16. Si también el Hijo fuese una obra, bien podría Dios comenzar a ser Padre respecto de él, como respecto de los demás; pero, si el Hijo no es una obra, siempre fue el Padre y siempre fue el Hijo. Mas, si el Hijo existió siempre, ha de ser el Verbo; pues, si el Verbo no es Hijo, como alguno se atreve a decir, o bien sostiene que el Verbo es el Padre, o bien que el Hijo es superior al Verbo. Porque, estando el Hijo "en el seno del Padre [
]", necesariamente o el Verbo no es anterior al Hijo —pues nada es anterior a quien está en el Padre—, o, si el Verbo es distinto del Hijo, el Verbo ha de ser el Padre en quien está el Hijo. Pero, si el Verbo no es Padre, sino Verbo, ha de ser exterior al Padre, ya que es el Hijo quien está "en el seno del Padre". Pues no están ambos, el Verbo y el Hijo, en ese seno: ha de estar uno solo, y ese es el Hijo, el Unigénito. Y, si el Verbo es uno y el Hijo otro, se sigue asimismo, por otra razón, que el Hijo es superior al Verbo; pues "nadie conoce al Padre sino el Hijo [
]", no el Verbo. Así pues, o el Verbo no lo conoce, o, si lo conoce, no es verdad que "nadie lo conoce". Y otro tanto sucede con "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" y "Yo y el Padre somos uno"; pues es el Hijo quien pronuncia estas palabras, no el Verbo, como ellos pretenden, según se desprende claramente del Evangelio. Porque, según Juan, cuando el Señor dijo: "Yo y el Padre somos uno", los judíos tomaron piedras para apedrearlo. "Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de parte de mi Padre; ¿por cuál de esas obras me apedreáis? Los judíos le respondieron: No te apedreamos por una buena obra, sino por blasfemia, y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino el Logos de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, ¿decís de aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo: Tú blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero, si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre". Y, sin embargo, atendiendo a la letra de sus palabras, no dijo ni "Soy Dios" ni "Soy Hijo de Dios", sino "Yo y el Padre somos uno".