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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
  70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
  73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Cuatro discursos contra los arrianos

    356–360 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)23 minPosición: 0% de esta parteParte 14 de 14 · 26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo TestamentoPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-10

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
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    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
    70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
    73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

    26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento

    Prosiguen los pasajes del Antiguo Testamento, especialmente el Salmo 110:3. Además, el Verbo del Antiguo Testamento puede ser el Hijo del Nuevo, así como el Espíritu del Antiguo Testamento es el Paráclito del Nuevo. Objeción fundada en Hechos 10:36; se responde mediante pasajes paralelos, como 1 Corintios 1:5 y Levítico 9:7, entre otros. Necesidad de que el Verbo asumiera la carne, a saber, para santificarla sin destruirla

    Discurso 4, § 26

    26. Pero que el Hijo no tiene principio de su ser, sino que, antes de hacerse hombre, estaba desde siempre con el Padre, lo muestra claramente Juan en su primera Epístola, cuando escribe así: "Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos acerca del Verbo de vida; pues la Vida se manifestó, y la hemos visto; y damos testimonio y os anunciamos aquella Vida eterna, que estaba con el Padre y se nos manifestó [
    ]". Y mientras aquí dice que "la Vida", no que "llegó a ser", sino que "estaba con el Padre", al final de su Epístola dice que el Hijo es la Vida, escribiendo: "Y estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo; este es el Dios verdadero y la Vida eterna". Mas si el Hijo es la Vida, y la Vida estaba con el Padre, y si el Hijo estaba con el Padre, y el mismo Evangelista dice: "Y el Verbo estaba con Dios [
    ]", necesariamente el Hijo es el Verbo, que está siempre con el Padre. Y así como el "Hijo" es el "Verbo", también "Dios" ha de ser "el Padre". Además, según Juan, el Hijo no es meramente "Dios", sino "Dios verdadero"; pues, según el mismo Evangelista, "el Verbo era Dios"; y el Hijo dijo: "Yo soy la Vida". Por tanto, el Hijo es el Verbo y la Vida que está con el Padre. Y también lo que se dice en el mismo Juan, "el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre", muestra que el Hijo existía desde siempre. Pues a aquel a quien Juan llama Hijo, David lo menciona en el Salmo como la Mano de Dios, diciendo: "¿Por qué no extiendes tu diestra desde tu seno?". Por tanto, si la Mano está en el seno, y el Hijo en el seno, el Hijo será la Mano y la Mano será el Hijo, por quien el Padre hizo todas las cosas; pues está escrito: "Tu mano hizo todas estas cosas", y "Con su mano sacó a su pueblo"; por tanto, por medio del Hijo. Y si se dice: "Este es el cambio de la diestra del Altísimo", y asimismo: "Al fin, acerca de las cosas que han de ser cambiadas, cántico para mi Amado", el Amado es, pues, la Mano que fue cambiada; acerca de él dice también la Voz divina: "Este es mi Hijo amado". Así, "mi Mano" equivale a "mi Hijo".

    Discurso 4, § 27

    27. Pero puesto que hay hombres mal instruidos que, al resistirse a la doctrina del Hijo, tienen en poco las palabras: "Del seno, antes del lucero de la mañana, te engendré", como si estas se refiriesen a su relación con María —alegando que nació de María "antes del lucero de la mañana" y que hablar de un "seno" no podría referirse a su relación con Dios—, debemos decir aquí unas pocas palabras. Si, pues, por ser humano el "seno", ha de ser ajeno a Dios, también, evidentemente, el "corazón" tiene un sentido humano, pues quien tiene corazón tiene también seno. Y puesto que ambos son humanos, debemos negar ambos o procurar explicar ambos. Ahora bien, así como una palabra procede del corazón, así también un vástago procede del seno; y del mismo modo que, cuando se habla del corazón de Dios, no lo concebimos a manera humana, tampoco, si la Escritura dice "del seno", debemos entenderlo en sentido corporal. Pues es propio de la divina Escritura hablar a la manera del hombre para expresar lo que está por encima del hombre. Así, hablando de la creación, dice: "Tus manos me hicieron y me formaron", y "Tu mano hizo todas estas cosas", y "Él mandó y fueron creadas". Su lenguaje, pues, conviene a cada cosa: atribuye al Hijo la "pertenencia propia" y la "procedencia genuina", y a la creación el "principio de su ser". Porque al uno Dios lo hace y lo crea; mas a este lo engendra de sí mismo como Verbo o Sabiduría. Ahora bien, "seno" y "corazón" manifiestan claramente lo propio y lo genuino; pues también nosotros tenemos del seno nuestra descendencia, mientras que nuestras obras las hacemos con la mano.

    Discurso 4, § 28

    28. ¿Qué significa entonces —dicen ellos— "antes del lucero de la mañana"? Yo respondería que, si "antes del lucero de la mañana" muestra que su nacimiento de María fue maravilloso, muchos otros han nacido antes de la salida del lucero. ¿Qué se dice, pues, tan maravilloso de su caso, para que se consigne como un privilegio singular lo que es común a muchos? Además, engendrar difiere de dar a luz: engendrar entraña el fundamento primero de una existencia, mientras que dar a luz no es sino sacar a la luz lo que ya existe. Si, pues, la expresión se refiere al cuerpo, obsérvese que este no recibió el principio de su existencia cuando fue anunciado a los pastores durante la noche, sino cuando el Ángel habló a la Virgen. Y aquello no ocurrió de noche, pues no se dice tal cosa; por el contrario, era de noche cuando salió del seno. La Escritura establece esta distinción y dice, por una parte, que fue engendrado antes del lucero de la mañana y, por otra, habla de su salida del seno, como en el Salmo veintiuno: "Tú eres quien me sacó del seno". Además, no dijo "antes de la salida del lucero de la mañana", sino simplemente "antes del lucero de la mañana". Por tanto, si la frase ha de entenderse del cuerpo, o bien el cuerpo ha de ser anterior a Adán, pues los astros existían antes que Adán, o bien hemos de investigar el sentido de la letra. Y Juan nos permite hacerlo cuando dice en el Apocalipsis: "Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados los que lavan sus vestiduras, para tener derecho al árbol de la vida y entrar por las puertas en la ciudad. Mas fuera están los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo aquel que ama y hace mentira. Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio de estas cosas en las Iglesias. Yo soy la Raíz y el Vástago de David, la Estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven; y el que oye diga: Ven; y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida". Si, pues, el "Vástago de David" es la "Estrella resplandeciente de la mañana", es evidente que la carne del Salvador recibe el nombre de "Lucero de la mañana", al cual precedió el Vástago procedente de Dios; de suerte que este es el sentido del Salmo: "Te he engendrado de mí mismo antes de tu manifestación en la carne"; pues "antes del Lucero de la mañana" equivale a "antes de la Encarnación del Verbo".

    Discurso 4, § 29

    29. Así pues, también en el Antiguo Testamento se hacen afirmaciones claras acerca del Hijo; pero, al mismo tiempo, es superfluo discutir este punto, porque, si lo que no se menciona en el Antiguo Testamento es de fecha posterior, que digan esos hombres tan dados a disputar dónde se menciona allí al Espíritu, el Paráclito. Pues se menciona al Espíritu Santo, pero en ninguna parte al Paráclito. ¿Son entonces uno el Espíritu Santo y otro el Paráclito, y es el Paráclito posterior por no ser mencionado en el Antiguo Testamento? ¡Lejos de nosotros decir que el Espíritu es posterior o distinguir al Espíritu Santo como uno y al Paráclito como otro! Pues el Espíritu es uno y el mismo, que entonces como ahora santifica y consuela a quienes lo reciben; así como uno y el mismo Verbo e Hijo conducía ya entonces a la adopción filial a quienes eran dignos de ella. Porque los hijos de los tiempos antiguos no llegaron a serlo por medio de nadie sino del Hijo. Pues si no hubiese habido, aun antes de María, un Hijo que procedía de Dios, ¿cómo sería él anterior a todos, si ellos son hijos antes que él? Y ¿cómo sería también "Primogénito", si viene después de muchos? Pero ni el Paráclito es posterior, pues era anterior a todos, ni el Hijo lo es, pues "en el principio era el Verbo [
    ]". Y así como el Espíritu y el Paráclito son el mismo, así también el Hijo y el Verbo son el mismo; y así como el Salvador dice acerca del Espíritu: "Mas el Paráclito, que es el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre", hablando de uno y el mismo sin establecer distinción, de igual modo Juan da testimonio cuando dice: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, gloria como de Unigénito del Padre". Pues tampoco aquí establece distinción, sino que da testimonio de su identidad. Y así como el Paráclito no es uno y el Espíritu Santo otro, sino uno y el mismo, tampoco el Verbo es uno y el Hijo otro, sino que el Verbo es el Unigénito; pues no habla de la gloria de la carne misma, sino de la del Verbo. Quien, por tanto, se atreva a distinguir entre el Verbo y el Hijo, distinga también entre el Espíritu y el Paráclito; pero si el Espíritu no puede distinguirse del Paráclito, tampoco puede distinguirse el Verbo del Hijo, puesto que es también Hijo, Sabiduría y Poder. Además, aun los griegos versados en las palabras saben que "amado" equivale a "unigénito". Pues Homero habla así de Telémaco, hijo unigénito de Ulises, en el segundo libro de la Odisea:
    ¿Por qué, joven querido, recorrer quieres la ancha tierra,
    siendo hijo único, hijo tan amado?
    Aquel por quien te afliges, el divino Ulises, cayó
    lejos de su patria, donde habitan extranjeros.
    Por tanto, al que es hijo único de su padre se lo llama amado.

    Discurso 4, § 30

    30. Algunos de los seguidores del samosatense, distinguiendo al Verbo del Hijo, pretenden que el Hijo es Cristo y el Verbo es otro; y fundan esto en unas palabras de Pedro en los Hechos, dichas con acierto, pero mal interpretadas por ellos. Son estas: "La Palabra que envió a los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesucristo; este es Señor de todos [
    ]". Pues dicen que, ya que el Verbo habló por medio de Cristo, como en el caso de los profetas cuando se dice "Así dice el Señor", uno era el profeta y otro el Señor. Mas a esto cabe oponer, como pasaje paralelo, las palabras de la primera Epístola a los Corintios: "esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo [
    ]". Pues así como un Cristo no confirma a quienes esperan a otro Cristo para el día de este, sino que él mismo confirma en su propio día a quienes lo esperan, así el Padre envió al Verbo hecho carne para que, hecho hombre, predicase por sí mismo. Y por ello Pedro añade inmediatamente: "Este es Señor de todos"; pero el Señor de todos es el Verbo.

    Discurso 4, § 31

    31. "Y Moisés dijo a Aarón: Acércate al altar y ofrece tu sacrificio por el pecado y tu holocausto, y haz expiación por ti y por el pueblo; y ofrece la ofrenda del pueblo y haz expiación por ellos, como el Señor mandó a Moisés [
    ]". Mira, pues, cómo aquí, aunque Moisés es uno solo, el propio Moisés habla como si se refiriese a otro Moisés: "como el Señor mandó a Moisés". De igual modo, si el bienaventurado Pedro habla también del Verbo divino como enviado a los hijos de Israel por Jesucristo, no es necesario entender que uno es el Verbo y otro Cristo, sino que son uno y el mismo por razón de la unión realizada en su divina y amorosa condescendencia al hacerse hombre. Y aun si se lo considera de dos maneras, ello no entraña división alguna del Verbo, como cuando dice el inspirado Juan: "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros [
    ]". Los seguidores del samosatense, pues, al entender mal y erradamente lo que el bienaventurado Pedro dijo bien y rectamente, no permanecen en la verdad. Porque en la divina Escritura se entiende a Cristo de ambas maneras, como cuando se lo llama "poder de Dios y sabiduría de Dios [
    ]". Si, por tanto, Pedro dice que el Verbo fue enviado por Jesucristo a los hijos de Israel, entiéndase que quiere decir que el Verbo encarnado se manifestó a los hijos de Israel, en correspondencia con "el Verbo se hizo carne". Pero si lo entienden de otro modo y, aun confesando que el Verbo es divino, como en verdad lo es, separan de él al Hombre que asumió y con quien creemos que se hizo uno, diciendo que fue enviado por Jesucristo, se contradicen sin saberlo. Pues quienes aquí separan al Verbo divino de la divina Encarnación tienen, según parece, una idea mezquina de la doctrina de que se hizo carne y alimentan pensamientos propios de los gentiles, al concebir la divina Encarnación como una alteración del Verbo. Pero no es así: ¡lejos de nosotros tal pensamiento!

    Discurso 4, § 32

    32. Pues así como Juan predica aquí aquella unión incomprensible —"lo mortal absorbido por la vida [
    ]", más aún, por aquel que es la Vida verdadera, como dijo el Señor a Marta: "Yo soy la Vida [
    ]"—, así también, cuando el bienaventurado Pedro dice que el Verbo fue enviado por Jesucristo, da a entender asimismo la unión divina. Pues así como quien oyese "el Verbo se hizo carne" no pensaría que el Verbo dejó de existir, lo cual es absurdo, según se ha dicho antes, así también, al oír hablar del Verbo unido a la carne, entienda el misterio divino como uno y simple. Pero más claramente y de manera más incontrovertible que cualquier razonamiento, las palabras del Arcángel a la propia Madre de Dios muestran la unidad del Verbo divino y el Hombre. Pues dice: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también lo Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios [
    ]". Sin razón, pues, separan los seguidores del samosatense al Verbo, de quien se declara claramente que se hizo uno con el Hombre nacido de María. No fue, por tanto, enviado por medio de ese Hombre; antes bien, él mismo, en ese Hombre, envió a otros, diciendo: "Id y enseñad a todas las naciones [
    ]".

    Discurso 4, § 33

    33. Y es habitual en la Escritura expresarse con frases sencillas y sin artificio. Pues así también encontraremos en Números: "Moisés dijo a Ragüel el madianita, suegro de Moisés"; porque no era uno el Moisés que hablaba y otro aquel cuyo suegro era Ragüel, sino que Moisés era uno solo. Y si, del mismo modo, al Logos de Dios se lo llama Sabiduría, Poder, Diestra, Brazo y con otros nombres semejantes, y si por amor al hombre se ha hecho uno con nosotros, revistiéndose de nuestras primicias y uniéndose a ellas, también los demás títulos, como era natural, han pasado a pertenecer al Verbo. Pues cuando Juan dice que en el principio era el Verbo, que estaba con Dios y que él mismo era Dios, y que todas las cosas fueron hechas por él y sin él nada fue hecho, muestra claramente que también el hombre es obra de Dios el Verbo. Si, pues, después de tomar al hombre, cuando este se hallaba debilitado, y acogerlo en sí mismo, lo renueva mediante aquella renovación firme para una permanencia sin fin y, por ello, se hace uno con él a fin de elevarlo a una suerte más divina, ¿cómo podremos decir que el Verbo fue enviado por medio del Hombre nacido de María y contar a este, Señor de los Apóstoles, entre los demás apóstoles, quiero decir, entre los profetas que él envió? Y ¿cómo puede llamarse a Cristo un mero hombre? Por el contrario, hecho uno con el Verbo, con razón se lo llama Cristo e Hijo de Dios, pues mucho tiempo antes el profeta le había atribuido en voz alta y clara la subsistencia del Padre, diciendo: "Y enviaré a mi Hijo Cristo"; y en el Jordán se dijo: "Este es mi Hijo amado". Porque, una vez cumplida su promesa, mostró, como convenía, que él era aquel de quien había dicho que lo enviaría.

    Discurso 4, § 34

    34. Consideremos, pues, a Cristo de ambas maneras: el Verbo divino hecho uno en María con aquel que procede de María. Porque en el seno de ella el Verbo se edificó su casa, como al principio formó a Adán de la tierra; o, más exactamente, de modo más divino. Acerca de él dice también Salomón abiertamente, sabiendo que al Verbo se lo llamaba asimismo Sabiduría: "La Sabiduría edificó su casa [
    ]"; palabras que el Apóstol interpreta cuando dice: "Y esa casa somos nosotros [
    ]"; y en otro lugar nos llama templo, en la medida en que conviene que Dios habite en un templo. De este templo mandó, por medio de Salomón, que el pueblo antiguo edificase una imagen de piedra; de ahí que, al manifestarse la Verdad, cesara la imagen. Pues cuando aquellos hombres despiadados quisieron hacer pasar la imagen por la verdad y destruir aquella morada verdadera que, según creemos firmemente, es su unión con nosotros, él no los amenazó; antes bien, sabiendo que su crimen se volvería contra ellos mismos, les dijo: "Destruid este Templo y en tres días lo levantaré [
    ]". Con ello nuestro Salvador mostraba ciertamente que las cosas en las que se afanan los hombres llevan consigo su disolución. Pues si el Señor no edifica la casa ni guarda la ciudad, en vano trabajan los que edifican y velan los que la guardan. Y así, las obras de los judíos quedan deshechas, porque eran sombra; pero la Iglesia está firmemente establecida: está "fundada sobre la roca", y "las puertas del Hades no prevalecerán contra ella". A ellos correspondió decir: "¿Por qué tú, siendo hombre, te haces Dios?"; y su discípulo es el samosatense, de quien, con razón, reciben sus seguidores la enseñanza de su herejía. Mas "nosotros no aprendimos así a Cristo, si es que lo hemos oído" y hemos sido enseñados por él, "despojándonos del hombre viejo, que se corrompe conforme a los deseos engañosos", y revistiéndonos "del nuevo, creado según Dios en justicia y verdadera santidad". Considérese, pues, piadosamente a Cristo de ambas maneras.

    Discurso 4, § 35

    35. Pero si la Escritura llama a menudo Cristo incluso al cuerpo, como en las palabras del bienaventurado Pedro a Cornelio, cuando le habla de "Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con el Espíritu Santo"; y de nuevo a los judíos: "Jesús de Nazaret, varón acreditado por Dios ante vosotros"; y también en las del bienaventurado Pablo a los atenienses: "Por aquel Varón a quien designó, dando a todos los hombres garantía de ello al resucitarlo de entre los muertos [
    ]" —pues hallamos que la designación y el envío se usan a menudo como sinónimos de la unción, de donde quien quiera podrá aprender que no hay discordancia en las palabras de los escritores sagrados, sino que estos dan diversos nombres a la unión de Dios el Verbo con el Hombre nacido de María, llamándola unas veces unción, otras envío y otras designación—, se sigue que lo que dice el bienaventurado Pedro es recto y que proclama con pureza la Divinidad del Unigénito, sin separar la subsistencia de Dios el Verbo del Hombre nacido de María. ¡Lejos de nosotros tal pensamiento! Pues ¿cómo habría de hacerlo quien había oído de tantas maneras: "Yo y el Padre somos uno", y "El que me ha visto a mí ha visto al Padre"? Sabemos que, después de la Resurrección, en este mismo Hombre se presentó, estando cerradas las puertas, ante toda la compañía de los Apóstoles, y disipó con sus palabras cuanto les resultaba difícil de creer: "Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo [
    ]". Y no dijo "esto", ni "este Hombre que he asumido", sino "a mí". Por lo cual el samosatense no hallará excusa, refutado como está por tantos argumentos en favor de la unión de Dios el Verbo, más aún, por Dios el Verbo mismo, que ahora anuncia la noticia a todos y los confirma comiendo y permitiéndoles que lo palpen, como entonces sucedió. Pues ciertamente se tocan las manos tanto quien da de comer a otros como quienes le dan de comer a él. Porque "le dieron —dice la Escritura— un trozo de pescado asado y un panal de miel; y", después de "comer delante de ellos, tomó lo que sobró y se lo dio". Mira cómo, aunque no del modo concedido a Tomás, por otra vía les dio plena certeza al dejarse tocar por ellos; mas si quieres ahora ver las cicatrices, aprende de Tomás: "Acerca acá tu mano y métela en mi costado, y acerca acá tu dedo y mira mis manos [
    ]". Así habla Dios el Verbo de su propio costado y de sus propias manos, y de sí mismo como hombre entero y Dios a la vez: primero, según podemos entenderlo, haciendo perceptible a los santos al Verbo incluso por medio del cuerpo, al entrar estando cerradas las puertas; y luego, poniéndose cerca de ellos en el cuerpo y dándoles plena certeza. Baste lo dicho para confirmación de los fieles y corrección de los incrédulos.

    Discurso 4, § 36

    36. Corríjase, pues, también Pablo de Samosata al oír la voz divina de aquel que dijo "mi cuerpo", y no "Cristo, otro distinto de mí, que soy el Verbo", sino "él conmigo y yo con él". Porque yo, el Verbo, soy la unción, y quien recibe de mí la unción es el Hombre; por tanto, no podría ser llamado Cristo sin mí, sino por estar él conmigo y yo en él. Así pues, la mención del envío del Verbo muestra la unión que tuvo lugar con Jesús, nacido de María, cuyo nombre significa Salvador, no por otra razón, sino porque el Hombre se hizo uno con Dios el Verbo. Este pasaje tiene el mismo sentido que "el Padre que me envió" y "no he venido por mí mismo, sino que el Padre me envió". Pues ha dado el nombre de envío a la unión con el Hombre, por medio del cual la naturaleza invisible podía darse a conocer a los hombres a través de lo visible. Porque Dios no cambia de lugar, como nosotros, que estamos circunscritos a lugares, cuando se manifiesta en la carne conforme a nuestra humilde condición; pues ¿cómo habría de hacerlo aquel que llena el cielo y la tierra? Antes bien, a causa de su presencia en la carne, los justos han hablado de su envío. Por tanto, Dios el Verbo mismo es Cristo nacido de María, Dios y Hombre; no otro Cristo, sino uno y el mismo: el que procede del Padre antes de los siglos es también el que en los últimos tiempos procede de la Virgen; antes invisible aun para las santas potestades del cielo, ahora visible por haberse hecho uno con el Hombre visible. Visible, digo, no en su Divinidad invisible, sino en la operación de la Divinidad por medio del cuerpo humano y del Hombre entero, al que renovó al hacerlo suyo. A él sean la adoración y el culto, a quien era antes, es ahora y será siempre, por todos los siglos. Amén.
    Notas, recepción y bibliografía

    Acompañamiento editorial

    Lo que dejaron los discursos

    Según la introducción del NPNF, que cita a Montfaucon, estos discursos se convirtieron en la «mina» de la que sacaron su material los defensores posteriores de la divinidad del Redentor. La misma introducción ve en ellos el intento de recoger todos los hilos de la controversia contra el arrianismo propiamente dicho, de refutar su apelación a la Escritura y de dejar constancia permanente de lo que estaba en juego, y admite que contienen argumentos que un autor moderno apenas adoptaría, como el § 63 del Discurso 2 o el comienzo del § 65 del Discurso 3. Los tres primeros avanzan de lo general —qué significa «Hijo», qué dice la Talía— a lo particular: los textos de exaltación, los de creación, los del cuarto Evangelio y los de la Encarnación, cada uno leído conforme a la regla de fe. El cuarto, que según el NPNF pudo añadirse como apéndice, vuelve la mirada hacia el extremo opuesto.
    Newman, cuya traducción reproduce el NPNF, publicó en 1881 otra versión, «libre» y mucho más condensada, de los tres primeros discursos, junto con De decretis y De synodis; el NPNF la describe como una paráfrasis en el inglés del propio Newman más que una traducción atada al estilo de Atanasio.
    Límites. La fecha que se da aquí —entre 356 y 360— es la que razona la introducción del NPNF, que admite que no hay prueba concluyente; Wikipedia, en otro artículo, habla de hacia 340 para el primero de los discursos. La atribución a Atanasio se toma de la edición de base y no se examina. La relación del cuarto discurso con los otros tres, y que su blanco sea Marcelo de Ancira, son lecturas del NPNF (que sigue a Zahn) contra la opinión de Newman, que lo veía como una serie de notas fragmentarias contra varias herejías. Las notas de Newman no vienen en el epub, y tampoco el encabezado del capítulo 14. Las identificaciones de personas, concilios y fechas de las notas proceden de las fuentes que se citan y no del texto; cuando difieren, se dice cuál afirma qué.
    Comentario editorial · Para reflexionar sobre la lectura
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