Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Agustín de Hipona, obispo de Hipona |
| Título | Contra dos cartas de los pelagianos (en latín, Contra duas epistolas Pelagianorum; en inglés, Against Two Letters of the Pelagians) |
| Fecha | «420 o poco después» (NPNF). El texto no da fecha; la edición la deduce de las circunstancias |
| Destinatario | Bonifacio, obispo de Roma (del 28 de diciembre de 418 al 4 de septiembre de 422, según Wikipedia) |
| Género | Tratado polémico en cuatro libros: el I responde a la carta enviada a Roma, y el II, el III y el IV a la dirigida a Rufo de Tesalónica |
| Extensión | 4 libros y 125 capítulos (42, 23, 26 y 34), unas 52 000 palabras en esta edición |
| Traducción | Castellana, automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro) y directa del inglés de Robert Ernest Wallis; no del latín. Sin traductor humano y sin revisión frase a frase |
| Fuente | Nicene and Post-Nicene Fathers, 1.ª serie, vol. 5 (St. Augustin: Anti-Pelagian Writings), ed. Philip Schaff |
Agustín responde a una carta enviada por Julián, según se dice, a Roma; y en primer lugar vindica la doctrina católica de sus calumnias; luego descubre y refuta el sentido herético de los pelagianos oculto en aquella profesión de fe que el autor de la carta oponía a los católicos.
I, 1
Comentario editorial · Las dos cartas y quién las trajo
I, 2
I, 3
Capítulo 4 [II.]— La calumnia de Julián—que los católicos enseñan que el libre albedrío fue quitado por el pecado de Adán.
I, 4
I, 5
I, 6
I, 7
I, 8
I, 9
I, 10
I, 11
Capítulo 12.— La cuarta calumnia — Que se dice que los santos del Antiguo Testamento no estaban libres de pecados.
I, 12
Capítulo 13 [VIII.]— La quinta calumnia — Que se dice que Pablo y los demás apóstoles estaban contaminados por la concupiscencia.
I, 13
Capítulo 14.— Que el apóstol habla en su propia persona y en la de otros que están bajo la gracia, no todavía bajo la ley.
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I, 17
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I, 20
Comentario editorial · Una frase que falta en la traducción castellana
I, 21
I, 22
Comentario editorial · Romanos 7: un cambio de lectura
I, 23
Capítulo 24.— Concluye que el Apóstol habló en su propia persona, y en la de aquellos que están bajo la gracia.
I, 24
I, 25
Capítulo 26 [XIII.]— La séptima calumnia—Que Agustín afirma que en el bautismo no se perdonan todos los pecados.
I, 26
I, 27
I, 28
Capítulo 29 [XV.]— Julián opone la fe de sus amigos a las opiniones de los creyentes católicos. En primer lugar, sobre el libre albedrío.
I, 29
I, 30
I, 31
I, 32
I, 33
I, 34
Capítulo 35.— El deseo en el Paraíso o no existía en absoluto, o era obediente al impulso de la voluntad.
I, 35
Capítulo 36 [XVIII.]— Cuarta objeción de Julián: que el hombre es obra de Dios y no es forzado por su poder al mal o al bien.
I, 36
I, 37
I, 38
I, 39
Capítulo 40 [XXII.]— La sexta objeción, acerca de la necesidad de la gracia para todos y del bautismo de los infantes.
I, 40
I, 41
I, 42
Se propone examinar la segunda carta de los pelagianos, llena, como la primera, de calumnias contra los católicos; carta que fue enviada por ellos a Tesalónica en nombre de dieciocho obispos; y, ante todo, muestra, comparando los escritos heréticos entre sí, que los católicos de ningún modo caen en los errores de los maniqueos al detestar los dogmas de los pelagianos. Rechaza la calumnia de prevaricación contraída por el clero romano en la condenación posterior de Pelagio y Celestio por Zósimo, mostrando que los dogmas pelagianos nunca fueron aprobados en Roma, aunque durante algún tiempo, por la clemencia de Zósimo, se trató a Celestio con misericordia, con miras a llevarlo a la corrección de sus errores. Muestra que, bajo el nombre de gracia, los católicos ni afirman una doctrina de la fatalidad ni atribuyen a Dios acepción de personas; aunque verdaderamente dicen que la gracia de Dios no se da según méritos humanos, y que el primer deseo del bien es inspirado por Dios; de modo que el hombre no comienza en modo alguno el cambio del mal al bien, si la no comprada y gratuita misericordia de Dios no efectúa en él ese comienzo.
II, 1
Capítulo 2 [II.]— Las herejías de los maniqueos y de los pelagianos se oponen mutuamente, y ambas son igualmente reprobadas por la Iglesia católica.
II, 2
Capítulo 3.— Hasta qué punto se unen en el error maniqueos y pelagianos; hasta qué punto se separan.
II, 3
II, 4
II, 5
II, 6
Comentario editorial · Zósimo y Celestio

II, 7
II, 8
II, 9
Capítulo 10.— Por qué los pelagianos acusan falsamente a los católicos de sostener la fatalidad bajo el nombre de gracia.
II, 10
II, 11
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II, 14
II, 15
Capítulo 16.— Se refuta a los pelagianos con el caso de los mellizos que mueren, uno después de la gracia del bautismo y el otro sin ella.
II, 16
Capítulo 17 [VIII.]— Aun el deseo de un bien imperfecto es un don de la gracia; de lo contrario, la gracia se daría según los méritos.
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Agustín pasa a refutar otras cosas que los pelagianos objetan calumniosamente en la misma carta enviada a Tesalónica; y expone, en oposición a su herejía, lo que los verdaderamente católicos dicen acerca de la utilidad de la ley; qué enseñan del efecto y virtud del bautismo; qué de la discrepancia entre los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo; qué acerca de la justicia y perfección de los profetas y apóstoles; qué de la denominación de pecado en Cristo, cuando se dice que en semejanza de carne de pecado condenó el pecado en la carne, o que fue hecho pecado; y finalmente, qué profesan acerca del cumplimiento de los mandamientos en la vida futura.
III, 1
III, 2
III, 3
III, 4
III, 5
III, 6
III, 7
III, 8
III, 9
III, 10
III, 11
III, 12
III, 13
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Capítulo 18.— La perfección de la justicia y la plena seguridad no se dieron ni siquiera en Pablo en esta vida.
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III, 20
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III, 22
III, 23
III, 24
Capítulo 25 [IX.]— Muestra que la opinión de los católicos es el medio entre la de los maniqueos y los pelagianos, y refuta a ambos.
III, 25
Capítulo 26 [X.]— Los pelagianos siguen afanándose por un escondrijo, introduciendo la cuestión innecesaria del origen del alma.
III, 26
Después de haber refutado en los libros anteriores las calumnias lanzadas contra los católicos, Agustín pasa aquí a descubrir las insidias que se ocultan en la parte restante de la segunda epístola de los pelagianos, en las cinco cabezas de su doctrina— a saber, en la alabanza de la criatura, la alabanza del matrimonio, la alabanza de la ley, la alabanza del libre albedrío y la alabanza de los santos; en relación con las cuales cabezas los pelagianos se jactan malignamente de estar en desacuerdo no más con los maniqueos que con los católicos. De ahí que estos cinco puntos puedan llevarnos a esto: que ellos presentan su triple error— a saber, las dos primeras, la negación del pecado original; las dos siguientes, la afirmación de que la gracia se da según los méritos; la quinta, su declaración de que los santos no habían pecado en esta vida. Agustín muestra que ambas herejías, la de los maniqueos y la de los pelagianos, son opuestas e igualmente odiosas a la fe católica, por la cual profesamos, primero, que la naturaleza creada por un Dios bueno era buena, pero que, sin embargo, está necesitada de un Salvador a causa del pecado original, que pasó a todos los hombres por la transgresión del primer hombre: luego, en segundo lugar, que el matrimonio es bueno, verdaderamente instituido por Dios, pero que es mala aquella concupiscencia que se asoció al matrimonio por el pecado: también, en tercer lugar, que la ley de Dios es buena, pero de tal modo que sólo manifiesta el pecado, no lo quita: que, en cuarto lugar, el libre albedrío es ciertamente inherente a la naturaleza del hombre, pero que ahora, sin embargo, está tan esclavizado que no aprovecha para hacer justicia, a menos que haya sido hecho libre por la gracia: pero que, en quinto lugar, los santos, ya del Antiguo ya del Nuevo Testamento, estuvieron ciertamente dotados de una justicia que era verdadera pero no perfecta, ni tan plena que estuvieran libres de todo pecado. En conclusión, aduce los testimonios de Cipriano y Ambrosio en favor de la fe católica, unos acerca del pecado original, otros acerca del auxilio de la gracia, y los últimos acerca de la imperfección de la justicia presente.
IV, 1
IV, 2
Capítulo 3 [III.]— Los católicos alaban la naturaleza, el matrimonio, la ley, el libre albedrío y los santos, de tal manera que condenan tanto a los pelagianos como a los maniqueos.
IV, 3
IV, 4
IV, 5
IV, 6
IV, 7
Comentario editorial · «En quien todos pecaron»
IV, 8
IV, 9
IV, 10
IV, 11
IV, 12
IV, 13
IV, 14
IV, 15
IV, 16
IV, 17
IV, 18
IV, 19
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IV, 21
Comentario editorial · Cipriano, testigo africano
IV, 22
IV, 23
IV, 24
IV, 25
IV, 26
IV, 27
IV, 28
Capítulo 29 [XI.]— Los testimonios de Ambrosio contra los pelagianos y, en primer lugar, sobre el pecado original.
IV, 29
IV, 30
IV, 31
IV, 32
IV, 33
Capítulo 34.— La convocación de un sínodo no siempre es necesaria para la condenación de las herejías.
IV, 34
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial
| Acusación atribuida a los católicos | Capítulos |
|---|---|
| Que destruyen el libre albedrío | I, 4–8 |
| Que dicen que el matrimonio actual no es obra de Dios | I, 9 |
| Que hacen del deseo y del comercio conyugal una trampa del diablo (maniqueísmo) | I, 10–11 |
| Que los santos del Antiguo Testamento murieron en pecado | I, 12 |
| Que Pablo y los demás apóstoles estuvieron manchados de concupiscencia toda su vida | I, 13–24 |
| Que Cristo no estuvo libre de pecado | I, 25 |
| Que el bautismo no da remisión completa de los pecados | I, 26–28 |