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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
  9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 4
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnos
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. La dualidad de sustancias de Pitágoras; sus «Categorías»
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 22. Las «Sentencias» de Pitágoras
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. La doctrina de la díada puesta como fundamento del sistema de emanación de los Eones de Valentín
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 27. Explicación de Valentín sobre la existencia de Jesús; el poder de Jesús sobre la humanidad
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 5 minCapítulo 30
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 37
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 6 minLibro VII
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 8. Basílides e Isidoro alegan sanción apostólica para sus sistemas; en realidad siguen a Aristóteles
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 11. El «Gran Arconte» de Basílides
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 15
  61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
  62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
  63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
  64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 21. El sistema de Cerinto acerca de Cristo
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
  66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
  67. Sesión 67 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos
  68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
  69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
  71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
  72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
  73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
  74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
  75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
  76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 19. Las doctrinas de los esenios (continuación)
  77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 23. Otra secta de los esenios: los fariseos
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
  80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
  81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
  82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
  83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
  84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 22. Los Frigios o Montanistas. Continuación
  85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

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    TEXTOS — HIPÓLITO DE ROMA

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    Refutación de todas las herejías

    Siglo III · Traducción castellana directa de la versión inglesa de MacMahon (Ante-Nicene Fathers)30 minPosición: 0% de esta parteParte 10 de 12 · Libro VIIIPublicado el Actualizado el Ref. ESC-HIP-02

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
    9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 4
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    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. La dualidad de sustancias de Pitágoras; sus «Categorías»
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 22. Las «Sentencias» de Pitágoras
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. La doctrina de la díada puesta como fundamento del sistema de emanación de los Eones de Valentín
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 27. Explicación de Valentín sobre la existencia de Jesús; el poder de Jesús sobre la humanidad
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 5 minCapítulo 30
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 37
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 6 minLibro VII
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 8. Basílides e Isidoro alegan sanción apostólica para sus sistemas; en realidad siguen a Aristóteles
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 11. El «Gran Arconte» de Basílides
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 15
    61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
    62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
    63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
    64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 21. El sistema de Cerinto acerca de Cristo
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
    66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
    67. Sesión 67 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos
    68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
    69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
    71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
    72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
    73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
    74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
    75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
    76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 19. Las doctrinas de los esenios (continuación)
    77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 23. Otra secta de los esenios: los fariseos
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
    80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
    81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
    82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
    83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
    84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 22. Los Frigios o Montanistas. Continuación
    85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

    Libro VIII

    Contenido

    VIII, índice

    Lo siguiente es el contenido del octavo libro de la Refutación de todas las herejías:—
    Cuáles son las opiniones de los Docetas, y que han formado las doctrinas que afirman a partir de la filosofía natural.
    Cómo Monimo se entretiene en fruslerías, dedicando su atención a poetas, geómetras y aritméticos.
    Cómo el sistema de Tatiano ha surgido de las opiniones de Valentín y Marción, y cómo este hereje, a partir de esta fuente, ha formado sus propias doctrinas. Hermógenes, sin embargo, se sirvió de los principios de Sócrates, no de los de Cristo.
    Cómo yerran quienes luchan por guardar la Pascua en el día catorce.
    Cuál es el error de los Frigios, que suponen que Montano, Priscila y Maximila son profetas.
    Cuál es la presunción de los encratitas, y que sus opiniones han sido formadas no a partir de las Sagradas Escrituras, sino de sí mismos y de los gimnosofistas entre los indios.

    Capítulo 1. Herejías hasta ahora refutadas; opiniones de los Docetas

    VIII, 1

    Puesto que la gran multitud de herejes no emplea el consejo del Señor, teniendo la viga en el ojo [], y anuncian que ven cuando en realidad trabajan bajo la ceguera, nos parece conveniente no callar en modo alguno acerca de sus doctrinas. Nuestro objeto es que, mediante la refutación que hemos realizado, los herejes, avergonzándose de sí mismos, lleguen a conocer cómo el Salvador aconsejó primero quitar la viga, y entonces contemplar claramente la paja que está en el ojo de tu hermano. Habiendo, pues, explicado adecuada y suficientemente las doctrinas de la mayoría de los herejes en los siete libros anteriores, no callaremos ahora respecto de las opiniones heterodoxas que siguen. De este modo mostraremos la abundancia de la gracia del Espíritu Santo; y refutaremos a aquellos que suponen haber adquirido firmeza de doctrina, cuando sólo es en apariencia. Ahora bien, éstos se han llamado a sí mismos Docetas, y proponen las siguientes opiniones:—
    (Los Docetas sostienen) que Dios es el Ser primigenio, como una semilla de la higuera, que en tamaño es del todo diminuta, pero infinita en potencia. (Esta semilla constituye, según los Docetas,) una magnitud humilde, incalculable en multitud, y que no padece deficiencia alguna en cuanto a la generación. (Esta semilla es) refugio para los aterrorizados, abrigo de los desnudos, velo para el pudor, y el fruto buscado, al cual vino Él en busca de fruto, dice, tres veces, y no halló ninguno. Por lo cual, dice, maldijo la higuera, porque no encontró en ella aquel dulce fruto, el fruto buscado. Y en la medida en que la Deidad es, según ellos, para expresarme brevemente, de esta descripción y tan grande, es decir, pequeña y diminuta, el mundo, según les parece, fue hecho de alguna manera como la siguiente: Cuando las ramas de la higuera se volvieron tiernas, brotaron primero las hojas, como se puede ver generalmente, y luego en sucesión el fruto. Ahora bien, en este fruto se conserva atesorada la infinita e incalculable semilla de la higuera. Pensamos, por tanto, (dicen los Docetas,) que hay tres partes que son producidas primariamente por la semilla de la higuera, a saber, el tallo, que constituye la higuera, las hojas y el fruto, el higo mismo, como hemos declarado previamente. De esta manera, afirma el doceta, han sido producidos tres Eones, que son principios a partir de la causa originante primigenia del universo. Y Moisés no ha guardado silencio sobre este punto, cuando dice que hay tres palabras de Dios: «oscuridad, tiniebla, tempestad, y no añadió más.» [] Pues el doceta dice: Dios no ha hecho adición alguna a los tres Eones; sino que éstos, en todo respecto, han sido suficientes para las exigencias de los que han sido engendrados y son suficientes. Dios mismo, sin embargo, permanece consigo mismo, muy separado de los tres Eones. Cuando cada uno de estos Eones hubo obtenido una causa originante de generación, creció, como se ha declarado, poco a poco, y gradualmente fue engrandecido, y finalmente se hizo perfecto. Pero piensan que es perfecto lo que se cuenta por diez. Cuando, por tanto, los Eones se hicieron iguales en número y en perfección, fueron, según opinan los Docetas, constituidos treinta Eones en total, alcanzando cada uno plena perfección en una década. Y los tres son mutuamente distintos, y mantienen un grado de honor relativamente entre sí, difiriendo meramente en posición, porque uno de ellos es primero, el otro segundo, y el otro de éstos tercero. La posición, sin embargo, les proporcionó diversidad de potencia. Pues el que ha obtenido una posición más cercana a la Deidad primigenia, que es, por así decir, una semilla, poseyó una potencia más productiva que los demás, en cuanto que él mismo, que es el inconmensurable, se midió a sí mismo diez veces en volumen. El que, sin embargo, en posición es segundo respecto de la Deidad primigenia, ha, en cuanto que es el incomprensible, se comprendió a sí mismo seis veces. Pero el que ahora es tercero en posición es trasladado a una distancia infinita, a consecuencia de la dilatación de sus hermanos. (Y cuando este tercer Eón) se hubo realizado tres veces en el pensamiento, se rodeó con, por así decir, alguna cadena eterna de unión.

    Capítulo 2

    Noción doceta de la Encarnación; sus doctrinas sobre los Eones; su relato de la Creación; su noción de un Dios ígneo

    VIII, 2

    Y estos herejes suponen que esto es lo dicho por el Salvador: «Un sembrador salió a sembrar; y lo que cayó en tierra buena y hermosa produjo, unas ciento por uno, otras sesenta, y otras treinta.» Y por esta razón, dice el doceta, que el Salvador ha dicho las palabras: «El que tiene oídos para oír, oiga,» porque estas verdades no son del todo rumores. Todos estos Eones, tanto los tres como todos aquellos infinitos Eones que proceden de éstos indefinidamente, son Eones hermafroditas. Todos éstos, entonces, después de haberse incrementado y engrandecido, y de haber brotado de aquella única semilla primaria, fueron movidos por un espíritu de concordia y unión, y todos se fusionaron en un solo Eón. Y de esta manera engendraron de una sola virgen, María, una prole conjunta, que es un Mediador, es decir, el Salvador de todos los que están en el pacto de mediación. Y este Salvador es, en todo respecto, igual en potencia a la semilla de la higuera, con la excepción de que fue generado. Mientras que aquella semilla primaria, de la cual brotó la higuera, es ingénita. Cuando, por tanto, aquellos tres Eones fueron adornados con toda virtud y con toda santidad, según suponen estos maestros, así como aquel hijo unigénito— pues él solo fue engendrado por aquellos infinitos Eones, de los tres inmediatamente implicados en su nacimiento, pues tres Eones inconmensurables, unánimes, lo procrearon—(después, digo, de que los Eones y el Hijo único fueron así adornados,) toda la naturaleza, que es conocida por el intelecto, fue formada libre de deficiencia. Ahora bien, todas aquellas entidades inteligibles y eternas constituían luz. La luz, sin embargo, no estaba desprovista de forma, ni era inoperante, ni estaba en necesidad, por así decir, del auxilio de ninguna otra potencia. Pero la luz, proporcionalmente a la multitud de aquellos infinitos Eones generados indefinidamente conforme al ejemplar de la higuera, posee en sí misma infinitas especies de diversos animales indígenas de aquella región de la creación, y resplandeció sobre el caos subyacente. Y cuando este caos fue simultáneamente iluminado, y se le impartió forma por aquellas especies diversificadas de arriba, derivó de ello solidez, y adquirió todas aquellas especies supernas del tercer Eón, que se había hecho a sí mismo triple.
    Este tercer Eón, sin embargo, contemplando todos sus propios atributos distintivos apresados colectivamente por la oscuridad subyacente que estaba debajo, y no ignorando la potencia de la oscuridad, y al mismo tiempo la seguridad y profusión de la luz, no permitió que sus brillantes atributos, que derivaba de arriba, fueran arrebatados por mucho tiempo por la oscuridad de abajo. Antes bien, obró de manera completamente contraria, pues sometió la oscuridad a los Eones. Después, pues, de haber formado el firmamento sobre el mundo inferior, «dividió la oscuridad de la luz, y llamó a la luz que estaba sobre el firmamento día, y a la oscuridad la llamó noche.» Cuando todas las infinitas especies, entonces, como he dicho, del tercer Eón fueron interceptadas en esta oscuridad la más baja, la figura también del Eón mismo, tal como ha sido descrito, fue impresa sobre ellas junto con el resto de sus atributos. (Ahora bien, esta figura es) un fuego vivificador, que es generado de la luz, de donde se originó el Gran Arconte. Y respecto de este Arconte Moisés observa: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra.» [] Moisés menciona [] a este Dios ígneo como habiendo hablado desde la zarza (bato), es decir, desde el aire oscuro. Pues toda la atmósfera que subyace a la oscuridad es (bato, es decir,) un medio para la transmisión de la luz. Ahora bien, Moisés ha empleado, dice el doceta, la expresión bato, porque todas las especies de luz descienden desde arriba por medio de tener la atmósfera como medio (bato) de transmisión. Y en no menor grado es capaz de ser reconocido el Verbo de Jehová dirigido a nosotros desde la zarza (bato, es decir, un medio atmosférico); pues la voz, en cuanto significativa en el lenguaje de un significado, es una reverberación del aire, y sin esta atmósfera el habla humana es incapaz de ser reconocida. Y no sólo el Verbo de Jehová dirigido a nosotros desde la zarza (bato), es decir, el aire, legisla y es conciudadano con nosotros; sino que hace más que esto, pues tanto los olores como los colores nos manifiestan, por medio del aire, sus propias cualidades peculiares.

    Capítulo 3

    Cristo deshace la obra del Demiurgo; relato doceta del bautismo y muerte de Jesús; por qué vivió treinta años en la tierra

    VIII, 3

    Este deidad ígnea, entonces, después de haberse convertido en fuego a partir de la luz, procedió a crear el mundo de la manera que Moisés describe. Él mismo, sin embargo, como desprovisto de subsistencia, emplea la oscuridad como su sustancia, e insulta perpetuamente aquellos atributos eternos de la luz que, provenientes de arriba, habían sido apresados por la oscuridad de abajo. Hasta el tiempo, por tanto, de la aparición del Salvador, prevaleció, por razón de la Deidad de luz ígnea, es decir, el Demiurgo, un cierto engaño extenso de las almas. Pues las especies se llaman almas, porque son refrigerios provenientes de los Eones de arriba, y continúan en la oscuridad. Pero cuando las almas son alteradas de cuerpos a cuerpos, permanecen bajo la tutela del Demiurgo. Y que estas cosas son así, dice el doceta, es posible también percibirlo de Job, cuando usa las siguientes palabras: «Y soy un vagabundo, que cambia tanto de lugar en lugar, como de casa en casa.» Y podemos aprender lo mismo, según los Docetas, de las expresiones del Salvador: «Y si queréis recibirlo, éste es Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga.» [] Pero por la instrumentalidad del Salvador, este traslado de almas de cuerpo a cuerpo fue hecho cesar, y se predica la fe para remisión de los pecados. De alguna manera semejante, aquel Hijo unigénito, cuando contempla las formas de los Eones supernos, que fueron transferidas desde arriba a cuerpos oscuros, descendiendo, quiso descender y liberarlos. Cuando el Hijo, sin embargo, se hizo consciente de que los Eones, aquellos que subsisten colectivamente, son incapaces de contemplar el Pléroma de todos los Eones, sino que en un estado de consternación temen sufrir corrupción por ser ellos mismos perecederos, y que están abrumados por la magnitud y el esplendor de la potencia— (cuando el Hijo, digo, percibió esto,) se contrajo a sí mismo— como un muy grande relámpago en un cuerpo muy pequeño, más bien como un rayo de visión condensado bajo los párpados, y en esta condición avanza hasta el cielo y las estrellas resplandecientes. Y en esta región de la creación se recoge nuevamente bajo los párpados de la visión según lo desea. Ahora bien, la luz de la visión realiza el mismo efecto; pues aunque está en todas partes, y hace visibles todas las cosas, es sin embargo imperceptible para nosotros. Nosotros, no obstante, sólo vemos los párpados de la visión, mientras que los ángulos del ojo, un tejido que es ancho, tortuoso y sumamente fibroso, una membrana de la córnea; y debajo de ésta, la pupila, que tiene forma de baya, es reticular y redonda. Y observamos cualesquiera otras membranas que pertenecen a la luz del ojo, y envueltas en las cuales yace oculta.
    Así, dice el doceta, el Hijo unigénito y eterno de arriba se revistió de una forma para corresponder a cada Eón individual de los tres Eones; y mientras estaba dentro de la triacóntada de Eones, entró en este mundo tal como lo hemos descrito, inadvertido, desconocido, oscuro y descreído. Para que, por tanto, dicen los Docetas, pueda ser revestido con la oscuridad que prevalece en las regiones más distantes de la creación— (ahora por oscuridad entiende) la carne— un ángel viajó con Él desde arriba, y anunció las buenas nuevas a María, dice el doceta, como está escrito. Y el niño de ella nació, como está escrito. Y el que vino de arriba se revistió de aquello que nació; y así hizo todas las cosas, como está escrito de Él en los Evangelios. Se lavó en el Jordán, y cuando fue bautizado recibió una figura y un sello en el agua de otro botín espiritual además del cuerpo nacido de la Virgen. Y el objeto de esto era que, cuando el Arconte condenó su propio figmento peculiar de carne a la muerte, es decir, a la cruz, aquella alma que había sido nutrida en el cuerpo nacido de la Virgen pudiera despojarse de ese cuerpo y clavarlo al árbol maldito. De esta manera el alma triunfaría por medio de este cuerpo sobre principados y potestades, y no sería hallada desnuda, sino que, en lugar de aquella carne, asumiría el otro cuerpo, que había sido representado en el agua cuando estaba siendo bautizado. Esto es, dice el doceta, lo que el Salvador afirma: «A menos que un hombre nazca del agua y del espíritu, no entrará en el reino de los cielos, porque lo que nace de la carne es carne.» [] De los treinta Eones, por tanto, el Hijo asumió treinta formas. Y por esta razón aquel eterno existió durante treinta años en la tierra, porque cada Eón se manifestó de manera peculiar durante su propio año. Y las almas son todas aquellas formas que han sido apresadas por cada uno de los treinta Eones; y cada una de éstas está constituida para discernir a Jesús, que es de una naturaleza similar a la suya. Y fue la naturaleza de este Jesús la que aquel unigénito y eterno asumió de los lugares eternos. Estos lugares, sin embargo, son diversos. En consecuencia, un número proporcionado de herejías, con la mayor emulación, buscan a Jesús. Ahora bien, todas estas herejías tienen su propio Jesús peculiar; pero él es visto diferentemente según el lugar sea diferente hacia el cual, dice, cada alma es llevada y se apresura. Y cada alma supone que el Jesús visto desde su lugar particular es solo aquel Jesús que es su propio pariente y conciudadano peculiar. Y al contemplar por primera vez a este Jesús, el alma lo reconoce como su propio hermano peculiar, pero a los demás como bastardos. Aquellos, entonces, que derivan su naturaleza de los lugares de abajo, no son capaces de ver las formas del Salvador que están por encima de ellos. Aquellos, sin embargo, dice, que son de arriba, de la década intermedia y de la más excelente ogdoada— de donde, dicen los Docetas, somos nosotros— han conocido no en parte, sino enteramente, a Jesús el Salvador. Y aquellos que son de arriba, son los únicos perfectos, pero todos los demás son sólo parcialmente así.

    Capítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos

    VIII, 4

    Estas (declaraciones), por tanto, las considero suficientes para las mentes bien constituidas, a fin de alcanzar el conocimiento de la complicada e inestable herejía de los Docetas. (Pero) quienes han propuesto argumentos ensayados acerca de la Materia inaccesible e incomprensible se han llamado a sí mismos Docetas. Ahora bien, consideramos que algunos de éstos actúan neciamente; no diremos en apariencia, sino en realidad. En todo caso, hemos probado que un rayo procedente de tal materia llega al ojo, por si de algún modo pudieran percibirlo. Si, empero, no lo disciernen, nuestro objeto es que no enceguezcan a otros. Pero el hecho es que los sofistas de los griegos en tiempos antiguos han ideado previamente, en muchos particulares, las doctrinas de estos (Docetas), como es posible que mis lectores (que se tomen el trabajo) comprueben. Éstas, pues, son las opiniones propuestas por los Docetas. En cuanto a cuáles son, asimismo, los dogmas de Monimo, no guardaremos silencio.

    Capítulo 5. Monimo; el hombre es el universo, según Monimo; su sistema de la monada

    VIII, 5

    Monimo el árabe distaba mucho de la gloria del poeta altisonante. (Pues Monimo) supone que existe un hombre tal cual el poeta (llama) Océano, expresándose de algún modo así:—
    «Océano, fuente de dioses y fuente de hombres.»
    Cambiando estos (sentimientos) en otras palabras, Monimo dice que el hombre es el universo. Ahora bien, el universo es la causa originante de todas las cosas, ingénito, incorruptible (y) eterno. Y (dice) que el hijo del hombre anteriormente mencionado es engendrado y está sujeto a pasión, (y) que es generado independientemente del tiempo, (así como) sin designio (y) sin ser predestinado. Pues tal, dice, es la potencia de aquel hombre. Y estando éste constituido así en potencia, (Monimo alega) que el hijo nació más veloz que el pensamiento y la volición. Y esto, dice, es lo que ha sido dicho en las Escrituras: «Él era, y fue engendrado.» Y el significado de esto es: el Hombre era, y su hijo fue engendrado; así como uno puede decir: el fuego era, e independientemente del tiempo, y sin designio, y sin ser predestinado, la luz fue engendrada simultáneamente con la existencia del fuego. Y este hombre constituye una única monada, que es no compuesta e indivisible, (y sin embargo al mismo tiempo) compuesta (y) divisible. (Y esta monada es) en todo respecto amiga (y) en todo respecto pacífica, en todo respecto pendenciera (y) en todo respecto contenciosa consigo misma, desemejante (y) semejante. (Esta monada es asimismo,) por así decirlo, una cierta armonía musical, que comprende todas las cosas en sí misma, cuantas uno puede expresar y puede omitir cuando no las considera; y manifiesta todas las cosas y engendra todas las cosas. Ésta (es) Madre, éste (es) Padre: dos nombres inmortales. Como ilustración, sin embargo, considera, dice, como imagen máxima del hombre perfecto, el único iota — ese único ápice. Y este único ápice es una monada no compuesta, simple y pura, que no deriva su composición de nada en absoluto. (Y sin embargo este ápice es asimismo) compuesto, multiforme, ramificándose en muchas secciones y constando de muchas partes. Ese único ápice indivisible es, dice, un ápice de la letra iota, con muchos rostros, e innumerables ojos, e incontables nombres, y este (ápice) es una imagen de aquel hombre perfecto invisible.

    Capítulo 6. El «Iota» de Monimo; su noción del «Hijo del hombre»

    VIII, 6

    La monada, (es decir,) el ápice único, es, por tanto, dice, también una decada. Pues por la potencia actual de este ápice único se producen la díada, y la tríada, y la tétrada, y la péntada, y la hexada, y la heptada, y la ogdoada, y la enéada, hasta diez. Pues estos números, dice, son capaces de muchas divisiones, y residen en aquel simple y no compuesto ápice único de la iota. Y esto es lo que ha sido declarado: «Plugo a Dios que toda la plenitud habitara corporalmente en el Hijo del hombre.» Pues tales composiciones de números a partir del simple y no compuesto ápice único de la iota se convierten, dice, en realidades corpóreas. El Hijo del hombre, por tanto, dice, ha sido engendrado a partir del hombre perfecto, a quien nadie conoció; toda criatura que ignora al Hijo, sin embargo, se forma una idea de Él como descendencia de una mujer. Y ciertos rayos muy oscuros de este Hijo que se acercan a este mundo refrenan y controlan la alteración (y) la generación. Y la belleza de aquel Hijo del hombre es hasta el presente incomprensible para todos los hombres, cuantos se engañan en lo tocante a la descendencia de la mujer. Por tanto, nada, dice, de cuanto hay en nuestra parte de la creación ha sido producido por aquel hombre, ni jamás lo será algo de ello. Todas las cosas, sin embargo, han sido producidas, no a partir de la totalidad, sino de alguna parte de aquel Hijo del hombre. Pues dice que el Hijo del hombre es una iota en un solo ápice, que procede de arriba, está lleno y repleta por completo todos (los rayos que fluyen de lo alto). Y comprende en sí mismo cuanto posee también el hombre que es Padre del Hijo del hombre.

    VIII, 7

    El mundo, pues, como dice Moisés, fue hecho en seis días, es decir, por seis potencias que (son inherentes) al ápice único de la iota. (Pero) el séptimo (día, que es) un descanso y sábado, ha sido producido a partir de la Hebdomada, que está sobre la tierra, y el agua, y el fuego, y el aire. Y a partir de estos (elementos) el mundo ha sido formado por el ápice único. Pues los cubos, y los octaedros, y las pirámides, y todas las figuras semejantes a éstas, de las cuales constan el fuego, el aire, el agua (y) la tierra, han surgido de números que están comprendidos en aquel simple ápice de la iota. Y este (ápice) constituye un hijo perfecto de un hombre perfecto. Cuando, por tanto, dice, Moisés menciona que la vara fue blandida de modo cambiante para la (introducción de las) plagas por todo Egipto —ahora bien, estas plagas, dice, son símbolos de la creación expresados alegóricamente—, no modeló la vara (como símbolo) para más plagas que diez. Ahora bien, esta (vara) constituye un ápice de la iota, y es (a la vez) doble (y) diverso. Esta sucesión de diez plagas es, dice, la creación mundana. Pues todas las cosas, al ser golpeadas, brotan y llevan fruto, como las vides. El hombre, dice, brota y es separado a la fuerza del hombre al ser cortado por cierto golpe. (Y esto sucede) a fin de que (el hombre) sea engendrado, y declare la ley que Moisés ordenó, el cual la recibió de Dios. Conforme a aquel ápice único, la ley constituye la serie de los diez mandamientos, la cual expresa alegóricamente los divinos misterios de (aquellos) preceptos. Pues, dice, todo conocimiento del universo está contenido en lo que se refiere a la sucesión de las diez plagas y a la serie de los diez mandamientos. Y nadie que se cuente entre los que se engañan acerca de la descendencia de la mujer está familiarizado con este (conocimiento). Si, empero, dices que el Pentateuco constituye la ley entera, ello procede de la Péntada que está comprendida en el ápice único. Pero el todo es para aquellos que no han sido perfeccionados del todo en el entendimiento de un misterio, una fiesta nueva y no anticuada, legal, (y) eterna, una pascua del Señor Dios guardada para nuestras generaciones, por aquellos que son capaces de discernir (este misterio), al comienzo del día catorce, que es el principio de una decada a partir de la cual, dice, hacen el cómputo. Pues la monada, hasta catorce, es el compendio de aquel ápice único del número perfecto. Pues uno, dos, tres, cuatro se convierten en diez; y éste es el ápice único. Pero desde catorce hasta veintiuno, afirma que hay una Hebdomada que inhiere en el ápice único del mundo, y constituye una criatura ázima en todos éstos. Pues, ¿en qué respecto, dice, habría de requerir el ápice único alguna sustancia como la levadura (procedente) de fuera para la Pascua del Señor, la fiesta eterna, que se da por generación tras generación? Pues el mundo entero y todas las causas de la creación constituyen una pascua, es decir, una fiesta del Señor. Pues Dios se regocija en la conversión de la creación, y esto se lleva a cabo por diez golpes del ápice único. Y este (ápice) es la vara de Moisés, que fue dada por Dios en la mano de Moisés. Y con esta (vara, Moisés) golpea a los egipcios, con el propósito de alterar cuerpos—como, por ejemplo, agua en sangre; y el resto de las cosas (materiales) de manera semejante a éstos—(como, por ejemplo,) la langosta, que es un símbolo de hierba. Y con esto quiere decir la alteración de los elementos en carne; «pues toda carne,» dice, «es hierba.» [] Estos hombres, no obstante, reciben aun la ley entera de alguna manera semejante; adoptando muy probablemente, según pienso, las opiniones de aquellos griegos que afirman que existen Sustancia, y Cualidad, y Cantidad, y Relación, y Lugar, y Tiempo, y Posición, y Acción, y Posesión, y Pasión.

    Capítulo 8

    Monimo explica sus opiniones en una carta a Teofrasto; dónde hallar a Dios; su sistema derivado de Pitágoras

    VIII, 8

    El propio Monimo, en consecuencia, en su carta a Teofrasto, hace expresamente la siguiente declaración: «Omitiendo buscar a Dios, y la creación, y cosas semejantes a éstas, búscalo a Él partiendo de ti mismo, y aprende quién es el que absolutamente se apropia (para Sí) todas las cosas en ti, y dice: 'Mi Dios (es) mi mente, mi entendimiento, mi alma, mi cuerpo.' Y aprende de dónde proceden la tristeza, y la alegría, y el amor, y el odio, y la vigilia involuntaria, y la somnolencia involuntaria, y la ira involuntaria, y el afecto involuntario; y si,» dice, «investigas con precisión estos (puntos), descubrirás (a Dios) Él mismo, unidad y pluralidad, en ti mismo, según aquel ápice, y que Él halla que la salida (para la Deidad) procede de ti mismo.» Esos (herejes), pues, (han hecho) estas (declaraciones). Pero no tenemos ninguna necesidad de comparar tales (doctrinas) con lo que previamente ha sido objeto de meditación por parte de los griegos, puesto que las afirmaciones aducidas por estos (herejes) derivan evidentemente su origen del arte geométrico y aritmético. Los discípulos, sin embargo, de Pitágoras expusieron este (arte) según un método más excelente, como pueden comprobar nuestros lectores consultando aquellos pasajes (de nuestra obra) en los que previamente hemos ofrecido exposiciones de toda la sabiduría de los griegos. Pero puesto que la herejía de Monimo ha sido suficientemente refutada, veamos cuáles son las doctrinas ficticias que también los demás (de estos herejes) idean, en su deseo de erigir para sí un nombre vacío.

    Capítulo 9. Tatiano

    VIII, 9

    Tatiano, sin embargo, aunque fue él mismo discípulo de Justino el Mártir, no sostuvo opiniones semejantes a las de su maestro. Sino que intentó (establecer) ciertos (dogmas) novedosos, y afirmó que existían ciertos Eones invisibles. Y urdió un relato legendario (de ellos), de manera semejante a los (mencionados) por Valentín. Y de manera semejante a Marción, afirma que el matrimonio es destrucción. Pero alega que Adán no es salvo por haber sido él el autor de la desobediencia. Y hasta aquí en cuanto a las doctrinas de Tatiano.

    Capítulo 10

    Hermógenes; adopta la filosofía socrática; su noción acerca del nacimiento y del cuerpo de nuestro Señor

    VIII, 10

    Pero un tal Hermógenes, imaginando él también que proponía alguna opinión novedosa, dijo que Dios hizo todas las cosas a partir de materia coetánea e ingenerada. Pues era imposible que Dios pudiera hacer cosas generadas a partir de cosas que no son. Y que Dios es siempre Señor, y siempre Creador, y la materia siempre una sustancia subordinada, y aquello que va asumiendo fases de ser— no, empero, la totalidad de ella. Pues cuando era movida continuamente de manera tosca y desordenada, Él la redujo al orden mediante el siguiente expediente. Mientras la contemplaba en condición hirviente, como (el contenido de) una olla cuando arde un fuego debajo, efectuó una separación parcial. Y tomando una porción del todo, la sometió, pero permitió que otra fuera agitada de manera desordenada. Y afirma que lo que fue sometido es el mundo, pero que otra porción permanece salvaje y es denominada materia caótica. Afirma que ésta constituye la sustancia de todas las cosas, como si introdujera un dogma novedoso para sus discípulos. No advierte, sin embargo, que esto resulta ser el discurso socrático, el cual (en efecto) es elaborado más detalladamente por Platón que por Hermógenes. Reconoce, sin embargo, que Cristo es el Hijo del Dios que creó todas las cosas; y junto con (esta admisión), confiesa que nació de una virgen y del Espíritu, conforme a la voz de los Evangelios. Y (Hermógenes sostiene que Cristo), después de su pasión, fue resucitado en un cuerpo, y que se apareció a sus discípulos, y que al subir al cielo dejó su cuerpo en el sol, pero que Él mismo prosiguió hasta el Padre. Ahora bien, (Hermógenes) recurre a un testimonio, pensando apoyarse en lo que está dicho, a saber, lo que dice el salmista David: «En el sol ha puesto su tabernáculo, y él mismo (es) como un esposo que sale de su cámara nupcial, (y) se regocijará como un gigante para recorrer su carrera.» Éstas, pues, son las opiniones que también Hermógenes intentó establecer.

    Capítulo 11. Los cuartodecimanos

    VIII, 11

    Y algunos otros (herejes), contenciosos por naturaleza, (y) enteramente desinformados en cuanto al conocimiento, y además en su manera más pendencieros (de lo habitual), sostienen conjuntamente (que) la Pascua debe guardarse en el día catorce del primer mes, conforme al mandamiento de la ley, en cualquier día (de la semana) en que ocurra. (Pero en esto) sólo atienden a lo que está escrito en la ley: que será maldito quien no guarde así (el mandamiento) como está prescrito. No atienden, sin embargo, a este (hecho): que la disposición legal fue hecha para los judíos, quienes en tiempos venideros habrían de matar la verdadera Pascua. Y este (sacrificio pascual, en su eficacia,) se ha extendido a los gentiles, y es discernido por la fe, y ya no se observa en la letra (meramente). Atienden a este único mandamiento, y no miran a lo que ha sido dicho por el apóstol: «Pues testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.» [] En otros respectos, no obstante, éstos consienten en todas las tradiciones transmitidas a la Iglesia por los Apóstoles.

    Capítulo 12. Los montanistas; Priscila y Maximila, sus profetisas; algunos de ellos noetianos

    VIII, 12

    Pero hay otros que son ellos mismos aún más heréticos por naturaleza (que los anteriores), y son frigios de nacimiento. Éstos han sido hechos víctimas del error por haber sido previamente cautivados por dos mujeres miserables, llamadas una tal Priscila y Maximila, a quienes suponían profetisas. Y afirman que a éstas había venido el Espíritu Paráclito; y con anterioridad a ellas, consideran de manera semejante a Montano como profeta. Y estando en posesión de un número infinito de sus libros, (los Frigios) están desbordados por el engaño; y no juzgan cualesquiera afirmaciones que éstas hagan, según (el criterio de) la razón; ni prestan atención a quienes son competentes para decidir; sino que son arrastrados adelante de manera incauta, por la confianza que depositan en estas (impostoras). Y alegan que han aprendido algo más a través de éstas que de la ley, y de los profetas, y de los Evangelios. Pero engrandecen a estas mujeres miserables por encima de los Apóstoles y de todo don de la gracia, de modo que algunos de ellos se atreven a afirmar que hay en ellas algo superior a Cristo. Éstos reconocen que Dios es el Padre del universo y Creador de todas las cosas, de manera semejante a la Iglesia, y (reciben) cuantas cosas atestigua el Evangelio acerca de Cristo. Introducen, sin embargo, las novedades de ayunos, y fiestas, y comidas de alimentos tostados, y banquetes de rábanos, alegando que han sido instruidos por mujeres. Y algunos de éstos asienten a la herejía de los noetianos, y afirman que el Padre mismo es el Hijo, y que éste (uno) estuvo sometido a generación, y sufrimiento, y muerte. Acerca de éstos ofreceré de nuevo una explicación, de manera más minuciosa; pues la herejía de éstos ha sido ocasión de males para muchos. Somos, por tanto, de la opinión de que las afirmaciones hechas acerca de estos (herejes) son suficientes cuando hayamos probado brevemente a todos que la mayoría de sus libros son necios, y sus intentos (de razonamiento) débiles, y dignos de ninguna consideración. Pero no es necesario que quienes poseen una mente sana presten atención (ni a sus volúmenes ni a sus argumentos).

    Capítulo 13. Las doctrinas de los encratitas

    VIII, 13

    Otros, sin embargo, que se llaman a sí mismos encratitas, reconocen algunas cosas acerca de Dios y de Cristo de manera semejante a la Iglesia. Sin embargo, en cuanto a su modo de vida, pasan sus días hinchados de orgullo. Suponen que por las comidas se engrandecen, al abstenerse de alimento animal, beber agua, prohibir el matrimonio y entregarse el resto de la vida a hábitos de ascetismo. Pero las personas de esta condición son tenidas por cínicos más bien que por cristianos, en cuanto que no atienden a las palabras dichas contra ellos por el apóstol Pablo. Ahora bien, él, prediciendo las novedades que ciertos (herejes) introducirían después en vano, hizo una declaración así: «El Espíritu dice expresamente: En los últimos tiempos algunos se apartarán de la sana doctrina, prestando atención a espíritus seductores y doctrinas de demonios, que profieren mentiras con hipocresía, teniendo cauterizada su propia conciencia, prohibiendo casarse, mandando abstenerse de alimentos que Dios creó para ser participados con acción de gracias por los fieles y por los que conocen la verdad; porque toda criatura de Dios es buena, y nada hay que desechar si se recibe con acción de gracias; pues es santificado por la palabra de Dios y la oración.» [] Esta voz, pues, del bienaventurado Pablo, es suficiente para la refutación de los que viven de esta manera y se jactan de ser justos; y para probar que también este (dogma de los encratitas) constituye una herejía. Pero aunque se han denominado otras herejías —quiero decir las de los cainitas, ofitas, o noaquitas, y otras de esta descripción— no he considerado necesario explicar lo dicho o hecho por éstos, no sea que por ello se consideren a sí mismos alguien, o dignos de consideración. Sin embargo, puesto que lo dicho acerca de éstos parece ser suficiente, pasemos a la causa de los males para todos, (a saber,) la herejía de los noetianos. Ahora, después de que hayamos puesto al descubierto la raíz de esta (herejía), y estigmatizado abiertamente el veneno, por así decir, que en ella acecha, procuremos disuadir de un error de esta descripción a quienes han sido impelidos a él por un espíritu violento, como por un torrente desbordado.
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