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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
  9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 4
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnos
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. La dualidad de sustancias de Pitágoras; sus «Categorías»
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 22. Las «Sentencias» de Pitágoras
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. La doctrina de la díada puesta como fundamento del sistema de emanación de los Eones de Valentín
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 27. Explicación de Valentín sobre la existencia de Jesús; el poder de Jesús sobre la humanidad
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 5 minCapítulo 30
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 37
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 6 minLibro VII
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 8. Basílides e Isidoro alegan sanción apostólica para sus sistemas; en realidad siguen a Aristóteles
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 11. El «Gran Arconte» de Basílides
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 15
  61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
  62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
  63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
  64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 21. El sistema de Cerinto acerca de Cristo
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
  66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
  67. Sesión 67 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos
  68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
  69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
  71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
  72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
  73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
  74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
  75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
  76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 19. Las doctrinas de los esenios (continuación)
  77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 23. Otra secta de los esenios: los fariseos
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
  80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
  81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
  82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
  83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
  84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 22. Los Frigios o Montanistas. Continuación
  85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

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    TEXTOS — HIPÓLITO DE ROMA

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    Refutación de todas las herejías

    Siglo III · Traducción castellana directa de la versión inglesa de MacMahon (Ante-Nicene Fathers)37 minPosición: 0% de esta parteParte 8 de 12 · Capítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de PlatónPublicado el Actualizado el Ref. ESC-HIP-02

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
    9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
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    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
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    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
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    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
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    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
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    63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
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    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
    66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
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    68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
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    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
    71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
    72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
    73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
    74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
    75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
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    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
    80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
    81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
    82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
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    85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

    Capítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón

    VI, 32

    Creo que la herejía de Valentín, que es de (origen) pitagórico, ha sido suficientemente, incluso más que suficientemente, delineada. Por lo tanto, parece también conveniente que, habiendo explicado sus opiniones, desistamos de (ulteriores) refutaciones (de su sistema). Platón, pues, al exponer los misterios acerca del universo, escribe a Dionisio expresándose de alguna manera como esta: «Debo hablarte por enigmas, para que, si la carta sufriera algún accidente en sus hojas por mar o por tierra, el que lea (lo que caiga en sus manos) no la entienda. Pues así es. Todas las cosas están en torno al Rey de todo, y por causa suya son todas las cosas, y él es causa de todos los gloriosos (objetos de la creación). Lo segundo es acerca de lo segundo, y lo tercero acerca de lo tercero. Pero en lo que atañe al Rey no hay ninguna de aquellas cosas de las que he hablado. Mas después de esto el alma desea ardientemente aprender cuáles son estas, mirando las cosas que le son afines, y ninguna de ellas es (en sí misma) suficiente. Esta es, oh hijo de Dionisio y Doris, la cuestión (tuya) que es causa de todos los males. No, sino que más bien la solicitud acerca de esto es innata en el alma; y si uno no la aparta, jamás alcanzará realmente la verdad. Pero lo asombroso en este asunto, escucha. Pues hay hombres que han oído estas cosas— (hombres) dotados de capacidad para aprender, y dotados de capacidad de memoria, y personas que en todo sentido están dotadas de una aptitud para la indagación con miras a la inferencia. (Estos son) en la actualidad especuladores envejecidos. Y afirman que opiniones que en un tiempo fueron creíbles son ahora increíbles, y que cosas una vez increíbles son ahora lo contrario. Mientras, pues, vuelves el ojo del examen hacia estas (indagaciones), ejercita la cautela, no sea que en algún momento tengas motivo para arrepentirte en lo tocante a esas cosas, si acontecieran de manera indigna de tu dignidad. Por esta causa no he escrito nada acerca de estos (puntos); ni hay tratado alguno de Platón (sobre ellos), ni jamás lo habrá. Las observaciones, empero, ahora hechas son las de Sócrates, conspicuo por su virtud incluso cuando era joven.»
    Valentín, encontrando estas (observaciones), ha hecho un principio fundamental en su sistema «el Rey de todo,» a quien Platón mencionó, y a quien este heresiarca denomina Padre, y Bythos, y Proarca sobre el resto de los Eones. Y cuando Platón usa las palabras, «lo que es segundo acerca de las cosas que son segundas,» Valentín supone que son segundos todos los Eones que están dentro del límite (del Pléroma, así como) el límite (mismo). Y cuando Platón usa las palabras, lo que es tercero acerca de lo que es tercero, él ha (constituido como tercero) la totalidad de la disposición (existente) fuera del límite y del Pléroma. Y Valentín ha elucidado esta (disposición) muy sucintamente, en un salmo que comienza desde abajo, no como Platón, desde arriba, expresándose así: «Contemplo todas las cosas suspendidas en el aire por el espíritu, y percibo todas las cosas impulsadas por el espíritu; la carne (veo) suspendida del alma, pero el alma brillando desde el aire, y el aire dependiendo del Éter, y los frutos producidos desde Bythus, y el feto llevado desde el seno.» Así (Valentín) formó su opinión sobre tales (puntos). La carne, según estos (herejes), es materia que está suspendida del alma del Demiurgo. Y el alma brilla desde el aire; es decir, el Demiurgo emerge del espíritu, (que está) fuera del Pléroma. Pero el aire brota del Éter; es decir, Soía, que está fuera (del Pléroma, es proyectada del Pléroma) que está dentro del límite, y (de) todo el Pléroma (en general). Y desde Bythus se producen frutos; (es decir,) toda la proyección de los Eones se hace desde el Padre. Las opiniones, pues, propuestas por Valentín han sido suficientemente declaradas. Nos queda explicar las doctrinas de aquellos que han emanado de su escuela, aunque cada adherente (de Valentín) sostiene opiniones diferentes.

    Capítulo 33. Sistema de Eones de Secundo; Epífanes; Ptolomeo

    VI, 33

    Un cierto hereje Secundo, nacido aproximadamente al mismo tiempo que Ptolomeo, se expresa así: (dice) que hay una tétrada derecha y una tétrada izquierda, a saber, luz y oscuridad. Y afirma que la potencia que se retiró y padeció deficiencia no fue producida de los treinta Eones, sino de los frutos de estos. Otro hereje, sin embargo —Epífanes, un maestro entre ellos—, se expresa así: «El primer principio originante era inconcebible, inefable e innominable;» y a este lo llama Monotes. Y sostiene que con este principio coexiste una potencia a la que denomina Henotes. Este Henotes y este Monotes, no por proyección (de sí mismos), enviaron un principio que debía presidir sobre todos los inteligibles; y este era a la vez ingénito e invisible, y lo llama Mónada. «Con esta potencia coexiste una potencia de la misma esencia, a la cual misma llamo Unidad. Estas cuatro potencias enviaron el resto de las proyecciones de los Eones.» Pero otros, a su vez, denominan a la Ogdoada principal y originante, que es la cuarta e invisible, con los siguientes nombres: primero, Proarca; luego, Anennoeto; tercero, Árrhetos; y cuarto, Aoratos. Y que del primero, Proarca, fue proyectada, por un primer y quinto lugar, Arca; y de Anennoeto, por un segundo y sexto lugar, Acatalepto; y de Árrhetos, por un tercer y séptimo lugar, Anónomastos; y de Aoratos, Ageneto, complemento de la primera Ogdoada. Quieren que estas potencias existan antes que Bitos y Sigé. Sin embargo, acerca de Bitos mismo, hay muchas opiniones diferentes. Unos afirman que no está desposado, ni es varón ni hembra; pero otros sostienen que Sigé, que es hembra, está presente con él, y que esto constituye la primera unión conyugal.
    Pero los seguidores de Ptolomeo afirman que (Bitos) tiene dos esposas, a las que llaman igualmente disposiciones, a saber, Ennoia y Thelesis (concepción y volición). Pues primero se concibió la noción de proyectar algo; después siguió, como dicen, la voluntad de hacerlo. Por lo cual también estas dos disposiciones y potencias —a saber, Ennoia y Thelesis—, estando, por así decirlo, mezcladas una con otra, se siguió una proyección de Monogenes y Aletheia por medio de una unión conyugal. Y la consecuencia fue que tipos e imágenes visibles de aquellas dos disposiciones del Padre salieron de los (Eones) invisibles, a saber, de Thelema, Nous, y de Ennoia, Aletheia. Y por esta razón la imagen del Thelema generado posteriormente es (la de un) varón; pero (la imagen) de la Ennoia ingénita es (la de una) hembra, puesto que la volición es, por así decirlo, una potencia de concepción. Pues la concepción siempre acariciaba la idea de una proyección, aunque no era capaz por sí misma al menos de proyectarse, sino que acariciaba la idea (de hacerlo). Sin embargo, cuando la potencia de la volición (estuviera presente), entonces proyecta la idea que había sido concebida.

    Capítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística

    VI, 34

    Un cierto otro maestro entre ellos, Marcos, versado en hechicería, llevando a cabo operaciones en parte por juegos de manos y en parte por demonios, engañó a muchos de vez en cuando. Este hereje alegaba que residía en él la más poderosa potencia de lugares invisibles e innominables. Y muy a menudo, tomando la copa, como si ofreciera la oración eucarística, y prolongando más de lo acostumbrado la palabra de invocación, hacía aparecer una mezcla púrpura, y a veces roja, de modo que sus víctimas engañadas imaginaban que cierta Gracia descendía y comunicaba a la poción una potencia de color sangre. El bribón, sin embargo, logró en aquel tiempo escapar de ser descubierto por muchos; pero ahora, convicto del fraude, se verá forzado a desistir de ello. Pues, infundiendo secretamente en la mezcla alguna droga que poseía el poder de impartir tal color (como el aludido arriba), profiriendo durante un tiempo considerable expresiones sin sentido, solía esperar, con la expectativa de que la droga, obteniendo suministro de humedad, se disolviera y, mezclada con la poción, le impartiera su color. Sin embargo, las drogas que poseen la cualidad de producir este efecto las hemos mencionado previamente en el libro sobre los magos. Y aquí hemos aprovechado la ocasión para explicar cómo engañan a muchos y los arruinan por completo. Y si les resultara agradable prestar atención con mayor exactitud a la afirmación hecha por nosotros, se darán cuenta del engaño de Marcos.

    Capítulo 35. Otros actos de prestidigitación por parte de Marcos

    VI, 35

    Y este Marcos, infundiendo la mezcla (antedicha) en una copa más pequeña, solía entregarla a una mujer para que ofreciera la oración eucarística, mientras él mismo permanecía de pie y sostenía en su mano otro (cáliz) vacío más grande que aquella. Y después de que su víctima femenina había pronunciado la frase de la Consagración, habiendo recibido de ella la copa, procedía a infundir su contenido en el cáliz más grande, y, vertiéndolo frecuentemente de una copa a la otra, acostumbraba al mismo tiempo proferir la siguiente invocación: «Concede que la Gracia inconcebible e inefable que existió antes del universo llene vuestro hombre interior, y haga abundar en vosotros el conocimiento de esta gracia, así como Ella disemina la semilla del árbol de mostaza sobre la buena tierra.» Y pronunciando simultáneamente palabras como estas, y asombrando tanto a su víctima femenina como a los presentes, era considerado como uno que realizaba un milagro; mientras el cáliz más grande se llenaba desde el más pequeño, de tal manera que el contenido, siendo sobreabundante, se derramaba. Y el artificio de este prestidigitador lo hemos explicado asimismo en el susodicho libro cuarto, donde hemos probado que muchísimas drogas, cuando se mezclan de esta manera con sustancias líquidas, están dotadas de la cualidad de producir aumento, más particularmente cuando se diluyen en vino. Ahora bien, cuando uno de estos impostores unta de antemano, de manera clandestina, una copa vacía con una de estas drogas, y la muestra a los espectadores como si no contuviera nada, al infundir en ella el contenido de la otra copa y verterlo de nuevo, la droga, como es de naturaleza flatulenta, se disuelve al mezclarse con la sustancia húmeda. Y el efecto de esto era que se producía una sobreabundancia de la mezcla, y se aumentaba tanto que lo infundido se ponía en movimiento, siendo tal la naturaleza de la droga. Y si uno guarda el cáliz una vez lleno, lo que se ha vertido en él volverá al cabo de no mucho tiempo a sus dimensiones naturales, en cuanto que la potencia de la droga se extingue por razón de la continuidad de la humedad. Por lo cual solía presentar apresuradamente la copa a los presentes para que bebieran; pero ellos, horrorizados al mismo tiempo y ansiosos por probar el contenido de la copa, procedían a beber la mezcla, como si fuera algo divino y dispuesto por la Deidad.

    Capítulo 36. Prácticas heréticas de los marcosianos respecto del bautismo

    VI, 36

    Tales y otros trucos intentó realizar este impostor. Y así fue engrandecido por sus víctimas engañadas, y a veces se suponía que profería predicciones. Pero a veces intentaba hacer que otros profetizaran, en parte por demonios que realizaban estas operaciones, y en parte practicando juegos de manos, como hemos dicho previamente. Engañando, pues, a las multitudes, condujo a muchos engañados de esta clase que se habían hecho sus discípulos a cometer enormidades, enseñándoles que eran propensos, sin duda, al pecado, pero que estaban fuera del alcance del peligro, por el hecho de pertenecer a la potencia perfecta y de ser partícipes de la potencia inconcebible. Y después del primer bautismo, a estos les prometen otro, al que llaman Redención. Y con este otro bautismo pervierten inicuamente a los que permanecen con ellos en expectativa de redención, como si personas que una vez han sido bautizadas pudieran obtener de nuevo la remisión. Ahora bien, mediante tal picardía parecen retener a sus oyentes. Y cuando consideran que estos han sido probados y que son capaces de guardar en secreto los misterios que se les han encomendado, entonces los admiten a este bautismo. Sin embargo, no se contentan con esto solo, sino que prometen a sus devotos algún otro beneficio con el propósito de confirmarlos en la esperanza, a fin de que sean adherentes inseparables de su secta. Pues profieren algo con un tono de voz inexpresable, después de haber impuesto las manos sobre el que recibe la redención. Y alegan que no podrían declarar fácilmente a otro lo que así se dice, a menos que uno esté altamente probado, o que uno esté en la hora de la muerte, cuando el obispo viene y lo susurra al oído del moribundo. Y este artificio picaresco se emprende con el propósito de asegurar la asistencia constante de los discípulos de Marcos ante el obispo, como individuos que anhelan ardientemente aprender qué puede ser aquello que se dice al final, por el conocimiento de lo cual el discípulo será elevado al rango de los admitidos en los misterios superiores. Y respecto de estas cosas he guardado silencio por esta razón, no sea que en algún momento alguien suponga que yo he sido culpable de menospreciar a estos herejes. Pues esto no entra en el ámbito de nuestra presente obra, salvo en la medida en que pueda contribuir a probar de qué fuente han derivado los herejes el punto de apoyo desde el cual han aprovechado la ocasión para introducir las opiniones que ellos proponen.

    Capítulo 37

    El sistema de Marcos explicado por Ireneo; la visión de Marcos; la visión de Valentín que le revela su sistema

    VI, 37

    Pues también el bienaventurado presbítero Ireneo, habiendo abordado el tema de una refutación con espíritu más libre, ha explicado tales lavados y redenciones, exponiendo más a modo de un resumen aproximado cuáles son sus prácticas. (Y parece que algunos de los marcosianos,) al encontrarse con la obra de Ireneo, niegan haber recibido así (la palabra secreta recién aludida), pero han aprendido que siempre deben negar. Por lo cual nuestra ansiedad ha sido investigar con más exactitud y descubrir minuciosamente cuáles son las instrucciones que transmiten en el caso del primer baño, denominándolo con algún nombre semejante; y en el caso del segundo, al que llaman Redención. Pero ni siquiera este secreto suyo ha escapado a nuestro escrutinio. No obstante, en cuanto a estas opiniones, consentimos en perdonar a Valentín y a su escuela.
    Pero Marcos, imitando a su maestro, finge también él una visión, imaginando que de esta manera sería engrandecido. Pues Valentín alega asimismo que había visto a un niño recién nacido; y preguntando a este niño, procedió a inquirir quién podría ser. Y el niño respondió diciendo que él mismo es el Verbo, y luego añadió una suerte de leyenda trágica; y de esta quiere Valentín que consista la herejía por él intentada. Marcos, haciendo un intento similar con este hereje, afirma que la Tetrada vino a él en forma de mujer —puesto que el mundo no podía soportar, dice, la forma masculina de esta Tetrada—, y que ella le reveló quién era, y explicó a este Marcos solo la generación del universo, la cual nunca había revelado a nadie, ni de dioses ni de hombres, expresándose de este modo: Cuando primero el Padre autoexistente, Aquel que es inconcebible y sin sustancia, Aquel que no es ni varón ni hembra, quiso que Su propia inefabilidad se realizara en algo hablado, y que Su invisibilidad se realizara en forma, abrió Su boca y envió un Verbo semejante a Sí mismo. Y este Verbo estuvo junto a Él, y le mostró quién era él, a saber, que él mismo se había manifestado como una realización en forma del Invisible. Y la pronunciación del nombre fue de la siguiente descripción. Acostumbraba proferir la primera palabra del nombre mismo, que era Arca, y la sílaba de esta se componía de cuatro letras. Luego añadió la segunda sílaba, y esta también se componía de cuatro letras. Después profirió la tercera sílaba, que se componía de diez letras; y profirió la cuarta sílaba, y esta se componía de doce letras. Luego sobrevino la pronunciación del nombre entero, compuesto de treinta letras, pero de cuatro sílabas. Y cada uno de los elementos tenía sus propias letras peculiares, su propia forma peculiar y su propia pronunciación peculiar, así como figuras e imágenes. Y no había ninguno de estos que contemplara la forma de aquella letra de la cual este era elemento. Y por supuesto ninguno de ellos podía conocer la pronunciación de la letra siguiente a esta, sino solo como él mismo la pronuncia, y de tal manera que, al pronunciar la palabra entera, suponía que estaba profiriendo el nombre completo. Pues a cada uno de estos elementos, siendo parte del nombre entero, lo denomina según su propio sonido peculiar, como si fuera el todo de la palabra. Y no cesa de sonar hasta llegar a la última letra del último elemento, y la profiere en una sola articulación. Luego dijo que la restauración del todo sobrevenía cuando todos los elementos, descendiendo a la una letra, sonaban una misma pronunciación, y suponía que existía una imagen de la pronunciación cuando proferimos simultáneamente la palabra Amén. Y que estos sonidos son los que dieron forma al Eón insustancial e ingénito, y que aquellas formas son lo que el Señor declaró que son ángeles —las formas que contemplan sin cesar el rostro del Padre.

    Capítulo 38. El sistema de letras de Marcos

    VI, 38

    Pero los nombres genéricos y expresados de los elementos los llamó Eones, Verbos, Raíces, Semillas, Pléromas y Frutos. (Y sostiene) que cada uno de estos, y lo que era peculiar a cada uno, se percibe como contenido en el nombre de «Ekklesía». Y la letra final del último elemento envió su propia articulación peculiar. Y el sonido de esta letra salió y produjo, según las imágenes de los elementos, sus propios elementos peculiares. Y de estos dice que las cosas existentes aquí fueron adornadas, y las cosas antecedentes a estas fueron producidas. La letra misma ciertamente, cuyo sonido era concomitante con el sonido de abajo, dice, fue recibida arriba por su propia sílaba en el complemento del nombre entero; pero que el sonido, como arrojado fuera, permaneció abajo. Y que el elemento mismo, del cual la letra junto con su propia pronunciación descendió abajo, dice, se compone de treinta letras, y que cada una de las treinta letras contiene en sí misma otras letras, mediante las cuales se nombra el título de la letra. Y de nuevo, que las otras letras son nombradas por letras diferentes, y las restantes por otras aún diferentes. De modo que, escribiendo las letras individualmente, el número resultaría en infinito. De esta manera se puede entender más claramente lo que se dice. El elemento Delta, dice, tiene cinco letras en sí mismo, a saber, Delta, Épsilon, Lambda, Tau y Alfa; y estas mismas letras se escriben mediante otras letras. Si, por tanto, la sustancia entera de la Delta resulta en infinito, y si letras diferentes producen invariablemente letras diferentes y se suceden unas a otras, ¡cuánto más enorme que aquel elemento es el mar de las letras! Y si una letra es así infinita, ¡he aquí la profundidad de las letras del nombre entero, de las cuales la paciente industria, no, más bien diría, la vana fatiga de Marcos quiere que consista el Progenitor de las cosas! Por lo cual también sostiene que el Padre, que sabía que era inseparable de Sí mismo, dio esta profundidad a los elementos, a los que igualmente denomina Eones. Y profirió en voz alta a cada uno de ellos su propia pronunciación peculiar, por el hecho de que uno no podía pronunciar el todo.

    Capítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»

    VI, 39

    Y (Marcos alega) que la Tétrada, después de haber explicado estas cosas, habló así: «Ahora, deseo también mostrarte a la Verdad misma, pues la he traído desde las mansiones de arriba, para que la contemples desnuda, y te familiarices con su belleza; es más, también para que la oigas hablar, y admires su sabiduría. Observa,» dice la Tétrada, «pues, primero, la cabeza arriba, Alfa (y O larga); el cuello, B y P [si]; los hombros, junto con las manos, G y C [hi]; los pechos, Delta y P [hi]; el diafragma, Eu; el vientre, Z y T; pudenda, Eta y S; los muslos, T [h] y R; las rodillas, Ip; las pantorrillas, Ko; los tobillos, Lx [si]; los pies, M y N.» Este es el cuerpo de la Verdad, según Marcos. Esta es la figura del elemento; este, el carácter de la letra. Y a este elemento lo llama Hombre, y afirma que es la fuente de toda palabra, y el principio originante de todo sonido, y la realización en el habla de todo lo que es inefable, y una boca de silencio taciturno. Y este es el cuerpo de (la Verdad) misma. Pero tú, elevando en alto la potencia conceptiva del entendimiento, oye de la boca de la Verdad (el) Logos, que es Autogenerador y Progenitor.

    Capítulo 40. El Nombre de Cristo Jesús

    VI, 40

    Pero, después de proferir estas palabras, (Marcos detalla) que la Verdad, mirándolo, y abriendo su boca, habló el discurso (aludido). Y (nos dice) que el discurso se convirtió en un nombre, y que el nombre era aquel que conocemos y pronunciamos, a saber, Cristo Jesús, y que tan pronto como hubo nombrado este (nombre) permaneció en silencio. Mientras Marcos, sin embargo, esperaba que ella fuera a decir más, la Tétrada, avanzando de nuevo al medio, habla así: Tuviste por despreciable este discurso que has oído de la boca de la Verdad. Y sin embargo, esto que conoces y que desde hace tiempo pareces poseer no es el nombre; pues solo tienes el sonido de él, pero ignoras la potencia. Porque Jesús es un nombre notable, que tiene seis letras, invocado por todos los que pertenecen a los llamados (de Cristo); mientras que el otro (nombre, es decir, Cristo,) consta de muchas partes, y está entre los (cinco) Eones del Pléroma. (Este nombre) es de otra forma y de un tipo diferente, y es reconocido por aquellas existencias que son connaturales con él, y cuyas magnitudes subsisten con él continuamente.

    Capítulo 41. Interpretación mística del alfabeto según Marcos

    VI, 41

    Sabe, (pues,) que estas letras que entre vosotros son (contadas como) veinticuatro, son emanaciones de las tres potencias, y son representativas de aquellas (potencias) que abarcan incluso el número entero de los elementos. Pues supón que hay algunas letras mudas — nueve de ellas — de Pater y Aletheia, por el hecho de que estas son mudas — es decir, inefables e indecibles. Y (de nuevo, asume) que hay otras (letras que son) semivocales — ocho de ellas — del Logos y de Zoe, por el hecho de que estas son intermedias entre consonantes y vocales, y reciben la emanación de las (letras) que están por encima de ellas, pero el reflujo de las que están por debajo de ellas. Y (asimismo da por supuesto) que hay vocales — y estas son siete — de Anthropos y Ekklesía, en cuanto la voz de Anthropos salió, y dio forma a las (cosas del) universo. Pues el sonido de la voz produjo la figura, y las revistió con ella. De esto se sigue que hay Logos y Zoe, que tienen ocho (semivocales); y Anthropos y Ekklesía, que tienen siete (vocales); y Pater y Aletheia, que tienen nueve (mudas). Pero por el hecho de que al Logos le faltaba (uno para ser una ogdoada), el que está en el Padre fue removido (de su asiento a la diestra de Dios), y descendió (a la tierra). Y fue enviado (por el Padre) a aquel de quien había sido separado, para la rectificación de las acciones que se habían cometido. (Y su descenso tuvo lugar) para que el proceso unificador, que es inherente a Agathos, de los Pléromas, produjera en todos la potencia única que emana de todos. Y así, el que es de las siete (vocales) adquirió la potencia de las ocho (semivocales); y se produjeron tres [topoi], correspondientes a los (tres) números (nueve, siete y ocho) — (siendo estas [topoi] ) ogdoadas. Y estos tres, sumados el uno al otro, exhibieron el número de las veinticuatro (letras). Y (sostiene), por supuesto, que los tres elementos — (los cuales él mismo afirma que están (aliados) con las tres potencias por unión conyugal, y que (por este estado de dualidad) se convierten en seis, y de los cuales han emanado los veinticuatro elementos — al ser hechos cuádruples por la palabra inefable de la Tétrada, producen el mismo número (veinticuatro) que estos. Y estos, dice, pertenecen a Anónomastos. Y (afirma) que estos son conducidos por las seis potencias a una semejanza con Aoratos. Y (dice) que hay seis letras dobles de estos elementos, imágenes de imágenes, las cuales, contadas junto con las veinticuatro letras, producen, por una potencia analógica, el número treinta.

    Capítulo 42. Su sistema aplicado a explicar la vida y muerte de Nuestro Señor

    VI, 42

    Y dice, como resultado de este cómputo y de aquella proporción, que en la semejanza de una imagen apareció Aquel que después de los seis días subió Él mismo al monte como cuarta persona, y se convirtió en la sexta. Y (afirma) que Él (asimismo) descendió y fue retenido por la Hebdomada, y así se convirtió en una ilustre Ogdoada. Y contiene en Sí mismo el número entero de los elementos que manifestó, al venir a su bautismo. (Y el símbolo de la manifestación fue) el descenso de la paloma, que es Omega y Alfa, y que por el número manifestado (por estas es) 801. Y por esta razón (sostiene) que Moisés dice que el hombre fue creado en el sexto día. Y (afirma) que la dispensación del sufrimiento (tuvo lugar) en el sexto día, que es la preparación; (y así fue) que en este (día) apareció el último hombre para la regeneración del primer hombre. Y que el principio y fin de esta dispensación es la sexta hora, en la que Él fue clavado al (maldito) árbol. Pues (dice) que el Nous perfecto, sabiendo que el número séxtuplo está dotado del poder de producción y regeneración, manifestó a los hijos de la luz la regeneración que había sido introducida en este número por aquel ilustre que había aparecido. De donde también dice que las letras dobles implican el número notable. Pues el número ilustre, entremezclado con los veinticuatro elementos, produjo el nombre (que consta) de las treinta letras.

    Capítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos

    VI, 43

    Sin embargo, ha empleado el instrumento del agregado de los siete números, para que el resultado del (designio) ideado por sí mismo se manifestase. Entiende, dice, por el momento, que ese número notable es Aquel que fue formado por el ilustre, y que fue, por así decirlo, dividido, y permaneció fuera. Y Él, mediante su propio poder y sabiduría, por medio de la proyección de Sí mismo, impartió, a imitación de las siete potencias, animación a este mundo, de modo que constase de siete potencias, y constituyó (este mundo) el alma del universo visible. Y por tanto éste ha recurrido a toda la operación que fue emprendida espontáneamente por Sí mismo; y éstas ministran, en cuanto son imitaciones de cosas inimitables, a la inteligencia de la Madre. Y el primer cielo hace sonar Alfa, y el que le sigue Épsilon, y el tercero Eta, y el cuarto, incluso el que está en medio de las siete (vocales, enuncia) la potencia de Iota, y el quinto de Ómicron, y el sexto de Ípsilon, y el séptimo y cuarto desde el central, Omega. Y todas las potencias, cuando se conectan juntas en una, emiten un sonido, y glorifican a aquel (Ser) del cual han sido proyectadas. Y la gloria de ese sonido es transmitida hacia arriba al Progenitor. Y además, dice que el sonido de esta adscripción de gloria, al ser transmitido a la tierra, se convirtió en creador y productor de los objetos terrestres. Y (sostiene) que la prueba de esto (puede extraerse) del caso de los infantes recién nacidos, cuya alma, simultáneamente con la salida del vientre, emite de manera similar este sonido de cada uno de los elementos. Así, pues, dice, como las siete potencias glorifican al Logos, así también el alma doliente en los niños (lo magnifica). Y a causa de esto, dice, David también ha declarado, «De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza.» Y de nuevo, «Los cielos declaran la gloria de Dios.» Cuando, sin embargo, el alma está envuelta en penalidades, no emite otra exclamación que la Omega, en cuanto es afligida para que el alma de arriba, percatándose de lo que es afín a ella (abajo), envíe a alguien para socorrer a esta (alma terrenal).

    Capítulo 44. Sobre la generación de las veinticuatro letras

    VI, 44

    Y basta con estos puntos. Respecto, sin embargo, a la generación de los veinticuatro elementos, se expresa así: que Henotes coexiste con Monotes, y que de estos surgen dos proyecciones, a saber, Monas y Hen, y que estos, sumados, llegan a ser cuatro, pues dos veces dos son cuatro. Y de nuevo, las dos y cuatro (proyecciones) sumadas, manifestaron el número seis; y estos seis, hechos cuádruples, producen las veinticuatro formas. Y estos son los nombres de la primera tétrada, y son entendidos como Santo de los Santos, y no pueden expresarse y son reconocidos solo por el Hijo. El Padre sabe cuáles son. Aquellos nombres que con Él se pronuncian en silencio y con fe, son Árrhetos y Sigé, Pater y Aletheia. Y de esta tétrada el número entero es (el) de veinticuatro letras. Pues Árrhetos tiene siete elementos, Sigé cinco, y Pater cinco, y Aletheia siete. Y de igual manera también (es con) la segunda tétrada; (pues) Logos y Zoe, Anthropos y Ekklesía, exhibieron el mismo número de elementos. Y (dice) que el nombre expresado — (es decir, Jesús) — del Salvador consta de seis letras, pero que Su nombre inefable, según el número de las letras, una por una, consta de veinticuatro elementos, pero Cristo, un Hijo de doce. Y (dice) que el (nombre) inefable en Cristo consta de treinta letras, y esto existe, según las letras que hay en Él, contándose los elementos uno por uno. Pues el (nombre) Cristo consta de ocho elementos; pues Chi consta de tres, y R[ho] de dos, y EI de dos, e I[ota] de cuatro, S[igma] de cinco, y T[au] de tres, y OU de dos, y San de tres. Así el nombre inefable en Cristo consta, alegan, de treinta letras. Y afirman que por esta razón Él pronuncia las palabras, «Yo soy Alfa y Omega,» mostrando la paloma, que (simbólicamente) tiene este número, que es ochocientos uno.

    Capítulo 45. Por qué Jesús es llamado Alfa

    VI, 45

    Ahora bien, Jesús posee esta generación inefable. Pues de la madre del universo, me refiero a la primera tétrada, procedió, a manera de hija, la segunda tétrada. Y se convirtió en una ogdoada, de la cual procedió la década; y así se produjeron diez, y luego dieciocho. La década, por tanto, entrando junto con la ogdoada, y haciéndola décupla, produjo el número ochenta; y de nuevo, haciendo ochenta décuplo, generó el número ochocientos. Y así es que el número entero de letras que procedieron de la ogdoada a la década es ochocientos ochenta y ocho, que es Jesús; pues el nombre Jesús, según el número en letras, es ochocientos ochenta y ocho. Ahora bien, igualmente el alfabeto griego tiene ocho mónadas y ocho décadas, y ocho hecatóntadas; y estas exhiben la suma calculada de ochocientos ochenta y ocho, es decir, Jesús, que consta de todos los números. Y que por esta razón Él es llamado Alfa (y Omega), indicando que Su generación (procede) de todos.

    Capítulo 46. Relato de Marcos sobre el nacimiento y la vida de Nuestro Señor

    VI, 46

    Pero acerca de la creación de este (Jesús), se expresa así: que las potencias que emanan de la segunda tétrada formaron a Jesús, que apareció en la tierra, y que el ángel Gabriel ocupó el lugar del Logos, y el Espíritu Santo el de Zoe, y el «Poder del Altísimo» el de Anthropos, y la Virgen el de Ekklesía. Y así fue, en el sistema de Marcos, que el hombre (que apareció) conforme a la dispensación nació por medio de María. Y cuando Él vino al agua, (dice) que descendió como una paloma sobre aquel que había subido arriba y llenado el duodécimo número. Y en Él reside la semilla de estos, es decir, los que son sembrados junto con Él, y que descienden con (Él), y ascienden con (Él). Y que esta potencia que descendió sobre Él, dice, es la semilla del Pléroma, que contiene en sí misma tanto al Padre como al Hijo, y la potencia innominable de Sigé, que es reconocida a través de estos y de todos los Eones. Y que esta (semilla) es el espíritu que está en Él y habló en Él por la boca del Hijo, la confesión de Sí mismo como Hijo del hombre, y de ser Él quien manifestaría al Padre; (y que) cuando este espíritu descendió sobre Jesús, Él se unió con Él. El Salvador, que era de la dispensación, dice, destruyó la muerte, mientras que dio a conocer al Padre Cristo (Jesús). Dice que Jesús, por tanto, es el nombre del hombre de la dispensación, y que ha sido establecido para la asimilación y formación de Anthropos, que estaba a punto de descender sobre Él; y que cuando lo hubo recibido para Sí mismo, retuvo posesión de Él. Y (dice) que Él era Anthropos, (que) Él (era) Logos, (que) Él (era) Pater, y Árrhetos, y Sigé, y Aletheia, y Ekklesía, y Zoe.

    Capítulo 47

    Se muestra que el sistema de Marcos es el de Pitágoras, mediante citas de los escritos de los seguidores de Marcos

    VI, 47

    Confío, por tanto, en que respecto a estas doctrinas es obvio para todos los que poseen una mente sana, que (estos principios) carecen de autoridad, y están muy lejos del conocimiento que es conforme a la Religión, y son meras porciones de descubrimiento astrológico, y del arte aritmético de los pitagóricos. Y esta afirmación, vosotros que estáis deseosos de aprender, la comprobaréis (como verdadera, por referencia a los libros anteriores, donde,) entre otras opiniones dilucidadas por nosotros, hemos explicado asimismo estas doctrinas. Sin embargo, a fin de que podamos probar como una declaración más clara, a saber, que estos (marcosianos) son discípulos no de Cristo sino de Pitágoras, procederé a explicar aquellas opiniones que (estos herejes) han derivado de Pitágoras acerca de los fenómenos meteóricos de las estrellas, en la medida en que es posible (hacerlo) mediante un epítome.
    Ahora bien, los pitagóricos hacen las siguientes afirmaciones: que el universo se compone de una Mónada y una Díada, y que contando desde una mónada hasta cuatro generan así una década. Y de nuevo, una díada que sale hasta la (letra) notable — por ejemplo, dos, cuatro y seis — exhibió el (número) doce. Y de nuevo, si contamos desde la díada hasta la década, se produce treinta; y en esto están comprendidos la Ogdoada, la Década y la Dodecada. Y por tanto, por tener la (letra) notable, la Dodecada tiene consigo una pasión notable. Y por esta razón (sostienen) que cuando surgió un error respecto al duodécimo número, la oveja saltó del rebaño y se extravió; pues que la apostasía tuvo lugar, dicen, de manera semejante desde la década. Y con referencia semejante a la Dodecada, hablan de la moneda que, al perderla, una mujer, encendida una vela, buscó con diligencia. (Y hacen una aplicación semejante) de la pérdida (sufrida) en el caso de la una oveja de las noventa y nueve; y sumando estas unas con otras, dan un relato fabuloso de los números. Y de esta manera, afirman, cuando el once se multiplica por nueve, produce el número noventa y nueve; y por esta razón se dice que la palabra Amén abarca el número noventa y nueve. Y respecto de otro número se expresan de esta manera: que la letra Eta, junto con la notable, constituye toda la Ogdoada, por cuanto está situada en el octavo lugar desde Alfa. Luego, de nuevo, computando el número de estos elementos sin la (letra) notable, y sumándolos hasta Eta, exhiben el número treinta. Pues cualquiera que comience desde Alfa hasta Eta, después de restar la (letra) notable, descubrirá que el número de los elementos es el número treinta. Puesto que, por tanto, el número treinta se unifica a partir de las tres potencias; cuando se multiplica tres veces por sí mismo produjo noventa, pues tres veces treinta es noventa, (y esta tríada multiplicada por sí misma produjo nueve). De esta manera la Ogdoada produjo el número noventa y nueve a partir de la primera Ogdoada, la Década y la Dodecada. Y en un momento reúnen el número de este (trío) en una suma entera, y producen una trícontada; mientras que en otro momento restan doce, y lo cuentan como once. Y de manera semejante, (restan) diez y lo convierten en nueve. Y conectando estos unos con otros, y multiplicándolos diez veces, completan el número noventa y nueve. Sin embargo, puesto que el duodécimo Eón, habiendo dejado los once (Eones de arriba), y partiendo hacia abajo, se retiró, alegan que incluso esto es correlativo (con las letras). Pues la figura de las letras lo enseña (así). Pues L está colocada undécima entre las letras, y esta L es el número treinta. Y (dicen) que esto está colocado según una imagen de la dispensación de arriba; pues desde Alfa, prescindiendo de la (letra) notable, el número de las letras mismas, sumadas hasta L, según el aumento de las letras con la L misma, produce el número noventa y nueve. Pero que la L, situada en el undécimo (lugar del alfabeto), descendió para buscar el número semejante a sí misma, a fin de llenar el duodécimo número, y que cuando fue descubierto se llenó, es manifiesto por la forma misma de la letra. Pues Lambda, cuando alcanzó, por así decirlo, la investigación de lo semejante a sí misma, y cuando lo encontró y lo arrebató, llenó el lugar del duodécimo, la letra M, que se compone de dos Lambdas. Y por esta razón (fue que) estos (adherentes de Marcos), por su conocimiento, evitan el lugar del noventa y nueve, es decir, el Hysterema, un tipo de la mano izquierda, y siguen a aquel que, sumado a noventa y nueve, dicen que fue transferido a su propia mano derecha.

    Capítulo 48. Su cosmogonía construida según estas doctrinas místicas de las letras

    VI, 48

    Y por la Madre, alegan, fueron creados primero los cuatro elementos, los cuales, dicen, son fuego, agua, tierra, aire; y éstos han sido proyectados como imagen de la tétrada superior; y contando las energías de éstos —por ejemplo, caliente, frío, húmedo, seco—, afirman que retratan con exactitud la Ogdoada. Y después computan diez potencias así. (Hay, dicen,) siete cuerpos orbiculares, a los que también llaman cielos. Hay luego un círculo que contiene a éstos dentro de su ámbito, y a éste lo llaman también octavo cielo; y además de éstos, afirman la existencia de un sol y una luna. Y éstos, siendo diez en número, dicen, son imágenes de la década invisible que (emanó) del Logos y de Zoé. (Afirman,) sin embargo, que la dodecada está indicada por lo que se llama círculo zodiacal. Pues estos doce signos zodiacales, dicen, prefiguraron de modo evidentísimo a la hija de Antropos y Ekklesía, a saber, la Dodecada. Y puesto que, dice, el cielo superior ha sido unido desde una dirección opuesta al movimiento revolutivo, que es rapidísimo, de la totalidad (de los signos); y puesto que (este cielo) dentro de su cavidad retarda, y por su lentitud contrapesa, la velocidad de aquellos (signos), de modo que en treinta años cumple su circuito de signo en signo— por tanto afirman que este (cielo) es imagen de Horos, que circunda a la madre de éstos, la cual tiene treinta nombres. Y, de nuevo, (afirman) que la luna, que atraviesa el cielo en treinta días, por razón de (estos) días retrata el número de los Eones. Y (dicen) que el sol, realizando su circuito y terminando su exacto retorno a su primer lugar en su órbita en doce meses, manifiesta la dodecada. Y también (dicen) que los días mismos, que comportan la medida de doce horas, constituyen un tipo de la dodecada vacía; y que la circunferencia del círculo zodiacal mismo consta de trescientos sesenta grados, y que cada signo zodiacal posee treinta divisiones. De esta manera, por tanto, incluso por medio del círculo, sostienen que se conserva la imagen de la conexión de los doce con los treinta. Pero, además, alegando que la tierra fue dividida en doce regiones, y que según cada región particular recibe una potencia enviada desde los cielos, y que produce hijos correspondientes en semejanza a la potencia que transmitió (la semejanza) por emanación, (por esta razón) afirman que la tierra es un tipo de la Dodecada superior.

    Capítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera

    VI, 49

    Y además de estos (puntos, establecen) que el Demiurgo de la Ogdoada superna, deseoso de imitar al (uno) indefinido, eterno e ilimitado, y no sujeto a la condición del tiempo; y no pudiendo (el Demiurgo) representar la estabilidad y eternidad de esta (Ogdoada), por ser fruto del Hysterema, con este fin asignó tiempos, estaciones y números, midiendo muchos años en relación con la eternidad de esta (Ogdoada), pensando imitar su indefinición por la multitud de los tiempos. Y aquí dicen, cuando la Verdad eludió su búsqueda, que la Falsedad le siguió de cerca; y que a causa de esto, cuando los tiempos se cumplieron, su obra sufrió disolución.

    Capítulo 50. Marcos y Colarbaso refutados por Ireneo

    VI, 50

    Estas aserciones, pues, adelantan los de la escuela de Valentín tanto acerca de la creación como del universo, propagando en cada caso opiniones aún más vacías. Y suponen que esto constituye fecundidad (en su sistema), si alguno, de igual modo, haciendo algún descubrimiento mayor, pareciere obrar maravillas. Y hallando (según insinúan) que cada uno de los particulares de la Escritura concuerda con los números antedichos, (intentan) acriminar a Moisés y a los profetas, alegando que éstos hablan alegóricamente de las medidas de los Eones. Y en tanto que estas afirmaciones son triviales e inestables, no me parece conveniente presentarlas ante (el lector. Esto, sin embargo, es menos necesario,) puesto que ya el bienaventurado presbítero Ireneo ha refutado poderosa y elaboradamente las opiniones de estos (herejes). Y a él le somos deudores del conocimiento de sus invenciones, (y con ello hemos logrado) probar que estos herejes, apropiándose estas opiniones de la filosofía pitagórica y de teorías excesivamente sutiles de los astrólogos, lanzan una imputación contra Cristo, como si Él hubiera entregado estas (doctrinas). Pero supuesto que las opiniones sin valor de estos hombres han sido suficientemente explicadas, y que se ha probado claramente de quiénes son discípulos Marcos y Colarbaso, que fueron sucesores de la escuela de Valentín, veamos qué afirmación adelanta asimismo Basílides.
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