Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 5 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minSeis pasajes, seis cosas que se ven
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minGálatas 4,21-31: la alegoría de Pablo
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minGénesis 1,6 y 1,16: a quién habla el texto
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minGálatas 2,20: leer un pronombre
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 3 minLo que se repite

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    COMPENDIOS — TALLER DE EXÉGESIS DE LA REFORMA

    Índice de la obra

    Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Taller de exégesis de la Reforma: seis pasajes y cómo los leyeron Lutero, Calvino y Whitaker

    Lutero, Calvino y Whitaker · seis lecturas30 minPosición: 0% de esta partePublicado el Actualizado el Ref. COM-HR4A-01

    Leer por sesiones · 5 sesiones · 0 marcadas como leídas

    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minSeis pasajes, seis cosas que se ven
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minGálatas 4,21-31: la alegoría de Pablo
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minGénesis 1,6 y 1,16: a quién habla el texto
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minGálatas 2,20: leer un pronombre
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 3 minLo que se repite

    Premisa central

    Los reformadores y sus polemistas se exigían unos a otros que la lectura saliera del texto y no se le impusiera. Este taller sigue seis lecturas reales para ver qué hacía cada uno con un pasaje cuando aplicaba esa exigencia.
    La síntesis de la época, Leer la Biblia en la Reforma, cuenta las discusiones y las convicciones desde las que se leyó. Aquí se miran los textos. Cada caso trae el pasaje bíblico, la lectura de un autor, lo que hace y lo que conviene llevarse. Los textos los traduce Eusebeia de las versiones inglesas de la biblioteca (Lutero y Calvino se leyeron en inglés, no en latín ni en alemán), y cada caso lo indica. Una advertencia sobre uno de ellos: el comentario de Lutero a Gálatas es una versión abreviada y modernizada, y sirve para su sentido, no para discutir sus palabras.

    Seis pasajes, seis cosas que se ven

    La lista es de esta edición, no de los autores; los nombres técnicos son los que usan los estudios de la biblioteca.
    CasoPasajeAutorQué se ve
    1Efesios 5,31-32Lutero, La cautividad babilónicaUn argumento desde una palabra del original, y una figura a la que se niega peso de doctrina
    2Gálatas 4,21-31Lutero, Calvino y WhitakerTres maneras de explicar que Pablo hable de «alegoría»
    3Génesis 1,6 y 1,16Calvino, Comentario a GénesisLa acomodación como límite de lo que el texto quiere decir
    4Oseas 11,1 y Mateo 2,15Calvino y WhitakerEl sentido de un profeta y su aplicación a Cristo
    5Gálatas 2,20LuteroLeer un pronombre
    6«Esto es mi cuerpo»Lutero, Calvino, Whitaker y PelikanLa misma regla, lecturas distintas

    1. Efesios 5,31-32: la palabra «misterio»

    cita («los dos serán una sola carne») y añade: «Grande es este misterio; pero yo hablo de Cristo y de la Iglesia». La Vulgata ponía «sacramentum» donde el griego dice mysterion, y de ahí se sacaba que el matrimonio es un sacramento; Pelikan (p. 308) tiene este pasaje por «probablemente» la traducción más decisiva de mysterion como sacramentum. Lutero contesta en La cautividad babilónica de la Iglesia (1520) desde la palabra:
    Texto de la fuenteMartín Lutero · La cautividad babilónica de la Iglesia · Del matrimonio, sobre Efesios 5, 32Trad. inglesa de R. S. Grignon, en First Principles of the Reformation, ed. H. Wace y C. A. Buchheim (Londres: John Murray, 1883)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa
    Se preguntará, sin embargo: ¿no dice el Apóstol que «los dos serán una sola carne» y que «este sacramento es grande»; y vas a contradecir las palabras claras del Apóstol? Respondo que este argumento es muy torpe y procede de una lectura descuidada e irreflexiva del original. En toda la Santa Escritura esta palabra «sacramentum» no tiene el sentido en que nosotros la empleamos, sino uno opuesto. Pues significa en todas partes no el signo de una cosa sagrada, sino una cosa sagrada que es secreta y oculta. Así dice Pablo: «Téngannos los hombres por ministros de Cristo y administradores de los misterios (esto es, sacramentos) de Dios» (1 Co 4,1). Donde nosotros usamos el término latino «sacramento», en griego se emplea la palabra «misterio»; y así en griego las palabras del Apóstol son: «Los dos serán una sola carne; este misterio es grande». Esta ambigüedad ha llevado a los hombres a considerar el matrimonio un sacramento de la nueva ley, cosa que habrían estado lejos de hacer si hubieran leído la palabra «misterio», como está en el griego.
    Más adelante dice qué hace con la figura:
    Texto de la fuenteMartín Lutero · La cautividad babilónica de la Iglesia · Del orden, sobre Efesios 5, 29-32Trad. inglesa de R. S. Grignon, en First Principles of the Reformation, ed. H. Wace y C. A. Buchheim (Londres: John Murray, 1883)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa
    Cristo y la Iglesia son, pues, un misterio, esto es, una cosa grande y oculta, que puede y debe ser figurada por el matrimonio, como en una especie de alegoría real; pero no se sigue que el matrimonio deba llamarse sacramento. Los cielos representan figuradamente a los apóstoles; el sol, a Cristo; las aguas, a las naciones; pero estas cosas no son por ello sacramentos; pues en todos estos casos faltan la institución y la promesa divina, y estas son las que hacen completo un sacramento. De ahí que Pablo, o bien aplica a Cristo, por su propio espíritu, las palabras dichas en Génesis sobre el matrimonio, o bien enseña que, en su sentido general, se declara allí también el matrimonio espiritual de Cristo.
    Qué hace. Lutero hace dos cosas con el mismo versículo. Con una palabra del original: sostiene que sacramentum traduce mysterion y que mysterion nombra en la Escritura una cosa oculta, y lo prueba con otros dos lugares donde el apóstol usa la misma palabra (; ). Y con la figura: concede que el matrimonio puede «figurar» a Cristo y la Iglesia, «como en una especie de alegoría real», y le niega que por eso sea sacramento, porque faltan la institución y la promesa. Observa, además, que Pablo mismo dice de quién habla («yo hablo de Cristo y de la Iglesia»). Pelikan recoge el trasfondo: Valla había propuesto cambiar sacramentum por mysterium, y la Vulgata en este versículo era el texto con que se probaba el sacramento del matrimonio (pp. 308-309). También cuenta que Enrique VIII atacó La cautividad y que Tomás Moro contestó a la réplica de Lutero (p. 264). Esas respuestas no están en los textos que se leyeron, y la respuesta católica a este argumento sobre Efesios 5,32 tampoco.
    Qué llevarse. Dos pasos que se pueden separar. Primero, el argumento viene de la palabra y de cómo la usa la Escritura en otros lugares, no de lo que Lutero preferiría. Segundo, se separa la figura de la doctrina: una cosa puede significar otra («los cielos representan a los apóstoles») sin que esa significación sea institución de Dios. Es lo que Calvino dirá de las alegorías en general (Institución II, v, 19; véase la síntesis). Y Lutero deja abierta una cuestión: Pablo, dice, o bien aplica a Cristo las palabras de Génesis «por su propio espíritu», o bien enseña que ya estaban allí en un sentido general. No decide entre las dos, y la alternativa ya es una lectura sobre cómo cita el Nuevo Testamento al Antiguo.

    2. Gálatas 4,21-31: la alegoría de Pablo

    cuenta la historia de Agar y Sara y la llama, en el griego, allegoroumena: «lo cual es una alegoría». Es el pasaje que más obliga a quien rechaza la alegoría, porque la usa un apóstol. En la síntesis medieval fue el texto de Pablo a partir del cual Casiano ilustró los cuatro sentidos con Jerusalén (Conferencias XIV, 8). Tres lectores de la Reforma lo toman de otra manera.
    Lutero, en las lecciones sobre Gálatas (versión abreviada de Graebner), advierte primero que las alegorías son «cosas peligrosas» y después explica la de Pablo como un adorno que se puede permitir porque la causa ya está probada:
    Texto de la fuenteMartín Lutero · Comentario a Gálatas · sobre Gálatas 4, 21 y 4, 24Traducción abreviada y modernizada de Theodore Graebner (Grand Rapids: Zondervan); versión de las lecciones de 1531Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Pablo es un experto en alegorías. Son cosas peligrosas. A menos que una persona tenga un conocimiento a fondo de la doctrina cristiana, haría mejor en dejar las alegorías en paz. […] Las alegorías no convencen mucho, pero, como los cuadros, hacen visible un asunto. Si Pablo no hubiera aportado de antemano argumentos indiscutibles a favor de la justicia de la fe frente a la justicia de las obras, esta alegoría serviría de poco. Habiendo fortificado antes su causa con argumentos invencibles, puede permitirse insertar esta alegoría para dar fuerza y belleza a su exposición.
    Un poco más adelante, ante el versículo 25, Lutero añade: «Yo habría sentido la tentación de llamar a Jerusalén Sara, o el Nuevo Testamento. Me habría agradado ese giro de la alegoría. Esto muestra que no todos tienen el don de la alegoría». Y en las Conversaciones de sobremesa se le atribuye la misma regla: las alegorías son buenos adornos, pero no de prueba, salvo la de Gálatas 4, donde Pablo la usa después de haber probado la causa (n.º 762).
    Calvino, ante el versículo 22, ya había rechazado lo que hicieron Orígenes «y muchos otros con él» (véase el comienzo de la síntesis). Después se hace la pregunta que corresponde:
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Comentario a Gálatas y Efesios · sobre Gálatas 4, 22Trad. inglesa de William Pringle (Calvin Translation Society)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa
    ¿Y qué responderemos a la afirmación de Pablo de que estas cosas son alegóricas? Pablo ciertamente no quiere decir que Moisés escribiera la historia con el fin de que se la convirtiera en alegoría, sino que señala de qué modo la historia puede servir al asunto presente. Esto se hace observando una representación figurada de la Iglesia que allí está delineada. Y una interpretación mística de esta clase (anagogía) no era incompatible con el sentido verdadero y literal, cuando se hacía una comparación entre la Iglesia y la familia de Abraham. Como la casa de Abraham era entonces una Iglesia verdadera, es indudable que los acontecimientos principales y más memorables que ocurrieron en ella son otros tantos tipos para nosotros. Como en la circuncisión, en los sacrificios y en todo el sacerdocio levítico había una alegoría, así como hay hoy una alegoría en nuestros sacramentos, así la hubo también en la casa de Abraham; pero esto no supone apartarse del sentido literal. En una palabra, Pablo aduce la historia como contenedora de una representación figurada de los dos pactos en las dos mujeres de Abraham, y de las dos naciones en sus dos hijos. Y Crisóstomo, en efecto, reconoce que la palabra alegoría indica que la aplicación presente (katachresis) es distinta del sentido natural; lo cual es perfectamente verdad.
    Whitaker, en la cuestión sobre la interpretación de la Escritura, va a la misma palabra y la resuelve distinguiendo el tipo de la alegoría:
    Texto de la fuenteWilliam Whitaker · Disputa sobre la Santa Escritura contra los papistas · Cuestión V, cap. 2Trad. inglesa de William Fitzgerald, Parker Society (Cambridge, 1849)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    El apóstol, en efecto, en Gálatas 4,24 interpreta la historia de las dos mujeres de Abraham de manera alegórica, o más bien típica, de los dos Testamentos; pues dice en términos expresos: «que son una alegoría». Pero allí no hace de esa historia un doble sentido, sino que dice solo que puede interpretarse alegóricamente para su propósito y para ilustrar el asunto que tiene entre manos. Hay, en verdad, cierta catacresis en la palabra «alegorizar»; porque Pablo no acomoda allí la historia alegóricamente, sino típicamente; y un tipo es cosa distinta de una alegoría. El sentido de esa Escritura es, por tanto, uno solo, a saber, el literal o gramatical. Con todo, el sentido entero no está en las palabras tomadas estrictamente, sino parte en el tipo, parte en el hecho mismo. En cada uno de ellos considerado aparte y por sí solo está contenido solo parte del significado; y por ambos tomados juntos se completa el significado pleno y perfecto. […] Tales alegorías podemos usarlas a veces con provecho para dar placer, no para forzar el asentimiento; sobre todo cuando la Escritura explica una cosa alegóricamente, pues de otro modo habría que ser parcos en inventar alegorías.
    LecturaQué es la «alegoría» de PabloQué justifica que la haga
    Casiano (síntesis medieval)Uno de los modos del sentido espiritual: de una misma ciudad, Jerusalén, salen cuatro sentidosLa doctrina de los cuatro sentidos
    LuteroUn adorno que hace visible una causa ya probada; peligrosa para quien no conoce la doctrinaQue Pablo haya probado antes; algo parecido a un «don»
    CalvinoUna representación figurada de la Iglesia ya presente en la casa de Abraham; un «tipo», no una salida del sentido literalQue la casa de Abraham era una Iglesia verdadera
    WhitakerUn tipo, no una alegoría; el sentido es uno solo y se completa en el tipo y en el hecho a la vezQue el tipo es parte del sentido literal
    Qué hace. Los tres responden a una misma objeción, que formula esta edición: si una alegoría del Antiguo Testamento no tiene valor de prueba, ¿por qué Pablo la usa? Lutero contesta que su uso es retórico y depende de que la causa esté ya probada; Calvino y Whitaker, que lo que Pablo ve está en el texto, como tipo, y que por eso la lectura no sale del sentido literal. La respuesta de Lutero rebaja la alegoría a ilustración; la de Calvino y Whitaker la hace parte de lo que el texto dice. Hay otra diferencia: Lutero habla de un «don de alegoría» que no todos tienen, y Calvino y Whitaker fundan la lectura de Pablo en lo que hay en el texto y no en un don.
    Qué llevarse. La regla de la síntesis, «el sentido es el natural y obvio», no impide admitir una lectura figurada si el texto la sostiene. Lo que cambia es dónde se pone la prueba: en la causa ya probada (Lutero) o en el tipo que hay en el hecho (Calvino, Whitaker). Es el mismo asunto que en Leer la Biblia con la Iglesia antigua apareció como el argumento de Carter sobre Gálatas 4 y 1 Corintios 10: si los apóstoles alegorizaron, ¿por qué no nosotros? En los pasajes leídos, ninguno de los tres responde que los apóstoles podían porque estaban inspirados y nosotros no. Carter lee que el pecado de Orígenes, para Calvino, es apartarse del sentido verdadero y no la alegoría como tal; en el texto, Calvino rechaza a la vez a Orígenes y la idea de que los sentidos puedan multiplicarse a voluntad. La lectura de Lutero conserva, además, su distinción de ley y evangelio: Agar y Sara son para él la ley y la promesa.

    3. Génesis 1,6 y 1,16: a quién habla el texto

    manda que haya una expansión «en medio de las aguas» que separe aguas de aguas. Calvino se encuentra con una dificultad y con un modo de resolverla que él descarta:
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Comentario a Génesis · sobre Génesis 1, 6Trad. inglesa de John King (Calvin Translation Society)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Moisés describe el uso especial de esta expansión: dividir las aguas de las aguas, de donde surge una gran dificultad. Pues parece contrario al sentido común, y del todo increíble, que haya aguas sobre el cielo. De ahí que algunos acudan a la alegoría y filosofen sobre los ángeles, pero fuera de propósito. Pues para mí es un principio cierto que aquí no se trata de otra cosa que de la forma visible del mundo. Quien quiera aprender astronomía y otras artes recónditas, que vaya a otra parte. Aquí el Espíritu de Dios quiere enseñar a todos sin excepción; y por eso lo que Gregorio declara falsa y vanamente sobre las estatuas y las pinturas se aplica con verdad a la historia de la creación, a saber, que es el libro de los no instruidos. Las cosas que relata sirven, pues, de adorno de aquel teatro que pone ante nuestros ojos. De donde concluyo que las aguas de que aquí se habla son las que pueden percibir los rudos y los no instruidos.
    (El traductor, John King, pone una nota: astrologia en el latín de Calvino abarcaba entonces la ciencia de los astros, y por eso traduce «astronomía». La frase de Gregorio que Calvino evoca es, según otra nota de King, la de Gregorio I sobre las pinturas en las iglesias, hechas para que quienes no saben letras lean en las paredes lo que no pueden leer en los códices.) El mismo criterio vuelve a propósito de los astros, en :
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Comentario a Génesis · sobre Génesis 1, 16Trad. inglesa de John King (Calvin Translation Society)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Ya he dicho que Moisés no diserta aquí sutilmente, como un filósofo, sobre los secretos de la naturaleza. […] Moisés escribió en estilo popular cosas que, sin instrucción, todas las personas dotadas de sentido común pueden entender; pero los astrónomos investigan con gran trabajo todo lo que la sagacidad de la mente humana puede comprender. Sin embargo, este estudio no ha de ser reprobado, ni esta ciencia condenada, porque algunos desquiciados tengan la costumbre de rechazar con audacia todo lo que ignoran. Pues la astronomía no solo es agradable, sino muy útil de conocer; no se puede negar que este arte despliega la admirable sabiduría de Dios. […] Moisés, como fue ordenado maestro tanto de los no instruidos y rudos como de los doctos, no podía cumplir su oficio sino descendiendo a este método de enseñanza más tosco. […] Que los astrónomos posean su conocimiento más elevado; pero, entre tanto, los que perciben por la luna el esplendor de la noche quedan convictos, por su uso, de perversa ingratitud si no reconocen la beneficencia de Dios.
    Qué hace. Calvino se pregunta por el destinatario del texto y por el lenguaje que le corresponde. Descarta la salida alegórica a una dificultad física («filosofar sobre los ángeles») y la sustituye por una afirmación sobre el género: el relato de la creación habla a todos, con lo que todos ven. No desautoriza a la astronomía, a la que llama útil y admirable; la deja en su sitio. En la Institución generaliza la misma idea con una imagen: Dios, «al hablar así, balbucea con nosotros como las nodrizas con los niños», y esas expresiones «acomodan el conocimiento de él a nuestra debilidad» (I, xiii, 1).
    Qué llevarse. Dos cosas. La primera es el procedimiento: antes de buscar un sentido oculto a una expresión chocante, preguntar a quién habla el texto y con qué lenguaje. La segunda es el contraste con las eras anteriores. Según Huijgen, a quien cita Boersma, la palabra accommodatio le llega a Calvino de Crisóstomo por Erasmo; es la adaptación de Dios a la condición humana que en la síntesis patrística se llama sinkatábasis. En los Padres que estudia Boersma se asocia a una lectura sacramental; en Calvino, a un límite de lo que el texto afirma sobre el cielo. Los textos leídos no permiten decir más (observación de esta edición).

    4. Oseas 11,1 y Mateo 2,15: el sentido de un profeta y su aplicación

    , «cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo», lo cita a propósito de la huida de la familia de Jesús a Egipto. Es el par de textos que Klein, Blomberg y Hubbard ponen a prueba, con cinco opciones, en Filosofía de la hermenéutica. Calvino empieza por rechazar una salida fácil:
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Comentario a una armonía de los Evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) · sobre Mateo 2, 15Trad. inglesa de William Pringle (Calvin Translation Society), vol. 1Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Algunos han pensado que la intención del profeta era distinta de la que aquí se expone, y han supuesto que el sentido es que los judíos obran necios al oponerse al Hijo de Dios y tratar de oprimirlo, porque el Padre lo ha llamado de Egipto. De este modo pervierten gravemente las palabras del profeta, cuyo designio es acusar de ingratitud a los judíos, que desde su infancia y desde el comienzo de su historia habían hallado en Dios un padre bondadoso y generoso, y sin embargo lo provocaban con nuevas ofensas. Sin duda alguna, el pasaje no debe restringirse a la persona de Cristo; y, con todo, Mateo no lo tuerce, sino que lo aplica con destreza al asunto que trata. […] Ahora bien, ¿qué fue la redención traída por Cristo sino una resurrección de entre los muertos y el comienzo de una vida nueva? […] Entonces salió la Iglesia de Egipto en su cabeza, como antes había salido todo el cuerpo.
    En su comentario a Oseas explica por qué la aplicación de Mateo no es una simple comparación:
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Comentario a Oseas · sobre Oseas 11, 1Trad. inglesa de John Owen (Calvin Translation Society)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Pero aquí surge una cuestión difícil, pues Mateo acomoda este pasaje a la persona de Cristo. […] Considero que Mateo había examinado más a fondo el propósito de Dios al hacer conducir a Cristo a Egipto y su regreso a Judea. Ante todo, hay que recordar que Cristo no puede separarse de su Iglesia, pues el cuerpo quedaría mutilado e imperfecto sin cabeza. Todo lo que ocurrió antes en la Iglesia debía cumplirse al fin en la cabeza. […] Por eso me parece demasiado frío el comentario que sostiene que Mateo hizo solo una comparación. Pues conviene considerar que Dios, cuando antes redimió a su pueblo de Egipto, mostró solo por un cierto preludio la redención que difería hasta la venida de Cristo. De ahí que, como el cuerpo salió entonces de Egipto hacia Judea, así salió al fin también la cabeza: y entonces Dios mostró plenamente que era el verdadero libertador de su pueblo.
    Whitaker usa el mismo par para otra cosa: para mostrar por qué solo se puede argumentar desde el sentido literal.
    Texto de la fuenteWilliam Whitaker · Disputa sobre la Santa Escritura contra los papistas · Cuestión V, cap. 2Trad. inglesa de William Fitzgerald, Parker Society (Cambridge, 1849)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa
    Está escrito en Oseas 11,1: «De Egipto llamé a mi hijo», y en Éxodo 12,46: «No le quebrantarás ningún hueso». Es bastante claro que lo primero ha de entenderse del pueblo de Israel y lo segundo del cordero pascual. ¿Quién osaría ahora transferir y acomodar estas palabras a Cristo, si el Espíritu Santo no lo hubiera hecho antes y no nos hubiera declarado su mente e intención?; a saber, que el Hijo en el primer pasaje designa no solo al pueblo de Israel, sino también a Cristo, y que el hueso, en el segundo, ha de entenderse de Cristo tanto como del cordero pascual. Los que interpretan esos lugares solo del pueblo de Israel o del cordero pascual dan solo una parte del sentido, no el sentido entero, porque el sentido entero ha de entenderse del signo y de la cosa misma tomados juntos, y consiste en la acomodación del signo a la cosa significada. De ahí surgen no sentidos diversos, sino un sentido entero.
    Qué hace. Los dos empiezan por el sentido que el pasaje tiene en su propio libro: Israel como hijo, sacado de Egipto como en un parto. Los dos aceptan que Mateo lo aplica a Cristo. Se diferencian en lo que apoya la aplicación. Calvino la funda en una unidad: Cristo no se separa de su Iglesia, de modo que lo que ocurrió en el cuerpo debía cumplirse en la cabeza, y la salida de Egipto fue un «preludio». Whitaker la funda en la declaración del Espíritu Santo, que es quien autoriza la transferencia, y por eso, dice, esa lectura es parte del sentido y no un segundo sentido.
    Qué llevarse. El pasaje enseña dónde cada uno pone el límite. Para Calvino la aplicación es legítima porque hay una relación real entre el pueblo y su cabeza; la «comparación» le parece fría. Para Whitaker lo es porque el Espíritu lo hizo en Mateo, y sin eso nadie se atrevería. Son dos criterios: el uno, una relación que se puede mostrar en el texto; el otro, una declaración del propio texto sagrado. Klein, Blomberg y Hubbard, para este mismo par, prefieren la opción de que un texto tiene solo el sentido que quiso su autor, y piensan que la disposición cristocéntrica de Mateo lo llevó a ver en Oseas un tipo de cómo Dios protege a sus hijos, aunque Oseas no pensara en eso. Su resultado se parece al de Whitaker (un solo sentido con una significación añadida); la diferencia está en que ellos atribuyen el descubrimiento a la disposición de Mateo y Whitaker a la declaración del Espíritu.

    5. Gálatas 2,20: leer un pronombre

    dice: «Cristo me amó y se entregó por mí». Lutero, en sus lecciones, se detiene en dos pronombres:
    Texto de la fuenteMartín Lutero · Comentario a Gálatas · sobre Gálatas 2, 20Traducción abreviada y modernizada de Theodore Graebner (Grand Rapids: Zondervan); versión de las lecciones de 1531Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    ¿Quién es este «me»? Yo, pecador miserable y condenable, amado entrañablemente por el Hijo de Dios. Si yo pudiera por obra o mérito amar al Hijo de Dios y llegar a él, ¿por qué se habría sacrificado por mí? […] ¿Me amó alguna vez la ley? ¿Se sacrificó alguna vez la ley por mí? ¿Murió alguna vez la ley por mí? Al contrario: me acusa, me asusta, me enloquece. Otro me salvó de la ley, del pecado y de la muerte para la vida eterna. Ese Otro es el Hijo de Dios, a quien sea la alabanza y la gloria para siempre. […] Lee las palabras «me» y «por mí» con gran énfasis. Escribe este «me» con mayúsculas en tu corazón, y no dudes nunca de que perteneces al número de los que se significan con este «me». Cristo no amó solo a Pedro y a Pablo. El mismo amor que sintió por ellos lo siente por nosotros. Si no podemos negar que somos pecadores, no podemos negar que Cristo murió por nuestros pecados.
    Qué hace. Lutero toma un detalle gramatical, la primera persona del singular, y hace de él el punto en que se decide la doctrina: si es «me», la obra no puede ser mía. Contrapone la ley a Cristo con tres preguntas retóricas («¿me amó alguna vez la ley?») y extiende el «me» de Pablo a quien lee, con un mandato: escríbelo en el corazón. Es una lectura para una conciencia. El prólogo de Graebner cuenta que Bunyan encontró en el libro su propio caso «como si hubiera sido escrito desde mi corazón».
    Qué llevarse. Que hay una pregunta que se puede hacer a cualquier texto dirigido a alguien: a quién habla, y qué se me dice a mí si soy ese a quien habla. Lutero responde de una manera que es propia de su doctrina y que otro lector no tiene por qué compartir. Hay también una distinción que Whitaker daría por buena: que Pablo diga «me» es el sentido; que ese «me» sea el de cada lector es una aplicación que fluye de las palabras, y que el propio Lutero declara como tal. Y una cautela de edición: el texto es una versión modernizada, con expresiones que son de Graebner (como «me enloquece», en inglés drives me crazy); sirve para ver el movimiento de la lectura, no para argumentar sobre su letra.

    6. «Esto es mi cuerpo»: la misma regla, lecturas distintas

    Las palabras de , «esto es mi cuerpo», dividieron a quienes habían aceptado la misma regla. Ya en 1520 Lutero la aplicaba contra la transubstanciación:
    Texto de la fuenteMartín Lutero · La cautividad babilónica de la Iglesia · De la CenaTrad. inglesa de R. S. Grignon, en First Principles of the Reformation, ed. H. Wace y C. A. Buchheim (Londres: John Murray, 1883)Traducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Hay mucho que decir en favor de mi opinión; en primer lugar esto: que no debe hacerse violencia a las palabras de Dios, ni por hombre ni por ángel, sino que, en la medida de lo posible, deben mantenerse en su sentido más simple y no tomarse, a menos que las circunstancias nos obliguen manifiestamente a ello, fuera de su significación gramatical y propia, para no dar a nuestros adversarios ocasión de eludir la enseñanza de toda la Escritura. Por eso se rechazó con razón la idea de Orígenes cuando, despreciando el sentido gramatical llano, convirtió en alegorías los árboles y todos los demás objetos descritos como existentes en el paraíso. […] Así en el caso presente, puesto que los evangelistas escriben claramente que Cristo tomó pan y lo bendijo, y puesto que el libro de los Hechos y el apóstol Pablo también lo llaman pan, ha de entenderse pan verdadero y vino verdadero, como la copa era también verdadera.
    Lutero aclara en el mismo lugar que cada uno es libre, sin peligro para su salvación, de pensar de uno u otro modo, porque aquí no hay necesidad de fe. Cinco años después, en Sobre la esclavitud de la voluntad, la regla de los tropos incluye una queja contra «aquellos nuevos profetas» que inventaron un tropo en «esto», en «es» o en «cuerpo» (véase la síntesis). Del lado reformado, Calvino sostiene que en la Escritura el nombre de la cosa significada se da al signo:
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Institución de la religión cristiana · IV, xvii, 21 y 23Trad. inglesa de Henry Beveridge; edición de la Christian Classics Ethereal LibraryTraducción: Eusebeia, desde esa versión inglesa; el texto abrevia con […]
    Queda, pues, que por la afinidad que tienen las cosas significadas con sus signos, el nombre de la cosa misma se da al signo, figuradamente, sí, pero con toda propiedad. No hablo de alegorías ni de parábolas, para que no se alegue que busco subterfugios y me escabullo de la cuestión presente. Digo que la expresión que se usa uniformemente en la Escritura cuando se trata de los sagrados misterios es metonímica. Pues no se pueden entender de otro modo las expresiones de que la circuncisión es un «pacto», de que el cordero es la «pascua» del Señor, de que los sacrificios de la ley son expiaciones, de que la roca de la que brotó el agua en el desierto era Cristo, si no se interpretan metonímicamente. […] Que cesen, pues, nuestros opositores de divertirse llamándonos tropistas, cuando explicamos el modo de hablar sacramental según el uso común de la Escritura. […] Esos dignos maestros, para mostrar que son de la letra, nos prohíben apartarnos lo más mínimo de la letra. Pero cuando la Escritura llama a Dios «hombre de guerra», como veo que la expresión sería demasiado dura si no se interpretara, no dudo de que la semejanza está tomada del hombre. Y, de hecho, el único pretexto que permitió a los antropomorfitas molestar a los Padres ortodoxos fue aferrarse a expresiones como «los ojos de Dios ven», «subió a sus oídos», «su mano está extendida», «la tierra es el estrado de sus pies», y clamar que se privaba a Dios del cuerpo que la Escritura le asigna.
    Whitaker aplica a la misma frase su «analogía de la fe». Los católicos sacan la transubstanciación de «esto es mi cuerpo», entendiendo «este pan se transforma en mi cuerpo»; los luteranos, que el cuerpo de Cristo está bajo este pan. Ambas exposiciones, dice, contradicen la analogía de la fe, que enseña que Cristo tiene un cuerpo como el nuestro, que está en el cielo y que vendrá del cielo a juzgar (cuestión V, cap. 9). Y para Juan 6,53 («si no coméis la carne del Hijo del hombre») invoca a Agustín:
    Texto de la fuenteAgustín de Hipona · Sobre la doctrina cristiana · III, 16, 24Consultar la referencia
    24. Si la frase es un mandato, ya sea que prohíba un crimen o un vicio, o que prescriba un acto de prudencia o de benevolencia, no es figurada. Si, por el contrario, parece prescribir un crimen o un vicio, o prohibir un acto de prudencia o de benevolencia, es figurada. "Si no coméis la carne del Hijo del hombre", dice Cristo, "y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros". Esto parece prescribir un crimen o un vicio; es, por tanto, una figura, que prescribe que tengamos parte en los padecimientos de nuestro Señor, y que guardemos un dulce y provechoso recuerdo de que su carne fue herida y crucificada por nosotros. […]
    (Es el comienzo del párrafo de Agustín que publica el sitio; Whitaker lo cita solo para el caso de Juan 6,53.) Pelikan cuenta lo que siguió (pp. 193-195). Zwinglio defendía que «a lo largo de la Biblia se encuentran figuras de lenguaje», Ecolampadio proponía una «regla» para entender en sentido figurado las palabras sobre signos y sacramentos, y Cranmer concedía que las palabras eran «tan claras como pueden decirse», pero no su sentido. Para los reformados el capítulo 6 de Juan fue «el muro de hierro»; Lutero lo llamó un muro de papel con color de hierro, y sostuvo que el capítulo hablaba de la fe y no de la Cena. Calvino, dice Pelikan, afirmaba que «el orden de la naturaleza es parte de la teología» en la cuestión de la presencia, y que había que atenerse a «la regla de la fe» y no a un presupuesto racionalista.
    Qué hace. Tres lectores aplican el mismo criterio, el de no apartarse de la letra salvo que algo lo exija. Contra la transubstanciación coinciden: el texto llama «pan» a lo que Cristo toma. Después se separan en lo que cuenta como razón para una figura. Lutero, que sostenía la presencia real (Klein, Blomberg y Hubbard, nota 112), admite el tropo solo si lo exige un artículo de la fe, y en este caso no lo veía exigido (es una inferencia de la regla de 1525; el escrito en que lo argumenta no está en la biblioteca); para Calvino, el uso común de la Escritura, que llama «pacto» a la circuncisión y «Cristo» a la roca, pide la metonimia, y la letra estricta llevaría a los antropomorfitas a un Dios con cuerpo; para Whitaker, la analogía de la fe, que pone el cuerpo de Cristo en el cielo, descarta tanto a los católicos como a los luteranos.
    Qué llevarse. Que la regla de la síntesis ordena la discusión y no la termina. La condición de Lutero («a no ser que lo exija… lo absurdo… frente a un artículo de la fe») depende de qué se tenga por artículo, y los reformadores no lo acordaron. Aquí se ve también la objeción que Pelikan atribuye a los críticos católicos: si todos aceptan que la Escritura es clara y no coinciden en una frase, ¿quién decide? La biblioteca no trae el escrito en que Lutero respondió a Zwinglio, de modo que su posición posterior sobre «es» se conoce solo por Pelikan y por la alusión de 1525.

    Lo que se repite

    Los seis casos comparten un orden que ningún autor enuncia del todo, y que esta edición resume así:
    • Se empieza por la lengua y el contexto. Lutero con mysterion, Calvino con el género del relato de la creación, Whitaker con eudokia y el resto de sus ocho medios (véase la síntesis).
    • La figura se admite si algo la sostiene. Un tipo en el hecho (Calvino, Whitaker), una causa ya probada (Lutero), el uso común de la Escritura (Calvino sobre la Cena). Sin ese soporte, es la «alegoría» que Calvino y Lutero rechazan.
    • Se separa lo que dice el texto de lo que se aplica a quien lo lee. Lutero lo hace en el «por mí»; Whitaker, con la distinción entre sentido y aplicación.
    • La regla no zanja las discusiones. El caso 6 muestra a tres lectores con el mismo criterio y tres lecturas.

    Para seguir leyendo

    Los libros de la biblioteca citan estos trabajos, que no están en ella y no se han leído para este artículo:
    • Los escritos de Lutero sobre la Cena posteriores a 1525, que Pelikan cita en las notas de las pp. 194-195.
    • Erasmo, Diatriba sobre el libre albedrío, según Lutero y Whitaker.
    • Richard A. Muller y David Steinmetz, sobre la exégesis de la Reforma y la medieval, según Carter.
    • Arnold Huijgen, «Divine Accommodation in Calvin: Myth and Reality», según Boersma.
    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin del artículo