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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
  33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
  34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
  41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
  49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
  50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
  58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
  66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
  67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Atanasio de Alejandría · Alejandro de Alejandría · Anónimo

    Escritos históricos y apologéticos

    Texto base: Philip Schaff y Henry Wace (eds.), NPNF, 2.ª serie, vol. 4, «Athanasius: Select Works and Letters» (1892), edición especial de Archibald Robertson · nueve escritos del volumen, en su orden: Deposición de Arrio, Exposición de la fe, Carta encíclica, Sobre la sentencia de Dionisio, Carta a los obispos de Egipto y Libia, Apología a Constancio, Apología de la fuga, Historia de los arrianos e Historia acéfala

    Traducción: Traducción automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro), directa del inglés del NPNF tal como circula en línea; no del griego, y sin traductor humano

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
    33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
    34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
    41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
    49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
    50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
    58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
    66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
    67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos
    Introducción y criterios de esta edición

    Acompañamiento editorial

    ¿Cómo cuenta la crisis arriana quien la sufre en carne propia? Estos nueve escritos son el expediente de Atanasio de Alejandría: desde la carta con que su obispo depuso a Arrio (320 o 321, según la introducción del NPNF) hasta la Historia de los arrianos que escribió en la clandestinidad hacia 358, pasando por la defensa que dirigió al propio emperador Constancio y por su justificación de haber huido. Predominan el relato y la defensa personal sobre la exposición doctrinal, que se lee en los Cuatro discursos contra los arrianos; y una crónica anónima posterior, la Historia acéfala, sirve para poner fecha a lo que Atanasio cuenta. Es una traducción castellana directa de la versión inglesa que publicó la serie Nicene and Post-Nicene Fathers (NPNF) en 1892.

    Ficha de la obra

    AutorAtanasio de Alejandría, obispo de Alejandría de 328 a 373 según la Historia acéfala y el NPNF. Dos de los nueve escritos no son suyos: la carta de la Deposición de Arrio es de su obispo Alejandro (Newman cree que la redactó Atanasio, como secretario) y la Historia acéfala es anónima
    EscritosLa deposición de Arrio (una carta al clero y una encíclica de seis secciones); Exposición de la fe (4 §§); Carta encíclica (§§ 1–7); Sobre la sentencia de Dionisio (§§ 1–27); Carta a los obispos de Egipto y Libia (§§ 1–23); Apología a Constancio (§§ 1–35); Apología de la fuga (§§ 1–27); Historia de los arrianos (§§ 1–81, en ocho partes); Historia acéfala (capítulos I–XIII, §§ 1–19)
    FechasSegún las introducciones del NPNF: Deposición, 320 o 321; Exposición, sin fecha segura (el editor conjetura 328); Carta encíclica, 339; Sobre la sentencia de Dionisio, sin fecha segura (hacia 352, con interrogante, en la lista cronológica de los Prolegómenos); Carta a los obispos de Egipto y Libia, 356; Apología a Constancio, terminada hacia la llegada de Jorge a Alejandría (24 de febrero de 357); Apología de la fuga, hacia finales de 357, y Historia de los arrianos, 358. La Historia acéfala se escribió bajo el obispo Teófilo, es decir, después de 385 (NPNF); Wikipedia recoge además la hipótesis de que su núcleo sea de 368
    GéneroCartas, defensas y crónica con los documentos oficiales que cita: cartas imperiales, de obispos y una protesta del pueblo de Alejandría
    ExtensiónUnas 76 000 palabras
    TraducciónCastellana, automática (Libyx, modelo DeepSeek V4 Pro), directa del inglés; no del griego ni del latín
    FuenteNPNF, 2.ª serie, vol. 4 (Nueva York, Christian Literature Publishing Co., 1892), ed. Philip Schaff y Henry Wace
    El recorrido es el del volumen. La Deposición de Arrio y la Exposición de la fe abren la serie con los documentos más antiguos; la Carta encíclica cuenta cómo entró Gregorio en Alejandría en 339; Sobre la sentencia de Dionisio defiende a un obispo alejandrino del siglo III frente a los arrianos que lo citaban; la Carta a los obispos de Egipto y Libia los previene en 356 contra una fórmula de fe que iban a presentarles; la Apología a Constancio y la Apología de la fuga responden a las acusaciones de 357; la Historia de los arrianos es el relato de las persecuciones entre 335 y 357, y la Historia acéfala ordena por años los episodios de Alejandría hasta la muerte de Atanasio.

    La fuente y su traducción

    Este texto es una traducción castellana directa de la versión inglesa de los nueve escritos que reúne la serie A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church (NPNF), segunda serie, volumen 4, Athanasius: Select Works and Letters, bajo la dirección de Philip Schaff y Henry Wace, y con Archibald Robertson como editor especial del volumen (el prefacio editorial de Wace lleva fecha del 21 de noviembre de 1891; CCEL indica como base impresa Nueva York, Christian Literature Publishing Co., 1892). Se tradujo del inglés, no del griego (ni del latín, en lo que solo se conserva en latín): es la traducción de una traducción, y sus matices dependen de ambas. Para citarla en un trabajo académico conviene cotejarla con el inglés, cuyos enlaces están en la tabla.
    El prefacio de Robertson dice que buena parte del volumen, con el grueso de las obras históricas y antiarrianas, es una revisión de traducciones y notas del Oxford Library of the Fathers: Newman preparó para esa serie las notas de todas ellas y la traducción de la mayoría. La introducción de la Deposición de Arrio añade que esa traducción revisa la de la colección oxoniense de Historical Tracts. CCEL no pone «traducido por» en la cabecera de estas obras; New Advent sí, y da los nombres de la tabla.
    EscritoVersión inglesa, según New AdventTexto inglés
    La deposición de ArrioM. Atkinson y Archibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Exposición de la feArchibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Carta encíclicaM. Atkinson y Archibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Sobre la sentencia de DionisioArchibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Carta a los obispos de Egipto y LibiaM. Atkinson y Archibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Apología a ConstancioM. Atkinson y Archibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Apología de la fugaM. Atkinson y Archibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Historia de los arrianosM. Atkinson y Archibald RobertsonNew Advent · CCEL
    Historia acéfalaArchibald RobertsonNew Advent · CCEL
    El inglés de partida es el del NPNF tal como circula en línea, sin las notas de la edición, y se parece mucho al de New Advent (revisado por Kevin Knight): de los 233 párrafos de más de 600 caracteres, en 228 coinciden con esa web los primeros 150 caracteres, y en los otros cinco hay variantes menores de ortografía o de palabras («defence» y «defense»; «noised abroad» y «reported abroad»). El epub traducido tiene exactamente los mismos 99 encabezados y 402 párrafos que ese inglés, y el largo castellano es el 99 % del inglés: no falta ni sobra texto.
    Lo que viene de la edición. La división en nueve escritos y su orden son los del volumen del NPNF (que intercala entre ellos otras obras que este epub no trae: la Carta de Eusebio, Sobre Lucas 10, 22, la Apología contra los arrianos, Sobre los decretos de Nicea, la Vida de Antonio…). También lo son la numeración de las secciones, los encabezados con su resumen («§1. Toda la Iglesia afectada…», «1. La apelación arriana a Dionisio es una calumnia…»), los rótulos «(Expositio Fidei)», «(Epistola Encyclica)» y «POR SAN ATANASIO», la división de la Historia de los arrianos en ocho partes y los números romanos de la Historia acéfala. Los corchetes de esta última son conjeturas del editor inglés, que completa o corrige un latín muy estropeado. Los documentos que cada escrito cita —cartas del emperador Constancio, de Constantino II, de Osio, de Ursacio y Valente, la protesta del pueblo de Alejandría, la exposición de Patricio y Aecio— van como pasajes de sus propios autores, y las listas de firmantes de la Deposición se dan como lista. El epub titula «Apologia ad Constantium» la Apología a Constancio, en latín; ese rótulo se conserva.
    Defectos de la traducción castellana, conservados. (1) El inglés distingue Constans (el emperador Constante) de Constantius (Constancio II); el castellano escribe «Constancio» por Constante en varios pasajes, y a menudo por Constancio II, mientras que «Constantio» corresponde siempre a Constancio II en los pasajes cotejados. Hay casos en la Apología a Constancio (§§ 2, 3 y 8), en la Historia de los arrianos (§§ 8, 9, 15, 20, 21, 24, 29 y 49–50), en la carta de Osio (§ 44) y en la Historia acéfala (I, § 2 y II); el más claro está en el § 24 de la Historia de los arrianos, con una nota visible. (2) El inglés abre con «5.», «9.» y «12.» tres apartados de la Historia de los arrianos; el castellano omite esos números, y los localizadores «§ 5» y «§ 12» se ponen según el inglés. (3) La Apología de la fuga numera «6» el apartado 16, y así está también en el inglés del epub; se avisa en el lugar. Ninguno se ha corregido en el texto.

    La deposición de Arrio

    Encabezado

    Deposición de Arrio y de sus compañeros por Alejandro, y Carta encíclica sobre el asunto.

    Carta al clero

    Alejandro, reunido con sus amados hermanos, los presbíteros y diáconos de Alejandría y de la Mareótida, los saluda en el Señor.
    Aunque ya habéis firmado la carta que dirigí a Arrio y a los suyos, exhortándolos a renunciar a su impiedad y a someterse a la fe católica pura, y habéis demostrado vuestra rectitud de espíritu y vuestra conformidad con las doctrinas de la Iglesia Católica, sin embargo, como también he escrito a nuestros coobreros de todas partes acerca de Arrio y de los suyos, y especialmente porque algunos de vosotros, como los presbíteros Cares y Pisto, y los diáconos Serapión, Paramón, Zósimo e Ireneo, se han unido a Arrio y a los suyos y han aceptado sufrir la deposición con ellos, he creído necesario reuniros a vosotros, clero de la ciudad, y hacer venir al clero de la Mareótida, para que conozcáis lo que ahora escribo, deis testimonio de vuestra conformidad con ello y manifestéis vuestro asentimiento a la deposición de Arrio, Pisto y los suyos. Porque conviene que se os dé a conocer lo que escribo y que cada uno de vosotros lo acoja de corazón, como si él mismo lo hubiera escrito.

    Carta encíclica, encabezado

    Copia.
    A sus muy amados y honradísimos coobreros de la Iglesia Católica en todo lugar, Alejandro envía salud en el Señor.
    Comentario editorial · ¿Quién escribió esta carta, y cuándo?
    El epub la presenta como carta de Alejandro, obispo de Alejandría, contra Arrio y sus compañeros. Según la introducción del NPNF, la deposición de Arrio tuvo lugar en 320 o, más probablemente, en 321. Su editor recoge la tesis de Newman de que la encíclica la redactó Atanasio, entonces diácono y secretario de Alejandro: su estilo difiere del de otra carta de Alejandro que conserva Teodoreto y se parece al de Atanasio, y comparte su terminología y su uso de ciertos textos. Añade que el término homoousios no aparece en el documento. Es una hipótesis del editor inglés, no un dato del texto. Wikipedia, en el artículo sobre Osio, también la pone en 320 o 321 y habla de más de cien obispos de Egipto y Libia.

    § 1

    1. Como hay un solo cuerpo de la Iglesia Católica y se nos manda en las sagradas Escrituras conservar el vínculo de la unidad y de la paz, conviene que nos escribamos y nos comuniquemos unos a otros cuanto hace cada uno de nosotros, para que, si un miembro sufre o se alegra, suframos o nos alegremos unos con otros. Ahora han surgido en esta diócesis, en este tiempo, ciertos hombres sin ley, enemigos de Cristo, que enseñan una apostasía que justamente se puede sospechar y señalar como precursora del Anticristo. Deseaba yo dejar pasar este asunto sin prestarle atención, esperando acaso que el mal se consumiera entre sus partidarios y no se extendiera a otros lugares para mancillar los oídos de los sencillos. Pero viendo que Eusebio, ahora de Nicomedia, que piensa que el gobierno de la Iglesia recae sobre él, porque no le ha sobrevenido castigo por su abandono de Berito, cuando había puesto sus ojos codiciosos en la Iglesia de los nicomedenses, empieza a apoyar a estos apóstatas y se ha atrevido a escribir cartas por todas partes en favor de ellos, por si de algún modo puede arrastrar a ciertos ignorantes a esta herejía tan vil y anticristiana; por tanto, estoy obligado, sabiendo lo que está escrito en la ley, a no callar ya más, sino a darlo a conocer a todos vosotros, para que entendáis quiénes son los apóstatas y los sofismas que su herejía ha adoptado, y para que, si Eusebio os escribe, no le prestéis atención, pues ahora desea, por medio de estos hombres, mostrar de nuevo su antigua malevolencia, tanto tiempo oculta, fingiendo escribir en favor de ellos, mientras en verdad aparece claramente que lo hace para promover sus propios intereses.

    § 2

    2. Los que se hicieron apóstatas son éstos: Arrio, Aquiles, Aetales, Carpón, otro Arrio y Sármatas, en otro tiempo presbíteros; Euzoio, Lucio, Julio, Menas, Heladio y Caio, en otro tiempo diáconos; y con ellos Secundo y Teonas, en otro tiempo llamados obispos. Y las novedades que han inventado y propuesto contra las Escrituras son las siguientes:— Dios no siempre fue Padre, sino que hubo un tiempo en que Dios no fue Padre. El Verbo de Dios no fue siempre, sino que tuvo origen de cosas que no eran; porque el Dios que es, lo hizo a él, que no era, de lo que no era; por lo cual hubo un tiempo en que no era; pues el Hijo es una criatura y una obra. Ni es semejante en esencia al Padre; ni es el verdadero y natural Verbo del Padre; ni es su verdadera Sabiduría; sino que es una de las cosas hechas y creadas, y se le llama Verbo y Sabiduría por abuso de los términos, puesto que él mismo tuvo origen por el Verbo propio de Dios y por la Sabiduría que está en Dios, por la cual Dios ha hecho no sólo todas las demás cosas, sino también a él. Por lo cual es por naturaleza sujeto a cambio y mudanza, como todas las criaturas racionales. Y el Verbo es ajeno a la esencia del Padre, y está separado y alejado de ella. Y el Padre no puede ser descrito por el Hijo, porque el Verbo no conoce al Padre perfecta y exactamente, ni puede verlo perfectamente. Además, el Hijo no conoce su propia esencia tal como realmente es; pues fue hecho para nosotros, para que Dios nos creara por él, como por un instrumento; y no habría existido si Dios no hubiese querido crearnos. Por consiguiente, cuando alguien les preguntó si el Verbo de Dios puede cambiar como cambió el diablo, no temieron decir que puede; pues siendo algo hecho y creado, su naturaleza está sujeta a cambio.

    § 3

    3. Cuando Arrio y los suyos hicieron estas afirmaciones y las confesaron descaradamente, nosotros, reunidos con los obispos de Egipto y de Libia, casi cien en número, los anatematizamos a ellos y a sus seguidores. Pero Eusebio y los suyos los admitieron a la comunión, deseando mezclar la mentira con la verdad y la impiedad con la piedad. Mas no podrán hacerlo, porque la verdad debe prevalecer; ni hay «comunión de la luz con las tinieblas,» ni «concordia de Cristo con Belial.» Porque ¿quién oyó jamás tales afirmaciones? ¿O quién, al oírlas ahora, no se asombra y no se tapa los oídos para que no se mancillen con semejante lenguaje? Quien ha oído las palabras de Juan, «En el principio era el Verbo [],» ¿no denunciará la afirmación de estos hombres de que «hubo un tiempo en que no era?» O quien ha oído en el Evangelio «el Hijo Unigénito,» y «por Él fueron hechas todas las cosas,» ¿no detestará su declaración de que Él es «una de las cosas que fueron hechas?» Pues ¿cómo puede ser una de las cosas que fueron hechas por Él mismo? ¿O cómo puede ser el Unigénito, cuando, según ellos, es contado como uno entre los demás, puesto que es una criatura y una obra? ¿Y cómo puede ser «hecho de cosas que no eran,» cuando el Padre dice: «Mi corazón ha proferido un buen Verbo,» y «Desde el seno te he engendrado antes del lucero?» O de nuevo, ¿cómo es «desemejante en sustancia al Padre,» siendo Él la perfecta «imagen» y el «resplandor []» del Padre, y cuando Él dice: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre?» Y si el Hijo es el «Verbo» y la «Sabiduría» de Dios, ¿cómo «hubo un tiempo en que no era?» Es lo mismo que si dijeran que Dios estuvo una vez sin Verbo y sin Sabiduría. ¿Y cómo está «sujeto a cambio y mudanza» quien dice por sí mismo: «Yo estoy en el Padre, y el Padre en mí,» y «Yo y el Padre somos uno;» y por el Profeta: «Miradme, porque yo soy, y no cambio?» Pues aunque uno pueda referir esta expresión al Padre, con todo, ahora puede decirse más propiamente del Verbo: que, aunque se ha hecho hombre, no ha cambiado; sino que, como dijo el Apóstol, «Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.» ¿Y quién pudo persuadirlos a decir que Él fue hecho para nosotros, cuando Pablo escribe: «para quien son todas las cosas, y por quien son todas las cosas?»

    § 4

    4. En cuanto a su blasfema afirmación de que «el Hijo no conoce perfectamente al Padre,» no debemos asombrarnos; pues, habiéndose propuesto una vez luchar contra Cristo, contradicen incluso sus palabras expresas, ya que Él dice: «Como el Padre me conoce, así conozco yo al Padre [].» Ahora bien, si el Padre conoce al Hijo sólo en parte, es evidente que el Hijo no conoce perfectamente al Padre; pero si no es lícito decir esto, sino que el Padre conoce perfectamente al Hijo, entonces es evidente que, como el Padre conoce a su propio Verbo, así también el Verbo conoce a su propio Padre, cuyo Verbo es.

    § 5

    5. Con estos argumentos y referencias a las sagradas Escrituras los refutábamos con frecuencia; pero ellos cambiaban como camaleones y mudaban de terreno, esforzándose por atraer sobre sí aquella sentencia: «cuando el impío cae en lo profundo de los males, desprecia.» Ha habido muchas herejías antes de ellos que, aventurándose más de lo debido, cayeron en la locura; pero estos hombres, esforzándose con todos sus sofismas por derribar la Divinidad del Verbo, han justificado a las otras en comparación consigo mismos, como acercándose más al Anticristo. Por lo cual han sido excomulgados y anatematizados por la Iglesia. Nos afligimos por su ruina, y especialmente porque, habiendo sido una vez instruidos en las doctrinas de la Iglesia, ahora se han apartado de ellas. Sin embargo, no nos sorprendemos mucho, porque Himeneo y Fileto [] hicieron lo mismo, y antes de ellos Judas, que siguió al Salvador, pero después se volvió traidor y apóstata. Y acerca de estos mismos no nos ha faltado instrucción; porque nuestro Señor nos ha prevenido: «Mirad que nadie os engañe; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy Cristo, y el tiempo se acerca; y engañarán a muchos; no vayáis tras ellos [];» mientras que Pablo, instruido en estas cosas por nuestro Salvador, escribió que «en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe pura, escuchando a espíritus seductores y a doctrinas de demonios que rechazan la verdad.»

    § 6

    6. Puesto que, pues, nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ha instruido por su propia boca y también nos lo ha dado a conocer por el Apóstol acerca de tales hombres, nosotros, siendo testigos personales de su impiedad, hemos anatematizado, como dijimos, a todos ésos, y los hemos declarado ajenos a la fe y a la Iglesia Católica. Y esto lo hemos dado a conocer a vuestra piedad, amadísimos y honradísimos coobreros, para que, si alguno de ellos tiene la osadía de ir a vosotros, no lo recibáis ni accedáis al deseo de Eusebio ni de cualquier otro que escriba en favor de ellos. Porque conviene que nosotros, que somos cristianos, nos apartemos de todos los que hablan o piensan algo contra Cristo, como enemigos de Dios y destructores de almas; y ni siquiera «saludemos a los tales [],» no sea que nos hagamos partícipes de sus pecados, como nos lo ha encargado el bienaventurado Juan. Saludad a los hermanos que están con vosotros. Los que están conmigo os saludan.

    Firmas

    Presbíteros de Alejandría.
    Yo, Coluto, presbítero, estoy de acuerdo con lo aquí escrito y doy mi asentimiento a la deposición de Arrio y de sus compañeros en la impiedad.
    • Alejandro, presbítero, asimismo
    • Dióscoro, presbítero, asimismo
    • Dionisio, presbítero, asimismo
    • Eusebio, presbítero, asimismo
    • Alejandro, presbítero, asimismo
    • Nilaras, presbítero, asimismo
    • Harpocración, presbítero, asimismo
    • Agato, presbítero
    • Nemesio, presbítero
    • Longo, presbítero
    • Silvano, presbítero
    • Peroys, presbítero
    • Apis, presbítero
    • Proterio, presbítero
    • Pablo, presbítero
    • Ciro, presbítero, asimismo
    • Diáconos
    • Amón, diácono, asimismo
    • Macario, diácono
    • Pisto, diácono, asimismo
    • Atanasio, diácono
    • Eumenes, diácono
    • Apolonio, diácono
    • Olimpio, diácono
    • Aftonio, diácono
    • Atanasio, diácono
    • Macario, diácono, asimismo
    • Pablo, diácono
    • Pedro, diácono
    • Ambitiano, diácono
    • Caio, diácono, asimismo
    • Alejandro, diácono
    • Dionisio, diácono
    • Agatón, diácono
    • Polibio, diácono, asimismo
    • Teonas, diácono
    • Marcos, diácono
    • Comodo, diácono
    • Serapión, diácono
    • Nilón, diácono
    • Romano, diácono, asimismo
    • Presbíteros de la Mareótida.
    Yo, Apolonio, presbítero, estoy de acuerdo con lo aquí escrito y doy mi asentimiento a la deposición de Arrio y de sus compañeros en la impiedad.
    • Ingenio, presbítero, asimismo
    • Amón, presbítero
    • Dióscoro, presbítero
    • Sostras, presbítero
    • Teón, presbítero
    • Tirano, presbítero
    • Copres, presbítero
    • Amonas, presbítero
    • Orión, presbítero
    • Sereno, presbítero
    • Dídimo, presbítero
    • Heracles, presbítero
    • Bocón, presbítero
    • Ágato, presbítero
    • Achillas, presbítero
    • Paulo, presbítero
    • Taleleo, presbítero
    • Dionisio, presbítero, asimismo
    • Diáconos
    • Sarapión, diácono, asimismo
    • Justo, diácono, asimismo
    • Dídimo, diácono
    • Demetrio, diácono
    • Mauro, diácono
    • Alejandro, diácono
    • Marcos, diácono
    • Comón, diácono
    • Trifón, diácono
    • Amón, diácono
    • Dídimo, diácono
    • Ptolarion, diácono
    • Seras, diácono
    • Caio, diácono
    • Hierax, diácono
    • Marcos, diácono
    • Teonas, diácono
    • Sarmatón, diácono
    • Carpón, diácono
    • Zoilo, diácono, asimismo

    Exposición de la fe

    Encabezado

    (Expositio Fidei)

    § 1

    1. Creemos en un solo Dios ingénito, Padre Todopoderoso, hacedor de todas las cosas, visibles e invisibles, que tiene su ser de sí mismo. Y en un solo Verbo Unigénito, Sabiduría, Hijo, engendrado del Padre sin principio y eternamente; palabra no pronunciada ni mental, ni efluvio del Perfecto, ni división de la Esencia impasible, ni emanación; sino Hijo absolutamente perfecto, vivo y poderoso (Hebreos 4:12), la verdadera Imagen del Padre, igual en honor y gloria. Porque ésta, dice, 'es la voluntad del Padre: que así como honran al Padre, honren también al Hijo' (Juan 5:23): Dios verdadero de Dios verdadero, como dice Juan en sus Epístolas universales: 'Y estamos en el que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna' (1 Juan 5:20): Todopoderoso de Todopoderoso. Porque todo lo que el Padre rige y gobierna, lo rige y gobierna igualmente el Hijo: enteramente del Todo, siendo semejante al Padre, como dice el Señor: 'el que me ha visto a mí, ha visto al Padre' (Juan 14:9). Pero fue engendrado inefable e incomprensiblemente, porque '¿quién contará su generación?' (Isaías 53:8), es decir, nadie puede. El cual, habiendo descendido en la consumación de los siglos (Hebreos 9:26) del seno del Padre, tomó de la Virgen inmaculada María nuestra humanidad ([ἄ][νθρωπον]), Cristo Jesús, a quien entregó por su propia voluntad a padecer por nosotros, como dice el Señor: 'Nadie me quita la vida. Tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar' (Juan 10:18). En la cual humanidad fue crucificado y murió por nosotros, y resucitó de entre los muertos, y fue elevado a los cielos, habiendo sido creado como principio de los caminos para nosotros (Proverbios 8:22), cuando en la tierra nos mostró luz de entre las tinieblas, salvación del error, vida de entre los muertos, entrada al paraíso, del cual Adán fue arrojado, y en el cual entró de nuevo por medio del ladrón, como dijo el Señor: 'Hoy estarás conmigo en el paraíso' (Lucas 23:43), al cual también entró una vez Pablo. [Nos mostró] también un camino de subida a los cielos, adonde la humanidad del Señor, en la cual juzgará a los vivos y a los muertos, entró como precursor por nosotros. Creemos, asimismo, también en el Espíritu Santo que escudriña todas las cosas, aun lo profundo de Dios (1 Corintios 2:10), y anatematizamos las doctrinas contrarias a esto.

    § 2

    2. Pues no sostenemos un Hijo-Padre, como hacen los sabelianos, llamándolo de una esencia pero no de la misma esencia, y destruyendo así la existencia del Hijo. Tampoco atribuimos al Padre el cuerpo pasible que llevó para la salvación del mundo entero. Ni podemos imaginar tres Subsistencias separadas entre sí, como resulta de su naturaleza corpórea en el caso de los hombres, no sea que sostengamos una pluralidad de dioses como los paganos. Mas así como un río, producido de una fuente, no está separado, y sin embargo hay de hecho dos objetos visibles y dos nombres. Porque ni el Padre es el Hijo, ni el Hijo es el Padre. Pues el Padre es Padre del Hijo, y el Hijo, Hijo del Padre. Porque así como la fuente no es río, ni el río fuente, sino que ambos son una y la misma agua que es conducida por un canal desde la fuente al río, así la deidad del Padre pasa al Hijo sin flujo y sin división. Porque dice el Señor: 'Salí del Padre y he venido' (Juan 16:28). Pero Él está siempre con el Padre, porque está en el seno del Padre, y jamás estuvo el seno del Padre vacío de la deidad del Hijo. Porque dice: 'Yo estaba junto a Él como quien pone en orden' (Proverbios 8:30). Mas no consideramos a Dios Creador de todo, el Hijo de Dios, como criatura, ni cosa hecha, ni como hecho de la nada, porque Él es verdaderamente existente de Aquel que existe, solo existente de Aquel que solo existe, en cuanto que la gloria y el poder semejantes fueron engendrados eterna y conjuntamente del Padre. Porque 'el que ha visto' al Hijo 'ha visto al Padre' (Juan 14:9). Todas las cosas, a saber, fueron hechas por medio del Hijo; pero Él mismo no es criatura, como dice Pablo del Señor: 'En Él fueron creadas todas las cosas, y Él es antes de todo' (Colosenses 1:16). Ahora bien, no dice 'fue creado' antes de todas las cosas, sino 'es' antes de todas las cosas. Ser creado, a saber, se aplica a todas las cosas, pero 'es antes de todo' se aplica solo al Hijo.

    § 3

    3. Él es, pues, por naturaleza Progenie, perfecto del Perfecto, engendrado antes de todos los collados (Proverbios 8:25), es decir, antes de toda esencia racional e inteligente, como también Pablo en otro lugar lo llama 'primogénito de toda creación' (Colosenses 1:15). Pero al llamarlo Primogénito, muestra que no es Criatura, sino Progenie del Padre. Porque sería incompatible con su deidad que fuese llamado criatura. Pues todas las cosas fueron creadas por el Padre mediante el Hijo, pero el Hijo solo fue engendrado eternamente del Padre, por lo cual Dios el Verbo es 'primogénito de toda creación', inmutable de inmutable. Sin embargo, el cuerpo que vistió por nosotros es criatura: acerca del cual dice Jeremías, según la edición de los setenta traductores (Jeremías 31:22): 'El Señor nos creó para una plantación una salvación nueva, en la cual los hombres andarán'; mas según Áquila el mismo texto dice: 'El Señor creó una cosa nueva en la mujer.' Ahora bien, la salvación creada para nosotros para una plantación, que es nueva, no vieja, y para nosotros, no antes de nosotros, es Jesús, Quien en cuanto al Salvador fue hecho hombre, y cuyo nombre se traduce en un lugar Salvación, en otro Salvador. Pero la salvación procede del Salvador, así como la iluminación procede de la luz. La salvación, pues, que procedía del Salvador, siendo creada nueva, hizo, como dice Jeremías, 'crear para nosotros una salvación nueva', y como traduce Áquila: 'El Señor creó una cosa nueva en la mujer', esto es, en María. Porque nada nuevo fue creado en la mujer, salvo el cuerpo del Señor, nacido de la Virgen María sin relación conyugal, como también se dice en los Proverbios en la persona de Jesús: 'El Señor me creó, principio de sus caminos para sus obras' (Proverbios 8:22). Ahora bien, no dice: 'me creó antes de sus obras', no sea que alguno tome el texto de la deidad del Verbo.

    § 4

    4. Cada texto, pues, que se refiere a la criatura está escrito con referencia a Jesús en sentido corporal. Porque la Humanidad del Señor fue creada como 'principio de los caminos', y Él nos la manifestó para nuestra salvación. Pues por ella tenemos acceso al Padre. Porque Él es el camino (Juan 14:6) que nos conduce de vuelta al Padre. Y un camino es una cosa corpórea visible, como lo es la humanidad del Señor. Ahora bien, el Verbo de Dios creó todas las cosas, no siendo criatura, sino progenie. Porque no creó ninguna de las cosas creadas igual ni semejante a Sí mismo. Mas es propio del Padre engendrar, mientras que es propio del artífice crear. Por consiguiente, aquel cuerpo es cosa hecha y creada, que el Señor llevó por nosotros, que fue engendrado por nosotros, como dice Pablo: 'sabiduría de Dios, y santificación y justicia, y redención'; mientras que el Verbo era antes que nosotros y antes de toda la Creación, y es, la Sabiduría del Padre. Pero el Espíritu Santo, siendo el que procede del Padre, está siempre en las manos del Padre que lo envía y del Hijo que lo transmite, por medio de Quien llenó todas las cosas. El Padre, poseyendo su existencia de Sí mismo, engendró al Hijo, como dijimos, y no lo creó, como río de fuente y como rama de raíz, y como resplandor de luz, cosas que la naturaleza conoce como indivisibles; por quien al Padre sea la gloria y el poder y la grandeza antes de todos los siglos, y por todos los siglos de los siglos. Amén.
    Comentario editorial · «El hombre del Señor»
    La versión inglesa, y con ella la castellana, dice «la humanidad del Señor» o «el cuerpo del Señor». El editor del NPNF explica que en el griego la expresión es, tres veces en este escrito, ho kyriakós ánthropos, literalmente «el hombre del Señor», y que no es ajena a Atanasio: la usa en el Sermo maior de fide y en su exposición del Salmo 41, y de ella viene el latín Dominicus homo, que Agustín adoptó y luego retiró en las Retractaciones (I, 19). Fechar el escrito es incierto. El editor conjetura que sea la profesión de fe con que Atanasio inauguró su episcopado, en 328, y ve un indicio de fecha temprana en el uso sin reparos de hómoios, «semejante», para decir cómo se relaciona el Hijo con el Padre.

    Carta encíclica

    Encabezado

    (Epistola Encyclica)
    A sus coobreros en todo lugar, amados señores, Atanasio les envía salud en el Señor.

    §1. Toda la Iglesia afectada por lo acontecido

    § 1

    Nuestros sufrimientos han sido terribles hasta más no poder, y es imposible describirlos en términos adecuados; pero para que la naturaleza espantosa de los hechos ocurridos se comprenda más fácilmente, he considerado bueno recordaros una historia de las Escrituras. Sucedió que cierto levita fue ultrajado en la persona de su esposa; y, al considerar la extrema gravedad de la profanación (pues la mujer era hebrea, de la tribu de Judá), asombrado por el ultraje que se había cometido contra él, dividió el cuerpo de su esposa, como relata la Sagrada Escritura en el Libro de los Jueces, y envió una parte a cada tribu de Israel, para que se entendiese que una injuria semejante no le concernía a él solo, sino que se extendía a todos por igual; y que, si el pueblo se compadecía de sus sufrimientos, le vengaría; o si lo descuidaba, cargaría con la deshonra de ser considerado desde entonces culpable del agravio. Los mensajeros que envió contaron lo sucedido; y los que lo oyeron y vieron declararon que jamás se habían hecho cosas tales desde el día en que los hijos de Israel subieron de Egipto. Así se conmovió toda tribu de Israel, y todos se reunieron contra los ofensores, como si ellos mismos hubieran sido los agraviados; y al fin los autores de aquella iniquidad fueron destruidos en la guerra y se convirtieron en maldición en boca de todos: porque el pueblo congregado no tuvo en cuenta la sangre del parentesco, sino sólo el crimen cometido. Conocéis la historia, hermanos, y el relato pormenorizado de las circunstancias que da la Escritura. No las describiré por tanto con más detalle, pues escribo a personas familiarizadas con ellas, y porque deseo presentar a vuestra piedad nuestras circunstancias actuales, que son aún peores que aquellas a las que me he referido. Pues mi objeto al recordaros esta historia es que comparéis aquellos sucesos antiguos con lo que ahora nos ha acontecido, y, percibiendo cuánto exceden estos últimos a aquellos en crueldad, os llenéis de mayor indignación por ellos que la que sintió el pueblo antiguo contra aquellos ofensores. Porque el trato que hemos sufrido sobrepasa la amargura de cualquier persecución; y la calamidad del levita era bien pequeña comparada con las atrocidades que ahora se han cometido contra la Iglesia; o más bien, tales hechos jamás se habían oído en todo el mundo, ni otro alguno había experimentado cosa semejante. Pues en aquel caso fue una sola mujer la injuriada y un solo levita el que padeció la injusticia; ahora toda la Iglesia es injuriada, el sacerdocio insultado y, lo peor de todo, la piedad es perseguida por la impiedad. En aquella ocasión las tribus quedaron atónitas, cada una al ver parte del cuerpo de una sola mujer; pero ahora los miembros de toda la Iglesia se ven divididos unos de otros, y son enviados lejos, unos a vosotros y otros a otros, trayendo noticia de los insultos e injusticias que han padecido. Conmoveos, pues, también vosotros, os lo ruego, considerando que estos agravios se os hacen a vosotros no menos que a nosotros; y preste cada uno su auxilio, sintiendo que él mismo es quien padece, no sea que en breve se corrompan los Cánones eclesiásticos y la fe de la Iglesia. Porque ambos corren peligro, si Dios no remedia pronto por vuestras manos lo que se ha hecho mal, y la Iglesia no es vengada de sus enemigos. Pues nuestros Cánones y nuestras formas no fueron dados a las Iglesias en el día de hoy, sino que nos fueron transmitidos sabia y seguramente por nuestros antepasados. Ni tuvo nuestra fe su comienzo en este tiempo, sino que nos vino del Señor por medio de sus discípulos. Para que, por tanto, las ordenanzas que se han conservado en las Iglesias desde antiguo hasta ahora no se pierdan en nuestros días, y para que la confianza que se nos ha encomendado no nos sea reclamada; levantaos, hermanos, como mayordomos de los misterios de Dios, y viéndolos ahora arrebatados por otros. Los pormenores de nuestra condición los aprenderéis de los portadores de nuestras cartas; pero yo mismo deseaba escribiros una breve relación de ello, para que sepáis con certeza que jamás se han cometido tales cosas contra la Iglesia, desde el día en que nuestro Salvador, cuando fue elevado, dio mandato a sus discípulos, diciendo: 'Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.'

    §2. Violenta y anticanónica intrusión de Gregorio

    § 2

    Pues bien, los ultrajes que se han cometido contra nosotros y contra la Iglesia son estos. Mientras celebrábamos nuestras asambleas en paz, como de costumbre, y el pueblo se regocijaba en ellas y adelantaba en la conversación piadosa, y mientras nuestros coobreros en Egipto, la Tebaida y Libia estaban en amor y paz unos con otros y con nosotros; de repente el Prefecto de Egipto publica una carta pública, con forma de edicto, declarando que un tal Gregorio, de Capadocia, venía de la corte para ser mi sucesor. Este anuncio dejó confundidos a todos, porque semejante proceder era enteramente nuevo y se oía por primera vez. El pueblo, sin embargo, se congregaba aún con más constancia en las iglesias, porque sabía muy bien que ni ellos mismos, ni ningún Obispo o Presbítero, ni en suma nadie se había quejado jamás de mí; y veían que sólo los arrianos estaban de su parte, y sabían también que él mismo era arriano y que había sido enviado por Eusebio y sus secuaces al partido arriano. Porque sabéis, hermanos, que Eusebio y los suyos han sido siempre los partidarios y compañeros de la impía herejía de los locos arrianos, por cuyo medio han llevado siempre adelante sus designios contra mí, y fueron los autores de mi destierro a la Galia.
    El pueblo, por tanto, se indignó justamente y clamó contra aquel proceder, poniendo por testigos a los demás magistrados y a toda la ciudad de que este intento nuevo e inicuo se hacía ahora contra la Iglesia, no por acusación alguna presentada contra mí por personas eclesiásticas, sino por el asalto desvergonzado de los herejes arrianos. Porque aun cuando hubiese habido alguna queja general contra mí, no debía haberse elegido para sucederme a un arriano, ni a quien profesara doctrinas arrianas; sino que, según los Cánones eclesiásticos y la dirección de Pablo, cuando el pueblo estaba 'reunido, y el espíritu' de los que ordenan, 'con el poder de nuestro Señor Jesucristo', debía haberse indagado y tramitado todo canónicamente, en presencia de aquellos entre los laicos y el clero que pedían el cambio; y no que una persona traída de lejos por los arrianos, como quien trafica con el título de Obispo, se entrometiese, con el patrocinio y el brazo fuerte de los magistrados paganos, entre quienes ni pedían ni deseaban su presencia, ni en verdad sabían nada de lo hecho. Tales procedimientos tienden a la disolución de todos los Cánones eclesiásticos, y obligan a los paganos a blasfemar y a sospechar que nuestros nombramientos no se hacen según regla divina, sino como resultado de tráfico y patrocinio.
    Comentario editorial · Gregorio y el prefecto Filagrio
    Según la introducción del NPNF, un concilio de los eusebianos reunido en Antioquía a comienzos de 339 nombró a Gregorio, capadocio de nacimiento, para ocupar el lugar de Atanasio, y esta carta se escribió justo antes de que este partiera a Roma. Filagrio es el prefecto que, en este § 2, anuncia el relevo. Las ediciones anteriores a la benedictina leían «Jorge» donde el texto dice «Gregorio», confusión que corrigió la edición benedictina a partir de manuscritos. Sobre cuánto duró Gregorio, las fuentes difieren: el NPNF lo da de 339 a 346, hasta que Atanasio vuelve el 21 de octubre de 346 según la Historia acéfala; Wikipedia habla de 339 a 345 y de una muerte en junio de 345, «probablemente por violencia».

    §3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio

    § 3

    Así, pues, este notable nombramiento de Gregorio fue tramado por los arrianos, y tal fue su comienzo. Y qué ultrajes cometió a su entrada en Alejandría, y de qué grandes males fue causa aquel suceso, podéis saberlo tanto por nuestras cartas como indagando de los que moran entre vosotros. Mientras el pueblo se ofendía ante proceder tan insólito y, en consecuencia, se congregaba en las iglesias para impedir que la impiedad de los arrianos se mezclase con la fe de la Iglesia, Filagrio, que desde hace tiempo es perseguidor de la Iglesia y de sus vírgenes, y ahora Prefecto de Egipto, ya apóstata y compatriota de Gregorio, hombre además de ningún carácter respetable, y apoyado además por Eusebio y los suyos, y por tanto lleno de celo contra la Iglesia; este personaje, mediante promesas que después cumplió, logró ganarse a la multitud pagana, con los judíos y gente desordenada, y habiendo excitado sus pasiones, los envió en tropel con espadas y palos a las iglesias para atacar al pueblo.
    Lo que siguió a esto no es nada fácil de describir: en verdad no es posible presentaros una representación justa de las circunstancias, ni siquiera se podría contar una pequeña parte de ellas sin lágrimas y lamentaciones. ¿Acaso tales hechos fueron alguna vez tema de tragedia entre los antiguos? ¿O ha sucedido algo semejante antes en tiempo de persecución o de guerra? La iglesia y el santo Baptisterio fueron incendiados, y al punto se oyeron gemidos, gritos y lamentos por toda la ciudad; mientras los ciudadanos, indignados ante tales atrocidades, clamaban vergüenza contra el gobernador y protestaban contra la violencia que se les hacía. Pues las santas e inmaculadas vírgenes eran despojadas de sus vestidos y sufrían un trato que no debe ni nombrarse; y si resistían, peligraban sus vidas. Los monjes eran pisoteados y perecían; unos eran arrojados de cabeza; otros eran destruidos con espadas y palos; otros eran heridos y golpeados. ¡Y oh! ¡Qué obras de impiedad e iniquidad se cometieron sobre la Santa Mesa! Ofrecían aves y piñas en sacrificio, cantando alabanzas a sus ídolos, y blasfemando aun en las mismas iglesias contra nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Hijo del Dios vivo. Quemaban los libros de la Sagrada Escritura que hallaban en la iglesia; y los judíos, asesinos de nuestro Señor, y los paganos impíos, entrando irreverentemente (¡oh extraña osadía!) en el santo Baptisterio, se desnudaban y hacían un papel tan vergonzoso, de palabra y de obra, que uno se avergüenza aun de relatarlo. Ciertos hombres impíos también, siguiendo los ejemplos que se les dieron en las más amargas persecuciones, agarraban de las manos a las vírgenes y ascetas, arrastrándolas, y mientras las arrastraban, se esforzaban por hacerlas blasfemar y negar al Señor; y cuando ellas se negaban, las golpeaban violentamente y las pisoteaban.

    §4. Ultrajes el Viernes Santo y el día de Pascua, 339

    § 4

    Además de todo esto, después de tan notable e ilustre entrada en la ciudad, el arriano Gregorio, complaciéndose en estas calamidades, y como deseoso de asegurar a los paganos y judíos, y a los que habían causado estos males sobre nosotros, un premio y precio de su inicuo éxito, entregó la iglesia para que fuera saqueada por ellos. Con esta licencia de iniquidad y desorden, sus hechos fueron peores que en tiempo de guerra y más crueles que los de los ladrones. Unos saqueaban cuanto se les ponía por delante; otros se repartían las sumas que algunos habían depositado allí; el vino, del que había gran cantidad, lo bebían, lo derramaban o se lo llevaban; saquearon la provisión de aceite, y cada uno tomó como botín las puertas y las verjas del presbiterio; los candelabros los dejaron de lado al punto en la pared, y encendieron las velas de la Iglesia ante sus ídolos: en una palabra, la rapiña y la muerte invadieron la Iglesia. Y los impíos arrianos, lejos de avergonzarse de que se hicieran tales cosas, añadieron aún más ultrajes y crueldad. A presbíteros y laicos les arrancaron la carne; a las vírgenes les quitaron los velos y las llevaron al tribunal del gobernador, y luego las arrojaron a la cárcel; a otros les confiscaron los bienes y fueron azotados; el pan de los ministros y de las vírgenes fue interceptado. Y estas cosas se hicieron incluso durante el santo tiempo de Cuaresma, por el tiempo de Pascua; tiempo en que los hermanos guardaban ayuno, mientras este notable Gregorio mostraba la condición de un Caifás y, junto con Pilato el Gobernador, se enfurecía contra los piadosos adoradores de Cristo. Entrando en una de las iglesias el día de la Preparación, en compañía del Gobernador y de la multitud pagana, al ver que el pueblo miraba con aborrecimiento su entrada forzada entre ellos, hizo que aquella persona tan cruel, el Gobernador, azotara públicamente en una hora a treinta y cuatro vírgenes y mujeres casadas, y a hombres de rango, y los arrojara a la cárcel. Entre ellas había una virgen que, aficionada al estudio, tenía el Salterio en las manos en el momento en que él la hizo azotar públicamente: el libro fue despedazado por los oficiales, y la virgen misma encerrada en prisión.

    §5. Retiro de Atanasio y tiranía de Gregorio y Filagrio

    § 5

    Cuando todo esto se hubo hecho, no se detuvieron ni siquiera aquí; sino que deliberaron cómo podrían representar el mismo papel en la otra iglesia, donde yo residía principalmente durante aquellos días; y ansiaban extender su furia también a esta iglesia, para poder cazarme y despacharme. Y ésta habría sido mi suerte, si la gracia de Cristo no me hubiera asistido, aunque sólo fuera para que yo escapara a fin de relatar estos pocos pormenores acerca de su conducta. Pues viendo que estaban sumamente enfurecidos contra mí, y preocupado de que la iglesia no fuera dañada, ni sufrieran las vírgenes que había en ella, ni se cometieran más asesinatos, ni el pueblo fuera de nuevo ultrajado, me retiré de entre ellos, recordando las palabras de nuestro Salvador: 'Si os persiguen en esta ciudad, huid a otra.' Porque sabía, por el mal que habían hecho contra la primera iglesia, que no se abstendrían de ningún ultraje contra la otra también. Y allí, en efecto, no respetaron ni siquiera el día del Señor de la santa Fiesta, sino que en aquella iglesia también encarcelaron a las personas que pertenecían a ella, en un tiempo en que el Señor libró a todos de las ataduras de la muerte, mientras que Gregorio y sus secuaces, como luchando contra nuestro Salvador y confiando en el patrocinio del Gobernador, han convertido en luto este día de libertad para los siervos de Cristo. Los paganos se regocijaban de hacer esto, porque aborrecen ese día; y Gregorio quizá no hizo sino cumplir las órdenes de Eusebio y los suyos al obligar a los cristianos a llorar bajo el peso de las cadenas.
    Con estos actos de violencia se ha apoderado el Gobernador de las iglesias, y las ha entregado a Gregorio y a los locos arrianos. Así, aquellas personas que fueron excomulgadas por nosotros a causa de su impiedad se glorían ahora en el saqueo de nuestras iglesias; mientras que el pueblo de Dios y el Clero de la Iglesia Católica se ven obligados, o bien a tener comunión con la impiedad de los herejes arrianos, o bien a abstenerse de entrar en ellas. Además, por medio del Gobernador, Gregorio ha ejercido no pequeña violencia contra los capitanes de barcos y otros que pasan por mar, torturando y azotando a unos, poniendo en cadenas a otros y arrojándolos a la cárcel, para obligarlos a no resistir sus iniquidades y a tomar cartas de él. Y no contento con todo esto, para saciarse con nuestra sangre, ha hecho que su salvaje asociado, el Gobernador, presente una acusación contra mí, como en nombre del pueblo, ante el religiosísimo Emperador Constantio, la cual contiene odiosos cargos, de los que cabe esperar no sólo el destierro, sino aun diez mil muertes. La persona que la redactó es un apóstata del cristianismo y un desvergonzado adorador de ídolos, y los que la suscribieron son paganos, guardianes de templos de ídolos, y otros de ellos arrianos. En suma, para no haceros tediosa mi carta, aquí ruge una persecución, y una persecución como jamás se levantó antes contra la Iglesia. Pues en tiempos pasados un hombre al menos podía orar mientras huía de sus perseguidores, y ser bautizado mientras estaba oculto. Pero ahora su extrema crueldad ha imitado la conducta impía de los babilonios. Pues como ellos acusaron falsamente a Daniel, así el notable Gregorio acusa ahora ante el Gobernador a los que oran en sus casas, y vigila toda oportunidad para insultar a sus ministros, de modo que por su conducta violenta muchos corren peligro de quedarse sin bautismo, y muchos que están enfermos y afligidos no tienen quien los visite, calamidad que lamentan amargamente, teniéndola por peor que su enfermedad. Pues mientras los ministros de la Iglesia están bajo persecución, el pueblo que condena la impiedad de los herejes arrianos prefiere más bien estar enfermo y correr el riesgo, antes que una mano de los arrianos caiga sobre sus cabezas.

    §6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo

    § 6

    Gregorio, pues, es arriano y ha sido enviado al partido arriano; porque nadie lo pidió sino ellos solos; y, por consiguiente, como jornalero y extraño, se vale del prefecto para infligir estos actos terribles y crueles al pueblo de las Iglesias católicas, como si no fuera suyo. Porque desde que Pisto, a quien Eusebio y los suyos habían designado antes para los arrianos, fue justamente anatematizado y excomulgado por su impiedad por vosotros, los obispos de la Iglesia católica, como todos sabéis, al escribiros nosotros acerca de él, ahora, de la misma manera, han enviado a este Gregorio a ellos; y para que no sean avergonzados por segunda vez al escribir nosotros de nuevo contra ellos, han empleado una fuerza extraña contra mí, a fin de que, habiendo obtenido posesión de las Iglesias, parezcan haber escapado a toda sospecha de ser arrianos. Pero también en esto se han equivocado, porque ninguno del pueblo de la Iglesia está con ellos, salvo los herejes solamente, y aquellos que han sido excomulgados por diversas culpas, y los que han sido obligados por el prefecto a disimular. Este es, pues, el drama de Eusebio y los suyos, que han estado ensayando y componiendo desde hace tiempo; y ahora han logrado representarlo mediante las falsas acusaciones que han presentado contra mí ante el Emperador. No obstante, aún no se contentan con estarse quietos, sino que aun ahora procuran matarme; y se hacen tan temibles a nuestros amigos, que todos son empujados al destierro y esperan la muerte de sus manos. Pero vosotros no debéis por esto amedrentaros ante su iniquidad, sino al contrario vengarla: y mostrad vuestra indignación ante esta conducta suya sin precedentes contra nosotros. Porque si cuando un miembro padece, todos los miembros padecen con él, y, según el bienaventurado Apóstol, debemos llorar con los que lloran, que cada uno, ahora que tan gran Iglesia como esta está padeciendo, vengue sus agravios, como si él mismo fuera el que padece. Porque tenemos un Salvador común, a quien ellos blasfeman, y Cánones que nos pertenecen a todos, los cuales ellos están transgrediendo. Si mientras alguno de vosotros estuviera sentado en su Iglesia, y mientras el pueblo estuviera reunido con vosotros, sin culpa alguna, alguien hubiera venido de repente con pretexto de un edicto como sucesor de uno de vosotros, y hubiera hecho lo mismo con vosotros, ¿no os habríais indignado? ¿No habríais exigido que se os hiciera justicia? Si es así, entonces es justo que os indignéis ahora, no sea que, si estas cosas se pasan por alto, el mismo mal se extienda poco a poco a toda Iglesia, y así nuestras escuelas de religión se conviertan en plaza de mercado y en lonja.

    §7. Llamamiento a los obispos de toda la Iglesia para unirse contra Gregorio

    § 7

    Conocéis la historia de los locos arrianos, amados, pues a menudo, tanto individualmente como en cuerpo, habéis condenado su impiedad; y sabéis también que Eusebio y los suyos, como dije antes, están envueltos en la misma herejía; por causa de la cual han estado tramando desde hace tiempo una conspiración contra mí. Y os he expuesto lo que ahora se ha hecho, tanto por ellos como a causa de ellos, con mayor crueldad que la habitual aun en tiempo de guerra, a fin de que, según el ejemplo que os puse delante en la historia que relaté al principio, alimentéis un odio celoso de su maldad y rechacéis a aquellos que han cometido tales enormidades contra la Iglesia. Si los hermanos de Roma [el año pasado], antes de que sucedieran estas cosas, y a causa de sus maldades anteriores, escribieron cartas para convocar un Concilio, a fin de que estos males fueran corregidos (temiendo lo cual, Eusebio y los suyos se cuidaron de antemano de arrojar a la Iglesia en confusión y deseaban destruirme, para que en adelante pudieran obrar como les placiera sin temor y no tuvieran a nadie que les pidiera cuentas), ¿cuánto más debéis ahora indignaros ante estos ultrajes y condenarlos, viendo que han añadido esto a su anterior mala conducta?
    Os ruego que no paséis por alto tales procedimientos, ni toleréis que la famosa Iglesia de los alejandrinos sea pisoteada por herejes. Como consecuencia de estas cosas, el pueblo y sus ministros están separados unos de otros, como era de esperar, silenciados por la violencia del prefecto, aunque aborrecen la impiedad de los locos arrianos. Por tanto, si Gregorio os escribiere, o cualquier otro en su nombre, no recibáis sus cartas, hermanos, sino rompedlas en pedazos y avergonzad a los portadores de ellas, como ministros de impiedad y maldad. Y aun si se atreviere a escribiros de manera amistosa, con todo no las recibáis. Los que traen sus cartas las llevan solo por miedo al prefecto y a causa de sus frecuentes actos de violencia. Y puesto que es probable que Eusebio y los suyos os escriban acerca de él, he tenido ansia de amonestaros de antemano, para que en esto imitéis a Dios, que no hace acepción de personas, y echéis de delante de vosotros a los que vienen de parte de ellos; porque por causa de los locos arrianos hicieron que los paganos y judíos cometieran persecuciones, violación de vírgenes, asesinatos, saqueo de los bienes de la Iglesia, incendios y blasfemias en las Iglesias en semejante tiempo. El impío y loco Gregorio no puede negar que es arriano, pues queda probado por la persona que escribe sus cartas. Este es su secretario Amón, que fue expulsado de la Iglesia hace tiempo por mi predecesor el bienaventurado Alejandro por muchas maldades y por su impiedad.
    Por todas estas razones, pues, dignaos enviarme una respuesta y condenad a estos hombres impíos; para que aun ahora los ministros y el pueblo de este lugar, viendo vuestra ortodoxia y vuestro odio a la maldad, se regocijen en vuestra concordia en la fe cristiana, y para que los que han sido culpables de estos actos ilegales contra la Iglesia sean corregidos por vuestras cartas y llevados al fin, aunque tarde, al arrepentimiento. Saludad a la hermandad que está entre vosotros. Todos los hermanos que están conmigo os saludan. Pasadlo bien y acordaos de mí, y el Señor os guarde continuamente, amadísimos y verdaderamente amados señores.
    Comentario editorial · Los destierros de Atanasio y la fecha de cada escrito
    Los escritos de este libro caen alrededor de los cinco destierros que cuenta la Historia acéfala (la crónica los suma en su § 17). Las fechas de los destierros son las de esa crónica en la tabla del NPNF; el final del cuarto sale de una corrección conjetural del editor inglés. Las fechas de los escritos son las de sus introducciones en el mismo volumen, con sus dudas (por eso los interrogantes). La Historia acéfala, que se escribe bajo el obispo Teófilo, después de 385, queda fuera del eje.
    Línea de tiempo de 318 a 376 con cuatro hechos sobre el eje (Nicea en 325, Atanasio obispo en 328, Sárdica en 343 y la muerte de Atanasio en 373); debajo, cinco barras con los destierros de Atanasio (335–337, 339–346, 356–362, 362–364 y 365–366) y ocho escritos de este libro con sus fechas
    Los cinco destierros de Atanasio y la fecha de los escritos de este libro, de 318 a 376 · Elaboración propia para Eusebeia · fechas de la Historia acéfala (tabla del NPNF) y de las introducciones del NPNF, en CCEL
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