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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
  70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
  73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
  75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Cuatro discursos contra los arrianos

    356–360 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)36 minPosición: 0% de esta parteParte 13 de 14 · 9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del PadrePublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-10

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minDiscurso 1 contra los arrianos
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2. Extractos de la Talía de Arrio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 3. Importancia de la cuestión
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el Hijo es eterno e increado
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Continuación del tema
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 6. Continuación del tema
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 7. Objeciones a la prueba precedente. Si, en la generación del Hijo, Dios hizo a uno que ya existía o a uno que no existía
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 8. Continúan las objeciones
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 10 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 9. Continúan las objeciones
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 10. Continúan las objeciones
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 11. Explicación de textos; en primer lugar, Filipenses 2:9-10. Si las palabras "Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo" prueban que hubo una prueba moral y un progreso
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 3 minCapítulo 12. Explicación de textos; en segundo lugar, Salmo 45:7, 8. Si las palabras "por tanto", "ungido", etc., implican que el Logos ha recibido una recompensa
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 13. Explicación de los textos
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 11 minDiscurso segundo contra los arrianos
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 10 minDiscurso segundo contra los arrianos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minDiscurso segundo contra los arrianos
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15. Explicación de los textos; en quinto lugar, Hechos 2:36. Ha de observarse la regla de fe: "hecho" se aplica a la humanidad de nuestro Señor, a su manifestación y a su oficio respecto de nosotros; guarda asimismo relación con los judíos
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 16. Introducción a Proverbios 8:22: el Hijo no es una criatura
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 17. Prosigue la introducción a Proverbios 8:22. Es absurdo suponer que el Hijo o Verbo fue creado para que fueran creadas las demás criaturas
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 18. Continúa la introducción a Proverbios 8:22. Contraste entre las operaciones del Padre, realizadas inmediata y naturalmente en el Hijo, y las realizadas instrumentalmente por medio de las criaturas; expresiones de la Escritura que ilustran esta distinción
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 19. Explicación de los textos; en sexto lugar, Proverbios 8:22. Los proverbios son de naturaleza figurada y como tales deben interpretarse
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 20. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios viii, 22. Se dice que nuestro Señor fue creado "para las obras", es decir, con un propósito determinado, cosa que nunca se dice de las meras criaturas
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 3 minCapítulo 21. Explicación de los textos; sexto: continuación de Proverbios 8:22. En la Escritura no se dice que nuestro Señor haya sido "creado", ni que las obras hayan sido "engendradas"
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 22. Explicación de textos
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22. Explicación de textos
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minDiscurso 3 contra los arrianos
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 23. Textos explicados; séptimo: Juan 14:10. Introducción
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 24. Explicación de textos: en octavo lugar, Juan 17, 3 y pasajes semejantes
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
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    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 25. Explicación de textos; en noveno lugar, Juan 10:30; 17:11, etc
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 26. Introducción a los pasajes de los Evangelios relativos a la Encarnación
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 27. Explicación de los textos; en décimo lugar, Mateo 11:27; Juan 3:35, etc
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 28. Explicación de los textos; en undécimo lugar, Marcos 13:32 y Lucas 2:52. La explicación arriana del primero de estos textos es contraria a la regla de fe y al contexto
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 29. Textos explicados; duodécimo: Mateo 26:39; Juan 12:27, etc
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    64. Sesión 64 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Prosiguen las objeciones, como en los capítulos VII-X
    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 11 minDiscurso cuarto contra los arrianos
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 6 min6, 7. Cuando el Logos e Hijo tuvo hambre, lloró y se fatigó, obró como nuestro Mediador, tomando sobre sí lo que era nuestro para comunicarnos lo que era suyo
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 2 minLos arrianos sitúan el comienzo del Hijo antes que Marcelo, etc
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 8 min9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 9 min13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina
    70. Sesión 70 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 10 min15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 2 minIlustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada
    73. Sesión 73 · Parte 14 · ≈ 9 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    74. Sesión 74 · Parte 14 · ≈ 10 min26-36. Que el Hijo es el Verbo que coexiste con el Padre, demostrado a partir del Nuevo Testamento
    75. Sesión 75 · Parte 14 · ≈ 4 minLo que dejaron los discursos

    9, 10. A menos que el Padre y el Hijo sean dos solo de nombre, o dos como partes y, por ello, imperfecto cada uno, o bien dos dioses, son consustanciales, uno en la Divinidad, y el Hijo procede del Padre

    Discurso 4, § 9

    9. "Yo y el Padre somos uno [
    ]". Decís que los dos son uno, o que el uno tiene dos nombres, o, de nuevo, que el uno se divide en dos. Ahora bien, si el uno se divide en dos, lo dividido ha de ser necesariamente un cuerpo, y ninguna de las partes será perfecta, pues cada una es una parte y no el todo. Pero si el uno tiene dos nombres, este es el recurso de Sabelio, quien dijo que el Hijo y el Padre eran el mismo y suprimió a uno y otro: al Padre cuando hay un Hijo, y al Hijo cuando hay un Padre. Pero si los dos son uno, entonces son necesariamente dos, aunque uno en la Divinidad, por la consustancialidad del Hijo con el Padre y porque el Verbo procede del Padre mismo; de modo que son dos, porque hay Padre e Hijo, esto es, el Verbo; y son uno, porque hay un solo Dios. Pues, de no ser así, habría dicho: "Yo soy el Padre", o "Yo y el Padre soy"; pero, de hecho, con el "yo" designa al Hijo; con el "y el Padre", a quien lo engendró; y con el "uno", la única Divinidad y su consustancialidad. Pues no son uno mismo, como sostienen los gentiles, el Sabio y la Sabiduría, ni uno mismo el Padre y el Verbo; porque no convendría que él fuese su propio Padre. La doctrina divina, por el contrario, reconoce al Padre y al Hijo, al Sabio y a la Sabiduría, a Dios y al Verbo, sin dejar jamás de mantenerlo indivisible, inseparable e indisoluble en todos los sentidos.

    Discurso 4, § 10

    10. Pero si alguno, al oír que el Padre y el Hijo son dos, nos atribuye falsamente la predicación de dos dioses (pues eso es lo que algunos se imaginan y enseguida se burlan, diciendo: "Sostenéis que hay dos dioses"), hemos de responderle: si reconocer al Padre y al Hijo es admitir dos dioses, de ello se sigue inmediatamente que, para confesar a uno solo, hemos de negar al Hijo y caer en el sabelianismo. Pues si hablar de dos es caer en el paganismo, entonces, si hablamos de uno, hemos de caer en el sabelianismo. Pero no es así; ¡lejos de nosotros tal pensamiento! Antes bien, así como al decir que el Padre y el Hijo son dos confesamos, no obstante, un solo Dios, así también, al decir que hay un solo Dios, reconozcamos al Padre y al Hijo como dos, siendo uno en la Divinidad, pues el Verbo del Padre es indisoluble, indivisible e inseparable de él. Y sirvan de comparación humana el fuego y el resplandor que de él procede: son dos en el ser y en la apariencia, pero uno por cuanto el resplandor procede del fuego indivisiblemente.

    11, 12. Marcelo y sus discípulos, al igual que los arrianos, dicen que el Logos no fue creado, ciertamente, sino que salió para crearnos, como si el silencio divino fuese un estado de inacción y Dios solo obrase cuando hablaba por medio del Verbo; o bien sostienen que hubo una salida y un retorno del Logos: doctrina que implica cambio e imperfección en el Padre y en el Hijo

    Discurso 4, § 11

    11. Incurren en la misma insensatez que los arrianos; pues también los arrianos dicen que Él fue creado por nosotros, para crearnos, como si Dios hubiese aguardado hasta nuestra creación para hacerlo salir, según dicen los unos, o para crearlo, según dicen los otros. Los arrianos, por tanto, son más generosos con nosotros que con el Hijo; pues dicen que no nosotros vinimos a la existencia por causa de Él, sino Él por causa nuestra, si es que fue creado y recibió subsistencia para que Dios nos crease por medio de Él. Y estos, no menos impíos, o aun más, atribuyen a Dios menos que a nosotros. Pues nosotros, muchas veces, aun cuando callamos, seguimos activos en el pensamiento, hasta dar forma de imágenes a los frutos de nuestras reflexiones; pero ellos pretenden que Dios permanezca inactivo cuando calla y que solo al hablar ejerza su poder; esto es, que mientras callaba no podía crear y que, al hablar, comenzó a hacerlo. Pues justo es preguntarles si el Logos, cuando estaba en Dios, era perfecto y, por ello, capaz de crear. Si, por una parte, era imperfecto mientras estaba en Dios, pero al ser engendrado llegó a ser perfecto, nosotros somos la causa de su perfección, si es que fue engendrado por nosotros; pues en favor nuestro habría recibido el poder de crear. Pero si era perfecto en Dios y capaz de crear, su generación es superflua; pues, aun estando en el Padre, podía formar el mundo. De modo que, o no fue engendrado, o fue engendrado no por nosotros, sino porque procede eternamente del Padre. Pues su generación manifiesta no que nosotros fuimos creados, sino que Él procede de Dios; ya existía, en efecto, antes de nuestra creación.

    Discurso 4, § 12

    12. Y la misma presunción quedará de manifiesto contra ellos en lo tocante al Padre; pues si, mientras guardaba silencio, no podía crear, necesariamente adquirió poder al engendrar, es decir, al hablar. ¿Y de dónde lo adquirió? ¿Y por qué? Si podía crear cuando tenía al Logos en su seno, engendra sin necesidad, puesto que podía crear aun en silencio. Además, si el Logos estaba en Dios antes de ser engendrado, una vez engendrado está fuera de Él y le es exterior. Pero, si así es, ¿cómo dice ahora: "Yo en el Padre y el Padre en mí [
    ]"? Y si ahora está en el Padre, siempre estuvo en el Padre, como lo está ahora; y no tiene sentido decir: "Por nosotros fue engendrado, y regresa después de que seamos formados, para ser como era antes". Pues no fue cosa alguna que ahora no sea, ni es algo que antes no fuese; sino que es como siempre fue, en el mismo estado y bajo los mismos aspectos; de otro modo, parecerá imperfecto y mudable. Porque, si lo que fue volverá a serlo después, como si ahora no fuese así, es evidente que ahora no es lo que fue y será. Quiero decir: si antes estaba en Dios y más tarde volverá a estarlo, se sigue que ahora el Logos no está en Dios. Pero el Señor refuta a tales personas cuando dice: "Yo en el Padre y el Padre en mí"; pues ahora es como siempre fue. Y si ahora es como siempre fue, se sigue, no que en un tiempo fuese engendrado y en otro no, ni que Dios guardase silencio una vez y luego hablase, sino que siempre hay un Padre y un Hijo que es su Verbo: no Verbo tan solo de nombre, ni el Logos Hijo tan solo en concepto, sino que existe consustancial al Padre, no engendrado por nosotros, pues nosotros hemos sido traídos a la existencia por Él. Porque, si fue engendrado por nosotros, y al ser Él engendrado fuimos nosotros creados, y en su generación subsiste la criatura, y luego Él regresa para ser lo que era antes, en primer lugar, el que fue engendrado volverá a ser no engendrado. Pues si su salida es generación, su retorno será el término de esa generación, porque, cuando haya vuelto a estar en Dios, Dios guardará silencio de nuevo. Pero, si guarda silencio, habrá lo que había cuando callaba: quietud y no creación, pues la creación dejará de existir. Porque, así como al salir el Logos la creación vino a la existencia y subsistió, así también, al retirarse el Logos, la creación dejará de existir. ¿De qué serviría entonces que viniese a la existencia, si ha de dejar de existir? ¿O por qué habló Dios, si después había de callar? ¿Y por qué hizo salir a uno a quien llama de vuelta? ¿Y por qué engendró a uno cuya generación quiso que cesase? Además, es incierto qué hará. Pues, o bien guardará silencio para siempre, o bien volverá a engendrar y concebirá una creación distinta (pues no hará la misma: de ser así, lo hecho habría permanecido; hará otra); y, llegado el momento, pondrá fin también a esta y concebirá otra, y así sin término.

    13, 14. Tal doctrina excluye toda distinción real entre las personas de la naturaleza divina

    Ilustración de la doctrina de la Escritura a partir de 2 Corintios 6:11, etc

    Discurso 4, § 13

    13. Esto acaso lo tomó de los estoicos, quienes sostienen que su dios se contrae y vuelve a expandirse con la creación, y que después reposa sin fin. Pues lo que se dilata primero está estrecho; y lo que se expande está al principio contraído; sigue siendo lo que era y no hace sino experimentar una afección. Si, pues, la Mónada, al dilatarse, se convirtió en Trinidad, y la Mónada era el Padre, y la Trinidad es Padre, Hijo y Espíritu Santo, en primer lugar la Mónada, al dilatarse, padeció una afección y se convirtió en lo que no era; pues se dilató, cuando antes no estaba dilatada. Además, si la Mónada misma se dilató hasta convertirse en Trinidad, y esta es Padre, Hijo y Espíritu Santo, entonces resulta que el Padre, el Hijo y el Espíritu son una misma cosa, como sostenía Sabelio, a menos que la Mónada de que habla sea algo distinto del Padre; pero entonces no debería hablar de dilatación, puesto que la Mónada habría de dar origen a Tres, de modo que habría una Mónada, y luego Padre, Hijo y Espíritu. Porque, si la Mónada se dilató y se expandió, ella misma tiene que ser lo que se expandió. Y una Trinidad, cuando está dilatada, ya no es Mónada; y, mientras es Mónada, todavía no es Trinidad. Así, quien era Padre todavía no era Hijo ni Espíritu; pero, una vez convertido en ambos, ya no es solo Padre. Y quien así miente tiene que atribuir a Dios un cuerpo y presentarlo como pasible; pues ¿qué es la dilatación sino una afección de aquello que se dilata? ¿Y qué es lo dilatado sino lo que antes no lo estaba, sino que ciertamente estaba estrecho? Porque es lo mismo, que solo difiere de sí mismo en el tiempo.
    Comentario editorial · Dilatación y contracción de la Mónada
    El § 13 examina la idea de que la Mónada, el Dios único, se «dilató» al crear y se «contraerá» al final; Atanasio sugiere que el origen está en los estoicos y objeta que lo que se dilata padece un cambio. Según el Excurso C del NPNF, esa doctrina de la dilatación y la contracción (platysmós, systolé) es la de Marcelo, y no la de Sabelio, y Atanasio la acusa de conducir al sabelianismo. Wikipedia resume el sistema de Marcelo en términos parecidos: el Verbo habría salido del Padre en la creación y, al final de todo, Cristo volvería a someterse al Padre para que Dios sea «todo en todos» (1 Corintios 15:28).

    Discurso 4, § 14

    14. Y esto lo sabe el divino Apóstol cuando escribe a los corintios: "No os estrechéis en nosotros, sino dilataos vosotros mismos, oh corintios [
    ]"; pues exhorta a unas mismas personas a pasar de la estrechez a la dilatación. Y así como, suponiendo que los corintios, estando estrechos, se dilataran después, no serían otros, sino que seguirían siendo corintios, así también, si el Padre se dilató hasta hacerse Trinidad, la Trinidad sigue siendo el Padre solo. Y dice de nuevo lo mismo: "Nuestro corazón se ha dilatado"; y Noé dice: "Dilate Dios a Jafet", porque el corazón y Jafet siguen siendo los mismos en la dilatación. Si, pues, la Mónada se dilatara, lo haría para otros; pero, si se dilatara para sí misma, ella misma sería lo dilatado; ¿y qué sería esto sino el Hijo y el Espíritu Santo? Y conviene preguntarle, ya que así habla, cuál fue la acción de esta dilatación. O, en verdad, ¿para qué tuvo lugar siquiera? Pues lo que no permanece igual, sino que con el tiempo se dilata, ha de tener necesariamente una causa de su dilatación. Si, pues, fue para que el Verbo y el Espíritu estuvieran con Él, carece de sentido decir: "Primero Mónada, y luego dilatada"; pues el Verbo y el Espíritu no vinieron después, sino que existieron siempre; de otro modo, Dios carecería de Verbo, como sostienen los arrianos. De suerte que, si el Verbo y el Espíritu existieron siempre, siempre estuvo dilatada, y no fue al principio Mónada; pero, si se dilató después, entonces también el Verbo existe solo después. Pero, si se dilató con miras a la Encarnación y entonces se hizo Trinidad, antes de la Encarnación no había aún Trinidad. Y hasta parecerá que el Padre se hizo carne, si es que Él es la Mónada y se dilató en el Hombre; y así quizá no habrá sino una Mónada, carne y, en tercer lugar, Espíritu, si es que Él mismo se dilató; y la Trinidad lo será solo de nombre. También es absurdo decir que se dilató para crear; pues le habría sido posible, permaneciendo Mónada, crear todas las cosas; ya que la Mónada no necesitaba dilatación ni carecía de poder antes de dilatarse. Es sin duda absurdo e impío pensar o hablar así de Dios. Otro absurdo se seguirá también. Pues, si se dilató en razón de la creación y, mientras era Mónada, la creación no existía, pero al llegar la Consumación volverá a ser Mónada después de la dilatación, también la creación quedará reducida a la nada. Porque, así como se dilató para crear, así también, al cesar la dilatación, cesará la creación.

    15-24. Puesto que el Verbo procede de Dios, ha de ser Hijo

    Puesto que el Hijo existe desde la eternidad, ha de ser el Verbo; de otro modo, o bien es superior al Verbo, o bien el Verbo es el Padre. Pasajes del Nuevo Testamento que afirman la unidad del Hijo con el Padre; por tanto, el Hijo es el Verbo. Refutación de tres hipótesis: 1. Que el hombre es el Hijo; 2. Que el Verbo y el hombre juntos son el Hijo; 3. Que el Verbo se convirtió en Hijo al encarnarse. Pasajes del Antiguo Testamento que hablan del Hijo. Si son meramente proféticos, también pueden serlo los que se refieren al Verbo

    Discurso 4, § 15

    15. Tales absurdos se seguirán de afirmar que la Mónada se dilata en una Trinidad. Pero, puesto que quienes así hablan se atreven a separar al Verbo del Hijo y a decir que uno es el Verbo y otro el Hijo, y que primero existió el Verbo y después el Hijo, examinemos también esta doctrina. Su presunción, en efecto, reviste diversas formas: unos dicen que el hombre asumido por el Salvador es el Hijo; otros, que el hombre y el Verbo juntos se convirtieron en Hijo al unirse. Y otros dicen que el Verbo mismo se convirtió en Hijo cuando se hizo hombre; pues, según ellos, de Verbo ha pasado a ser Hijo, sin haber sido antes Hijo, sino solo Verbo. Ambas son doctrinas estoicas, tanto afirmar que Dios se dilató como negar al Hijo; pero es especialmente absurdo llamar Verbo a quien se niega que sea Hijo. Pues, si el Verbo no procediese de Dios, con razón podrían negar que fuese Hijo; pero, si procede de Dios, ¿cómo no ven que lo que procede de alguien es hijo de aquel de quien procede? Además, si Dios es Padre del Verbo, ¿por qué no es el Verbo Hijo de su propio Padre? Pues es y se llama padre aquel a quien pertenece un hijo, y es y se llama hijo de otro aquel a quien pertenece un padre. Si, pues, Dios no es Padre de Cristo, tampoco el Verbo es Hijo; pero, si Dios es Padre, con razón es también Hijo el Verbo. Mas si solo después hay Padre, y antes únicamente Dios, este es un pensamiento arriano. Además, es absurdo que Dios cambie, pues eso es propio de los cuerpos; y si arguyen que, en el caso de la creación, solo después se convirtió en Hacedor, sepan que el cambio está en las cosas que después llegaron a existir, y no en Dios.

    Discurso 4, § 16

    16. Si también el Hijo fuese una obra, bien podría Dios comenzar a ser Padre respecto de él, como respecto de los demás; pero, si el Hijo no es una obra, siempre fue el Padre y siempre fue el Hijo. Mas, si el Hijo existió siempre, ha de ser el Verbo; pues, si el Verbo no es Hijo, como alguno se atreve a decir, o bien sostiene que el Verbo es el Padre, o bien que el Hijo es superior al Verbo. Porque, estando el Hijo "en el seno del Padre [
    ]", necesariamente o el Verbo no es anterior al Hijo —pues nada es anterior a quien está en el Padre—, o, si el Verbo es distinto del Hijo, el Verbo ha de ser el Padre en quien está el Hijo. Pero, si el Verbo no es Padre, sino Verbo, ha de ser exterior al Padre, ya que es el Hijo quien está "en el seno del Padre". Pues no están ambos, el Verbo y el Hijo, en ese seno: ha de estar uno solo, y ese es el Hijo, el Unigénito. Y, si el Verbo es uno y el Hijo otro, se sigue asimismo, por otra razón, que el Hijo es superior al Verbo; pues "nadie conoce al Padre sino el Hijo [
    ]", no el Verbo. Así pues, o el Verbo no lo conoce, o, si lo conoce, no es verdad que "nadie lo conoce". Y otro tanto sucede con "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" y "Yo y el Padre somos uno"; pues es el Hijo quien pronuncia estas palabras, no el Verbo, como ellos pretenden, según se desprende claramente del Evangelio. Porque, según Juan, cuando el Señor dijo: "Yo y el Padre somos uno", los judíos tomaron piedras para apedrearlo. "Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de parte de mi Padre; ¿por cuál de esas obras me apedreáis? Los judíos le respondieron: No te apedreamos por una buena obra, sino por blasfemia, y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Sois dioses? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino el Logos de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, ¿decís de aquel a quien el Padre santificó y envió al mundo: Tú blasfemas, porque dije: Soy Hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero, si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí y yo en el Padre". Y, sin embargo, atendiendo a la letra de sus palabras, no dijo ni "Soy Dios" ni "Soy Hijo de Dios", sino "Yo y el Padre somos uno".

    Discurso 4, § 17

    17. Los judíos, pues, al oír "uno", pensaron, como Sabelio, que decía ser él mismo el Padre; pero nuestro Salvador pone de manifiesto su pecado con este razonamiento: "Aunque yo hubiese dicho «Dios,» deberíais haber recordado lo que está escrito: «Yo dije: Sois dioses;» "; y luego, para esclarecer "Yo y el Padre somos uno", explicó la unidad del Hijo con el Padre mediante estas palabras: "Porque dije: Soy Hijo de Dios". Pues, aunque no lo dijo con aquellas mismas palabras, atribuyó al Hijo el sentido de "somos uno". Porque nada es uno con el Padre sino lo que procede de él. ¿Y qué procede de él sino el Hijo? Por eso añade: "Para que conozcáis que yo estoy en el Padre y el Padre en mí". Pues, al explicar "uno", dijo que la unión y la inseparabilidad no consistían en que este fuese aquel con quien es uno, sino en estar él en el Padre y el Padre en el Hijo. Así refuta a Sabelio al decir: "Soy", no «el Padre,» sino "el Hijo de Dios"; y a Arrio al decir: "somos uno". Si, pues, el Hijo y el Verbo no son el mismo, no es el Verbo quien es uno con el Padre, sino el Hijo; ni quien ha visto al Verbo "ha visto al Padre", sino quien ha visto al Hijo. De aquí se sigue que, o bien el Hijo es mayor que el Verbo, o bien el Verbo no posee nada que exceda al Hijo. Pues ¿qué puede ser mayor o más perfecto que "somos uno", que "yo estoy en el Padre y el Padre en mí" y que "el que me ha visto a mí ha visto al Padre"? Porque también estas declaraciones pertenecen al Hijo. Por eso el mismo Juan dice: "El que me ha visto a mí ha visto al que me envió", y "El que me recibe a mí recibe al que me envió"; y también: "Yo he venido como luz al mundo, para que todo aquel que crea en mí no permanezca en tinieblas. Y si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. La palabra que él haya oído, esa lo juzgará en el último día, porque voy al Padre". La predicación, dice, juzga a quien no ha guardado el mandamiento; "pues si", dice, "no hubiese venido ni les hubiese hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tendrán excusa [
    ]", habiendo oído mis palabras, por las cuales cosecharán la salvación quienes las guarden.

    Discurso 4, § 18

    18. Quizá tengan tan poca vergüenza que digan que estas palabras no pertenecen al Hijo, sino al Verbo; pero por lo que precede quedó claramente de manifiesto que quien hablaba era el Hijo. Pues el que aquí dice: "No he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo [
    ]" no es otro que el Hijo Unigénito de Dios, como muestra el mismo Juan cuando antes dice: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo fuese salvo por él. El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo Unigénito de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras son malas". Si quien dice: "No he venido a juzgar al mundo, sino a salvarlo" es el mismo que dice: "El que me ve a mí ve al que me envió", y si quien vino a salvar al mundo y no a juzgarlo es el Hijo Unigénito de Dios, es evidente que ese mismo Hijo dice: "El que me ve a mí ve al que me envió". Pues quien dijo: "El que cree en mí" y "Si alguno oye mis palabras, yo no lo juzgo" es el Hijo mismo, de quien dice la Escritura: "El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo Unigénito de Dios". Y también: "Y esta es la condenación" de quien no cree en el Hijo: "que la luz vino al mundo" y ellos no creyeron en él, es decir, en el Hijo; pues él ha de ser "la Luz que ilumina a todo hombre que viene al mundo". Y mientras estuvo sobre la tierra según la Encarnación, fue Luz en el mundo, como él mismo dijo: "Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz"; pues "yo", dice, "he venido como luz al mundo".

    Discurso 4, § 19

    19. Quedando esto demostrado, se sigue que el Verbo es el Hijo. Pero si el Hijo es la Luz que ha venido al mundo, fuera de toda duda el mundo fue hecho por el Hijo. Pues, al comienzo del Evangelio, el evangelista, hablando de Juan el Bautista, dice: "No era él la Luz, sino que vino para dar testimonio de aquella Luz". Porque Cristo mismo era, como antes dijimos, la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo. Pues, si "estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por él", necesariamente es el Logos de Dios, de quien también atestigua el evangelista que todas las cosas fueron hechas por él. Porque, o bien se verán obligados a hablar de dos mundos, uno que llegó a existir por el Hijo y otro por el Verbo, o bien, si el mundo es uno y una la creación, se sigue que el Hijo y el Verbo son uno y el mismo antes de toda la creación, pues por él llegó esta a existir. Por tanto, si todas las cosas llegaron a existir tanto por el Verbo como por el Hijo, no habrá contradicción, sino identidad de sentido, en decir, por ejemplo, "En el principio era el Verbo" o "En el principio era el Hijo". Pero si, porque Juan no dijo "En el principio era el Hijo", sostienen que lo atribuido al Verbo no conviene al Hijo, se seguirá de inmediato que lo atribuido al Hijo no conviene al Verbo. Mas ya se mostró que al Hijo pertenecen las palabras "Yo y el Padre somos uno", que él es quien está "en el seno del Padre" y que dice "El que me ve a mí ve al que me envió"; y que "el mundo llegó a existir por él" es común al Verbo y al Hijo. Así, de ello se demuestra que el Hijo es anterior al mundo, pues necesariamente el Hacedor precede a las cosas hechas. Y las palabras dirigidas a Felipe habrán de pertenecer, según ellos, no al Verbo, sino al Hijo. Porque "Jesús dijo", según la Escritura: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que os digo no las digo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que mora en mí, hace las obras. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre en mí; y, si no, creedme por las obras mismas. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aun mayores que estas hará, porque voy al Padre. Y todo lo que pidiereis en mi Nombre, eso haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo". Por tanto, si el Padre es glorificado en el Hijo, el Hijo ha de ser quien dijo: "Yo estoy en el Padre y el Padre en mí", y quien dijo: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre". Pues aquel mismo que así habló muestra ser el Hijo al añadir: "Para que el Padre sea glorificado en el Hijo".

    Discurso 4, § 20

    20. Si dicen, pues, que el hombre de quien el Verbo se revistió, y no el Verbo, es el Hijo Unigénito de Dios, se seguirá que el hombre es quien está en el Padre y en quien también está el Padre; que el hombre es quien es uno con el Padre, quien está en el seno del Padre y quien es la Luz verdadera. Y se verán obligados a decir que por el hombre mismo llegó a existir el mundo, y que el hombre fue quien vino no a juzgar al mundo, sino a salvarlo; y que él era quien existía antes de que Abraham llegase a ser. Porque, según la Escritura, Jesús les dijo: "En verdad, en verdad os digo: antes que Abraham fuese, yo soy [
    ]". ¿Y no es absurdo decir, como ellos dicen, que uno que nació de la descendencia de Abraham después de cuarenta y dos generaciones existía antes de que Abraham llegase a ser? ¿No es absurdo, si la carne que el Verbo llevó es ella misma el Hijo, decir que por la carne nacida de María fue hecho el mundo? ¿Y cómo sostendrán que "estaba en el mundo"? Pues el evangelista, para indicar que el Hijo precede a su nacimiento según la carne, prosigue diciendo: "Estaba en el mundo". Y si el Hijo no es el Verbo, sino el hombre, ¿cómo puede salvar al mundo, siendo él mismo parte del mundo? Y si esto no los avergüenza, ¿dónde quedará el Verbo, estando el hombre en el Padre? ¿Y qué lugar ocupará el Verbo respecto del Padre, siendo uno el hombre y el Padre? Pero si el hombre es el Unigénito, ¿qué lugar le corresponderá al Verbo? Habrá que decir, o que ocupa el segundo lugar, o que, si está por encima del Unigénito, es el Padre mismo. Porque, así como el Padre es uno, también es uno el Unigénito que procede de él; y ¿qué tiene el Verbo por encima del hombre, si el Verbo no es el Hijo? Pues, aunque la Escritura dice que por el Hijo y por el Verbo llegó a existir el mundo, y que hacer el mundo es común al Verbo y al Hijo, procede, sin embargo, a situar la visión del Padre no en el Verbo, sino en el Hijo, y a atribuir la salvación del mundo no al Verbo, sino al Hijo Unigénito. Porque dice que Jesús declaró: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre". Tampoco dice la Escritura que el Verbo conoce al Padre, sino el Hijo; ni que el Verbo ve al Padre, sino el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre.

    Discurso 4, § 21

    21. ¿Y qué aporta el Verbo a nuestra salvación que no aporte el Hijo, si, como ellos sostienen, uno es el Hijo y otro el Verbo? Pues se nos manda creer, no en el Verbo, sino en el Hijo. Porque Juan dice: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no cree en el Hijo no verá la vida [
    ]". Y el santo Bautismo, en el cual reside la sustancia de toda la fe, se administra no en el Verbo, sino en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Si, pues, como ellos sostienen, uno es el Verbo y otro el Hijo, y el Verbo no es el Hijo, el Bautismo no tiene relación alguna con el Verbo. ¿Cómo pueden entonces sostener que el Verbo está con el Padre, cuando no está con él en la administración del Bautismo? Pero quizá digan que el Verbo está incluido en el Nombre del Padre. ¿Por qué no habría de estarlo entonces también el Espíritu? ¿O es el Espíritu exterior al Padre? Y el hombre, en verdad —si el Verbo no es Hijo—, ¿es nombrado después del Padre, y el Espíritu después del hombre? En tal caso, la Mónada, en lugar de dilatarse en una Trinidad, se dilata, según ellos, en una tétrada: Padre, Verbo, Hijo y Espíritu Santo. Puestos en evidencia por este argumento, recurren a otro y dicen que el Hijo no es el hombre por sí solo, aquel de quien el Señor se revistió, sino ambos juntos, el Verbo y el hombre; pues, según dicen, a ambos unidos se los llama Hijo. ¿Cuál de los dos, entonces, es causa de que el otro sea Hijo? ¿Y cuál ha hecho Hijo al otro? O, para hablar con mayor claridad, ¿es Hijo el Verbo a causa de la carne? ¿O se llama Hijo a la carne a causa del Verbo? ¿O ninguno de los dos es la causa, sino su concurrencia? Si el Verbo es Hijo a causa de la carne, necesariamente la carne es Hijo, y se siguen todos aquellos absurdos que ya se dedujeron de afirmar que el hombre es Hijo. Pero si la carne se llama Hijo a causa del Verbo, entonces, aun antes de la carne, el Verbo, siendo lo que es, era ciertamente Hijo. Pues ¿cómo podría alguien hacer hijos a otros sin ser él mismo hijo, sobre todo cuando había un padre? Si, pues, hace hijos para sí mismo, él mismo es Padre; pero, si los hace para el Padre, entonces ha de ser Hijo, o, más bien, aquel Hijo por quien los demás son hechos hijos.

    Discurso 4, § 22

    22. Porque si, sin ser él Hijo, nosotros somos hijos, Dios es Padre nuestro y no suyo. ¿Cómo, entonces, se atribuye ese nombre con preferencia a nosotros, diciendo "Mi Padre" y "Yo procedo del Padre"? Pues, si es Padre común de todos, no es Padre suyo solamente, ni solo él salió del Padre. Pero se le llama también Padre nuestro, dice él, porque el Verbo mismo se ha hecho partícipe de nuestra carne. Por esta causa el Verbo se hizo carne: para que, siendo el Verbo Hijo, el Padre, por habitar el Hijo en nosotros, pueda ser llamado también Padre nuestro; pues "Dios envió", dice la Escritura, "el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, que clama: Abba, Padre [
    ]". Por tanto, el Hijo que está en nosotros, al invocar a su propio Padre, hace que se lo llame también Padre nuestro. Ciertamente, de aquellos en cuyos corazones no está el Hijo, tampoco puede Dios ser llamado Padre. Pero si al hombre se lo llama Hijo a causa del Verbo, se sigue necesariamente, puesto que los antiguos son llamados hijos aun antes de la Encarnación, que el Verbo es Hijo aun antes de habitar entre nosotros; pues dice la Escritura: "Engendré hijos"; y en tiempos de Noé: "Cuando los hijos de Dios vieron"; y en el Cántico: "¿No es él tu Padre?". Existía, por tanto, aquel Hijo verdadero por cuya causa también ellos eran hijos. Pero si, como vuelven a decir, ninguno de los dos es Hijo, sino que ello depende de la concurrencia de ambos, se sigue que ninguno es Hijo: ni el Verbo ni el hombre, digo, sino alguna causa por la cual fueron unidos; y, por consiguiente, esa causa que hace al Hijo precederá a la unión. También de este modo, pues, el Hijo existía antes que la carne. Cuando se los apremie con este argumento, se refugiarán en otro pretexto, diciendo que no es Hijo el hombre, ni tampoco ambos juntos, sino que el Verbo era simplemente Verbo en el principio, pero que, al hacerse hombre, recibió entonces el nombre de Hijo; pues antes de manifestarse no era Hijo, sino solo Verbo; y así como "el Verbo se hizo carne" sin ser antes carne, así el Verbo se hizo Hijo sin ser antes Hijo. Tales son sus palabras vanas; pero admiten una refutación manifiesta.

    Discurso 4, § 23

    23. Pues si se convirtió en Hijo solo al hacerse hombre, el hacerse hombre es la causa. Y si el hombre es causa de que sea Hijo, o lo son ambos juntos, resultan los mismos absurdos. Además, si primero es Verbo y después Hijo, parecerá que solo después conoció al Padre, y no antes; pues no lo conoce por ser Verbo, sino por ser Hijo. Porque "nadie conoce al Padre sino el Hijo". Y de ello se seguirá también que solo después llegó a estar "en el seno del Padre [
    ;
    ]", que solo después él y el Padre se hicieron uno y que solo después puede decirse: "El que me ha visto a mí ha visto al Padre [
    ]". Pues todas estas cosas se dicen del Hijo. De ahí que se vean obligados a afirmar que "Verbo" no era más que un nombre. Porque ni es él quien está en nosotros con el Padre, ni quien ha visto al Verbo ha visto al Padre, ni el Padre fue conocido en modo alguno por nadie, pues por el Hijo se conoce al Padre —así está escrito: "Y aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo"—; y, no siendo aún Hijo el Verbo, nadie conocía todavía al Padre. ¿Cómo, entonces, fue visto por Moisés? ¿Cómo por los padres? Pues él mismo dice en los Libros de los Reyes: "¿No me revelé manifiestamente a la casa de tu padre?". Pero, si Dios fue revelado, tuvo que haber un Hijo que lo revelase, como él mismo dice: "Y aquel a quien el Hijo quisiere revelarlo". Es impío, pues, y necio decir que uno es el Verbo y otro el Hijo; y convendría preguntarles de dónde sacaron semejante idea. Responden: "Porque en el Antiguo Testamento no se menciona al Hijo, sino al Verbo"; y por esta razón están seguros de que el Hijo vino después que el Verbo, porque de él no se habla en el Antiguo, sino solo en el Nuevo. Esto es lo que impíamente dicen; pues, en primer lugar, separar los Testamentos de suerte que el uno no concuerde con el otro es artificio de maniqueos y de judíos: los unos se oponen al Antiguo, y los otros al Nuevo. Además, según su razonamiento, si lo contenido en el Antiguo es anterior y lo contenido en el Nuevo posterior, y los tiempos dependen de lo escrito, se sigue que "Yo y el Padre somos uno", "Unigénito" y "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" son posteriores, pues estos testimonios no se aducen del Antiguo, sino del Nuevo.

    Discurso 4, § 24

    24. Pero no es así; pues, en verdad, también en el Antiguo se dice mucho acerca del Hijo, como en el salmo segundo: "Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy"; y en el título del noveno: "Para el fin, acerca de las cosas ocultas del Hijo. Salmo de David"; y en el cuadragésimo cuarto: "Para el fin, acerca de las cosas que serán cambiadas. Para los hijos de Coré, para inteligencia. Cántico sobre el Amado"; y en Isaías: "Cantaré a mi Amado un cántico de mi Amado acerca de su viña. Mi Amado tiene una viña [
    ]". ¿Quién es este "Amado" sino el Hijo Unigénito? Y también en el salmo centésimo noveno: "Desde el seno te engendré antes del lucero", de lo cual hablaré después; y en los Proverbios: "Antes de los montes me engendró"; y en Daniel: "Y la figura del cuarto es semejante al Hijo de Dios"; y otros muchos pasajes. Si, pues, lo que figura en el Antiguo posee antigüedad, antiguo ha de ser el Hijo, de quien se habla claramente en muchos lugares del Antiguo Testamento. "Sí", dicen ellos, "así es, pero debe entenderse proféticamente". Por tanto, también deberá decirse que del Verbo se habla proféticamente; pues no cabe entender esto de una manera y aquello de otra. Porque, si "Tú eres mi Hijo" se refiere al futuro, también se refiere al futuro "Por el Verbo del Señor fueron afirmados los cielos"; pues no dice "llegaron a existir" ni "los hizo". Y que "afirmados" se refiere al futuro lo declara en otro lugar: "El Señor reinó", seguido de "Afirmó la tierra de tal manera que nunca podrá ser movida". Y si las palabras del salmo cuadragésimo cuarto "a mi Amado" se refieren al futuro, también se refiere al futuro lo que las sigue: "Mi corazón profirió un buen Verbo". Y si "desde el seno" se refiere a un hombre, también "desde el corazón"; pues, si el seno es humano, también el corazón es corporal. Pero si lo que procede del corazón es eterno, también es eterno lo que procede "desde el seno". Y si el "Unigénito" está "en el seno", también el "Amado" está "en el seno". Pues "Unigénito" y "Amado" son lo mismo, como en las palabras: "Este es mi Hijo Amado". Porque no dijo "Amado" para significar el amor que le profesaba, como si pudiera parecer que odiaba a los otros, sino que con ello manifestó que era el Unigénito, para mostrar que solo él procedía de él. De ahí que el Verbo, queriendo transmitir a Abraham la idea de "Unigénito", le diga: "Ofrece a tu hijo amado [
    ]"; pero es evidente para cualquiera que Isaac era el único hijo de Sara. El Verbo, pues, es Hijo: no llegó a serlo recientemente ni solo recientemente recibió ese nombre, sino que siempre es Hijo. Porque, si no es Hijo, tampoco es Verbo; y, si no es Verbo, tampoco es Hijo. Pues lo que procede de un padre es un hijo; y ¿qué procede del Padre sino aquel Verbo que salió del corazón y nació del seno? Porque el Padre no es el Verbo, ni el Verbo es el Padre, sino que uno es Padre y el otro Hijo; y uno engendra y el otro es engendrado.

    25. Ilustración marceliana tomada de 1 Corintios 12, 4, refutada

    Discurso 4, § 25

    25. Arrio, pues, delira al decir que el Hijo procede de la nada y que hubo un tiempo en que no existía; y también delira Sabelio al decir que el Padre es Hijo y, a su vez, el Hijo es Padre: uno en cuanto a la subsistencia, dos en cuanto al nombre. Delira asimismo al tomar como ejemplo la gracia del Espíritu. Pues dice: "Así como hay «diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo,» así también el Padre es el mismo, pero se dilata en Hijo y Espíritu". Ahora bien, esto está lleno de absurdos; porque, si con Dios sucede lo mismo que con el Espíritu, el Padre será Verbo y Espíritu Santo: para uno se hará Padre, para otro Hijo y para otro Espíritu, acomodándose a la necesidad de cada cual; y será de nombre, ciertamente, Hijo y Espíritu, pero en realidad solo Padre. Tendrá principio al hacerse Hijo y dejará entonces de llamarse Padre; se habrá hecho hombre de nombre, pero en verdad ni siquiera habrá venido entre nosotros; y faltará a la verdad al decir "Yo y el Padre", pues en realidad él mismo será el Padre, con todos los demás absurdos que se siguen de la tesis de Sabelio. Y los nombres de Hijo y Espíritu cesarán necesariamente una vez satisfecha la necesidad; todo cuanto haya sucedido no será sino una ficción, porque se habrá manifestado no en verdad, sino solo de nombre. Y, si cesa el nombre de Hijo, como ellos sostienen, cesará también la gracia del Bautismo, pues en el Hijo fue dada. Más aún, ¿qué se seguirá de ello sino la aniquilación de la creación? Porque, si el Verbo salió para que nosotros fuésemos creados y, una vez que salió, comenzamos a existir, es manifiesto que, cuando vuelva al Padre, como ellos dicen, dejaremos de existir. Pues Él será como era; así también nosotros no existiremos, como entonces no existíamos; porque, cuando ya no esté fuera del Padre, tampoco habrá creación. Esto, por tanto, es absurdo.
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