Tras probar que el Espíritu es el Dador de la revelación igualmente con el Padre y el Hijo, se explica cómo el mismo Espíritu no habla de sí mismo; y se muestra que no han de pensarse en Él órganos corporales, y que no ha de suponerse inferioridad alguna por el hecho de que leamos que oye, puesto que lo mismo habría de atribuirse al Hijo, y aun ciertamente al Padre, ya que oye al Hijo. El Espíritu, pues, oye y glorifica al Hijo en el sentido de que lo reveló a los profetas y a los apóstoles, por lo cual se infiere la Unidad de operación de las Tres Personas; y, dado que el Espíritu hace las mismas obras que el Padre, se declara también que la sustancia de cada uno es la misma.
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La profecía no procedía solo del Padre y del Hijo, sino también del Espíritu; se significa que la autoridad y la operación de este sobre los apóstoles es la misma que la de Aquellos; y así hemos de entender que hay unidad en los tres puntos de autoridad, gobierno y liberalidad; sin embargo, no hay que temer desventaja alguna de esa participación, puesto que en la amistad humana no se produce tal cosa. Finalmente, se establece que esta es la herencia de la fe apostólica por el hecho de que se describe a los apóstoles como obedientes al Espíritu Santo.
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No solo fueron enviados por el Espíritu los profetas y los apóstoles, sino también el Hijo de Dios. Esto se prueba por Isaías y los evangelistas, y se explica por qué san Lucas escribió que el mismo Espíritu descendió como una paloma sobre Cristo y permaneció sobre Él. Luego, tras establecer esta misión de Cristo, el autor infiere que el Hijo es enviado por el Padre y el Espíritu, así como el Espíritu lo es por el Padre y el Hijo.
III, 1, 1
III, 1, 2
III, 1, 3
III, 1, 4
III, 1, 5
III, 1, 6
III, 1, 7
III, 1, 8
El Hijo y el Espíritu son dados de igual modo; de donde se muestra, no sujeción, sino una sola Deidad por su operación.
III, 2, 9
III, 2, 10
La misma Unidad puede reconocerse también por el hecho de que el Espíritu es llamado Dedo y el Hijo Diestra; pues la comprensión de las cosas divinas es ayudada por el uso del lenguaje humano. Las tablas de la ley fueron escritas por este Dedo, y después fueron quebradas, y la razón. Finalmente, Cristo escribió con el mismo Dedo; sin embargo, no debemos admitir inferioridad alguna en el Espíritu por esta comparación corporal.
III, 3, 11
III, 3, 12
III, 3, 13
III, 3, 14
III, 3, 14 (repetido en la edición)
III, 3, 15
III, 3, 16
A los que sostienen que el Espíritu, porque es llamado Dedo, es menor que el Padre, san Ambrosio responde que esto tendería también a la disminución del Hijo, que es llamado Diestra. Que estos nombres han de referirse solo a la Unidad, por lo cual Moisés proclamó que toda la Trinidad obró en el paso del mar Rojo. Y, en verdad, no es de extrañar que la operación del Espíritu tuviera lugar allí, donde había una figura del bautismo, puesto que la Escritura enseña que las Tres Personas santifican igualmente y son operativas en ese sacramento.
III, 4, 17
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El autor resume el argumento que había comenzado y confirma la afirmación de que la unidad está significada por los términos dedo y diestra, a partir de que las obras de Dios son las mismas que las obras de las manos, y que las de las manos son las mismas que las de los dedos; y, por último, que el término mano se aplica igualmente al Hijo y al Espíritu, y el de dedo se aplica al Espíritu y al Hijo.
III, 5, 29
III, 5, 30
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El Espíritu reprende igual que el Padre y el Hijo; y en verdad los jueces no podían juzgar sin él, como se muestra en los juicios de Salomón y de Daniel, que se explican en pocas palabras, de paso; y no fue otro que el Espíritu Santo quien inspiró a Daniel.
III, 6, 35
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