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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDe Synodis
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minLo ocurrido en Rímini (§§ 8–11)
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minLo ocurrido en Rímini (§§ 8–11)
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minLo ocurrido en Seleucia, y reflexiones (§§ 12–14)
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 minParte 2. Historia de las Opiniones Arrianas
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minParte 2. Historia de las Opiniones Arrianas
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minLos concilios arrianos y sus credos (§§ 21–32)
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 9 minLos concilios arrianos y sus credos (§§ 21–32)
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minLos concilios arrianos y sus credos (§§ 21–32)
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 minLos concilios arrianos y sus credos (§§ 21–32)
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 3 minLos concilios arrianos y sus credos (§§ 21–32)
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minParte 3. Sobre los símbolos "De la esencia" y "Consustancial"
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 9 minLas objeciones contra «de la esencia» y «consustancial» (§§ 33–40)
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 13 minPara los que solo dudan de «consustancial» (§§ 41–54)
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minPara los que solo dudan de «consustancial» (§§ 41–54)
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 10 minPara los que solo dudan de «consustancial» (§§ 41–54)
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minPosdata

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Atanasio de Alejandría

    Sobre los concilios de Rímini y Seleucia

    Texto base: Philip Schaff y Henry Wace (eds.), NPNF, 2.ª serie, vol. 4 (1892), «On the Councils of Ariminum and Seleucia (De Synodis)» · The Complete Works of St. Athanasius, libro 16 · 55 secciones en tres partes

    Traducción: Traducción castellana hecha con la aplicación Libyx, directa del inglés de Newman revisado por Robertson (NPNF), no del griego; no se atribuye traductor humano

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    Lectura continua · ≈ 140 min · Comentarios editoriales opcionales

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    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    ¿Por qué una fe que se dice recibida de los apóstoles tiene que fecharse, revisarse y volver a escribirse cada pocos meses? A finales de 359, cuando acababan de disolverse los dos concilios en que se había dividido el gran concilio que Constancio II convocó —el de Occidente en Rímini y el de Oriente en Seleucia—, Atanasio, desterrado, escribió esta carta para contar lo ocurrido y para volver contra sus adversarios sus propios documentos: reúne, de 341 a 361, las fórmulas de fe con que fueron sustituyendo a la de Nicea, y muestra que se contradicen entre sí. En la tercera parte pasa de la polémica a la persuasión y pide a quienes aceptan todo lo de Nicea salvo «consustancial» que no discutan por una palabra. Traducción castellana directa de la versión inglesa del NPNF.

    Ficha de la obra

    AutorAtanasio de Alejandría, según la edición de base; esta edición no examina la atribución
    TítuloSobre los concilios de Rímini y Seleucia (en latín, De synodis; en inglés, On the Councils of Ariminum and Seleucia; el epub la titula «De Synodis» y «Concilios de Rímini y Selucia»)
    FechaEscrita en 359, después de disolverse el concilio de Seleucia (octubre) y antes de que llegaran a Atanasio las noticias de Nike, con los §§ 30–31 añadidos tras la muerte de Constancio (361), según la introducción del NPNF; los Prolegómenos del mismo volumen la sitúan en «359–60». New Advent no la fecha
    GéneroCarta histórica y polémica, con los documentos que cita; la última parte es un argumento doctrinal dirigido a quienes dudan de «consustancial». La carta no nombra a sus destinatarios
    ExtensiónCincuenta y cinco secciones numeradas, en tres partes, de unas 24 000 palabras
    TraducciónCastellana, hecha con Libyx, directa del inglés de la edición de base; no del griego
    FuenteSerie NPNF de Philip Schaff, 2.ª serie, vol. 4 (1892), tal como la recoge The Complete Works of St. Athanasius, libro 16
    El recorrido es el de la obra. La Parte 1 (§§ 1–14) explica por qué se convocaron dos concilios, ridiculiza que un credo lleve fecha y relata lo ocurrido en Rímini (§§ 8–11) y en Seleucia (§ 12). La Parte 2 (§§ 15–32) recoge los dichos de Arrio y de Asterio (§§ 15–20) y, uno tras otro, los credos y cartas de los concilios arrianos, desde la carta de Jerusalén hasta la fórmula de Antioquía de 361 (§§ 21–31). La Parte 3 (§§ 33–54) defiende «de la esencia» y «consustancial»: primero contra los homeos (§§ 33–40) y luego, en tono conciliador, ante los que solo dudan de la palabra (§§ 41–54), con el episodio de Pablo de Samosata y los dos Dionisios; una posdata (§ 55) añade la carta de Constancio a Rímini y la respuesta de los obispos. Para el marco de la disputa véanse el arrianismo, el credo niceno-constantinopolitano y homoousios; la Carta a los obispos de África responde, años después, a quienes invocaban Rímini; la historia de la fórmula nicena se cuenta en la Defensa de la definición nicena, la disputa sobre las «hipóstasis» en la Carta a los de Antioquía, y Arrio y sus ideas ocupan los Cuatro discursos contra los arrianos. Sobre su vida y sus destierros, véanse la Apología contra los arrianos y Cartas de Atanasio.

    La fuente y su traducción

    Este texto es una traducción castellana directa de la versión inglesa que publicó la serie A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church (NPNF), segunda serie, volumen 4, Athanasius: Select Works and Letters, bajo la dirección editorial de Philip Schaff y Henry Wace (New Advent da Buffalo, Christian Literature Publishing Co., 1892). Se tradujo del inglés, no del griego: es la traducción de una traducción, y sus matices dependen de ambas. Antes de citarla en un trabajo académico conviene cotejarla con el inglés (enlaces al final de esta sección) y con el griego.
    La versión inglesa es de John Henry Newman, revisada por Archibald Robertson, que fue el editor especial del volumen. New Advent lo dice así («Translated by John Henry Newman and Archibald Robertson»); CCEL no pone «traducido por» en la cabecera de esta obra, pero la introducción del tratado explica que la traducción de Newman «ha sido revisada más de cerca» que las del De decretis y los tres primeros Discursos, que en los §§ 10–11 se sigue el texto griego de la versión atanasiana en vez del latín de Hilario, y que se han recortado las notas, sobre todo las históricas; y los prefacios del volumen (el de Wace lleva fecha del 21 de noviembre de 1891) cuentan que la mayor parte de las obras antiarrianas reimprimen traducciones y notas de la Library of the Fathers de Oxford, preparadas por Newman, y que solo se corrigieron donde había inexactitudes. La traducción castellana la hizo la aplicación Libyx (el epub declara «Libyx EPUB Translator» como colaborador) a partir de ese inglés; no se atribuye a ningún traductor humano. El texto llegó en la edición The Complete Works of St. Athanasius (Kindle), cuyo libro 16 es este tratado.
    Lo que viene de la edición. La numeración en cincuenta y cinco secciones, la división en tres partes con su sumario en cursiva y los rótulos «Blasfemias de Arrio», «Interpretación de la Carta», «Respuesta de los obispos» y «Posdata» proceden de la edición de base; no son de Atanasio. Los encabezados con paréntesis («Lo ocurrido en Rímini (§§ 8–11)», etc.) los añade esta edición a partir del índice del NPNF, solo para orientarse. Los credos, cartas y fragmentos que Atanasio cita van como pasajes de sus propios autores —Arrio, Asterio, los concilios de Rímini, Jerusalén, Antioquía, Sirmio, Seleucia y Constantinopla, Teofronio, Dionisio, Constancio—, con el texto del epub y sin tocar; las frases con que Atanasio los introduce o enlaza («Y de nuevo:—») quedan donde estaban. Los corchetes con referencias bíblicas son de la edición inglesa y se enlazan al lector; Atanasio lee la Biblia griega, de modo que algunas citas (los Salmos, con la numeración que da la edición; Génesis 32:31 «según la Septuaginta») pueden diferir de una Biblia hecha desde el hebreo.
    Defectos de la traducción castellana, conservados. El epub escribe «Selucia» por Seleucia (título y texto); «Eacio» (§§ 6 y 38) por Aecio y «Leucio» (§§ 12 y 38) por Leoncio, que se avisan en el lugar; un corchete «[Job 14:16-26; 16:14]» heredado de una errata inglesa, que es de Juan (§ 8), y una referencia que el inglés trae en el Macróstico (§ 26) y que la traducción omite. Ninguno se ha corregido en el texto.

    De Synodis

    Encabezado

    Concilios de Rímini y Selucia.

    Parte 1. Historia de los concilios

    Razón por la que se convocaron dos concilios. Inconsistencia y necedad de convocar alguno; y del estilo de los formularios arrianos; ocasión del Concilio de Nicea; actas en Rímini; Carta del concilio a Constancio; su decreto. Actas en Selucia; reflexiones sobre la conducta de los arrianos.

    Por qué se convocan dos concilios (§§ 1–7)

    § 1

    1. Quizás las noticias han llegado incluso a vosotros acerca del concilio, que es en este momento tema de conversación general; pues cartas tanto del Emperador como de los Prefectos fueron difundidas por todas partes para su convocatoria. Sin embargo, vosotros tomáis tal interés en los sucesos que han ocurrido, que he decidido daros cuenta de lo que yo mismo he visto y he averiguado con exactitud, lo cual puede libraros de la incertidumbre que acompaña a los informes de otros; y esto tanto más, cuanto que hay quienes acostumbran tergiversar lo sucedido. En Nicea, pues, que había sido fijada, el concilio no se ha reunido, sino que se emitió un segundo edicto, convocando a los obispos occidentales en Rímini, en Italia, y a los orientales en Selucia la Escarpada, como la llaman, en Isauria. La razón declarada de tal reunión era tratar de la fe tocante a nuestro Señor Jesucristo; y quienes la alegaban eran Ursacio, Valente y un tal Germinio de Panonia; y de Siria, Acacio, Eudoxio y Patrófilo de Escitópolis. Estos hombres, que siempre habían sido del partido arriano, y 'no entendían ni cómo creen ni de qué afirman', y estaban engañando silenciosamente primero a uno y luego a otro, y esparciendo la segunda siembra de su herejía, influyeron en algunos que parecían ser algo, y entre ellos al Emperador Constancio, siendo hereje, con algún pretexto acerca de la Fe, para convocar un concilio; bajo la idea de que podrían eclipsar el Concilio de Nicea, y prevalecer sobre todos para que diesen la vuelta, y establecer la impiedad en todas partes en lugar de la Verdad.
    Comentario editorial · Dos concilios en lugar de uno
    Según Atanasio, se había fijado un solo concilio general, en Nicea, y un segundo edicto lo dividió en dos: los occidentales en Rímini, los orientales en Seleucia de Isauria. Atribuye la idea a Ursacio, Valente y Acacio, que querrían «eclipsar» Nicea. El editor del NPNF cree que se equivoca: el deseo de un arreglo doctrinal era de los llamados «semiarrianos» (el grupo de Basilio de Ancira, entonces bien visto por el emperador), y la división fue maniobra de los homeos. Constancio habría elegido Nicea; Basilio propuso Nicomedia; un terremoto destruyó la ciudad y se volvió a Nicea. Wikipedia cuenta otro itinerario: dos concilios pedidos ya en 358, el oriental previsto en Nicomedia y trasladado a Seleucia tras el terremoto que mató a su obispo, Cecropio. Sobre Rímini, véase la nota de la Carta a los obispos de África.

    § 2

    2. Ahora bien, aquí me maravillo en primer lugar, y creo que llevaré conmigo a todo hombre sensato, de que, habiéndose fijado un Concilio General, y estando todos a la expectativa, de repente se dividió en dos, de modo que una parte se reunió aquí y la otra allá. Sin embargo, esto fue ciertamente obra de la Providencia, para que en los respectivos concilios se exhibiera la fe sin engaño ni corrupción de la una parte, y se pusiera al descubierto la deshonestidad y duplicidad de la otra. Además, esto también estaba en la mente de mí mismo y de mis verdaderos hermanos aquí, y nos causaba ansiedad, la inconveniencia de esta gran reunión que veíamos en marcha; pues ¿qué apremiaba tanto, que el mundo entero había de ser puesto en confusión, y aquellos que en ese momento llevaban la profesión de clérigos, debían correr de acá para allá, buscando cómo aprender mejor a creer en nuestro Señor Jesucristo? Ciertamente, si ya eran creyentes, no habrían estado buscando, como si no lo fueran. Y para los catecúmenos, esto no era pequeño escándalo; pero para los paganos, era algo más que común, y hasta provocaba amplia burla, que los cristianos, como despertando del sueño a estas alturas, estuvieran indagando cómo debían creer acerca de Cristo; mientras que sus clérigos profesos, aunque reclamaban deferencia de sus rebaños como maestros, eran incrédulos según su propia confesión, en cuanto que buscaban lo que no tenían. Y el partido de Ursacio, que estaba en el fondo de todo esto, no entendía qué ira estaban acumulando [] contra sí mismos, como dice nuestro Señor por sus santos: '¡Ay de aquellos por quienes mi Nombre es blasfemado entre los gentiles!' []; y por su propia boca en los Evangelios []: 'Cualquiera que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino y que le hundiesen en lo profundo del mar, que', como añade Lucas, 'escandalizar a uno de estos pequeños' [].

    § 3

    3. ¿Qué defecto de enseñanza había para la verdad religiosa en la Iglesia Católica, para que indagaran acerca de la fe ahora, y antepusieran el Consulado de este año a su profesión de fe? Porque Ursacio y Valente y Germinio y sus amigos han hecho algo jamás hecho, jamás oído entre los cristianos. Después de poner por escrito lo que les ha placido creer, le anteponen el Consulado, el mes y el día del año en curso; para dar con ello a entender a todo hombre sensato que su fe data, no de antiguo, sino de ahora, del reinado de Constancio; pues todo lo que escriben mira a su propia herejía. Es más, aunque fingen escribir acerca del Señor, nombran para sí mismos a otro señor, Constancio, que les ha otorgado este reinado de impiedad; y ellos, que niegan que el Hijo sea eterno, le han llamado Emperador Eterno; tales enemigos de Cristo son, además de impíos. Pero acaso las fechas en los santos Profetas les sirvan de excusa para el Consulado; tan audaz pretensión, sin embargo, sólo servirá para publicar más plenamente su ignorancia del asunto. Pues las profecías de los santos ciertamente especifican sus tiempos (por ejemplo, Isaías y Oseas vivieron en los días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías; Jeremías en los días de Josías; Ezequiel y Daniel profetizaron bajo Ciro y Darío; y otros en otros tiempos); sin embargo, no estaban poniendo los fundamentos de la religión divina; ésta existía antes que ellos, y siempre, pues antes de la fundación del mundo Dios la preparó para nosotros en Cristo. Ni estaban señalando las fechas respectivas de su propia fe; pues habían sido creyentes antes de esas fechas. Sino que las fechas pertenecían tan sólo a su propia predicación. Y esta predicación hablaba de antemano de la venida del Salvador, pero directamente de lo que había de suceder a Israel y a las naciones; y las fechas denotaban no el comienzo de la fe, como dije antes, sino de los profetas mismos, es decir, cuándo fue que así profetizaron. Pero nuestros sabios modernos, no en narración histórica, ni en predicción del futuro, sino que, después de escribir: 'La Fe Católica fue publicada', inmediatamente añaden el Consulado y el mes y el día, para que, como los santos especificaban las fechas de sus historias y de sus propios ministerios, así éstos marquen la fecha de su propia fe. ¡Y ojalá hubieran escrito, tocante a 'la suya propia' (pues data de hoy); y no hubieran hecho su ensayo tocante a 'la Católica', pues no escribieron: 'Así creemos', sino 'la Fe Católica fue publicada'.

    § 4

    4. La audacia, pues, de su designio muestra cuán poco entienden el asunto; mientras que la novedad de su frase concuerda con la herejía arriana. Pues así muestran cuándo fue que comenzaron su propia fe, y que desde ese mismo tiempo presente querrían que fuera proclamada. Y como según el Evangelista Lucas, 'se promulgó un decreto' [] acerca del empadronamiento, y este decreto antes no existía, sino que comenzó desde aquellos días en que fue hecho por su autor, ellos también de igual manera, al escribir: 'La Fe es ahora publicada', mostraron que los sentimientos de su herejía son novedosos, y no existían antes. Pero si añaden 'de la Fe Católica', caen sin saberlo en la extravagancia de los frigios, y dicen con ellos: 'A nosotros primero fue revelada', y 'de nosotros data la Fe de los cristianos'. Y como aquéllos la inscriben con los nombres de Maximila y Montano, así éstos con 'Constancio, Señor', en lugar de Cristo. Si, empero, como ellos pretenden, la fe data del Consulado presente, ¿qué harán los Padres, y los bienaventurados Mártires? Más aún, ¿qué harán ellos mismos con sus propios catecúmenos, que partieron al descanso antes de este Consulado? ¿Cómo los despertarán, para que así puedan borrar sus lecciones anteriores, y sembrar a su vez los aparentes descubrimientos que ahora han puesto por escrito? Tan ignorantes son del asunto; sin más conocimiento que el de inventar excusas, y ésas impropias e inverosímiles, y que llevan consigo su propia refutación.

    § 5

    5. En cuanto al Concilio de Nicea, no fue una reunión común, sino convocada por una necesidad apremiante y con un objeto razonable. Los sirios, cilicios y mesopotamios estaban desordenados en la celebración de la Fiesta, y guardaban la Pascua con los judíos; por otra parte, la herejía arriana se había levantado contra la Iglesia Católica, y encontró partidarios en Eusebio y sus compañeros, quienes eran a la vez celosos de la herejía y dirigían el ataque contra las personas religiosas. Esto dio ocasión a un Concilio Ecuménico, para que la fiesta se celebrara en todas partes en un mismo día, y para que la herejía que estaba brotando fuera anatematizada. Tuvo lugar, pues; y los sirios se sometieron, y los Padres declararon que la herejía arriana era la precursora del Anticristo, y redactaron una fórmula adecuada contra ella. Y sin embargo, en esto, aun siendo muchos, no se aventuraron a nada semejante a los procedimientos de estos tres o cuatro hombres. Sin anteponer Consulado, mes y día, escribieron acerca de la Pascua: 'Nos ha parecido bien lo siguiente', pues entonces pareció bien que hubiera un cumplimiento general; pero acerca de la fe no escribieron: 'Nos ha parecido bien', sino: 'Así cree la Iglesia Católica'; y acto seguido confesaron cómo creían, para mostrar que sus propios sentimientos no eran novedosos, sino apostólicos; y lo que escribieron no fue descubrimiento suyo, sino que es lo mismo que fue enseñado por los Apóstoles.

    § 6

    6. Pero los concilios que ahora están poniendo en marcha, ¿qué pretexto especioso tienen? Si alguna nueva herejía ha surgido desde la arriana, dígannos las posiciones que ha ideado, y quiénes son sus inventores. Y en su propia fórmula, anatematicen las herejías anteriores a este concilio suyo, entre las cuales está la arriana, como hicieron los Padres de Nicea, para que parezca que también ellos tienen alguna razón poderosa para decir algo novedoso. Pero si ningún suceso tal ha ocurrido, y no tienen nada que mostrar, sino que más bien ellos mismos están profiriendo herejías, por sostener la impiedad de Arrio, y son desenmascarados día a día, y día a día cambian de terreno, ¿qué necesidad hay de concilios, cuando el de Nicea es suficiente, tanto contra la herejía arriana como contra las demás, a las que ha condenado a una y a todas por medio de la fe sana? Pues incluso el notorio Eacio, a quien apodaron ateo, no se jacta de haber descubierto manía alguna propia, sino que, bajo el rigor de la tempestad, ha naufragado en el arrianismo, él y las personas a quienes ha engañado. En vano, pues, corren de acá para allá con el pretexto de que han exigido concilios por causa de la fe; porque la Escritura divina es suficiente sobre todas las cosas; pero si se necesita un concilio sobre el punto, ahí están las actas de los Padres, pues los obispos de Nicea no descuidaron este asunto, sino que expusieron la doctrina con tanta exactitud, que las personas que lean sus palabras con honestidad no pueden menos de ser recordadas por ellas de la religión hacia Cristo anunciada en la Escritura divina.

    § 7

    7. No teniendo, pues, razón de su parte, sino hallándose en dificultad hacia dondequiera que se vuelvan, a pesar de sus pretextos, no les queda sino decir: 'Por cuanto contradecimos a nuestros predecesores y transgredimos las tradiciones de los Padres, por eso nos ha parecido bien que se reúna un concilio; pero, de nuevo, temiendo que, si se reúne en un solo lugar, nuestros esfuerzos se echarán a perder, por eso nos ha parecido bien que se divida en dos; para que así, cuando presentemos nuestros documentos a estas porciones separadas, podamos engañar con más eficacia, con la amenaza de Constancio, el patrón de esta impiedad, y podamos suplantar las actas de Nicea, bajo pretexto de la simplicidad de nuestros propios documentos.' Si no lo han puesto en palabras, éste es, sin embargo, el significado de sus hechos y de sus perturbaciones. Ciertamente, por muchas y frecuentes que hayan sido sus discursos y escritos en varios concilios, jamás han hecho mención de la herejía arriana como objetable; sino que, si algún presente acertaba a acusar las herejías, siempre asumían la defensa de la arriana, que el Concilio de Nicea había anatematizado; más aún, acogían cordialmente a los profesores del arrianismo. Esto, pues, es en sí mismo un argumento poderoso de que el objetivo de los concilios actuales no era la verdad, sino la anulación de las actas de Nicea; pero los procedimientos de ellos y de sus amigos en los concilios mismos lo dejan igualmente claro:— Pues ahora debemos relatar todo tal como ocurrió.

    Lo ocurrido en Rímini (§§ 8–11)

    § 8

    8. Cuando todos estaban a la expectativa de que se reunirían en un solo lugar, aquellos a quienes las cartas del Emperador convocaban, y formarían un solo concilio, fueron divididos en dos; y, mientras unos se dirigieron a Selucia, llamada la Escarpada, los otros se reunieron en Rímini, en número de aquellos cuatrocientos obispos y más, entre los cuales estaban Germinio, Auxencio, Valente, Ursacio, Demófilo y Gaio. Y, mientras toda la asamblea discutía el asunto a partir de las Divinas Escrituras, estos hombres presentaron un papel, y, leyendo el Consulado, exigieron que se le diera preferencia sobre todo concilio, y que no se hicieran preguntas a los herejes más allá de él, ni se indagara en su significado, sino que bastara por sí mismo—y lo que habían escrito decía así:—
    Texto de la fuenteSínodo de Sirmio · Credo fechado (22 de mayo de 359) · § 8, credo fechado
    La Fe Católica fue publicada en presencia de nuestro Señor el religiosísimo y gloriosamente victorioso Emperador, Constancio, Augusto, el eterno y augusto, en el Consulado de los ilustrísimos Flavios, Eusebio e Hipacio, en Sirmio, el 11 de las Calendas de junio.
    Creemos en un solo y único Dios verdadero, Padre Todopoderoso, Creador y Hacedor de todas las cosas:
    Y en un solo Hijo Unigénito de Dios, que, antes de todos los siglos, y antes de todo origen, y antes de todo tiempo concebible, y antes de toda esencia comprensible, fue engendrado impasiblemente de Dios: por quien los siglos fueron dispuestos y todas las cosas fueron hechas; y a Él engendrado como Unigénito, Único del Único Padre, Dios de Dios, semejante al Padre que lo engendró, según las Escrituras; cuyo origen nadie conoce sino el Padre solo que lo engendró. Sabemos que Él, el Hijo Unigénito de Dios, por mandato del Padre vino de los cielos para la abolición del pecado, y nació de la Virgen María, y conversó con los discípulos, y cumplió la Economía según la voluntad del Padre, y fue crucificado, y murió y descendió a las partes inferiores de la tierra, y reguló las cosas de allí, a quien los porteros del infierno vieron [] y se estremecieron; y resucitó de entre los muertos al tercer día, y conversó con los discípulos, y cumplió toda la Economía, y cuando se cumplieron los cuarenta días, ascendió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre, y ha de venir en el último día de la resurrección en la gloria del Padre, para dar a cada uno según sus obras.
    Y en el Espíritu Santo, a quien el Unigénito de Dios mismo, Jesucristo, había prometido enviar al linaje de los hombres, el Paráclito, como está escrito: 'Voy a mi Padre, y pediré al Padre, y Él os enviará otro Paráclito, el Espíritu de Verdad. Él tomará de lo mío y os enseñará y os recordará todas las cosas' [Job 14:16-26; 16:14].
    Pero, puesto que el término 'esencia' ha sido adoptado por los Padres con simplicidad, y ofende por ser mal entendido por el pueblo, y no está contenido en las Escrituras, nos ha parecido bien eliminarlo, para que nunca más se use en caso alguno de Dios, porque las divinas Escrituras en ninguna parte lo usan del Padre y del Hijo. Pero decimos que el Hijo es semejante al Padre en todas las cosas, como también las Santas Escrituras dicen y enseñan.
    Comentario editorial · El credo «fechado» de Sirmio (22 de mayo de 359)
    El texto da «el 11 de las Calendas de junio» y el consulado de Eusebio e Hipacio; el NPNF lo traduce por el 22 de mayo de 359, víspera de Pentecostés, y lo cuenta como tercer credo de Sirmio (otros autores numeran de otro modo los sínodos de Sirmio). Según el NPNF lo redactó Marcos de Aretusa tras una conferencia con Basilio de Ancira, Valente y Jorge de Alejandría: prohíbe «esencia» y confiesa al Hijo semejante al Padre «en todo» (hómoios, de donde «homeos»). Valente y Ursacio querían suprimir «en todo»; Constancio exigió conservarlo. Atanasio se burla de la fecha (§§ 3–4); el editor concede que fechar un credo era de mal gusto, pero no extraña que se aprovechara. Las tres palabras griegas que se confunden se explican en la nota del § 38.

    § 9

    9. Cuando esto hubo sido leído, la deshonestidad de sus autores fue pronto evidente. Pues al proponer los obispos que la herejía arriana fuera anatematizada junto con las demás herejías también, y asintiendo todos, Ursacio y Valente y los que estaban con ellos se negaron; hasta que al fin los Padres los condenaron, sobre la base de que su confesión había sido escrita, no con sinceridad, sino para la anulación de las actas de Nicea, y la introducción en su lugar de su desdichada herejía. Maravillándose, pues, del engaño de su lenguaje y de sus intenciones sin principios, los obispos dijeron: 'No como si necesitados de fe hemos venido aquí; pues tenemos dentro de nosotros la fe, y ésta en sanidad: sino para avergonzar a los que contradicen la verdad e intentan novedades. Si, pues, habéis redactado esta fórmula como si ahora comenzarais a creer, no sois ni siquiera clérigos, sino que estáis empezando con la escuela; pero si os reunís con nosotros con las mismas convicciones con que hemos venido aquí, haya unanimidad general, y anatematicemos las herejías, y preservemos la enseñanza de los Padres. Así no circularán más las súplicas de concilios, habiéndose anticipado a ellas de una vez para siempre los obispos de Nicea, y habiendo hecho todo lo necesario para la Iglesia Católica.' Sin embargo, aun entonces, a pesar de este acuerdo general de los obispos, los susodichos se negaron todavía. Así que, por fin, todo el concilio, condenándolos como hombres ignorantes y engañosos, o más bien como herejes, dio sus sufragios en favor del Concilio de Nicea, y juzgaron todos que era suficiente; pero en cuanto a los antedichos Ursacio y Valente, Germinio, Auxencio, Gaio y Demófilo, los declararon herejes, los depusieron por no ser realmente cristianos, sino arrianos, y escribieron contra ellos en latín lo que ha sido traducido en su sustancia al griego, así:—

    § 10

    10. Copia de una Epístola del concilio a Constancio Augusto.
    Texto de la fuenteConcilio de Rímini · Carta a Constancio Augusto · § 10, carta
    Creemos que lo que fue decretado anteriormente se llevó a cabo tanto por mandato de Dios como por orden de vuestra piedad. Pues nosotros los obispos, de todas las ciudades occidentales, reunidos en Rímini, tanto para que la Fe de la Iglesia Católica fuera dada a conocer, como para que los contradictores fueran detectados. Pues, según hemos hallado tras larga deliberación, pareció deseable adherirse y mantener hasta el fin aquella fe que, perdurando desde la antigüedad, hemos recibido como predicada por los profetas, los Evangelios y los Apóstoles por medio de nuestro Señor Jesucristo, Quien es Guardián de vuestro Reino y Patrono de vuestro poder. Pues pareció malo e ilícito hacer cambio alguno en lo que fue recta y justamente definido, y en lo que fue resuelto en común en Nicea junto con el Emperador vuestro padre, el gloriosísimo Constantino,— cuya doctrina y espíritu [de la definición] se difundió y fue proclamado en el oído y entendimiento de todos los hombres. Pues ella sola fue la vencedora y destructora de la herejía de Arrio, por la cual no sólo ésa sino también las otras herejías fueron destruidas, a la cual en verdad es peligroso añadir, y lleno de peligro quitarle algo, ya que si se hace lo uno o lo otro, nuestros enemigos podrán impunemente hacer lo que quieran. Por consiguiente, Ursacio y Valente, puesto que habían sido desde antiguo instigadores y simpatizantes del dogma arriano, fueron justamente declarados separados de nuestra comunión, para ser admitidos a la cual pidieron que se les concediera un lugar de arrepentimiento y perdón por las transgresiones de que eran conscientes, como atestiguan los documentos redactados por ellos. Por cuyo medio se obtuvo el perdón y la indulgencia de todos los cargos. Ahora bien, el tiempo de estas transacciones fue cuando el concilio se reunió en Milán, estando también presentes los presbíteros de la Iglesia Romana. Pero sabiendo al mismo tiempo que Constantino, de digna memoria, había con toda exactitud y deliberación publicado la Fe entonces redactada; cuando hubo sido bautizado por manos de hombres, y hubo partido al lugar que le era debido, [consideramos] indecoroso hacer una innovación posterior y despreciar a tantos santos, confesores, mártires, que compilaron y redactaron este decreto; quienes además han continuado manteniéndose en todas las cosas según la antigua ley de la Iglesia; cuya fe Dios ha impartido incluso hasta los tiempos de vuestro reinado por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también os corresponde reinar y gobernar sobre el mundo en nuestros días. Una vez más, pues, los hombres miserables de mente desdichada con osadía ilegal se han anunciado como los heraldos de una opinión impía, y están intentando trastornar todo compendio de verdad. Pues cuando según vuestra orden se reunió el sínodo, aquellos hombres pusieron al descubierto el designio de su propio engaño. Pues intentaron de manera inescrupulosa y desordenada proponernos una innovación, habiendo encontrado como cómplices en este complot a Germinio, Auxencio y Gaio, los instigadores de contienda y discordia, cuya enseñanza por sí sola ha sobrepasado todo grado de blasfemia. Pero cuando percibieron que no compartíamos su propósito, ni estábamos de acuerdo con su mente malvada, se trasladaron a nuestro concilio, alegando que podría ser aconsejable compilar algo en su lugar. Pero un corto tiempo fue suficiente para exponer sus planes. Y para que las Iglesias no tuvieran una recurrencia de estas perturbaciones, y un torbellino de discordia y confusión arrojara todo al desorden, nos pareció bien mantener imperturbadas las antiguas y razonables instituciones, y que las personas susodichas fueran separadas de nuestra comunión. Para información, pues, de vuestra clemencia, hemos instruido a nuestros legados para que os informen del juicio del concilio por nuestra carta, a quienes hemos dado esta dirección especial, que establezcan la verdad apoyando su caso en los antiguos y justos decretos; y ellos también asegurarán a vuestra piedad que la paz no se lograría con la remoción de aquellos decretos como alegaban Valente y Ursacio. Pues ¿cómo es posible que los quebrantadores de la paz traigan paz? Al contrario, por su medio surgirán contienda y confusión no sólo en las otras ciudades, sino también en la Iglesia de los Romanos. Por esta razón pedimos a vuestra clemencia que miréis a nuestros legados con oídos favorables y rostro sereno y no permitáis que nada sea abrogado para deshonra de los muertos; sino permitidnos permanecer en lo que ha sido definido y establecido por nuestros antepasados, quienes, nos atrevemos a decir, confiamos en que en todas las cosas actuaron con prudencia y sabiduría y el Espíritu Santo; porque por estas novedades no sólo se hace que los fieles descrean, sino que también los infieles se amarguen. Rogamos también que deis órdenes de que tantos obispos que están detenidos en el extranjero, entre los cuales hay muchos que están quebrantados por la edad y la pobreza, puedan regresar a su propia tierra, no sea que las Iglesias sufran, por estar privadas de sus obispos. Esto, sin embargo, lo pedimos con insistencia, que nada se innove en los credos existentes, nada se retire; sino que todo permanezca incorrupto como ha continuado en los tiempos de la piedad de vuestro Padre y hasta el tiempo presente; y que no permitáis que seamos hostigados, y apartados de nuestras sedes; sino que los obispos puedan en quietud entregarse siempre a oraciones y culto, lo cual ofrecen siempre por vuestra propia seguridad y por vuestro reinado, y por la paz, que la Divinidad os conceda para siempre. Pero nuestros legados llevan las suscripciones y títulos de los obispos, y también informarán a vuestra piedad a partir de las Santas Escrituras mismas.

    § 11

    11. Decreto del concilio.
    Texto de la fuenteConcilio de Rímini · Decreto del concilio · § 11, decreto
    En cuanto fue conveniente y posible, hermanos queridísimos, el concilio general y la santa Iglesia han tenido paciencia, y han mostrado generosamente la indulgencia de la Iglesia hacia Ursacio y Valente, Gaio, Germinio y Auxencio; quienes, cambiando tan a menudo lo que habían creído, han turbado a todas las Iglesias, y todavía se esfuerzan por introducir subrepticiamente su espíritu herético en la fe de los ortodoxos. Pues desean anular el formulario aprobado en Nicea, que fue redactado contra la herejía arriana. Nos han presentado además un credo redactado por ellos mismos desde fuera, y totalmente ajeno a la santísima Iglesia; el cual no pudimos recibir lícitamente. Ya antes de esto, y ahora, han sido declarados herejes y contradictores por nosotros, a quienes no hemos admitido a nuestra comunión, sino que los hemos condenado y depuesto en su presencia con nuestras voces. Ahora, pues, lo que os parece bien, declaradlo de nuevo, para que el voto de cada uno sea ratificado con su suscripción.
    Los obispos respondieron unánimemente: Nos parece bien que los antedichos herejes sean condenados, para que la fe católica permanezca en paz.

    § 11 (cont.)

    Los asuntos en Rímini tuvieron, pues, este rápido desenlace; pues no hubo desacuerdo allí, sino que todos ellos unánimemente pusieron por escrito lo que decidieron, y depusieron a los arrianos.

    Lo ocurrido en Seleucia, y reflexiones (§§ 12–14)

    § 12

    12. Entretanto, las transacciones en Selucia la Escarpada fueron como sigue: era en el mes que los romanos llaman septiembre, los egipcios Tot y los macedonios Gorpeo, y el día del mes según los egipcios el 16, en el cual todos los miembros del concilio se reunieron. Y estaban presentes alrededor de ciento sesenta; y habiendo muchos que eran acusados entre ellos, y gritando sus acusadores contra ellos, Acacio, y Patrófilo, y Uranio de Tiro, y Eudoxio, que usurpó la Iglesia de Antioquía, y Leucio, y Teodoto, y Evagrio, y Teódulo, y Jorge, que ha sido expulsado de todo el mundo, adoptan un proceder sin principios. Temiendo las pruebas que sus acusadores tenían que mostrar contra ellos, se unieron con el resto del partido arriano (que eran mercenarios en la causa de la impiedad para este propósito, y fueron ordenados por Segundo, que había sido depuesto por el gran concilio), el libio Esteban, y Seras, y Polideuces, que estaban bajo acusación por varios cargos, luego Pancracio, y un tal Ptolomeo meleciano. E hicieron un pretexto de entrar en la cuestión de la fe, pero estaba claro que lo hacían por miedo a sus acusadores; y tomaron el partido de la herejía, hasta que al fin se dividieron entre sí. Pues, mientras que los de Acacio y sus compañeros estaban bajo sospecha y eran muy pocos, los otros eran la mayoría; por lo tanto, Acacio y sus compañeros, actuando con la audacia de la desesperación, negaron del todo la fórmula nicena, y censuraron el concilio, mientras que los otros, que eran la mayoría, aceptaron todas las actas del concilio, excepto que se quejaron de la palabra 'Consustancial', por oscura y por tanto abierta a sospecha. Cuando, pues, pasó el tiempo, y los acusadores apremiaban, y los acusados presentaban alegatos, y con ello eran llevados más lejos por su impiedad y blasfemaban al Señor, entonces la mayoría de los obispos se indignaron, y depusieron a Acacio, Patrófilo, Uranio, Eudoxio, y Jorge el contratista, y a otros de Asia, Leucio, y Teodosio, Evagrio y Teódulo, y excomulgaron a Asterio, Eusebio, Augaro, Basílico, Febo, Fidelio, Eutiquio y Magno. Y esto lo hicieron por su incomparecencia, cuando fueron convocados para defenderse de los cargos que muchos presentaban contra ellos. Y decretaron que así permanecieran, hasta que hicieran su defensa y se limpiaran de las ofensas que se les imputaban. Y después de enviar la sentencia pronunciada contra ellos a la diócesis de cada uno, se dirigieron a Constancio, el irreligiosísimo Augusto, para informarle de sus procedimientos, como se les había ordenado. Y éste fue el término del concilio en Selucia.
    Comentario editorial · Seleucia: una mayoría contra Acacio
    Atanasio da la fecha a la egipcia, «el 16 de Tot», que el NPNF traduce por el 14 de septiembre de 359; Wikipedia, que reproduce el preámbulo de la fórmula de Acacio, dice 27 de septiembre. Los asistentes eran unos 160. La mayoría (entre ellos Jorge de Laodicea) reafirmó la fórmula «de la Dedicación» de Antioquía; Acacio de Cesarea, discípulo y sucesor de Eusebio de Cesarea en su sede, presentó otra, que Atanasio copia en el § 29, y fue depuesto. Sus partidarios se llaman «acacianos»; Wikipedia advierte que se les describe mejor como «homeos». Acacio y los suyos fueron a Constantinopla, donde se impusieron (§ 30).

    § 13

    13. ¿Quién, pues, no ha de aprobar la conducta concienzuda de los obispos en Rímini? Quienes soportaron tal fatiga de viaje y peligros de mar, para que por una resolución sagrada y canónica pudieran deponer a los arrianos, y guardar invioladas las definiciones de los Padres. Pues cada uno de ellos consideró que, si deshacían los actos de sus predecesores, estaban dando un pretexto a sus sucesores para deshacer lo que ellos mismos estaban entonces decretando. ¿Y quién no ha de condenar la veleidad de Eudoxio, Acacio y sus compañeros, que sacrifican el honor debido a sus propios padres al partidismo y patrocinio de los ariomaníacos? Pues ¿qué confianza puede depositarse en sus actos, si los actos de sus padres son deshechos? ¿O cómo los llaman padres y a sí mismos sucesores, si se ponen a impugnar su juicio? Y especialmente, ¿qué puede decir Acacio de su propio maestro, Eusebio, quien no sólo dio su suscripción en el Concilio de Nicea, sino que incluso en una carta significó a su grey que aquélla era la fe verdadera, la que el concilio había declarado? Pues, si se explicó en aquella carta a su manera, sin embargo no contradijo los términos del concilio, sino que incluso les imputó a los arrianos que su posición de que el Hijo no era antes de su generación, ni siquiera era consistente con que Él fuera antes de María. ¿Qué enseñarán, pues, de aquí en adelante al pueblo sometido a su enseñanza? ¿Que erraron los Padres? ¿Y cómo habrán de ser creídos ellos por aquellos a quienes enseñan a desobedecer a sus maestros? ¿Y con qué ojos mirarán, además, los sepulcros de los Padres a quienes ahora llaman herejes? ¿Y por qué difaman a los valentinianos, frigios y maniqueos, y sin embargo dan el nombre de santo a aquellos de quienes ellos mismos sospechan que hacen afirmaciones paralelas? ¿O cómo pueden seguir siendo obispos, si fueron ordenados por personas a quienes acusan de herejía? Pero si sus sentimientos eran erróneos y sus escritos sedujeron al mundo, entonces perezca del todo su memoria; cuando, sin embargo, arrojéis sus libros, id y arrojad también sus restos de los cementerios, para que todos y cada uno sepan que son seductores, y que vosotros sois parricidas.

    § 14

    14. El bienaventurado Apóstol aprueba a los corintios porque, dice, 'me recordáis en todas las cosas, y guardáis las tradiciones tal como os las entregué' []; pero ellos, por tener tales opiniones de sus predecesores, tendrán la osadía de decir justo lo contrario a sus rebaños: 'No os alabamos por recordar a vuestros padres, sino que más bien os apreciamos cuando no guardáis sus tradiciones.' Y prosigan acusando a su propio desdichado nacimiento, y digan: 'No descendemos de hombres religiosos sino de herejes.' Pues tal lenguaje, como dije antes, es consecuente en aquellos que trafican con la fama de su Padre y su propia salvación por el arrianismo, y no temen las palabras del proverbio divino: 'Hay generación que maldice a su padre' [], y la amenaza que yace en la Ley contra tales. Ellos, pues, por celo de la herejía, son de este temple obstinado; vosotros, sin embargo, no os turbéis por ello, ni toméis su audacia por verdad. Pues disienten unos de otros, y, habiéndose rebelado contra sus Padres, no son de una misma mente, sino que fluctúan con cambios varios y discordantes. Y, por estar en disputa con el Concilio de Nicea, han celebrado ellos mismos muchos concilios, y han publicado una fe en cada uno de ellos, y no se han atenido a ninguna, más aún, nunca harán otra cosa, pues buscando perversamente, nunca hallarán aquella Sabiduría que odian. En consecuencia, he añadido porciones tanto de los escritos de Arrio como de todo lo demás que pude recoger, de sus publicaciones en diferentes concilios; con lo cual aprenderéis con sorpresa con qué objeto se oponen a un Concilio Ecuménico y a sus propios Padres sin sonrojarse.

    Parte 2. Historia de las Opiniones Arrianas

    Sentimientos propios de Arrio; su Talía y Carta a S. Alejandro; correcciones por Eusebio y otros; extractos de las obras de Asterio; carta del Concilio de Jerusalén; primer Credo de los arrianos en la Dedicación de Antioquía; segundo, el de Luciano en la misma ocasión; tercero, por Teofronio; cuarto, enviado a Constante en la Galia; quinto, el Macrostico enviado a Italia; sexto, en Sirmio; séptimo, en el mismo lugar; y octavo también, como se ha dado arriba en §8; noveno, en Selucia; décimo, en Constantinopla; undécimo, en Antioquía.

    Arrio y sus primeros partidarios (§§ 15–20)

    § 15

    15. Arrio y los que con él estaban pensaban y profesaban así: "Dios hizo al Hijo de la nada, y le llamó Hijo Suyo". "El Verbo de Dios es una de las criaturas"; y "Hubo un tiempo en que no existía"; y "Es mudable, capaz, cuando es Su Voluntad, de mudar". Por consiguiente, fueron expulsados de la Iglesia por el bienaventurado Alejandro. Sin embargo, después de su expulsión, cuando estaba con Eusebio y sus secuaces, puso su herejía por escrito, e imitando en la Talía no a un escritor grave, sino al egipcio Sotades, en el tono disoluto de su metro, escribe extensamente, por ejemplo como sigue:—

    Blasfemias de Arrio

    Texto de la fuenteArrio · Talía (fragmento citado por Atanasio) · § 15, Talía
    Dios mismo, pues, en su propia naturaleza, es inefable para todos los hombres. Sólo Él no tiene igual ni semejante, ni uno en gloria. Y le llamamos Ingénito, por causa de Aquel que es generado por naturaleza. Le alabamos como sin principio, por causa de Aquel que tiene principio. Y le adoramos como sempiterno, por causa de Aquel que en el tiempo ha llegado a ser. El Inengendrado hizo al Hijo un principio de las cosas originadas; y le elevó a Hijo para Sí por adopción. Nada tiene propio de Dios en subsistencia propia. Pues no es igual, no, ni uno en esencia con Él. Sabio es Dios, pues Él es el maestro de la Sabiduría. Hay plena prueba de que Dios es invisible a todos los seres; tanto a las cosas que son por medio del Hijo, como al Hijo es invisible. Lo diré expresamente, cómo por el Hijo es visto el Invisible; por aquel poder por el que Dios ve, y en su propia medida, el Hijo soporta ver al Padre, como es lícito. Así hay una Tríada, no en iguales glorias. No se entremezclan entre sí sus subsistencias. Una más gloriosa que la otra en sus glorias, hasta lo inmenso. Ajeno al Hijo en esencia es el Padre, porque Él es sin principio. Entended que la Mónada era; mas la Díada no era, antes de que existiera. Se sigue inmediatamente que, aunque el Hijo no era, el Padre era Dios. Por tanto, el Hijo, no siendo (pues existió por voluntad del Padre), es Dios Unigénito, y Él es ajeno a uno y otro. La Sabiduría existía como Sabiduría por voluntad del Dios Sabio. Por tanto, es concebido en incontables concepciones: Espíritu, Poder, Sabiduría, gloria de Dios, Verdad, Imagen y Verbo. Entended que es concebido como Resplandor y Luz. Un igual al Hijo, el Superior es capaz de engendrar; pero uno más excelente, o superior, o mayor, no es capaz. Por voluntad de Dios el Hijo es lo que es y todo lo que es. Y cuando y desde que fue, desde entonces ha subsistido de Dios. Él, siendo un Dios fuerte, alaba en su grado al Superior. Para hablar en breve, Dios es inefable a su Hijo. Pues Él es para Sí mismo lo que es, esto es, indecible. De modo que nada de lo que se llama comprensible sabe el Hijo decir; pues le es imposible investigar al Padre, que es por Sí mismo. Porque el Hijo no conoce su propia esencia, pues, siendo Hijo, existió realmente, por voluntad del Padre. ¿Qué argumento permite, pues, que Aquel que es del Padre conozca a su propio progenitor por comprehensión? Porque es evidente que no es posible que lo que tiene principio conciba cómo es el Inengendrado, o capte su idea.

    § 16

    16. Y lo que escribieron por carta al bienaventurado Alejandro, el Obispo, dice como sigue:—
    Texto de la fuenteArrio y sus compañeros · Carta a Alejandro de Alejandría · § 16, carta
    A Nuestro Bienaventurado Papa y Obispo, Alejandro, los Presbíteros y los Diáconos envían salud en el Señor.
    Nuestra fe, recibida de nuestros antepasados, que también hemos aprendido de ti, Bienaventurado Papa, es ésta:— Reconocemos un solo Dios, solo Ingénito, solo Sempiterno, solo Inengendrado, solo Verdadero, solo inmortal, solo Sabio, solo Bueno, solo Soberano; Juez, Gobernador y Providencia de todos, inalterable e inmutable, justo y bueno, Dios de la Ley y los Profetas y del Nuevo Testamento; que engendró un Hijo Unigénito antes de los tiempos eternos, por quien hizo los siglos y el universo; y lo engendró, no en apariencia, sino en verdad; y que le hizo subsistir por su propia voluntad, inalterable e inmutable; criatura perfecta de Dios, pero no como una de las criaturas; prole, pero no como una de las cosas engendradas; ni como Valentín pronunció que la prole del Padre era una emanación; ni como Maniqueo enseñó que la prole era una porción del Padre, uno en esencia; o como Sabelio, dividiendo la Mónada, habla de un Hijo-y-Padre; ni como Hieracas, de una antorcha de otra, o como una lámpara dividida en dos; ni que Aquel que era antes, fuera después generado o nuevo-creado en Hijo, como tú mismo, Bienaventurado Papa, en medio de la Iglesia y en sesión has condenado a menudo; sino, como decimos, por voluntad de Dios, creado antes de los tiempos y antes de los siglos, y ganando vida y ser del Padre, que dio subsistencia a sus glorias junto con Él. Porque el Padre no, al darle la heredad de todas las cosas, se privó de lo que tiene ingénitamente en Sí mismo; porque Él es la Fuente de todas las cosas. Así hay Tres Subsistencias. Y Dios, siendo la causa de todas las cosas, es Inengendrado y enteramente Solo, pero el Hijo, siendo engendrado fuera del tiempo por el Padre, y siendo creado y fundado antes de los siglos, no era antes de su generación, sino que, siendo engendrado fuera del tiempo antes de todas las cosas, solo fue hecho subsistir por el Padre. Porque no es eterno o coeterno o co-ingénito con el Padre, ni tiene su ser junto con el Padre, como algunos hablan de relaciones, introduciendo dos principios ingénitos, sino que Dios es antes de todas las cosas como Mónada y Principio de todo. Por lo cual también es antes que el Hijo; como también hemos aprendido de tu predicación en medio de la Iglesia. Así pues, en cuanto de Dios tiene ser, y glorias, y vida, y todas las cosas le son entregadas, en ese sentido es Dios su origen. Porque Él está por encima de Él, como siendo su Dios y antes que Él. Pero si los términos "de Él", y "del seno", y "Salí del Padre, y he venido" [], fueran entendidos por algunos como si significaran una parte de Él, uno en esencia o como una emanación, entonces el Padre sería según ellos compuesto y divisible y alterable y material, y, en lo que alcanza su creencia, tendría las circunstancias de un cuerpo, Quien es el Dios Incorpóreo.

    § 16 (cont.)

    Esto es parte de lo que Arrio y sus secuaces vomitaron de sus heréticos corazones.

    § 17

    17. Y antes de que el Concilio de Nicea tuviera lugar, afirmaciones semejantes fueron hechas por Eusebio y sus secuaces, Narciso, Patrófilo, Maris, Paulino, Teodoto, y Atanasio de [A]nazarba. Y Eusebio de Nicomedia escribió además a Arrio, en este sentido: "Ya que tus sentimientos son buenos, ruega que todos los adopten; porque es claro para cualquiera, que lo que ha sido hecho no era antes de su origen; pero lo que llegó a ser tiene un principio del ser". Y Eusebio de Cesarea en Palestina, en una carta a Eufratión el Obispo, no tuvo reparo en decir claramente que Cristo no era verdadero Dios. Y Atanasio de [A]nazarba desenmascaró la herejía aún más, diciendo que el Hijo de Dios era una de las cien ovejas. Porque escribiendo a Alejandro el Obispo, tuvo la extrema osadía de decir: "¿Por qué quejarse de Arrio y sus secuaces, por decir: El Hijo de Dios es hecho como criatura de la nada, y uno entre otros? Porque todos los que son hechos, siendo representados en parábola por las cien ovejas, el Hijo es uno de ellos. Si entonces las cien no son creadas y originadas, o si hay seres además de esas cien, entonces puede el Hijo no ser una criatura ni uno entre otros; pero si esas cien son todas originadas, y no hay nada además de las cien salvo Dios solo, ¿qué absurdo profieren Arrio y sus secuaces, cuando, comprendiendo y contando a Cristo en las cien, dicen que Él es uno entre otros?" Y Jorge, que ahora está en Laodicea, y entonces era presbítero de Alejandría, y se hallaba en Antioquía, escribió a Alejandro el Obispo: "No te quejes de Arrio y sus secuaces, por decir: «Una vez el Hijo de Dios no era», pues Isaías vino a ser hijo de Amós, y, siendo que Amós era antes de que Isaías viniera a ser, Isaías no era antes, sino que vino a ser después". Y escribió a los arrianos: "¿Por qué quejarse de Alejandro el Papa, diciendo que el Hijo es del Padre? Pues vosotros tampoco necesitáis temer decir que el Hijo era de Dios". Porque si el Apóstol escribió [], "Todas las cosas son de Dios", y es claro que todas las cosas son hechas de nada, aunque el Hijo también es una criatura y una de las cosas hechas, todavía puede decirse que es de Dios en el sentido en que todas las cosas se dicen ser "de Dios". De él, pues, los que sostienen con Arrio aprendieron a simular la frase "de Dios", y a usarla ciertamente, pero no en buen sentido. Y Jorge mismo fue depuesto por Alejandro por ciertas razones, y entre ellas por manifiesta impiedad; porque él mismo era presbítero, como se ha dicho antes.
    Comentario editorial · Dos Eusebios
    Este párrafo reúne a dos obispos del mismo nombre. Eusebio de Nicomedia, partidario de Arrio, le escribe que lo que ha sido hecho «no era antes de su origen». Eusebio de Cesarea, el historiador (h. 260/265–339, según Wikipedia), aparece por una carta a Eufratión (así en la traducción) que, según Atanasio, decía que Cristo no era «verdadero Dios». El editor del NPNF previene contra repartir a los hombres de este siglo entre ortodoxos y herejes: Eusebio de Cesarea no era arriano en teología, sino el principal «arriano político» del periodo, y esas palabras se entendían en sentido origenista. El mismo Atanasio recuerda en el § 13 que Eusebio firmó Nicea. Sobre la firma de Eusebio de Nicomedia, véase la nota de la Defensa de la definición nicena.

    § 18

    18. En conjunto, pues, tales eran sus declaraciones, como si todos estuvieran en disputa y rivalidad entre sí, sobre quién haría la herejía más irreligiosa y la mostraría en una forma más desnuda. Y en cuanto a sus cartas, no las tenía a mano para enviároslas; de otro modo os habría enviado copias; pero, si el Señor quiere, también esto haré, cuando las obtenga. Y un tal Asterio de Capadocia, un Sofista de muchas cabezas, uno de los secuaces de Eusebio, a quien no pudieron promover al Clero, por haber hecho sacrificio en la persecución anterior en tiempos del abuelo de Constancio, escribe, con el apoyo de Eusebio y sus secuaces, un pequeño tratado, que estaba a la par del crimen de su sacrificio, pero que satisfizo sus deseos; porque en él, después de comparar, o más bien preferir, la langosta y la oruga a Cristo, y de decir que la Sabiduría en Dios era otra que Cristo, y era el Artífice tanto de Cristo como del mundo, recorrió las Iglesias de Siria y de otras partes, con presentaciones de Eusebio y sus secuaces, para que, como una vez hizo la prueba de negar, ahora osara oponerse audazmente a la verdad. El hombre audaz se entrometió en lugares prohibidos, y sentándose en el lugar del Clero, solía leer públicamente este tratado suyo, a pesar de la indignación general. El tratado está escrito a gran longitud, pero porciones de él son como sigue:—
    Texto de la fuenteAsterio el sofista · Escrito citado por Atanasio · § 18, Asterio
    Porque el Bienaventurado Pablo no dijo que predicaba a Cristo, Su, esto es, de Dios, "propio Poder" o "Sabiduría", sino sin el artículo, "Poder de Dios y Sabiduría de Dios" [], predicando que el poder propio de Dios mismo era distinto, el cual es con-natural y co-existente con Él inoriginadamente, generador en verdad de Cristo, creador de todo el mundo; sobre lo cual enseña en su Epístola a los Romanos, así: "Las cosas invisibles de Él se ven claramente desde la creación del mundo, entendiéndose por las cosas hechas, aun su eterno poder y divinidad" []. Porque como nadie diría que la Deidad allí mencionada era Cristo, sino el Padre mismo, así, según pienso, su eterno poder no es tampoco el Unigénito Dios [], sino el Padre que le engendró. Y nos habla de otro Poder y Sabiduría de Dios, a saber, el que se manifiesta por medio de Cristo, y se da a conocer por las obras mismas de Su Ministerio.
    Y de nuevo:—
    Aunque Su eterno Poder y Sabiduría, que la verdad arguye ser Inengendrado e Ingénito, ciertamente parecería ser uno y el mismo, sin embargo son muchas las potencias que son creadas una por una por Él, de las cuales Cristo es el Primogénito y Unigénito. Todas, empero, dependen igualmente de su Poseedor, y todos Sus poderes son llamados justamente Suyos, de Aquel que los creó y usa; por ejemplo, el Profeta dice que la langosta, que vino a ser castigo divino del pecado humano, fue llamada por Dios mismo, no sólo poder de Dios, sino gran poder []. Y el bienaventurado David, también en varios de los Salmos, invita, no a Ángeles solos, sino también a Potestades a alabar a Dios. Y mientras los invita a todos al himno, presenta ante nosotros su multitud, y no se resiste a llamarlos ministros de Dios, y les enseña a hacer Su voluntad.

    § 19

    19. Estas audaces palabras contra el Salvador no le contentaron, sino que fue más lejos en sus blasfemias, como sigue:
    Texto de la fuenteAsterio el sofista · Escrito citado por Atanasio · § 19, Asterio
    El Hijo es uno entre otros; porque es primero de las cosas originadas, y uno entre las naturalezas intelectuales; y como en las cosas visibles el sol es uno entre los fenómenos, y brilla sobre todo el mundo según el mandato de su Hacedor, así el Hijo, siendo una de las naturalezas intelectuales, también ilumina y brilla sobre todos los que están en el mundo intelectual.

    § 19 (cont.)

    Y de nuevo dice, Hubo un tiempo en que no era, escribiendo así:— "Y antes de la originación del Hijo, el Padre tenía conocimiento preexistente de cómo engendrar; puesto que también un médico, antes de curar, tenía la ciencia de curar". Y dice de nuevo: "El Hijo fue creado por el benéfico celo de Dios; y el Padre le hizo por la sobreabundancia de Su Poder". Y de nuevo: "Si la voluntad de Dios ha invadido todas las obras en sucesión, ciertamente el Hijo también, siendo una obra, ha llegado a ser y ha sido hecho por Su voluntad". Ahora bien, aunque Asterio fue el único en escribir todo esto, Eusebio y los suyos sentían de común acuerdo con él.

    § 20

    20. Estas son las doctrinas por las que contienden; por éstas atacan al antiguo Concilio, porque sus miembros no propusieron lo mismo, sino que anatematizaron en su lugar la herejía arriana, que ellos estaban tan ansiosos de recomendar. Por esto presentaron como abogado de su impiedad a Asterio, el apóstata, también sofista, para que no se abstuviera de hablar contra el Señor, o de engañar con una apariencia de razón a los simples. E ignoraban, los hombres superficiales, que estaban haciendo daño a su propia causa. Porque la mala fama del sacrificio idólatra de su abogado traicionaba aún más claramente que la herejía es enemiga de Cristo. Y ahora de nuevo, las agitaciones y turbaciones generales que están excitando, son consecuencia de su creencia, de que con sus numerosos asesinatos y sus Concilios mensuales, al fin desharán la sentencia que ha sido dictada contra la herejía arriana. Pero también aquí parecen ignorar, o fingir que ignoran, que incluso antes de Nicea aquella herejía era tenida en detestación, cuando Artemas estaba poniendo sus fundamentos, y antes de él la asamblea de Caifás y la de los fariseos sus contemporáneos. Y en todos los tiempos esta cuadrilla de enemigos de Cristo es detestable, y no cesará de ser odiosa, siendo el Nombre del Señor lleno de amor, y toda la creación doblando la rodilla, y confesando "que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" [].

    Los concilios arrianos y sus credos (§§ 21–32)

    § 21

    21. Sin embargo, así es, han convocado sucesivos Concilios contra aquel Ecuménico, y aún no están cansados. Después del niceno, Eusebio y sus secuaces habían sido depuestos; no obstante, con el correr del tiempo se entremetieron sin vergüenza en las Iglesias, y comenzaron a tramar contra los Obispos que les resistían, y a sustituir en la Iglesia a hombres de su propia herejía. Así pensaron celebrar Concilios a su placer, teniendo a los que estaban de acuerdo con ellos, a quienes habían ordenado a propósito para este mismo objeto. Por consiguiente, se reúnen en Jerusalén, y allí escriben así:—
    Texto de la fuenteConcilio de Jerusalén · Carta sobre la readmisión de Arrio · § 21, carta
    El Santo Concilio reunido en Jerusalén por la gracia de Dios, etc… su enseñanza ortodoxa por escrito, que todos nosotros confesamos ser sana y eclesiástica. Y él razonablemente recomendó que debían ser recibidos y unidos a la Iglesia de Dios, como vosotros mismos sabréis por el traslado de la misma Epístola, que hemos transmitido a vuestras reverencias. Creemos que vosotros mismos también, como si recobrarais los miembros mismos de vuestro propio cuerpo, experimentaréis gran gozo y alegría, al reconocer y recobrar vuestras propias entrañas, vuestros propios hermanos y padres; puesto que no sólo los Presbíteros, Arrio y sus secuaces, os son devueltos, sino también todo el pueblo cristiano y la entera multitud, que con ocasión de los antedichos hombres han estado largo tiempo en disensión entre vosotros. Además, sería conveniente, ahora que sabéis con certeza lo que ha pasado, y que los hombres han comunicado con nosotros y han sido recibidos por tan gran Santo Concilio, que vosotros con toda prontitud dierais la bienvenida a esta vuestra coalición y paz con vuestros propios miembros, especialmente puesto que los artículos de la fe que han publicado preservan indiscutible la tradición y enseñanza universalmente confesadas.
    Comentario editorial · Los once credos del tratado, en orden de fecha
    Atanasio no cita los credos por orden de fecha: el «fechado» de Sirmio abre el relato (§ 8) y vuelve a aparecer en los §§ 29–30. La numeración que sigue es la de las notas del NPNF, no de Atanasio.
    CredoDóndeFecha (NPNF)
    1.º de Antioquía§ 22341
    2.º de Antioquía («de la Dedicación»)§ 23341
    3.º de Antioquía (Teofronio)§ 24341
    4.º de Antioquía (a Constante, en la Galia)§ 25342
    5.º: Macróstico§ 26344
    6.º: primero de Sirmio (contra Fotino)§ 27351
    7.º: segundo de Sirmio§ 28357
    8.º: tercero de Sirmio («fechado»)§ 822 de mayo de 359
    9.º: de Seleucia (Acacio)§ 29359
    10.º: de Nike y Constantinopla§ 30359–360
    11.º: de Antioquía§ 31 (solo se describe)361

    § 22

    22. Este fue el comienzo de sus Concilios, y en él se apresuraron a divulgar sus opiniones, y no pudieron ocultarlas. Porque cuando dijeron que habían desterrado todo celo, y, después de la expulsión de Atanasio, Obispo de Alejandría, recomendaron la recepción de Arrio y sus amigos, mostraron que sus medidas contra el mismo Atanasio entonces, y antes contra todos los otros Obispos que les resistían, tenían por objeto recibir a Arrio y sus secuaces, e introducir la herejía en la Iglesia. Pero aunque habían aprobado en este Concilio toda la malignidad de Arrio, y habían ordenado recibir a su partido en comunión, como habían dado el ejemplo, sin embargo, sintiendo que aún así estaban lejos de sus deseos, reunieron un Concilio en Antioquía bajo pretexto de la llamada Dedicación, y, puesto que estaban en odio general y duradero por su herejía, publican diferentes cartas, algunas de este tipo, y otras de aquél, y lo que escribieron en una carta fue como sigue:—
    Texto de la fuenteConcilio de Antioquía (la Dedicación) · Primera fórmula de fe · § 22, primera fórmula
    No hemos sido seguidores de Arrio — ¿cómo podríamos Obispos, como nosotros, seguir a un Presbítero? — ni recibimos otra fe fuera de aquella que ha sido transmitida desde el principio. Pero, después de tomar sobre nosotros examinar y verificar su fe, le admitimos antes que seguirle; como comprenderéis por nuestras presentes confesiones.
    Porque hemos sido enseñados desde el principio, a creer en un solo Dios, el Dios del Universo, el Artífice y Conservador de todas las cosas tanto intelectuales como sensibles.
    Y en un solo Hijo de Dios, Unigénito, que existía antes de todos los siglos, y estaba con el Padre que le había engendrado, por quien todas las cosas fueron hechas, tanto visibles como invisibles, quien en los últimos días, según la benevolencia del Padre, descendió; y tomó carne de la Virgen, y cumplió conjuntamente toda la voluntad de su Padre, y padeció y resucitó, y ascendió al cielo, y está sentado a la diestra del Padre, y vendrá otra vez a juzgar a vivos y muertos, y permanece Rey y Dios por todos los siglos.
    Y creemos también en el Espíritu Santo; y si es necesario añadir, creemos concerniente a la resurrección de la carne, y la vida eterna.

    § 23

    23. He aquí lo que publicaron después en la misma Dedicación en otra Epístola, estando insatisfechos con la primera, e ingeniando algo más nuevo y más pleno:
    Texto de la fuenteConcilio de Antioquía (la Dedicación) · Segunda fórmula de fe (la «Fórmula de la Dedicación») · § 23, segunda fórmula
    Creemos, conforme a la evangélica y tradición, en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Artífice, y Hacedor, y Proveedor del Universo, de quien son todas las cosas.
    Y en un solo Señor Jesucristo, Su Hijo, Unigénito Dios [], por quien son todas las cosas, que fue engendrado antes de todos los siglos del Padre, Dios de Dios, entero de entero, solo de solo, perfecto de perfecto, Rey de Rey, Señor de Señor, Verbo Viviente, Sabiduría Viviente, Luz verdadera, Camino, Verdad, Resurrección, Pastor, Puerta, tanto inalterable como inmutable; Imagen exacta de la Deidad, Esencia, Voluntad, Poder y Gloria del Padre; el primogénito de toda criatura, que estaba en el principio con Dios, Dios el Verbo, como está escrito en el Evangelio, "y el Verbo era Dios" []; por quien todas las cosas fueron hechas, y en quien todas las cosas consisten; quien en los últimos días descendió de lo alto, y nació de una Virgen según las Escrituras, y fue hecho Hombre, Mediador entre Dios y el hombre, y Apóstol de nuestra fe, y Príncipe de la vida, como Él dice: "Yo he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" []; quien padeció por nosotros y resucitó al tercer día, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y viene de nuevo con gloria y poder, a juzgar a vivos y muertos.
    Y en el Espíritu Santo, que es dado a los que creen para consuelo, y santificación, e iniciación, como también nuestro Señor Jesucristo mandó a sus discípulos, diciendo: "Id, enseñad a todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" []; a saber, de un Padre que es verdaderamente Padre, y un Hijo que es verdaderamente Hijo, y del Espíritu Santo que es verdaderamente Espíritu Santo, no siendo los nombres dados sin significado o efecto, sino denotando con exactitud la peculiar subsistencia, rango, y gloria de cada uno que es nombrado, de modo que son tres en subsistencia, y en acuerdo uno.
    Manteniendo, pues, esta fe, y manteniéndola en presencia de Dios y de Cristo, de principio a fin, anatematizamos toda herética heterodoxia. Y si alguno enseña, fuera de la sana y recta fe de las Escrituras, que tiempo, o estación, o siglo, sea o haya sido antes de la generación del Hijo, sea anatema. O si alguno dice, que el Hijo es una criatura como una de las criaturas, o una prole como una de las proles, o una obra como una de las obras, y no los antedichos artículos uno después de otro, como las divinas Escrituras los han entregado, o si enseña o predica fuera de lo que recibimos, sea anatema. Porque todo lo que ha sido entregado en las divinas Escrituras, ya por Profetas ya por Apóstoles, verdadera y reverentemente lo creemos y seguimos.

    § 24

    24. Y un tal Teofronio, Obispo de Tiana, presentó ante todos ellos la siguiente declaración de su fe personal. Y ellos la suscribieron, aceptando la fe de este hombre:—
    Texto de la fuenteTeofronio de Tiana · Profesión de fe presentada ante el concilio · § 24, fe de Teofronio
    Dios sabe, a quien llamo como testigo sobre mi alma, que así creo:— en Dios Padre Todopoderoso, el Creador y Hacedor del Universo, de quien son todas las cosas.
    Y en Su Unigénito Hijo, Verbo, Poder, y Sabiduría, nuestro Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas; que ha sido engendrado del Padre antes de los siglos, perfecto Dios de perfecto Dios, y estaba con Dios en subsistencia, y en los últimos días descendió, y nació de la Virgen según las Escrituras, y fue hecho hombre, y padeció, y resucitó de los muertos, y ascendió a los cielos, y se sentó a la diestra de Su Padre, y viene de nuevo con gloria y poder a juzgar a vivos y muertos, y permanece para siempre:
    Y en el Espíritu Santo, el Paráclito, el Espíritu de verdad [], que también Dios prometió por Su Profeta derramar [] sobre Sus siervos, y el Señor prometió enviar a Sus discípulos: el cual también envió, como testifican los Hechos de los Apóstoles.
    Pero si alguno enseña, o mantiene en su mente, algo fuera de esta fe, sea anatema; y con Marcelo de Ancira, o Sabelio, o Pablo de Samosata, sea anatema, tanto él mismo como aquellos que comulgan con él.

    § 25

    25. Noventa Obispos se reunieron en la Dedicación bajo el Consulado de Marcelino y Probino, en la 14ª de la Indicción, estando presente Constancio el irreligiosísimo. Habiendo así conducido los asuntos en Antioquía en la Dedicación, pensando que su composición era aún deficiente, y fluctuando además en sus propias opiniones, de nuevo redactan otro formulario, después de pocos meses, aparentemente concerniente a la fe, y despachan a Narciso, Maris, Teodoro, y Marcos a la Galia. Y ellos, como enviados del Concilio, entregan el siguiente documento a Constante Augusto de bendita memoria, y a todos los que estaban allí:
    Texto de la fuenteConcilio de Antioquía · Cuarta fórmula de fe (enviada a Constante, en la Galia) · § 25, cuarta fórmula
    Creemos en un solo Dios, el Padre Todopoderoso, Creador y Hacedor de todas las cosas; de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra es nombrada [].
    Y en Su Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que antes de todos los siglos fue engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, por quien todas las cosas fueron hechas en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, siendo Verbo, y Sabiduría, y Poder, y Vida, y Luz Verdadera; quien en los últimos días fue hecho hombre por nosotros, y nació de la Santa Virgen; quien fue crucificado, y muerto, y sepultado, y resucitó de los muertos al tercer día, y fue llevado arriba al cielo, y se sentó a la diestra del Padre; y viene en la consumación del siglo, a juzgar a vivos y muertos, y a dar a cada uno según sus obras; cuyo Reino perdura indisolublemente por los siglos infinitos; pues Él estará sentado a la diestra del Padre, no sólo en este siglo sino en el que está por venir.
    Y en el Espíritu Santo, esto es, el Paráclito; el cual, habiendo prometido a los Apóstoles, envió después de Su ascensión al cielo, para enseñarles y recordarles todas las cosas; por quien también serán santificadas las almas de aquellos que sinceramente creen en Él.
    Pero a aquellos que dicen, que el Hijo era de la nada, o de otra subsistencia y no de Dios, y, hubo tiempo cuando Él no era, la Iglesia Católica los considera como extraños.
    Comentario editorial · Antioquía, 341: la Dedicación y sus cuatro fórmulas
    Atanasio cuenta noventa obispos (§ 25); Wikipedia, casi un centenar, reunidos en el verano de 341 para dedicar la Domus Aurea de Antioquía, con Constancio II presente. De ahí «la Dedicación». Las cuatro fórmulas de los §§ 22–25 son las que el NPNF numera de la primera a la cuarta de Antioquía; la cuarta, enviada a Constante en la Galia, es de 342. Para R. Hanson (en Wikipedia), la más importante fue la segunda, la «Fórmula de la Dedicación», que llama al Hijo imagen exacta de la divinidad, la esencia, la voluntad, el poder y la gloria del Padre: la que Seleucia reafirmó en 359 y la que Atanasio echa en cara a Acacio en los §§ 36–38. La cuarta la reeditaron en Filipópolis (343) los orientales retirados de Sárdica; sobre Sárdica, véase la nota de la Carta a los de Antioquía.

    § 26

    26. Como si estuvieran insatisfechos con esto, celebran su reunión de nuevo después de tres años, y despachan a Eudoxio, Martirio, y Macedonio de Cilicia, y algunos otros con ellos, a las partes de Italia, para llevar consigo una fe escrita a gran longitud, con numerosas adiciones por encima de las que han precedido. Fueron al extranjero con éstas, como si hubieran ideado algo nuevo.
    Texto de la fuenteConcilio de Antioquía · Fórmula larga o «Macróstico» (enviada a Italia) · § 26, Macróstico
    Creemos en un solo Dios Padre Todopoderoso, el Creador y Hacedor de todas las cosas, de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra es nombrada.
    Y en Su Unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, que antes de todos los siglos fue engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, por quien todas las cosas fueron hechas, en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, siendo Verbo y Sabiduría y Poder y Vida y Luz Verdadera, quien en los últimos días fue hecho hombre por nosotros, y nació de la Santa Virgen, crucificado y muerto y sepultado, y resucitó de los muertos al tercer día, y fue llevado arriba al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y viene en la consumación del siglo a juzgar a vivos y muertos, y a dar a cada uno según sus obras, cuyo Reino perdura incesantemente por los siglos infinitos; pues Él está sentado a la diestra del Padre no sólo en este siglo, sino también en el que está por venir.
    Y creemos en el Espíritu Santo, esto es, el Paráclito, el cual, habiendo prometido a los Apóstoles, envió después de la ascensión al cielo, para enseñarles y recordarles todas las cosas: por quien también serán santificadas las almas de aquellos que sinceramente creen en Él.
    Pero a aquellos que dicen, (1) que el Hijo era de la nada, o de otra subsistencia y no de Dios; (2) y que hubo un tiempo o siglo cuando Él no era, la Iglesia Católica y Santa los considera como extraños. Asimismo aquellos que dicen, (3) que hay tres Dioses: (4) o que Cristo no es Dios; (5) o que antes de los siglos Él no era ni Cristo ni Hijo de Dios; (6) o que Padre e Hijo, o Espíritu Santo, son lo mismo; (7) o que el Hijo es Ingénito; o que el Padre engendró al Hijo, no por elección o voluntad; la Santa y Católica Iglesia anatematiza.
    (1.) Porque ni es seguro decir que el Hijo es de la nada, (puesto que esto en ninguna parte se dice de Él en la Escritura divinamente inspirada,) ni tampoco de otra subsistencia preexistente fuera del Padre, sino que definimos que Él es genuinamente generado sólo de Dios. Porque la divina Palabra enseña que el Ingénito e Inengendrado, el Padre de Cristo, es Uno.
    (2.) Ni podemos, adoptando la posición azarosa, "Hubo una vez cuando Él no era", de fuentes no escriturísticas, imaginar ningún intervalo de tiempo antes de Él, sino sólo al Dios que le ha generado fuera del tiempo; porque por Él llegaron a ser tanto los tiempos como los siglos. Sin embargo, no debemos considerar al Hijo como co-inengendrado y co-ingénito con el Padre; porque nadie puede ser llamado propiamente Padre o Hijo de uno que es co-inengendrado y co-ingénito con Él. Pero reconocemos que el Padre, que solo es Inengendrado e Ingénito, ha engendrado de manera inconcebible e incomprensible para todos: y que el Hijo ha sido engendrado antes de los siglos, y en modo alguno es ingénito Él mismo como el Padre, sino que tiene al Padre que le engendró como Su principio; porque "la Cabeza de Cristo es Dios" [].
    (3.) Ni de nuevo, al confesar tres realidades y tres Personas, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo según las Escrituras, hacemos por tanto tres Dioses; puesto que reconocemos que el Dios Auto-completo e Ingénito e Inengendrado e Invisible es uno solo, el Dios y Padre del Unigénito, quien solo tiene ser de Sí mismo, y solo otorga esto a todos los demás generosamente.
    (4.) Ni de nuevo, al decir que el Padre de nuestro Señor Jesucristo es un solo Dios, el solo Ingénito, negamos por tanto que Cristo también es Dios antes de los siglos: como los discípulos de Pablo de Samosata, que dicen que después de la encarnación fue hecho Dios por avance, de ser hecho por naturaleza un mero hombre. Porque reconocemos que, aunque Él esté subordinado a Su Padre y Dios, sin embargo, siendo antes de los siglos engendrado de Dios, es Dios perfecto según naturaleza y verdadero, y no primero hombre y luego Dios, sino primero Dios y luego haciéndose hombre por nosotros, y nunca habiendo sido privado del ser.
    (5.) Aborrecemos además, y anatematizamos a aquellos que hacen pretensión de decir que Él es sólo el mero verbo de Dios e inexistente, teniendo Su ser en otro — ya como pronunciado, como algunos dicen, ya como mental — sosteniendo que Él no era Cristo o Hijo de Dios o mediador o imagen de Dios antes de los siglos; sino que primero se hizo Cristo e Hijo de Dios, cuando tomó nuestra carne de la Virgen, no hace mucho más de cuatrocientos años. Porque ellos quieren que entonces Cristo comenzó Su Reino, y que tendrá fin después de la consumación de todo y del juicio. Tales son los discípulos de Marcelo y Escotino de Ancira de Galacia, quienes, igualmente con los judíos, niegan la existencia de Cristo antes de los siglos, y Su Deidad, y Reino sin fin, bajo pretexto de apoyar la Monarquía divina. Nosotros, por el contrario, no lo consideramos como simplemente la palabra pronunciada de Dios o mental, sino como Dios Viviente y Verbo, existiendo en Sí mismo, e Hijo de Dios y Cristo; siendo y permaneciendo con Su Padre antes de los siglos, y esto no sólo en presciencia, y ministrándole para la entera formación tanto de las cosas visibles como de las invisibles. Porque Él es a quien el Padre dijo: "Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza" [], quien también fue visto en Su propia Persona por los patriarcas, dio la ley, habló por los profetas, y al fin, se hizo hombre, y manifestó Su propio Padre a todos los hombres, y reina por los siglos sin fin. Porque Cristo no ha tomado una dignidad reciente, sino que hemos creído que Él es perfecto desde el principio, y semejante en todo al Padre.
    (6.) Y aquellos que dicen que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son lo mismo, e irreligiosamente toman los Tres Nombres de una y la misma Realidad y Persona, los proscribimos justamente de la Iglesia, porque suponen que el Padre ilimitable e impasible es limitable y también pasible a través de Su hacerse hombre: porque tales son aquellos a quienes los Romanos llaman Patripasianos, y nosotros Sabelianos. Porque reconocemos que el Padre que envió, permaneció en el estado peculiar de Su deidad inmutable, y que Cristo que fue enviado cumplió la economía de la Encarnación.
    Texto de la fuenteConcilio de Antioquía · Fórmula larga o «Macróstico» (enviada a Italia) · § 26, Macróstico
    (7.) Y al mismo tiempo aquellos que irreverentemente dicen que el Hijo ha sido generado no por elección o voluntad, rodeando así a Dios con una necesidad que excluye elección y propósito, de modo que engendró al Hijo de mala gana, los tenemos por los más irreligiosos y extraños a la Iglesia; en cuanto que se han atrevido a definir tales cosas acerca de Dios, fuera de las nociones comunes acerca de Él, más aún, fuera del tenor de la Escritura divinamente inspirada. Porque nosotros, sabiendo que Dios es absoluto y soberano sobre Sí mismo, tenemos un juicio religioso de que Él generó al Hijo voluntaria y libremente; sin embargo, como tenemos una creencia reverente en las palabras del Hijo acerca de Sí mismo [], "El Señor me creó como principio de Sus caminos para Sus obras", no entendemos que Él haya sido originado como las criaturas o las obras que por Él llegaron a ser. Porque es irreligioso y ajeno a la fe eclesiástica, comparar al Creador con las obras hechas por Él, y pensar que Él tiene el mismo modo de originación que el resto. Porque la Escritura divina nos enseña real y verdaderamente que el Hijo Unigénito fue generado solo y únicamente. Sin embargo, al decir que el Hijo está en Sí mismo, y tanto vive como existe como el Padre, no por eso le separamos del Padre, imaginando lugar e intervalo entre su unión a la manera de los cuerpos. Porque creemos que están unidos el uno al otro sin mediación o distancia, y que existen inseparables; todo el Padre abrazando al Hijo, y todo el Hijo pendiendo y adhiriéndose al Padre, y solo descansando en el seno del Padre continuamente. Creyendo, pues, en la Todoperfecta Tríada, la Santísima, esto es, en el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, y llamando al Padre Dios, y al Hijo Dios, sin embargo confesamos en ellos, no dos Dioses, sino una sola dignidad de Divinidad, y una sola exacta armonía de dominio, siendo el Padre solo Cabeza sobre todo el universo enteramente, y sobre el Hijo mismo, y el Hijo subordinado al Padre; pero, exceptuándole a Él, gobernando sobre todas las cosas tras Él que por Sí mismo han llegado a ser, y concediendo la gracia del Espíritu Santo sin reserva a los santos por la voluntad del Padre. Porque tal es la explicación de la Monarquía Divina con respecto a Cristo, que los sagrados oráculos nos han entregado.
    Esto, además de la fe antes publicada en epítome, nos hemos visto compelidos a extender ampliamente, no por ostentación oficiosa, sino para despejar toda injusta sospecha acerca de nuestras opiniones, entre aquellos que ignoran nuestros asuntos: y para que todos en Occidente conozcan, tanto la audacia de las calumnias de los heterodoxos, como en cuanto a los Orientales, su mente eclesiástica en el Señor, a la cual las Escrituras divinamente inspiradas dan testimonio sin violencia, donde los hombres no son perversos.
    Comentario editorial · Marcelo, Fotino y el Macróstico
    Los credos de Antioquía y Sirmio condenan a la vez a Arrio y a Marcelo de Ancira. Marcelo escribió contra Asterio hacia 335 y fue depuesto en Constantinopla en 336; Sárdica (343) examinó su libro y, según Wikipedia, lo declaró libre de herejía. A sus adversarios les parecía que reducía al Hijo a mera «palabra» y a una fase pasajera, y por eso el apartado (5.) del Macróstico rechaza a quienes lo llaman Palabra «pronunciada» o «mental». «Escotino» es, según el NPNF, un apodo de Fotino, su discípulo y obispo de Sirmio, depuesto en 351, año de la fórmula del § 27. El miedo a ese error explica por qué muchos orientales desconfiaban de «consustancial».

    § 27

    27. Sin embargo, ni aun a esto se atuvieron; pues de nuevo en Sirmio se reunieron contra Fotino y allí compusieron otra fe, no extendida a tal longitud, no tan plena en palabras; sino sustrayendo la mayor parte y añadiendo en su lugar, como si hubieran escuchado las sugestiones de otros, escribieron como sigue:—
    Texto de la fuenteConcilio de Sirmio · Fórmula contra Fotino (con veintisiete anatemas) · § 27, fórmula de Sirmio
    Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, el Creador y Hacedor de todas las cosas, "de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra es nombrada [] "
    Y en Su Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesús el Cristo, que antes de todos los siglos fue engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, por quien todas las cosas fueron hechas, en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, siendo Verbo y Sabiduría y Luz Verdadera y Vida, quien en los últimos de los días fue hecho hombre por nosotros, y nació de la Santa Virgen, y crucificado y muerto y sepultado, y resucitó de los muertos al tercer día, y fue llevado arriba al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y viene en la consumación del siglo, a juzgar a vivos y muertos, y a dar a cada uno según sus obras; cuyo Reino, siendo incesante, perdura por los siglos infinitos; pues Él estará sentado a la diestra del Padre, no sólo en este siglo, sino también en el que está por venir.
    Y en el Espíritu Santo, esto es, el Paráclito; el cual, habiendo prometido a los Apóstoles enviar después de Su ascensión al cielo, para enseñar y recordarles todas las cosas, Él envió; por quien también son santificadas las almas de aquellos que sinceramente creen en Él.
    (1.) Pero aquellos que dicen que el Hijo era de la nada o de otra subsistencia y no de Dios, y que hubo tiempo o siglo cuando Él no era, la Santa y Católica Iglesia los considera como extraños.
    (2.) De nuevo decimos, Cualquiera que dice que el Padre y el Hijo son dos Dioses, sea anatema.
    (3.) Y cualquiera que, diciendo que Cristo es Dios, antes de los siglos Hijo de Dios, no confiesa que Él ha servido al Padre para la formación del universo, sea anatema.
    (4.) Cualquiera que presume decir que el Ingénito, o una parte de Él, nació de María, sea anatema.
    (5.) Cualquiera que dice que según presciencia el Hijo es antes de María y no que, engendrado del Padre antes de los siglos, estaba con Dios, y que por Él todas las cosas fueron originadas, sea anatema.
    (6.) Cualquiera que pretenda que la esencia de Dios se dilata o contrae, sea anatema.
    (7.) Quienquiera que dijere que la esencia de Dios, dilatándose, hizo al Hijo, o llamare Hijo a la dilatación de su esencia, sea anatema.
    (8.) Quienquiera que llame al Hijo de Dios Verbo mental o pronunciado, sea anatema.
    (9.) Quienquiera que dijere que el Hijo de María es sólo hombre, sea anatema.
    (10.) Quienquiera que, hablando de Aquel que de María es Dios y hombre, entienda por ello a Dios ingénito, sea anatema.
    (11.) Quienquiera que explique 'Yo soy Dios el primero y yo el último, y fuera de mí no hay Dios' [], lo cual se dice para negación de los ídolos y de los dioses que no son, aplicándolo a negación del Unigénito, Dios antes de los siglos, como hacen los judíos, sea anatema.
    (12.) Quienquiera que oyendo 'El Verbo se hizo carne' [], considere que el Verbo se ha cambiado en carne, o dijere que Él ha sufrido alteración al tomar carne, sea anatema.
    (13.) Quienquiera que oyendo que el Hijo Unigénito de Dios fue crucificado, dijere que su Divinidad ha sufrido corrupción, o pasión, o alteración, o disminución, o destrucción, sea anatema.
    (14.) Quienquiera que dijere que 'Hagamos al hombre' [] no fue dicho por el Padre al Hijo, sino por Dios a Sí mismo, sea anatema.
    (15.) Quienquiera que dijere que Abrahán vio, no al Hijo, sino al Dios ingénito o parte de Él, sea anatema.
    (16.) Quienquiera que dijere que con Jacob luchó, no el Hijo como hombre, sino el Dios ingénito o parte de Él, sea anatema.
    (17.) Quienquiera que explique 'El Señor hizo llover fuego del Señor' [], no del Padre y del Hijo, y diga que llovió de Sí mismo, sea anatema. Porque el Hijo, siendo Señor, llovió del Padre que es Señor.
    (18.) Quienquiera que oyendo que el Padre es Señor y el Hijo Señor y el Padre y el Hijo Señor, pues hay Señor de Señor, diga que hay dos Dioses, sea anatema. Porque no ponemos al Hijo en el Orden del Padre, sino subordinado al Padre; pues Él no descendió sobre Sodoma sin la voluntad del Padre, ni llovió de Sí mismo, sino del Señor, esto es, autorizándolo el Padre. Ni está sentado a la diestra por sí mismo, sino que oye al Padre decir: 'Siéntate a mi diestra' [].
    (19.) Quienquiera que diga que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son una sola Persona, sea anatema.
    (20.) Quienquiera que, hablando del Espíritu Santo como Paráclito, entienda por él al Dios ingénito, sea anatema.
    (21.) Quienquiera que negare, lo que el Señor nos enseñó, que el Paráclito es otro distinto del Hijo, pues Él ha dicho: 'Y otro Paráclito os enviará el Padre, a quien yo pediré' [], sea anatema.
    (22.) Quienquiera que dijere que el Espíritu Santo es parte del Padre o del Hijo sea anatema.
    (23.) Quienquiera que dijere que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son tres Dioses, sea anatema.
    (24.) Quienquiera que dijere que el Hijo de Dios por la voluntad de Dios ha llegado a ser, como una de las obras, sea anatema.
    (25.) Quienquiera que dijere que el Hijo fue engendrado, no queriéndolo el Padre, sea anatema. Porque no por compulsión, llevado por necesidad física, engendró el Padre al Hijo como no queriéndolo, sino que al punto quiso, y, engendrándolo de Sí mismo fuera del tiempo y de pasión, lo manifestó.
    (26.) Quienquiera que dijere que el Hijo es sin principio e ingénito, como hablando de dos inengendrados y dos ingénitos, y haciendo dos Dioses, sea anatema. Porque el Hijo es la Cabeza, es decir, el principio de todo; y Dios es la Cabeza, es decir, el principio de Cristo; porque así a un solo inengendrado principio del universo referimos religiosamente todas las cosas por el Hijo.
    (27.) Y en acurada delineación de la idea del cristianismo decimos esto otra vez; Quienquiera que no dijere que Cristo es Dios, Hijo de Dios, como existente antes de los siglos, y habiendo servido al Padre en la formación del Universo, sino que desde el tiempo en que nació de María, desde entonces fue llamado Cristo e Hijo, y tomó origen de ser Dios, sea anatema.

    § 28

    28. Desechando todo esto, como si hubieran descubierto algo mejor, proponen otra fe, y escriben en Sirmio en latín lo que aquí se traduce al griego.
    Texto de la fuenteConcilio de Sirmio · Fórmula latina, traducida al griego · § 28, fórmula de Sirmio
    Considerando que pareció bien que hubiera alguna discusión sobre la fe, se investigaron y discutieron cuidadosamente todos los puntos en Sirmio en presencia de Valente, y Ursacio, y Germinio, y los demás.
    Se tiene por cierto que hay un solo Dios, el Padre Todopoderoso, como también se predica en todo el mundo.
    Y Su Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, engendrado de Él antes de los siglos; y para que no hablemos de dos Dioses, puesto que el Señor mismo ha dicho: 'Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios' []. Por esta razón Él es Dios de todos, como también enseñó el Apóstol: '¿Es Dios solamente de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles; porque hay un solo Dios que justificará la circuncisión por la fe y la incircuncisión mediante la fe' []; y todo lo demás concuerda, y no tiene ambigüedad.
    Pero como mucha gente se perturba con cuestiones acerca de lo que en latín se llama 'Substantia', pero en griego 'Usia', esto es, para hacerlo entender más exactamente, en cuanto a 'Consustancial', o lo que se llama 'Semejante en esencia', no debe haber mención alguna de estas cosas, ni exposición de ellas en la Iglesia, por esta razón y por esta consideración: que en la divina Escritura nada se escribe sobre ellas, y que están por encima del conocimiento de los hombres y por encima del entendimiento humano; y porque nadie puede declarar la generación del Hijo, como está escrito: '¿Quién declarará su generación' []? Porque es manifiesto que sólo el Padre sabe cómo engendró al Hijo, y asimismo el Hijo cómo ha sido engendrado por el Padre. Y a nadie puede ser dudoso que el Padre es mayor: porque nadie puede dudar que el Padre es mayor en honor y dignidad y divinidad, y en el mismísimo nombre de Padre, testificando el Hijo mismo: 'El Padre que me envió es mayor que yo' []. Y nadie ignora que es doctrina católica que hay dos Personas, Padre e Hijo, y que el Padre es mayor, y el Hijo subordinado al Padre juntamente con todas las cosas que el Padre le ha subordinado, y que el Padre no tiene principio, y es invisible, e inmortal, e impasible; pero que el Hijo ha sido engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, y que su origen, como se ha dicho, nadie conoce sino sólo el Padre. Y que el Hijo mismo y nuestro Señor y Dios, tomó carne, esto es, cuerpo, esto es, hombre, de María la Virgen, como el Ángel preanunció; y como todas las Escrituras enseñan, y especialmente el Apóstol mismo, doctor de los gentiles, Cristo tomó hombre de María la Virgen, mediante el cual ha padecido. Y toda la fe se resume y afianza en esto: que una Trinidad debe ser siempre conservada, como leemos en el Evangelio: 'Id y bautizad a todas las naciones en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo' []. Y entero y perfecto es el número de la Trinidad; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, enviado por el Hijo, vino según la promesa, para que enseñara y santificara a los Apóstoles y a todos los creyentes.
    Comentario editorial · Sirmio, 357: la «blasfemia», Osio y Liberio
    Esta fórmula latina es la que Hilario de Poitiers llamó «blasfemia»; el NPNF la llama «blasfemia» de Potamio, obispo de Lisboa. Prohíbe «esencia» y sus compuestos y dice que el Padre es mayor. Atanasio no nombra aquí a Osio ni a Liberio, pero su caída se asocia a ella. En la Historia de los arrianos (41 y 45) cuenta que Liberio, tras dos años de destierro, cedió por miedo a la muerte y suscribió, y que Osio, de cien años, fue forzado a comulgar con Valente y Ursacio sin firmar contra Atanasio. Wikipedia pone la firma de Osio en este sínodo, tiene por probablemente ficticio que anatematizara el arrianismo al morir, y señala que Filostorgio da por firmado el credo por Liberio y Sozomeno lo niega; según el NPNF, Sozomeno es la única fuente de una firma de Liberio (en 358). Las fuentes no concuerdan.

    § 29

    29. Después de redactar esto, y luego quedar insatisfechos, compusieron la fe que para su vergüenza ostentaron con 'el Consulado'. Y, como es su costumbre, condenando también ésta, hicieron que Martiniano el notario la arrebatara a los que tenían copias. Y habiendo logrado que el Emperador Constancio promulgase un edicto contra ella, forman otro dogma de nuevo, y con la adición de ciertas expresiones, según su costumbre, escriben así en Isauria.
    Texto de la fuenteAcacio y sus partidarios · Fórmula de Seleucia · § 29, fórmula de Seleucia
    No rehusamos presentar la auténtica fe publicada en la Dedicación de Antioquía; aunque ciertamente nuestros padres de entonces se reunieron para un asunto particular que se investigaba. Pero ya que 'Consustancial' y 'Semejante en esencia' han turbado a muchos en tiempos pasados y hasta hoy, y ya que además se dice que algunos han ideado recientemente la 'Desemejanza' del Hijo con el Padre, por ellos rechazamos 'Consustancial' y 'Semejante en esencia' como ajenas a las Escrituras, pero 'Desemejante' lo anatematizamos, y tenemos a todos los que lo profesan por ajenos a la Iglesia. Y confesamos expresamente la 'Semejanza' del Hijo con el Padre, según el Apóstol, que dice del Hijo: '¿Quién es la Imagen del Dios Invisible?' [].
    Y confesamos y creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Hacedor del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles.
    Y creemos también en nuestro Señor Jesucristo, Su Hijo, engendrado de Él impasiblemente antes de todos los siglos, Dios Verbo, Dios de Dios, Unigénito, luz, vida, verdad, sabiduría, poder, por quien todas las cosas fueron hechas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles. Él, según creemos, al fin del mundo, para la abolición del pecado, tomó carne de la Santa Virgen, y se hizo hombre, y padeció por nuestros pecados, y resucitó, y fue llevado al cielo, y está sentado a la diestra del Padre, y ha de venir otra vez en gloria, para juzgar a vivos y muertos.
    Creemos también en el Espíritu Santo, al que nuestro Salvador y Señor llamó Paráclito, habiendo prometido enviarlo a los discípulos después de su propia partida, como lo envió; por quien santifica a los que en la Iglesia creen y son bautizados en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
    Pero a los que predican algo fuera de esta fe, la Iglesia Católica los tiene por ajenos. Y que a esta fe es equivalente la que fue publicada recientemente en Sirmio, bajo la sanción de su religiosidad el Emperador, es manifiesto a todos los que la leen.

    § 30

    30. Habiendo escrito así en Isauria, subieron a Constantinopla, y allí, como insatisfechos, lo cambiaron, según su costumbre, y con algunas pequeñas adiciones contra el uso incluso de 'Subsistencia' del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, lo transmitieron a los de Rímini, y obligaron también a los de dichas partes a suscribir, y a los que los contradecían los hicieron desterrar por Constancio. Y dice así:—
    Texto de la fuenteConcilio de Constantinopla · Fórmula de Nike y Constantinopla · § 30, fórmula de Nike y Constantinopla
    Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, de quien son todas las cosas;
    Y en el Unigénito Hijo de Dios, engendrado de Dios antes de todos los siglos y antes de todo principio, por quien todas las cosas fueron hechas, visibles e invisibles, y engendrado como unigénito, solo del Padre solo, Dios de Dios, semejante al Padre que lo engendró según las Escrituras; cuyo origen nadie conoce, salvo el Padre solo que lo engendró. Él, según reconocemos, el Unigénito Hijo de Dios, enviándolo el Padre, vino aquí de los cielos, como está escrito, para la abolición del pecado y de la muerte, y nació del Espíritu Santo, de María la Virgen según la carne, como está escrito, y convivió con los discípulos, y habiendo cumplido toda la Economía según la voluntad del Padre, fue crucificado y muerto y sepultado y descendió a las partes inferiores de la tierra; ante quien el mismo hades se estremeció: quien también resucitó de los muertos al tercer día, y permaneció con los discípulos, y, cumplidos cuarenta días, fue llevado a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre, para venir en el último día de la resurrección en la gloria del Padre, para pagar a cada uno según sus obras.
    Y en el Espíritu Santo, a quien el mismo Unigénito Hijo de Dios, Cristo, nuestro Señor y Dios, prometió enviar al género humano, como Paráclito, como está escrito, 'el Espíritu de verdad' [], el cual les envió cuando hubo ascendido a los cielos.
    Pero el nombre de 'Esencia', que fue puesto por los Padres con simplicidad, y, siendo desconocido por el pueblo, causó escándalo, porque las Escrituras no lo contienen, ha parecido bien abolirlo, y para el futuro no hacer mención alguna de él; pues las divinas Escrituras no han hecho mención de la Esencia del Padre y del Hijo. Porque tampoco debe nombrarse 'Subsistencia' acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero decimos que el Hijo es Semejante al Padre, como las divinas Escrituras dicen y enseñan; y todas las herejías, tanto las que ya han sido condenadas antes, como cualesquiera de fecha moderna, que sean contrarias a esta declaración publicada, sean anatema.

    § 31

    31. Mas ni a esto se atuvieron: porque bajando de Constantinopla a Antioquía, se disgustaron de haber escrito siquiera que el Hijo era 'Semejante al Padre, como dicen las Escrituras'; y poniendo sus ideas por escrito, empezaron a volver a sus primeras doctrinas, y dijeron que 'el Hijo es enteramente desemejante al Padre', y que el 'Hijo de ninguna manera es semejante al Padre', y tanto cambiaron, que admitieron a los que hablaban desnudamente la doctrina arriana y les entregaron las Iglesias con licencia para proferir las palabras de blasfemia impunemente. Por tanto, a causa de la extrema desvergüenza de su blasfemia, fueron llamados por todos anomeos, teniendo también el nombre de exucontianos, y al herético Constancio por patrón de su impiedad, quien persistiendo hasta el fin en la impiedad, y a punto de muerte, tuvo a bien ser bautizado; aunque no por varones religiosos, sino por Euzoio, quien por su arrianismo había sido depuesto, no una vez, sino muchas, tanto cuando era diácono como cuando estaba en la sede de Antioquía.
    Comentario editorial · Los §§ 30–31 y la muerte de Constancio
    Según la introducción del NPNF, los §§ 30–31 se insertaron en una recensión posterior, después de morir Constancio; el resto de la carta es de 359. Por eso el § 31 habla de su muerte. Constancio murió el 3 de noviembre de 361: Wikipedia lo sitúa en Mopsuestia (Cilicia) y el NPNF en Mopsucrene, al pie del Tauro; las dos fuentes dicen que lo bautizó Euzoio. El NPNF llama a Euzoio obispo arriano de Antioquía; Wikipedia, «semiarriano»: el mismo hombre recibe etiquetas distintas. Atanasio, que llama a Constancio «irreligiosísimo», escribe como parte: su retrato del emperador no es neutral.

    § 32

    32. Los partidos susodichos habían llegado, pues, hasta aquí, cuando fueron detenidos y depuestos. Pero bien sé que ni aun en estas circunstancias se detendrán, cuantos ahora han disimulado, sino que siempre estarán formando partidos contra la verdad, hasta que vuelvan en sí y digan: 'Levantémonos y vayamos a nuestros padres, y les diremos: Anatematizamos la herejía arriana, y reconocemos el Concilio de Nicea'; porque contra éste es su contienda. ¿Quién, pues, por poco entendimiento que tenga, los soportará ya más? ¿Quién, al oír que en cada Concilio se quitan unas cosas y se añaden otras, no percibe que su mente es tornadiza y traidora contra Cristo? ¿Quién, al verlos extenderse tan largamente tanto en sus profesiones de fe como en su propia disculpa, no ve que están sentenciándose contra sí mismos, y escribiendo con estudio mucho que pueda, por su ostentoso alarde y abundancia de palabras, seducir a los simples y ocultar lo que son en punto de herejía? Pero así como los paganos, como dijo el Señor, usando vanas palabras en sus oraciones [], de nada son aprovechados; así ellos también, después de todo este derrame, no pudieron apagar el juicio pronunciado contra la herejía arriana, sino que fueron convictos y depuestos en cambio; y con razón; porque ¿cuál de sus formularios ha de ser aceptado por el oyente? ¿O con qué confianza serán catequistas para los que a ellos acuden? Porque si todos tienen un mismo y único sentido, ¿qué necesidad hay de tantos? Pero si ha surgido necesidad de tantos, síguese que cada cual por sí mismo es deficiente, no completo; y ellos establecen este punto mejor que nosotros, al innovar sobre todos ellos y rehacerlos. Y el número de sus Concilios, y la diferencia de sus declaraciones, es prueba de que los que asistieron a ellos, aunque en desacuerdo con el niceno, son empero demasiado débiles para dañar a la Verdad.

    Parte 3. Sobre los símbolos "De la esencia" y "Consustancial"

    Debemos atender al sentido, no a las palabras. La ofensa suscitada está en el sentido; significado de los símbolos; la cuestión de que no se hallen en la Escritura. Quienes vacilan sólo ante "consustancial" no deben ser tenidos por arrianos. Razones por las que "consustancial" es mejor que "semejante en esencia", aunque este último puede interpretarse en buen sentido. Explicación del rechazo de "consustancial" por el Concilio que condenó al samosatense; uso de la palabra por Dionisio de Alejandría; variación paralela en el uso de "ingénito"; cita de Ignacio y de otro; razones para usar "consustancial"; objeciones contra ella; examen de la palabra misma; otros documentos del Concilio de Rímini.

    Las objeciones contra «de la esencia» y «consustancial» (§§ 33–40)

    § 33

    33. Pero ya que ellos están así dispuestos, tanto entre sí como respecto de quienes los precedieron, procedamos a averiguar de ellos qué absurdo han visto, o qué es lo que reprochan en las expresiones recibidas, para que hayan resultado "desobedientes a los padres" [] y combatan contra un Concilio Ecuménico. "Las frases 'de la esencia' y 'consustancial'", dicen ellos, "no nos agradan, pues son ofensa para algunos y molestia para muchos". Esto es, pues, lo que alegan en sus escritos; pero se les puede responder razonablemente así: Si las palabras mismas fueran por sí solas causa de ofensa para ellos, habría debido seguirse no que sólo algunos se hubieran ofendido y muchos se hubieran turbado, sino que también nosotros y todos los demás habríamos sido afectados por ellas del mismo modo; pero si, por el contrario, todos los hombres están contentos con las palabras, y quienes las escribieron no fueron personas comunes, sino hombres reunidos de todo el mundo, y a éstos testifican además los cuatrocientos obispos y más que ahora se reunieron en Rímini, ¿no prueba esto claramente contra quienes acusan al Concilio que no son las expresiones las culpables, sino la perversidad de quienes las interpretan mal? ¿Cuántos hombres leen mal la divina Escritura y, concibiéndola así, hallan falta en los Santos? Tales fueron los judíos de otro tiempo, que rechazaron al Señor, y los maniqueos de ahora, que blasfeman de la Ley; y sin embargo no son las Escrituras la causa para ellos, sino sus propios malos humores. Si podéis, pues, mostrar que las expresiones son realmente insanas, hacedlo y que siga la prueba, y dejad el pretexto de la ofensa suscitada, no sea que vengáis a la condición de los fariseos de antaño. Porque cuando ellos pretextaron ofensa ante la enseñanza del Señor, Él dijo: "Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada" []. Con lo cual mostró que no eran en verdad ofensa para ellos las palabras plantadas por el Padre, sino que ellos interpretaban mal lo que estaba bien dicho y se ofendían a sí mismos. Y del mismo modo, quienes en aquel tiempo culpaban las Epístolas del Apóstol no acusaban a Pablo, sino a su propio saber deficiente y a sus mentes distorsionadas.

    § 34

    34. Por respuesta, y es muy pertinente, ¿quiénes son esos a quienes pretendéis que resultan ofendidos y turbados por estos términos? De los que son religiosos para con Cristo, ni uno solo; al contrario, los defienden y mantienen. Pero si son arrianos los que así sienten, ¿qué maravilla que se angustien por palabras que destruyen su herejía? Porque no son los términos los que los ofenden, sino la proscripción de su impiedad lo que los aflige. Por tanto, no haya ya más murmuración contra los Padres, ni pretexto de esta clase; de lo contrario, acabaréis quejándoos de la Cruz del Señor, porque es "para los judíos ofensa y para los gentiles necedad", como dijo el Apóstol []. Pero así como la Cruz no es defectuosa, pues para nosotros los que creemos es "Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios", aunque los judíos deliren, tampoco los términos de los Padres son defectuosos, sino provechosos para quienes leen honestamente y subversivos de toda impiedad, aunque los arrianos tantas veces revienten de rabia al ser condenados por ellos. Puesto que, pues, no se sostiene el pretexto de que hay personas ofendidas, decidnos vosotros mismos: ¿por qué no os agrada la expresión "de la esencia" (es lo primero que ha de indagarse), cuando vosotros mismos habéis escrito que el Hijo es engendrado del Padre? Si cuando nombráis al Padre, o usáis la palabra "Dios", no significáis la esencia, ni lo entendéis a Él según la esencia, que es lo que Él es, sino que significáis algo distinto acerca de Él, por no decir inferior, entonces no debíais haber escrito que el Hijo era del Padre, sino de lo que está en torno a Él o en Él; y así, al rehuir decir que Dios es verdaderamente Padre, y al hacer compuesto al que es simple, de manera material, seréis autores de una blasfemia más nueva. Y con tales ideas, necesariamente habéis de considerar el Verbo, y el título de "Hijo", no como esencia, sino como un mero nombre, y en consecuencia mantenéis vuestras propias opiniones sólo en cuanto a nombres, y habláis, no de lo que creéis que existe, sino de lo que pensáis que no existe.

    § 35

    35. Pero esto se asemeja más al crimen de los saduceos y de aquellos griegos que tenían nombre de ateos. Se sigue que negaréis que incluso la creación sea obra de las manos del Dios que es; al menos, si "Padre" y "Dios" no significan la esencia misma de Aquel que es, sino otra cosa que vosotros imagináis: lo cual es impío, y aun pensarlo es de lo más espantoso. Pero si, cuando oímos decir: "Yo soy el que soy", y "En el principio creó Dios el cielo y la tierra", y "Oye, Israel, el Señor nuestro Dios es un solo Señor", y "Así dice el Señor Todopoderoso" [], no entendemos otra cosa que la esencia misma, simple, bienaventurada e incomprensible, de Aquel que es (pues aunque no podamos dominar lo que Él es, al oír "Padre", "Dios" y "Todopoderoso", no entendemos que se signifique otra cosa que la esencia misma de Aquel que es); y si vosotros también habéis dicho que el Hijo es de Dios, se sigue que habéis dicho que Él es de la "esencia" del Padre. Y puesto que os preceden las Escrituras, que dicen que el Señor es Hijo del Padre, y las precede el Padre mismo, que dice: "Este es mi Hijo amado" [], y un hijo no es otra cosa que la prole de su padre, ¿no es evidente que los Padres convenientemente dijeron que el Hijo es de la esencia del Padre? Considerando que lo mismo es decir rectamente "de Dios" que decir "de la esencia". Pues todas las criaturas, aunque se diga que han llegado a ser de Dios, no son de Dios como el Hijo lo es; porque no son proles por su naturaleza, sino obras. Así está dicho: "En el principio", no "engendró", sino "hizo Dios el cielo y la tierra, y todo cuanto hay en ellos" []. Y no "quien engendra", sino "quien hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego" []. Y aunque el Apóstol ha dicho: "Un solo Dios, del cual son todas las cosas" [], no lo dice contando al Hijo entre las demás cosas; sino que, como algunos de los griegos consideraban que la creación se mantenía unida por azar y por la combinación de átomos, y espontáneamente a partir de elementos de estructura semejante, y que no tiene causa; y otros consideraban que provenía de una causa, pero no por el Verbo; y cada hereje ha imaginado cosas a su antojo y cuenta sus fábulas acerca de la creación; por eso el Apóstol se vio obligado a introducir "de Dios", para con ello certificar al Hacedor y mostrar que el universo fue formado según su voluntad. Y en consecuencia, inmediatamente prosigue: "Y un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas" [], con el fin de exceptuar al Hijo de ese "todas" (pues lo que se llama obra de Dios, todo se hace por el Hijo; y no es posible que las cosas formadas tengan un mismo origen con su Formador), y con el fin de enseñar que la frase "de Dios", que aparece en el pasaje, tiene un sentido distinto en el caso de las obras del que tiene cuando se usa del Hijo; porque Él es prole, y ellas son obras: y por tanto Él, el Hijo, es la prole propia de su esencia, pero ellas son la hechura de su voluntad.

    § 36

    36. El Concilio, comprendiendo esto y conociendo los distintos sentidos de la misma palabra, para que nadie supusiera que se decía que el Hijo era "de Dios" como la creación, escribió con mayor claridad que el Hijo era "de la esencia". Pues esto indica la auténtica condición genuina del Hijo respecto del Padre; mientras que con la simple frase "de Dios" se significa sólo la voluntad del Creador al formar. Si, pues, ellos también tenían este sentido cuando escribieron que el Verbo era "del Padre", nada tenían que reprochar al Concilio; pero si con "de Dios", referido al Hijo, lo entendían como se usa de la creación, entonces, al entenderlo de la creación, no deberían nombrar al Hijo, o habrán de estar manifiestamente mezclando blasfemia con religiosidad; sino que o bien han de dejar de contar al Señor entre las criaturas, o al menos abstenerse de afirmaciones indignas e inconvenientes acerca del Hijo. Porque si es Hijo, no es criatura; y si es criatura, no es Hijo. Puesto que éstas son sus opiniones, quizá negarán también el santo Lavacro, porque se administra en el Padre y en el Hijo, y no en el Creador y la Criatura, como ellos lo consideran. "Pero", dicen ellos, "nada de esto está escrito: y rechazamos estas palabras por no escriturísticas". Mas ésta, a su vez, es una excusa desvergonzada en sus bocas. Porque si piensan que todo ha de rechazarse lo que no está escrito, ¿por qué, cuando el partido arriano inventa tal cúmulo de frases no tomadas de la Escritura —"de la nada", "el Hijo no era antes de su generación", "hubo un tiempo en que Él no era", "Él es mudable", "el Padre es inefable e invisible para el Hijo", "el Hijo no conoce ni siquiera su propia esencia"; y todo lo que Arrio ha vomitado en su ligera e impía Talía—, no hablan contra ellas, sino que más bien toman partido por ellas, y por eso contienden contra sus propios Padres? ¿Y en qué Escritura hallaron ellos, por su parte, "ingénito", "el término esencia", "hay tres subsistencias", "Cristo no es verdadero Dios", "Él es una de las cien ovejas", "la Sabiduría de Dios es ingénita y sin principio, pero las potencias creadas son muchas, de las cuales Cristo es una"? ¿O cómo, cuando en la llamada Dedicación, Acacio y Eusebio y los suyos usaron expresiones no contenidas en la Escritura, y dijeron que "el Primogénito de la creación" era "la Imagen exacta de la esencia, del poder, de la voluntad y de la gloria", se quejan de los Padres por haber mencionado expresiones no escriturísticas, y especialmente "esencia"? Pues o bien deberían quejarse de sí mismos, o no hallar falta en los Padres.

    § 37

    37. Ahora bien, si algunos otros presentaran excusas de las expresiones del Concilio, quizá podría atribuirse o a ignorancia o a cautela. No hay cuestión, por ejemplo, en cuanto a Jorge de Capadocia, que fue expulsado de Alejandría; un hombre sin carácter en años pasados, ni cristiano en ningún aspecto; sólo pretendía el nombre para acomodarse a los tiempos, y pensaba que "la religión es un medio de ganancia" []. Por tanto, no hay razón para quejarse de que él se equivoque acerca de la fe, considerando que no sabe ni lo que dice ni de qué lo afirma; sino que, según el texto, "va tras todo, como un pájaro" [1 Timoteo 1:7; Proverbios 7:22-23, no Septuaginta?]. Pero cuando Acacio, y Eudoxio, y Patrófilo dicen esto, ¿no merecen la más enérgica reprobación? Pues mientras ellos mismos escriben lo que no es escriturístico, y han aceptado muchas veces el término "esencia" como adecuado, especialmente sobre la base de la carta de Eusebio, ahora culpan a sus predecesores por usar términos de la misma clase. Es más, aunque ellos mismos dicen que el Hijo es "Dios de Dios", "Verbo vivo", "Imagen exacta de la esencia del Padre", acusan a los obispos nicenos de decir que Aquel que fue engendrado es "de la esencia" de quien lo engendró, y "consustancial" con Él. ¿Y qué maravilla si están en conflicto con sus predecesores y con sus propios Padres, cuando son incoherentes consigo mismos y se atacan unos a otros? Pues después de publicar, en la llamada Dedicación de Antioquía, que el Hijo es Imagen exacta de la esencia del Padre, y jurar que así lo creían y anatematizar a quienes creían otra cosa, y además, en Isauria, escribir: "No rechazamos la fe auténtica publicada en la Dedicación de Antioquía", donde se introdujo el término "esencia", como si olvidaran todo esto, poco después, en la misma Isauria, pusieron por escrito exactamente lo contrario, diciendo: "Rechazamos las palabras 'consustancial' y 'semejante en esencia', como ajenas a las Escrituras, y abolimos el término 'esencia', por no estar contenido en ellas."

    § 38

    38. ¿Podemos, pues, tener ya por cristianos a tales hombres? ¿O qué clase de fe tienen quienes no se atienen ni a la palabra ni a lo escrito, sino que alteran y cambian todo según los tiempos? Pues si, oh Acacio y Eudoxio, "no rechazáis la fe publicada en la Dedicación", y en ella está escrito que el Hijo es "Imagen exacta de la esencia de Dios", ¿por qué escribís en Isauria: "rechazamos al semejante en esencia"? Porque si el Hijo no es semejante al Padre según la esencia, ¿cómo es Él "imagen exacta de la esencia"? Y si os desagrada haber escrito "Imagen exacta de la esencia", ¿cómo es que "anatematizáis a quienes dicen que el Hijo es Desemejante"? Pues si no es semejante según la esencia, ciertamente es desemejante; y lo Desemejante no puede ser Imagen. Y si es así, entonces no se cumple aquello de "el que ha visto al Hijo, ha visto al Padre" [], habiendo entonces la mayor diferencia posible entre Ellos, o más bien siendo el Uno totalmente Desemejante del Otro. Y lo Desemejante no puede de ningún modo llamarse Semejante. ¿Con qué artificio, pues, llamáis semejante a lo Desemejante, y consideráis desemejante a lo Semejante, y pretendéis decir que el Hijo es Imagen del Padre? Porque si el Hijo no es semejante al Padre en esencia, algo falta a la Imagen, y no es Imagen completa, ni resplandor perfecto. ¿Cómo, pues, leéis: "En Él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad", y "de su plenitud todos hemos recibido" []? ¿Cómo expulsáis al arriano Eacio como hereje, si decís lo mismo que él? Porque él es vuestro compañero, oh Acacio, y fue maestro de Eudoxio en esta tan grande impiedad; razón por la cual el obispo Leucio lo hizo diácono, para que, usando el nombre del diaconado como piel de oveja, pudiera impunemente derramar las palabras de blasfemia.
    Comentario editorial · Tres palabras y una iota
    La discusión gira sobre palabras griegas casi iguales:
    GriegoSentidoQuién la usa en el texto
    homooúsios«consustancial», de la misma esenciaNicea; la defiende Atanasio
    homoioúsios«semejante en esencia»los de Basilio de Ancira; Atanasio lo discute (§§ 38, 53)
    hómoios«semejante», sin hablar de esenciacredo fechado y fórmula de Seleucia (§§ 8, 29)
    anómoios«desemejante»los anomeos (§ 31)
    Entre las dos primeras media una iota, que según el NPNF servía para dejar claro que «esencia» significaba identidad de especie y no de individuo. Una nota del NPNF advierte que Atanasio, aunque rechaza homoioúsios en el § 53 (lo «semejante» se dice de cualidades, no de esencias), lo usa él mismo en otros escritos.

    § 39

    39. ¿Qué os ha persuadido, pues, a contradeciros unos a otros y a acarrearos tan grande deshonra? No podéis dar buena cuenta de ello; sólo queda esta suposición: que todo lo que hacéis no es sino profesión exterior y fingimiento, para aseguraros el patrocinio de Constancio y la ganancia que de allí proviene. Y no os importa acusar a los Padres, y os quejáis abiertamente de las expresiones por no ser escriturísticas; y, como está escrito, "abriste tus piernas a todo el que pasaba" []; para cambiar así tantas veces como quieran aquellos a cuya paga y sustento estáis. No obstante, aunque un hombre use términos no contenidos en la Escritura, nada importa con tal que su sentido sea religioso. Pero al hereje, aunque use términos escriturísticos, por ser igualmente peligroso y depravado, se le preguntará con las palabras del Espíritu: "¿Por qué publicas mis leyes y tomas mi pacto en tu boca?" []. Así, pues, mientras el diablo, aunque habla desde las Escrituras, es silenciado por el Salvador, el bienaventurado Pablo, aunque habla de escritores profanos —"Los cretenses son siempre mentirosos", "Porque somos linaje suyo", "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres"—, tiene sin embargo un sentido religioso, siendo santo —es "doctor de los gentiles, en fe y verdad", teniendo "la mente de Cristo" []—, y lo que habla lo dice religiosamente. ¿Qué hay, pues, siquiera plausible en los términos arrianos, en los que la "oruga" [] y la "langosta" son preferidas al Salvador, y Él es injuriado con "Una vez tú no eras", "Fuiste creado" y "Eres ajeno a Dios en esencia" y, en una palabra, no hay irreverencia que entre ellos no se use? Pero ¿qué omitieron los Padres en cuanto a reverencia? ¿O, más bien, no tienen una visión elevada y una religiosidad amante de Cristo? Y sin embargo, de éstos escribieron: "Los rechazamos"; mientras soportan aquellas otras en sus insultos contra el Señor, y delatan ante todos los hombres que por ninguna otra causa resisten a aquel gran Concilio sino porque condenó la herejía arriana. Pues también por esto hablan contra el término consustancial, sobre el cual abrigan asimismo sentimientos erróneos. Porque si su fe fuera recta, y confesaran al Padre como verdaderamente Padre, creyeran que el Hijo es Hijo genuino y por naturaleza verdadero Verbo y Sabiduría del Padre, y en cuanto a decir que el Hijo es "de Dios", si no usaran las palabras de Él como de sí mismos, sino que lo entendieran como la prole propia de la esencia del Padre, como el resplandor lo es de la luz, no habrían hallado falta, ni uno solo de ellos, en los Padres; sino que habrían estado seguros de que el Concilio escribió convenientemente y de que ésta es la fe recta acerca de nuestro Señor Jesucristo.

    § 40

    40. "Pero", dicen ellos, "el sentido de tales expresiones nos resulta oscuro"; pues éste es otro de sus pretextos: "Las rechazamos", dicen, "porque no podemos dominar su significado". Pero si fueran veraces en esta declaración, en lugar de decir "Las rechazamos", deberían pedir instrucción a los bien informados; de lo contrario, deberían rechazar todo lo que no pueden entender en la divina Escritura y hallar falta en los escritores. Pero esto sería empresa de herejes más que de nosotros los cristianos; porque lo que no entendemos en los sagrados oráculos, en lugar de rechazarlo, lo buscamos en personas a quienes el Señor lo ha revelado, y a ellas pedimos instrucción. Pero ya que así pretextan la oscuridad de tales expresiones, que al menos confiesen lo que está anejo al Credo, y anatematicen a quienes sostienen que "el Hijo es de la nada", "Él no era antes de su generación", "el Verbo de Dios es una criatura y obra", "Él es mudable por naturaleza" y "de otra subsistencia"; y, en una palabra, que anatematicen la herejía arriana, que ha originado tal impiedad. Y no digan más "Rechazamos los términos", sino "todavía no los entendemos"; para tener así alguna razón que mostrar para rechazarlos. Pero bien sé, y estoy seguro, y ellos lo saben también, que si pudieran confesar todo esto y anatematizar la herejía arriana, ya no negarían aquellos términos del Concilio. Pues por esto fue por lo que los Padres, después de declarar que el Hijo fue engendrado de la esencia del Padre y consustancial con Él, añadieron a continuación: "Pero a los que dicen" —lo que se acaba de citar, los símbolos de la herejía arriana— "los anatematizamos"; quiero decir, para mostrar que las declaraciones son paralelas, y que los términos del Credo implican las renuncias que se añaden, y que todos los que confiesen los términos ciertamente entenderán las renuncias. Pero quienes a la vez disienten de estas últimas y atacan los primeros, tales hombres quedan demostrados por todos lados como enemigos de Cristo.

    Para los que solo dudan de «consustancial» (§§ 41–54)

    § 41

    41. Los que niegan del todo el Concilio quedan suficientemente refutados por estas breves observaciones; pero los que aceptan todo lo demás que se definió en Nicea, y sólo dudan acerca de lo consustancial, no deben ser tratados como enemigos; ni los atacamos aquí como ariomaníacos, ni como adversarios de los Padres, sino que discutimos el asunto con ellos como hermanos con hermanos, que piensan lo que nosotros, y disputan sólo acerca de la palabra. Pues confesando que el Hijo es de la esencia del Padre, y no de otra subsistencia, y que no es criatura ni obra, sino su prole genuina y natural, y que está eternamente con el Padre como siendo su Verbo y Sabiduría, no están lejos de aceptar incluso la frase "consustancial". Tal es Basilio, que escribió desde Ancira acerca de la fe. Pues decir sólo "semejante según la esencia" dista mucho de significar "de la esencia", con lo cual más bien, como ellos mismos dicen, se significa la condición genuina del Hijo respecto del Padre. Así, el estaño es sólo semejante a la plata, el lobo al perro, y el bronce dorado al metal verdadero; pero el estaño no procede de la plata, ni el lobo puede contarse por prole del perro. Mas ya que ellos dicen que Él es "de la esencia" y "semejante en esencia", ¿qué significan con esto sino "consustancial"? Pues, mientras decir sólo "semejante en esencia" no conlleva necesariamente "de la esencia", al contrario, decir "consustancial" es significar el sentido de ambos términos: "semejante en esencia" y "de la esencia". Y en consecuencia, ellos mismos, en controversia con quienes dicen que el Verbo es una criatura, en lugar de conceder que Él sea Hijo genuino, han tomado sus pruebas contra ellos de ilustraciones humanas de hijo y padre, con esta excepción: que Dios no es como el hombre, ni la generación del Hijo como emanación del hombre, sino tal como puede atribuirse a Dios y nos conviene pensar. Así han llamado al Padre Fuente de Sabiduría y Vida, y al Hijo Resplandor de la Luz Eterna, y Prole de la Fuente, como Él dice: "Yo soy la Vida", y "Yo, la Sabiduría, habito con la Prudencia" []. Pero el Resplandor de la Luz, y la Prole de la Fuente, y el Hijo del Padre, ¿cómo pueden expresarse tan convenientemente como con "consustancial"? ¿Y hay motivo de temor de que, porque las proles de los hombres son consustanciales, el Hijo, al ser llamado consustancial, sea considerado también Él como prole humana? ¡Perezca el pensamiento! No es así; la explicación es fácil. Porque el Hijo es el Verbo y la Sabiduría del Padre; de donde aprendemos la impasibilidad e indivisibilidad de tal generación procedente del Padre. Pues ni siquiera la palabra del hombre es parte de él, ni procede de él según pasión; mucho menos el Verbo de Dios, a quien el Padre ha declarado ser su propio Hijo, para que, por otra parte, si oyéramos sólo "Verbo", no lo supusiéramos tal como es la palabra del hombre, impersonal; sino para que, oyendo que es Hijo, lo reconozcamos como Verbo vivo y Sabiduría sustantiva.
    Comentario editorial · Basilio de Ancira y las etiquetas
    «Tal es Basilio, que escribió desde Ancira»: Atanasio alude al sínodo de Ancira (358), cuya carta, según el NPNF, defendía la «semejanza esencial» del Hijo y traía dieciocho anatemas contra Marcelo y los anomeos (Wikipedia dice diecinueve). Basilio encabeza a quienes Epifanio llamó «semiarrianos». El NPNF solo acepta el nombre, «posiblemente engañoso», para esta generación de «conservadores» de los años 350, y lo desaconseja para los eusebianos de antes; Wikipedia reproduce el juicio de un historiador moderno según el cual es inmerecido. Hoy se les llama «homeusianos», aunque homoioúsios apenas aparece en los textos de Basilio. Atanasio los trata aquí como «hermanos» que solo discuten una palabra. Tampoco «arrianos», como llama a los homeos, es neutral: según Wikipedia (que cita a P. Heather), fue un modo de asociarlos con Arrio.

    § 42

    42. En consecuencia, así como al decir "prole" no tenemos pensamientos humanos, y, aunque sepamos que Dios es Padre, no concebimos ideas materiales acerca de Él, sino que, mientras escuchamos estas ilustraciones y términos, pensamos de Dios convenientemente, pues Él no es como el hombre, del mismo modo, cuando oímos "consustancial", debemos trascender todo sentido y, según el Proverbio, "entiende con el entendimiento lo que se te pone delante" [], para saber que, no por voluntad, sino en verdad, es Él genuino del Padre, como Vida de la Fuente y Resplandor de la Luz. De lo contrario, ¿por qué entenderíamos "prole" e "hijo" de manera no corporal, mientras concebimos "consustancial" al modo de los cuerpos? Especialmente porque estas expresiones no se usan aquí acerca de sujetos distintos, sino que de Aquel de quien se predica "prole", de Él se predica también "consustancial". Y es sólo coherente atribuir el mismo sentido a ambas expresiones aplicadas al Salvador, y no interpretar "prole" en buen sentido y "consustancial" de otro modo; ya que, para ser coherentes, vosotros, que así pensáis y que decís que el Hijo es Verbo y Sabiduría del Padre, deberíais tener una visión distinta también de estos términos, y entender "Verbo" en otro sentido, y "Sabiduría" en otro aún. Pero como esto sería absurdo (pues el Hijo es el Verbo y la Sabiduría del Padre, y la Prole del Padre es una y propia de su esencia), así el sentido de "Prole" y "Consustancial" es uno, y quien considera al Hijo como prole, con razón lo considera también "consustancial".

    § 43

    43. Esto basta para mostrar que el sentir de los amados no es ajeno ni lejano del "consustancial". Pero ya que, según alegan (pues no tengo la Epístola en cuestión), los obispos que condenaron al samosatense han dicho por escrito que el Hijo no es consustancial con el Padre, y así sucede que ellos, por cautela y honor hacia quienes así han hablado, sienten de ese modo acerca de tal expresión, será pertinente argumentar también con ellos este punto con cautela. Ciertamente, no es decoroso poner a unos en conflicto con los otros; porque todos son padres; ni es religioso sentenciar que éstos hablaron bien y aquéllos mal; porque todos ellos durmieron en Cristo. Ni es justo ser disputadores y comparar los números respectivos de quienes se reunieron en los Concilios, no sea que los trescientos parezcan oscurecer a los menos; ni comparar las fechas, no sea que quienes precedieron parezcan eclipsar a los que vinieron después. Pues todos, digo, son padres; y sin embargo, ni siquiera los trescientos establecieron nada nuevo, ni fue por confianza en sí mismos por lo que se hicieron campeones de palabras no contenidas en la Escritura, sino que recurrieron a los padres, como hicieron los otros, y usaron sus palabras. Pues ha habido dos del nombre de Dionisio, mucho más antiguos que los setenta que depusieron al samosatense, de los cuales uno era de Roma y el otro de Alejandría. Pero algunas personas habían presentado una acusación contra el obispo de Alejandría ante el obispo de Roma, como si hubiera dicho que el Hijo fue hecho y no era consustancial con el Padre. E, indignado el sínodo de Roma, el obispo de Roma expresó el parecer unánime de ellos en una carta a su homónimo. Y así éste, en defensa, escribió un libro con el título "De la Refutación y Defensa", y así escribe al otro:
    Texto de la fuenteDionisio de Alejandría · Carta a Dionisio de Roma (citada por Atanasio) · § 44, Dionisio
    44. Y escribí en otra carta una refutación de la falsa acusación que presentan contra mí, de que niego que Cristo sea consustancial con Dios. Pues aunque digo que no he hallado ni leído este término en ninguna parte de la sagrada Escritura, sin embargo mis observaciones que siguen, y que ellos no han notado, no son incompatibles con esa creencia. Porque puse como ejemplo una producción humana, evidentemente homogénea, y observé que innegablemente los padres diferían de sus hijos sólo en no ser los mismos individuos; de otro modo no podrían existir ni padres ni hijos. Y mi carta, como dije antes, debido a las presentes circunstancias, no puedo presentarla; de lo contrario os habría enviado las palabras mismas que usé, o más bien una copia de toda ella; lo cual, si tengo oportunidad, haré aún. Pero estoy seguro, por recuerdo, de que aduje muchos paralelos de cosas afines entre sí; por ejemplo, que una planta nacida de semilla o de raíz era otra que aquella de la cual brotaba, y sin embargo totalmente una en naturaleza con ella; y que una corriente que mana de una fuente cambiaba su apariencia y su nombre, porque ni la fuente era llamada corriente, ni la corriente fuente, sino que ambas existían, y que la fuente era, por así decirlo, padre, pero la corriente era lo engendrado de la fuente.

    § 45

    45. Así el obispo. Si, pues, alguien halla falta en los que se reunieron en Nicea, como si hubieran contradicho las decisiones de sus predecesores, razonablemente podría hallar falta también en los setenta, porque no se atuvieron a las declaraciones de sus propios predecesores; pero tales fueron los Dionisios y los obispos reunidos en aquella ocasión en Roma. Pero ni a éstos ni a aquéllos es piadoso culpar; porque todos fueron encargados de la embajada de Cristo, y todos se esforzaron contra los herejes, y un partido condenó al samosatense, mientras el otro condenó la herejía arriana. Y con razón han escrito tanto éstos como aquéllos, y de manera adecuada al asunto en cuestión. Y como el bienaventurado Apóstol, escribiendo a los romanos, dijo: "La Ley es espiritual, la Ley es santa, y el mandamiento santo y justo y bueno" []; y poco después, "Lo que la Ley no podía hacer, por cuanto era débil" [], pero escribió a los hebreos: "La Ley no hizo perfecto a nadie" []; y a los gálatas: "Por la Ley nadie se justifica" [, pero a Timoteo: "La Ley es buena, si uno la usa legítimamente" 1 Timoteo 1:8]; y nadie acusaría al Santo de incoherencia y variación al escribir, sino que más bien admiraría cuán adecuadamente escribió a cada uno, para enseñar a los romanos y a los demás a pasar de la letra al espíritu, pero para instruir a los hebreos y a los gálatas a poner sus esperanzas, no en la Ley, sino en el Señor que había dado la Ley; así, si los Padres de los dos Concilios hicieron mención distinta de lo consustancial, no debemos en ningún aspecto diferir de ellos, sino investigar su sentido, y esto nos mostrará plenamente el acuerdo de ambos Concilios. Pues los que depusieron al samosatense tomaron lo consustancial en sentido corporal, porque Pablo había intentado sofisma y dijo: "A menos que Cristo se haya hecho Dios de hombre, se sigue que Él es consustancial con el Padre; y si es así, necesariamente hay tres esencias: una, la esencia anterior, y las otras dos de ella"; y por tanto, guardándose de esto, dijeron con buena razón que Cristo no era consustancial. Pues el Hijo no está relacionado con el Padre como él imaginó. Pero los obispos que anatematizaron la herejía arriana, comprendiendo el artificio de Pablo, y reflexionando que la palabra "consustancial" no tiene este sentido cuando se usa de cosas inmateriales, y especialmente de Dios, y reconociendo que el Verbo no era criatura, sino prole de la esencia, y que la esencia del Padre era el origen, la raíz y la fuente del Hijo, y que Él era en verdad misma semejanza de su Padre, y no de naturaleza distinta, como nosotros, y separado del Padre, sino que, como procedente de Él, existe como Hijo indivisible, como el resplandor respecto de la Luz, y conociendo también las ilustraciones usadas en el caso de Dionisio, la "fuente", y la defensa de "consustancial", y antes de esto las palabras del Salvador, simbólicas de la unidad: "Yo y el Padre somos uno" y "el que me ha visto a mí ha visto al Padre" [], sobre estos fundamentos afirmaron razonablemente, por su parte, que el Hijo era consustancial. Y así como, según una observación anterior, nadie culparía al Apóstol si escribió a los romanos acerca de la Ley de un modo y a los hebreos de otro, del mismo modo, ni los obispos actuales hallarían falta en los antiguos, teniendo en cuenta la interpretación de éstos, ni, a su vez, en vista de la de aquéllos y de la necesidad de que así escribieran acerca del Señor, censurarían los antiguos a sus sucesores. Sí, ciertamente, cada Concilio tiene razón suficiente para su propio lenguaje; pues ya que el samosatense sostenía que el Hijo no era antes de María, sino que recibió de ella el origen de su ser, por eso los que entonces se reunieron lo depusieron y lo declararon hereje; pero, escribiendo con sencillez acerca de la divinidad del Hijo, no alcanzaron precisión en cuanto a lo consustancial, sino que, tal como entendieron la palabra, así hablaron de ella. Pues dirigieron todos sus pensamientos a destruir el artificio del samosatense y a mostrar que el Hijo era antes de todas las cosas, y que, en lugar de hacerse Dios desde hombre, Él, siendo Dios, se revistió de forma de siervo, y siendo Verbo, se hizo carne, como dice Juan []. Así trataron las blasfemias de Pablo; pero cuando Eusebio, Arrio y los suyos dijeron que, aunque el Hijo era antes del tiempo, sin embargo fue hecho y es una de las criaturas, y en cuanto a la frase "de Dios", no la creían en el sentido de que Él fuera Hijo genuino del Padre, sino que la mantenían como se dice de las criaturas, y en cuanto a la unidad de semejanza entre el Hijo y el Padre, no confesaban que el Hijo sea semejante al Padre según la esencia, o según la naturaleza, como un hijo se asemeja a su padre, sino por su concordancia de doctrinas y de enseñanza; es más, cuando trazaron una línea y una distinción total entre la esencia del Hijo y la del Padre, atribuyéndole un origen de ser distinto del Padre y degradándolo a las criaturas, por esto los obispos reunidos en Nicea, atendiendo al artificio de quienes así pensaban, y reuniendo el sentido de las Escrituras, aclararon el punto afirmando el "consustancial"; para que con ello se conociera la verdadera condición genuina del Hijo, y para que a las cosas originadas no se atribuyera nada en común con Él. Pues la precisión de esta frase descubre su pretexto, siempre que usan la frase "de Dios", y elimina todas las sutilezas con que seducen a los simples. Pues mientras maquinan poner una construcción sofística a todas las demás palabras a su antojo, sólo esta frase, como descubridora de su herejía, es la que temen; la cual los Padres pusieron como baluarte contra sus nociones impías, todas y cada una.
    Comentario editorial · Pablo de Samosata y el rechazo de «consustancial»
    Los adversarios de Nicea alegaban que el concilio de Antioquía que depuso a Pablo de Samosata, obispo de la ciudad, había rechazado «consustancial». Atanasio no lo niega: lo explica. Según él, Pablo argüía que, si Cristo no se hizo Dios desde hombre, sería consustancial con el Padre y habría tres esencias, y los obispos rechazaron la palabra en ese sentido material (§ 45). Hilario de Poitiers contaba lo contrario: que Pablo la usó mal. El NPNF tiene por cierto el rechazo y señala que no se conserva el documento. Fechas: Atanasio habla de «los setenta»; Wikipedia fecha el sínodo en 269 (y el episcopado de Pablo hasta 268); el NPNF cuenta tres concilios (264, 269 y uno intermedio). Sobre los dos Dionisios del § 43, véase la nota de la Defensa de la definición nicena.

    § 46

    46. Cese, pues, toda contienda, y ya no contendamos más, aunque los Concilios hayan tomado de manera distinta la frase "consustancial", pues ya hemos asignado una defensa suficiente de ellos; y a ella puede añadirse lo siguiente: No hemos tomado de la Escritura la palabra "ingénito" (pues en ninguna parte llama la Escritura a Dios ingénito); sin embargo, ya que tiene muchas autoridades a su favor, me dio curiosidad acerca del término, y hallé que también él tiene sentidos distintos. Algunos, por ejemplo, llaman ingénito a lo que es, pero ni es engendrado ni tiene causa personal alguna; y otros, a lo increado. Así, pues, como una persona que tenga a la vista el primero de estos sentidos, a saber, "aquello que no tiene causa personal", podría decir que el Hijo no era ingénito, y sin embargo no culparía a quien percibiera que tiene a la vista el otro significado, "no una obra o criatura, sino una prole eterna", y que afirmara en consecuencia que el Hijo era ingénito (pues ambos hablan adecuadamente con miras a su propio objeto); así, aun concediendo que los Padres hayan hablado variadamente acerca de lo consustancial, no disputemos sobre ello, sino tomemos lo que nos entregan de manera religiosa, especialmente cuando su solicitud estuvo dirigida en favor de la religión.

    § 47

    47. Ignacio, por ejemplo, que fue nombrado obispo en Antioquía después de los Apóstoles y llegó a ser mártir de Cristo, escribe acerca del Señor así: "Hay un solo médico, carnal y espiritual, originado e ingénito, Dios en hombre, vida verdadera en muerte, procedente de María y de Dios"; mientras que algunos maestros que siguieron a Ignacio escriben a su vez: "Uno es el Ingénito, el Padre, y uno el Hijo genuino de Él, prole verdadera, Verbo y Sabiduría del Padre". Si, por tanto, tenemos sentimientos hostiles hacia estos escritores, entonces tenemos derecho a disputar con los Concilios; pero si, conociendo su fe en Cristo, estamos persuadidos de que el bienaventurado Ignacio tuvo razón al escribir que Cristo era originado a causa de la carne (pues se hizo carne), y sin embargo ingénito, porque no está en el número de las cosas hechas y originadas, sino que es Hijo del Padre; y si sabemos también que quienes han dicho que el Ingénito es Uno, refiriéndose al Padre, no quisieron establecer que el Verbo fuera originado y hecho, sino que el Padre no tiene causa personal, sino que más bien es Él mismo Padre de la Sabiduría, y en la Sabiduría ha hecho todas las cosas que son originadas; ¿por qué no combinamos a todos nuestros Padres en una fe religiosa, tanto a los que depusieron al samosatense como a los que proscribieron la herejía arriana, en lugar de hacer distinciones entre ellos y negarnos a tener una opinión recta de ellos? Repito que aquéllos, en vista de la explicación sofística del samosatense, escribieron: "Él no es consustancial"; y éstos, con un sentido apropiado, dijeron que lo era. Por mi parte, he escrito estas breves observaciones por mi afecto hacia personas religiosas para con Cristo; pero si fuera posible obtener la Epístola que, según se nos dice, escribieron los primeros, considero que hallaríamos más fundamentos para el proceder antedicho de aquellos bienaventurados varones. Porque es justo y conveniente sentir así, y mantener buena conciencia hacia los Padres, si no somos hijos espurios, sino que hemos recibido de ellos las tradiciones y las lecciones de religión de sus manos.

    § 48

    48. Siendo éste, pues, como confesamos y creemos, el sentir de los Padres, procedamos, en su compañía, a examinar una vez más el asunto, con calma y con benévola simpatía, en referencia a lo antes dicho, a saber: si los obispos reunidos en Nicea no demuestran realmente haber pensado rectamente. Porque si el Verbo fuera una obra y ajeno a la esencia del Padre, de modo que estuviera separado del Padre por la diferencia de naturaleza, no podría ser uno en esencia con Él, sino que sería más bien homogéneo por naturaleza con las obras, aunque las superara en gracia. Por otra parte, si confesamos que Él no es una obra, sino la prole genuina de la esencia del Padre, se seguiría que es inseparable del Padre, siendo connatural, porque es engendrado de Él. Y siendo tal, con buena razón ha de ser llamado consustancial. Además, si el Hijo no es tal por participación, sino que en su esencia es el Verbo y la Sabiduría del Padre, y esta esencia es la prole de la esencia del Padre, y su semejanza como el resplandor lo es de la luz, y el Hijo dice: "Yo y el Padre somos uno", y "el que me ha visto a mí ha visto al Padre" [], ¿cómo debemos entender estas palabras? ¿O cómo las explicaremos de modo que preservemos la unidad del Padre y del Hijo? Ahora bien, en cuanto a que esa unidad consista en concordancia de doctrinas, y en que el Hijo no discrepe del Padre, como dicen los arrianos, tal interpretación es lamentable; pues tanto los santos, y más aún los ángeles y arcángeles, tienen tal concordancia con Dios, y no hay discordia entre ellos. Porque el que discrepó, el diablo, fue visto caer del cielo, como dijo el Señor. Por tanto, si en virtud de la concordancia el Padre y el Hijo son uno, habría cosas originadas que tendrían esa concordancia con Dios, y cada una de ellas podría decir: "Yo y el Padre somos uno". Pero si esto es absurdo, y verdaderamente lo es, se sigue por necesidad que debemos concebir la unidad del Hijo y del Padre al modo de la esencia. Pues las cosas originadas, aunque tienen concordancia con su Hacedor, la poseen sólo por influencia, por participación y mediante la mente; cuya transgresión hace perder el cielo. Pero el Hijo, siendo prole de la esencia, es uno por esencia, Él mismo y el Padre que lo engendró.

    § 49

    49. Por esto Él tiene igualdad con el Padre por títulos expresivos de unidad, y lo que se dice del Padre, se dice en la Escritura también del Hijo, salvo el ser llamado Padre. Pues el Hijo mismo dijo: "Todo lo que tiene el Padre es mío" []; y dice al Padre: "Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo es mío" [] —por ejemplo, el nombre Dios, pues "el Verbo era Dios";— Todopoderoso, "Así dice el que es, y que era, y que ha de venir, el Todopoderoso" [];— el ser Luz, "Yo soy", dice, "la Luz" [];— la Causa Operativa, "Todas las cosas fueron hechas por Él", y "todo lo que veo hacer al Padre, lo hago también yo" [];— el ser Eterno, "Su eterno poder y divinidad", y "En el principio era el Verbo", y "Él era la Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene al mundo";— el ser Señor, pues "el Señor hizo llover fuego y azufre de parte del Señor", y el Padre dice: "Yo soy el Señor", y "Así dice el Señor, el Dios Todopoderoso"; y del Hijo habla Pablo así: "Un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas" []. Y al Padre sirven los ángeles, y también el Hijo es adorado por ellos: "Y adórenlo todos los ángeles de Dios"; y se dice que es Señor de los ángeles, pues "los ángeles le servían", y "el Hijo del Hombre enviará sus ángeles". El ser honrado como el Padre, pues "para que honren al Hijo", dice, "como honran al Padre";— ser igual a Dios, "no estimó como botín el ser igual a Dios" [];— el ser Verdad del Verdadero, y Vida del Viviente, como siendo verdaderamente de la Fuente, es decir, del Padre;— el vivificar y resucitar a los muertos como el Padre, pues así está escrito en el Evangelio. Y del Padre está escrito: "El Señor tu Dios es un solo Señor", y "El Dios de los dioses, el Señor, ha hablado y ha llamado a la tierra"; y del Hijo: "El Señor Dios ha resplandecido sobre nosotros", y "El Dios de los dioses será visto en Sión". Y de nuevo, de Dios dice Isaías: "¿Qué Dios hay como Tú, que quitas las iniquidades y pasas por alto la injusticia?" [Deuteronomio 6:4; Salmo 50:1; 118:27; 84:7 (Septuaginta); Miqueas 7:18]. Pero el Hijo decía a quien quería: "Tus pecados te son perdonados"; por ejemplo, cuando, murmurando los judíos, manifestó la remisión con su acto, diciendo al paralítico: "Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa". Y de Dios dice Pablo: "Al Rey eterno"; y del Hijo, David en el Salmo: "Alzad vuestras puertas, oh gobernantes, y alzaos, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria". Y Daniel oyó decir: "Su reino es un reino eterno, y su reino no será destruido" []. Y, en una palabra, todo lo que halléis dicho del Padre, tanto hallaréis dicho del Hijo, salvo el ser Padre, como se ha dicho.

    § 50

    50. Si, pues, alguno piensa en otro principio y en otro Padre, considerando la igualdad de estos atributos, es un pensamiento loco. Pero si, ya que el Hijo es del Padre, todo lo del Padre es del Hijo como en una imagen y Expresión, considérese desapasionadamente si una esencia ajena a la esencia del Padre admite tales atributos; y si alguien tal es otro en naturaleza y ajeno en esencia, y no consustancial con el Padre. Pues hemos de tener reverente cuidado, no sea que, transfiriendo lo propio del Padre a lo que es desemejante a Él en esencia, y expresando la divinidad del Padre por lo que es desemejante en género y ajeno en esencia, introduzcamos otra esencia ajena a Él, pero capaz de las propiedades de la primera esencia, y no sea que seamos silenciados por Dios mismo, que dice: "Mi gloria no daré a otro", y se descubra que adoramos a este Dios ajeno, y seamos tenidos por tales como fueron los judíos de aquel día, que dijeron: "¿Por qué tú, siendo hombre, te haces Dios?", atribuyendo, entretanto, a otra fuente las cosas del Espíritu, y diciendo blasfemamente: "Por Beelzebú echa fuera los demonios" []. Pero si esto es chocante, claramente el Hijo no es desemejante en esencia, sino consustancial con el Padre; pues si lo que el Padre tiene es por naturaleza del Hijo, y el Hijo mismo es del Padre, y a causa de esta unidad de divinidad y de naturaleza Él y el Padre son uno, y el que ha visto al Hijo ha visto al Padre, razonablemente es llamado por los Padres "consustancial"; porque a lo que es otro en esencia no le corresponde poseer tales prerrogativas.

    § 51

    51. Y además, si, como hemos dicho antes, el Hijo no es tal por participación, sino que, mientras todas las cosas originadas tienen por participación la gracia de Dios, Él es la Sabiduría y el Verbo del Padre, del cual todas las cosas participan, se sigue que Él, siendo el poder deificante e iluminador del Padre, en el cual todas las cosas son deificadas y vivificadas, no es ajeno en esencia del Padre, sino consustancial. Pues al participar de Él, participamos del Padre; porque el Verbo es propio del Padre. Por lo cual, si Él mismo fuera también por participación, y no tuviera del Padre su divinidad e Imagen esenciales, no deificaría, siendo Él mismo deificado. Pues no es posible que quien posee meramente por participación imparta de esa participación a otros, ya que lo que tiene no es suyo propio, sino del Dador; y lo que ha recibido es apenas la gracia suficiente para sí mismo. Con todo, examinemos con justicia la razón por la que algunos, según se dice, rechazan lo "consustancial", y veamos si no muestra más bien que el Hijo es consustancial con el Padre. Dicen, pues, como habéis escrito, que no es justo decir que el Hijo es consustancial con el Padre, porque quien habla de "consustancial" habla de tres, de una esencia preexistente, y de que los engendrados de ella son consustanciales; y añaden: "Si, pues, el Hijo es consustancial con el Padre, entonces debe suponerse una esencia previa, de la cual han sido engendrados; y el Uno no es Padre y el Otro Hijo, sino que son hermanos juntos". En cuanto a todo esto, aunque sea una interpretación griega, y lo que de ellos proviene no nos obliga, veamos, no obstante, si las cosas llamadas consustanciales y colaterales, por derivar de una esencia presupuesta, son consustanciales entre sí o con la esencia de la cual son engendradas. Pues si sólo entre sí, entonces son otros en esencia y desemejantes, cuando se refieren a aquella esencia que los engendró; porque ser otro en esencia se opone a lo consustancial; pero si cada uno es consustancial con la esencia que lo engendró, con ello se confiesa que lo engendrado de algo es consustancial con aquello que lo engendró; y no hay necesidad de buscar tres esencias, sino meramente de indagar si es verdad que esto proviene de aquello. Pues si sucediera que no hubiera dos hermanos, sino que sólo uno hubiera provenido de aquella esencia, el engendrado no sería llamado ajeno en esencia meramente porque no hubiera otro de la esencia sino él; sino que, aun estando solo, debe ser consustancial con quien lo engendró. Porque ¿qué diremos de la hija de Jefté? Por ser unigénita, y "no tenía", dice la Escritura, "otro hijo" []; y además, del hijo de la viuda a quien el Señor resucitó de entre los muertos, porque también él no tenía hermano, sino que era unigénito, ¿acaso por eso ninguno de ellos era consustancial con quien lo engendró? Ciertamente lo eran, pues eran hijos, y ésta es una propiedad de los hijos con referencia a sus padres. Y del mismo modo, cuando los Padres dijeron que el Hijo de Dios era de su esencia, razonablemente hablaron de Él como consustancial. Pues la misma propiedad tiene el resplandor comparado con la luz. De lo contrario se sigue que ni siquiera la creación provino de la nada. Pues así como los hombres engendran con pasión, del mismo modo trabajan sobre una materia ya existente, y de otro modo no pueden hacer. Pero si no entendemos la creación de manera humana cuando la atribuimos a Dios, mucho menos decoroso es entender la generación de manera humana, o dar un sentido corporal a lo consustancial; en lugar de apartarnos de las cosas originadas, desechando las imágenes humanas, es más, todas las cosas sensibles, y ascendiendo al Padre, no sea que privemos al Padre del Hijo por ignorancia, y lo contemos entre sus propias criaturas.

    § 52

    52. Además, si, al confesar al Padre y al Hijo, habláramos de dos principios o de dos dioses, como Marción y Valentín, o dijéramos que el Hijo tiene cualquier otro modo de divinidad, y que no es la Imagen y Expresión del Padre, como nacido por naturaleza de Él, entonces podría considerarse desemejante; porque tales esencias son del todo desemejantes entre sí. Pero si reconocemos que la divinidad del Padre es una y única, y que de Él el Hijo es el Verbo y la Sabiduría; y, creyendo así, estamos lejos de hablar de dos dioses, sino que entendemos que la unidad del Hijo con el Padre no está en la semejanza de su enseñanza, sino según la esencia y en verdad, y por tanto no hablamos de dos dioses, sino de un solo Dios; no habiendo sino una Forma de la divinidad, como la Luz es una y el Resplandor (pues esto fue visto por el patriarca Jacob, como dice la Escritura: "El sol salió sobre él cuando pasaba la Forma de Dios" [, Septuaginta]); y, contemplando esto, y entendiendo de quién era Hijo e Imagen, los santos Profetas dicen: "La palabra del Señor vino a mí"; y reconociendo al Padre, que era contemplado y revelado en Él, se atrevieron a decir: "El Dios de nuestros padres se me ha aparecido, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" []; siendo esto así, ¿por qué tenemos escrúpulo de llamarlo consustancial, a Él, que es uno con el Padre, y aparece como aparece el Padre, según la semejanza y unidad de divinidad? Porque si, como se ha dicho muchas veces, no le corresponde ser propio de la esencia del Padre, ni asemejarse como Hijo, bien podemos tener escrúpulo; pero si Él es el Poder iluminador y creador, especialmente propio del Padre, sin el cual Él ni forma ni es conocido (porque todas las cosas consisten por Él y en Él), ¿por qué, percibiendo el hecho, rehusamos usar la frase que lo expresa? Pues ¿qué es ser así connatural con el Padre, sino ser uno en esencia con Él? Porque Dios no le añadió el Hijo desde fuera, como si necesitara un siervo; ni las obras están al nivel del Creador, ni son honradas como Él, ni han de ser pensadas como una con el Padre. O atrévase alguien a hacer la distinción de que el sol y el resplandor son dos luces, o esencias diferentes; o a decir que el resplandor se le añadió de modo sobreañadido, y no es una prole simple y pura del sol; de modo que sol y resplandor son dos, pero la luz una, porque el resplandor es prole del Sol. Pero, siendo la naturaleza del Hijo respecto del Padre no más divisible, antes menos divisible, y no añadiéndose la divinidad al Hijo, sino estando la divinidad del Padre en el Hijo, de modo que el que ha visto al Hijo ha visto al Padre en Él; ¿por qué no habría de ser llamado consustancial tal Hijo?

    § 53

    53. Incluso esto basta para disuadiros de culpar a quienes han dicho que el Hijo era consustancial con el Padre; y, no obstante, examinemos el término mismo "consustancial", en sí, para ver si debemos usarlo en absoluto, y si es un término propio y adecuado para aplicarlo al Hijo. Pues vosotros mismos sabéis, y nadie puede negarlo, que lo semejante no se predica de la esencia, sino de los hábitos y las cualidades; porque en el caso de las esencias hablamos, no de semejanza, sino de identidad. El hombre, por ejemplo, se dice semejante al hombre, no en esencia, sino según el hábito y el carácter; pues en esencia los hombres son de una misma naturaleza. Y además, no se dice que el hombre sea desemejante al perro, sino que es de naturaleza distinta. En consecuencia, mientras los primeros son de una misma naturaleza y consustanciales, los segundos son distintos en ambas cosas. Por tanto, al hablar de semejanza según la esencia, entendemos lo semejante por participación (pues la semejanza es una cualidad que puede adherirse a la esencia), y esto sería propio de las criaturas, pues ellas, participando, son hechas semejantes a Dios. Porque "cuando Él se manifieste", dice la Escritura, "seremos semejantes a Él" []; semejantes, es decir, no en esencia, sino en filiación, la cual participaremos de Él. Si, pues, habláis del Hijo como siendo por participación, entonces llamadlo ciertamente semejante en esencia; pero así hablando, Él no es Verdad, ni Luz en absoluto, ni Dios por naturaleza. Porque las cosas que provienen de participación son llamadas semejantes, no en realidad, sino por semejanza con la realidad; de modo que pueden desviarse o ser quitadas de quienes participan de ellas. Y esto, además, es propio de criaturas y obras. Por tanto, si esto está fuera de lugar, Él debe ser, no por participación, sino por naturaleza y verdad, Hijo, Luz, Sabiduría, Dios; y siendo por naturaleza, y no por participación, propiamente sería llamado, no semejante en esencia, sino consustancial. Pero lo que no se afirmaría, ni siquiera en el caso de otros (pues se ha mostrado que la semejanza es inaplicable a las esencias), ¿no es locura, por no decir violencia, proponerlo en el caso del Hijo, en lugar de lo "consustancial"?

    § 54

    54. Por esto el Concilio de Nicea fue correcto al escribir, lo que era conveniente decir, que el Hijo, engendrado de la esencia del Padre, es consustancial con Él. Y si también nosotros hemos sido enseñados en lo mismo, no luchemos con sombras, especialmente sabiendo que quienes así definieron hicieron esta confesión de fe, no para falsear la verdad, sino para vindicar la verdad y la religiosidad hacia Cristo, y también para destruir las blasfemias contra Él de los ariomaníacos. Pues esto ha de considerarse y notarse cuidadosamente: que, al usar "desemejante en esencia" y "otro en esencia", no significamos al verdadero Hijo, sino a alguna de las criaturas, y a un hijo introducido y adoptivo, lo cual agrada a los herejes; pero cuando hablamos sin controversia de lo consustancial, significamos un Hijo genuino nacido del Padre; aunque ante esto los enemigos de Cristo a menudo revientan de rabia. Lo que yo mismo he aprendido, y he oído decir a hombres de juicio, lo he escrito en pocas palabras; pero vosotros, permaneciendo sobre el fundamento de los Apóstoles y guardando firmes las tradiciones de los Padres, orad para que al fin cesen toda contienda y rivalidad, y sean condenadas las cuestiones fútiles de los herejes, y toda logomaquia; y desaparezca la culpable y asesina herejía de los arrianos, y la verdad brille de nuevo en los corazones de todos, para que todos en todas partes "digan lo mismo" [] y piensen lo mismo, y para que, no quedando contumelias arrianas, se diga y confiese en toda Iglesia: "Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" [], en Cristo Jesús nuestro Señor, por quien al Padre sean la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.

    Posdata

    § 55

    55. Después de haber escrito mi relato de los Concilios, tuve noticia de que el irreligiosísimo Constancio había enviado cartas a los obispos que permanecían en Rímini; y me he esforzado por conseguir copias de ellas de hermanos verdaderos y enviároslas, junto con lo que respondieron los obispos; para que conozcáis la astucia irreligiosa del Emperador y el propósito firme e inquebrantable de los obispos hacia la verdad.

    Interpretación de la Carta

    Texto de la fuenteConstancio II · Carta a los obispos reunidos en Rímini · § 55, carta de Constancio
    Constancio, Victorioso y Triunfante, Augusto, a todos los obispos reunidos en Rímini.
    Que la divina y adorable Ley es nuestro principal cuidado, no lo ignoran vuestras excelencias; pero hasta ahora no hemos podido recibir a los veinte obispos enviados por vuestra sabiduría y encargados de la legación de vuestra parte, pues nos apremia una necesaria expedición contra los bárbaros; y, como sabéis, conviene tener el alma libre de todo cuidado cuando uno trata los asuntos de la Ley divina. Por tanto, hemos ordenado a los obispos que aguarden nuestro regreso en Adrianópolis; para que, cuando todos los asuntos públicos estén bien ordenados, entonces, por fin, podamos oír y ponderar sus sugerencias. No sea, pues, gravoso a vuestra constancia aguardar su regreso, para que, cuando vuelvan con nuestra respuesta, podáis llevar a término asuntos que tan profundamente afectan al bienestar de la Iglesia Católica.

    § 55 (cont.)

    Esto fue lo que recibieron los obispos de manos de tres emisarios.

    Respuesta de los obispos

    Texto de la fuenteConcilio de Rímini · Respuesta a Constancio · § 55, respuesta de los obispos
    La carta de vuestra humanidad hemos recibido, Señor Emperador amadísimo de Dios, la cual informa que, a causa del apremio de los asuntos públicos, hasta ahora no habéis podido atender a nuestros diputados; y en la cual mandáis que aguardemos su regreso, hasta que vuestra piedad sea informada por ellos de lo que hemos definido conforme a nuestros antepasados. Sin embargo, profesamos y afirmamos ahora mismo, por la presente, que no retrocederemos de nuestro propósito, como también encargamos a nuestros diputados. Pedimos, pues, que mandéis leer con sereno rostro estas cartas de nuestra mediocridad; pero también que acojáis con agrado las que pusimos en manos de nuestros diputados. Esto, empero, lo comprende vuestra mansedumbre tan bien como nosotros: que prevalecen hoy gran dolor y tristeza, porque, en estos vuestros días tan felices, tantas Iglesias están sin obispos. Y por esto rogamos de nuevo a vuestra humanidad, Señor Emperador amadísimo de Dios, que, si place a vuestra religiosidad, nos mandéis, antes de que comience el riguroso tiempo invernal, regresar a nuestras Iglesias, para que así podamos, ante Dios Todopoderoso y nuestro Señor y Salvador Cristo, su Hijo Unigénito, cumplir junto con nuestros rebaños las acostumbradas oraciones en favor de vuestro imperio, como en verdad las hemos realizado siempre, y en este tiempo hacerlas.
    Notas, recepción y bibliografía

    Acompañamiento editorial

    Lo que dejó el tratado

    El tratado hace dos cosas a la vez. Con los documentos de los concilios arrianos muestra que su fe cambió una y otra vez en treinta años, y que cada fórmula declaraba insuficiente la anterior (§ 32). Con el argumento de la Parte 3 ofrece a quienes dudaban de «consustancial» una salida: lo que ellos quieren decir con «de la esencia» y «semejante en esencia» lo dice mejor la palabra de Nicea (§§ 41–42 y 53). La apuesta no se cumplió de inmediato. Según el NPNF, tras Nike y Constantinopla los homeos dominaron la Iglesia oriental unos veinte años, y de Rímini dijo Jerónimo, citado por el mismo NPNF: Ingemuit totus orbis, et se Arianum esse miratus est («el mundo entero gimió y se asombró de ser arriano»). Pero el editor del NPNF juzga que Atanasio acertó a la larga: de entre los «conservadores» salieron los hombres que llevaron la causa de Nicea a la victoria en Oriente, y Basilio de Cesarea, pocos meses después, adopta palabras de este escrito. Wikipedia, apoyándose en L. Ayres, recoge que en el De synodis Atanasio sostiene que él y los homeusianos enseñan en el fondo lo mismo. El credo de Nicea, con un retoque, se confirmó en el concilio de Constantinopla de 381 (Wikipedia).
    Límites. La edición de base no da destinatario ni examina la atribución. Las fechas y las identificaciones de las notas proceden de las fuentes que se citan y no del texto; cuando difieren, se dice cuál afirma qué. Atanasio es parte: dice no tener a mano las cartas de Eusebio y los suyos (§ 18) ni la carta del sínodo de Antioquía contra Pablo (§ 43), da en griego documentos que los obispos de Rímini escribieron en latín (el NPNF sigue su versión y no la de Hilario), y los nombres con que llama a sus adversarios («arrianos», «ariomaníacos») son polémicos. La traducción es automática y tiene los defectos señalados en el texto; ninguna persona la ha revisado frase a frase.
    Comentario editorial · Para reflexionar sobre la lectura
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