Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Atanasio de Alejandría, según la edición de base; esta edición no examina la atribución |
| Título | Sobre los concilios de Rímini y Seleucia (en latín, De synodis; en inglés, On the Councils of Ariminum and Seleucia; el epub la titula «De Synodis» y «Concilios de Rímini y Selucia») |
| Fecha | Escrita en 359, después de disolverse el concilio de Seleucia (octubre) y antes de que llegaran a Atanasio las noticias de Nike, con los §§ 30–31 añadidos tras la muerte de Constancio (361), según la introducción del NPNF; los Prolegómenos del mismo volumen la sitúan en «359–60». New Advent no la fecha |
| Género | Carta histórica y polémica, con los documentos que cita; la última parte es un argumento doctrinal dirigido a quienes dudan de «consustancial». La carta no nombra a sus destinatarios |
| Extensión | Cincuenta y cinco secciones numeradas, en tres partes, de unas 24 000 palabras |
| Traducción | Castellana, hecha con Libyx, directa del inglés de la edición de base; no del griego |
| Fuente | Serie NPNF de Philip Schaff, 2.ª serie, vol. 4 (1892), tal como la recoge The Complete Works of St. Athanasius, libro 16 |
Encabezado
§ 1
Comentario editorial · Dos concilios en lugar de uno
§ 2
§ 3
§ 4
§ 5
§ 6
§ 7
§ 8
La Fe Católica fue publicada en presencia de nuestro Señor el religiosísimo y gloriosamente victorioso Emperador, Constancio, Augusto, el eterno y augusto, en el Consulado de los ilustrísimos Flavios, Eusebio e Hipacio, en Sirmio, el 11 de las Calendas de junio.Creemos en un solo y único Dios verdadero, Padre Todopoderoso, Creador y Hacedor de todas las cosas:Y en un solo Hijo Unigénito de Dios, que, antes de todos los siglos, y antes de todo origen, y antes de todo tiempo concebible, y antes de toda esencia comprensible, fue engendrado impasiblemente de Dios: por quien los siglos fueron dispuestos y todas las cosas fueron hechas; y a Él engendrado como Unigénito, Único del Único Padre, Dios de Dios, semejante al Padre que lo engendró, según las Escrituras; cuyo origen nadie conoce sino el Padre solo que lo engendró. Sabemos que Él, el Hijo Unigénito de Dios, por mandato del Padre vino de los cielos para la abolición del pecado, y nació de la Virgen María, y conversó con los discípulos, y cumplió la Economía según la voluntad del Padre, y fue crucificado, y murió y descendió a las partes inferiores de la tierra, y reguló las cosas de allí, a quien los porteros del infierno vieron [] y se estremecieron; y resucitó de entre los muertos al tercer día, y conversó con los discípulos, y cumplió toda la Economía, y cuando se cumplieron los cuarenta días, ascendió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre, y ha de venir en el último día de la resurrección en la gloria del Padre, para dar a cada uno según sus obras.Y en el Espíritu Santo, a quien el Unigénito de Dios mismo, Jesucristo, había prometido enviar al linaje de los hombres, el Paráclito, como está escrito: 'Voy a mi Padre, y pediré al Padre, y Él os enviará otro Paráclito, el Espíritu de Verdad. Él tomará de lo mío y os enseñará y os recordará todas las cosas' [Job 14:16-26; 16:14].Pero, puesto que el término 'esencia' ha sido adoptado por los Padres con simplicidad, y ofende por ser mal entendido por el pueblo, y no está contenido en las Escrituras, nos ha parecido bien eliminarlo, para que nunca más se use en caso alguno de Dios, porque las divinas Escrituras en ninguna parte lo usan del Padre y del Hijo. Pero decimos que el Hijo es semejante al Padre en todas las cosas, como también las Santas Escrituras dicen y enseñan.
Comentario editorial · El credo «fechado» de Sirmio (22 de mayo de 359)
§ 9
§ 10
Creemos que lo que fue decretado anteriormente se llevó a cabo tanto por mandato de Dios como por orden de vuestra piedad. Pues nosotros los obispos, de todas las ciudades occidentales, reunidos en Rímini, tanto para que la Fe de la Iglesia Católica fuera dada a conocer, como para que los contradictores fueran detectados. Pues, según hemos hallado tras larga deliberación, pareció deseable adherirse y mantener hasta el fin aquella fe que, perdurando desde la antigüedad, hemos recibido como predicada por los profetas, los Evangelios y los Apóstoles por medio de nuestro Señor Jesucristo, Quien es Guardián de vuestro Reino y Patrono de vuestro poder. Pues pareció malo e ilícito hacer cambio alguno en lo que fue recta y justamente definido, y en lo que fue resuelto en común en Nicea junto con el Emperador vuestro padre, el gloriosísimo Constantino,— cuya doctrina y espíritu [de la definición] se difundió y fue proclamado en el oído y entendimiento de todos los hombres. Pues ella sola fue la vencedora y destructora de la herejía de Arrio, por la cual no sólo ésa sino también las otras herejías fueron destruidas, a la cual en verdad es peligroso añadir, y lleno de peligro quitarle algo, ya que si se hace lo uno o lo otro, nuestros enemigos podrán impunemente hacer lo que quieran. Por consiguiente, Ursacio y Valente, puesto que habían sido desde antiguo instigadores y simpatizantes del dogma arriano, fueron justamente declarados separados de nuestra comunión, para ser admitidos a la cual pidieron que se les concediera un lugar de arrepentimiento y perdón por las transgresiones de que eran conscientes, como atestiguan los documentos redactados por ellos. Por cuyo medio se obtuvo el perdón y la indulgencia de todos los cargos. Ahora bien, el tiempo de estas transacciones fue cuando el concilio se reunió en Milán, estando también presentes los presbíteros de la Iglesia Romana. Pero sabiendo al mismo tiempo que Constantino, de digna memoria, había con toda exactitud y deliberación publicado la Fe entonces redactada; cuando hubo sido bautizado por manos de hombres, y hubo partido al lugar que le era debido, [consideramos] indecoroso hacer una innovación posterior y despreciar a tantos santos, confesores, mártires, que compilaron y redactaron este decreto; quienes además han continuado manteniéndose en todas las cosas según la antigua ley de la Iglesia; cuya fe Dios ha impartido incluso hasta los tiempos de vuestro reinado por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien también os corresponde reinar y gobernar sobre el mundo en nuestros días. Una vez más, pues, los hombres miserables de mente desdichada con osadía ilegal se han anunciado como los heraldos de una opinión impía, y están intentando trastornar todo compendio de verdad. Pues cuando según vuestra orden se reunió el sínodo, aquellos hombres pusieron al descubierto el designio de su propio engaño. Pues intentaron de manera inescrupulosa y desordenada proponernos una innovación, habiendo encontrado como cómplices en este complot a Germinio, Auxencio y Gaio, los instigadores de contienda y discordia, cuya enseñanza por sí sola ha sobrepasado todo grado de blasfemia. Pero cuando percibieron que no compartíamos su propósito, ni estábamos de acuerdo con su mente malvada, se trasladaron a nuestro concilio, alegando que podría ser aconsejable compilar algo en su lugar. Pero un corto tiempo fue suficiente para exponer sus planes. Y para que las Iglesias no tuvieran una recurrencia de estas perturbaciones, y un torbellino de discordia y confusión arrojara todo al desorden, nos pareció bien mantener imperturbadas las antiguas y razonables instituciones, y que las personas susodichas fueran separadas de nuestra comunión. Para información, pues, de vuestra clemencia, hemos instruido a nuestros legados para que os informen del juicio del concilio por nuestra carta, a quienes hemos dado esta dirección especial, que establezcan la verdad apoyando su caso en los antiguos y justos decretos; y ellos también asegurarán a vuestra piedad que la paz no se lograría con la remoción de aquellos decretos como alegaban Valente y Ursacio. Pues ¿cómo es posible que los quebrantadores de la paz traigan paz? Al contrario, por su medio surgirán contienda y confusión no sólo en las otras ciudades, sino también en la Iglesia de los Romanos. Por esta razón pedimos a vuestra clemencia que miréis a nuestros legados con oídos favorables y rostro sereno y no permitáis que nada sea abrogado para deshonra de los muertos; sino permitidnos permanecer en lo que ha sido definido y establecido por nuestros antepasados, quienes, nos atrevemos a decir, confiamos en que en todas las cosas actuaron con prudencia y sabiduría y el Espíritu Santo; porque por estas novedades no sólo se hace que los fieles descrean, sino que también los infieles se amarguen. Rogamos también que deis órdenes de que tantos obispos que están detenidos en el extranjero, entre los cuales hay muchos que están quebrantados por la edad y la pobreza, puedan regresar a su propia tierra, no sea que las Iglesias sufran, por estar privadas de sus obispos. Esto, sin embargo, lo pedimos con insistencia, que nada se innove en los credos existentes, nada se retire; sino que todo permanezca incorrupto como ha continuado en los tiempos de la piedad de vuestro Padre y hasta el tiempo presente; y que no permitáis que seamos hostigados, y apartados de nuestras sedes; sino que los obispos puedan en quietud entregarse siempre a oraciones y culto, lo cual ofrecen siempre por vuestra propia seguridad y por vuestro reinado, y por la paz, que la Divinidad os conceda para siempre. Pero nuestros legados llevan las suscripciones y títulos de los obispos, y también informarán a vuestra piedad a partir de las Santas Escrituras mismas.
§ 11
En cuanto fue conveniente y posible, hermanos queridísimos, el concilio general y la santa Iglesia han tenido paciencia, y han mostrado generosamente la indulgencia de la Iglesia hacia Ursacio y Valente, Gaio, Germinio y Auxencio; quienes, cambiando tan a menudo lo que habían creído, han turbado a todas las Iglesias, y todavía se esfuerzan por introducir subrepticiamente su espíritu herético en la fe de los ortodoxos. Pues desean anular el formulario aprobado en Nicea, que fue redactado contra la herejía arriana. Nos han presentado además un credo redactado por ellos mismos desde fuera, y totalmente ajeno a la santísima Iglesia; el cual no pudimos recibir lícitamente. Ya antes de esto, y ahora, han sido declarados herejes y contradictores por nosotros, a quienes no hemos admitido a nuestra comunión, sino que los hemos condenado y depuesto en su presencia con nuestras voces. Ahora, pues, lo que os parece bien, declaradlo de nuevo, para que el voto de cada uno sea ratificado con su suscripción.Los obispos respondieron unánimemente: Nos parece bien que los antedichos herejes sean condenados, para que la fe católica permanezca en paz.
§ 11 (cont.)
§ 12
Comentario editorial · Seleucia: una mayoría contra Acacio
§ 13
§ 14
§ 15
Dios mismo, pues, en su propia naturaleza, es inefable para todos los hombres. Sólo Él no tiene igual ni semejante, ni uno en gloria. Y le llamamos Ingénito, por causa de Aquel que es generado por naturaleza. Le alabamos como sin principio, por causa de Aquel que tiene principio. Y le adoramos como sempiterno, por causa de Aquel que en el tiempo ha llegado a ser. El Inengendrado hizo al Hijo un principio de las cosas originadas; y le elevó a Hijo para Sí por adopción. Nada tiene propio de Dios en subsistencia propia. Pues no es igual, no, ni uno en esencia con Él. Sabio es Dios, pues Él es el maestro de la Sabiduría. Hay plena prueba de que Dios es invisible a todos los seres; tanto a las cosas que son por medio del Hijo, como al Hijo es invisible. Lo diré expresamente, cómo por el Hijo es visto el Invisible; por aquel poder por el que Dios ve, y en su propia medida, el Hijo soporta ver al Padre, como es lícito. Así hay una Tríada, no en iguales glorias. No se entremezclan entre sí sus subsistencias. Una más gloriosa que la otra en sus glorias, hasta lo inmenso. Ajeno al Hijo en esencia es el Padre, porque Él es sin principio. Entended que la Mónada era; mas la Díada no era, antes de que existiera. Se sigue inmediatamente que, aunque el Hijo no era, el Padre era Dios. Por tanto, el Hijo, no siendo (pues existió por voluntad del Padre), es Dios Unigénito, y Él es ajeno a uno y otro. La Sabiduría existía como Sabiduría por voluntad del Dios Sabio. Por tanto, es concebido en incontables concepciones: Espíritu, Poder, Sabiduría, gloria de Dios, Verdad, Imagen y Verbo. Entended que es concebido como Resplandor y Luz. Un igual al Hijo, el Superior es capaz de engendrar; pero uno más excelente, o superior, o mayor, no es capaz. Por voluntad de Dios el Hijo es lo que es y todo lo que es. Y cuando y desde que fue, desde entonces ha subsistido de Dios. Él, siendo un Dios fuerte, alaba en su grado al Superior. Para hablar en breve, Dios es inefable a su Hijo. Pues Él es para Sí mismo lo que es, esto es, indecible. De modo que nada de lo que se llama comprensible sabe el Hijo decir; pues le es imposible investigar al Padre, que es por Sí mismo. Porque el Hijo no conoce su propia esencia, pues, siendo Hijo, existió realmente, por voluntad del Padre. ¿Qué argumento permite, pues, que Aquel que es del Padre conozca a su propio progenitor por comprehensión? Porque es evidente que no es posible que lo que tiene principio conciba cómo es el Inengendrado, o capte su idea.
§ 16
A Nuestro Bienaventurado Papa y Obispo, Alejandro, los Presbíteros y los Diáconos envían salud en el Señor.Nuestra fe, recibida de nuestros antepasados, que también hemos aprendido de ti, Bienaventurado Papa, es ésta:— Reconocemos un solo Dios, solo Ingénito, solo Sempiterno, solo Inengendrado, solo Verdadero, solo inmortal, solo Sabio, solo Bueno, solo Soberano; Juez, Gobernador y Providencia de todos, inalterable e inmutable, justo y bueno, Dios de la Ley y los Profetas y del Nuevo Testamento; que engendró un Hijo Unigénito antes de los tiempos eternos, por quien hizo los siglos y el universo; y lo engendró, no en apariencia, sino en verdad; y que le hizo subsistir por su propia voluntad, inalterable e inmutable; criatura perfecta de Dios, pero no como una de las criaturas; prole, pero no como una de las cosas engendradas; ni como Valentín pronunció que la prole del Padre era una emanación; ni como Maniqueo enseñó que la prole era una porción del Padre, uno en esencia; o como Sabelio, dividiendo la Mónada, habla de un Hijo-y-Padre; ni como Hieracas, de una antorcha de otra, o como una lámpara dividida en dos; ni que Aquel que era antes, fuera después generado o nuevo-creado en Hijo, como tú mismo, Bienaventurado Papa, en medio de la Iglesia y en sesión has condenado a menudo; sino, como decimos, por voluntad de Dios, creado antes de los tiempos y antes de los siglos, y ganando vida y ser del Padre, que dio subsistencia a sus glorias junto con Él. Porque el Padre no, al darle la heredad de todas las cosas, se privó de lo que tiene ingénitamente en Sí mismo; porque Él es la Fuente de todas las cosas. Así hay Tres Subsistencias. Y Dios, siendo la causa de todas las cosas, es Inengendrado y enteramente Solo, pero el Hijo, siendo engendrado fuera del tiempo por el Padre, y siendo creado y fundado antes de los siglos, no era antes de su generación, sino que, siendo engendrado fuera del tiempo antes de todas las cosas, solo fue hecho subsistir por el Padre. Porque no es eterno o coeterno o co-ingénito con el Padre, ni tiene su ser junto con el Padre, como algunos hablan de relaciones, introduciendo dos principios ingénitos, sino que Dios es antes de todas las cosas como Mónada y Principio de todo. Por lo cual también es antes que el Hijo; como también hemos aprendido de tu predicación en medio de la Iglesia. Así pues, en cuanto de Dios tiene ser, y glorias, y vida, y todas las cosas le son entregadas, en ese sentido es Dios su origen. Porque Él está por encima de Él, como siendo su Dios y antes que Él. Pero si los términos "de Él", y "del seno", y "Salí del Padre, y he venido" [], fueran entendidos por algunos como si significaran una parte de Él, uno en esencia o como una emanación, entonces el Padre sería según ellos compuesto y divisible y alterable y material, y, en lo que alcanza su creencia, tendría las circunstancias de un cuerpo, Quien es el Dios Incorpóreo.
§ 16 (cont.)
§ 17
Comentario editorial · Dos Eusebios
§ 18
Porque el Bienaventurado Pablo no dijo que predicaba a Cristo, Su, esto es, de Dios, "propio Poder" o "Sabiduría", sino sin el artículo, "Poder de Dios y Sabiduría de Dios" [], predicando que el poder propio de Dios mismo era distinto, el cual es con-natural y co-existente con Él inoriginadamente, generador en verdad de Cristo, creador de todo el mundo; sobre lo cual enseña en su Epístola a los Romanos, así: "Las cosas invisibles de Él se ven claramente desde la creación del mundo, entendiéndose por las cosas hechas, aun su eterno poder y divinidad" []. Porque como nadie diría que la Deidad allí mencionada era Cristo, sino el Padre mismo, así, según pienso, su eterno poder no es tampoco el Unigénito Dios [], sino el Padre que le engendró. Y nos habla de otro Poder y Sabiduría de Dios, a saber, el que se manifiesta por medio de Cristo, y se da a conocer por las obras mismas de Su Ministerio.Y de nuevo:—Aunque Su eterno Poder y Sabiduría, que la verdad arguye ser Inengendrado e Ingénito, ciertamente parecería ser uno y el mismo, sin embargo son muchas las potencias que son creadas una por una por Él, de las cuales Cristo es el Primogénito y Unigénito. Todas, empero, dependen igualmente de su Poseedor, y todos Sus poderes son llamados justamente Suyos, de Aquel que los creó y usa; por ejemplo, el Profeta dice que la langosta, que vino a ser castigo divino del pecado humano, fue llamada por Dios mismo, no sólo poder de Dios, sino gran poder []. Y el bienaventurado David, también en varios de los Salmos, invita, no a Ángeles solos, sino también a Potestades a alabar a Dios. Y mientras los invita a todos al himno, presenta ante nosotros su multitud, y no se resiste a llamarlos ministros de Dios, y les enseña a hacer Su voluntad.
§ 19
El Hijo es uno entre otros; porque es primero de las cosas originadas, y uno entre las naturalezas intelectuales; y como en las cosas visibles el sol es uno entre los fenómenos, y brilla sobre todo el mundo según el mandato de su Hacedor, así el Hijo, siendo una de las naturalezas intelectuales, también ilumina y brilla sobre todos los que están en el mundo intelectual.
§ 19 (cont.)
§ 20
§ 21
El Santo Concilio reunido en Jerusalén por la gracia de Dios, etc… su enseñanza ortodoxa por escrito, que todos nosotros confesamos ser sana y eclesiástica. Y él razonablemente recomendó que debían ser recibidos y unidos a la Iglesia de Dios, como vosotros mismos sabréis por el traslado de la misma Epístola, que hemos transmitido a vuestras reverencias. Creemos que vosotros mismos también, como si recobrarais los miembros mismos de vuestro propio cuerpo, experimentaréis gran gozo y alegría, al reconocer y recobrar vuestras propias entrañas, vuestros propios hermanos y padres; puesto que no sólo los Presbíteros, Arrio y sus secuaces, os son devueltos, sino también todo el pueblo cristiano y la entera multitud, que con ocasión de los antedichos hombres han estado largo tiempo en disensión entre vosotros. Además, sería conveniente, ahora que sabéis con certeza lo que ha pasado, y que los hombres han comunicado con nosotros y han sido recibidos por tan gran Santo Concilio, que vosotros con toda prontitud dierais la bienvenida a esta vuestra coalición y paz con vuestros propios miembros, especialmente puesto que los artículos de la fe que han publicado preservan indiscutible la tradición y enseñanza universalmente confesadas.
Comentario editorial · Los once credos del tratado, en orden de fecha
| Credo | Dónde | Fecha (NPNF) |
|---|---|---|
| 1.º de Antioquía | § 22 | 341 |
| 2.º de Antioquía («de la Dedicación») | § 23 | 341 |
| 3.º de Antioquía (Teofronio) | § 24 | 341 |
| 4.º de Antioquía (a Constante, en la Galia) | § 25 | 342 |
| 5.º: Macróstico | § 26 | 344 |
| 6.º: primero de Sirmio (contra Fotino) | § 27 | 351 |
| 7.º: segundo de Sirmio | § 28 | 357 |
| 8.º: tercero de Sirmio («fechado») | § 8 | 22 de mayo de 359 |
| 9.º: de Seleucia (Acacio) | § 29 | 359 |
| 10.º: de Nike y Constantinopla | § 30 | 359–360 |
| 11.º: de Antioquía | § 31 (solo se describe) | 361 |
§ 22
No hemos sido seguidores de Arrio — ¿cómo podríamos Obispos, como nosotros, seguir a un Presbítero? — ni recibimos otra fe fuera de aquella que ha sido transmitida desde el principio. Pero, después de tomar sobre nosotros examinar y verificar su fe, le admitimos antes que seguirle; como comprenderéis por nuestras presentes confesiones.Porque hemos sido enseñados desde el principio, a creer en un solo Dios, el Dios del Universo, el Artífice y Conservador de todas las cosas tanto intelectuales como sensibles.Y en un solo Hijo de Dios, Unigénito, que existía antes de todos los siglos, y estaba con el Padre que le había engendrado, por quien todas las cosas fueron hechas, tanto visibles como invisibles, quien en los últimos días, según la benevolencia del Padre, descendió; y tomó carne de la Virgen, y cumplió conjuntamente toda la voluntad de su Padre, y padeció y resucitó, y ascendió al cielo, y está sentado a la diestra del Padre, y vendrá otra vez a juzgar a vivos y muertos, y permanece Rey y Dios por todos los siglos.Y creemos también en el Espíritu Santo; y si es necesario añadir, creemos concerniente a la resurrección de la carne, y la vida eterna.
§ 23
Creemos, conforme a la evangélica y tradición, en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Artífice, y Hacedor, y Proveedor del Universo, de quien son todas las cosas.Y en un solo Señor Jesucristo, Su Hijo, Unigénito Dios [], por quien son todas las cosas, que fue engendrado antes de todos los siglos del Padre, Dios de Dios, entero de entero, solo de solo, perfecto de perfecto, Rey de Rey, Señor de Señor, Verbo Viviente, Sabiduría Viviente, Luz verdadera, Camino, Verdad, Resurrección, Pastor, Puerta, tanto inalterable como inmutable; Imagen exacta de la Deidad, Esencia, Voluntad, Poder y Gloria del Padre; el primogénito de toda criatura, que estaba en el principio con Dios, Dios el Verbo, como está escrito en el Evangelio, "y el Verbo era Dios" []; por quien todas las cosas fueron hechas, y en quien todas las cosas consisten; quien en los últimos días descendió de lo alto, y nació de una Virgen según las Escrituras, y fue hecho Hombre, Mediador entre Dios y el hombre, y Apóstol de nuestra fe, y Príncipe de la vida, como Él dice: "Yo he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió" []; quien padeció por nosotros y resucitó al tercer día, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y viene de nuevo con gloria y poder, a juzgar a vivos y muertos.Y en el Espíritu Santo, que es dado a los que creen para consuelo, y santificación, e iniciación, como también nuestro Señor Jesucristo mandó a sus discípulos, diciendo: "Id, enseñad a todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" []; a saber, de un Padre que es verdaderamente Padre, y un Hijo que es verdaderamente Hijo, y del Espíritu Santo que es verdaderamente Espíritu Santo, no siendo los nombres dados sin significado o efecto, sino denotando con exactitud la peculiar subsistencia, rango, y gloria de cada uno que es nombrado, de modo que son tres en subsistencia, y en acuerdo uno.Manteniendo, pues, esta fe, y manteniéndola en presencia de Dios y de Cristo, de principio a fin, anatematizamos toda herética heterodoxia. Y si alguno enseña, fuera de la sana y recta fe de las Escrituras, que tiempo, o estación, o siglo, sea o haya sido antes de la generación del Hijo, sea anatema. O si alguno dice, que el Hijo es una criatura como una de las criaturas, o una prole como una de las proles, o una obra como una de las obras, y no los antedichos artículos uno después de otro, como las divinas Escrituras los han entregado, o si enseña o predica fuera de lo que recibimos, sea anatema. Porque todo lo que ha sido entregado en las divinas Escrituras, ya por Profetas ya por Apóstoles, verdadera y reverentemente lo creemos y seguimos.
§ 24
Dios sabe, a quien llamo como testigo sobre mi alma, que así creo:— en Dios Padre Todopoderoso, el Creador y Hacedor del Universo, de quien son todas las cosas.Y en Su Unigénito Hijo, Verbo, Poder, y Sabiduría, nuestro Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas; que ha sido engendrado del Padre antes de los siglos, perfecto Dios de perfecto Dios, y estaba con Dios en subsistencia, y en los últimos días descendió, y nació de la Virgen según las Escrituras, y fue hecho hombre, y padeció, y resucitó de los muertos, y ascendió a los cielos, y se sentó a la diestra de Su Padre, y viene de nuevo con gloria y poder a juzgar a vivos y muertos, y permanece para siempre:Y en el Espíritu Santo, el Paráclito, el Espíritu de verdad [], que también Dios prometió por Su Profeta derramar [] sobre Sus siervos, y el Señor prometió enviar a Sus discípulos: el cual también envió, como testifican los Hechos de los Apóstoles.Pero si alguno enseña, o mantiene en su mente, algo fuera de esta fe, sea anatema; y con Marcelo de Ancira, o Sabelio, o Pablo de Samosata, sea anatema, tanto él mismo como aquellos que comulgan con él.
§ 25
Creemos en un solo Dios, el Padre Todopoderoso, Creador y Hacedor de todas las cosas; de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra es nombrada [].Y en Su Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que antes de todos los siglos fue engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, por quien todas las cosas fueron hechas en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, siendo Verbo, y Sabiduría, y Poder, y Vida, y Luz Verdadera; quien en los últimos días fue hecho hombre por nosotros, y nació de la Santa Virgen; quien fue crucificado, y muerto, y sepultado, y resucitó de los muertos al tercer día, y fue llevado arriba al cielo, y se sentó a la diestra del Padre; y viene en la consumación del siglo, a juzgar a vivos y muertos, y a dar a cada uno según sus obras; cuyo Reino perdura indisolublemente por los siglos infinitos; pues Él estará sentado a la diestra del Padre, no sólo en este siglo sino en el que está por venir.Y en el Espíritu Santo, esto es, el Paráclito; el cual, habiendo prometido a los Apóstoles, envió después de Su ascensión al cielo, para enseñarles y recordarles todas las cosas; por quien también serán santificadas las almas de aquellos que sinceramente creen en Él.Pero a aquellos que dicen, que el Hijo era de la nada, o de otra subsistencia y no de Dios, y, hubo tiempo cuando Él no era, la Iglesia Católica los considera como extraños.
Comentario editorial · Antioquía, 341: la Dedicación y sus cuatro fórmulas
§ 26
Creemos en un solo Dios Padre Todopoderoso, el Creador y Hacedor de todas las cosas, de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra es nombrada.Y en Su Unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, que antes de todos los siglos fue engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, por quien todas las cosas fueron hechas, en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, siendo Verbo y Sabiduría y Poder y Vida y Luz Verdadera, quien en los últimos días fue hecho hombre por nosotros, y nació de la Santa Virgen, crucificado y muerto y sepultado, y resucitó de los muertos al tercer día, y fue llevado arriba al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y viene en la consumación del siglo a juzgar a vivos y muertos, y a dar a cada uno según sus obras, cuyo Reino perdura incesantemente por los siglos infinitos; pues Él está sentado a la diestra del Padre no sólo en este siglo, sino también en el que está por venir.Y creemos en el Espíritu Santo, esto es, el Paráclito, el cual, habiendo prometido a los Apóstoles, envió después de la ascensión al cielo, para enseñarles y recordarles todas las cosas: por quien también serán santificadas las almas de aquellos que sinceramente creen en Él.Pero a aquellos que dicen, (1) que el Hijo era de la nada, o de otra subsistencia y no de Dios; (2) y que hubo un tiempo o siglo cuando Él no era, la Iglesia Católica y Santa los considera como extraños. Asimismo aquellos que dicen, (3) que hay tres Dioses: (4) o que Cristo no es Dios; (5) o que antes de los siglos Él no era ni Cristo ni Hijo de Dios; (6) o que Padre e Hijo, o Espíritu Santo, son lo mismo; (7) o que el Hijo es Ingénito; o que el Padre engendró al Hijo, no por elección o voluntad; la Santa y Católica Iglesia anatematiza.(1.) Porque ni es seguro decir que el Hijo es de la nada, (puesto que esto en ninguna parte se dice de Él en la Escritura divinamente inspirada,) ni tampoco de otra subsistencia preexistente fuera del Padre, sino que definimos que Él es genuinamente generado sólo de Dios. Porque la divina Palabra enseña que el Ingénito e Inengendrado, el Padre de Cristo, es Uno.(2.) Ni podemos, adoptando la posición azarosa, "Hubo una vez cuando Él no era", de fuentes no escriturísticas, imaginar ningún intervalo de tiempo antes de Él, sino sólo al Dios que le ha generado fuera del tiempo; porque por Él llegaron a ser tanto los tiempos como los siglos. Sin embargo, no debemos considerar al Hijo como co-inengendrado y co-ingénito con el Padre; porque nadie puede ser llamado propiamente Padre o Hijo de uno que es co-inengendrado y co-ingénito con Él. Pero reconocemos que el Padre, que solo es Inengendrado e Ingénito, ha engendrado de manera inconcebible e incomprensible para todos: y que el Hijo ha sido engendrado antes de los siglos, y en modo alguno es ingénito Él mismo como el Padre, sino que tiene al Padre que le engendró como Su principio; porque "la Cabeza de Cristo es Dios" [].(3.) Ni de nuevo, al confesar tres realidades y tres Personas, del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo según las Escrituras, hacemos por tanto tres Dioses; puesto que reconocemos que el Dios Auto-completo e Ingénito e Inengendrado e Invisible es uno solo, el Dios y Padre del Unigénito, quien solo tiene ser de Sí mismo, y solo otorga esto a todos los demás generosamente.(4.) Ni de nuevo, al decir que el Padre de nuestro Señor Jesucristo es un solo Dios, el solo Ingénito, negamos por tanto que Cristo también es Dios antes de los siglos: como los discípulos de Pablo de Samosata, que dicen que después de la encarnación fue hecho Dios por avance, de ser hecho por naturaleza un mero hombre. Porque reconocemos que, aunque Él esté subordinado a Su Padre y Dios, sin embargo, siendo antes de los siglos engendrado de Dios, es Dios perfecto según naturaleza y verdadero, y no primero hombre y luego Dios, sino primero Dios y luego haciéndose hombre por nosotros, y nunca habiendo sido privado del ser.(5.) Aborrecemos además, y anatematizamos a aquellos que hacen pretensión de decir que Él es sólo el mero verbo de Dios e inexistente, teniendo Su ser en otro — ya como pronunciado, como algunos dicen, ya como mental — sosteniendo que Él no era Cristo o Hijo de Dios o mediador o imagen de Dios antes de los siglos; sino que primero se hizo Cristo e Hijo de Dios, cuando tomó nuestra carne de la Virgen, no hace mucho más de cuatrocientos años. Porque ellos quieren que entonces Cristo comenzó Su Reino, y que tendrá fin después de la consumación de todo y del juicio. Tales son los discípulos de Marcelo y Escotino de Ancira de Galacia, quienes, igualmente con los judíos, niegan la existencia de Cristo antes de los siglos, y Su Deidad, y Reino sin fin, bajo pretexto de apoyar la Monarquía divina. Nosotros, por el contrario, no lo consideramos como simplemente la palabra pronunciada de Dios o mental, sino como Dios Viviente y Verbo, existiendo en Sí mismo, e Hijo de Dios y Cristo; siendo y permaneciendo con Su Padre antes de los siglos, y esto no sólo en presciencia, y ministrándole para la entera formación tanto de las cosas visibles como de las invisibles. Porque Él es a quien el Padre dijo: "Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza" [], quien también fue visto en Su propia Persona por los patriarcas, dio la ley, habló por los profetas, y al fin, se hizo hombre, y manifestó Su propio Padre a todos los hombres, y reina por los siglos sin fin. Porque Cristo no ha tomado una dignidad reciente, sino que hemos creído que Él es perfecto desde el principio, y semejante en todo al Padre.(6.) Y aquellos que dicen que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son lo mismo, e irreligiosamente toman los Tres Nombres de una y la misma Realidad y Persona, los proscribimos justamente de la Iglesia, porque suponen que el Padre ilimitable e impasible es limitable y también pasible a través de Su hacerse hombre: porque tales son aquellos a quienes los Romanos llaman Patripasianos, y nosotros Sabelianos. Porque reconocemos que el Padre que envió, permaneció en el estado peculiar de Su deidad inmutable, y que Cristo que fue enviado cumplió la economía de la Encarnación.
(7.) Y al mismo tiempo aquellos que irreverentemente dicen que el Hijo ha sido generado no por elección o voluntad, rodeando así a Dios con una necesidad que excluye elección y propósito, de modo que engendró al Hijo de mala gana, los tenemos por los más irreligiosos y extraños a la Iglesia; en cuanto que se han atrevido a definir tales cosas acerca de Dios, fuera de las nociones comunes acerca de Él, más aún, fuera del tenor de la Escritura divinamente inspirada. Porque nosotros, sabiendo que Dios es absoluto y soberano sobre Sí mismo, tenemos un juicio religioso de que Él generó al Hijo voluntaria y libremente; sin embargo, como tenemos una creencia reverente en las palabras del Hijo acerca de Sí mismo [], "El Señor me creó como principio de Sus caminos para Sus obras", no entendemos que Él haya sido originado como las criaturas o las obras que por Él llegaron a ser. Porque es irreligioso y ajeno a la fe eclesiástica, comparar al Creador con las obras hechas por Él, y pensar que Él tiene el mismo modo de originación que el resto. Porque la Escritura divina nos enseña real y verdaderamente que el Hijo Unigénito fue generado solo y únicamente. Sin embargo, al decir que el Hijo está en Sí mismo, y tanto vive como existe como el Padre, no por eso le separamos del Padre, imaginando lugar e intervalo entre su unión a la manera de los cuerpos. Porque creemos que están unidos el uno al otro sin mediación o distancia, y que existen inseparables; todo el Padre abrazando al Hijo, y todo el Hijo pendiendo y adhiriéndose al Padre, y solo descansando en el seno del Padre continuamente. Creyendo, pues, en la Todoperfecta Tríada, la Santísima, esto es, en el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, y llamando al Padre Dios, y al Hijo Dios, sin embargo confesamos en ellos, no dos Dioses, sino una sola dignidad de Divinidad, y una sola exacta armonía de dominio, siendo el Padre solo Cabeza sobre todo el universo enteramente, y sobre el Hijo mismo, y el Hijo subordinado al Padre; pero, exceptuándole a Él, gobernando sobre todas las cosas tras Él que por Sí mismo han llegado a ser, y concediendo la gracia del Espíritu Santo sin reserva a los santos por la voluntad del Padre. Porque tal es la explicación de la Monarquía Divina con respecto a Cristo, que los sagrados oráculos nos han entregado.Esto, además de la fe antes publicada en epítome, nos hemos visto compelidos a extender ampliamente, no por ostentación oficiosa, sino para despejar toda injusta sospecha acerca de nuestras opiniones, entre aquellos que ignoran nuestros asuntos: y para que todos en Occidente conozcan, tanto la audacia de las calumnias de los heterodoxos, como en cuanto a los Orientales, su mente eclesiástica en el Señor, a la cual las Escrituras divinamente inspiradas dan testimonio sin violencia, donde los hombres no son perversos.
Comentario editorial · Marcelo, Fotino y el Macróstico
§ 27
Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, el Creador y Hacedor de todas las cosas, "de quien toda paternidad en el cielo y en la tierra es nombrada [] "Y en Su Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesús el Cristo, que antes de todos los siglos fue engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, por quien todas las cosas fueron hechas, en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles, siendo Verbo y Sabiduría y Luz Verdadera y Vida, quien en los últimos de los días fue hecho hombre por nosotros, y nació de la Santa Virgen, y crucificado y muerto y sepultado, y resucitó de los muertos al tercer día, y fue llevado arriba al cielo, y se sentó a la diestra del Padre, y viene en la consumación del siglo, a juzgar a vivos y muertos, y a dar a cada uno según sus obras; cuyo Reino, siendo incesante, perdura por los siglos infinitos; pues Él estará sentado a la diestra del Padre, no sólo en este siglo, sino también en el que está por venir.Y en el Espíritu Santo, esto es, el Paráclito; el cual, habiendo prometido a los Apóstoles enviar después de Su ascensión al cielo, para enseñar y recordarles todas las cosas, Él envió; por quien también son santificadas las almas de aquellos que sinceramente creen en Él.(1.) Pero aquellos que dicen que el Hijo era de la nada o de otra subsistencia y no de Dios, y que hubo tiempo o siglo cuando Él no era, la Santa y Católica Iglesia los considera como extraños.(2.) De nuevo decimos, Cualquiera que dice que el Padre y el Hijo son dos Dioses, sea anatema.(3.) Y cualquiera que, diciendo que Cristo es Dios, antes de los siglos Hijo de Dios, no confiesa que Él ha servido al Padre para la formación del universo, sea anatema.(4.) Cualquiera que presume decir que el Ingénito, o una parte de Él, nació de María, sea anatema.(5.) Cualquiera que dice que según presciencia el Hijo es antes de María y no que, engendrado del Padre antes de los siglos, estaba con Dios, y que por Él todas las cosas fueron originadas, sea anatema.(6.) Cualquiera que pretenda que la esencia de Dios se dilata o contrae, sea anatema.(7.) Quienquiera que dijere que la esencia de Dios, dilatándose, hizo al Hijo, o llamare Hijo a la dilatación de su esencia, sea anatema.(8.) Quienquiera que llame al Hijo de Dios Verbo mental o pronunciado, sea anatema.(9.) Quienquiera que dijere que el Hijo de María es sólo hombre, sea anatema.(10.) Quienquiera que, hablando de Aquel que de María es Dios y hombre, entienda por ello a Dios ingénito, sea anatema.(11.) Quienquiera que explique 'Yo soy Dios el primero y yo el último, y fuera de mí no hay Dios' [], lo cual se dice para negación de los ídolos y de los dioses que no son, aplicándolo a negación del Unigénito, Dios antes de los siglos, como hacen los judíos, sea anatema.(12.) Quienquiera que oyendo 'El Verbo se hizo carne' [], considere que el Verbo se ha cambiado en carne, o dijere que Él ha sufrido alteración al tomar carne, sea anatema.(13.) Quienquiera que oyendo que el Hijo Unigénito de Dios fue crucificado, dijere que su Divinidad ha sufrido corrupción, o pasión, o alteración, o disminución, o destrucción, sea anatema.(14.) Quienquiera que dijere que 'Hagamos al hombre' [] no fue dicho por el Padre al Hijo, sino por Dios a Sí mismo, sea anatema.(15.) Quienquiera que dijere que Abrahán vio, no al Hijo, sino al Dios ingénito o parte de Él, sea anatema.(16.) Quienquiera que dijere que con Jacob luchó, no el Hijo como hombre, sino el Dios ingénito o parte de Él, sea anatema.(17.) Quienquiera que explique 'El Señor hizo llover fuego del Señor' [], no del Padre y del Hijo, y diga que llovió de Sí mismo, sea anatema. Porque el Hijo, siendo Señor, llovió del Padre que es Señor.(18.) Quienquiera que oyendo que el Padre es Señor y el Hijo Señor y el Padre y el Hijo Señor, pues hay Señor de Señor, diga que hay dos Dioses, sea anatema. Porque no ponemos al Hijo en el Orden del Padre, sino subordinado al Padre; pues Él no descendió sobre Sodoma sin la voluntad del Padre, ni llovió de Sí mismo, sino del Señor, esto es, autorizándolo el Padre. Ni está sentado a la diestra por sí mismo, sino que oye al Padre decir: 'Siéntate a mi diestra' [].(19.) Quienquiera que diga que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son una sola Persona, sea anatema.(20.) Quienquiera que, hablando del Espíritu Santo como Paráclito, entienda por él al Dios ingénito, sea anatema.(21.) Quienquiera que negare, lo que el Señor nos enseñó, que el Paráclito es otro distinto del Hijo, pues Él ha dicho: 'Y otro Paráclito os enviará el Padre, a quien yo pediré' [], sea anatema.(22.) Quienquiera que dijere que el Espíritu Santo es parte del Padre o del Hijo sea anatema.(23.) Quienquiera que dijere que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son tres Dioses, sea anatema.(24.) Quienquiera que dijere que el Hijo de Dios por la voluntad de Dios ha llegado a ser, como una de las obras, sea anatema.(25.) Quienquiera que dijere que el Hijo fue engendrado, no queriéndolo el Padre, sea anatema. Porque no por compulsión, llevado por necesidad física, engendró el Padre al Hijo como no queriéndolo, sino que al punto quiso, y, engendrándolo de Sí mismo fuera del tiempo y de pasión, lo manifestó.(26.) Quienquiera que dijere que el Hijo es sin principio e ingénito, como hablando de dos inengendrados y dos ingénitos, y haciendo dos Dioses, sea anatema. Porque el Hijo es la Cabeza, es decir, el principio de todo; y Dios es la Cabeza, es decir, el principio de Cristo; porque así a un solo inengendrado principio del universo referimos religiosamente todas las cosas por el Hijo.(27.) Y en acurada delineación de la idea del cristianismo decimos esto otra vez; Quienquiera que no dijere que Cristo es Dios, Hijo de Dios, como existente antes de los siglos, y habiendo servido al Padre en la formación del Universo, sino que desde el tiempo en que nació de María, desde entonces fue llamado Cristo e Hijo, y tomó origen de ser Dios, sea anatema.
§ 28
Considerando que pareció bien que hubiera alguna discusión sobre la fe, se investigaron y discutieron cuidadosamente todos los puntos en Sirmio en presencia de Valente, y Ursacio, y Germinio, y los demás.Se tiene por cierto que hay un solo Dios, el Padre Todopoderoso, como también se predica en todo el mundo.Y Su Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, engendrado de Él antes de los siglos; y para que no hablemos de dos Dioses, puesto que el Señor mismo ha dicho: 'Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios' []. Por esta razón Él es Dios de todos, como también enseñó el Apóstol: '¿Es Dios solamente de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también de los gentiles; porque hay un solo Dios que justificará la circuncisión por la fe y la incircuncisión mediante la fe' []; y todo lo demás concuerda, y no tiene ambigüedad.Pero como mucha gente se perturba con cuestiones acerca de lo que en latín se llama 'Substantia', pero en griego 'Usia', esto es, para hacerlo entender más exactamente, en cuanto a 'Consustancial', o lo que se llama 'Semejante en esencia', no debe haber mención alguna de estas cosas, ni exposición de ellas en la Iglesia, por esta razón y por esta consideración: que en la divina Escritura nada se escribe sobre ellas, y que están por encima del conocimiento de los hombres y por encima del entendimiento humano; y porque nadie puede declarar la generación del Hijo, como está escrito: '¿Quién declarará su generación' []? Porque es manifiesto que sólo el Padre sabe cómo engendró al Hijo, y asimismo el Hijo cómo ha sido engendrado por el Padre. Y a nadie puede ser dudoso que el Padre es mayor: porque nadie puede dudar que el Padre es mayor en honor y dignidad y divinidad, y en el mismísimo nombre de Padre, testificando el Hijo mismo: 'El Padre que me envió es mayor que yo' []. Y nadie ignora que es doctrina católica que hay dos Personas, Padre e Hijo, y que el Padre es mayor, y el Hijo subordinado al Padre juntamente con todas las cosas que el Padre le ha subordinado, y que el Padre no tiene principio, y es invisible, e inmortal, e impasible; pero que el Hijo ha sido engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, y que su origen, como se ha dicho, nadie conoce sino sólo el Padre. Y que el Hijo mismo y nuestro Señor y Dios, tomó carne, esto es, cuerpo, esto es, hombre, de María la Virgen, como el Ángel preanunció; y como todas las Escrituras enseñan, y especialmente el Apóstol mismo, doctor de los gentiles, Cristo tomó hombre de María la Virgen, mediante el cual ha padecido. Y toda la fe se resume y afianza en esto: que una Trinidad debe ser siempre conservada, como leemos en el Evangelio: 'Id y bautizad a todas las naciones en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo' []. Y entero y perfecto es el número de la Trinidad; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, enviado por el Hijo, vino según la promesa, para que enseñara y santificara a los Apóstoles y a todos los creyentes.
Comentario editorial · Sirmio, 357: la «blasfemia», Osio y Liberio
§ 29
No rehusamos presentar la auténtica fe publicada en la Dedicación de Antioquía; aunque ciertamente nuestros padres de entonces se reunieron para un asunto particular que se investigaba. Pero ya que 'Consustancial' y 'Semejante en esencia' han turbado a muchos en tiempos pasados y hasta hoy, y ya que además se dice que algunos han ideado recientemente la 'Desemejanza' del Hijo con el Padre, por ellos rechazamos 'Consustancial' y 'Semejante en esencia' como ajenas a las Escrituras, pero 'Desemejante' lo anatematizamos, y tenemos a todos los que lo profesan por ajenos a la Iglesia. Y confesamos expresamente la 'Semejanza' del Hijo con el Padre, según el Apóstol, que dice del Hijo: '¿Quién es la Imagen del Dios Invisible?' [].Y confesamos y creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Hacedor del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles.Y creemos también en nuestro Señor Jesucristo, Su Hijo, engendrado de Él impasiblemente antes de todos los siglos, Dios Verbo, Dios de Dios, Unigénito, luz, vida, verdad, sabiduría, poder, por quien todas las cosas fueron hechas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles. Él, según creemos, al fin del mundo, para la abolición del pecado, tomó carne de la Santa Virgen, y se hizo hombre, y padeció por nuestros pecados, y resucitó, y fue llevado al cielo, y está sentado a la diestra del Padre, y ha de venir otra vez en gloria, para juzgar a vivos y muertos.Creemos también en el Espíritu Santo, al que nuestro Salvador y Señor llamó Paráclito, habiendo prometido enviarlo a los discípulos después de su propia partida, como lo envió; por quien santifica a los que en la Iglesia creen y son bautizados en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.Pero a los que predican algo fuera de esta fe, la Iglesia Católica los tiene por ajenos. Y que a esta fe es equivalente la que fue publicada recientemente en Sirmio, bajo la sanción de su religiosidad el Emperador, es manifiesto a todos los que la leen.
§ 30
Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, de quien son todas las cosas;Y en el Unigénito Hijo de Dios, engendrado de Dios antes de todos los siglos y antes de todo principio, por quien todas las cosas fueron hechas, visibles e invisibles, y engendrado como unigénito, solo del Padre solo, Dios de Dios, semejante al Padre que lo engendró según las Escrituras; cuyo origen nadie conoce, salvo el Padre solo que lo engendró. Él, según reconocemos, el Unigénito Hijo de Dios, enviándolo el Padre, vino aquí de los cielos, como está escrito, para la abolición del pecado y de la muerte, y nació del Espíritu Santo, de María la Virgen según la carne, como está escrito, y convivió con los discípulos, y habiendo cumplido toda la Economía según la voluntad del Padre, fue crucificado y muerto y sepultado y descendió a las partes inferiores de la tierra; ante quien el mismo hades se estremeció: quien también resucitó de los muertos al tercer día, y permaneció con los discípulos, y, cumplidos cuarenta días, fue llevado a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre, para venir en el último día de la resurrección en la gloria del Padre, para pagar a cada uno según sus obras.Y en el Espíritu Santo, a quien el mismo Unigénito Hijo de Dios, Cristo, nuestro Señor y Dios, prometió enviar al género humano, como Paráclito, como está escrito, 'el Espíritu de verdad' [], el cual les envió cuando hubo ascendido a los cielos.Pero el nombre de 'Esencia', que fue puesto por los Padres con simplicidad, y, siendo desconocido por el pueblo, causó escándalo, porque las Escrituras no lo contienen, ha parecido bien abolirlo, y para el futuro no hacer mención alguna de él; pues las divinas Escrituras no han hecho mención de la Esencia del Padre y del Hijo. Porque tampoco debe nombrarse 'Subsistencia' acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Pero decimos que el Hijo es Semejante al Padre, como las divinas Escrituras dicen y enseñan; y todas las herejías, tanto las que ya han sido condenadas antes, como cualesquiera de fecha moderna, que sean contrarias a esta declaración publicada, sean anatema.
§ 31
Comentario editorial · Los §§ 30–31 y la muerte de Constancio
§ 32
§ 33
§ 34
§ 35
§ 36
§ 37
§ 38
Comentario editorial · Tres palabras y una iota
| Griego | Sentido | Quién la usa en el texto |
|---|---|---|
| homooúsios | «consustancial», de la misma esencia | Nicea; la defiende Atanasio |
| homoioúsios | «semejante en esencia» | los de Basilio de Ancira; Atanasio lo discute (§§ 38, 53) |
| hómoios | «semejante», sin hablar de esencia | credo fechado y fórmula de Seleucia (§§ 8, 29) |
| anómoios | «desemejante» | los anomeos (§ 31) |
§ 39
§ 40
§ 41
Comentario editorial · Basilio de Ancira y las etiquetas
§ 42
§ 43
44. Y escribí en otra carta una refutación de la falsa acusación que presentan contra mí, de que niego que Cristo sea consustancial con Dios. Pues aunque digo que no he hallado ni leído este término en ninguna parte de la sagrada Escritura, sin embargo mis observaciones que siguen, y que ellos no han notado, no son incompatibles con esa creencia. Porque puse como ejemplo una producción humana, evidentemente homogénea, y observé que innegablemente los padres diferían de sus hijos sólo en no ser los mismos individuos; de otro modo no podrían existir ni padres ni hijos. Y mi carta, como dije antes, debido a las presentes circunstancias, no puedo presentarla; de lo contrario os habría enviado las palabras mismas que usé, o más bien una copia de toda ella; lo cual, si tengo oportunidad, haré aún. Pero estoy seguro, por recuerdo, de que aduje muchos paralelos de cosas afines entre sí; por ejemplo, que una planta nacida de semilla o de raíz era otra que aquella de la cual brotaba, y sin embargo totalmente una en naturaleza con ella; y que una corriente que mana de una fuente cambiaba su apariencia y su nombre, porque ni la fuente era llamada corriente, ni la corriente fuente, sino que ambas existían, y que la fuente era, por así decirlo, padre, pero la corriente era lo engendrado de la fuente.
§ 45
Comentario editorial · Pablo de Samosata y el rechazo de «consustancial»
§ 46
§ 47
§ 48
§ 49
§ 50
§ 51
§ 52
§ 53
§ 54
§ 55
Constancio, Victorioso y Triunfante, Augusto, a todos los obispos reunidos en Rímini.Que la divina y adorable Ley es nuestro principal cuidado, no lo ignoran vuestras excelencias; pero hasta ahora no hemos podido recibir a los veinte obispos enviados por vuestra sabiduría y encargados de la legación de vuestra parte, pues nos apremia una necesaria expedición contra los bárbaros; y, como sabéis, conviene tener el alma libre de todo cuidado cuando uno trata los asuntos de la Ley divina. Por tanto, hemos ordenado a los obispos que aguarden nuestro regreso en Adrianópolis; para que, cuando todos los asuntos públicos estén bien ordenados, entonces, por fin, podamos oír y ponderar sus sugerencias. No sea, pues, gravoso a vuestra constancia aguardar su regreso, para que, cuando vuelvan con nuestra respuesta, podáis llevar a término asuntos que tan profundamente afectan al bienestar de la Iglesia Católica.
§ 55 (cont.)
La carta de vuestra humanidad hemos recibido, Señor Emperador amadísimo de Dios, la cual informa que, a causa del apremio de los asuntos públicos, hasta ahora no habéis podido atender a nuestros diputados; y en la cual mandáis que aguardemos su regreso, hasta que vuestra piedad sea informada por ellos de lo que hemos definido conforme a nuestros antepasados. Sin embargo, profesamos y afirmamos ahora mismo, por la presente, que no retrocederemos de nuestro propósito, como también encargamos a nuestros diputados. Pedimos, pues, que mandéis leer con sereno rostro estas cartas de nuestra mediocridad; pero también que acojáis con agrado las que pusimos en manos de nuestros diputados. Esto, empero, lo comprende vuestra mansedumbre tan bien como nosotros: que prevalecen hoy gran dolor y tristeza, porque, en estos vuestros días tan felices, tantas Iglesias están sin obispos. Y por esto rogamos de nuevo a vuestra humanidad, Señor Emperador amadísimo de Dios, que, si place a vuestra religiosidad, nos mandéis, antes de que comience el riguroso tiempo invernal, regresar a nuestras Iglesias, para que así podamos, ante Dios Todopoderoso y nuestro Señor y Salvador Cristo, su Hijo Unigénito, cumplir junto con nuestros rebaños las acostumbradas oraciones en favor de vuestro imperio, como en verdad las hemos realizado siempre, y en este tiempo hacerlas.
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial