ante Dios mis pecados conscientes? ¿Con qué palabras rogaré al Señor para que se apiade de mí?"
    2.2 Mientras reflexionaba y deliberaba estas cosas en mi corazón, veo frente a mí una gran silla blanca hecha de lana como nieve, y vino una mujer anciana vestida con ropa resplandeciente, teniendo un libro en las manos. Se sentó sola y me saluda: "Salve, Hermas". Y yo, afligido y llorando, dije: "Salve, señora".
    2.3 Me dijo: "¿Por qué estás tan sombrío, Hermas? Tú que eres paciente y apacible, que siempre sonríes, ¿por qué tienes el rostro tan abatido y no estás alegre?" Le dije: "Por una mujer excelente que dice que pequé contra ella". 2.4 Ella dijo: "¡De ninguna manera suceda tal cosa al siervo de Dios! Pero ciertamente ese pensamiento surgió en tu corazón respecto a ella. Para los siervos de Dios, un propósito así ya es pecado; porque para un espíritu devoto y ya probado, es un propósito malo y escandaloso siquiera desear hacer el mal. Y más aún tratándose de ti, Hermas, que eres continente, que te abstienes de todo deseo malo y rebosas de sencillez e inocencia."
    3.1 "Pero no por esto se aira Dios contigo, sino para que conviertas a tu casa que ha pecado contra el Señor y contra ustedes, sus padres. Que por ser amante de tus hijos no corriges a tu casa, sino que la has dejado corromperse terriblemente. Por esto se aira el Señor contigo. Pero sanará todos los males pasados de tu casa, porque por los pecados y transgresiones de ellos te has corrompido de las preocupaciones de la vida." 3.2 "Pero la gran compasión del Señor tuvo misericordia de ti y de tu casa, y te fortalecerá y te cimentará en su gloria. Solo no seas negligente, sino ten ánimo y fortalece a tu casa. Porque como el herrero martillando domina la obra que quiere, así también la palabra justa que se da diariamente vence toda maldad. No ceses, pues, de corregir a tus hijos, porque sé que si se arrepienten de todo corazón, serán inscritos en los libros de la vida con los santos."
    3.3 Después que cesaron estas palabras suyas, me dice: "¿Quieres oírme leer?" Le digo: "Quiero, señora". Me dice: "Sé oyente y escucha las glorias de Dios". Escuché cosas grandes y maravillosas que no tuve fuerza para recordar; porque todas las palabras eran terribles, que un hombre no puede soportar. Las últimas palabras, sin embargo, las recordé, porque eran provechosas para nosotros y suaves:
    3.4 "He aquí el Dios de los ejércitos, que con poder invisible y fuerte, y con su gran sabiduría creó el mundo, y con su propósito glorioso revistió de hermosura a su creación, y con su palabra poderosa afirmó el cielo y fundó la tierra sobre las aguas, y con su propia sabiduría y providencia creó su santa iglesia, a la cual también bendijo: he aquí que remueve los cielos y los montes y las colinas y los mares, y todas las cosas se vuelven llanas para sus elegidos, para cumplirles la promesa que les prometió con mucha gloria y gozo, si guardan los mandamientos de Dios que recibieron con gran fe."
    4.1 Cuando terminó de leer y se levantó de la silla, vinieron cuatro jóvenes y se llevaron la silla hacia el oriente. 4.2 Me llama y me toca el pecho, y me dice: "¿Te agradó mi lectura?" Le digo: "Señora, estas últimas cosas me agradan, pero las primeras son difíciles y duras". Me dijo: "Estas últimas son para los justos, pero las primeras para los gentiles y los apóstatas."
    4.3 Mientras hablaba conmigo aparecieron dos hombres y se la llevaron tomándola de los brazos, y se fueron hacia el oriente, donde estaba también la silla. Se fue sonriendo, y al irse me dice: "¡Sé valiente, Hermas!"
    Comentario editorial · Ilustración: La anciana lee el libro sentada en la silla blanca (2.2)
    La anciana lee el libro sentada en la silla blanca. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Montes aplanados: una imagen de salvación
    El texto usa el lenguaje profético del "aplanamiento" de montes y valles (cf.
    ), pero aplicado específicamente a los elegidos de la iglesia. No es una transformación física del cosmos, sino una remoción de obstáculos para que los fieles puedan alcanzar las promesas divinas. Esta imagen conecta la fidelidad personal con la transformación cósmica.
    Comentario editorial · Ilustración: Cuatro jóvenes se llevan la silla de la anciana (4.1)
    Cuatro jóvenes se llevan la silla de la anciana. Recreación moderna.

    Segunda visión

    La mujer y el mandato de copiar el mensaje

    5.1–5.4

    5.1 Yendo hacia Cumas por el mismo tiempo que el año anterior, caminando recordé la visión del año pasado, y de nuevo me toma un espíritu y me lleva al mismo lugar del año anterior. 5.2 Llegando al lugar me arrodillé y comencé a orar al Señor y a glorificar su nombre, porque me tuvo por digno y me dio a conocer mis pecados anteriores.
    5.3 Después de levantarme de la oración veo frente a mí a la anciana que había visto el año anterior, caminando y leyendo un librito. Me dice: "¿Puedes anunciar estas cosas a los elegidos de Dios?" Le digo: "Señora, no puedo recordar tantas cosas; dame el librito para que lo copie". 5.4 "Tómalo", dice, "y me lo devolverás". Lo tomé, y retirándome a cierto lugar del campo lo copié todo letra por letra, porque no podía distinguir las sílabas. Terminadas las letras del librito, de repente el librito fue arrebatado de mi mano, pero por quién no lo vi.
    Comentario editorial · «No encontraba las sílabas»
    La frase sobre la dificultad para distinguir las sílabas (οὐχ ηὕρισκον γὰρ τὰς συλλαβάς) puede entenderse de dos formas: por un lado, podría aludir a la naturaleza sobrenatural del texto, como si Hermas recibiera una revelación en un lenguaje celestial. Por otro, es posible que simplemente refleje una dificultad práctica: en la antigüedad, los manuscritos solían escribirse sin espacios (scriptio continua), lo que hacía complicado separar palabras y sílabas, especialmente para alguien sin formación de copista. Así, el pasaje resalta tanto el carácter revelado del mensaje como la sencillez de Hermas, un hombre común enfrentado a la Palabra divina.
    Comentario editorial · Ilustración: Hermas copia el librito letra por letra (5.4)
    Hermas copia el librito letra por letra. Recreación moderna.

    El significado del mensaje escrito

    6.1–7.4

    6.1 Después de quince días de ayuno y mucha súplica al Señor, me fue revelado el conocimiento de la escritura. Estaba escrito esto: 6.2 "Tu descendencia, Hermas, renegó de Dios y blasfemó al Señor, y entregó a sus padres en gran maldad, y fueron llamados traidores de padres, y traicionando no se beneficiaron, sino que añadieron a sus pecados las libertinajes y mezclas de maldades, y así se colmó la medida de sus transgresiones."
    6.3 "Pero da a conocer estas palabras a todos tus hijos y a tu esposa, que va a ser como hermana para ti; porque ella tampoco se abstiene de la lengua, con la cual obra mal. Pero al oír estas palabras se abstendrá y alcanzará misericordia. 6.4 Después que les hagas conocer todas estas palabras que el Señor me mandó que te fueran reveladas, entonces les serán perdonados todos los pecados que antes cometieron, y a todos los santos que han pecado hasta este día, si se arrepienten de todo corazón y quitan de su corazón las dudas."
    6.5 "Porque juró el Señor por su gloria sobre sus elegidos: si después de fijado este día todavía se comete pecado, no tendrán salvación; porque el arrepentimiento para los justos tiene fin: se han cumplido los días de arrepentimiento para todos los santos, pero para los gentiles hay arrepentimiento hasta el último día. 6.6 Dirás, pues, a los dirigentes de la iglesia que enderecen sus caminos en justicia, para que reciban plenamente las promesas con mucha gloria."
    6.7 "Manténganse firmes, pues, los que obran la justicia y no duden, para que su entrada sea con los ángeles santos. Bienaventurados ustedes que soportan la gran tribulación que viene, y bienaventurados los que no negarán su vida. 6.8 Porque juró el Señor por su Hijo: los que negaron a su Señor fueron desechados de su vida, es decir, los que ahora van a negar en los días venideros; pero a los que negaron anteriormente, por su gran compasión les fue propicio."
    7.1 "Pero tú, Hermas, no guardes rencor a tus hijos, ni abandones a tu hermana, para que sean purificados de sus pecados anteriores. Porque serán disciplinados con disciplina justa, si tú no les guardas rencor. El rencor produce muerte. 7.2 Pero tú, Hermas, has tenido grandes tribulaciones personales por las transgresiones de tu casa, porque no te preocupaste por ellos. Te descuidaste y te enredaste en tus propios negocios malvados."
    7.3 "Pero te salva el no haberte apartado del Dios vivo, y tu sencillez y tu mucha continencia. Estas cosas te han salvado, si perseveras, y salvan a todos los que hacen tales cosas y caminan en inocencia y sencillez. Estos prevalecen sobre toda maldad y permanecen para vida eterna. 7.4 Bienaventurados todos los que obran la justicia; no se corromperán jamás. Dirás a Máximo: 'He aquí viene tribulación; si te parece bien, niega de nuevo. Cerca está el Señor de los que se vuelven a él', como está escrito en Eldad y Modat, que profetizaron al pueblo en el desierto."
    Comentario editorial · ¿Quiénes son Eldad y Modat?
    Eldad y Medad (o Modat, según variantes textuales) aparecen en
    como dos de los setenta ancianos sobre quienes descendió el Espíritu y profetizaron en el campamento, aunque no estaban en el tabernáculo. El texto bíblico no especifica el contenido de su profecía, lo que dio lugar a muchas leyendas posteriores. En el cristianismo primitivo, existió un libro apócrifo llamado "Eldad y Modad", hoy perdido, del que solo se conserva la cita aquí en el Pastor de Hermas: “El Señor está cerca de los que se convierten”. Se cree que este libro trataba temas de arrepentimiento y restauración, y su mención en Hermas muestra la circulación de tradiciones proféticas más allá del canon bíblico.
    Comentario editorial · El dilema de la segunda penitencia
    El Pastor de Hermas aborda una controversia crucial del siglo II: ¿puede haber perdón después del bautismo? El texto establece que hay una segunda oportunidad de arrepentimiento, pero con fecha límite. Esto era revolucionario para comunidades que consideraban imposible el perdón post-bautismal, especialmente para la apostasía.

    La identidad de la mujer anciana

    8.1–8.3

    8.1 Se me reveló, hermanos, mientras dormía, por medio de un joven de aspecto muy hermoso que me dijo: "¿Quién piensas que es la anciana, de quien recibiste el librito?" Yo respondí: "La Sibila". "Te equivocas —dijo—, no lo es". "¿Quién es entonces?", pregunté. "Es la Iglesia", me dijo. Y yo le pregunté: "¿Por qué entonces anciana?", dice. "Porque —dijo— fue creada antes que todas las cosas; por eso es anciana, y por causa de ella fue formado el mundo".”
    8.2 “Después vi una visión en mi casa: vino la anciana y me preguntó si ya había entregado el libro a los presbíteros. Yo negué haberlo entregado. "Bien —dijo— has hecho, porque tengo que añadirle algunas palabras. Cuando haya terminado todas las palabras, por medio de ti será dado a conocer a todos los elegidos".” 8.3 “Escribirás, pues, dos libritos y los enviarás: uno a Clemente y otro a Grapte. Clemente lo enviará a las ciudades exteriores, porque a él le ha sido confiado esto. Grapte exhortará a las viudas y a los huérfanos. Tú, en cambio, lo leerás en esta ciudad junto con los presbíteros que presiden la Iglesia.”
    ⸻
    Comentario editorial · La anciana es la Iglesia
    Que la anciana sea la Iglesia es clave en el Pastor de Hermas. No es solo una mujer anciana: representa a la Iglesia que es preexistente (προτέρα πάντων), es decir, que existía antes que el mundo. Esto va en línea con la idea de Pablo de que la Iglesia es el cuerpo cósmico de Cristo. Su vejez no significa que esté gastada o en decadencia, sino que es primera y tiene una autoridad primordial: es la base de todo lo demás.

    Tercera visión

    La mujer y la torre

    9.1–10.9

    9.1 Lo que vi, hermanos, fue esto: 9.2 Después de ayunar frecuentemente y rogar al Señor que me revelara la visión que me había prometido mostrar por medio de la anciana, esa misma noche se me apareció la anciana y me dijo: "Puesto que eres tan necesitado y ansioso de conocer todas las cosas, ve al campo donde cultivas, y alrededor de la hora quinta me apareceré a ti y te mostraré lo que debes ver."
    9.3 Le pregunté diciendo: "Señora, ¿a qué parte del campo?" "Donde quieras", respondió. Elegí un lugar hermoso y apartado. Pero antes de que pudiera hablarle y decirle el lugar, me dice: "Iré donde tú quieras". 9.4 Fui, pues, hermanos, al campo, conté las horas y llegué al lugar que le había indicado, y veo colocado un diván de marfil, y sobre el diván había un cojín de lino, y encima estaba extendida una cubierta de lino fino.
    9.5 Al ver estas cosas colocadas allí sin nadie en el lugar, me quedé asombrado, me sobrevino como un temblor y se me erizaron los cabellos, y como un horror se apoderó de mí por estar solo. Recobrándomé y recordando la gloria de Dios, cobré ánimo, puse las rodillas en tierra y confesé de nuevo mis pecados al Señor como antes.
    9.6 Ella vino con seis jóvenes, a quienes también había visto antes, se puso junto a mí y me escuchó atentamente mientras oraba y confesaba mis pecados al Señor. Me tocó y dijo: "Hermas, deja de rogar por todos tus pecados; ruega también por la justicia para que tomes alguna parte de ella para tu casa". 9.7 Me levantó de la mano y me condujo al diván, y dijo a los jóvenes: "Vayan y construyan".
    9.8 Después que se fueron los jóvenes y quedamos solos, me dice: "Siéntate aquí". Le digo: "Señora, deja que se sienten primero los ancianos". "Haz lo que te digo", dice, "siéntate". 9.9 Cuando quise sentarme en el lado derecho, no me lo permitió, sino que me indicó con la mano que me sentara en el lado izquierdo. Como reflexionaba y me entristecía porque no me había permitido sentarme en el lado derecho, me dice: "¿Te entristeces, Hermas? El lugar del lado derecho es para otros, los que ya agradaron a Dios y sufrieron por causa del Nombre. Pero a ti te falta mucho para sentarte con ellos. Mas como perseveras en tu sencillez, permanece, y te sentarás con ellos, y todos los que hagan las obras de ellos y soporten lo que ellos soportaron."
    10.1 "¿Qué", digo, "soportaron?" "Escucha", dice: "azotes, cárceles, grandes tribulaciones, cruces, fieras por causa del Nombre. Por esto les pertenece el lado derecho del santuario, y a cualquiera que sufra por el Nombre. Para los demás son los lugares de la izquierda. Pero para ambos, tanto los que se sientan a la derecha como los de la izquierda, son los mismos dones y las mismas promesas; solo que aquellos se sientan a la derecha y tienen cierta gloria."
    10.2 "Tú tienes gran deseo de sentarte a la derecha con ellos, pero tus faltas son muchas. Sin embargo, serás purificado de tus faltas, y todos los que no tienen doblez de ánimo serán purificados de todos sus pecados hasta este día." 10.3 Dicho esto, quería irse; pero cayendo a sus pies le rogué por el Señor que me mostrara la visión que me había prometido.
    10.4 Entonces nuevamente me tomó de la mano, me levantó y me sentó en el diván a la izquierda, mientras ella se sentó a la derecha. Alzando una vara resplandeciente me dice: "¿Ves algo grande?" Le digo: "Señora, no veo nada". Me dice: "Mira, ¿no ves frente a ti una gran torre que se construye sobre las aguas con piedras cuadradas resplandecientes?"
    10.5 La torre se construía en forma cuadrada por los seis jóvenes que habían venido con ella, y otros miles de hombres traían piedras, unos desde lo profundo y otros desde la tierra, y las entregaban a los seis jóvenes. Ellos las tomaban y construían. 10.6 Todas las piedras que se sacaban de lo profundo las colocaban así en la construcción, porque ya estaban labradas y encajaban en las junturas con las otras piedras. Se adherían tanto unas a otras que no se veían las junturas, y la estructura de la torre parecía construida como de una sola piedra.
    10.7 Pero de las otras piedras traídas desde la tierra seca, unas las desechaban, otras las ponían en la construcción, otras las quebraban y las arrojaban lejos de la torre. 10.8 Muchas otras piedras yacían alrededor de la torre sin usarlas para la construcción; algunas de ellas estaban dañadas, otras tenían grietas, otras estaban partidas, otras eran blancas y redondas, que no se ajustaban a la construcción.
    10.9 Veía otras piedras arrojadas lejos de la torre que caían al camino pero no permanecían en el camino, sino que rodaban hacia lugares sin sendero; otras caían en el fuego y se quemaban; otras caían cerca del agua pero no podían rodar hacia el agua, aunque querían rodar y llegar al agua.
    Comentario editorial · Derecha e izquierda: grados de gloria
    La distinción entre derecha e izquierda no implica salvación vs. condenación, sino grados de gloria. Los del lado derecho son los mártires (οἱ παθόντες ἕνεκα τοῦ ὀνόματος), mientras que el izquierdo es para los fieles ordinarios. Ambos grupos tienen las mismas promesas (τὰ αὐτὰ δῶρα καὶ αἱ αὐταὶ ἐπαγγελίαι), pero los mártires poseen cierta gloria adicional (δόξαν τινά).
    Comentario editorial · Ilustración: La torre que se construye sobre las aguas (10.4)
    La torre que se construye sobre las aguas. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Ilustración: Las piedras aceptadas y las desechadas junto a la torre (10.7)
    Las piedras aceptadas y las desechadas junto a la torre. Recreación moderna.
    Comentario editorial · La torre como imagen de la Iglesia
    La torre cuadrada (τετράγωνος) construida sobre aguas representa la Iglesia universal cimentada en el bautismo. Su forma cuadrada sugiere estabilidad y perfección, mientras que las piedras del profundo (ya labradas) simbolizan a los mártires, que no necesitan más purificación. Las piedras de tierra seca representan diferentes categorías de cristianos según su fidelidad.

    La explicación de la torre

    11.1–15.6

    11.1 Después de mostrarme estas cosas quería marcharse. Le digo: "Señora, ¿de qué me sirve haber visto estas cosas sin saber qué significan?" Respondiéndome dice: "Eres un hombre astuto que quiere conocer todo sobre la torre". "Sí, señora", digo, "para anunciarlo a mis hermanos, y para que se alegren, y al oír estas cosas conozcan al Señor con mucha gloria."
    11.2 Entonces dijo: "Muchos oirán; pero al oír, unos se alegrarán y otros llorarán. Pero aun estos, si oyen y se arrepienten, también se alegrarán. Escucha, pues, las parábolas de la torre, porque te revelaré todo. No me molestes más pidiendo revelaciones, porque estas revelaciones tienen fin; están completas. Pero no cesarás de pedir revelaciones, porque eres descarado."
    11.3 "La torre que ves construyéndose soy yo, la Iglesia, que te aparecí ahora y antes. Pregunta, pues, lo que quieras sobre la torre, y te lo revelaré para que te alegres con los santos." 11.4 Le digo: "Señora, puesto que una vez me consideraste digno de revelarme todo, revélalo". Me dice: "Lo que pueda revelarte te será revelado. Solo que tu corazón esté puesto en Dios y no tengas doblez de ánimo sobre lo que veas."
    11.5 Le pregunté: "¿Por qué se construye la torre sobre aguas, señora?" "Te dije también antes", dice, "y buscas diligentemente. Buscando, pues, encuentras la verdad. Oye, entonces, por qué se construye la torre sobre aguas: porque su vida fue salvada y será salvada por medio del agua. La torre ha sido cimentada por la palabra del Todopoderoso y el glorioso Nombre, y es sostenida por el poder invisible del Señor."
    12.1 Respondiéndole digo: "Señora, grande y maravilloso es este asunto. Los seis jóvenes que construyen, ¿quiénes son, señora?" "Estos son los santos ángeles de Dios, los primeros creados, a quienes el Señor entregó toda su creación para que la hicieran crecer, construir y gobernar toda la creación. Por medio de estos, pues, se completará la construcción de la torre."
    12.2 "¿Y los otros que traen las piedras quiénes son?" "También estos son santos ángeles de Dios, pero aquellos seis son superiores a estos. Se completará la construcción de la torre, y todos juntos se alegrarán alrededor de la torre y glorificarán a Dios porque se completó la construcción de la torre."
    12.3 Le pregunté diciendo: "Señora, quisiera conocer el destino de las piedras y qué poder tienen". Respondiéndome dice: "No es porque seas más digno que todos los demás para que te sea revelado, pues otros hay antes que tú y mejores que tú, a quienes deberían haberse revelado estas visiones. Pero te ha sido revelado para que sea glorificado el nombre de Dios, y te será revelado por causa de los de doblez de ánimo, que dudan en sus corazones si estas cosas son o no son. Diles que todas estas cosas son verdaderas, y nada hay fuera de la verdad, sino que todo es fuerte, firme y fundamentado."
    13.1 "Escucha ahora sobre las piedras que van a la construcción. Las piedras que son cuadradas y blancas y que encajan en sus junturas, estos son los apóstoles, obispos, maestros y diáconos que caminaron según la santidad de Dios y ejercieron como obispos, maestros y diáconos con pureza y reverencia para los elegidos de Dios; algunos ya durmieron, otros aún viven. Siempre estuvieron de acuerdo entre sí, tuvieron paz unos con otros y se escucharon mutuamente. Por eso en la construcción de la torre encajan sus junturas."
    13.2 "¿Quiénes son los que se sacan de lo profundo y se colocan en la construcción, y cuyas junturas encajan con las otras piedras ya construidas?" "Estos son los que sufrieron por el nombre del Señor." 13.3 "Quiero saber quiénes son las otras piedras traídas de la tierra seca, señora". Dijo: "Las que van a la construcción sin ser labradas, estas el Señor las aprobó porque caminaron en la rectitud del Señor e hicieron correctamente sus mandamientos."
    13.4 "¿Quiénes son los que se traen y se colocan en la construcción?" "Son jóvenes en la fe y fieles; pero son amonestados por los ángeles para hacer el bien, porque no se halló maldad en ellos." 13.5 "¿Quiénes son los que desechaban y arrojaban?" "Estos son los que han pecado y quieren arrepentirse; por eso no fueron arrojados lejos de la torre, porque serán útiles para la construcción si se arrepienten. Los que van a arrepentirse, si se arrepienten, serán fuertes en la fe, si se arrepienten ahora mientras se construye la torre. Pero si se completa la construcción, ya no tendrán lugar, sino que serán desechados. Solo tienen esto: yacer junto a la torre."
    14.1 "¿Quieres saber sobre los que se quiebran y se arrojan lejos de la torre? Estos son los hijos de la iniquidad; creyeron con hipocresía, y ninguna maldad se apartó de ellos. Por eso no tienen salvación, porque no son útiles para la construcción por sus maldades. Por eso fueron quebrados y arrojados lejos por la ira del Señor, porque lo provocaron a ira."
    14.2 "Los otros que has visto muchos yaciendo y no yendo a la construcción, los que están dañados son los que conocieron la verdad pero no permanecieron en ella ni se adhirieron a los santos; por eso son inútiles." 14.3 "¿Quiénes son los que tienen grietas? Estos son los que tienen algo unos contra otros en sus corazones y no tienen paz entre sí, sino que tienen apariencia de paz, pero cuando se separan unos de otros, sus maldades permanecen en sus corazones. Estas son las grietas que tienen las piedras."
    14.4 "Los que están partidos, estos son los que han creído y viven en gran parte en justicia, pero tienen algunas partes de iniquidad; por eso están partidos y no son perfectos." 14.5 "¿Quiénes son las blancas y redondas que no se ajustan a la construcción, señora?" Respondiéndome dice: "¿Hasta cuándo serás necio e insensato, y preguntas todo sin entender nada? Estos son los que tienen fe, pero también tienen riquezas de este mundo. Cuando viene tribulación, por sus riquezas y sus negocios niegan a su Señor."
    14.6 Le respondí diciendo: "Señora, ¿cuándo entonces serán útiles para la construcción?" "Cuando", dice, "sea cortada su riqueza que los seduce, entonces serán útiles a Dios. Porque como la piedra redonda, si no es recortada y pierde algo de sí misma, no puede volverse cuadrada, así también los que son ricos en este mundo, si no es cortada su riqueza, no pueden ser útiles al Señor. 14.7 Aprende primero de ti mismo: cuando eras rico, eras inútil, pero ahora eres útil y beneficioso para la vida. Sean útiles a Dios, porque tú mismo vas a ser usado como una de estas piedras."
    15.1 "Las otras piedras que viste arrojadas lejos de la torre y que caían al camino y rodaban del camino a lugares sin sendero, estos son los que han creído pero por su doblez de ánimo abandonan su camino verdadero. Pensando que pueden encontrar un camino mejor, se extravían y andan miserablemente por los lugares sin sendero."
    15.2 "Los que caen en el fuego y se queman, estos son los que se apartaron completamente del Dios vivo, y ya no sube a su corazón el pensamiento de arrepentirse por las pasiones de su libertinaje y las maldades que cometieron." 15.3 "¿Quieres saber quiénes son los otros que caen cerca de las aguas pero no pueden rodar hacia el agua? Estos son los que oyeron la palabra y quieren bautizarse en el nombre del Señor. Luego, cuando les viene a la memoria la pureza de la verdad, cambian de parecer y vuelven de nuevo tras sus malos deseos."
    15.4 Terminó, pues, la explicación de la torre. 15.5 Atreviéndome aún, le pregunté si acaso todas estas piedras que fueron desechadas y no se ajustan a la construcción de la torre tienen arrepentimiento y lugar en esta torre. "Tienen", dice, "arrepentimiento, pero no pueden encajar en esta torre. 15.6 Encajarán en otro lugar mucho inferior, y esto cuando sean atormentados y cumplan los días de sus pecados. Serán trasladados por esta razón: porque participaron de la palabra justa. Entonces les acontecerá ser trasladados de sus tormentos, si suben a su corazón las obras malas que hicieron; pero si no suben a su corazón, no se salvarán por su dureza de corazón."
    Comentario editorial · La torre sobre el agua: el bautismo
    El agua aquí representa el bautismo (διὰ ὕδατος ἐσώθη καὶ σωθήσεται): así como la torre se construye sobre el agua, la Iglesia se edifica sobre la experiencia bautismal de cada creyente. Para Hermas, la salvación personal y la pertenencia a la comunidad cristiana están unidas por el bautismo, que no es solo un rito externo sino el fundamento real de la vida eclesial. Hay que entender que en los siglos posteriores al Nuevo Testamento, el bautismo pasó a requerir una larga preparación: a veces años de espera y formación antes de recibirlo, lo que lo convertía en un punto de inflexión radical en la vida.
    Comentario editorial · La urgencia del arrepentimiento
    El texto establece una fecha límite para el arrepentimiento: "mientras se construye la torre". Esto refleja la controversia del siglo II sobre si existía una segunda oportunidad después del bautismo. El Pastor resuelve diciendo que sí hay oportunidad, pero con tiempo limitado, creando un sentido de urgencia salvífica.

    Las siete mujeres que sostienen la torre

    16.1–17.10

    16.1 Cuando dejé de preguntarle sobre todas estas cosas, me dice: "¿Quieres ver otra cosa?" Siendo muy deseoso de contemplar, me puse muy gozoso de ver. 16.2 Mirándome sonrió y me dice: "¿Ves siete mujeres alrededor de la torre?" "Las veo, señora", digo. "Esta torre es sostenida por ellas por mandato del Señor."
    16.3 "Escucha ahora sus funciones. La primera de ellas, la que tiene las manos fuertes, se llama Fe; por ella se salvan los elegidos de Dios. 16.4 La segunda, que está ceñida y tiene aspecto varonil, se llama Continencia; esta es hija de la Fe. Quienquiera que la siga será bienaventurado en su vida, porque se abstendrá de todas las obras malas, creyendo que si se abstiene de todo mal deseo heredará vida eterna."
    16.5 "¿Quiénes son las otras, señora?" "Son hijas unas de otras, y se llaman Sencillez, Conocimiento, Inocencia, Reverencia y Amor. Cuando hagas todas las obras de su madre, podrás vivir." 16.6 "Quisiera saber, señora", digo, "qué poder tiene cada una de ellas". "Escucha", dice, "los poderes que tienen."
    16.7 "Sus poderes se controlan mutuamente y se siguen unas a otras, según como nacieron. De la Fe nace Continencia; de la Continencia, Sencillez; de la Sencillez, Inocencia; de la Inocencia, Reverencia; de la Reverencia, Conocimiento; del Conocimiento, Amor. Las obras de estas son puras, reverentes y divinas. 16.8 Quienquiera que sirva a estas y tenga fuerza para dominar sus obras, tendrá morada en la torre con los santos de Dios."
    16.9 Le pregunté sobre los tiempos, si ya era el fin. Gritó con gran voz diciendo: "¡Hombre insensato! ¿No ves que la torre aún se está construyendo? Cuando se complete la torre en construcción, tiene fin. Pero se edificará rápidamente. No me preguntes más nada; te basta este recordatorio y la renovación de sus espíritus a ti y a los santos. 16.10 Pero no se te ha revelado solo a ti, sino para que se lo muestres a todos."
    16.11 "Después de tres días —porque primero debes entenderlo— te mando primero, Hermas, que hables todas estas palabras que te voy a decir a los oídos de los santos, para que al oírlas y hacerlas sean purificados de sus maldades, y tú con ellos."
    17.1 "Escúchenme, hijos: los crié con mucha sencillez, inocencia y reverencia por la misericordia del Señor que destiló sobre ustedes la justicia, para que sean justificados y santificados de toda maldad y de toda perversidad. Pero ustedes no quieren cesar de su maldad."
    17.2 "Ahora pues, escúchenme y tengan paz entre ustedes, cuídense unos a otros y ayúdense mutuamente; no tomen solos en abundancia las criaturas de Dios, sino compartan también con los necesitados. 17.3 Porque algunos por las muchas comidas atraen debilidad a la carne y dañan su carne, mientras que la carne de los que no tienen qué comer se daña por no tener suficiente alimento, y se destruye su cuerpo."
    17.4 "Esta falta de comunión es dañina para ustedes que tienen y no comparten con los necesitados. 17.5 Miren el juicio que viene. Ustedes que tienen en abundancia busquen a los hambrientos mientras la torre no se ha completado, porque después de completarse la torre querrán hacer el bien y no tendrán oportunidad."
    17.6 "Cuidado, pues, ustedes que se enorgullecen en sus riquezas, no sea que giman los necesitados y su gemido suba al Señor, y sean excluidos con sus bienes fuera de la puerta de la torre. 17.7 Ahora les digo a ustedes que dirigen la iglesia y ocupan los primeros asientos: no sean como los hechiceros. Los hechiceros llevan sus drogas en frascos, pero ustedes llevan su droga y veneno en el corazón."
    17.8 "Están endurecidos y no quieren limpiar sus corazones y mezclar su sabiduría en corazón limpio, para que tengan misericordia del gran Rey. 17.9 Cuidado, pues, hijos, no sea que estas divisiones los priven de su vida. 17.10 ¿Cómo quieren instruir a los elegidos del Señor, no teniendo ustedes mismos instrucción? Instrúyanse, pues, unos a otros y tengan paz entre ustedes, para que yo también me presente gozosa ante el Padre y dé cuenta por todos ustedes a su Señor."
    Comentario editorial · Ilustración: Las siete mujeres que sostienen la torre (16.2)
    Las siete mujeres que sostienen la torre. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Las virtudes que nacen de la fe
    La genealogía de las virtudes sigue un orden lógico-espiritual: la Fe (πίστις) como fundamento genera Continencia (ἐγκράτεια), que produce Sencillez (ἁπλότης), y así sucesivamente hasta el Amor (ἀγάπη) como culminación. Esta secuencia refleja el desarrollo moral progresivo del cristiano desde la conversión inicial hasta la perfección ética.
    Comentario editorial · Crítica social y eclesiástica
    El Pastor de Hermas denuncia la desigualdad económica y la hipocresía clerical en la Iglesia. Llama a los líderes φαρμακοῖς (hechiceros), palabra que implica tanto "medicina" como "veneno" (pharmakon). En vez de sanar, llevan veneno en el corazón y dañan a la comunidad. Así, Hermas enfrenta directamente la distancia entre el ideal evangélico y la realidad de su tiempo.

    El significado de las tres formas de la mujer

    18.1–21.4

    18.1 Cuando dejó de hablar conmigo, vinieron los seis jóvenes que construían y se la llevaron hacia la torre, y otros cuatro levantaron el diván y se lo llevaron también hacia la torre. No vi sus rostros porque estaban vueltos. 18.2 Mientras se iba, le rogué que me revelara sobre las tres formas en que se me había aparecido. Respondiéndome dice: "Sobre estas cosas debes preguntar a otro para que te sean reveladas."
    18.3 Se me apareció, hermanos, en la primera visión del año pasado como muy anciana y sentada en una silla. 18.4 En la segunda visión tenía el rostro más joven, pero el cuerpo y los cabellos ancianos, y me hablaba de pie; estaba más alegre que antes. 18.5 En la tercera visión era completamente más joven y de belleza extraordinaria, solo que tenía los cabellos ancianos; estaba muy alegre y sentada en un diván.
    18.6 Sobre estas cosas estaba muy angustiado, deseando conocer esta revelación. Veo a la anciana en visión de la noche diciéndome: "Toda petición necesita humildad; ayuna, pues, y recibirás lo que pides del Señor." 18.7 Ayuné un día, y esa misma noche se me apareció un joven y me dice: "Porque continuamente pides revelaciones en tus oraciones, cuídate no sea que pidiendo muchas cosas dañes tu carne."
    18.8 "Te bastan estas revelaciones. ¿Acaso puedes ver revelaciones más poderosas que las que has visto?" 18.9 Respondiéndole digo: "Señor, solo pido esto: sobre las tres formas de la anciana, para que la revelación sea completa". Respondiéndome dice: "¿Hasta cuándo serán insensatos? Pero sus dobleces de ánimo los hacen insensatos, y el no tener su corazón puesto en el Señor." 18.10 Respondiéndole de nuevo dije: "Pero de ti, señor, conoceremos estas cosas más exactamente."
    19.1 "Escucha", dice, "sobre las tres formas que buscas conocer. 19.2 ¿Por qué en la primera visión te apareció como anciana y sentada en una silla? Porque su espíritu era anciano y ya marchito y sin fuerza por sus debilidades y dobleces de ánimo. 19.3 Porque como los ancianos, que ya no tienen esperanza de renovarse, no esperan otra cosa sino su descanso, así también ustedes, debilitados por las preocupaciones de la vida, se entregaron a las negligencias y no echaron sus cuidados sobre el Señor; sino que se quebrantó su mente y envejecieron por sus tristezas."
    19.4 "¿Por qué estaba sentada en una silla, quise saber, señor?" "Porque todo débil se sienta en silla a causa de su debilidad, para que se sostenga la debilidad de su cuerpo. Tienes el simbolismo de la primera visión."
    20.1 "En la segunda visión la viste de pie, con el rostro más joven y más alegre que antes, pero el cuerpo y los cabellos ancianos. Escucha", dice, "también esta parábola. 20.2 Cuando un anciano, habiendo ya perdido toda esperanza en sí mismo por su debilidad y pobreza, no espera otra cosa sino el último día de su vida, de repente le es dejada una herencia; al oírlo se levanta y muy gozoso se reviste de fuerza, y ya no se acuesta, sino se pone de pie, y se renueva su espíritu que ya estaba quebrantado por sus circunstancias anteriores, y ya no se sienta, sino actúa con valor. Así también ustedes, al oír la revelación que el Señor les reveló."
    20.3 "Porque tuvo compasión de ustedes y renovó sus espíritus, dejaron sus debilidades, les vino fuerza y se fortalecieron en la fe, y viendo el Señor su fortalecimiento se alegró. Por eso les mostró la construcción de la torre, y les mostrará otras cosas, si de todo corazón tienen paz entre ustedes."
    21.1 "En la tercera visión la viste más joven, hermosa y alegre, y hermosa su forma. 21.2 Como cuando a alguien que está triste le llega una buena noticia, inmediatamente olvida las tristezas anteriores y no espera otra cosa sino la noticia que oyó, y se fortalece para lo bueno, y se renueva su espíritu por el gozo que recibió; así también ustedes han recibido renovación de sus espíritus al ver estos bienes."
    21.3 "Y porque la viste sentada en un diván, la posición es segura, porque el diván tiene cuatro pies y se mantiene firme; porque también el mundo se sostiene por cuatro elementos. 21.4 Los que se han arrepentido completamente serán jóvenes y fundamentados, los que se arrepienten de todo corazón. Tienes completa la revelación; no preguntes más nada sobre revelación. Pero si algo es necesario, te será revelado."

    Cuarta visión

    Una bestia y una novia

    22.1–24.7

    22.1 Lo que vi, hermanos, veinte días después de la visión anterior, fue como figura de la tribulación venidera. 22.2 Iba hacia el campo por el camino Campano. Desde el camino público son como diez estadios; el lugar se recorre fácilmente. 22.3 Caminando solo, ruego al Señor que complete las revelaciones y visiones que me mostró por medio de su santa Iglesia, para que me fortalezca y dé arrepentimiento a sus siervos que se han escandalizado, para que sea glorificado su nombre grande y glorioso porque me tuvo por digno de mostrarme sus maravillas.
    22.4 Mientras lo glorificaba y le daba gracias, como eco de una voz me respondió: "No tengas corazón dividido, Hermas." Comencé a reflexionar dentro de mí y a decir: "¿Cómo puedo tener corazón dividido, estando tan firmemente fundamentado por el Señor y habiendo visto cosas gloriosas?"
    22.5 Avancé un poco más, hermanos, y he aquí que veo una nube de polvo que se alzaba como hasta el cielo, y comencé a decir dentro de mí: "¿Acaso vienen ganados y levantan polvo?" Pues estaba como a un estadio de mí. 22.6 Haciéndose mayor y mayor la nube de polvo, sospeché que era algo divino. Brilló un poco el sol, y he aquí que veo una bestia enorme como una ballena, y de su boca salían langostas de fuego. La bestia tenía unos cien pies de largo, y su cabeza era como una vasija de barro.
    22.7 Comencé a llorar y a rogar al Señor que me librara de ella. Recordé la palabra que había oído: "No tengas corazón dividido, Hermas." 22.8 Habiendo vestido, pues, hermanos, la fe del Señor y recordando las grandezas que me había enseñado, tomé valor y me entregué a la bestia. Venía la bestia con tal ímpetu que podría destruir una ciudad. 22.9 Me acerco a ella, y la enorme ballena se tendió en tierra y solo sacó la lengua, y no se movió en absoluto hasta que pasé junto a ella. 22.10 Tenía la bestia en su cabeza cuatro colores: negro, luego color de fuego y sangre, luego dorado, luego blanco.
    23.1 Después que pasé la bestia y avancé unos treinta pies, he aquí que me sale al encuentro una doncella adornada como si saliera de la cámara nupcial, toda de blanco y con sandalias blancas, velada hasta la frente, y su velo era un turbante, y tenía los cabellos blancos. 23.2 Reconocí por las visiones anteriores que era la Iglesia, y me puse más alegre. Me saluda diciendo: "Buenos días, hombre," y yo la saludé a mi vez: "Buenos días, señora."
    23.3 Respondiéndome me dice: "¿No te salió nada al encuentro?" Le digo: "Señora, una bestia tan grande que podría destruir pueblos enteros, pero por el poder del Señor y por su gran misericordia escapé de ella." 23.4 "Bien escapaste," dice, "porque echaste tu cuidado sobre Dios y abriste tu corazón al Señor, creyendo que por ninguna otra cosa puedes salvarte sino por el Nombre grande y glorioso. Por esto el Señor envió a su ángel, el que tiene autoridad sobre las bestias, cuyo nombre es Tegrí, y cerró su boca para que no te dañara. Grande tribulación has escapado por tu fe, y porque no tuviste corazón dividido al ver bestia tan enorme."
    23.5 "Ve, pues, y declara a los elegidos del Señor sus grandezas, y diles que esta bestia es figura de la gran tribulación venidera. Si, pues, se preparan de antemano y se arrepienten de todo corazón hacia el Señor, podrán escapar de ella, si su corazón se hace puro e irreprochable, y sirven al Señor sin falta los días restantes de su vida. Echen sus cuidados sobre el Señor, y él los enderezará. 23.6 Confíen en el Señor, ustedes los de corazón dividido, porque todo lo puede y aparta su ira de ustedes y envía azotes a ustedes los de corazón dividido. ¡Ay de los que oigan estas palabras y desobedezcan! Mejor les habría sido no haber nacido."
    24.1 Le pregunté acerca de los cuatro colores que tenía la bestia en su cabeza. Respondiéndome me dice: "Otra vez eres curioso acerca de tales cosas." "Sí, señora," digo, "hazme saber qué son estas cosas." 24.2 "Escucha," dice. "Lo negro es este mundo en que habitan. 24.3 Lo color de fuego y sangre significa que este mundo debe perecer por sangre y fuego. 24.4 La parte dorada son ustedes, los que han escapado de este mundo. Porque como el oro es probado por el fuego y se hace útil, así también ustedes son probados los que habitan en él. Los que permanezcan y sean purificados por él serán purificados. Como el oro echa fuera su escoria, así también ustedes echarán toda tristeza y angustia, y serán purificados y útiles para la edificación de la torre. 24.5 La parte blanca es el siglo venidero, en el cual habitarán los elegidos de Dios, porque serán sin mancha y puros los elegidos por Dios para vida eterna."
    24.6 "No dejes, pues, de hablar a los oídos de los santos. Tienen también la figura de la gran tribulación venidera. Pero si ustedes quieren, no será nada. Recuerden lo escrito anteriormente." 24.7 Dicho esto se fue, y no vi hacia dónde se fue; porque se hizo un ruido, y me volví hacia atrás con temor, pensando que venía la bestia.
    Comentario editorial · La bestia
    La bestia apocalíptica del Pastor combina elementos del Leviatán bíblico con el simbolismo imperial romano. Las langostas de fuego evocan las plagas del Éxodo y del Apocalipsis, mientras que la cabeza de cerámica sugiere fragilidad aparente que contrasta con su poder destructivo. Esta imagen prefigura las persecuciones que enfrentará la Iglesia.
    Comentario editorial · Ilustración: La bestia de cabeza de cuatro colores (22.6)
    La bestia de cabeza de cuatro colores. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Ilustración: La doncella vestida de novia sale al encuentro de Hermas (23.1)
    La doncella vestida de novia sale al encuentro de Hermas. Recreación moderna.
    Comentario editorial · El ángel Tegrí
    El nombre Tegrí (Θεγρί) es único en la literatura cristiana primitiva. Algunos estudiosos lo relacionan con tradiciones angelológicas judías donde ciertos ángeles tienen dominio sobre aspectos específicos de la creación. Este ángel representa el poder divino que domestica las fuerzas hostiles, tema central en la apocalíptica cristiana temprana.
    Comentario editorial · Los cuatro colores de la bestia
    Los cuatro colores forman una secuencia temporal y soteriológica: Negro (mundo presente corrompido) → Rojo (juicio purificador) → Oro (Iglesia probada) → Blanco (eternidad gloriosa). Esta progresión refleja la teología cristiana primitiva del aión presente versus el aión futuro, con la tribulación como momento de transición purificadora.

    Quinta visión

    La llegada del Pastor

    25.1–25.7

    25.1 Después de orar en mi casa y sentarme en la cama, entró un varón glorioso en apariencia, en figura de pastor, ceñido de piel blanca, con alforja al hombro y bastón en la mano. Me saludó, y yo lo saludé a mi vez. 25.2 Inmediatamente se sentó junto a mí y me dice: "Fui enviado por el ángel más venerable para que habite contigo los días restantes de tu vida."
    25.3 Pensé que había venido a tentarme, y le digo: "Pues, ¿quién eres tú? Porque yo," digo, "sé a quién he sido entregado." Me dice: "¿No me reconoces?" "No," digo. "Yo," dice, "soy el pastor a quien has sido entregado." 25.4 Mientras me hablaba se transformó su aspecto, y lo reconocí como aquel a quien había sido entregado; inmediatamente me turbé, me tomó el temor, y quedé completamente abatido por la tristeza de haberle respondido tan mal y neciamente.
    25.5 Respondiéndome me dice: "No te turbes, sino fortalécete en mis mandamientos que te voy a mandar. Porque fui enviado," dice, "para mostrarte otra vez todas las cosas que viste antes, especialmente lo que les es útil. Ante todo escribe mis mandamientos y parábolas; las demás cosas las escribirás como te las muestre. Por esto," dice, "te mando escribir primero los mandamientos y parábolas, para que los leas en seguida y puedas guardarlos." 25.6 Escribí, pues, los mandamientos y parábolas como me mandó. 25.7 Si, pues, al oírlos los guardan y caminan en ellos y los practican con corazón puro, recibirán del Señor cuanto les prometió; pero si al oírlos no se arrepienten, sino que añaden a sus pecados, recibirán del Señor lo contrario. Todas estas cosas me mandó escribir así el pastor, el ángel del arrepentimiento.
    Comentario editorial · Ilustración: El Pastor se sienta junto a Hermas (25.1)
    El Pastor se sienta junto a Hermas. Recreación moderna.
    Comentario editorial · El Pastor como ángel del arrepentimiento
    La figura del Pastor (ποιμήν) no es meramente pastoral sino angelical. Como "ángel del arrepentimiento" (ὁ ἄγγελος τῆς μετανοίας), representa la segunda oportunidad que Dios concede a la Iglesia post-apostólica. Esta figura combina autoridad profética, sacerdotal y apocalíptica, estableciendo el marco teológico para los mandamientos que siguen.

    Los mandamientos del Pastor

    Primer mandamiento: fe en el Dios único

    26.1–26.2

    26.1 "Ante todo cree que Dios es uno, el que creó todas las cosas y las ordenó, e hizo que todo existiera de lo que no existía, y que contiene todas las cosas, siendo él solo incontenible. 26.2 Cree, pues, en él y témelo, y temiéndolo ejerce dominio propio. Guarda estas cosas y echarás de ti toda maldad, y te vestirás de toda virtud de justicia, y vivirás para Dios si guardas este mandamiento."

    Segundo mandamiento: sencillez e inocencia

    27.1–27.7

    27.1 Me dice: "Ten sencillez y hazte inocente, y serás como los niños que no conocen la maldad que destruye la vida de los hombres. 27.2 Primero, no hables mal de nadie, ni escuches con gusto al que habla mal. De otro modo, tú el que escuchas serás responsable del pecado del que habla mal, si crees en la maledicencia que oíste; porque creyendo, tú también tendrás algo contra tu hermano. Así serás responsable del pecado del que habla mal."
    27.3 "Mala es la maledicencia; es demonio inestable, que nunca está en paz, sino que siempre habita en disensiones. Apártate, pues, de él, y tendrás siempre prosperidad con todos. 27.4 Vístete de la reverencia, en la cual no hay tropiezo malo, sino que todas las cosas son lisas y alegres. Obra lo bueno, y de tus trabajos que Dios te da, da a todos los necesitados con sencillez, sin dudar a quién dar o a quién no dar. Da a todos, porque Dios quiere que se dé a todos de sus propios dones."
    27.5 "Los que reciben, pues, darán cuenta a Dios de por qué recibieron y para qué; porque los que reciben en tribulación no serán juzgados, pero los que reciben con hipocresía pagarán castigo. 27.6 El que da, pues, es inocente; porque como recibió del Señor el ministerio que debía cumplir, lo cumplió con sencillez, no discerniendo a quién dar o no dar. Este ministerio, pues, cumplido con sencillez, se hizo glorioso ante Dios. El que así sirve con sencillez a Dios, vivirá. 27.7 Guarda, pues, este mandamiento como te he dicho, para que tu arrepentimiento y el de tu casa se halle en sencillez, y puro e inocente e inmaculado."

    Tercer mandamiento: verdad

    28.1–28.5

    28.1 De nuevo me dice: "Ama la verdad, y que toda verdad salga de tu boca, para que el espíritu que Dios hizo habitar en esta carne sea hallado verdadero ante todos los hombres, y así sea glorificado el Señor que habita en ti, porque el Señor es veraz en toda palabra, y nada hay en él falso. 28.2 Los que mienten, pues, niegan al Señor y se hacen defraudadores del Señor, no entregándole el depósito que recibieron. Recibieron de él espíritu no mentiroso. Si lo devuelven mentiroso, contaminaron el mandamiento del Señor y se hicieron defraudadores."
    28.3 Oyendo esto lloré mucho. Viéndome llorar me dice: "¿Por qué lloras?" "Porque, señor," digo, "no sé si puedo salvarme." "¿Por qué?" dice. "Porque, señor," digo, "nunca en mi vida hablé palabra verdadera, sino que siempre viví astutamente con todos, y presenté mi mentira como verdad ante todos los hombres, y nunca nadie me contradijo, sino que creyeron en mi palabra. ¿Cómo, pues," digo, "señor, puedo vivir habiendo hecho esto?" 28.4 "Bien y verdaderamente piensas; porque debías, como siervo de Dios, caminar en verdad, y no debía habitar mala conciencia con el espíritu de la verdad ni traer tristeza al espíritu santo y veraz." "Nunca, señor," digo, "oí con exactitud tales palabras." 28.5 "Ahora, pues," dice, "las oyes. Guárdalas, para que también las mentiras anteriores que dijiste en tus negocios, hallándose verdaderas estas cosas, también aquellas se hagan creíbles; porque también aquellas pueden hacerse creíbles. Si guardas estas cosas y desde ahora dices toda verdad, podrás procurarte vida. Y quien oiga este mandamiento y se aparte de la mentira malísima, vivirá para Dios."
    Comentario editorial · Mentiras pasadas y verdad presente
    El tercer mandamiento introduce la idea de que las mentiras pasadas pueden ser "redimidas" por la verdad presente. Esta teología del arrepentimiento práctico es única en la literatura cristiana primitiva: no solo se trata de confesar, sino de que la nueva vida de verdad transforme retroactivamente la credibilidad del cristiano ante el mundo.

    Cuarto mandamiento: castidad, matrimonio y arrepentimiento

    29.1–32.4

    29.1 "Te mando," dice, "guardar la pureza, y que no suba a tu corazón pensamiento sobre mujer ajena ni sobre fornicación alguna ni sobre semejantes representaciones malas. Haciendo esto cometes gran pecado. Pero acordándote siempre de tu propia mujer, nunca pecarás. 29.2 Porque si este deseo sube a tu corazón, pecarás, y si otras cosas igualmente malas, cometes pecado. Porque este deseo en un siervo de Dios es gran pecado; y si alguien obra esta obra mala, se procura muerte. 29.3 Mira, pues, tú; apártate de este deseo, porque donde habita la santidad, no debe subir la iniquidad al corazón del hombre justo." 29.4 Le digo: "Señor, permíteme preguntarte unas pocas cosas." "Habla," dice. "Señor," digo, "si un hombre tiene mujer creyente en el Señor y la encuentra en algún adulterio, ¿acaso peca el marido viviendo con ella?"
    29.5 "Mientras no sepa," dice, "no peca; pero si el marido conoce su pecado y la mujer no se arrepiente, sino que permanece en su fornicación, y el marido vive con ella, se hace responsable de su pecado y partícipe de su adulterio." 29.6 "¿Qué, pues," digo, "señor, hará el marido si la mujer permanece en esta pasión?" "Que la repudie," dice, "y que el marido permanezca solo; pero si repudiando a la mujer se casa con otra, también él adultera." 29.7 "Si, pues," digo, "señor, después de ser repudiada la mujer se arrepiente y quiere volver a su propio marido, ¿no será recibida?" 29.8 "Ciertamente," dice. "Si el marido no la recibe, peca y trae sobre sí gran pecado; sino que debe recibir al que ha pecado y se arrepiente. Pero no muchas veces; porque para los siervos de Dios hay un arrepentimiento. Por causa del arrepentimiento, pues, no debe casarse el marido. Esta práctica se aplica a mujer y marido."
    29.9 "No solo," dice, "es adulterio si alguien contamina su carne, sino que quien hace cosas semejantes a las de los gentiles, adultera. Por tanto, también en tales obras, si alguien permanece y no se arrepiente, apártate de él y no vivas con él; de otro modo, también tú eres partícipe de su pecado. 29.10 Por esto se les manda permanecer solos, sea marido o mujer; porque en tales casos puede haber arrepentimiento. 29.11 Yo, pues," dice, "no doy ocasión para que este asunto se termine así, sino para que el que ha pecado no peque más. Pero respecto a su pecado anterior, hay Uno que puede dar sanidad; él es quien tiene potestad sobre todas las cosas."
    30.1 Le pregunté otra vez diciendo: "Señor, puesto que el Señor me tuvo por digno de que habites siempre conmigo, soporta aún unas pocas palabras mías, ya que no entiendo nada y mi corazón se ha endurecido por mis obras anteriores; hazme entender, porque soy muy necio y no comprendo absolutamente nada." 30.2 Respondiéndome me dice: "Yo," dice, "estoy al frente del arrepentimiento y doy entendimiento a todos los que se arrepienten. ¿O no te parece," dice, "que este mismo arrepentirse es entendimiento? El arrepentirse," dice, "es gran entendimiento. Porque entiende el que ha pecado que ha hecho lo malo delante del Señor, y sube a su corazón la obra que hizo, y se arrepiente y ya no obra lo malo, sino que obra lo bueno abundantemente, y humilla su alma y la atormenta porque pecó. Ves, pues, que el arrepentimiento es gran entendimiento."
    30.3 "Por esto, pues," digo, "señor, indago todo de ti con precisión; primero porque soy pecador, segundo porque no sé qué obras haciendo viviré, porque mis pecados son muchos y varios." 30.4 "Vivirás," dice, "si guardas mis mandamientos y caminas en ellos; y quien oiga estos mandamientos y los guarde, vivirá para Dios."
    31.1 "Aún," digo, "señor, añadiré el preguntar." "Habla," dice. "Oí," digo, "señor, de algunos maestros que no hay otro arrepentimiento sino aquel cuando bajamos al agua y recibimos perdón de nuestros pecados anteriores." 31.2 Me dice: "Bien oíste; porque así es. Porque el que recibió perdón de pecados no debía pecar más, sino habitar en pureza. 31.3 Pero puesto que todo lo indagas con precisión, también esto te declararé, sin dar ocasión a los que han de creer o a los que ahora han creído en el Señor. Porque los que ahora han creído o han de creer no tienen arrepentimiento de pecados, sino que tienen perdón de sus pecados anteriores. 31.4 A los llamados, pues, antes de estos días estableció el Señor arrepentimiento. Porque siendo conocedor de corazones el Señor y conociéndolo todo de antemano, conoció la debilidad de los hombres y la astucia del diablo, que haría algún mal a los siervos de Dios y se ensañaría contra ellos."
    31.5 "Siendo, pues, muy misericordioso el Señor, se compadeció de su creación y estableció este arrepentimiento, y a mí me fue dada la potestad de este arrepentimiento. 31.6 Pero yo te digo," dice, "después de aquel llamamiento grande y santo, si alguien tentado por el diablo peca, tiene un arrepentimiento. Pero si continuamente peca y se arrepiente, es inútil para tal hombre; porque difícilmente vivirá." 31.7 Le digo: "Cobré vida al oír esto de ti con tanta precisión. Porque sé que si no añado más a mis pecados, me salvaré." "Te salvarás," dice, "y todos cuantos hagan esto."
    32.1 Le pregunté otra vez diciendo: "Señor, puesto que una vez me soportas, también esto me declara." "Habla," dice. "Si una mujer," digo, "señor, o también algún marido muere, y alguno de ellos se casa, ¿acaso peca el que se casa?" 32.2 "No peca," dice; "pero si permanece solo, se procura mayor honor y gran gloria ante el Señor; pero si se casa, no peca. 32.3 Guarda, pues, la pureza y la santidad, y vivirás para Dios. Todas estas cosas que te hablo y he de hablar, guárdalas desde ahora, desde el día que me fuiste entregado, y habitaré en tu casa. 32.4 Pero para tus transgresiones anteriores habrá perdón si guardas mis mandamientos; y para todos habrá perdón si guardan estos mis mandamientos y caminan en esta pureza."
    Comentario editorial · Un solo arrepentimiento después del bautismo
    El Pastor de Hermas articula el principio de la μία μετάνοια ("un arrepentimiento") con una doble limitación: es una sola oportunidad y tiene un plazo temporal. En 29.8 se afirma: “debe recibir al que ha pecado y se arrepiente. Pero no muchas veces; porque para los siervos de Dios hay un arrepentimiento.” Esto se refuerza en 6.5: “el arrepentimiento para los justos tiene fin...” y en 13.5, donde se indica que la oportunidad de arrepentirse dura solo “mientras se construye la torre” (la Iglesia).
    Esta doctrina responde a una crisis pastoral real: ¿qué hacer con los cristianos que caían en pecado grave después del bautismo, cuando muchos pensaban que tal caída era imperdonable? Hermas ofrece una solución a la vez misericordiosa y estricta: concede una única oportunidad de restauración, pero advierte que, tras ella, el arrepentimiento ya no está disponible. Así, el texto subraya la seriedad y urgencia escatológica del compromiso cristiano: la puerta de la reconciliación está abierta, pero no indefinidamente. El equilibrio entre disciplina y misericordia es una de las contribuciones más originales del Pastor a la teología penitencial primitiva.

    Mandamiento 5

    Paciencia e ira

    33.1–34.8

    33.1 "Sé paciente," dice, "y prudente, y dominarás todas las obras malvadas y realizarás toda justicia. 33.2 Porque si eres paciente, el Espíritu Santo que habita en ti será puro, no ensombrecido por otro espíritu malvado, sino que habitando en lugar espacioso se regocijará y se alegrará con el vaso en que habita, y servirá a Dios con mucha alegría, teniendo bienestar en sí mismo.
    33.3 Pero si sobreviene algún arrebato de ira, inmediatamente el Espíritu Santo, que es delicado, se angustia por no tener lugar limpio, y busca apartarse del lugar; porque se ahoga por el espíritu malvado, no teniendo lugar para servir al Señor como quiere, contaminado por la ira. Porque en la paciencia habita el Señor, pero en la ira habita el diablo.
    33.4 Así que si ambos espíritus habitan en el mismo lugar, esto es desventajoso y malvado para aquel hombre en quien habitan. 33.5 Porque si tomas un poco de ajenjo —muy poco— y lo echas en una vasija de miel, ¿acaso no se estropea toda la miel? Y tanta miel se pierde por tan poca cantidad de ajenjo, y destruye la dulzura de la miel, y ya no tiene la misma gracia ante su dueño, porque se amargó y perdió su utilidad. Pero si no se echa el ajenjo en la miel, la miel resulta dulce y se vuelve útil para su dueño.
    33.6 Ves, pues, que la paciencia es más dulce que la miel y útil para el Señor, y él habita en ella. Pero la ira es amarga e inútil. Si, entonces, se mezcla la ira con la paciencia, la paciencia se contamina y su intercesión ya no es útil a Dios."
    33.7 "Quisiera," digo, "señor, conocer la actividad de la ira, para guardarme de ella." "Ciertamente," dice, "si no te guardas de ella tú y tu casa, has perdido toda tu esperanza. Pero guárdate de ella, porque yo estoy contigo. Y todos se abstendrán de ella, cuantos se arrepientan de todo corazón; porque estaré con ellos y los preservaré, pues todos fueron justificados por el ángel muy venerable."
    34.1 "Escucha ahora," dice, "la actividad de la ira, cuán malvada es, y cómo destruye a los siervos de Dios con su propia actividad, y cómo los desvía de la justicia. No desvía a los que están llenos en la fe, ni puede actuar contra ellos, porque el poder del Señor está con ellos; pero desvía a los vacíos y de ánimo dividido.
    34.2 Porque cuando ve a tales hombres en prosperidad, se introduce en el corazón del hombre, y de la nada el hombre o la mujer se amargan por asuntos mundanos, ya sea por comidas o por alguna nimiedad, o por algún amigo, o por dar o recibir, o por cosas necias semejantes. Porque todas estas cosas son necias y vacías y sin sentido e inconvenientes para los siervos de Dios.
    34.3 Pero la paciencia es grande y fuerte, y posee un poder enorme y vigoroso, y prospera en gran amplitud, alegre, gozosa, sin preocupaciones, glorificando al Señor en todo tiempo, no teniendo nada amargo en sí misma, permaneciendo siempre mansa y tranquila. Esta paciencia, por tanto, habita con aquellos cuya fe es completa.
    34.4 Pero la ira primero es necia, liviana e insensata. Luego de la necedad viene la amargura, de la amargura la furia, de la furia la cólera, de la cólera la venganza. Entonces la venganza, compuesta de tantos males, se convierte en pecado grande e incurable.
    34.5 Porque cuando todos estos espíritus habitan en un solo vaso, donde también habita el Espíritu Santo, ese vaso no los puede contener, sino que se desborda. 34.6 Así el espíritu delicado, no teniendo costumbre de habitar con espíritu malvado ni con dureza, se aparta de tal hombre y busca habitar con mansedumbre y tranquilidad.
    34.7 Luego, cuando se aparta de aquel hombre en quien habitaba, ese hombre queda vacío del espíritu justo, y en adelante, lleno de los espíritus malvados, se vuelve inestable en toda actividad suya, arrastrado aquí y allá por los espíritus malvados, y completamente cegado del buen entendimiento. Así sucede, pues, a todos los iracundos.
    34.8 Abstente, pues, de la ira, el espíritu más malvado. Revístete de la paciencia y resiste a la ira y la amargura, y serás hallado en compañía de la santidad amada por el Señor. Mira, pues, que nunca descuides este mandamiento; porque si dominas este mandamiento, también podrás guardar los demás mandamientos que voy a darte. Sé fuerte en ellos y fortalécete, y que se fortalezcan todos cuantos quieran caminar en ellos."
    Comentario editorial · La paciencia como virtud activa
    La paciencia (μακροθυμία) en el cristianismo primitivo no es mera pasividad, sino una virtud activa que crea "espacio amplio" (εὐρυχωρία) para que el Espíritu Santo actúe. La metáfora espacial griega sugiere que las emociones destructivas "estrechan" el alma, mientras que la paciencia la "ensancha" para la acción divina.

    Mandamiento 6

    Los dos caminos y los dos ángeles

    35.1–36.10

    35.1 "Te mandé," dice, "en el primer mandamiento que guardes la fe, el temor y la continencia." "Sí, señor," digo. "Pero ahora," dice, "quiero explicarte los poderes de estas, para que entiendas qué poder y efecto tiene cada una de ellas. Porque sus efectos son dobles; se relacionan tanto con el justo como con el injusto.
    35.2 Tú, pues, confía en lo justo, pero no confíes en lo injusto. Porque el camino de lo justo es recto, pero el camino de lo injusto es torcido. Pero tú sigue el camino recto y llano, y deja el torcido. 35.3 Porque el camino torcido no tiene sendas, sino lugares sin camino y muchos tropiezos, y es áspero y espinoso. Es dañino, por tanto, para los que andan en él. 35.4 Pero los que andan por el camino recto caminan con suavidad y sin tropiezos; porque no es áspero ni espinoso. Ves, pues, que es más conveniente andar por este camino."
    35.5 "Me agrada," digo, "señor, andar por este camino." "Andarás," dice, "y quienquiera que se vuelva al Señor de todo corazón andará en él."
    36.1 "Escucha ahora," dice, "acerca de la fe. Hay dos ángeles con el hombre, uno de justicia y uno de maldad." 36.2 "¿Cómo, pues," digo, "señor, conoceré las actividades de ambos, ya que ambos ángeles habitan conmigo?"
    36.3 "Escucha," dice, "y entiéndelas. El ángel de justicia es delicado y modesto y manso y tranquilo. Cuando este sube a tu corazón, inmediatamente te habla de justicia, de pureza, de santidad, de contentamiento, de toda obra justa y de toda virtud gloriosa. Cuando todas estas cosas suben a tu corazón, sabes que el ángel de justicia está contigo. Estas, pues, son las obras del ángel de justicia. Confía, por tanto, en él y en sus obras.
    36.4 Mira ahora también las obras del ángel de maldad. Primero de todo, es irascible y amargo e insensato, y sus obras son malvadas, destruyendo a los siervos de Dios. Cuando este sube a tu corazón, reconócelo por sus obras. 36.5 "¿Cómo," digo, "señor, lo entenderé? No lo sé." "Escucha," dice. "Cuando te sobreviene algún arrebato de ira o amargura, sabe que él está en ti. Luego el deseo de muchos negocios y el lujo de muchas comidas y bebidas y muchas borracheras y varios placeres innecesarios, y el deseo de mujeres y la avaricia y la soberbia y la jactancia, y cuantas cosas son semejantes y parecidas a estas. Cuando estas cosas suben a tu corazón, sabes que el ángel de maldad está contigo."
    36.6 Tú, pues, reconociendo sus obras, apártate de él y no le creas nada, porque sus obras son malvadas y perjudiciales para los siervos de Dios. Tienes, pues, las actividades de ambos ángeles; entiéndelas y confía en el ángel de justicia. 36.7 Pero apártate del ángel de maldad, porque su enseñanza es malvada en todo respecto. Porque si hay un hombre sumamente fiel, y el pensamiento de ese ángel sube a su corazón, es necesario que ese hombre o esa mujer peque en algo. 36.8 Pero si, por el contrario, hay un hombre o mujer sumamente malvado, y las obras del ángel de justicia suben a su corazón, por necesidad debe hacer algo bueno.
    36.9 Ves, pues," dice, "que es bueno seguir al ángel de justicia, pero renunciar al ángel de maldad. 36.10 Este mandamiento declara las cosas acerca de la fe, para que confíes en las obras del ángel de justicia, y obrándolas vivas para Dios. Pero cree que las obras del ángel de maldad son difíciles; no obrándolas, pues, vivirás para Dios."
    Comentario editorial · Los dos ángeles
    Esta enseñanza refleja el dualismo ético del judaísmo del Segundo Templo, presente también en Qumrán. No es dualismo ontológico (bien vs. mal como fuerzas iguales), sino pedagógico: cada persona tiene influencias espirituales opuestas y debe discernir cuál seguir. El cristiano primitivo entiende la vida espiritual como un campo de batalla donde la gracia divina capacita para la victoria.

    Mandamiento 7

    Temer al Señor

    37.1–37.5

    37.1 "Teme al Señor," dice, "y guarda sus mandamientos. Guardando, pues, los mandamientos de Dios, serás poderoso en toda acción, y tu actividad será incomparable. Porque temiendo al Señor harás todo bien; este es el temor que debes temer, y te salvarás.
    37.2 Pero no temas al diablo; porque temiendo al Señor dominarás al diablo, ya que no hay poder en él. En quien no hay poder, tampoco hay temor; pero en quien hay poder glorioso, también hay temor. Porque todo el que tiene poder tiene temor, pero el que no tiene poder es despreciado por todos.
    37.3 Pero teme las obras del diablo, porque son malvadas. Temiendo, pues, al Señor, temerás las obras del diablo y no las harás, sino que te abstendrás de ellas. 37.4 Dos, pues, son los temores: si quieres hacer lo malo, teme al Señor y no lo harás; pero si quieres hacer lo bueno, teme al Señor y lo harás. De modo que el temor del Señor es fuerte y grande y glorioso. Teme, pues, al Señor, y vivirás para él; y cuantos lo temieren y guardaren sus mandamientos, vivirán para Dios."
    37.5 "¿Por qué," digo, "señor, dijiste acerca de los que guardan sus mandamientos: 'Vivirán para Dios'?" "Porque," dice, "toda criatura teme al Señor, pero no todas guardan sus mandamientos. De los que lo temen, pues, y guardan sus mandamientos, de esos es la vida para con Dios; pero de los que no guardan sus mandamientos, no hay vida en él."
    Comentario editorial · El temor del Señor
    El temor del Señor (φόβος κυρίου) en la tradición bíblica no es terror paralizante, sino reverencia activa que produce obediencia gozosa. Es el reconocimiento de la majestuosidad divina que conduce a la sabiduría práctica y la vida ética.

    Mandamiento 8

    El autocontrol

    38.1–38.12

    38.1 "Te dije," dice, "que las criaturas de Dios son dobles, porque también el autocontrol es doble. En algunas cosas es necesario ejercer autocontrol, pero en otras no es necesario." 38.2 "Infórmame," digo, "señor, en qué cosas es necesario practicar autocontrol y en cuáles no es necesario." "Escucha," dice. "Contrólate del mal y no lo hagas; pero no te controles del bien, sino hazlo. Porque si te controlas de hacer el bien, cometes un gran pecado; pero si te controlas de hacer el mal, practicas gran justicia. Contrólate, pues, de toda maldad haciendo el bien."
    38.3 "¿Cuáles," digo, "señor, son las maldades de las que debemos controlarnos?" "Escucha," dice: "del adulterio y la fornicación, de la embriaguez ilegal, del lujo malvado, de muchas comidas y el derroche de riquezas y la jactancia y la altivez y la soberbia, y de la mentira y la calumnia y la hipocresía, del rencor y de toda blasfemia. 38.4 Estas obras son las más malvadas de todas en la vida de los hombres. De estas obras, pues, debe controlarse el siervo de Dios. Porque el que no se controla de estas no puede vivir para Dios. Escucha también, por tanto, las que siguen a estas."
    38.5 "¿Aún hay," digo, "señor, obras malvadas?" "Ciertamente hay muchas," dice, "de las que debe controlarse el siervo de Dios: robo, mentira, privación, falso testimonio, avaricia, deseo malvado, engaño, vanagloria, jactancia, y cuantas son semejantes a estas. 38.6 ¿No te parecen malvadas estas cosas? Muy malvadas," dice, "para los siervos de Dios. De todas estas debe controlarse el que sirve a Dios. Contrólate, pues, de todas estas, para que vivas para Dios y seas inscrito entre los que se controlan de ellas. Estas, pues, son las cosas de las que debes controlarte."
    38.7 "Pero las cosas de las que no debes controlarte," dice, "sino hacer, escucha: no te controles del bien, sino hazlo." 38.8 "Explícame también," digo, "señor, el poder de las cosas buenas, para que ande en ellas y las sirva, para que obrándolas pueda salvarme." "Escucha," dice, "también las obras de las cosas buenas que debes hacer y no controlarte.
    38.9 Primero de todo, fe, temor del Señor, amor, concordia, palabras de justicia, verdad, paciencia; nada es mejor que estas en la vida de los hombres. Si alguien guarda estas y no se controla de ellas, llega a ser bendito en su vida. 38.10 Luego escucha las que siguen a estas: servir a las viudas, visitar a los huérfanos y necesitados, rescatar de las necesidades a los siervos de Dios, ser hospitalario (porque en la hospitalidad a veces se encuentra el hacer el bien), no oponerse a nadie, ser tranquilo, llegar a ser más humilde que todos los hombres, reverenciar a los ancianos, practicar justicia, preservar la fraternidad, soportar insultos, ser paciente, no guardar rencor, consolar a los que están enfermos de alma, no desechar a los que han tropezado en la fe sino convertirlos y animarlos, amonestar a los pecadores, no oprimir a los deudores y necesitados, y si hay algunas semejantes a estas."
    38.11 "¿No te parecen," dice, "buenas estas cosas?" "¿Qué," digo, "señor, puede ser mejor que estas?" "Anda, pues," dice, "en ellas y no te controles de ellas, y vivirás para Dios. 38.12 Guarda, pues, este mandamiento. Si haces el bien y no te controlas de él, vivirás para Dios, y todos vivirán para Dios los que así obran. Y otra vez, si no haces lo malo y te controlas de ello, vivirás para Dios, y todos vivirán para Dios cuantos guarden estos mandamientos y anduvieren en ellos."
    Comentario editorial · Autocontrol, no ascetismo extremo
    El concepto de ἐγκράτεια (autocontrol) aquí no es ascetismo extremo sino disciplina equilibrada. Se rechaza tanto la licencia moral como el rigorismo excesivo. El cristiano debe "controlarse" del mal pero "no controlarse" del bien, evitando tanto el libertinaje como el puritanismo que impediría las obras de misericordia.

    Mandamiento 9

    La doblez de ánimo

    39.1–39.12

    39.1 Me dice: "Quita de ti la doblez de ánimo, y de ningún modo tengas doblez de ánimo al pedir algo a Dios, diciéndote a ti mismo: '¿Cómo puedo pedir al Señor y recibir, habiendo pecado tanto contra él?' 39.2 No razones estas cosas, sino vuélvete al Señor de todo tu corazón, y pídele sin dudar, y conocerás su muchísima compasión, que de ningún modo te abandonará, sino que cumplirá la petición de tu alma.
    39.3 Porque Dios no es como los hombres que guardan rencor, sino que él no guarda rencor y se compadece de su creación. 39.4 Tú, pues, limpia tu corazón de todas las vanidades de este siglo y de las palabras que antes te dije, y pide al Señor, y recibirás todo, y no faltarás en ninguna de tus peticiones, si pides al Señor sin dudar.
    39.5 Pero si dudas en tu corazón, de ningún modo recibirás alguna de tus peticiones. Porque los que dudan hacia Dios, estos son los de doblez de ánimo, y de ningún modo obtienen algo de sus peticiones. 39.6 Pero los que son completos en la fe hacen todas sus peticiones confiando en el Señor, y las reciben, porque piden sin dudar, sin tener doblez de ánimo alguna. Porque todo hombre de doblez de ánimo, si no se arrepiente, difícilmente se salvará.
    39.7 Limpia, pues, tu corazón de la doblez de ánimo, y revístete de la fe, porque es fuerte, y confía en Dios que recibirás todas las peticiones que haces. Y si después de haber pedido algo al Señor recibes tu petición más lentamente, no tengas doblez de ánimo porque no recibiste rápidamente la petición de tu alma; porque por alguna tentación o alguna transgresión que ignoras, recibes más lentamente tu petición.
    39.8 Tú, pues, no ceses de hacer la petición de tu alma, y la recibirás. Pero si te desanimas y tienes doblez de ánimo al pedir, culpate a ti mismo y no al que te da. 39.9 Mira esta doblez de ánimo; porque es malvada e insensata, y desarraiga a muchos de la fe, aun a los muy fieles y fuertes. Porque esta doblez de ánimo es hija del diablo, y obra mucho mal a los siervos de Dios.
    39.10 Desprecia, pues, la doblez de ánimo y domínala en todo asunto, revistiéndote de la fe fuerte y poderosa. Porque la fe promete todas las cosas, perfecciona todas las cosas; pero la doblez de ánimo, no teniendo confianza en sí misma, falla en todas las obras que hace. 39.11 Ves, pues," dice, "que la fe es de arriba, del Señor, y tiene gran poder; pero la doblez de ánimo es espíritu terrenal del diablo, que no tiene poder. 39.12 Sirve, pues, a la que tiene poder, la fe, y abstente de la doblez de ánimo, que no tiene poder, y vivirás para Dios, y todos vivirán para Dios los que así piensan."
    Comentario editorial · La doblez de ánimo (dipsychía)
    La διψυχία (doblez de ánimo) es un concepto central en Santiago 1:8 y aquí en Hermas. No es mera duda intelectual, sino división interna que paraliza la acción. Es la incapacidad de comprometerse completamente con Dios, manteniendo un pie en el mundo y otro en el reino divino.

    Mandamiento 10

    Alegría y tristeza

    40.1–42.4

    40.1 "Quita de ti," me dice, "la tristeza; porque también ella es hermana de la doblez de ánimo y de la ira." 40.2 "¿Cómo," digo, "señor, es hermana de estas? Porque la ira me parece una cosa, la doblez de ánimo otra, y la tristeza otra." "Eres un hombre insensato," dice. "¿No entiendes que la tristeza es más malvada que todos los espíritus y muy perjudicial para los siervos de Dios, y más que todos los espíritus destruye al hombre y aplasta al Espíritu Santo, y otra vez salva?"
    40.3 "Yo," digo, "señor, soy insensato y no entiendo estas parábolas. ¿Cómo puede aplastar y otra vez salvar? No lo comprendo." 40.4 "Escucha," dice. "Los que nunca investigaron acerca de la verdad ni indagaron acerca de la divinidad, sino que solamente creyeron, y se enredaron en negocios y riquezas y amistades paganas y muchos otros asuntos de este siglo; cuantos, pues, se adhieren a estas cosas, no entienden las parábolas de la divinidad; porque son ensombrecidos por estas acciones y se corrompen y se vuelven estériles.
    40.5 Como las viñas buenas, cuando sufren negligencia, se vuelven estériles por las espinas y hierbas de varias clases, así los hombres que creyeron y cayeron en estas muchas actividades mencionadas antes se extravían de su entendimiento y no comprenden nada en absoluto acerca de la justicia. Pero cuando oyen acerca de la divinidad y la verdad, su mente se ocupa de sus asuntos, y no entienden nada en absoluto.
    40.6 Pero los que tienen temor de Dios e investigan acerca de la divinidad y la verdad, y tienen su corazón dirigido hacia el Señor, perciben y entienden más rápidamente todo lo que se les dice, porque tienen el temor del Señor en sí mismos; porque donde habita el Señor, allí también hay mucho entendimiento. Adhiérete, pues, al Señor, y entenderás y comprenderás todas las cosas."
    41.1 "Escucha ahora," dice, "insensato, cómo la tristeza aplasta al Espíritu Santo y otra vez salva. 41.2 Cuando el hombre de doblez de ánimo emprende alguna acción y fracasa en ella a causa de su doblez de ánimo, esta tristeza entra en el hombre y entristece al Espíritu Santo y lo aplasta.
    41.3 Luego otra vez, cuando la ira se adhiere al hombre por algún asunto y se amarga mucho, otra vez la tristeza entra en el corazón del hombre que se airó, y se entristece por la acción que hizo, y se arrepiente porque obró mal. 41.4 Esta tristeza, pues, parece traer salvación, porque el que obró mal se arrepintió. Ambas acciones, pues, entristecen al espíritu: la doblez de ánimo, porque no tuvo éxito en su empresa, y la ira entristece al espíritu, porque hizo lo malo. Ambas, pues, son causa de tristeza para el Espíritu Santo: la doblez de ánimo y la ira.
    41.5 Quita, pues, de ti la tristeza y no oprimas al Espíritu Santo que habita en ti, no sea que interceda contra ti ante Dios y se aparte de ti. 41.6 Porque el espíritu de Dios que fue dado a esta carne no soporta tristeza ni estrechez."
    42.1 "Revístete, pues, de la alegría que siempre tiene gracia ante Dios y es agradable a él, y deléitate en ella. Porque todo hombre alegre hace cosas buenas y piensa cosas buenas, y desprecia la tristeza. 42.2 Pero el hombre triste siempre obra mal; primero obra mal porque entristece al Espíritu Santo que fue dado al hombre alegre; segundo, entristeciendo al Espíritu Santo comete iniquidad, no intercediendo ni confesando a Dios. Porque la intercesión del hombre triste nunca tiene poder para subir al altar de Dios."
    42.3 "¿Por qué," digo, "no sube al altar la intercesión del que se entristece?" "Porque," dice, "la tristeza está asentada en su corazón. Mezclada, pues, la tristeza con la intercesión, no permite que la intercesión suba pura al altar. Porque como el vinagre mezclado con vino en el mismo recipiente no tiene el mismo sabor agradable, así también la tristeza mezclada con el Espíritu Santo no tiene la misma intercesión.
    42.4 Límpiáte, pues, de esta tristeza malvada, y vivirás para Dios; y todos vivirán para Dios cuantos desechen de sí la tristeza y se revistan de toda alegría."
    Comentario editorial · Dos clases de tristeza
    Hermas distingue sutilmente entre la tristeza según Dios (que lleva al arrepentimiento, cf. 2 Cor 7:10) y la tristeza del mundo (que lleva a la muerte espiritual). La tristeza es "hermana" de la doblez de ánimo porque ambas paralizan la acción espiritual efectiva. La alegría cristiana no es optimismo superficial, sino confianza profunda en la bondad de Dios que libera para el servicio.

    Mandamiento 11

    Profetas verdaderos y falsos

    43.1–43.21

    43.1 Me mostró a unos hombres sentados en un banco, y a otro hombre sentado en una silla. Y me dice: “¿Ves a los que están sentados en el banco?” “Los veo, señor”, respondí. “Estos,” dice, “son fieles; pero el que está sentado en la silla es un falso profeta, que destruye la mente de los siervos de Dios; en realidad, destruye la mente de los de doble ánimo, no la de los creyentes.
    43.2 Estos, pues, los de doble ánimo, acuden a él como a un adivino y le preguntan qué les sucederá. Y ese falso profeta, no teniendo en sí poder alguno del Espíritu divino, conversa con ellos conforme a sus preguntas y según los deseos de la maldad que hay en ellos, y colma sus almas tal como ellos mismos quieren.
    43.3 Porque, siendo él vacío, responde cosas vacías a los vacíos: lo que sea que le pregunten, responde conforme al vacío del que pregunta. Sin embargo, a veces dice algunas palabras verdaderas; pues el diablo lo llena con su propio espíritu, para ver si logra quebrantar a alguno de los justos.
    43.4 Por eso, quienes son fuertes en la fe del Señor, revestidos de la verdad, no se adhieren a tales espíritus, sino que se apartan de ellos. En cambio, los de doble ánimo, que cambian de parecer con frecuencia, practican la adivinación como los paganos y se acarrean mayor pecado con sus idolatrías. Porque quien consulta a un falso profeta sobre cualquier asunto es idólatra, carece de la verdad y es insensato.
    43.5 Pues ningún espíritu dado por Dios necesita ser consultado; antes bien, teniendo la potencia de la divinidad, habla por iniciativa propia todo lo que conviene, porque viene de arriba, del poder del Espíritu divino.
    43.6 Pero el espíritu que es consultado y responde según los deseos de quienes lo consultan es terrenal y veleidoso, sin poder, y no habla en absoluto si no se le consulta.
    43.7 “Entonces, señor,” dije, “¿cómo conocerá una persona quién de ellos es profeta y quién falso profeta?” “Escucha,” dice, “acerca de ambos profetas; y conforme a lo que voy a decirte, pon a prueba al profeta y al falso profeta. Discierne al hombre que tiene el Espíritu divino por su vida.
    43.8 Primero: el que tiene el Espíritu divino desde arriba es manso, silencioso y humilde; se aparta de toda maldad y de los deseos vanos de este siglo; se considera más necesitado que los demás y no responde a nadie por el mero hecho de ser consultado (ni el Espíritu Santo habla porque un hombre quiera hablar), sino que habla cuando Dios quiere que hable.
    43.9 De modo que, cuando el hombre que tiene el Espíritu divino entra en una asamblea de varones justos que tienen fe en el Espíritu de Dios, y la congregación eleva intercesión a Dios, el ángel del espíritu profético que le está asignado lo llena; y, lleno del Espíritu Santo, aquel hombre habla a la multitud tal como el Señor quiere.
    43.10 Así, pues, se hará patente el Espíritu de la divinidad. En cuanto al Espíritu del Señor, ésta es su fuerza.
    43.11 Ahora escucha sobre el espíritu terrenal y vacío, falto de poder y necio.
    43.12 Ante todo, el que parece tener espíritu se ensalza a sí mismo y quiere ocupar el primer asiento; enseguida es altanero, desvergonzado y hablador, vive entre lujos y muchos placeres, y recibe recompensas por su profetizar; y si no recibe, no profetiza. ¿Puede un Espíritu divino recibir paga y aún profetizar? Es imposible que lo haga un profeta de Dios: el espíritu de tales “profetas” es terrenal.
    43.13 Además, no se acerca a una asamblea de justos, sino que la evita; se adhiere a los de doble ánimo y a los vacíos, y les profetiza en una esquina, engañándolos, hablando conforme a sus deseos, todo con vaciedad; pues responde a vacíos, y el vaso vacío, puesto con otros vacíos, no se quiebra, sino que hace juego con los demás.
    43.14 Pero cuando llega a una asamblea llena de varones justos que tienen el Espíritu de la divinidad, y ellos elevan intercesión, ese hombre queda vacío, y el espíritu terrenal huye de él por temor; y el hombre se queda mudo y completamente quebrantado, incapaz de decir nada.
    43.15 Porque si almacenas vino o aceite en un depósito y colocas entre ellos una jarra vacía, y luego quieres vaciar de nuevo el depósito, hallarás vacía aquella jarra que pusiste vacía. Así también los profetas vacíos: cuando vienen entre espíritus de justos, tal como llegaron, así se encuentran.
    43.16 Tienes, pues, la vida de ambos tipos de profetas. Examina por las obras y la vida al hombre que dice ser portador del Espíritu.
    43.17 Tú, en cambio, confía en el Espíritu que viene de Dios y tiene poder; pero no creas en absoluto al espíritu terrenal y vacío, porque carece de poder: viene del diablo.
    43.18 Escucha, entonces, la parábola que voy a decirte: toma una piedra y lánzala al cielo; mira si puedes alcanzarlo. O bien, toma un sifón de agua y hazla subir hacia el cielo; mira si puedes perforar el cielo.
    43.19 “¿Cómo podrían suceder estas cosas, señor?” dije. “Ambas son imposibles.” “Así como esto es imposible, así también los espíritus terrenales son impotentes y sin fuerza.
    43.20 Ahora considera el poder que viene de arriba: el granizo es una bolita muy pequeña, y cuando cae sobre la cabeza de un hombre, ¡cuánto dolor causa! O, de nuevo, toma la gota que cae del tejado a tierra, y perfora la roca.
    43.21 Ves, pues, que las cosas más pequeñas que vienen de arriba, al caer sobre la tierra, tienen gran poder; así también el Espíritu divino que viene de arriba es poderoso. Cree en este Espíritu y apártate del otro.
    Comentario editorial · Consultar al falso profeta
    En 43.4–6, “consultar” (ἐπερωτᾶν) remite a prácticas oraculares comunes en el entorno grecorromano. Hermas equipara buscar “respuestas al momento" con idolatría, porque reemplaza la obediencia al Espíritu Santo —que habla cuando quiere Dios— por la manipulación de un “espíritu” que responde a deseos humanos.
    Comentario editorial · Cómo distinguir al verdadero profeta
    • Verdadero profeta: mansedumbre, silencio interior, humildad, desapego de deseos vanos, gratuidad, habla cuando Dios quiere y en el contexto de la asamblea en oración.
    • Falso profeta: ansia de primacía, arrogancia, charlatanería, vida lujosa, cobro por “profetizar”, evita a los justos, halaga deseos, actúa en rincones y busca clientela.
    • Regla de oro: “Discierne por la vida y las obras” (43.7, 43.16); el Espíritu de Dios no se somete a consultas del momento.
    Comentario editorial · Doblez de ánimo y autoengaño
    La διψυχία (doblez de ánimo) reaparece aquí como la puerta de entrada al autoengaño religioso: quien busca oráculos que confirmen sus deseos termina idolatrando su propia voluntad. El contraste “de arriba / terrenal” estructura todo el pasaje: lo de arriba es pequeño pero eficaz (granizo, gota que horada), mientras que lo terrenal hace ruido, promete mucho y carece de poder real.

    Mandamiento 12

    Los deseos buenos y malvados

    44.1–46.1

    44.1 Me dice: "Quita de ti todo deseo malvado, y revístete del deseo bueno y santo; porque revistiéndote de este deseo, aborrecerás el deseo malvado y lo dominarás como quieras. 44.2 Porque el deseo malvado es feroz y se domestica con dificultad; porque es terrible y gasta mucho a los hombres con su ferocidad. Especialmente si un siervo de Dios cae en él y no es prudente, es gastado terriblemente por él. Gasta a los tales que no tienen la vestidura del deseo bueno, sino que están enredados en este siglo. A estos, pues, los entrega a muerte."
    44.3 "¿Cuáles," digo, "señor, son las obras del deseo malvado que entregan a los hombres a muerte? Házmelo saber, para que me aparte de ellas." "Escucha," dice, "en qué obras da muerte el deseo malvado a los siervos de Dios.
    45.1 "Sobre todo prevalece el deseo de mujer ajena o de hombre ajeno, y de lujo de riquezas y de comidas muchas y vanas y bebidas, y otros placeres muchos y necios; porque todo placer es necio y vacío para los siervos de Dios. 45.2 Estos deseos, pues, son malvados y dan muerte a los siervos de Dios. Porque este deseo malvado es hija del diablo. Es necesario, pues, abstenerse de los deseos malvados, para que absteniéndose vivan para Dios.
    45.3 Pero cuantos sean dominados por ellos y no les resistan, mueren completamente; porque estos deseos son mortales. 45.4 Pero tú revístete del deseo de justicia, y habiéndote armado con el temor del Señor, resísteles. Porque el temor de Dios habita en el deseo bueno. Si el deseo malvado te ve armado con el temor de Dios y resistiéndole, huirá lejos de ti, y no te aparecerá más, temiendo tus armas.
    45.5 Tú, pues, habiendo vencido y coronándote contra él, ven al deseo de la justicia, y entregándole la victoria que recibiste, sírvele como él quiere. Si sirves al deseo bueno y te sujetas a él, podrás dominar el deseo malvado y sujetarlo como quieras."
    46.1 "Quisiera," digo, "señor, saber de qué maneras debo servir al deseo bueno." "Escucha," dice: "practica justicia y virtud, verdad y temor del Señor, fe y mansedumbre, y cuantas cosas buenas son semejantes a estas. Practicando estas cosas serás siervo agradable a Dios y vivirás para él; y todo el que sirva al deseo bueno vivirá para Dios."
    Comentario editorial · Deseos buenos y malos
    La ἐπιθυμία (deseo/anhelo) no es inherentemente mala en el pensamiento griego cristiano primitivo. Hermas distingue entre deseos destructivos (que llevan a la muerte espiritual) y constructivos (que llevan a la vida). La clave está en revestirse (ἐνδύω) del deseo correcto, sugiriendo que la transformación moral requiere cambio de "ropa" espiritual, no mera supresión.

    Instrucciones finales

    46.2–49.5

    46.2 Así completó los doce mandamientos, y me dice: "Tienes estos mandamientos; camina en ellos y exhorta a los que escuchan para que su arrepentimiento sea puro el resto de los días de su vida. 46.3 Ejecuta cuidadosamente este ministerio que te doy, y obrarás mucho; porque hallarás gracia en los que han de arrepentirse, y obedecerán tus palabras; porque yo estaré contigo y los forzaré a obedecerte."
    46.4 Le digo: "Señor, estos mandamientos son grandes y buenos y gloriosos, y pueden alegrar el corazón del hombre que pueda guardarlos. Pero no sé si estos mandamientos pueden ser guardados por un hombre, porque son muy duros." 46.5 Respondiendo me dice: "Si te propones que pueden ser guardados, fácilmente los guardarás, y no serán duros; pero si ya ha entrado en tu corazón que no pueden ser guardados por un hombre, no los guardarás.
    46.6 Pero ahora te digo: si no los guardas, sino que los descuidas, no tendrás salvación, ni tus hijos ni tu casa, puesto que ya has decidido por ti mismo que estos mandamientos no pueden ser guardados por un hombre."
    47.1 Y estas cosas me habló muy airadamente, de modo que me turbé y le temí mucho; porque su forma se cambió, de manera que un hombre no podía soportar su ira. 47.2 Pero viéndome completamente perturbado y confundido, comenzó a hablarme más benignamente y con alegría, y dice: "Necio, sin entendimiento y de doblez de ánimo, ¿no entiendes cuán grande y fuerte y maravillosa es la gloria de Dios, que creó el mundo a causa del hombre y sometió toda su creación al hombre, y le dio toda autoridad para señorear sobre todo lo que está bajo el cielo?
    47.3 Si, pues," dice, "el hombre es señor de todas las criaturas de Dios y señorea sobre todas, ¿no puede también señorear sobre estos mandamientos? Puede," dice, "el hombre que tiene al Señor en su corazón señorear sobre todas estas cosas y sobre todos estos mandamientos. 47.4 Pero los que tienen al Señor en los labios, pero su corazón está endurecido y están lejos del Señor, para esos estos mandamientos son duros y difíciles de andar.
    47.5 Poned, pues, vosotros que estáis vacíos y ligeros en la fe, al Señor en vuestro corazón, y conoceréis que nada hay más fácil que estos mandamientos, ni más dulce, ni más suave. 47.6 Convertíos vosotros que camináis en los mandamientos del diablo, los difíciles y amargos y ásperos y licenciosos, y no temáis al diablo, porque no hay poder en él contra vosotros.
    47.7 Porque yo estaré con vosotros, yo, el ángel del arrepentimiento, que señoreo sobre él. El diablo solamente tiene temor, pero su temor no tiene fuerza. No le temáis, pues, y huirá de vosotros."
    48.1 Le digo: "Señor, escúchame unas pocas palabras." "Di," dice, "lo que quieras." "El hombre," digo, "señor, está dispuesto a guardar los mandamientos de Dios, y no hay nadie que no pida al Señor que sea fortalecido en sus mandamientos y se sujete a ellos; pero el diablo es duro y los domina."
    48.2 "No puede," dice, "dominar a los siervos de Dios que esperan en él de todo corazón. El diablo puede luchar, pero no puede derribar. Si, pues, le resistís, vencido huirá de vosotros avergonzado. Pero cuantos," dice, "están vacíos, temen al diablo como si tuviera poder.
    48.3 Cuando un hombre llena suficientes vasijas de buen vino, y entre aquellas vasijas algunas están parcialmente vacías, viene a las vasijas y no examina las llenas; porque sabe que están llenas; pero examina las parcialmente vacías, temiendo que se hayan agriado; porque las vasijas parcialmente vacías pronto se agrian, y se pierde el sabor del vino. 48.4 Así también el diablo viene a todos los siervos de Dios para tentarlos. Cuantos, pues, están llenos en la fe, le resisten fuertemente, y él se aparta de ellos, no teniendo lugar donde entrar. Viene, pues, entonces a los parcialmente vacíos, y teniendo lugar entra en ellos, y hace lo que quiere en ellos, y se hacen esclavos suyos."
    49.1 "Pero yo os digo, yo, el ángel del arrepentimiento: no temáis al diablo. Porque fui enviado," dice, "para estar con vosotros que os arrepentís de todo corazón, y para fortaleceros en la fe. 49.2 Creed, pues, en Dios, vosotros que a causa de vuestros pecados habéis desesperado de vuestra vida y añadís pecados y hacéis gravosa vuestra vida, que si os convertís al Señor de todo vuestro corazón y obráis justicia los días restantes de vuestra vida y le servís rectamente conforme a su voluntad, él dará sanidad a vuestros pecados anteriores, y tendréis poder para dominar las obras del diablo. Pero la amenaza del diablo no la temáis en absoluto; porque es sin fuerza, como los nervios de un muerto.
    49.3 Escuchadme, pues, y temed al que puede todas las cosas, salvar y destruir, y guardad estos mandamientos, y viviréis para Dios." 49.4 Le digo: "Señor, ahora he sido fortalecido en todas las ordenanzas del Señor, porque tú estás conmigo; y sé que quebrantarás todo el poder del diablo, y nosotros le dominaremos y prevaleceremos sobre todas sus obras. Y espero, señor, poder ahora guardar estos mandamientos que has mandado, siendo el Señor quien me fortalece."
    49.5 "Los guardarás," dice, "si tu corazón se hace puro para con el Señor; y todos los guardarán, cuantos purifiquen sus corazones de los deseos vanos de este siglo, y vivirán para Dios."
    Comentario editorial · La parábola de las vasijas
    La parábola de las vasijas ilustra la relación entre plenitud espiritual y resistencia al mal. El diablo es como un inspector de bodegas que busca vino agrio: no molesta las vasijas llenas (πλήρης) sino las parcialmente vacías (ἀπόκενος). La imagen sugiere que la vida espiritual no es neutralidad sino ocupación total del corazón por Dios.
    Comentario editorial · Un corazón no dividido
    La pureza de corazón (καθαρὰ καρδία) no es perfección moral sino sencillez de propósito: un corazón no dividido entre Dios y el mundo. Esta es la respuesta final de Hermas al problema de la dificultad moral: no se trata de capacidad humana sino de unificación interior bajo el señorío de Cristo. El corazón puro no lucha contra tentaciones porque está completamente ocupado por Dios.

    Las parábolas

    Parábola primera: las dos ciudades

    50.1–50.11

    50.1 Me habla así: "Sabes," me dice, "que habitan ustedes como extranjeros, ustedes los siervos de Dios; pues su ciudad está lejos de esta ciudad. Si conocen, entonces," dice, "su ciudad en la cual han de habitar, ¿por qué se preparan aquí campos y posesiones costosas y edificios y habitaciones inútiles? 50.2 El que prepara estas cosas para esta ciudad no piensa regresar a su propia ciudad.
    50.3 ¡Hombre insensato, de doble ánimo y miserable! ¿No comprendes que todas estas cosas son ajenas y están bajo el poder de otro? Pues dirá el señor de esta ciudad: 'No quiero que habites en mi ciudad, sino sal de esta ciudad, porque no te sometes a mis leyes.' 50.4 Tú, entonces, que tienes campos y casas y muchas otras posesiones, cuando seas expulsado por él, ¿qué harás con tu campo y tu casa y todo lo demás que preparaste para ti? Pues te dice con justicia el señor de esta región: 'O te sometes a mis leyes, o márchate de mi territorio.' 50.5 ¿Qué piensas hacer, entonces, teniendo ley en tu propia ciudad? ¿Por causa de tus campos y demás posesiones renunciarás completamente a tu ley y caminarás según la ley de esta ciudad? Cuida que no te convenga renunciar a tu ley; pues si quisieras regresar a tu ciudad, no serás recibido porque renunciaste a la ley de tu ciudad, y serás excluido de ella.
    50.6 Mira, pues: como quien habita en tierra extraña, no te prepares más que lo suficiente, lo que te basta, y mantente dispuesto para que cuando el dueño de esta ciudad quiera expulsarte por oponerte a su ley, salgas de su ciudad y te vayas a tu ciudad y uses tu ley sin afrenta, regocijándote. 50.7 Cuiden, entonces, ustedes que sirven al Señor y lo tienen en su corazón: hagan las obras de Dios recordando sus mandamientos y las promesas que hizo, y confíen en él que las cumplirá, si sus mandamientos son guardados.
    50.8 En lugar de campos, pues, compren almas afligidas, según cada uno sea capaz, y visiten a viudas y huérfanos, y no los descuiden, y gasten su riqueza y todas sus posesiones en tales campos y casas, las que recibieron de Dios. 50.9 Para esto los enriqueció el Dueño, para que cumplan estos servicios para él; mucho mejor es comprar tales campos y posesiones y casas, que encontrarán en su ciudad cuando regresen a ella. 50.10 Esta magnificencia es hermosa y pura, no trae tristeza ni temor, sino gozo. No practiquen, pues, la magnificencia de los paganos, porque es dañina para ustedes, los siervos de Dios; 50.11 sino practiquen su propia magnificencia, en la cual pueden regocijarse; y no falsifiquen, ni toquen lo ajeno ni lo codicien; pues es malo codiciar lo ajeno. Haz tu propia obra, y serás salvo."
    Comentario editorial · Dos ciudades
    La metáfora de las dos ciudades refleja la tensión escatológica del cristianismo primitivo: los creyentes viven como παροικία (residentes temporales) en el mundo presente, mientras su verdadera ciudadanía está en la ciudad celestial. Este concepto, fundamental en la literatura cristiana temprana, aparece también en la Carta a Diogneto y anticipa la Civitas Dei de Agustín.
    Comentario editorial · La economía cristiana primitiva
    Aquí el Pastor nos invita a pensar la "magnificencia" no como lujo o riqueza material, sino como generosidad concreta. La "magnificencia cristiana" significa comprar almas (ψυχὰς ἀγοράζειν): ayudar a otros, especialmente a los que sufren, usando nuestros recursos para aliviar su necesidad. Así, la verdadera riqueza no está en acumular cosas, sino en rescatar y acompañar a personas a través de la misericordia. Es una forma de vida donde el dinero sirve para el bien de los demás, no para uno mismo.

    Parábola segunda: el olmo y la vid

    51.1–51.10

    51.1 Mientras caminaba por el campo y contemplaba un olmo y una vid, y reflexionaba sobre ellos y sus frutos, se me aparece el pastor y me dice: "¿Qué deliberas en tu interior?" "Medito, señor," le digo, "sobre el olmo y la vid, porque se complementan admirablemente."
    51.2 "Estos dos árboles," dice, "están puestos como modelo para los siervos de Dios." "Quería, señor," le digo, "conocer el modelo de estos árboles de los que hablas." "¿Ves," dice, "el olmo y la vid?" "Los veo, señor," le digo. 51.3 "Esta vid," dice, "produce fruto, pero el olmo es árbol estéril; pero esta vid, si no sube sobre el olmo, no puede dar mucho fruto tendida en el suelo, y el fruto que da se pudre al no colgar del olmo. Cuando, pues, la vid se echa sobre el olmo, da fruto tanto de sí misma como del olmo. 51.4 Ves, entonces, que también el olmo da mucho fruto, no menos que la vid, sino aún más." "¿Cómo, señor, más?" le digo. "Porque," dice, "la vid colgada del olmo da fruto abundante y bueno, pero tendida en el suelo da fruto podrido y escaso. Esta parábola, pues, se aplica a los siervos de Dios, al pobre y al rico."
    51.5 "¿Cómo, señor? Explícamelo." "Escucha," dice: "El rico tiene mucho dinero, pero es pobre hacia el Señor, distraído con su riqueza, y muy pequeña tiene su confesión y súplica al Señor, y la que tiene es pequeña y débil y no tiene poder hacia arriba. Cuando, pues, el rico se apoya en el pobre y le provee lo necesario, cree que lo que haga al pobre podrá encontrar recompensa ante Dios; porque el pobre es rico en súplica y confesión, y su súplica tiene gran poder ante Dios. El rico, entonces, provee al pobre todas las cosas sin dudar. 51.6 Y el pobre, siendo provisto por el rico, suplica por él a Dios, dándole gracias por quien le da. Y aquel también se esfuerza más por el pobre, para que no le falte nada en su vida; pues sabe que la súplica del pobre es acepta y rica ante Dios.
    51.7 Ambos, pues, cumplen la obra: el pobre trabaja en la súplica, en la cual es rico, que recibió del Señor; esta la devuelve al Señor que se la provee. Y el rico igualmente comparte sin dudar con el pobre la riqueza que recibió del Señor. Y esta obra es grande y acepta ante Dios, porque comprendió acerca de su riqueza y trabajó para el pobre con los dones del Señor y cumplió rectamente el ministerio. 51.8 Ante los hombres, pues, el olmo parece no dar fruto, y no saben ni entienden que, si llega sequía, el olmo que tiene agua alimenta a la vid, y la vid teniendo agua continua da doble fruto, tanto el suyo como el del olmo. Así también los pobres suplicando al Señor por los ricos completan su riqueza, y de nuevo los ricos proveyendo a los pobres lo necesario completan sus almas. 51.9 Se hacen, pues, ambos partícipes de la obra justa. El que hace estas cosas no será abandonado por Dios, sino que será inscrito en los libros de los vivientes. 51.10 Bienaventurados los que tienen y entienden que son enriquecidos por el Señor; pues el que comprende esto podrá hacer alguna obra buena."
    Comentario editorial · Ricos y pobres: el olmo y la vid
    La simbiosis espiritual entre ricos y pobres es uno de los pasajes más conocidos del Pastor. La metáfora del olmo (rico) y la vid (pobre) no romantiza la pobreza, sino que establece una economía de intercambio espiritual: el rico provee recursos materiales, el pobre aporta su ἔντευξις (intercesión) poderosa ante Dios. Esta teología de reciprocidad contrasta radicalmente con las estructuras sociales greco-romanas.

    Parábola tercera: árboles en invierno

    52.1–52.3

    52.1 Me mostró muchos árboles que no tenían hojas, sino que me parecían secos; pues todos eran semejantes. Y me dice: "¿Ves estos árboles?" "Los veo, señor," le digo, "semejantes y secos." Respondiéndome dice: "Estos árboles que ves son los que habitan en este mundo." 52.2 "¿Por qué, entonces, señor," le digo, "parecen secos y semejantes?" "Porque," dice, "ni los justos ni los pecadores se distinguen en este mundo, sino que son semejantes; pues este mundo es invierno para los justos, y no se distinguen habitando con los pecadores. 52.3 Pues como en el invierno los árboles que han perdido las hojas son semejantes, y no se ve cuáles están secos y cuáles vivos, así también en este mundo ni los justos ni los pecadores se pueden distinguir, sino que todos son semejantes."

    Parábola cuarta: árboles en verano

    53.1–53.8

    53.1 De nuevo me mostró muchos árboles, unos brotando y otros secos, y me dice: "¿Ves," dice, "estos árboles?" "Los veo, señor," le digo, "unos brotando y otros secos." 53.2 "Estos árboles," dice, "que brotan son los justos que habitarán en el siglo venidero; pues el siglo venidero es verano para los justos, pero invierno para los pecadores. Cuando, pues, resplandezca la misericordia del Señor, entonces se manifestarán los que sirven a Dios; y se manifestarán todos. 53.3 Pues como en el verano se manifiestan los frutos de cada árbol y se reconoce de qué clase son, así también los frutos de los justos serán manifiestos y se conocerán todos florecientes en aquel mundo.
    53.4 Pero los paganos y los pecadores, como viste los árboles secos, tales se encontrarán secos e infructuosos en aquel mundo, y como leña serán quemados, y serán manifiestos porque su conducta fue mala en su vida. Pues los pecadores serán quemados porque pecaron y no se arrepintieron; y los paganos serán quemados porque no conocieron al que los creó. 53.5 Tú, pues, da fruto, para que en aquel verano se conozca tu fruto. Pero abstente de muchos negocios, y no pecarás en nada. Pues los que se ocupan en muchos negocios también pecan mucho, distraídos con sus negocios y no sirviendo en nada a su Señor. 53.6 ¿Cómo, pues," dice, "puede tal persona pedir algo al Señor y recibir, no sirviendo al Señor? Los que le sirven, esos recibirán sus peticiones, pero los que no sirven al Señor no recibirán nada. 53.7 Pero si alguien practica un solo negocio, puede también servir al Señor; pues su mente no se corromperá alejándose del Señor, sino que le servirá teniendo su mente pura. 53.8 Si haces estas cosas, pues, podrás dar fruto para el siglo venidero; y cualquiera que haga estas cosas, dará fruto."
    Comentario editorial · Contra los muchos negocios
    La advertencia contra πολλὰς πραγματείας (muchos negocios) no condena el trabajo, sino la distracción espiritual causada por la multiplicidad de ocupaciones. En el contexto del siglo II, cuando muchos cristianos eran artesanos y comerciantes, esta enseñanza busca equilibrio: un μία πραγματεία (un solo negocio) permite mantener καθαρὰν διάνοιαν (mente pura) para el servicio a Dios.

    Parábola quinta: el ayuno verdadero

    54.1–54.5

    54.1 Ayunando y sentado en cierto monte y dando gracias al Señor por todo lo que había hecho conmigo, veo al pastor sentado junto a mí y diciéndome: "¿Por qué has venido aquí tan temprano?" "Porque, señor," le digo, "tengo estación." 54.2 "¿Qué," dice, "es estación?" "Ayuno, señor," le digo. "¿Y qué," dice, "es este ayuno que ayunan?" "Como acostumbro, señor," le digo, "así ayuno." 54.3 "No saben," dice, "ayunar a Dios, ni es ayuno esta práctica inútil que ayunan para él." "¿Por qué, señor," le digo, "dices esto?" "Te digo," dice, "que no es ayuno este que creen ayunar; sino yo te enseñaré qué es ayuno completo y acepto al Señor." "Sí, señor," le digo, "me harás bienaventurado si conozco el ayuno acepto a Dios." "Escucha," dice.
    54.4 "Dios no quiere tal ayuno vano; pues ayunando así a Dios nada haces para la justicia. Pero ayuna a Dios tal ayuno: 54.5 No hagas maldad en tu vida, y sirve al Señor con corazón limpio; guarda sus mandamientos caminando en sus preceptos, y no permitas que ningún mal deseo suba a tu corazón; y cree en Dios. Y si haces estas cosas y le temes y te abstienes de toda obra mala, vivirás para Dios; y si haces estas cosas, completarás un ayuno grande y acepto a Dios.

    La parábola del viñedo

    55.1–55.11

    55.1 "Escucha la parábola que voy a decirte relacionada con el ayuno. 55.2 Cierto hombre tenía un campo y muchos siervos, y en una parte del campo plantó un viñedo. Y escogiendo cierto siervo fiel y de su agrado, al partir de viaje lo llamó y le dice: 'Toma este viñedo que planté y ponle cerco hasta que yo regrese, pero no hagas otra cosa al viñedo; y guarda este mandamiento mío, y serás libre ante mí.' Entonces el dueño del siervo partió de viaje.
    55.3 Cuando partió, el siervo tomó y puso cerco al viñedo. Y terminando de cercar el viñedo, vio que el viñedo estaba lleno de hierbas. 55.4 Entonces razonó consigo diciendo: 'Este mandamiento del señor he cumplido; ahora cavaré este viñedo, y será más hermoso cavado, y no teniendo hierbas dará más fruto, no ahogado por las hierbas.' Tomando, pues, cavó el viñedo, y todas las hierbas que había en el viñedo las arrancó. Y el viñedo resultó muy hermoso y floreciente, no teniendo hierbas que lo ahogaran.
    55.5 Después de algún tiempo vino el dueño del siervo y del campo, y entró al viñedo. Y viendo el viñedo cercado hermosamente, y además cavado y todas las hierbas arrancadas y las vides florecientes, se alegró mucho por las obras del siervo. 55.6 Llamando, pues, a su hijo amado, al que tenía como heredero, y a los amigos que tenía como consejeros, les cuenta lo que había mandado a su siervo y lo que encontró hecho. Y ellos se alegraron con el siervo por el testimonio que le dio el dueño.
    55.7 Y les dice: 'Yo prometí libertad a este siervo si guardaba el mandamiento que le di; guardó mi mandamiento y añadió buena obra al viñedo, y me agradó mucho. En retribución, pues, por esta obra que hizo quiero hacerlo coheredero con mi hijo, porque pensando el bien no lo desechó, sino que lo cumplió.' 55.8 El hijo del dueño estuvo de acuerdo con esta decisión, para que el siervo fuera coheredero con el hijo.
    55.9 Después de pocos días hizo el dueño un banquete y le envió del banquete muchos manjares. Pero el siervo, recibiendo los manjares que le fueron enviados por el dueño, tomó lo suficiente para él y lo demás lo distribuyó a sus compañeros siervos. 55.10 Los compañeros siervos, recibiendo los manjares, se alegraron y comenzaron a orar por él, para que encuentre mayor gracia ante el dueño, porque así los trató. 55.11 El dueño oyó todas estas cosas que habían sucedido, y de nuevo se alegró mucho por su conducta. Reuniendo de nuevo a los amigos y a su hijo, les contó la acción del siervo que hizo con los manjares que recibió; y ellos aprobaron aún más que el siervo fuera hecho coheredero con su hijo."
    Comentario editorial · Hacer más de lo mandado
    La obra supererogatoria del siervo - cavar el viñedo más allá del mandamiento de cercarlo - introduce un concepto crucial en la espiritualidad cristiana: hacer ἀγαθὸν ἔκτος τῆς ἐντολῆς (bien más allá del mandamiento). Este principio, desarrollado posteriormente en la teología moral, distingue entre preceptos obligatorios y consejos de perfección.

    Explicación de la parábola del viñedo

    56.1–56.9

    56.1 Le digo: "Señor, no entiendo estas parábolas ni puedo comprenderlas, si no me las explicas." 56.2 "Todo te explicaré," dice, "y todo lo que te hable te mostraré. Guarda los mandamientos del Señor, y serás agradable a él y serás inscrito en el número de los que guardan sus mandamientos. 56.3 Pero si haces algún bien más allá del mandamiento de Dios, te ganarás mayor gloria para ti mismo, y serás más honrado ante Dios de lo que ibas a ser. Si, pues, guardando los mandamientos de Dios añades también estos servicios, te alegrarás, si los guardas según mi mandamiento."
    56.4 Le digo: "Señor, cualquier cosa que me mandes guardaré, pues sé que estás conmigo." "Estaré," dice, "contigo, porque tienes tal celo de hacer el bien; y estaré con todos," dice, "los que tienen este celo. 56.5 Este ayuno," dice, "guardando los mandamientos del Señor, es muy bueno. Así, pues, guardarás este ayuno que vas a guardar: 56.6 Primero que todo, guárdate de toda palabra mala y de todo mal deseo, y purifica tu corazón de todas las vanidades de este mundo. Si guardas estas cosas, este ayuno tuyo será perfecto.
    56.7 Y así harás: completando lo escrito, en aquel día que ayunes no pruebes sino pan y agua, y del costo de los alimentos que ibas a comer, calculando la cantidad del gasto de aquel día que ibas a hacer, dáselo a viuda u huérfano o necesitado, y así te humillarás, para que de tu humildad el que recibió sacie su alma y ore por ti al Señor. 56.8 Si, pues, completas así el ayuno, como te mandé, tu sacrificio será acepto ante Dios, y será registrado este ayuno, y el servicio así realizado será hermoso y gozoso y acepto al Señor. 56.9 Así guardarás estas cosas tú con tus hijos y toda tu casa; y guardándolas serás bienaventurado; y cuantos las oigan y las guarden, serán bienaventurados, y cuanto pidan al Señor lo recibirán."
    Comentario editorial · El ayuno social
    La νηστεία δεκτή (ayuno acepto) transforma la práctica ascética individual en δικαιοσύνη κοινωνική (justicia social). Calcular el costo de la comida no consumida y dárselo a χήρᾳ ἢ ὀρφανῷ ἢ ὑστερουμένῳ (viuda, huérfano o necesitado) convierte el ayuno en λειτουργία (servicio litúrgico) que beneficia a la comunidad. Esta práctica anticipa las regulaciones monásticas posteriores sobre ayuno y limosna.

    Interpretación de los símbolos

    57.1–60.4

    57.1 Le supliqué mucho que me explicara la parábola del campo y del dueño y del viñedo y del siervo que cercó el viñedo y de los cercos y de las hierbas arrancadas del viñedo y del hijo y de los amigos consejeros; pues entendía que todo esto era una parábola. 57.2 Pero respondiéndome dice: "Eres muy terco para preguntar. No debes," dice, "preguntar nada en absoluto; pues si necesitas que algo te sea explicado, te será explicado." Le digo: "Señor, todo lo que me muestres y no me expliques, habré visto en vano y no entenderé qué es; igualmente, si me hablas parábolas y no me las interpretas, habré oído algo de ti en vano."
    57.3 Pero de nuevo me respondió diciendo: "Cualquiera," dice, "que sea siervo de Dios y tenga a su Señor en el corazón, pide de él entendimiento y lo recibe, e interpreta toda parábola, y se le hacen conocidas las palabras del Señor dichas por parábolas; pero los que son débiles y perezosos para la oración, esos dudan pedir al Señor. 57.4 Pero el Señor es muy compasivo y da sin cesar a todos los que le piden. Pero tú, fortalecido por el santo ángel y habiendo recibido de él tal oración y no siendo perezoso, ¿por qué no pides entendimiento al Señor y lo recibes de él?" 57.5 Le digo: "Señor, teniendo yo contigo necesidad de pedirte y preguntarte; pues tú me muestras todas las cosas y hablas conmigo; pero si las hubiera visto u oído sin ti, habría preguntado al Señor para que me fuera explicado."
    58.1 "Te dije," dice, "también ahora, que eres astuto y terco, preguntando las interpretaciones de las parábolas. Pero puesto que eres tan persistente, te explicaré la parábola del campo y de todo lo demás que sigue, para que las hagas conocer a todos. Escucha ahora," dice, "y entiéndelas."
    58.2 "El campo es este mundo; el dueño del campo es el que creó todas las cosas y las perfeccionó y las fortaleció; el hijo es el Espíritu Santo; el siervo es el Hijo de Dios; las vides son este pueblo que él mismo plantó. 58.3 Los cercos son los santos ángeles del Señor que mantienen unido a su pueblo; las hierbas arrancadas del viñedo son las transgresiones de los siervos de Dios; los manjares que le envió del banquete son los mandamientos que dio a su pueblo por medio de su Hijo; los amigos y consejeros son los santos ángeles creados primero; y la ausencia del dueño es el tiempo que resta hasta su venida."
    58.4 Le digo: "Señor, todas las cosas son grandes y maravillosas y todas tienen gloria. ¿Podía yo, pues," le digo, "señor, entender estas cosas? Ni ningún otro hombre, aunque fuera muy inteligente, puede entenderlas. Además, señor," le digo, "explícame lo que voy a preguntarte." 58.5 "Habla," dice, "si quieres algo." "¿Por qué, señor," le digo, "el Hijo de Dios aparece en la parábola en forma de siervo?"
    59.1 "Escucha," dice: "El Hijo de Dios no aparece en forma de siervo, sino que aparece en gran poder y señorío." "¿Cómo, señor?" le digo. "No entiendo." 59.2 "Porque," dice, "Dios plantó el viñedo, esto es, creó al pueblo, y lo entregó a su Hijo; y el Hijo constituyó a los ángeles sobre ellos para protegerlos, y él mismo limpió sus pecados trabajando mucho y soportando muchos trabajos; pues nadie puede cavar viñedo sin trabajo y fatiga. 59.3 El mismo, pues, habiendo limpiado los pecados del pueblo, les mostró los senderos de la vida, dándoles la ley que recibió de su Padre.
    59.4 Ves," dice, "que él mismo es señor del pueblo, habiendo recibido todo poder de su Padre. Pero por qué el Señor tomó como consejero a su Hijo y a los gloriosos ángeles acerca de la herencia del siervo, escucha: 59.5 El Espíritu Santo preexistente, que creó toda la creación, Dios lo hizo habitar en la carne que quiso. Esta carne, pues, en la cual habitó el Espíritu Santo, sirvió bien al Espíritu, caminando en santidad y pureza, sin manchar en nada al Espíritu. 59.6 Habiendo, pues, vivido honorable y puramente y trabajado con el Espíritu y cooperado en todo asunto, comportándose fuerte y valientemente, la escogió como compañera del Espíritu Santo; pues agradó al Señor la conducta de esta carne, porque no se manchó en la tierra teniendo el Espíritu Santo. 59.7 Tomó, pues, como consejero al Hijo y a los gloriosos ángeles, para que también esta carne, habiendo servido al Espíritu sin reproche, tuviera algún lugar de morada, y no pareciera haber perdido el salario de su servicio; pues toda carne que sea hallada sin mancha ni contaminación, en la cual habitó el Espíritu Santo, recibirá salario. 59.8 Tienes la interpretación de esta parábola también."
    60.1 "Me alegré, señor," le digo, "al oír esta interpretación." "Escucha ahora," dice: "Guarda esta carne tuya limpia y sin mancha, para que el espíritu que habita en ella le dé testimonio, y sea justificada tu carne. 60.2 Mira que no suba jamás a tu corazón que esta carne tuya es corruptible, y la abuses con alguna contaminación. Pues si contaminas tu carne, contaminas también al Espíritu Santo; y si contaminas la carne, no vivirás." 60.3 "Pero si, señor," le digo, "hubo alguna ignorancia anterior antes de oír estas palabras, ¿cómo se salvará el hombre que contaminó su carne?" "Acerca de las anteriores ignorancias," dice, "solo Dios puede dar sanidad; pues suya es toda autoridad. 60.4 Pero ahora guárdate, y el Señor, siendo muy compasivo, dará sanidad de las anteriores ignorancias, si de ahora en adelante no contaminas tu carne ni el Espíritu; pues ambos son comunes y no pueden contaminarse el uno sin el otro. Guarda, pues, ambos limpios, y vivirás para Dios."
    Comentario editorial · Un pasaje cristológico debatido
    Es uno de los pasajes más debatidos de la obra. El texto distingue claramente entre Dios Padre (el dueño del campo), el Espíritu Santo preexistente (identificado como el Hijo de Dios) y la carne (la humanidad de Jesús) en la que habita ese Espíritu. Lo que genera el dilema es que la "carne" (es decir, Jesús en su humanidad) es premiada y elevada por haber servido perfectamente al Espíritu, lo que sugiere que la humanidad de Jesús es adoptada o elevada a un estatus divino. Por eso, muchos estudiosos consideran que aquí se presenta una forma de cristología adopcionista: Jesús es un hombre en quien habita el Espíritu divino y que, por su fidelidad, es exaltado. Otros, sin embargo, piensan que el texto intenta, de manera poco técnica y todavía primitiva, explicar la unión de lo humano y lo divino en Cristo, lo que algunos llaman una "cristología de comunión" más que adopcionista. La discusión sigue abierta porque el texto es ambiguo y puede leerse de ambas maneras: como una separación de las naturalezas (adopcionismo o subordinacionismo), o como un esfuerzo temprano por expresar la unión de ambas en la persona de Jesús. En cualquier caso, este pasaje muestra la riqueza y la dificultad de las primeras reflexiones cristianas sobre quién es realmente Cristo.

    Parábola sexta: los dos pastores

    61.1–61.6

    61.1 Sentado en mi casa y glorificando al Señor por todo lo que había visto, y reflexionando sobre los mandamientos, que son hermosos y poderosos y gozosos y gloriosos y capaces de salvar el alma del hombre, decía en mí mismo: "Bienaventurado seré si camino en estos mandamientos, y cualquiera que camine en ellos será bienaventurado." 61.2 Mientras decía estas cosas en mí mismo, de repente lo veo sentado junto a mí y diciendo esto: "¿Por qué tienes doble ánimo acerca de los mandamientos que te di? Son hermosos; no tengas doble ánimo en absoluto, sino vístete de la fe del Señor, y caminarás en ellos; pues yo te fortaleceré en ellos. 61.3 Estos mandamientos convienen a los que van a arrepentirse; pues si no caminan en ellos, vano es su arrepentimiento. 61.4 Los que se arrepienten, pues, desechen las maldades de este mundo que los consumen; y vistiéndose de toda virtud de justicia podrán guardar estos mandamientos y no añadir más a sus pecados. No añadiendo nada, pues, cortarán mucho de sus pecados anteriores.
    61.5 "Caminen, entonces, en estos mandamientos míos, y vivirán para Dios. Todas estas cosas les han sido dichas por mí." Y después de decirme estas cosas, me dice: "Vayamos al campo, y te mostraré los pastores de las ovejas." "Vayamos, señor," le digo. Y llegamos a una llanura, y me muestra un pastor joven vestido con túnicas de color azafrán. 61.6 Apacentaba muchas ovejas, y estas ovejas parecían mimadas y muy caprichosas, y estaban alegres saltando aquí y allá; y el mismo pastor estaba muy alegre con su rebaño, y la misma apariencia del pastor era muy gozosa, y corría entre las ovejas.
    Comentario editorial · Ilustración: El pastor del lujo y del engaño con su rebaño (61.6)
    El pastor del lujo y del engaño con su rebaño. Recreación moderna.

    El ángel del lujo y el engaño

    62.1–62.4

    62.1 Y me dice: "¿Ves a este pastor?" "Lo veo, señor," le digo. "Este," dice, "es el ángel del lujo y del engaño. Destruye las almas de los siervos de Dios que están vacíos y los aparta de la verdad, engañándolos con malos deseos en los cuales perecen. 62.2 Pues olvidan los mandamientos del Dios viviente y caminan en engaños y lujos vanos, y son destruidos por este ángel, unos para muerte y otros para corrupción."
    62.3 Le digo: "Señor, no entiendo qué significa 'para muerte' y qué 'para corrupción'." "Escucha," dice: "Las ovejas que viste alegres y saltando, estos son los que se han apartado completamente de Dios y se han entregado a los deseos de este mundo; en estos, pues, no hay arrepentimiento de vida, porque añadieron blasfemia contra el nombre del Señor; de tales es la muerte. 62.4 Pero las que viste no saltando, sino pastando en un lugar, estos son los que se han entregado a lujos y engaños, pero no han blasfemado contra el Señor. Estos, pues, están corrompidos de la verdad; en estos hay esperanza de arrepentimiento, en la cual pueden vivir. La corrupción, pues, tiene esperanza de alguna renovación, pero la muerte tiene destrucción eterna."
    Comentario editorial · Ilustración: El pastor del castigo (62.5)
    El pastor del castigo. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Muerte y corrupción
    La distinción entre θάνατος (muerte) y καταφθορά (corrupción) marca dos grados de alejamiento espiritual: quienes blasfeman contra el ὄνομα κυρίου (nombre del Señor) han cruzado una línea irreversible, mientras que quienes solo se corrompen con τρυφαί (lujos) conservan ἐλπὶς μετανοίας (esperanza de arrepentimiento). Esta teología pastoral ofrece gradación en el juicio, no condenación absoluta.

    El ángel del castigo

    62.5–63.6

    62.5 Avanzamos un poco más, y me muestra un pastor grande, como salvaje en apariencia, vestido con piel de cabra blanca, y tenía una alforja en los hombros y un bastón muy duro y nudoso, y un látigo grande; y tenía una mirada tan amarga que me asusté de él; tal mirada tenía. 62.6 Este pastor, pues, recibía las ovejas del pastor joven, aquellas mimadas y caprichosas, pero que no saltaban, y las echaba en un lugar escarpado y espinoso y lleno de cardos, de modo que las ovejas no podían desenredarse de las espinas y cardos, sino que se enredaban en las espinas y cardos. 62.7 Estas, pues, enredadas pastaban en las espinas y cardos, y sufrían mucho siendo golpeadas por él; y las llevaba de aquí para allá, y no les daba descanso, y de ningún modo estaban tranquilas aquellas ovejas.
    63.1 Viéndolas, pues, así azotadas y afligidas, me dolía por ellas, porque así eran atormentadas y no tenían alivio alguno. 63.2 Digo al pastor que hablaba conmigo: "Señor, ¿quién es este pastor tan despiadado y amargo y que de ningún modo se compadece de estas ovejas?" "Este," dice, "es el ángel del castigo; es de los ángeles justos y está puesto sobre el castigo. 63.3 Recibe, pues, a los que se han extraviado de Dios y han caminado en los deseos y engaños de este mundo, y los castiga, como merecen, con terribles y variados castigos."
    63.4 "Quería, señor," le digo, "conocer estos variados castigos, cuáles son." "Escucha," dice: "Los variados castigos y tormentos son tormentos de esta vida; pues unos son castigados con pérdidas, otros con privaciones, otros con diversas enfermedades, otros con toda perturbación, otros siendo insultados por indignos y sufriendo muchas otras cosas. 63.5 Pues muchos, vacilando en sus propósitos, intentan muchas cosas, y nada les resulta en absoluto, y dicen que no prosperan en sus acciones, y no sube a su corazón que hicieron obras malas, sino que culpan al Señor. 63.6 Cuando, pues, son afligidos con toda aflicción, entonces me son entregados para buena instrucción y son fortalecidos en la fe del Señor y sirven al Señor con corazón puro los días restantes de su vida. Cuando se arrepienten, entonces suben a su corazón las obras malas que hicieron, y entonces glorifican a Dios, porque es juez justo y porque justamente padeció cada uno según sus obras; y lo demás sirven al Señor con corazón puro y prosperan en toda acción suya, recibiendo del Señor todo cuanto pidan; y entonces glorifican al Señor porque me fueron entregados, y ya no sufren nada malo."
    Comentario editorial · La pedagogía divina del sufrimiento
    El ἄγγελος τιμωρίας (ángel del castigo) no es vengativo sino παιδευτικός (educativo). Los ποικίλαι τιμωρίαι (castigos variados) - pérdidas, enfermedades, humillaciones - funcionan como παιδεία ἀγαθή (buena instrucción) que lleva al reconocimiento del pecado y la glorificación de Dios como δίκαιος κριτής (juez justo). Esta teología del sufrimiento anticipa desarrollos patrísticos posteriores.

    La proporción del castigo

    64.1–65.7

    64.1 Le digo: "Señor, explícame también esto." "¿Qué," dice, "preguntas?" "Si acaso, señor," le digo, "son atormentados el mismo tiempo que se entregan al lujo y al engaño cuanto tiempo se entregaron al lujo y fueron engañados." Me dice: "Son atormentados el mismo tiempo." 64.2 "Muy poco, señor," le digo, "son atormentados; pues los que así se entregan al lujo y se olvidan de Dios deberían ser atormentados siete veces más." 64.3 Me dice: "Insensato eres y no comprendes el poder del tormento." "Si entendiera, señor," le digo, "no te preguntaría para que me lo expliques." "Escucha," dice, "el poder de ambos. 64.4 Del lujo y engaño el tiempo es una hora; pero del tormento una hora tiene poder de treinta días. Si, pues, alguien se entrega al lujo un día y es engañado, y es atormentado un día, todo un año vale el día del tormento. Cuantos días, pues, se entregue al lujo, tantos años es atormentado. Ves, pues," dice, "que del lujo y engaño el tiempo es muy pequeño, pero del castigo y tormento, mucho."
    65.1 "Puesto que, señor," le digo, "no he entendido del todo acerca del tiempo del engaño y lujo y tormento, explícamelo más claramente." 65.2 Respondiendo me dice: "Tu insensatez es persistente, y no quieres purificar tu corazón y servir a Dios. Mira," dice, "no sea que se cumpla el tiempo y seas hallado insensato. Escucha, pues," dice, "como quieres, para que entiendas estas cosas. 65.3 El que se entrega al lujo y es engañado un día y hace lo que quiere, se ha vestido de mucha insensatez y no entiende la acción que hace; pues al día siguiente olvida qué hizo el día anterior. Pues el lujo y engaño no tienen memoria a causa de la insensatez de que se han vestido; pero el castigo y el tormento cuando se adhieren al hombre un día, es castigado y atormentado hasta un año; pues el castigo y el tormento tienen grandes memorias. 65.4 Siendo, pues, castigado y atormentado todo el año, entonces se acuerda del lujo y engaño y conoce que por estas cosas sufre los males. 65.5 Todo hombre, pues, que se entrega al lujo y es engañado así es atormentado, porque teniendo vida se han entregado a sí mismos a muerte."
    65.6 "¿Qué lujos, señor," le digo, "son dañinos?" "Toda acción," dice, "es lujo para el hombre, si hace con gusto lo que hace; pues también el iracundo dando rienda suelta a su propia pasión se entrega al lujo; y el adúltero y el borracho y el calumniador y el mentiroso y el avaro y el estafador y el que hace cosas semejantes a estas, cada uno a su propia enfermedad da rienda suelta; se entrega al lujo, pues, en su acción. 65.7 Todos estos lujos son dañinos a los siervos de Dios; por estos engaños, pues, sufren los que son castigados y atormentados. Pero hay también lujos que salvan a los hombres; pues muchos haciendo el bien se entregan al lujo llevados por su propio placer. Este lujo, pues, es conveniente para los siervos de Dios y procura vida al tal hombre; pero los lujos dañinos antes mencionados les procuran tormentos y castigos; y si persisten y no se arrepienten, se procuran muerte."
    Comentario editorial · Qué es el lujo
    La redefinición de τρυφή (lujo) como cualquier acción hecha ἡδέως (con gusto) amplía radicalmente el concepto: incluye tanto placeres destructivos (ira, adulterio, avaricia) como constructivos (hacer el bien con gozo). Esta distinción entre βλαβεραὶ τρυφαί (lujos dañinos) y τρυφαὶ σῷζουσαι (lujos salvadores) anticipa la espiritualidad ignaciana de discernimiento de espíritus.

    Parábola séptima: aflicción y arrepentimiento

    66.1–66.7

    66.1 Después de pocos días lo vi en la misma llanura donde también había visto a los pastores, y me dice: "¿Qué buscas?" "Estoy aquí, señor," le digo, "para que ordenes al pastor castigador salir de mi casa, porque me aflige mucho." "Es necesario," dice, "que seas afligido. Pues así," dice, "ordenó el ángel glorioso acerca de ti; pues quiere que seas probado." "¿Por qué, señor," le digo, "qué mal hice para ser entregado a este ángel?" 66.2 "Escucha," dice: "Tus pecados son muchos, pero no tantos que seas entregado a este ángel; sino que tu casa cometió grandes pecados e iniquidades, y se irritó el ángel glorioso por sus obras, y por esto ordenó que fueras afligido por algún tiempo, para que también ellos se arrepientan y se purifiquen de todo deseo de este mundo. Cuando, pues, se arrepientan y se purifiquen, entonces se apartará el ángel del castigo."
    66.3 Le digo: "Señor, si ellos hicieron tales cosas que se irritó el ángel glorioso, ¿qué hice yo?" "De otro modo," dice, "no pueden ser afligidos, si no eres afligido tú, la cabeza de la casa; pues siendo tú afligido, necesariamente también ellos serán afligidos, pero si tú estás próspero, no pueden tener aflicción alguna." 66.4 "Pero mira, señor," le digo, "se han arrepentido de todo corazón." "Sé," dice, "también yo que se han arrepentido de todo corazón; ¿pero crees que los pecados de los que se arrepienten son perdonados inmediatamente? De ningún modo; sino que es necesario que el que se arrepiente atormente su propia alma y se humille fuertemente en toda su conducta y sea afligido con muchas y variadas aflicciones; y si soporta las aflicciones que le vienen, ciertamente se compadecerá el que creó todas las cosas y las fortaleció y dará alguna sanidad. 66.5 Y esto ciertamente será si ve el corazón del que se arrepiente puro de toda cosa mala. Te conviene a ti y a tu casa ser afligidos ahora. Pero ¿por qué te digo muchas cosas? Es necesario que seas afligido, como ordenó aquel ángel del Señor que me entregó a ti; y por esto da gracias al Señor, porque te consideró digno de revelarte la aflicción de antemano, para que conociéndola de antemano la soportes con fortaleza."
    66.6 Le digo: "Señor, sé tú conmigo, y podré soportar toda aflicción." "Yo," dice, "estaré contigo; y pediré también al ángel castigador que te aflija más levemente; pero serás afligido poco tiempo, y de nuevo serás restablecido en tu lugar; solo permanece humillándote y sirviendo al Señor con corazón puro, y tus hijos y tu casa, y camina en mis mandamientos que te mando, y podrá tu arrepentimiento ser fuerte y puro. 66.7 Y si guardas estas cosas con tu casa, se apartará toda aflicción de ti; y de todos," dice, "se apartará aflicción, cuantos caminen en estos mandamientos míos."
    Comentario editorial · Solidaridad familiar en el juicio
    La κεφαλὴ οἴκου (cabeza de casa) carga con las consecuencias de los pecados de su familia, mostrando que en esta visión antigua la vida espiritual es compartida y no solo individual. Para que la μετάνοια (arrepentimiento) sea real, se necesita βασανίζειν τὴν ψυχήν (atormentar el alma) y ταπεινοφρονεῖν (humillarse), es decir, pasar por un proceso de dolor interior y humildad. Así, la salvación se entiende como algo que involucra a toda la familia y comunidad, no solo a cada persona por separado, lo que es muy diferente a cómo solemos pensar hoy. Quizá pueda entenderse como el papel de los lideres y pastores de colocarse por delante de la congregación a Dios para velar por su perfección, en cuyo caso podemos entender el papel del lider como cabeza de la casa en este contexto.

    Parábola octava: el sauce

    La distribución de las ramas

    67.1–67.18

    67.1 Me mostró un gran sauce que daba sombra a llanuras y montes, y bajo la sombra del sauce habían venido todos los llamados por el nombre del Señor. 67.2 Estaba de pie junto al sauce un ángel del Señor, glorioso y muy alto, con una hoz grande, y cortaba ramas del sauce, y daba al pueblo que se guarecía bajo el sauce; les daba pequeñas varas, como de un codo. 67.3 Después que todos recibieron las varas, puso la hoz el ángel, y el árbol estaba sano, tal como lo había visto. 67.4 Me admiraba yo en mí mismo diciendo: "¿Cómo, habiéndose cortado tantas ramas, está sano el árbol?" Me dice el pastor: "No te admires de que el árbol permanezca sano después de haberse cortado tantas ramas. Deja," dice, "ver todas las cosas, y se te explicará qué es esto." 67.5 El ángel que había dado las varas al pueblo las pedía de nuevo; y según habían recibido, así también eran llamados a él, y cada uno de ellos devolvía las varas.
    67.6 Recibía el ángel del Señor y las examinaba. De algunos recibía las varas secas y carcomidas como por polilla; ordenó el ángel que los que habían devuelto tales varas se pusieran aparte. 67.7 Otros devolvían secas, pero no carcomidas por polilla, y también a estos les ordenó ponerse aparte. 67.8 Otros devolvían medio secas, y también estos se pusieron aparte. 67.9 Otros devolvían sus varas medio secas y con grietas, y también estos se pusieron aparte. 67.10 Otros devolvían sus varas verdes pero con grietas, y estos se pusieron aparte. 67.11 Otros devolvían las varas la mitad seca y la mitad verde, y estos se pusieron aparte. 67.12 Otros presentaban sus varas las dos partes verdes y la tercera seca, y estos se pusieron aparte. 67.13 Otros devolvían las dos partes secas y la tercera verde, y estos se pusieron aparte. 67.14 Otros devolvían sus varas casi todas verdes, pero muy poco de sus varas estaba seco, solo la punta; pero tenían grietas en ellas, y estos se pusieron aparte. 67.15 De otros había muy poco verde, y las demás partes de las varas estaban secas, y estos se pusieron aparte.
    67.16 Otros venían trayendo las varas verdes como las habían recibido del ángel; la mayor parte de la multitud devolvía tales varas, y el ángel se alegró mucho por estos, y estos se pusieron aparte. 67.17 Otros devolvían sus varas verdes y con brotes, y estos se pusieron aparte, y por estos el ángel se puso muy alegre. 67.18 Otros devolvían sus varas verdes y con brotes, y sus brotes parecían tener algún fruto. Y muy alegres estaban aquellos hombres cuyas varas fueron halladas así, y el ángel se regocijó por estos, y el pastor estaba muy alegre por estos.
    Comentario editorial · Ilustración: El gran sauce y el ángel que reparte las varas (67.2)
    El gran sauce y el ángel que reparte las varas. Recreación moderna.

    Las recompensas

    68.1–68.5

    68.1 Ordenó el ángel del Señor que fueran traídas coronas, y fueron traídas coronas como hechas de palmas, y coronó a los hombres que habían devuelto las varas que tenían brotes y algún fruto, y los envió a la torre. 68.2 También envió a la torre a los otros que habían devuelto sus varas verdes y con brotes, pero sin fruto en los brotes, dándoles un sello. 68.3 El mismo vestido tenían todos los que iban a la torre, blanco como nieve. 68.4 Y a los que habían devuelto las varas verdes como las recibieron los despidió, dándoles vestido blanco y sellos. 68.5 Después que el ángel terminó estas cosas, dice al pastor: "Yo me voy; pero a estos envíalos dentro de los muros, según cada uno sea digno de habitar. Examina sus varas cuidadosamente, y así envíalos; pero examina cuidadosamente. Mira que ninguno se te escape," dice; "pero si alguno se te escapa, yo los probaré en el altar." Diciendo esto al pastor, se fue.

    La plantación de las varas

    68.6–68.9

    68.6 Después que se fue el ángel, me dice el pastor: "Tomemos las varas de todos y plantémoslas, por si algunas de ellas pueden vivir." Le digo: "Señor, estas cosas secas ¿cómo pueden vivir?" 68.7 Respondiéndome dice: "Este árbol es sauce y amante de la vida es la especie; si, pues, se plantan y reciben pequeña humedad estas varas, vivirán muchas de ellas; y entonces probemos también echar agua sobre ellas. Si alguna de ellas puede vivir, me alegraré con ellas; pero si no vive, no seré hallado negligente."
    68.8 Ordenó el pastor que las llamara, según cada uno de ellos había estado. Vinieron por grupos, y devolvían las varas al pastor. Recibía el pastor las varas y por grupos las plantó, y después de plantarlas les echó mucha agua, de modo que por el agua no se veían las varas. 68.9 Y después de regar las varas me dice: "Vayamos, y después de pocos días regresemos y examinemos todas las varas; pues el que creó este árbol quiere que vivan todos los que recibieron ramas de este árbol. Y espero también yo que recibiendo humedad estas varas y siendo regadas, vivirá la mayor parte de ellas."
    Comentario editorial · El árbol amante de la vida
    El δένδρον φιλόζωον (árbol amante de la vida) simboliza la φιλανθρωπία divina: incluso las varas ξηραί (secas) pueden ζῆν (vivir) si reciben ἰκμάδα (humedad). Esta imagen botánica de regeneración refleja la teología de la segunda penitencia - ningún pecador está definitivamente perdido mientras haya posibilidad de μετάνοια (arrepentimiento).

    Explicación del simbolismo

    69.1–69.8

    69.1 Le digo: "Señor, este árbol ¿qué es? Hazme saber; pues me confundo acerca de él, porque habiéndose cortado tantas ramas, está sano el árbol y nada en absoluto parece haberse cortado de él; en esto, pues, me confundo." 69.2 "Escucha," dice: "Este gran árbol que da sombra a llanuras y montes y toda la tierra, es ley de Dios dada a todo el mundo; esta ley es el Hijo de Dios predicado hasta los confines de la tierra. Los pueblos que están bajo la sombra son los que oyeron la predicación y creyeron en él. 69.3 El ángel grande y glorioso es Miguel, que tiene la autoridad de este pueblo y lo gobierna; pues este es el que da la ley en los corazones de los creyentes. Examina, pues, a aquellos a quienes dio la ley, para ver si la han guardado. 69.4 Ves las varas de cada uno; pues las varas son la ley. Ves, pues, muchas varas hechas inútiles, y conocerás a todos los que no guardaron la ley, y verás la habitación de cada uno."
    69.5 Le digo: "Señor, ¿por qué a unos los envió a la torre, pero a otros los dejó para ti?" "Cuantos," dice, "transgredieron la ley que recibieron de él, a estos los dejó bajo mi autoridad para arrepentimiento; pero cuantos ya agradaron a la ley y la guardaron, los tiene bajo su propia autoridad." 69.6 "¿Quiénes son, pues, señor," le digo, "los coronados y que van a la torre?" Respondiéndome dice: "Los coronados son los que lucharon contra el diablo y lo vencieron; estos son los que sufrieron por la ley. 69.7 Los otros que también devolvieron sus varas verdes y con brotes, pero sin fruto, son los que fueron afligidos por la ley, pero no sufrieron ni negaron su ley. 69.8 Los que las devolvieron verdes como las recibieron son reverentes y justos y que caminaron mucho en corazón puro y guardaron los mandamientos del Señor. Lo demás conocerás cuando examine estas varas que han sido plantadas y regadas."
    Comentario editorial · Miguel, el que da la ley
    Μιχαήλ ὁ ἄγγελος aparece como νομοθέτης (legislador) que δίδωσι νόμον εἰς καρδίας (da ley en los corazones) de los creyentes. Esta función difiere de su rol militar tradicional, presentándolo como mediador de la νομοθεσία (legislación) divina. El examen de las ράβδοι (varas) representa el κρίσις (juicio) basado en la observancia de la ley interior.

    La segunda inspección

    70.1–71.6

    70.1 Después de pocos días llegamos al lugar, y se sentó el pastor en el lugar del gran ángel, y yo me puse junto a él. Y me dice: "Cíñete un delantal de lino y sírveme." Me ceñí un delantal de lino hecho de saco limpio. 70.2 Viéndome ceñido y listo para servirle, "Llama," dice, "a los hombres cuyas varas están plantadas, según el orden como cada uno devolvió las varas." Fui a la llanura y llamé a todos, y se pusieron todos por grupos. 70.3 Les dice: "Que cada uno arranque sus propias varas y me las traiga." 70.4 Primero devolvieron los que habían tenido las secas y cortadas, y así mismo fueron halladas secas y cortadas; les ordenó ponerse aparte. 70.5 Luego devolvieron las varas los que las tenían secas y no cortadas; algunos de ellos devolvieron las varas verdes, algunos secas y cortadas como por polilla. A los que devolvieron verdes, pues, les ordenó ponerse aparte, pero a los que devolvieron secas y cortadas les ordenó ponerse con los primeros. 70.6 Luego devolvieron los que tenían las medio secas y con grietas; y muchos de ellos devolvieron verdes y sin grietas; algunos verdes y con brotes, y en los brotes frutos, como los tenían los que fueron a la torre coronados; algunos devolvieron secas y carcomidas, algunos secas y no carcomidas, algunos como eran antes, medio secas y con grietas. Les ordenó a cada uno de ellos ponerse aparte, unos en sus propios grupos y otros aparte.
    71.1 Luego devolvieron los que tenían las varas verdes pero con grietas; todos estos devolvieron verdes, y se pusieron en su propio grupo. Se alegró el pastor por estos, porque todos habían cambiado y se habían quitado sus grietas. 71.2 Devolvieron también los que tenían la mitad verde y la mitad seca; de algunos fueron halladas las varas completamente verdes, de algunos medio secas, de algunos secas y carcomidas, de algunos verdes y con brotes. Todos estos fueron enviados cada uno a su grupo. 71.3 Luego devolvieron los que tenían las dos partes verdes y la tercera seca; muchos de ellos devolvieron verdes, muchos medio secas, otros secas y carcomidas. Todos estos se pusieron cada uno en su propio grupo. 71.4 Otros devolvieron sus varas que tenían las dos partes secas y la tercera verde; muchos de ellos devolvieron medio secas, algunos secas y carcomidas, algunos medio secas y con grietas; muy pocos devolvieron verdes. Todos estos se pusieron en su propio grupo. 71.5 Devolvieron los que tenían sus varas verdes, pero muy poco seco y con grietas; de estos algunos devolvieron verdes, algunos verdes y con brotes. También estos se fueron a su grupo. 71.6 Luego devolvieron los que tenían muy poco verde y las demás partes secas; las varas de estos fueron halladas en su mayor parte verdes y con brotes y fruto en los brotes, y otras completamente verdes. Por estas varas se alegró mucho el pastor, porque así fueron halladas. También estos se fueron cada uno a su propio grupo.

    La interpretación final

    72.1–73.6

    72.1 Después que el pastor examinó las varas de todos, me dice: "Te dije que este árbol es amante de la vida. ¿Ves," dice, "cuántos se arrepintieron y se salvaron?" "Veo, señor," le digo. "Para que veas," dice, "la abundante compasión del Señor, que es grande y gloriosa, y dio espíritu a los dignos de arrepentimiento." 72.2 "¿Por qué, pues, señor," le digo, "no se arrepintieron todos?" "A aquellos," dice, "cuyo corazón vio el Señor que iba a hacerse puro y que iban a servirle de todo corazón, a estos dio el arrepentimiento; pero a aquellos cuya malicia y maldad vio, que iban a arrepentirse con hipocresía, a esos no les dio arrepentimiento, no sea que de nuevo profanen su nombre."
    72.3 Le digo: "Señor, ahora explícame sobre los que devolvieron las varas, qué clase de persona es cada uno de ellos y su habitación, para que oyendo los que creyeron y recibieron el sello y lo quebrantaron y no lo guardaron sano, conociendo sus propias obras se arrepientan, recibiendo de ti sello, y glorifiquen al Señor porque se compadeció de ellos y te envió para renovar sus espíritus." 72.4 "Escucha," dice: "Aquellos cuyas varas fueron halladas secas y carcomidas por polilla, estos son los apóstatas y traidores de la iglesia y que blasfemaron en sus pecados al Señor, y además se avergonzaron del nombre del Señor que fue invocado sobre ellos. Estos, pues, perecieron completamente para Dios. Ves que ni uno de ellos se arrepintió, aunque oyeron las palabras que les hablaste, que yo te mandé; de tales se apartó la vida. 72.5 Los que devolvieron las secas y no carcomidas, también estos estaban cerca de ellos; pues eran hipócritas e introducían enseñanzas extrañas y pervertían a los siervos de Dios, especialmente a los que habían pecado, no permitiéndoles arrepentirse, sino persuadiéndolos con enseñanzas necias. Estos, pues, tienen esperanza de arrepentirse. 72.6 Ves que muchos de ellos también se han arrepentido desde que les hablaste mis mandamientos; y aún se arrepentirán. Cuantos no se arrepientan, perdieron su vida; cuantos se arrepintieron de ellos, se hicieron buenos, y su habitación llegó a ser en los primeros muros; algunos también subieron a la torre. Ves, pues," dice, "que el arrepentimiento de los pecadores tiene vida, pero el no arrepentirse tiene muerte."
    73.1 "Cuantos devolvieron medio secas y tenían grietas en ellas, escucha también sobre ellos. Aquellos cuyas varas eran medio secas son de doble ánimo; pues ni viven ni han muerto. 73.2 Los que tenían medio secas y grietas en ellas, estos son tanto de doble ánimo como calumniadores, nunca teniendo paz en sí mismos, sino dividiendo siempre. Pero también para estos," dice, "está preparado arrepentimiento. Ves," dice, "que algunos de ellos ya se han arrepentido, y aún hay esperanza de arrepentimiento en ellos. 73.3 Cuantos, pues," dice, "de ellos se han arrepentido, tienen su habitación en la torre; cuantos de ellos se arrepintieron más lentamente, habitarán en los muros; cuantos no se arrepientan, sino que permanezcan en sus acciones, morirán de muerte. 73.4 Los que devolvieron sus varas verdes y con grietas, siempre estos fueron fieles y buenos, pero tenían cierta envidia unos de otros sobre primacías y sobre alguna gloria; pero todos estos son necios, teniendo envidia unos de otros sobre primacías."
    73.5 "Pero también estos, oyendo mis mandamientos, siendo buenos, se purificaron y se arrepintieron rápidamente. Su habitación, pues, llegó a ser en la torre. Pero si alguno de ellos se vuelve de nuevo a la división, será echado de la torre y perderá su vida. 73.6 La vida es de todos los que guardan los mandamientos del Señor; pero en los mandamientos no hay nada sobre primacías o sobre alguna gloria, sino sobre paciencia y humildad del hombre. En tales está la vida del Señor, pero en los divisivos y transgresores está la muerte."
    Comentario editorial · Apóstatas y traidores
    Los ἀποστάται καὶ προδόται (apóstatas y traidores) que βλασφημήσαντες (blasfemaron) y ἐπαισχυνθέντες τὸ ὄνομα (se avergonzaron del nombre) representan el pecado imperdonable, mientras que los ὑποκριταὶ (hipócritas) que introducen διδαχὰς ἑτέρας (enseñanzas extrañas) aún conservan ἐλπὶς μετανοίας (esperanza de arrepentimiento). Esta distinción pastoral matiza la teología del pecado imperdonable.

    Conclusión de las categorías

    74.1–77.5

    74.1 “Los que devolvieron las varas medio verdes y medio secas, estos son los que se enredaron en sus ocupaciones y no se unieron a los santos. Por eso, la mitad de ellos está viva y la otra mitad muerta. 74.2 Muchos de ellos, al oír mis mandamientos, se arrepintieron; y cuantos se arrepintieron, su habitación llegó a ser en la torre. Pero algunos de ellos se apartaron totalmente; estos, pues, no tienen arrepentimiento, porque a causa de sus negocios blasfemaron contra el Señor y lo negaron. Así perdieron su vida por la maldad que hicieron. 74.3 Pero muchos de ellos vacilaron; para estos aún hay arrepentimiento, si se arrepienten pronto, y su habitación será en la torre; pero si se arrepienten más tarde, habitarán en los muros; y si no se arrepienten, también ellos perderán su vida. 74.4 Los que devolvieron las varas con dos partes verdes y una seca, estos son los que negaron con diversas negaciones. 74.5 Muchos de ellos se arrepintieron, y su habitación llegó a ser en la torre; pero muchos se apartaron totalmente de Dios: estos perdieron su vida para siempre. Otros vacilaron y se dividieron; para estos hay aún arrepentimiento, si se arrepienten pronto y no persisten en sus placeres; pero si persisten en sus acciones, también ellos se obran la muerte para sí mismos.”
    75.1 “Los que devolvieron las varas con dos partes secas y una verde, estos son los que habían sido fieles, pero al enriquecerse y llegar a ser más gloriosos entre las naciones, se vistieron de gran soberbia y se volvieron altivos, y dejaron la verdad. No se unieron a los justos, sino que vivieron con las naciones, y este camino les pareció más dulce; pero no se apartaron de Dios, sino que permanecieron en la fe, aunque no practicaron las obras de la fe. 75.2 Muchos de ellos se arrepintieron, y su habitación llegó a ser en la torre. 75.3 Otros, sin embargo, viviendo con las naciones hasta el fin y corrompiéndose con sus vanidades, se apartaron de Dios y practicaron las obras de las naciones. Estos fueron contados entre las naciones. 75.4 Otros vacilaron, no esperando ser salvados por las obras que habían hecho; y otros vacilaron y causaron divisiones entre ellos mismos. Para estos que vacilaron por sus acciones aún hay arrepentimiento, pero debe ser rápido, para que su habitación llegue a ser en la torre; los que no se arrepientan, sino que persistan en sus placeres, la muerte está cerca.”
    76.1 “Los que devolvieron las varas verdes, pero con los extremos secos y con grietas, estos siempre fueron buenos, fieles y gloriosos ante Dios, pero pecaron un poco por pequeños deseos y ciertas rencillas entre ellos. Al oír mis palabras, la mayor parte de ellos se arrepintió rápidamente, y su habitación llegó a ser en la torre. 76.2 Algunos de ellos vacilaron; y otros, habiendo vacilado, hicieron divisiones mayores. Para estos, pues, hay esperanza de arrepentimiento, porque siempre fueron buenos; pero difícilmente morirá alguno de ellos. 76.3 Los que devolvieron sus varas secas, pero con un poco de verdor, estos son los que creyeron, pero practicaron las obras de la iniquidad. Nunca se apartaron de Dios, y llevaron con gusto el nombre, y recibieron con gozo en sus casas a los siervos de Dios. Por tanto, al oír de esta penitencia, se arrepintieron sin vacilar y practican toda virtud y justicia. 76.4 Algunos de ellos también sufrirán y serán afligidos de buen ánimo, reconociendo las obras que hicieron. La habitación de todos estos será en la torre.”
    77.1 Después que terminó las explicaciones de todas las varas, me dice: "Ve y di a todos que se arrepientan y vivan para Dios; porque el Señor compadeciéndose envió dar arrepentimiento a todos, aunque algunos no sean dignos de salvarse por sus obras; pero siendo paciente el Señor, quiere que la llamada hecha por medio de su Hijo se salve." 77.2 Le digo: "Señor, espero que todos los que las oigan se arrepientan; pues me convenzo de que cada uno, conociendo sus propias obras y temiendo a Dios, se arrepentirá." 77.3 Respondiéndome dice: "Cuantos," dice, "se arrepientan de todo corazón y se purifiquen de todas las maldades antes mencionadas y no añadan más nada a sus pecados, recibirán sanidad del Señor de los pecados anteriores, si no tienen doble ánimo sobre estos mandamientos, y vivirán para Dios. Cuantos," dice, "añadan a sus pecados y caminen en los deseos de este mundo, se condenan a sí mismos a muerte. 77.4 Pero tú camina en mis mandamientos, y vivirás para Dios; y cuantos caminen en ellos y obren rectamente, vivirán para Dios." 77.5 Habiéndome mostrado y dicho todas las cosas, me dice: "Lo demás te mostraré después de pocos días."

    Parábola novena: los doce montes y la torre

    Los doce montes

    78.1–78.10

    78.1 Después que hube escrito los mandamientos y parábolas del Pastor, el ángel de la penitencia vino a mí y me dijo: "Quiero mostrarte lo que el Espíritu Santo, que habló contigo en forma de la Iglesia, te reveló. Porque aquel Espíritu es el Hijo de Dios. 78.2 Y como tú eras más débil en la carne, no se te manifestó por medio de un ángel. Pero cuando fuiste fortalecido por el Espíritu y te hiciste fuerte con tu poder, de modo que pudieras incluso ver a un ángel, entonces, en verdad, se te manifestó la construcción de la torre por medio de la Iglesia; y viste todas las cosas bella y solemnemente, como por una virgen. 78.3 Pero ahora ves por medio de un ángel, aunque es el mismo Espíritu; sin embargo, es necesario que aprendas de mí todas las cosas con mayor exactitud. Pues para esto fui enviado por el ángel glorioso a habitar en tu casa, a fin de que pudieras ver todas las cosas con poder, sin temer nada como antes. 78.4 Y me llevó a Arcadia, a cierto monte con peñas, y me hizo sentar en la cima del monte, y me mostró una gran llanura. Y alrededor de la llanura había doce árboles, cada uno con una forma diferente.
    78.5 El primero era negro como hollín; el segundo estaba desnudo, sin plantas; 78.6 el tercero estaba lleno de espinas y cardos; el cuarto tenía plantas medio secas, verdes en la parte superior pero secas junto a las raíces, y algunas plantas se secaban cuando el sol las quemaba; 78.7 el quinto monte era muy áspero pero tenía plantas verdes; el sexto monte estaba lleno de grietas, unas pequeñas y otras grandes, y en las grietas había plantas, pero no muy florecientes sino más bien marchitas. 78.8 El séptimo monte tenía plantas alegres, y todo el monte era próspero, y toda clase de ganado y aves se alimentaban en aquel monte; y cuanto más comían el ganado y las aves, tanto más florecían las plantas de aquel monte. El octavo monte estaba lleno de manantiales, y toda especie de criatura del Señor bebía de los manantiales de aquel monte.
    78.9 El noveno monte no tenía agua en absoluto y era completamente desolado; tenía en él fieras y reptiles mortíferos que destruían a los hombres. El décimo monte tenía árboles muy grandes y estaba completamente sombreado, y bajo la sombra yacían ovejas descansando y rumiando. 78.10 El undécimo monte estaba muy poblado de árboles, y aquellos árboles eran fructíferos, adornados con frutos diversos, para que quien los viera deseara comer de sus frutos. El duodécimo monte era completamente blanco, y su aspecto era muy alegre, y el monte en sí era hermosísimo.
    Comentario editorial · Ilustración: Los doce montes de Arcadia (78.10)
    Los doce montes de Arcadia. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Los doce montes: todos los pueblos
    Los δώδεκα ὄρη (doce montes) representan las δώδεκα φυλαί (doce tribus) que habitan todo el mundo (94.1), anticipando la misión universal del cristianismo. Cada monte refleja una condición espiritual diferente: desde la ἀποστασία (apostasía) del monte negro hasta la ἀκακία (inocencia) del monte blanco. Esta geografía simbólica muestra cómo el κήρυγμα (mensaje) cristiano encuentra diversos tipos de recepción en la humanidad.

    La gran roca y la puerta

    79.1–79.7

    79.1 En medio de la llanura me mostró una gran roca blanca que se alzaba desde la llanura. La roca era más alta que los montes y cuadrada, de modo que podía contener todo el mundo. 79.2 Antigua era aquella roca, y tenía una puerta tallada; pero el tallado de la puerta me parecía reciente. La puerta brillaba tanto más que el sol, que yo me maravillé del resplandor de la puerta. 79.3 Alrededor de la puerta estaban doce vírgenes. Las cuatro que estaban en las esquinas me parecían más gloriosas, aunque las otras también eran gloriosas. Estaban colocadas en los cuatro lados de la puerta, dos vírgenes entre cada una de ellas.
    79.4 Estaban vestidas con túnicas de lino y ceñidas decorosamente, con los hombros derechos descubiertos, como si fueran a llevar alguna carga. Así estaban preparadas, pues eran muy alegres y dispuestas. 79.5 Después de ver estas cosas me admiraba en mí mismo, porque veía cosas grandes y gloriosas. Y de nuevo me confundía por las vírgenes, porque siendo tan delicadas estaban firmes con valor, como si fueran a sostener todo el cielo.
    79.6 Me dice el pastor: "¿Por qué cavilas en ti mismo y te confundes, y te atraes tristeza? Las cosas que no puedes entender, no las emprendas como si fueras inteligente, sino pide al Señor para que, recibiendo entendimiento, las comprendas. 79.7 No puedes ver lo que está detrás de ti, pero ves lo que está delante de ti. Deja, pues, lo que no puedes ver y no te atormentes; pero domina aquellas cosas que ves, y no te preocupes por las demás. Todo te lo explicaré yo, cuanto te muestre. Mira, pues, las demás cosas."
    Comentario editorial · Ilustración: La roca blanca con su puerta nueva (79.2)
    La roca blanca con su puerta nueva. Recreación moderna.
    Comentario editorial · La roca cuadrada
    La πέτρα τετράγωνος (roca cuadrada) que puede χωρῆσαι ὅλον τὸν κόσμον (contener todo el mundo) simboliza la universalidad de Cristo como fundamento. Su παλαιότης (antigüedad) contrasta con la καινότης (novedad) de la puerta, representando a Cristo como πρεσβύτερος πάσης κτίσεως (anterior a toda creación) pero φανερωθείς (manifestado) en los últimos días (89.2-3).

    Los constructores celestiales

    80.1–80.5

    80.1 Vi que habían venido seis hombres altos y gloriosos y semejantes en apariencia, y llamaron a una multitud de hombres. También aquellos que vinieron eran hombres altos, hermosos y poderosos. Los seis hombres les ordenaron edificar una torre sobre la roca. 80.2 Hubo gran ruido de aquellos hombres que habían venido a edificar la torre, corriendo de aquí para allá alrededor de la puerta. Las vírgenes que estaban alrededor de la puerta decían a los hombres que se apresuraran a edificar la torre. Las vírgenes tenían extendidas sus manos como si fueran a recibir algo de los hombres.
    80.3 Los seis hombres ordenaron que subieran piedras desde cierta profundidad y fueran a la construcción de la torre. Subieron diez piedras cuadradas brillantes, sin labrar. 80.4 Los seis hombres llamaron a las vírgenes y les ordenaron llevar todas las piedras que habían de ir a la construcción de la torre, pasar por la puerta y entregarlas a los hombres que iban a edificar la torre. 80.5 Las vírgenes pusieron las diez primeras piedras que habían subido de la profundidad unas sobre otras, y las llevaban juntas, piedra por piedra.

    El proceso de construcción

    81.1–81.8

    81.1 Como estaban colocadas juntas alrededor de la puerta, así las llevaban; las que parecían ser más fuertes se habían puesto bajo las esquinas de la piedra, mientras las otras se habían puesto bajo los lados de la piedra, y así llevaban todas las piedras. Las llevaban por la puerta, como se les había ordenado, y las entregaban a los hombres para la torre, y ellos las tomaban y edificaban.
    81.2 La construcción de la torre se hizo sobre la gran roca y encima de la puerta. Se ajustaron, pues, aquellas diez piedras y llenaron toda la roca, y vinieron a ser el fundamento de la construcción de la torre. La roca y la puerta sostenían toda la torre. 81.3 Después de las diez piedras, subieron otras veinticinco piedras, y estas se ajustaron a la construcción de la torre, llevadas por las vírgenes como las anteriores. Después de estas subieron treinta y cinco, y estas igualmente se ajustaron a la torre. Después de estas subieron otras cuarenta piedras, y todas estas fueron puestas en la construcción de la torre. Se hicieron, pues, cuatro hileras en los fundamentos de la torre.
    81.4 Cesaron de subir desde la profundidad, y cesaron también los constructores un poco. De nuevo ordenaron los seis hombres a la multitud del pueblo que trajeran piedras de los montes para la construcción de la torre. 81.5 Traían, pues, de todos los montes piedras de varios colores, labradas por los hombres, y las entregaban a las vírgenes; las vírgenes las llevaban por la puerta y las entregaban para la construcción de la torre. Cuando las piedras de varios colores fueron puestas en la construcción, se hicieron todas semejantes, blancas, y cambiaron sus colores anteriores.
    81.6 Algunas piedras eran entregadas por los hombres para la construcción y no se volvían brillantes, sino que se encontraban tal como fueron puestas; pues no habían sido entregadas por las vírgenes ni llevadas por la puerta. Estas piedras, pues, eran impropias en la construcción de la torre. 81.7 Viendo los seis hombres estas piedras impropias en la construcción, ordenaron que fueran quitadas y llevadas abajo al lugar propio de donde habían sido traídas. 81.8 Y dicen a los hombres que traían las piedras: "De ningún modo entreguen piedras para la construcción, sino pónganlas junto a la torre, para que las vírgenes las lleven por la puerta y las entreguen para la construcción. Porque si no son llevadas por las manos de estas vírgenes por la puerta, no pueden cambiar sus colores. No trabajen, pues, en vano."
    Comentario editorial · La mediación de las vírgenes
    Solo las piedras que pasan διὰ τῆς πύλης (por la puerta) y διὰ τῶν χειρῶν τῶν παρθένων (por las manos de las vírgenes) pueden ἀλλάξαι τὰς χρόας (cambiar sus colores) y volverse blancas. Las vírgenes representan las δυνάμεις τοῦ υἱοῦ τοῦ θεοῦ (poderes del Hijo de Dios) - las virtudes cristianas sin las cuales ninguna vida espiritual es posible. Esta μεσιτεία (mediación) subraya que la transformación moral requiere participación activa en las virtudes divinas.

    El final del día de construcción

    82.1–82.7

    82.1 Se terminó la construcción de aquel día, pero no se completó la torre, pues iba a ser edificada de nuevo; hubo una pausa en la construcción. Ordenaron los seis hombres a todos los constructores que se retiraran un poco y descansaran; pero ordenaron a las vírgenes que no se alejaran de la torre. Me parecía que las vírgenes habían sido dejadas para guardar la torre.
    82.2 Después que todos se retiraron y descansaron, digo al pastor: "¿Por qué, señor, no se completó la construcción de la torre?" "Aún no puede completarse la torre," dice, "hasta que venga su señor y pruebe esta construcción, para que si se encuentran algunas piedras defectuosas, las cambie; porque la torre se construye según su voluntad."
    82.3 "Quisiera, señor," le digo, "conocer qué significa esta construcción de la torre, y acerca de la roca y la puerta, y los montes y las vírgenes, y las piedras que subieron de la profundidad sin ser labradas, sino que fueron así a la construcción; 82.4 y por qué primero se pusieron diez piedras en los fundamentos, luego veinticinco, luego treinta y cinco, luego cuarenta; y acerca de las piedras que fueron a la construcción y fueron quitadas de nuevo y puestas en su lugar propio. Sobre todas estas cosas tranquiliza mi alma, señor, y hazme conocerlas."
    82.5 "Si no te encuentras curioso sin propósito," dice, "lo conocerás todo. Porque dentro de pocos días vendremos aquí, y verás las demás cosas que suceden a esta torre, y conocerás exactamente todas las parábolas." 82.6 Después de pocos días vinimos al lugar donde nos habíamos sentado, y me dice: "Vayamos junto a la torre, porque el dueño de la torre viene a examinarla." Vinimos a la torre, y no había absolutamente nadie junto a ella excepto las vírgenes solas. 82.7 El pastor pregunta a las vírgenes si acaso había llegado el señor de la torre. Ellas dijeron que estaba a punto de venir para examinar la construcción.

    La inspección del Señor

    83.1–83.8

    83.1 Y he aquí que después de poco veo una formación de muchos hombres que venían, y en medio un hombre alto en estatura, de modo que sobrepasaba la torre. 83.2 Los seis hombres que habían dirigido la construcción caminaban con él a derecha e izquierda, y con él estaban todos los que habían trabajado en la construcción, y muchos otros gloriosos alrededor de él. Las vírgenes que guardaban la torre corrieron y lo besaron, y comenzaron a caminar cerca de él alrededor de la torre.
    83.3 Aquel hombre examinó la construcción cuidadosamente, de modo que palpaba cada piedra individualmente. Teniendo una vara en su mano, golpeaba cada piedra de las que habían sido construidas. 83.4 Cuando golpeaba, algunas se volvían negras como hollín, otras escabrosas, otras agrietadas, otras quebradas, otras ni blancas ni negras, otras ásperas y que no encajaban con las demás piedras, otras manchadas con muchas manchas. Estas eran las diversas clases de piedras defectuosas encontradas en la construcción.
    83.5 Ordenó, pues, que todas estas fueran quitadas de la torre y puestas junto a la torre, y que otras piedras fueran traídas y puestas en su lugar. 83.6 Los constructores le preguntaron de qué monte quería que fueran traídas piedras y puestas en lugar de aquellas. No ordenó que fueran traídas de los montes, sino de cierta llanura cercana. 83.7 Se excavó la llanura y se encontraron piedras brillantes cuadradas, y algunas redondas también. Todas las piedras que había en aquella llanura fueron traídas y llevadas por la puerta por las vírgenes. 83.8 Las piedras cuadradas fueron labradas y puestas en el lugar de las quitadas; pero las redondas no fueron puestas en la construcción, porque eran duras para ser labradas y llevaba mucho tiempo. Fueron puestas junto a la torre, como si fueran a ser labradas y puestas en la construcción, porque eran extraordinariamente brillantes.

    Las órdenes finales del Señor

    84.1–84.7

    84.1 Habiendo terminado estas cosas, el hombre glorioso y señor de toda la torre llamó al pastor y le entregó todas las piedras que estaban junto a la torre, las que habían sido rechazadas de la construcción, y le dice: 84.2 "Limpia cuidadosamente estas piedras y pon en la construcción de la torre las que pueden ajustarse con las demás; pero las que no encajan échalas lejos de la torre."
    84.3 Habiendo dado estas órdenes al pastor, se fue de la torre con todos aquellos con quienes había venido. Las vírgenes estaban alrededor de la torre guardándola. 84.4 Digo al pastor: "¿Cómo pueden estas piedras ir a la construcción de la torre después de haber sido rechazadas?" Me responde y dice: "¿Ves estas piedras?" "Las veo, señor," le digo. "Yo mismo," dice, "labraré la mayor parte de estas piedras y las pondré en la construcción, y encajarán con las demás piedras."
    84.5 "¿Cómo, señor," digo, "pueden llenar el mismo espacio después de ser recortadas?" Me responde y dice: "Las que se encuentren pequeñas serán puestas en medio de la construcción, y las que sean mayores serán puestas en el exterior y las sostendrán." 84.6 Habiéndome dicho estas cosas, me dice: "Vayamos, y después de dos días volvamos y limpiemos estas piedras y las pongamos en la construcción; porque todo alrededor de la torre debe ser limpiado, no sea que el señor venga de repente y encuentre los alrededores de la torre sucios y se enoje, y estas piedras no vayan a la construcción de la torre, y yo parezca negligente ante mi señor." 84.7 Después de dos días vinimos a la torre, y me dice: "Examinemos todas las piedras y veamos cuáles pueden ir a la construcción." Le digo: "Señor, examinémoslas."

    El examen de las piedras rechazadas

    85.1–85.7

    85.1 Comenzando primero, examinamos las piedras negras. Como fueron puestas desde la construcción, así también fueron encontradas. El pastor ordenó que fueran quitadas de la torre y apartadas. 85.2 Luego examinó las escabrosas, y tomando muchas de ellas las labró, y ordenó a las vírgenes que las tomaran y las pusieran en la construcción. Las vírgenes las tomaron y las pusieron en la construcción de la torre, en medio. Pero ordenó que las demás fueran puestas con las negras, porque también estas resultaron negras.
    85.3 Luego examinó las agrietadas, y de estas labró muchas y ordenó que fueran llevadas por las vírgenes a la construcción. Fueron puestas en el exterior porque resultaron más sanas. Pero las demás, debido a la multitud de grietas, no pudieron ser labradas; por esta causa, pues, fueron rechazadas de la construcción de la torre. 85.4 Luego examinó las quebradas, y se encontraron muchas negras entre ellas, y algunas habían desarrollado grietas grandes. Ordenó que también estas fueran puestas con las rechazadas. Pero limpiando y labrando las que quedaban, ordenó que fueran puestas en la construcción. Las vírgenes, tomándolas, las ajustaron en medio de la construcción de la torre, porque eran más débiles.
    85.5 Luego examinó las que eran mitad blancas y mitad negras. Muchas de ellas resultaron negras. Ordenó que también estas fueran quitadas con las rechazadas. Pero todas las demás fueron tomadas por las vírgenes, porque siendo blancas fueron ajustadas por las vírgenes mismas en la construcción. Fueron puestas en el exterior porque resultaron sanas, de modo que podían sostener las puestas en medio; porque ninguna de ellas fue quebrada.
    85.6 Luego examinó las duras y ásperas, y pocas de ellas fueron rechazadas porque no podían ser labradas; resultaron muy duras. Pero las demás fueron labradas y tomadas por las vírgenes y ajustadas en medio de la construcción de la torre, porque eran más débiles. 85.7 Luego examinó las que tenían manchas, y de estas muy pocas se ennegrecieron y fueron rechazadas con las demás. Pero las que quedaron resultaron brillantes y sanas, y estas fueron ajustadas por las vírgenes en la construcción; fueron puestas en el exterior debido a su fuerza.

    Las piedras redondas

    86.1–86.7

    86.1 Luego vino a examinar las piedras blancas y redondas, y me dice: "¿Qué hacemos con estas piedras?" "¿Qué sé yo, señor?" digo. "¿No observas nada acerca de ellas?" 86.2 "Señor," digo, "no poseo esta habilidad, ni soy tallador de piedras, ni puedo entender." "¿No ves," dice, "que son muy redondas? Si quiero hacerlas cuadradas, mucho debe ser cortado de ellas; sin embargo, algunas de ellas deben ser puestas necesariamente en la construcción."
    86.3 "Si es necesario, señor," digo, "¿por qué te atormentas y no eliges para la construcción las que quieres y las ajustas en ella?" Eligió de ellas las mayores y brillantes, y las labró; las vírgenes, tomándolas, las ajustaron en la parte exterior de la construcción. 86.4 Pero las demás que sobraron fueron tomadas y puestas de vuelta en la llanura de donde habían sido traídas; no fueron rechazadas, sin embargo, "porque," dice, "aún falta poco para que la torre sea terminada. El señor de la torre desea mucho que estas piedras sean ajustadas en la construcción, porque son muy brillantes."
    86.5 Fueron llamadas doce mujeres, hermosísimas en apariencia, vestidas de negro, ceñidas y con los hombros descubiertos, y el cabello suelto. Me parecían salvajes estas mujeres. El pastor les ordenó que tomaran las piedras rechazadas de la construcción y las llevaran a los montes de donde habían sido traídas. 86.6 Ellas alegremente tomaron y se llevaron todas las piedras y las pusieron donde habían sido tomadas. Después de que todas las piedras fueron quitadas y ya no quedaba piedra alrededor de la torre, dice el pastor: "Rodeemos la torre y veamos si hay algún defecto en ella." Y la rodeé con él.
    86.7 Viendo el pastor que la torre era hermosa en su construcción, se alegró mucho; porque la torre estaba tan bien construida que yo, al verla, deseaba su construcción. Porque estaba construida como de una sola piedra, sin tener una sola junta en sí misma. La piedra parecía como tallada de la roca; porque me parecía ser un monolito.
    Comentario editorial · Ilustración: Las mujeres vestidas de negro se llevan las piedras (86.5)
    Las mujeres vestidas de negro se llevan las piedras. Recreación moderna.
    Comentario editorial · Ilustración: La torre terminada (86.7)
    La torre terminada. Recreación moderna.
    Comentario editorial · La torre como un solo bloque
    La torre terminada como μονολίθος (monolito) significa que la Iglesia (ἐκκλησία) es como un solo cuerpo unido, sin divisiones ni grietas. Todos sus miembros piensan y actúan como uno solo (ἓν σῶμα, un cuerpo; μία φρόνησις, una sola mente; εἷς νοῦς, un solo entendimiento). Esta unión perfecta, sin σχίσματα (divisiones), muestra cómo al final todo será restaurado (ἀποκατάστασις) y unido en Cristo.

    La preparación final

    87.1–87.7

    87.1 Caminando con él me alegraba viendo cosas tan hermosas. El pastor me dice: "Ve y trae cal y un pedazo de barro fino, para que llene las marcas de las piedras que fueron quitadas y puestas en la construcción; porque todo alrededor de la torre debe quedar liso." 87.2 Hice como ordenó y se lo traje. "Ayúdame," dice, "y pronto se terminará el trabajo." Llenó, pues, las marcas de las piedras que habían ido a la construcción y ordenó que se barriera alrededor de la torre y se limpiara.
    87.3 Las vírgenes, tomando escobas, barrieron y quitaron toda la basura de la torre, y rociaron agua, y el lugar de la torre se volvió alegre y muy hermoso. 87.4 Me dice el pastor: "Todo," dice, "ha sido limpiado. Si el señor viene a inspeccionar la torre, no tiene nada que reprocharnos." Diciendo esto, quería irse. 87.5 Pero yo lo tomé de la alforja y comencé a suplicarle por el Señor que me explicara lo que me había mostrado. Me dice: "Tengo poco tiempo libre, pero todo te lo explicaré. Espérame aquí hasta que vuelva."
    87.6 Le digo: "Señor, estando yo solo aquí, ¿qué haré?" "No estás solo," dice, "porque estas vírgenes están contigo." "Encomiéndame, pues, a ellas," digo. El pastor las llama y les dice: "Os encomiendo a este hasta que vuelva," y se fue. 87.7 Yo estaba solo con las vírgenes; eran muy alegres y amigables conmigo, especialmente las cuatro más gloriosas de ellas.

    La roca y la puerta

    89.1–89.8

    89.1 "Primero que todo, señor, explícame esto: ¿quién es la roca y la puerta?" "Esta roca y la puerta son el Hijo de Dios." "¿Cómo, señor, la roca es antigua pero la puerta es nueva?" "Escucha y entiende, insensato. 89.2 El Hijo de Dios es anterior a toda su creación, de modo que llegó a ser consejero del Padre en su creación; por esto también la roca es antigua." "Pero la puerta, ¿por qué es nueva, señor?"
    89.3 "Porque se manifestó en los últimos días de la consumación; por esto la puerta llegó a ser nueva, para que los que van a salvarse entren por ella al reino de Dios. 89.4 ¿Viste que las piedras que entraron por la puerta fueron puestas en la edificación de la torre, pero las que no entraron fueron devueltas de nuevo a su lugar propio?" "Vi, señor." "Así, nadie entrará al reino de Dios si no recibe el nombre de su Hijo."
    89.5 "Pues si quieres entrar en alguna ciudad, y esa ciudad está rodeada de muralla y tiene una sola puerta, ¿acaso puedes entrar en esa ciudad sino es por la puerta que tiene?" "¿Cómo, señor, podría ser de otra manera?" "Si, pues, no puedes entrar en la ciudad sino por su puerta, así también no puede entrar de otra manera al reino de Dios el hombre sino por el nombre de su Hijo amado por él."
    89.6 "¿Viste la multitud que edificaba la torre?" "La vi, señor." "Aquellos son todos ángeles gloriosos. Por estos está rodeado el Señor. Pero la puerta es el Hijo de Dios; esta es la única entrada hacia el Señor. Nadie, pues, entrará hacia él de otra manera sino por su Hijo. 89.7 ¿Viste a los seis hombres y al hombre glorioso y grande en medio de ellos, que caminaba alrededor de la torre y rechazó las piedras de la edificación?" "Lo vi, señor." 89.8 "El hombre glorioso es el Hijo de Dios, y aquellos seis son los ángeles gloriosos que lo sostienen a derecha e izquierda. Ninguno de estos ángeles gloriosos entrará ante Dios sin él; quien no reciba su nombre, no entrará al reino de Dios."
    Comentario editorial · Cristo, anterior a la creación
    La cristología aquí es notable: Cristo es presentado como preexistente ("anterior a toda su creación") pero también como manifestado "en los últimos días". Esta tensión refleja la teología cristiana primitiva que luchaba por articular la naturaleza divina y la encarnación histórica de Cristo.

    La torre y las vírgenes

    90.1–90.9

    90.1 "¿Y la torre quién es?" "La torre es la Iglesia." 90.2 "¿Y estas vírgenes quiénes son?" "Estas son espíritus santos; y de otra manera no puede ser hallado el hombre en el reino de Dios, a menos que estos lo vistan con su vestidura. Pues si recibes solamente el nombre, pero no recibes la vestidura de parte de estos, de nada te aprovechará. Pues estas vírgenes son poderes del Hijo de Dios. Si llevas el nombre pero no llevas su poder, en vano llevarás su nombre."
    90.3 "Las piedras que viste rechazadas, estos llevaron el nombre pero no se vistieron con la vestidura de las vírgenes." "¿Qué clase de vestidura tienen, señor?" "Los mismos nombres son su vestidura. Quien lleva el nombre del Hijo de Dios, debe llevar también los nombres de estas; pues también el mismo Hijo lleva los nombres de estas vírgenes."
    90.4 "Todas las piedras que viste entrar en la edificación de la torre, entregadas por sus manos y que permanecieron en la edificación, están vestidas con el poder de estas vírgenes. 90.5 Por esto ves que la torre se ha vuelto una sola piedra con la roca. Así también los que han creído en el Señor por medio de su Hijo y se visten con estos espíritus, llegarán a ser un espíritu, un cuerpo, y un color de sus vestiduras. La morada de los que llevan los nombres de las vírgenes está en la torre."
    90.6 "Los rechazados, pues, señor, ¿por qué fueron rechazados? Pues pasaron por la puerta y fueron puestos en la edificación de la torre por las manos de las vírgenes." "Puesto que todo te interesa y examinas cuidadosamente, escucha acerca de las piedras rechazadas. 90.7 Todos estos recibieron el nombre del Hijo de Dios, y también recibieron el poder de estas vírgenes. Habiendo recibido, pues, estos espíritus, fueron fortalecidos y estaban con los siervos de Dios, y tenían un espíritu y un cuerpo y una vestidura; pues pensaban lo mismo y obraban justicia."
    90.8 "Después de algún tiempo fueron seducidos por las mujeres que viste vestidas con ropas negras, con los hombros descubiertos y los cabellos sueltos y hermosas. Viéndolas las desearon y se vistieron con su poder, y se despojaron de la vestidura y el poder de las vírgenes. 90.9 Estos, pues, fueron echados de la casa de Dios y entregados a aquellas. Pero los que no fueron engañados por la hermosura de estas mujeres permanecieron en la casa de Dios. Tienes la explicación de los rechazados."
    Comentario editorial · El simbolismo de las vestiduras
    Las "vestiduras" (ἐνδύματα) de las vírgenes representan las virtudes cristianas que deben "vestir" al creyente. El concepto de "vestirse" con virtudes era común en el cristianismo primitivo (cf. Col 3:12-14). La pérdida de estas vestiduras simboliza la apostasía moral y espiritual.

    La posibilidad de restauración

    91.1–91.6

    91.1 "¿Qué pasa, pues, señor, si estos hombres, siendo tales, se arrepienten y rechazan los deseos de estas mujeres, y regresan a las vírgenes y caminan en su poder y en sus obras? ¿No entrarán en la casa de Dios?" 91.2 "Entrarán, si rechazan las obras de estas mujeres y toman de nuevo el poder de las vírgenes y caminan en sus obras. Por esto también hubo una pausa en la edificación, para que si estos se arrepienten, vayan a la edificación de la torre. Pero si no se arrepienten, entonces otros irán, y estos serán echados completamente."
    91.3 "Por todas estas cosas di gracias al Señor, porque tuvo misericordia de todos los que invocan su nombre, y envió al ángel del arrepentimiento a nosotros que habíamos pecado contra él, y renovó nuestro espíritu, y cuando ya estábamos corrompidos y no teníamos esperanza de vivir, restauró nuestra vida."
    91.4 "Ahora, señor, explícame por qué la torre no está edificada sobre el suelo, sino sobre la roca y sobre la puerta." "¿Sigues siendo necio e insensato?" "Tengo necesidad, señor, de preguntarte todo, porque no puedo entender nada en absoluto; pues todas las cosas son grandes y gloriosas y difíciles de entender para los hombres."
    91.5 "Escucha: el nombre del Hijo de Dios es grande e incomprensible, y sostiene todo el mundo. Si, pues, toda la creación es sostenida por el Hijo de Dios, ¿qué piensas de los que son llamados por él y llevan el nombre del Hijo de Dios y caminan en sus mandamientos? 91.6 ¿Ves, pues, a quiénes sostiene? A los que llevan su nombre de todo corazón. Él mismo, pues, se ha vuelto fundamento para ellos y los sostiene con gozo, porque no se avergüenzan de llevar su nombre."

    Los nombres de las vírgenes y las mujeres

    92.1–92.3

    92.1 "Explícame, señor, los nombres de las vírgenes y de las mujeres que llevan las ropas negras." "Escucha los nombres de las vírgenes más fuertes, las que están colocadas en las esquinas. 92.2 La primera es Fe, la segunda Continencia, la tercera Poder, la cuarta Paciencia. Las otras colocadas entre estas tienen estos nombres: Sencillez, Inocencia, Pureza, Alegría, Verdad, Entendimiento, Concordia, Amor. El que lleva estos nombres y el nombre del Hijo de Dios podrá entrar al reino de Dios."
    92.3 "Escucha también los nombres de las mujeres que tienen las ropas negras. También de estas cuatro son más poderosas: la primera Incredulidad, la segunda Intemperancia, la tercera Desobediencia, la cuarta Engaño. Las que las siguen se llaman Tristeza, Maldad, Lujuria, Ira, Mentira, Necedad, Calumnia, Odio. El siervo de Dios que lleva estos nombres verá el reino de Dios, pero no entrará en él."
    Comentario editorial · Virtudes y vicios con nombre
    Los nombres de las virtudes y vicios forman un sistema moral completo. Las cuatro virtudes cardinales (Fe, Continencia, Poder, Paciencia) están en las esquinas como fundamento, mientras las otras ocho completan el desarrollo espiritual. Este esquema influirá posteriormente en la literatura cristiana sobre virtudes.

    Las piedras del fundamento

    92.4–92.6

    92.4 "¿Y las piedras que subieron de la profundidad y fueron ajustadas en la edificación, quiénes son?" "Los primeros, las diez que fueron puestas en los fundamentos, son la primera generación; las veinticinco, la segunda generación de hombres justos; las treinta y cinco, profetas de Dios y sus ministros; las cuarenta, apóstoles y maestros de la predicación del Hijo de Dios."
    92.5 "¿Por qué, pues, señor, las vírgenes entregaron también estas piedras para la edificación de la torre, llevándolas por la puerta?" 92.6 "Porque estos fueron los primeros en llevar estos espíritus, y no se separaron en absoluto unos de otros, ni los espíritus de los hombres ni los hombres de los espíritus, sino que los espíritus permanecieron con ellos hasta que durmieron. Y si no hubieran tenido estos espíritus con ellos, no habrían sido útiles para la edificación de esta torre."

    El bautismo de los muertos

    93.1–93.7

    93.1 "Aún más, señor, explícame: ¿por qué las piedras subieron de la profundidad y fueron puestas en la edificación, habiendo llevado estos espíritus?" 93.2 "Era necesario que subieran por el agua para ser vivificados; pues de otra manera no podían entrar al reino de Dios, a menos que depusieran la muerte de su vida anterior."
    93.3 "Recibieron, pues, también estos que habían dormido el sello del Hijo de Dios y entraron al reino de Dios. Pues antes de llevar el hombre el nombre del Hijo de Dios, está muerto; pero cuando recibe el sello, depone la muerte y recibe la vida. 93.4 El sello, pues, es el agua; bajan al agua muertos y suben vivos. También a aquellos, pues, se les predicó este sello y lo usaron para entrar al reino de Dios."
    93.5 "¿Por qué, señor, también las cuarenta piedras subieron con ellos de la profundidad, habiendo ya recibido el sello?" "Porque estos apóstoles y maestros que predicaron el nombre del Hijo de Dios, después de dormirse en el poder y fe del Hijo de Dios, predicaron también a los que habían dormido antes, y ellos mismos les dieron el sello de la predicación. 93.6 Bajaron, pues, con ellos al agua y subieron de nuevo; pero estos bajaron vivos y subieron vivos, mientras aquellos que habían dormido antes bajaron muertos y subieron vivos. 93.7 Por medio de estos, pues, fueron vivificados y conocieron el nombre del Hijo de Dios. Por esto también subieron con ellos y fueron ajustados en la edificación de la torre, y fueron edificados juntos sin ser labrados; pues durmieron en justicia y en gran pureza, solamente no tenían este sello. Tienes, pues, también la explicación de estas cosas." "La tengo, señor."
    Comentario editorial · El descenso a los infiernos
    Este pasaje refleja la creencia cristiana primitiva en el descenso de Cristo al Hades para liberar a los justos del Antiguo Testamento. Los apóstoles continúan esta obra predicando a los muertos. El "sello" (σφραγίς) se refiere al bautismo, aplicado retroactivamente a los justos pre-cristianos.

    Explicación de los doce montes

    Introducción a los montes

    94.1–94.5

    94.1 "Ahora, pues, señor, explícame acerca de los montes: ¿por qué sus aspectos son diferentes y variados?" "Escucha: estos doce montes son doce tribus que habitan todo el mundo. A estas, pues, fue predicado el Hijo de Dios por medio de los apóstoles."
    94.2 "¿Pero por qué los montes son variados y cada uno tiene aspecto diferente? Explícamelo, señor." "Escucha: estas doce tribus que habitan todo el mundo son doce naciones, y son variadas en pensamiento y mente. Como viste que los montes son variados, así también son las variedades de la mente de las naciones y el pensamiento. Te explicaré también la acción de cada uno."
    94.3 "Primero, señor, explica esto: siendo los montes tan variados, ¿por qué cuando sus piedras fueron puestas en la edificación se volvieron de un color brillante, como también las piedras que subieron de la profundidad?" 94.4 "Porque todas las naciones que habitan bajo el cielo, habiendo oído y creído, fueron llamadas por el nombre del Hijo de Dios. Habiendo recibido, pues, el sello, tuvieron un pensamiento y una mente, y una fe llegó a ser suya y un amor, y llevaron los espíritus de las vírgenes junto con el nombre. Por esto la edificación de la torre se volvió de un color brillante como el sol."
    94.5 "Pero después de entrar juntos y llegar a ser un cuerpo, algunos de ellos se contaminaron y fueron echados de la raza de los justos, y de nuevo llegaron a ser como eran antes, o más bien aún peores."

    Los que se volvieron peores

    95.1–95.5

    95.1 "¿Cómo, señor, se volvieron peores después de haber conocido a Dios?" "El que no conoce a Dios y hace el mal tiene cierto castigo por su maldad; pero el que ha conocido a Dios ya no debe hacer el mal, sino hacer el bien. 95.2 Si, pues, el que debe hacer el bien hace el mal, ¿no parece hacer mayor maldad que el que no conoce a Dios? Por esto los que no han conocido a Dios y hacen el mal están condenados a muerte, pero los que han conocido a Dios y han visto sus grandezas y hacen el mal serán castigados doblemente y morirán para siempre. Así, pues, será purificada la Iglesia de Dios."
    95.3 "Como viste que las piedras fueron quitadas de la torre y entregadas a los espíritus malvados y echadas de allí, así habrá un cuerpo de los purificados. Como la torre llegó a ser como hecha de una sola piedra después de ser purificada, así también será la Iglesia de Dios después de ser purificada y ser echados los malvados e hipócritas y blasfemos y de doble ánimo y los que hacen maldades variadas."
    95.4 "Después de que estos sean echados, la Iglesia de Dios será un cuerpo, un pensamiento, una mente, una fe, un amor; y entonces el Hijo de Dios se regocijará y se alegrará en ellos, habiendo recibido de vuelta a su pueblo puro." "Grandemente, señor, y gloriosamente están todas las cosas."
    95.5 "Aún más, señor, explícame el poder y las acciones de cada uno de los montes, para que toda alma que confía en el Señor, al oír, glorifique su nombre grande, maravilloso y glorioso." "Escucha la variedad de los montes y de las doce naciones."

    Los doce tipos de creyentes

    96.1–106.4

    96.1 "Del primer monte, el negro, los que creyeron son tales: apóstatas y blasfemos contra el Señor y traidores de los siervos de Dios. Para estos no hay arrepentimiento, sino muerte, y por esto también son negros; pues su raza es inicua."
    96.2 "Del segundo monte, el desnudo, los que creyeron son tales: hipócritas y maestros de maldad. Estos, pues, son semejantes a los primeros, no teniendo fruto de justicia. Como su monte es estéril, así también los hombres tales tienen el nombre pero están vacíos de fe, y no hay fruto de verdad en ellos. A estos, pues, se les ofrece arrepentimiento si se arrepienten rápidamente; pero si tardan, su muerte será con los primeros."
    96.3 "¿Por qué, señor, para estos hay arrepentimiento pero para los primeros no? Pues casi las mismas son sus acciones." "Por esto se les ofrece arrepentimiento a estos: porque no blasfemaron a su Señor ni se volvieron traidores de los siervos de Dios; pero por el deseo de ganancia actuaron hipócritamente y cada uno enseñó según los deseos de los hombres pecadores. Pero pagarán cierta pena; sin embargo, se les ofrece arrepentimiento porque no se volvieron blasfemos ni traidores."
    97.1 "Del tercer monte, el que tiene espinas y cardos, los que creyeron son tales: algunos de ellos son ricos, otros están enredados en muchos negocios. Los cardos son los ricos, las espinas son los enredados en negocios varios. 97.2 Estos, pues, los enredados en muchos y varios negocios, no se asocian con los siervos de Dios, sino que andan extraviados, ahogados por sus ocupaciones; los ricos se asocian difícilmente con los siervos de Dios, temiendo que les pidan algo. Tales personas, pues, entrarán difícilmente al reino de Dios."
    97.3 "Como es difícil caminar descalzo sobre cardos, así también es difícil para tales personas entrar al reino de Dios. 97.4 Pero para todos estos hay arrepentimiento, aunque debe ser rápido, para que en los días que en tiempos anteriores no trabajaron, ahora se recuperen en los días y hagan algo bueno. Si se arrepienten y hacen algo bueno, vivirán para Dios; pero si persisten en sus acciones, serán entregados a aquellas mujeres que los matarán."
    98.1 "Del cuarto monte, el que tiene mucha vegetación verde en la parte superior pero seca junto a las raíces, y alguna secada por el sol, los que creyeron son tales: los de doble ánimo y los que tienen al Señor en sus labios pero no lo tienen en su corazón. 98.2 Por esto sus fundamentos están secos y sin poder, y solo sus palabras viven, pero sus obras están muertas. Tales personas ni viven ni han muerto. Son, pues, semejantes a los de doble ánimo; pues los de doble ánimo ni están verdes ni secos, pues ni viven ni han muerto."
    98.3 "Como estas plantas se secaron al ver el sol, así también los de doble ánimo, cuando oyen de tribulación, por su cobardía adoran ídolos y se avergüenzan del nombre de su Señor. 98.4 Tales personas, pues, ni viven ni han muerto. Pero también estos, si se arrepienten rápidamente, podrán vivir; pero si no se arrepienten, ya han sido entregados a las mujeres que quitan su vida."
    99.1 "Del quinto monte, el que tiene hierba verde y es áspero, los que creyeron son tales: fieles, pero lentos para aprender, arrogantes y que se complacen en sí mismos, queriendo saberlo todo y no sabiendo nada en absoluto. 99.2 Por esta arrogancia suya se apartó de ellos el entendimiento y entró en ellos necedad tonta. Se alaban a sí mismos como teniendo entendimiento y quieren ser maestros voluntarios, siendo necios."
    99.3 "Por esta altivez, pues, muchos se vaciaron exaltándose a sí mismos; pues la arrogancia y la vana confianza son un gran demonio. De estos, pues, muchos fueron rechazados, pero algunos se arrepintieron y creyeron y se sometieron a los que tienen entendimiento, conociendo su propia necedad. 99.4 También para el resto de tales personas se ofrece arrepentimiento; pues no se volvieron malvados, sino más bien tontos e insensatos. Estos, pues, si se arrepienten, vivirán para Dios; pero si no se arrepienten, habitarán con las mujeres que les hacen mal."
    100.1 "Los del sexto monte, el que tiene hendiduras grandes y pequeñas y plantas marchitas en las hendiduras, los que creyeron son tales: 100.2 Los que tienen las hendiduras pequeñas, estos son los que tienen algo contra otros, y por sus murmuraciones están marchitos en la fe; pero muchos de estos se han arrepentido. También el resto se arrepentirá cuando oigan mis mandamientos; pues sus murmuraciones son pequeñas y se arrepentirán rápidamente."
    100.3 "Pero los que tienen hendiduras grandes, estos persisten en sus murmuraciones y guardan rencores enfureciéndose unos con otros. Estos, pues, fueron arrojados de la torre y rechazados de su edificación. Tales personas, pues, vivirán difícilmente. 100.4 Si Dios y nuestro Señor, que gobierna todas las cosas y tiene autoridad sobre toda su creación, no guarda rencor contra los que confiesan sus pecados sino que es misericordioso, ¿puede un hombre, siendo mortal y lleno de pecados, guardar rencor contra un hombre como si pudiera destruirlo o salvarlo?"
    100.5 "Pero yo les digo, yo el ángel del arrepentimiento, a todos los que tienen esta herejía: depónganla y arrepiéntanse, y el Señor sanará sus pecados anteriores, si se purifican de este demonio; pero si no, serán entregados a él para muerte."
    101.1 "Del séptimo monte, en el que había plantas verdes y alegres, y todo el monte florecía, y toda clase de ganado y aves del cielo se alimentaban de las plantas en este monte, y las plantas de las que se alimentaban se volvían más florecientes, los que creyeron son tales: 101.2 siempre fueron sencillos e inocentes y benditos, no teniendo nada contra otros, sino siempre regocijándose en los siervos de Dios y vestidos del espíritu santo de estas vírgenes, y siempre teniendo compasión de todo hombre, y de sus trabajos proveyeron a todo hombre sin reproche y sin vacilar."
    101.3 "El Señor, pues, viendo su sencillez y toda su inocencia, los multiplicó en los trabajos de sus manos y los favoreció en toda acción suya. 101.4 Pero yo les digo a ustedes que son tales, yo el ángel del arrepentimiento: permanezcan tales, y su descendencia no será borrada para siempre. Pues el Señor los ha probado y los ha inscrito en nuestro número, y toda su descendencia habitará con el Hijo de Dios; pues de su espíritu han recibido."
    102.1 "Del octavo monte, donde había muchas fuentes y toda la creación del Señor bebía de las fuentes, los que creyeron son tales: 102.2 apóstoles y maestros que predicaron a todo el mundo y que enseñaron solemne y puramente la palabra del Señor, y no desfalcaron nada en absoluto para deseo malvado, sino que siempre caminaron en justicia y verdad, como también recibieron el espíritu santo. El paso de tales personas, pues, es con los ángeles."
    103.1 "Del noveno monte, el desierto, el que tiene en él reptiles y bestias salvajes que destruyen a los hombres, los que creyeron son tales: 103.2 Los que tienen manchas son diáconos que sirvieron mal y saquearon la vida de viudas y huérfanos, y se aprovecharon del ministerio que recibieron para servir. Si, pues, persisten en el mismo deseo malvado, han muerto y no hay esperanza de vida para ellos; pero si se vuelven y cumplen su ministerio puramente, podrán vivir."
    103.3 "Los ásperos son los que negaron y no regresaron a su Señor, sino que se volvieron áridos y desiertos; porque no se asocian con los siervos de Dios sino que permanecen solos, destruyen sus propias almas. 103.4 Como una vid dejada en algún cerco, sufriendo abandono, se corrompe y es devastada por las hierbas, y con el tiempo se vuelve salvaje y ya no es útil a su dueño, así también tales hombres se han desesperado de sí mismos y se vuelven inútiles a su Señor, volviéndose salvajes."
    103.5 "Para estos, pues, hay arrepentimiento, a menos que se encuentre que han negado de corazón; pero si alguien se encuentra que ha negado de corazón, no sé si puede vivir. 103.6 Y esto no lo digo para estos días, para que alguien que niegue reciba arrepentimiento; pues es imposible salvarse para el que va a negar ahora a su Señor; pero para aquellos que negaron hace tiempo parece ofrecerse arrepentimiento. Si alguien va a arrepentirse, que sea rápido antes de que se complete la torre; de otra manera será destruido por las mujeres hasta la muerte."
    103.7 "Los mutilados son traidores y murmuradores; las bestias salvajes que viste en el monte son estos. Como las bestias salvajes destruyen al hombre con su veneno y lo matan, así también las palabras de tales hombres destruyen al hombre y lo matan. 103.8 Estos, pues, están mutilados en su fe por la conducta que tienen entre sí; pero algunos se arrepintieron y se salvaron. También el resto de los que son tales pueden salvarse si se arrepienten; pero si no se arrepienten, morirán por aquellas mujeres cuyo poder tienen."
    104.1 "Del décimo monte, donde había árboles que daban sombra a ciertas ovejas, los que creyeron son tales: 104.2 obispos y hospitalarios, que siempre recibieron con gozo en sus casas a los siervos de Dios sin hipocresía. Los obispos siempre protegieron a los necesitados y a las viudas con su ministerio sin cesar, y se condujeron puramente siempre. 104.3 Todos estos, pues, serán protegidos por el Señor para siempre. Los que han hecho estas cosas son gloriosos ante Dios, y su lugar ya está con los ángeles, si perseveran hasta el fin sirviendo al Señor."
    105.1 "Del undécimo monte, donde había árboles llenos de fruto, adornados con frutos varios, los que creyeron son tales: 105.2 los que sufrieron por el nombre del Hijo de Dios, que también sufrieron voluntariamente de todo corazón y entregaron sus almas."
    105.3 "¿Por qué, pues, señor, todos los árboles tienen fruto, pero algunos frutos de ellos son más hermosos?" "Escucha: todos los que alguna vez sufrieron por el nombre son gloriosos ante Dios, y los pecados de todos estos fueron quitados porque sufrieron por el nombre del Hijo de Dios. Pero escucha por qué sus frutos son variados y algunos superiores."
    105.4 "Todos los que fueron llevados ante las autoridades e interrogados y no negaron, sino que sufrieron voluntariamente, estos son más gloriosos ante el Señor; el fruto de estos es el superior. Pero todos los que fueron cobardes y estuvieron en duda y pensaron en sus corazones si negarían o confesarían, y sufrieron, el fruto de estos es menor, porque subió a su corazón este pensamiento; pues este pensamiento es malvado, que un siervo niegue a su propio señor."
    105.5 "Cuídense, pues, ustedes que piensan estas cosas, no sea que este pensamiento permanezca en sus corazones y mueran para Dios. Ustedes que sufren por causa del nombre deben glorificar a Dios, porque Dios los consideró dignos de que lleven este nombre y todas sus pecados sean sanados. 105.6 ¿No se consideran, pues, benditos? Más bien, piensen que han hecho una obra grande si alguno de ustedes sufre por causa de Dios. El Señor les otorga vida, y no lo entienden; pues sus pecados los agobiaron, y si no hubieran sufrido por causa del nombre del Señor, habrían muerto para Dios por causa de sus pecados."
    105.7 "Estas cosas les digo a ustedes que dudan sobre negar o confesar: confiesen que tienen Señor, no sea que negando sean entregados a prisión. 105.8 Si las naciones castigan a sus siervos si alguno niega a su señor, ¿qué piensan que les hará el Señor, que tiene autoridad sobre todas las cosas? Quiten estos pensamientos de sus corazones, para que vivan para Dios para siempre."
    106.1 "Del duodécimo monte, el blanco, los que creyeron son tales: como niños pequeños en los que no sube maldad alguna al corazón, ni conocieron qué es maldad, sino que siempre permanecieron en inocencia infantil. 106.2 Tales personas, pues, sin duda habitan en el reino de Dios, porque en ninguna cosa contaminaron los mandamientos de Dios, sino que permanecieron en inocencia infantil todos los días de su vida en la misma mentalidad."
    106.3 "Todos ustedes, pues, que permanezcan y serán como niños, sin tener maldad, serán más gloriosos que todos los mencionados anteriormente; pues todos los niños son gloriosos ante Dios y están en primer lugar ante él. Benditos son ustedes, pues, los que quiten de sí la maldad y se vistan de inocencia; vivirán para Dios primero que todos."
    106.4 "Después de terminar las parábolas de los montes, le digo: Señor, ahora explícame acerca de las piedras que fueron tomadas de la llanura y puestas en la edificación en lugar de las piedras quitadas de la torre, y acerca de las piedras redondas que fueron puestas en la edificación, y acerca de las que siguen siendo redondas."
    Comentario editorial · Contra el rencor y la murmuración
    La crítica del rencor y la murmuración refleja problemas reales en las comunidades cristianas primitivas. El llamado a no guardar rencor cuando "Dios no lo guarda" establece un principio de imitación divina fundamental en la ética cristiana.
    Comentario editorial · Grados en el martirio
    El Pastor distingue entre mártires que sufrieron sin dudar y los que vacilaron pero finalmente confesaron. Aunque ambos son salvos, hay "grados de gloria" según la firmeza mostrada. Esta teología del martirio influyó en el desarrollo posterior de la doctrina sobre los méritos diferentes en el reino.

    Explicación de las piedras redondas

    107.1–107.5

    107.1 "Escucha también acerca de todas estas cosas. Las piedras que fueron tomadas de la llanura y puestas en la edificación de la torre en lugar de las rechazadas son las raíces de este monte blanco. 107.2 Puesto que los que creyeron del monte blanco fueron todos encontrados inocentes, el señor de la torre ordenó que estos de las raíces de este monte fueran puestos en la edificación de la torre; pues sabía que si estas piedras iban a la edificación de la torre, permanecerían brillantes y ninguna de ellas se ennegrecería."
    107.3 "Pero si hubiera añadido de los otros montes, habría tenido necesidad de visitar de nuevo esa torre y purificarla. Pero todos estos han sido encontrados blancos, los que han creído y van a creer; pues son del mismo linaje. Bendito es este linaje porque es inocente."
    107.4 "Escucha ahora también acerca de las piedras redondas y brillantes. También todas estas son de este monte blanco. Escucha por qué fueron encontradas redondas: sus riquezas las oscurecieron un poco de la verdad y las empañaron, pero nunca se apartaron de Dios, ni salió palabra malvada de su boca, sino toda justicia y virtud de verdad."
    107.5 "Cuando el Señor vio su mente, que podían favorecer la verdad y también permanecer buenos, ordenó que sus riquezas fueran recortadas, pero no quitadas completamente, para que puedan hacer algo bueno con lo que les queda; y vivirán para Dios, porque son de buen linaje. Por esto, pues, fueron recortadas un poco y puestas en la edificación de esta torre."

    Las piedras aún redondas

    108.1–108.6

    108.1 "Pero las otras que permanecieron redondas y no fueron ajustadas en la edificación, porque aún no habían recibido el sello, fueron devueltas a su lugar; pues fueron encontradas muy redondas. 108.2 Es necesario que este mundo y las vanidades de sus riquezas sean recortadas de ellos, y entonces convendrán al reino de Dios. Pues es necesario que entren al reino de Dios; porque el Señor bendijo este linaje inocente. De este linaje, pues, nadie perecerá; pues aunque alguno de ellos, siendo tentado por el diablo malísimo, haga algo malo, regresará rápidamente a su Señor."
    108.3 "Los considero benditos, yo el ángel del arrepentimiento, a todos ustedes que son inocentes como niños, porque su parte es buena y honrada ante Dios. 108.4 Digo, pues, a todos ustedes que han recibido este sello: mantengan la sencillez y no guarden rencor, y no permanezcan en su maldad o en la memoria de ofensas amargas; lleguen a ser un solo espíritu y sanen estas divisiones malvadas y quítenlas de entre ustedes, para que el señor de los rebaños se goce en ellos."
    108.5 "Se gozará si todos son encontrados sanos y ninguno disperso de ellos. Pero si algunos de ellos son encontrados dispersos, ¡ay de los pastores! 108.6 Pero si los mismos pastores son encontrados dispersos, ¿qué dirán al señor del rebaño? ¿Que fueron dispersados por las ovejas? No serán creídos; pues es increíble que un pastor sufra algo de las ovejas; más bien serán castigados por su mentira. También yo soy pastor, y debo dar cuenta muy estrictamente de ustedes."

    Exhortaciones finales

    109.1–109.5

    109.1 "Remedien, pues, mientras aún se edifica la torre. 109.2 El Señor habita en hombres que aman la paz; pues verdaderamente la paz le es querida, pero se mantiene lejos de los contenciosos y los perdidos en maldad. Devuélvanle, pues, el espíritu íntegro, tal como lo recibieron."
    109.3 "Pues si das a un batanero una vestidura nueva e íntegra, queriendo recibirla íntegra de nuevo, pero el batanero te la devuelve rasgada, ¿la recibirías? ¿No te indignarías inmediatamente y lo perseguirías con injurias, diciendo: 'Te di una vestidura íntegra; ¿por qué la rasgaste y la hiciste inútil? Por el desgarro que hiciste en ella, no puede ser usada.' ¿No dirías todas estas palabras al batanero por el desgarro que hizo en tu vestidura?"
    109.4 "Si, pues, te dueles por tu vestidura y te quejas porque no la recibiste íntegra, ¿qué piensas que te hará el Señor, que te dio el espíritu íntegro, y tú lo volviste completamente inútil, de modo que no puede ser de ningún uso para su Señor? Pues su uso comenzó a ser inútil al ser corrompido por ti. ¿No te castigará, pues, el Señor de este espíritu con muerte por esta acción tuya?"
    109.5 "Ciertamente, digo, castigará a todos los que encuentra persistiendo en memoria de ofensas." "No pisoteen su misericordia, sino más bien denle honra, porque es tan paciente con sus pecados y no es como ustedes. Arrepiéntanse, pues, de manera que les sea útil."

    Palabras finales del Pastor

    110.1–110.3

    110.1 "Todas estas cosas que están escritas arriba, yo el pastor, el ángel del arrepentimiento, las he mostrado y hablado a los siervos de Dios. Si las creen y escuchan mis palabras y caminan en ellas y corrigen sus caminos, podrán vivir. Pero si permanecen en maldad y en guardar rencor, ninguno de tales vivirá para Dios. Todas las cosas que debían ser habladas por mí han sido habladas a ustedes."
    110.2 Me dice el pastor: "¿Me has preguntado todo?" "Sí, señor." "¿Por qué, pues, no preguntaste acerca de las marcas de las piedras que fueron puestas en la edificación, que llenamos?" "Se me olvidó, señor."
    110.3 "Escucha ahora acerca de ellas: estas son las que ahora han oído mis mandamientos y se han arrepentido de todo corazón. Cuando el Señor vio que su arrepentimiento era bueno y puro y que podían permanecer en su arrepentimiento, ordenó que sus pecados anteriores fueran borrados. Pues estas marcas eran sus pecados; fueron niveladas, pues, para que ya no aparecieran."
    Comentario editorial · Las marcas rellenadas
    Las "marcas" (τύποι) rellenadas representan los pecados borrados por el arrepentimiento genuino. La imagen del alisamiento total simboliza el perdón completo - los pecados no solo son perdonados sino completamente eliminados de la vista.

    Parábola décima: conclusión

    El retorno del ángel

    111.1–111.3

    111.1 Después de escribir este libro, vino aquel mensajero que me había entregado a este pastor, a la casa donde estaba, y se sentó sobre el lecho, mientras el pastor se puso de pie a su derecha. Luego me llamó y me dijo estas palabras: 111.2 "Te he entregado a ti y a tu casa a este pastor, para que puedas ser protegido por él." "Sí, señor." "Si quieres, pues, ser protegido de toda tribulación y de toda crueldad, tener éxito en toda obra buena y palabra, y poseer toda virtud de justicia, camina en sus mandamientos que te he dado, y podrás dominar toda maldad."
    111.3 "Pues si guardas sus mandamientos, todo deseo malo y dulzura de este mundo te estará sujeto, y el éxito te seguirá en todo buen negocio. Abraza su madurez y moderación, y di a todos que está en gran honor y dignidad ante el Señor, y que es gobernante de gran poder y autoridad en su oficio. A él solo en todo el mundo se le ha otorgado autoridad sobre el arrepentimiento. ¿No te parece poderoso? Pero ustedes desprecian su madurez y la reverencia que tiene hacia ustedes."
    Comentario editorial · Vuelve el mensajero
    El "mensajero" (ἄγγελος) es el mismo ángel de la Iglesia que apareció a Hermas en las primeras visiones. Su retorno marca el cierre del ciclo revelatorio y confirma la autoridad del pastor como único agente del arrepentimiento en toda la tierra.

    Testimonio de fidelidad

    112.1–112.4

    112.1 Le digo: "Pregúntale a él mismo, señor, desde que está en mi casa, si he hecho algo fuera de orden por lo cual lo haya ofendido." 112.2 "Sé que no has hecho nada fuera de orden ni vas a hacerlo. Por eso te digo estas cosas, para que perseveres. Pues él ha dado buen testimonio de ti ante mí. Tú, pues, dirás estas palabras a otros, para que también aquellos que han hecho penitencia o van a hacerla tengan los mismos sentimientos que tú, y él dé buen testimonio de ellos ante mí, y yo ante el Señor."
    112.3 "Yo mismo, señor, proclamo a todo hombre las grandezas del Señor; pues espero que todos los que han pecado antes, si oyen estas cosas, harán penitencia con gozo, recuperando la vida." 112.4 "Permanece, pues, en este ministerio y complétalo. Todos los que cumplan sus mandamientos tendrán vida, y tendrán gran honor ante el Señor. Pero todos los que no guarden sus mandamientos huyen de su propia vida y se oponen a él. Tales personas se entregan a la muerte, y cada uno de ellos se hace culpable de su propia sangre. Pero a ti te digo que obedezcas estos mandamientos, y tendrás remedio para tus pecados."
    Comentario editorial · El ministerio del testimonio
    Hermas recibe el encargo de proclamar "las grandezas del Señor" (magnalia domini), convirtiéndose en pregonero de la segunda penitencia. Su testimonio personal de transformación se vuelve modelo y esperanza para otros pecadores. Este ministerio de testimonio será central en el cristianismo posterior.

    La morada de las vírgenes

    113.1–113.5

    113.1 "Además, te he enviado estas vírgenes para que habiten contigo, pues vi que eran amigables contigo. Las tienes, pues, como ayudadoras, para que puedas guardar mejor sus mandamientos; pues no es posible que estos mandamientos se guarden sin estas vírgenes. Veo también que están contentas de estar contigo; sin embargo, les ordenaré que no se alejen de tu casa en absoluto."
    113.2 "Tú solamente mantén limpia tu casa; pues en casa limpia habitarán con gozo. Son limpias y castas e industriosas, y todas tienen gracia ante el Señor. Si, pues, tienen tu casa pura, permanecerán contigo; pero si ocurre la más mínima contaminación, al punto se alejarán de tu casa. Pues estas vírgenes no aman contaminación alguna."
    113.3 Le digo: "Espero, señor, agradarles, de modo que habiten con gozo en mi casa siempre. Y como aquel a quien me entregaste no encuentra falta en mí, tampoco ellas encontrarán falta en mí." 113.4 Dice al pastor: "Sé que el siervo de Dios quiere vivir, y guardará estos mandamientos, y establecerá a las vírgenes en pureza." 113.5 Diciendo estas cosas, me entregó de nuevo al pastor, y llamando a las vírgenes les dice: "Puesto que veo que ustedes están contentas de habitar en la casa de este, se lo encomiendo a él y a su casa; no se alejen de su casa en absoluto." Ellas oyeron estas palabras con gozo.
    Comentario editorial · Limpiar la casa
    La convivencia con las vírgenes (virtudes) requiere pureza constante. La "limpieza de la casa" (mundare domum) simboliza la purificación interior continua. Sin esta pureza, las virtudes no pueden permanecer en el alma humana. Es una imagen de la vida espiritual como proceso de santificación permanente.

    Encargo final y exhortación social

    114.1–114.4

    114.1 Luego me dice: "Compórtate valientemente en este ministerio; proclama a todo hombre las grandezas del Señor, y tendrás gracia en este ministerio. Todo el que camine en estos mandamientos vivirá y será feliz en su vida; pero todo el que los descuide no vivirá y será infeliz en su vida."
    114.2 "Di a todos que no cesen los que pueden obrar rectamente de ejercitar buenas obras; les es útil. Digo, además, que todo hombre debe ser liberado de las incomodidades. Pues el que tiene necesidad y sufre incomodidades en la vida diaria está en gran tormento y necesidad. 114.3 El que, pues, libra tal alma de la necesidad, adquiere gran gozo para sí. Pues el que es afligido por tal incomodidad sufre igual tormento y se atormenta como el que está en cadenas. Muchos, en efecto, por calamidades de este tipo, cuando no pueden soportarlas, se dan muerte a sí mismos. El que conoce, pues, la calamidad de tal hombre y no lo libra, comete gran pecado y se hace culpable de su sangre."
    114.4 "Hagan, pues, obras buenas todos los que han recibido del Señor, no sea que mientras tardan en hacerlas se complete la edificación de la torre. Pues por causa de ustedes se ha suspendido la obra de su edificación. Si no se apresuran, pues, a obrar rectamente, se completará la torre y ustedes serán excluidos."
    Comentario editorial · Urgencia escatológica y justicia social
    El llamado a liberar a los necesitados no es solo filantropía, sino imperativo escatológico. La torre (Iglesia) no se completa hasta que los cristianos cumplan su deber social. La relación entre caridad y salvación es directa: quienes conocen la miseria ajena y no actúan "se hacen culpables de su sangre", eco de la responsabilidad profética (Ez 3:18).

    Despedida final

    114.5

    114.5 Después de hablar conmigo, se levantó del lecho, y tomando al pastor y a las vírgenes se fue, diciéndome que enviaría de vuelta al pastor y a las vírgenes a mi casa.
    Comentario editorial · La promesa final
    La obra concluye con una promesa: el pastor (ángel del arrepentimiento) y las vírgenes (virtudes) regresarán a la casa de Hermas. Esto simboliza que la gracia del arrepentimiento y la vida virtuosa son dones permanentes para quienes los acogen dignamente. La "casa" representa tanto el hogar literal como el alma del creyente.
    Notas, recepción y bibliografía

    Acompañamiento editorial

    Recepción y legado histórico

    De “casi Escritura” a lectura edificante

    Durante mucho tiempo, El Pastor de Hermas estuvo en una zona intermedia: no era parte oficial de la Biblia, pero tampoco era un simple libro de consejos. Autores como Ireneo, Clemente de Alejandría y Orígenes lo citan con respeto, y a veces incluso como si fuera Escritura. Atanasio lo recomendó a quienes se preparaban para el bautismo. Tertuliano es un buen ejemplo de cómo fue recibido: primero lo aprecia, pero después, cuando se une al movimiento montanista (más estricto), lo critica y lo llama el “pastor de los adúlteros”, porque permite que la gente vuelva a la comunidad después de haber caído, algo que los montanistas no aceptaban. El Códice Sinaítico lo incluye con solemnidad, pero más adelante, en Occidente, algunos decretos lo pusieron entre los libros apócrifos. Sin embargo, nunca se perdió del todo: siguió siendo un libro útil, un espejo exigente para la vida cristiana.

    Qué nos revela del tiempo en que nació

    El Pastor de Hermas nos permite asomarnos a la Roma de mediados del siglo II. Allí, la comunidad cristiana era socialmente mixta: esclavos, personas que habían sido esclavas y ahora eran libres, pobres y algunos con más recursos convivían juntos. El libro habla mucho sobre el dinero, no porque lo vea como algo malo en sí mismo, sino porque la usura y el fraude causaban daño real a la comunidad. También se nota que había persecuciones recientes o temidas, lo que da al texto un tono de tribulación. En cuanto a la organización, se habla de un ministerio ordenado, con presbíteros y diáconos. Aparecen personajes como Grapté (probablemente una diaconisa encargada de instruir a las viudas) y un Clemente que envía mensajes a otras iglesias. Es una imagen de la Iglesia en Roma bastante sobria, muy diferente a la estructura episcopal fuerte que se ve en los escritos de Ignacio de Antioquía en Asia Menor.

    Ignacio y Hermas: dos músicas, una época

    Mientras Ignacio (alrededor del año 110) habla de la armonía entre obispo, presbíteros y diáconos y pide que todos estén unidos en torno al obispo, Hermas describe una Roma donde todavía es importante la colegialidad de los presbíteros, con redes de servicio como las viudas y los mensajeros, y una autoridad moral que se transmite por cartas y mediaciones. No se contradicen, sino que muestran ritmos distintos de un mismo deseo de orden en la Iglesia.

    Dilemas lingüísticos y teológicos

    La ambigüedad que busca El Pastor de Hermas es parte de su atractivo, pero también de sus dificultades.
    • Sobre el tema del espíritu (pneumatología), el libro usa la palabra “espíritu” en varios sentidos: habla de espíritus buenos y malos, y hasta de “espíritus santos” en plural. No conviene leerlo con ideas trinitarias posteriores, porque su lenguaje es anterior a los grandes dogmas, a veces es desordenado, pero siempre tiene un enfoque pastoral.
    • En cuanto a la figura de Jesús (cristología), no se le menciona todo el tiempo; en cambio, los ángeles y el espíritu cumplen funciones de guía, purificación y juicio. Algunos piensan que esto es una teología “pobre”, pero en realidad el centro está en la vida ética y sacramental: cómo volver a la comunidad y cómo permanecer en ella.
    • Sobre la Escritura y la tradición, el libro cita poco de manera directa, pero se nota una sabiduría judía y helenística que prefiere usar alegorías en vez de normas estrictas.

    Por qué importó tanto (y por qué importa hoy)

    En su época, El Pastor de Hermas fue importante porque ofreció una teología de la segunda oportunidad en una Iglesia que venía de persecuciones, con muchas personas que habían fallado y necesitaban recomenzar. Además, unió la doctrina con la vida diaria: la riqueza no era un pecado abstracto, sino un riesgo real para la comunión entre los cristianos. También propuso una forma de amar sin ingenuidad: hay que recibir al que vuelve, pero debe notarse que realmente quiere cambiar.
    Hoy en día, el libro sigue siendo relevante porque necesitamos palabras claras sobre la caída y la restauración, sobre el uso del dinero, la verdad y la reconciliación. El Pastor de Hermas no ofrece atajos ni soluciones fáciles, y por eso mismo propone una misericordia seria: el perdón va acompañado de un proceso, la alegría se une a la disciplina, y la comunidad tiene límites claros.

    Conclusión — El arte de volver

    El Pastor de Hermas no es un manual de teología ni un libro para predecir el futuro. Es, más bien, una escuela del arrepentimiento en la Roma antigua. La idea principal es que Dios abre una puerta —no muchas— y llama a cruzarla sin demora. El valor del libro está en unir el perdón con la acción concreta: decir la verdad, devolver lo que se ha tomado, ser fiel, y vivir con una alegría sencilla. También enseña humildad, al mostrar que la Iglesia envejece con nuestros pecados y rejuvenece cuando nos convertimos de verdad.
    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin de la obra