5. Pero los siervos fieles y verdaderos del Señor, sabiendo que el Señor ama a quienes le dan gracias, no cesan jamás de alabarlo y le dan gracias siempre. Y sea el tiempo de sosiego o de aflicción, ofrecen alabanzas a Dios con acción de gracias, sin poner su pensamiento en estas cosas temporales, sino adorando al Señor, el Dios de los tiempos. Así, antiguamente, Job, que poseía una fortaleza superior a la de todos los hombres, tenía presentes estas cosas en la prosperidad; y en la adversidad soportó pacientemente, y cuando padecía, daba gracias. También el humilde David, en el tiempo mismo de la aflicción, cantaba alabanzas y decía: "Bendeciré al Señor en todo tiempo". Y el bienaventurado Pablo, en todas sus epístolas, por así decirlo, no cesó de dar gracias a Dios. En tiempos de sosiego no dejó de hacerlo, y en las aflicciones se gloriaba, sabiendo que "la tribulación produce paciencia; la paciencia, experiencia; la experiencia, esperanza; y la esperanza no avergüenza [
]". Nosotros, siguiendo a tales hombres, no dejemos pasar tiempo alguno sin acción de gracias; antes bien, especialmente ahora, cuando padecemos la tribulación que los herejes suscitan contra nosotros, alabaremos al Señor, pronunciando las palabras de los santos: "Todo esto ha venido sobre nosotros, y, sin embargo, no te hemos olvidado". Pues así como los judíos de aquel tiempo, aunque sufrían el ataque de las tiendas de los edomitas y la opresión de los enemigos de Jerusalén, no se rindieron, sino que cantaron con mayor fervor alabanzas a Dios, así también nosotros, amados hermanos míos, aunque se nos impida proclamar la palabra del Señor, la anunciaremos con mayor fuerza; y, afligidos, cantaremos salmos, puesto que hemos sido tenidos por dignos de ser despreciados y de afanarnos por la verdad. Más aún, aunque se nos atormente gravemente, daremos gracias. Pues el bienaventurado Apóstol, que daba gracias en todo tiempo, nos insta igualmente a acercarnos a Dios, diciendo: "Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con acción de gracias [
]". Y, deseoso de que perseveremos siempre en este propósito, dice: "Dad gracias en todo tiempo; orad sin cesar [
]". Porque sabía que los creyentes son fuertes mientras se ocupan en dar gracias, y que, llenos de gozo, saltan los muros del enemigo, como aquellos santos que dijeron: "Por ti atravesaremos a nuestros enemigos, y por mi Dios saltaré un muro". Mantengámonos firmes en todo tiempo, pero especialmente ahora, aunque nos sobrevengan muchas aflicciones y muchos herejes se enfurezcan contra nosotros. Celebremos, pues, amados hermanos míos, con acción de gracias la santa fiesta que ahora se acerca, "ciñendo los lomos de nuestro entendimiento [
]", a semejanza de nuestro Salvador Jesucristo, de quien está escrito: "Será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad cinto de sus costados [
]". Teniendo cada uno en la mano la vara que brotó de la raíz de Jesé y calzados los pies con el apresto del Evangelio, celebremos la fiesta, como dice Pablo, "no con la vieja levadura, sino con los panes sin levadura de la sinceridad y de la verdad [
]"; confiando con reverencia en que hemos sido reconciliados por Cristo, sin apartarnos de la fe en Él ni contaminarnos en compañía de herejes y de extraños a la verdad, a quienes su conducta y su voluntad envilecen. Antes bien, gozosos en las aflicciones, atravesamos el horno de hierro y las tinieblas, y pasamos sin daño aquel terrible mar Rojo. Así también, cuando contemplemos la confusión de los herejes, cantaremos con Moisés aquel gran cántico de alabanza y diremos: "Cantaremos al Señor, porque ha sido gloriosamente ensalzado [
]". Así, cantando alabanzas y viendo que el pecado que hay en nosotros ha sido arrojado al mar, pasamos al desierto. Y, purificados primero por el ayuno de cuarenta días, por las oraciones, los ayunos, la disciplina y las buenas obras, podremos comer la santa Pascua en Jerusalén.