Qué se va a leer
Hasta aquí la línea ha leído lo que Jesús hace (Mateo 9 y 8), lo que la Iglesia debe hacer (Santiago 5) y el nombre que Dios se da (Éxodo 15). Marcos 6:7-13 es el eslabón que falta: el momento en que Jesús delega. Llama a los Doce, les da autoridad, los envía sin nada y ellos vuelven habiendo hecho lo que él hacía. En una sola frase, la última, Marcos cuenta algo que ningún otro evangelista cuenta: que «ungían con aceite a muchos enfermos». De esa frase, que el texto no explica, salen Santiago 5:14, la unción de la Iglesia antigua, la extremaunción, la objeción de Lutero y la «ordenanza» del movimiento de sanidad. Este artículo lee el envío entero, y después la historia de esa frase.
El envío viene inmediatamente después de un fracaso. En Nazaret, Jesús «no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos; y estaba asombrado por la incredulidad de ellos» (). Sigue un sumario de una línea, «recorría las aldeas de alrededor enseñando», que es el paralelo marcano del versículo con que abrió esta línea (Mateo 9:35). Y entonces, sin más, «llama a los Doce». Lo que no pudo hacer en su pueblo lo multiplica por seis parejas.
Marcos había anunciado este momento. En Jesús «constituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar demonios». El capítulo 6 cumple esa doble finalidad: han estado con él, ahora son enviados. Cuando vuelvan () Marcos los llamará por única vez «los apóstoles», los enviados, y entre la ida y la vuelta habrá intercalado la muerte del Bautista: la intercalación típica de Marcos, que pone bajo la sombra de Herodes la primera misión.
Los paralelos son tres: el discurso de misión de Mateo 10, construido sobre este envío; , muy cercano a Marcos; y el envío de los setenta y dos en Lucas 10, que repite las instrucciones. Solo Marcos menciona el aceite. Para la línea temática, este es el pasaje de la delegación: el ministerio de 9:35 (enseñar, proclamar, sanar) pasa a otras manos, con las mismas tres acciones y una práctica nueva.
El griego de Marcos es, como siempre, vivo y poco elegante: presentes históricos, imperfectos, una construcción hebraizante, y un cambio de estilo directo a indirecto en medio de las instrucciones.
| Griego | Análisis | Lo que aporta |
|---|---|---|
| προσκαλεῖται τοὺς δώδεκα | presente histórico | «Llama a sí»: el verbo de 3:13. Los Doce como grupo, no como individuos. |
| ἤρξατο αὐτοὺς ἀποστέλλειν δύο δύο | aoristo + infinitivo; numeral repetido | «Comenzó a enviarlos de dos en dos». Robertson: dýo dýo se tuvo por hebraísmo, pero Deissmann lo encontró en los papiros y en el griego hablado; seis parejas podían cubrir Galilea en seis direcciones. |
| ἐδίδου αὐτοῖς ἐξουσίαν | imperfecto | «Les iba dando autoridad»: no un acto sino una provisión continua durante la gira (Robertson). |
| τῶν πνευμάτων τῶν ἀκαθάρτων | genitivo objetivo | Marcos nombra solo los espíritus inmundos; Mateo añade «sanar toda enfermedad y toda dolencia» (); Lucas, «poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades» (). |
| μηδὲν αἴρωσιν εἰς ὁδὸν εἰ μὴ ῥάβδον μόνον | «nada para el camino salvo un bastón» | Mateo y Lucas prohíben también el bastón. La discrepancia ocupó a Agustín (§4) y a Henry (§6). |
| μὴ ἄρτον, μὴ πήραν, μὴ εἰς τὴν ζώνην χαλκόν | «ni pan, ni alforja, ni cobre en el cinto» | χαλκός, la moneda menor. La alforja (πήρα) es la del viajero o el mendigo. |
| ὑποδεδεμένους σανδάλια, μὴ δύο χιτῶνας | «calzados con sandalias, sin dos túnicas» | Lo mínimo del caminante. |
| ἐκτινάξατε τὸν χοῦν… εἰς μαρτύριον αὐτοῖς | «sacudid el polvo… para testimonio a ellos» | Gesto que Pablo y Bernabé repetirán en . |
| ἐκήρυξαν ἵνα μετανοῶσιν | «proclamaron que se arrepintieran» | El contenido de la predicación de los Doce es el de Juan y el de Jesús (1:4, 1:15). |
| δαιμόνια πολλὰ ἐξέβαλλον | imperfecto | «Expulsaban muchos demonios»: acción repetida. «Muchos», no «todos». |
| ἤλειφον ἐλαίῳ πολλοὺς ἀρρώστους καὶ ἐθεράπευον | imperfectos | «Ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban». ἀλείφω, el verbo profano del aceite (no χρίω); ἄρρωστος, «sin fuerza», la palabra de 6:5. El giro ἀλείφω ἐλαίῳ solo reaparece en . |
Una variante. El texto bizantino añade al final del versículo 11 la sentencia sobre Sodoma y Gomorra («de cierto os digo que en el día del juicio será más tolerable…»), tomada de ; la King James la trae, NA27 y las versiones castellanas recientes no. La Biblia Textual lo anota.
Tres observaciones. Primera: el aceite no está en las instrucciones de Jesús (vv. 8-11) sino en el relato de lo que los Doce hicieron (v. 13). Jesús manda predicar y da autoridad; el aceite es lo que ellos usaron. Jamieson lo nota, y Bengel antes que él. Segunda: Marcos dice dos veces «muchos» y Mateo pone en boca de Jesús un mandato sin restricción («sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia», ); lo que en Mateo es orden, en Marcos es crónica. Tercera: el verbo es ἀλείφω, el de frotar con aceite, y el aceite era la medicina ordinaria (, ); Robertson insistirá en que «la misma palabra puede traducirse frotar o ungir sin ceremonia alguna».
De dos en dos. La pareja es testimonio válido (: dos testigos), compañía («dos son mejor que uno», , que Teofilacto citará) y control mutuo. Edwards y Henry leerán ahí la validez del testimonio; Gregorio Magno, los dos preceptos de la caridad.
Sin provisiones. Las instrucciones describen al misionero que depende de la hospitalidad y no vende su mensaje. La Didaché, hacia el año 100, muestra que la regla seguía viva y que se usaba para discernir: «cuando el apóstol se va, no ha de tomar nada excepto pan hasta que encuentre su próximo alojamiento; pero si pide dinero, es un falso profeta» (Didaché 11, 6, en la edición de Eusebeia). Agustín verá en «el obrero es digno de su alimento» () la razón de la prohibición: no que las cosas no fueran necesarias, sino que se les debían.
El aceite. Era, en palabras de Robertson, «la mejor medicina de los antiguos, usada interna y externamente»; el samaritano lo vierte con vino en las heridas; Jamieson recuerda que los judíos lo usaban como remedio, y Bengel conjetura que los Doce «no parecen haber llevado el aceite consigo, sino haberlo empleado tal como lo encontraban junto al enfermo, a su manera más alta». Pero el aceite era también el signo del Espíritu y de la consagración, y por eso la misma frase pudo leerse como medicina y como rito.
Leer en paralelo. Horizontalmente, Mateo 10 convierte el envío en discurso y añade el mandato de sanar «de gracia»; Lucas 9 sigue a Marcos; Lucas 10 extiende la misión a setenta y dos con la fórmula «sanad a los enfermos que haya en ella y decidles: el reino de Dios se ha acercado» (): la curación como signo del reino que llega. Verticalmente, los lectores de Marcos hacia el año 70 tenían misioneros itinerantes entre ellos, y las instrucciones de 6:8-11 eran para ellos regla y espejo, como la Didaché muestra. Fee y Stuart piden exactamente esta doble lectura.
El testimonio más antiguo de que la Iglesia posterior a los apóstoles seguía haciendo lo que los Doce hicieron en Marcos 6 es Ireneo, hacia 180, en una polémica contra los magos gnósticos:
También aquellos que son en verdad sus discípulos, recibiendo gracia de él, realizan milagros en su nombre, para promover el bienestar de los demás hombres, según el don que cada uno ha recibido de él. Pues algunos ciertamente y en verdad expulsan demonios, de modo que los que han sido así limpiados de espíritus malignos con frecuencia creen en Cristo y se unen a la Iglesia. Otros tienen conocimiento previo de las cosas venideras: ven visiones y profieren expresiones proféticas. Otros más sanan a los enfermos imponiéndoles las manos, y son sanados. Sí, además, como he dicho, los muertos incluso han sido resucitados, y han permanecido entre nosotros durante muchos años. […] Porque así como ella ha recibido gratuitamente de Dios, gratuitamente también ministra.
El eco de Mateo 10:8 («de gracia recibisteis, dad de gracia») cierra el párrafo, y el orden de Ireneo es el de Marcos 6:13: primero los demonios, luego los enfermos. Pero Ireneo habla de imposición de manos, no de aceite. El aceite aparece en su obra en otro lugar, y es revelador: entre las prácticas de los discípulos de Marcos el mago, «otros hay que continúan redimiendo a personas incluso hasta el momento de la muerte, colocando sobre sus cabezas aceite y agua» (Contra las herejías I, 21, 5). Swete, citado por Robertson, lo resume: «las huellas de un uso ritual de la unción de los enfermos aparecen primero entre las prácticas gnósticas del siglo II». La primera unción de moribundos que conocemos es herética.
Jerónimo, sobre el paralelo de Mateo 10:1, deja la frase que Beda copiará y que la Catena pondrá a la cabeza del comentario de Marcos 6. La tomamos de la Catena aurea (Newman), que traduce el pasaje de Beda:
Nuestro bondadoso y misericordioso Señor y Maestro no escatimó a sus siervos y discípulos sus propias virtudes, y así como él mismo había sanado toda enfermedad y toda dolencia, así también dio el mismo poder a sus discípulos. […] Grande es la diferencia entre dar y recibir. Todo lo que él hace, lo hace con su propio poder, como Señor; si ellos hacen algo, confiesan su propia debilidad y el poder del Señor, diciendo en el nombre de Jesús: «levántate y anda».
La frase es de Jerónimo palabra por palabra (Comentario a Mateo I, sobre 10, 1, que Scheck traduce: «hay gran diferencia entre tener y conceder, entre dar y recibir»), y fija el principio con que toda la tradición leerá la delegación: los Doce sanan con autoridad prestada, «en el nombre de Jesús». Crisóstomo, en la Homilía 32 sobre Mateo que ya citamos en el primer artículo de esta línea, añade la pedagogía y la jerarquía: «por ahora los hace médicos de cuerpos, reservándoles para después la cura del alma, que es lo principal»; y responde a la pregunta de cómo expulsaban espíritus si «el Espíritu aún no había sido dado»: «por su mandato, por su autoridad». Hilario, en el mismo pasaje, lee la autoridad de 10:1 como anticipo del don del Espíritu: «con las virtudes de este don podían ser expulsado el perturbador y curado lo enfermo».
El primer comentario seguido a Marcos es la catena de Víctor de Antioquía (siglo V), que Tomás cita como «Pseudo-Crisóstomo». Sobre el versículo 13 dice lo esencial con sobriedad:
Solo Marcos menciona que ungían con aceite. Santiago, sin embargo, en su epístola canónica, dice algo semejante. Pues el aceite alivia nuestras fatigas y nos da luz y alegría; pero además el aceite significa la misericordia de la unción de Dios, la curación de la debilidad y la iluminación del corazón, todo lo cual se obra por la oración.
Tres cosas: la conexión con Santiago 5 ya está hecha en el siglo V; el aceite es a la vez cosa (alivia, alumbra) y signo (misericordia, curación, iluminación); y «todo lo cual se obra por la oración», la misma primacía de la oración que Santiago establece y que Lutero recordará. Gregorio Magno, en 591, predica sobre el «de dos en dos» del envío de los setenta y dos: «porque son dos los preceptos de la caridad, el amor de Dios y el del prójimo, y no puede haber caridad entre menos de dos; con esto nos da a entender que quien no tiene caridad hacia el prójimo no debe en modo alguno tomar sobre sí el oficio de predicar» (Homilías sobre los evangelios 17). Y Beda, hacia 720, escribe la frase que será decisiva:
Por lo cual es evidente por los apóstoles mismos que es antigua costumbre de la santa Iglesia que las personas poseídas o afligidas por cualquier enfermedad sean ungidas con aceite consagrado por bendición sacerdotal.
Obsérvese lo que Beda hace y lo que no hace. Hace: deducir de Marcos 6:13 que la práctica de su Iglesia (aceite consagrado por el sacerdote) viene de los apóstoles. No hace: hablar de moribundos ni de sacramento; dice «cualquier enfermedad» y «poseídos». Beda es el puente entre la unción de la Iglesia antigua, que Inocencio I describía como abierta a «todos los cristianos», y la lectura sacramental medieval; y su frase es la que Trento tendrá delante al escribir que el sacramento fue «insinuado en Marcos».
Los Padres leyeron el envío como delegación de un poder que no es de los enviados (Jerónimo, Beda), como pedagogía gradual (Crisóstomo) y como anticipo del Espíritu (Hilario); y leyeron el aceite como cosa y signo a la vez, unido a Santiago y a la oración (Víctor). Ireneo atestigua que la Iglesia de su tiempo seguía sanando «imponiendo las manos» y que la unción ritual de moribundos era cosa de herejes; Beda, seis siglos después, atestigua que la Iglesia ungía con aceite consagrado a todos los enfermos. Entre los dos testimonios está la historia de una práctica que el texto cuenta en una línea y no explica. El compendio Leer la Biblia con la Iglesia antigua describe el principio que permitió ese recorrido: «se lee en la Iglesia».
Teofilacto, en el siglo XI, resume la tradición griega: el aceite «significa la gracia del Espíritu Santo, por la que somos aliviados de nuestras fatigas y recibimos luz y alegría espiritual», y la pobreza de los enviados enseña «a no ser aficionados a recibir regalos». En Occidente, la frase de Beda hizo escuela y Nicolás de Lira, en el siglo XIV, dio el paso que Beda no había dado. Lo sabemos por Lapide, que en 1639 discute la cuestión con precisión escolástica y llega a una conclusión que sorprende en un jesuita de la Contrarreforma:
Algunos opinan que esta unción era la misma de que habla Santiago en su epístola (5:14), es decir, el sacramento de la extremaunción. Así Beda, Teofilacto, Lira y otros, que piensan que el sacramento de la extremaunción fue instituido por Cristo en este momento, y que los apóstoles lo confirieron a los enfermos por mandato suyo, aunque todavía no habían sido ordenados sacerdotes. Pero lo contrario parece más probable: primero, porque solo el sacerdote es ministro de este sacramento, y los apóstoles aún no eran sacerdotes; segundo, porque los apóstoles ungieron aquí a toda clase de enfermos, no bautizados y no moribundos, mientras que la extremaunción se confiere solo a bautizados en peligro de muerte; tercero, porque todos los que aquí fueron ungidos por los apóstoles sanaron, y no es así en la extremaunción, que se refiere primariamente a la salud y fuerza del alma; cuarto, porque el concilio de Trento dice que el sacramento fue insinuado en san Marcos, pero recomendado y promulgado por Santiago. Esta unción, por tanto, fue un tipo y como un preludio de la institución del sacramento, no el sacramento mismo. Fue, pues, una unción milagrosa, o un don de milagros, concedido a los apóstoles por un tiempo, para que con él confirmaran su predicación de Cristo.
«Un don de milagros concedido por un tiempo»: la fórmula es casi la de Calvino. Lapide añade que «santa Genoveva y muchos santos anacoretas solían sanar a los enfermos con aceite bendecido por ellos y enviado a los enfermos», es decir, que la unción de curación siguió existiendo fuera del sacramento, y cita a Víctor de Antioquía sobre por qué aceite y no vino. La Edad Media, pues, terminó leyendo en Marcos 6:13 dos cosas que no se excluían: el preludio de un sacramento para moribundos y un carisma de curación que algunos santos conservaban. El documento conciliar fue cauto: Trento dijo «insinuado», no «instituido», y Lapide tomó la cautela en serio.
Lutero fue el primero en usar Marcos 6:13 contra la extremaunción, y lo hizo con una lógica simple: si la unción de Santiago es la de Marcos, es una unción de curación, y «si cura, no es extrema». En La cautividad babilónica escribe que la de Santiago «es la misma unción que usaron los apóstoles, de quienes está escrito: "ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban"; fue un rito de la Iglesia primitiva, hace mucho caído en desuso, con el que hacían milagros por los enfermos», y que Santiago tomó su consejo «del evangelio de Marcos». Calvino, en la Institución (IV, 19, 18), lee el versículo con el mismo resultado y una explicación del signo:
Marcos relata que los apóstoles, en su primera misión, conforme al mandato que habían recibido del Señor, resucitaron muertos, expulsaron demonios, limpiaron leprosos, sanaron enfermos, y al sanar usaron aceite. Dice que «ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban». A esto se refirió Santiago cuando mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia para ungir al enfermo. Que bajo esta ceremonia no había ningún misterio más hondo lo percibirán fácilmente quienes consideren cuánta libertad usaron nuestro Señor y sus apóstoles en estas cosas externas. […] Admito que ni esta unción ni las demás cosas se usaron al azar; no, sin embargo, como instrumentos de la cura, sino solo como símbolos para recordar a los ignorantes de dónde procedía aquella gran virtud. […] Pero el don de curar desapareció con los demás poderes milagrosos que el Señor quiso dar por un tiempo.
Henry (1710) sigue esa línea con dos matices propios: sobre el bastón, resuelve la discrepancia distinguiendo «bastones de combate», prohibidos en Mateo y Lucas, de «un bastón de caminar, como el que llevaban los peregrinos», permitido en Marcos; sobre el aceite, «algunos piensan que se usaba medicinalmente, según la costumbre de los judíos; pero yo más bien pienso que se usaba como signo de curación milagrosa, por designación de Cristo, aunque no se mencione; y después lo usaron aquellos ancianos de la Iglesia a quienes por el Espíritu se dio el don de sanar, Santiago 5:14. Es cierto aquí, y por tanto probable allí, que ungir a los enfermos con aceite pertenece a aquel poder extraordinario que hace mucho cesó, y por tanto ese signo debe cesar con él». Wesley (1755) toma el texto en la dirección contraria: la unción de Marcos es la que «Santiago da como dirección general», y «parece que este fue el gran medio permanente de curar enfermedades desesperadas en la Iglesia cristiana, mucho antes de que la extremaunción se usara o se oyera nombrar». Jamieson, Fausset y Brown (1871) cierran el arco con Bengel: la unción «no era medicinal, sino signo de la virtud sanadora comunicada por sus manos y símbolo de algo todavía más precioso», y los Doce usaron el aceite «tal como lo encontraban junto al enfermo».
La discusión protestante reproduce exactamente la medieval con los papeles cambiados: Lapide y Calvino coinciden en que fue «un don concedido por un tiempo»; Henry y Lapide, en que el signo acompaña al don y cesa con él; Wesley y Beda, en que la unción es «costumbre antigua» de la Iglesia y debería durar. El compendio Leer la Biblia en la Reforma explica por qué el mismo método, sola Scriptura, podía producir a Calvino y a Wesley.
Robertson (1930) hace la observación gramatical decisiva: los verbos del versículo 13 son imperfectos, «repetición continuada», y «solo en Marcos»; el giro ἀλείφω ἐλαίῳ «es el único ejemplo del Nuevo Testamento usado en conexión con la curación, salvo Santiago 5:14», y «en ambos casos es posible que el uso del aceite de oliva como medicina sea la base de la práctica». Su conclusión, que repite en Santiago, es la de un bautista de 1930: «tenemos hoy, como en el siglo I, a Dios y la medicina; Dios por la naturaleza hace la verdadera curación cuando usamos la medicina y al médico». Deissmann, también vía Robertson, devolvió el «de dos en dos» al griego hablado. La crítica literaria explicó la intercalación con la muerte del Bautista y señaló el cambio de estilo directo a indirecto en las instrucciones. Y Swete, al observar que el uso ritual de la unción aparece primero entre gnósticos, dio a la historia de la práctica un punto de partida que Ireneo ya conocía. El compendio Leer la Biblia con la crítica histórica sitúa estas herramientas.
Para el movimiento de sanidad el envío de los Doce no es un episodio sino el primer eslabón de una cadena que llega hasta hoy. Simpson lo lee así en El evangelio de la sanidad:
Aun durante su vida envió a los doce apóstoles, y luego envió a los setenta como precursores de toda la hueste del presbiterado cristiano (pues los setenta fueron justamente los primeros ancianos de la edad cristiana, en correspondencia con los setenta ancianos de Moisés), con pleno poder para sanar. […] Durante la edad apostólica estas manifestaciones de poder sanador no estuvieron en modo alguno confinadas a los apóstoles. […] Pero ahora la edad apostólica se cierra: ¿ha de continuar esto, y si es así, por quién? ¿Con qué limitación ha de preservarse del fanatismo y la presunción? ¿Por qué comisión ha de perpetuarse hasta el fin de los tiempos […]? Nos volvemos con profundo interés a Santiago 5:14.
La lectura une Marcos 6, Lucas 10 y Santiago 5 en una sola línea de transmisión (los Doce, los setenta como «primeros ancianos», los ancianos de Santiago), y lee la unción de Santiago como «la misma de que leemos en Marcos 6:13», «una ordenanza religiosa simbólica, expresiva del poder del Espíritu Santo». Es, punto por punto, la lectura de Wesley llevada a sistema; y coincide con Beda en que la práctica viene «de los apóstoles mismos». Lo que la separa de todas las lecturas anteriores es el estatuto de la cadena: para Beda es costumbre, para Wesley medio que se perdió, para Simpson comisión perpetua.
Marcos 6 establece que el ministerio de curación de Jesús es transferible: lo que él hacía con autoridad propia, otros lo hacen con autoridad recibida, y el texto lo cuenta como hecho, no como posibilidad. Establece también que la transferencia tiene una forma (de dos en dos, sin provisiones, predicando arrepentimiento) de la que la curación es parte y no centro: el orden de Marcos es predicar, expulsar, sanar. Y deja sin explicar lo único que después se discutiría: el aceite. Que fuera medicina, signo o ambas cosas; que la práctica durara (Ireneo, Beda, Genoveva) o cesara (Calvino, Henry); que fuera preludio de un sacramento (Trento) o su refutación (Lutero): nada de eso está en la frase «ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban», y todo eso se construyó sobre ella.
Lo que todas las capas sostienen:
- La autoridad es prestada. «Grande es la diferencia entre dar y recibir» (Jerónimo, Beda): los Doce sanan «en el nombre de Jesús», y Marcos lo subraya con el imperfecto «les iba dando».
- La misión es una, con tres actos. Predicar el arrepentimiento, expulsar, sanar: el mismo orden de Marcos 1 y de Mateo 9:35. Nadie ha leído la curación como misión aparte.
- El aceite de Marcos es el de Santiago. Víctor de Antioquía, Beda, Lutero, Calvino, Henry, Wesley, Jamieson y Simpson lo dicen todos; difieren en lo que eso implica.
- La pobreza del enviado es parte del envío. Agustín, Teofilacto, Henry y la Didaché leen en las instrucciones una regla de discernimiento que la Iglesia antigua aplicó.
Lo que es lectura de una época:
- «Aceite consagrado por bendición sacerdotal» (Beda) es la práctica del siglo VIII leída hacia atrás; el texto dice solo «aceite».
- «Un don concedido por un tiempo» (Lapide y Calvino, desde orillas opuestas) es una tesis sobre la historia de los carismas que Ireneo, en el siglo II, no habría firmado.
- «Comisión perpetua» (el movimiento de sanidad) es la cadena Marcos–Lucas–Santiago leída como institución; el texto cuenta un envío y Santiago da una instrucción, y la cadena es construcción del lector.
Lo que sigue abierto es lo que ya estaba abierto en Santiago 5: si la práctica que Marcos narra pertenece a la forma de la misión en todo tiempo o al tiempo de su fundación. Ireneo y Beda atestiguan que duró; Calvino y Henry, que debía cesar; Wesley, que se perdió; y Marcos, que ocurrió.
Principios hermenéuticos que este pasaje ha puesto a prueba: distinguir en un relato lo que Jesús manda de lo que los enviados hacen (el aceite está en lo segundo); no leer una práctica posterior en una frase que no la describe (Beda, Lira); dejar que un texto de la misma época (la Didaché) muestre cómo se leían las instrucciones; y no convertir en cadena institucional lo que los textos presentan como envíos sucesivos.
Siguiente pasaje de la línea: , los «dones de sanidades» entre los carismas de la Iglesia, el texto con que Ireneo, Calvino y el movimiento de sanidad discutieron si lo de Marcos 6 duró.
Texto. Griego de NA27 con análisis morfológico (módulo iNA27) para Marcos 6:7-13 y sus paralelos (Mateo 10:1, 7-8; Lucas 9:1-2, 6; 10:9); Diccionario Strong ampliado (Str-ES); versiones BTX4, RV60, LBLA, NVI, DHH, NTV, TLA, KJV; notas de la Biblia Textual (variante del v. 11); referencias cruzadas de OpenBible; notas de Jonathan Edwards (módulo Edw-c) sobre 6:7-8.
Padres. Ireneo, Contra las herejías I, 21, 5 y II, 31, 2 – 32, 4: copiados de la edición publicada en Eusebeia. Didaché 11, 6: edición de Eusebeia. Jerónimo, In Matthaeum I, sobre 10, 1: según Scheck (FOTC 117) y la Catena aurea. Crisóstomo, In Matthaeum hom. 32, 4: NPNF 1.ª serie, vol. 10 (ya traducido en el primer artículo de la línea). Hilario, In Matthaeum 10, 2: PL 9. Víctor de Antioquía, Gregorio Magno (Hom. in Ev. 17), Beda (In Marcum II), Teofilacto y Agustín (De consensu II, 30): según la Catena aurea in Marcum, trad. inglesa de J. H. Newman (1842), traducida del inglés.
Medievales y Lapide. Nicolás de Lira: solo a través de Lapide. Cornelio a Lapide, The Great Commentary, vol. 3 (Marcos), trad. T. W. Mossman: traducido del inglés. Trento, sesión XIV: Schaff, Creeds, vol. 2.
Reforma y después. Lutero, De captivitate babylonica, trad. Wace y Buchheim (1883); Calvino, Institución IV, 19, 18, trad. H. Beveridge (1845); Matthew Henry, vol. 5 (1710); Wesley, Notes (1755); Jamieson, Fausset y Brown (1871), que citan a Bengel: traducidos del inglés. Calvino no comenta el versículo 13 en la Armonía; su lectura se toma de la Institución.
Modernos. A. T. Robertson, Word Pictures (1930), que cita a Deissmann (Light from the Ancient East) y a Swete; Gordon Fee y Douglas Stuart sobre la lectura horizontal y vertical de los evangelios, en paráfrasis.
Siglo XIX. A. B. Simpson, The Gospel of Healing (ed. de 1890), cap. 1 («Scriptural Foundation», 8-10): traducido del inglés.
Límites. No está en la biblioteca el comentario de Beda a Marcos en su texto (solo lo que la Catena extracta), ni Teofilacto, ni Lira, ni Bengel, ni Swete en su comentario a Marcos, ni un comentario crítico moderno a Marcos (Taylor, Cranfield, Marcus, Collins). No se ha leído el griego de Víctor de Antioquía ni el latín de Beda. No hay ninguna obra de A. W. Tozer.
Un esquema de lo que el pasaje permite predicar sin traicionar lo leído. No es la homilía; es su esqueleto.
Título. «Comenzó a enviarlos».
Idea central. Jesús no se guarda su ministerio: lo entrega a los suyos, con su autoridad y con su forma, y ellos hacen lo que él hacía.
- Después de Nazaret (vv. 6-7). Donde la incredulidad le ató las manos, Jesús responde multiplicando las manos: llama a los Doce y los envía. El envío nace de un fracaso, no de un éxito.
- Con autoridad y sin equipaje (vv. 7-11). Les da lo único que importa (autoridad sobre lo inmundo) y les quita todo lo demás (pan, alforja, dinero, segunda túnica). El enviado depende de quien lo envía y de quien lo recibe; no vende nada.
- Hicieron lo que él hacía (vv. 12-13). Predicaron el arrepentimiento, expulsaron demonios, ungieron con aceite y sanaron. El orden importa: la palabra primero; la curación, con el remedio de todos los días y en nombre de otro.
Aplicación. Dejarse enviar de dos en dos y con poco; esperar que el Señor obre por manos prestadas; cuidar de los enfermos con lo que hay a mano y en su nombre, sin convertir el medio en misterio.
Cautela. Marcos cuenta lo que los Doce hicieron; no funda con ello un rito ni promete que toda unción sane. Predicar el envío como mandato de sanar hoy es decir más que el texto; predicarlo sin los enfermos es decir menos.