A quienes objetan que, según las palabras de Amós, el Espíritu es creado, se responde que la palabra se entiende allí del viento, que es creado a menudo, lo cual no puede decirse del Espíritu Santo, puesto que Él es eterno, y no puede disolverse en la muerte, ni por una reabsorción herética en el Padre. Pero si con pertinacia alegan que este pasaje fue escrito del Espíritu Santo, San Ambrosio señala que ha de recurrirse a una interpretación espiritual, pues Cristo con su venida estableció el trueno, es decir, la fuerza de las divinas palabras, y por espíritu se significa el alma humana así como la carne asumida por Cristo. Y puesto que esto fue creado por cada Persona de la Trinidad, de ahí se arguye que el Espíritu, de Quien antes se ha afirmado que es el Creador de todas las cosas, fue el Autor de la Encarnación del Señor.
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El Espíritu Santo no es menos autor de la creación espiritual o regeneración que el Padre y el Hijo. La excelencia de esa creación, y en qué consiste. Cómo hemos de entender la Sagrada Escritura cuando atribuye a Dios un cuerpo o miembros.
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San Ambrosio examina y refuta el argumento herético de que, porque se dice que Dios es glorificado en el Espíritu, y no con el Espíritu, el Espíritu Santo es por tanto inferior al Padre. Muestra que la partícula in puede usarse también del Hijo e incluso del Padre, y que por otra parte with puede decirse de las criaturas sin menoscabo alguno de las prerrogativas de la Deidad; y que en realidad estas preposiciones implican simplemente la conexión de las Tres Personas Divinas.
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Un pasaje de San Pablo del que abusan los herejes para probar una distinción entre las Personas Divinas es explicado, y se prueba que todo el pasaje puede decirse rectamente de cada Persona, aunque se refiere especialmente al Hijo. Se prueba luego que cada miembro del pasaje es aplicable a cada Persona, y que así como decir, de Él son todas las cosas es aplicable al Padre, así también todas las cosas son por Él y en Él puede decirse de Él.
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Al ir a probar que la voluntad, la vocación y el mandato de la Trinidad son uno, san Ambrosio muestra que el Espíritu llamó a la Iglesia exactamente igual que el Padre y el Hijo, y lo prueba con la elección de san Pablo y Bernabé, y especialmente con la misión de san Pedro a Cornelio. De paso hace notar cómo en la visión del Apóstol quedó prefigurada la vocación de los gentiles, que, habiendo sido antes como fieras, ahora por la operación del Espíritu abandonan aquella fiereza. Después, citados otros pasajes en apoyo de este parecer, muestra que lo sucedido a Jeremías, arrojado a una cisterna por los judíos y rescatado por Abdemelec, es figura del desprecio del Espíritu Santo por parte de los judíos, y de que Él es honrado por los gentiles.
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Seguiremos el ejemplo de Abdemelec si creemos que el Hijo y el Espíritu Santo conocen todas las cosas. Este conocimiento es atribuido en la Escritura al Espíritu, y también al Hijo. El Hijo es glorificado por el Espíritu, como también el Espíritu por el Hijo. Además, puesto que leemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu dicen y revelan las mismas cosas, debemos reconocer en Ellos una unidad de naturaleza y de conocimiento. Finalmente, que el Espíritu escudriñe las profundidades de Dios no es señal de ignorancia, ya que también se dice que el Padre y el Hijo escudriñan, y Pablo, aunque elegido por Cristo, fue, sin embargo, enseñado por el Espíritu.
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