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    HEREJÍAS Y DEBATES — MARCIÓN

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    Marción: un evangelio y diez cartas de Pablo

    c. 144–siglo V · Marción, Justino, Ireneo, Tertuliano, Hipólito y Epifanio32 minPosición: 0% de esta partePublicado el Actualizado el Ref. HER-MAR-01

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    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo se hace un hereje

    Premisa central

    De Marción no se conserva ninguno de sus escritos. Se sabe que usó un Evangelio y diez cartas de Pablo y que los leyó con un libro suyo, las Antítesis, pero cada dato llega por un adversario, y los adversarios no concuerdan entre sí: unos le atribuyen dos principios, otros tres; Hipólito lo hace copiar a Empédocles, Clemente a Platón, Tertuliano a los estoicos. Este artículo expone qué afirma cada testigo en vez de componer un retrato único, porque Lieu muestra que esa composición mezcla a varios Marciones.
    Hacia mediados del siglo II Justino escribió al emperador Antonino que había un hombre del Ponto, Marción, que «aún en este día vive» y enseña a sus discípulos a creer en otro dios mayor que el Creador (1 Apol. 26). Unos treinta años después Ireneo lo puso al final de una genealogía de herejes y prometió refutarlo con sus propios escritos. Hacia 207 Tertuliano terminó cinco libros contra él. De ninguno de esos escritos de Marción, ni del Evangelio que usaba ni de las cartas, queda una copia.
    Lo que sí queda es una colección de refutaciones. De ella se saca que Marción separó la ley del evangelio, atribuyó cada una a un dios distinto y reunió una Escritura nueva de dos partes, un Evangelio y un «Apóstol» de diez cartas. El artículo sigue el orden de las fuentes: qué se sabe de su vida y quién lo cuenta, qué enseñaba sobre Dios, cómo eran su Evangelio, sus cartas y sus Antítesis, qué decían de su Cristo y de su vida común, cuánto duró su Iglesia y cómo se fue construyendo la figura del hereje. La relación de su colección con la formación del canon tiene su propio artículo; la de su doctrina con los textos de Nag Hammadi, el de gnosticismo.

    Un hombre del Ponto y los que escribieron contra él

    Las fuentes que hablan de Marción son pocas y todas hostiles. La tabla las ordena por fecha e indica qué sabe cada una y qué límite le pone Lieu.
    TestigoCuándoQué dice de MarciónLímite
    JustinoMediados del siglo IIEs del Ponto, vive aún, enseña otro dios mayor que el Creador y niega que el Cristo anunciado por los profetas sea Hijo de este (1 Apol. 26 y 58). Escribió contra él una obra que se perdió (Eusebio, HE IV, 11, 8–10)Es el único testigo casi contemporáneo; no describe su doctrina más que en esos rasgos
    IreneoHacia 180Sucede a Cerdón; mutila Lucas y las cartas de Pablo; condena a los justos del Antiguo Testamento y salva a Caín (I, 27)Ninguna obra suya contra Marción ha llegado
    Clemente de AlejandríaHacia 200Los marcionitas dicen que la naturaleza es mala, hecha de materia mala por un demiurgo justo, y rechazan el matrimonio por odio al creador (Stromata III, 12)Habla de ellos al tratar de la continencia, no de su doctrina entera
    Tertuliano207–208Cinco libros: el Dios desconocido, las Antítesis, el Evangelio y las cartas, examinados una a unaRetórica de vituperio (el Ponto bárbaro, el «nauclero»); según Lieu, tuvo en la mano el Apostolikon solo al escribir los libros IV y V
    Hipólito (autoría discutida)Siglo IIIDos principios, el bueno y el malo, tomados de Empédocles (VII, 17–19); tres, el bueno, el justo y la materia (X, 15)Lieu observa que el libro VII ignora a Ireneo y que el X contradice al VII
    Epifanio374–377Panarion 42: biografía, doctrina y 78 pasajes del Evangelio y 40 de las cartas, con refutaciónWilliams anota que sigue la Sintagma de Hipólito, a Ireneo y a Eusebio; Lieu aconseja tratar con mucho escepticismo lo que añade a las fuentes anteriores
    Lieu parte de ahí. Cada uno de esos autores dibuja el Marción que cabe en su propio esquema, y juntar sus informes en un solo retrato, como todavía se hace, lleva a error; lo que se puede recuperar es el Marción de Ireneo, el de Tertuliano, el de Efrén (Marcion and the Making of a Heretic, 2015, cap. 1). El resto del artículo respeta esa regla.

    La vida: lo que se afirma y lo que no se puede comprobar

    Que Marción era del Ponto lo dicen Justino, Ireneo y Tertuliano. Sinope aparece solo en Epifanio, que escribe «como se dice comúnmente» (Panarion 42, 1, 3); Lieu lo toma por una conjetura razonable, ya que Sinope era el puerto principal de la región, y le niega valor independiente. Tertuliano lo llama nauclero, patrón de barco, y saca partido de la profesión (Prescripción 30, 1; Contra Marción V, 1), de modo que el dato de que fue armador rico, que Metzger da por cierto, viene de un autor que lo usaba como insulto.
    Ireneo lo sitúa en Roma, como sucesor de Cerdón, un maestro llegado en tiempo de Higinio (I, 27, 1–2; Eusebio lo repite en IV, 11, 2). Tertuliano añade un dato que ningún otro da: Marción entregó a la Iglesia de Roma doscientos mil sestercios, fue expulsado «una y otra vez» y murió antes de que se cumpliera una condición de reconciliación.
    Texto de la fuenteTertuliano · Sobre la prescripción de los herejes · 30, 1–3 (extracto)Texto latino de Delphi, Complete Works of TertullianTraducción: Traducción castellana del sitio, del latínConsultar la referencia
    [1] ¿Dónde estaba entonces Marción, aquel nauclero del Ponto, estudioso de la doctrina estoica? ¿Dónde Valentín, sectario de la platónica? [2] Pues consta que no existieron desde antiguo, aproximadamente en el principado de Antonino, y que primero creyeron en la doctrina católica en la iglesia romana bajo el episcopado del bienaventurado Eleuterio, hasta que, por su siempre inquieta curiosidad, por la que también evitaban a los hermanos, expulsados una y otra vez —Marción ciertamente con los doscientos mil sestercios que había entregado a la iglesia—, al fin relegados a perpetua separación, diseminaron los venenos de sus doctrinas. [3] Después Marción, confesando arrepentimiento, aceptó la condición que se le impuso: recibiría la paz si restituía a la Iglesia también a los demás, a quienes había instruido para perdición; pero fue sorprendido por la muerte.
    Lieu observa que el mismo Tertuliano no cuadra consigo mismo. Aquí hace pasar a Marción por la Iglesia católica bajo el obispo Eleuterio; en el libro I del Contra Marción lo llama «hereje del período Antonino» y cuenta 115 años y medio desde el año quince de Tiberio hasta Antonino Pío (I, 19, 2). Ese cálculo es el origen de la fecha de 144 que repiten los manuales. Harnack la tomó por el fin de julio de 144 y describió una vista formal ante los presbíteros de Roma en que Marción habría partido de (el árbol bueno y el malo) y de (el vino nuevo en odres viejos), y en que se le devolvió el dinero (Marcion, pp. 34–35). Metzger lo recoge como un hecho. Lieu señala que el intervalo de Tertuliano no dice cuál de los sucesos de la vida de Marción marca, y que los relatos de su ruptura con Roma no coinciden, de modo que no hay que armonizarlos.
    Epifanio añade una historia propia. Marción sería hijo de un obispo, ascético en su juventud, sedujo a una virgen y su padre lo excomulgó; en Roma preguntó a los presbíteros por el vino nuevo y los odres viejos, no lo admitieron a la comunión sin permiso de su padre y él amenazó con abrir en la Iglesia una rotura que no se cerraría (Panarion 42, 1–2, según la versión de Williams). Lieu juzga que la seducción de la virgen sigue un estereotipo contra los herejes y que un obispo en el Ponto de comienzos del siglo II es un anacronismo. Una versión más breve de la historia ya está en el pseudo-Tertuliano, y Lieu no excluye que venga de Hipólito.
    Ireneo cuenta otro encuentro, el de Policarpo de Esmirna con Marción:
    Texto de la fuenteIreneo de Lyon · Contra las herejías · III, 3, 4 (extracto)Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (trad. inglesa de Roberts y Rambaut)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    Y el mismo Policarpo respondió a Marción, que lo encontró en una ocasión y le dijo: "¿Me conoces?" "Te conozco, primogénito de Satanás." Tal era el horror que los apóstoles y sus discípulos tenían de mantener siquiera comunicación verbal con los corruptores de la verdad.
    No fecha ni sitúa el encuentro. Es una anécdota al servicio del argumento de Ireneo, el de una sucesión que desde los apóstoles evita incluso la conversación con quienes corrompen la verdad, y no un dato de biografía.

    Dos dioses

    Todos los testigos parten de la distinción entre dos dioses. Ireneo la resume en pocas líneas y la hace nacer en Cerdón:
    Texto de la fuenteIreneo de Lyon · Contra las herejías · I, 27, 1–2 (extracto)Ante-Nicene Fathers, vol. 1 (trad. inglesa de Roberts y Rambaut)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    Cerdón fue uno que tomó su sistema de los seguidores de Simón, y vino a vivir a Roma en tiempo de Higinio, que ocupaba el noveno lugar en la sucesión episcopal desde los apóstoles. Enseñaba que el Dios proclamado por la ley y los profetas no era el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Pues el primero era conocido, pero el segundo desconocido; y el uno era también justo, mientras que el otro era benévolo.
    Marción del Ponto lo sucedió y desarrolló su doctrina. Al hacerlo, profirió la más audaz blasfemia contra Aquel que es proclamado como Dios por la ley y los profetas, declarándolo autor de males, complacido en la guerra, de propósito débil, y aun contrario a Sí mismo. Mas Jesús, derivado de aquel padre que está sobre el Dios que hizo el mundo, y viniendo a Judea en tiempos del gobernador Poncio Pilato, que era procurador de Tiberio César, fue manifestado en forma de hombre a los que estaban en Judea, aboliendo los profetas y la ley, y todas las obras de aquel Dios que hizo el mundo, a quien también llama Cosmocrátor.
    Tertuliano explica cómo habría llegado Marción a esa idea. Leyó que «el árbol bueno no produce fruto corrupto» y, al encontrar en al Creador diciendo «Yo soy el que crea el mal», aplicó la figura del árbol corrupto al Creador y supuso otro dios por analogía con el árbol bueno (Contra Marción I, 2). Hipólito atribuye a Marción el mismo argumento, con (X, 15), y Epifanio lo hace partir de los odres viejos. Los tres coinciden en que se trató de una lectura de un dicho del Señor, y no de una especulación cósmica; discrepan en cuál.
    Tertuliano describe así la desigualdad que Marción pone entre sus dioses: uno «judicial, severo, poderoso en la guerra» y otro «manso, apacible, y sencillamente bueno y excelente» (I, 6). El Padre de Jesús no había creado nada, y por eso era desconocido; Cristo Jesús bajó de él, dicen los marcionitas en Tertuliano, en el año quince de Tiberio, «como espíritu de salud salvadora» (I, 19, 2). Tertuliano responde que un dios sin obras no podía ser conocido, que el mundo entero pertenece al Creador y que no queda sitio para otro (I, 11 y 17).

    Cuántos principios

    Los testigos no concuerdan en cuántos principios enseñaba. La tabla recoge lo que dice cada uno.
    TestigoPrincipiosCuáles
    Ireneo, I, 27, 1–2Dos diosesUn Creador, «justo» y «conocido»; el Padre de Jesús, «benévolo» y «desconocido»
    Hipólito, VII, 17 y 19Dos«Un cierto bien (principio), y la otra un mal», copiados de la Amistad y la Discordia de Empédocles
    Hipólito, X, 15Tres (o cuatro)El bueno, el justo y la materia; algunos discípulos añaden un cuarto, el malo
    Epifanio, Panarion 42, 3, 1–2TresEl «Dios bueno» invisible, el creador visible y justo, y el diablo entre ambos
    Rodón, en Eusebio, HE V, 13Según el maestro: Apeles, uno; Potito y Basílico, dos «como el marinero Marción mismo»; Sinero, tresLa división de los discípulos
    Clemente, Stromata III, 12Un bueno y un demiurgo justoLa naturaleza es mala por venir de una materia mala y de un demiurgo justo
    Hipólito, VII, 19Prepón, discípulo, pone lo justo como tercero entre el bien y el malLo dice en una obra dedicada a Bardesanes
    Williams anota en su edición de Epifanio que el tercer «dios» de este último, el diablo, no figura en ninguna de sus fuentes y puede ser una deducción suya, y que en Hipólito (X, 19, numeración de Marcovich) los «principios» son el bueno, el justo y la materia. Harnack leía esa variedad como la prueba de que Marción no tenía una teoría de los principios: sus discípulos ensayaron todas, y lo que él veía en el Evangelio era una redención del mundo y no una explicación del mundo (History of Dogma I, cap. V). Lieu no entra en esa psicología: prefiere leer cada informe según el esquema de su autor y no armonizarlos.

    El filósofo de cada adversario

    Hay una segunda divergencia: de qué filósofo habría tomado Marción su sistema. Hipólito, que cree que toda herejía copia a un filósofo, lo hace discípulo de Empédocles:
    Texto de la fuenteHipólito de Roma (atribución discutida) · Refutación de todas las herejías · VII, 17 (extracto; VII, 29 en la numeración de Marcovich)Ante-Nicene Fathers, vol. 5 (trad. inglesa de J. H. MacMahon)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    Este (hereje), habiendo pensado que la multitud olvidaría que no fue discípulo de Cristo, sino de Empédocles, que era muy anterior a él, ideó y formó las mismas opiniones—a saber, que hay dos causas del universo, discordia y amistad.
    Clemente de Alejandría dice que Marción «tomó desagradecida e ignorantemente de Platón los fundamentos de las doctrinas extrañas» (Stromata III, 21, 2); Tertuliano lo llama «estudioso de la doctrina estoica» en la Prescripción (30, 1) y, según Lieu, le da más tarde la escuela de Epicuro (Contra Marción I, 25). Cuatro escuelas para un solo hombre. Lieu analiza el caso de Hipólito y observa que el Marción de la Refutación depende de Empédocles: Hipólito expone al filósofo con mucho más detalle que al hereje, «marcioniza» a Empédocles al hacer que solo la Discordia fabrique el mundo, y deja de lado a Ireneo, que en otras partes sigue de cerca. Lo explica por la tesis que organiza la obra, la de que cada herejía copia una filosofía griega.
    Harnack no veía en Marción a un filósofo ni, en sentido estricto, a un gnóstico. Da cuatro razones: lo guiaba un interés por la salvación y no por la especulación, ponía el acento en la fe y no en la gnosis, no aplicó la sabiduría religiosa semítica ni el método de la filosofía griega de la religión, y nunca distinguió entre una religión esotérica y otra exotérica (History of Dogma I, cap. V). Que el nombre de «gnosticismo» sirva o no para Marción depende, por tanto, de qué se entienda por él, y ese debate se trata en el artículo sobre el gnosticismo.

    El Evangelio, las cartas y las Antítesis

    El Evangelio sin comienzo

    Los adversarios coinciden en que el Evangelio de Marción era el de Lucas, sin los capítulos que enlazaban con el Antiguo Testamento. Ireneo escribe que «mutila el Evangelio que es según Lucas, quitando todo lo que está escrito respecto de la generación del Señor» (I, 27, 2), y que desmembró las cartas de Pablo (I, 27, 2; III, 12, 12). Tertuliano agrega que ese Evangelio no llevaba nombre de autor:
    Texto de la fuenteTertuliano · Contra Marción · IV, 2 (extracto)Ante-Nicene Fathers, vol. 3 (trad. inglesa de Peter Holmes)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    Marción, en cambio, has de saberlo, no atribuye autor alguno a su Evangelio, como si no le estuviera permitido poner título a aquello a lo que no era delito (a sus ojos) subvertirle el cuerpo mismo. […] Ahora bien, de los autores que poseemos, Marción parece haber escogido a Lucas para su proceso de mutilación.
    El «parece» de Tertuliano pesa. Lieu hace notar que nada indica que Marción conociera su Evangelio con el nombre de Lucas, y que por eso no pudo quitar un título que no tenía; da crédito a la sugerencia de que era el único Evangelio que conocía, y no uno elegido entre cuatro, como supone el relato de Tertuliano. Metzger y Lieu describen el principio del texto: unía («en el año quince de Tiberio César») con , «descendió a Cafarnaúm», y Marción entendía ese verbo como un descenso desde el cielo. Hipólito (VII, 19) y Tertuliano (I, 19, 2) repiten la fecha del año quince. La falta de infancia y de genealogía, que Ireneo atribuye a una supresión, puede deberse también a un texto de partida distinto, ya que los comienzos de los Evangelios eran los pasajes más inestables en la transmisión; Epifanio acusa a los ebionitas de haber recortado Mateo del mismo modo (Panarion 30, 13, 6).
    La reconstrucción del Evangelio de Marción se apoya en Tertuliano (libro IV) y en Epifanio, que en el Panarion 42 reúne 78 pasajes del Evangelio y 40 de las cartas, y en el Diálogo de Adamancio. Lieu advierte los límites. Tertuliano sigue el orden de Lucas y responde a lo que le conviene; en la pasión y la resurrección es sumario, y cuando se calla no se sabe si el pasaje falta en el texto de Marción o si Tertuliano lo deja pasar. Epifanio y Tertuliano discrepan además sobre qué quitó Marción de la crucifixión. Por eso un «Marción quitó…» no prueba por sí solo una intención teológica: el texto «occidental» de Lucas, muy difundido en el siglo II, trae variantes parecidas, y Metzger y Lieu coinciden en que Marción trabajó sobre un texto de ese tipo.

    Las diez cartas

    El «Apóstol» de Marción tenía diez cartas de Pablo. Tertuliano dice que el número mismo es una mutilación, y se asombra de que quien recibió la breve carta a Filemón rechazara las dos a Timoteo y la de Tito (V, 1 y 21); Epifanio excluye también Hebreos. La carta que la Iglesia sabía dirigida a los efesios la titulaban «a los laodicenos», y Tertuliano le reprocha el cambio (V, 11 y 17). Epifanio llega a decir que Marción añadió una carta a los laodicenos como undécima; Lieu duda de que sea algo más que un efecto de la compilación confusa de Epifanio, cuyo párrafo de presentación está además corrompido en el texto. El orden, según Lieu, es el que dan Tertuliano y Epifanio, que en lo esencial coinciden:
    LugarCarta (orden de Tertuliano y Epifanio)
    1Gálatas
    2–31 y 2 Corintios
    4Romanos
    5–61 y 2 Tesalonicenses
    7Efesios, que Marción titulaba «a los laodicenos»
    8Colosenses
    9–10Filipenses y Filemón (Epifanio los invierte)
    Metzger describe el final algo distinto (Colosenses con Filemón, y después Filipenses); sigo a Lieu, que cita a Tertuliano y a Epifanio.
    Gálatas va primero porque en ella Pablo reprende a los apóstoles de Jerusalén y habla de «otro evangelio» (; ). Tertuliano dice que también él la tiene por «la epístola más decisiva contra el judaísmo» (V, 2), y acusa a Marción de querer, con y 2:4, desacreditar los Evangelios que circulaban con nombre de apóstoles para reservar su crédito al suyo (IV, 3). Metzger señala que Marción quitó Gálatas 3:16–4:6, por la mención de Abraham y de su descendencia, y 2 Tesalonicenses 1:6-8, por el fuego y el castigo. Lieu recoge la propuesta de Schmid de que la falta de Gálatas 3:15–25 se deba a un salto de copista (homoioteleuton) y no a la teología, y hace notar que hay que contar con los silencios de Tertuliano. Su tratamiento de las cartas, además, se adelgaza a medida que avanza, como él mismo admite desde Romanos (V, 13, 1, según Lieu).
    Ese orden reaparece en los llamados prólogos «marcionitas» de las cartas de Pablo, que traen manuscritos de la Vulgata. Metzger resume el debate: De Bruyne, Harnack y Burkitt los tuvieron por marcionitas; Dahl propone que presuponen una edición muy semejante a la de Marción, pero no idéntica. El tema se explica en el artículo sobre la formación del canon.

    Las Antítesis

    El único libro que se conoce de Marción se llamaba Antítesis. Tertuliano dice qué era:
    Texto de la fuenteTertuliano · Contra Marción · I, 19 (extracto)Ante-Nicene Fathers, vol. 3 (trad. inglesa de Peter Holmes)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    La obra especial y principal de Marción es la separación de la ley y el evangelio; y sus discípulos no negarán que en este punto tienen su mejor pretexto para iniciarse y confirmarse en su herejía. Estas son las Antítesis de Marción, o proposiciones contradictorias, que apuntan a poner el evangelio en desacuerdo con la ley, a fin de que de la diversidad de los dos documentos que las contienen, puedan contender también por una diversidad de dioses.
    Harnack reconoce que, pese a la abundancia de datos, nadie ha conseguido reconstruir ni siquiera el plan del libro; el único intento, el de Hahn en 1823, le parece insuficiente (Marcion, p. 68). Tertuliano decidió responder a las Antítesis dentro de su comentario al Evangelio (IV, 1), y por ese camino aparecen contrastes que Lieu recoge con sus localizadores: Eliseo sanando a Naamán y Jesús sanando leprosos (IV, 9, 6); Eliseo y los niños que lo insultaron, frente al Jesús que ama a los niños (IV, 23, 4; 35, 6); las instrucciones a los setenta discípulos y las dadas a Israel al salir de Egipto (IV, 24, 2). Lieu indica que no se sabe si esas conexiones eran de Marción o las hizo Tertuliano al leer, y que el Diálogo de Adamancio trae otra serie de oposiciones, puestas en boca del marcionita Megetio, que no sigue el orden de las que da Tertuliano.
    Tertuliano concede en lo central: «admito que un orden siguió su curso en la antigua dispensación bajo el Creador, y que otro está en marcha en la nueva bajo Cristo» (IV, 1). Su respuesta es que esa diferencia es compatible con un solo Dios que la dispuso y la anunció de antemano, y cita para eso , y el nuevo pacto de Jeremías. Ireneo responde de otro modo: en III, 12 recorre los discursos de los apóstoles en los Hechos para mostrar que no predicaron otro Dios ni otra Plenitud, sino al que anunciaron los profetas.

    La colección y el canon

    Qué relación guarda la colección de Marción con el canon que se formó después está discutido, y los estudios de la biblioteca no dicen lo mismo. Harnack sostuvo que Marción fue el primero en crear un canon cristiano y que la Iglesia lo siguió; Von Campenhausen, a quien recoge McDonald, llegó a atribuirle la idea misma de una Biblia cristiana. Metzger corrige en parte esa tesis: el canon de Marción pudo ser el primero que se propuso públicamente, pero la Iglesia ya iba camino de fijar el suyo y Marción solo lo aceleró. McDonald juzga demasiado fuerte la tesis de Harnack y estima escasa y de inferencia la evidencia de que Marción obligara a la Iglesia a definir su canon. Kruger, en Canon Revisited, ve el impulso del canon en el cumplimiento de la promesa en Jesús y en la nueva revelación que lo acompaña, no en Marción. El artículo sobre la formación del canon desarrolla estas posiciones. Aquí basta añadir lo que Metzger destaca de la colección de Marción: sus dos partes, Evangelio y Apóstol, se necesitaban la una a la otra y formaban una unidad.

    Un Cristo que no nació y una salvación sin el cuerpo

    Dos puntos de la doctrina de Marción fueron los más combatidos: que Cristo no nació y que la carne no se salva. Sobre el primero, Hipólito escribe que Marción rechazó «por completo la generación de nuestro Salvador»:
    Texto de la fuenteHipólito de Roma (atribución discutida) · Refutación de todas las herejías · VII, 19 (extracto; VII, 31 en la numeración de Marcovich)Ante-Nicene Fathers, vol. 5 (trad. inglesa de J. H. MacMahon)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    Su doctrina, empero, era que, independiente de nacimiento, (el Logos) mismo descendió desde lo alto en el año decimoquinto del reinado de Tiberio César, y que, siendo intermedio entre el Dios bueno y el malo, pasó a dar instrucción en las sinagogas.
    Tertuliano llama a esta cristología un fantasma: según él, el Cristo de Marción «no era lo que parecía ser, y fingía ser lo que no era: ¡encarnado sin ser carne, humano sin ser hombre!» (III, 8). Hipólito, en su resumen del libro X, dice lo mismo en menos palabras: «apareció como hombre aunque no siendo hombre» y no tuvo generación ni pasión sino en apariencia. Para esas fuentes, Marción tampoco admitía la resurrección de la carne.
    Ireneo añade un rasgo sobre quiénes se salvan, que Epifanio amplía. Según Ireneo, solo las almas que aprenden la doctrina de Marción se salvan, y el cuerpo, «como tomado de la tierra», no puede participar. Cuando Cristo bajó al Hades, Caín, los sodomitas y los egipcios corrieron hacia él y fueron salvados; Abel, Enoc, Noé y los demás justos, que sospechaban que su Dios volvía a tentarlos, no corrieron y se quedaron (I, 27, 3). Epifanio da otra lista, con Coré, Datán, Abiram y Esaú entre los salvados y Abraham, Moisés y David entre los que quedan, y explica la razón: estos reconocieron al Dios de los judíos y le obedecieron (Panarion 42, 4, 3–4). Tertuliano y el Diálogo de Adamancio coinciden, según Lieu, en que para los marcionitas el rico, Lázaro y Abraham estaban todos en el Hades, separados por un abismo (): el Hades era el lugar de premio y de castigo del Creador para quienes siguieron la ley y los profetas.

    Vida común y ascetismo

    Sobre la vida de los marcionitas las fuentes son más escasas. Tertuliano dice que, para Marción, solo se bautizaba a quien estuviera en virginidad, viudez o celibato, o hubiera «comprado por divorcio» el derecho al bautismo (I, 29, 1). Epifanio añade que ayunaban en sábado «para no hacer nada grato al Dios de los judíos», que admitían hasta tres bautismos y que permitían bautizar a las mujeres (Panarion 42, 3, 3–9 y 4, 5, según Williams). Clemente da la razón de la abstención del matrimonio:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · III, 12.1–12.3 (extracto)Wilson, tal como lo recoge Delphi, Complete Works of Clement of AlexandriaTraducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    12.1 […] los marcionitas sostienen que la naturaleza es mala por provenir de una materia mala y de un demiurgo justo. 12.2 Por esta razón, no queriendo llenar el mundo creado por el demiurgo, desean abstenerse del matrimonio, oponiéndose a su propio creador y apresurándose hacia el que llamó, que según ellos es bueno pero no el Dios verdadero en otro sentido. De ahí que, no queriendo dejar nada propio aquí, no practican la continencia por decisión moral sino por odio hacia el creador, negándose a usar 12.3 las cosas por él creadas.
    Las acusaciones se contradicen. Hipólito dice que Marción fundó «una escuela llena de necedad, y frecuentada por hombres de modo de vida sensual, puesto que él mismo era de propensiones lujuriosas» (VII, 17); en X, 15 le atribuye en cambio un cinismo ascético que lo lleva a abstenerse de lo que el Creador hizo o dispuso. Clemente y Tertuliano coinciden con esto último. Lieu concluye que los intentos de atribuirles inmoralidad no tienen más base que la retórica, y que el tema constante de los informes es la renuncia al matrimonio y a la procreación. Advierte, sin embargo, que una misma conducta podía nacer de principios distintos y que otros cristianos de Siria practicaban un ascetismo parecido, hasta el punto de que Efrén y el armenio Eznik tenían dificultad para distinguir a los marcionitas de los suyos.
    Tertuliano da otro dato: Marción se sirvió en sus ritos del agua, el aceite, la miel y la leche, y el pan, que son elementos de la creación que él menospreciaba (I, 14). Tertuliano lo lee como inconsecuencia. Lieu piensa que la acusación de ingratitud pasó de otras polémicas y que no se sabe a qué prácticas concretas se refería.

    Una Iglesia aparte

    Marción tuvo seguidores suficientes para ocupar a una serie de adversarios. Justino escribe que muchos le han creído, «como si él solo conociera la verdad», y los compara con corderos arrastrados por un lobo (1 Apol. 58). Rodón, discípulo de Taciano, lo llama «el lobo del Ponto» y describe la división de sus seguidores:
    Texto de la fuenteRodón (en Eusebio de Cesarea) · Historia eclesiástica · V, 13, 2–4 (extracto)Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 1 (trad. inglesa de A. C. McGiffert)Traducción: Traducción castellana del sitio, del inglésConsultar la referencia
    Por eso también discrepan entre sí, manteniendo una opinión inconsecuente. Pues Apeles, uno del rebaño, enorgulleciéndose de su manera de vivir y de su edad, reconoce un solo principio, pero dice que las profecías provienen de un espíritu contrario, llevado a esta opinión por las respuestas de una doncella llamada Filumena, que estaba poseída por un demonio. Pero otros, entre los cuales están Potito y Basílico, mantienen dos principios, como también el marinero Marción mismo. Éstos, siguiendo al lobo del Ponto y, como él, incapaces de penetrar la división de las cosas, se volvieron temerarios y, sin dar prueba alguna, afirmaron dos principios.
    Rodón cuenta que habló con Apeles, ya anciano, y lo refutó; Apeles le dijo que no era necesario examinar la doctrina de nadie y que se salvaría todo el que confiara en el Crucificado y obrara bien, y confesó que creía en un solo principio sin saber cómo (V, 13, 5–7). Tertuliano nombra al mismo Apeles, lo acusa de haber caído en una mujer y llama a Filomena, a la que da por inspiradora de su libro, «enorme prostituta» (Prescripción 30, 5–6). Los dos retratos de Apeles son difíciles de conciliar: un anciano que cree sin saber por qué, o un seducido.
    Tertuliano reconoce que los marcionitas tenían «sus iglesias, pero muy suyas, tan tardías como espurias», y que como las avispas «hacen panales», así ellos hacen iglesias (Contra Marción IV, 5). Epifanio, hacia 375, escribe que la secta seguía en Roma e Italia, Egipto y Palestina, Arabia y Siria, Chipre y la Tebaida, y aun en Persia (42, 1, 2). Lieu piensa que Epifanio, aunque exagere, tenía motivos para afirmar que la secta seguía extendida, sobre todo en el Oriente que conocía, y que de su enseñanza sabe poco. Teodoreto de Ciro, en el siglo V, habla de aldeas enteras que llama marcionitas y de un anciano de noventa años que no quería tomar nada del Creador, pero reconocía hacer concesiones para participar en los «misterios» (Lieu).
    Eusebio enumera escritos contra Marción: el de Justino (IV, 11, 8–10), el de Rodón (V, 13) y otros. Lieu los toma como indicio de la inquietud que provocó, aunque advierte que con el tiempo citar a Marción pudo volverse un lugar común de la polémica, sin que hiciera falta un adversario real, como ocurre con las polémicas «contra los judíos».

    Cómo se hace un hereje

    La manera de argumentar de quienes combatieron a Marción es una razón más para leerlos con cautela. Lieu describe las estrategias de la heresiología: fijar el límite entre la fe recta y lo que se combate antes que refutar con razones, presentar lo contrario como externo y de origen ilegítimo, explicar su existencia con una genealogía y reforzar la imagen de una tradición ininterrumpida. Ireneo hace de Marción el último eslabón de una cadena que arranca en Simón el Mago (I, 27, 4); Hipólito, un discípulo de Empédocles; Tertuliano, un producto del Ponto bárbaro (I, 1).
    Su argumento de fondo es de tiempo. Para Tertuliano, la verdad precede al error, y por tanto el que viene después es el falsificador:
    Texto de la fuenteTertuliano · Sobre la prescripción de los herejes · 30, 9–10Texto latino de Delphi, Complete Works of TertullianTraducción: Traducción castellana del sitio, del latínConsultar la referencia
    [9] Pues si Marción separó el Nuevo Testamento del Antiguo, es posterior a aquello que separó, porque no podría separar sino lo que estaba unido. [10] Unido, pues, antes que separado; separado después, muestra posterior al separador.
    Tertuliano refuerza ese argumento con una carta de Marción, a la que se refiere en I, 1 y en IV, 4, según la cual habría compartido primero la fe de la Iglesia. Harnack acepta que la carta es auténtica, pero cree que solo prueba que Marción, al llegar a Roma, se sintió unido a los cristianos de la ciudad, porque pensaba que su doctrina era la genuina y que las comunidades acabarían aprobándola (Marcion, p. 35). Los marcionitas, añade Tertuliano, negaban incluso que su maestro hubiera tenido nunca esa fe (IV, 4).
    La imagen que Harnack dio de Marción en 1921 es la de un reformador. Su tesis, de las más citadas, está en el capítulo X de Marcion: «rechazar el Antiguo Testamento en el siglo II fue un error que la gran Iglesia rechazó con razón; conservarlo en el siglo XVI fue un destino al que la Reforma aún no pudo sustraerse; pero seguir conservándolo desde el siglo XIX como documento canónico en el protestantismo es la consecuencia de una parálisis religiosa y eclesial» (pp. 248–249). Lieu cuenta que desde entonces Marción quedó asociado con la «cuestión del Antiguo Testamento» para el pensamiento cristiano, y que frente al «primer reformador» de Harnack se mantiene el «archihereje» de la tradición. Ella no elige entre los dos retratos. Propone estudiar primero cómo construyó cada adversario su Marción y después situar a Marción mismo entre las preguntas y respuestas de otros cristianos del siglo II, porque ni habría tenido el efecto que tuvo si sus preguntas no hubieran resonado, ni si no hubiera ofrecido más que muchos otros.

    Lo que quedó fijado y lo que sigue discutido

    Hay acuerdo en que Marción fue un cristiano del Ponto que se estableció en Roma hacia mediados del siglo II y fue separado de la Iglesia; que enseñaba que el Padre de Jesús no era el Dios de la ley y los profetas, y que rechazó el Antiguo Testamento; que usaba un Evangelio emparentado con Lucas y diez cartas de Pablo, con Gálatas en primer lugar y sin las pastorales; que sus seguidores formaron iglesias que duraron al menos hasta el siglo V; y que de él se conserva solo lo que escribieron sus adversarios.
    Sigue discutido casi todo lo demás. No hay acuerdo sobre la fecha de la ruptura con Roma, ni sobre cuántos principios admitía. Se discute si su Evangelio es un Lucas que él recortó o un texto anterior (Knox propuso un «proto-Lucas», que Metzger rechaza), cuánto de lo que Tertuliano da como mutilación es lectura del texto «occidental», y quién es el autor de los prólogos de las cartas. Se discute si fue gnóstico (Ireneo lo cuenta entre los herederos de Simón; Harnack lo niega), si su canon fue la causa o solo el estímulo del canon de la Iglesia, y qué peso tuvo en lo que el cristianismo ha pensado desde entonces sobre el Antiguo Testamento.

    Dónde seguir

    Los textos de Tertuliano están en Contra Marción y Sobre la prescripción de los herejes; los de Ireneo (libro I, 27; III, 3 y 12), en Contra las herejías; los de Justino, en las Apologías; los de Hipólito, en la Refutación; los de Eusebio, en su Historia eclesiástica, y el pasaje sobre la continencia de los marcionitas, en los Stromata de Clemente, libro III. Para el contexto, El cristianismo del siglo II, la regla de fe, la formación del canon y el gnosticismo; para Policarpo, su carta y el relato de su martirio.
    Nota de lectura · Fuentes de este artículo y sus límites
    Primarios. Con la traducción del sitio, copiados de los escritos publicados: Justino, 1 Apología 26 y 58; Ireneo, Contra las herejías I, 27, y III, 3 y 12 (versión inglesa de Roberts y Rambaut, ANF 1); Tertuliano, Contra Marción I, 1, 2, 6, 11, 14, 17, 19, 25 y 29, III, 8, IV, 1–5 y V, 1, 2, 11, 17 y 21, y Sobre la prescripción de los herejes 30 (ANF 3, de Peter Holmes, y latín de Delphi); Hipólito, Refutación VII, 17–19 y X, 15 (MacMahon, ANF 5), que el sitio numera como la ANF y que corresponden a VII, 29–31 y X, 19 en la edición de Marcovich; Eusebio, Historia eclesiástica IV, 11 y V, 13 (McGiffert, NPNF 2.ª serie, 1); Clemente de Alejandría, Stromata III, 12 y 21 (Wilson, Delphi). Epifanio, Panarion 42, en la traducción de Frank Williams (Brill, 2009; con derechos), se parafrasea con su nombre.
    Estudios. Judith M. Lieu, Marcion and the Making of a Heretic: God and Scripture in the Second Century (Cambridge University Press, 2015), leído en la introducción y los capítulos sobre Tertuliano, la tradición heresiológica, el Evangelio, el Apostolikon y la vida común; Adolf von Harnack, Marcion: Das Evangelium vom fremden Gott (1921; PDF con OCR en alemán, cotejado en los pasajes citados con sus páginas) e History of Dogma, vol. 1, cap. V; Bruce Metzger, The Canon of the New Testament, parte II, «Marción»; Lee Martin McDonald, The Biblical Canon, y Michael Kruger, Canon Revisited, de los que solo se leyeron los pasajes sobre Marción y sobre el origen del canon.
    Límites. Los Neue Studien zu Marcion (Harnack, 1923) están en la biblioteca y no se leyeron. De Harnack, Marcion, solo se cotejaron la vida (pp. 22–35), la sección de las Antítesis (pp. 68–70) y la tesis de la p. 248; las páginas son las del PDF, con OCR defectuoso. De Lieu se leyeron la introducción y los capítulos sobre Tertuliano (4), la tradición heresiológica (5), el Evangelio (8), el Apostolikon (9) y la vida común (14); no se leyeron los capítulos 6 y 7 (Clemente, Orígenes, Efrén) ni el resto de la parte III. Lo que se dice de los pares de las Antítesis, del Diálogo de Adamancio, de Eznik y de Teodoreto, y los localizadores de Tertuliano IV, 9, 23, 24 y 35 y V, 13, se recogen a través de Lieu y no se comprobaron en los originales. La Refutación y el Panarion tienen numeraciones distintas (ANF y Marcovich, Holl y Williams); aquí se usa la del sitio para los primarios y la de Williams para Epifanio. La biblioteca no tiene The First New Testament, de BeDuhn, ni la obra de Von Campenhausen, que se recoge a través de McDonald. Metzger da por cierto que Marción era armador de Sinope y describe como un hecho la audiencia de julio de 144; Lieu no encuentra apoyo independiente para esos datos.
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