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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
  70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
  73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Cuatro discursos contra los arrianos

    356–360 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)47 minPosición: 0% de esta parteParte 5 de 14 · Capítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíosPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-10

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
    70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
    73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

    Capítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos

    Pasaje paralelo en Génesis 27:29, 37. El contexto contradice la interpretación arriana

    Discurso 2, § 11 (cont.)

    11 ( continuación ). Tal es también el sentido del pasaje de los Hechos que ellos aducen, aquel en que Pedro dice: "Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis". Pues tampoco aquí está escrito: "Se hizo para sí un Hijo", ni "Se hizo para sí un Verbo", para que puedan concebir semejantes ideas. Si, pues, no han olvidado que hablan del Hijo de Dios, busquen si en alguna parte está escrito: "Dios se hizo para sí un Hijo", o "Creó para sí un Verbo"; o, asimismo, si en alguna parte está escrito expresamente: "El Logos es una obra o una criatura". Entonces podrán exponer su causa estos insensatos, para recibir también aquí su respuesta. Pero si no pueden presentar nada semejante y solo se aferran a expresiones sueltas como "hizo" y "ha sido hecho", temo que, al oír "En el principio hizo Dios los cielos y la tierra", "Hizo el sol y la luna" y "Hizo el mar", acaben con el tiempo llamando al Logos cielo, y luz que apareció el primer día, y tierra, y cada una de las cosas que han sido hechas. Así terminarían por asemejarse a los llamados estoicos: estos extienden a su dios por todas las cosas; aquellos ponen al Logos de Dios en la misma categoría que cada obra particular. Y esto último casi lo han hecho ya al decir que Él es una de sus obras.

    Discurso 2, § 12

    12. Pero aquí deben recibir la misma respuesta que antes: en primer lugar, se les ha de decir que el Logos es Hijo, como ya se ha dicho, y no una obra, y que tales expresiones no deben entenderse de su Divinidad, sino que ha de investigarse su razón y su sentido. A quienes así indaguen se les hará patente la economía humana que Él asumió por nosotros. Pues Pedro, después de decir "Dios lo ha hecho Señor y Cristo", añadió enseguida: "a este Jesús a quien vosotros crucificasteis". Con ello queda claro para cualquiera —incluso para ellos, si atienden al contexto— que no se dice que haya sido hecha la esencia del Logos, sino Él según su humanidad. Porque ¿qué fue crucificado sino el cuerpo? Y ¿cómo podía darse a entender lo que en el Logos era corporal, si no diciendo "lo hizo"? En particular, la expresión "lo hizo" admite un sentido conforme a la recta fe, pues Pedro no dijo, como antes observé, "lo hizo Verbo", sino "lo hizo Señor"; y no lo dijo en términos generales, sino "para" nosotros y "en medio de" nosotros, como si dijera: "lo manifestó". Esto mismo expresó Pedro con cuidado al comenzar su primera enseñanza, cuando les dijo: "Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús de Nazaret, varón manifestado por Dios para vosotros mediante milagros, prodigios y señales que Dios hizo por medio de Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis [
    ]". Por consiguiente, el término "hizo", que emplea al final, lo había explicado al principio con "manifestado"; pues, por las señales y prodigios que obró el Señor, se manifestó que no era meramente hombre, sino Dios en un cuerpo, y también Señor y Cristo. Semejante es el pasaje del Evangelio según Juan: "Por esto los judíos lo perseguían aún más, porque no solo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios". Pues el Señor no se constituyó entonces en Dios, ni cabe siquiera concebir un dios hecho, sino que lo manifestó por sus obras, diciendo: "Aunque no me creáis a mí, creed a mis obras, para que sepáis que yo estoy en el Padre y el Padre en mí". Así, pues, el Padre lo ha "hecho" Señor y Rey en medio de nosotros y para nosotros, que en otro tiempo fuimos desobedientes; y es evidente que quien ahora se muestra como Señor y Rey no empieza entonces a ser Rey y Señor, sino que empieza a manifestar su señorío y a extenderlo aun sobre los desobedientes.

    Discurso 2, § 13

    13. Si suponen, pues, que el Salvador no era Señor y Rey antes de hacerse hombre y padecer la Cruz, sino que solo entonces comenzó a ser Señor, sepan que están reviviendo abiertamente las afirmaciones del samosatense. Pero si, como hemos citado y declarado antes, Él es Señor y Rey eterno —pues Abraham lo adora como Señor, y Moisés dice: "Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de parte del Señor desde los cielos [
    ]"; y David dice en los Salmos: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra"; y "Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino"; y "Tu reino es reino eterno"—, resulta claro que, aun antes de hacerse hombre, era Rey y Señor eterno, por ser Imagen y Logos del Padre. Y puesto que el Logos es eternamente Señor y Rey, resulta asimismo muy claro que Pedro no dijo que fuese hecha la esencia del Hijo, sino que habló de su señorío sobre nosotros, que llegó a ser cuando Él se hizo hombre y, al redimir a todos por la Cruz, vino a ser Señor y Rey de todos. Pero si persisten en su argumento porque está escrito "lo hizo", y no quieren admitir que "lo hizo" se entienda en el sentido de "lo manifestó", sea por falta de entendimiento o por su propósito contrario a Cristo, atiendan a otra sana explicación de las palabras de Pedro. Porque quien llega a ser señor de otros toma posesión de seres que ya existen; y si el Señor es Hacedor de todo y Rey eterno, y al hacerse hombre tomó entonces posesión de nosotros, hay aquí también un sentido en el cual las palabras de Pedro manifiestamente no significan que la esencia del Logos sea una obra, sino que todas las cosas fueron sometidas después a Él y que el señorío del Salvador llegó a extenderse sobre todas ellas. Y esto concuerda con lo que dijimos antes: pues cuando citamos las palabras "Sé mi Dios y defensa" y "El Señor vino a ser refugio para los oprimidos", era razonable entender que estas expresiones no muestran que Dios sea creado, sino que su beneficencia se hace presente para cada uno. El mismo sentido tiene también la expresión de Pedro.

    Discurso 2, § 14

    14. Porque el Hijo de Dios, siendo Él mismo el Logos, es ciertamente Señor de todo; pero nosotros, desde el principio, estuvimos sujetos a la esclavitud de la corrupción y a la maldición de la Ley; luego, forjándonos poco a poco cosas que no existían, servimos, como dice el bienaventurado Apóstol, "a los que por naturaleza no son dioses [
    ]" y, por ignorar al Dios verdadero, preferimos a la verdad cosas que no existían. Mas después, así como el pueblo antiguo gemía bajo la opresión en Egipto, también nosotros, una vez que tuvimos la Ley "implantada [
    ]" en nosotros, elevamos nuestra súplica conforme a los gemidos inefables [
    ] del Espíritu: "Oh Señor, Dios nuestro, toma posesión de nosotros". Entonces, así como "vino a ser casa de refugio" y "Dios y defensa", también vino a ser nuestro Señor. No es que comenzase entonces a existir, sino que nosotros comenzamos a tenerlo por Señor. Por esta causa, Dios, que es bueno y Padre del Señor, movido a piedad y deseando ser conocido por todos, hace que su propio Hijo se revista de un cuerpo humano, se haga hombre y reciba el nombre de Jesús, para que, ofreciéndose en este cuerpo por todos, libre a todos del falso culto y de la corrupción, y venga Él mismo a ser Señor y Rey de todos. Este venir a ser Señor y Rey es, pues, lo que Pedro quiere decir con "lo ha hecho Señor" y "ha enviado a Cristo"; como si dijera que el Padre, al hacerlo hombre —pues ser hecho corresponde al hombre—, no lo hizo simplemente hombre, sino que lo hizo para que fuese Señor de todos los hombres y santificase a todos mediante la unción. Porque, aunque el Logos, que existía en forma de Dios, tomó forma de siervo, la asunción de la carne no hizo siervo al Logos, que era Señor por naturaleza; antes bien, no solo se produjo por el Logos aquella emancipación de toda la humanidad, sino que el Logos mismo, que era Señor por naturaleza y entonces se hizo hombre, fue hecho, mediante la forma de siervo, Señor de todos y Cristo, es decir, para santificar a todos por el Espíritu. Y así como Dios, cuando "viene a ser Dios y defensa" y dice "Seré para ellos Dios", no se hace entonces Dios en mayor medida que antes ni comienza entonces a ser Dios, sino que aquello que siempre es, eso viene a ser para quienes lo necesitan cuando así le place, del mismo modo Cristo, que es por naturaleza Señor y Rey eterno, no se hace más Señor de lo que era cuando es enviado, ni comienza entonces a ser Señor y Rey, sino que aquello que siempre es, eso es hecho entonces según la carne; y, al haber redimido a todos, viene así a ser también Señor de vivos y muertos. Pues de ahí en adelante todas las cosas le sirven, y este es el sentido de las palabras de David en el Salmo: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies". Porque convenía que la redención se realizase por ningún otro sino por quien es Señor por naturaleza, no fuese que, habiendo sido creados por el Hijo, llamásemos Señor a otro y cayésemos en la insensatez arriana y griega, sirviendo a la criatura antes que al Dios creador de todas las cosas.

    Discurso 2, § 15

    15. Tal es, al menos según mi escaso entendimiento, el sentido de este pasaje. Además, las palabras de Pedro tienen un sentido verdadero y bueno por lo que respecta a los judíos. Pues los judíos, extraviados de la verdad, esperan ciertamente al Cristo venidero, pero no admiten que haya de padecer, y dicen sin entender lo que dicen: "Sabemos que, cuando venga el Cristo, permanecerá para siempre; ¿cómo dices tú, entonces, que ha de ser levantado?". Suponen, además, que no es el Logos que viene en carne, sino un mero hombre, como lo fueron todos los reyes. El Señor, por tanto, al amonestar a Cleofás y al otro discípulo, les enseñó que el Cristo debía padecer primero; y enseñó a los demás judíos que Dios había venido entre ellos, diciendo: "Si llamó dioses a aquellos a quienes vino el Logos de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, ¿decís de aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo: "Tú blasfemas", porque dije: "Soy el Hijo de Dios" [
    ]?".

    Discurso 2, § 16

    16. Pedro, pues, habiendo aprendido esto del Salvador, corrigió a los judíos en ambos puntos, diciendo: «Oh judíos, las divinas Escrituras anuncian la venida de Cristo, y vosotros lo tenéis por un mero hombre, uno de los descendientes de David; pero lo que de Él está escrito muestra que no es tal como decís, sino que lo anuncia como Señor y Dios, inmortal y dispensador de vida. Porque Moisés dijo: "Verás tu Vida pendiente ante tus ojos". Y David, en el salmo centésimo noveno: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies"; y en el decimoquinto: "No dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción". Que estos pasajes no se refieren a David lo atestigua él mismo, al reconocer que aquel que había de venir era su propio Señor. Más aún: vosotros mismos sabéis que David murió y que sus restos están entre vosotros. Confesaréis, pues, sin dificultad que el Cristo ha de ser tal como dicen las Escrituras. Porque aquellos anuncios proceden de Dios, y no puede haber falsedad en ellos. Si podéis afirmar que antes ha venido alguien semejante y demostrar por las señales y prodigios que obró que era Dios, tenéis razón para sostener la disputa; pero si no podéis probar su venida y todavía esperáis a alguien así, reconoced por Daniel el tiempo verdadero, pues sus palabras se refieren al tiempo presente. Y si este tiempo presente es el que fue anunciado antiguamente, y habéis visto lo sucedido entre nosotros, tened por cierto que este Jesús a quien crucificasteis es el Cristo esperado. Porque David y todos los Profetas murieron, y los sepulcros de todos están entre vosotros; pero la Resurrección que ahora ha tenido lugar ha mostrado que estos pasajes se refieren a Jesús. Pues la crucifixión está indicada por "Verás tu Vida pendiente", y la herida del costado causada por la lanza corresponde a "Como oveja fue llevado al matadero [
    ]"; y la resurrección, más aún, el levantamiento de los antiguos muertos de sus sepulcros —pues muchos de vosotros los habéis visto—, eso es lo que significan "No dejarás mi alma en el Hades", "Él destruyó la muerte con poder [
    ]" y, asimismo, "Dios enjugará". Porque las señales que efectivamente tuvieron lugar muestran que quien estaba en un cuerpo era Dios, y también la Vida y el Señor de la muerte. Pues convenía que el Cristo, al dar vida a otros, no fuese Él mismo retenido por la muerte; pero esto no habría podido suceder si, como suponéis, hubiese sido un mero hombre. En verdad, es el Hijo de Dios, pues todos los hombres están sujetos a la muerte. Que nadie dude, por tanto, sino que toda la casa de Israel sepa con certeza que este Jesús, a quien visteis en figura de hombre obrar señales y obras como nadie había hecho jamás, es Él mismo el Cristo y Señor de todos. Pues, aunque se hizo hombre y recibió el nombre de Jesús, como antes dijimos, no sufrió menoscabo alguno por aquel padecimiento humano; antes bien, al hacerse hombre, se manifestó como Señor de vivos y muertos. Porque, como dijo el Apóstol, "ya que el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría en la sabiduría de Dios, plugo a Dios salvar a los creyentes por la insensatez de la predicación [
    ]". Y así, puesto que nosotros, los hombres, no quisimos reconocer a Dios por medio de su Verbo ni servir al Logos de Dios, nuestro Señor por naturaleza, plugo a Dios mostrar en un hombre su propio señorío y atraer de este modo a todos los hombres hacia sí. Pero no convenía hacer esto por medio de un mero hombre, no fuese que, teniendo por Señor a un hombre, nos convirtiésemos en adoradores de un hombre. Por eso el Verbo mismo se hizo carne, y el Padre le dio el nombre de Jesús, y así "lo hizo" Señor y Cristo; como si dijera: "Lo hizo para que dominase y reinase", a fin de que, mientras toda rodilla se dobla ante el nombre de Jesús, a quien vosotros crucificasteis, reconozcamos como Señor y Rey tanto al Hijo como, por medio de Él, al Padre.»

    Discurso 2, § 17

    17. La mayor parte de los judíos, al oír esto, volvieron en sí y reconocieron inmediatamente al Cristo, según está escrito en los Hechos. Pero los arriomaníacos, por el contrario, prefieren seguir siendo judíos y disputar con Pedro. Pongamos, pues, ante ellos algunas expresiones paralelas; quizá les aproveche descubrir cuál es el uso de la divina Escritura. Que Cristo es Señor y Rey eterno ha quedado claro por lo dicho, y nadie puede dudarlo; pues, siendo Hijo de Dios, ha de ser semejante a Él y, siendo semejante, es ciertamente Señor y Rey, porque Él mismo dice: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre". Por otra parte, que las solas palabras de Pedro, "lo ha hecho Señor y Cristo", no implican que el Hijo sea una criatura, puede verse en la bendición de Isaac, aunque esta comparación no sea sino débil para nuestro asunto. Dijo a Jacob: "Sé señor de tu hermano"; y a Esaú: "He aquí que lo he hecho señor tuyo". Ahora bien, aun si la palabra "hecho" se refiriese a la esencia de Jacob y a su venida a la existencia, tampoco entonces les sería lícito imaginar otro tanto del Logos de Dios, pues el Hijo de Dios no es criatura como lo era Jacob; además, podrían indagar y librarse así de semejante desvarío. Pero si, aun siendo Jacob por naturaleza criatura y obra, no entienden aquellas palabras ni de su esencia ni de su venida a la existencia, ¿no es su locura peor que la del diablo cuando atribuyen al Hijo de Dios, diciendo que es una criatura, lo que ni siquiera se atreven a atribuir, a consecuencia de una expresión semejante, a los seres creados por naturaleza? Porque Isaac dijo "Sé" y "lo he hecho", sin referirse con ello ni a la venida a la existencia ni a la esencia de Jacob —pues lo dijo más de treinta años después de su nacimiento—, sino a la autoridad sobre su hermano que este habría de ejercer después.

    Discurso 2, § 18

    18. Con mucha mayor razón, pues, dijo Pedro esto sin querer significar que la esencia del Logos fuese una obra; porque sabía que Él era el Hijo de Dios, según confesó: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente [
    ]". Se refería, antes bien, a su reino y señorío, que fueron establecidos y llegaron a ser según la gracia y con relación a nosotros. Al decir esto, no guardó silencio acerca de la Divinidad eterna del Hijo de Dios, que es la del Padre; pues ya había dicho que Él había derramado el Espíritu sobre nosotros. Ahora bien, dar el Espíritu con autoridad no está en poder de una criatura o de una obra, sino que el Espíritu es don de Dios. Porque las criaturas son santificadas por el Espíritu Santo; el Hijo, en cambio, puesto que no es santificado por el Espíritu, sino que Él mismo lo da a todos, no es criatura, sino verdadero Hijo del Padre. Y, sin embargo, de aquel mismo que da el Espíritu se dice también que fue hecho; esto es, hecho Señor entre nosotros a causa de su humanidad, mientras que da el Espíritu porque es el Logos de Dios. Pues siempre fue y es, así como Hijo, también Señor y Soberano de todo, semejante en todas las cosas al Padre y poseedor de todo cuanto es del Padre, como Él mismo ha dicho.

    Capítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura

    La fórmula arriana: una criatura, pero no como las demás criaturas; sin embargo, cada criatura es distinta de todas las otras, y ninguna criatura puede crear. El Logos, pues, difiere de todas las criaturas precisamente en aquello en que estas, pese a sus demás diferencias, concuerdan entre sí como criaturas: a saber, en ser causa eficiente, en ser el único intermediario o agente instrumental de la creación, en revelar al Padre y en ser objeto de adoración

    Discurso 2, § 18 (cont.)

    18. ( continuación ). Consideremos ahora, en segundo lugar, el pasaje de los Proverbios: "El Señor me creó como principio de sus caminos para sus obras"; aunque, al demostrar que el Logos no es obra alguna, se ha demostrado también que no es criatura. Pues decir "obra" o "criatura" viene a ser lo mismo, de suerte que probar que no es obra equivale asimismo a probar que no es criatura. Y, ciertamente, cabe maravillarse de estos hombres, que así inventan pretextos para su impiedad, sin arredrarse en nada ante las refutaciones que les salen al paso en todos los puntos. Primero, pues, se propusieron engañar a los sencillos con sus preguntas: "¿Aquel que es hizo, de lo que no existía, a uno que no existía o a uno que existía?" y "¿Tenías un hijo antes de engendrarlo?". Y, una vez demostrado que esto carecía de valor, inventaron otra pregunta: "¿Es uno el Increado, o son dos?". Cuando también en esto fueron refutados, formularon al punto otra: "¿Tiene libre albedrío y una naturaleza mudable?". Pero, obligados a abandonar esta, pasaron a decir: "Hecho tanto mejor que los ángeles"; y, cuando la verdad puso al descubierto tal pretexto, ahora de nuevo, reuniéndolos todos, creen dar crédito a su herejía con las palabras "obra" y "criatura". Pues vuelven a decir exactamente lo mismo y permanecen fieles a su propia perversidad, dando diversas formas y volviendo de un lado a otro los mismos errores, por si acaso logran engañar a algunos con esa variedad. Aunque más arriba se han dado abundantes pruebas contra este temerario recurso suyo, puesto que hacen resonar por doquier este pasaje de los Proverbios y a muchos que ignoran la fe de los cristianos les parece que dicen algo, es necesario examinar por separado "me creó", así como "el que fue fiel a quien lo hizo", para que, en este texto como en todos los demás, quede probado que no han llegado más allá de una fantasía.
    Comentario editorial · «Me creó» o «me poseía»: el texto central del segundo discurso
    Proverbios 8:22 ocupa los §§ 18–82 del Discurso 2. Wikipedia explica el problema: la palabra hebrea qanah puede significar «crear», «engendrar», «establecer» o «poseer», y su traducción ha sido «campo de batalla de controversia desde la herejía arriana». La Reina-Valera, hecha sobre el hebreo, dice «Jehová me poseía»; la Septuaginta, que lee Atanasio, dice «me creó». Wikipedia añade que los arrianos, al identificar a Jesús con la Sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), sostenían que el Hijo, como la Sabiduría, era «creado», y que sus adversarios defendían que la palabra debía traducirse «engendró». Atanasio no discute el verbo griego: acepta «me creó» y sostiene que no equivale a «soy una criatura», que se refiere a su humanidad y a su oficio «para las obras», y que en la Escritura el Hijo es primero engendrado y después hecho (sumarios de los caps. 19–21). Por eso el versículo que aparece al posarse sobre el corchete no coincide con el que se comenta; así se avisa en el propio versículo emergente. Una nota de la Defensa de la definición nicena trata el mismo versículo.

    Discurso 2, § 19

    19. Veamos primero las respuestas que dieron a Alejandro, de feliz memoria, al comienzo, cuando su herejía estaba todavía en formación. Escribieron así: "Es una criatura, pero no como las demás criaturas; una obra, pero no como las demás obras; un vástago, pero no como los demás vástagos". Considere cada cual el desenfreno y la astucia de esta herejía; pues, conociendo la amargura de su propia malicia, procura engalanarse con hermosas palabras y dice lo que en verdad piensa: que Él es una criatura, aunque cree poder encubrirse añadiendo: "pero no como las demás criaturas". Sin embargo, al escribir así, más bien se declaran culpables de impiedad; pues, si a vuestro juicio es simplemente una criatura, ¿a qué añadir el pretexto "pero no como las demás criaturas"? Y, si es simplemente una obra, ¿cómo que "no como las demás obras"? En ello se descubre el veneno de la herejía. Porque, al decir "vástago, pero no como los demás vástagos", cuentan muchos hijos y proclaman que el Señor es uno de ellos; de modo que, según ellos, ya no es el Unigénito, sino uno entre muchos hermanos, al que llaman vástago e hijo. ¿De qué sirve, pues, este pretexto de decir que es criatura y no criatura? Porque, aunque digáis "no como las demás criaturas", demostraré que este sofisma vuestro es insensato. Pues seguís declarando que Él es una de las criaturas; y cuanto pudiera decirse de las otras criaturas, eso sostenéis acerca del Hijo, vosotros que sois, en verdad, "necios y ciegos [
    ]". Pues ¿hay alguna criatura que sea exactamente igual a otra, para que atribuyáis esto al Hijo como si fuera una prerrogativa? Toda la creación visible fue hecha en seis días: en el primero, la luz, a la que llamó día; en el segundo, el firmamento; en el tercero, reunió las aguas, dejó al descubierto la tierra seca e hizo brotar los diversos frutos que hay en ella; en el cuarto, hizo el sol, la luna y toda la multitud de las estrellas; en el quinto, creó las especies de seres vivientes del mar y las aves del aire; y en el sexto, hizo los cuadrúpedos de la tierra y, por último, al hombre. Y "lo invisible de Él, desde la creación del mundo, se deja ver claramente, entendiéndose por medio de las cosas hechas [
    ]"; ni la luz es como la noche, ni el sol como la luna, ni los seres irracionales como el hombre racional, ni los ángeles como los Tronos, ni los Tronos como las Potestades; y, sin embargo, todos son criaturas, pero cada una de las cosas hechas, según su especie, existe y permanece en su propia esencia tal como fue hecha.

    Discurso 2, § 20

    20. Sea, pues, el Logos excluido de las obras y, como Creador, restituido al Padre, y confiésese que es Hijo por naturaleza; o, si es simplemente una criatura, asígnesele la misma condición que a todas las demás entre sí, y dígase de cada una de ellas, como de Él, que es "una criatura, pero no como las demás criaturas; un vástago o una obra, pero no como las demás obras ni los demás vástagos". Pues vosotros decís que un vástago es lo mismo que una obra, al escribir "engendrado o hecho". Porque, aunque el Hijo supere a los demás al compararlo con ellos, no deja por eso de ser una criatura, como ellos; ya que entre los que son criaturas por naturaleza cabe hallar a unos que superan a otros. Una estrella, por ejemplo, difiere de otra estrella en gloria, y todos los demás presentan también diferencias mutuas cuando se los compara; pero de ello no se sigue que unos sean señores y otros siervos de los superiores, ni que unos sean causas eficientes y otros reciban de ellos el ser, sino que todos poseen una naturaleza que llega a ser y es creada, y confiesan en sí mismos a su Hacedor: como dice David en los Salmos: "Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos"; y como dice Zorobabel el sabio: "Toda la tierra invoca a la Verdad, y el cielo la bendice; todas las obras se estremecen y tiemblan ante ella [Esdras 4:36]". Pero si toda la tierra canta himnos al Hacedor y a la Verdad, la bendice y la teme, y su Hacedor es el Logos, y Él mismo dice: "Yo soy la Verdad [
    ]", se sigue que el Logos no es una criatura, sino que solo Él es propio del Padre, en quien todas las cosas están dispuestas, y todas lo celebran como Hacedor; pues "yo estaba junto a Él disponiéndolo todo", y "mi Padre trabaja hasta ahora, y yo trabajo [
    ]". Y las palabras "hasta ahora" muestran su eterna existencia en el Padre como Logos; pues es propio del Logos hacer las obras del Padre y no ser exterior a Él.

    Discurso 2, § 21

    21. Pero si cuanto hace el Padre lo hace también el Hijo, y cuanto crea el Hijo es creación del Padre, y, no obstante, el Hijo fuese obra o criatura del Padre, entonces, o bien se haría a sí mismo y sería su propio creador —puesto que lo que hace el Padre es también obra del Hijo—, lo cual es absurdo e imposible; o bien, dado que crea y hace las cosas del Padre, Él mismo no es obra ni criatura; pues, de otro modo, siendo Él mismo causa eficiente, podría causar en las cosas causadas aquello en que Él mismo se ha convertido o, mejor dicho, no tendría poder alguno de causar.
    Pues ¿cómo, si, como sostenéis, ha venido de la nada, puede dar el ser a cosas que no existen? O, si Él, siendo criatura, forma a su vez una criatura, habrá que concebir lo mismo de toda criatura: a saber, el poder de formar a otras. Y, si esto os parece bien, ¿qué necesidad hay del Logos, puesto que las cosas inferiores pueden recibir el ser de las superiores? O, en cualquier caso, toda cosa que llega a ser habría podido oír desde el principio las palabras de Dios: "Sea" y "Hágase", y así habría sido formada. Pero ni está escrito tal cosa ni podría ser. Pues ninguna de las cosas que llegan a ser es causa eficiente, sino que todas las cosas fueron hechas por medio del Logos, quien no habría hecho todas las cosas si Él mismo estuviese entre las criaturas. Tampoco los ángeles podrían formar cosa alguna, pues también ellos son criaturas, aunque Valentino, Marción y Basílides así lo crean, y vosotros los copiéis; ni el sol, por ser criatura, hará jamás que lo que no existe pase a ser; ni el hombre formará al hombre, ni la piedra ideará otra piedra, ni la madera hará crecer otra madera. Dios, en cambio, es quien forma al hombre en el seno materno, afirma los montes y hace crecer la madera; mientras que el hombre, por ser capaz de adquirir conocimiento, reúne y dispone aquella materia, y trabaja con cosas que ya existen, según ha aprendido; y se da por satisfecho con que lleguen a hacerse y, consciente de cuál es su naturaleza, sabe pedir a Dios cuanto necesita.

    Discurso 2, § 22

    22. Si también Dios trabajase y compusiese a partir de materiales, esta sería ciertamente una idea pagana, según la cual Dios es un artífice y no un Hacedor; pero, aun en tal caso, sea el Logos quien trabaje los materiales por mandato y al servicio de Dios. Mas si llama a la existencia las cosas que antes no existían por medio de su propio Verbo, entonces el Logos no se cuenta entre las cosas que no existían y fueron llamadas a existir; o bien hemos de buscar otro Verbo por medio del cual también Él fuese llamado, pues por el Logos han llegado a ser las cosas que antes no eran. Y, si por medio de Él crea y hace, Él mismo no pertenece a las cosas creadas y hechas; antes bien, es el Logos del Dios Creador, y por las obras del Padre que Él mismo hace se conoce que está "en el Padre y el Padre en Él", y que "quien lo ha visto a Él ha visto al Padre", porque la esencia del Hijo es propia del Padre y Él es en todo semejante a Él. ¿Cómo, pues, crea Dios por medio de Él, si no es su Verbo y su Sabiduría? Y ¿cómo puede ser Verbo y Sabiduría si no es la prole propia de su esencia y, a diferencia de los demás, no llegó a ser de la nada? Y puesto que todas las cosas proceden de la nada y son criaturas, y el Hijo, según ellos dicen, es también una de las criaturas y de las cosas que en otro tiempo no existían, ¿cómo es que solo Él revela al Padre y nadie sino Él conoce al Padre? Pues, si Él, siendo una obra, pudiese conocer al Padre, también todos habrían de conocerlo en proporción a la capacidad de cada cual, ya que todos son obras como Él. Pero si a las cosas creadas les es imposible ver o conocer a Dios, porque su visión y su conocimiento sobrepasan a todas —pues Dios mismo dice: "Nadie verá mi rostro y vivirá"—, y, sin embargo, el Hijo ha declarado: "Nadie conoce al Padre sino el Hijo [
    ]", el Logos es, por tanto, distinto de todas las cosas creadas, ya que solo Él conoce y solo Él ve al Padre, como dice: "No porque alguno haya visto al Padre, sino aquel que procede del Padre", y "nadie conoce al Padre sino el Hijo", aunque Arrio piense de otro modo. ¿Cómo, pues, lo conoció Él solo, sino porque solo Él era propio del Padre? Y ¿cómo habría de serle propio si fuese una criatura y no un verdadero Hijo procedente de Él? (Pues no debe importarnos repetir a menudo lo mismo por amor a la verdadera fe). Es, por tanto, impío pensar que el Hijo es una entre todas las cosas; y blasfemo y carente de sentido llamarlo "una criatura, pero no como las demás criaturas; una obra, pero no como las demás obras; un vástago, pero no como los demás vástagos". Pues ¿cómo no habría de ser como una de ellas si, según dicen, no existía antes de ser engendrado? Porque es propio de las criaturas y de las obras no existir antes de su originación y tener subsistencia a partir de la nada, aun cuando superen en gloria a otras criaturas; pues esta diferencia entre unas y otras se encuentra en todas las criaturas, como se manifiesta en las visibles.

    Discurso 2, § 23

    23. Además, si, como sostienen los herejes, el Hijo fuese criatura u obra, pero no como las demás criaturas por superarlas en gloria, sería natural que la Escritura lo describiese y presentase mediante una comparación favorable con las otras obras; por ejemplo, diciendo que es mayor que los arcángeles y más digno de honra que los Tronos, más resplandeciente que el sol y la luna, y mayor que los cielos. Pero no se habla de Él de esa manera; antes bien, el Padre muestra que es su propio y único Hijo, diciendo: "Tú eres mi Hijo" y "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia". Por eso los ángeles lo servían, por ser Él superior a ellos; y lo adoran, no por ser mayor en gloria, sino por estar por encima de todas las criaturas y de ellos mismos, y ser el único Hijo propio del Padre según la esencia. Pues, si se lo adorase porque los supera en gloria, cada una de las cosas subordinadas debería adorar a la que la supera. Pero no sucede así: la criatura no adora a la criatura, sino el siervo al Señor, y la criatura a Dios. Así, el apóstol Pedro impide que Cornelio lo adore, diciendo: "Yo también soy hombre [
    ]". Y un ángel, cuando Juan quiere adorarlo en el Apocalipsis, se lo impide diciendo: "Mira, no lo hagas; porque soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro: adora a Dios [
    ]". Por tanto, solo a Dios corresponde la adoración, y esto lo saben los mismos ángeles: que, aunque superen en gloria a otros seres, todos son criaturas y no deben ser adorados, sino que adoran al Señor. Así, cuando Manoa, el padre de Sansón, quiso ofrecer un sacrificio al ángel, este se lo impidió, diciendo: "No me lo ofrezcas a mí, sino a Dios". El Señor, en cambio, es adorado incluso por los ángeles; pues está escrito: "Adórenlo todos los ángeles de Dios [
    ]"; y también por todos los gentiles, como dice Isaías: "El trabajo de Egipto, el comercio de Etiopía y los sabeos, hombres de gran estatura, pasarán a ti y serán tus siervos"; y luego: "Se postrarán ante ti y te suplicarán, diciendo: Ciertamente, Dios está en ti, y no hay otro; no hay otro Dios [
    ]". Y acepta la adoración de sus discípulos y les confirma quién es, diciendo: "¿No me llamáis Señor y Maestro? Y decís bien, porque lo soy". Y cuando Tomás le dijo: "Señor mío y Dios mío", consintió en sus palabras o, mejor dicho, lo acogió, en vez de impedírselo. Pues Él es, como declaran los otros profetas y dice David en el Salmo, "el Señor de los ejércitos, el Señor de Sabaot", que se interpreta "el Señor de los ejércitos", y Dios verdadero y omnipotente, aunque los arrianos revienten al oírlo.

    Discurso 2, § 24

    24. Pero no habría sido adorado así ni se habría hablado de Él de tal manera si fuese meramente una criatura. Ahora bien, puesto que no es una criatura, sino la prole propia de la esencia de aquel Dios que es adorado, y su Hijo por naturaleza, por eso es adorado y se cree que es Dios, y es Señor de los ejércitos, posee autoridad y es omnipotente, como el Padre; pues Él mismo ha dicho: "Todas las cosas que tiene el Padre son mías [
    ]". Porque es propio del Hijo poseer las cosas del Padre, y ser tal que en Él se vea al Padre, y que por medio de Él hayan sido hechas todas las cosas, y que la salvación de todos se realice y permanezca en Él.

    Capítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas

    En cuanto a la afirmación de que la creación no podía soportar la mano inmediata de Dios, Dios condesciende hasta las cosas más humildes. Además, si el Hijo fuese una criatura, tampoco Él podría soportar la mano de Dios, y sería necesaria una serie infinita de intermediarios. Se objeta que, así como Moisés, que sacó de Egipto a los israelitas, era un hombre, también lo es nuestro Señor; pero Moisés no fue el agente de la creación. Se alega asimismo que en los ministerios de las criaturas se encuentra unidad; mas todos esos ministerios son deficientes y dependientes. Se dice, por último, que Él aprendió a crear; pero ¿podía necesitar enseñanza la Sabiduría de Dios? Y ¿por qué habría de aprender, si el Padre sigue obrando hasta ahora? Si el Hijo fue creado para crearnos, Él existe por nosotros, y no nosotros por Él

    Discurso 2, § 24 (cont.)

    24. ( continuación ). Y aquí convendría hacerles también esta pregunta, para refutar aún más claramente su herejía: si todas las cosas son criaturas y todas recibieron su existencia de la nada, y el Hijo mismo, según vosotros, es criatura y obra, y hubo un tiempo en que no existía, ¿por qué hizo Dios "todas las cosas por medio de Él" solamente, y "sin Él no fue hecha ni una sola cosa [
    ]"? O ¿por qué, cuando se habla de "todas las cosas", nadie piensa que el Hijo esté comprendido en ese número, sino únicamente los seres creados, mientras que, cuando la Escritura habla del Verbo, no lo incluye entre "todas las cosas", sino que lo sitúa junto al Padre, como Aquel en quien el Padre obra y lleva a efecto su Providencia y la salvación de "todos", aunque sin duda todas las cosas podrían haber llegado a ser por el mismo mandato con que Dios, según vosotros, hizo existir al Hijo solo? Pues Dios no se fatiga al mandar, ni le faltan fuerzas para hacer todas las cosas, de suerte que hubiera de crear solamente al Hijo único y necesitar de su ministerio y ayuda para formar las demás. Porque nada de lo que quiere hacer queda por hacer: quiso tan solo, y todas las cosas recibieron existencia, y nadie "ha resistido a su voluntad [
    ]". ¿Por qué, entonces, no fueron todas las cosas traídas a la existencia por Dios solo, mediante aquel mismo mandato por el cual el Hijo llegó a existir? O que nos digan por qué todas las cosas llegaron a ser por medio de Él, si Él mismo no era sino un ser creado. ¡Qué falta de razón! Sin embargo, dicen de Él que "Dios, queriendo crear la naturaleza de los seres creados, al ver que esta no podía soportar la mano del Padre sin atenuación ni ser creada directamente por Él, hace y crea primero a uno solo, y lo llama Hijo y Verbo, para que, por medio de Él como intermediario, todas las cosas sean luego traídas a la existencia". Y no solo lo han dicho, sino que se han atrevido a ponerlo por escrito: Eusebio, Arrio y Asterio, que ofreció sacrificios.

    Discurso 2, § 25

    25. ¿No es esto prueba cumplida de la impiedad con que se han embriagado, hasta tal punto de locura que no se avergüenzan de alzarse contra la verdad? Porque, si aducen la fatiga de hacer todas las cosas como razón de que Dios hiciera solamente al Hijo, toda la creación clamará contra ellos por decir cosas indignas de Dios; y también Isaías, que ha dicho en la Escritura: "El Dios eterno, el Señor, Creador de los confines de la tierra, no desfallece ni se fatiga; inescrutable es su entendimiento [
    ]". Y si Dios hizo al Hijo solo porque no se dignaba hacer las demás cosas, sino que las encomendó al Hijo como a un ayudante, esto, por otra parte, es indigno de Dios, pues en Él no hay soberbia. Antes bien, el Señor reprende semejante pensamiento cuando dice: "¿No se venden dos pajarillos por una moneda?"; y: "Ni uno de ellos caerá a tierra sin vuestro Padre que está en los cielos". Y de nuevo: "No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer, ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran ni siegan ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, por mucho que se afane, puede añadir un codo a su estatura? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan; y, sin embargo, os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así la hierba del campo, que hoy existe y mañana es echada al horno, ¿no os vestirá mucho más a vosotros, hombres de poca fe?". Si, pues, no es indigno de Dios ejercer su Providencia aun sobre cosas tan pequeñas como un cabello de la cabeza, un pajarillo y la hierba del campo, tampoco fue indigno de Él hacerlas. Pues de las cosas que son objeto de su Providencia, Él es el Hacedor por medio de su propio Verbo. Más aún, ante quienes así hablan se alza un absurdo peor: distinguen entre las criaturas y la acción de formarlas, y tienen esta por obra del Padre y aquellas por obra del Hijo; cuando, en verdad, o bien todas las cosas han de ser traídas a la existencia por el Padre con el Hijo, o bien, si todo lo creado llega a ser por medio del Hijo, no debemos contar a este entre las cosas creadas.

    Discurso 2, § 26

    26. Su necedad puede ponerse luego de manifiesto de este modo: si aun el Verbo pertenece a la naturaleza de los seres creados, ¿cómo pudo Él solo, entre todos, soportar ser hecho por la Esencia increada de Dios, sin que su acción fuese atenuada, cuando, según decís, aquella naturaleza es demasiado débil para ser obra directa de sus manos? Porque de ello se sigue que, si Él pudo soportarlo, todos pudieron soportarlo; o que, si nadie podía soportarlo, tampoco pudo el Verbo, pues decís que es uno de los seres creados. Y, de nuevo, si porque la naturaleza creada no podía soportar ser obra directa de las manos de Dios surgió la necesidad de un intermediario, se sigue que, siendo el Verbo un ser creado y una criatura, también para formarlo se necesita un intermediario, puesto que Él pertenece asimismo a esa naturaleza creada que no soporta ser hecha por Dios, sino que necesita un intermediario. Pero si se halla para Él algún ser que sirva de intermediario, hará falta a su vez otro intermediario para ese segundo; y así, remontándonos de uno a otro, inventaremos una inmensa multitud de intermediarios que se acumulan sin cesar. De este modo será imposible que la creación exista, pues siempre le faltará un intermediario, y este no podrá llegar a ser sin otro intermediario: todos pertenecerán, según decís, a esa naturaleza creada que no soporta ser hecha por Dios solo. ¡Cuán grande es la necedad que los obliga a sostener que lo que ya ha llegado a ser no admite haber llegado a ser! O quizá piensan que ni siquiera ha llegado a ser, puesto que aún busca a su intermediario; porque, según su noción tan impía como vana, lo que existe carecería de subsistencia por falta de intermediario.

    Discurso 2, § 27

    27. Pero aducen además esto: "He aquí que también por medio de Moisés sacó Dios al pueblo de Egipto, y por medio de él dio la Ley, aunque Moisés era un hombre; por tanto, es posible que lo semejante sea traído a la existencia por lo semejante". Deberían cubrirse el rostro al decirlo, para ocultar su gran vergüenza. Pues Moisés no fue enviado a formar el mundo, ni a llamar a la existencia lo que no existía, ni a modelar hombres semejantes a él, sino tan solo a servir de ministro de la palabra ante el pueblo y ante el rey Faraón. Y esto es muy distinto: servir como ministro es propio de los seres creados, en cuanto siervos; pero formar y crear corresponde únicamente a Dios, a su propio Verbo y a su Sabiduría. Por eso, cuando se trata de formar, no hallaremos a nadie sino al Verbo de Dios; pues "todas las cosas fueron hechas en la Sabiduría", y "sin el Verbo no fue hecha ni una sola cosa". En cambio, para los ministerios no hay uno solo, sino muchos de entre todos ellos: cualquiera a quien el Señor quiera enviar. Porque hay muchos arcángeles, muchos tronos, potestades y dominaciones, millares de millares y miríadas de miríadas que están ante Él, sirviéndolo y dispuestos a ser enviados. Y hubo muchos profetas, y doce apóstoles, y Pablo. Tampoco Moisés estuvo solo: Aarón estaba con él, y después otros setenta fueron llenos del Espíritu Santo. A Moisés lo sucedió Josué, hijo de Nun; a este, los jueces; y a ellos, no un solo rey, sino muchos reyes. Si, pues, el Hijo fuese una criatura y uno de los seres creados, tendría que haber muchos hijos semejantes, para que Dios tuviera muchos ministros de esa clase, como es multitud la de los otros. Pero si no se ve tal cosa, sino que, siendo muchas las criaturas, el Verbo es uno solo, cualquiera deducirá de ello que el Hijo difiere de todos y no está al mismo nivel que las criaturas, sino que es propio del Padre. De ahí que no haya muchos Verbos, sino un solo Verbo del único Padre, y una sola Imagen del único Dios. "Pero he aquí —dicen— que hay un solo sol y una sola tierra". Que sostengan también, insensatos como son, que hay una sola agua y un solo fuego; entonces se les podrá responder que todo cuanto llega a ser es uno en su propia esencia, pero que, por sí solo, no es adecuado ni suficiente para el ministerio y servicio que le han sido encomendados. Pues Dios dijo: "Haya lumbreras en el firmamento del cielo para alumbrar la tierra y separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, los días y los años". Y luego dice: "E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día, y la lumbrera menor para regir la noche; hizo también las estrellas. Y Dios las puso en el firmamento del cielo para alumbrar la tierra y para regir el día y la noche".

    Discurso 2, § 28

    28. He aquí muchas lumbreras, y no solo el sol ni solo la luna; cada una es una en su esencia y, sin embargo, el servicio de todas es uno y común: lo que falta a cada una lo suple otra, y entre todas cumplen el oficio de alumbrar. Así, el sol tiene potestad para brillar durante todo el día, y no más; la luna, durante la noche; y las estrellas, junto con ellos, determinan las estaciones y los años y sirven de señales, cada una conforme a la necesidad que la requiere. Tampoco la tierra sirve para todas las cosas, sino para producir frutos y ofrecer suelo que pisen los seres vivos que la habitan. Y el firmamento sirve para separar unas aguas de otras y para ser el lugar donde se sitúan las estrellas. Del mismo modo, el fuego y el agua, junto con otras cosas, fueron traídos a la existencia para ser partes constitutivas de los cuerpos. En suma, ninguna cosa está sola, sino que todas las cosas hechas, como miembros unas de otras, componen por así decirlo un solo cuerpo, a saber, el mundo. Si así conciben al Hijo, que todos los hombres les arrojen piedras, pues consideran al Verbo parte de este universo, y parte que, sin las demás, no basta para el servicio que le fue encomendado. Pero, si esto es manifiestamente impío, reconozcan que el Verbo no se cuenta entre los seres creados, sino que es el único y propio Verbo del Padre, y el Hacedor de ellos. "Pero —dicen—, aunque es una criatura y pertenece a los seres creados, aprendió a formar como quien aprende de un maestro y artífice, y así sirvió a Dios, que le enseñó". Así se ha atrevido a escribir el sofista Asterio, apoyándose en que ha aprendido a negar al Señor, sin advertir el absurdo que de ello se sigue. Porque, si formar es cosa que se enseña, guárdense de decir que Dios mismo no es Hacedor por naturaleza, sino por ciencia, de manera que pueda perder esa facultad. Además, si la Sabiduría de Dios adquirió por enseñanza la capacidad de formar, ¿cómo sigue siendo Sabiduría, si necesita aprender? ¿Y qué era antes de aprender? Pues no era Sabiduría si necesitaba enseñanza; sin duda no era sino algo vacío, y no la Sabiduría esencial, sino que por su progreso recibió el nombre de Sabiduría, y solo será Sabiduría mientras pueda conservar lo aprendido. Porque aquello que se adquiere, no por naturaleza alguna, sino por aprendizaje, puede un día olvidarse. Pero hablar así del Verbo de Dios no es propio de cristianos, sino de griegos.

    Discurso 2, § 29

    29. Porque, si alguien adquiere por enseñanza la facultad de formar, estos insensatos atribuyen a Dios celos y debilidad: celos, porque no enseñó a muchos a formar, de suerte que, así como hay en torno a Él muchos arcángeles y ángeles, hubiera también muchos hacedores; y debilidad, porque no pudo hacer por sí mismo, sino que necesitó un colaborador o un auxiliar. Y eso, aun cuando ya se ha mostrado que la naturaleza creada puede ser hecha por Dios solo, puesto que ellos consideran que el Hijo pertenece a tal naturaleza y que así fue hecho. Pero nada le falta a Dios: ¡lejos de nosotros tal pensamiento! Pues Él mismo ha dicho: "Estoy saciado [
    ]". Tampoco el Verbo llegó a ser Hacedor de todo por enseñanza; antes bien, siendo la Imagen y la Sabiduría del Padre, hace las obras del Padre. Ni hizo Dios al Hijo para hacer las cosas creadas; pues he aquí que, aunque el Hijo existe, se ve que el Padre sigue obrando, como dice el Señor mismo: "Mi Padre obra hasta ahora, y yo obro [
    ]". Si, en cambio, como decís, el Hijo llegó a existir con el propósito de hacer las cosas que vendrían después de Él, y aun así se ve que el Padre obra incluso después de la venida del Hijo, también desde este punto de vista debéis tener por superflua la creación de semejante Hijo. Además, ¿por qué, cuando quiere crearnos, busca en absoluto un intermediario, como si su voluntad no bastase para constituir cuanto le parezca bien? Y, sin embargo, las Escrituras dicen: "Ha hecho cuanto le plugo" y "¿Quién ha resistido a su voluntad [
    ]?". Y si su sola voluntad basta para formar todas las cosas, hacéis superfluo el oficio de intermediario; pues ya se ha mostrado que no son válidos los ejemplos que adujisteis de Moisés, del sol y de la luna. Y he aquí otro argumento para haceros callar. Decís que Dios, queriendo crear la naturaleza de los seres creados y deliberando acerca de ella, concibe y crea al Hijo para formarnos por medio de Él; pues bien, si así es, considerad cuán grande es la impiedad que os habéis atrevido a proferir.

    Discurso 2, § 30

    30. En primer lugar, parecería que el Hijo fue traído a la existencia por nosotros, más bien que nosotros por Él; pues no fuimos creados para Él, sino que Él fue hecho para nosotros, de modo que Él nos debe gratitud a nosotros, y no nosotros a Él, como la mujer al varón. "Porque el varón —dice la Escritura— no fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón". Por tanto, así como "el varón es imagen y gloria de Dios, y la mujer, gloria del varón [
    ,
    ]", así también nosotros fuimos hechos imagen de Dios y para su gloria, mientras que el Hijo es nuestra imagen y existe para nuestra gloria. Y nosotros fuimos traídos a la existencia para existir; mas el Verbo de Dios fue hecho, según tenéis que sostener, no para existir Él mismo, sino como instrumento para nuestra necesidad; de suerte que no procedemos nosotros de Él, sino que Él es constituido por causa de nuestra necesidad. ¿No son más que insensatos los hombres que aun conciben tales pensamientos? Porque, si el Verbo fue hecho por nosotros, no tiene precedencia sobre nosotros ante Dios: pues Dios no deliberó acerca de nosotros teniéndolo ya en sí, sino que, teniéndonos a nosotros en sí, deliberó, según dicen, acerca de su propio Verbo. Pero, si así fue, quizá el Padre ni siquiera tuvo voluntad alguna respecto del Hijo; porque no lo creó por quererlo a Él, sino que, queriéndonos a nosotros, lo formó por nosotros: lo concibió después de concebirnos a nosotros. De modo que, según estos hombres impíos, el Hijo, hecho como instrumento, resulta de ahora en adelante superfluo, una vez hechos aquellos para quienes fue creado. Pero si el Hijo solo fue hecho por Dios solo porque podía soportarlo, mientras que nosotros, por no poder soportarlo, fuimos hechos por el Verbo, ¿por qué no delibera Dios primero acerca del Verbo, que podía soportar ser hecho por Él, en vez de deliberar acerca de nosotros? O ¿por qué no estima más a quien era fuerte que a nosotros, que éramos débiles? O ¿por qué, si lo hace primero, no delibera primero acerca de Él? O ¿por qué, si delibera primero acerca de nosotros, no nos hace primero a nosotros, siendo suficiente su voluntad para constituir todas las cosas? Pero lo crea a Él primero y, sin embargo, delibera primero acerca de nosotros; nos quiere a nosotros antes que al Intermediario; y, cuando quiere crearnos y delibera acerca de nosotros, nos llama criaturas, mientras que a Aquel a quien forma para nosotros lo llama Hijo y Heredero propio. Pero más bien deberíamos ser llamados hijos nosotros, por quienes lo hizo; o ciertamente es Él, que es su Hijo, quien ocupa primero sus pensamientos y su voluntad, y por quien nos hace a todos nosotros. Tal es la enfermedad, tal el vómito de los herejes.
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