2. Porque las acciones que no se realizan conforme a la ley y con piedad no aprovechan, aunque así se las tenga, sino que más bien ponen de manifiesto la hipocresía de quienes se atreven a realizarlas. Por tanto, aunque tales hombres finjan ofrecer sacrificios, oyen del Padre: "No son aceptables vuestros holocaustos, ni me agradan vuestros sacrificios; y aunque traigáis flor de harina, es vanidad; también el incienso es para mí abominación". Porque Dios no tiene necesidad de cosa alguna; y, puesto que nada le es impuro, está harto de ellos, como atestigua por Isaías, diciendo: "Estoy harto [
]". Ahora bien, se dio una ley acerca de estas cosas para instrucción del pueblo y para prefigurar lo venidero, pues Pablo dice a los Gálatas: "Antes de que viniese la fe, éramos guardados bajo la ley, encerrados para la fe que después había de sernos revelada; de suerte que la ley fue nuestro preceptor para conducirnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe". Pero los judíos ni sabían ni entendían; por eso andaban de día como en tinieblas, tanteando, mas sin llegar a tocar, la verdad que nosotros poseemos y que estaba contenida en la ley; se atenían a la letra, pero no se sometían al espíritu. Y cuando Moisés estaba velado, lo miraban, pero apartaban de él el rostro cuando se descubría. Pues no entendían lo que leían, sino que sustituían erróneamente una cosa por otra. Por ello clamó el profeta contra ellos, diciendo: "La falsedad y la infidelidad han prevalecido entre ellos". También el Señor dijo acerca de ellos: "Los hijos extraños han obrado falsamente conmigo; los hijos extraños han envejecido". Mas ¡con cuánta mansedumbre los reprende cuando dice: "Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él [
]"! Pero, faltos de fe, prosiguieron obrando falsamente con la ley, afirmando cuanto era de su agrado sin entender la Escritura; y, además, como habían hecho hipócritamente ostentación de la letra manifiesta de la Escritura y puesto en ella su confianza, Él se indigna con ellos y dice por Isaías: "¿Quién ha demandado esto de vuestras manos [
]?". Y por Jeremías, a causa de su gran osadía, los amenaza: "Juntad vuestros holocaustos con vuestros sacrificios y comed carne, porque no hablé a vuestros padres ni les di mandamiento, el día que los saqué de la tierra de Egipto, acerca de holocaustos y sacrificios [
]". Pues no obraban como era justo, ni era su celo conforme a la ley, sino que en tales días buscaban más bien su propio placer, como los acusa el profeta: golpeaban a sus siervos, se reunían para contiendas y riñas, herían con el puño al humilde y hacían todo cuanto tendía a su propia satisfacción. Por esta causa permanecen sin fiesta hasta el fin, aunque ahora hagan ostentación de comer carne fuera de lugar y de tiempo. Porque, en vez del cordero prescrito por la ley, han aprendido a sacrificar a Baal; en vez del verdadero pan ácimo, "recogen la leña, y sus padres encienden el fuego, y sus mujeres amasan la masa para hacer tortas al ejército del cielo y derramar libaciones a dioses extraños, a fin de provocarme a ira, dice el Señor". Reciben el justo pago de tales maquinaciones, pues, aunque pretendan celebrar la Pascua, les son arrebatados de la boca el gozo y la alegría, como dice Jeremías: "Ha sido quitada de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén la voz de los que se alegran y la voz de los que se regocijan, la voz del esposo y la voz de la esposa". Por tanto, ahora "el que entre ellos sacrifica un buey es como el que mata a un hombre; el que sacrifica un cordero, como el que degüella a un perro; el que ofrece flor de harina, como si ofreciera sangre de cerdo; el que presenta incienso como memorial, como un blasfemo [
]". Ahora bien, estas cosas jamás agradarán a Dios, ni es esto lo que les ha exigido la palabra. Antes bien, Él dice: "Estos han escogido sus propios caminos, y en sus abominaciones se deleita su alma".