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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
  33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
  34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
  41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
  49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
  50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
  58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
  66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
  67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Escritos históricos y apologéticos

    320–358, con una crónica posterior a 385 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)48 minPosición: 0% de esta parteParte 7 de 8 · Historia de los arrianos, Parte VPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-12

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
    33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
    34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
    41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
    49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
    50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
    58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
    66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
    67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

    Historia de los arrianos, Parte V

    Parte V, encabezado

    POR SAN ATANASIO

    35. Persecución y caída de Liberio

    § 35

    35. Ahora bien, mejor habría sido si desde el principio Constancio nunca se hubiera unido en absoluto a esta herejía; o, unido a ella, si no hubiera cedido tanto a aquellos hombres impíos; o, habiendo cedido a ellos, si se hubiera mantenido con ellos solo hasta ahí, de modo que el juicio pudiera venir sobre todos ellos por estas atrocidades solamente. Pero según parece, como locos, habiéndose atado a las ligaduras de la impiedad, están atrayendo sobre sus propias cabezas un juicio más severo. Así, desde el principio, no perdonaron ni siquiera a Liberio, obispo de Roma, sino que extendieron su furor incluso a aquellas partes; no respetaron su obispado, porque era una sede apostólica; no sintieron reverencia alguna por Roma, porque es la metrópoli de Romania; no recordaron que antes en sus cartas habían hablado de sus obispos como varones apostólicos. Pero confundiéndolo todo, olvidaron de una vez todas las cosas, y solo cuidaron de mostrar su celo en favor de la impiedad. Cuando percibieron que él era ortodoxo y odiaba la herejía arriana, y se esforzaba fervientemente por persuadir a todos a renunciar a ella y apartarse de ella, estos hombres impíos razonaron así consigo mismos: 'Si podemos persuadir a Liberio, pronto prevaleceremos sobre todos.' En consecuencia, le acusaron falsamente ante el Emperador; y este, esperando atraer fácilmente a todos los hombres a su lado por medio de Liberio, le escribe, y envía a cierto eunuco llamado Eusebio con cartas y ofrendas, para engatusarle con los presentes y amenazarle con las cartas. El eunuco, por tanto, fue a Roma, y primero propuso a Liberio suscribir contra Atanasio y tener comunión con los arrianos, diciendo: 'El Emperador lo desea y te manda que lo hagas.' Y mostrándole entonces las ofrendas, le tomó de la mano y le suplicó de nuevo diciendo: 'Obedece al Emperador y recibe estas.'

    36. El eunuco Eusebio intenta en vano convencer a Liberio

    § 36

    Pero el obispo se esforzó por convencerle, razonando con él así: '¿Cómo es posible que yo haga esto contra Atanasio? ¿Cómo podemos condenar a un hombre, a quien no un solo concilio, sino un segundo reunido de todas las partes del mundo, ha absuelto justamente, y a quien la Iglesia de los romanos despidió en paz? ¿Quién aprobará nuestra conducta, si rechazamos en su ausencia a uno, cuya presencia entre nosotros acogimos con gusto, y a quien admitimos a nuestra comunión? Esto no es canon eclesiástico; ni se nos ha transmitido tal tradición de los Padres, quienes a su vez la recibieron del grande y bienaventurado apóstol Pedro. Pero si el Emperador está realmente preocupado por la paz de la Iglesia, si exige que se revoquen nuestras cartas respecto a Atanasio, revóquense también sus procedimientos contra él y contra todos los demás; y luego convoquese un concilio eclesiástico lejos de la corte, en el cual el Emperador no esté presente, ni se admita a ningún conde, ni magistrado que nos amenace, sino donde solo prevalezcan el temor de Dios y la regla apostólica; para que así, en primer lugar, la fe de la Iglesia quede segura, tal como los Padres la definieron en el Concilio de Nicea, y los partidarios de las doctrinas arrianas sean expulsados, y su herejía anatematizada. Y después de eso, hecha una investigación sobre las acusaciones presentadas contra Atanasio, y contra cualquier otro, así como sobre aquellas cosas de que se acusa a la otra parte, sean expulsados los culpables y reciban los inocentes aliento y apoyo. Porque es imposible que quienes mantienen un credo impío puedan ser admitidos como miembros de un concilio; ni conviene que una investigación sobre asuntos de conducta preceda a la investigación acerca de la fe; sino que primero debe erradicarse toda diversidad de opiniones en puntos de fe, y luego hacerse la investigación de asuntos de conducta. Nuestro Señor Jesucristo no sanaba a los afligidos, hasta que mostraban y declaraban qué fe tenían en Él. Estas cosas las hemos recibido de los Padres; informad de ellas al Emperador; pues son a la vez provechosas para él y edificantes para la Iglesia. Pero que no se escuche a Ursacio y Valente, pues se han retractado de sus afirmaciones anteriores, y en lo que ahora dicen no son de fiar.'

    37. Liberio rechaza la ofrenda del Emperador

    § 37

    Estas fueron las palabras del obispo Liberio. Y el eunuco, que estaba irritado, no tanto porque no quisiera suscribir, cuanto porque lo hallaba enemigo de la herejía, olvidando que estaba en presencia de un obispo, tras amenazarle severamente, se fue con las ofrendas; y a continuación comete una ofensa, ajena a un cristiano y demasiado audaz para un eunuco. A imitación de la transgresión de Saúl, fue al martirio del apóstol Pedro, y presentó allí las ofrendas. Pero Liberio, teniendo noticia de ello, se enojó mucho con la persona que custodiaba el lugar, porque no le había impedido, y arrojó las ofrendas como sacrificio ilícito, lo cual aumentó la ira de la criatura mutilada contra él. En consecuencia, exaspera al Emperador contra él, diciendo: 'Lo que nos concierne ya no es obtener la suscripción de Liberio, sino el hecho de que está tan resueltamente opuesto a la herejía, que anatematiza a los arrianos por su nombre.' También incita a los otros eunucos a decir lo mismo; pues muchos de los que estaban en torno a Constancio, o más bien el número entero de ellos, son eunucos, que acaparan toda la influencia junto a él, y es imposible hacer nada allí sin ellos. El Emperador, por consiguiente, escribe a Roma, y de nuevo se envían palatinos, notarios y condes con cartas al prefecto, para que o bien engañen a Liberio con estratagema, sacándolo de Roma y enviándolo a la corte ante él, o bien le persigan con violencia.

    38. La mala influencia de los eunucos en la corte

    § 38

    Siendo tal el tenor de las cartas, el temor y la traición cundieron de inmediato por toda la ciudad. ¡Cuántas fueron las familias contra las cuales se lanzaron amenazas! ¡Cuántos recibieron grandes promesas a condición de actuar contra Liberio! ¡Cuántos obispos se ocultaron al ver estas cosas! ¡Cuántas mujeres nobles se retiraron al campo a consecuencia de las calumnias de los enemigos de Cristo! ¡Cuántos ascetas fueron objeto de sus intrigas! ¡Cuántos que moraban allí, y habían hecho de aquel lugar su hogar, fueron perseguidos por ellos! ¡Cuán a menudo y cuán estrictamente guardaron el puerto y los accesos a las puertas, no fuera que alguna persona ortodoxa entrara y visitara a Liberio! También Roma tuvo prueba de los enemigos de Cristo, y experimentó ahora lo que antes no quería creer, cuando oía cómo las demás iglesias de cada ciudad eran asoladas por ellos. Fueron los eunucos quienes instigaron estos procedimientos contra todos. Y la circunstancia más notable del asunto es esta: que la herejía arriana, que niega al Hijo de Dios, recibe su apoyo de eunucos, quienes, así como sus cuerpos son infructuosos y sus almas estériles de virtud, no pueden soportar siquiera oír el nombre de hijo. El eunuco de Etiopía, en verdad, aunque no entendía lo que leía [], creyó las palabras de Felipe, cuando le enseñó acerca del Salvador; pero los eunucos de Constancio no pueden soportar la confesión de Pedro; antes bien, se apartan cuando el Padre manifiesta al Hijo, y se enfurecen locamente contra los que dicen que el Hijo de Dios es su Hijo genuino, pretendiendo así como herejía de eunucos que no hay progenie genuina y verdadera del Padre. Por estos motivos, la ley prohíbe que tales personas sean admitidas en cualquier concilio eclesiástico; no obstante lo cual, ahora han considerado a estos como jueces competentes de causas eclesiásticas, y lo que a ellos les parece bien, eso decreta Constancio, mientras hombres con nombre de obispos disimulan con ellos. ¡Oh! ¿Quién será su historiador? ¿Quién transmitirá la memoria de estas cosas a otra generación? ¿Quién en verdad lo creería, si lo oyera, que eunucos apenas encargados de servicios domésticos (pues su raza es amante del placer, y no tiene otra preocupación seria que la de impedir en otros lo que la naturaleza les ha quitado a ellos); que estos, digo, ejercen ahora autoridad en asuntos eclesiásticos, y que Constancio, sometiéndose a su voluntad, conspiró traicioneramente contra todos y desterró a Liberio.

    39. Discurso de Liberio a Constancio

    § 39

    Pues después de que el Emperador había escrito frecuentemente a Roma, había amenazado, enviado comisionados, tramado planes, al estallar posteriormente la persecución en Alejandría, Liberio es arrastrado ante él, y usa de gran osadía de palabra hacia él. 'Deja', dijo, 'de perseguir a los cristianos; no intentes por medio de mí introducir impiedad en la Iglesia. Estamos dispuestos a sufrir cualquier cosa antes que ser llamados locos arrianos. Somos cristianos; no nos obligues a convertirnos en enemigos de Cristo. También te damos este consejo: no luches contra Aquel que te dio este imperio, ni muestres impiedad hacia Él en lugar de gratitud; no persigas a los que creen en Él, no sea que también oigas las palabras: 'Dura cosa te es dar coces contra el aguijón [].' Antes bien, querría que las oyeras, para que obedecieras, como hizo el santo Pablo. He aquí, aquí estamos; hemos venido, antes de que ellos inventen acusaciones. Por esta causa nos apresuramos a venir aquí, sabiendo que el destierro nos espera de tus manos, para que suframos antes de que una acusación nos alcance, y para que todos vean claramente que también todos los demás han sufrido como nosotros sufriremos, y que las acusaciones presentadas contra ellos eran invenciones de sus enemigos, y todos sus procedimientos no eran sino calumnia y falsedad.'

    40. Destierro de Liberio y de otros

    § 40

    Estas fueron las palabras de Liberio en aquel tiempo, y todos los hombres lo admiraron por ellas. Pero el Emperador, en lugar de responder, no hizo más que dar órdenes para su destierro, separando a cada uno de los demás, como había hecho en los casos anteriores. Pues él mismo había ideado este plan en los destierros que infligía, para que la severidad de sus castigos fuera mayor que la de los tiranos y perseguidores anteriores. En la persecución anterior, Maximiano, que era entonces Emperador, mandó desterrar juntos a un número de Confesores, y así aligeró su castigo con el consuelo que les daba la compañía mutua. Pero este hombre era más salvaje que aquel; separó a los que habían hablado con denuedo y confesado juntos, puso por separado a los que estaban unidos por el vínculo de la fe, para que, cuando llegara la muerte, no se vieran unos a otros; pensando que la separación corporal puede desunir también los afectos del alma, y que, separados unos de otros, olvidarían la concordia y unanimidad que existía entre ellos. No sabía que, por más que cada uno quede apartado de los demás, tiene consigo, no obstante, a aquel Señor a quien confesaron en un solo cuerpo juntos, el cual proveerá también (como hizo en el caso del profeta Eliseo []) que haya más con cada uno de ellos que soldados con Constantio. En verdad, la iniquidad es ciega; pues al pensar que afligían a los Confesores separándolos unos de otros, más bien se causaron a sí mismos un gran daño. Porque si hubieran seguido en compañía mutua y permanecido juntos, las contaminaciones de aquellos impíos se habrían proclamado desde un solo lugar; pero ahora, al ponerlos por separado, han hecho que su impía herejía y su maldad se esparzan y se den a conocer en todas partes.

    41. Caída de Liberio

    § 41

    ¿Quién que oiga lo que hicieron en el curso de estos procedimientos no pensará que son cualquier cosa antes que cristianos? Cuando Liberio envió a Eutropio, presbítero, y a Hilario, diácono, con cartas al Emperador, en el tiempo en que Lucífero y sus compañeros hicieron su confesión, desterraron al presbítero en el acto y, después de desnudar al diácono Hilario y azotarlo en la espalda, también lo desterraron, gritándole: '¿Por qué no te resististe a Liberio en lugar de ser portador de cartas suyas?' Ursacio y Valente, con los eunucos que los secundaban, fueron los autores de este ultraje. El diácono, mientras era azotado, alababa al Señor, recordando sus palabras: 'Di mi espalda a los que me golpeaban [];' pero ellos, mientras lo azotaban, reían y se burlaban de él, sin sentir vergüenza de estar insultando a un levita. En verdad, actuaron de modo consecuente al reír mientras él continuaba alabando a Dios; porque propio de cristianos es soportar los azotes, pero azotar a cristianos es ultraje de un Pilato o de un Caifás. Así intentaron en un principio corromper a la Iglesia de los Romanos, deseando introducir en ella, así como en las demás, la impiedad. Pero Liberio, después de estar dos años en destierro, cedió y, por temor a la muerte con que se le amenazaba, suscribió. Mas aun esto no hace sino mostrar la conducta violenta de ellos, el odio de Liberio contra la herejía y su apoyo a Atanasio, mientras se le permitió ejercer libre elección. Porque aquello que los hombres se ven forzados por la tortura a hacer contra su primer juicio, no debe considerarse obra voluntaria de los que están atemorizados, sino más bien de sus verdugos. Ellos, sin embargo, lo intentaron todo en apoyo de su herejía, mientras el pueblo en todas las Iglesias, conservando la fe que había aprendido, esperaba el regreso de sus maestros, condenaba la herejía anticristiana y todos la evitan como a una serpiente.
    Comentario editorial · La caída de Liberio, según Atanasio y otros
    Atanasio cuenta que Liberio, tras dos años de destierro, cedió por miedo a la muerte y firmó, y añade que eso solo prueba la violencia de sus perseguidores. Wikipedia resume otras voces: el historiador Filostorgio dice que Liberio solo fue restituido en Roma tras firmar la segunda fórmula de Sirmio, Sozomeno lo llama mentira e Hilario de Poitiers criticó tanto su destierro como su restitución. El NPNF dice que la cuestión de las firmas de Liberio «no necesita detenernos». La Historia es, en todo caso, el testimonio de una parte.

    Historia de los arrianos, Parte VI

    Parte VI, encabezado

    POR SAN ATANASIO

    42. Persecución y caída de Osio

    § 42

    Mas, aunque habían hecho todo esto, estos impíos creían no haber logrado nada mientras el gran Osio escapara de sus perversas maquinaciones. Y emprendieron ahora extender su furor contra aquel gran anciano. No sintieron vergüenza al pensar que es el padre de los obispos; no consideraron que había sido Confesor; no reverenciaron la larga duración de su episcopado, en el que había perseverado más de sesenta años; sino que dejaron todo a un lado y miraron sólo a los intereses de su herejía, siendo en verdad de aquellos que ni temen a Dios ni respetan a los hombres []. En consecuencia, fueron a Constantio y emplearon de nuevo argumentos como los siguientes: 'Lo hemos hecho todo; hemos desterrado al obispo de los Romanos y, antes que a él, a un grandísimo número de otros obispos, y hemos llenado de alarma todos los lugares. Pero estas medidas enérgicas tuyas no son nada para nosotros, ni nuestro éxito es en absoluto más seguro mientras Osio permanezca. Mientras él esté en su propio lugar, los demás continúan también en sus Iglesias, pues con sus argumentos y su fe puede persuadir a todos contra nosotros. Es el presidente de los Concilios, y sus cartas son atendidas en todas partes. Él fue quien publicó la Confesión Nicena y proclamó por doquier que los arrianos eran herejes. Si, por tanto, se le deja permanecer, el destierro de los demás es inútil, porque nuestra herejía será destruida. Comienza, pues, a perseguirlo también y no lo perdones, por anciano que sea. Nuestra herejía no sabe honrar ni siquiera las canas de los ancianos.'

    43. Valiente resistencia de Osio

    § 43

    Al oír esto, el Emperador ya no se demoró, sino que, conociendo al hombre y la dignidad de sus años, escribió para convocarlo. Esto fue cuando comenzó por primera vez su intento contra Liberio. A su llegada, le rogó y le urgió con los argumentos acostumbrados, con los cuales pensaba también engañar a los demás, que suscribiera contra nosotros y comunicara con los arrianos. Pero el anciano, apenas soportando oír aquellas palabras, y dolido de que se hubiera atrevido siquiera a proferir semejante propuesta, lo reprendió severamente y, después de obtener su consentimiento, se retiró a su propia patria e Iglesia. Pero como los herejes seguían quejándose e instigándolo a proseguir (tenía además a los eunucos para recordárselo y urgirle aún más), el Emperador escribió de nuevo en términos amenazantes; mas Osio, mientras soportaba sus insultos, no se dejaba mover por ningún temor a sus designios contra él, y permaneciendo firme en su propósito, como quien ha edificado la casa de su fe sobre la roca, hablaba con denuedo contra la herejía, considerando las amenazas que se le hacían en las cartas como gotas de lluvia y ráfagas de viento. Y aunque Constantio escribía con frecuencia, a veces halagándolo con el título de Padre, y a veces amenazando y enumerando los nombres de los que habían sido desterrados, y diciendo: '¿Continuarás siendo el único en oponerte a la herejía? Déjate persuadir y suscribe contra Atanasio; porque quien suscribe contra él abraza con nosotros la causa arriana;', aun así Osio permanecía sin temor y, mientras sufría estos insultos, escribió una respuesta en estos términos. Hemos leído la carta, que se halla al final.

    44. 'Osio a Constantio, el Emperador, envía salud en el Señor.'

    Texto de la fuenteOsio de Córdoba · Carta a Constancio · § 44, carta de Osio
    Fui Confesor desde el principio, cuando surgió una persecución en tiempos de tu abuelo Maximiano; y si me persigues, también ahora estoy dispuesto a soportar cualquier cosa antes que derramar sangre inocente y traicionar la verdad. Pero no puedo aprobar tu conducta al escribir de esa manera amenazante. Cesa de escribir así; no adoptes la causa de Arrio, ni escuches a los de Oriente, ni des crédito a Ursacio, Valente y sus compañeros. Porque lo que ellos afirman no es por causa de Atanasio, sino en interés de su propia herejía. Cree mi palabra, oh Constantio, que tengo edad para ser tu abuelo. Estuve presente en el Concilio de Sárdica, cuando tú y tu hermano Constancio, de bendita memoria, nos reunisteis a todos; y por mi propia cuenta desafié a los enemigos de Atanasio, cuando vinieron a la iglesia donde yo moraba, a que, si tenían algo contra él, lo declararan; deseando que tuvieran confianza y que no esperaran otra cosa sino que se dictaría un juicio recto en todas las cosas. Esto lo hice una y otra vez, pidiéndoles que, si no querían comparecer ante todo el Concilio, comparecieran al menos ante mí solo; prometiéndoles también que, si se probaba que él era culpable, ciertamente sería rechazado por nosotros; pero si se hallaba que era irreprochable y que ellos resultaban calumniadores, que, si entonces se negaban a comunicar con él, yo lo persuadiría a que viniera conmigo a las Españas. Atanasio estaba dispuesto a cumplir estas condiciones y no puso objeción a mi propuesta; pero ellos, desconfiando por completo de su causa, no consintieron. Y en otra ocasión, Atanasio vino a tu corte, cuando tú escribiste pidiéndole que viniera, y estando sus enemigos a la sazón en Antioquía, pidió que se les convocara o a todos juntos o por separado, para que o lo convencieran a él o fueran convictos ellos, y para que, o bien probaran en su presencia que él era lo que afirmaban, o dejaran de acusarlo en su ausencia. Tampoco quisiste escuchar esta propuesta, y ellos la rechazaron igualmente. ¿Por qué, pues, sigues dando oído a los que hablan mal de él? ¿Cómo puedes soportar a Valente y a Ursacio, aun cuando se han retractado y han hecho confesión escrita de sus calumnias? Porque no es verdad, como pretenden, que se vieron forzados a confesar; no había soldados cerca que pudieran influir en ellos; tu hermano no tuvo conocimiento del asunto. No, tales cosas no se hacían bajo su gobierno como se hacen ahora; no lo permita Dios. Sino que subieron voluntariamente a Roma, y en presencia del obispo y de los presbíteros escribieron su retractación, habiendo dirigido antes a Atanasio una carta amistosa y pacífica. Y si pretenden que se empleó la fuerza contra ellos, y reconocen que esto es cosa mala, cosa que tú también desapruebas, entonces deja tú de emplear la fuerza; no escribas cartas, no envíes condes; sino pon en libertad a los que han sido desterrados, no sea que, mientras tú te quejas de la violencia, ellos ejerzan una violencia aún mayor. ¿Cuándo hizo Constancio algo semejante? ¿Qué obispo sufrió destierro? ¿Cuándo apareció él como árbitro de un juicio eclesiástico? ¿Cuándo algún palatino suyo obligó a hombres a suscribir contra alguien, para que Valente y sus compañeros pudieran afirmar esto? Cesa en estos procedimientos, te lo ruego, y recuerda que eres hombre mortal. Teme el día del juicio y consérvate puro para él. No te entrometas en asuntos eclesiásticos, ni nos des órdenes acerca de ellos; antes apréndelos de nosotros. Dios ha puesto en tus manos el reino; a nosotros nos ha confiado los asuntos de su Iglesia; y así como quien quisiera arrebatarte el imperio resistiría a la ordenanza de Dios, así también teme tú, no sea que, al tomar sobre ti el gobierno de la Iglesia, te hagas culpable de una gran ofensa. Está escrito, «Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios [].» Por tanto, ni a nosotros nos está permitido ejercer un dominio terreno, ni tú, Señor, tienes autoridad alguna para quemar incienso. Estas cosas te escribo por preocupación por tu salvación. En cuanto al asunto de tus cartas, esta es mi determinación: no me uniré a los arrianos; anatematizo su herejía. Tampoco suscribiré contra Atanasio, a quien tanto nosotros como la Iglesia de los Romanos y todo el Concilio declaramos inocente. Y tú mismo, cuando lo comprendiste, enviaste a buscarlo y le diste permiso para volver con honor a su patria y a su Iglesia. ¿Qué razón puede haber, pues, para un cambio tan grande en tu conducta? Las mismas personas que antes eran sus enemigos lo son también ahora; y las cosas que ahora murmuran en perjuicio suyo (pues no las declaran abiertamente en su presencia), las mismas hablaron contra él antes de que tú lo mandaras llamar; las mismas esparcieron acerca de él cuando vinieron al Concilio. Y cuando les pedí que se presentaran, como he dicho antes, no pudieron presentar sus pruebas; si las hubieran tenido, no habrían huido tan ignominiosamente. ¿Quién, pues, te persuadió después de tanto tiempo a olvidar tus propias cartas y declaraciones? Desiste, y no te dejes influir por hombres malvados, no sea que, mientras actúas para provecho mutuo tuyo y de ellos, te hagas responsable. Porque aquí condesciendes a sus deseos; en el juicio venidero tendrás que responder por hacerlo tú solo. Estos hombres desean por tu medio dañar a su enemigo, y quieren hacerte ministro de su maldad, a fin de que, con tu ayuda, siembren las semillas de su maldita herejía en la Iglesia. Ahora bien, no es cosa prudente arrojarse uno a un peligro manifiesto por el placer de otros. Cesa, pues, te lo ruego, oh Constantio, y déjate persuadir por mí. Estas cosas me corresponde escribirlas, y a ti no despreciarlas.
    Comentario editorial · Osio de Córdoba
    Según Wikipedia (c. 256–359), Osio presidió probablemente el concilio de Nicea y el de Sárdica, y fue consejero de Constantino. Esta carta de protesta contra la injerencia del emperador en la Iglesia, que Atanasio conserva, la fecha Wikipedia en 353; Osio fue desterrado a Sirmio en 355 y firmó la fórmula homea de Sirmio de 357, tras lo cual pudo volver a su diócesis y murió en 359. Wikipedia añade que los relatos posteriores de que persiguió a los nicenos o que anatematizó el arrianismo en su lecho de muerte son con toda probabilidad ficticios, y lo explica por la vejez y la mala salud. Atanasio habla de su caída en el § 45.

    45. Caída de Osio, debida a cruel persecución

    § 45

    Tales eran los sentimientos y tal la carta del anciano semejante a Abraham, Osio, verdaderamente llamado así. Pero el Emperador no desistió de sus designios ni cesó de buscar ocasión contra él, sino que continuó amenazándolo severamente, con miras a ganarlo por la fuerza o a desterrarlo si se negaba a ceder. Y así como los oficiales y sátrapas de Babilonia [], buscando ocasión contra Daniel, no hallaron ninguna sino en la ley de su Dios, así también estos sátrapas actuales de la impiedad no pudieron inventar cargo alguno contra el anciano (pues este verdadero Osio y su vida intachable eran conocidos de todos), excepto el cargo de odio a su herejía. Procedieron, por tanto, a acusarlo; aunque no en las mismas circunstancias en que aquellos otros acusaron a Daniel ante Darío, pues Darío se entristeció al oír la acusación, sino como Jezabel acusó a Nabot, y como los judíos se aplicaron a Herodes. Y dijeron: 'No sólo no quiere suscribir contra Atanasio, sino que por causa suya nos condena; y es tan grande su odio a la herejía, que también escribe a otros que antes deben sufrir la muerte que hacerse traidores a la verdad. Pues dice: nuestro amado Atanasio es también perseguido por causa de la Verdad, y Liberio, obispo de Roma, y todos los demás, son asaltados a traición.' Cuando este patrono de la impiedad y emperador de la herejía, Constantio, oyó esto, y especialmente que había también otros en las Españas del mismo sentir que Osio, después de haberlos tentado también a suscribir y no haber podido obligarlos a hacerlo, envió a buscar a Osio y, en lugar de desterrarlo, lo retuvo un año entero en Sirmio. Impío, profano, sin afecto natural, no temió a Dios, no respetó el afecto de su padre por Osio, no reverenció su avanzada edad, pues ya tenía cien años; sino que todas estas cosas las despreció este Acab moderno, este segundo Baltasar de nuestros tiempos, por causa de la impiedad. Usó de tal violencia contra el anciano y lo tuvo encerrado tan estrechamente, que al fin, quebrantado por el sufrimiento, fue llevado, aunque con dificultad, a comunicar con Valente, Ursacio y sus compañeros, si bien no quiso suscribir contra Atanasio. Mas ni aun así olvidó su deber, pues al acercarse la muerte, como por su último testamento, dio testimonio de la violencia que se había usado contra él, anatematizó la herejía arriana y encargó estrictamente que nadie la recibiera.

    46. Expulsión arbitraria de tantos obispos

    § 46

    ¿Quién que haya presenciado estas cosas, o que simplemente haya oído hablar de ellas, no se asombrará sobremanera, y clamará en voz alta al Señor, diciendo: '¿Acabarás del todo con Israel []?' ¿Quién que esté enterado de estos procederes no exclamará con razón: 'Cosa espantosa y horrible se hace en la tierra;' y 'Los cielos se asombran de esto, y la tierra se espanta aún más horriblemente.' ¿Los padres del pueblo y los maestros de la fe son arrebatados, y los impíos son introducidos en las Iglesias? ¿Quién que viera cuando Liberio, obispo de Roma, era desterrado, y cuando el gran Osio, padre de los obispos, sufría estas cosas, o quién que viera a tantos obispos desterrados de Hispania y de las demás partes, podría dejar de percibir, por poco sentido que tuviera, que los cargos contra Atanasio y los demás también eran falsos, y enteramente mera calumnia? Por esta razón aquellos otros también soportaron todo sufrimiento, porque veían claramente que las conspiraciones tramadas contra éstos se fundaban en la falsedad. Pues ¿qué cargo había contra Liberio? ¿O qué acusación contra el anciano Osio? ¿Quién dio siquiera falso testimonio contra Paulino, y Lucífero, y Dionisio, y Eusebio? ¿O qué pecado podría imputarse a la cuenta del resto de los obispos desterrados, y presbíteros, y diáconos? Ninguno en absoluto; Dios no lo permita. No había cargos contra ellos sobre los cuales se pudiera formar un complot para su ruina; ni fue por razón de acusación alguna que fueron desterrados uno por uno. Fue una insurrección de la impiedad contra la piedad; fue celo por la herejía arriana, y un preludio de la venida del Anticristo, para quien Constantio está así preparando el camino.

    Historia de los arrianos, Parte VII

    Parte VII, encabezado

    POR SAN ATANASIO

    47. Persecución en Alejandría

    § 47

    'Después' de haber logrado todo lo que deseaba contra las Iglesias en Italia y en las demás regiones; después de haber desterrado a unos, y de haber oprimido violentamente a otros, y de haber llenado de temor todo lugar, al fin volvió su furia, como si hubiera sido un trastorno pestilencial, contra Alejandría. Esto fue artificiosamente maquinado por los enemigos de Cristo; pues para que pudieran tener apariencia de las firmas de muchos obispos, y para que Atanasio no tuviera en su persecución un solo obispo ante quien pudiera siquiera quejarse, se anticiparon a sus procedimientos, y llenaron de terror todo lugar, el cual mantuvieron para secundarlos en la realización de sus designios. Mas en esto no percibieron, por su necedad, que no exhibían la elección deliberada de los obispos, sino más bien la violencia que ellos mismos habían empleado; y que, aunque sus hermanos lo desamparasen, y sus amigos y conocidos se mantuvieran lejos, y no se hallara nadie que se compadeciese de él y lo consolara, con todo, muy por encima de todos estos, un refugio en su Dios le bastaba. Pues también Elías estuvo solo en su persecución, y Dios era todo en todo para el santo varón. Y el Salvador nos ha dado ejemplo en esto, quien también fue dejado solo, y expuesto a los designios de Sus enemigos, para enseñarnos que, cuando somos perseguidos y desamparados por los hombres, no debemos desmayar, sino poner en Él nuestra esperanza, y no traicionar la Verdad. Pues aunque en un principio la verdad parezca ser afligida, aun los que persiguen la reconocerán después.

    48. Ataques contra la Iglesia de Alejandría

    § 48

    Por consiguiente, instan al Emperador, quien primero escribe una carta amenazadora, que envía al Duque y a los soldados. Los Notarios Diogenio e Hilario, y ciertos palatinos con ellos, eran los portadores de ella; a cuya llegada se cometieron contra la Iglesia aquellos terribles y crueles ultrajes, que he relatado brevemente un poco más arriba, y que son conocidos por todos los hombres por las protestas presentadas por el pueblo, que se insertan al final de esta historia, para que cualquiera pueda leerlas. Luego, después de estos procederes por parte de Siriano, después de que se perpetraran estas enormidades, y de que se ofreciera violencia a las Vírgenes, como aprobando tal conducta y la imposición de estos males sobre nosotros, escribe de nuevo al senado y al pueblo de Alejandría, instigando a los jóvenes, y requiriéndoles que se reúnan, y que o persigan a Atanasio, o se consideren sus enemigos. Él, sin embargo, se había retirado antes de que estas instrucciones llegaran a ellos, y desde el momento en que Siriano irrumpió en la Iglesia; pues recordaba aquello que está escrito: 'Escóndete por un momento, por un instante, hasta que pase la indignación [].' Un tal Heraclio, de rango Conde, era el portador de esta carta, y el precursor de cierto Jorge que fue despachado por el Emperador como espía, pues uno que era enviado por él no puede ser obispo; Dios no lo permita. Y así, en verdad, su conducta y las circunstancias que precedieron a su entrada lo prueban suficientemente.

    49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano

    § 49–50

    Heraclio publicó entonces la carta, que reflejaba gran deshonra sobre el escritor. Pues mientras que, cuando el gran Osio escribió a Constantio, no había podido hallar ningún pretexto plausible para su cambio de conducta, ahora inventó una excusa mucho más desacreditadora para él y sus consejeros. Dijo: 'Por consideración al afecto que profesaba a mi hermano de divina y piadosa memoria, soporté por un tiempo la venida de Atanasio entre vosotros.' Esto prueba que ha roto su promesa, y que se ha comportado ingratamente con su hermano después de su muerte. Luego declara que él es, como en verdad lo es, 'digno de divina y piadosa recordación;' sin embargo, en cuanto a un mandato suyo, o, para usar su propio lenguaje, el 'afecto' que le tenía, aunque condescendió meramente 'por causa' del bienaventurado Constancio, debía obrar con justicia para con su hermano, y hacerse heredero de sus sentimientos tanto como del Imperio. Pero, aunque, al buscar obtener sus justos derechos, depuso a Vetranión, con la pregunta: '¿A quién pertenece la herencia después de la muerte de un hermano?', sin embargo, por causa de la maldita herejía de los enemigos de Cristo, desatiende las exigencias de la justicia, y se comporta sin deber para con sus hermanos. Más aún, por causa de esta herejía, no consentiría en observar siquiera los deseos de su padre sin infringirlos; sino que, en lo que puede complacer a estos hombres impíos, finge adoptar su intención, mientras que para afligir a los otros, no se cuida de mostrar la reverencia debida a un padre. Pues a consecuencia de las calumnias de Eusebio y sus compañeros, su padre envió al obispo por un tiempo a Galia para evitar la crueldad de sus perseguidores (esto fue mostrado por el bienaventurado Constantino, el hermano del primero, después de la muerte de su padre, como aparece por sus cartas), pero no fue persuadido por Eusebio y sus compañeros a enviar a la persona que deseaban por obispo, sino que impidió la realización de sus deseos, y puso fin a sus intentos con severas amenazas.

    51. Cómo muestra Constantio su respeto por su padre y su hermano

    § 51

    Si, por tanto, como declara en sus cartas, deseaba observar la práctica de su padre, ¿por qué envió primero a Gregorio, y ahora a este Jorge, devorador de los graneros? ¿Por qué se esfuerza con tanto empeño en introducir en la Iglesia a estos arrianos, a quienes su padre llamó porfirianos, y destierra a otros mientras los patrocina? Aunque su padre admitió a Arrio en su presencia, sin embargo, cuando Arrio perjuró y reventó, perdió la compasión de su padre; quien, al saber la verdad, lo condenó como hereje. ¿Por qué, además, mientras finge respetar el Canon de la Iglesia, ha ordenado todo el curso de su conducta en oposición a ellos? Porque ¿dónde hay un Canon que disponga que un obispo sea nombrado desde la Corte? ¿Dónde hay un Canon que permita a los soldados invadir las Iglesias? ¿Qué tradición hay que permita a condes y eunucos ignorantes ejercer autoridad en asuntos eclesiásticos, y dar a conocer por sus edictos las decisiones de quienes llevan el nombre de obispos? Es culpable de toda clase de falsedad por causa de esta impía herejía. En otro tiempo envió a Filagrio como prefecto por segunda vez, en oposición al parecer de su padre, y vemos lo que ha sucedido ahora. Ni 'por causa de su hermano' dice la verdad. Pues después de su muerte escribió no una ni dos, sino tres veces al obispo, y repetidamente le prometió que no cambiaría su conducta hacia él, sino que lo exhortó a tener buen ánimo, y a no permitir que nadie lo alarmara, sino a continuar permaneciendo en su Iglesia con perfecta seguridad. También envió sus mandatos por el conde Asterio y el notario Paladio a Felicísimo, que era entonces duque, y al prefecto Nestorio, para que si Filipo el prefecto, o cualquier otro, se atreviera a tramar alguna conjura contra Atanasio, lo impidieran.

    52. El Emperador no tiene derecho a gobernar la Iglesia

    § 52

    Por lo cual, cuando vino Diógenes, y Siriano nos tendió acechanzas, tanto él como nosotros y el pueblo pedimos ver las cartas del Emperador, suponiendo que, como está escrito: 'No se hable falsedad delante del rey;' así cuando un rey ha hecho una promesa, no mentirá, ni cambiará. Si, pues, 'por causa de su hermano condescendió,' ¿por qué escribió también aquellas cartas a su muerte? Y si las escribió por 'memoria de él,' ¿por qué después se comportó tan cruelmente con él, y persiguió al hombre, y escribió lo que escribió, alegando un juicio de los obispos, mientras que en verdad actuó sólo para complacerse a sí mismo? No obstante, su astucia no ha escapado a la detección, sino que tenemos la prueba de ello a mano. Porque si un juicio hubiera sido pronunciado por los obispos, ¿qué concernía al Emperador con ello? O si era sólo una amenaza del Emperador, ¿qué necesidad había entonces de los así llamados obispos? ¿Cuándo se oyó cosa semejante antes, desde el principio del mundo? ¿Cuándo recibió un juicio de la Iglesia su validez del Emperador? O más bien, ¿cuándo fue reconocido jamás por la Iglesia su decreto? Ha habido muchos concilios celebrados antes; y muchos juicios pronunciados por la Iglesia; pero los Padres nunca buscaron el consentimiento del Emperador para ello, ni el Emperador se ocupó de los asuntos de la Iglesia. El apóstol Pablo tenía amigos entre los de la casa de César, y en su Epístola a los Filipenses envió saludos de parte de ellos; pero nunca los tomó como asociados en juicios eclesiásticos. Ahora, sin embargo, hemos presenciado un espectáculo nuevo, que es un descubrimiento de la herejía arriana. Herejes se han reunido con el Emperador Constantio, para que él, alegando la autoridad de los obispos, pueda ejercer su poder contra quien le plazca, y mientras persigue evite el nombre de perseguidor; y para que ellos, apoyados por el gobierno del Emperador, puedan conspirar la ruina de quienes quieran; y éstos son todos los que no son tan impíos como ellos mismos. Podría considerarse su proceder como una comedia que representan en el escenario, en la cual los pretendidos obispos son actores, y Constantio el ejecutor de sus mandatos, quien les hace promesas, como Herodes hizo a la hija de Herodías, y ellos danzando ante él consuman, mediante falsas acusaciones, el destierro y la muerte de los verdaderos creyentes en el Señor.

    53. Interferencia despótica de Constantio

    § 53

    ¿Quién, en verdad, no ha sido perjudicado por sus calumnias? ¿A quién no han conspirado destruir estos enemigos de Cristo? ¿A quién ha dejado Constantio de desterrar por cargos que ellos han presentado contra ellos? ¿Cuándo rehusó oírlos de buena gana? Y, lo que es más extraño, ¿cuándo permitió que alguien hablara contra ellos, y no recibió más prontamente su testimonio, de cualquier clase que fuere? ¿Dónde hay una Iglesia que goce ahora del privilegio de adorar a Cristo libremente? Si una Iglesia es mantenedora de la verdadera piedad, está en peligro; si disimula, permanece en temor. Todo lugar está lleno de hipocresía e impiedad, en lo que a él concierne; y dondequiera que hay una persona piadosa y amante de Cristo (y hay muchas así en todas partes, como lo fueron los profetas y el gran Elías), se esconden, si acaso pueden encontrar un amigo fiel como Abdías, y o bien se retiran a cuevas y cavernas de la tierra, o pasan su vida errantes por los desiertos. Estos hombres en su locura prefieren tales calumnias contra ellos como las que Jezabel inventó contra Nabot, y los judíos contra el Salvador; mientras el Emperador, que es el protector de la herejía, y desea pervertir la verdad, como Acab deseaba convertir la viña en un huerto de hierbas, hace todo lo que ellos desean que haga, pues las sugestiones que recibe de ellos son agradables a sus propios deseos.

    54. Constantio entrega las Iglesias de Alejandría a los herejes

    § 54

    Por consiguiente, desterró, como dije antes, a los obispos genuinos, porque no querían profesar doctrinas impías, para satisfacer su propio placer; y así envió ahora al conde Heraclio a proceder contra Atanasio, quien ha dado a conocer públicamente sus decretos, y anunció que el mandato del Emperador era que, a menos que cumplieran con las instrucciones contenidas en sus cartas, se les quitaría su pan, sus ídolos serían derribados, y las personas de muchos de los magistrados de la ciudad y del pueblo serían entregadas a cierta esclavitud. Después de amenazarlos de esta manera, no se avergonzó de declarar públicamente en alta voz: 'El Emperador rechaza a Atanasio, y ha ordenado que las Iglesias sean entregadas a los arrianos.' Y cuando todos se maravillaron de oír esto, y se hicieron señas unos a otros, exclamando: '¡Cómo! ¿Se ha hecho hereje Constantio?', en lugar de ruborizarse como debía, el hombre obligó aún más a los senadores y magistrados paganos y a los guardianes de los templos de los ídolos a suscribir estas condiciones, y a aceptar recibir como su obispo a quienquiera que el Emperador les enviara. Por supuesto, Constantio estaba manteniendo estrictamente el Canon de la Iglesia, cuando hizo que se hiciera esto; cuando, en lugar de requerir cartas de la Iglesia, las pidió de la plaza pública, y en lugar del pueblo, las pidió a los guardianes de los templos. Él era consciente de que no estaba enviando un obispo para presidir a los cristianos, sino a cierto intruso para los que suscribieran sus términos.

    55. Irrupción en la gran Iglesia

    § 55

    Los gentiles, por consiguiente, como comprando con su consentimiento la seguridad de sus ídolos, y algunos de los oficios, suscribieron, aunque de mala gana, por temor de las amenazas que él les había hecho; tal como si se tratara del nombramiento de un general u otro magistrado. En verdad, ¿qué era probable que hicieran, como paganos, excepto lo que fuera agradable al Emperador? Pero habiéndose reunido el pueblo en la gran Iglesia (pues era el cuarto día de la semana), el conde Heraclio, al día siguiente, lleva consigo a Catafronio, el prefecto de Egipto, y a Faustino, el recaudador general, y a Bitino, un hereje; y juntos instigan a los jóvenes de la multitud común que adoraban ídolos a atacar la Iglesia, y a apedrear al pueblo, diciendo que tal era el mandato del Emperador. Como, sin embargo, había llegado la hora de la despedida, la mayor parte ya había salido de la Iglesia, pero habiendo quedado aún unas pocas mujeres, hicieron lo que los hombres les habían encargado, con lo cual se siguió un espectáculo lastimoso. Las pocas mujeres acababan de levantarse de la oración y se habían sentado, cuando de pronto los jóvenes vinieron sobre ellas desnudos con piedras y palos. A algunas de ellas las apedrearon hasta matarlas los impíos malvados; azotaron con golpes las santas personas de las Vírgenes, les arrancaron los velos y expusieron sus cabezas, y cuando ellas resistieron el insulto, los cobardes las patearon con sus pies. Esto fue espantoso, sumamente espantoso; pero lo que siguió fue peor y más intolerable que cualquier ultraje. Conociendo el carácter santo de las vírgenes, y que sus oídos no estaban acostumbrados a la impureza, y que eran más capaces de soportar piedras y espadas que expresiones obscenas, las asaltaron con tal lenguaje. Esto lo sugirieron los arrianos a los jóvenes, y se rieron de todo lo que decían y hacían; mientras las santas Vírgenes y otras mujeres piadosas huían de tales palabras como huirían de la mordedura de áspides, pero los enemigos de Cristo les ayudaron en la obra, más aún, puede ser, profirieron lo mismo; pues se complacían en las obscenidades que los jóvenes vomitaban sobre ellas.

    56. La gran Iglesia saqueada

    § 56

    Después de esto, para ejecutar plenamente las órdenes que habían recibido (pues esto era lo que deseaban ardientemente, y lo que el Conde y el Recaudador General les habían instruido que hicieran), se apoderaron de los asientos, del trono y de la mesa que era de madera, y de las cortinas de la Iglesia, y de todo lo demás que pudieron; y sacándolos, los quemaron delante de las puertas en la calle principal, y arrojaron incienso sobre la llama. ¡Ay! ¿Quién no llorará al oír estas cosas y, quizá, cerrará sus oídos para no tener que soportar el relato, juzgando perjudicial el solo escuchar la narración de tales enormidades? Además, cantaron las alabanzas de sus ídolos y dijeron: 'Constantio se ha vuelto pagano, y los arrianos han reconocido nuestras costumbres'; pues ciertamente no tienen escrúpulo alguno en fingir incluso el paganismo, con tal de que su herejía se establezca. Estuvieron incluso dispuestos a sacrificar una vaquilla que sacaba el agua para los jardines en el Cesáreo; y la habrían sacrificado, de no ser hembra; pues dijeron que entre ellos era ilícito ofrecer tal animal.

    § 57

    57. Así obraron los impíos arrianos en unión con los paganos, pensando que estas cosas redundaban en deshonra nuestra. Pero la justicia divina reprobó su iniquidad y obró una señal grande y señalada, mostrando con ello claramente a todos los hombres que, así como en sus actos de impiedad se habían atrevido a atacar a nadie sino al Señor, también en estos procederes intentaban de nuevo deshonrarle a Él. Esto se probó más manifiestamente por el admirable suceso que ahora aconteció. Uno de estos jóvenes licenciosos entró corriendo en la Iglesia y se atrevió a sentarse sobre el trono; y estando sentado allí, el miserable profirió con tono nasal una canción lasciva. Luego, levantándose, intentó arrancar el trono y arrastrarlo hacia sí; no sabía que estaba atrayendo sobre sí la venganza. Pues como antiguamente los habitantes de Azoto, cuando se atrevieron a tocar el Arca, que ni siquiera les era lícito mirar, fueron al punto destruidos por ella, siendo antes gravemente atormentados con hemorroides; así este desdichado que presumió de arrastrar el trono, lo atrajo sobre sí, y, como si la justicia divina hubiera enviado el madero para castigarlo, se lo clavó en sus propias entrañas; y en lugar de sacar el trono, sacó de un golpe sus propios intestinos; de modo que el trono le quitó la vida, en lugar de que él lo quitara. Pues, como está escrito de Judas [], sus entrañas se derramaron; y cayó y fue llevado, y al día siguiente murió. Otro entró también en la Iglesia con ramos de árboles y, como al modo gentil los agitaba en sus manos y se burlaba, fue herido al instante de ceguera, de modo que perdió la vista al punto y ya no supo dónde estaba; pero al ir a caer, fue tomado de la mano y sostenido por sus compañeros fuera del lugar, y cuando al día siguiente fue con dificultad vuelto en sí, no supo ni lo que había hecho ni lo que había sufrido a consecuencia de su audacia.

    58. Persecución general en Alejandría

    § 58

    Los gentiles, cuando vieron estas cosas, fueron presa del temor y no se atrevieron a cometer más ultrajes; pero los arrianos ni siquiera se avergonzaron todavía, sino que, como los judíos cuando vieron los milagros, fueron incrédulos y no quisieron creer; antes bien, como Faraón, se endurecieron; habiendo puesto ellos también sus esperanzas abajo, en el Emperador y sus eunucos. Permitieron a los gentiles, o más bien a los más abandonados de los gentiles, obrar del modo antes descrito; pues hallaron que Faustino, que es Recaudador General por título, pero persona vulgar en costumbres y disoluta de corazón, estaba dispuesto a desempeñar su papel con ellos en estos procederes y a incitar a los paganos. Antes bien, se propusieron hacer ellos lo mismo, para que, así como habían modelado su herejía sobre todas las demás herejías juntas, pudieran compartir su maldad con los más depravados del género humano. Lo que hicieron por medio de otros lo describí más arriba; las enormidades que cometieron ellos mismos sobrepasan los límites de toda maldad y exceden la malicia de cualquier verdugo. ¿Dónde hay una casa que no saquearan? ¿Dónde hay una familia que no despojaran con pretexto de buscar a sus adversarios? ¿Dónde hay un jardín que no pisotearan? ¿Qué tumba no abrieron, fingiendo que buscaban a Atanasio, aunque su único objeto era saquear y despojar todo cuanto se les ponía por delante? ¡Cuántas casas de hombres fueron selladas! ¡El contenido de cuántas viviendas de personas dieron a los soldados que los ayudaban! ¿Quién no experimentó su maldad? ¿Quién que los encontraba no se veía obligado a esconderse en la plaza del mercado? ¿No dejaron muchos sus casas por temor de ellos y pasaron la noche en el desierto? ¿No perdieron muchos, ansiosos de preservar sus bienes de ellos, la mayor parte de ellos? ¿Y quién, por muy inexperto que fuera en el mar, no prefirió entregarse a él y arriesgarse a todos sus peligros antes que presenciar sus amenazas? Muchos cambiaron también de residencia y se mudaron de calle en calle y de la ciudad a los suburbios. Y muchos se sometieron a graves multas, y cuando no podían pagar, pidieron prestado a otros, sólo para escapar de sus maquinaciones.

    59. Violencia de Sebastián

    § 59

    Pues se hicieron formidables para todos los hombres, y trataron a todos con gran arrogancia, usando el nombre del Emperador y amenazándolos con su desagrado. Tenían para asistirlos en su maldad al Duque Sebastián, un maniqueo y joven disoluto; al prefecto, al conde y al recaudador general como disimulador. A muchas Vírgenes que condenaban su impiedad y profesaban la verdad las sacaron de las casas; a otras las insultaron mientras caminaban por las calles, e hicieron que sus jóvenes les descubrieran la cabeza. Dieron también permiso a las mujeres de su partido para insultar a quienes quisieran; y aunque las santas y fieles mujeres se retiraban a un lado y les cedían el paso, con todo se juntaban alrededor de ellas como bacantes y Furias, y tenían por desgracia si no hallaban medio de injuriarlas, y pasaban tristemente aquel día en que no podían hacerles daño alguno. En una palabra, tan crueles y amargos eran contra todos, que todos los hombres los llamaban verdugos, asesinos, desleales, intrusos, malhechores, y con cualquier otro nombre antes que con el de cristianos.

    60. Martirio de Eutiquio

    § 60

    Además, imitando las prácticas salvajes de los escitas, se apoderaron de Eutiquio, subdiácono, varón que había servido honrosamente a la Iglesia, y haciéndolo azotar en la espalda con un látigo de cuero hasta ponerlo a punto de muerte, exigieron que fuera enviado a las minas; y no a una mina cualquiera, sino a la de Feno, donde aun un asesino condenado apenas puede vivir unos pocos días. Y lo que era más irrazonable en su conducta, no le permitieron siquiera unas pocas horas para que le curaran las heridas, sino que hicieron que lo enviaran inmediatamente, diciendo: 'Si esto se hace, todos los hombres temerán y en adelante estarán de nuestro lado.' Al cabo de un breve intervalo, sin embargo, no pudiendo proseguir su viaje a la mina a causa del dolor de los azotes, murió en el camino. Pereció gozoso, habiendo obtenido la gloria del martirio. Pero los malvados ni siquiera se avergonzaron, sino que, según las palabras de la Escritura, 'teniendo entrañas sin misericordia [],' obraron en consecuencia, y perpetraron de nuevo una acción satánica. Cuando el pueblo les rogó que perdonaran a Eutiquio y les suplicó por él, hicieron apresar a cuatro ciudadanos honrados y libres, uno de los cuales era Hermias, que lavaba los pies a los mendigos; y después de azotarlos muy severamente, el Duque los arrojó a la prisión. Pero los arrianos, que son más crueles incluso que los escitas, cuando vieron que no morían de los azotes recibidos, se quejaron del Duque y amenazaron, diciendo: 'Escribiremos y diremos a los eunucos que no azota como deseamos.' Al oír esto, tuvo miedo y se vio obligado a golpear a los hombres por segunda vez; y ellos, siendo golpeados y sabiendo por qué causa sufrían y por quiénes habían sido acusados, dijeron solamente: 'Somos golpeados por causa de la Verdad, pero no comunicaremos con los herejes: azótanos ahora como quieras; Dios te juzgará por esto.' Los impíos quisieron exponerlos a peligro en la prisión, para que murieran allí; pero el pueblo de Dios, observando su tiempo, suplicó por ellos, y después de siete días o más fueron puestos en libertad.

    61. Maltrato de los pobres

    § 61

    Pero los arrianos, afligidos por esto, idearon de nuevo otra acción más cruel e impía; cruel a los ojos de todos los hombres, pero bien adecuada a su herejía anticristiana. El Señor mandó que nos acordáramos de los pobres; dijo: 'Vended lo que tenéis y dad limosna'; y de nuevo: 'Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; pues en cuanto lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, a mí lo hicisteis.' Pero estos hombres, como en verdad opuestos a Cristo, han presumido de obrar contra su voluntad también en esto. Pues cuando el Duque entregó las iglesias a los arrianos, y los indigentes y las viudas no pudieron continuar por más tiempo en ellas, las viudas se sentaron en los lugares que el Clero encargado de su cuidado les señaló. Y cuando los arrianos vieron que los hermanos las servían y sustentaban de buena gana, persiguieron también a las viudas, golpeándolas en los pies, y acusaron ante el Duque a los que les daban. Esto se hizo por medio de cierto soldado llamado Dinamio. Y fue del agrado de Sebastián, pues no hay misericordia en los maniqueos; antes bien, entre ellos se considera cosa odiosa mostrar misericordia a un pobre. He aquí, pues, un nuevo motivo de queja, y una nueva especie de tribunal inventado ahora por primera vez por los arrianos. Se llevaba a juicio a personas por actos de bondad que habían realizado; el que mostraba misericordia era acusado, y el que había recibido un beneficio era golpeado; y deseaban más bien que un pobre padeciera hambre, antes que el que estaba dispuesto a mostrar misericordia le diera. Tales sentimientos estos judíos modernos, pues tales son, han aprendido de los judíos de antaño, quienes cuando vieron al que había sido ciego de nacimiento recobrar la vista, y al que había estado mucho tiempo enfermo de parálisis ser sanado, acusaron al Señor que les había otorgado estos beneficios, y juzgaron transgresores a los que habían experimentado su bondad.

    62. Maltrato de los pobres

    § 62

    ¿Quién no quedó asombrado ante estos procederes? ¿Quién no execró tanto la herejía como a sus defensores? ¿Quién dejó de percibir que los arrianos son en verdad más crueles que las fieras? Pues no tenían perspectiva de ganancia alguna de su iniquidad, por cuya causa pudieran haber obrado de esta manera; sino que más bien aumentaron el odio de todos los hombres contra sí mismos. Pensaron por medio de la perfidia y el terror forzar a ciertas personas a su herejía, para que fueran llevadas a comunicar con ellos; pero el resultado fue enteramente contrario. Los que sufrían soportaron como martirio cuanto les infligían, y ni traicionaron ni negaron la verdadera fe en Cristo. Y los que estaban fuera y presenciaban su conducta, y al fin hasta los paganos, cuando vieron estas cosas, los execraron como anticristianos, como crueles verdugos; pues la naturaleza humana es propensa a compadecerse y a simpatizar con los pobres. Pero estos hombres han perdido incluso los sentimientos comunes de humanidad; y aquella bondad que habrían deseado recibir de manos de otros, si ellos mismos hubieran sido los que sufrían, no permitieron que otros la recibieran, sino que emplearon contra ellos la severidad y la autoridad de los magistrados, y especialmente del Duque.

    63. Maltrato de los Presbíteros y Diáconos

    § 63

    Lo que han hecho a los Presbíteros y Diáconos; cómo los llevaron al destierro bajo sentencia dictada contra ellos por el Duque y los magistrados, haciendo que los soldados sacaran a sus parientes de las casas, y que Gorgonio, comandante de la policía, los golpeara con azotes; y cómo (el acto más cruel de todos) con gran insolencia saquearon los panes de éstos y de los que ya habían muerto; estas cosas es imposible describirlas con palabras, pues su crueldad sobrepasa todos los poderes del lenguaje. ¿Qué términos podría uno emplear que parecieran iguales al asunto? ¿Qué circunstancias podría uno mencionar primero, de modo que las que se registraran después no se hallaran más terribles, y las siguientes más terribles todavía? Todos sus intentos e iniquidades estaban llenos de asesinato e impiedad; y tan sin escrúpulos y astutos son, que se esfuerzan por engañar con promesas de protección y con sobornos de dinero, para que, ya que no pueden recomendarse por medios justos, puedan con ello hacer alguna ostentación para imponerse a los simples.
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