El Hijo mismo no juzga ni castiga sin el Espíritu, de modo que el mismo Espíritu es llamado Espada de la Palabra. Mas, ya que la Palabra a su vez es llamada Espada del Espíritu, se reconoce con ello en cada uno la suma unidad de poder.
III, 7, 44
III, 7, 45
III, 7, 46
III, 7, 47
La unidad antedicha se prueba con esto: que así como se dice que el Padre fue contristado y tentado, también lo fue el Hijo. El Hijo fue también tentado en el desierto, donde se levantó una figura de la cruz en la serpiente de bronce; pero el Apóstol dice que el Espíritu fue también tentado allí. De esto infiere San Ambrosio que los israelitas fueron guiados a la tierra prometida por el mismo Espíritu, y que su voluntad y poder son uno con los del Padre y del Hijo.
III, 8, 48
III, 8, 49
III, 8, 50
III, 8, 51
III, 8, 52
III, 8, 53
Que el Espíritu Santo es provocado se prueba por las palabras de San Pedro, en las cuales se muestra que el Espíritu de Dios es uno y el mismo que el Espíritu del Señor, tanto por otros pasajes como por referencia a la sentencia del mismo Apóstol sobre Ananías y Safira; de donde se arguye que queda probada la unión del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo, así como su propia deidad.
III, 9, 54
III, 9, 55
III, 9, 56
III, 9, 57
III, 9, 58
La divinidad del Espíritu Santo está apoyada por un pasaje de San Juan. Este pasaje fue, en verdad, borrado por los herejes, pero es un intento vano, pues así su infidelidad podía ser más fácilmente convencida. Se considera el orden del contexto a fin de mostrar que este pasaje se refiere al Espíritu. Nace del Espíritu quien nace de nuevo del mismo Espíritu, de quien se cree que Cristo mismo fue nacido y nacido de nuevo. Además, la Deidad del Espíritu se infiere de dos testimonios de San Juan; y, por último, se explica cómo el Espíritu, el agua y la sangre son llamados testigos.
III, 10, 59
III, 10, 60
Comentario editorial · «Porque el Espíritu es Dios»: una lectura que Ambrosio atribuye a los arrianos
III, 10, 61
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III, 10, 63
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III, 10, 67
III, 10, 68
Se ha objetado que las palabras de San Juan, «El Espíritu es Dios», han de referirse a Dios Padre, puesto que Cristo declara después que Dios ha de ser adorado en Espíritu y en verdad. Se responde, en primer lugar, que con la palabra Espíritu se significa a veces la gracia espiritual; después se muestra que, si insisten en que la Persona del Espíritu Santo es significada por las palabras «en Espíritu», y por tanto niegan que se le deba adoración, el argumento vale igualmente contra el Hijo; y, como innumerables pasajes prueban que él ha de ser adorado, entendemos de esto que la misma regla ha de establecerse respecto del Espíritu. ¿Por qué se nos manda postrarnos ante su Escabel? Porque con esto se significa el Cuerpo del Señor, y, como el Espíritu fue su Hacedor, se sigue que él ha de ser adorado; y, sin embargo, no se sigue de ahí que María haya de ser adorada. Por tanto, no se suprime la adoración del Espíritu, sino que se expresa su unión con el Padre, cuando se dice que el Padre ha de ser adorado en Espíritu, y este punto se apoya en expresiones semejantes.
III, 11, 69
III, 11, 70
III, 11, 71
III, 11, 72
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Comentario editorial · «Adorad su escabel»: lo que dice el texto y la lectura de la edición
III, 11, 80
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III, 11, 82
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III, 11, 84
III, 11, 85
Del hecho de que San Pablo ha mostrado que la luz de la Deidad que los tres apóstoles adoraron en Cristo está en la Trinidad, se deduce claramente que también el Espíritu ha de ser adorado. Se demuestra por las palabras mismas que los apóstoles se referían al Espíritu. La Deidad del mismo Espíritu se prueba por el hecho de que tiene un templo en el cual habita no como sacerdote, sino como Dios; y es adorado con el Padre y el Hijo, de donde se entiende la unidad de naturaleza en Ellos.
III, 12, 86
III, 12, 87
III, 12, 88
III, 12, 89
III, 12, 90
III, 12, 91
III, 12, 92
III, 12, 91 (repetido en la edición)
A los que objetan que los católicos, al atribuir Deidad al Espíritu Santo, introducen tres dioses, se responde que por el mismo argumento ellos introducen dos dioses, a menos que nieguen la Deidad al Hijo; después de lo cual se expone la doctrina ortodoxa.
III, 13, 92
III, 13, 93
Además de las pruebas aducidas arriba, pueden traerse otros pasajes para probar la soberanía de las Tres Personas. Se citan dos de las Epístolas a los Tesalonicenses, y cotejando otros testimonios de las Escrituras se muestra que en ellos se reclama el dominio para el Espíritu como para las otras Personas. Luego, citando otro pasaje aún más expreso de la segunda Epístola a los Corintios, se infiere que el Espíritu es Señor y que donde está el Señor, allí está el Espíritu.
III, 14, 94
III, 14, 95
III, 14, 96
III, 14, 97
III, 14, 98
III, 14, 99
III, 14, 100
III, 14, 101
III, 14, 102
III, 14, 103
Aunque el Espíritu sea llamado Señor, no por ello se implican tres Señores; así como el hecho de que el Hijo, de la misma manera que el Padre, sea llamado Señor en muchos pasajes de la Escritura no implica dos Señores; porque el Señorío existe en la Deidad, y la Deidad en el Señorío, y ambas coinciden sin división en las Tres Personas.
III, 15, 104
III, 15, 105
III, 15, 106
III, 15, 107
III, 15, 108