Premisa central
Creatio ex nihilo afirma que Dios solo da ser a todo lo distinto de él: no hay materia coeterna ni rival; la creación es don y dependencia.
La doctrina de la creatio ex nihilo (creación de la nada) constituye uno de los pilares fundamentales del pensamiento cristiano sobre Dios y el mundo. Esta enseñanza afirma que Dios creó todas las cosas de la nada —no de materia preexistente, no del propio ser divino, sino verdaderamente de la nada. Es una doctrina que, aunque no está formulada explícitamente en estos términos en las Escrituras, emerge con claridad en la tradición cristiana temprana como una consecuencia necesaria de la comprensión bíblica de Dios como creador soberano y todopoderoso.
La creatio ex nihilo no es simplemente una teoría sobre los orígenes cósmicos que compite con teorías científicas como el Big Bang. Es fundamentalmente una doctrina sobre la naturaleza de Dios y la relación de todo lo creado con el Creador.
Tres distinciones la delimitan: crear no es dar forma a una materia previa, como el demiurgo de Platón; tampoco es emanar del propio ser divino; y la «nada» de la que se habla no es el vacío de la física, sino la ausencia de todo ser. El artículo recorre sus bases bíblicas y su formación patrística, sus dimensiones ontológica, trinitaria y ética, su relación con el problema del mal y su diálogo con la cosmología moderna.
Aunque la frase "creación de la nada" (ex nihilo) no aparece literalmente en la Biblia, la enseñanza está implícita en varios pasajes bíblicos y en la estructura misma de la revelación bíblica.
El relato de Génesis comienza con: "En el principio creó Dios los cielos y la tierra". Esta afirmación, especialmente en su formulación en la Septuaginta griega y su posterior interpretación en la tradición judía y cristiana, sugiere que Dios dio origen a todo lo que existe, no sólo ordenando materia preexistente.
Otros textos bíblicos frecuentemente citados como apoyo para esta doctrina incluyen:
- Romanos 4:17, que habla de Dios "que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran"
- Hebreos 11:3, que dice que "por la fe entendemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de modo que lo visible no provino de lo que se ve"
- 2 Macabeos 7:28, donde una madre dice a su hijo: "Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que Dios los hizo de lo que no existía"
Nota de lectura · La interpretación de Génesis 1:1-3
La comprensión de Génesis 1:1-3 ha sido tema de intenso debate teológico. Algunos eruditos sostienen que el texto hebreo presenta a Dios dando forma a una materia informe preexistente ("la tierra estaba desordenada y vacía"). Otros, basándose en la Septuaginta y ciertas tradiciones interpretativas judías, argumentan que estos versos describen la creación de la materia misma.
Sin embargo, como señala Gary A. Anderson, incluso si el texto de Génesis no formula explícitamente la creación de la nada, su presentación de Dios como soberano absoluto sobre todo lo que existe, sin oposición o limitación, prepara el terreno para la posterior articulación de la doctrina.

La formulación explícita de creatio ex nihilo como doctrina cristiana surge principalmente en el siglo II, cuando pensadores como Teófilo de Antioquía e Ireneo de Lyon la articularon claramente en respuesta a las cosmologías gnósticas y platónicas de su tiempo.
Para los Padres de la Iglesia, esta doctrina tenía varias implicaciones cruciales:
- Afirmaba la soberanía absoluta de Dios
- Distinguía claramente al Creador de la creación
- Subrayaba la bondad inherente de la creación material
- Rechazaba tanto el dualismo gnóstico como el necesitarianismo platónico
Atanasio de Alejandría desarrolló esta doctrina con particular énfasis, vinculándola estrechamente con la soteriología cristiana. Para Atanasio, el hecho de que las criaturas provienen de la nada implica su radical dependencia de Dios no sólo para su existencia inicial sino para su continua permanencia en el ser.
En sus obras Contra los Paganos y Sobre la Encarnación, Atanasio presenta una de las exposiciones más sistemáticas de la doctrina. Para él, la creación de la nada implica que los seres humanos, abandonados a sí mismos, tenderían naturalmente hacia la nada de la que fueron creados. El pecado agrava esta tendencia natural, pero la encarnación del Verbo interviene para restaurar la participación de la humanidad en la vida divina.

En la Edad Media, teólogos como Tomás de Aquino y Buenaventura refinaron la comprensión de la doctrina, especialmente en relación con la naturaleza de Dios, la libertad divina y la relación entre creación y salvación.
Para Aquino, la creación de la nada significa fundamentalmente que todo lo que existe depende enteramente de Dios en su ser. Esto no implica un cambio o un proceso (como si la "nada" se transformara en "algo"), sino simplemente que las criaturas reciben todo su ser de Dios sin ningún presupuesto material.
Nota de lectura · ¿Un mundo eterno?
Una interesante divergencia entre Tomás de Aquino y Buenaventura concierne a la posibilidad de un mundo eterno. Mientras Buenaventura sostenía que la creación ex nihilo implicaba necesariamente un comienzo temporal del mundo, Aquino argumentaba que estos son conceptos distintos.
Para Aquino, aunque creía por fe que el mundo tuvo un comienzo temporal, pensaba que Dios podría haber creado un mundo sin comienzo temporal. La creación ex nihilo, para Aquino, significa que todo lo que la criatura es y tiene viene de Dios, y que sin Dios no existiría. Esta dependencia ontológica radical es compatible, en principio, con una duración eterna.
Este debate ilustra cómo la doctrina de la creación ex nihilo seguía siendo explorada y clarificada incluso en el período medieval.
La creatio ex nihilo establece una distinción ontológica fundamental entre Dios y todo lo demás. Dios es el único ser cuya existencia no deriva de otro; todo lo demás recibe su ser de Dios.
Esta doctrina tiene profundas implicaciones para nuestra comprensión de la creación:
- Las criaturas son radicalmente contingentes y dependientes
- No hay una "materia" eterna independiente de Dios
- El ser de las criaturas es un don gratuito, una participación limitada en el Ser divino
- La distancia ontológica entre Creador y criatura es infinita
Como señala Agustín de Hipona en sus Confesiones, este "ser-desde-la-nada" de las criaturas implica una tendencia natural hacia la nada, que sólo la gracia sostenedora de Dios contrarresta:
Porque si Dios retirara por un solo momento su poder de las cosas creadas, todo se reduciría a la nada y dejaría de existir. (latin)
Tanto Tomás de Aquino como Buenaventura subrayan la dimensión trinitaria de la creación ex nihilo. La creación es obra del Dios trino, donde cada persona divina ejerce su causalidad propia.
La creación ex nihilo no es simplemente una afirmación sobre la causalidad divina en abstracto, sino que revela el carácter trinitario del Dios que crea. El Padre crea a través del Verbo y en el Espíritu de amor.
En palabras de Aquino, "la procesión de las personas divinas es la causa y la razón de la procesión de las criaturas". El Verbo, como Imagen y Sabiduría del Padre, tiene un papel particularmente importante:
- En Juan 1 se afirma que "por Él fueron hechas todas las cosas"
- Colosenses 1 proclama que "en Él fueron creadas todas las cosas"
- Hebreos 1 lo presenta como "aquel por quien [Dios] hizo el universo"
Esta dimensión trinitaria conecta profundamente la doctrina de la creación con la cristología y la soteriología.
La creación de la nada tiene también profundas implicaciones éticas y existenciales para la vida humana:
- Gratuidad radical - Nuestra existencia es un don gratuito, no algo debido o necesario
- Contingencia y humildad - Reconocemos nuestra dependencia absoluta de Dios
- Valor inherente - Al mismo tiempo, somos queridos y creados intencionalmente por Dios
- Responsabilidad - Llamados a responder al don de la existencia con gratitud y administración fiel
Agustín ofrece una profunda reflexión existencial sobre la creación ex nihilo en sus Confesiones. Para él, el pecado humano representa un movimiento hacia la nada, un intento paradójico de amar la propia destrucción. El robo de peras que confiesa en el libro II ilustra este amor "gratuito" por la nada, que es en realidad un rechazo del don de ser otorgado por Dios.
Sin embargo, incluso en este descenso hacia la nada, Agustín descubre que Dios no lo abandona. La gracia divina lo rescata del abismo del vacio narrativo y le devuelve la capacidad de contar su historia, de tener identidad.

Una de las contribuciones más significativas de la reflexión medieval sobre la creación ex nihilo fue la integración de la doctrina de la creación con la de la redención. El exitus (la salida de las criaturas de Dios) está intrínsecamente vinculado al reditus (el retorno de las criaturas a Dios).
En su Itinerarium Mentis in Deum (El Viaje del Alma a Dios), Buenaventura presenta la creación como el punto de partida de un peregrinaje espiritual hacia Dios. El mundo creado, en su multiplicidad y belleza, manifiesta a Dios y puede conducir al alma hacia Él.
Para Buenaventura, el universo creado es un libro en el que podemos leer la sabiduría y el amor de Dios. En su Collationes in Hexaemeron (Colaciones sobre los Seis Días), desarrolla una interpretación del Génesis en la cual cada día de la creación simboliza un tipo de conocimiento o entendimiento en el camino hacia Dios.
Nota de lectura · La sacramentalidad de la creación
Un aspecto fundamental del pensamiento de Buenaventura es la sacramentalidad de la creación. Las cosas creadas son signos, hechos y ordenados por Dios, capaces de señalar más allá de sí mismas, hacia Dios.
Esta visión sacramental está íntimamente ligada a la doctrina de la creación ex nihilo. Precisamente porque las criaturas no son divinas, pero provienen enteramente de Dios y dependen de Él, pueden funcionar como signos que manifiestan la presencia y la acción divinas sin ser confundidas con Dios mismo.
La creación, para Buenaventura, no es una realidad autónoma que deba ser valorada por sí misma, sino un conjunto de vestigios e imágenes que conducen al alma a Dios cuando son interpretados correctamente.
Para Tomás de Aquino, la creación ex nihilo está también profundamente integrada con la cristología y la soteriología. El Verbo por quien todas las cosas fueron hechas es el mismo que se encarna para la salvación humana.
En la Suma Contra Gentiles (IV.42), Aquino ofrece tres argumentos sobre la conveniencia de la encarnación del Verbo:
- El Verbo tiene un parentesco con toda la creación, puesto que contiene las esencias de todas las cosas creadas por Dios
- El Verbo tiene un parentesco particular con la naturaleza humana, que recibe su especie propia de ser racional
- La salvación implica el conocimiento directo de Dios, y el Verbo procede del Padre en una generación intelectual eterna
Como afirma en la Suma Teológica (III.3.8): "La primera creación de las cosas fue hecha por el poder de Dios Padre a través del Verbo; de ahí que la segunda creación debiera haberse realizado también por medio del Verbo, por el poder de Dios Padre, para que la restauración correspondiera a la creación."
Uno de los desafíos más profundos para la doctrina de la creación ex nihilo es la existencia del mal y el sufrimiento en el mundo. Si Dios es completamente bueno y todopoderoso, y ha creado todas las cosas de la nada, ¿cómo podemos entender la realidad del mal?
Siguiendo a filósofos neoplatónicos como Plotino, Agustín desarrolló la comprensión del mal no como una sustancia o entidad positiva, sino como una privación o ausencia del bien que debería estar presente. El mal no es algo creado por Dios, sino una corrupción o desorden en lo que Dios ha creado bueno.
Esta visión privativa del mal está íntimamente ligada a la creación ex nihilo: las criaturas, al ser creadas de la nada, tienen una tendencia natural hacia esa nada, una capacidad inherente para la disminución del ser y el bien que Dios les ha otorgado.
Así como la oscuridad no es una realidad positiva sino la ausencia de luz, y el frío es la ausencia de calor, el mal moral puede entenderse como una desviación o ausencia del bien que debería estar presente en los actos de las criaturas libres.
La doctrina cristiana afirma que el mal moral entró en el mundo a través del mal uso de la libertad por parte de seres racionales (ángeles y humanos). Esta libertad, lejos de ser un defecto en la creación, es un don que refleja la imagen divina en las criaturas racionales, permitiéndoles amar y elegir libremente.
Sin embargo, esta explicación plantea una pregunta aún más profunda: ¿por qué Dios, sabiendo lo que sucedería, crearía un mundo en el que el mal sería posible? Una respuesta teológica tradicional es que Dios juzgó que un mundo con libertad genuina, incluso con el riesgo del mal, era preferible a un mundo sin libertad real (para mas sobre el problema del mal leer God, Freedom and Evil de Alvin Plantinga).
Nota de lectura · La teodicea de Ireneo
Ireneo de Lyon ofrece una perspectiva diferente y complementaria a la de Agustín. Para Ireneo, el mal y el sufrimiento no son simplemente consecuencias de la caída, sino también oportunidades para el crecimiento espiritual y moral.
En su visión, los seres humanos fueron creados "inmaduros", no en un estado de perfección, sino con la capacidad y el llamado a crecer hacia la plenitud a imagen de Cristo. El mundo actual, con sus desafíos y sufrimientos, es un entorno en el que esta maduración puede ocurrir.
Esta perspectiva, a veces llamada "teodicea de la formación del alma", sugiere que Dios permite el mal no porque sea necesario, sino porque puede utilizarlo para nuestro desarrollo espiritual final.
En última instancia, la tradición cristiana ha sostenido que la respuesta completa al problema del mal no se encuentra en explicaciones teóricas sino en la promesa escatológica de la redención final y la nueva creación. Como señala Pavel Florensky:
La respuesta cristiana al problema del mal no es una explicación sino una historia: la historia de la redención que culmina en la cruz y resurrección de Cristo.
Este enfoque no niega la realidad o seriedad del mal, sino que afirma que será finalmente vencido y transformado por Dios, quien hará "nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:5).
La cosmología moderna, particularmente la teoría del Big Bang, ha sido interpretada por algunos como una confirmación científica de la creación ex nihilo. Sin embargo, es importante clarificar tanto las convergencias como las diferencias entre estos conceptos.
El modelo cosmológico del Big Bang describe la expansión del universo a partir de un estado inicial extremadamente denso y caliente, pero no aborda directamente la cuestión metafísica del origen absoluto de la existencia. Como señaló Georges Lemaître, el sacerdote católico y físico que propuso la teoría del "átomo primigenio" (precursora del Big Bang):
La hipótesis del átomo primigenio es el antípoda de la idea de la creación sobrenatural del mundo.
La creación ex nihilo es una afirmación metafísica y teológica sobre la relación de dependencia ontológica entre el universo y Dios, mientras que el Big Bang es una teoría física sobre el desarrollo temprano del cosmos.
A pesar de estas diferencias, existe una resonancia significativa entre ambas visiones. La cosmología moderna ha demostrado que el universo no es eterno en su forma actual, sino que tuvo un principio, lo cual es consonante con la visión religiosa de un cosmos creado. Sin embargo, como señala Adam Hincks, S.J., lo que la cosmología científica puede describir es cómo la creación ex nihilo se ve "desde dentro", pero no puede probar ni refutar la doctrina misma.

Las teorías cosmológicas contemporáneas que postulan un "multiverso" - un vasto conjunto de universos con diferentes propiedades físicas - plantean nuevas preguntas para la comprensión teológica de la creación.
Lejos de socavar la doctrina de la creación ex nihilo, estas teorías simplemente amplían el ámbito de lo que podría considerarse "creación". Como señala Don Page, un físico y cristiano:
Dios podría ciertamente amar un multiverso y crearlo con toda su diversidad y belleza.
La creación ex nihilo no trata principalmente sobre cómo la estructura inteligible del mundo llegó a ser como es, sino sobre las condiciones para que exista en absoluto. Sin materia, no puede haber forma: y todos los argumentos sobre la relación entre el Creador y el ajuste fino presuponen que hay materia.
Nota de lectura · Nada física y nada metafísica
Una distinción crucial en el diálogo entre cosmología y teología es la diferencia entre la "nada" de los físicos y la "nada" de los filósofos y teólogos.
Cuando los físicos como Lawrence Krauss hablan de "un universo de la nada", se refieren a un vacío cuántico, que no es verdaderamente "nada" en sentido metafísico, sino un estado físico con propiedades y potencialidades regidas por leyes físicas.
En contraste, la "nada" de la creación ex nihilo es la ausencia absoluta de ser, sin potencialidades ni propiedades. Como observa el físico Peter Hodgson: "Simple o complicado, pequeño o grande, el paso de la no existencia a la existencia es el más radical de todos los pasos... está más allá del poder de la ciencia detectarlo."
Esta distinción subraya que la creación ex nihilo aborda una cuestión filosófica diferente de la que puede responder la física, por muy sofisticada que ésta sea.
Las teorías cosmológicas que exploran los orígenes del universo también nos llevan a considerar la naturaleza del tiempo mismo. Propuestas como la cosmología "sin límites" de Hawking-Hartle sugieren que el tiempo podría comportarse de manera radicalmente diferente en las primeras etapas del universo, quizás funcionando como una cuarta dimensión espacial.
Lejos de contradecir la creación ex nihilo, tales propuestas encuentran resonancias con las reflexiones teológicas de Agustín y Aquinas sobre la relación entre tiempo y eternidad. Como señaló Agustín:
No hubo un tiempo antes de que Dios creara el universo, porque el tiempo mismo es parte de la creación de Dios.
Esta visión se alinea con la doctrina de la creación ex nihilo, que entiende que el tiempo mismo es creado por Dios, no un telón de fondo preexistente para la acción divina.
En el pensamiento contemporáneo, la creación ex nihilo ha sido objeto tanto de críticas como de renovadas defensas:
- Algunas corrientes teológicas inspiradas en la filosofía del proceso han cuestionado esta doctrina, argumentando que limita la libertad de las criaturas
- Otros teólogos han reafirmado su importancia como salvaguarda de la libertad divina y de la distinción Creador-criatura
En su obra The Face of the Deep, Catherine Keller critica lo que ella denomina la "dominología" del teísmo clásico y cuestiona la doctrina de la creación ex nihilo como parte de esa tendencia.
Para Keller, esta doctrina habría surgido como un intento de controlar y reprimir el caos primordial femenino representado por el "tehom" (abismo) de Génesis 1:2. Argumenta que la doctrina establece una jerarquía opresiva entre un Creador inmaterial y una creación material.
Sin embargo, como señala Janet Soskice, esta crítica malinterpreta la intención y el funcionamiento de la doctrina tradicional. Lejos de establecer una "jerarquía binaria", la creación ex nihilo afirma que Dios está igualmente presente a toda la creación, sosteniendo cada realidad creatural en su ser.
La doctrina de la creación ex nihilo mantiene una profunda relevancia espiritual y existencial para los creyentes contemporáneos:
- Nos recuerda nuestra dependencia radical de Dios
- Afirma el valor inherente de la creación como expresión intencionada del amor divino
- Proporciona un fundamento para una visión integradora de creación y redención
- Ofrece esperanza en la posibilidad de una nueva creación, de una renovación radical
Quizás la mayor relevancia espiritual de esta doctrina radica en su testimonio de la gratuidad radical del ser. Todo lo que somos y tenemos es don, y nuestra respuesta más adecuada es la gratitud y la alabanza. Como sugiere Atanasio, la Eucaristía se nos muestra así como la más sublime afirmación de nuestro “ser nacidos de la nada”: un acto de acción de gracias que eleva al Creador y celebra sin fin la bondad inagotable de Dios
La creación ex nihilo no solo tiene implicaciones para nuestra comprensión intelectual del cosmos, sino también para nuestra experiencia personal de Dios como seres creados.
A diferencia de las concepciones puramente filosóficas de un principio cósmico impersonal, la doctrina cristiana de la creación ex nihilo se desarrolló dentro de un marco teológico más amplio de salvación, notablemente el principio del pacto. Esta pacto se fundamenta en una relacionalidad en segunda persona con Dios, como "yo" a "tú", que culmina en el amor divino o la amistad.
Como señala Andrew Pinsent, esta dimensión de relación en segunda persona con Dios puede transformar nuestra comprensión del cosmos. La percepción de una alianza con el Creador no solo informa nuestro entendimiento intelectual sino que puede inspirar una confianza cultural para ver el cosmos como armonioso, gobernado por leyes y potencialmente cognoscible.
Esta perspectiva contrasta con la cosmovisión impersonal y mecanicista que a menudo prevalece en el pensamiento científico moderno, ofreciendo una alternativa que valora tanto el rigor científico como la relacionalidad personal.

La historia de la cosmología científica está llena de momentos de inspiración e intuición que van más allá del mero razonamiento deductivo. Desde la intuición de Lemaître sobre un universo en expansión hasta los momentos "¡eureka!" de los físicos teóricos contemporáneos, el avance científico a menudo depende de saltos creativos de comprensión.
La tradición cristiana ofrece un marco para entender estos momentos de intuición como potencialmente conectados con nuestra relacionalidad con el Creador. Como escribe Andrew Pinsent:
Si hay un Dios que creó el cosmos y que desea hacer un pacto con los seres humanos, entonces Dios no es probablemente un actor pasivo en la relación. Por el contrario, el pacto se enriquece con la comprensión compartida, por lo que Dios presumiblemente querrá acelerar las intuiciones de las personas humanas, incluidas las intuiciones sobre el cosmos creado en su conjunto.
Esta comprensión sugiere que nuestros esfuerzos científicos más fructíferos pueden ser apoyados no solo por el rigor metodológico sino también por prácticas que cultivan nuestra relacionalidad con Dios.
La doctrina de la creación ex nihilo afirma paradójicamente que donde no había nada, Dios ha hecho surgir un mundo de belleza, orden y significado. Lejos de ser una mera especulación sobre los orígenes cósmicos, es una declaración sobre la naturaleza de Dios y sobre el carácter de todo lo que existe como don gratuito del amor divino.
Esta doctrina nos invita a reconocer nuestra radical dependencia de Dios y, al mismo tiempo, a celebrar nuestra dignidad como seres creados intencionalmente por Él. Nos impulsa a ver el mundo no como un hecho bruto y sin sentido, sino como expresión de la sabiduría y el amor divinos.
En palabras del místico medieval Maestro Eckhart: "El amor de Dios derramó todas las cosas desde la nada, y es ese mismo amor el que nos atrae de vuelta a Él." La creación y la redención son así dos movimientos de un mismo acto de amor divino, que nos llama de la nada al ser y del ser a la plenitud de vida en Dios.
Nota de lectura · Para profundizar
Para quienes deseen profundizar en el estudio de la creación ex nihilo, recomendamos:
-
Fuentes Patrísticas:
- "Contra los Paganos" y "Sobre la Encarnación" de Atanasio
- "Confesiones" (especialmente libros XII y XIII) de Agustín
-
Obras Medievales:
- "Suma Teológica" (I, q. 44-49) de Tomás de Aquino
- "Itinerarium Mentis in Deum" de Buenaventura
-
Estudios Contemporáneos:
- "Creation and the God of Abraham" (editado por David B. Burrell)
- "Creation ex Nihilo: Origins, Development, Contemporary Challenges" (editado por Gary A. Anderson y Markus Bockmuehl)