Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Justino, llamado Mártir, de Flavia Neápolis, «hijo de Prisco y nieto de Baquio» (1 Apol. 1). La nota introductoria del ANF cuenta las dos apologías entre los escritos «indiscutiblemente genuinos». Sus fechas: nacimiento hacia 114 y [a. D. 110–165] en el ANF; hacia 100 y 165 en la Catholic Encyclopedia; c. 90–100 y 165 en Wikipedia |
| Título | Primera apología y Segunda apología. El epub las reúne como «Primera y Segunda Apología»; en inglés, The First Apology y The Second Apology of Justin for the Christians Addressed to the Roman Senate en el ANF, The Second Apology of St. Justin Martyr en New Advent |
| Destinatarios | La Primera, a Antonino Pío, a «Verísimo el Filósofo», a «Lucio el Filósofo» y al Senado y pueblo romanos (1 Apol. 1). La Segunda empieza «Romanos» (2 Apol. 1) y la edición la titula «Dirigida al Senado romano» |
| Fecha | No consta en el texto ni en la edición. Pistas internas: «ciento cincuenta años» desde el nacimiento de Cristo (1 Apol. 46), el prefecto Félix (29) y la guerra de Bar Kojba como reciente (31). La Catholic Encyclopedia pone la Primera entre 153 y 155 y la Segunda poco después; Wikipedia, entre 155 y 157; el perfil de Justino de este sitio sigue a Pettersen: c. 155 y c. 161 |
| Género | Petición al emperador y defensa de los cristianos; la Primera añade una exposición de la fe y del culto (1 Apol. 61–67) |
| Extensión | Primera apología, 68 capítulos; apéndice de tres epístolas imperiales; Segunda apología, 15 capítulos. Unas 25 000 palabras |
| Transmisión | Un solo manuscrito griego, París gr. 450, terminado el 11 de septiembre de 1364, según la Catholic Encyclopedia, que añade que 2 Apol. 2 falta casi entero en él y se restituye con la cita de Eusebio (Historia eclesiástica IV, 17) |
| Traducción | Castellana, automática y directa del inglés de la edición de base; no del griego |
| Fuente | Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (1885), tal como la recoge New Advent |
1 Apol. 1
Comentario editorial · A quién se dirige y cuándo
1 Apol. 2
1 Apol. 3
1 Apol. 4
Comentario editorial · «Cristiano» y «excelente»
1 Apol. 5
1 Apol. 6
Comentario editorial · Ateos de esos dioses
1 Apol. 7
1 Apol. 8
1 Apol. 9
1 Apol. 10
1 Apol. 11
1 Apol. 12
1 Apol. 13
Comentario editorial · «En el segundo lugar» y la hueste de los ángeles
1 Apol. 14
1 Apol. 15
1 Apol. 16
1 Apol. 17
1 Apol. 18
1 Apol. 19
1 Apol. 20
1 Apol. 21
Comentario editorial · Divinizar a los muertos
1 Apol. 22
1 Apol. 23
1 Apol. 24
1 Apol. 25
1 Apol. 26
Comentario editorial · La estatua de Simón y el dios Semo Sancus
1 Apol. 27
1 Apol. 28
1 Apol. 29
1 Apol. 30
1 Apol. 31
Comentario editorial · La profecía como prueba, y Ptolomeo y «Herodes»
1 Apol. 32
1 Apol. 33
1 Apol. 34
1 Apol. 35
1 Apol. 36
1 Apol. 37
1 Apol. 38
1 Apol. 39
1 Apol. 40
1 Apol. 41
1 Apol. 42
1 Apol. 43
1 Apol. 44
1 Apol. 45
1 Apol. 46
Comentario editorial · Cristianos antes de Cristo
1 Apol. 47
1 Apol. 48
1 Apol. 49
1 Apol. 50
1 Apol. 51
1 Apol. 52
1 Apol. 53
1 Apol. 54
1 Apol. 55
1 Apol. 56
1 Apol. 57
1 Apol. 58
1 Apol. 59
1 Apol. 60
1 Apol. 61
Comentario editorial · El bautismo: regeneración e iluminación
1 Apol. 62
1 Apol. 63
1 Apol. 64
1 Apol. 65
1 Apol. 66
1 Apol. 67
Comentario editorial · La reunión del domingo
1 Apol. 68
He recibido la carta que me dirigió vuestro predecesor Serenio Graniano, varón ilustrísimo; y esta comunicación no quiero pasarla por alto en silencio, no sea que personas inocentes sean perturbadas y se dé ocasión a los delatores para ejercer su maldad. Por consiguiente, si los habitantes de vuestra provincia quieren sostener de tal modo esta petición suya que acusen a los cristianos ante algún tribunal de justicia, no se lo prohíbo. Pero no sufriré que se sirvan de meras súplicas y clamores. Porque es mucho más justo que, si alguien desea presentar una acusación, vosotros juzguéis sobre ella. Por tanto, si alguien presenta la acusación y aporta prueba de que los susodichos hacen algo contrario a las leyes, adjudicaréis castigos en proporción a las ofensas. Y a esto, por Hércules, prestaréis especial atención: que si alguno, por mera calumnia, presentare acusación contra cualquiera de estas personas, le impondréis castigos más severos en proporción a su maldad.
El Emperador César Tito Aurelio Adriano Antonino Augusto Pío, Sumo Pontífice, en el año quince de su tribunicia potestad, cónsul por tercera vez, padre de la patria, a la Asamblea Común de Asia, salud: Yo habría pensado que los propios dioses se cuidarían de que tales delincuentes no escapasen. Porque si tuvieran poder, ellos mismos castigarían con mucho más gusto a quienes rehúsan adorarlos; pero sois vosotros quienes traéis aflicción a estas personas, y acusáis como opinión de ateos lo que ellos sostienen, y les imputáis otras cosas que no podemos probar. Pero les sería ventajoso que se pensara que mueren por aquello de que se les acusa, y os vencen siendo pródigos de sus vidas antes que ceder la obediencia que les exigís. Y respecto a los terremotos que ya han ocurrido y que ahora están ocurriendo, no es decoroso que nos los recordéis, desanimándoos cada vez que ocurren, y poniendo así vuestra conducta en contraste con la de estos hombres; pues ellos tienen mucha mayor confianza en Dios que vosotros mismos. Y vosotros, en verdad, parecéis en tales momentos ignorar a los dioses, y descuidáis los templos, y no hacéis reconocimiento alguno del culto de Dios. Y por eso tenéis celos de quienes sí le sirven, y los perseguís hasta la muerte. Acerca de tales personas, también otros gobernadores de provincias escribieron a mi divinísimo padre; a quienes él respondió que no molestaran en absoluto a tales personas, a menos que se las hallara tramando algo contra el gobierno romano. Y a mí mismo muchos me han enviado informes acerca de tales personas, a quienes también yo respondí conforme al juicio de mi padre. Pero si alguien tiene un asunto que presentar contra alguna persona de esta clase, meramente por ser tal persona, sea el acusado absuelto del cargo, aun cuando se descubriere que es uno de ésos; pero sea el acusador sometido a la justicia.
Epístola de Marco Aurelio al senado, en la que testifica que los cristianos fueron la causa de su victoria
El Emperador César Marco Aurelio Antonino, Germánico, Pártico, Sarmático, al Pueblo de Roma y al sacro Senado, salud: Os expliqué mi gran designio y las ventajas que obtuve en los confines de Germania, con mucho trabajo y sufrimiento, a consecuencia de la circunstancia de hallarme rodeado por el enemigo; yo mismo encerrado en Carnunto por setenta y cuatro cohortes, a nueve millas de distancia. Y estando el enemigo cerca, los exploradores nos señalaron, y nuestro general Pompeyano nos mostró, que se nos acercaba una masa de multitud mezclada de novecientos setenta y siete mil hombres, lo cual en verdad vimos; y yo quedé encerrado por esta vasta hueste, teniendo conmigo sólo un batallón compuesto por las legiones primera, décima, doble y de marina. Habiendo entonces examinado mi propia posición y mi hueste, respecto a la vasta masa de bárbaros y del enemigo, rápidamente me entregué a la oración a los dioses de mi patria. Pero siendo desatendido por ellos, convoqué a aquellos que entre nosotros llevan el nombre de cristianos. Y habiendo indagado, descubrí un gran número y una vasta hueste de ellos, y me enfurecí contra ellos, lo cual no era en modo alguno decoroso; pues después aprendí su poder. Por lo cual comenzaron la batalla, no preparando armas, ni pertrechos, ni trompetas; porque tal preparación les es odiosa, a causa del Dios que llevan en su conciencia. Por tanto, es probable que aquellos a quienes suponemos ateos tengan a Dios como su poder rector atrincherado en su conciencia. Pues habiéndose arrojado al suelo, oraron no sólo por mí, sino también por todo el ejército que estaba en pie, para que fueran librados de la sed y el hambre presentes. Porque durante cinco días no habíamos conseguido agua, porque no la había; pues estábamos en el corazón de Germania y en territorio enemigo. Y simultáneamente con arrojarse al suelo y orar a Dios (un Dios a quien yo ignoro), cayó agua del cielo, sobre nosotros refrescantemente fría, pero sobre los enemigos de Roma un granizo abrasador. E inmediatamente reconocimos la presencia de Dios que seguía a la oración: un Dios inconquistable e indestructible. Fundándonos, pues, en esto, perdonemos a los que son cristianos, no sea que oren y obtengan semejante arma contra nosotros mismos. Y aconsejo que ninguna persona tal sea acusada por el hecho de ser cristiano. Pero si se hallare a alguno imputando a un cristiano que es cristiano, deseo que se haga manifiesto que quien es acusado como cristiano, y reconoce que lo es, no es acusado de otra cosa sino sólo de esto: que es cristiano; pero que quien lo acusa sea quemado vivo. Y deseo además que quien tiene a su cargo el gobierno de la provincia no obligue al cristiano, que confiesa y certifica tal hecho, a retractarse; ni tampoco lo encarcele. Y deseo que estas cosas sean confirmadas por decreto del Senado. Y mando que este mi edicto sea publicado en el Foro de Trajano, para que pueda ser leído. El prefecto Vitrasio Polión cuidará de que sea transmitido a todas las provincias de alrededor, y de que nadie que desee usarlo o poseerlo sea estorbado para obtener copia del documento que ahora publico.
2 Apol., encabezado
2 Apol. 1
2 Apol. 2
Comentario editorial · El proceso ante Urbico
2 Apol. 3
2 Apol. 4
2 Apol. 5
2 Apol. 6
2 Apol. 7
2 Apol. 8
2 Apol. 9
2 Apol. 10
2 Apol. 11
2 Apol. 12
2 Apol. 13
Comentario editorial · La «palabra espermática»
2 Apol. 14
2 Apol. 15
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial