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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
  9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 4
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnos
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. La dualidad de sustancias de Pitágoras; sus «Categorías»
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 22. Las «Sentencias» de Pitágoras
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. La doctrina de la díada puesta como fundamento del sistema de emanación de los Eones de Valentín
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 27. Explicación de Valentín sobre la existencia de Jesús; el poder de Jesús sobre la humanidad
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 5 minCapítulo 30
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 37
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 6 minLibro VII
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 8. Basílides e Isidoro alegan sanción apostólica para sus sistemas; en realidad siguen a Aristóteles
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 11. El «Gran Arconte» de Basílides
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 15
  61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
  62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
  63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
  64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 21. El sistema de Cerinto acerca de Cristo
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
  66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
  67. Sesión 67 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos
  68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
  69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
  71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
  72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
  73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
  74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
  75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
  76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 19. Las doctrinas de los esenios (continuación)
  77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 23. Otra secta de los esenios: los fariseos
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
  80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
  81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
  82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
  83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
  84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 22. Los Frigios o Montanistas. Continuación
  85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

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    TEXTOS — HIPÓLITO DE ROMA

    Índice de la obra

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    Hipólito de Roma (atribución discutida)

    Refutación de todas las herejías

    Texto base: versión inglesa de J. H. MacMahon, Ante-Nicene Fathers, vol. 5 (1886), «The Refutation of All Heresies» · libros I y IV–X; los libros II y III están perdidos

    Traducción: Traducción automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro), directa del inglés de MacMahon; no del griego, y sin traductor humano

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
    9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 4
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnos
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. La dualidad de sustancias de Pitágoras; sus «Categorías»
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 22. Las «Sentencias» de Pitágoras
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. La doctrina de la díada puesta como fundamento del sistema de emanación de los Eones de Valentín
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 27. Explicación de Valentín sobre la existencia de Jesús; el poder de Jesús sobre la humanidad
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 5 minCapítulo 30
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 37
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 6 minLibro VII
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 8. Basílides e Isidoro alegan sanción apostólica para sus sistemas; en realidad siguen a Aristóteles
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 11. El «Gran Arconte» de Basílides
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 15
    61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
    62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
    63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
    64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 21. El sistema de Cerinto acerca de Cristo
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
    66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
    67. Sesión 67 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos
    68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
    69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
    71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
    72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
    73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
    74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
    75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
    76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 19. Las doctrinas de los esenios (continuación)
    77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 23. Otra secta de los esenios: los fariseos
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
    80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
    81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
    82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
    83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
    84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 22. Los Frigios o Montanistas. Continuación
    85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor
    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    Un manuscrito sin nombre de autor, hallado en el monte Athos en 1842, devolvió siete libros de una obra que se creía perdida: un catálogo de todas las herejías conocidas en Roma a comienzos del siglo III, escrito con una tesis única y simple. Ninguna herejía, dice el autor, viene de la Escritura; todas copian a algún filósofo griego, a los astrólogos o a los misterios paganos, y basta mostrar el original para desnudar la copia. Por eso el libro I resume a los filósofos, de Tales a Epicuro; el IV, a los astrólogos y a los magos, con sus trucos descritos uno a uno; y los libros V a IX recorren las sectas gnósticas, Marción, los docetas, Noeto y, al final, al propio obispo de Roma, Calixto, a quien el autor llama hechicero. El libro X resume la obra y expone la «doctrina de la verdad». Es, con el de Ireneo, el gran arsenal de datos sobre el gnosticismo antiguo, y una fuente de primer orden sobre los presocráticos y los pitagóricos.
    Este texto es una traducción castellana directa de la versión inglesa de J. H. MacMahon, publicada en 1886 en el volumen 5 de las Ante-Nicene Fathers (Fathers of the Third Century: Hippolytus, Cyprian, Caius, Novatian, Appendix, de Alexander Roberts y James Donaldson, revisado por A. Cleveland Coxe). New Advent nombra a MacMahon como traductor; CCEL publica el mismo texto con sus notas y con la noticia introductoria de Coxe. La versión castellana es automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro) y no ha sido revisada por un traductor humano. No se tradujo del griego, sino del inglés de MacMahon.

    Ficha de la obra

    AutorAtribuida a Hipólito de Roma (ANF: 170–236; Wikipedia: c. 165 – c. 235). El manuscrito no lleva nombre; la atribución a Hipólito es del siglo XIX y hoy se discute (Wikipedia)
    TítuloRefutación de todas las herejías (griego Katà pasôn hairéseōn élenchos; también Philosophumena o Elenchos)
    FechaDespués de 222, muerte de Calixto, a quien el libro IX trata como ya muerto; antes de 235 si el autor es Hipólito
    GéneroCatálogo polémico de herejías (heresiología), con doxografía filosófica
    EstructuraDiez libros; se conservan el I y del IV al X. El II y el III están perdidos (Wikipedia)
    TransmisiónEl libro I, en varios manuscritos, como obra de Orígenes; los libros IV–X, en un solo manuscrito del siglo XIV hallado en el Athos en 1842 (Wikipedia)
    ExtensiónUnas 110 000 palabras en esta edición
    TraducciónCastellana, automática y directa del inglés de MacMahon; no del griego
    FuenteAnte-Nicene Fathers, vol. 5 (1886), tal como lo recoge CCEL

    Los libros y lo que tratan

    LibroCapítulosDe qué trata (según el propio índice de cada libro y Wikipedia)
    IProemio, 1–22Los filósofos naturales (Tales, Pitágoras, Empédocles, Heráclito…), los morales (Sócrates, Platón) y los lógicos (Aristóteles, los estoicos), más Epicuro, los académicos, los brahmanes y los druidas
    II–III—Perdidos. Por el plan del libro I, trataban de los misterios y de la astrología de los egipcios y caldeos
    IV1–51Astrólogos, metoposcopistas y magos: cómo hacen sus prodigios; los pitagóricos y los números; el nexo con Valentín y Simón
    V1–23Los ofitas: naasenos, peratas, setianos y Justino el gnóstico
    VI1–50Simón el Mago, Valentín y los valentinianos: Ptolomeo, Heracleón, Marcos
    VII1–38Basílides y Saturnilo, Marción, Carpócrates, Cerinto, los ebionitas, Teódoto, Nicolás, Cerdón, Apeles
    VIII1–20Los docetas, Monoimo, Taciano, Hermógenes, los cuartodecimanos, los montanistas, los encratitas
    IX1–26Noeto y sus seguidores; Ceferino y Calixto; los elcasaítas; los judíos y sus sectas
    X1–30Resumen de toda la obra y exposición de la doctrina verdadera

    La fuente y su traducción

    Coxe cuenta en su noticia introductoria (ANF, vol. 5) la historia moderna del texto: el libro I se imprimía desde antiguo entre las obras de Orígenes con el título de Philosophumena; en 1842 se halló en el monte Athos el manuscrito de los libros IV a X; Emmanuel Miller lo publicó en Oxford en 1851 como obra de Orígenes, porque así lo decía el manuscrito; y los estudiosos de la década siguiente (Bunsen, Wordsworth, Döllinger) lo atribuyeron a Hipólito, lo que Coxe da por «suficientemente establecido». Hoy no lo está: Wikipedia resume que la procedencia, la identidad y el corpus del escritor llamado Hipólito «siguen siendo esquivos» y que la Refutación se atribuye a Hipólito o a un «Pseudo-Hipólito»; la Wikipedia en castellano recoge la propuesta de Nautin, discutida en un congreso de 1976, de distinguir dos autores. Esta edición conserva el nombre con que la publica el ANF y lo marca como atribución discutida.
    Se tradujo del inglés, no del griego: es la traducción de una traducción, y conviene cotejarla antes de citarla en un trabajo académico. El texto griego crítico es el de Marcovich (1986) y la traducción inglesa moderna la de Litwa (2016), que esta edición no usa (Wikipedia).
    Lo que viene de la edición. La división en libros es de la obra; cada libro abre con un índice de sus contenidos que el ANF imprime como parte del texto y que aquí se localiza «I, índice», etc. La división en capítulos numerados y sus títulos, que resumen el contenido con punto y coma, son de la edición inglesa, no del autor; aquí los títulos largos van en cursiva debajo del número del capítulo. Los paréntesis dentro del texto («este (especulador)») son los suplementos del traductor inglés, que MacMahon marcó así. Las citas de poetas (Homero, Hesíodo, Empédocles, los oráculos) van en verso en el inglés y la traducción las conserva como líneas cortas.
    Defectos de la traducción castellana, conservados. El cotejo con el inglés da los mismos 258 encabezados y 638 párrafos, y un largo total de 0,996 veces el del original; los versos quedaron hasta un 40 % más largos que en inglés, como es normal en una traducción en prosa. No se detectaron párrafos sin traducir ni palabras inglesas sueltas.

    Libro I

    Contenidos

    I, índice

    Lo siguiente es el contenido del primer libro de La Refutación de todas las herejías.
    Nos proponemos ofrecer un relato de las doctrinas de los filósofos naturales, y quiénes son estos; asimismo, las doctrinas de los filósofos morales, y quiénes son estos; y en tercer lugar, las doctrinas de los lógicos, y quiénes son estos lógicos.
    Entre los filósofos naturales pueden enumerarse Tales, Pitágoras, Empédocles, Heráclito, Anaximandro, Anaxímenes, Anaxágoras, Arquelao, Parménides, Leucipo, Demócrito, Jenófanes, Écfanto, Hipón.
    Entre los filósofos morales están Sócrates, discípulo del físico Arquelao, y Platón, discípulo de Sócrates. Este (especulador) combinó tres sistemas de filosofía.
    Entre los lógicos está Aristóteles, discípulo de Platón. Él sistematizó el arte de la dialéctica. Entre los (lógicos) estoicos estaban Crisipo y Zenón. Epicuro, sin embargo, avanzó una opinión casi contraria a todos los filósofos. Pirrón fue un Académico; este (especulador) enseñó la incomprensibilidad de todo. Los brahmanes entre los indios, y los druidas entre los celtas, y Hesíodo (se dedicaron a actividades filosóficas).

    El Proemio

    Motivos para emprender la Refutación; Exposición de los antiguos misterios; Plan de la obra; Integridad de la Refutación; Valor del tratado para las edades futuras

    I, proemio

    No debemos pasar por alto ninguna ficción ideada por los que entre los griegos se tienen por filósofos. Pues hasta sus doctrinas incoherentes han de admitirse como dignas de crédito, a causa de la excesiva demencia de los herejes; los cuales, por la observancia del silencio y por ocultar sus propios misterios indecibles, han sido tenidos por muchos por adoradores de Dios. También nosotros, en una ocasión anterior, expusimos brevemente las doctrinas de estos, no ilustrándolas con minuciosidad alguna, sino refutándolas en un compendio tosco; no habiendo considerado necesario sacar a la luz sus doctrinas secretas, a fin de que, cuando hayamos explicado sus doctrinas por enigmas, ellos, avergonzándose, para que no sea que, al divulgar nosotros sus misterios, los convictos de ateísmo, sean inducidos a desistir en algún grado de su opinión irracional y de su intento profano. Pero puesto que percibo que no se han avergonzado por nuestra indulgencia, y no han tenido en cuenta cuán paciente es Dios, aunque blasfemado por ellos, para que o bien por vergüenza se arrepientan, o bien, si perseveran, sean justamente condenados, me veo obligado a proceder en mi intención de exponer esos misterios secretos suyos, los cuales, a los iniciados, con una gran cantidad de plausibilidad entregan quienes no acostumbran revelarlos primero (a nadie), hasta que, manteniendo a tal persona en suspenso durante un período (de preparación necesaria), y haciéndola blasfema contra el verdadero Dios, han adquirido completo ascendiente sobre ella, y la perciben anhelando ardientemente la revelación prometida. Y entonces, cuando la han probado esclavizada por el pecado, la inician, poniéndola en posesión de la perfección de cosas perversas. Previamente, sin embargo, la atan con un juramento de no divulgar (los misterios), ni mantener comunicación con persona alguna, a menos que primero se someta a una sujeción similar, aunque, cuando la doctrina ha sido simplemente entregada (a alguien), ya no había necesidad de juramento. Porque quien se contentó con someterse a la purgación necesaria, y así recibir los misterios perfectos de estos hombres, por el acto mismo, así como en referencia a su propia conciencia, se sentirá suficientemente obligado a no divulgar a otros; pues si una vez revela maldad de esta descripción a cualquier hombre, no sería contado entre los hombres, ni considerado digno de contemplar la luz, ya que ni siquiera los animales irracionales intentarían tal enormidad, como explicaremos cuando lleguemos a tratar de tales temas.
    Sin embargo, puesto que la razón nos obliga a sumergirnos en lo más profundo de la narración, consideramos que no debemos permanecer en silencio, sino que, exponiendo las doctrinas de las diversas escuelas con minuciosidad, no mostraremos reserva en nada. Ahora bien, parece conveniente, incluso a costa de una investigación más prolongada, no rehuir el trabajo; pues no dejaremos tras de nosotros un auxiliar insignificante para la vida humana contra la recurrencia del error, cuando todos sean hechos contemplar, en una luz evidente, los ritos clandestinos de estos hombres y las orgías secretas que, manteniéndolas bajo su dirección, entregan solo a los iniciados. Pero nadie refutará estas, salvo el Espíritu Santo legado a la Iglesia, el cual los Apóstoles, habiéndolo recibido en primer lugar, han transmitido a los que han creído rectamente. Mas nosotros, como sucesores suyos y partícipes de esta gracia, sumo sacerdocio y oficio de enseñanza, así como reputados custodios de la Iglesia, no debemos ser hallados deficientes en vigilancia ni dispuestos a suprimir la doctrina correcta. Ni siquiera, sin embargo, trabajando con toda energía de cuerpo y alma, nos cansamos en nuestro intento de rendir a nuestro Divino Benefactor una retribución adecuada; y aun así no le correspondemos de manera digna, a menos que no seamos negligentes en descargar el encargo que se nos ha confiado, sino cuidadosos de completar la medida de nuestra particular oportunidad, y de impartir a todos sin envidia cuanto el Espíritu Santo provee, no solo sacando a la luz, mediante nuestra refutación, materias ajenas (a nuestro asunto), sino también todo aquello que la verdad ha recibido por la gracia del Padre y ministrado a los hombres. Estas cosas también, ilustrándolas con argumentos y creando testimonio por medio de cartas, las proclamaremos sin vergüenza.
    A fin, pues, como ya hemos declarado, de probar que son ateos, tanto en la opinión como en su modo (de tratar una cuestión) y de hecho, y (a fin de mostrar) de dónde es que sus teorías intentadas les han sobrevenido, y que han procurado establecer sus doctrinas, no tomando nada de las Sagradas Escrituras— ni es por preservar la sucesión de algún santo que se han precipitado de cabeza en estas opiniones— sino que sus doctrinas han derivado su origen de la sabiduría de los griegos, de las conclusiones de aquellos que han formado sistemas de filosofía, y de supuestos misterios, y de los delirios de los astrólogos,— parece, entonces, aconsejable, en primer lugar, explicando las opiniones avanzadas por los filósofos de los griegos, satisfacer a nuestros lectores de que tales son de mayor antigüedad que estas (herejías), y más dignas de reverencia en referencia a sus puntos de vista respecto a la divinidad; en segundo lugar, comparar cada herejía con el sistema de cada especulador, de modo que se muestre que el más temprano campeón de la herejía, valiéndose de estas teorías intentadas, las ha aprovechado apropiándose de sus principios, y, impelido desde estas hacia otras peores, ha construido su propia doctrina. La empresa, ciertamente, está llena de trabajo, y (es una) que requiere investigación extensa. No seremos, sin embargo, deficientes en esfuerzo; pues después será fuente de gozo, así como el atleta que con mucha fatiga obtiene la corona, o el mercader que tras una enorme marejada del mar obtiene la ganancia, o el labriego que tras el sudor de su frente disfruta de los frutos, o el profeta que tras afrentas e insultos ve que sus predicciones se cumplen. En el comienzo, por tanto, declararemos quién primero, entre los griegos, señaló (los principios de) la filosofía natural. Pues de estos especialmente han tomado furtivamente sus puntos de vista quienes primero han propuesto estas herejías, como probaremos subsecuentemente cuando lleguemos a compararlas unas con otras. Asignando a cada uno de los que toman la delantera entre los filósofos sus propias doctrinas peculiares, exhibiremos públicamente a estos heresiarcas como desnudos y deshonestos.

    Capítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega

    I, 1

    Se dice que Tales de Mileto, uno de los siete sabios, intentó primero enmarcar un sistema de filosofía natural. Esta persona dijo que algo así como el agua es el principio generativo del universo, y su fin— pues que de esta, solidificada y de nuevo disuelta, todas las cosas consisten, y que todas las cosas se apoyan en ella; de lo cual también surgen tanto los terremotos como los cambios de los vientos y los movimientos atmosféricos, y que todas las cosas son a la vez producidas y están en un estado de flujo correspondiente con la naturaleza del autor primario de la generación— y que la Deidad es aquello que no tiene principio ni fin. Esta persona, habiéndose ocupado de una hipótesis e investigación concerniente a las estrellas, se convirtió en el más temprano autor para los griegos de este tipo de saber. Y él, mirando hacia el cielo, alegando que examinaba con atención los objetos supernos, cayó en un pozo; y cierta criada, llamada Trata, le espetó burlándose que, mientras se afanaba en contemplar las cosas del cielo, ignoraba las que tenía a sus pies. Y vivió por los tiempos de Creso.

    Capítulo 2

    Pitágoras; su cosmogonía; reglas de su secta; descubridor de la fisiognomía; su filosofía de los números; su sistema de la transmigración de las almas; Zaratas sobre los demonios; por qué Pitágoras prohibió comer habas; el modo de vida adoptado por sus discípulos

    I, 2

    Pero hubo también, no lejos de estos tiempos, otra filosofía que Pitágoras originó (quien algunos dicen que era nativo de Samos), la cual han denominado itálica, porque Pitágoras, huyendo de Policrates el rey de Samos, fijó su residencia en una ciudad de Italia, y allí pasó la totalidad de sus años restantes. Y los que recibieron en sucesión su doctrina, no difirieron mucho de la misma opinión. Y esta persona, instituyendo una investigación sobre los fenómenos naturales, combinó juntamente la astronomía, la geometría y la música. Y así proclamó que la Deidad es una monada; y conociendo cuidadosamente la naturaleza del número, afirmó que el mundo canta, y que su sistema corresponde con armonía, y primero resolvió el movimiento de los siete astros en ritmo y melodía. Y estando asombrado por la administración de toda la fábrica, requirió que al principio sus discípulos guardaran silencio, como personas que vienen al mundo iniciadas en (los secretos de) el universo; después, cuando parecía que estaban suficientemente versados en su modo de enseñar su doctrina, y podían filosofar con fuerza sobre las estrellas y la naturaleza, entonces, considerándolos puros, les ordena hablar. Este hombre distribuyó a sus alumnos en dos órdenes, y llamó a los unos esotéricos, y a los otros exotéricos. Y a los primeros les confió doctrinas más avanzadas, y a los segundos una cantidad más moderada de instrucción.
    Y también tocó la magia— según dicen— y él mismo descubrió un arte de fisiogonía, estableciendo como base ciertos números y medidas, diciendo que comprendían el principio de la filosofía aritmética por composición de esta manera. El primer número se convirtió en un principio originante, que es uno, indefinible, incomprensible, teniendo en sí todos los números que, según la pluralidad, pueden continuar ad infinitum. Pero la monada primaria se convirtió en un principio de números, según la sustancia. — la cual es una monada masculina, engendrando a la manera de un padre todos los demás números. En segundo lugar, la díada es un número femenino, y la misma también es denominada por los aritméticos par. En tercer lugar, la tríada es un número masculino. Esta también ha sido clasificada por los aritméticos bajo la denominación de impar. Y además de todas estas está la tetrada, un número femenino; y la misma también es llamada par, porque es femenina. Por tanto, todos los números que han sido derivados del género son cuatro; pero el número es el género indefinido, del cual fue constituido, según ellos, el número perfecto, a saber, la decada. Pues uno, dos, tres, cuatro, llegan a ser diez, si su denominación propia se preserva esencialmente para cada uno de los números. Pitágoras afirmó que esta es una cuaterna sagrada, fuente de naturaleza eterna, teniendo, por así decirlo, raíces en sí misma; y que de este número todos los números reciben su principio originante. Pues once, y doce, y los restantes, participan del origen de la existencia a partir del diez. De esta decada, el número perfecto, se denominan cuatro divisiones— a saber, número, monada, cuadrado, (y) cubo. Y las conexiones y mezclas de estos se realizan, según la naturaleza, para la generación del crecimiento que completa el número productivo. Pues cuando el cuadrado mismo se multiplica por sí mismo, un bicuadrado es el resultado. Pero cuando el cuadrado se multiplica por el cubo, el resultado es el producto de un cuadrado y un cubo; y cuando el cubo se multiplica por el cubo, el producto de dos cubos es el resultado. De modo que todos los números de los cuales surge la producción de los (números) existentes, son siete— a saber, número, monada, cuadrado, cubo, bicuadrado, cuadrado-cubo, cubo-cubo.
    Este filósofo igualmente dijo que el alma es inmortal, y que subsiste en cuerpos sucesivos. Por lo cual afirmó que antes de la era troyana fue Etálides, y durante la época troyana Euforbo, y después de esta Hermotimo de Samos, y después de él Pirro de Delos; quinto, Pitágoras. Y Diodoro de Eretria, y Aristóxeno el músico, afirman que Pitágoras fue a Zaratas el caldeo, y que este le explicó que hay dos causas originales de las cosas, padre y madre, y que el padre es luz, pero la madre oscuridad; y que de la luz las partes son calientes, secas, no pesadas, ligeras, veloces; pero de la oscuridad, frías, húmedas, pesadas, lentas; y que de todas estas, de lo femenino y lo masculino, el mundo consiste. Pero el mundo, dice, es una armonía musical; por lo cual, también, que el sol realiza un circuito de acuerdo con la armonía. Y en cuanto a las cosas que son producidas de la tierra y del sistema cósmico, sostienen que Zaratas hace las siguientes afirmaciones: que hay dos demonios, uno celestial y otro terrestre; y que el terrestre envía desde la tierra una producción, y que esta es agua; y que el celestial es un fuego, participando de la naturaleza del aire, caliente y frío. Y por tanto afirma que ninguno de estos destruye o mancha el alma, pues estos constituyen la sustancia de todas las cosas. Y se informa que ordenó a sus seguidores no comer habas, porque Zaratas dijo que, en el origen y concreción de todas las cosas, cuando la tierra aún estaba experimentando su proceso de solidificación, y el de putrefacción había comenzado, la haba fue producida. Y de esto menciona la siguiente indicación, que si alguno, después de haber masticado una haba sin la vaina, la coloca frente al sol durante un cierto período— pues esto inmediatamente ayudará al resultado— produce el olor de la semilla humana. Y menciona también otro ejemplo más claro, que es este: si, cuando la haba está floreciendo, tomamos la haba y su flor, y las depositamos en una tinaja, untamos esta por encima, y la enterramos en el suelo, y después de unos pocos días la destapamos, la veremos presentando la apariencia, primero del pudendum de una mujer, y después de esto, cuando se examina de cerca, de la cabeza de un niño que crece junto con ello. Esta persona, siendo quemada junto con sus discípulos en Crotona, una ciudad de Italia, pereció. Y esta era una costumbre suya, cuando alguno acudía a él con vistas a convertirse en su seguidor, (el candidato a discípulo era obligado) a vender sus posesiones, y depositar el dinero sellado con Pitágoras, y continuaba en silencio recibiendo instrucción, a veces durante tres, pero a veces durante cinco años. Y de nuevo, al ser liberado, se le permitía asociarse con los demás, y permanecía como discípulo, y tomaba sus comidas junto con ellos; si no era así, sin embargo, recibía de vuelta su propiedad, y era rechazado. Estas personas, pues, eran denominadas pitagóricos esotéricos, mientras que los demás, pitagoristas.
    Entre sus seguidores, sin embargo, que escaparon de la conflagración estaban Lisis y Arquipo, y el siervo de Pitágoras, Zamolxis, de quien también se dice que enseñó a los druidas celtas a cultivar la filosofía de Pitágoras. Y afirman que Pitágoras aprendió de los egipcios su sistema de números y medidas; y él, impresionado por la sabiduría plausible, fantástica y no fácilmente revelada de los sacerdotes, asimismo, a imitación de ellos, ordenó silencio, e hizo que sus discípulos llevaran una vida solitaria en capillas subterráneas.

    Capítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración

    I, 3

    Pero Empédocles, nacido después de estos, adelantó asimismo muchas afirmaciones sobre la naturaleza de los demonios, en el sentido de que, siendo muy numerosos, pasan su tiempo administrando las cosas terrenas. Este personaje afirmó que el principio originante del universo es la discordia y la amistad, y que el fuego inteligible de la monada es la Deidad, y que todas las cosas consisten en fuego y se resolverán en fuego; opinión con la que los estoicos casi coinciden, esperando una conflagración. Pero sobre todo coincide con la doctrina de la transmigración de las almas de cuerpo en cuerpo, expresándose así:—
    Pues en verdad fui joven y doncella,
    Y arbusto, y ave, y pez, del océano extraviado.
    Este filósofo sostuvo la transmutación de todas las almas en cualquier especie de animal. Pues Pitágoras, el instructor de estos sabios, afirmó que él mismo había sido Euforbo, quien sirvió en la expedición contra Ilión, alegando que reconoció su escudo. Las precedentes son las doctrinas de Empédocles.

    Capítulo 4. Heráclito; Su dogmatismo universal; Su teoría del flujo; Otros sistemas

    I, 4

    Pero Heráclito, filósofo natural de Éfeso, se entregó a una tristeza universal, condenando la ignorancia de la vida entera y de todos los hombres; más aún, compadeciéndose de la existencia misma de los mortales, pues afirmaba que él mismo lo sabía todo, mientras que el resto de la humanidad nada. Pero también enunció afirmaciones casi de acuerdo con Empédocles, diciendo que el principio originante de todas las cosas es la discordia y la amistad, y que la Deidad es un fuego dotado de inteligencia, y que todas las cosas son llevadas unas sobre otras y nunca están en reposo; y así como Empédocles, afirmó que toda la región que nos rodea está llena de cosas malas, y que estas cosas malas llegan hasta la luna, extendiéndose desde la región situada alrededor de la tierra, y que no avanzan más, puesto que todo el espacio por encima de la luna es más puro. Así también le pareció a Heráclito.
    Después de estos surgieron también otros filósofos naturales, cuyas opiniones no hemos considerado necesario exponer, en cuanto que no presentan diversidad respecto de las ya especificadas. Sin embargo, puesto que, en conjunto, ha brotado de allí una escuela no despreciable, y muchos filósofos naturales han surgido posteriormente de ellos, adelantando cada uno distintas explicaciones de la naturaleza del universo, nos parece también aconsejable que, exponiendo la filosofía que ha llegado por sucesión desde Pitágoras, recurramos a las opiniones sostenidas por quienes vivieron después del tiempo de Tales, y que, ofreciendo una narración de estas, nos acerquemos a la consideración de la filosofía ética y lógica que Sócrates y Aristóteles originaron, aquella ética y esta lógica.

    Capítulo 5. Anaximandro; Su teoría de lo Infinito; Sus opiniones astronómicas; Su física

    I, 5

    Anaximandro fue, pues, oyente de Tales. Anaximandro era hijo de Praxiadas y natural de Mileto. Este hombre dijo que el principio originante de las cosas existentes es cierta constitución de lo Infinito, de la cual se generan los cielos y los mundos que hay en ellos; y que este principio es eterno e imperecedero, y que comprende todos los mundos. Y habla del tiempo como algo de limitada generación, subsistencia y destrucción. Este declaró que lo Infinito es principio originante y elemento de las cosas existentes, siendo el primero en emplear tal denominación del principio originante. Pero, además, afirmó que existe un movimiento eterno, por cuya acción sucede que los cielos se generan; pero que la tierra está suspendida en lo alto, sostenida por nada, permaneciendo así a causa de su igual distancia de todos los cuerpos celestes; y que la figura de esta es curva, circular, semejante a una columna de piedra. Y una de las superficies la pisamos, pero la otra es la opuesta. Y que las estrellas son un círculo de fuego, separado del fuego que está en la vecindad del mundo, y envuelto por aire. Y que ciertas exhalaciones atmosféricas se elevan en los lugares donde brillan las estrellas; por lo cual, también, cuando estas exhalaciones son obstruidas, se producen eclipses. Y que la luna a veces aparece llena y a veces menguante, según la obstrucción o apertura de sus caminos orbitales. Pero que el círculo del sol es veintisiete veces mayor que la luna, y que el sol está situado en la parte más alta del firmamento; mientras que los orbes de las estrellas fijas, en la más baja. Y que los animales se producen en la humedad por evaporación del sol. Y que el hombre fue, originalmente, semejante a un animal diferente, es decir, a un pez. Y que los vientos son causados por la separación de exhalaciones muy rarificadas de la atmósfera, y por su movimiento después de haberse condensado. Y que la lluvia surge porque la tierra devuelve los vapores que recibe de las nubes bajo el sol. Y que hay relámpagos cuando el viento, al descender, corta las nubes. Este nació en el tercer año de la XLII Olimpiada.

    Capítulo 6

    Anaxímenes; Su sistema del «Aire Infinito»; Sus opiniones sobre la astronomía y los fenómenos naturales

    I, 6

    Pero Anaxímenes, que también era natural de Mileto e hijo de Eurístrato, afirmó que el principio originante es el aire infinito, del cual se generan las cosas existentes, las que han existido y las que existirán, así como los dioses y las entidades divinas, y que las demás surgen de la prole de este. Pero que hay una especie de aire tal que, cuando es sumamente uniforme, es imperceptible a la vista, pero capaz de manifestarse por el frío y el calor, la humedad y el movimiento, y que está continuamente en movimiento; pues todas las cosas que experimentan alteración no cambian si no hay movimiento. Que presenta una apariencia diferente según se condensa y se atenúa: pues cuando se disuelve en lo más atenuado, se produce fuego; y cuando se condensa moderadamente de nuevo en aire, se forma una nube a partir del aire en virtud de la contracción; pero cuando se condensa aún más, agua; y cuando la condensación se lleva todavía más lejos, se forma la tierra; y cuando se condensa al grado más alto, piedras. Por lo cual, los principios dominantes de la generación son contrarios, a saber, el calor y el frío. Y que la tierra extendida es llevada flotando sobre el aire, y de igual modo el sol, la luna y las demás estrellas; pues todas las cosas, siendo de naturaleza ígnea, son llevadas de un lado a otro a través de la extensión del espacio, sobre el aire. Y que las estrellas se producen de la tierra a causa de la niebla que surge de esta tierra; y cuando esta se atenúa, se produce fuego, y que las estrellas consisten en el fuego que está siendo elevado. Pero también que hay naturalezas terrestres en la región de las estrellas, llevadas junto con ellas. Y dice que las estrellas no se mueven bajo la tierra, como algunos han supuesto, sino alrededor de la tierra, tal como se hace girar un gorro alrededor de nuestra cabeza; y que el sol se oculta, no por estar bajo la tierra, sino porque está cubierto por las porciones más altas de la tierra, y a causa de la mayor distancia a la que está de nosotros. Pero que las estrellas no emiten calor a causa de la longitud de la distancia; y que los vientos se producen cuando el aire condensado, al rarificarse, es llevado; y que cuando se recoge y espesa aún más, se generan nubes, y así se produce un cambio en agua. Y que el granizo se produce cuando el agua que baja de las nubes se congela; y que la nieve se genera cuando estas mismas nubes, siendo más húmedas, adquieren congelación; y que el relámpago es causado cuando las nubes son separadas por la fuerza de los vientos; pues cuando estas se rasgan, se produce un destello brillante y ardiente. Y que el arco iris es producido a causa de los rayos del sol que caen sobre el aire recogido. Y que un terremoto tiene lugar cuando la tierra es alterada a un mayor volumen por el calor y el frío. Estas, pues, fueron las opiniones de Anaxímenes. Este floreció alrededor del primer año de la LVIII Olimpiada.

    Capítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía

    I, 7

    Después de este pensador viene Anaxágoras, hijo de Hegesibulo, natural de Clazómenas. Este personaje afirmó que el principio originante del universo es la mente y la materia; siendo la mente la causa eficiente, mientras que la materia era aquello que estaba siendo formado. Pues al venir todas las cosas a la existencia simultáneamente, la mente, sobreviniendo, introdujo el orden. Y los principios materiales, dice, son infinitos; incluso los más pequeños de estos son infinitos. Y que todas las cosas participan del movimiento al ser movidas por la mente, y que los cuerpos semejantes se unen. Y que los cuerpos celestes fueron dispuestos por el movimiento circular. Que, por lo tanto, lo espeso y húmedo, lo oscuro y frío, y todas las cosas pesadas, se juntaron en el centro, de cuya solidificación la tierra obtuvo soporte; pero las cosas opuestas a estas, a saber, el calor y el brillo, la sequedad y la ligereza, se precipitaron impetuosamente hacia la porción más lejana de la atmósfera. Y que la tierra es de figura plana; y que continúa suspendida en lo alto, a causa de su magnitud, y a causa de no haber vacío, y a causa del aire, que era poderosísimo, el cual arrastra la tierra que flota. Pero que entre las sustancias húmedas de la tierra estaba el mar y las aguas que hay en él; y cuando estas se evaporaban por el sol, o se asentaban debajo, el océano se formaba de esta manera, así como de los ríos que de tiempo en tiempo desembocan en él. Y que los ríos también obtienen sustento de las lluvias y de las aguas mismas de la tierra; pues esta es hueca y contiene agua en sus cavernas. Y que el Nilo se desborda en verano, a causa de las aguas llevadas a él desde las nieves de las latitudes septentrionales. Y que el sol, la luna y todas las estrellas son piedras ígneas, que fueron rodadas por la rotación de la atmósfera. Y que bajo las estrellas están el sol y la luna, y ciertos cuerpos invisibles que son llevados junto con nosotros; y que no tenemos percepción del calor de las estrellas, tanto a causa de estar tan lejos como a causa de su distancia de la tierra; y además, no son calientes en el mismo grado que el sol, a causa de ocupar una situación más fría. Y que la luna, estando más baja que el sol, está más cerca de nosotros. Y que el sol supera en tamaño al Peloponeso. Y que la luna no tiene luz propia, sino del sol. Pero que la revolución de las estrellas tiene lugar bajo la tierra. Y que la luna se eclipsa cuando la tierra se interpone, y ocasionalmente también aquellas estrellas que están debajo de la luna. Y que el sol se eclipsa cuando, al comienzo del mes, la luna se interpone. Y que los solsticios son causados por el sol y la luna, ambos repelidos por el aire. Y que la luna a menudo se vuelve, por no poder resistir el frío. Este fue el primero en formular definiciones sobre eclipses e iluminaciones. Y afirmó que la luna es térrea, y que tiene en ella llanuras y barrancos. Y que la vía láctea es un reflejo de la luz de las estrellas que no derivan su resplandor del sol; y que las estrellas, que recorren el firmamento como chispas fugaces, surgen del movimiento del polo. Y que los vientos son causados cuando la atmósfera es rarificada por el sol, y por aquellos orbes ardientes que avanzan bajo el polo y son llevados desde él. Y que el trueno y el relámpago son causados por el calor que cae sobre las nubes. Y que los terremotos son producidos por el aire de arriba que cae sobre el que está bajo la tierra; pues cuando este se mueve, la tierra también, siendo mecida por él, se sacude. Y que los animales originalmente vinieron a la existencia en la humedad, y después de esto unos de otros; y que los machos son procreados cuando la semilla secretada de las partes derechas se adhiere a las partes derechas de la matriz, y las hembras nacen cuando ocurre lo contrario. Este filósofo floreció en el primer año de la LXXXVIII Olimpiada, tiempo en el que dicen que nació también Platón. Sostienen que Anaxágoras era asimismo presciente.

    Capítulo 8. Arquelao; Sistema afín al de Anaxágoras; Su origen de la tierra y de los animales; Otros sistemas

    I, 8

    Arquelao era ateniense de nacimiento, hijo de Apolodoro. Este, de modo semejante a Anaxágoras, afirmó la mezcla de la materia y enunció sus primeros principios de la misma manera. Este filósofo, sin embargo, sostuvo que en la mente hay inherente inmediatamente cierta mezcla; y que el principio originante del movimiento es la separación mutua del calor y el frío, y que el calor se mueve, y que el frío permanece en reposo. Y que el agua, al disolverse, fluye hacia el centro, donde se producen el aire abrasado y la tierra, de los cuales uno es llevado hacia arriba y el otro permanece abajo. Y que la tierra está en reposo, y que por esta razón llegó a la existencia; y que yace en el centro, siendo, por así decirlo, ninguna parte del universo, librada de la conflagración; y que de esta, primero en estado de ignición, es la naturaleza de las estrellas, de las cuales ciertamente la mayor es el sol, y después de este la luna; y de las demás, algunas menores, pero otras mayores. Y dice que el cielo estaba inclinado en ángulo, y de tal modo que el sol difundió luz sobre la tierra, e hizo la atmósfera transparente y el suelo seco; pues al principio era un mar, por cuanto es elevado en el horizonte y hueco en el centro. Y aduce, como indicación de la concavidad, que el sol no sale y se pone para todos al mismo tiempo, lo cual debería suceder si la tierra fuera llana. Y en cuanto a los animales, afirma que la tierra, siendo originalmente fuego en su parte inferior, donde el calor y el frío estaban entremezclados, tanto los demás animales hicieron su aparición, numerosos y disímiles, teniendo todos el mismo alimento, alimentándose del lodo; y su existencia fue de corta duración, pero después también surgió para ellos la generación de unos a otros; y los hombres fueron separados de los demás animales, y nombraron gobernantes, leyes, artes, ciudades y lo demás. Y afirma que la mente es innata en todos los animales por igual; pues cada uno, según la diferencia de su constitución física, empleaba la mente, a veces más lentamente, a veces más rápidamente.
    La filosofía natural, pues, continuó desde Tales hasta Arquelao. Sócrates fue oyente de este último filósofo. Hay, sin embargo, también muchísimos otros, que introdujeron diversas opiniones acerca de la divinidad y de la naturaleza del universo; y si estuviéramos dispuestos a aducir todas las opiniones de estos, sería necesario componer una vasta cantidad de libros. Pero, recordando al lector a aquellos que especialmente debemos— que son dignos de mención por su fama, y por ser, por así decirlo, los guías de quienes posteriormente han elaborado sistemas de filosofía, y por suministrarles un punto de partida hacia tales empresas— apresurémonos en nuestras investigaciones hacia lo que resta por considerar.

    Capítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología

    I, 9

    Pues Parménides asimismo supone que el universo es uno, eterno e ingénito, y de forma esférica. Y tampoco escapó a la opinión del gran cuerpo (de los especuladores), al afirmar que el fuego y la tierra son los principios originantes del universo: la tierra como materia, y el fuego como causa, a saber, causa eficiente. Afirmó que el mundo sería destruido, pero no menciona de qué manera. El mismo (filósofo), sin embargo, afirmó que el universo es eterno, no engendrado, de forma esférica y homogéneo, aunque sin figura en sí mismo, inmóvil y limitado.

    Capítulo 10. Leucipo; su teoría atómica

    I, 10

    Pero Leucipo, compañero de Zenón, no mantuvo la misma opinión, sino que afirma que las cosas son infinitas y están siempre en movimiento, y que la generación y el cambio existen de continuo. Y afirma que la plenitud y el vacío son elementos. Y sostiene que los mundos se producen cuando muchos cuerpos se congregan y confluyen desde el espacio circundante hacia un punto común, de modo que por contacto mutuo hacen que sustancias de la misma figura y de forma semejante entren en conexión; y cuando así se entrelazan, hay transmutaciones en otros cuerpos, y las cosas creadas crecen y menguan por necesidad. Pero cuál sea la naturaleza de la necesidad, (Parménides) no lo definió.

    Capítulo 11. Demócrito; su dualidad de principios; su cosmogonía

    I, 11

    Y Demócrito fue conocido de Leucipo. Demócrito, hijo de Damasipo, natural de Abdera, habiendo conversado con muchos gimnosofistas entre los indios, y con sacerdotes en Egipto, y con astrólogos y magos en Babilonia, (propuso su sistema). Ahora bien, hace afirmaciones semejantes a las de Leucipo acerca de los elementos, a saber, la plenitud y el vacío, denominando a la plenitud entidad y al vacío no-entidad; y esto lo afirmó, puesto que las cosas existentes se mueven continuamente en el vacío. Y sostuvo que los mundos son infinitos y de volumen variable; y que en algunos no hay ni sol ni luna, mientras que en otros son más grandes que entre nosotros, y en otros más numerosos. Y que los intervalos entre los mundos son desiguales; y que en una región del espacio (los mundos) son más numerosos, y en otra menos; y que algunos de ellos aumentan de volumen, mientras que otros alcanzan su pleno tamaño, en tanto que otros menguan; y que en una región están llegando a existir, mientras que en otra están desapareciendo; y que son destruidos al chocar unos con otros. Y que algunos mundos carecen de animales y plantas, y de toda especie de humedad. Y que la tierra de nuestro mundo fue creada antes que la de las estrellas, y que la luna está debajo; después (de ella) el sol; luego las estrellas fijas. Y que (ni) los planetas ni estas (estrellas fijas) poseen una elevación igual. Y que el mundo florece hasta que ya no puede recibir nada de fuera. Este (filósofo) puso todas las cosas en ridículo, como si todas las preocupaciones de la humanidad fueran dignas de risa.

    Capítulo 12. Jenófanes; su escepticismo; sus nociones de Dios y de la naturaleza; cree en un diluvio

    I, 12

    Pero Jenófanes, natural de Colofón, era hijo de Ortómenes. Este hombre sobrevivió hasta el tiempo de Ciro. Este (filósofo) fue el primero en afirmar que no hay posibilidad de comprender nada, expresándose así:—
    Pues si aun de la mayor parte de la perfección puede hablar el hombre,
    sin embargo, no lo conoce él mismo, y en todo alcanza conjetura.
    Y afirma que nada se genera o perece, ni se mueve; y que el universo, siendo uno, está más allá del cambio. Pero dice que la deidad es eterna, una y completamente homogénea y limitada, de forma esférica y dotada de percepción en todas sus partes. Y que el sol existe cada día a partir de una conglomeración de pequeñas chispas, y que la tierra es infinita, y no está rodeada ni por la atmósfera ni por el cielo. Y que hay infinitos soles y lunas, y que todas las cosas brotan de la tierra. Este hombre afirmó que el mar es salado, a causa de las muchas mezclas que fluyen a él. Metrodoro, sin embargo, por el hecho de ser filtrada a través de la tierra, sostiene que es por esto por lo que se hace salada. Y Jenófanes es de opinión de que hubo una mezcla de la tierra con el mar, y que con el tiempo se desprendió de la humedad, alegando que podía producir pruebas como las siguientes: que en medio de la tierra, y en las montañas, se descubren conchas; y también en Siracusa, afirma, se halló en las canteras la impronta de un pez y de focas, y en Paros una imagen de un laurel en el fondo de una piedra, y en Melita partes de toda suerte de animales marinos. Y dice que estas cosas se generaron cuando todas las cosas originalmente estaban incrustadas en el lodo, y que una impresión de ellas se secó en el lodo, pero que todos los hombres habían perecido cuando la tierra, precipitándose en el mar, se convirtió en lodo; luego, de nuevo, que originó la generación, y que esta ruina ocurrió a todos los mundos.

    Capítulo 13. Écfanto; su escepticismo; la doctrina del infinito

    I, 13

    Un tal Écfanto, natural de Siracusa, afirmó que no es posible alcanzar un conocimiento verdadero de las cosas. Define, sin embargo, según piensa, que los cuerpos primarios son indivisibles, y que hay tres variaciones de estos, a saber, volumen, figura y capacidad, de las cuales se generan los objetos de los sentidos. Pero que hay una multitud determinable de estos, y que esta es infinita. Y que los cuerpos no son movidos ni por el peso ni por el impacto, sino por una potencia divina, que él llama mente y alma; y que de esta el mundo es una representación; por lo cual también ha sido hecho en forma de esfera por la potencia divina. Y que la tierra, en medio del sistema cósmico, se mueve alrededor de su propio centro hacia oriente.

    Capítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología

    I, 14

    Hipón, natural de Regio, afirmó como principios originantes la frialdad, por ejemplo el agua, y el calor, por ejemplo el fuego. Y que el fuego, cuando fue producido por el agua, dominó la potencia de su generador y formó el mundo. Y el alma, dijo, a veces es el cerebro, pero a veces es agua; pues también la semilla es lo que nos parece surgir de la humedad, de la cual, dice, se produce el alma.
    Hasta aquí, pues, creemos que hemos aducido suficientemente (las opiniones de) estos; por lo cual, habiendo pasado revista de manera adecuada a los dogmas de los especuladores físicos, parece que resta que ahora nos volvamos a Sócrates y a Platón, quienes dieron especial preferencia a la filosofía moral.

    Capítulo 15. Sócrates; su filosofía reproducida por Platón

    I, 15

    Sócrates, pues, fue discípulo de Arquelao, el filósofo natural; y él, venerando la máxima, «Conócete a ti mismo,» y habiendo reunido una gran escuela, tenía allí a Platón, que era muy superior a todos sus discípulos. (Sócrates) mismo no dejó escritos tras de sí. Platón, sin embargo, tomando notas de toda su (enseñanza sobre la) sabiduría, fundó una escuela, combinando la filosofía natural, ética (y) lógica. Pero los puntos que Platón determinó son los siguientes.

    Capítulo 16

    Platón; triple clasificación de los principios; su idea de Dios; diversas opiniones acerca de su teología y psicología; su escatología y sistema de metempsicosis; sus doctrinas éticas; nociones sobre la cuestión del libre albedrío

    I, 16

    Platón (establece) que hay tres principios originantes del universo, (a saber) Dios, la materia y el ejemplar; Dios como Hacedor y Regulador de este universo, y el Ser que ejerce providencia sobre él; pero la materia, como aquello que subyace a todos (los fenómenos), a la cual (materia) él denomina tanto receptiva como nodriza, y del ordenamiento de la cual procedieron los cuatro elementos de los que consta el mundo; (quiero decir) el fuego, el aire, la tierra, el agua, de los cuales se han formado todo el resto de lo que se denominan sustancias concretas, así como los animales y las plantas. Y que el ejemplar, al que también llama las ideas, es la inteligencia de la Deidad, a la cual, como a una imagen en el alma, atendiendo la Deidad, fabricó todas las cosas. Dios, dice, es a la vez incorpóreo y sin forma, y comprensible únicamente por los sabios; mientras que la materia es cuerpo en potencia, pero con la potencialidad no pasando todavía a acto, pues siendo ella misma sin forma y sin cualidad, al asumir formas y cualidades se hizo cuerpo. Que la materia, por tanto, es un principio originante, y coetánea con la Deidad, y que en este respecto el mundo es increado. Pues (Platón) afirma que (el mundo) fue hecho a partir de ella. Y que (el atributo de) la indestructibilidad pertenece necesariamente a (literalmente «sigue» a) aquello que es increado. Pero en la medida en que se supone que el cuerpo está compuesto de muchas cualidades e ideas, en esa medida es a la vez creado y perecedero. Pero algunos de los seguidores de Platón mezclaron ambas cosas, empleando un ejemplo como el siguiente: que así como un carro puede continuar siempre sin ser destruido, aunque sufra reparaciones parciales de tiempo en tiempo, de modo que incluso las partes perecen cada una por turno, y sin embargo él mismo permanece siempre completo; de esta manera también el mundo, aunque perece en partes, sin embargo, reparadas las cosas que se quitan e introducidos equivalentes para ellas, permanece eterno.
    Algunos sostienen que Platón afirma que la Deidad es una, ingenerable e incorruptible, como dice en Las Leyes: «Dios, pues, como dice la antigua tradición, posee el principio, el fin y el medio de todas las cosas.» Así muestra que Dios es uno, por haber penetrado todas las cosas. Otros, sin embargo, sostienen que Platón afirma la existencia de muchos dioses indefinidamente, cuando usa estas palabras: «Dios de dioses, de los cuales yo soy a la vez el Creador y el Padre.» Pero otros dicen que habla de un número definido de deidades en el siguiente pasaje: «Por tanto, el poderoso Júpiter, haciendo girar su veloz carro en el cielo;» y cuando enumera la descendencia de los hijos del cielo y de la tierra. Pero otros afirman que (Platón) constituyó a los dioses como generables; y por haber sido producidos, que totalmente estaban sujetos a la necesidad de corrupción, pero que por la voluntad de Dios son inmortales, (sosteniendo esto) en el pasaje ya citado, donde, a las palabras, «Dios de dioses, de los cuales yo soy Creador y Padre,» añade, «indisolubles por el fíat de mi voluntad;» de modo que si (Dios) dispusiera que estos se disolvieran, se disolverían fácilmente.
    Y admite naturalezas (tales como las) de los demonios, y dice que algunos de ellos son buenos, pero otros viles. Y algunos afirman que él declara que el alma es increada e inmortal, cuando usa las siguientes palabras, «Toda alma es inmortal, pues lo que siempre se mueve es inmortal;» y cuando demuestra que el alma se mueve a sí misma y es capaz de originar movimiento. Otros, sin embargo, (dicen que Platón afirmó que el alma fue) creada, pero hecha imperecedera por la voluntad de Dios. Pero algunos (quieren que él considerara el alma) una esencia compuesta, generable y corruptible; pues incluso supone que hay un receptáculo para ella, y que posee un cuerpo luminoso, pero que todo lo generado implica una necesidad de corrupción. Aquellos, sin embargo, que afirman la inmortalidad del alma se ven especialmente fortalecidos en su opinión por aquellos pasajes (de los escritos de Platón), donde dice que hay juicios después de la muerte, y tribunales de justicia en el Hades, y que las almas virtuosas reciben una buena recompensa, mientras que las malvadas un castigo adecuado. Algunos, no obstante, afirman que también reconoce una transmigración de las almas de un cuerpo a otro, y que almas diferentes, aquellas que fueron señaladas para tal propósito, pasan a cuerpos diferentes, según el mérito de cada una, y que después de ciertos períodos definidos son enviadas a este mundo para dar una vez más una prueba de su elección. Otros, sin embargo, (no admiten que esta sea su doctrina, sino que quieren que Platón afirme que las almas) obtienen un lugar según el mérito de cada una; y emplean como testimonio el dicho suyo de que algunos hombres buenos están con Júpiter, y que otros andan errantes (por el cielo) con otros dioses; mientras que otros están envueltos en castigos eternos, cuantos durante esta vida han cometido obras malvadas e injustas.
    Y la gente afirma que Platón dice que algunas cosas carecen de medio, que otras tienen un medio, y que otras son un medio. (Por ejemplo, que) la vigilia y el sueño, y cosas semejantes, son estados sin un estado intermedio; pero que hay cosas que tienen medios, por ejemplo la virtud y el vicio; y hay medios (entre extremos), por ejemplo lo gris entre lo blanco y lo negro, o algún otro color. Y dicen que afirma que las cosas que pertenecen al alma son absolutamente las únicas buenas, pero que las cosas que pertenecen al cuerpo, y las externas (a él), ya no son buenas en absoluto, sino bienes reputados. Y que con frecuencia llama también medios a estas, pues es posible usarlas bien y mal. Algunas virtudes, por tanto, dice, son extremos en cuanto al valor intrínseco, pero en cuanto a su naturaleza esencial, medios, porque nada es más estimable que la virtud. Pero todo lo que excede o queda corto de estas termina en vicio. Por ejemplo, dice que hay cuatro virtudes —prudencia, templanza, justicia, fortaleza— y que a cada una de estas acompaña dos vicios, según exceso y defecto: por ejemplo, a la prudencia, la temeridad según defecto, y la picardía según exceso; y a la templanza, la licenciosidad según defecto, la estupidez según exceso; y a la justicia, el renunciar a una reclamación según defecto, el apremiarla indebidamente según exceso; y a la fortaleza, la cobardía según defecto, el arrojo temerario según exceso. Y que estas virtudes, cuando son inherentes al hombre, lo hacen perfecto y le otorgan la felicidad. Y la felicidad, dice, es la asimilación a la Deidad, en cuanto esto es posible; y que la asimilación a Dios tiene lugar cuando alguien combina la santidad y la justicia con la prudencia. Pues este supone que es el fin de la sabiduría y de la virtud supremas. Y afirma que las virtudes se siguen unas a otras por turno, y son uniformes, y nunca son antagónicas entre sí; mientras que los vicios son multiformes, y a veces se siguen unos a otros, y a veces son antagónicos entre sí. Afirma que el destino existe; no, ciertamente, que todas las cosas se produzcan según el destino, sino que hay incluso algo en nuestro poder, como en los pasajes donde dice, «La culpa es de quien elige; Dios es inculpable;» y «la siguiente ley de Adrasteia.» Y así algunos (sostienen que defiende) un sistema de destino, mientras que otros uno de libre albedrío. Afirma, sin embargo, que los pecados son involuntarios. Pues en lo más glorioso de las cosas que están en nuestro poder, que es el alma, nadie admitiría (deliberadamente) lo vicioso, es decir, la transgresión, sino que por ignorancia y por una concepción errónea de la virtud, suponiendo que lograban algo honorable, pasan al vicio. Y su doctrina sobre este punto es muy clara en La República, donde dice, «Pero, de nuevo, tú presumes afirmar que el vicio es vergonzoso y aborrecido por Dios; ¿cómo, pues, podría preguntar, elegiría uno un mal semejante? Él, respondes tú, (lo haría) quien es vencido por los placeres. Por tanto, esto también es involuntario, si el obtener una victoria es voluntario; de modo que, desde todo punto de vista, la comisión de un acto de torpeza, demuestra la razón, es involuntaria.» Alguien, sin embargo, en oposición a esto (Platón), presenta la afirmación contraria, «¿Por qué, entonces, son castigados los hombres si pecan involuntariamente?» Pero él responde que también él mismo, tan pronto como sea posible, puede ser emancipado del vicio y sufrir castigo. Pues que el sufrir castigo no es un mal, sino un bien, si es probable que resulte una purificación de los males; y que el resto de la humanidad, al oírlo, no transgreda, sino que se guarde de tal error. (Platón, sin embargo, sostiene) que la naturaleza del mal no es creada por la Deidad, ni posee subsistencia por sí misma, sino que deriva su existencia de la contrariedad con lo bueno, y de su asistencia a ello, ya sea por exceso o por defecto, como hemos afirmado antes acerca de las virtudes. Platón, sin duda, entonces, como ya hemos declarado, reuniendo los tres departamentos de la filosofía universal, de esta manera formó su sistema especulativo.

    Capítulo 17

    Aristóteles; dualidad de principios; sus categorías; su psicología; sus doctrinas éticas; origen del epíteto «Peripatético.»

    I, 17

    Aristóteles, que fue discípulo de este (Platón), redujo la filosofía a un arte, y se distinguió más bien por su competencia en la ciencia lógica, suponiendo como elementos de todas las cosas la sustancia y el accidente; que hay una sustancia subyacente a todas las cosas, pero nueve accidentes, a saber: cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posesión, postura, acción, pasión; y que la sustancia es de alguna descripción tal como Dios, el hombre, y cada uno de los seres que pueden caer bajo una denominación similar. Pero en cuanto a los accidentes, la cualidad se ve, por ejemplo, en lo blanco, lo negro; y la cantidad, por ejemplo, dos codos, tres codos; y la relación, por ejemplo, padre, hijo; y el lugar, por ejemplo, en Atenas, Mégara; y el tiempo, por ejemplo, durante la décima Olimpiada; y la posesión, por ejemplo, haber adquirido; y la acción, por ejemplo, escribir, y en general manifestar cualesquiera poderes prácticos; y la postura, por ejemplo, yacer; y la pasión, por ejemplo, ser golpeado. También supone que algunas cosas tienen medios, pero que otras carecen de medios, como hemos declarado también respecto de Platón. Y en la mayoría de los puntos está de acuerdo con Platón, excepto en la opinión acerca del alma. Pues Platón afirma que es inmortal, pero Aristóteles que implica permanencia; y después de estas cosas, que ésta también se desvanece en el quinto cuerpo, el cual supone, junto con los otros cuatro (elementos), a saber, fuego, tierra, agua y aire, que es algo más sutil (que éstos), de la naturaleza del espíritu. Platón, pues, dice que las únicas cosas realmente buenas son las que pertenecen al alma, y que son suficientes para la felicidad; mientras que Aristóteles introduce una triple clasificación de los bienes, y afirma que el sabio no es perfecto, a menos que estén presentes para él tanto los bienes del cuerpo como los extrínsecos a él. Los primeros son la belleza, la fuerza, el vigor de los sentidos, la salud; mientras que las cosas extrínsecas (al cuerpo) son la riqueza, la nobleza, la gloria, el poder, la paz, la amistad. Y las cualidades internas del alma las clasifica, como era la opinión de Platón, bajo la prudencia, la templanza, la justicia, la fortaleza. Este (filósofo) también afirma que los males surgen según una oposición de las cosas que son buenas, y que existen debajo de la región alrededor de la luna, pero no alcanzan más allá de la luna; y que el alma del mundo entero es inmortal, y que el mundo mismo es eterno, pero que (el alma) en un individuo, como hemos afirmado antes, se desvanece (en el quinto cuerpo). Este (especulador), pues, manteniendo discusiones en el Liceo, redactó de tiempo en tiempo su sistema de filosofía; pero Zenón (tenía su escuela) en el pórtico llamado Poecilé. Y los seguidores de Zenón obtuvieron su nombre del lugar, es decir, de Stoa — (esto es, un pórtico), siendo llamados estoicos; mientras que los seguidores de Aristóteles (fueron denominados) por su modo de emplearse mientras enseñaban. Pues como estaban acostumbrados, paseando por el Liceo, a proseguir sus investigaciones, por esta razón fueron llamados peripatéticos. Estas, pues, fueron las doctrinas de Aristóteles.

    Capítulo 18. Los estoicos; su superioridad en la lógica; fatalistas; su doctrina de las conflagraciones

    I, 18

    Los estoicos también impartieron crecimiento a la filosofía, respecto de un mayor desarrollo del arte del silogismo, e incluyeron casi todo bajo definiciones, coincidiendo en esta opinión tanto Crisipo como Zenón. Igualmente supusieron que Dios es el único principio originante de todas las cosas, siendo un cuerpo del máximo refinamiento, y que su cuidado providente lo invadía todo; y estos especuladores afirmaban con certeza la existencia del destino en todas partes, empleando algún ejemplo tal como el siguiente: que así como un perro, supongámoslo atado a un carro, si está dispuesto a seguir, es arrastrado o sigue voluntariamente, haciendo ejercicio también de libre poder, en combinación con la necesidad, es decir, el destino; pero si no está dispuesto a seguir, será completamente forzado a hacerlo. Y lo mismo, por supuesto, vale para el caso de los hombres. Pues aunque no quieran seguir, serán completamente compelidos a emprender lo que les ha sido decretado. Sin embargo, (los estoicos) afirman que el alma permanece después de la muerte, pero que es un cuerpo, y que tal se forma por el enfriamiento de la atmósfera circundante; por lo cual, también, fue llamada psyche (es decir, alma). Y reconocen asimismo, que hay una transmigración de las almas de un cuerpo a otro, es decir, para aquellas almas para las cuales ha sido destinada esta migración. Y aceptan la doctrina de que habrá una conflagración, una purificación de este mundo, algunos dicen de todo él, pero otros de una porción, y que (el mundo) mismo está sufriendo destrucción parcial; y a esto, casi corrupción, y a la generación a partir de él de otro mundo, lo denominan purgación. Y asumen la existencia de todos los cuerpos, y que el cuerpo no pasa a través del cuerpo, sino que tiene lugar una refracción, y que todas las cosas implican plenitud, y que no hay vacío. Las precedentes son también las opiniones de los estoicos.

    Capítulo 19

    Epicuro; adopta el atomismo de Demócrito; negación de la divina providencia; el principio de su sistema ético

    I, 19

    Epicuro, sin embargo, avanzó una opinión casi contraria a todas. Supuso, como principios originantes de todas las cosas, los átomos y el vacío. Consideró el vacío como el lugar que contendría las cosas que existirán, y los átomos la materia de la cual podrían formarse todas las cosas; y que de la concurrencia de los átomos derivó existencia tanto la Deidad, como todos los elementos, y todas las cosas inherentes a ellos, así como los animales y otras (criaturas); de modo que nada era generado o existía, a menos que proviniera de los átomos. Y afirmó que estos átomos estaban compuestos de partículas extremadamente pequeñas, en las cuales no podía existir ni un punto, ni una señal, ni división alguna; por lo cual también los llamó átomos. Reconociendo que la Deidad es eterna e incorruptible, dice que Dios no tiene cuidado providencial de nada, y que no existe en absoluto tal cosa como providencia o destino, sino que todas las cosas se hacen por azar. Pues que la Deidad reposaba en los espacios intermundanos, (como) son así llamados por él; pues fuera del mundo determinó que hay una cierta morada de Dios, denominada «los espacios intermundanos,» y que la Deidad se entregó al placer, y descansó en medio de la felicidad suprema; y que ni tiene preocupaciones de negocios, ni dedica su atención a ellos. Como consecuencia de estas opiniones, también propuso su teoría acerca de los sabios, afirmando que el fin de la sabiduría es el placer. Sin embargo, diferentes personas recibieron el término «placer» en diferentes acepciones; pues algunos (entre los gentiles) entendían las pasiones, pero otros la satisfacción resultante de la virtud. Y concluyó que las almas de los hombres se disuelven junto con sus cuerpos, así como también fueron producidas junto con ellos, pues son sangre, y que cuando ésta ha salido o ha sido alterada, el hombre entero perece; y de acuerdo con este principio, (Epicuro sostenía) que no hay juicios en el Hades, ni tribunales de justicia; de modo que cualquier cosa que uno cometa en esta vida, con tal de que escape a la detección, está completamente libre de toda responsabilidad de juicio (por ello en un estado futuro). De esta manera, pues, también Epicuro formó sus opiniones.

    Capítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos

    I, 20

    Y otra opinión de los filósofos fue llamada la de los académicos, a causa de los que mantenían sus discusiones en la Academia, de los cuales el fundador Pirrón, de quien fueron llamados filósofos pirrónicos, introdujo primero la noción de la incomprensibilidad de todas las cosas, de modo que (estando dispuestos a) intentar un argumento en uno u otro lado de una cuestión, pero no afirmar nada con certeza; pues no hay nada de las cosas inteligibles o sensibles verdadero, sino que así aparecen a los hombres; y que toda sustancia está en estado de flujo y cambio, y nunca continúa en la misma (condición). Entonces, algunos seguidores de los académicos dicen que no se debe declarar una opinión sobre el principio de nada, sino simplemente intentar abandonarla; mientras que otros añadieron la fórmula «no más bien» (esto que aquello), diciendo que el fuego no es más bien fuego que cualquier otra cosa. Pero no declararon qué es esto, sino de qué clase es.

    Capítulo 21. Los brahmanes; su modo de vida; ideas de la Deidad; diferentes clases de; sus nociones éticas

    I, 21

    Pero hay también entre los indios una secta compuesta por los que filosofan entre los brahmanes. Pasan una existencia contenta, se abstienen tanto de criaturas vivientes como de todo alimento cocinado, contentándose con frutos; y no recogiéndolos de los árboles, sino llevándose los que han caído a la tierra. Subsisten con ellos, bebiendo el agua del río Tazabena. Pero pasan su vida desnudos, afirmando que el cuerpo ha sido constituido como una cubierta para el alma por la Deidad. Estos afirman que Dios es luz, no tal como uno la ve, ni como el sol y el fuego; sino que para ellos la Deidad es discurso, no el que se expresa en sonidos articulados, sino el del conocimiento mediante el cual los sabios perciben los misterios secretos de la naturaleza. Y esta luz que dicen que es discurso, su dios, afirman que sólo la conocen los brahmanes porque sólo ellos rechazan toda vanidad de opinión, que es la cubierta última del alma. Estos desprecian la muerte, y siempre en su propia lengua peculiar llaman a Dios por el nombre que hemos mencionado anteriormente, y elevan himnos (a él). Pero ni hay mujeres entre ellos, ni engendran hijos. Pero los que aspiran a una vida similar a la de éstos, después de haber cruzado al país en la orilla opuesta del río, continúan residiendo allí, sin regresar más; y éstos también son llamados brahmanes. Pero no pasan su vida de manera similar, pues también hay en el lugar mujeres, de las cuales nacen los que allí habitan, y a su vez engendran hijos. Y este discurso que nombran Dios afirman que es corpóreo, y envuelto en un cuerpo fuera de sí mismo, como si uno llevara una piel de oveja, pero que al despojarse del cuerpo aparecería claro a la vista. Pero los brahmanes dicen que hay un conflicto en el cuerpo que los rodea, (y consideran que el cuerpo está para ellos lleno de conflictos); contra lo cual, como si estuvieran formados en orden de batalla contra enemigos, contienden, como ya hemos explicado. Y dicen que todos los hombres están cautivos de sus propias luchas congénitas, a saber, sensualidad e incontinencia, glotonería, ira, gozo, tristeza, concupiscencia y cosas semejantes. Y el que ha erigido un trofeo sobre éstas, sólo él va a Dios; por lo cual los brahmanes deifican a Dandamis, a quien Alejandro el Macedonio hizo una visita, como uno que había resultado victorioso en el conflicto corporal. Pero denigran a Calano por haberse apartado profanamente de su filosofía. Pero los brahmanes, despojándose del cuerpo, como peces que saltan del agua al aire puro, contemplan el sol.

    Capítulo 22. Los druidas; progenitores de su sistema

    I, 22

    Y los druidas celtas investigaron hasta el punto más alto la filosofía pitagórica, después de que Zamolxis, de nacimiento tracio, un siervo de Pitágoras, se convirtió para ellos en el originador de esta disciplina. Ahora, después de la muerte de Pitágoras, Zamolxis, dirigiéndose allí, se convirtió para ellos en el originador de esta filosofía. Los celtas estiman a éstos como profetas y videntes, a causa de que les predicen ciertos (eventos), a partir de cálculos y números mediante el arte pitagórica; sobre cuyos métodos de esta misma arte tampoco guardaremos silencio, puesto que también a partir de éstos algunos han presumido introducir herejías; pero los druidas recurren igualmente a ritos mágicos.

    Capítulo 23

    Hesíodo; las nueve musas; la cosmogonía hesiódica; los antiguos especuladores, materialistas; carácter derivado de las herejías de la filosofía pagana

    I, 23

    Pero Hesíodo el poeta afirma también que él oyó así de las Musas acerca de la naturaleza, y que las Musas son las hijas de Júpiter. Pues cuando durante nueve noches y días juntos, Júpiter, por exceso de pasión, había yacido ininterrumpidamente con Mnemósine, que Mnemósine concibió en un solo vientre a aquellas nueve Musas, quedando embarazada de una durante cada noche. Habiendo entonces convocado a las nueve Musas desde Pieria, es decir, desde el Olimpo, las exhortó a recibir instrucción:—
    Cómo primero fueron hechos los dioses y la tierra,
    Y los ríos, y la profundidad sin límites, y la oleada del océano,
    Y las estrellas resplandecientes, y el amplio cielo en lo alto;
    Cómo empuñaron la corona y compartieron la gloria,
    Y cómo al principio poseyeron el Olimpo de muchos valles.
    Estas (verdades), vosotras Musas, decidme, dice él,
    Desde el principio, y después cuál de ellas surgió primero.
    El Caos, sin duda, el primero de todos, surgió; pero después
    La tierra de amplia extensión, trono seguro siempre de todos
    Los inmortales, que ocupan las cumbres del blanco Olimpo;
    Y el ventoso Tártaro en el ancho recoveco de la tierra;
    Y el Amor, que es el más hermoso de los dioses inmortales,
    Ahuyentando lejos el cuidado de todos los dioses y hombres,
    Domina en los pechos la mente y el sabio consejo.
    Pero Érebo surgió del Caos y de la tenebrosa Noche;
    Y, a su vez, de la Noche nacieron el Aire y el Día;
    Pero la Tierra primigenia, igual a sí misma en verdad engendró
    El cielo tormentoso para velarla en derredor por todos lados,
    Para ser siempre para los felices dioses un trono seguro.
    Y sacó a luz las colinas elevadas, las agradables moradas
    De las ninfas que habitan por todas las alturas boscosas.
    Y también el mar estéril engendró la ola agitada
    De la inundación, aparte del delicioso Amor; pero después
    Abrazando al Cielo, ella engendró al Océano con profundos remolinos,
    Y a Ceo, y a Crío, y a Hiperión, y a Jápeto,
    Y a Tea, y a Rea, y a Temis, y a Mnemósine,
    Y a Febe coronada de oro, y a la hermosa Tetis.
    Pero después de éstos nació el último el astuto Cronos,
    El más feroz de los hijos; pero aborreció a su floreciente padre,
    Y a su vez engendró a los Cíclopes, que poseían un pecho salvaje.
    Y todos los demás gigantes descendientes de Cronos, Hesíodo los enumera, y en algún lugar después que Júpiter nació de Rea. Todos éstos, pues, hicieron las afirmaciones precedentes en su doctrina respecto tanto de la naturaleza como de la generación del universo. Pero todos, hundiéndose por debajo de lo divino, se ocuparon de la sustancia de las cosas existentes, asombrándose de la magnitud de la creación, y suponiendo que ésta constituía la Deidad, seleccionando cada especulador preferentemente una porción diferente del mundo; sin embargo, no discernir al Dios y hacedor de éstas.
    Las opiniones, por tanto, de los que han intentado construir sistemas de filosofía entre los griegos, considero que las hemos explicado suficientemente; y a partir de éstas los herejes, tomando ocasión, han intentado establecer los principios que serán declarados después de un breve tiempo. Parece, sin embargo, conveniente, que explicando primero los ritos místicos y cualesquiera doctrinas imaginarias que algunos han fabricado laboriosamente acerca de las estrellas, o de las magnitudes, declarar éstas; pues los herejes igualmente, tomando ocasión de ellas, son considerados por la multitud como que profieren prodigios. A continuación, en orden, elucidaremos las débiles opiniones avanzadas por éstos.
    [Faltan los libros 2 y 3.]
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