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  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minContexto histórico y literario
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  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minQué aporta el pasaje a la línea «Cristo nuestro Sanador»
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    EXÉGESIS — CRISTO NUESTRO SANADOR

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    «Haga llamar a los ancianos de la iglesia»: Santiago 5:14-16 y la oración por el enfermo

    Santiago 5:14-16 · tercer pasaje de la línea temática31 minPosición: 0% de esta partePublicado el Actualizado el Ref. EXE-SAN-03

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    Qué se va a leer

    Los dos pasajes anteriores de esta línea hablaban de lo que Jesús hizo. Santiago 5:14-16 habla de lo que la Iglesia debe hacer: es el único texto del Nuevo Testamento que da un procedimiento para el cristiano enfermo, con sujetos, verbos y un signo. Por eso es también el texto sobre el que más se ha legislado: la Iglesia antigua lo convirtió en rito y en penitencia, la medieval en sacramento, Trento lo definió para moribundos, Lutero y Calvino lo devolvieron a la oración y lo dieron por cesado, Wesley dijo que se perdió por incredulidad y Simpson que sigue en vigor. Este artículo lee primero cada palabra del procedimiento y después cada una de esas lecturas con la regla que la produjo.

    1. El pasaje y su lugar

    La carta de Santiago termina como empezó: con instrucciones breves para una comunidad que sufre. Después de la paciencia ante la venida del Señor (5:7-11) y de la prohibición de jurar (5:12), el autor hace tres preguntas en paralelo (): ¿sufre alguno? ore; ¿está alegre? cante; ¿está enfermo? haga llamar a los ancianos. La tercera recibe lo que las otras dos no tienen: un procedimiento completo, con quién llama, quiénes vienen, qué hacen, qué dicen y qué promete el Señor. Sigue el mandato de confesarse «unos a otros» y orar «unos por otros», la sentencia sobre la oración del justo, y el ejemplo de Elías (), «hombre semejante a nosotros», que cerró y abrió el cielo orando.
    El autor se presenta como «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo», y la tradición lo identifica con el hermano del Señor que presidió la asamblea de Jerusalén y dictó allí la sentencia (), el que Pablo nombra primero entre las «columnas» (). Escribe «a las doce tribus de la dispersión»: a comunidades judeocristianas, con sinagoga (2:2) y con ancianos. La carta es la más parecida del Nuevo Testamento a la instrucción sapiencial judía: dice qué hacer, no construye doctrina. Eso importa para leer 5:14: es una regla práctica dada a comunidades concretas, y el intérprete tiene que preguntar, como pide el método de Fee y Stuart para las cartas, qué situación responde antes de preguntar qué principio enuncia.
    Para la línea temática, el pasaje es el punto en que la sanidad deja de ser algo que Jesús hace y pasa a ser algo que la Iglesia practica. Simpson lo llama «la comisión» por la que el ministerio de curación de Mateo 9:35 y 10:1 «se perpetúa hasta el fin de los tiempos». Si eso es lo que el texto dice, y para quién, es lo que hay que leer.

    2. El texto en su lengua

    El procedimiento tiene siete pasos, y casi cada palabra ha sido objeto de disputa.
    GriegoAnálisisLo que aporta
    ἀσθενεῖ τις ἐν ὑμῖν«¿está débil alguno entre vosotros?»ἀσθενέω, «estar sin fuerza»: enfermo, pero también débil en general. La misma raíz que las «debilidades» de Mateo 8:17.
    προσκαλεσάσθωaoristo medio imperativoEl enfermo mismo hace llamar; la iniciativa es suya. Voz media: para sí.
    τοὺς πρεσβυτέρους τῆς ἐκκλησίας«los ancianos de la iglesia»Plural y colegiado, como en y . Es la única vez que Santiago nombra un oficio.
    προσευξάσθωσαν ἐπ᾽ αὐτόν«oren sobre él»ἐπί con acusativo: sobre el que yace. La oración es el verbo principal; lo que sigue es participio.
    ἀλείψαντες ἐλαίῳparticipio aoristo, «habiendo ungido con aceite»ἀλείφω, no χρίω: el aceite que se frota, no la unción sagrada (Trench, citado por Robertson). El aoristo puede ser anterior o simultáneo a la oración. Mismo giro en .
    ἐν τῷ ὀνόματι τοῦ κυρίου«en el nombre del Señor»Lo que distingue el gesto de la medicina y de la magia: se hace por autoridad de otro.
    ἡ εὐχὴ τῆς πίστεως«la oración de fe»εὐχή solo aparece aquí y dos veces en Hechos, donde significa «voto» (). La fe es la del que ora; ya pidió «con fe, sin dudar».
    σώσει τὸν κάμνοντα«salvará al que está postrado»σώζω, «salvar» y «sanar», como en Mateo 9:21; κάμνω, «fatigarse, desfallecer», solo aquí y en .
    ἐγερεῖ αὐτὸν ὁ κύριος«el Señor lo levantará»El sujeto es el Señor, no los ancianos ni el aceite. ἐγείρω es el verbo de levantarse del lecho y de la resurrección.
    κἂν ἁμαρτίας ᾖ πεποιηκώς«y si hubiera cometido pecados»Condicional (κἄν = καὶ ἐάν) con perfecto perifrástico: supone que puede haber pecado detrás, no que lo haya siempre.
    ἀφεθήσεται αὐτῷ«le será perdonado»Pasivo impersonal: Dios perdona.
    ἐξομολογεῖσθε οὖν ἀλληλοις τὰς ἁμαρτίας«confesaos, pues, unos a otros los pecados»Recíproco. El texto bizantino lee παραπτώματα, «faltas» («faults» en la King James); el antiguo, ἁμαρτίας, «pecados».
    εὔχεσθε ὑπὲρ ἀλλήλων ὅπως ἰαθῆτε«orad unos por otros para que seáis sanados»ἰάομαι, el verbo de la curación; si aquí es del cuerpo o del alma lo discutirán Wesley y Robertson.
    πολὺ ἰσχύει δέησις δικαίου ἐνεργουμένη«mucho puede la súplica del justo, puesta en obra»ἐνεργουμένη: medio o pasivo; «cuando actúa» o «cuando es activada». La Biblia Textual traduce «energizada».
    Tres observaciones que gobiernan todo lo que sigue. Primera: el texto pone el peso en la oración: cinco verbos de orar en seis versículos (13, 14, 15, 16 dos veces, 17-18), y la promesa del 15 se predica de «la oración de fe», no del aceite. Lutero, Calvino, Jamieson y Simpson coincidirán en esto desde posiciones opuestas. Segunda: el verbo de ungir es el profano, y el aceite era en el mundo antiguo la medicina ordinaria: el samaritano vierte «aceite y vino» en las heridas (), Isaías describe llagas «no suavizadas con aceite» (). Que Santiago prescriba el remedio corriente «en el nombre del Señor» admite dos lecturas, la del signo y la del medicamento bendecido, y las dos tienen defensores. Tercera: el «si» del versículo 15 separa a Santiago de la ecuación enfermedad igual a pecado: puede haber pecado, y entonces el perdón acompaña a la curación; puede no haberlo.

    3. Contexto histórico y literario

    Los ancianos. Las comunidades a las que escribe Santiago tienen una estructura: «ancianos de la iglesia», en plural. Es el régimen de Jerusalén (Hechos 15:6, 22; 21:18) y de las iglesias paulinas en Hechos 14:23. Que el enfermo los llame significa que la enfermedad no es asunto privado: compromete a la comunidad representada por sus responsables. Si esos ancianos son «sacerdotes ordenados por el obispo» o «los mayores de cada comunidad» es, literalmente, el cuarto canon de Trento contra Lutero (§5 y §6); en el siglo I la pregunta no se podía formular así.
    El aceite. Robertson lo resume: «el uso del aceite de oliva era uno de los mejores agentes curativos conocidos por los antiguos; lo usaban interna y externamente». Jamieson, Fausset y Brown añaden que el Talmud lo recoge como remedio. Pero el aceite era también el signo del Espíritu y de la consagración: con él se ungía a reyes, sacerdotes y profetas, y de ahí el título mismo de Cristo. En los Doce, enviados por Jesús, «ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban». Santiago parece recoger esa práctica apostólica, y todos los lectores, de Trento a Simpson, lo han leído así; lo que difiere es qué hacían los Doce con el aceite.
    Enfermedad y pecado. La condicional del versículo 15 supone el vínculo que los evangelios muestran en algunos casos y niegan en otros: Jesús perdona al paralítico antes de levantarlo (), advierte al curado de Betesda «no peques más» (), y desmiente a los discípulos sobre el ciego de nacimiento (). Pablo dirá a Corinto que «por eso hay entre vosotros muchos débiles y enfermos» (). Santiago mantiene las dos posibilidades abiertas con un «si».
    Elías. El ejemplo de 5:17-18 es la clave de lectura que el propio Santiago da a «la oración del justo»: Elías cerró el cielo () y lo abrió () siendo «hombre semejante a nosotros». La oración eficaz no es la del taumaturgo sino la del justo que persevera: Elías ora siete veces antes de que aparezca la nube.
    Leer en paralelo. Horizontalmente, el único paralelo es Marcos 6:13; el final largo de Marcos () habla de imponer las manos a los enfermos, sin aceite. Verticalmente, en el nivel de la carta tenemos comunidades judeocristianas con ancianos y enfermos; en el nivel de la recepción, cada época leyó el texto desde su propia organización de la penitencia y del ministerio, y eso es lo que el resto del artículo sigue.

    4. La lectura de los Padres

    Lo primero que hay que decir es que los Padres casi no comentaron este texto. No hay comentario seguido a Santiago hasta Beda, en el siglo VIII, y la carta misma tardó en entrar en todos los cánones. El versículo vivió en la práctica (visitar, ungir, confesar) y en los tratados sobre la penitencia, y por eso su historia antigua es la de un desplazamiento: del enfermo al penitente, de la curación al perdón.

    La práctica: Policarpo, Ignacio, la Tradición apostólica

    Policarpo, hacia 110-135, da a los presbíteros de Filipos una lista de deberes que parece glosar a Santiago:
    Texto de la fuentePolicarpo de Esmirna · Carta a los Filipenses · 6, 1Consultar la referencia
    Los presbíteros, por su parte, deben ser compasivos, misericordiosos para con todos, haciendo volver a los extraviados, visitando a todos los enfermos, sin descuidar a viuda, huérfano o pobre.
    Ignacio pide a Policarpo que «lleve las enfermedades de todos, como atleta perfecto» ( y Mateo 8:17 se tocan en esa frase, como vimos en el artículo anterior). Y el documento litúrgico más antiguo que conservamos sobre el aceite de los enfermos, la Tradición apostólica atribuida a Hipólito, trae una bendición que se dice después de la eucaristía, cuando alguien ofrece aceite:
    Texto de la fuenteTradición apostólica · Tradición apostólica · 5P. F. Bradshaw, M. E. Johnson y L. E. Phillips, The Apostolic Tradition: A Commentary (Hermeneia, 2002)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Oh Dios, que al santificar este aceite das salud a los que lo usan y lo reciben, con el que ungiste a reyes, sacerdotes y profetas: que dé también fortaleza a todos los que lo gusten y salud a todos los que lo usen.
    Tres cosas en una oración: el aceite se bendice, se bebe y se aplica, y lo que se pide es salud. Es el aceite de Santiago entendido como medicina santificada, sin ministro especial ni rito separado: lo que Inocencio I dirá dos siglos después, que «todos los cristianos» pueden usarlo.

    El desplazamiento: Tertuliano, Crisóstomo, Casiano

    Tertuliano, hacia el año 203, describe la exomológēsis, la disciplina pública del penitente, y usa el vocabulario del versículo 16 para una cosa distinta:
    Texto de la fuenteTertuliano · Sobre la penitencia · 9ANF vol. 3 (trad. S. Thelwall)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Este acto, que se expresa más habitualmente con un nombre griego, es la exomológēsis, por la que confesamos nuestros pecados al Señor, no porque él los ignore, sino porque por la confesión se dispone la satisfacción, de la confesión nace la penitencia y por la penitencia Dios se aplaca. […] Manda yacer en saco y ceniza, […] postrarse ante los pies de los presbíteros y arrodillarse ante los amados de Dios, encargar a todos los hermanos que sean embajadores de su súplica.
    La confesión «unos a otros» de Santiago se ha convertido en confesión ante los presbíteros, y la oración «unos por otros» en la intercesión de los hermanos por el penitente. Tertuliano no cita el versículo; lo practica transformado.
    Crisóstomo, en el tratado Sobre el sacerdocio (c. 390), es el primero que lo cita de forma explícita, y lo hace en un argumento sobre el poder de perdonar:
    Texto de la fuenteJuan Crisóstomo · Sobre el sacerdocio · III, 6Consultar la referencia
    Los sacerdotes judíos tenían autoridad para liberar el cuerpo de la lepra, o, más bien, no para liberarlo, sino para examinar a los ya liberados […]. Pero nuestros sacerdotes han recibido autoridad para tratar, no con la lepra corporal, sino con la impureza espiritual; no para declararla removida después del examen, sino real y absolutamente para quitarla.
    Y unas líneas después, en la misma edición publicada en Eusebeia:
    Texto de la fuenteJuan Crisóstomo · Sobre el sacerdocio · III, 6Consultar la referencia
    Y los primeros no podrían apartar la muerte de su prole ni repeler los asaltos de la enfermedad; pero estos otros han salvado a menudo un alma enferma, o una que estaba a punto de perecer, […] no solo con instrucción y amonestación, sino también con la ayuda obrada por las oraciones. Pues no solo en el momento de la regeneración, sino también después, tienen autoridad para perdonar pecados. «¿Está alguno enfermo entre vosotros?» se dice, «llame a los presbíteros de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados.»
    El versículo entero se cita, pero lo que Crisóstomo toma de él es la última cláusula: le serán perdonados. La curación del cuerpo ha pasado a ser el marco de una afirmación sobre el perdón sacerdotal. Es la lectura con la regla de fe de la Iglesia del siglo IV, que tenía un sistema de penitencia y leía el texto desde él.
    Casiano, hacia 426, hace lo mismo desde el desierto. En la Colación XX, sobre el fin de la penitencia, el abad Pinufio enumera los muchos remedios del pecado además del bautismo y el martirio: la caridad, la limosna, las lágrimas, la confesión, la aflicción del cuerpo, la enmienda, y «a veces también se obtiene el perdón de los pecados por la intercesión de los santos», y aquí cita Santiago 5:14-15 completo. El enfermo de Santiago es, para Casiano, un ejemplo de cómo la oración de otros alcanza perdón.

    Inocencio I: «una especie de sacramento»

    El texto que fija la lectura occidental es una carta del papa Inocencio I al obispo Decencio de Gubbio, del 19 de marzo de 416, que responde a una consulta sobre el versículo:
    Texto de la fuenteInocencio I · Carta a Decencio de Gubbio · 8Denzinger, Enchiridion symbolorum, 99 (trad. inglesa The Sources of Catholic Dogma)Traducción: Eusebeia, del inglés
    No hay duda de que esta unción debe interpretarse o entenderse de los fieles enfermos, que pueden ser ungidos con el santo óleo del crisma, el cual, preparado por el obispo, está permitido no solo a los sacerdotes sino a todos los cristianos para ungir en su propia necesidad o en la de los suyos. […] Se dijo a los presbíteros porque los obispos, impedidos por otros asuntos, no pueden ir a todos los enfermos. Pero si un obispo […] puede hacerlo, puede bendecir y ungir con el crisma sin dilación. Pues eso no puede administrarse a los penitentes, porque es una especie de sacramento. ¿Cómo se va a suponer que una especie de sacramento puede concederse a quienes se les niegan los demás sacramentos?
    La carta es un documento de transición y conviene leerla entera. Por un lado conserva la práctica antigua: el óleo lo bendice el obispo, pero lo aplican presbíteros y laicos en su necesidad; nada de ministro exclusivo ni de moribundos. Por otro introduce la palabra que decidirá los siglos siguientes: genus sacramenti, «una especie de sacramento», y por eso lo niega a los penitentes excluidos. Trento citará esta carta.

    Balance patrístico

    En cuatro siglos, el versículo pasa de describir una práctica (orar, ungir, confesar) a fundar dos instituciones: el aceite bendecido por el obispo y la potestad sacerdotal de perdonar. Ningún Padre niega que el texto hable de curación del cuerpo; pero ninguno lo comenta como texto sobre la curación. El compendio Leer la Biblia con la Iglesia antigua explica el principio que opera: «se lee en la Iglesia», y la Iglesia del siglo IV leía desde la penitencia.

    5. La lectura medieval: de la unción a la extremaunción

    Beda, el primer comentarista de la carta, no está en la biblioteca con que se escribe Eusebeia, y la Edad Media latina se sigue aquí por sus resultados. El resultado es conocido: la unción de los enfermos pasó a administrarse al final de la vida, con un ministro exclusivo y una fórmula de perdón, y recibió el nombre de extrema unctio. Lutero, que la combatió, remite a la Jerarquía eclesiástica del Pseudo-Dionisio como autoridad que los escolásticos alegaban para ese uso. Calvino transcribe la fórmula en vigor en su tiempo: «Por esta santa unción y su ternísima misericordia, perdónete Dios cuanto hayas pecado por la vista, el oído, el olfato, el tacto, el gusto».
    El punto de llegada es el concilio de Trento, sesión XIV (1551), que define el rito como sacramento y fija su exégesis de Santiago. Traducimos de la edición bilingüe de Schaff:
    Texto de la fuenteConcilio de Trento · Sesión XIV, Doctrina sobre el sacramento de la extremaunción · cap. 1-2Schaff, Creeds of Christendom, vol. 2Traducción: Eusebeia, del inglés y del latín
    Esta sagrada unción de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como verdadero y propio sacramento de la nueva ley, insinuado en Marcos, pero recomendado y promulgado a los fieles por Santiago apóstol, hermano del Señor. […] La cosa aquí significada es la gracia del Espíritu Santo, cuya unción limpia los pecados, si quedara alguno por expiar, y también los restos de los pecados; y levanta y fortalece el alma del enfermo, excitando en él una gran confianza en la misericordia divina, […] y a veces obtiene la salud del cuerpo, cuando conviene a la salvación del alma.
    Y los cánones, que son la exégesis convertida en ley: anatema a quien diga que no es sacramento «sino solo un rito recibido de los Padres o invención humana» (I); a quien diga que «no confiere gracia ni perdona pecados ni alivia a los enfermos, sino que ya cesó, como si antiguamente hubiera sido solo la gracia de las curaciones» (II); a quien diga que los presbíteros de Santiago «no son los sacerdotes ordenados por el obispo sino los mayores de cada comunidad» (IV). Obsérvese que el canon II conoce y rechaza la lectura que Calvino acababa de hacer, y que el canon IV conoce y rechaza la de Lutero. Trento lee Santiago con la regla de la institución: lo que la Iglesia practica como sacramento tiene que estar en la Escritura, aunque sea «insinuado». La salud del cuerpo queda en el texto conciliar, pero como efecto ocasional y condicionado: «a veces… cuando conviene». El propio cardenal Cayetano, según recogen Jamieson, Fausset y Brown, había admitido en su comentario que Santiago no puede referirse a la extremaunción.

    6. La lectura de la Reforma y de la ortodoxia posterior

    Lutero: «si cura, no es extrema»

    El capítulo sobre la extremaunción de La cautividad babilónica de la Iglesia (1520) es el texto más agudo que la Reforma dejó sobre Santiago 5, y es sorprendentemente favorable al versículo. Lutero empieza por dos reservas, que la epístola quizá no sea de Santiago y que un apóstol no puede instituir un sacramento, y luego hace exégesis:
    Texto de la fuenteMartín Lutero · La cautividad babilónica de la Iglesia · De la extremaunciónFirst Principles of the Reformation, trad. inglesa de H. Wace y C. A. Buchheim (1883)Traducción: Eusebeia, del inglés
    ¿Por qué hacen extrema y especial una unción que el apóstol quiso general? El apóstol no la quiso extrema ni administrada solo a los que van a morir. Dice expresamente: «¿Está alguno enfermo?». No dice: «¿Está alguno muriendo?». […] El apóstol manda ungir y orar precisamente para que el enfermo sea sanado y levantado, es decir, para que no muera y la unción no sea extrema. […] Si la unción es extrema, no cura, sino que cede a la enfermedad; y si cura, no puede ser extrema. […] Santiago ha unido la promesa de curación y de perdón de los pecados no a la unción sino a la oración de fe. […] No hay duda alguna de que si aun hoy se hiciera tal oración sobre el enfermo, es decir, por ancianos graves y santos y con plena fe, sanarían cuantos quisiéramos. Pues ¿qué no puede la fe?
    Hay que leer esa última frase dos veces, porque la escribió Lutero y no Simpson. El reformador sostiene que el texto promete curación, que la promesa está ligada a la oración de fe y no al aceite, que los «ancianos» son los mayores de la comunidad y no necesariamente sacerdotes, y que la práctica romana contradice al texto punto por punto. Pero concluye que es «un consejo del apóstol Santiago, tomado del evangelio de Marcos, que puede seguir quien quiera», un rito «de la Iglesia primitiva, hace mucho caído en desuso», y que probablemente no se aplicaba a todos los enfermos sino «a los que llevaban su enfermedad con impaciencia y poca fe». El principio que opera es sola Scriptura en su forma más literal: el texto dice «enfermo», no «moribundo»; dice «oración», no «aceite»; dice «ancianos». Melanchthon, en la Apología de la Confesión de Augsburgo, lo resumirá: «confirmación y extremaunción son ritos recibidos de los Padres que ni siquiera la Iglesia exige como necesarios para la salvación; no tienen mandato de Dios».

    Calvino: un don temporal

    Calvino comenta el versículo dos veces, en el comentario a las epístolas católicas y en la Institución (IV, 19, 18-19), y las dos con la misma tesis: Santiago habla de un don que ya no existe.
    Texto de la fuenteJuan Calvino · Comentario a las epístolas católicas · sobre Santiago 5, 14Calvin's Commentaries, trad. inglesa de J. Owen (1855)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Como el don de curar continuaba todavía, dirige a los enfermos a ese remedio. Es cierto que no todos eran curados; pero el Señor concedía ese favor tan a menudo y hasta donde sabía que convenía; y no es probable que el aceite se aplicara indiscriminadamente, sino solo cuando había alguna esperanza de restablecimiento. Pues junto con el poder se dio también discreción a los ministros, para que no profanaran el símbolo por abuso.
    Y en la Institución, con la dureza polémica del tratado: la extremaunción es «mera farsa hipócrita», con la que «sin razón ni resultado quieren parecerse a los apóstoles»; el aceite de Marcos 6:13 y de Santiago no era «instrumento de la cura, sino símbolo para recordar a los ignorantes de dónde procedía aquella gran virtud»; y «el don de curar desapareció con los demás poderes milagrosos que el Señor quiso dar por un tiempo, para hacer siempre admirable la nueva predicación del evangelio». «El Señor está presente con los suyos en todas las edades y cura sus enfermedades cuantas veces hace falta, no menos que antes; pero no despliega aquellos poderes manifiestos […] porque aquel don fue temporal y, en parte por la ingratitud de los hombres, cesó enseguida».
    La diferencia con Lutero es instructiva. Lutero lee la promesa como vigente en principio y caída en desuso por falta de fe; Calvino la lee como descripción de una época cerrada. Los dos coinciden en lo exegético (oración, no aceite; enfermos, no moribundos) y divergen en lo teológico, y la divergencia reaparecerá idéntica entre Wesley y Jamieson dos siglos después.

    Los puritanos, Wesley y la tradición crítica

    Matthew Henry (1710) sigue a Calvino con un escrúpulo: «los expositores generalmente limitan esta unción a los que tenían poder de hacer milagros, y cuando los milagros cesaron, cesó también la institución»; registra que la práctica «duró dos siglos después de Cristo»; pero añade que «algunos protestantes han pensado que no debería abandonarse del todo en ninguna época, sino que donde hay medidas extraordinarias de fe en el que unge y en el ungido» puede seguir usándose. Henry deja la puerta entornada.
    Wesley (1755) la abre:
    Texto de la fuenteJohn Wesley · Notas explicativas sobre el Nuevo Testamento · sobre Santiago 5, 14. 16Explanatory Notes upon the New Testament (1755)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Habiéndolo ungido con aceite. Este único don conspicuo, que Cristo confió a sus apóstoles (Marcos 6:13), permaneció en la Iglesia mucho después de que los demás dones milagrosos fueran retirados. En verdad, parece haber sido diseñado para permanecer siempre; y Santiago encarga administrarlo a los ancianos, que eran los más dotados, si no los únicos. Este era todo el procedimiento médico de la Iglesia cristiana, hasta que se perdió por incredulidad. Aquella novedosa invención de los romanistas, la extremaunción, practicada no para curar sino cuando se desespera de la vida, no guarda ninguna semejanza con esto. […] Confesad vuestras faltas. […] Unos a otros: no dice «a los ancianos»; esto puede hacerse o no, pues en ninguna parte se manda. […] Para que seáis sanados: de todas vuestras enfermedades espirituales.
    «Parece haber sido diseñado para permanecer siempre» y «se perdió por incredulidad» son las dos frases que Simpson necesitaba, escritas por el fundador del metodismo del que la Alianza es, en parte, heredera. Nótese, con todo, que Wesley espiritualiza el «seáis sanados» del versículo 16 y que su «todo el procedimiento médico de la Iglesia» presenta la unción como la medicina de los cristianos, no como un rito frente a la medicina.
    Jamieson, Fausset y Brown (1871) vuelven a Calvino y citan al anglicano Whitaker: «usen aceite los que pueden obtener con sus oraciones la curación del enfermo; los que no, absténganse del signo vacío»; y añaden que «ahora que el don milagroso de curar ha sido retirado en su mayor parte, usar el signo donde falta la realidad sería superstición sin sentido». Es el argumento de Calvino con una honestidad añadida: la unción sin curación es un signo vacío, también la protestante.
    El compendio Leer la Biblia en la Reforma describe el marco que comparten todos ellos: la Escritura juzga a la institución; lo que divide a Lutero de Calvino y a Wesley de Jamieson no es el método sino la premisa sobre los dones.

    7. La lectura moderna y contemporánea

    Lo que añade la filología

    Robertson (1933) hace tres aportaciones. La léxica: ἀλείφω «no es en absoluto seguro que signifique aquí "ungir" en sentido ceremonial y no "frotar", como suele en los tratados médicos», y «es claro, tanto en Marcos 6:13 como aquí, que se atribuye valor medicinal al uso del aceite y se pone el énfasis en el valor de la oración». La histórica: «no hay aquí nada de la magia pagana ni de la práctica posterior de la extremaunción (posterior al siglo VIII)». Y la teológica, dicha sin disimulo: «en el fondo, en Santiago tenemos a Dios y la medicina, a Dios y al médico, y ahí es exactamente donde estamos hoy»; la promesa del 15 es «preciosa, pero no para un "sanador por fe" profesional que se burla de la medicina y hace mercancía de la oración». Sobre el 16: «confesión pública de ciertos pecados unos a otros en las reuniones», no «a un hombre como sacerdote en lugar de la confesión pública». Robertson, bautista del Sur, lee contra Trento y contra Simpson a la vez.
    La crítica textual aporta el παραπτώματα del versículo 16 (faltas, no pecados) como lectura tardía, y la lectura de las cartas como «documentos ocasionales» (Fee y Stuart) obliga a preguntar qué situación respondía Santiago: comunidades con enfermos que no acudían a la iglesia, o que acudían a otros remedios. El compendio Leer la Biblia con la crítica histórica sitúa ese método.

    El siglo XIX: Wesley prolongado, Simpson y la práctica de la unción

    El movimiento de sanidad del siglo XIX recogió la frase de Wesley («parece diseñado para permanecer siempre») y la convirtió en práctica. Simpson dedica a Santiago 5:14 el décimo de los textos de su «fundamento bíblico» en El evangelio de la sanidad (1890), y su exégesis tiene una estructura precisa: autoridad del que manda (Santiago, el de la sentencia de Hechos 15), destinatarios permanentes («no los apóstoles, que ya pasan, […] sino los ancianos, los oficiales ordinarios de cada iglesia, […] que han de continuar hasta el fin de la edad»), naturaleza del signo («no médica, pues no la aplicaba un médico sino un anciano»; «una ordenanza religiosa simbólica, expresiva del poder del Espíritu Santo, cuyo emblema peculiar es el aceite»), y modo:
    Texto de la fuenteA. B. Simpson · El evangelio de la sanidad · cap. 1, «Fundamento bíblico», 10The Gospel of Healing (1890)Traducción: Eusebeia, del inglés
    Y observemos que ESTO ES UN MANDATO. Deja de ser un mero privilegio. Es la prescripción divina para la enfermedad, y ningún cristiano obediente puede prescindir de ella sin peligro. Cualquier otro método de tratar la enfermedad carece de autorización. […] Y no debemos pasar por alto la conexión de la enfermedad con el pecado, la sugerencia de que la prueba ha sido una corrección divina y requiere examen de sí, penitencia y perdón, y la bendita seguridad de que perdón y curación pueden reclamarse juntos en su nombre.
    Cada paso de esa lectura tiene un interlocutor en las capas anteriores: la permanencia responde a Calvino y Jamieson; el signo no médico, a lo que Robertson dirá cuarenta años después; el mandato, al «consejo que puede seguir quien quiera» de Lutero. Y la práctica tuvo un comienzo que Simpson cuenta con una honradez que conviene registrar: temía «comprometer el nombre de Dios en deshonra reclamando lo que pudiera no suceder», y la primera vez que ungió fue a su propia hija, enferma de difteria, «con mano temblorosa»; después, en su obra de Nueva York, «durante varios años no se dijo una sola palabra sobre la curación del cuerpo». La unción volvió a la Iglesia protestante por esa vía: no por un comentario, sino por una práctica que se apoyaba en Wesley y leía el texto como regla vigente.

    Qué aporta el pasaje a la línea «Cristo nuestro Sanador»

    Santiago 5 es el punto en que la sanidad deja de ser algo que Jesús hace y pasa a ser algo que la Iglesia practica, y por eso es el texto en que las cuatro grandes lecturas se separan con más nitidez: sacramento para el final de la vida (de Inocencio I a Trento), rito de una época cerrada (Calvino, Henry, Jamieson), don perdido por incredulidad que debería volver (Wesley), mandato vigente (el movimiento de sanidad). Las cuatro coinciden en lo que el texto pone en el centro, la oración de fe, y se separan en lo que el texto no dice: si el procedimiento describe o prescribe, y qué hace el aceite. Para el tema quedan tres datos firmes: que el enfermo acude a la Iglesia y no al revés; que la promesa es del Señor que levanta, no del gesto; y que el «si» del versículo 15 protege a la vez la relación entre pecado y enfermedad y la libertad de no suponerla.

    8. Síntesis: qué dice el pasaje

    Lo que todas las capas sostienen:
    1. El enfermo acude a la Iglesia. Él llama; vienen los responsables de la comunidad; la enfermedad no es asunto privado. De Policarpo a Simpson nadie ha leído otra cosa.
    2. El centro es la oración. Cinco verbos de orar; la promesa se predica de «la oración de fe»; el que levanta es el Señor. Lutero, Trento, Calvino y Simpson lo dicen con las mismas palabras y conclusiones opuestas.
    3. El pecado es condicional. El «si» del versículo 15 impide la ecuación; la confesión del 16 es recíproca, no sacerdotal en su letra.
    4. El aceite es de Marcos 6:13. Todos remiten allí; lo que hacían los Doce con él es lo que cada cual decide.
    Lo que es lectura de una época:
    • La unción como sacramento para el final de la vida (de Inocencio I a Trento) depende de la cláusula «le serán perdonados» leída desde la penitencia; el texto dice «¿está alguno enfermo?», como Lutero no se cansó de repetir.
    • La cesación del don (Calvino, Henry, Jamieson) es una premisa sobre la historia que el texto no contiene; Trento la anatematizó y Wesley la negó desde el otro lado.
    • La unción como «único método autorizado» (el movimiento de sanidad del XIX) es una inferencia que excede el mandato; el verbo del aceite es el de la medicina, y el propio Wesley la llamaba «el procedimiento médico» de la Iglesia.
    Lo que sigue abierto es si el versículo 15 es una promesa (y entonces, como dijo Lutero, «una promesa sacramental es segura, y esta en la mayoría de los casos nos defrauda»), una descripción del tiempo apostólico (Calvino) o una regla permanente cuya eficacia depende de la fe que se le pone (Wesley y, tras él, el movimiento de sanidad). Cada respuesta es coherente con el texto y ninguna se deduce solo de él.
    Principios hermenéuticos que este pasaje ha puesto a prueba: leer el procedimiento completo y no el signo aislado (Lutero contra la escolástica, Robertson contra los sanadores profesionales); no cargar sobre la cláusula final lo que el texto pone en la primera (Crisóstomo y Casiano desplazaron el peso; Lutero lo devolvió); respetar el «si» (Santiago contra toda ecuación enfermedad-pecado); y distinguir, al leer una carta ocasional, lo que describe de lo que prescribe, que es exactamente lo que separa a Calvino de Wesley.
    Siguiente pasaje de la línea: , el estatuto de Mará y el nombre que da título al tema: «Yo soy el Señor tu sanador».

    9. Nota de fuentes

    Texto. Griego de NA27 con análisis morfológico (módulo iNA27); Diccionario Strong ampliado (Str-ES) para ἀσθενέω, ἀλείφω, κάμνω, σώζω, ἐγείρω, ἐξομολογέω, ἰάομαι y ἐνεργέω; versiones BTX4, RV60, LBLA, NVI, DHH, NTV, TLA, KJV; notas de la Biblia Textual; referencias cruzadas de OpenBible. La variante παραπτώματα/ἁμαρτίας del versículo 16 se documenta por la King James frente a NA27; no se ha consultado un aparato crítico.
    Padres. Policarpo, Filipenses 6, 1; Ignacio, A Policarpo 1, 3; Crisóstomo, Sobre el sacerdocio III, 6: copiados de las ediciones publicadas en Eusebeia. Tradición apostólica 5: traducida del inglés de Bradshaw, Johnson y Phillips (Hermeneia, 2002), que se cita en paráfrasis salvo la oración. Tertuliano, De paenitentia 9: traducido del inglés de ANF vol. 3. Casiano, Colaciones XX, 8: según NPNF 2.ª serie, vol. 11, en paráfrasis. Inocencio I, Ep. a Decencio 8 (Denzinger 99): traducido del inglés de The Sources of Catholic Dogma.
    Medievales y Trento. Concilio de Trento, sesión XIV, doctrina y cánones sobre la extremaunción: traducidos de la edición bilingüe de Schaff, Creeds of Christendom, vol. 2. La fórmula de la unción, según la Institución de Calvino. Cayetano y Whitaker, según Jamieson, Fausset y Brown.
    Reforma y después. Lutero, De captivitate babylonica, «De extrema unctione»: traducido del inglés de Wace y Buchheim (1883). Melanchthon, Apología XIII. Calvino, Comentario a las epístolas católicas (trad. J. Owen, 1855) e Institución IV, 19, 18-19 (trad. H. Beveridge): traducidos del inglés. Matthew Henry, vol. 6 (1710); Wesley, Notes (1755); Jamieson, Fausset y Brown (1871): traducidos del inglés.
    Modernos. A. T. Robertson, Word Pictures (1933), que cita a Trench; Gordon Fee y Douglas Stuart, How to Read the Bible for All Its Worth, sobre las epístolas como documentos ocasionales, en paráfrasis. Vincent no se ha podido leer sobre este pasaje.
    Siglo XIX. A. B. Simpson, The Gospel of Healing (1890), cap. 1 («Scriptural Foundation», 10), cap. 3 («Popular Objections», 5-6), cap. 4 («Practical Directions», 1-3) y cap. 7 («Testimony of the Work»): traducidos del inglés.
    Límites. No están en la biblioteca: Orígenes, Homilías sobre el Levítico 2, 4, que suele citarse como primera mención del versículo y aquí no se usa; Beda, Sobre las epístolas católicas; el sacramentario de Serapión; Cesáreo de Arlés; Pedro Lombardo; la Jerarquía eclesiástica del Pseudo-Dionisio; el comentario de Cayetano; Whitaker en su texto. No se ha leído el griego de Crisóstomo ni el latín de Tertuliano, Casiano, Inocencio y Trento (salvo los cánones, que Schaff da en latín). No hay ninguna obra de A. W. Tozer.

    10. Esbozo homilético (referencia)

    Un esquema de lo que el pasaje permite predicar sin traicionar lo leído. No es la homilía; es su esqueleto.
    Título. «Haga llamar».
    Idea central. La enfermedad de un cristiano es asunto de toda la Iglesia: se ora, se unge, se confiesa, y es el Señor quien levanta.
    1. El enfermo llama (v. 14a). No se queda solo ni espera a que lo descubran: hace llamar, y la comunidad, en sus responsables, viene a él. La enfermedad sale de lo privado.
    2. Los ancianos oran y ungen (v. 14b). Lo principal es la oración «sobre él»; el aceite, el remedio de todos los días puesto «en el nombre del Señor». Ni magia ni rito para morir: cuidado en nombre de otro.
    3. El Señor levanta y perdona (vv. 15-16). La promesa es del Señor, no del gesto. El «si» abre la puerta a la confesión sin acusar a nadie, y la confesión es «unos a otros». Elías, «hombre como nosotros», oró siete veces.
    Aplicación. Una iglesia que visita, ora y unge; enfermos que llaman en vez de esconderse; una comunidad donde confesarse unos a otros es posible.
    Cautela. No es un rito para el final de la vida ni un sustituto del médico; tampoco una fórmula que obligue a Dios. «La oración de fe» es la del justo que persevera, y el que levanta es el Señor, cuando y como él quiere.
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