Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Jerónimo (Hieronymus). Escribe en su segundo período de estancia en Belén, el de «sus grandes controversias», de las que el NPNF cuenta como primera la de Joviniano (Prolegómenos) |
| Título | Contra Joviniano (en latín Adversus Iovinianum; el NPNF imprime «Against Jovinianus») |
| Lengua original | Latín |
| Fecha | 393, según el editor del NPNF y Wikipedia. La carta de Jerónimo a Pammaquio que defiende estos libros se fecha en 393 o 394 (NPNF) |
| Género | Tratado polémico en dos libros. Cada tesis de Joviniano se contesta con exégesis bíblica y, en el libro primero, con ejemplos de la literatura pagana |
| Adversario | Joviniano, monje romano. Todo lo que sabemos de él viene de Jerónimo: la obra cita pasajes suyos (I, 2), y según Wikipedia la información sobre él procede principalmente de esta obra |
| Extensión | Dos libros: el primero con 49 secciones y el segundo con 38. Unas 56 000 palabras en esta traducción |
| Traducción | Castellana, automática y directa del inglés de la edición de base; no del latín |
| Fuente | Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 6, tal como la recogen New Advent y CCEL |
| Libro y secciones | Tema |
|---|---|
| I, 1–3 | Introducción: Jerónimo describe el estilo de Joviniano y cita su proemio |
| I, 4–13 | Exposición, en el sentido de Jerónimo, de 1 Corintios 7 |
| I, 14–39 | Lo que enseñan los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento sobre matrimonio y virginidad |
| I, 40–49 | Denuncia de Joviniano y alabanza de la virginidad y de las únicas nupcias con ejemplos del mundo pagano |
| II, 1–4 | Segunda tesis (en la cuenta de Jerónimo): los regenerados no pueden ser «derribados» por el diablo |
| II, 5–17 | Tercera tesis: ayunar y comer con acción de gracias no se distinguen |
| II, 18–34 | Cuarta tesis: todos los salvos tendrán igual recompensa |
| II, 35–38 | Recapitulación y apelación a Roma |
Joviniano, de quien poco más sabemos de lo que se halla en los dos libros siguientes, había publicado en Roma un tratado latino que contenía todas, o parte de, las opiniones aquí refutadas, a saber: (1) «Que una virgen, como tal, no es a los ojos de Dios mejor que una esposa. (2) La abstinencia no es mejor que la participación agradecida del alimento. (3) Una persona bautizada con el Espíritu y con el agua no puede pecar. (4) Todos los pecados son iguales. (5) No hay sino un grado de castigo y uno de recompensa en el estado futuro.» Además sostenía que el nacimiento de nuestro Señor se produjo por un «verdadero parto», y discrepaba así de la ortodoxia de su tiempo, según la cual el niño Jesús atravesó las paredes del vientre como su cuerpo resucitado salió después del sepulcro o atravesó las puertas cerradas. Pammaquio, amigo de Jerónimo, puso el libro de Joviniano en conocimiento de Siricio, obispo de Roma, y poco después fue condenado en sínodos celebrados en aquella ciudad y en Milán (hacia el año 390 d.C.). Posteriormente envió los libros de Joviniano a Jerónimo, quien les respondió en el presente tratado el año 393. Nada más se sabe de Joviniano, pero se ha conjeturado por la observación de Jerónimo en el tratado contra Vigilancio, donde se dice que Joviniano «en medio de faisanes y carne de cerdo más bien eructó que exhaló su vida», y que por una especie de transmigración transmitió sus opiniones a Vigilancio, que había muerto antes de 409, fecha de aquella obra.El primer libro trata por completo de la primera proposición de Joviniano, la relativa al matrimonio y la virginidad. Los tres primeros capítulos son introductorios. El resto puede dividirse en tres partes:
- (caps. 4-13). Una exposición, en el sentido de Jerónimo, de la enseñanza de san Pablo en 1 Cor. vii.
- caps. 14-39). Una exposición de la enseñanza que Jerónimo extrae de los diversos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.
- Una denuncia de Joviniano (c. 40), y las alabanzas de la virginidad y de los matrimonios contraídos una sola vez, derivadas de ejemplos del mundo pagano.
El tratado ofrece una muestra notable del sistema de Jerónimo para interpretar la Escritura, y también de los métodos por los cuales se introdujo el ascetismo en la Iglesia y se desprestigió el matrimonio.
I, 1
«Los montes están de parto; nace un mísero ratón.»
«Que se ha vuelto loco, hasta el loco Orestes lo jura.»
Comentario editorial · Un «Epicuro del cristianismo» al que Jerónimo quizá no conocía
I, 2
I, 3
Comentario editorial · Cuatro tesis para Jerónimo, cinco para el editor
I, 4
I, 5
I, 6
I, 7
I, 8
I, 9
I, 10
I, 11
I, 12
I, 13
I, 14
I, 15
I, 16
I, 17
I, 18
I, 19
I, 20
I, 21
I, 22
I, 23
I, 24
I, 25
I, 26
I, 27
I, 28
I, 29
I, 30
I, 31
I, 32
I, 33
I, 34
I, 35
I, 36
I, 37
I, 38
I, 39
I, 40
I, 41
I, 42
I, 43
I, 44
I, 45
I, 46
I, 47
I, 48
I, 49
Jerónimo responde a la segunda, tercera y cuarta proposiciones de Joviniano.I. (c. 1-4). Sobre la afirmación de que quienes han sido regenerados no pueden ser derribados por el diablo, Jerónimo (c. 1) la interpreta como que no pueden ser tentados por el diablo. Cita 1 Juan 1:8—2:2, para mostrar que los fieles pueden ser tentados y pecar, y necesitan un abogado. Las expresiones de Hebreos vi. acerca de quienes crucifican de nuevo al Hijo de Dios no se aplican a los pecados ordinarios posteriores al bautismo, como suponían Montano y Novaciano. Las epístolas a las siete Iglesias muestran que los caídos pueden volver. Los ángeles, e incluso nuestro Señor mismo, (4) pudieron ser tentados.II. (c. 5-17). Que no hay diferencia (moral) entre quien ayuna y quien toma alimento con acción de gracias. Joviniano ha citado (5) muchos textos de la Escritura para mostrar que Dios ha hecho los animales para alimento de los hombres. Pero (6) hay muchos otros usos de los animales además del alimento. Y hay muchas advertencias como 1 Cor. vi. 13, en cuanto al peligro que surge de la comida. Entre los paganos (7) hay muchos ejemplos de abstinencia. Reconocen (8) el mal de los atractivos sensuales, y a menudo, como Crates el Tebano, (9) han arrojado lo que podría tentarlos; los sentidos, enseñan, (10) deben estar sujetos a la razón; y que (11) salvo para los atletas (los cristianos no quieren ser como Milón de Crotona), el pan y el agua bastan. Horacio (12), Jenofonte y otros ilustres griegos (13), los esenios y los brahmanes (14), así como filósofos como Diógenes, dan testimonio del valor de la abstinencia. Las historias del Antiguo Testamento (15) del potaje de Esaú, del deseo de Israel por las ollas de carne de Egipto, y las del Nuevo Testamento de Ana, Cornelio, etc., recomiendan la abstinencia. Si algunos herejes inculcan el ayuno (16) de tal manera que desprecien los dones de Dios, y no se ha de juzgar a los cristianos débiles por el uso de la carne, quienes buscan la vida más alta (17) hallarán una ayuda en la abstinencia.III. (c. 18-34). La cuarta proposición de Joviniano, que todos los que se salven tendrán recompensa igual, es refutada (19) por los diversos rendimientos de treinta, sesenta y cien por uno en la parábola del sembrador, por (20) las «estrellas que difieren en gloria» de 1 Cor. xv. 41. Es extraño (21) hallar al defensor de la autocomplacencia reclamando ahora igualdad con los santos. Pero (22) como había diferencias en Ezequiel entre ganado y ganado, así las hay en San Pablo entre quienes edificaban oro o paja sobre el único fundamento. Las diferencias de dones (23), de castigos (24), de culpa (25), como entre Pilato y los sumos sacerdotes, del fruto de la buena semilla (26), de las moradas prometidas en el cielo (27-29), del juicio sobre los pecados tanto en la Iglesia como en la Escritura (30-31), de los llamados a distintas horas a la viña (32) son argumentos en favor de la diversidad de recompensas. La parábola de los talentos (33) presenta como recompensas diferencias de rango, y así también la Iglesia (34) en sus distintos órdenes.Jerónimo recapitula ahora (35) y apela (36) contra las opiniones licenciosas de Joviniano, que ya han inducido a muchas vírgenes a romper sus votos; y que, como la nueva herejía romana (37), pide a la Ciudad Imperial (38) que rechace.
II, 1
Comentario editorial · «Derribados» o «tentados»
II, 2
II, 3
II, 4
II, 5
II, 6
II, 7
II, 8
II, 9
II, 10
II, 11
II, 12
«Desprecia el placer; sólo daña cuando se compra con dolor.»
Ven a visitarme si quieres reír,
Me encontrarás gordo y lustroso de bien cebado pellejo,
Como cualquier cerdo de la pocilga de Epicuro.
II, 13
II, 14
II, 15
II, 16
II, 17
II, 18
II, 19
II, 20
II, 21
II, 22
II, 23
II, 24
II, 25
II, 26
II, 27
II, 28
II, 29
II, 30
II, 31
II, 32
II, 33
II, 34
II, 35
II, 36
«Ella lo llama matrimonio; así vela su falta.»
II, 37
II, 38
Notas, recepción y bibliografía
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