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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
  9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 4
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnos
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. La dualidad de sustancias de Pitágoras; sus «Categorías»
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 22. Las «Sentencias» de Pitágoras
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. La doctrina de la díada puesta como fundamento del sistema de emanación de los Eones de Valentín
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 27. Explicación de Valentín sobre la existencia de Jesús; el poder de Jesús sobre la humanidad
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 5 minCapítulo 30
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 32. Valentín convicto de plagios tomados de Platón
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 34. Sistema de Marcos; un mero impostor; sus perversos artificios con la copa eucarística
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 37
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 6 minLibro VII
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 8. Basílides e Isidoro alegan sanción apostólica para sus sistemas; en realidad siguen a Aristóteles
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 11. El «Gran Arconte» de Basílides
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 15
  61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
  62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
  63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
  64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 21. El sistema de Cerinto acerca de Cristo
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
  66. Sesión 66 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 3
  67. Sesión 67 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 4. Doctrina docética derivada de los sofistas griegos
  68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
  69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
  71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
  72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
  73. Sesión 73 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 8. Secta de los Elchasaitas; Oposición de Hipólito a Ella
  74. Sesión 74 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11. Preceptos de Elchasai
  75. Sesión 75 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 15. Los Principios de los Esenios Continuados
  76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 19. Las doctrinas de los esenios (continuación)
  77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 23. Otra secta de los esenios: los fariseos
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
  80. Sesión 80 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 4. Resumen de las opiniones de los filósofos (continuación)
  81. Sesión 81 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 8. Simón Mago
  82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
  83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
  84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 22. Los Frigios o Montanistas. Continuación
  85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

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    TEXTOS — HIPÓLITO DE ROMA

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    Refutación de todas las herejías

    Siglo III · Traducción castellana directa de la versión inglesa de MacMahon (Ante-Nicene Fathers)43 minPosición: 0% de esta parteParte 5 de 12 · Capítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnosPublicado el Actualizado el Ref. ESC-HIP-02

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minLibro I
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 1. Tales; su física y teología; fundador de la astronomía griega
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 3. Empédocles; Su doble causa; Doctrina de la transmigración
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 7. Anaxágoras; Su teoría de la mente; Reconoce una causa eficiente; Su cosmogonía y astronomía
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. Parménides; su teoría de la «Unidad;» su escatología
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 10 minCapítulo 14. Hipón; su dualidad de principios; su psicología
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 17
    9. Sesión 9 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 20. Los académicos; diferencia de opinión entre ellos
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 7 minLibro IV
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 4. Imposibilidad de fijar el horóscopo; fracaso de un intento de hacerlo en el momento del nacimiento
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6. Influencia zodiacal; origen de los nombres siderales
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 9. Otros cálculos astronómicos
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 13. Mención del hereje Colarbaso; alianza entre la herejía y la filosofía pitagórica
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 15
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 3 minCapítulo 22. Tipo de los nacidos bajo Escorpio
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28. — Sistema de los magos; encantamientos de demonios; ritos mágicos secretos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 29. Exhibición de distintos huevos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 34. La ilusión de las cartas selladas; objeto de detallar estas prestidigitaciones
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 38. Aparición ilusoria de las estrellas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 44. Teoría egipcia de la naturaleza; sus amuletos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 48
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minCapítulo 49. Símbolo de la criatura; y del espíritu; y de los diferentes órdenes de animales
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minLibro V
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo 2
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 3
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    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 11
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 15
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 16
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 17. Las doctrinas setitas que han de aprenderse de la «Paráfrasis de Set»
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 21
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 22. Juramento empleado por los herejes justinianos; el libro de Baruc; el repertorio de su sistema
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 4
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 7. El sistema de Simón de una emanación triple por pares
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 10. Explicación que da Simón de los dos primeros libros de Moisés
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 13. Su doctrina de la emanación ulteriormente expandida
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 15
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    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 39. La Tétrada exhibe «la Verdad.»
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 43. Las letras, símbolos de los cielos
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 47
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 49. La obra del Demiurgo es perecedera
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    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. La sustancia, según Aristóteles; los predicados
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    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 13. Explicación ulterior de la «Filiación.»
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    61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 16. El sistema de Saturnino
    62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Fuente del marcionismo; Empédocles reafirmado como el sugeridor de la herejía
    63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. La herejía de Prepón; sigue a Empédocles; Marción rechaza la generación del Salvador
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    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 9 minLibro VIII
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    68. Sesión 68 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 8
    69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 13. Las doctrinas de los encratitas
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 6 minLibro IX
    71. Sesión 71 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 5
    72. Sesión 72 · Parte 11 · ≈ 14 minCapítulo 6
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    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 2 minCapítulo 26. Conclusión de la obra explicada
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 6 minLibro X
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    82. Sesión 82 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 11. Justino
    83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 14. Tatiano
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    85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 11 minCapítulo 27. Cronología judía. Continuación
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 30. Alocución final del autor

    Capítulo 5. Explicación del sistema de los Naasenos tomada de uno de sus himnos

    V, 5

    Las observaciones precedentes, pues, aunque pocas entre muchas, hemos considerado oportuno presentar. Pues innumerables son las tentativas necias y enloquecidas de la locura. Pero ya que, según nuestra mejor capacidad, hemos explicado la Gnosis desconocida, pareció conveniente asimismo aducir el siguiente punto. Este salmo de ellos ha sido compuesto, con el cual parecen celebrar todos los misterios del error (cometido por) ellos en un himno, redactado en los siguientes términos:—
    La ley productora del mundo era la Mente Primordial,
    Y luego fue el Caos derramado del Primogénito;
    Y en tercer lugar, el alma recibió su ley de trabajo:
    Envuelta, por tanto, en una forma acuosa,
    Abatida por la aflicción, sucumbe a la muerte.
    Ahora dominando, contempla la luz,
    Y ahora llora arrojada en la miseria;
    Ahora se lamenta, ahora se estremece de gozo;
    Ahora gime, ahora oye su condena;
    Ahora oye su condena, ahora muere,
    Y ahora nos deja, para no volver jamás.
    Ella, desdichada y errante, pisa el laberinto de los males.
    Pero Jesús dijo: Padre, he aquí,
    Una contienda de males sobre la tierra
    Vaga desde tu aliento (de ira);
    Pero el amargo Caos (el hombre) busca evitar,
    Y no sabe cómo atravesarlo.
    Por esta razón, oh Padre, envíame;
    Llevando sellos, descenderé;
    A través de edades enteras me deslizaré,
    Todos los misterios desentrañaré,
    Y formas de Dioses mostraré;
    Y secretos de la senda santa,
    Llamados «Gnosis», comunicaré.

    Capítulo 6. Los ofitas, gran fuente de herejía

    V, 6

    Estas doctrinas, pues, intentan establecer los Naasenos, llamándose a sí mismos gnósticos. Pero puesto que el error es policéfalo y diversificado, semejante, en verdad, a la hidra de que leemos en la historia; cuando, de un solo golpe, hayamos cortado las cabezas de este (engaño) mediante la refutación, empleando la vara de la verdad, exterminaremos por completo al monstruo. Pues tampoco las herejías restantes presentan mucha diferencia de aspecto respecto de esta, teniendo una conexión mutua a través del (mismo) espíritu de error. Pero puesto que, alterando las palabras y los nombres de la serpiente, desean que haya muchas cabezas de la serpiente, no por ello dejaremos de refutarlos a fondo como desean.

    Capítulo 7. El sistema de los Peratas; su triteísmo; explicación de la encarnación

    V, 7

    Existe también indudablemente otra cierta (cabeza de la hidra, a saber, la herejía) de los Peratas, cuya blasfemia contra Cristo ha pasado inadvertida durante muchos años. Y el presente es un momento oportuno para sacar a la luz los misterios secretos de tales (herejes). Estos alegan que el mundo es uno, triplemente dividido. Y de la triple división según ellos, una porción es un cierto principio originante único, como si fuera una fuente enorme, la cual puede dividirse mentalmente en infinitos segmentos. Ahora bien, el primer segmento, y el que, según ellos, es (un segmento) con preferencia (a los demás), es una tríada, y se llama Bien Perfecto, (y) Magnitud Paternal. Y la segunda porción de la tríada de estos es, por así decir, cierta multitud infinita de potencialidades que son generadas de sí mismas, (mientras que) la tercera es formal. Y la primera, que es buena, es ingénita, y la segunda es un bien autoproducido, y la tercera es creada; y de ahí que declaren expresamente que hay tres Dioses, tres Logoi, tres Mentes, tres Hombres. Pues a cada porción del mundo, después de hecha la división, asignan tanto Dioses, como Logoi, como Mentes, como Hombres, y lo demás; pero que desde la inoriginación y el primer segmento del mundo, cuando después el mundo hubo alcanzado su consumación, descendió de arriba, por causas que declararemos después, en tiempo de Herodes un cierto hombre llamado Cristo, con una naturaleza triple, y un cuerpo triple, y una potencia triple, (y) teniendo en sí mismo todas (las especies de) concreciones y potencialidades (derivables) de las tres divisiones del mundo; y que esto, dice (el Perático), es lo que se dice: «Plugó que en él habitase toda la plenitud corporalmente», y en Él reside la Divinidad entera de la tríada así dividida. Pues, dice, que desde los dos mundos superyacentes —a saber, desde aquella (porción de la tríada) que es ingénita, y desde aquella que es autoproductora— han sido transportadas hacia abajo a este mundo en que estamos, semillas de toda suerte de potencialidades. Sin embargo, cuál sea el modo del descenso, lo declararemos después.
    Dice luego el Perático que Cristo descendió de arriba desde la inoriginación, para que por su descenso todas las cosas triplemente divididas pudieran salvarse. Pues algunas cosas, dice, siendo llevadas desde arriba, ascenderán mediante Él, mientras que cualesquiera (seres) que maquinan contra los que son traídos de arriba son desechados, y, puestos en estado de castigo, son renunciados. Esto, dice, es lo que se dice: «Porque el Hijo del hombre no vino al mundo para destruir el mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.» El mundo, dice, denomina a aquellas dos partes que están situadas arriba, a saber, tanto la (porción de la tríada) ingénita, como la autoproducida. Y cuando la Escritura, dice, usa las palabras «para que no seamos condenados con el mundo», alude a la tercera porción de (la tríada, es decir) el mundo formal. Pues la tercera porción, a la que llama el mundo (en que estamos), debe perecer; pero las dos (porciones restantes), que están situadas arriba, deben ser rescatadas de la corrupción.

    Capítulo 8

    Los Peratas derivan su sistema de los astrólogos; esto se prueba por una exposición de las teorías astrológicas del zodíaco; de ahí la terminología de los herejes peráticos

    V, 8

    Aprendamos, pues, en primer lugar, cómo (los Peratistas), derivando esta doctrina de los astrólogos, actúan injuriosamente contra Cristo, obrando destrucción para los que los siguen en un error de esta descripción. Pues los astrólogos, alegando que hay un solo mundo, lo dividen en las doce porciones fijas de los signos zodiacales, y llaman al mundo de los signos zodiacales fijos un mundo inmóvil; y al otro afirman que es un mundo de (signos) erráticos, tanto en potencia, como en posición, y en número, y que se extiende hasta la luna. Y (establecen) que (un) mundo deriva del (otro) mundo una cierta potencia, y participación mutua (en esa potencia), y que lo subjacente obtiene esta participación de las (porciones) superjacentes. Sin embargo, para que lo que (aquí) se afirma sea perspicuo, emplearé una por una las mismas expresiones de los astrólogos; (y al hacerlo) solo estaré recordando a mis lectores las declaraciones hechas previamente en la sección de la obra donde hemos explicado todo el arte de los astrólogos. Cuáles son, pues, las opiniones que esos (especuladores) sostienen, son las siguientes:—
    (Su doctrina es) que de una emanación de las estrellas se consuma la generación de las (partes) subjacentes. Pues, al contemplar ansiosamente el cielo, los caldeos afirmaron que (las siete estrellas) contienen una razón para las causas eficientes de la ocurrencia de todos los sucesos que nos acontecen, y que las partes de los signos zodiacales fijos cooperan (en esta influencia). En doce (partes dividen el círculo zodiacal), y cada signo zodiacal en treinta porciones, y cada porción en sesenta partes diminutas; pues así denominan las partes más pequeñas, y aquellas que son indivisibles. Y de los signos zodiacales, denominan a algunos masculinos, pero a otros femeninos; y a algunos con dos cuerpos, pero a otros no; y a algunos tropicales, mientras que a otros fijos. Los signos masculinos, pues, son o bien femeninos, los cuales poseen una naturaleza cooperativa para la procreación de varones, (o son ellos mismos productores de hembras). Pues Aries es un signo zodiacal masculino, pero Tauro femenino; y los demás (son denominados) según la misma analogía, unos masculinos, pero otros femeninos. Y supongo que los pitagóricos, influidos por tales (consideraciones), llaman a la Mónada masculina, y a la Díada femenina; y, de nuevo, a la Tríada masculina, y analógicamente al resto de los números pares e impares. Algunos, sin embargo, dividiendo cada signo zodiacal en doce partes, emplean casi el mismo método. Por ejemplo, en Aries, denominan a la primera de las doce partes a la vez Aries y masculina, pero a la segunda a la vez Tauro y femenina, y a la tercera a la vez Géminis y masculina; y el mismo plan se sigue en el caso de las demás partes. Y afirman que hay signos con dos cuerpos, a saber, Géminis y los signos diametralmente opuestos, es decir, Sagitario, y Virgo, y Piscis, y que los demás no tienen dos cuerpos. Y (afirman) que algunos son asimismo tropicales, y cuando el sol se halla en estos, causa grandes giros del (signo) circundante. Aries es un signo de esta descripción, y aquel que es diametralmente opuesto a él, así como Libra, y Capricornio, y Cáncer. Pues en Aries está el giro vernal, y en Capricornio el de invierno, y en Cáncer el de verano, y en Libra el de otoño.
    Los detalles, sin embargo, concernientes a este sistema los hemos explicado minuciosamente en el libro que precede a este; y de él cualquier persona que desee instrucción (sobre el punto), puede aprender cómo es que los originadores de esta herejía perática, a saber, Éufrates el Perático, y Celbes el Caristio, han, en la transferencia (a su propio sistema de opiniones desde estas fuentes), hecho alteraciones solo en el nombre, mientras que en realidad han propuesto doctrinas similares. (Más aún), ellos, con celo inmoderado, se han dedicado ellos mismos (su atención) al arte (de los astrólogos). Pues también los astrólogos hablan de los límites de los astros, en los cuales afirman que los astros dominantes tienen mayor influencia; como, por ejemplo, sobre algunos actúan injuriosamente, mientras que sobre otros actúan bien. Y de estos denominan a algunos maléficos, y a algunos benéficos. Y se dice que (los astros) se miran mutuamente, y armonizan entre sí, de modo que aparecen según (la forma de) un triángulo o un cuadrado. Los astros, mirándose mutuamente, son figurados según (la forma de) un triángulo, teniendo una distancia intermedia de la extensión de tres signos zodiacales; mientras que (aquellos que tienen un intervalo de) dos signos zodiacales son figurados según (la forma de) un cuadrado. Y (su doctrina es) que, de la misma manera que en un hombre, las partes subjacentes simpatizan con la cabeza, y la cabeza asimismo simpatiza con las partes subjacentes, así todas las (cosas) terrestres (simpatizan) con los objetos supralunares. Pero (los astrólogos van más allá de esto); pues existe (según ellos) una cierta diferencia e incompatibilidad entre estos, de modo que no implican una y la misma unión. Esta combinación y divergencia de los astros, que es un (principio) caldeo, ha sido arrogada para sí mismos por aquellos de quienes hemos hablado previamente.
    Ahora bien, estos, falsificando el nombre de la verdad, proclaman como doctrina de Cristo una insurrección de Eones y revueltas del bien hacia (las filas de) las potencias malvadas; y hablan de confederaciones de potencias buenas con las malvadas. Denominándolos, por tanto, [Toparcas] y [Proastios], (y aun así) forjándose a sí mismos muchísimos otros nombres no sugeridos (de otras fuentes), han sistematizado inhábilmente toda la doctrina imaginaria de los astrólogos acerca de los astros. Y puesto que han introducido una suposición preñada de inmenso error, serán refutados mediante el instrumento de nuestra admirable disposición. Pues expondré, en contraste con el arte caldaica de los astrólogos previamente mencionada, algunos de los tratados peráticos, de los cuales, mediante comparación, habrá oportunidad de percibir cómo las doctrinas peráticas son confesadamente las de los astrólogos, no las de Cristo.

    Capítulo 9. Sistema de los peratas explicado a partir de uno de sus propios libros

    V, 9

    Parece, pues, conveniente exponer uno de los libros que gozan de reputación entre ellos, en el que se encuentra el siguiente pasaje: «Yo soy una voz de despertar del sueño en el siglo de la noche. De aquí en adelante empiezo a despojar la potencia que procede del caos. La potencia es la de la hondura más baja del cieno, la cual ergue el limo de la incorruptible y húmeda extensión del espacio. Y es la potencia entera de la convulsión, que, siempre en movimiento y presentando el color del agua, arremolina lo que está quieto, refrena lo que tiembla, libera lo que avanza, aligera lo que permanece, aparta lo que crece, fiel administrador de la senda de las brisas, gozando de lo disgorgado por los doce ojos de la ley, y manifestando un sello a la potencia que junto consigo distribuye las aguas invisibles que son arrastradas hacia abajo, y ha sido llamada Talasa. Esta potencia, la ignorancia acostumbra a denominarla Cronos, guardado con cadenas porque ató fuertemente el pliegue del denso y brumoso y oscuro y tenebroso Tártaro. Según la imagen de éste fueron producidos Cefeo, Prometeo y Jápeto. La Potencia a la que se ha confiado Talasa es hermafrodita. Y fija el sonido siseante que surge de las doce bocas en doce tubos, y lo vierte. Y la potencia misma es sutil, y remueve el dominante, boisteroso, movimiento ascendente (del mar), y sella las huellas de sus caminos, no sea que (alguna potencia antagónica) haga guerra o introduzca alteración alguna. La tempestuosa hija de ésta es una fiel protectora de toda suerte de aguas. Su nombre es Corzar. La ignorancia acostumbra a designar a esta (potencia) Neptuno, según cuya imagen fueron producidos Glauco, Melicertes, Ino, Nebroé. El que está ceñido con la pirámide de doce ángeles, y oscurece la puerta de la pirámide con colores diversos, y completa el todo en los tonos oscuros de la Noche: a éste la ignorancia denominó Cronos. Y sus ministros eran cinco: primero U, segundo Aoai, tercero Uo, cuarto Uoab, quinto... Otros fieles administradores (hay) de su provincia de noche y día, que reposan en su propia potencia. La ignorancia denominó a éstos las estrellas erráticas, de las que depende una generación corruptible. Administrador de la salida de la estrella es Carfacasemeoqueir, (y) Eccabbacara (es el mismo). La ignorancia acostumbra a denominar a éstos Curetes, jefes de los vientos; el tercero en orden es Ariel, según cuya imagen fue generado Eolo, Briareo. Y jefe de la potencia nocturna de las doce horas es Soclan, a quien la ignorancia acostumbra a llamar Osiris; (y) según la imagen de éste nacieron Admeto, Medea, Helena, Etusa. Jefe de la potencia diurna de las doce horas es Euno. Éste es administrador de la salida de la estrella Protocamaro y de la región etérea, pero la ignorancia lo ha denominado Isis. Un signo de éste es la Estrella del Perro, según cuya imagen nacieron Ptolomeo hijo de Arsinoe, Dídima, Cleopatra y Olimpia. La potencia diestra de Dios es la que la ignorancia ha denominado Rea, según cuya imagen fueron producidos Atis, Migdon y Enone. La potencia siniestra tiene señorío sobre el sustento, y la ignorancia acostumbra a llamar a ésta Ceres, (mientras que) su nombre es Bena; y según la imagen de ésta nacieron Celeo, Triptólemo, Misir y Praxídica. La potencia diestra tiene señorío sobre los frutos. A ésta la ignorancia ha denominado Mena, según cuya imagen nacieron Búmegas, Ostanes, Mercurio Trismegisto, Curites, Petosiris, Zodario, Beroso, Astrampsuco y Zoroastro. La potencia siniestra es (señora) del fuego, (y) la ignorancia ha denominado a ésta Vulcano, según cuya imagen nacieron Erictonio, Aquiles, Capaneo, Faetón, Meleagro, Tideo, Encélado, Rafael, Suriel y Ónfale. Hay tres potencias intermedias suspendidas del aire, autoras de la generación. A éstas la ignorancia ha acostumbrado a denominar Parcas; y según la imagen de éstas fueron producidas la casa de Príamo, la casa de Layo, Ino, Autónoe, Ágave, Atamante, Procne, las Danaides y las Pelíades. Hay una potencia hermafrodita, que permanece siempre en la infancia, que nunca envejece, causa de la belleza, del placer, de la madurez, del deseo y de la concupiscencia; y la ignorancia ha acostumbrado a llamar a esto Eros, según cuya imagen nacieron Paris, Narciso, Ganimedes, Endimión, Titono, Icario, Leda, Amimone, Tetis, las Hespérides, Jasón, Leandro y Hero.» Estos son los [Proastioi] hasta el Éter, pues con este título inscribe también el libro.

    Capítulo 10

    La herejía perática nominalmente distinta de la astrología, pero en realidad el mismo sistema alegorizado

    V, 10

    Ha quedado fácilmente evidente para todos que la herejía de los peratas sólo se altera en el nombre respecto del (arte) de los astrólogos. Y el resto de los libros de estos (herejes) contienen el mismo método, si a alguien le agradara vadearlos todos. Pues, como he dicho, suponen que las causas de la generación de todas las cosas engendradas son cosas ingénitas y superjacentes, y que el mundo con nosotros ha sido producido según el modo de la emanación, al cual (mundo) denominan formal. Y (sostienen) que todas aquellas estrellas que en conjunto se contemplan en el firmamento han sido causas de la generación de este mundo. Han alterado, sin embargo, el nombre de éstas, como se puede percibir de los [Proastioi] por medio de una comparación (de los dos sistemas). Y en segundo lugar, según el mismo método por el cual el mundo fue hecho a partir de una emanación superna, afirman que de esta manera los objetos de aquí derivan de la emanación de las estrellas su generación, corrupción y disposición. Puesto que, entonces, los astrólogos conocen el horóscopo, el mediodía, el ocaso y el punto opuesto al mediodía; y puesto que estas estrellas ocupan en diferentes momentos diferentes posiciones en el espacio, a causa de la perpetua revolución del universo, hay (necesariamente) en diferentes períodos diferentes declinaciones hacia un centro, y (diferentes) ascensiones hacia los centros. (Ahora los herejes peráticos), atribuyendo un significado alegórico a esta disposición de los astrólogos, delinean el centro, como si fuera, un dios y monada y señor sobre la generación universal, mientras que la declinación (es considerada por ellos como una potencia) a la izquierda, y la ascensión a la derecha. Cuando alguien, por lo tanto, se tope con los tratados de estos (herejes) y encuentre mención entre ellos de potencia derecha o izquierda, recurra al centro, a la declinación y a la ascensión (de los sabios caldeos, y) observará claramente que el sistema entero de estos (peratas) consiste en la doctrina astrológica.

    Capítulo 11

    Por qué se llaman a sí mismos peratas; su teoría de la generación apoyada en una apelación a la antigüedad; su interpretación del éxodo de Israel; su sistema de «La Serpiente» deducido por ellos de la Escritura; éste es el verdadero significado de las doctrinas de los astrólogos

    V, 11

    Se denominan, sin embargo, peratas, imaginando que ninguna de las cosas que existen por generación puede escapar a la suerte determinada para aquellas cosas que derivan su existencia de la generación. Pues si, dice (el perático), algo es totalmente engendrado, también perece, como también es la opinión de la Sibila. Pero nosotros solos, dice, que estamos versados en la necesidad de la generación, y en los caminos por los que el hombre ha entrado en el mundo, y que hemos sido instruidos con precisión (en estas materias), nosotros solos somos competentes para atravesar y superar la destrucción. Pero el agua, dice, es destrucción; ni el mundo, dice, pereció por otra cosa más rápidamente que por el agua. El agua, sin embargo, es la que rueda entre los [Proastioi], (y) afirman (que es) Cronos. Pues tal potencia, dice, es del color del agua; y esta potencia, dice —es decir, Cronos—, ninguna de las cosas que existen por generación puede escapar. Pues Cronos es causa de toda generación, en cuanto a sucumbir bajo la destrucción, y no podría existir (un caso de) generación en el que Cronos no intervenga. Esto, dice, es lo que también afirman los poetas, y lo que incluso aterra a los dioses:—
    Pues sabe, dice, esta tierra y el ancho cielo arriba,
    Y el agua caudalosa de la Estigia, que es el juramento
    Que es el más grande, y el más temido por los dioses de feliz vida.
    Y no sólo, dice, los poetas hacen esta afirmación, sino que ya también los hombres más sabios entre los griegos. Y Heráclito es incluso uno de estos, empleando las siguientes palabras: «Para las almas el agua se convierte en muerte.» Esta muerte, (el perático) dice, se apodera de los egipcios en el Mar Rojo, junto con sus carros. Todos, sin embargo, los que ignoran (este hecho), dice, son egipcios. Y esto, afirman, es la salida de Egipto, (es decir,) del cuerpo. Pues suponen que el pequeño Egipto es el cuerpo, y que cruza el Mar Rojo —es decir, el agua de la corrupción, que es Cronos— y que alcanza un lugar más allá del Mar Rojo, es decir, la generación; y que llega al desierto, es decir, que alcanza una condición independiente de la generación, donde existen promiscuamente todos los dioses de la destrucción y el Dios de la salvación.
    Ahora, dice, las estrellas son los dioses de la destrucción, que imponen a las cosas existentes la necesidad de la generación alterable. A éstas, dice, Moisés denominó serpientes del desierto, que roen y arruinan por completo a quienes imaginaban que habían cruzado el Mar Rojo. A aquellos, pues, dice, que de los hijos de Israel fueron mordidos en el desierto, Moisés exhibió la serpiente real y perfecta; y los que creyeron en esta serpiente no fueron mordidos en el desierto, es decir, (no fueron asaltados) por (las potencias) malas. Nadie, por lo tanto, dice, hay que sea capaz de salvar y librar a los que salen de Egipto, es decir, del cuerpo y de este mundo, si no es sólo la serpiente que es perfecta y repleta de plenitud. Sobre esta (serpiente), dice, el que fija su esperanza no es destruido por las serpientes del desierto, es decir, por los dioses de la generación. (Esta afirmación) está escrita, dice, en un libro de Moisés. Esta serpiente, dice, es la potencia que acompañaba a Moisés, la vara que se convirtió en serpiente. Las serpientes, sin embargo, de los magos — (es decir,) los dioses de la destrucción— resistieron a la potencia de Moisés en Egipto, pero la vara de Moisés las redujo a todas a sujeción y las mató. Esta serpiente universal es, dice, el discurso sabio de Eva. Éste, dice, es el misterio de Edén, éste el río de Edén; ésta la señal que fue puesta sobre Caín, para que cualquiera que lo encontrara no lo matara. Éste, dice, es Caín, cuyo sacrificio el dios de este mundo no aceptó. El sacrificio sangriento de Abel, sin embargo, aprobó; pues el príncipe de este mundo se regocija en (ofrendas de) sangre. Éste, dice, es el que apareció en los últimos días, en forma de hombre, en los tiempos de Herodes, nacido según la semejanza de José, que fue vendido por mano de sus hermanos, a quien solo pertenecía la túnica de muchos colores. Éste, dice, es el que está según la semejanza de Esaú, cuya vestidura —no estando él mismo presente— fue bendecida; que no recibió, dice, la bendición pronunciada por aquel de vista debilitada. Adquirió, sin embargo, riqueza de una fuente independiente de esto, no recibiendo nada de aquel cuyos ojos estaban oscurecidos; y Jacob vio su rostro, como un hombre contempla el rostro de Dios. Respecto de esto, dice, se ha escrito que «Nebrod fue un poderoso cazador ante el Señor.» Y hay, dice, muchos que imitan de cerca a este (Nimrod): tan numerosos son como las serpientes mordedoras que se vieron en el desierto por los hijos de Israel, de las cuales aquella serpiente perfecta que Moisés levantó libró a los que fueron mordidos. Esto, dice, es lo que se ha declarado: «De la misma manera que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado.» Según la semejanza de ésta fue hecha en el desierto la serpiente de bronce que Moisés levantó. De ésta sola, dice, la imagen está en el cielo, siempre visible en la luz.
    Éste, dice, es el gran principio respecto del cual la Escritura ha hablado. Acerca de esto, dice, se ha declarado: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Éste estaba en el principio con Dios, todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho. Y lo que en Él fue formado es vida.» Y en Él, dice, ha sido formada Eva; (ahora) Eva es vida. Ésta, sin embargo, dice, es Eva, madre de todos los vivientes, — una naturaleza común, es decir, de dioses, ángeles, inmortales, mortales, criaturas irracionales (y) racionales. Pues, dice, la expresión «todas» la pronunció de todas (las existencias). Y si los ojos de alguno, dice, son benditos, éste, mirando hacia arriba al firmamento, contemplará en la poderosa cumbre del cielo la hermosa imagen de la serpiente, girando sobre sí misma y convirtiéndose en principio originante de toda (especie de) movimiento para todas las cosas que están siendo producidas. Sabrá (con ello) que sin él nada subsiste, ni de las cosas en el cielo, ni de las cosas en la tierra, ni de las cosas bajo la tierra. Ni la noche, ni la luna, ni los frutos, ni la generación, ni la riqueza, ni el sustento, ni cosa alguna de las existentes, está sin su guía. Respecto de esto, dice, está la gran maravilla que se contempla en el firmamento por aquellos que son capaces de observarla. Pues, dice, en esta cima de su cabeza, hecho que es más increíble que todas las cosas para los ignorantes, «el ocaso y la salida están mezclados el uno con el otro.» Esto es aquello respecto de lo cual la ignorancia acostumbra a afirmar: en el cielo
    «Gira el Dragón, maravilla poderosa de monstruo temible.»
    Y a ambos lados de él han sido colocadas la Corona y la Lira; y arriba, cerca de la cima misma de la cabeza, es visible el hombre lastimoso «Engonasis,»
    «Sosteniendo el extremo del pie derecho del feroz Dragón.»
    Y a la espalda de Engonasis hay una serpiente imperfecta, con ambas manos firmemente sujetas por Anguitenens, e impedida de tocar la Corona que yace junto a la serpiente perfecta.

    Capítulo 12. Exposición compendiosa de las doctrinas de los peratas

    V, 12

    Ésta es la diversificada sabiduría de la herejía perática, que es difícil declarar en su totalidad, tan intrincada es a causa de que parece consistir en el arte astrológico.' En la medida, pues, en que esto es posible, explicaremos brevemente la fuerza entera de esta (herejía). Para, sin embargo, que podamos mediante una exposición compendiosa dilucidar la doctrina entera de estas personas, parece conveniente añadir las siguientes observaciones. Según ellos, el universo es Padre, Hijo (y) Materia; (pero) cada uno de estos tres tiene capacidades infinitas en sí mismo. Intermedio, pues, entre la Materia y el Padre se sienta el Hijo, el Verbo, la Serpiente, siempre en movimiento hacia el Padre inmóvil, y (hacia) la Materia misma en movimiento. Y en un momento se vuelve hacia el Padre, y recibe las potencias en su propia persona; pero en otro momento toma estas potencias, y se vuelve hacia la Materia. Y la Materia, (aunque) desprovista de atributo y sin forma, moldea (en sí misma) formas a partir del Hijo, las cuales el Hijo moldeó a partir del Padre.
    Pero el Hijo deriva la forma del Padre de un modo inefable, indecible e inmutable; (es decir,) de tal manera como Moisés dice que los colores de las (reses) concebidas fluían de las varas que estaban fijadas en los abrevaderos. Y de igual manera, de nuevo, que las capacidades fluían también del Hijo a la Materia, de modo similar a la potencia en referencia a la concepción que venía de las varas sobre las (reses) concebidas. Y la diferencia de colores, y la disimilitud que fluía de las varas a través de las aguas sobre las ovejas, es, dice, la diferencia de la generación corruptible e incorruptible. Así como, sin embargo, uno que pinta del natural, aunque no quita nada a los animales, transfiere con su pincel todas las formas al lienzo; así el Hijo, por una potencia que le pertenece, transfiere las marcas paternas del Padre a la Materia. Todas las marcas paternas están aquí, y no hay ninguna más. Pues si alguno, dice, de aquellos (seres) que están aquí tiene fuerza para percibir que es una marca paterna transferida hacia aquí desde arriba, (y que está) encarnado— así como por la concepción resultante de la vara se produce algo blanco— es de la misma sustancia enteramente con el Padre en el cielo, y regresa allí. Si, sin embargo, no diera con esta doctrina, tampoco entenderá la necesidad de la generación, así como un aborto nacido de noche perecerá de noche. Cuando, por lo tanto, dice, el Salvador observa, «vuestro Padre que está en el cielo,» alude a aquel de quien el Hijo, derivando sus características, las ha transferido hacia aquí. Cuando, sin embargo, (Jesús) comenta, «Vuestro padre es un asesino desde el principio,» alude al Soberano y Demiurgo de la materia, quien, apropiándose de las marcas entregadas por el Hijo, generó a éste aquí que desde el principio era un asesino, pues su obra causa corrupción y muerte.
    Nadie, pues, dice, puede salvarse o regresar (al cielo) sin el Hijo, y el Hijo es la Serpiente. Pues así como él trajo desde arriba las marcas paternas, así de nuevo lleva hacia arriba desde allí aquellas marcas despertadas de una condición durmiente y convertidas en características paternas, sustanciales a partir del Ser no sustancial, transfiriéndolas hacia aquí desde allí. Esto, dice, es lo que se dice: «Yo soy la puerta.» Y transfiere (aquellas marcas), dice, a los que cierran el párpado, como la nafta que atrae el fuego en toda dirección hacia sí misma; más bien, como el imán (que atrae) el hierro y no otra cosa, o así como el espinazo del halcón marino, el oro y nada más, o como la paja es conducida por el ámbar. De esta manera, dice, es el género retratado, perfecto y consustancial atraído de nuevo del mundo por la Serpiente; ni atrae otra cosa, tal como ha sido enviado por él. Como prueba de esto, aducen la anatomía del cerebro, asimilando, por el hecho de su inmovilidad, el cerebro mismo al Padre, y el cerebelo al Hijo, a causa de que es movido y tiene la forma de (la cabeza de) una serpiente. Y alegan que este (cerebelo), mediante un proceso inefable e inescrutable, atrae a través de la glándula pineal la sustancia espiritual y vivificante que emana de la cámara abovedada (en la que el cerebro está embebido). Y al recibir esto, el cerebelo de manera inefable imparte las ideas, tal como hace el Hijo, a la materia; o, en otras palabras, las semillas y los géneros de las cosas producidas según la carne fluyen hacia la médula espinal. Empleando este ejemplo, (los herejes) parecen introducir con destreza sus misterios secretos, que son entregados en silencio. Ahora bien, sería impío para nosotros declararlos; sin embargo, es fácil formarse una idea de ellos, a causa de las muchas afirmaciones que se han hecho.

    Capítulo 13. La herejía perática no es conocida generalmente

    V, 13

    Pero ya que considero que he explicado con claridad la herejía perática, y con muchos (argumentos) he puesto de manifiesto (un sistema que hasta ahora) ha pasado siempre inadvertido, y que es todo él un tejido de fábulas, y que disfraza su propio veneno peculiar, parece conveniente no adelantar ninguna afirmación más allá de las ya expuestas; pues las opiniones propuestas por (los herejes) mismos bastan para su propia condenación.

    Capítulo 14

    El sistema de los setitas; su tríada de principios infinitos; su herejía explicada; su interpretación de la Encarnación

    V, 14

    Veamos, pues, qué afirman los setitas. A estos les parece que existen tres principios definidos del universo, y que cada uno de estos principios posee potencias infinitas. Y cuando hablan de potencias, advierta el que escucha qué es lo que afirman. Todo lo que disciernas por un acto de inteligencia, o también omitas (discernir) por no ser entendido, eso por naturaleza está dispuesto a llegar a ser cada uno de los principios, como en el alma humana todo arte cualquiera que se haga objeto de instrucción. Por ejemplo, dice, este niño será músico, tras haber esperado el tiempo necesario para (adquirir el conocimiento de) la cítara; o geómetra, (tras haber cursado antes el estudio necesario para adquirir el conocimiento) de la geometría; (o) gramático, (tras haber estudiado suficientemente) la gramática; (o) artesano, (tras haber adquirido un conocimiento práctico) del oficio de un artesano; y a quien sea puesto en contacto con las demás artes le acontecerá algo semejante. Ahora bien, de los principios, dice, las sustancias son la luz y la oscuridad; y entre estas, el espíritu es intermedio sin mezcla. El espíritu, empero, es aquello que tiene su lugar señalado en medio de la oscuridad que está abajo y de la luz que está arriba. No es espíritu como una corriente de viento, o alguna brisa suave que pueda sentirse; sino, por así decirlo, un cierto olor de ungüento o de incienso formado a partir de un compuesto. (Es) una potencia sutil, que se insinúa a sí misma por medio de alguna cualidad impulsiva en una fragancia, la cual es inconcebible y mejor de lo que podría expresarse con palabras. Puesto que, sin embargo, la luz está arriba y la oscuridad abajo, y el espíritu es intermedio, tal como se ha dicho, entre estas; y puesto que la luz está constituida de tal modo que, como un rayo del sol, brilla desde arriba sobre la oscuridad subyacente; y además, puesto que la fragancia del espíritu, que ocupa un lugar intermedio, se extiende y es llevada en todas direcciones, como en el caso de las ofrendas de incienso puestas sobre el fuego, percibimos la fragancia que es difundida en todas direcciones: cuando, digo, existe una potencia de esta descripción perteneciente a los principios que se clasifican en tres divisiones, la potencia del espíritu y de la luz existe a la vez en la oscuridad que está situada debajo de ellos. Pero la oscuridad es un agua terrible, en la que la luz es absorbida y traducida a una naturaleza de la misma condición que el espíritu. La oscuridad, empero, no está desprovista de inteligencia, sino que es enteramente reflexiva, y es consciente de que, cuando la luz ha sido separada de la oscuridad, la oscuridad queda aislada, invisible, oscura, impotente, inoperante (y) débil. Por lo cual es constreñida, por toda su reflexión y entendimiento, a recoger en sí misma el lustre y la centelleante luz con la fragancia del espíritu. Y es posible contemplar una imagen de la naturaleza de estas cosas en el rostro humano; por ejemplo, la pupila del ojo, oscura a causa de los humores subyacentes, (pero) iluminada con espíritu. Así como, pues, la oscuridad busca el esplendor, para poder retener en esclavitud la chispa, y para tener potencia perceptiva, así la luz y el espíritu buscan la potencia que les pertenece a sí mismos, y se esfuerzan por erguir, y llevar cada una hacia la otra sus potencias entremezcladas a la oscura y formidable agua que yace debajo.
    Pero todas las potencias de los tres principios originantes, las cuales son en cuanto al número indefinidamente infinitas, son cada una según su propia sustancia reflexivas e inteligentes, innumerables en multitud. Y puesto que lo reflexivo y lo inteligente son innumerables en multitud, mientras persisten por sí mismos, todos están en reposo. Pero si una potencia se aproxima a otra potencia, la desemejanza de (lo que está puesto en) yuxtaposición produce un cierto movimiento y energía, los cuales se forman del movimiento resultante del concurso efectuado por la yuxtaposición de las potencias que se unen. Pues el concurso de las potencias se produce, así como cualquier marca de un sello que es impresa por medio del concurso de manera correspondiente con (el sello) que imprime la figura sobre las sustancias que son traídas (a contacto con él). Puesto que, por lo tanto, las potencias de los tres principios son infinitas en número, y de potencias infinitas (surgen) infinitos concursos, se producen necesariamente imágenes de infinitos sellos. Estas imágenes, pues, son las formas de las diferentes clases de animales. Del primer gran concurso, entonces, de los tres principios, sobreviene una cierta gran forma, un sello del cielo y de la tierra. El cielo y la tierra tienen una figura semejante a la matriz, con un ombligo en medio; y si, dice, alguien desea someter esta figura al órgano de la visión, escudriñe con arte la matriz preñada de cualquier animal que desee, y descubrirá una imagen del cielo y de la tierra, y de las cosas que en medio de todo están situadas debajo de modo inalterable.
    Y así es que el primer gran concurso de los tres principios) ha producido tal figura del cielo y de la tierra como es semejante a una matriz después del primer coito. Pero, a su vez, en medio del cielo y de la tierra se han generado infinitos concursos de potencias. Y cada concurso no efectuó ni formó otra cosa sino un sello del cielo y de la tierra semejante a una matriz. Pero, a su vez, en la tierra, a partir de los sellos infinitos se producen infinitas muchedumbres de diversos animales. Mas a toda esta infinitud de los diferentes animales bajo el cielo se difunde y distribuye, junto con la luz, la fragancia del Espíritu desde arriba. Del agua, por lo tanto, ha sido producido un principio originante primogénito, a saber, el viento, (el cual es) violento y tempestuoso, y causa de toda generación. Pues produciendo una especie de fermento en las aguas, (el viento) levanta olas de las aguas; y el movimiento de las olas, así como cuando alguna potencia impulsiva de preñez es origen de la producción de un hombre o de una mente, es causado cuando (el océano), excitado por la potencia impulsiva del espíritu, es propulsado hacia adelante. Mas cuando esta ola que ha sido levantada del agua por el viento, y que se ha hecho preñada en su naturaleza, ha obtenido dentro de sí la potencia, que posee la hembra, de la generación, mantiene unida la luz dispersa desde arriba junto con la fragancia del espíritu — esto es, la mente moldeada en las diferentes especies. Y esta (luz) es un Dios perfecto, que desde el resplandor ingénito de arriba, y desde el espíritu, es llevado hacia abajo a la naturaleza humana como a un templo, por la potencia impulsiva de la Naturaleza y por el movimiento del viento. Y se produce del agua que se mezcla y se une con los cuerpos como si fuera una sal de las cosas existentes, y una luz de la oscuridad. Y lucha por ser liberado de los cuerpos, y no es capaz de encontrar liberación y salida para sí. Pues una chispa muy diminuta, una astilla desprendida desde arriba como el rayo de una estrella, ha sido mezclada en las aguas muy compuestas de muchas (existencias), como, dice, (David) observa en un salmo. Todo pensamiento, pues, y solicitud que mueve la luz superna es acerca de cómo y de qué manera la mente puede ser liberada, por la muerte del cuerpo depravado y oscuro, del Padre que está abajo, el cual es el viento que con ruido y tumulto levantó las olas, y que engendró una mente perfecta, su propio Hijo; no siendo, empero, sustancialmente su (prole) peculiar. Pues él era un rayo (enviado) desde arriba, de aquella luz perfecta, (y) fue dominado en el agua oscura, formidable, amarga y contaminada; y es un espíritu luminoso llevado sobre el agua. Cuando, por lo tanto, las olas que han sido levantadas de las aguas han recibido dentro de sí la potencia de generación que poseen las hembras, contienen, como una cierta matriz, en diferentes especies, el resplandor infundido, de modo que es visible en el caso de todos los animales. Pero el viento, a la vez fiero y formidable, que se arremolina, es, en cuanto a su sonido siseante, semejante a una serpiente.
    Primeramente, pues, del viento — es decir, de la serpiente — ha resultado el principio originante de la generación de la manera declarada, habiendo todas las cosas recibido a la vez el principio de la generación. Después, pues, de que la luz y el espíritu habían sido recibidos, dice, en el vientre contaminado y funesto (y) desordenado, la serpiente — el viento de la oscuridad, el primogénito de las aguas — entra dentro y produce al hombre, y el vientre impuro ni ama ni reconoce otra forma alguna. El Verbo perfecto de la luz superna, siendo por lo tanto asimilado (en forma) a la bestia, (es decir,) la serpiente, entró en el vientre mancillado, habiendo engañado (al vientre) mediante la semejanza de la bestia misma, a fin de que (el Verbo) pueda soltar las cadenas que ciñen la mente perfecta que ha sido engendrada en medio de la impureza del vientre por el primitivo vástago del agua, (a saber,) la serpiente, el viento, (y) la bestia. Esta, dice, es la forma del siervo, y esta la necesidad de que el Verbo de Dios descendiera al vientre de una virgen. Pero dice que no basta que el Hombre Perfecto, el Verbo, haya entrado en el vientre de una virgen y haya soltado los dolores que había en aquella oscuridad. Más aún que esto era requerido; pues después de su entrada en los misterios inmundos del vientre, fue lavado, y bebió de la copa del agua vivificante burbujeante. Y era del todo necesario que bebiera el que estaba a punto de despojarse de la forma servil, y de asumir la vestidura celestial.

    Capítulo 15

    Los setitas apoyan sus doctrinas mediante una interpretación alegórica de las Escrituras; su sistema deriva en realidad de los filósofos naturales y de los ritos órficos; adoptan la cosmogonía homérica

    V, 15

    Estas son las afirmaciones que los patronos de las doctrinas setitas hacen, en la medida en que es posible exponerlas en pocas palabras. Su sistema, empero, está compuesto (de dogmas) de los (filósofos) naturales, y de expresiones proferidas en referencia a otros temas distintos; y transfiriendo (el sentido de) estas al Logos eterno, las explican tal como hemos declarado. Pero afirman asimismo que Moisés confirma su doctrina cuando dice: «Oscuridad, y niebla, y tempestad.» Estas, dice (el setita), son los tres principios (de nuestro sistema); o cuando afirma que tres nacieron en el paraíso: Adán, Eva, la serpiente; o cuando habla de tres (personas, a saber) Caín, Abel, Set; y de nuevo de tres (otros): Sem, Cam, Jafet; o cuando menciona a tres patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob; o cuando habla de la existencia de tres días antes del sol y de la luna; o cuando menciona tres leyes: prohibitiva, permisiva y adjudicadora de castigo. Ahora bien, una ley prohibitiva es como sigue: «De todo árbol que está en el paraíso podrás comer libremente; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás.» Pero en el pasaje: «Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a una tierra que te mostraré,» esta ley, dice, es permisiva; pues el que está así dispuesto puede partir, y el que no está así dispuesto puede quedarse. Pero una ley adjudicadora de castigo es la que hace la siguiente declaración: «No cometerás adulterio, no matarás, no robarás;» pues se otorga una pena a cada uno de estos actos de maldad.
    Todo el sistema de su doctrina, empero, (deriva) de los antiguos teólogos Museo, y Lino, y Orfeo, quien esclarece especialmente las ceremonias de iniciación, así como los misterios mismos. Pues su doctrina acerca del vientre es también el dogma de Orfeo; y la (idea del) ombligo, que es armonía, (se halla) con el mismo simbolismo que se le atribuye en las orgías báquicas de Orfeo. Pero con anterioridad a la observancia del rito místico de Celeo, y Triptólemo, y Ceres, y Proserpina, y Baco en Eleusis, estas orgías han sido celebradas y transmitidas a los hombres en Fliunte del Ática. Pues con anterioridad a los misterios eleusinos, se (celebran) en Fliunte las orgías de aquella a la que se denomina «Gran (Madre).» Hay, empero, un pórtico en esta (ciudad), y en el pórtico está inscrita una representación, (visible) hasta el día de hoy, de todas las palabras que se pronuncian (en tales ocasiones). Muchas, pues, de las palabras inscritas en aquel pórtico son aquellas sobre las cuales Plutarco entabla discusiones en sus diez libros contra Empédocles. Y en la mayor parte de estos libros está también dibujada la representación de un cierto hombre anciano, canoso, alado, que tiene su miembro viril erecto, persiguiendo a una mujer azulada que huye. Y sobre el anciano hay la inscripción «[phaos ruentes,]» y sobre la mujer «[peree Pero «phaos ruentes» parece ser la luz (la cual existe), según la doctrina de los setitas, y «phicola]» el agua oscura; mientras que el espacio en medio de estos parece ser una armonía constituida a partir del espíritu que está colocado entre. El nombre, empero, de «phaos ruentes» manifiesta, como alegan, el flujo desde arriba de la luz hacia abajo. Por lo cual puede uno razonablemente afirmar que los setitas celebran entre sí ritos que lindan muy de cerca con aquellas orgías de la «Gran (Madre» que son observadas entre) los fliasios. Y el poeta asimismo parece dar su testimonio de esta triple división, cuando observa: «Y todas las cosas han sido triplemente divididas, y todo obtiene su (propia) distinción;» es decir, cada miembro de la triple división ha obtenido (una particular) capacidad. Pero ahora, en cuanto al dogma de que el agua subyacente de abajo, la cual es oscura, debe, porque la luz se ha puesto (sobre ella), llevar hacia arriba y recibir la chispa traída desde abajo desde (la luz) misma; en la afirmación de este dogma, digo, los sapientísimos setitas parecen derivar (su opinión) de Homero:—»
    Por la tierra juré, y por el ancho cielo de allá arriba,
    Y por la corriente estigia de abajo, el juramento más grave
    De poder solemne, para atar a los dioses bienaventurados.
    Es decir, según Homero, los dioses suponen que el agua es odiosa y horrible. Ahora bien, semejante a esto es la doctrina de los setitas, que afirma (que el agua) es formidable para la mente.

    Capítulo 16

    La teoría setita sobre la «Mezcla» y la «Composición;» su aplicación a Cristo; ilustración tomada del pozo de Ampa

    V, 16

    Estas, y otras afirmaciones semejantes a estas, son hechas (por los setitas) en sus interminables comentarios. Ellos, empero, persuaden a sus discípulos a familiarizarse con la teoría relativa a la composición y a la mezcla. Pero esta teoría ha sido objeto de meditación para muchos, pero (entre otros) también para Andrónico el Peripatético. Los setitas, pues, afirman que la teoría concerniente a la composición y a la mezcla está constituida según el método siguiente: El rayo luminoso de arriba se entremezcla, y la chispa diminuta se mezcla delicadamente en las aguas oscuras de abajo; y (ambas) se unen y se forman en una sola masa compuesta, así como un solo sabor (resulta) de la mezcla de muchas ofrendas de incienso en el fuego, y (así como) un experto, teniendo como prueba un agudo sentido del olfato, debe poder, a partir del único olor del incienso, distinguir con exactitud cada (ingrediente) de las ofrendas de incienso que han sido mezcladas en el fuego — ya sea, por ejemplo, estoraque, mirra y olíbano, o cualquier otro (ingrediente) que pueda estar mezclado (en el incienso). Ellos, empero, emplean también otros ejemplos, diciendo que el bronce se mezcla con el oro, y que se ha descubierto algún arte que separa el bronce del oro. Y, de manera semejante, si se descubre estaño o bronce, o cualquier sustancia homogénea con él, mezclados con plata, estos igualmente, por algún arte superior al de la mezcla, son distinguidos. Mas ya alguien distingue también el agua mezclada con vino. Así, dicen, aunque todas las cosas están mezcladas, son capaces de ser separadas. Más aún, dice, deriva la misma lección del caso de los animales. Pues cuando el animal está muerto, cada una de sus partes se separa; y cuando tiene lugar la disolución, el animal de esta manera se desvanece. Esto es, dice, lo que se ha dicho: «No he venido a enviar paz a la tierra, sino espada,» — es decir, la división y separación de las cosas que han sido mezcladas. Pues cada una de las cosas que han sido mezcladas se separa y se divide cuando llega a su lugar propio. Pues así como hay un lugar de mezcla para todos los animales, así también se ha establecido uno (localidad) de separación. Y, dice, nadie es consciente de este (lugar), salvo nosotros solos que hemos nacido de nuevo, espirituales, no carnales, cuya ciudadanía está en el cielo arriba.
    De esta manera, insinuándose, corrompen a sus discípulos, en parte abusando de las palabras dichas (por ellos mismos), mientras pervierten perversamente, para servir a cualquier propósito que deseen, lo que ha sido admirablemente dicho (en las Escrituras); y en parte ocultando su conducta nefanda mediante cuantas comparaciones les plazcan. Todas estas cosas, pues, dice, que han sido mezcladas, poseen, como se ha declarado, su lugar particular propio, y se apresuran hacia sus propias (sustancias) peculiares, como el hierro hacia el imán, y la paja hacia la vecindad del ámbar, y el oro hacia el espolón del halcón marino. De manera semejante, el rayo de luz que ha sido mezclado con el agua, habiendo obtenido de la disciplina y la instrucción su propia localidad adecuada, se apresura hacia el Logos que viene de arriba en forma servil; y junto con el Logos existe como un logos en aquel lugar donde el Logos está aún: (la luz, digo, se apresura hacia el Logos con mayor rapidez) que el hierro hacia el imán.
    Y que estas cosas, dice, son así, y que todas las cosas que han sido mezcladas se separan en sus lugares propios, apréndelo. Hay entre los persas, en una ciudad, Ampa, cerca del río Tills, un pozo; y cerca del pozo, en lo alto, ha sido construido un cierto depósito, provisto de tres salidas; y cuando uno bombea de este pozo y extrae algo de su contenido en un recipiente, lo que así se bombea del pozo, sea lo que sea, lo vierte en el depósito cercano. Y cuando lo que así se infunde llega a las salidas, y cuando lo que se recoge (de cada salida) en un solo recipiente se examina, se observa que ha tenido lugar una separación. Y en la primera de las salidas se exhibe una concreción de sal, en la segunda de asfalto, y en la tercera de aceite; y el aceite es negro, tal como, dice, narra también Heródoto, y despide un olor pesado, y los persas llaman a esto «radinace.» La semejanza del pozo es, dicen los setitas, más suficiente para la demostración de su proposición que todas las afirmaciones que se han hecho anteriormente.
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