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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
  33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
  34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
  41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
  49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
  50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
  58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
  66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
  67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Escritos históricos y apologéticos

    320–358, con una crónica posterior a 385 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)50 minPosición: 0% de esta parteParte 2 de 8 · Sobre la sentencia de DionisioPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-12

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
    33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
    34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
    41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
    49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
    50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
    58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
    66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
    67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

    Sobre la sentencia de Dionisio

    Encabezado

    Sobre la opinión de Dionisio
    Carta de Atanasio acerca de Dionisio, obispo de Alejandría, mostrando que él también estuvo contra la herejía arriana, como el Sínodo de Nicea, y que los arrianos en vano lo calumnian pretendiendo que está de su parte.

    1. La apelación arriana a Dionisio es una calumnia contra él

    § 1

    Habéis tardado en informarme del presente debate entre vos y los enemigos de Cristo; pues aun antes de que vuestra cortesía me escribiera, yo había hecho diligente indagación y me había enterado del asunto, del cual oí con gusto. Aprobé la recta opinión que vuestra piedad tiene acerca de nuestros bienaventurados padres, mientras que en la presente ocasión reconozco una vez más la sinrazón de los locos arrianos. Pues aunque su herejía no tiene fundamento en la razón ni prueba expresa de la Sagrada Escritura, siempre recurrían a subterfugios desvergonzados y falacias especiosas. Pero ahora también se han atrevido a calumniar a los padres; y esto no es incoherente, sino enteramente propio de su perversidad. Pues ¿qué maravilla es que hombres que han presumido "tomar consejo contra el Señor y contra su Cristo", también vilipendien al bienaventurado Dionisio, obispo de Alejandría, como partidario y cómplice suyo? Porque si se complacen en ensalzar a un hombre para apoyo de su propia herejía, aun si lo llaman bienaventurado, no le infieren una afrenta leve, sino grande en verdad; como ladrones u hombres de mala vida que, marcados por sus propias prácticas, reclaman a personas sobrias como de su número, y así difaman su carácter sobrio.

    2. La posición arriana es incompatible con la Sagrada Escritura

    § 2

    Si, pues, tienen confianza en sus opiniones y afirmaciones, expongan su herejía desnudamente y muestren a partir de ella si piensan que tienen algún argumento religioso, ya sea de la Escritura o de la razón humana, en su defensa. Pero si no tienen nada de esto, callen. Porque no hallarán nada de ninguna parte sino la mayor condenación de sí mismos. En primer lugar, de las Escrituras, en que Juan dice: "En el principio era el Verbo", mientras que ellos dicen: "no era antes de ser engendrado"; mientras David canta, en la persona del Padre: "mi corazón profirió una buena Palabra" [, Septuaginta], a quien ellos alegan que está solo en pensamiento y que fue originado de la nada. Además, mientras Juan dice una vez más en el Evangelio [], "todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada fue hecho", mientras Pablo escribe: "hay un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas" [], y en otra parte: "todas las cosas fueron creadas en Él" [], ¿cómo tendrán la osadía (o más bien, ¿cómo escaparán a la vergüenza) de oponerse a las palabras de los santos, diciendo que el artífice de todas las cosas es una criatura, y que Él es una cosa creada en quien todas las cosas creadas han llegado a ser y subsisten? Ni, en segundo lugar, les queda ningún argumento religioso de la razón humana en su defensa. Porque ¿qué hombre, griego o bárbaro, presume llamar a aquel a quien confiesa Dios una cosa creada, o decir que no era antes de ser hecho? ¿O qué hombre, cuando ha oído a Aquel a quien cree que es solo Dios decir: "Este es mi Hijo amado" [], y "mi corazón profirió una buena Palabra", se atreverá siquiera a decir que el Verbo salido del corazón de Dios ha llegado a ser de la nada? ¿O que el Hijo es una cosa creada y no la progenie misma de Aquel que habla? O, de nuevo, ¿quién que oye a Aquel a quien cree Señor y Salvador decir: "Yo estoy en el Padre y el Padre en mí", y "Yo y el Padre somos uno" [], presumirá separar lo que Él ha hecho uno y ha mantenido indivisible?

    3. Los arrianos apelan a Dionisio como los judíos apelaron a Abraham: pero con igualmente poca razón

    § 3

    Viendo esto ellos mismos, por consiguiente, y no teniendo confianza en su propia posición, profieren falsedades contra hombres religiosos. Pero sería mejor para ellos, cuando se ven aislados y percibiendo que bajo examen están perdidos y reducidos al silencio por todas partes, haberse vuelto del camino del error y no reclamar a hombres a quienes no conocen, no sea que, al ser confutados también por ellos, se lleven toda la más vergüenza. Pero quizá no quieren apartarse jamás de esta maldad suya; pues emulan esta característica de Caifás y los suyos, así como han aprendido de ellos a negar a Cristo. Porque también ellos, cuando el Señor había hecho tantas obras, con las cuales se mostró ser el Cristo, el Hijo del Dios vivo, y siendo convencidos por él, de allí en adelante en todas las cosas pensando y hablando contra la Escritura, e incapaces por un momento de hacer frente a las pruebas contra sí mismos, se acogieron al patriarca con las palabras: "A Abraham tenemos por padre" [], pensando así encubrir su propia sinrazón. Pero ni ellos ganaron algo con estas palabras, ni estos hombres, hablando de Dionisio, podrán escapar a la culpa de los otros. Porque el Señor convenció a estos últimos de sus malas obras con las palabras: "Esto no hizo Abraham" [], mientras que la misma verdad convencerá de nuevo a estos hombres de su impiedad y falsedad. Porque el obispo Dionisio no estuvo de acuerdo con Arrio, ni ignoraba la verdad. Al contrario, tanto los judíos de aquel día como los nuevos judíos del día presente heredaron su loca enemistad contra Cristo de su padre el diablo. Pues bien, una prueba fuerte de que una vez más estos hombres dicen lo que no es verdad, sino que calumnian al hombre, es el hecho de que ni fue condenado y expulsado de la Iglesia por impiedad por otros obispos, como estos hombres lo han sido del clero, ni dejó la Iglesia por su propia voluntad como partidario de una herejía, sino que murió honrosamente dentro de ella, y su memoria se conserva y está registrada junto con los padres hasta el día de hoy. Porque si hubiera estado de acuerdo con estos hombres, o no hubiera vindicado lo que había escrito, sin duda él también habría sido tratado como estos hombres han sido.

    4. La apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto

    § 4

    Y en verdad esto bastaría para la refutación entera de los nuevos judíos, que niegan al Señor y calumnian a los padres e intentan engañar a todos los cristianos. Pero puesto que piensan que tienen, en ciertas partes de la carta del obispo, pretextos para su calumnia contra él, venid y examinemos también estos, para que aun a partir de ellos quede expuesta la futilidad del razonamiento, y ellos al fin cesen de su blasfemia contra el Señor, y de cualquier modo con los soldados [], cuando vean a la creación dando testimonio, confiesen que verdaderamente Él es el Hijo de Dios, y no una de las cosas creadas. Dicen, pues, que en una carta el bienaventurado Dionisio ha dicho: "que el Hijo de Dios es una criatura y hecho, y no propio suyo por naturaleza, sino en esencia ajeno al Padre, así como el labrador es ajeno a la vid, o el constructor de naves a la barca, pues siendo una criatura no era antes de llegar a ser". Sí, lo escribió, y también nosotros admitimos que su carta corre así. Pero así como escribió esto, escribió también muchísimas otras cartas, y ellos deberían consultar también aquellas; para que la fe del hombre quede clara a partir de todas ellas, y no de esta sola. Porque el arte de un constructor de naves que ha construido muchas trirremes no se juzga por una, sino por todas. Si, por tanto, él escribió simplemente esta carta de la que hablan como una exposición de su fe, o si esta fue su única carta, que lo acusen a su antojo —pues esta insinuación equivale realmente a una acusación—, pero si fue llevado a escribir como lo hizo por la ocasión y la persona de que se trataba, mientras también escribía otras cartas defendiéndose donde había sido sospechado, en ese caso no deberían haber descuidado las razones y arrojado a la ligera una mancha sobre el hombre, no sea que parezcan estar cazando meras expresiones sueltas, mientras pasan por alto la verdad que se ha de hallar en sus otras cartas. Porque también un labrador trata árboles del mismo tipo ahora de una manera, ahora de otra, según el carácter del suelo con que tiene que habérselas; ni nadie lo culparía porque corta uno, injerta otro, planta otro, y otro de nuevo lo trasplanta. Al contrario, al conocer la razón, tanto más admira la versatilidad de su habilidad. Pues bien, a menos que hayan consultado el escrito superficialmente, expongan el asunto principal de la carta; porque así saldrá a la luz la malignidad y el carácter inescrupuloso de su designio. Pero como no lo saben, o se avergüenzan de exponerlo, nosotros debemos exponerlo.

    5. La ocasión de la escritura de Dionisio contra los sabelianos

    § 5

    En aquella fecha ciertos obispos de Pentápolis, en la Libia superior, estaban con Sabelio. Y tuvieron tanto éxito con sus opiniones que el Hijo de Dios apenas era ya predicado en las iglesias. Habiendo oído esto Dionisio, como tenía el cuidado de aquellas iglesias, envía hombres para aconsejar a los culpables que cesaran de su error; pero como no cesaron, sino que se hicieron más desvergonzados en su impiedad, se vio obligado a hacer frente a su conducta desvergonzada escribiendo la dicha carta, y a exponer por los Evangelios la naturaleza humana del Salvador, a fin de que, puesto que aquellos hombres se envalentonaban más en negar al Hijo y en atribuir sus acciones humanas al Padre, él, demostrando en consecuencia que fue el Hijo y no el Padre quien se hizo hombre por nosotros, pudiera persuadir a los ignorantes de que el Padre no es un Hijo, y así gradualmente conducirlos a la verdadera Deidad del Hijo y al conocimiento del Padre. Este es el asunto principal de la carta, y esta es la razón por la que la escribió, a causa de aquellos que tan desvergonzadamente habían optado por alterar la fe verdadera.
    Comentario editorial · Dionisio y los obispos de la Pentápolis
    Dionisio, obispo de Alejandría y alumno de Orígenes, fue llamado «el Grande». Las fechas de su episcopado difieren: el NPNF da 233–265; Wikipedia, del 28 de diciembre de 248 al 22 de marzo de 264. Según la introducción del NPNF, escribió a obispos de la Pentápolis, donde la doctrina de Sabelio era tan popular que apenas se predicaba ya al Hijo de Dios, y al insistir en la distinción entre el Hijo y el Padre usó expresiones que los arrianos citaban. Eusebio (Historia eclesiástica, VII, 26) enumera cartas a Amón, Telesforo y Eufranor y otra a Amón y Euporo.

    6. Dionisio no expresó su plena opinión en los pasajes alegados

    § 6

    Pues bien, ¿qué hay en común entre la herejía de Arrio y la opinión de Dionisio? ¿O por qué se ha de llamar a Dionisio semejante a Arrio, cuando difieren ampliamente? Porque el uno es maestro de la Iglesia católica, mientras que el otro ha sido el inventor de una herejía nueva. Y mientras Arrio, para exponer su propio error, escribió una Thalía en estilo afeminado y ridículo como Sotades el egipcio, Dionisio no solo escribió también otras cartas, sino que compuso una defensa de sí mismo sobre los puntos sospechosos, y salió claramente como de rectas opiniones. Si, pues, sus escritos son inconsistentes, que no lo arrastren a su lado, pues bajo ese supuesto no es digno de crédito. Pero si, cuando había escrito su carta a Amón y caído bajo sospecha, hizo su defensa de modo que mejoró lo que había dicho antes, pero lo hizo sin cambiar, debe ser evidente que escribió los pasajes sospechosos en un sentido calificado. Pero lo que se escribe o se hace en tal sentido, los hombres no tienen por qué interpretarlo maliciosamente, ni forzar cada uno a un significado de su propia cosecha. Porque aun un médico, conforme a su conocimiento, aplica con frecuencia a las heridas que ha de tratar remedios que a algunos parecen inadecuados con miras a nada más que a la salud. De igual manera es práctica de un maestro sabio ordenar y entregar sus lecciones con referencia al carácter de sus discípulos, hasta que los ha traído al camino de la perfección.

    7. El lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares

    § 7

    Pero si acusan al bienaventurado hombre (pues los argumentos de los arrianos acerca de él son de hecho acusaciones contra él) simplemente por escribir así, ¿qué harán cuando oigan aun a los grandes y bienaventurados Apóstoles en los Hechos, primeramente a Pedro diciendo []: "Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús de Nazaret, varón aprobado por Dios entre nosotros con obras poderosas, prodigios y señales que Dios hizo por medio de Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis; a Éste, entregado por el determinado consejo y presciencia de Dios, vosotros por mano de hombres inicuos lo crucificasteis y matasteis". Y otra vez [ib. Hechos 4:10]: "En el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis, a quien Dios resucitó de los muertos, en Él este hombre está aquí delante de vosotros sano". Y Pablo, relatando [ib. Hechos 13:22] en Antioquía de Pisidia cómo Dios, "cuando hubo removido a Saúl, levantó a David por rey; a quien también dio testimonio y dijo: He hallado a David, hijo de Jesé, varón conforme a mi corazón, que hará mi voluntad. De la descendencia de este hombre, Dios, conforme a la promesa, trajo a Israel un Salvador, Jesús". Y otra vez en Atenas [ib. Hechos 17:30]: "Los tiempos de ignorancia, pues, Dios los pasó por alto; pero ahora manda a los hombres que todos en todas partes se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia por medio del hombre a quien ha ordenado, de lo cual ha dado garantía a todos los hombres, al resucitarlo de los muertos". O Esteban, el gran mártir, cuando dice: "He aquí, veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios". Vamos, ya es hora de que se muestren descarados (pues nada hay demasiado atrevido para ellos) y afirmen que los mismos apóstoles estuvieron con Arrio; porque declaran que Cristo fue un hombre de Nazaret y pasible.

    8. Los Apóstoles hablaron de Cristo como hombre, pero también como Dios

    § 8

    Pues bien, siendo tales las imaginaciones de estos hombres, ¿acaso los Apóstoles, puesto que usaron el lenguaje anterior, consideraron a Cristo como solo un hombre y nada más? ¡Dios no lo permita! La sola idea está fuera de cuestión. Pero también aquí han obrado como sabios maestros de obras y mayordomos de los misterios de Dios. Y tienen buena razón para ello. Porque en la medida en que los judíos de aquel día, errados ellos mismos y extraviando a los gentiles, pensaban que el Cristo venía como un mero hombre de la descendencia de David, a semejanza de los demás hijos de la descendencia de David, y no querían creer ni que Él era Dios ni que el Verbo se hizo carne; por esta razón fue con mucha sabiduría que los bienaventurados Apóstoles comenzaron proclamando a los judíos las características humanas del Salvador, a fin de que, persuadiéndolos plenamente por hechos visibles y por milagros que se hicieron, de que el Cristo había venido, pudieran luego conducirlos a la fe en su Deidad, mostrando que las obras que había hecho no eran de hombre sino de Dios. Así, Pedro, que llama a Cristo hombre capaz de padecer, inmediatamente pasó [] a añadir: "Él es Príncipe de la Vida", mientras que en el Evangelio confiesa: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo". Pero en su Epístola lo llama Obispo de las almas y Señor tanto de sí mismo como de los ángeles y de las Potestades. Pablo, a su vez, que llama a Cristo hombre de la descendencia de David, escribió así a los Hebreos []: "Quien siendo el resplandor de su gloria y la imagen misma de su subsistencia", y a los Filipenses []: "Quien, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse". Pero ¿qué puede significar llamarlo Príncipe de la Vida, Hijo de Dios, resplandor, imagen expresa, igual a Dios, Señor y Obispo de las almas, si no que en el cuerpo Él era Verbo de Dios, por quien todas las cosas fueron hechas, y es tan indivisible del Padre como lo es el resplandor de la luz?

    9. Dionisio debe interpretarse como los Apóstoles

    § 9

    Y Dionisio, en consecuencia, obró según lo aprendido de los Apóstoles. Porque, al irse extendiendo la herejía de Sabelio, se vio obligado, como antes dije, a escribir la mencionada carta y a arrojar contra ellos lo que del Salvador se dice en cuanto a su humanidad y a su humillación, a fin de impedirles, por sus atributos humanos, que dijeran que el Padre era hijo, y de hacerles así más fácil la enseñanza acerca de la Deidad del Hijo, cuando en sus otras cartas lo llama por las Escrituras Verbo, sabiduría, poder, aliento [] y resplandor del Padre. Por ejemplo, en las cartas escritas en su defensa, hablando como he descrito, cobra ánimo en la fe y en la piedad hacia Cristo. Así como, pues, no se ha de acusar a los Apóstoles por su lenguaje humano acerca del Señor —porque el Señor se ha hecho hombre—, sino que son tanto más dignos de admiración por su sabia reserva y su enseñanza oportuna, así Dionisio no es arriano a causa de su carta a Eufránor y Amón contra Sabelio. Porque aunque usó frases y ejemplos humildes, también ellos proceden de los Evangelios, y su justificación es la venida del Salvador en carne, por causa de la cual no sólo estas cosas, sino otras semejantes, están escritas. Pues así como Él es Verbo de Dios, así después 'el Verbo se hizo carne'; y mientras 'en el principio era el Verbo', la Virgen al cumplimiento de los siglos concibió, y el Señor se ha hecho hombre. Y Aquel a quien ambos modos de hablar indican es una sola Persona, pues 'el Verbo se hizo carne'. Pero las expresiones usadas acerca de su Deidad y de su hacerse hombre han de interpretarse con discernimiento y de modo adecuado a cada contexto. Y quien escribe de los atributos humanos del Verbo conoce también lo que toca a su Deidad; y quien expone acerca de su Deidad no ignora lo que pertenece a su venida en carne; antes bien, discerniendo cada cosa como perito y 'cambista aprobado', caminará por la vía recta de la piedad; por eso, cuando habla de su llanto, sabe que el Señor, habiéndose hecho hombre, mientras manifiesta su carácter humano llorando, como Dios resucita a Lázaro; y sabe que tenía hambre y sed corporalmente, mientras divinamente alimentó a cinco mil personas con cinco panes; y sabe que, mientras un cuerpo humano yacía en el sepulcro, fue resucitado como cuerpo de Dios por el Verbo mismo.

    10. Las expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre

    § 10

    Dionisio, enseñando exactamente así, en su carta a Eufránor y Amón escribió teniendo en cuenta a Sabelio acerca de los predicados humanos del Salvador. Pues a esta última clase pertenecen las expresiones: 'Yo soy la Vid y mi Padre el Labrador' [], y 'fiel al que lo hizo' [], y 'Él me creó' [], y 'hecho tanto más excelente que los ángeles' []. Pero no ignoraba los pasajes: 'Yo estoy en el Padre y el Padre en Mí' [], y 'El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre'. Pues sabemos que los mencionó en sus otras Epístolas. Porque, al mencionarlos allí, mencionó también los atributos humanos del Señor. Pues así como 'siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo' [], y 'siendo rico, por causa nuestra se hizo pobre', así, mientras hay descripciones altas y ricas de su Deidad, las hay también que se refieren a su venida en carne, expresiones humildes y pobres. Pero que éstas se usan del Salvador en cuanto hombre es manifiesto por las siguientes razones. El labrador es distinto en esencia de la vid, mientras que los sarmientos son de una misma esencia y afines a ella, y de hecho están indivisos de la vid, teniendo ella y ellos un solo y mismo origen. Pero, como el Señor dijo, Él es la vid, nosotros los sarmientos. Si, pues, el Hijo fuera de una misma esencia con nosotros y tuviera el mismo origen que nosotros, concedamos que en este respecto el Hijo es diverso en esencia del Padre, como la vid lo es del labrador. Pero si el Hijo es diferente de lo que somos nosotros, y es el Verbo del Padre mientras nosotros somos hechos de tierra y descendientes de Adán, entonces la expresión anterior no debe referirse a la deidad del Verbo, sino a su venida humana. Pues así también ha dicho el Salvador: 'Yo soy la vid, vosotros los sarmientos, mi Padre es el labrador.' Porque somos afines al Señor según el cuerpo, y por eso dijo [Hebreos 2:12, Salmo 22:22]: 'Anunciaré tu nombre a mis hermanos.' Y así como los sarmientos son de una misma esencia con la vid y proceden de ella, así también nosotros, teniendo nuestros cuerpos homogéneos con el cuerpo del Señor, recibimos de su plenitud [], y tenemos aquel cuerpo como raíz nuestra para nuestra resurrección y nuestra salvación. Pero el Padre es llamado labrador, pues Él fue quien por su Verbo cultivó la Vid, esto es, la humanidad del Salvador, y quien por su propio Verbo nos preparó un camino hacia un reino; y nadie viene al Señor si el Padre no lo atrae hacia Él [].

    11. Lo mismo sucede con el lenguaje análogo de los Apóstoles

    § 11

    Siendo éste, pues, el sentido de la expresión, se sigue que de la vid, así entendida, está escrito: 'Quien fue fiel al que lo creó' [], y 'hecho tanto más excelente que los ángeles' [ib. Hebreos 1:4], y 'Él me creó' []. Pues cuando hubo tomado aquello que había de ofrecer por nosotros, a saber, su cuerpo de la Virgen María, entonces está escrito de Él que había sido creado, formado y hecho: porque tales frases son aplicables a los hombres. Además, no después de haber tomado el cuerpo fue hecho más excelente que los ángeles, no sea que pareciera haber sido antes inferior o igual a ellos. Pero escribiendo a judíos, y comparando el ministerio humano del Señor con Moisés, dijo: 'habiendo sido hecho tanto más excelente que los ángeles', porque por medio de ángeles fue hablada la ley, ya que 'la ley fue dada por Moisés, mas la gracia vino por Jesucristo' [], y el don del Espíritu. Y mientras en aquellos días la ley era predicada desde Dan hasta Beerseba, ahora 'por toda la tierra ha salido su sonido' [], y los gentiles adoran a Cristo, y por Él conocen al Padre. Las cosas anteriores, pues, están escritas del Salvador en cuanto hombre, y no de otra manera.

    12. Los pasajes alegados de Dionisio, bien entendidos, son estrictamente ortodoxos

    § 12

    Pues bien, ¿acaso Dionisio, como repiten los adversarios de Cristo, al escribir de las características humanas del Hijo, y llamándolo así criatura, quiso decir que era un hombre entre otros? ¿O cuando dijo que el Verbo no era propio de la esencia del Padre, sostuvo que era de una misma esencia con nosotros los hombres? Ciertamente no escribió así en sus otras epístolas; antes bien, en ellas no sólo manifiesta una opinión correcta, sino que casi clama por medio de ellas contra esa gente, diciendo como si dijera: No soy de la misma opinión que vosotros, adversarios de Dios, ni mis escritos proporcionaron a Arrio un pretexto para la impiedad. Sino que, al escribir a Amón y Eufránor por causa de los sabelianizantes, hice mención de la vid y del labrador, y usé otras expresiones semejantes, a fin de que, señalando las características humanas del Señor, persuadiera a aquellos hombres a no decir que es el Padre quien se hizo hombre. Pues así como el labrador no es la vid, así el que vino en el cuerpo no era el Padre, sino el Verbo; y el Verbo, habiendo venido a estar en la Vid, fue llamado Vid a causa de su parentesco corporal con los sarmientos, es decir, con nosotros. En este sentido, pues, escribí como lo hice a Eufránor y Amón; pero vuestra desvergüenza la confronto con las otras cartas escritas por mí, para que los hombres de sano juicio conozcan la defensa que contienen y mi recta mente en la fe de Cristo. Los arrianos, pues, deberían, si su inteligencia fuera sana, haber pensado y creído así acerca del Obispo: 'porque todas las cosas son manifiestas a los que entienden, y rectas a los que hallan conocimiento' []. Pero como, no habiendo entendido la fe de la Iglesia Católica, han caído en la impiedad y, en consecuencia, mutilados en su inteligencia, piensan que aun las cosas rectas son torcidas y llaman a la luz tinieblas, mientras piensan que las tinieblas son luz, es necesario citar también de las otras cartas de Dionisio y exponer por qué fueron escritas, para mayor condenación del hereje. Pues de ellas hemos aprendido nosotros mismos a pensar y escribir como lo hacemos acerca del hombre.

    13. Pero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia

    § 13

    La ocasión de escribir las otras cartas fue la siguiente. El Obispo Dionisio, habiendo tenido noticia de los asuntos de Pentápolis y habiendo escrito, por celo de la religión, como dije antes, su carta a Eufránor y Amón contra la herejía de Sabelio, algunos de los hermanos pertenecientes a la Iglesia, de rectas opiniones, pero sin preguntarle a él para saber por sí mismos cómo había escrito, subieron a Roma; y hablaron contra él en presencia de su homónimo Dionisio, el Obispo de Roma. Y éste, al oírlo, escribió a un tiempo contra los partidarios de Sabelio y contra los que sostenían las mismas opiniones por expresar las cuales Arrio fue expulsado de la Iglesia; calificando de impiedad igual y opuesta el sostener con Sabelio, o con los que dicen que el Verbo de Dios es cosa hecha, formada y originada. Y escribió también a Dionisio para informarle de lo que habían dicho de él. Y éste escribió de inmediato en respuesta, y tituló sus libros 'Refutación y Defensa'. Advierte aquí la detestable cuadrilla de los adversarios de Cristo, y cómo ellos mismos han levantado su deshonra contra sí mismos. Pues habiendo escrito también Dionisio, Obispo de Roma, contra los que decían que el Hijo de Dios era criatura y cosa creada, es manifiesto que no ahora por primera vez, sino desde antiguo, la herejía de los arrianos adversarios de Cristo ha sido anatematizada por todos. Y Dionisio, Obispo de Alejandría, defendiéndose acerca de la carta que había escrito, aparece a su vez no pensando como ellos alegan ni habiendo sostenido jamás el error arriano.

    14. Objeto y método general de Dionisio en su 'Refutación y Defensa'

    § 14

    Y el mero hecho de que Dionisio se haya defendido acerca de las materias en que esa gente insiste basta plenamente para condenar a los arrianos y demostrar su malignidad. Porque no escribió en medio de una polémica airada, sino para defenderse en los puntos en que estaba bajo sospecha. Pero al defenderse de los cargos, ¿qué hace sino, al deshacerse de todo cargo del que era sospechado, condenar por este mismo hecho a los locos arrianos de malignidad? Mas, para completar su confusión por medio de lo que escribió en su defensa, ven, déjame exponer ante ti sus mismas palabras. Pues por ellas aprenderás, primero, que los arrianos son maliciosos; segundo, que Dionisio no tiene nada que ver con su error. Para comenzar, pues, escribió su carta como Refutación y Defensa. Pero esto significa, ciertamente, que se propone refutar afirmaciones falsas, y se defiende de lo que ha escrito; mostrando que no escribió como Arrio supuso, sino que, al mencionar lo que se dice del Señor en su aspecto humano, no ignoraba que Él era el Verbo y la Sabiduría indiviso del Padre. Luego censura a los que hablaron contra él por no citar su lenguaje en su totalidad, sino mutilándolo, y por hablar no de buena fe, sino con doblez y arbitrariedad. Y los compara con los que solían acusar las cartas del bienaventurado Apóstol. Pero esta queja suya lo limpia por completo de toda siniestra sospecha. Porque si considera que los detractores de Pablo son semejantes a los suyos, muestra precisamente esto: que escribió como lo hizo en el sentido de Pablo. En todo caso, al hacer frente una por una a las acusaciones de sus oponentes, explica todos los pasajes citados por ellos; y mientras en estos últimos refuta a Sabelio, en sus cartas posteriores muestra cuán pura y piadosa es su propia fe. Por consiguiente, mientras ellos quieren que Dionisio sostuvo que 'Dios no siempre fue Padre, que el Hijo no siempre existió, sino que Dios existió aparte del Verbo, y que el Hijo mismo no era antes de ser engendrado: al contrario, hubo un tiempo en que no era, pues no es eterno sino que ha venido a ser después',—¡mira cómo responde! La mayor parte de lo que dijo, ya sea en forma de investigaciones, de inferencias colectivas, de refutaciones interrogativas o de cargos contra sus acusadores, la omito por la extensión de sus discursos, insertando sólo lo estrictamente pertinente a los cargos contra él. En respuesta a éstos, escribe tras cierta materia preliminar, en el primer libro titulado 'Refutación y Defensa', en los siguientes términos.

    15. Extractos de la 'Refutación y Defensa'

    § 15

    "'Porque nunca hubo un tiempo en que Dios no fuera padre.' Y esto lo reconoce en lo que sigue: 'que Cristo es para siempre, siendo Verbo y Sabiduría y Poder. Porque no ha de suponerse que Dios, no teniendo al principio tal prole, engendró después un Hijo, sino que el Hijo tiene su ser no de Sí mismo, sino del Padre.' Y un poco más adelante añade sobre el mismo asunto: 'Mas siendo el resplandor de luz eterna, ciertamente Él mismo es eterno; pues como la luz existe siempre, es evidente que el resplandor debe existir también siempre. Porque por el hecho de brillar se percibe la existencia de la luz, y no puede haber luz que no ilumine. Porque volvamos a nuestros ejemplos. Si hay sol, hay luz solar, hay día. Si no hay ninguna de estas cosas, es del todo imposible que haya sol. Si, pues, el sol fuera eterno, el día también sería incesante. Pero de hecho, como no es así, el día comienza y cesa con el sol. Mas Dios es luz eterna, que nunca comienza ni cesa. El resplandor, pues, yace ante Él eternamente, y está con Él sin principio y es siempre engendrado, brillando en su Presencia, siendo aquella Sabiduría que dijo, «Yo era aquello en que él se regocijaba, y cada día me alegraba en su presencia en todo tiempo» [].' Y de nuevo, poco después, reanuda el mismo tema con estas palabras: 'El Padre, pues, siendo eterno, el Hijo es eterno, siendo Luz de Luz; porque si hay un padre, hay también un hijo. Pero si no hubiera un hijo, ¿cómo y de quién puede haber un padre? Mas hay ambos, y eso eternamente.' Luego añade de nuevo: 'Dios, pues, siendo luz, Cristo es resplandor; y siendo Espíritu, porque «Dios es Espíritu» []—de igual manera Cristo es llamado aliento, porque Él es el «aliento del poder de Dios» [].' Y de nuevo, citando el segundo libro, dice: 'Mas sólo el Hijo, que siempre está con el Padre y está lleno del que ES, Él mismo también ES del Padre.'"

    16. Contraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio

    § 16

    Ahora bien, si el sentido de las afirmaciones anteriores fuera dudoso, habría necesidad de un intérprete. Pero como escribió con claridad y repetidamente sobre el mismo asunto, deja que Arrio rechine los dientes cuando vea su propia herejía subvertida por Dionisio y le oiga decir lo que no desea oír: 'Dios fue siempre Padre, y el Hijo no es absolutamente eterno, sino que su eternidad fluye de la eternidad del Padre, y Él coexiste con Él como el resplandor con la luz.' Mas dejen de lado tal calumnia contra él éstos que han llegado a imaginar que Dionisio pensaba con Arrio. Pues ¿qué tienen en común, cuando Arrio dice: 'El Hijo no era antes de ser engendrado, sino que hubo una vez un tiempo en que no era', mientras que Dionisio enseña: 'Ahora bien, Dios es Luz eterna, sin principio ni fin: en consecuencia, el resplandor yace ante Él eternamente y coexiste con Él, brillando ante Él sin principio y siempre engendrado'? Porque, en efecto, para salir al paso de la sospecha de otros que alegan que Dionisio, al hablar del Padre, no nombra al Hijo, y a su vez al hablar del Hijo no nombra al Padre, sino que divide, separa y aparta al Hijo del Padre, responde y los avergüenza en el segundo libro, como sigue.

    17. Dionisio no separó las Personas de la Santísima Trinidad

    § 17

    'Cada uno de los nombres que he mencionado es inseparable e indivisible del que está junto a él. Hablé del Padre, y antes de referirme al Hijo lo designé a Él también en el Padre. Me referí al Hijo—y aunque no mencioné expresamente también al Padre, ciertamente Él debía entenderse de antemano en el Hijo. Añadí el Espíritu Santo, pero al mismo tiempo añadí además de dónde y por medio de quién procede. Pero ellos ignoran que ni el Padre, qua Padre, está separado del Hijo—pues el nombre lleva consigo esa relación—ni el Hijo está desterrado del Padre. Porque el título de Padre denota el vínculo común. Pero en sus manos está el Espíritu, que no puede separarse ni del que lo envió ni del que lo transmitió: ¿Cómo entonces puedo yo, que uso estos nombres, imaginar que están divididos y enteramente separados unos de otros?' Y poco después continúa: 'Así pues extendemos la Mónada indivisiblemente en la Tríada, y a la inversa reunimos la Tríada sin disminución en la Mónada.'

    18. Dionisio no sostuvo que el Hijo no fuera de una misma esencia con el Padre

    § 18

    Luego los refuta en cuanto a su acusación de que llamó al Hijo una de las cosas originadas, y no de una misma esencia con el Padre (una vez más en el primer libro) de la siguiente manera: 'Sólo al decir que ciertas cosas se percibían como originadas y creadas, las di como ejemplos de pasada, por ser menos adecuados, diciendo que ni la planta [de una misma esencia] con el labrador, ni la barca con su constructor. Luego me detuve más en comparaciones más apropiadas y adecuadas, y me extendí con mayor amplitud en las que están más cerca de la verdad, presentando varias pruebas que os escribí en otra carta, mediante las cuales mostré también que la acusación que alegan contra mí es falsa, a saber, que yo negaba que Cristo fuera de una misma esencia con Dios. Pues aunque argumente que no he encontrado esta palabra ([ὁμοούσιον]) ni la he leído en ningún lugar de las Sagradas Escrituras, sin embargo mis razonamientos posteriores, que ellos han suprimido, no discrepan de su significado. Pues di el ejemplo del nacimiento humano evidentemente como siendo homogéneo, y dije que ciertamente los padres sólo se diferenciaban de sus hijos en no ser ellos mismos los hijos; de lo contrario se seguiría que no existirían padres ni hijos. Y la carta, como dije antes, me veo impedido por las circunstancias de presentarla; de otro modo os habría enviado las palabras exactas que usé entonces, o más bien una copia de toda la carta: lo cual haré si tengo oportunidad. Pero sé y recuerdo que añadí varias semejanzas de relaciones de parentesco. Pues dije que una planta, nacida de una semilla o raíz, era diferente de aquello de donde brotó, y al mismo tiempo enteramente de una misma naturaleza con ello: y que una corriente que fluye de un pozo recibe otra forma y nombre—pues el pozo no se llama río, ni el río pozo—y que ambos existían, y que el pozo era como un padre, mientras que el río era agua del pozo. Pero ellos fingen no ver estas y semejantes declaraciones escritas, sino que son como ciegos, mientras intentan apedrearme con dos expresiones inconexas como piedras, desde lejos, sin saber que en materias que están más allá de nuestro conocimiento, y que requieren adiestramiento para aprehender, con frecuencia no sólo ejemplos extraños, sino incluso contrarios sirven para ilustrar el problema en cuestión.' Y en el tercer libro dice: 'La Vida fue engendrada de la Vida, y fluyó como un río de un pozo, y de la Luz inextinguible se encendió la Luz brillante.'

    19. Inconsecuencia de la apelación arriana a Dionisio

    § 19

    ¿Quién que oiga esto no considerará locos a quienes sospechan que Dionisio sostenía las ideas de Arrio? Pues ¡he aquí! En estas palabras, con argumentos basados en la verdad, pisotea toda su herejía. Porque con la semejanza del resplandor destruye las afirmaciones de que 'no era antes de ser engendrado' y 'hubo un tiempo en que no era', como también al decir que su Padre nunca estuvo sin descendencia. Pero la alegación de ellos de que fue hecho 'de la nada' la destruye al decir que el Verbo era como un río de un pozo, y un vástago de un tronco, y un hijo de un padre, y Luz de Luz, y Vida de Vida. Y su separación y apartamiento del Verbo respecto de Dios, la derriba diciendo que la Tríada está sin división y sin disminución reunida en la Mónada. Mientras que su afirmación de que el Hijo no tiene parte en la esencia del Padre, la pisotea inequívocamente diciendo que el Hijo es de una misma esencia con el Padre. En lo cual hay que maravillarse de la impudencia de los irreligiosos. ¿Cómo pueden, cuando Dionisio, a quien reclaman como partidario suyo, dice que el Hijo es de una misma esencia, andar ellos mismos zumbando como mosquitos con la queja de que el Sínodo se equivocó al escribir 'de una misma esencia'? Pues si Dionisio es amigo suyo, no nieguen lo que su partidario sostiene. Pero si piensan que la expresión fue usada incorrectamente, ¿cómo pueden repetir que Dionisio, que la usó, sostenía las ideas de ellos? Tanto más cuanto que no parece haber escrito estas cosas meramente de pasada, sino que habiendo escrito anteriormente otras cartas, convence de falsedad a quienes lo habían acusado de no decir que el Hijo era de una misma Esencia con el Padre, mientras refuta a quienes pensaban que dijo que el Verbo era originado, mostrando que no sostenía lo que ellos suponían, sino que incluso si había usado las expresiones, lo había hecho meramente para mostrar que fue el Hijo, no el Padre, quien se revistió del cuerpo originado, formado, creado; por cuya razón también se dice que el Hijo fue originado, creado y formado.

    20. Dionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas

    § 20

    Claramente, puesto que anteriormente había usado tales expresiones, al despedirse largamente de los arrianos, exige una buena conciencia de sus oyentes—teniendo derecho a alegar la dificultad, o quizá se podría decir la incomprensibilidad de los problemas en cuestión—a saber, que no juzguen de las palabras sino del significado del escritor, y tanto más cuanto que hay mucho que muestra su intención. Por ejemplo, él mismo dice: 'Usé los ejemplos de tales relaciones de pasada, por ser menos adecuados, la planta y el labrador por ejemplo; mientras me detuve en los ejemplos más pertinentes, y me extendí con mayor amplitud en los que están más cerca de la verdad.' Pero un hombre que dice esto muestra que está más cerca de la verdad decir que el Hijo es eterno y del Padre, que decir que es originado. Porque con lo segundo se denota la naturaleza corporal del Señor, pero con lo primero, la eternidad de su Deidad. En las siguientes palabras, por ejemplo, sostiene, y no sólo eso, sino deliberadamente y con genuina fuerza demostrativa, que son refutados quienes lo acusaron de no decir que el Hijo es de una misma esencia con el Padre: 'aunque no encontré esta expresión en las Escrituras, sin embargo, recogiendo de las Escrituras mismas su sentido general, supe que, siendo Hijo y Verbo, no podía estar fuera de la Esencia del Padre.' Porque que no sostiene que el Hijo sea una cosa creada o formada—pues sobre este punto también lo han citado repetidamente— lo dice en el segundo libro de la siguiente manera: 'Pero si alguno de mis detractores, porque llamé a Dios el Creador, hacedor de todas las cosas, piensa que quiero decir que Él es también Hacedor de Cristo, note que previamente lo llamé Padre, en cuyo término también está implicado el Hijo. Pues después de decir que el Padre es Hacedor, añadí que tampoco es Padre de las cosas que creó, si el que engendró ha de llamarse Padre en sentido estricto. Pues el sentido más amplio del término Padre lo desarrollaremos en lo que sigue. Tampoco es el Padre un hacedor, si por hacedor se entiende simplemente el artífice. Porque entre los griegos, los filósofos son llamados «hacedores» de sus propios discursos. Y el Apóstol habla de un «hacedor» ([ποιητής]) «de la ley» [], porque los hombres son llamados «hacedores» de cualidades interiores, como la virtud y el vicio; como Dios dijo, «Busqué a uno que hiciera justicia, pero hizo maldad» ' [, Septuaginta].

    21. En qué sentido dijo Dionisio que el Hijo fue 'hecho'

    § 21

    En verdad, quien oye esto se acuerda del oráculo divino que dice: 'dondequiera que el impío se vuelve, es destruido' [, Septuaginta]. Pues ¡he aquí! Volviéndose sutilmente en cada dirección, estos impíos son destruidos, sin tener aquí siquiera excusa en cuanto a Dionisio. Porque enseña abiertamente que el Hijo no es una cosa hecha o creada, mientras censura y corrige a quienes lo acusan de haber dicho que Dios era el creador (de Cristo), en que no notaron que previamente había hablado de Dios como Padre, en cuya expresión también está implicado el Hijo. Pero al decir así, muestra que el Hijo no es una de las criaturas, y que Dios no es el hacedor sino el Padre de su propio Verbo. Y puesto que algunos le habían objetado ignorantemente que llamó a Dios hacedor de Cristo, se defiende de varias maneras, mostrando que ni siquiera aquí lo que dijo es censurable. Pues había dicho que Dios era el hacedor de Cristo en cuanto a su carne, que el Verbo tomó, y que era en sí misma creada. Pero si alguien sospechara que esto se refería al Verbo, también aquí estaban obligados a darle una audiencia justa. 'Pues como no sostengo que el Verbo sea una criatura, y llamo a Dios no su hacedor sino su Padre, incluso si de pasada, al referirme al Hijo, llamo a Dios creador, sin embargo también aquí puedo defenderme. Porque los filósofos griegos se llaman a sí mismos hacedores ([ποιηταί]) de sus propios discursos ([λόγοι]), aunque son sus padres; mientras que la Divina Escritura nos describe como hacedores (hacedores) incluso de los movimientos de nuestros corazones, hablando de «hacedores» de la ley y del juicio y de la justicia.' De modo que por todos lados demuestra no sólo que el Hijo no es una cosa hecha o creada, sino también que él mismo no tiene nada que ver con el error arriano.
    Comentario editorial · Citas según la Septuaginta
    En esta carta, Atanasio cita según la Septuaginta, y así lo marca el texto, el Salmo 45:1 («mi corazón profirió una buena Palabra», §§ 2 y 23), Isaías 5:7 («Busqué a uno que hiciera justicia, pero hizo maldad», § 20) y Proverbios 12:7 («dondequiera que el impío se vuelve, es destruido», § 21). El lector muestra la Biblia traducida del hebreo, que no dice lo mismo: la BTX4 da «Rebosa mi corazón palabra buena», «Esperaba equidad, y he aquí iniquidad» y «Se derrumban los malvados, y ya no existen». La diferencia importa en el primero y el segundo, donde el argumento se apoya en las palabras «profirió» (el Verbo que sale del corazón) y «hizo» (el sentido de «hacedor»).

    22. La relación del Hijo con el Padre es esencial, según Dionisio

    § 22

    Que ningún arriano suponga que él dice siquiera algo del siguiente tipo: El Hijo coexiste con el Padre, de modo que mientras los nombres están correlacionados, las cosas están muy alejadas; y mientras que el Hijo no siempre coexistió con el Padre, puesto que el Hijo llegó a ser, Dios recibió de ese hecho el nombre adicional de Padre, y su coexistencia con Él data de ese tiempo como sucede en el caso de los hombres. Por el contrario, que observe y tenga presente lo que hemos dicho antes, y verá que la fe de Dionisio es correcta. Porque al decir: 'Pues no hubo tiempo en que Dios no fuera Padre', y de nuevo: 'Dios en todo caso es luz eterna sin principio ni fin jamás, por consiguiente el resplandor está eternamente ante Él y coexiste con Él, sin principio y siempre engendrado, brillando en su presencia', debería hacer imposible que alguien albergara tal sospecha contra él. Además, los ejemplos del pozo y el río, y la raíz y la rama, y el aliento y el vapor, avergüenzan a los adversarios de Cristo cuando reiteran lo contrario contra él.

    23. Dionisio no sostuvo que haya dos Verbos

    § 23

    Mas puesto que, además de todas sus propias iniquidades, Arrio ha sacado a relucir también esta expresión como de un estercolero, añadiendo que: 'El Verbo no es propio del Padre, sino que el Verbo que está en Dios es diferente, mientras que éste, el Señor, está fuera de la Esencia del Padre y no tiene nada que ver con ella, y sólo es llamado «Verbo» conceptualmente, y no es por naturaleza y en verdad Hijo de Dios, sino que es llamado Hijo, Él también, por adopción, como criatura;'— y puesto que al decir así se jacta entre los ignorantes como si también aquí tuviera a Dionisio como partidario suyo;— mirad la fe de Dionisio también en estos puntos, cómo contradice estas perversidades de Arrio. Porque en el primer libro escribe de la siguiente manera: 'Ahora he dicho que Dios es el pozo de todo lo bueno: mientras que el Hijo ha sido descrito como el río que procede de Él. Porque la palabra es un efluvio de la inteligencia, y, para tomar prestado un lenguaje aplicable a los hombres, la inteligencia que sale por la lengua se deriva del corazón a través de la boca, saliendo diferente de la palabra en el corazón. Pues esta última permanece, después de enviar la otra, como era. Pero la otra es enviada y vuela, y es llevada en todas direcciones. Y así cada una está en la otra, y cada una es distinta de la otra: y son una y al mismo tiempo dos. Igualmente se dijo que el Padre y el Hijo eran uno, y el Uno en el otro.' Y en el cuarto libro dice: 'Porque así como nuestra inteligencia profiere la palabra desde sí misma, como dice el profeta, Mi corazón profirió una buena palabra [], y, mientras cada una es distinta de la otra, ocupando un lugar propio distinto de la otra, la una morando y agitándose en el corazón, la otra sobre la lengua—sin embargo no están separadas, ni por un momento perdidas la una para la otra, ni la inteligencia está sin proferencia ([ἄ] [λογος]), ni la palabra sin inteligencia, sino que la inteligencia crea el Verbo manifestándose en él, y el Verbo muestra la inteligencia habiéndose originado en él, y la inteligencia es como una palabra interna, y la palabra una inteligencia proferente; la inteligencia pasando a la palabra, mientras la palabra hace circular la inteligencia entre los oyentes: y así la inteligencia mediante la palabra obtiene alojamiento en las almas de los oyentes, entrando junto con la palabra; y la inteligencia es como el padre de la palabra, existiendo en sí misma, mientras la palabra es como el hijo de la inteligencia, teniendo su origen, no por supuesto antes que ésta, ni tampoco concurrentemente con ella de alguna fuente externa, sino brotando de ella—así el poderoso Padre e Inteligencia universal tiene al Hijo antes de todas las cosas como su Verbo, Intérprete y Mensajero.'

    24. Si los arrianos están de acuerdo con Dionisio, que usen su lenguaje

    § 24

    Estas cosas Arrio o nunca las oyó, o las oyó y en su ignorancia no las entendió. Porque de otro modo, si las hubiera entendido, no habría calumniado tan gravemente al Obispo, sino que ciertamente lo habría vituperado también, como lo hizo con nosotros, a causa de su odio a la verdad. Pues siendo adversario de Cristo, no dudará en perseguir también a quienes sostienen la doctrina de Cristo, como el Señor mismo ha dicho de antemano: 'Si me persiguieron a mí, también os perseguirán a vosotros' []. O, si los líderes de la impiedad piensan que Dionisio era partidario suyo, que escriban y confiesen lo que él hizo. Que escriban acerca de la vid y el labrador, la barca y el constructor de barcos; y que al mismo tiempo confiesen, como él hizo en su defensa, la Unidad de Esencia, y que el Hijo es de la Sustancia del Padre, y eterno; y la relación de inteligencia y palabra, y el pozo y el río, y lo demás; para que vean por el mismo contraste que usó la primera clase de lenguaje para un propósito especial, y la segunda como expresando el pleno significado de la Fe Cristiana. Y por consiguiente, que ellos, al adoptar este lenguaje, revoquen lo que han sostenido de manera inconsistente con él. Pues ¿de qué manera la fe de Dionisio se aproxima siquiera a la maldad de Arrio? ¿No restringe Arrio el término Verbo a un sentido conceptual, mientras que Dionisio lo llama el verdadero Verbo de Dios por naturaleza? Y mientras el uno destierra al Verbo del Padre, el otro enseña que Él es propio del Padre, e inseparable de su Esencia, como la palabra lo es de la inteligencia y el río del pozo. Si entonces alguien es capaz de separar y desterrar la palabra de la inteligencia, o de dividir el río y el pozo, y amurallarlos, o de decir que el río es de otra esencia que el pozo, y de mostrar que el agua proviene de otro lugar, o se atreve a dividir el resplandor de la luz y a decir que el resplandor es de otra esencia, entonces que se una a Arrio en su locura. Pues tal persona dejará de tener siquiera la apariencia de inteligencia humana. Pero si la Naturaleza sabe que estos son indivisibles, y que la progenie de esos objetos es propia suya, entonces que nadie siga sosteniendo las ideas de Arrio ni calumnie a Dionisio, sino que más bien, sobre estos fundamentos, admire la claridad de su lenguaje y la corrección de su fe.

    25. La enseñanza de Dionisio sobre el Verbo (continuación)

    § 25

    Porque con respecto a la locura de Arrio cuando dice que el Verbo que está en Dios es distinto de aquel del cual dijo Juan: 'En el principio era el Verbo' [], y que la sabiduría propia de Dios dentro de Sí mismo no es la misma a la que se refiere el Apóstol como 'Cristo, poder de Dios y sabiduría de Dios' [], Dionisio resiste y denuncia cualquier error semejante, como podéis ver en el segundo libro, donde escribe sobre el asunto de la siguiente manera: ' «En el principio era el Verbo;» pero no fue el Verbo quien envió al Verbo, porque «el Verbo estaba con Dios.» El Señor ha sido hecho sabiduría [cf. ]: así, el que envió la Sabiduría no era la Sabiduría, porque «Yo era ella,» dice la Sabiduría, «en quien Él se deleitaba.» Cristo es la verdad; pero «Bendito», dice Él, «sea el Dios de la verdad» ' []. Allí derriba tanto a Sabelio como a Arrio, y muestra que ambas herejías son iguales en impiedad. Porque ni el Padre del Verbo es Él mismo el Verbo, ni la progenie del Padre es una criatura, sino el Unigénito de su esencia. Y además, el Verbo que procedió no es el Padre, ni tampoco es una palabra entre muchas; sino que solo Él es el Hijo del Padre, el Hijo verdadero y genuino por naturaleza, que ahora está en Él, y que eterna e indivisiblemente procede de dentro de Él. Así, el Señor es a la vez Sabiduría y Verdad, y no ocupa un segundo lugar después de otra sabiduría; sino que solo Él es aquel por medio de quien el Padre hizo todas las cosas, y en Él hizo las múltiples esencias de las cosas creadas, y por medio de Él se da a conocer a quien Él quiere, y en Él lleva a cabo y efectúa su providencia universal. Solo a Él reconoce Dionisio como Verbo de Dios. Esta es la fe de Dionisio; pues he recogido y copiado unas pocas afirmaciones de sus cartas, suficientes para induciros a añadir otras a su número, y para cubrir de completa vergüenza a los arrianos a causa de su calumnia contra el Obispo. Porque en todo, aun en los detalles de lo que escribió, puso al descubierto su error y marcó con hierro su herejía.

    26. Cómo trató Dionisio con los sabelianos

    § 26

    De aquí también es manifiesto que incluso la carta a Eufránor y Amón fue escrita por él en un sentido diferente y con un propósito especial. Pues su defensa lo deja claro. Y en verdad esta es una forma eficaz de argumento para derribar la locura de Sabelio, para aquel que desea un camino corto contra esos herejes: no comenzar por las expresiones aplicables a la deidad del Verbo, como que el Hijo es Verbo y Sabiduría y Poder de Dios, y que 'Yo y el Padre somos uno' [], no sea que ellos, pervirtiendo lo que está bien dicho, usen tales expresiones como pretexto para su desvergonzada contenciosidad, cuando oyen los textos: 'Yo y el Padre somos uno', y 'el que me ha visto a mí, ha visto al Padre' []; sino hacer hincapié en lo que se dice del Salvador como Hombre, como Él mismo ha hecho, tales como su hambre y su sed, y su cansancio, y cómo Él es la Vid, y cómo oró y padeció. Porque en la medida en que estas son expresiones humildes, resulta tanto más claro que no fue el Padre quien se hizo hombre. Pues se sigue que, cuando el Señor es llamado la Vid, debe haber también un labrador; y cuando oró, que había uno que escuchaba, y cuando pidió, que había uno que daba. Ahora bien, tales cosas muestran mucho más fácilmente la locura de los sabelianos, porque el que oraba era uno, el que escuchaba otro; uno la Vid y otro el Labrador. Pues cualesquiera expresiones que se citen para distinguir entre el Hijo y el Padre se usan de Él a causa de la carne que llevó por nosotros. Porque las cosas creadas son distintas por naturaleza de Dios. Por consiguiente, puesto que, siendo la carne una cosa creada, 'el Verbo', como dice Juan, 'se hizo carne' [], aunque Él es por naturaleza propio del Padre e inseparable de Él, sin embargo, a causa de la carne, el Padre queda ampliamente distinguido de Él. Porque Él mismo permite que lo que es propio de la carne se diga de Él, para que quede claro que el cuerpo era suyo y no de ningún otro. Mas siendo este el sentido de estas palabras, Sabelio será confutado tanto más rápidamente, quedando probado que no fue el Padre quien se hizo carne, sino su Verbo, que también redimió la carne y la ofreció al Padre. Pero habiéndolo confutado y persuadido así, podrá luego enseñarle más fácilmente acerca de la deidad del Verbo, cómo Él es el Verbo y la Sabiduría, Hijo y Poder, Resplandor e Imagen expresa. Pues aquí también es inferencia necesaria que, así como el Verbo existe, debe existir también el Padre del Verbo; y así como la Sabiduría existe, existe también su Progenitor; y así como el Resplandor existe, también existe la Luz; y que de esta manera el Hijo y el Padre son uno.

    27. Conclusión

    § 27

    Dionisio sabía esto cuando escribió. Y con sus primeras cartas silenció a Sabelio, y con las otras venció la herejía de Arrio. Pues así como los atributos humanos del Salvador derribaron a Sabelio, así contra los locos arrianos es preciso usar pruebas tomadas no de los atributos humanos, sino de lo que indica la deidad del Verbo, no sea que perviertan lo que se dice del Señor a causa de su Cuerpo, y piensen que el Verbo es de naturaleza semejante a la nuestra, y así permanezcan todavía en su locura. Pero si también se les enseña acerca de su deidad, condenarán su propio error; y cuando comprendan que el Verbo se hizo carne, también ellos distinguirán más fácilmente en adelante las características humanas de aquellas que convienen a su deidad. Pero siendo esto así, y habiendo quedado demostrado por sus escritos que el Obispo Dionisio era piadoso, ¿qué harán después los locos arrianos? Convencidos por esta evidencia, ¿a quién se atreverán a calumniar de nuevo? Porque necesariamente, puesto que han caído del fundamento de los Apóstoles y no tienen un pensamiento propio estable, buscan algún apoyo; y si no pueden encontrar ninguno, entonces calumnian a los padres. Pero ya nadie les creerá, aun cuando se esfuercen por difamarlos, porque la herejía está condenada por todas partes. A no ser que de aquí en adelante hablen del diablo, pues él es su único partidario, o más bien él es quien les sugirió su herejía. ¿Quién, pues, puede seguir llamando 'cristianos' a hombres cuyo jefe es el diablo, y no más bien 'diabólicos', de modo que lleven el nombre no meramente de adversarios de Cristo, sino de partidarios del diablo? A menos que en verdad cambien y, rechazando la impiedad que han tramado, lleguen a conocer la verdad. Porque esto será en seguida para su propio bien, y así es como nos conviene orar por todos los que están en el error.
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