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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
  70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
  73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

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    Cuatro discursos contra los arrianos

    356–360 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)41 minPosición: 0% de esta parteParte 12 de 14 · Capítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-XPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-10

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
    70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
    73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

    Capítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X

    ¿Es engendrado el Hijo por voluntad del Padre? Esto equivale, en realidad, a preguntar si hubo un tiempo en que no existía; y los arrianos se sirven de aquella pregunta para introducir esta. La regla de fe responde de inmediato negativamente mediante textos contrarios. Los arrianos siguen a los valentinianos al sostener que hay una voluntad previa, la cual Dios, en verdad, solo ejerce respecto de las criaturas. Testimonios de la Escritura. Inconsecuencia de Asterio. Si el Hijo existe por voluntad, debe haber otro Verbo anterior a él. Si Dios es bueno, o existe, por su voluntad, entonces también el Hijo existe por su voluntad. Si quiso tener razón o sabiduría, entonces su Verbo y su Sabiduría dependen de su voluntad. El Hijo es la Voluntad viviente y posee todos los títulos que denotan connaturalidad. La voluntad que el Padre tiene para con el Hijo, la tiene el Hijo para con el Padre. El Padre quiere al Hijo y el Hijo quiere al Padre

    Discurso 3, § 58 (cont.)

    58. ( continuación ). Mas, según parece, el hereje es en verdad un ser perverso, y su corazón está depravado e impío en todos los sentidos. Pues he aquí que, aunque refutados en todos los puntos y manifiestamente privados de todo entendimiento, no sienten vergüenza; antes bien, así como la hidra de la fábula pagana, cuando le destruían las antiguas serpientes, engendraba otras nuevas y combatía a quien había dado muerte a las primeras produciendo otras en su lugar, así también ellos, hostiles y odiosos a Dios como hidras que pierden la vida en las objeciones que aducen, inventan nuevas cuestiones judaicas e insensatas y nuevos artificios, como si la Verdad fuese su enemiga, para mostrar con ello aún más claramente que se oponen a Cristo en todas las cosas.

    Discurso 3, § 59

    59. Después de tantas pruebas contra ellos, ante las cuales hasta el diablo, que es su padre, se habría avergonzado y retirado, de su perverso corazón vuelven a murmurar otros artificios, unas veces en susurros y otras con el zumbido de los mosquitos: "Sea así —dicen—; interpretad de ese modo estos pasajes y alcanzad la victoria con razonamientos y pruebas; aun así, debéis decir que el Hijo recibió el ser del Padre por su voluntad y beneplácito". De esta suerte engañan a muchos, haciendo valer la voluntad y el beneplácito de Dios. Ahora bien, si alguno de los que creen rectamente dijese esto con sencillez, no habría motivo para sospechar de la expresión, pues prevalecería la rectitud de su intención sobre aquel uso algo simple de las palabras. Pero, puesto que la frase procede de los herejes, y las palabras de los herejes son sospechosas, y, como está escrito, "los impíos son engañosos" y "engañosas son las palabras de los impíos", aun cuando solo hagan señas, porque su corazón está depravado, examinemos también esta frase, no sea que, refutados por todos lados, inventen todavía, como hidras, un nuevo vocablo y, mediante ese lenguaje hábil y esa evasiva especiosa, siembren de nuevo por otra vía su impiedad. Pues quien dice: "El Hijo llegó a existir por voluntad divina", quiere decir lo mismo que quien dice: "Hubo un tiempo en que no existía", "El Hijo llegó a existir de la nada" y "Es una criatura". Mas, como ahora se avergüenzan de tales expresiones, estos astutos han procurado expresar su pensamiento de otro modo, proponiendo la palabra "voluntad" como las sepias arrojan su tinta, para cegar con ella a los sencillos y conservar su peculiar herejía. ¿De dónde sacan, pues, ese "por voluntad y beneplácito"? ¿O de qué Escritura? Que lo digan quienes tan sospechosos son en sus palabras y tan fecundos en inventar impiedades. Porque el Padre, que reveló desde el cielo a su propio Logos, declaró: "Este es mi Hijo amado"; y por David dijo: "Mi corazón profirió una buena palabra"; y mandó decir a Juan: "En el principio era el Verbo". También dice David en el salmo: "En ti está la fuente de la vida, y en tu luz veremos la luz"; y escribe el Apóstol: "El cual, siendo el resplandor de su gloria"; y asimismo: "El cual, siendo en forma de Dios", y: "El cual es la Imagen del Dios invisible".

    Discurso 3, § 60

    60. Todos, por doquier, nos hablan del ser del Logos, pero ninguno dice que exista "por voluntad", ni habla en absoluto de su creación. Ellos, en cambio, ¿dónde encontraron —pregunto— una voluntad o un beneplácito "previos" al Logos de Dios, a no ser que, dejando las Escrituras, imiten la perversidad de Valentín? Pues Tolomeo el valentiniano decía que el Inoriginado poseía dos atributos, Pensamiento y Voluntad; que primero pensó y después quiso, y que no pudo producir lo que había pensado hasta que se le añadió la facultad de la Voluntad. De ahí toman los arrianos la enseñanza según la cual la voluntad y el beneplácito preceden al Logos. Que rivalicen ellos, pues, con la doctrina de Valentín; nosotros, en cambio, al leer los oráculos divinos, encontramos que "era" se dice del Hijo, y solo de él oímos que está en el Padre y es la Imagen del Padre. Únicamente en el caso de los seres creados, puesto que por naturaleza hubo un tiempo en que no existían, sino que llegaron a existir después, reconocimos una voluntad y un beneplácito previos. Así dice David en el salmo ciento trece: "Nuestro Dios está en el cielo; cuanto quiso, hizo"; y en el ciento diez: "Grandes son las obras del Señor, buscadas conforme a todo su beneplácito"; y de nuevo, en el ciento treinta y cuatro: "Todo cuanto quiso el Señor, lo hizo en el cielo, en la tierra, en el mar y en todos los abismos". Si, pues, él es una obra y una cosa hecha, una entre las demás, dígase de él, como de las demás, que llegó a existir "por voluntad"; y la Escritura muestra que así son traídas a la existencia estas cosas. También Asterio, defensor de la herejía, lo admite cuando escribe: "Pues si es indigno del Hacedor de todas las cosas hacerlas según su beneplácito, suprímase igualmente su beneplácito respecto de todas ellas, para que su Majestad permanezca intacta. Pero si conviene a Dios querer, aplíquese también ese modo mejor al primer Vástago. Porque no es posible que a uno y el mismo Dios le convenga hacer las cosas según su beneplácito y no también según su voluntad". A pesar de haber introducido el sofista abundante impiedad en sus palabras, a saber, que el Vástago y la cosa hecha son lo mismo, y que el Hijo es un vástago entre todos los vástagos que existen, concluye que conviene decir que las obras existen por voluntad y beneplácito.

    Discurso 3, § 61

    61. Por tanto, si él es distinto de todas las cosas, como se ha demostrado más arriba, y si, antes bien, las obras llegaron a existir por medio de él, no se le atribuya el "por voluntad", o habrá llegado a existir del mismo modo que las cosas que por medio de él reciben el ser. Pues Pablo, que antes no era apóstol, llegó después a serlo "por voluntad de Dios"; y nuestra propia vocación, que antes tampoco existía y ahora tiene lugar, es precedida por la voluntad y, como dice también el mismo Pablo, se ha realizado "según el beneplácito de su voluntad [
    ]". Y lo que refiere Moisés: "Sea la luz", "Aparezca la tierra" y "Hagamos al hombre", significa, a mi juicio y conforme a lo dicho antes, la voluntad del que obra. Porque las cosas que antes no existían, sino que aparecieron después por causas exteriores, esas son las que el Hacedor decide hacer; pero respecto de su propio Logos, engendrado de él por naturaleza, no deliberó de antemano: pues en él hace el Padre y en él forma cuantas otras cosas decide hacer, como enseña también el apóstol Santiago cuando dice: "De su propia voluntad nos engendró por la palabra de verdad [
    ]". Por tanto, la voluntad de Dios acerca de todas las cosas, ya sean engendradas de nuevo, ya sean traídas a la existencia por primera vez, está en su Logos, en quien hace y engendra de nuevo cuanto le parece bien; así lo indica también el Apóstol [
    ] cuando escribe a los tesalonicenses: "Porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para con vosotros". Pero si en aquel en quien hace las cosas reside también la voluntad, y en Cristo está el beneplácito del Padre, ¿cómo puede él, como los demás, llegar a existir por voluntad y beneplácito? Pues si también él llegó a existir por voluntad, como sostenéis, se sigue que la voluntad relativa a él reside en algún otro Verbo, por cuyo medio él, a su vez, llega a existir; porque se ha demostrado que la voluntad de Dios no está en las cosas que trae a la existencia, sino en aquel por medio del cual y en el cual son traídas a la existencia todas las cosas hechas. Además, puesto que decir "por voluntad" y decir "hubo un tiempo en que no existía" viene a ser lo mismo, resuélvanse a decir: "Hubo un tiempo en que no existía", para que, al advertir con vergüenza que esta última expresión supone la existencia de tiempos, comprendan que decir "por voluntad" es situar tiempos antes del Hijo; pues la deliberación precede a las cosas que antes no existían, como sucede con todas las criaturas. Pero, si el Logos es el Hacedor de las criaturas y coexiste con el Padre, ¿cómo puede la deliberación preceder al Eterno, como si este no existiese? Pues, si la deliberación lo precede, ¿cómo fueron hechas todas las cosas por medio de él? Antes bien, él también sería, como uno entre los demás, engendrado por voluntad para ser Hijo, tal como nosotros fuimos hechos hijos por el Verbo de verdad; y quedaría, como se ha dicho, buscar otro Verbo por medio del cual también él llegó a existir y fue engendrado juntamente con todas las cosas que surgieron conforme al beneplácito de Dios.

    Discurso 3, § 62

    62. Si hay, pues, otro Verbo de Dios, sea el Hijo originado por medio de un verbo; pero si no lo hay, como en verdad sucede, sino que por medio de él han llegado a existir todas las cosas que el Padre quiso, ¿no queda con ello al descubierto la astucia de muchas cabezas de estos hombres? Se avergüenzan de decir "obra", "criatura" y "el Logos de Dios no existía antes de ser engendrado", pero afirman de otro modo que es una criatura, haciendo valer la "voluntad" y diciendo: "Si no llegó a existir por voluntad, entonces Dios tuvo un Hijo por necesidad y contra su beneplácito". ¿Y quién es, entonces, el que le impone tal necesidad, oh hombres perversísimos, que torcéis todas las cosas al servicio de vuestra herejía? Pues advierten lo que se opone a la voluntad, pero se les escapa lo que es superior a ella y la trasciende. Porque, así como lo que sucede contra el propio propósito se opone a la voluntad, lo que es conforme a la naturaleza trasciende y precede a la deliberación. Un hombre construye una casa por deliberación, pero engendra un hijo por naturaleza; y lo que pertenece a la construcción comienza a existir por voluntad y es exterior a quien lo hace, mientras que el hijo es prole propia de la esencia del padre y no es exterior a él. Por eso tampoco delibera el padre acerca del hijo, no sea que parezca deliberar acerca de sí mismo. Cuanto trasciende, pues, el Hijo a la criatura, tanto trasciende la naturaleza a la voluntad. Y ellos, al oír hablar de él, no deberían medir por la voluntad lo que es por naturaleza; pero, olvidando que oyen hablar del Hijo de Dios, se atreven a aplicar a Dios contrariedades humanas, "necesidad" y "contra el propio propósito", para poder negar así que hay un verdadero Hijo de Dios. Que nos digan ellos mismos: que Dios sea bueno y misericordioso, ¿le corresponde por voluntad o no? Si es por voluntad, debemos pensar que comenzó a ser bueno y que le es posible no serlo; pues deliberar y elegir implica la posibilidad de inclinarse a uno u otro lado, y es propio de una naturaleza racional. Pero, si es demasiado indecoroso afirmar que es bueno y misericordioso por voluntad, habrá que volver contra ellos lo que ellos mismos han dicho: "Por tanto, es bueno por necesidad y no por su beneplácito"; y "¿quién le impone esa necesidad?". Pero, si es indecoroso hablar de necesidad respecto de Dios y, por consiguiente, es bueno por naturaleza, con mucha mayor razón y más verdaderamente es Padre del Hijo por naturaleza y no por voluntad.

    Discurso 3, § 63

    63. Respondan además a esto —pues contra su desvergüenza deseo plantear otra pregunta, atrevida en verdad, pero formulada con intención piadosa; ¡sé propicio, oh Señor!—: el Padre mismo, ¿existe porque primero deliberó y después le plugo existir, o existía antes de deliberar? Puesto que son tan atrevidos en lo tocante al Logos, deben recibir una pregunta semejante, para que sepan que esta presunción suya alcanza incluso al Padre mismo. Si, pues, se ponen a deliberar sobre la voluntad y dicen que también él procede de la voluntad, ¿qué era antes de deliberar, o qué ganó, según vosotros, después de hacerlo? Mas, si tal pregunta es indecorosa y se destruye a sí misma, y aun formularla causa horror —pues basta oír el nombre de Dios para saber y comprender que él es el que Es—, ¿no será también contrario a la razón pensar otro tanto del Logos de Dios e inventar pretextos acerca de la voluntad y el beneplácito? Porque basta igualmente oír el nombre del Logos para saber y comprender que aquel que no es Dios por voluntad tiene su propio Logos no por voluntad, sino por naturaleza. ¿Y no excede toda locura imaginable albergar siquiera el pensamiento de que Dios mismo delibera, reflexiona, elige y decide complacerse en no estar sin Verbo ni sin Sabiduría, sino en poseer ambos? Pues quien delibera acerca de lo que es propio de su esencia parece estar reflexionando acerca de sí mismo. Habiendo, por tanto, tanta blasfemia en semejante pensamiento, será piadoso decir que los seres creados llegaron a existir "por gracia y voluntad", pero que el Hijo no es obra de la voluntad ni vino después, como la creación, sino que es por naturaleza el Vástago propio de la esencia de Dios. Pues, siendo el Logos propio del Padre, no nos permite poner la voluntad antes de él, ya que él mismo es el Consejo viviente del Padre, su Poder y el Hacedor de cuanto pareció bien al Padre. Y esto es lo que dice de sí mismo en los Proverbios: "Mío es el consejo y la seguridad; míos son el entendimiento y la fuerza [
    ]". Pues, aunque él mismo es el "Entendimiento" con el que preparó los cielos, y él mismo la "Fuerza y el Poder" —porque Cristo es "Poder de Dios y Sabiduría de Dios" [
    ]—, aquí cambia los términos y dice: "Mío es el entendimiento" y "mía es la fuerza"; así también, cuando dice: "Mío es el consejo", él mismo debe ser el Consejo viviente del Padre. Como hemos aprendido asimismo del Profeta, llega a ser "el Ángel del gran Consejo [
    ]" y fue llamado el beneplácito del Padre; pues así debemos refutarlos, sirviéndonos de comparaciones humanas acerca de Dios.

    Discurso 3, § 64

    64. Por tanto, si las obras subsisten "por voluntad y gracia", y toda criatura es hecha "según el beneplácito de Dios", y Pablo fue llamado a ser apóstol "por voluntad de Dios", y nuestra vocación se realizó "por su beneplácito y voluntad", y todas las cosas llegaron a existir por medio del Logos, él es ajeno a las cosas que llegaron a existir por voluntad; antes bien, él mismo es el Consejo viviente del Padre, por el cual llegaron a existir todas ellas y por el cual también David da gracias en el salmo setenta y dos: "Me has sostenido de la mano derecha; con tu Consejo me guiarás". ¿Cómo, entonces, puede el Logos, siendo el Consejo y Beneplácito del Padre, llegar él mismo a existir "por beneplácito y voluntad", como cualquiera de los demás? A no ser que, como dije antes, repitan en su locura que llegó a existir por medio de sí mismo o por medio de algún otro. ¿Quién es, pues, ese por medio del cual llegó a existir? Que inventen otro Verbo y den nombre a otro Cristo, rivalizando con la doctrina de Valentín; pues tal cosa no está en la Escritura. Y, aunque inventen otro, también este, sin duda, habrá llegado a existir por medio de alguien; y así, mientras enumeramos e investigamos su sucesión, se descubre que la herejía de muchas cabezas de los ateos desemboca en un politeísmo y una locura sin límites. En ella, por querer hacer del Hijo una criatura procedente de la nada, dan a entender lo mismo con otras palabras, fingiendo hablar de voluntad y beneplácito, términos que corresponden propiamente a los seres creados y a las criaturas. ¿No es impío, entonces, atribuir al Hacedor de todas las cosas las características de los seres creados? ¿Y no es blasfemo decir que la voluntad estaba en el Padre antes que el Logos? Pues, si la voluntad precede en el Padre, no son verdaderas las palabras del Hijo: "Yo en el Padre"; y, aun si está en el Padre, ocupará tan solo un segundo lugar y no le correspondería decir "Yo en el Padre", puesto que antes de él estaba la voluntad, en la cual todas las cosas fueron traídas a la existencia y él mismo subsistió, según sostenéis. Porque, aunque sobresalga en gloria, no deja por ello de ser una de las cosas que llegan a existir por voluntad. Y, como hemos dicho antes, si así fuera, ¿cómo sería él Señor y ellas siervas? Pero él es Señor de todas las cosas porque participa de la misma soberanía del Padre; y toda la creación está en servidumbre, puesto que es exterior a la unidad del Padre y, no habiendo existido antes, fue traída a la existencia.

    Discurso 3, § 65

    65. Además, si dicen que el Hijo existe por voluntad, deberían decir también que llegó a existir por entendimiento; pues considero que entendimiento y voluntad son lo mismo. Porque aquello sobre lo que un hombre delibera, también lo entiende; y aquello que entiende, también lo somete a deliberación. Ciertamente, el Salvador mismo ha mostrado su correspondencia, por ser afines, cuando dice: "Mío es el consejo y la seguridad; míos son el entendimiento y la fuerza [
    ]". Pues, así como fuerza y seguridad son lo mismo —ya que designan un solo atributo—, también podemos decir que Entendimiento y Consejo son lo mismo, y que ambos son el Señor. Mas estos hombres impíos no quieren que el Hijo sea el Verbo y el Consejo viviente; antes bien, fabulan que junto a Dios hay, como si de hábitos se tratase que van y vienen a la manera humana, entendimiento, consejo y sabiduría. Nada dejan por hacer y aducen el "Pensamiento" y la "Voluntad" de Valentín, con tal de separar al Hijo del Padre y llamarlo criatura en vez de Verbo propio del Padre. A ellos, pues, debe decírseles lo que se dijo a Simón el Mago: "Perezca contigo la impiedad de Valentín [
    ]"; y confíe más bien cada cual en Salomón, quien dice que el Verbo es Sabiduría y Entendimiento. Pues dice: "El Señor fundó la tierra con Sabiduría; con Entendimiento afirmó los cielos". Y, así como aquí dice "con Entendimiento", así dicen los Salmos: "Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos". Y, así como los cielos fueron hechos por el Verbo, también "ha hecho cuanto quiso". Y, como escribe el Apóstol a los tesalonicenses, "la voluntad de Dios está en Cristo Jesús". El Hijo de Dios, pues, es el "Verbo" y la "Sabiduría"; él es el "Entendimiento" y el "Consejo" viviente, y en él reside el "Beneplácito del Padre". Él es la "Verdad", la "Luz" y el "Poder" del Padre. Pero, si la Voluntad de Dios es Sabiduría y Entendimiento, y el Hijo es Sabiduría, quien dice que el Hijo existe "por voluntad" dice, en realidad, que la Sabiduría llegó a existir en una sabiduría, que el Hijo fue hecho en un hijo y que el Verbo fue creado por medio del Verbo; lo cual es incompatible con Dios y contrario a sus Escrituras. Pues el Apóstol proclama que el Hijo es el Resplandor y la Impronta propios, no de la voluntad del Padre, sino de su misma esencia, cuando dice: "El cual, siendo el resplandor de su gloria y la impronta de su subsistencia [
    ]". Pero si, como hemos dicho antes, la esencia y la subsistencia del Padre no proceden de la voluntad, tampoco, como es muy evidente, procede de la voluntad lo que es propio de la subsistencia del Padre; pues tal como es, y del modo en que es, esa bienaventurada subsistencia, así debe ser también su Vástago propio. Por eso el Padre mismo no dijo: "Este es el Hijo originado por mi voluntad", ni "el Hijo que tengo por mi gracia", sino simplemente "mi Hijo" y, más aún, "en quien tengo complacencia"; queriendo decir con ello: "Este es el Hijo por naturaleza, y en él reside mi voluntad acerca de cuanto me place".

    Discurso 3, § 66

    66. Puesto que el Hijo existe por naturaleza y no por voluntad, ¿existe sin el beneplácito del Padre y al margen de su voluntad? En modo alguno; antes bien, el Hijo cuenta con el beneplácito del Padre y, como él mismo dice: "El Padre ama al Hijo y le muestra todas las cosas". Porque, así como el Padre no comenzó a ser bueno "por voluntad", ni por ello es bueno sin voluntad y beneplácito —pues lo que él es, eso también le place ser—, así también, aunque la existencia del Hijo no proceda "de la voluntad", no carece del beneplácito del Padre ni es contraria a su propósito. Pues, así como su propia subsistencia cuenta con su beneplácito, así también el Hijo, siendo propio de su esencia, no existe sin él. Sea, pues, el Hijo objeto del beneplácito y del amor del Padre; y entienda así cada cual piadosamente el beneplácito de Dios y el hecho de que él no se opone a la existencia del Hijo. Porque, con el mismo beneplácito con que el Padre se complace en el Hijo, es el Padre objeto del amor, del beneplácito y de la honra del Hijo; y uno solo es el beneplácito que va del Padre al Hijo, de suerte que también aquí podamos contemplar al Hijo en el Padre y al Padre en el Hijo. Que nadie introduzca, pues, con Valentín, una voluntad previa; ni que nadie, bajo el pretexto de tal "deliberación", se interponga entre el único Padre y el único Verbo; porque sería locura situar entre ellos la voluntad y la reflexión. Una cosa es decir: "Llegó a existir por voluntad", y otra, que el Padre ama y se complace en su Hijo, que es suyo por naturaleza. Pues decir "Llegó a existir por voluntad" implica, en primer lugar, que hubo un tiempo en que no existía; y, además, implica la posibilidad de inclinarse a uno u otro lado, como se ha dicho, de modo que cabría suponer que el Padre podría incluso no querer al Hijo. Pero decir del Hijo "Podría no haber existido" es una presunción impía que alcanza hasta la esencia del Padre, como si pudiera no haber existido lo que le es propio. Es lo mismo que decir: "El Padre podría no haber sido bueno". Y, así como el Padre es siempre bueno por naturaleza, así también es siempre fecundo por naturaleza; por eso, decir "El beneplácito del Padre es el Hijo" y "El beneplácito del Verbo es el Padre" no implica una voluntad previa, sino autenticidad de naturaleza, pertenencia propia y semejanza de esencia. Pues, así como de la luz y su resplandor puede decirse que en la luz no hay voluntad que preceda al resplandor, sino que este es su vástago natural, producido con el beneplácito de la luz que lo engendró, no por voluntad y reflexión, sino por naturaleza y en verdad, así también, tratándose del Padre y del Hijo, puede decirse con razón que el Padre ama al Hijo y se complace en él, y que el Hijo ama al Padre y se complace en él.

    Discurso 3, § 67

    67. No llaméis, por tanto, al Hijo obra del beneplácito, ni introduzcáis en la Iglesia la doctrina de Valentín; antes bien, sea él el Consejo viviente y el Vástago en verdad y por naturaleza, como el resplandor procede de la luz. Pues así ha hablado el Padre: "Mi corazón profirió una buena palabra"; y el Hijo, conforme a ello: "Yo en el Padre y el Padre en mí". Pero, si el Verbo está en el corazón, ¿dónde queda la voluntad? Y, si el Hijo está en el Padre, ¿dónde queda el beneplácito? Y, si él mismo es la Voluntad, ¿cómo puede haber deliberación en la Voluntad? Es indecoroso afirmarlo, no sea que el Verbo llegue a existir en un verbo, el Hijo en un hijo y la Sabiduría en una sabiduría, como se ha dicho repetidas veces. Porque el Hijo es todo lo que pertenece al Padre, y nada había en el Padre antes del Verbo; antes bien, en el Verbo está también la voluntad, y por medio de él se llevan a efecto los objetos de la voluntad, como han mostrado las santas Escrituras. Y yo querría que estos hombres impíos, caídos en tal sinrazón que se ponen a especular acerca de la voluntad, dejasen ya de preguntar a las mujeres que dan a luz, como solían hacer: "¿Tenías un hijo antes de concebirlo?", y preguntasen, en cambio, a los padres: "¿Os hacéis padres por deliberación o por la ley natural de vuestra voluntad?", o bien: "¿Son vuestros hijos semejantes a vuestra naturaleza y esencia?". Así podrían aprender a avergonzarse aun de los padres, de quienes tomaron este argumento sobre el nacimiento y de quienes esperaban obtener conocimiento al respecto. Porque ellos les responderán: "Lo que engendramos se asemeja, no a nuestro beneplácito, sino a nosotros mismos; ni llegamos a ser padres por una deliberación previa, sino que engendrar es propio de nuestra naturaleza, puesto que también nosotros somos imágenes de nuestros padres". O bien que se condenen, pues, a sí mismos y dejen de interrogar a las mujeres acerca del Hijo de Dios, o bien que aprendan de ellas que el Hijo es engendrado no por voluntad, sino por naturaleza y en verdad. Conviene y corresponde a estos hombres una refutación tomada de ejemplos humanos, ya que, perversos de entendimiento, disputan sobre la Divinidad a la manera humana. ¿Por qué, entonces, siguen enloquecidos los enemigos de Cristo? Pues este pretexto suyo, como los demás, ha quedado manifiesto y demostrado como mera fantasía y fábula; y, por eso, deberían, aunque fuese tarde, contemplar el precipicio de necedad por el que han caído, levantarse de las profundidades y huir del lazo del diablo, como los exhortamos a hacer. Porque la Verdad ama a los hombres y clama sin cesar: "Si por estar yo revestido de un cuerpo no me creéis, creed al menos a las obras, para que sepáis que «yo estoy en el Padre y el Padre en mí,» y que «yo y el Padre somos uno,» y que «quien me ha visto a mí ha visto al Padre.» " Mas el Señor, según su costumbre, ama a los hombres y desea "socorrer a los caídos", como dice la alabanza de David; pero estos hombres impíos, que no quieren oír la voz del Señor ni soportan verlo reconocido por todos como Dios e Hijo de Dios, andan, desdichados, como escarabajos, buscando con su padre, el diablo, pretextos para la impiedad. ¿Qué pretextos, pues, y de dónde podrán encontrar en adelante? A no ser que tomen prestadas blasfemias de los judíos y de Caifás, y el ateísmo de los gentiles. Porque las divinas Escrituras están cerradas para ellos, y todas sus partes los refutan como insensatos y enemigos de Cristo.

    Discurso cuarto contra los arrianos

    1-5. La sustancialidad del Verbo, demostrada por la Escritura

    Si el único Origen es sustancial, también lo es su Verbo. A menos que el Verbo y el Hijo sean un segundo Origen, o una obra, o un atributo —con lo cual Dios sería compuesto—, o que sean al mismo tiempo el Padre, o que introduzcan una segunda naturaleza en Dios, el Hijo procede de la esencia del Padre y es distinto de él. Ilustración de Juan 10:30 tomada de Deuteronomio 4:4

    Discurso 4, § 1

    1. El Verbo es Dios de Dios; pues "el Verbo era Dios [
    ]", y también: "De ellos son los padres, y de ellos procede Cristo, que es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén [
    ]". Y puesto que Cristo es Dios de Dios, y Verbo, Sabiduría, Hijo y Poder de Dios, la divina Escritura proclama, por tanto, un solo Dios. Pues el Verbo, siendo Hijo del único Dios, se refiere a aquel de quien procede; de suerte que el Padre y el Hijo son dos, y, sin embargo, la Mónada de la Divinidad es indivisible e inseparable. Así también mantenemos un solo Principio de la Divinidad y no dos Principios, de donde resulta, en sentido estricto, una Monarquía. Y de este mismo Principio el Verbo es Hijo por naturaleza: no como si fuese otro principio que subsistiera por sí mismo, ni como si hubiese llegado a ser exteriormente a aquel Principio, no sea que de tal diversidad resulten una Diarquía y una Poliarquía; antes bien, es Hijo propio del único Principio, su propia Sabiduría, su propio Verbo, que de él existe. Pues, según Juan, "en" aquel "Principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios", porque el Principio era Dios; y, puesto que de él procede, también "el Verbo era Dios". Y así como hay un solo Principio y, por tanto, un solo Dios, así también es una sola aquella esencia y subsistencia que verdadera y realmente es, y que dijo: "Yo soy el que soy [
    ]"; y no son dos, para que no haya dos Principios. Y del Uno procede un Hijo en naturaleza y verdad, su propio Verbo, su Sabiduría, su Poder, inseparable de él. Y así como no hay otra esencia, para que no haya dos Principios, tampoco el Verbo que procede de aquella única esencia puede disolverse ni es un sonido dotado de significado, sino que es Verbo esencial y Sabiduría esencial, el verdadero Hijo. Pues, si no fuese esencial, Dios hablaría al aire [
    ] y tendría cuerpo, sin diferenciarse en nada de los hombres; pero, puesto que no es hombre, tampoco su Verbo está sujeto a la debilidad humana. Pues así como el Principio es una sola esencia, así también su Verbo es uno, esencial y subsistente, y es su Sabiduría. Porque así como es Dios de Dios, Sabiduría del Sabio, Verbo del Racional e Hijo del Padre, así también es Subsistente de la Subsistencia, esencial y sustancial de la Esencia, y Ser del Ser.
    Comentario editorial · ¿Contra quién escribe el cuarto discurso?
    El Excurso C del NPNF señala que el cuarto discurso se distingue de los otros tres: no se cita en la Antigüedad junto con ellos, aparece a veces como el quinto o el sexto en los manuscritos y, según Newman, carece de continuidad y usa «consustancial» (§§ 10 y 22); además cita a Eusebio, al parecer, como si aún viviera (§ 8). Por comparación con las obras de Eusebio contra Marcelo, el Excurso concluye que el sistema combatido es el de Marcelo de Ancira, aunque el texto no lo nombra. Según Wikipedia, Marcelo (m. hacia 374) se opuso al arrianismo pero fue acusado de sabelianismo atenuado: sostenía, según los fragmentos conservados, que Dios era al principio un solo ser, que el Verbo salió del Padre en la creación y que al final todo volvería a la unidad absoluta. Fue depuesto en Constantinopla en 336; el concilio de Sárdica (343) declaró su libro libre de herejía; su discípulo Fotino fue obispo de Sirmio. Atanasio y Marcelo rompieron la comunión durante un tiempo y la restablecieron, según Wikipedia, al final de sus vidas. Para el modalismo en general, véase Unicitarios.

    Discurso 4, § 2

    2. Pues si no fuese Sabiduría esencial y Verbo sustancial, e Hijo que existe, sino simplemente Sabiduría, Verbo e Hijo en el Padre, entonces el Padre mismo tendría una naturaleza compuesta de Sabiduría y Verbo. Pero, si así fuera, se seguirían los absurdos antes mencionados: él sería su propio Padre, y el Hijo se engendraría a sí mismo y sería engendrado por sí mismo; o bien Verbo, Sabiduría e Hijo serían meros nombres, y no subsistiría aquel a quien pertenecen estos títulos o, mejor dicho, aquel que es lo que ellos designan. Si, pues, no subsiste, los nombres son ociosos y vacíos, a menos que digamos que Dios es la Sabiduría misma y el Verbo mismo. Pero, si así fuera, sería su propio Padre e Hijo: Padre en cuanto sabio, Hijo en cuanto Sabiduría. Ahora bien, estas cosas no están en Dios como una cualidad: ¡lejos de nosotros tal pensamiento indigno! Pues de él se seguiría que Dios está compuesto de esencia y cualidad. Y como toda cualidad reside en una esencia, se seguiría claramente que la Mónada divina, siendo indivisible, habría de ser compuesta, dividida en esencia y accidente. Debemos preguntar, pues, a estos hombres obstinados: el Hijo ha sido proclamado Sabiduría y Verbo de Dios; ¿cómo es, entonces, tales cosas? Si lo es en calidad de atributo, ya se ha mostrado el absurdo; pero, si Dios es la Sabiduría misma, se incurre en el absurdo de Sabelio. Por tanto, lo es como prole, en sentido propio, del Padre mismo, según la imagen de la luz. Pues así como del fuego procede la luz, así de Dios procede el Verbo, del Sabio la Sabiduría y del Padre el Hijo. De este modo la Mónada permanece indivisa e íntegra, y su Hijo, el Verbo, no carece de esencia ni de subsistencia, sino que es verdaderamente esencial. Porque, si no fuera así, todo cuanto se dice se diría solo de pensamiento y de palabra. Pero, si debemos evitar tal absurdo, entonces el verdadero Verbo es esencial. Pues así como verdaderamente hay Padre, así también hay verdaderamente Sabiduría. En este respecto, pues, son dos: no porque, según decía Sabelio, el Padre y el Hijo sean el mismo, sino porque el Padre es Padre y el Hijo es Hijo; y son uno porque él es Hijo de la esencia del Padre por naturaleza y existe como su propio Verbo. Esto dijo el Señor, a saber: "Yo y el Padre somos uno [
    ]"; pues ni el Verbo está separado del Padre, ni el Padre estuvo o está jamás privado de Verbo. Por esta causa dice: "Yo estoy en el Padre y el Padre en mí".

    Discurso 4, § 3

    3. Y, además, Cristo es el Logos de Dios. ¿Subsistía, pues, por sí mismo y, subsistiendo, vino a unirse al Padre, o lo hizo Dios y lo llamó su Verbo? Si lo primero —quiero decir, si subsistía por sí mismo y es Dios—, entonces hay dos Principios; y, además, como es evidente, no es propio del Padre, puesto que no procede del Padre, sino de sí mismo. Pero si, por el contrario, fue hecho exteriormente, entonces es una criatura. Queda, pues, decir que procede de Dios mismo; pero, si es así, una cosa es lo que procede de otro y otra aquello de lo que procede; según esto, son dos. Pero, si no son dos, sino que los nombres pertenecen a uno mismo, la causa y el efecto serán lo mismo, así como el engendrado y el engendrador, lo cual ya se ha mostrado absurdo en el caso de Sabelio. Pero si procede de él y, sin embargo, no es otro, engendrará y no engendrará: engendrará porque produce de sí mismo, y no engendrará porque lo producido no es nada distinto de él mismo. Pero, si es así, uno mismo recibe los nombres de Padre e Hijo solo en el pensamiento. Ahora bien, si es impropio hablar de este modo, el Padre y el Hijo han de ser dos; y son uno porque el Hijo no procede de fuera, sino que es engendrado por Dios. Pero si alguno rehúye decir "prole" y se limita a decir que el Verbo existe con Dios, tema no sea que, por rehuir lo que dice la Escritura, caiga en el absurdo de hacer de Dios un ser de doble naturaleza. Pues, al no admitir que el Verbo procede de la Mónada, sino presentarlo simplemente como unido al Padre, introduce una esencia doble, sin que ninguno de los dos sea Padre del otro. Y otro tanto sucede con el Poder. Podemos verlo más claramente si lo consideramos con referencia al Padre: pues hay un solo Padre, no dos, y de ese Uno procede el Hijo. Así, pues, como no hay dos Padres, sino uno solo, tampoco hay dos Principios, sino uno solo, y de ese Uno procede el Hijo esencial.

    Discurso 4, § 4

    4. Pero a los arrianos debemos interrogarlos desde el extremo contrario —pues a los que siguen a Sabelio hay que refutarlos a partir de la noción de Hijo, y a los arrianos a partir de la de Padre—. Preguntemos, pues: ¿es Dios sabio y no está privado de Verbo, o, por el contrario, carece de sabiduría y de Verbo? Si esto último, el absurdo es manifiesto desde el primer momento; si lo primero, debemos preguntar: ¿cómo es sabio y no está privado de Verbo? ¿Posee el Verbo y la Sabiduría de fuera o de sí mismo? Si los posee de fuera, necesariamente hubo alguien que primero se los dio, y antes de recibirlos carecía de sabiduría y de Verbo. Pero, si los posee de sí mismo, es evidente que el Verbo no procede de la nada ni hubo un tiempo en que no existía; pues ha existido siempre, ya que aquel de quien es Imagen existe siempre. Mas si dicen que Dios es ciertamente sabio y no está privado de Verbo, pero que tiene en sí su propia sabiduría y su propio verbo, y que este no es Cristo, sino aquello por medio de lo cual hizo a Cristo, debemos responder que, si Cristo llegó a ser por medio de ese verbo, evidentemente así llegaron a ser también todas las cosas; y habrá de ser ese verbo aquel de quien dice Juan: "Todas las cosas fueron hechas por él", y el salmista: "Con Sabiduría las hiciste todas". Y resultará que Cristo no dice la verdad cuando afirma: "Yo estoy en el Padre", puesto que habría otro en el Padre. Tampoco sería verdad, según ellos, que "el Verbo se hizo carne [
    ]". Pues si aquel por quien "todas las cosas llegaron a ser" se hizo carne, pero Cristo no está en el Padre como el Verbo "por quien todas las cosas llegaron a ser", entonces Cristo no se ha hecho carne, sino que acaso se le dio a Cristo el nombre de Verbo. Pero, si es así, en primer lugar habrá otro además del que lleva ese nombre; y, en segundo lugar, no habrán llegado a ser por medio de él todas las cosas, sino por medio de ese otro, por quien también fue hecho Cristo. Mas si dicen que la Sabiduría está en el Padre como una cualidad, o que él es la Sabiduría misma, se seguirán los absurdos ya mencionados. Pues será compuesto y resultará ser su propio Hijo y Padre. Además, debemos refutarlos y hacerlos callar sobre esta base: el Verbo que está en Dios no puede ser una criatura ni proceder de la nada; pero, si hay un Verbo en Dios desde siempre, este ha de ser Cristo, que dice: "Yo estoy en el Padre y el Padre en mí [
    ]", y que, por ello, es también el Unigénito, puesto que ningún otro fue engendrado por él. Este es el único Hijo, que es Verbo, Sabiduría y Poder; pues Dios no está compuesto de estas cosas, sino que las engendra. Porque así como forma las criaturas por medio del Verbo, así también, conforme a la naturaleza de su propia esencia, tiene al Verbo como prole, por medio de la cual forma, crea y dispone todas las cosas. Pues por medio del Verbo y de la Sabiduría han llegado a ser todas las cosas, y todas juntas subsisten según su ordenanza. Y lo mismo cabe decir del nombre "Hijo": si Dios carece de Hijo, carece entonces de obra, pues el Hijo es su prole, por medio de la cual obra; pero, si no carece de él, las mismas preguntas y los mismos absurdos se seguirán de la osadía de ellos.

    Discurso 4, § 5

    5. Dice Deuteronomio: "Pero vosotros, los que os allegasteis al Señor vuestro Dios, estáis todos vivos hoy [
    ]". De aquí podemos ver la diferencia y saber que el Hijo de Dios no es una criatura. Pues el Hijo dice: "Yo y el Padre somos uno", y: "Yo estoy en el Padre y el Padre en mí"; pero las cosas creadas, cuando progresan, se allegan al Señor. El Verbo, pues, está en el Padre por ser propio de él; mas las cosas creadas, por ser exteriores, se allegan a él, ya que por naturaleza le son ajenas y se unen a él por libre elección. Pues un hijo que lo es por naturaleza es uno con quien lo engendró; pero quien viene de fuera y es hecho hijo se allega a la familia. Por eso añade inmediatamente: "¿Qué nación hay tan grande que tenga a Dios cerca de sí?", y en otro lugar: "Yo soy un Dios cercano"; pues a las cosas creadas se acerca como a seres que le son ajenos, pero al Hijo, por ser propio de él, no se acerca, sino que está en él. Y el Hijo no se allega al Padre, sino que coexiste con él; de ahí que Moisés diga también en el mismo Deuteronomio: "Obedeceréis su voz y os uniréis a él [
    ]"; pero lo que se une, se une desde fuera.

    6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo

    Discurso 4, § 6

    6. Pero, en respuesta a la débil y humana concepción de los arrianos, que suponen que el Señor padece necesidad cuando dice: "Me es dado" y "Recibí", o cuando Pablo dice: "Por lo cual lo exaltó hasta lo sumo" y "Lo sentó a su diestra", y otras expresiones semejantes, hemos de decir que nuestro Señor, siendo el Logos e Hijo de Dios, llevó un cuerpo y se hizo Hijo del Hombre para que, hecho Mediador entre Dios y los hombres, nos comunicase las cosas de Dios y presentase a Dios las nuestras. Así pues, cuando se dice que tiene hambre, llora, se fatiga y exclama "Eloi, Eloi" —afecciones humanas nuestras—, las recibe de nosotros y las ofrece al Padre, intercediendo por nosotros para que en Él sean anuladas. Y cuando se dice: "Toda potestad me ha sido dada", "Recibí" y "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo", se trata de dones que Dios nos concede por medio de Él. Pues el Logos nunca padeció necesidad ni comenzó a existir; ni eran tampoco los hombres capaces de procurarse por sí mismos estas cosas, sino que nos son dadas por medio del Logos; por eso, como si a Él le fueran dadas, nos son comunicadas a nosotros. Esta fue, en efecto, la razón de que se hiciera hombre: que, al serle dadas a Él, pasaran a nosotros. Pues el hombre, por sí solo, no se había hecho digno de tales dones; y, por otra parte, el Logos, por sí solo, no había tenido necesidad de ellos. El Logos, pues, se unió a nosotros y entonces nos comunicó la potestad y nos exaltó hasta lo sumo. Porque el Logos, al estar en el hombre, exaltó hasta lo sumo al hombre mismo; y, al estar el Logos en el hombre, el hombre mismo recibió. Puesto que, al estar el Logos en la carne, el hombre mismo fue exaltado y recibió potestad, estas cosas se refieren al Logos, ya que fueron dadas por causa de Él; pues por causa del Logos presente en el hombre fueron concedidos estos dones. Y así como "el Verbo se hizo carne [
    ]", también el hombre mismo recibió los dones que vinieron por medio del Logos. Pues de todo cuanto ha recibido el hombre mismo se dice que lo recibió el Logos, para mostrar que el hombre mismo, aunque indigno de recibirlo en cuanto a su propia naturaleza, lo ha recibido por causa del Verbo hecho carne. Por tanto, si se dice que algo le es dado al Señor, o cosa semejante, debemos entender que no le es dado a Él por necesitarlo, sino al hombre mismo por medio del Logos. Pues todo aquel que intercede por otro recibe el don en su propia persona, no porque lo necesite, sino por causa de aquel por quien intercede.

    Discurso 4, § 7

    7. Pues así como toma sobre sí nuestras flaquezas sin ser Él flaco, y tiene hambre sin padecerla Él mismo, sino que eleva lo que es nuestro para que sea abolido, así también Él mismo recibe los dones que vienen de Dios en lugar de nuestras flaquezas, para que el hombre, unido a Él, pueda participar de ellos. Por eso dice el Señor: "Todas las cosas que me has dado, se las he dado", y también: "Yo ruego por ellos [
    ]". Pues rogaba por nosotros, tomando sobre sí lo que es nuestro, y nos daba lo que había recibido. Así pues, una vez unido el Logos al hombre mismo, el Padre, atendiendo a Él, se dignó conceder al hombre ser exaltado, poseer toda potestad y las demás cosas semejantes; por eso, todas las cosas que recibimos por medio de Él se refieren al Logos mismo, como si a Él le fueran dadas. Pues así como Él se hizo hombre por nosotros, también nosotros somos exaltados por causa de Él. No hay, por tanto, absurdo alguno en que, así como por nosotros se humilló, también por nosotros se diga que fue exaltado hasta lo sumo. Así, "le dio" significa "nos dio a nosotros por causa de Él"; y "lo exaltó hasta lo sumo [
    ]" significa "nos exaltó a nosotros en Él". Y el Logos mismo, cuando somos exaltados, recibimos y somos socorridos, como si Él mismo fuese exaltado, recibiese y fuese socorrido, da gracias al Padre, refiriendo a sí mismo lo que es nuestro y diciendo: "Todas las cosas que me has dado, se las he dado [
    ]".

    8. Los arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc

    Discurso 4, § 8

    8. Eusebio y sus partidarios, es decir, los arriomaníacos, atribuyen al Hijo un comienzo de su existencia y, sin embargo, pretenden no querer que su realeza tenga comienzo. Pero esto es ridículo; pues quien atribuye al Hijo un comienzo de su existencia le atribuye también, con toda evidencia, un comienzo de su reinado: tan ciegos están que confiesan lo que niegan. A su vez, quienes dicen que el Hijo es solo un nombre y que el Hijo de Dios, esto es, el Verbo del Padre, carece de esencia y de subsistencia, fingen indignarse con quienes dicen: "Hubo un tiempo en que no existía". También esto es ridículo; pues quienes no le conceden existencia alguna se indignan con quienes al menos admiten que existió en el tiempo. Así también estos, al censurar a los otros, confiesan lo que niegan. Y, por otra parte, Eusebio y sus partidarios, aunque confiesan que hay un Hijo, niegan que sea el Verbo por naturaleza y quieren que se llame Verbo al Hijo solo en sentido conceptual; mientras que los otros, aunque confiesan que es el Verbo, niegan que sea el Hijo y quieren que se llame Hijo al Verbo solo en sentido conceptual, igualmente faltos de fundamento.
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