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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

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    Cartas de Atanasio

    329–373 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)41 minPosición: 0% de esta parteParte 4 de 7 · Carta 17Publicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-07

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    Carta 17

    Carta 17, encabezado

    (Para el año 345.) Cónsules: Amancio y Albino; prefecto: Nestorio de Gaza; indicción III; día de Pascua: el séptimo día antes de los idus de abril, el doce de Farmuti; luna 19; era de Diocleciano 61.

    Carta 17

    Atanasio a los presbíteros y diáconos de Alejandría y a los amados hermanos: salud en Cristo.
    Según costumbre, os hago saber, amados míos, lo tocante a la Pascua, para que también vosotros lo comuniquéis a las comarcas de quienes están lejos, como es habitual. Así pues, después de la presente fiesta, es decir, la que cae el día veinte del mes de Farmuti, el día de Pascua siguiente será el séptimo día antes de los idus de abril o, según el cómputo de los alejandrinos, el doce de Farmuti. Anunciad, pues, en todas esas comarcas que el día de Pascua será el séptimo día antes de los idus de abril o, según el cómputo alejandrino, el doce de Farmuti. Ruego, amados hermanos míos, que gocéis de salud en Cristo.

    Carta 18

    Carta 18, encabezado

    (Para el año 346.) Cónsules: el augusto Constancio IV y Constante III; prefecto: el mismo Nestorio; indicción IV; día de Pascua: iii de las calendas de abril, IV de Farmuti; luna 21; era de Diocleciano 62.

    Carta 18

    Atanasio, a los presbíteros y diáconos de Alejandría, hermanos amados en el Señor, salud.
    Bien habéis hecho, hermanos muy amados, en anunciar, según la costumbre, la santa Pascua en esos distritos; pues he visto y reconocido vuestra exactitud. También os he avisado por otras cartas, para que, cuando termine este año, sepáis lo referente al siguiente. Sin embargo, ahora he juzgado necesario escribiros lo mismo, a fin de que, teniéndolo con certeza, también vosotros escribáis con cuidado. Por tanto, una vez concluida esta fiesta, que ya toca a su fin el día doce del mes de Farmuti, correspondiente al vii de los idus de abril, el día de Pascua será el iii de las calendas de abril, el cuarto de Farmuti según los alejandrinos. Así pues, cuando haya terminado la fiesta, anunciadlo de nuevo en esos distritos, conforme a la antigua costumbre, de este modo: el domingo de Pascua cae el iii de las calendas de abril, que es el cuarto de Farmuti según el cómputo alejandrino. Y que nadie abrigue dudas sobre el día ni dispute diciendo: "Es preciso celebrar la Pascua el veintisiete del mes de Famenot"; pues la cuestión se examinó en el santo Sínodo, y todos los allí reunidos determinaron que fuese el iii de las calendas de abril. Digo, pues, que cae el cuarto del mes de Farmuti, porque la semana anterior a esta fecha es demasiado temprana. No haya, por tanto, disputa, sino obremos como nos corresponde. Pues así se lo he escrito también a los romanos. Anunciad, entonces, lo que se os ha comunicado: que cae el iii de las calendas de abril, el cuarto de Farmuti según el cómputo alejandrino.
    Ruego que estéis bien en el Señor, hermanos muy amados.
    Comentario editorial · Dos cartas breves y una decisión sobre la fecha
    Las Cartas 17 y 18 son breves porque no son las cartas festales públicas, sino avisos a los presbíteros de Alejandría para que anuncien la fecha de la Pascua; el NPNF explica que, cuando Atanasio no podía escribir la carta pública, enviaba unas líneas al clero o a un amigo. La 17 anuncia, al terminar la Pascua de 344, la fecha de la de 345 (según el Índice, la celebró en Naissus); la 18 hace lo mismo al terminar la de 345, que pasó en Aquileya. Ninguna es posterior a su regreso de octubre de 346. En la 18 la fecha se apoya en lo que «se examinó en el santo Sínodo»; el NPNF lo relaciona con el acuerdo de Sárdica sobre la Pascua que menciona el Índice (año XV), aunque señala que la referencia no es segura.

    Carta 19

    Carta 19, encabezado

    (Para el año 347.) Cónsules: Rufino y Eusebio; prefecto: el mismo Nestorio; indicción V; día de Pascua: víspera de los idus de abril, 17 de Pharmuthi; era de Diocleciano: 63; luna: 15.

    Carta 19, § 1

    "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo [
    ]"; pues tal comienzo conviene a una carta, y más especialmente ahora, cuando trae al Señor una acción de gracias, en palabras del Apóstol, porque nos ha traído de lejos y nos ha concedido enviaros de nuevo abiertamente, como de costumbre, las Cartas festales. Porque este es el tiempo de la fiesta, hermanos míos, y está próximo; ya no lo anuncian las trompetas, como refiere la historia, sino que nos lo da a conocer y nos lo acerca el Salvador, que padeció por nosotros y resucitó, tal como predicó Pablo al decir: "Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado". De ahora en adelante, la fiesta de la Pascua es nuestra, no de un extraño, ni pertenece ya a los judíos. Pues el tiempo de las sombras ha sido abolido, aquellas cosas antiguas han cesado y se acerca ya el mes de las cosas nuevas, en el cual todo hombre debe celebrar la fiesta, obedeciendo a Aquel que dijo: "Observa el mes de las cosas nuevas y celebra la Pascua en honor del Señor tu Dios". Hasta los gentiles se imaginan que celebran una fiesta, y los judíos fingen hipócritamente celebrarla. Pero Él reprueba la fiesta de los gentiles como pan [
    ] de los que están de duelo, y aparta su rostro de la de los judíos, por ser ellos réprobos, diciendo: "Vuestras lunas nuevas y vuestros sábados aborrece mi alma [
    ]".

    Carta 19, § 2

    2. Porque las acciones que no se realizan conforme a la ley y con piedad no aprovechan, aunque así se las tenga, sino que más bien ponen de manifiesto la hipocresía de quienes se atreven a realizarlas. Por tanto, aunque tales hombres finjan ofrecer sacrificios, oyen del Padre: "No son aceptables vuestros holocaustos, ni me agradan vuestros sacrificios; y aunque traigáis flor de harina, es vanidad; también el incienso es para mí abominación". Porque Dios no tiene necesidad de cosa alguna; y, puesto que nada le es impuro, está harto de ellos, como atestigua por Isaías, diciendo: "Estoy harto [
    ]". Ahora bien, se dio una ley acerca de estas cosas para instrucción del pueblo y para prefigurar lo venidero, pues Pablo dice a los Gálatas: "Antes de que viniese la fe, éramos guardados bajo la ley, encerrados para la fe que después había de sernos revelada; de suerte que la ley fue nuestro preceptor para conducirnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe". Pero los judíos ni sabían ni entendían; por eso andaban de día como en tinieblas, tanteando, mas sin llegar a tocar, la verdad que nosotros poseemos y que estaba contenida en la ley; se atenían a la letra, pero no se sometían al espíritu. Y cuando Moisés estaba velado, lo miraban, pero apartaban de él el rostro cuando se descubría. Pues no entendían lo que leían, sino que sustituían erróneamente una cosa por otra. Por ello clamó el profeta contra ellos, diciendo: "La falsedad y la infidelidad han prevalecido entre ellos". También el Señor dijo acerca de ellos: "Los hijos extraños han obrado falsamente conmigo; los hijos extraños han envejecido". Mas ¡con cuánta mansedumbre los reprende cuando dice: "Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él [
    ]"! Pero, faltos de fe, prosiguieron obrando falsamente con la ley, afirmando cuanto era de su agrado sin entender la Escritura; y, además, como habían hecho hipócritamente ostentación de la letra manifiesta de la Escritura y puesto en ella su confianza, Él se indigna con ellos y dice por Isaías: "¿Quién ha demandado esto de vuestras manos [
    ]?". Y por Jeremías, a causa de su gran osadía, los amenaza: "Juntad vuestros holocaustos con vuestros sacrificios y comed carne, porque no hablé a vuestros padres ni les di mandamiento, el día que los saqué de la tierra de Egipto, acerca de holocaustos y sacrificios [
    ]". Pues no obraban como era justo, ni era su celo conforme a la ley, sino que en tales días buscaban más bien su propio placer, como los acusa el profeta: golpeaban a sus siervos, se reunían para contiendas y riñas, herían con el puño al humilde y hacían todo cuanto tendía a su propia satisfacción. Por esta causa permanecen sin fiesta hasta el fin, aunque ahora hagan ostentación de comer carne fuera de lugar y de tiempo. Porque, en vez del cordero prescrito por la ley, han aprendido a sacrificar a Baal; en vez del verdadero pan ácimo, "recogen la leña, y sus padres encienden el fuego, y sus mujeres amasan la masa para hacer tortas al ejército del cielo y derramar libaciones a dioses extraños, a fin de provocarme a ira, dice el Señor". Reciben el justo pago de tales maquinaciones, pues, aunque pretendan celebrar la Pascua, les son arrebatados de la boca el gozo y la alegría, como dice Jeremías: "Ha sido quitada de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén la voz de los que se alegran y la voz de los que se regocijan, la voz del esposo y la voz de la esposa". Por tanto, ahora "el que entre ellos sacrifica un buey es como el que mata a un hombre; el que sacrifica un cordero, como el que degüella a un perro; el que ofrece flor de harina, como si ofreciera sangre de cerdo; el que presenta incienso como memorial, como un blasfemo [
    ]". Ahora bien, estas cosas jamás agradarán a Dios, ni es esto lo que les ha exigido la palabra. Antes bien, Él dice: "Estos han escogido sus propios caminos, y en sus abominaciones se deleita su alma".

    Carta 19, § 3

    3. ¿Y qué significa esto, hermanos míos? Pues es justo que examinemos el dicho del profeta, especialmente por causa de los herejes, que han vuelto su mente contra la ley. Por medio de Moisés, Dios dio mandamientos relativos a los sacrificios, y todo el libro llamado Levítico está dedicado por entero a ordenar estas materias, para que Él pudiese aceptar al oferente. Asimismo, por medio de los Profetas, censura como desobediente al mandamiento a quien desprecia estas cosas, diciendo: "No he demandado esto de vuestras manos. Ni hablé a vuestros padres acerca de sacrificios, ni les di mandamiento sobre holocaustos". Ahora bien, algunos opinan que las Escrituras no concuerdan entre sí, o que Dios, que dio el mandamiento, es falso. Mas no hay discrepancia alguna, lejos de ello, ni puede mentir el Padre, que es la verdad; "porque es imposible que Dios mienta [
    ]", como afirma Pablo. Pero todo esto resulta claro para quienes lo consideran rectamente y reciben con fe los escritos de la ley. Ahora bien, me parece —quiera Dios conceder, por vuestras oraciones, que estas observaciones que me atrevo a hacer no se aparten de la verdad— que el mandamiento y la ley acerca de los sacrificios no existían desde el principio, ni la mente de Dios, que dio la ley, tenía por objeto los holocaustos, sino aquellas cosas que estos señalaban y prefiguraban. "Porque la ley contenía una sombra de los bienes venideros". Y "aquellas cosas fueron establecidas hasta el tiempo de la reforma".

    Carta 19, § 4

    4. Por tanto, la ley entera no trataba de sacrificios, aunque había en ella un mandamiento acerca de los sacrificios, para que por medio de estos comenzase a instruir a los hombres, los apartase de los ídolos y los acercase a Dios, enseñándoles lo que convenía en aquel tiempo. Así pues, ni al principio, cuando Dios sacó al pueblo de Egipto, les dio mandamiento acerca de sacrificios u holocaustos, ni tampoco cuando llegaron al monte Sinaí. Porque Dios no es como el hombre, que haya de preocuparse de antemano por estas cosas; antes bien, su mandamiento les fue dado para que conociesen a Aquel que es verdaderamente Dios, y a su Logos, y despreciasen a los que falsamente son llamados dioses, que no existen, sino que solo tienen apariencia exterior. Así se dio a conocer a ellos al sacarlos de Egipto y hacerlos pasar por el mar Rojo. Pero cuando escogieron servir a Baal, y se atrevieron a ofrecer sacrificios a los que no tienen existencia, y olvidaron los prodigios obrados por ellos en Egipto, y pensaron en volver allí de nuevo, entonces, ciertamente, después de la ley, se estableció como ley aquel mandamiento relativo a los sacrificios; para que, con la mente que en otro tiempo había meditado en lo que no existe, se volviesen a Aquel que es verdaderamente Dios y aprendiesen, no a sacrificar en primer lugar, sino a apartar el rostro de los ídolos y a conformarse con lo que Dios mandaba. Porque cuando dice: "No hablé acerca de sacrificios ni di mandamiento sobre holocaustos", añade inmediatamente: "Sino que esto les mandé, diciendo: Obedeced mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo, y andaréis por todos los caminos que os ordene [
    ]". De este modo, instruidos y enseñados de antemano, aprendieron a no servir a nadie sino al Señor. Llegaron a conocer hasta cuándo debía durar la sombra y a no olvidar el tiempo que se acercaba, en el cual ya no sería sacrificio para Dios el novillo de la vacada, ni el carnero del rebaño, ni el macho cabrío [
    ], sino que todas estas cosas se cumplirían de un modo puramente espiritual, mediante la oración constante, la conducta recta y palabras piadosas; como canta David: "Séale grata mi meditación. Suba mi oración ante ti como incienso, y el alzar de mis manos como sacrificio vespertino". También el Espíritu que está en él manda, diciendo: "Ofreced a Dios sacrificio de alabanza y cumplid vuestros votos al Señor. Ofreced sacrificio de justicia y confiad en el Señor".

    Carta 19, § 5

    5. Samuel, aquel gran hombre, reprendió a Saúl con no menos claridad, diciendo: "¿No es mejor la palabra que una dádiva [Eclesiástico 18:17]?". Pues de este modo cumple el hombre la ley y agrada a Dios, como Él dice: "El sacrificio de alabanza me glorificará". Aprenda el hombre "qué significa esto: Misericordia quiero, y no sacrificio", y no condenaré a los adversarios. Pero esto los fatigaba, porque no se afanaban por entender; "pues, si lo hubieran sabido, no habrían crucificado al Señor de la gloria [
    ]". Y cuál sea su fin lo anunció el profeta cuando clamó: "¡Ay de su alma!, porque han concebido un mal pensamiento, diciendo: Atemos al justo, porque no nos agrada". El fin de semejante extravío no puede ser otro que el error, como dice el Señor al reprenderlos: "Erráis porque no conocéis las Escrituras [
    ]". Después, cuando, al ser reprendidos, debieran haber recobrado el juicio, se volvieron aún más insolentes y dijeron: "Nosotros somos discípulos de Moisés, y sabemos que Dios habló a Moisés [
    ]"; con aquella misma expresión obraban todavía más falsamente y se acusaban a sí mismos. Pues si hubiesen creído a aquel a quien prestaban oído, no habrían negado al Señor, que habló por medio de Moisés, cuando se hallaba presente. No obró así el eunuco en los Hechos: cuando oyó "¿Entiendes lo que lees? [
    ]", no se avergonzó de confesar su ignorancia e imploró que le enseñasen. Por ello, a quien se hizo discípulo le fue dada la gracia del Espíritu. Pero en cuanto a aquellos judíos que persistieron en su ignorancia, según dice el proverbio: "La muerte vino sobre ellos. Porque el necio muere en sus pecados".

    Carta 19, § 6

    6. Semejantes a estos son también los herejes, que, habiendo perdido el verdadero discernimiento, se atreven a inventarse el ateísmo. "Porque dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido y se han hecho abominables en sus obras". Quienes son necios en sus pensamientos tienen obras perversas, como dice Él: "¿Cómo podéis vosotros, siendo malos, hablar cosas buenas [
    ]?", pues eran malos porque pensaban maldades. ¿O cómo podrán obrar con justicia aquellos cuya mente está puesta en el engaño? ¿O cómo amará quien se ha dispuesto de antemano a odiar? ¿Cómo será misericordioso quien está entregado al amor al dinero? ¿Cómo será casto quien mira a una mujer para codiciarla? "Porque del corazón salen los malos pensamientos, las fornicaciones, los adulterios y los homicidios". Por ellos naufraga el necio, como entre las olas del mar, arrastrado y seducido por los placeres de su carne; pues está escrito: "Toda la carne de los necios es sacudida por una gran tempestad". Mientras anda en compañía de la necedad, es zarandeado por la tempestad y perece, como dice Salomón en los Proverbios: "El necio y el falto de entendimiento perecerán juntos y dejarán sus riquezas a extraños". Ahora bien, padecen tales cosas porque no hay entre ellos nadie de sano juicio que los guíe. Pues donde hay prudencia, allí está en la nave el Logos, piloto de las almas; "porque el que tiene entendimiento poseerá dirección"; mas los que carecen de guía caen como las hojas. ¿Quién se ha apartado tan por completo como Himeneo y Fileto, que sostenían opiniones perversas acerca de la resurrección y, en cuanto a la fe en ella, padecieron naufragio? Y Judas, hecho traidor, se apartó del Piloto y pereció con los judíos. Pero los discípulos, puesto que eran prudentes y por ello permanecieron con el Señor, aunque el mar estaba agitado y la nave cubierta por las olas, pues había una tempestad y el viento era contrario, no se apartaron. Porque despertaron al Logos, que navegaba con ellos, e inmediatamente el mar se aquietó al mandato de su Señor, y ellos fueron salvados. Se hicieron a un tiempo predicadores y maestros: relataban los milagros de nuestro Salvador y nos enseñaban también a imitar su ejemplo. Estas cosas fueron escritas por nosotros y para nuestro provecho, a fin de que por estos signos reconozcamos al Señor que los obró.

    Carta 19, § 7

    7. Por tanto, con la fe de los discípulos, conversemos a menudo con nuestro Maestro. Porque el mundo es para nosotros como el mar, hermanos míos, del cual está escrito: "He aquí el mar, grande y ancho; por él van las naves, y el Leviatán que formaste para que jugase en él". Flotamos sobre este mar, como llevados por el viento, mediante nuestro propio libre albedrío, pues cada cual dirige su rumbo según su voluntad y, o bien, bajo el pilotaje del Logos, entra en el descanso, o bien, apresado por el placer, naufraga y corre peligro en la tempestad. Porque así como en el océano hay tempestades y olas, así en el mundo hay muchas aflicciones y pruebas. Por ello, el incrédulo, "cuando sobreviene la aflicción o la persecución, tropieza [
    ]", como dijo el Señor. Pues, al no estar afirmado en la fe y tener puestos los ojos en las cosas temporales, no puede resistir las dificultades que nacen de las aflicciones. Antes bien, como aquella casa edificada sobre la arena por el hombre necio, así también él, falto de entendimiento [
    ], cae ante el embate de las tentaciones, como si lo derribasen los vientos. Pero los santos, que tienen los sentidos ejercitados en el dominio de sí [
    ], son fuertes en la fe y entienden la palabra, no desfallecen bajo las pruebas; y aunque de cuando en cuando se alcen contra ellos circunstancias de mayor prueba, permanecen fieles y, despertando al Señor que está con ellos, son librados. Así, pasando por el agua y por el fuego, hallan alivio y celebran debidamente la fiesta, elevando oraciones con acción de gracias a Dios, que los ha redimido. Porque, o bien son conocidos al ser tentados, como Abraham; o bien, al padecer, resultan aprobados, como Job; o bien soportan pacientemente la opresión y el engaño, como José; o bien, cuando son perseguidos, no son alcanzados, sino que, como está escrito, por medio de Dios "saltan el muro" de la maldad, que divide y separa a los hermanos y los aparta de la verdad. De este modo el bienaventurado Pablo, cuando se complacía en las debilidades, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y en las angustias por Cristo, se regocijaba y quería que todos nosotros nos regocijásemos, diciendo: "Regocijaos siempre; dad gracias en todo [
    ]".

    Carta 19, § 8

    8. Pues ¿qué hay tan propio de la fiesta como apartarse de la maldad, llevar una conducta pura y ofrecer sin cesar a Dios oraciones con acción de gracias? Por tanto, hermanos míos, esperando celebrar el gozo eterno en el cielo, celebremos también aquí la fiesta, regocijándonos en todo tiempo, orando sin cesar y dando gracias al Señor por todas las cosas. Doy gracias a Dios por los demás prodigios que ha obrado y por los diversos auxilios que ahora nos ha concedido, pues, aunque nos ha castigado severamente, no nos entregó a la muerte, sino que nos trajo de lejos, como desde los confines de la tierra, y nos ha unido de nuevo a vosotros. Al celebrar la fiesta, he tenido presente que debía anunciaros también la gran fiesta de Pascua, para que subamos juntos, por así decirlo, a Jerusalén y comamos la Pascua, no por separado, sino como en una sola casa; no diluyamos la palabra de Dios, como si la cociéramos en agua, ni destruyamos los mandamientos del Evangelio, como si quebrantáramos sus huesos. Antes bien, como asada al fuego, con amargura y fervorosos en espíritu, entre ayunos y vigilias, acostados sobre el suelo, celebrémosla con penitencia y acción de gracias.

    Carta 19, § 9

    9. Comenzamos el ayuno de cuarenta días el día sexto de Phamenoth [2 de marzo]; y, habiéndolo recorrido como es debido, con ayunos y oraciones, podremos llegar al día santo. Porque quien descuida observar el ayuno de cuarenta días, como quien pisa temeraria e impuramente las cosas santas, no puede celebrar la fiesta de Pascua. Además, recordémonos esto unos a otros y exhortémonos mutuamente a no ser negligentes, y especialmente a ayunar en esos días, para que los ayunos nos acojan unos tras otros y podamos llevar debidamente la fiesta a su término.

    Carta 19, § 10

    10. El ayuno de cuarenta días comienza, pues, como ya se ha dicho, el día sexto de Phamenoth (2 de marzo), y la gran semana de la Pasión, el undécimo de Pharmuthi (6 de abril). Y descansemos del ayuno el día decimosexto de ese mes (11 de abril), el séptimo día, ya avanzada la tarde. Celebremos la fiesta cuando amanezca para nosotros el primer día de la semana, el decimoséptimo del mismo mes de Pharmuthi (12 de abril). Añadamos luego, una tras otra, las siete santas semanas de Pentecostés, regocijándonos y alabando a Dios, porque por medio de estas cosas nos ha dado a conocer de antemano el gozo y el descanso eternos, preparados en el cielo para nosotros y para quienes verdaderamente creen en Cristo Jesús, nuestro Señor; por quien y con quien sean al Padre la gloria y el poder, juntamente con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
    Saludaos unos a otros con ósculo santo. Os saludan los hermanos que están conmigo.
    También he juzgado necesario informaros de los nombramientos de obispos que han tenido lugar en sustitución de nuestros bienaventurados compañeros en el ministerio, para que sepáis a quién escribir y de quién habéis de recibir cartas. En Syene, Nilammon, en lugar de otro Nilammon del mismo nombre. En Latopolis, Masis, en lugar de Amonio. En Coptos, Psenosiris, en lugar de Teodoro. En Panopolis, por deseo de Artemidoro, a causa de su avanzada edad y de la debilidad de su cuerpo, ha sido nombrado Arrio como coadjutor. En Hypsele, Arsenio, que se ha reconciliado con la Iglesia. En Lycopolis, Eudemón, en lugar de Plusiano. En Antinoöpolis, Arión, en lugar de Amonio y Tirano. En Oxyrynchus, Teodoro, en lugar de Pelagio. En Nilopolis, en lugar de Teón, Amato e Isaac, que se han reconciliado entre sí. En Arsenoitis, Andrés, en lugar de Silvano. En Prosopitis, Triadelfo, en lugar de Serapamón. En Diosphacus, junto al río, Teodoro, en lugar de Serapamón. En Sais, Pafnucio, en lugar de Nemesión. En Xois, Teodoro, en lugar de Anubión; y está también con él Isidoro, que se ha reconciliado con la Iglesia. En Sethroitis, Orión, en lugar de Potamón. En Clysma, Titonas, en lugar de Jacob; y está con él Pablo, que se ha reconciliado con la Iglesia.
    Comentario editorial · Los obispos que nombra Atanasio
    El § 1 dice que Dios «nos ha traído de lejos» y permite enviar de nuevo «abiertamente» las cartas festales: es la primera carta festal de esta edición escrita tras su regreso a Alejandría, en octubre de 346 (tabla del NPNF). Este final enumera los obispos nombrados «en sustitución de nuestros bienaventurados compañeros», para que se sepa a quién escribir. Dos nombres piden cuidado. El «Arrio» nombrado coadjutor de Panópolis comparte nombre con el presbítero que da título al arrianismo, pero es evidentemente otra persona: figura entre los obispos que Atanasio designa (lectura del editor). Y el «Arsenio» de Hípsele, «reconciliado con la Iglesia», es según el NPNF el obispo meleciano cuya supuesta muerte se alegó contra Atanasio; el episodio, en la Apología contra los arrianos.

    Carta 20

    Carta 20, encabezado

    (Para el año 348.) Cónsules Philippus y Salia; prefecto, el mismo Nestorio; indicción vi; día de Pascua, 3 de abril, 8 de Farmuti; era de Diocleciano 64; luna 18.

    Carta 20, § 1

    Celebremos ahora la fiesta, hermanos míos; pues, así como nuestro Señor anunció entonces a sus discípulos, así también nos dice ahora de antemano que "dentro de unos días será la Pascua [
    ]", en la cual los judíos entregaron al Señor, mientras que nosotros celebramos su muerte como una fiesta, gozosos porque entonces obtuvimos descanso de nuestras aflicciones. Nos congregamos con diligencia, pues en otro tiempo estábamos dispersos y perdidos, y hemos sido hallados. Estábamos lejos y hemos sido acercados; éramos extranjeros y hemos llegado a ser suyos: suyos, de Aquel que padeció por nosotros y fue clavado en la cruz, que cargó con nuestros pecados, como dice el profeta [
    ], y fue afligido por nosotros para apartar de todos nosotros la pena, el dolor y los suspiros. Cuando tenemos sed, Él nos sacia en el día mismo de la fiesta, poniéndose en pie y clamando: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba [
    ]". Pues tal es en todo tiempo el amor de los santos, que jamás cesan, sino que ofrecen al Señor el sacrificio ininterrumpido y constante, y de continuo tienen sed y le piden de beber; como cantó David: "Dios mío, Dios mío, de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti; muchas veces mi corazón y mi carne te anhelan en tierra árida, sin camino y sin agua. Así me dejé ver por ti en el santuario". Y dice el profeta Isaías: "Desde la noche mi espíritu te busca de madrugada, oh Dios, porque tus mandamientos son luz [
    ]". Y otro dice: "Mi alma desfallece por el anhelo que tiene de tus juicios en todo tiempo". Y dice también: "En tus juicios he puesto mi esperanza, y guardaré tu ley en todo tiempo". Otro clama con audacia: "Mis ojos están siempre vueltos al Señor". Y junto con él dice uno: "La meditación de mi corazón está delante de ti en todo tiempo". Y Pablo exhorta además: "Dad gracias en todo tiempo; orad sin cesar". Quienes así se ocupan sin interrupción aguardan enteramente al Señor y dicen: "Prosigamos hasta conocer al Señor: lo hallaremos presto como la mañana, y vendrá a nosotros como la lluvia temprana y la tardía sobre la tierra [
    ]". Pues no solo los sacia por la mañana, ni les da de beber únicamente cuanto piden, sino que les da con abundancia conforme a la multitud de su misericordia, concediéndoles en todo tiempo la gracia del Espíritu. Y añade enseguida qué es aquello de lo que tienen sed, diciendo: "El que cree en mí". Pues, así como "las aguas frías son gratas a los sedientos [
    ;
    ]", según dice el proverbio, así para quienes creen en el Señor la venida del Espíritu es mejor que todo refrigerio y deleite.

    Carta 20, § 2

    2. Conviene, pues, que en estos días de la Pascua madruguemos con los santos y nos acerquemos al Señor con toda nuestra alma, con pureza de cuerpo, con confesión y con piadosa fe en Él; para que, habiendo bebido primero aquí y quedando colmados de estas aguas divinas que [fluyen] de Él, podamos sentarnos a la mesa con los santos en el cielo y participar de la única voz de alegría que allí se eleva. De ella son justamente expulsados los pecadores, porque les resultó fatigosa, y oyen estas palabras: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener vestido de bodas [
    ]?". También los pecadores tienen sed, ciertamente, pero no de la gracia del Espíritu; antes bien, inflamados de maldad, los placeres los abrasan por entero, como dice el Proverbio: "Todo el día desea malos deseos". Pero el Profeta clama contra ellos, diciendo: "¡Ay de los que se levantan de madrugada y van tras la bebida fuerte; de los que siguen hasta la tarde, porque el vino los inflama!". Y puesto que se entregan sin freno a la lascivia, se atreven a desear con sed la perdición de otros. Habiendo bebido primero aguas de mentira e infidelidad, les ha sobrevenido lo que declara el Profeta: "Mi herida —dice— es grave; ¿de dónde me vendrá la curación? Ciertamente ha sido para mí como aguas engañosas, en las que no se puede confiar [
    ]". En segundo lugar, mientras beben con sus compañeros, extravían y perturban el recto entendimiento, y apartan de él a los sencillos. ¿Y qué clama el profeta? "¡Ay del que da a beber a su prójimo una turbia perdición y lo embriaga para contemplar sus cavernas!". Pero los que disimulan y sustraen la verdad apagan sus corazones. Habiendo bebido primero de estas cosas, pasan a decir lo que dice la ramera en los Proverbios: "Tomad con deleite del pan escondido y de las dulces aguas hurtadas [
    ]". Tienden lazos en secreto, porque no poseen la libertad de la virtud ni la audacia de la Sabiduría, que se alaba a sí misma a las puertas y habla con libertad por las anchas calles, predicando desde lo alto de los muros. Por esta causa se les invita a "tomar con deleite", porque, puestos a elegir entre la fe y los placeres, hurtan la dulzura de la verdad y encubren sus propias aguas amargas [para escapar] de la censura de su maldad, que no tardaría en hacerse pública. Por eso el lobo se reviste con piel de oveja, y los sepulcros engañan con su exterior blanqueado. Satanás, es decir...

    De la Carta 22

    Carta 22, encabezado

    (Para el año 350.)

    Carta 22

    Donde nuestro Señor Jesucristo, que tomó sobre sí morir por todos, extendió sus manos, no en algún lugar de la tierra, aquí abajo, sino en el aire mismo, a fin de que la salvación obrada por la Cruz se mostrase destinada a todos los hombres en todas partes: destruyendo al diablo que obraba en el aire; y a fin de consagrar nuestro camino de ascenso al cielo y dejarlo expedito.
    Comentario editorial · De dónde vienen los fragmentos
    De las Cartas 22 a 29 y 40 a 45 solo se conservan fragmentos, que citan otros autores. Según las notas del NPNF, Cosmas Indicopleustes conserva en griego trozos de las cartas 22, 24, 28, 29, 40 y 45, y Severo de Antioquía cita en siríaco los de las 27, 29 y 44. El «Otro fragmento» que sigue a la Carta 29 viene también de Cosmas. Por eso son tan breves y a veces empiezan sin comienzo. Hasta 1842, cuando se halló una versión siríaca, las cartas festales solo se conocían por alusiones y fragmentos; esa colección, que numera 45 cartas aunque muchas faltan, es hoy el principal testimonio.

    De la Carta 24

    Carta 24, encabezado

    (Para el año 352.)

    Carta 24

    Y en aquel tiempo, cuando partieron y atravesaron Egipto, sus enemigos fueron juguete del mar; mas ahora, cuando pasamos de la tierra al cielo, Satanás mismo cae ya del cielo como un relámpago.

    De la Carta 27

    Carta 27, encabezado

    (Para el año 355.) De la vigesimoséptima Carta festal de Atanasio, obispo de Alejandría y confesor; cuyo comienzo es: "De nuevo llega el tiempo del día de la Pascua viviente".

    Carta 27

    Pues ¿quién es nuestro gozo y nuestra gloria sino nuestro Señor y Salvador Jesucristo, que padeció por nosotros y por sí mismo nos dio a conocer al Padre? Porque Él no es otro que aquel que antaño habló por los profetas; pero ahora dice a cada hombre: "Yo, el que hablo, estoy cerca [
    ]". Con mucha razón se dice esto, pues no habla unas veces y guarda silencio otras; antes bien, continuamente y en todo tiempo, desde el principio y sin cesar, despierta a todo hombre y le habla en su corazón.

    De la carta 28

    Carta 28, encabezado

    (Para el año 356.)

    Carta 28

    ...Para que, al hacerse Él sacrificio por todos nosotros, nosotros, alimentados con las palabras de la verdad y partícipes de su doctrina viva, pudiéramos recibir también, con los santos, el gozo del cielo. Pues allí, así como llamó a los discípulos al cenáculo, el Logos nos llama con ellos al banquete divino e incorruptible; aquí padeció por nosotros, pero allí prepara los tabernáculos celestiales para quienes más prontamente atienden a la llamada y, sin cesar, [con la mirada puesta] en la meta, persiguen el premio de su llamamiento de lo alto; allí, para quienes acuden al banquete y luchan contra quienes se lo impiden, están reservados tanto una corona como un gozo incorruptible. Pues aunque, humanamente hablando, sea grande el esfuerzo de semejante camino, el Salvador mismo lo ha hecho ligero y grato.

    De la Carta 29

    Carta 29, encabezado

    (Del año 357.) De la vigésima novena Carta, que comienza así: "Basta por ahora con lo que ya hemos escrito".

    Carta 29

    El Señor puso a prueba a los discípulos mientras dormía sobre la almohada; entonces se obró un milagro especialmente apto para avergonzar aun a los impíos. Pues, cuando se levantó, reprendió al mar y acalló la tempestad, mostró claramente dos cosas: que la tempestad del mar no provenía de los vientos, sino del temor que le inspiraba su Señor, que caminaba sobre él; y que el Señor que lo reprendió no era una criatura, sino su Creador, pues una criatura no obedece a otra criatura. Porque, aunque el mar Rojo fue dividido antes por Moisés [
    ], no fue Moisés quien lo hizo: sucedió, no porque él hablara, sino porque Dios lo mandó. Y aunque el sol se detuvo en Gabaón [
    ], y la luna en el valle de Ayalón, aquella fue obra, no del hijo de Nun, sino del Señor, que escuchó su oración. Él fue quien reprendió al mar y quien, en la cruz, hizo que el sol se oscureciera [
    ].

    Otro fragmento

    Carta 29, otro fragmento

    Y mientras que lo humano llega a su fin, lo divino no. Por lo cual, también cuando hemos muerto y nuestra naturaleza se ha agotado, él nos resucita y, [aunque] nacidos de la tierra, nos eleva al cielo.

    De la Carta 39

    Carta 39, encabezado

    (Del año 367.) Sobre los libros en particular, y su número, que acepta la Iglesia. De la trigésima novena Carta de san Atanasio, obispo de Alejandría, sobre la fiesta pascual; en ella establece conforme al canon cuáles son los libros divinos que acepta la Iglesia.

    Carta 39, § 1

    ...1. Han fabricado libros a los que llaman libros de tablas, en los cuales muestran estrellas a las que dan nombres de santos. Y en esto, en verdad, han atraído sobre sí un doble reproche: quienes han escrito tales libros, porque se han hecho expertos en una ciencia falsa y despreciable; y, en cuanto a los ignorantes y sencillos, porque los han extraviado con malos pensamientos acerca de la recta fe, fundada en toda verdad y recta ante Dios.
    Comentario editorial · Un texto que llega por varios caminos
    Esta carta es la que se fecha en 367 y la más estudiada de la colección (Wikipedia). No se conserva entera en una sola fuente: según las notas del NPNF, el comienzo —con los «libros de tablas», que en el copto parecen ser cartas o tablas astrológicas— procede de una Vida copta de Teodoro, y el resto lo conserva en griego Teodoro Balsamón, con una versión siríaca que empieza en la cita de Lucas. Los puntos suspensivos antes de «1.» y «2.» indican que son extractos.

    Carta 39, § 2

    ...2. Pero, puesto que hemos hablado de los herejes como de muertos, y de nosotros mismos como poseedores de las divinas Escrituras para la salvación; y puesto que temo que, como escribió Pablo a los Corintios [
    ], algunos de los sencillos sean apartados de su sencillez y pureza por la astucia de ciertos hombres, y que en adelante lean otros libros —los llamados apócrifos—, extraviados por la semejanza de sus nombres con los de los libros verdaderos, os ruego que tengáis paciencia si también yo escribo, a modo de recordatorio, sobre asuntos que ya conocéis, movido por la necesidad y el provecho de la Iglesia.

    Carta 39, § 3

    3. Al pasar a tratar de estas cosas, tomaré, para dar razón de mi propósito, el ejemplo de Lucas el Evangelista, y diré por mi parte: "Puesto que algunos han emprendido [
    ]" la tarea de ordenar por su cuenta los libros llamados apócrifos y mezclarlos con la Escritura divinamente inspirada, acerca de la cual tenemos plena certeza, tal como la transmitieron a los padres quienes desde el principio fueron testigos oculares y ministros del Logos, también a mí me ha parecido bien, instado a ello por verdaderos hermanos y habiéndome informado desde el principio, exponeros cuáles son los libros incluidos en el canon, transmitidos y reconocidos como divinos; a fin de que quien haya caído en el error condene a quienes lo extraviaron, y quien haya perseverado firme en la pureza vuelva a regocijarse al traer estas cosas a su memoria.

    Carta 39, § 4

    4. Los libros del Antiguo Testamento son, pues, veintidós; porque, según he oído, se ha transmitido que tal es el número de las letras entre los hebreos. Su orden y sus nombres respectivos son los siguientes. El primero es el Génesis; luego el Éxodo; después, el Levítico; a continuación, los Números, y luego el Deuteronomio. Siguen a estos Josué, hijo de Nun; después, Jueces, y luego Rut. Y, tras estos, los cuatro libros de los Reyes: el primero y el segundo se cuentan como un solo libro, y asimismo el tercero y el cuarto como uno solo. También el primero y el segundo de las Crónicas se cuentan como un solo libro. Del mismo modo, el primero y el segundo de Esdras forman un solo libro. Después de estos viene el libro de los Salmos; luego, los Proverbios; a continuación, el Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. Sigue Job, y luego los Profetas, de los cuales los doce se cuentan como un solo libro. Después, Isaías, un libro; luego, Jeremías con Baruc, las Lamentaciones y la Epístola, un libro; por último, Ezequiel y Daniel, un libro cada uno. Hasta aquí llega el Antiguo Testamento.
    Comentario editorial · Veintidós libros y veintisiete
    El § 4 explica que los libros del Antiguo Testamento son veintidós, «según he oído» el número de las letras entre los hebreos, y lo consigue agrupando: los cuatro de los Reyes cuentan como dos, las Crónicas como uno, los dos de Esdras como uno (Esdras y Nehemías, según una nota del NPNF), los doce profetas como uno, y Jeremías incluye a Baruc, las Lamentaciones y la Epístola. En el § 5 el Nuevo Testamento suma veintisiete: cuatro evangelios, Hechos, siete epístolas católicas, catorce de Pablo (con Hebreos) y el Apocalipsis. Según Wikipedia, es la referencia más antigua conocida a la lista actual del Nuevo Testamento; el artículo sobre Atanasio la describe como un hito en la formación del canon.

    Carta 39, § 5

    5. Tampoco resulta tedioso hablar de los [libros] del Nuevo Testamento. Son estos los cuatro Evangelios, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Después, los Hechos de los Apóstoles y siete epístolas (llamadas católicas), a saber: una de Santiago, dos de Pedro y tres de Juan; tras estas, una de Judas. Hay, además, catorce epístolas de Pablo, escritas en este orden: la primera, a los Romanos; luego, dos a los Corintios; después de estas, a los Gálatas; a continuación, a los Efesios; luego, a los Filipenses; después, a los Colosenses; tras estas, dos a los Tesalonicenses y la dirigida a los Hebreos; y, asimismo, dos a Timoteo, una a Tito y, por último, la dirigida a Filemón. Y, además, el Apocalipsis de Juan.

    Carta 39, § 6

    6. Estas son fuentes de salvación, para que quienes tienen sed se sacien de las palabras vivas que contienen. Solo en ellas se proclama la doctrina de la piedad. Que nadie les añada nada ni les quite cosa alguna. Pues por lo que toca a ellas, el Señor dejó avergonzados a los saduceos, diciendo: "Erráis por no conocer las Escrituras". Y reprendió a los judíos con estas palabras: "Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí [
    ;
    ]".

    Carta 39, § 7

    7. Pero, para mayor precisión, añado también esto, pues es necesario escribirlo: hay otros libros, además de estos, que no están incluidos en el canon, pero que los Padres han dispuesto que lean quienes acaban de unirse a nosotros y desean ser instruidos en la palabra de la piedad: la Sabiduría de Salomón, la Sabiduría de Sirácida, Ester, Judit, Tobías, el libro llamado Enseñanza de los Apóstoles y El Pastor. Mas los primeros, hermanos míos, están incluidos en el canon, mientras que los últimos son [meramente] objeto de lectura; y en ninguna parte se hace mención de escritos apócrifos. Estos, por el contrario, son invención de los herejes, que los escriben cuando quieren, les otorgan su aprobación y les atribuyen una fecha, para que, valiéndose de ellos como de escritos antiguos, hallen ocasión de extraviar a los sencillos.
    Comentario editorial · Lo que queda fuera del canon, pero se lee
    El § 7 añade otra lista: libros «que no están incluidos en el canon» pero que los Padres han dispuesto que lean quienes acaban de unirse a la Iglesia —la Sabiduría de Salomón, el Sirácida, Ester, Judit, Tobías, la Enseñanza de los Apóstoles y El Pastor—, y rechaza los «apócrifos» como invención de los herejes. Ester no figura, pues, entre los veintidós, sino aquí; Wikipedia observa lo mismo. La Enseñanza de los Apóstoles es la Didaché (Wikipedia). Los corchetes de «[meramente]» son de la edición, no de Atanasio.

    De la Carta 40

    Carta 40, encabezado

    (Para el año 368.)

    Carta 40

    "Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas; y yo os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino". Llamados, pues, a la gran Cena celestial, en aquel aposento alto que ha sido barrido, "limpiémonos", como exhortó el Apóstol, "de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios [
    ]"; para que así, sin mancha por dentro y por fuera —por fuera, revistiéndonos de templanza y justicia; por dentro, mediante el Espíritu, dispensando rectamente la palabra de verdad—, podamos oír: "Entra en el gozo de tu Señor [
    ]".

    De la Carta 42

    Carta 42, encabezado

    (Para el año 370.)

    Carta 42

    Pues hemos sido llamados, hermanos, y ahora somos convocados por la Sabiduría, conforme a la parábola evangélica, a aquella gran Cena celestial, suficiente para toda criatura; quiero decir, a la Pascua, a Cristo, que es inmolado; pues "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado". ( Y después: ) Así pues, quienes estén preparados de este modo oirán: "Entra en el gozo de tu Señor".

    De la carta 43

    Carta 43, encabezado

    (Para el año 371.)

    Carta 43

    Para nosotros, pues, a quienes también pertenece la Pascua, el llamamiento viene de lo alto, y "nuestra ciudadanía está en los cielos", como dice Pablo; "porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la venidera", y, con la mirada puesta en ella, celebramos debidamente la fiesta. ( Y de nuevo, más adelante: ) Ciertamente, el cielo está en lo alto, y la distancia que de él nos separa es infinita; pues "los cielos de los cielos", dice él, "son del Señor". Mas no por ello hemos de ser negligentes ni temerosos, como si el camino hasta allí fuera imposible; antes bien, hemos de ser diligentes. Sin embargo, no nos es necesario cocer ladrillos al fuego ni buscar betún para argamasa como aquellos que antiguamente, al partir de oriente y hallar una llanura en Senaar, comenzaron [a edificar una torre]; pues sus lenguas fueron confundidas y su obra quedó destruida. Mas para nosotros el Señor ha consagrado un camino por su sangre y lo ha allanado. ( Y de nuevo: ) Porque no solo nos ha consolado en lo tocante a la distancia, sino que también ha venido y nos ha abierto la puerta que antaño estaba cerrada. En efecto, permanecía cerrada desde que expulsó a Adán de las delicias del Paraíso y puso a los querubines y la espada llameante que giraba en todas direcciones para guardar el camino del árbol de la vida; ahora, en cambio, está abierta de par en par. Y Aquel que se sienta sobre los querubines, habiéndose manifestado con mayor gracia y misericordia, llevó consigo al Paraíso al ladrón que lo confesó y, habiendo entrado en el cielo como precursor nuestro, abrió las puertas a todos. ( Y de nuevo: ) También Pablo, "prosiguiendo hacia la meta, al premio del llamamiento de lo alto [
    ]", fue arrebatado por ese llamamiento hasta el tercer cielo y, tras contemplar las cosas de arriba y descender luego, nos instruye proclamando lo que está escrito a los Hebreos, y dice: "Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar y que ardía en fuego, ni a las nubes, ni a las tinieblas, ni a la tempestad, ni a la voz que pronunciaba palabras. Antes bien, os habéis acercado al monte Sion y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a una compañía innumerable de ángeles, a la asamblea general y a la Iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos". ¡Quién no querría gozar de tan excelsa compañía! ¡Quién no desearía ser contado entre ellos, para oír con ellos: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo [
    ]"!

    De la Carta 44

    Carta 44, encabezado

    (Para el año 372.) Y de nuevo, de la cuadragésima cuarta Carta, cuyo comienzo es: "Todo lo que nuestro Señor y Salvador Jesucristo hizo en nuestro lugar y por nosotros".

    Carta 44

    Cuando, pues, los servidores de los sumos sacerdotes y de los escribas vieron estas cosas y oyeron decir a Jesús: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba [
    ]", comprendieron que este no era un mero hombre como ellos, sino Aquel que daba de beber a los santos y a quien había anunciado el profeta Isaías. Pues Él era verdaderamente el resplandor de la luz y el Logos de Dios. Y así, como río que mana de la fuente, también antaño dio de beber al Paraíso; mas ahora concede a todos los hombres el mismo don del Espíritu, y dice: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba". De todo aquel que "cree en mí, como dice la Escritura, brotarán de su seno ríos de agua viva [
    ]". No correspondía a un hombre decir esto, sino al Dios vivo, que verdaderamente concede la vida y da el Espíritu Santo.
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