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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
  70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
  73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Atanasio de Alejandría

    Cuatro discursos contra los arrianos

    Texto base: Philip Schaff y Henry Wace (eds.), NPNF, 2.ª serie, vol. 4 (1892) · The Complete Works of St. Athanasius, libro 15

    Traducción: Traducción castellana directa del inglés de Schaff, no del griego · 4 discursos, 249 secciones numeradas

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    Lectura por partes · ≈ 48 min · Comentarios editoriales opcionales

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
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    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
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    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
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    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
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    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
    70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
    73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos
    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    ¿Es el Hijo de Dios verdaderamente Hijo, o la criatura más alta de todas? Los arrianos creían apoyarse en la Escritura —«El Señor me creó» (Proverbios 8:22), «fue fiel al que lo hizo» (Hebreos 3:2), «Dios lo exaltó» (Filipenses 2:9)— y Atanasio les responde en cuatro discursos. En el primero fija qué significa «Hijo» y qué sostenía Arrio en su Talía; en el segundo y el tercero examina, texto por texto, los pasajes que los arrianos citan, y lee cada uno conforme a lo que los sumarios de la edición llaman la «regla de fe»; en el cuarto discute con una doctrina de signo contrario, la de Marcelo de Ancira, a quien, según la introducción del NPNF, el texto no nombra.

    Ficha de la obra

    AutorAtanasio de Alejandría, según la edición de base; esta edición no examina la atribución
    TítuloCuatro discursos contra los arrianos (en inglés, Four Discourses Against the Arians; en latín, Orationes contra Arianos; en griego, lógoi; el epub los titula «Discurso 1 contra los arrianos», «Discurso segundo…», «Discurso 3…» y «Discurso cuarto…»)
    FechaEntre 356 y 360, según la cabecera de la introducción del NPNF, que admite que no hay prueba concluyente y que los discursos parecen publicados por tramos
    GéneroTratado polémico y exegético, dividido en cuatro discursos (lógoi, que el NPNF no entiende como sermones pronunciados)
    ExtensiónCuatro discursos y 249 secciones numeradas (64, 82, 67 y 36), de unas 109 000 palabras en total
    TraducciónCastellana y directa, hecha del inglés de la edición de Philip Schaff; no del griego
    FuenteSerie NPNF de Philip Schaff, 2.ª serie, vol. 4 (1892), tal como la recoge The Complete Works of St. Athanasius, libro 15
    La obra se lee mejor con un mapa. La tabla siguiente resume el índice que da la introducción del NPNF, con las secciones tal como se numeran en esta edición.
    DiscursoSeccionesAsunto
    1§§ 1–4Introducción
    1§§ 5–7La doctrina arriana según la Talía
    1§§ 8–10Alcance de la controversia
    1§§ 11–21La filiación divina: eterna (11–13), real aunque no como la de los hombres (14–16) y verdadera (17–21)
    1§§ 22–29Objeciones a lo anterior
    1§§ 30–36El término «inoriginado» (30–34) y la inmutabilidad del Hijo (35–36)
    1§§ 37–64Textos sobre la exaltación del Hijo: Filipenses 2:9, Salmo 45:7-8, Hebreos 1:4
    2§§ 1–82Textos sobre la «creación» del Hijo: Hebreos 3:2, Hechos 2:36 y Proverbios 8:22 (este, en los §§ 18–82)
    3§§ 1–25Textos del cuarto Evangelio sobre la relación del Hijo con el Padre
    3§§ 26–58Textos que tocan más de cerca la Encarnación: Mateo 28:18, Juan 3:35, Marcos 13:32 y Lucas 2:52 (§§ 42–53), Mateo 26:39
    3§§ 58–67La filiación y la voluntad divina
    4§§ 1–36Contra una doctrina de signo opuesto al arrianismo; según el NPNF, la de Marcelo de Ancira
    Para el marco de la disputa véanse el arrianismo y el credo niceno-constantinopolitano; para las palabras en juego, homoousios, la generación eterna, la creación de la nada y el subordinacionismo. La historia de la fórmula de Nicea se cuenta en la Defensa de la definición nicena, y el pasaje de Mateo 11:27 que el Discurso 3 comenta se estudia a fondo en Sobre Lucas 10:22 y Mateo 11:27.

    La fuente y su traducción

    Este texto es una traducción castellana directa de la versión inglesa que publicó la serie A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church (NPNF), dirigida por Philip Schaff. Se tradujo del inglés, no del griego: es la traducción de una traducción, y sus matices dependen de ambas. Antes de citarla en un trabajo académico conviene cotejarla con el inglés (enlaces al final de esta sección) y con el griego, y verificar la atribución y la fecha de la obra, que aquí solo se resumen.
    Philip Schaff (Chur, 1819 – Nueva York, 1893) fue un teólogo e historiador de la Iglesia nacido en Suiza y formado en Alemania, que pasó la mayor parte de su vida adulta en Estados Unidos. Enseñó en el seminario de Mercersburg y, desde 1870, en el Union Theological Seminary de Nueva York; escribió una History of the Christian Church y The Creeds of Christendom. Supervisó la NPNF y, para su segunda serie —catorce volúmenes publicados entre 1890 y 1900—, contó con Henry Wace como coeditor. El volumen 4, Athanasius: Select Works and Letters (1892), recoge una selección de obras y cartas de Atanasio y es el que contiene estos discursos. New Advent atribuye la versión inglesa a John Henry Newman y Archibald Robertson, y la introducción del volumen dice que es la de Newman, publicada en 1844 en la Library of the Fathers de Oxford, retocada «con mano respetuosa y parca» por el editor del NPNF. Newman (1801–1890) fue entonces clérigo anglicano; en 1845 pasó a la Iglesia católica y en 1879 fue creado cardenal. El texto que aquí se traduce llegó en la edición The Complete Works of St. Athanasius (Kindle), cuyo libro 15 es esta obra.
    Lo que viene de la edición. La numeración de las secciones, la división en capítulos (1 a 30 en los tres primeros discursos; en el cuarto, tramos señalados por intervalos de secciones) y los sumarios en cursiva que encabezan cada capítulo proceden de la edición de base; los sumarios son de Newman y no deben atribuirse a Atanasio. Según la introducción del NPNF, el editor hizo dos cambios al texto de Newman: puso «esencia» donde él escribía «sustancia» y procuró distinguir en inglés dos palabras griegas casi iguales, gennētós («engendrado») y genētós («originado»); por eso algún sumario conserva todavía «sustancia» donde el texto dice «esencia». Las notas y los excursos de Newman no vienen en el epub y por eso no figuran aquí. Además, el epub no trae el encabezado ni el sumario del capítulo 14 que el NPNF pone al comienzo del Discurso segundo («Textos explicados; en cuarto lugar, Hebreos 3:2»): el texto del Discurso 2 empieza directamente en el § 1, y los capítulos pasan del 13 al 15. Los títulos de los cuatro discursos están tal como llegan, con numeración mixta («1», «segundo», «3», «cuarto»).
    Referencias bíblicas. Se conservan en su lugar y con la numeración con que llegan. Al posarse sobre una aparece el versículo en la Reina-Valera de 1909 (dominio público, con la ortografía actualizada), solo para comparar. En estos discursos importa especialmente: Atanasio lee la Biblia griega y su argumento descansa a menudo en un verbo, de modo que el versículo que aparece puede no coincidir con el que se discute. El caso más claro es Proverbios 8:22: la Reina-Valera traduce el hebreo («Jehová me poseía»), mientras que Atanasio comenta la Septuaginta («me creó»); lo mismo ocurre con Hebreos 3:2 («fiel al que lo hizo», donde la Reina-Valera dice «al que le constituyó»). En los casos en que el corchete lo permite, el versículo emergente lo avisa. Las citas de Sabiduría y Baruc no tienen versículo emergente porque la Reina-Valera de 1909 no incluye los libros deuterocanónicos; «Esdras 4:36» corresponde, según una nota del NPNF, a «1 Esdr. iv. 36», y tampoco está en esa versión.

    Discurso 1 contra los arrianos

    Capítulo 1. Introducción

    Motivo para escribir; ciertas personas indiferentes ante el arrianismo; los arrianos no son cristianos, porque los sectarios siempre toman el nombre de su fundador

    Discurso 1, § 1

    1. De todas las demás herejías que se han apartado de la verdad se reconoce que no han ideado sino una locura, y su impiedad es desde hace mucho notoria para todos. Pues del hecho de que sus autores salieron de entre nosotros se sigue claramente, como escribió el bienaventurado Juan, que nunca pensaron ni piensan ahora como nosotros. Por eso, según dice el Salvador, puesto que no recogen con nosotros, desparraman con el diablo, y acechan a los que duermen para que, con esta segunda siembra de su propio veneno mortal, tengan compañeros en la muerte. Pero hay una herejía, la última, surgida ahora como precursora del Anticristo, la llamada arriana, que, viendo cómo las otras herejías, sus hermanas mayores, han sido abiertamente proscritas, finge con astucia y artificio revestirse del lenguaje de la Escritura, a semejanza de su padre, el diablo, y pugna por volver a entrar en el paraíso de la Iglesia: así, bajo el pretexto del cristianismo, su engañosa sofistería —pues carece de razón— podría inducir a los hombres a pensar erróneamente acerca de Cristo. Más aún: puesto que ya ha seducido a algunos insensatos, no solo para corromperles los oídos, sino incluso para que tomen y coman con Eva, hasta que, en la ignorancia que de ello se sigue, tengan por dulce lo amargo y admiren esta repugnante herejía, he juzgado necesario, a petición vuestra, descoser "los pliegues de su coraza" y mostrar el hedor de su insensatez. Así, quienes están lejos de ella podrán seguir evitándola, y aquellos a quienes ha engañado podrán arrepentirse y, abriendo los ojos de su corazón, comprender que las tinieblas no son luz, ni la falsedad verdad, ni el arrianismo un bien; más aún, que incurren en un error grande y grave quienes llaman cristianos a estos hombres, pues ni han estudiado la Escritura ni comprenden en absoluto el cristianismo y la fe que este contiene.
    Comentario editorial · ¿Cuándo se escribieron estos discursos?
    La introducción del NPNF los fecha entre 356 y 360 y admite que no hay prueba concluyente: del § 1 del Discurso segundo se desprende, dice, que se publicaron por tramos. Los sitúa en el tercer destierro de Atanasio, que según la tabla cronológica del NPNF va de febrero de 356 a febrero de 362. Wikipedia cuenta que, tras la irrupción armada del 8 de febrero de 356 en la iglesia donde Atanasio celebraba, este se retiró al desierto del Alto Egipto y compuso allí, entre otros escritos, estos discursos. La introducción explica el momento: tras la «Blasfemia de Sirmio» (357) la discusión doctrinal empezaba a despejarse de intrigas personales, y muchos obispos orientales «conservadores», semiarrianos como Basilio de Ancira, empezaban a ver lo que estaba en juego. De ahí, según el NPNF, el afán de ganarlos: Atanasio evita deliberadamente la palabra «consustancial» (salvo en el cuarto discurso y alguna aparición aislada en el primero) y acepta como verdadera, hasta donde alcanza, la fórmula semiarriana «semejante en esencia». Wikipedia, en su artículo sobre el metro sotadeo, da otra fecha para el primer discurso: hacia 340.
    Línea de tiempo de 354 a 363 con seis hechos sobre el eje (356, 357, 358, 359, 361 y 362) y, debajo, dos barras: el tercer destierro de Atanasio, de febrero de 356 a febrero de 362, en rojo, y el margen de 356 a 360 que el NPNF da a los Discursos, en azul
    El tercer destierro de Atanasio y el margen de 356 a 360 que el NPNF da a los Discursos, entre algunos hechos de la controversia. Wikipedia sitúa el concilio de Ancira en 358 y la muerte de Constancio el 4 de noviembre de 361. · Elaboración propia para Eusebeia · tabla cronológica y Prolegómenos (NPNF, 2.ª serie, vol. 4) y Wikipedia («Athanasius of Alexandria», «Councils of Sirmium»)

    Discurso 1, § 2

    2. Pues ¿qué han descubierto en esta herejía que se asemeje a la fe religiosa, para hablar vanamente como si sus partidarios no dijeran nada malo? Eso sería, en verdad, llamar cristiano incluso a Caifás, seguir contando entre los apóstoles al traidor Judas, decir que no hicieron mal quienes pidieron a Barrabás en lugar del Salvador y recomendar a Himeneo y Alejandro como hombres de recto juicio, como si el Apóstol los hubiese calumniado. Pero ningún cristiano puede soportar oír semejante cosa, ni puede tener por sano de entendimiento a quien se haya atrevido a decirla. Pues para ellos Arrio ocupa el lugar de Cristo, como Manes para los maniqueos; y en lugar de Moisés y de los demás santos han descubierto a un tal Sótades, de quien hasta los gentiles se ríen, y a la hija de Herodías. Del primero ha imitado Arrio el tono disoluto y afeminado al escribir su Talía conforme a su modelo; y de la otra ha emulado la danza, tambaleándose y retozando en sus blasfemias contra el Salvador. Así, las víctimas de su herejía pierden el juicio y enloquecen, cambian el Nombre del Señor de la gloria por la semejanza de una "imagen de hombre corruptible" y, en vez de cristianos, pasan a llamarse arrianos, llevando así la marca de su impiedad. Que no intenten, pues, excusarse ni arrojar su deshonra sobre quienes no son como ellos, llamando a los cristianos por los nombres de sus maestros para que parezca que ellos mismos llevan aquel Nombre de igual manera. Ni lo tomen a broma cuando se avergüenzan de su deshonrosa denominación; antes bien, si sienten vergüenza, que se cubran el rostro o que se aparten de su propia impiedad. Pues nunca tomó el pueblo cristiano su nombre de los obispos que hubo entre él, sino del Señor, en quien descansa nuestra fe. Así, aunque los bienaventurados apóstoles llegaron a ser nuestros maestros y nos anunciaron el Evangelio del Salvador, no es de ellos de quienes recibimos nuestro nombre, sino que por Cristo somos y nos llamamos cristianos. Pero quienes derivan de otros la fe que profesan, justo es que lleven el nombre de aquel a quien han venido a pertenecer.

    Discurso 1, § 3

    3. Sí, ciertamente: mientras que todos nosotros somos y nos llamamos cristianos por Cristo, Marción propuso hace mucho una herejía y fue expulsado; quienes permanecieron con los que lo expulsaron siguieron siendo cristianos, pero quienes siguieron a Marción dejaron de llamarse cristianos y fueron llamados desde entonces marcionitas. Así también Valentín, Basílides, Manes y Simón el Mago han dado su propio nombre a sus seguidores: a unos se los llama valentinianos; a otros, basilidianos, maniqueos o simonianos; a otros, catafrigios por Frigia, y a otros, novatianos por Novato. Del mismo modo, cuando Pedro, obispo y mártir, expulsó a Melecio, el partido de este dejó de llamarse cristiano para llamarse meleciano; y, por consiguiente, cuando Alejandro, de feliz memoria, expulsó a Arrio, quienes permanecieron con Alejandro siguieron siendo cristianos, mientras que quienes salieron con Arrio nos dejaron el Nombre del Salvador a los que estábamos con Alejandro y fueron llamados, por su parte, arrianos desde entonces. Y ved que, también después de la muerte de Alejandro, quienes están en comunión con su sucesor Atanasio, y aquellos con quienes el mismo Atanasio está en comunión, confirman esta regla: ninguno de ellos lleva su nombre, ni recibe él el de ellos, sino que todos, de igual modo y como es costumbre, se llaman cristianos. Pues, aunque tengamos una sucesión de maestros y lleguemos a ser sus discípulos, como lo que ellos nos enseñan es lo referente a Cristo, seguimos siendo y llamándonos cristianos. En cambio, quienes siguen a los herejes, por innumerables que sean los sucesores de su herejía, llevan siempre el nombre de quien la ideó. Así, aunque Arrio haya muerto y muchos de su partido lo hayan sucedido, quienes piensan como él son llamados arrianos, pues por Arrio se los reconoce. Y hay una prueba notable de ello: los griegos que aun en nuestros días entran en la Iglesia, al abandonar la superstición de los ídolos, no toman el nombre de quienes los catequizan, sino el del Salvador, y comienzan a llamarse cristianos en vez de griegos; mientras que aquellos de entre ellos que se pasan a los herejes, así como todos los que desde la Iglesia se mudan a esta herejía, abandonan el nombre de Cristo y en adelante son llamados arrianos, porque ya no profesan la fe de Cristo, sino que han heredado la locura de Arrio.

    Discurso 1, § 4

    4. ¿Cómo pueden, pues, ser cristianos quienes, en vez de cristianos, son arriomaníacos? ¿O cómo pertenecen a la Iglesia católica quienes han sacudido de sí la fe apostólica y se han convertido en autores de nuevos males? ¿Cómo, tras abandonar los oráculos de la divina Escritura, llaman nueva sabiduría a la Talía de Arrio? Y con razón, por cierto, pues anuncian una nueva herejía. De ahí que uno pueda maravillarse: aunque muchos han escrito numerosos tratados y abundantes homilías sobre el Antiguo Testamento y el Nuevo, en ninguno de ellos se encuentra una Talía; ni siquiera entre los gentiles más respetables, sino tan solo entre quienes cantan semejantes coplas mientras beben, entre vítores y bromas, cuando los hombres se entregan a la juerga para hacer reír a los demás. Hasta que este admirable Arrio, sin tomar por modelo nada grave y sin conocer siquiera lo que es respetable, mientras robaba copiosamente de otras herejías, quiso ser original en lo ridículo y no tener por rival sino a Sótades. Pues, cuando pretendía salir danzando contra el Salvador, ¿qué podía convenirle más que verter sus miserables palabras de impiedad en versos disolutos y licenciosos? Así, si "al hombre", como dice la Sabiduría, "se lo conoce por lo que sale de su boca", también por aquellos ritmos se harían patentes el alma afeminada del autor y la corrupción de su pensamiento. En verdad, aquel hombre astuto no escapó a la vista de nadie; antes bien, por mucho que se retorciera de un lado a otro como la serpiente, no hizo sino caer en el error de los fariseos. Ellos, para transgredir la Ley, fingían celo por las palabras de la Ley; y, para negar al Señor esperado, que ya estaba presente, usaban hipócritamente el nombre de Dios, y quedaron convictos de blasfemia al decir: "¿Por qué tú, siendo hombre, te haces Dios?", y: "¿Yo y el Padre somos uno [
    ]?". Así también este falso y sotádico Arrio finge hablar de Dios y emplea el lenguaje de la Escritura, pero por doquier se lo reconoce como el impío Arrio, que niega al Hijo y lo cuenta entre las criaturas.
    Comentario editorial · Los epítetos contra los arrianos
    El § 4 llama «arriomaníacos» a los arrianos y «nueva sabiduría» a la Talía de Arrio. Esa acumulación de insultos —locos, enemigos de Cristo, discípulos de Satanás— es constante en los cuatro discursos. La introducción del NPNF la juzga tediosa y, por su frecuencia misma, poco eficaz, y avisa de que la versión inglesa traduce por «fanáticos» lo que el original dice «locos»; pide al lector atento que pase por encima de esos rasgos para apreciar el manejo de la Escritura y la firmeza con que se mantienen unas pocas verdades centrales. Otra cosa que conviene tener presente es que casi todo lo que se sabe de los arrianos llega por citas de sus adversarios (véase la nota siguiente).

    Capítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio

    Arrio sostiene que Dios llegó a ser Padre y que el Hijo no existió siempre; que el Hijo procede de la nada; que hubo un tiempo en que no existía; que no existía antes de ser engendrado; que fue creado; que recibió los nombres de Sabiduría y Verbo por los atributos de Dios; que fue hecho para que pudiera hacernos a nosotros; que es una entre las muchas potestades de Dios; que es mudable; que fue exaltado porque Dios conocía de antemano lo que llegaría a ser; que no es Dios verdadero, sino que, como otros, recibe ese nombre por participación; que es ajeno al Padre en esencia; que no conoce ni ve al Padre; que no se conoce a sí mismo

    Discurso 1, § 5

    5. Pues bien, el comienzo de la Talía de Arrio, con su frivolidad afeminada en el tono y en la índole, dice así:
    "Conforme a la fe de los elegidos de Dios, de los prudentes de Dios,
    hijos santos que disciernen rectamente y reciben el Espíritu Santo de Dios,
    esto he aprendido de los partícipes de la sabiduría,
    consumados, instruidos por Dios y sabios en todas las cosas.
    Por sus huellas he caminado, compartiendo sus opiniones,
    yo, el muy célebre, el que tanto ha padecido por la gloria de Dios;
    y, enseñado por Dios, he adquirido sabiduría y conocimiento".
    Y las burlas que allí profiere, repugnantes y sumamente impías, son estas: "Dios no fue siempre Padre", sino que "hubo un tiempo en que Dios estaba solo y aún no era Padre, pero después llegó a ser Padre". "El Hijo no existió siempre"; pues, así como todas las cosas fueron hechas de la nada y todas las criaturas y obras existentes fueron hechas, también el propio Logos de Dios fue "hecho de la nada", y "hubo un tiempo en que no existía", y "no existía antes de su originación", sino que, como los demás, "tuvo un principio de creación". "Porque Dios —dice— estaba solo, y aún no existían el Verbo ni la Sabiduría. Entonces, queriendo formarnos, hizo a uno y lo llamó Verbo, Sabiduría e Hijo, para formarnos por medio de él". Así pues, dice que hay dos sabidurías: primero, el atributo que coexiste con Dios; y, luego, que el Hijo tuvo origen en esta sabiduría y solo recibió los nombres de Sabiduría y Verbo por participar de ella. "Pues la Sabiduría —dice—, por voluntad del Dios sabio, recibió su existencia en la Sabiduría". De igual modo, dice que hay en Dios otro Verbo además del Hijo, y que el Hijo, a su vez, por participar de él, recibe por gracia los nombres de Verbo e Hijo. Y también es una idea propia de su herejía, como se muestra en otras obras suyas, que existen muchas potestades: una de ellas es propia de Dios por naturaleza y eterna; Cristo, en cambio, no es la verdadera potestad de Dios, sino que, como otras, es una de las llamadas potestades; una de estas, a saber, la langosta y la oruga, es llamada en la Escritura no solo potestad, sino "gran potestad". Las otras son muchas y semejantes al Hijo, y de ellas habla David en los Salmos cuando dice: "El Señor de los ejércitos" o "de las potestades". Y, por naturaleza, al igual que todos los demás, el propio Logos es mudable y permanece bueno por su libre voluntad mientras así lo quiere; pero, cuando quiere, puede mudar como nosotros, pues es de naturaleza mudable. "Por eso —dice—, como Dios sabía de antemano que sería bueno, le concedió anticipadamente esta gloria, que después, como hombre, alcanzó por la virtud. Así, en consideración a sus obras conocidas de antemano, hizo Dios que llegara a ser tal como es".
    Comentario editorial · La Talía de Arrio, conocida por sus adversarios
    Según Wikipedia, la Talía (en griego «abundante», nombre de una de las Musas) fue la única obra teológica conocida de Arrio, escrita hacia 320 y perdida: solo subsisten los fragmentos que citan sus adversarios, sobre todo Atanasio, quien en este discurso transcribe las primeras líneas y en otro tratado, De synodis, añade más. Atanasio la llama afeminada y laxa y la acusa de imitar el estilo del egipcio Sotades; en el § 4 la compara con coplas de bebedores. Lo que sabemos del pensamiento de Arrio llega, pues, filtrado por su mayor adversario, y los extractos de este capítulo deben leerse con esa cautela.

    Discurso 1, § 6

    6. Además, se ha atrevido a decir que "el Verbo no es Dios verdadero"; que "aunque se le llama Dios, no es Dios verdadero", sino que "por participación de la gracia, él, como los demás, es Dios solo de nombre". Y, así como todos los seres son ajenos a Dios y distintos de él en esencia, también "el Verbo es extraño y desemejante en todas las cosas a la esencia y a la pertenencia propia del Padre", y pertenece, por el contrario, a los seres creados, siendo uno de ellos. Después, como si hubiese heredado la temeridad del diablo, ha afirmado en su Talía que "incluso para el Hijo es invisible el Padre", y que "el Verbo no puede ver ni conocer perfecta y exactamente a su propio Padre", sino que aun lo que conoce y lo que ve lo conoce y lo ve "en proporción a su propia medida", como también nosotros conocemos según nuestra propia capacidad. Pues el Hijo, dice, no solo no conoce exactamente al Padre, porque no alcanza a comprenderlo, sino que "ni siquiera conoce su propia esencia"; y que "las esencias del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo son distintas por naturaleza, extrañas entre sí, inconexas, ajenas y sin participación mutua"; y, según sus propias palabras, "enteramente desemejantes entre sí en esencia y gloria, hasta el infinito". Así, en cuanto a la "semejanza de gloria y esencia", dice que el Verbo difiere por completo tanto del Padre como del Espíritu Santo. Con tales palabras ha hablado el impío, sosteniendo que el Hijo es distinto por sí mismo y que en modo alguno participa del Padre. Estos son algunos pasajes de las fábulas de Arrio que se encuentran en aquella composición jocosa.

    Discurso 1, § 7

    7. ¿Quién puede oír todo esto, más aún, el tono de la Talía, sin aborrecer, y con razón, a este Arrio que hace burla de tales asuntos como si estuviese en un escenario? ¿Quién, cuando lo ve fingir que nombra a Dios y habla de Dios, puede considerarlo sino como la serpiente que aconsejaba a la mujer? ¿Quién, al leer lo que sigue en su obra, puede dejar de discernir en su doctrina impía aquel error al que después la serpiente sedujo a la mujer con sus sofismas? ¿Quién no se indigna ante semejantes blasfemias? "El cielo —dice el profeta— se espantó, y la tierra se estremeció [
    ]" ante la transgresión de la Ley. Pero el sol, con mayor horror, incapaz de soportar las afrentas corporales que el Señor común de todos padeció voluntariamente por nosotros, se apartó y, retirando sus rayos, dejó aquel día sin sol. ¿Y no quedará enmudecido todo el género humano ante las blasfemias de Arrio, ni se tapará los oídos y cerrará los ojos para no oírlas ni ver a su autor? Más bien, ¿no tendrá razón el propio Señor para denunciar a hombres tan impíos, más aún, tan ingratos, con las palabras que ya pronunció por el profeta Oseas: "¡Ay de ellos, porque han huido de mí! ¡Destrucción sobre ellos, porque se han rebelado contra mí! Aunque yo los redimí, hablaron mentiras contra mí [
    ]"? Y poco después: "Traman el mal contra mí; se vuelven hacia la nada". Pues apartarse del Logos de Dios, que es, y forjarse para sí uno que no existe es caer en lo que no es. Por esta causa, cuando Arrio habló de tal modo, el Concilio Ecuménico lo expulsó de la Iglesia y lo anatematizó, porque no podía tolerar semejante impiedad. Y desde entonces el error de Arrio ha sido tenido por una herejía fuera de lo común, reconocida como enemiga de Cristo y precursora del Anticristo. Aunque una condena tan grave tenga por sí misma fuerza singular para hacer que los hombres huyan de aquella herejía impía, como dije antes, puesto que ciertas personas llamadas cristianas, ya por ignorancia, ya por fingimiento, la juzgan, como entonces dije, poco diferente de la Verdad y llaman cristianos a quienes la profesan, procedamos a plantearles algunas preguntas, según nuestras fuerzas, para poner así al descubierto la falta de escrúpulos de la herejía. Quizá, al verse de este modo sorprendidos, callen y huyan de ella como de la vista de una serpiente.

    Capítulo 3. Importancia de la cuestión

    Los arrianos adoptan el lenguaje de la Escritura, pero su doctrina es nueva y contraria a ella. Exposición de la doctrina católica: el Hijo es propio de la sustancia del Padre y es eterno. Se expone de nuevo, por contraste, la doctrina arriana: Él es una criatura que tuvo principio. La controversia se reduce a esto: si aquel en quien hemos de creer como Dios puede serlo solo de nombre y no ser más que una criatura. ¿Qué pretexto hay, pues, para permanecer indiferentes ante la controversia? Los arrianos se apoyan en el patrocinio del poder y no se atreven a confesar sus doctrinas

    Discurso 1, § 8

    8. Si, en su opinión, el empleo de ciertas expresiones de la divina Escritura transforma la blasfemia de la Talía en lenguaje piadoso, naturalmente deberían también negar a Cristo con los judíos de hoy, al ver con cuánto empeño estudian estos la Ley y los Profetas; y quizá negarán asimismo la Ley y los Profetas, como los maniqueos, porque estos leen algunas partes de los Evangelios. Si tal desconcierto y tales palabras vanas proceden de la ignorancia, la Escritura les enseñará que el diablo, autor de las herejías, toma prestado el lenguaje de la Escritura a causa del mal olor que acompaña al mal, y lo usa como manto para sembrar también la tierra con su propio veneno y seducir a los sencillos. Así engañó a Eva; así forjó las herejías anteriores; así persuadió a Arrio, en nuestros días, a que aparentase hablar contra aquellas para introducir la suya sin que nadie lo advirtiera. Y, con todo, al fin no escapó aquel hombre astuto. Pues, al mostrarse impío para con el Logos de Dios, lo perdió todo de una vez y puso ante los ojos de todos su ignorancia también acerca de las demás herejías; y, no teniendo en su fe ni una partícula de verdad, no hace sino fingir que la posee. Porque ¿cómo puede hablar con verdad acerca del Padre quien niega al Hijo, que lo revela? ¿O cómo puede profesar la recta fe acerca del Espíritu, mientras habla impíamente del Verbo que da el Espíritu? ¿Y quién se fiará de él en lo tocante a la Resurrección, cuando niega a Cristo, primogénito de entre los muertos por nosotros? ¿Y cómo no ha de errar acerca de su presencia encarnada quien ignora por completo la generación genuina y verdadera del Hijo a partir del Padre? Así también los judíos de antaño, al negar al Verbo y decir: "No tenemos más rey que César [
    ]", quedaron al punto despojados de cuanto tenían y perdieron la luz de la Lámpara, el aroma del ungüento, el conocimiento de la profecía y la Verdad misma; hasta el día de hoy no entienden nada, sino que andan como en tinieblas. Pues ¿quién había oído jamás doctrina semejante? ¿De dónde, o de quién, la recibieron los partidarios y asalariados de la herejía? ¿Quién se la expuso así cuando estaban en la escuela? ¿Quién les dijo: "Abandonad el culto a la creación y acercaos luego a adorar a una criatura y una obra"? Pero si ellos mismos reconocen que la han oído ahora por primera vez, ¿cómo pueden negar que esta herejía es ajena a nosotros y que no procede de nuestros padres? Y lo que no procede de nuestros padres, sino que ha salido a la luz en nuestros días, ¿cómo no ha de ser aquello que predijo el bienaventurado Pablo: que "en los últimos tiempos algunos se apartarán de la sana fe, prestando oído a espíritus seductores y a doctrinas de demonios, por la hipocresía de mentirosos, cauterizados en su propia conciencia y apartados de la verdad"?

    Discurso 1, § 9

    9. Pues he aquí que nosotros tomamos la divina Escritura y, a partir de ella, hablamos con libertad de la fe piadosa y la ponemos como luz sobre el candelero, diciendo: Hijo verdadero del Padre, natural y genuino, propio de su esencia, Sabiduría unigénita y Verbo único y verdadero de Dios es Él; no criatura ni obra, sino vástago propio de la esencia del Padre. Por eso es Dios verdadero, uno en esencia con el Padre verdadero; mientras que los demás seres, a quienes dijo: "Yo dije: sois dioses", recibieron esta gracia del Padre solo por participación en el Verbo, mediante el Espíritu. Pues Él es la impronta de la persona del Padre, Luz de Luz, Poder e Imagen verdadera de la esencia del Padre. Porque también el Señor ha dicho: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre [
    ]". Y siempre era, siempre es y nunca hubo un tiempo en que no existiese. Pues, siendo eterno el Padre, también su Verbo y su Sabiduría han de ser eternos. Por otra parte, ¿qué pueden mostrarnos estos hombres de la infame Talía? O, ante todo, que la lean ellos mismos e imiten el tono de su autor; quizá al menos la burla que recibirán de otros les enseñe cuán bajo han caído; y que luego pasen a explicarse. Porque ¿qué pueden decir tomándolo de ella, sino que "Dios no fue siempre Padre, sino que llegó a serlo después; el Hijo no existió siempre, pues no existía antes de ser engendrado; no procede del Padre, sino que, como los demás, llegó a la subsistencia de la nada; no es propio de la esencia del Padre, pues es criatura y obra"? Y que "Cristo no es Dios verdadero, sino que, como los demás, fue hecho Dios por participación; el Hijo no conoce exactamente al Padre, ni el Verbo ve perfectamente al Padre, ni lo comprende ni conoce con exactitud. No es el Verbo verdadero y único del Padre, sino que solo de nombre es llamado Verbo y Sabiduría, y por gracia es llamado Hijo y Poder. No es inmutable como el Padre, sino mudable por naturaleza como las criaturas, y no alcanza a comprender el conocimiento perfecto del Padre". ¡Admirable herejía, que ni siquiera resulta verosímil, sino que especula contra Aquel que es para afirmar que no es, y en todas partes presenta la blasfemia como lenguaje piadoso! Si alguien, después de examinar ambas doctrinas, fuese preguntado cuál de las dos seguiría en la fe, o cuál de las dos habla dignamente de Dios —o, mejor dicho, que digan ellos mismos, estos partidarios de la impiedad, qué convendría responder si se preguntase a un hombre acerca de Dios, pues "el Verbo era Dios"—. Porque con esta sola pregunta puede decidirse toda la causa de una y otra parte: qué conviene decir, que existía o que no existía; que existía siempre o que tuvo un comienzo antes de su nacimiento; que es eterno o que procede de tal o cual momento; que es verdadero o que lo es por adopción, por participación y solo en idea; si se le ha de llamar uno de los seres creados o unirlo al Padre; si se le ha de considerar distinto del Padre en esencia o semejante a Él y propio de Él; si es una criatura o Aquel por quien fueron creadas las criaturas; si es el Verbo del Padre o si hay otro verbo además de Él, por el cual fue creado, y otra sabiduría; y si solo recibe el nombre de Sabiduría y de Verbo, y ha llegado a ser partícipe de esa sabiduría y segundo respecto de ella.

    Discurso 1, § 10

    10. ¿Cuál de las dos doctrinas presenta a nuestro Señor Jesucristo como Dios e Hijo del Padre: esa que vosotros habéis vomitado, o la que nosotros hemos expuesto y sostenemos a partir de las Escrituras? Si el Salvador no es Dios, ni Verbo, ni Hijo, se os podrá permitir decir cuanto queráis, y lo mismo a los gentiles y a los judíos de hoy. Pero si Él es el Verbo del Padre y el Hijo verdadero, Dios de Dios y "bendito por los siglos sobre todas las cosas [
    ]", ¿no conviene borrar y hacer desaparecer aquellas otras expresiones y esa Talía arriana, como modelo de maldad y depósito de toda impiedad, en el cual quien cae "no sabe que los gigantes perecen con ella y llega a las profundidades del Hades"? Ellos mismos lo saben y, con astucia, lo ocultan: no tienen valor para hablar abiertamente, sino que dicen otra cosa. Pues, si hablan, sobrevendrá su condenación; y, si despiertan sospechas, desde todas partes se esgrimirán contra ellos pruebas de la Escritura. Por eso, en su astucia, como hijos de este mundo, después de alimentar su supuesta lámpara con aceite de olivo silvestre, y temiendo que pronto se apague —pues está dicho: "La luz de los impíos se apagará [
    ]"—, la esconden bajo el celemín de su hipocresía, profesan otra cosa y se jactan del amparo de sus amigos y de la autoridad de Constancio, para que, entre su hipocresía y sus declaraciones, quienes acudan a ellos no lleguen a ver cuán abominable es su herejía. ¿No es detestable incluso por esto: porque no se atreve a hablar abiertamente, sino que sus propios amigos la mantienen oculta y la crían como se crían las serpientes? Pues ¿de qué fuentes han reunido esas palabras? ¿O de quién han recibido lo que se atreven a decir? No pueden señalar a un solo hombre que se lo haya enseñado. Porque ¿quién hay entre todos los hombres, griego o bárbaro, que se atreva a contar entre las criaturas a Aquel a quien a la vez confiesa Dios, y a decir que no existió hasta que fue hecho? ¿O quién hay que se niegue a creer al Dios en quien ha puesto su fe cuando dice: "Este es mi Hijo amado [
    ]", con el pretexto de que no es Hijo, sino criatura? Antes bien, semejante locura suscitaría la indignación de todos. Tampoco les ofrece la Escritura pretexto alguno; pues muchas veces se ha demostrado, y se demostrará ahora, que su doctrina es ajena a los oráculos divinos. Por tanto, puesto que solo queda decir que su delirio procede del diablo —pues solo él siembra tales opiniones—, procedamos a resistirlo: porque contra él es nuestro verdadero combate, y ellos no son sino instrumentos; para que, con la ayuda del Señor, y vencido con argumentos el enemigo, como de costumbre, queden avergonzados al ver sin recursos a quien sembró en ellos esta herejía, y aprendan, aunque tarde, que, por ser arrianos, no son cristianos.

    Capítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado

    Estos atributos, por ser los puntos controvertidos, se prueban primero mediante textos expresos de la Escritura. Acerca del "poder eterno" de Dios en Romanos 1:20, que se demuestra ser el Hijo. Observaciones sobre la fórmula arriana "El Hijo no existía entonces", cuyos partidarios no se atreven a hablar de "un tiempo en que el Hijo no existía"

    Discurso 1, § 11

    11. Por instigación suya, pues, habéis sostenido y creéis que "el Hijo no existía entonces"; este es el primer manto que encubre vuestras doctrinas y que es preciso arrancar. Decid, pues: ¿qué existía entonces, cuando no existía el Hijo, oh hombres calumniadores e impíos? Si respondéis que el Padre, vuestra blasfemia es todavía mayor; pues es impío decir que él existía "entonces", o designarlo con la palabra "entonces". Porque él existe siempre, y existe ahora; y, así como existe el Hijo, existe también él, que es el que es y el Padre del Hijo. Pero si decís que el Hijo existía entonces, cuando él mismo no existía, vuestra respuesta es necia y carece de sentido. Pues ¿cómo podría existir y no existir a la vez? Ante esta dificultad, no os queda sino responder que hubo un tiempo en que el Logos no existía; pues vuestro propio adverbio "entonces" significa naturalmente eso. Y vuestra otra fórmula, "no existía antes de ser engendrado", equivale a decir: "Hubo un tiempo en que no existía"; porque una y otra significan que hay un tiempo anterior al Logos. ¿De dónde habéis sacado, pues, semejante hallazgo? ¿Por qué, como los gentiles, os amotináis e imagináis vanas palabras contra el Señor y contra su Cristo? Ninguna Escritura santa ha empleado tal lenguaje acerca del Salvador, sino más bien "siempre", "eterno" y "coexistente siempre con el Padre". Pues "en el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios [
    ]". Y en el Apocalipsis habla así: "El que es, el que era y el que ha de venir". Ahora bien, ¿quién podrá negar la eternidad a "el que es" y "el que era"? También Pablo, para refutar a los judíos, escribió en su Epístola a los Romanos: "De quienes, según la carne, procede Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por siempre [
    ]"; y, para hacer callar a los griegos, dijo: "Sus cosas visibles, desde la creación del mundo, se ven claramente al ser comprendidas por medio de las cosas hechas, esto es, su poder eterno y su Divinidad"; y qué sea el poder de Dios nos lo enseña él mismo en otro lugar: "Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios". Ciertamente, con estas palabras no designa al Padre, como a menudo os susurráis unos a otros al afirmar que el Padre es "su poder eterno". No es así; pues no dice: "Dios mismo es el poder", sino: "Suyo es el poder". A todos es manifiesto que "suyo" no equivale a "él"; y, sin embargo, no designa algo ajeno, sino algo que le es propio. Examinad también el contexto y "volved al Señor"; ahora bien, "el Señor es el Espíritu"; y veréis que se refiere al Hijo.

    Discurso 1, § 12

    12. Pues, después de mencionar la creación, habla naturalmente del poder del Hacedor que en ella se manifiesta; y ese poder, digo yo, es el Logos de Dios, por quien fueron hechas todas las cosas. Si la creación, por sí sola y sin el Hijo, bastara para dar a conocer a Dios, cuidad de no caer en el pensamiento de que llegó a existir sin el Hijo. Pero si llegó a existir por medio del Hijo, y "en él subsisten todas las cosas [
    ]", necesariamente quien contempla rectamente la creación contempla también al Logos que la formó, y por él comienza a conocer al Padre. Y si, como también dice el Salvador, "nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo [
    ]"; y si, cuando Felipe le pidió: "Muéstranos al Padre", no dijo: "Contempla la creación", sino: "Quien me ha visto a mí ha visto al Padre [
    ]"; con razón, pues, Pablo —al acusar a los griegos de contemplar la armonía y el orden de la creación sin reparar en el Verbo Hacedor que hay en ella (pues las criaturas dan testimonio de su propio Hacedor), como deberían haber hecho para conocer, por medio de la creación, al Dios verdadero y abandonar el culto que le tributaban a ella—, con razón dijo: "Su poder eterno y su Divinidad [
    ]", designando así al Hijo. Y cuando los escritores sagrados dicen "el que existe antes de los siglos" y "por quien hizo los siglos [
    ]", proclaman con igual claridad el ser eterno y perpetuo del Hijo, aun cuando están designando a Dios mismo. Así, aunque Isaías diga: "El Dios eterno, creador de los confines de la tierra [
    ]"; y Susana dijera: "Oh Dios eterno"; y Baruc escribiera: "Clamaré al Eterno en mis días", y poco después: "Mi esperanza está en el Eterno, que os salvará, y me ha venido alegría del Santo"; puesto que el Apóstol, escribiendo a los Hebreos, dice: "El cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su persona [
    ]"; y también David, en el salmo octogésimo noveno: "Y el resplandor del Señor sea sobre nosotros", y: "En tu luz veremos la luz", ¿quién tendrá tan poco entendimiento que dude de la eternidad del Hijo? Pues ¿cuándo ha visto el hombre la luz sin el fulgor de su resplandor, para poder decir del Hijo: "Hubo un momento en que no existía", o: "No existía antes de ser engendrado"? Y las palabras dirigidas al Hijo en el salmo ciento cuarenta y cuatro, "Tu reino es reino de todos los siglos", impiden imaginar intervalo alguno en que el Logos no existiera. Porque, si todo intervalo de los siglos tiene medida y el Logos es Rey y Hacedor de todos los siglos, de suerte que no existe intervalo alguno anterior a él, sería una locura decir: "Hubo un momento en que el Eterno no existía", y: "El Hijo procede de la nada". Y puesto que el Señor mismo dice: "Yo soy la Verdad", y no: "Me hice la Verdad", sino siempre: "Yo soy; yo soy el Pastor; yo soy la Luz"; y también: "¿No me llamáis Señor y Maestro? Y hacéis bien en llamarme así, porque lo soy", ¿quién, al oír que Dios, la Sabiduría y el Verbo del Padre hablan así de sí mismos, seguirá vacilando ante la verdad y no creerá de inmediato que las palabras "yo soy" significan que el Hijo es eterno y sin principio?

    Discurso 1, § 13

    13. Es manifiesto, pues, por lo dicho, que las Escrituras declaran la eternidad del Hijo; y por lo que sigue resulta igualmente manifiesto que las expresiones arrianas "no existía", "antes" y "cuando" se aplican en esas mismas Escrituras a las criaturas. Moisés, por ejemplo, al narrar la generación de nuestro mundo, dice: "Y toda planta del campo, antes de que existiera en la tierra, y toda hierba del campo, antes de que brotara; pues el Señor Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que labrase el suelo [
    ]". Y en el Deuteronomio: "Cuando el Altísimo repartió las naciones [
    ]". Y el Señor mismo dijo: "Si me amarais, os alegraríais de que haya dicho: Voy al Padre, porque mi Padre es mayor que yo. Y ahora os lo he dicho antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis [
    ]". Y acerca de la creación dice por boca de Salomón: "Antes de que existiera la tierra, cuando no había abismos, fui engendrado; cuando aún no había fuentes abundantes en agua. Antes de que fueran asentados los montes, antes que las colinas, fui engendrado [
    ]". Y: "Antes que Abraham fuese, yo soy [
    ]". Y acerca de Jeremías dice: "Antes de formarte en el seno materno, te conocí [
    ]". Y David dice en el salmo: "Antes de que nacieran los montes, antes de que fueran hechas la tierra y el mundo, tú eres Dios desde la eternidad y por los siglos de los siglos". Y en Daniel: "Susana clamó en alta voz y dijo: Oh Dios eterno, que conoces los secretos y sabes todas las cosas antes de que existan". Así se ve que las expresiones "en otro tiempo no existía", "antes de llegar a existir", "cuando" y otras semejantes corresponden a los seres creados y a las criaturas, que proceden de la nada, pero son ajenas al Logos. Ahora bien, si la Escritura emplea tales términos para los seres creados, y "siempre" para el Logos, se sigue de ello, oh enemigos de Dios, que el Hijo no procede de la nada ni se cuenta en absoluto entre las cosas creadas, sino que es la Imagen del Padre y su Logos eterno, que jamás dejó de existir, sino que existe siempre, como resplandor eterno de una Luz eterna. ¿Por qué imaginar, entonces, tiempos anteriores al Hijo? ¿O por qué blasfemar del Logos como si fuera posterior a los tiempos, cuando por él fueron hechos aun los siglos? Pues ¿cómo pudieron subsistir el tiempo o los siglos cuando, según decís, aún no había aparecido el Logos, "por quien" "fueron hechas todas las cosas" y "sin quien" "nada de lo que fue hecho se hizo [
    ]"? ¿O por qué, si os referís al tiempo, no decís claramente: "Hubo un tiempo en que el Logos no existía"? Pero, aunque omitáis la palabra "tiempo" para engañar a los sencillos, no ocultáis en absoluto lo que pensáis; y, aun si lo hicierais, no podríais evitar que se descubriese. Pues seguís refiriéndoos, sencillamente, a tiempos cuando decís: "Hubo un momento en que no existía" y "no existía antes de ser engendrado".

    Capítulo 5. Continuación del tema

    La objeción de que la eternidad del Hijo lo sitúa al mismo nivel que el Padre introduce la cuestión de su filiación divina como segunda prueba de su eternidad. La palabra "Hijo" se introduce en un sentido secundario, pero debe entenderse en su sentido real. Puesto que todas las cosas participan del Padre al participar del Hijo, Él es la participación plena del Padre; es decir, es Hijo por naturaleza, pues ser participado en plenitud equivale a engendrar

    Discurso 1, § 14

    14. Una vez demostrados estos puntos, su impiedad va aún más lejos. "Si nunca hubo un tiempo en que el Hijo no existiera —dicen—, sino que es eterno y coexiste con el Padre, ya no lo llamáis Hijo del Padre, sino hermano". ¡Insensatos y pendencieros! Pues, si dijéramos tan solo que estaba eternamente con el Padre, y no que era su Hijo, su pretendido escrúpulo tendría cierta apariencia de razón; pero si, al afirmar que es eterno, confesamos también que es Hijo procedente del Padre, ¿cómo puede considerarse hermano de quien lo engendra aquel que es engendrado? Y si nuestra fe está puesta en el Padre y el Hijo, ¿qué hermandad puede haber entre ellos? ¿Y cómo puede llamarse al Logos hermano de aquel de quien es Verbo? Esta no es una objeción de hombres verdaderamente ignorantes, pues comprenden dónde está la verdad; es un pretexto judaico, y precisamente de quienes, según las palabras de Salomón, "por su deseo se apartan [
    ]" de la verdad. Porque el Padre y el Hijo no fueron engendrados a partir de algún origen preexistente, de modo que podamos tenerlos por hermanos, sino que el Padre es el Principio del Hijo y lo engendró; y el Padre es Padre, no hijo nacido de nadie; y el Hijo es Hijo, no hermano. Además, si se le llama vástago eterno del Padre, con razón se le llama así. Pues nunca fue imperfecta la esencia del Padre, de suerte que lo que le es propio hubiera de añadírsele después; ni ha sido engendrado el Hijo como un hombre lo es de otro hombre, de modo que sea posterior a la existencia de su Padre, sino que es vástago de Dios y, por ser Hijo propio del Dios que existe siempre, existe eternamente. Porque a los hombres les es propio engendrar en el tiempo, a causa de la imperfección de su naturaleza; el vástago de Dios, en cambio, es eterno, pues su naturaleza es siempre perfecta. Si, por tanto, no es Hijo, sino una obra hecha de la nada, no tienen más que probarlo; entonces serán libres, como quien habla de una criatura, de clamar: "Hubo un tiempo en que no existía", pues las cosas creadas no existían y han llegado a ser. Pero si es Hijo, como dice el Padre y proclaman las Escrituras, y "Hijo" no significa otra cosa que lo engendrado por el Padre, y lo engendrado por el Padre es su Verbo, su Sabiduría y su Resplandor, ¿qué decir sino que, al sostener que "hubo un tiempo en que el Hijo no existía", despojan a Dios de su Verbo como saqueadores y afirman abiertamente de Él que hubo un tiempo en que carecía de su propio Verbo y Sabiduría, que la Luz estuvo un tiempo sin resplandor y que la Fuente estuvo un tiempo estéril y seca? Pues, aunque fingen espantarse ante la palabra "tiempo", a causa de quienes se lo reprochan, y dicen que Él existía antes de los tiempos, al señalar ciertos intervalos durante los cuales imaginan que no existía, siguen siendo sumamente irreligiosos, ya que igualmente sugieren la existencia de tiempos y atribuyen a Dios una ausencia de Razón.

    Discurso 1, § 15

    15. Pero si, por otra parte, aun reconociendo con nosotros el nombre de "Hijo" porque no quieren ser condenados pública y universalmente, niegan que el Hijo sea la prole propia de la esencia del Padre, alegando que ello implicaría partes y divisiones, ¿qué hacen sino negar que sea verdaderamente Hijo y llamarlo Hijo solo de nombre? ¿Y no es un grave error concebir materialmente lo inmaterial y, por la debilidad de su propia naturaleza, negar lo que es natural y propio del Padre? Solo les falta negarlo también a Él, pues no comprenden cómo es Dios ni qué es el Padre, ahora que, necios como son, miden por sí mismos al Vástago del Padre. Y quienes se hallan en tal disposición de ánimo que juzgan imposible que Dios tenga un Hijo merecen nuestra compasión; pero hay que interrogarlos y ponerlos al descubierto, por si acaso así recobran el juicio. Si, pues, como decís, "el Hijo procede de la nada" y "no existía antes de ser engendrado", también Él, como los demás, ha de ser llamado Hijo, Dios y Sabiduría solo por participación; pues así subsisten todas las demás criaturas y son glorificadas por la santificación. Habéis de decirnos, entonces, de qué participa Él. Todas las demás cosas participan del Espíritu; pero Él, según vosotros, ¿de qué participa? ¿Del Espíritu? Antes bien, el Espíritu mismo recibe del Hijo, como Él mismo dice; y no es razonable afirmar que este sea santificado por aquel. Por tanto, es del Padre de quien participa, pues solo esto queda por decir. Pero aquello de lo que participa, ¿qué es o de dónde procede? Si se trata de algo externo provisto por el Padre, ya no participará del Padre, sino de lo que es externo a Él; y ni siquiera será ya el segundo después del Padre, puesto que tendrá por delante a ese otro; ni podrá llamarse Hijo del Padre, sino hijo de aquello de lo que, por participar, ha recibido los nombres de Hijo y Dios. Y si esto es impropio e irreligioso, cuando el Padre dice: "Este es mi Hijo amado [
    ]", y cuando el Hijo dice que Dios es su propio Padre, se sigue que aquello de lo que participa no es externo, sino que procede de la esencia del Padre. Y, en cuanto a esto, si fuese distinto de la esencia del Hijo, nos hallaríamos ante un desatino semejante, pues habría entonces algo entre aquello que procede del Padre y la esencia del Hijo, cualquiera que esta fuese.

    Discurso 1, § 16

    16. Siendo, pues, evidentemente impropios y falsos tales pensamientos, nos vemos llevados a afirmar que lo que procede de la esencia del Padre y le es propio es enteramente el Hijo; pues afirmar que Dios es participado en plenitud equivale a afirmar que engendra; y ¿qué significa engendrar sino tener un Hijo? Y así, todas las cosas participan del Hijo mismo según la gracia del Espíritu que procede de Él; lo cual muestra que el Hijo mismo no participa de nada, sino que aquello del Padre de lo que se participa es el Hijo; pues, por participar del Hijo mismo, se dice que participamos de Dios. Esto es lo que dijo Pedro: "para que seáis partícipes de la naturaleza divina [
    ]"; como dice también el Apóstol: "¿No sabéis que sois templo de Dios?", y: "Nosotros somos templo del Dios viviente". Y al contemplar al Hijo vemos al Padre; pues pensar y comprender al Hijo es conocer al Padre, ya que Él es su prole propia, procedente de su esencia. Y puesto que ninguno de nosotros llamaría jamás afección o división de la esencia de Dios al hecho de ser participado —pues se ha mostrado y reconocido que de Dios se participa, y que ser participado equivale a engendrar—, tampoco lo engendrado es afección ni división de aquella bienaventurada esencia. Por ello no es increíble que Dios tenga un Hijo, el Vástago de su propia esencia; ni damos a entender que haya afección o división en la esencia de Dios cuando hablamos de "Hijo" y "Vástago", sino que creemos reconociendo al verdadero y genuino Unigénito de Dios. Si, pues, como hemos afirmado y estamos mostrando, el Vástago de la esencia del Padre es el Hijo, no podemos vacilar; antes bien, debemos estar ciertos de que Él mismo es la Sabiduría y el Verbo del Padre, en quien y por quien crea y hace todas las cosas; y también su Resplandor, en quien ilumina todas las cosas y se revela a quien quiere; y asimismo su Impronta e Imagen, en quien es contemplado y conocido, por lo cual "Él y su Padre son uno [
    ]", y quien lo ve a Él ve al Padre; y es el Cristo, en quien todas las cosas son redimidas y la nueva creación es realizada de nuevo. Y, por otra parte, siendo el Hijo tal Vástago, no es propio, sino harto peligroso, decir que es una obra hecha de la nada o que no existía antes de ser engendrado. Pues quien así habla de lo que es propio de la esencia del Padre blasfema ya contra el Padre mismo, puesto que piensa en verdad de Él lo que falsamente imagina de su Vástago.
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