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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 10 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 10 minDiscurso a Demetriano
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso a Demetriano
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso a Demetriano
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minDiscurso a Demetriano
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la vanidad de los ídolos
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 7 minSobre la vanidad de los ídolos
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la mortalidad
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la mortalidad
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la mortalidad
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 4 minSobre la mortalidad
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 9 minSobre las obras y la limosna
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minSobre las obras y la limosna
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minSobre las obras y la limosna
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minSobre las obras y la limosna
  16. Sesión 16 · Parte 4 · ≈ 9 minSobre la ventaja de la paciencia
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 10 minSobre la ventaja de la paciencia
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 9 minSobre la ventaja de la paciencia
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 6 minSobre la ventaja de la paciencia
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 10 minSobre los celos y la envidia
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 9 minSobre los celos y la envidia
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 5 minSobre los celos y la envidia
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 6 minExhortación al Martirio, Dirigida a Fortunato
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 minQue solo a Dios se ha de adorar
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 6 minQue, redimidos y vivificados por la sangre de Cristo, no debemos anteponer nada a Cristo
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 12 minQue las aflicciones y persecuciones surgen para que seamos probados
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 8 minQue fue predicho antes que el mundo nos tendría en aborrecimiento, y que suscitaría persecuciones contra nosotros, y que nada nuevo acontece a los cristianos, puesto que desde el principio del mundo los buenos han padecido, y los justos han sido oprimidos y muertos por los injustos
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 7 minQué esperanza y qué recompensa quedan para los justos y para los mártires después de los combates y sufrimientos de este tiempo presente
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 7 minTres libros de testimonios contra los judíos
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 6 minQue los judíos no entenderían las Santas Escrituras, sino que serían inteligibles en los últimos tiempos, después de que Cristo hubiera venido
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 6 minQue la ley anterior que fue dada por Moisés debía cesar
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minQue el sacerdocio antiguo debía cesar, y un sacerdote nuevo debía venir, que sería para siempre
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 6 minQue los judíos perderían, mientras nosotros recibiríamos el pan y el cáliz de Cristo y toda su gracia, y que el nombre nuevo de cristianos sería bendito en la tierra
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minQue Cristo es la Sabiduría de Dios; y sobre el sacramento de su encarnación y de su pasión, y del cáliz y del altar; y de los apóstoles que fueron enviados y predicaron
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 5 minQue Cristo es Dios
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 6 minQue Cristo nuestro Dios había de venir, Iluminador y Salvador del género humano
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minQue Cristo había de nacer de la descendencia de David, según la carne
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 7 minQue Él es el Justo a quien los judíos habían de dar muerte
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 6 minQue después esta Piedra había de hacerse un monte, y llenar toda la tierra
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 6 minQue los judíos fijarían a Cristo en la cruz
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minQue había de resucitar de entre los muertos al tercer día
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minQue reinará como Rey para siempre
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 1 minLibro III
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 10 minDel beneficio de las buenas obras y de la misericordia
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 6 minQue en las obras y limosnas, aun cuando por la escasez de poder se haga menos, la voluntad misma es suficiente
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 10 minQue todos los hombres buenos y justos sufren más, pero deben soportarlo porque son probados
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 9 minQue no debemos jurar
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minQue lo que padecemos en este mundo es de menos valor que el galardón que se promete
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 6 minQue no debemos juzgar temerariamente a otro
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 6 minQue lo que alguien ha prometido a Dios, debe pagarlo pronto
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 6 minQue Dios es paciente para este fin, para que nos arrepintamos de nuestro pecado y seamos reformados
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 6 minQue la esperanza es de lo futuro, y por tanto que nuestra fe acerca de lo prometido debe ser paciente
  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 11 minQue nadie está sin mancha y sin pecado
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minQue no ha de desearse una excesiva gula de comida
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 3 minQue fue predicho que los hombres despreciarían la sana disciplina
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minQue los siervos, cuando han creído, deben servir mejor a sus amos carnales
  57. Sesión 57 · Parte 10 · ≈ 6 minQue cada uno es tentado tanto cuanto puede soportar
  58. Sesión 58 · Parte 10 · ≈ 6 minQue no debemos emplear la detracción

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    TEXTOS — CIPRIANO DE CARTAGO

    Índice de la obra

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    Cipriano de Cartago

    Tratados

    Texto base: versión inglesa de Robert Ernest Wallis, Ante-Nicene Fathers, vol. 5 (1886), «The Treatises of Cyprian», tratados V a XII

    Traducción: Traducción automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro), directa del inglés de Wallis; no del latín, y sin traductor humano

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    Lectura por partes · ≈ 41 min · Comentarios editoriales opcionales

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 10 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 10 minDiscurso a Demetriano
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso a Demetriano
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso a Demetriano
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minDiscurso a Demetriano
    6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la vanidad de los ídolos
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 7 minSobre la vanidad de los ídolos
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la mortalidad
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la mortalidad
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minSobre la mortalidad
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 4 minSobre la mortalidad
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 9 minSobre las obras y la limosna
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minSobre las obras y la limosna
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minSobre las obras y la limosna
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minSobre las obras y la limosna
    16. Sesión 16 · Parte 4 · ≈ 9 minSobre la ventaja de la paciencia
    17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 10 minSobre la ventaja de la paciencia
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 9 minSobre la ventaja de la paciencia
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 6 minSobre la ventaja de la paciencia
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 10 minSobre los celos y la envidia
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 9 minSobre los celos y la envidia
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 5 minSobre los celos y la envidia
    23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 6 minExhortación al Martirio, Dirigida a Fortunato
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 minQue solo a Dios se ha de adorar
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 6 minQue, redimidos y vivificados por la sangre de Cristo, no debemos anteponer nada a Cristo
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 12 minQue las aflicciones y persecuciones surgen para que seamos probados
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 8 minQue fue predicho antes que el mundo nos tendría en aborrecimiento, y que suscitaría persecuciones contra nosotros, y que nada nuevo acontece a los cristianos, puesto que desde el principio del mundo los buenos han padecido, y los justos han sido oprimidos y muertos por los injustos
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 7 minQué esperanza y qué recompensa quedan para los justos y para los mártires después de los combates y sufrimientos de este tiempo presente
    29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 7 minTres libros de testimonios contra los judíos
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 6 minQue los judíos no entenderían las Santas Escrituras, sino que serían inteligibles en los últimos tiempos, después de que Cristo hubiera venido
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 6 minQue la ley anterior que fue dada por Moisés debía cesar
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minQue el sacerdocio antiguo debía cesar, y un sacerdote nuevo debía venir, que sería para siempre
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 6 minQue los judíos perderían, mientras nosotros recibiríamos el pan y el cáliz de Cristo y toda su gracia, y que el nombre nuevo de cristianos sería bendito en la tierra
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minQue Cristo es la Sabiduría de Dios; y sobre el sacramento de su encarnación y de su pasión, y del cáliz y del altar; y de los apóstoles que fueron enviados y predicaron
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 5 minQue Cristo es Dios
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 6 minQue Cristo nuestro Dios había de venir, Iluminador y Salvador del género humano
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minQue Cristo había de nacer de la descendencia de David, según la carne
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 7 minQue Él es el Justo a quien los judíos habían de dar muerte
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 6 minQue después esta Piedra había de hacerse un monte, y llenar toda la tierra
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 6 minQue los judíos fijarían a Cristo en la cruz
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minQue había de resucitar de entre los muertos al tercer día
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minQue reinará como Rey para siempre
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 1 minLibro III
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 10 minDel beneficio de las buenas obras y de la misericordia
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 6 minQue en las obras y limosnas, aun cuando por la escasez de poder se haga menos, la voluntad misma es suficiente
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 10 minQue todos los hombres buenos y justos sufren más, pero deben soportarlo porque son probados
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 9 minQue no debemos jurar
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minQue lo que padecemos en este mundo es de menos valor que el galardón que se promete
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 6 minQue no debemos juzgar temerariamente a otro
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 6 minQue lo que alguien ha prometido a Dios, debe pagarlo pronto
    51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 6 minQue Dios es paciente para este fin, para que nos arrepintamos de nuestro pecado y seamos reformados
    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 6 minQue la esperanza es de lo futuro, y por tanto que nuestra fe acerca de lo prometido debe ser paciente
    53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 11 minQue nadie está sin mancha y sin pecado
    54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minQue no ha de desearse una excesiva gula de comida
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 3 minQue fue predicho que los hombres despreciarían la sana disciplina
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minQue los siervos, cuando han creído, deben servir mejor a sus amos carnales
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    58. Sesión 58 · Parte 10 · ≈ 6 minQue no debemos emplear la detracción
    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    Después de los cuatro tratados que Eusebeia publica por separado —la unidad de la Iglesia, las vírgenes, los caídos y el Padrenuestro—, quedan ocho, y aquí se leen juntos en el orden de la edición inglesa. Son de ocasión: una respuesta al pagano que culpa a los cristianos de la peste y del hambre (A Demetriano), un opúsculo contra los ídolos que depende de Tertuliano y de Minucio Félix, un consuelo para una iglesia que se muere de peste (Sobre la mortalidad), tres sermones sobre la limosna, la paciencia y la envidia, un manual de textos bíblicos para preparar al martirio bajo Valeriano y, al final, los tres libros de Testimonios para Quirino: cientos de pasajes de la Escritura ordenados por tesis y sin comentario, el primer florilegio bíblico latino que se conserva.
    Este texto es una traducción castellana directa de la versión inglesa de Robert Ernest Wallis, publicada en 1886 en el volumen 5 de las Ante-Nicene Fathers (Fathers of the Third Century: Hippolytus, Cyprian, Caius, Novatian, Appendix, de Alexander Roberts y James Donaldson, revisado por A. Cleveland Coxe), donde los tratados de Cipriano son doce y se numeran del I al XII; aquí van del V al XII. La versión castellana es automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro) y no ha sido revisada por un traductor humano. No se tradujo del latín de Cipriano, sino del inglés de Wallis.

    Ficha de la obra

    AutorTascio Cecilio Cipriano (Wikipedia: c. 200 – 14 de septiembre de 258), obispo de Cartago desde 248/249
    ContenidoOcho tratados, cada uno con su unidad en este libro: A Demetriano, Sobre la vanidad de los ídolos, Sobre la mortalidad, Sobre las obras y la limosna, Sobre la ventaja de la paciencia, Sobre los celos y la envidia, Exhortación al martirio y Tres libros de testimonios contra los judíos
    FechasSolo dos constan en la edición: 256 para la Paciencia (Argumento) y la persecución de Valeriano, de 257, para la Exhortación. Las demás no se dan
    GéneroApología, consuelo, sermón, florilegio bíblico
    EstructuraSecciones numeradas por la edición; los Testimonios, en tres libros con tesis numeradas
    ExtensiónUnas 80 000 palabras en esta edición
    TraducciónCastellana, automática y directa del inglés de Wallis; no del latín
    FuenteAnte-Nicene Fathers, vol. 5 (1886), tal como lo recoge CCEL

    Los ocho tratados

    Tratado (ANF)TítuloDe qué trata
    VDiscurso a DemetrianoRespuesta a un pagano que culpa a los cristianos de las calamidades: el mundo envejece, y los males son castigo de la idolatría
    VISobre la vanidad de los ídolosLos dioses fueron reyes y hombres; Dios es uno; la salvación viene por Cristo. Autenticidad discutida (Wikipedia)
    VIISobre la mortalidadConsuelo en la peste: la muerte no es pérdida para el cristiano
    VIIISobre las obras y la limosnaLa limosna como remedio de los pecados después del bautismo
    IXSobre la ventaja de la pacienciaLa paciencia como virtud de Dios y de Cristo, frente a la de los filósofos
    XSobre los celos y la envidiaEl pecado del diablo y su remedio
    XIExhortación al martirio, dirigida a FortunatoTrece series de textos bíblicos para la persecución, con prefacio
    XIITres libros de testimonios contra los judíosPara Quirino: I, los judíos y la nueva alianza; II, Cristo; III, la vida cristiana en 120 tesis

    La fuente y su traducción

    Cada tratado del ANF va precedido de un «Argumento» de la edición que resume su ocasión y su contenido; no es de Cipriano y aquí se reproduce como texto de la edición, separado del tratado. Los tratados VII y IX no llevan título en el epub de partida, solo su Argumento; los títulos «Sobre la mortalidad» y «Sobre la ventaja de la paciencia» son de esta edición y traducen los del ANF (On the Mortality, On the Advantage of Patience). New Advent da la edición como Christian Literature Publishing Co., Buffalo, 1886; CCEL publica el mismo texto con las notas de Wallis y de Coxe. Se tradujo del inglés, no del latín: es la traducción de una traducción, y conviene cotejarla antes de citarla en un trabajo académico.
    Lo que viene de la edición. La numeración de las secciones es la de la edición inglesa y la siguen los localizadores («§ 12»; en los Testimonios, «II, 7» = libro II, tesis 7). Los títulos de las tesis de la Exhortación y de los Testimonios son de Cipriano según la edición. Las referencias bíblicas entre corchetes son de la edición. El epub no trae las notas de Wallis ni de Coxe.
    Defectos de la traducción castellana, conservados. El título de los Testimonios quedó sin traducir en el epub («Three Books of Testimonies Against the Jews.»): se conserva como texto de la edición bajo el título castellano, que es de esta edición. El cotejo con el inglés da los mismos párrafos y encabezados en los ocho tratados y un largo de 0,98 veces el del original.

    Discurso a Demetriano

    Texto de la fuenteEdición de las Ante-Nicene Fathers · Argumento · argumento
    [Argumento.— Cipriano, en respuesta a Demetriano el procónsul de África, quien sostenía que las guerras, el hambre y la peste con que el mundo estaba entonces afligido debían imputarse a los cristianos porque no adoraban a los dioses; insta con justicia (habiendo argumentado que todas las cosas se deterioran gradualmente con la vejez del mundo) que más bien eran los mismos paganos quienes eran la causa de tales males, porque no adoraban a Dios, y, además, afligían a los cristianos con persecuciones injustas.]

    § 1

    1. Frecuentemente, Demetriano, había tratado con desprecio tus injurias y tu estrepitoso clamor con boca sacrílega y palabras impías contra el único y verdadero Dios, pensando que era más modesto y mejor despreciar en silencio la ignorancia de un hombre equivocado, que con mis palabras provocar la furia de un insensato. Y no hice esto sin la autoridad de la enseñanza divina, puesto que está escrito: No hables a oídos del necio, no sea que al oírte desprecie la sabiduría de tus palabras; [] y de nuevo, «No respondas al necio según su necedad, no sea que tú también te hagas semejante a él.» [] Y se nos manda, además, guardar lo santo dentro de nuestro propio conocimiento, y no exponerlo a ser pisoteado por cerdos y perros, pues el Señor habla, diciendo, «No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y volviéndose os despedacen.» [] Pues cuando solías venir a mí con frecuencia con el deseo de contradecir más que con el afán de aprender, y preferías insistir impúdicamente en tus propias opiniones, que vociferabas con ruidosas palabras, a escuchar pacientemente las mías, me pareció necio contender contigo; ya que sería labor más fácil y sencilla refrenar con gritos las olas airadas de un mar turbulento, que frenar con argumentos tu locura. Ciertamente sería trabajo vano e inútil ofrecer luz a un ciego, discurso a un sordo, o sabiduría a un bruto; puesto que ni el bruto puede comprender, ni el ciego admitir la luz, ni el sordo oír.

    § 2

    2. Considerando esto, frecuentemente he callado, y he vencido con paciencia a un hombre impaciente; pues no podía ni enseñar a un indócil, ni refrenar con la religión a un impío, ni contener con la mansedumbre a un furioso. Pero, sin embargo, cuando dices que muchísimos se quejan de que a nosotros se nos atribuye que las guerras surjan más frecuentemente, que la peste y las hambrunas se ensañen, y que largas sequías suspendan las lluvias, ya no es conveniente que yo siga callando, no sea que mi silencio empiece a atribuirse a desconfianza más que a modestia; y mientras trato con desprecio las falsas acusaciones, pueda parecer que reconozco el crimen. Respondo, por tanto, tanto a ti, Demetriano, como a otros a quienes quizá has agitado, y a muchos de los cuales, sembrando odio contra nosotros con palabras maliciosas, has hecho partidarios tuyos, brotados de tu propia raíz y origen, quienes, sin embargo, creo, admitirán la razonabilidad de mi discurso; pues aquel que es movido al mal por el engaño de la mentira, mucho más fácilmente será movido al bien por la fuerza de la verdad.

    § 3

    3. Has dicho que todas estas cosas son causadas por nosotros, y que a nosotros deben atribuirse las desgracias con que el mundo está ahora sacudido y afligido, porque vuestros dioses no son adorados por nosotros. Y en este sentido, puesto que ignoras el conocimiento divino, y eres extraño a la verdad, debes en primer lugar saber esto: que el mundo ha envejecido ya, y no permanece en aquella fuerza en que antes se hallaba; ni tiene aquel vigor y potencia que antes poseía. Esto, aun si calláramos, y si no alegáramos prueba alguna de las Sagradas Escrituras y de las declaraciones divinas, lo está anunciando ahora el mundo mismo, dando testimonio de su decadencia por el testimonio de su estado deficiente. En invierno no hay tanta abundancia de lluvias para nutrir las semillas; en verano el sol no tiene tanto calor para madurar la mies; ni en primavera están tan alegres los sembrados; ni son tan fructíferas las estaciones otoñales en sus productos frondosos. Las capas de mármol se excavan en menor cantidad de las montañas desentrañadas y cansadas; las cantidades disminuidas de oro y plata sugieren el pronto agotamiento de los metales, y las venas empobrecidas se estrechan y disminuyen día a día; el labrador falta en los campos, el marinero en el mar, el soldado en el campamento, la inocencia en el mercado, la justicia en el tribunal, la concordia en las amistades, la destreza en las artes, la disciplina en las costumbres. ¿Piensas que el carácter sustancial de una cosa que envejece permanece tan robusto como aquel con que antes pudo florecer en su juventud, cuando aún era nueva y vigorosa? Todo lo que tiende hacia abajo, a la decadencia, acercándose su fin, necesariamente ha de debilitarse. Así, el sol al ponerse lanza sus rayos con un esplendor menos brillante y ardiente; así, en su curso declinante, la luna mengua con cuernos exhaustos; y el árbol, que antes había sido verde y fértil, al secarse sus ramas, se vuelve poco a poco deforme en una vejez estéril; y la fuente que una vez brotaba liberalmente de sus venas desbordantes, al hacerla fallar la vejez, apenas destila con una humedad escasa. Esta es la sentencia pronunciada sobre el mundo, esta es la ley de Dios: que todo lo que ha tenido principio perezca, y las cosas que han crecido envejezcan, y las cosas fuertes se debiliten, y las grandes se hagan pequeñas, y que, cuando se hayan debilitado y disminuido, lleguen a su fin.

    § 4

    4. Imputas a los cristianos que todo esté decayendo a medida que el mundo envejece. ¿Qué si los ancianos acusaran a los cristianos de que ellos pierden fuerza en su vejez; de que ya no tienen, como antes, las mismas facilidades, en la audición de sus oídos, en la ligereza de sus pies, en la agudeza de sus ojos, en el vigor de su fuerza, en la frescura de sus potencias orgánicas, en la plenitud de sus miembros, y de que, aunque una vez la vida de los hombres se extendía más allá de los ochocientos y novecientos años, ahora apenas puede alcanzar su año centésimo? Vemos canas en los muchachos — el cabello falla antes de comenzar a crecer; y la vida no cesa en la vejez, sino que comienza con la vejez. Así, hasta en su mismo comienzo, el nacimiento se apresura a su término; [] así, todo lo que ahora nace degenera con la vejez del mundo mismo; de modo que nadie debe maravillarse de que todo comience a fallar en el mundo, cuando el mundo entero mismo está ya en proceso de fallar y en su fin.

    § 5

    5. Además, que las guerras continúen prevaleciendo con frecuencia, que la muerte y el hambre acumulen ansiedad, que la salud sea quebrantada por enfermedades furiosas, que la raza humana sea devastada por la desolación de la peste, sabe que esto fue predicho; que los males se multiplicarían en los últimos tiempos, y que las desgracias serían variadas; y que, como el día del juicio se acerca ya, la censura de un Dios indignado debe ser más y más provocada para el azote de la raza humana. Pues estas cosas no suceden, como tu falsa queja y tu ignorante inexperiencia de la verdad afirma y repite, porque vuestros dioses no sean adorados por nosotros, sino porque Dios no es adorado por vosotros. Pues siendo Él Señor y Gobernador del mundo, y todas las cosas son conducidas por su voluntad y dirección, ni puede hacerse nada sino lo que Él mismo ha hecho o permitido que se haga, ciertamente cuando ocurren aquellas cosas que muestran la ira de un Dios ofendido, no suceden por causa nuestra, por quienes Dios es adorado, sino que son provocadas por vuestros pecados y merecimientos, por quienes Dios no es de ninguna manera buscado ni temido, porque vuestras vanas supersticiones no son abandonadas, ni la verdadera religión conocida de tal modo que Aquel que es el único Dios sobre todos sea el único adorado y suplicado.

    § 6

    6. En fin, escúchale a Él hablando; Él mismo con voz divina a la vez nos instruye y nos advierte: «Al Señor tu Dios adorarás,» dice Él, «y a él solo servirás.» [] Y de nuevo, «No tendrás dioses ajenos delante de mí.» [] Y de nuevo, «No vayáis tras otros dioses para servirles; y no los adoréis, ni me provoquéis a ira con las obras de vuestras manos, para que os destruya.» [] Además, el profeta, lleno del Espíritu Santo, atestigua y denuncia la ira de Dios, diciendo, «Así dice el Señor Todopoderoso: Por cuanto mi casa está desierta, y vosotros corréis cada uno a su propia casa, por eso los cielos retendrán el rocío, y la tierra negará sus frutos: y traeré espada sobre la tierra, y sobre el grano, y sobre el vino, y sobre el aceite, y sobre los hombres, y sobre el ganado, y sobre todos los trabajos de sus manos.» [] Además, otro profeta repite, y dice, «Y haré llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no haré llover. Una parte será llovida, y la parte sobre la cual no envíe lluvia se secará. Y dos y tres ciudades se reunirán en una ciudad para beber agua, y no se saciarán; y no os convertís a mí, dice el Señor.» []

    § 7

    7. He aquí, el Señor está airado y lleno de ira, y amenaza, porque no os volvéis a Él. Y tú te maravillas o te quejas en esta tu obstinación y desprecio, si la lluvia cae con escasez inusual; y la tierra cae en abandono con corrupción polvorienta; si el gleba estéril apenas produce unas pocas briznas de hierba exiguas y pálidas; si el granizo destructor debilita las viñas; si el torbellino abrumador arranca el olivo; si la sequía estanca la fuente; una brisa pestilente corrompe el aire; la debilidad de la enfermedad consume al hombre; ¡aunque todas estas cosas vienen como consecuencia de los pecados que las provocan, y Dios se indigna más profundamente cuando tan grandes males no sirven de nada! Pues que estas cosas ocurren o para disciplina de los obstinados o para castigo de los malos, lo declara el mismo Dios en la Escritura Santa, diciendo, "En vano he herido a vuestros hijos; no han recibido corrección." Y el profeta entregado y consagrado a Dios responde a estas palabras en el mismo tono, y dice, "Los has herido, pero no se han dolido; los has azotado, pero han rehusado recibir corrección." [] He aquí, se infligen azotes de parte de Dios, y no hay temor de Dios. He aquí, golpes y azotes de arriba no faltan, y no hay temblor, no hay temor. ¡Qué si ni siquiera tal reprensión interfiriera en los asuntos humanos! ¡Cuánto mayor sería aún la audacia en los hombres, si estuviera segura en la impunidad de sus crímenes!

    § 8

    8. Te quejas de que las fuentes te son ahora menos abundantes, y las brisas menos saludables, y que las lluvias frecuentes y la tierra fértil te prestan menos pronta ayuda; de que los elementos ya no sirven a tus usos y placeres como antes. Pero, ¿sirves tú a Dios, por quien todas las cosas están ordenadas a tu servicio? ¿Atiendes tú a Aquel por cuyo beneplácito todas las cosas te atienden a ti? De tu esclavo exiges tú mismo servicio; y aunque eres hombre, obligas a tu semejante a someterse y a obedecerte; y aunque compartís la misma suerte en cuanto al nacer, la misma condición en cuanto al morir; aunque tenéis semejante sustancia corporal y un orden común de almas, y aunque vienes a este mundo nuestro y sales de él después de un tiempo con iguales derechos y por la misma ley; sin embargo, a menos que él te sirva según tu placer, a menos que te obedezca conforme a tu voluntad, tú, como un exigente y excesivo cobrador de su servicio, lo azotas y lo flagelas: lo afliges y torturas con hambre, con sed y desnudez, y aun frecuentemente con la espada y con la prisión. Y, desdichado, ¿no reconoces al Señor tu Dios mientras tú mismo ejerces así el señorío?

    § 9

    9. Y por tanto, con razón en estas plagas que ocurren, no faltan los azotes y castigos de Dios; y puesto que no sirven de nada en este asunto, y no convierten a los individuos a Dios por tal terror de destrucciones, queda después de todo la mazmorra eterna, y el fuego continuo, y el castigo eterno; ni se oirá allí el gemido de los suplicantes, porque aquí no se oyó el terror del Dios airado, clamando por su profeta, y diciendo, «Oíd la palabra del Señor, hijos de Israel: porque el juicio del Señor está contra los habitantes de la tierra; porque no hay misericordia, ni verdad, ni conocimiento de Dios en la tierra. Sino que maldición, y mentira, y homicidio, y hurto, y adulterio, se han desbordado por la tierra, y mezclan sangre con sangre. Por tanto, la tierra hará duelo, con todos los que en ella moran, con las bestias del campo, con los reptiles de la tierra, y con las aves del cielo; y los peces del mar languidecerán, de modo que ningún hombre juzgará, ningún hombre reprenderá.» [] Dios dice que está airado y enojado, porque no hay conocimiento de Dios en la tierra, y Dios no es ni conocido ni temido. Los pecados de mentira, de lujuria, de fraude, de crueldad, de impiedad, de ira, Dios los reprende y censura, y nadie se convierte a la inocencia. He aquí, están sucediendo aquellas cosas que fueron antes predichas por las palabras de Dios; y nadie es amonestado por la creencia de las cosas presentes a pensar en lo que ha de venir. Entre esas mismas desgracias en las que el alma, estrechamente atada y encerrada, apenas puede respirar, todavía se encuentra ocasión para que los hombres sean malos, y en tan grandes peligros a juzgar no tanto de sí mismos como de los demás. Te indignas de que Dios esté airado, como si por una mala vida merecieras algún bien, como si todas las cosas de ese tipo que suceden no fueran infinitamente menores y de menor cuenta que tus pecados.

    § 10

    10. Tú que juzgas a otros, sé por una vez también juez de ti mismo; mira en los escondrijos de tu propia conciencia; es más, puesto que ya no hay ni siquiera vergüenza en tu pecado, y eres malvado, como si más bien la misma maldad te agradara, tú, que eres visto clara y desnudamente por todos los demás hombres, mírate también a ti mismo. Porque o estás hinchado de soberbia, o ávido de avaricia, o cruel con ira, o pródigo en el juego, o encendido en intemperancia, o envidioso con celos, o deshonesto con lujuria, o violento con crueldad; ¿y te maravillas de que la ira de Dios aumente al castigar a la raza humana, cuando el pecado que es castigado aumenta diariamente? Te quejas de que el enemigo se levanta, como si, aunque faltara un enemigo, pudiera haber paz para ti aun entre las mismas togas de la paz. Te quejas de que el enemigo se levanta, como si, aun cuando las armas externas y los peligros de los bárbaros fueran reprimidos, las armas de asalto doméstico de las calumnias e injurias de ciudadanos poderosos, no fueran más feroces y más duramente esgrimidas dentro. Te quejas de esterilidad y hambre, como si la sequía causara mayor hambre que la rapacidad, como si la fiereza de la necesidad no aumentara más terriblemente por el acaparamiento del producto del año y la acumulación de su precio. Te quejas de que el cielo está cerrado a las lluvias, aunque de la misma manera los graneros están cerrados en la tierra. Te quejas de que ahora se produce menos, como si lo que ya se había producido se diera a los indigentes. Reprochas la peste y la enfermedad, mientras que por la peste misma y la enfermedad los crímenes de los individuos son o bien detectados o bien aumentados, mientras no se manifiesta misericordia a los débiles, y la avaricia y la rapiña esperan con la boca abierta a los muertos. Los mismos hombres son tímidos en los deberes del afecto, pero temerarios en la búsqueda de ganancias inicuas; evitan las muertes de los moribundos, y codician los despojos de los muertos, de modo que pueda parecer que los desdichados son probablemente abandonados en su enfermedad por esta causa: para que no escapen al ser curados; pues quien entra tan ansiosamente en la herencia del moribundo, probablemente deseaba que el enfermo pereciera.

    § 11

    11. Un terror tan grande de destrucción no puede dar enseñanza de inocencia; y en medio de un pueblo que muere con constante estrago, nadie considera que él mismo es mortal. Por todas partes hay dispersión, hay apresamiento, hay toma de posesión; ninguna disimulación en el despojo, y ninguna dilación. Como si todo fuera lícito, como si todo fuera conveniente, como si quien no roba sufriera pérdida y malgastara su propia hacienda, así cada uno se apresura a la rapiña. Entre ladrones hay, al menos, cierta modestia en sus crímenes. Aman las quebradas sin camino y las soledades desiertas; y obran mal de tal manera, que el crimen de los malhechores queda velado por la oscuridad y la noche. La avaricia, sin embargo, brama abiertamente, y, segura por su misma osadía, expone las armas de su deseo precipitado a la luz de la plaza. De allí los embaucadores, de allí los envenenadores, de allí los asesinos en medio de la ciudad, están tan ávidos de maldad como impunes en su maldad. El crimen lo comete el culpable, y no se encuentra al inocente que pueda vengarlo. No hay temor del acusador ni del juez: los malvados obtienen impunidad, mientras los hombres modestos callan; los cómplices tienen miedo, y los que han de juzgar están en venta. Y por eso, por boca del profeta, la verdad del asunto es expuesta con el espíritu y el instinto divinos: se muestra de manera cierta y evidente que Dios puede impedir las cosas adversas, pero que los malos merecimientos de los pecadores impiden que Él traiga auxilio. «¿Es acaso la mano del Señor,» dice él, «no fuerte para salvaros; o ha hecho pesado su oído, que no puede oíros? Pero vuestros pecados os separan de Dios; y por causa de vuestros pecados ha escondido su rostro de vosotros, para no tener misericordia.» [] Por tanto, sean enumerados vuestros pecados y ofensas; sean consideradas las heridas de vuestra conciencia; y cese cada uno de quejarse de Dios, o de nosotros, si percibe que él mismo merece lo que sufre.

    § 12

    12. Mirad cuál es ese mismo asunto del que principalmente hablamos: que nos molestáis, aunque inocentes; que, en desprecio de Dios, atacáis y oprimís a los siervos de Dios. Es poco, en vuestra cuenta, que vuestra vida esté manchada con variedad de vicios groseros, con la iniquidad de crímenes mortales, con el compendio de todas las rapiñas sangrientas; que la religión verdadera sea derribada por falsas supersticiones; que Dios no sea buscado en absoluto, ni temido en absoluto; pero además de esto, cansáis a los siervos de Dios, y a los que están dedicados a su majestad y a su nombre, con injustas persecuciones. No basta que vosotros mismos no adoréis a Dios, sino que, además, perseguís con hostilidad sacrílega a los que le adoran. Ni adoráis a Dios, ni permitís en modo alguno que sea adorado; y mientras otros que veneran no sólo esos ídolos necios e imágenes hechas por manos de hombres, sino además portentos y monstruos, os agradan, sólo el adorador de Dios os desagrada. Las cenizas de las víctimas y los montones de ganado humean por todas partes en vuestros templos, y los altares de Dios o no están en ninguna parte o están ocultos. Cocodrilos, y monos, y piedras, y serpientes son adorados por vosotros; y Dios solo en la tierra no es adorado, o si es adorado, no con impunidad. Priváis de su hogar a los inocentes, a los justos, a los queridos de Dios; los despojáis de sus bienes, los cargáis de cadenas, los encerráis en prisión, los castigáis con la espada, con las fieras, con las llamas. Ni siquiera os contentáis con un breve padecimiento de nuestros sufrimientos, y con un simple y rápido agotamiento de dolores. Poned en marcha torturas tediosas, desgarrando nuestros cuerpos; multiplicáis numerosos castigos, lacerando nuestras entrañas; ni vuestra brutalidad y fiereza pueden contentarse con torturas ordinarias; vuestra ingeniosa crueldad inventa nuevos sufrimientos.

    § 13

    13. ¿Qué es esta insaciable locura por derramar sangre, qué esta interminable sed de crueldad? Haced más bien vuestra elección entre una de dos alternativas. Ser cristiano es o un crimen, o no lo es. Si es un crimen, ¿por qué no dais muerte al hombre que lo confiesa? Si no es un crimen, ¿por qué perseguís a un inocente? Pues yo debería ser sometido a tortura si lo negara. Si por temor a vuestro castigo ocultara, con engañosa falsedad, lo que antes había sido, y el hecho de que no había adorado a vuestros dioses, entonces podría merecer ser atormentado, entonces debería ser obligado a confesar mi crimen por la fuerza del sufrimiento, como en otros interrogatorios los culpables, que niegan ser culpables del crimen del que se les acusa, son torturados para que la confesión de la realidad del crimen, que la voz delatora se niega a hacer, sea arrancada por el sufrimiento corporal. Pero ahora, cuando por mi propia voluntad confieso, y grito, y con palabras frecuentes y repetidas en el mismo sentido doy testimonio de que soy cristiano, ¿por qué aplicáis torturas a quien lo reconoce, y que destruye vuestros dioses, no en lugares ocultos y secretos, sino abiertamente, y públicamente, y en la misma plaza, a oídos de vuestros magistrados y gobernadores; de modo que, aunque era poca cosa lo que antes censurabais en mí, aquello que deberíais más bien odiar y castigar ha aumentado, que al declararme cristiano en un lugar concurrido, y con el pueblo alrededor, os confundo a vosotros y a vuestros dioses con un anuncio abierto y público?

    § 14

    14. ¿Por qué dirigís vuestra atención a la debilidad de nuestro cuerpo? ¿Por qué lucháis contra la flaqueza de esta carne terrena? Luchad más bien contra la fortaleza de la mente, quebrantad el poder del alma, destruid nuestra fe, venced si podéis con la discusión, superad con la razón; o, si vuestros dioses tienen alguna divinidad y poder, que ellos mismos se levanten en su propia vindicación, que se defiendan por su propia majestad. Pero ¿qué pueden aprovechar a sus adoradores, si no pueden vengarse de los que no los adoran? Porque si el que venga es de más valor que el vengado, entonces vosotros sois mayores que vuestros dioses. Y si vosotros sois mayores que los que adoráis, no deberíais adorarlos, sino más bien ser adorados y temidos por ellos como su señor. Vuestra defensa los protege cuando son injuriados, así como vuestra protección los guarda de perecer cuando están encerrados. Deberíais avergonzaros de adorar a los que vosotros mismos defendéis; deberíais avergonzaros de esperar protección de los que vosotros mismos protegéis.

    § 15

    15. ¡Oh, si tan sólo los oyeseis y vieseis cuando son conjurados por nosotros, y atormentados con azotes espirituales, y son expulsados de los cuerpos poseídos con torturas de palabras, cuando aullando y gimiendo ante la voz del hombre y el poder de Dios, sintiendo los golpes y azotes, confiesan el juicio venidero! Venid y reconoced que lo que decimos es verdad; y ya que decís que así adoráis a los dioses, creed aun a aquellos a quienes adoráis. O si queréis creer incluso a vosotros mismos, aquel —es decir, el demonio— que ahora ha poseído vuestro pecho, que ahora ha oscurecido vuestra mente con la noche de la ignorancia, hablará acerca de vosotros mismos en vuestro oído. Veréis que nosotros somos suplicados por aquellos a quienes vosotros suplicáis, que nosotros somos temidos por aquellos a quienes vosotros teméis, a quienes adoráis. Veréis que bajo nuestras manos permanecen atados, y tiemblan como cautivos, aquellos a quienes vosotros ensalzáis y veneráis como señores: ciertamente aun así podríais ser confundidos en esos vuestros errores, cuando veáis y oigáis a vuestros dioses, que al instante de nuestro interrogatorio traicionan lo que son, e incluso en vuestra presencia no pueden ocultar esos engaños y artimañas suyos.

    § 16

    16. ¿Qué es, pues, esa pereza de mente; sí, qué ciega y estúpida locura de necios, no querer salir de las tinieblas a la luz, y no querer, estando atados en las redes de la muerte eterna, recibir la esperanza de inmortalidad, y no temer a Dios cuando amenaza y dice, «El que sacrifica a dioses ajenos, y no al Señor solamente, será exterminado.» [] Y de nuevo: «Adoraron las obras de sus dedos; y el hombre humilde se ha inclinado, y el grande se ha humillado, y no los perdonaré.» [] ¿Por qué os humilláis y os doblegáis ante dioses falsos? ¿Por qué inclináis vuestro cuerpo cautivo ante imágenes necias y creaciones de la tierra? Dios os hizo erguidos; y mientras los demás animales miran hacia abajo, y están deprimidos en postura inclinada hacia la tierra, vuestra actitud es elevada; y vuestro rostro se alza hacia el cielo, y hacia Dios. Mirad allí, levantad los ojos hacia arriba, buscad a Dios en lo más alto, para que seáis libres de las cosas de abajo; elevad vuestro corazón a la dependencia de las cosas altas y celestiales. ¿Por qué os postráis en la ruina de la muerte con la serpiente a la que adoráis? ¿Por qué caéis en la destrucción del diablo, por su medio y en su compañía? Conservad el estado elevado en el que nacisteis. Continuad siendo tales como fuisteis hechos por Dios. A la postura de vuestro rostro y de vuestro cuerpo, conformad vuestra alma. Para que podáis conocer a Dios, primero conoced a vosotros mismos. Abandonad los ídolos que el error humano ha inventado. Volveos a Dios, a quien si imploráis os ayudará. Creed en Cristo, a quien el Padre ha enviado para vivificarnos y restaurarnos. Cesad de herir a los siervos de Dios y de Cristo con vuestras persecuciones, ya que cuando son heridos la venganza divina los defiende.

    § 17

    17. Por esta razón es que ninguno de nosotros, cuando es apresado, hace resistencia, ni se venga contra vuestra injusta violencia, aunque nuestro pueblo es numeroso y abundante. Nuestra certeza de una venganza venidera nos hace pacientes. Los inocentes ceden el lugar a los culpables; los inofensivos se someten a castigos y torturas, seguros y confiados en que todo lo que sufrimos no quedará sin venganza, y que en proporción a la grandeza de la injusticia de nuestra persecución así será la justicia y la severidad de la venganza exigida por esas persecuciones. Ni la maldad de los impíos se levanta jamás contra el nombre que llevamos, sin que la venganza inmediata desde lo alto la acompañe. Por no hablar de los recuerdos de tiempos antiguos, y no recurrir con prolija conmemoración a venganzas frecuentemente repetidas en favor de los adoradores de Dios, el ejemplo de un asunto reciente es suficiente para probar que nuestra defensa, tan velozmente, y en su velocidad tan poderosamente, siguió últimamente en las ruinas de las cosas, en la destrucción de las riquezas, en la pérdida de soldados, y la disminución de fortalezas. Ni piense nadie que esto ocurrió por casualidad, ni piense que fue fortuito, ya que hace tiempo la Escritura ha establecido y dicho: «Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor.» [] Y de nuevo el Espíritu Santo advierte y dice: «No digas: me vengaré de mi enemigo, sino espera en el Señor, para que Él sea tu ayuda.» [] De donde es claro y manifiesto que no por nuestros medios, sino por causa nuestra, suceden todas esas cosas que provienen de la ira de Dios.

    § 18

    18. Ni piense nadie que los cristianos no son vengados por esas cosas que suceden, por la razón de que ellos también parecen ser afectados por su visitación. El hombre siente el castigo de la adversidad mundana, cuando todo su gozo y gloria están en el mundo. Se entristece y gime si le va mal en esta vida, aquel a quien no le puede ir bien después de esta vida, todo cuyo fruto de vida se recibe aquí, todo cuyo consuelo termina aquí, cuya vida fugaz y breve aquí cuenta con alguna dulzura y placer, pero cuando ha partido de aquí, sólo le queda castigo añadido al dolor. Pero no tienen sufrimiento por el asalto de los males presentes quienes tienen confianza en los bienes futuros. De hecho, nunca somos postrados por la adversidad, ni somos quebrantados, ni nos entristecemos ni murmuramos en ninguna desgracia exterior o debilidad del cuerpo: viviendo por el Espíritu más que por la carne, vencemos la debilidad corporal con la fortaleza mental. Por esas mismas cosas que nos atormentan y cansan, sabemos y confiamos en que somos probados y fortalecidos.

    § 19

    19. ¿Pensáis que sufrimos la adversidad igualmente que vosotros, cuando veis que las mismas cosas adversas no son soportadas por igual por nosotros y por vosotros? Entre vosotros hay siempre una impaciencia clamorosa y quejumbrosa; entre nosotros hay una paciencia fuerte y religiosa, siempre tranquila y siempre agradecida a Dios. Ni reclama para sí nada gozoso o próspero en este mundo, sino que, mansa y apacible y estable contra todas las ráfagas de este mundo agitado, espera el tiempo de la promesa divina; porque mientras este cuerpo dure, necesariamente ha de tener suerte común con los demás, y su condición corporal ha de ser común. Ni se concede a ninguno del género humano separarse uno de otro, excepto por el retiro de esta vida presente. Mientras tanto, todos, buenos y malos, estamos contenidos en una sola casa. Todo lo que sucede dentro de la casa, lo sufrimos con igual suerte, hasta que, cuando se alcance el fin de la vida temporal, seremos distribuidos entre las moradas o de muerte eterna o de inmortalidad. Así, pues, no estamos al mismo nivel, ni somos iguales a vosotros, porque, puestos en este mundo presente y en esta carne, incurrimos igualmente con vosotros en las molestias del mundo y de la carne; pues ya que todo castigo está en el sentido del dolor, es manifiesto que no es partícipe de vuestro castigo aquel que, como veis, no sufre dolor igualmente que vosotros.

    § 20

    20. Florece entre nosotros la fuerza de la esperanza y la firmeza de la fe. En medio de estas mismas ruinas de un mundo que se desmorona, nuestra alma se eleva, y nuestro ánimo está inquebrantable: nuestra paciencia nunca es otra cosa que gozosa; y la mente está siempre segura de su Dios, así como el Espíritu Santo habla por el profeta, y nos exhorta, fortaleciendo con palabra celestial la firmeza de nuestra esperanza y fe. «La higuera,» dice Él, «no dará fruto, y no habrá flor en las vides. El trabajo del olivo faltará, y los campos no darán alimento. El rebaño será cortado del redil, y no habrá ganado en los establos. Pero yo me gozaré en el Señor, y me alegraré en el Dios de mi salvación.» [] Dice que el hombre de Dios y el adorador de Dios, dependiendo de la verdad de su esperanza, y cimentado en la firmeza de su fe, no es movido por los ataques de este mundo y de esta vida. Aunque la vid falte, y el olivo engañe, y el campo abrasado con hierba muriendo de sequía se marchite, ¿qué es esto para los cristianos? ¿Qué para los siervos de Dios a quienes el paraíso invita, a quienes toda la gracia y toda la abundancia del reino de los cielos espera? Ellos siempre se gozan en el Señor, y se regocijan y se alegran en su Dios; y los males y adversidades del mundo los sufren valientemente, porque miran hacia los dones y prosperidades venideros: porque nosotros, que hemos dejado nuestro nacimiento terrenal, y ahora somos creados y regenerados por el Espíritu, y ya no vivimos para el mundo sino para Dios, no recibiremos los dones y promesas de Dios hasta que lleguemos a la presencia de Dios. Y sin embargo pedimos siempre el rechazo de los enemigos, y la obtención de lluvias, y ya sea la remoción o la moderación de la adversidad; y derramamos nuestras oraciones, y, propiciando y aplacando a Dios, suplicamos constante y urgentemente, día y noche, por vuestra paz y salvación.

    § 21

    21. Nadie, sin embargo, se lisonjee pensando que, por la igualdad de la carne y del cuerpo, hay por ahora para nosotros y para los profanos, para los adoradores de Dios y para los adversarios de Dios, una condición común de tribulaciones del mundo, hasta creer por ello que todas esas cosas que suceden no son atraídas por vosotros; puesto que por anuncio del mismo Dios y por testimonio profético se predijo antes que sobre los injustos vendría la ira de Dios, y que no faltarían persecuciones que humanamente habrían de herirnos; y que, además, les asistiría la venganza que habría de defender con defensa celestial a los que fuesen heridos.

    § 22

    22. Y cuán grandes son también las cosas que entretanto suceden a favor nuestro en ese respecto. Algo se da como ejemplo, para que se conozca la ira de un Dios vengador. Pero aún es futuro el día del juicio que la Escritura Santa denuncia, diciendo: «Aullad, porque está cerca el día del Señor, y vendrá de Dios la destrucción; porque, he aquí, viene el día del Señor, cruel con ira y furor, para asolar la tierra y destruir de ella a los pecadores.» [] Y de nuevo: «He aquí que viene el día del Señor, ardiente como un horno; y todos los extraños y todos los que obran la iniquidad serán como paja, y el día que viene los abrasará, dice el Señor.» [] El Señor profetiza que los extraños serán abrasados y consumidos; es decir, los extraños a la estirpe divina, y los profanos, los que no han nacido de nuevo espiritualmente ni han sido hechos hijos de Dios. Pues que sólo pueden escapar los que han renacido y han sido sellados con el signo de Cristo, Dios lo dice en otro lugar, cuando, enviando a sus ángeles para la destrucción del mundo y la muerte del género humano, amenaza más terriblemente en el último tiempo, diciendo: «Id y herid, y no perdone vuestro ojo. No tengáis piedad de anciano ni de joven, y matad a las vírgenes y a los pequeños y a las mujeres, para que sean exterminados por completo. Pero no toquéis a hombre alguno sobre el cual esté escrita la marca.» [] Y cuál es esta marca, y en qué parte del cuerpo se pone, lo declara Dios en otro lugar, diciendo: «Pasad por medio de Jerusalén, y poned una marca en las frentes de los hombres que gimen y claman por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella.» [] Y que el signo pertenece a la pasión y a la sangre de Cristo, y que todo el que es hallado en este signo es guardado salvo e ileso, se prueba también por el testimonio de Dios, diciendo: «Y la sangre os será por señal en las casas en que estéis; y veré la sangre y os protegeré, y no habrá sobre vosotros plaga de exterminio cuando hiera la tierra de Egipto.» [] Lo que antes precedió como figura en el cordero degollado se cumple en Cristo, la verdad que vino después. Así como, cuando Egipto fue herido, el pueblo judío no pudo escapar sino por la sangre y el signo del cordero; así también, cuando el mundo comience a ser asolado y herido, quienquiera que sea hallado en la sangre y en el signo de Cristo, sólo él escapará.

    § 23

    23. Mirad, pues, mientras hay tiempo, a la salvación verdadera y eterna; y puesto que ya está cerca el fin del mundo, volved vuestras almas a Dios, en el temor de Dios; ni os deleite aquel dominio impotente y vano en el mundo sobre los justos y los mansos, puesto que en el campo, aun entre el grano cultivado y fructífero, dominan la cizaña y el vallico. Ni digáis que las desgracias acontecen porque vuestros dioses no son adorados por nosotros; sino sabed que éste es el juicio de la ira de Dios: que el que no es reconocido a causa de sus beneficios sea al menos reconocido por sus juicios. Buscad al Señor aun tarde; porque desde antiguo Dios, advirtiendo por su profeta, exhorta y dice: «Buscad al Señor, y vivirá vuestra alma.» [] Conoced a Dios aun tarde; porque Cristo en su venida amonesta y enseña esto, diciendo: «Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.» [] Creed a aquel que en nada engaña. Creed a aquel que predijo que todas estas cosas sucederían. Creed a aquel que dará a todos los que creen el premio de la vida eterna. Creed a aquel que hará caer sobre los que no creen los suplicios eternos en los fuegos de la Gehena.

    § 24

    24. ¿Cuál será entonces la gloria de la fe? ¿Cuál el castigo de la infidelidad? Cuando venga el día del juicio, ¡qué gozo de los creyentes, qué tristeza de los incrédulos: por no haber querido creer aquí, y por no poder ya volver para creer! Una Gehena siempre ardiente abrasará a los condenados, y un castigo que devora con llamas vivas; ni habrá fuente alguna de la que en algún momento puedan tener tregua o fin de sus tormentos. Las almas con sus cuerpos serán reservadas en infinitas torturas para el sufrimiento. Así será visto para siempre por nosotros el hombre que aquí nos miró por un tiempo; y el breve gozo de aquellos ojos crueles en las persecuciones que nos hicieron será compensado por un espectáculo perpetuo, según la verdad de la Escritura Santa, que dice: «Su gusano no morirá, y su fuego no se apagará; y serán un espectáculo para toda carne.» [] Y de nuevo: «Entonces los justos estarán en gran constancia ante el rostro de los que los afligieron y les quitaron sus trabajos. Al verlo, se turbarán con horrible temor y se asombrarán de lo repentino de su inesperada salvación; y ellos, arrepintiéndose y gimiendo por la angustia del espíritu, dirán dentro de sí: Estos son aquellos a quienes tuvimos algún tiempo por escarnio y por proverbio de oprobio; nosotros, necios, tuvimos su vida por locura y su fin por deshonra. ¡Cómo son contados entre los hijos de Dios, y su suerte está entre los santos! Luego nos hemos extraviado del camino de la verdad, y la luz de la justicia no ha resplandecido sobre nosotros, y el sol no salió para nosotros. Nos fatigamos en el camino de la maldad y de la perdición; atravesamos desiertos donde no había camino; pero no conocimos el camino del Señor. ¿De qué nos aprovechó la soberbia, o qué bien nos trajo la jactancia de las riquezas? Todas aquellas cosas han pasado como una sombra.» [] El dolor del castigo estará entonces sin fruto de penitencia; el llanto será inútil y la oración ineficaz. Demasiado tarde creerán en el castigo eterno los que no quisieron creer en la vida eterna.

    § 25

    25. Procurad, pues, mientras podéis, vuestra seguridad y vuestra vida. Os ofrecemos la ayuda saludable de nuestro consejo y de nuestro parecer. Y porque no podemos odiar, y agradamos más a Dios al no devolver mal por mal, os exhortamos, mientras tenéis poder, mientras os queda algo de vida, a satisfacer a Dios y a salir del abismo de la superstición tenebrosa a la luz brillante de la religión verdadera. No envidiamos vuestros consuelos, ni ocultamos los beneficios divinos. A vuestro odio pagamos con bondad; y por los tormentos y penas que se nos infligen, os mostramos los caminos de la salvación. Creed y vivid, y vosotros que nos perseguís, gozaos con nosotros por la eternidad. Una vez que hayáis partido de aquí, ya no hay lugar para el arrepentimiento, ni posibilidad de satisfacer. Aquí la vida se pierde o se salva; aquí se procura la seguridad eterna por el culto de Dios y los frutos de la fe. Ni nadie se deje retener por sus pecados ni por sus años para venir a alcanzar la salvación. Para el que aún permanece en este mundo, ningún arrepentimiento es demasiado tarde. Está abierto el acceso a la misericordia de Dios, y es fácil la entrada para los que buscan y abrazan la verdad. Suplicad por vuestros pecados, aunque sea en el último momento de la vida y a la puesta del sol del tiempo; e implorad a Dios, que es el único y verdadero Dios, en confesión y fe de reconocerlo, y se concede el perdón al hombre que confiesa, y se otorga misericordia salvadora de la bondad divina al creyente, y se abre un paso a la inmortalidad aun en la misma muerte. Esta gracia la concede Cristo; este don de su misericordia nos lo confiere, venciendo la muerte en el trofeo de la cruz, redimiendo al creyente con el precio de su sangre, reconciliando al hombre con Dios Padre, vivificando nuestra naturaleza mortal con la regeneración celestial. Si es posible, sigámosle todos; seamos inscritos en su sacramento y en su señal. Él nos abre el camino de la vida; Él nos devuelve al paraíso; Él nos conduce al reino de los cielos. Hechos por Él hijos de Dios, con Él viviremos siempre; con Él nos gozaremos siempre, restaurados por su propia sangre. Nosotros, los cristianos, seremos gloriosos juntamente con Cristo, bendecidos por Dios Padre, gozándonos siempre con perpetuos placeres en la presencia de Dios y dando gracias siempre a Dios. Porque nadie puede dejar de estar siempre alegre y agradecido, quien, habiendo estado una vez sujeto a la muerte, ha sido asegurado en la posesión de la inmortalidad.
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