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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
  70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
  73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

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    Cuatro discursos contra los arrianos

    356–360 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)35 minPosición: 0% de esta parteParte 10 de 14 · Capítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la EncarnaciónPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-10

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
    70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
    73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

    Capítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación

    Enumeración de los textos que aún quedan por explicar. Comparación de los arrianos con los judíos. Debemos volver a la regla de fe. Nuestro Señor no entró en un hombre, sino que se hizo hombre y, por ello, asumió los actos y las afecciones de la carne. Unas mismas obras son divinas y humanas. Así fue purificada la carne, y los hombres fueron hechos inmortales. Referencia a 1 Pedro 4:1

    Discurso 3, § 26

    26. Pues he aquí que, como si no se hubiesen fatigado de pronunciar palabras impías, sino que se hubiesen endurecido con el faraón, al oír y ver en los Evangelios los atributos humanos del Salvador, han olvidado por completo, como el samosatense, la Divinidad que el Hijo tiene del Padre, y con lengua arrogante y temeraria dicen: "¿Cómo puede proceder el Hijo del Padre por naturaleza y ser semejante a Él en esencia, si dice: "Toda potestad me ha sido dada"; y: "El Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado todo juicio al Hijo"; y: "El Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en su mano; el que cree en el Hijo tiene vida eterna"; y también: "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelárselo"; y asimismo: "Todo lo que el Padre me da vendrá a mí"?". Sobre esto observan: "Si era, como decís, Hijo por naturaleza, no necesitaba recibir nada, sino que lo poseía por naturaleza como Hijo". «O ¿cómo puede ser la Potencia natural y verdadera del Padre quien, al acercarse la hora de la pasión, dice: "Ahora está turbada mi alma, ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora; mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre". Entonces vino una voz del cielo que decía: "Lo he glorificado y volveré a glorificarlo" [
    ]? Y en otra ocasión dijo lo mismo: "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz"; y: "Habiendo dicho esto Jesús, se turbó en espíritu, dio testimonio y dijo: En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará".» Entonces razonan estos hombres perversos: "Si fuese la Potencia, no habría temido, sino que más bien habría infundido fortaleza a otros". Dicen además: "Si fuese por naturaleza la Sabiduría verdadera y propia del Padre, ¿cómo está escrito: "Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia ante Dios y los hombres"?". Del mismo modo, cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a los discípulos quién decían los hombres que era Él; y, estando en Betania, preguntó dónde yacía Lázaro; y dijo además a sus discípulos: "¿Cuántos panes tenéis?". "¿Cómo, pues —dicen ellos—, es la Sabiduría quien crecía en sabiduría e ignoraba aquello que preguntaba a otros?". También alegan esto: «¿Cómo puede ser el Verbo propio del Padre, sin el cual el Padre jamás existió y por medio del cual hace todas las cosas, como pensáis vosotros, quien dijo en la Cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"; y antes había orado: "Glorifica tu nombre", y: "Padre, glorifícame tú con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo fuese"? Y solía orar en los desiertos y exhortar a sus discípulos a que orasen para no entrar en tentación; y dijo: "El espíritu, a la verdad, está dispuesto, pero la carne es débil". Y: "De aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni los ángeles, ni siquiera el Hijo".» Ante esto vuelven a decir estos desdichados: «Si el Hijo, según vuestra interpretación, existiese eternamente con Dios, no habría ignorado el Día, sino que, siendo el Logos, lo habría conocido; ni habría sido desamparado, puesto que coexistía con Él; ni habría pedido recibir gloria, puesto que la tenía en el Padre; ni habría orado en absoluto, pues, siendo el Logos, nada necesitaba. Pero, como es una criatura y uno de los seres creados, habló así y necesitó lo que no tenía; porque es propio de las criaturas requerir y necesitar aquello de que carecen.»

    Discurso 3, § 27

    27. Esto, pues, es lo que los impíos alegan en sus discursos; y, si así razonan, podrían decir todavía, con entera consecuencia y mayor osadía: "¿Por qué se hizo carne el Logos?". Y podrían añadir: "Pues ¿cómo pudo, siendo Dios, hacerse hombre?", o: "¿Cómo pudo el Inmaterial llevar un cuerpo?". O podrían hablar aún más a la manera de los judíos, con Caifás: "¿Por qué Cristo, siendo hombre, se hizo Dios?". Pues esto y otras cosas semejantes murmuraban entonces los judíos al verlo; y ahora los arriomaníacos, al leerlo, se niegan a creer y han caído en blasfemias. Si alguien, por tanto, cotejase cuidadosamente las palabras de unos y otros, hallaría sin duda que ambos llegan a la misma incredulidad, que es igual la audacia de su impiedad y que tienen una misma disputa con nosotros. Pues los judíos decían: "¿Cómo puede ser Dios, siendo hombre?". Y los arrianos: "Si fuese verdaderamente Dios de Dios, ¿cómo pudo hacerse hombre?". Los judíos se escandalizaban entonces y se burlaban diciendo: "Si hubiese sido Hijo de Dios, no habría padecido la Cruz"; y los arrianos, apostados frente a ellos, nos objetan: "¿Cómo osáis decir que es el Verbo propio de la esencia del Padre quien tuvo un cuerpo y padeció todo esto?". Además, mientras los judíos procuraban matar al Señor porque decía que Dios era su propio Padre y se hacía igual a Él, realizando las obras que el Padre realiza, los arrianos no solo han aprendido a negar que sea igual a Dios y que Dios sea el Padre propio y natural del Logos, sino que procuran matar a quienes sostienen esto. Asimismo, mientras los judíos decían: "¿No es este el hijo de José, cuyo padre y cuya madre conocemos? ¿Cómo dice, entonces: Antes que Abraham fuese, yo soy, y: He descendido del cielo?", los arrianos, por su parte, responden en consonancia: "¿Cómo puede ser el Logos o Dios quien durmió como hombre, lloró e hizo preguntas?". Así, unos y otros niegan la eternidad y la Divinidad del Logos a causa de los atributos humanos que el Salvador asumió por razón de la carne que llevó.

    Discurso 3, § 28

    28. Siendo, pues, semejante error judaico, y judaico conforme al pensamiento de Judas el traidor, confiésense abiertamente discípulos de Caifás y de Herodes, en vez de encubrir el judaísmo con el nombre del cristianismo, y nieguen sin rodeos, como antes hemos dicho, la aparición del Salvador en la carne, pues tal doctrina es afín a su herejía. O, si por servilismo hacia Constancio y por consideración a aquellos a quienes han engañado temen judaizar abiertamente y circuncidarse, no digan entonces lo que dicen los judíos; porque, si rechazan el nombre, justo es que renuncien también a la doctrina. Pues nosotros somos cristianos, oh arrianos, cristianos somos; tenemos el privilegio de conocer rectamente lo que los Evangelios dicen acerca del Salvador, y ni apedrearlo con los judíos cuando oímos hablar de su Divinidad y eternidad, ni tropezar, como vosotros, con las expresiones humildes que pudo pronunciar como hombre por nosotros. Si, pues, queréis haceros cristianos, despojaos de la locura de Arrio y limpiad con palabras de piedad esos oídos vuestros que la blasfemia ha mancillado, sabiendo que, al dejar de ser arrianos, cesará también en vosotros la malevolencia de los judíos de ahora. Entonces brillará al punto para vosotros la verdad desde las tinieblas, y ya no nos reprocharéis que sostengamos la existencia de dos seres eternos, sino que vosotros mismos reconoceréis que el Señor es el verdadero Hijo de Dios por naturaleza, y no meramente eterno, sino manifiesto como aquel que coexiste en la eternidad del Padre. Pues hay cosas llamadas eternas de las cuales Él es el Hacedor; porque en el salmo veintitrés está escrito: "Alzad vuestras puertas, oh príncipes; alzaos, puertas eternas"; y es manifiesto que por medio de Él fueron hechas estas cosas. Mas, si es el Hacedor aun de las cosas eternas, ¿quién de nosotros podrá en adelante disputar que es anterior a ellas y que, por consiguiente, queda demostrado que es Señor no tanto por su eternidad cuanto porque es Hijo de Dios? Pues, siendo el Hijo, es inseparable del Padre, y jamás hubo un tiempo en que no existiese, sino que existió siempre; y, siendo la Imagen y el Resplandor del Padre, posee la eternidad del Padre. Baste lo que brevemente se ha dicho antes para mostrar que no entienden los pasajes que entonces alegaban; y que ciertamente dan una interpretación errada a los que ahora aducen de los Evangelios podremos verlo fácilmente si consideramos el sentido general de la fe que profesamos los cristianos y, tomándolo por regla, nos aplicamos, como enseña el Apóstol, a la lectura de la Escritura inspirada. Pues los enemigos de Cristo, ignorantes de este sentido general, se han apartado del camino de la verdad y han tropezado [
    ] con piedra de tropiezo, por pensar de otro modo que aquel en que debían pensar.

    Discurso 3, § 29

    29. Ahora bien, el sentido general y el carácter de la Sagrada Escritura, como tantas veces hemos dicho, son estos: contiene un doble testimonio acerca del Salvador; que fue siempre Dios y es el Hijo, siendo el Verbo, el Resplandor y la Sabiduría del Padre; y que después, por nosotros, tomó carne de una Virgen, María, Madre de Dios, y se hizo hombre. Y este sentido se encuentra en toda la Escritura inspirada, como el Señor mismo dijo: "Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí" [
    ]. Mas, para no extenderme demasiado reuniendo todos los pasajes sobre esta materia, baste citar como muestra, primero, lo que dice Juan: "En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Este estaba en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él no fue hecha ni una sola cosa"; luego: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como de Unigénito del Padre"; y después, lo que escribe Pablo: "El cual, siendo en forma de Dios, no consideró un botín ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres; y, hallado en su condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz" [
    ]. Cualquiera que, partiendo de estos pasajes y recorriendo toda la Escritura según la interpretación que ellos indican, la examine, advertirá cómo al principio el Padre le dijo: "Hágase la luz", y: "Haya un firmamento", y: "Hagamos al hombre"; pero, llegada la plenitud de los tiempos, lo envió al mundo no para que juzgase al mundo, sino para que el mundo fuese salvo por Él; y cómo está escrito: "He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y llamarán su nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros" [
    ].

    Discurso 3, § 30

    30. El lector de la divina Escritura puede, pues, familiarizarse con estos pasajes de los libros antiguos; y, por otra parte, en los Evangelios advertirá que el Señor se hizo hombre; pues "el Verbo —dice— se hizo carne y habitó entre nosotros" [
    ]. Y se hizo hombre, no entró en un hombre; porque es necesario saberlo, no sea que estos impíos caigan también en semejante idea y engañen a alguno haciéndole pensar que, así como antiguamente el Logos solía venir a cada uno de los santos, así ahora moró en un hombre, santificándolo también y manifestándose en él como en los demás. Pues, si así hubiese sido y solo se hubiese manifestado en un hombre, no habría habido en ello nada extraño, ni quienes lo vieron se habrían sobresaltado diciendo: "¿De dónde viene este?", y: "¿Por qué tú, siendo hombre, te haces Dios?". Conocían, en efecto, tal idea por las palabras: "Y vino el Verbo del Señor" a este o aquel de los profetas. Pero ahora, puesto que el Logos de Dios, por quien todas las cosas llegaron a existir, se dignó hacerse también Hijo del Hombre y se humilló tomando forma de siervo, por ello la Cruz de Cristo es escándalo para los judíos, mas para nosotros Cristo es "potencia de Dios" y "Sabiduría de Dios" [
    ]; pues "el Verbo", como dice Juan, "se hizo carne" —siendo costumbre de la Escritura llamar al hombre "carne", como dice por el profeta Joel: "Derramaré mi Espíritu sobre toda carne", y como dijo Daniel a Astiages: "No adoro ídolos hechos por manos, sino al Dios vivo, que creó el cielo y la tierra y tiene soberanía sobre toda carne"; pues tanto él como Joel llaman carne al género humano—.

    Discurso 3, § 31

    31. Antiguamente solía venir a los santos uno por uno y santificar a quienes lo recibían rectamente; pero ni cuando ellos eran engendrados se decía que Él se hubiese hecho hombre, ni cuando padecían se decía que Él mismo padeciese. Mas cuando vino entre nosotros desde María, una vez, al fin de los tiempos, para la abolición del pecado —pues así plugo al Padre: enviar a su propio Hijo, "nacido de mujer, nacido bajo la Ley"—, entonces se dice que tomó carne y se hizo hombre, y que en esa carne padeció por nosotros, como dice Pedro: "Habiendo, pues, Cristo padecido por nosotros en la carne" [
    ;
    ]. Así había de mostrarse, y todos habían de creer, que quien siempre fue Dios, santificaba a aquellos a quienes venía y ordenaba todas las cosas según la voluntad del Padre, después se hizo hombre por nosotros, y que "corporalmente" [
    ], como dice el Apóstol, habitó la Divinidad en la carne; como si dijese: "Siendo Dios, tuvo un cuerpo propio y, sirviéndose de él como instrumento, se hizo hombre por nosotros". Y por esta causa se dice que son suyas las propiedades de la carne, puesto que estaba en ella: tener hambre, tener sed, padecer, fatigarse y otras semejantes, de las que la carne es capaz; mientras que, por otra parte, las obras propias del Logos mismo, tales como resucitar a los muertos, devolver la vista a los ciegos y curar a la mujer que padecía flujo de sangre, las realizó por medio de su propio cuerpo. Y el Logos llevó las flaquezas de la carne como suyas, porque suya era la carne; y la carne sirvió a las obras de la Divinidad, porque la Divinidad estaba en ella, pues el cuerpo era de Dios. Y bien dijo el profeta "cargó" [
    ], y no dijo "remedió nuestras flaquezas", no fuese que, como alguien exterior al cuerpo que solamente lo sana, según siempre ha hecho, dejase a los hombres sujetos todavía a la muerte; sino que carga con nuestras flaquezas y Él mismo lleva nuestros pecados, para mostrar que se ha hecho hombre por nosotros y que el cuerpo que en Él los llevó era su propio cuerpo. Y, mientras Él mismo no sufrió daño alguno al "llevar nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero", como dice Pedro, nosotros, los hombres, fuimos redimidos de nuestras propias afecciones y llenos de la justicia del Logos.

    Discurso 3, § 32

    32. De ahí que, cuando la carne padecía, el Logos no era exterior a ella, y por eso se dice que la pasión es suya; y, cuando realizaba divinamente las obras de su Padre, la carne no era exterior a Él, sino que en el cuerpo mismo las realizaba el Señor. Por ello, hecho hombre, dijo: "Si no hago las obras del Padre, no me creáis; pero, si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que sepáis que el Padre está en mí y yo en Él". Y así, cuando fue menester levantar a la suegra de Pedro, que estaba enferma de fiebre, extendió la mano humanamente, pero detuvo divinamente la enfermedad. Y, en el caso del ciego de nacimiento, humana era la saliva que salió de su carne, pero divinamente le abrió los ojos por medio del barro. Y, en el caso de Lázaro, emitió como hombre una voz humana; pero divinamente, como Dios, resucitó a Lázaro de entre los muertos. Tales cosas se hicieron y se manifestaron así porque tenía un cuerpo, no en apariencia, sino en verdad; y convenía al Señor, al revestirse de carne humana, revestirse de ella entera, con las afecciones que le son propias, para que, así como decimos que el cuerpo era suyo, podamos decir también que las afecciones del cuerpo le eran propias a Él solo, aunque no lo afectasen según su Divinidad. Si el cuerpo hubiese sido de otro, también a ese otro se habrían atribuido las afecciones; pero, si la carne es del Logos —pues "el Verbo se hizo carne"—, necesariamente las afecciones de la carne se atribuyen también a aquel a quien pertenece la carne. Y aquel a quien se atribuyen las afecciones, como ser condenado, ser azotado, tener sed, padecer la cruz y la muerte, y las demás flaquezas del cuerpo, suyo es también el triunfo y la gracia. Por esta causa, pues, con razón y propiedad se atribuyen tales afecciones no a otro, sino al Señor, para que también de Él proceda la gracia y para que no nos hagamos adoradores de otro alguno, sino verdaderamente piadosos para con Dios, pues no invocamos a ningún ser creado ni a un hombre cualquiera, sino al Hijo natural y verdadero que procede de Dios, quien se ha hecho hombre sin dejar por ello de ser Señor, Dios y Salvador.

    Discurso 3, § 33

    33. ¿Quién no admirará esto? O ¿quién no reconocerá que es verdaderamente divino? Pues, si las obras de la Divinidad del Logos no se hubiesen realizado por medio del cuerpo, el hombre no habría sido divinificado; y, a su vez, si las propiedades de la carne no se hubiesen atribuido al Logos, el hombre no habría sido enteramente librado de ellas. Aunque hubiesen cesado por algún tiempo, como antes dije, el pecado y la corrupción habrían permanecido en él, como sucedía con el género humano antes de su venida. Y he aquí la razón: muchos, por ejemplo, han sido hechos santos y purificados de todo pecado; más aún, Jeremías fue santificado desde el seno materno, y Juan, estando todavía en el seno, saltó de gozo al oír la voz de María, Madre de Dios; y, sin embargo, "reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán" [
    ]. Y así el hombre permaneció mortal y corruptible como antes, sujeto a las afecciones propias de su naturaleza. Pero ahora que el Logos se ha hecho hombre y ha hecho suyo lo que pertenece a la carne, estas cosas ya no afectan al cuerpo, a causa del Logos que ha venido a él, sino que son destruidas por Él; y, en adelante, los hombres ya no permanecen pecadores y muertos conforme a sus propias afecciones, sino que, resucitados por el poder del Logos, perduran para siempre inmortales e incorruptibles. De ahí también que, aunque la carne nazca de María, Madre de Dios, se diga que nació Él mismo, quien da a otros el origen de su existencia, para que traslade a sí nuestro origen y nosotros ya no volvamos a la tierra como mera tierra, sino que, unidos al Logos que viene del cielo, seamos llevados por Él al cielo. Por tanto, de igual modo y no sin razón, ha trasladado también a sí las demás afecciones del cuerpo, para que nosotros, ya no como meros hombres, sino como quienes pertenecen al Logos, tengamos parte en la vida eterna. Pues ya no morimos conforme a nuestro antiguo origen en Adán; antes bien, trasladados en adelante al Logos nuestro origen y toda flaqueza de la carne, nos levantamos de la tierra, apartada la maldición del pecado por causa de aquel que está en nosotros y que se hizo maldición por nosotros. Y con razón: pues, así como todos procedemos de la tierra y morimos en Adán, así también, regenerados de lo alto por el agua y el Espíritu, todos somos vivificados en Cristo; porque la carne ya no es terrena, sino que en adelante ha sido hecha Verbo, por razón del Verbo de Dios que "se hizo carne" por nosotros.

    Discurso 3, § 34

    34. Y para alcanzar un conocimiento más exacto de la impasibilidad de la naturaleza del Logos y de las flaquezas que se le atribuyen a causa de la carne, será bueno escuchar al bienaventurado Pedro, pues será un testigo digno de crédito acerca del Salvador. Escribe, por tanto, así en su Epístola: "Habiendo, pues, Cristo padecido por nosotros en la carne" [
    ]. Por consiguiente, también cuando se dice que tuvo hambre y sed, que se fatigó y no supo, que durmió, lloró, preguntó y huyó, que nació y pidió que pasase de Él el cáliz y, en una palabra, que experimentó todo cuanto pertenece a la carne, dígase, como conviene en cada caso: "Cristo, pues, tuvo hambre y sed «por nosotros en la carne;» " y "no supo, fue abofeteado y se fatigó «por nosotros en la carne;» " y "también fue exaltado, nació y creció «en la carne;» " y "tuvo miedo y se ocultó «en la carne;» " y "dijo: «Si es posible, pase de mí este cáliz [
    ],» y fue golpeado y recibió, «por nosotros en la carne;» " y, en una palabra, todo lo semejante, "por nosotros en la carne". Pues por esta razón el Apóstol mismo dijo: "Habiendo, pues, Cristo padecido", no en su Divinidad, sino "por nosotros en la carne", para que se reconozca que estas afecciones no son propias por naturaleza del Logos mismo, sino propias por naturaleza de la carne misma.
    Que nadie, pues, tropiece con lo que pertenece al hombre; sepa más bien que, por naturaleza, el Logos mismo es impasible y que, sin embargo, a causa de la carne de que se revistió, se le atribuyen estas cosas, puesto que son propias de la carne y el cuerpo mismo es propio del Salvador. Y mientras Él mismo, impasible por naturaleza, permanece tal como es, sin sufrir daño por estas afecciones, antes bien borrándolas y destruyéndolas, los hombres, cuyas pasiones son como transformadas y abolidas en el Impasible, se vuelven también en adelante impasibles y libres de ellas para siempre, como enseñó Juan al decir: "Y sabéis que Él se manifestó para quitar nuestros pecados, y en Él no hay pecado" [
    ]. Siendo esto así, ningún hereje podrá objetar: "¿Por qué resucita la carne, siendo mortal por naturaleza? Y, si resucita, ¿por qué no ha de tener también hambre y sed, padecer y permanecer mortal? Pues procede de la tierra, y ¿cómo puede desprenderse de ella su condición natural?". Porque la carne puede ahora responder a ese hereje tan dado a disputar: "Soy de la tierra y mortal por naturaleza, pero después me he convertido en carne del Logos", y Él "cargó" con mis afecciones, aunque está libre de ellas; y así quedé libre de ellas, sin estar ya abandonada a su servidumbre, gracias al Señor que me ha librado de ellas. Pues, si objetas que haya sido librada de la corrupción que me es natural, cuida de no objetar que el Logos de Dios haya tomado mi forma de servidumbre; porque, así como el Señor, al revestirse del cuerpo, se hizo hombre, así nosotros, los hombres, somos divinizados por el Logos al ser incorporados a Él por medio de su carne, y en adelante heredamos la vida "eterna".

    Discurso 3, § 35

    35. Hemos juzgado necesario examinar primero estas cuestiones para que, cuando lo veamos hacer o decir algo divinamente por medio del instrumento de su propio cuerpo, sepamos que obra así porque es Dios; y también, si lo vemos hablar o padecer humanamente, no ignoremos que llevó carne y se hizo hombre, y que por ello así obra y así habla. Pues, si reconocemos lo que es propio de cada naturaleza, y vemos y comprendemos que tanto unas cosas como otras son realizadas por uno solo, nuestra fe será recta y nunca nos extraviaremos. Pero si alguien, mirando las obras que el Logos realiza divinamente, niega el cuerpo, o, mirando lo que es propio del cuerpo, niega la presencia del Logos en la carne, o, a partir de lo humano, concibe pensamientos mezquinos acerca del Logos, tal hombre, como un tabernero judío que mezcla agua con el vino, tendrá la Cruz por escándalo o, como un gentil, juzgará locura la predicación. Esto, pues, es lo que les sucede a los arrianos, enemigos de Dios: al fijarse en lo humano que hay en el Salvador, lo han juzgado una criatura. Por tanto, deberían también, al contemplar las obras divinas del Logos, negar que su cuerpo haya tenido origen y contarse en adelante entre los maniqueos. Mas aprendan ellos, aunque sea tardíamente, que "el Verbo se hizo carne"; y nosotros, manteniendo el sentido general de la fe, reconozcamos que aquello que interpretan mal tiene una interpretación recta.

    Capítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc

    Estos textos tienen por objeto excluir la concepción sabeliana del Hijo; concuerdan con la doctrina católica acerca de Él y se explican por el "así" de Juan 5:26. (Anticipación del capítulo siguiente). Se emplean también con referencia a la naturaleza humana de nuestro Señor: por nosotros, para que pudiéramos recibir y no perder lo recibido, al recibirlo en Él. Y ello concuerda con otros pasajes de la Escritura, que muestran que Él tenía el poder, etc., antes de recibirlo. Era Dios y hombre, y sus acciones son a menudo divinas y humanas a un tiempo

    Discurso 3, § 35 (cont.)

    35 ( continuación ). Pues "el Padre ama al Hijo y ha puesto todas las cosas en su mano"; y "todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre"; y "yo no puedo hacer nada por mí mismo, sino que, según oigo, juzgo"; y otros pasajes semejantes no muestran que el Hijo careciera en otro tiempo de estas prerrogativas —pues ¿acaso no poseía eternamente cuanto posee el Padre quien es el único Verbo y la única Sabiduría del Padre por esencia, y quien dice también: "Todo cuanto tiene el Padre es mío", y lo mío es del Padre? Porque, si las cosas del Padre son del Hijo y el Padre las posee desde siempre, es manifiesto que cuanto posee el Hijo, por ser del Padre, estuvo siempre en el Hijo—. No dijo esto, por tanto, porque en otro tiempo careciese de ellas, sino porque, aunque el Hijo posee eternamente cuanto posee, lo tiene del Padre.
    Comentario editorial · Mateo 11:27 en otra obra de Atanasio
    Este capítulo comenta Mateo 11:27 («nadie conoce al Hijo sino el Padre…») y Juan 3:35; según el sumario de la edición, estos textos sirven para excluir la concepción sabeliana del Hijo y, a la vez, se aplican a su naturaleza humana. Atanasio dedicó a Mateo 11:27 y a Lucas 10:22 una obra aparte, que se lee en esta misma edición: Sobre Lucas 10:22 y Mateo 11:27.

    Discurso 3, § 36

    36. Pues, para que nadie, al advertir que el Hijo posee todo cuanto posee el Padre, se extravíe, a causa de la exacta semejanza e identidad de lo que posee, en la impiedad de Sabelio, creyendo que Él es el Padre, ha dicho: "Me fue dado", "Recibí" y "Me fueron entregadas [
    ;
    ]", solo para mostrar que no es el Padre, sino el Verbo del Padre y el Hijo eterno, quien, por su semejanza con el Padre, posee eternamente cuanto recibe de Él y, por ser el Hijo, tiene del Padre cuanto posee eternamente. Además, que "fue dado", "fueron entregadas" y expresiones semejantes no menoscaban la Divinidad del Hijo, sino que muestran más bien que es verdaderamente Hijo, podemos aprenderlo de los propios pasajes. Porque, si todas las cosas le son entregadas, en primer lugar, Él es distinto de todas esas cosas que ha recibido; en segundo lugar, siendo heredero de todas las cosas, solo Él es el Hijo y le es propio según la esencia del Padre. Porque, si fuera una de todas ellas, no sería "heredero de todas las cosas [
    ]", sino que cada cual habría recibido según la voluntad y la dádiva del Padre. Pero ahora, al recibir todas las cosas, es distinto de todas ellas y el único propio del Padre. Además, que "fue dado" y "fueron entregadas" no indican que en otro tiempo careciese de ellas, podemos concluirlo de un pasaje semejante, y del mismo modo respecto de todos los demás; pues el propio Salvador dice: "Como el Padre tiene vida en sí mismo, así también dio al Hijo el tener vida en sí mismo [
    ]". Ahora bien, con las palabras "dio" indica que Él no es el Padre; pero al decir "así", muestra la semejanza natural del Hijo y su pertenencia propia al Padre. Si, pues, hubo un tiempo en que el Padre no tuvo vida, es claro que hubo un tiempo en que tampoco la tuvo el Hijo; porque, como el Padre, "así" también la tiene el Hijo. Pero, si decir aquello es impío y, por el contrario, es piadoso decir que el Padre la tuvo siempre, ¿no es impropio de ellos afirmar que el Hijo no la tiene "así", sino de otro modo, cuando Él dice que, "como" la tiene el Padre, "así" también la tiene el Hijo? Antes bien, el Verbo es fiel, y todas las cosas que dice haber recibido las ha poseído siempre, aunque las posee del Padre; y el Padre, ciertamente, no las recibe de nadie, pero el Hijo las recibe del Padre. Pues, en el caso del resplandor, si el resplandor mismo dijera: "La luz me ha dado todos los lugares para que los ilumine, y yo no ilumino por mí mismo, sino según quiere la luz", con ello no daría a entender que en otro tiempo no los tuvo, sino que querría decir: "Soy propio de la luz, y todas las cosas de la luz son mías"; así, y con mucha mayor razón, hemos de entenderlo en el caso del Hijo. Porque el Padre, al dar todas las cosas al Hijo, sigue poseyéndolas todas en el Hijo; y, al poseerlas el Hijo, sigue poseyéndolas el Padre; pues la Divinidad del Hijo es la Divinidad del Padre, y así el Padre ejerce en el Hijo su Providencia sobre todas las cosas.

    Discurso 3, § 37

    37. Y mientras que tal es el sentido de expresiones como estas, las que hablan del Salvador en términos humanos admiten también un sentido piadoso. Con este fin, en efecto, las hemos examinado de antemano: para que, si lo oímos preguntar dónde han puesto a Lázaro, o preguntar, al llegar a la región de Cesarea: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?", o bien: "¿Cuántos panes tenéis?" y "¿Qué queréis que os haga?", podamos conocer, por lo ya dicho, el recto sentido de estos pasajes y no tropecemos como los arrianos, enemigos de Cristo. Ante todo, pues, debemos hacer esta pregunta a los impíos: ¿por qué lo consideran ignorante? Porque quien pregunta no pregunta necesariamente por ignorancia; también quien sabe puede preguntar acerca de lo que sabe. Así, Juan sabía que Cristo, al preguntar "¿Cuántos panes tenéis?", no lo hacía por ignorancia, pues dice: "Y esto lo decía para probarlo, porque Él sabía lo que había de hacer [
    ]". Pero, si sabía lo que iba a hacer, preguntó, por tanto, no con ignorancia, sino con conocimiento. Por este caso podemos entender otros semejantes: cuando el Señor pregunta dónde yace Lázaro o quién dicen los hombres que es Él, no pregunta por ignorancia, sino que sabe aquello por lo que pregunta y conoce lo que está a punto de hacer. Y así queda sin dificultad desbaratada su ingeniosa objeción; pero, si todavía insisten a causa de sus preguntas, habrá que decirles que en la Divinidad no hay, ciertamente, ignorancia, pero la ignorancia es propia de la carne, como ya se ha dicho. Y que esto es realmente así, observa cómo el Señor, que preguntó dónde yacía Lázaro, dijo Él mismo, cuando no se hallaba allí, sino muy lejos: "Lázaro ha muerto [
    ]", y señaló dónde había muerto; y cómo Aquel a quien ellos tienen por ignorante es el mismo que conocía de antemano los pensamientos de los discípulos y sabía lo que había en el corazón de cada uno y "lo que había en el hombre"; y, lo que es más, solo Él conoce al Padre y dice: "Yo en el Padre y el Padre en mí".

    Discurso 3, § 38

    38. Por tanto, a todos resulta manifiesto que la carne, ciertamente, ignora, pero el Logos mismo, considerado como Logos, conoce todas las cosas aun antes de que lleguen a ser. Porque, al hacerse hombre, no dejó de ser Dios; ni, siendo Dios, rehúye lo que es propio del hombre: ¡lejos de nosotros tal pensamiento! Antes bien, siendo Dios, tomó para sí la carne y, estando en la carne, divinifica la carne. Pues así como en ella hizo preguntas, también en ella resucitó a los muertos; y mostró a todos que quien da vida a los muertos y hace volver el alma, con mucha mayor razón discierne los secretos de todos. Y sabía dónde yacía Lázaro, y, sin embargo, preguntó; pues el santísimo Verbo de Dios, que todo lo soportó por nosotros, hizo esto para que, cargando así con nuestra ignorancia, se dignara concedernos el conocimiento de su único y verdadero Padre y de sí mismo, enviado por nosotros para la salvación de todos: gracia mayor que esta no podría haberla. Así pues, cuando el Salvador emplea las palabras que ellos aducen en su defensa: "Me ha sido dado poder" y "Glorifica a tu Hijo", y Pedro dice: "Le ha sido dado poder", entendemos todos estos pasajes en el mismo sentido: que dice todo esto como hombre, por causa del cuerpo. Porque, aunque no tenía necesidad de ello, se dice, sin embargo, que recibió aquello que recibió como hombre, a fin de que, puesto que el Señor lo ha recibido y el don reside en Él, la gracia permanezca segura. Pues cuando recibe un simple hombre, está expuesto a perder de nuevo lo recibido —como se vio en el caso de Adán, que recibió y perdió—; pero, para que la gracia sea irrevocable y los hombres la conserven segura, Él mismo hace suyo el don. Y dice que ha recibido, como hombre, el poder que siempre tuvo como Dios; y Él, que glorifica a otros, dice: "Glorifícame", para mostrar que posee una carne necesitada de estas cosas. Por lo cual, cuando la carne recibe, puesto que lo que recibe está en Él y que, al tomarla, Él se hizo hombre, se dice que Él mismo ha recibido.

    Discurso 3, § 39

    39. Si, pues —como muchas veces se ha dicho—, el Logos no se ha hecho hombre, atribuid al Logos, como pretendéis, el recibir, el necesitar gloria y el ignorar; pero, si se ha hecho hombre —y se ha hecho hombre—, y al hombre le es propio recibir, necesitar e ignorar, ¿por qué consideramos receptor al que da, sospechamos que necesita de algo al que dispensa a otros, separamos del Padre al Logos como si fuese imperfecto y necesitado y, al mismo tiempo, despojamos de la gracia a la naturaleza humana? Porque, si el Logos mismo, considerado como Logos, ha recibido y ha sido glorificado por sí mismo, y si es Él, según su Divinidad, quien es santificado y ha resucitado, ¿qué esperanza queda para los hombres? Pues permanecen como estaban, desnudos, desdichados y muertos, sin participación alguna en las cosas dadas al Hijo. ¿Por qué, además, vino el Logos entre nosotros y se hizo carne? Si fue para recibir estas cosas que dice haber recibido, antes carecía de ellas y necesariamente será más bien Él quien deba dar gracias al cuerpo, porque, al entrar en él, recibe entonces del Padre estas cosas que no tenía antes de descender a la carne. Según esto, parece que es Él quien ha sido exaltado por causa del cuerpo, más bien que el cuerpo por causa de Él. Pero esta idea es judaica. Mas si el Logos vino entre nosotros para redimir a la humanidad y se hizo carne para santificarla y divinificarla —y para esto se hizo carne—, ¿quién no ve que de ello se sigue que lo que dice haber recibido al hacerse carne lo menciona no por sí mismo, sino por la carne? Pues a esta, desde la cual hablaba, correspondían los dones concedidos por el Padre a través de Él. Pero veamos qué pidió y cuáles eran, en suma, las cosas que dijo haber recibido, para que también así lleguen ellos a comprenderlo. Pidió, pues, gloria, y, sin embargo, había dicho: "Todas las cosas me fueron entregadas [
    ]". Y después de la Resurrección dice que ha recibido toda potestad; pero aun antes de ella había dicho: "Todas las cosas me fueron entregadas". Era Señor de todas las cosas, pues "todas las cosas fueron hechas por medio de Él"; y "hay un solo Señor, por medio del cual son todas las cosas [
    ]". Y cuando pidió gloria era, como lo es, el Señor de la gloria; como dice Pablo: "Si lo hubieran conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria [
    ]"; pues ya tenía la gloria que pidió al decir: "La gloria que tenía contigo antes de que el mundo fuese [
    ]".

    Discurso 3, § 40

    40. También poseía, antes de recibirla y antes de la Resurrección, la potestad que dijo haber recibido después de ella. Pues Él mismo reprendió a Satanás, diciendo: "Apártate de mí, Satanás [
    ]"; y dio a los discípulos potestad contra él cuando, a su regreso, les dijo: "Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo [
    ]". Y también se hace patente que poseía, antes de recibirlo, aquello que dijo haber recibido, porque expulsaba a los demonios y desataba lo que Satanás había atado, como hizo con la hija de Abraham; porque perdonaba los pecados, diciendo al paralítico y a la mujer que le lavó los pies: "Tus pecados te son perdonados"; y porque resucitaba a los muertos y restauró la naturaleza originaria del ciego, concediéndole ver. Y todo esto lo hizo sin esperar a recibir potestad, sino porque "la poseía". De todo ello resulta manifiesto que, cuanto poseía como Logos, dice haberlo recibido como hombre después de hacerse hombre y de resucitar; para que, por causa de Él, los hombres pudieran desde entonces tener en la tierra potestad contra los demonios, hechos partícipes de la naturaleza divina, y en el cielo, libres de la corrupción, reinar eternamente. Así pues, debemos reconocer de una vez por todas que nada de lo que dice haber recibido lo recibió por no poseerlo antes; porque el Logos, siendo Dios, lo poseía siempre. Pero en estos pasajes se dice que lo recibió como hombre para que, puesto que la carne lo recibió en Él, desde entonces el don permaneciera seguro para nosotros por medio de ella. Pues las palabras de Pedro: "Recibiendo de Dios honor y gloria, y siéndole sujetos los ángeles", tienen este sentido. Así como preguntó como hombre y resucitó a Lázaro como Dios, también se dice de Él que "recibió" como hombre, mientras que la sujeción de los ángeles manifiesta la Divinidad del Logos.

    Discurso 3, § 41

    41. Cesad, pues, oh aborrecidos de Dios, de rebajar al Logos; y no menoscabéis su Divinidad, que es la del Padre, como si Él padeciera necesidad o ignorancia, no sea que estéis volviendo vuestros propios argumentos contra Cristo, como los judíos que antaño lo apedrearon. Porque estas cosas no pertenecen al Logos en cuanto Logos, sino que son propias de los hombres; y, así como cuando escupió, extendió la mano y llamó a Lázaro no dijimos que aquellas obras victoriosas fuesen humanas, aunque se realizaran por medio del cuerpo, sino que eran obras de Dios, así también, por el contrario, aunque en el Evangelio se atribuyan al Salvador cosas humanas, consideremos la naturaleza de lo que se dice y, puesto que tales cosas son ajenas a Dios, no las imputemos a la Divinidad del Logos, sino a su humanidad. Porque, aunque "el Verbo se hizo carne", las afecciones son propias de la carne; y, aunque Dios posee la carne en el Logos, al Logos pertenecen la gracia y el poder. Realizó, pues, las obras del Padre por medio de la carne; y, a la inversa, también se manifestaron verdaderamente en Él las afecciones de la carne: por ejemplo, preguntó y resucitó a Lázaro; reprendió a su Madre, diciendo: "Aún no ha llegado mi hora", e inmediatamente después convirtió el agua en vino. Porque era Dios verdadero en la carne y había carne verdadera en el Logos. Por tanto, mediante sus obras se reveló a sí mismo como Hijo de Dios y reveló a su propio Padre; y mediante las afecciones de la carne mostró que llevaba un cuerpo verdadero y que este era suyo.
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