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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
  33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
  34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
  41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
  49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
  50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
  58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
  66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
  67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

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    TEXTOS — ATANASIO DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

    Estás en la parte 5. Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Escritos históricos y apologéticos

    320–358, con una crónica posterior a 385 · Traducción castellana directa de la edición de Philip Schaff (NPNF)42 minPosición: 0% de esta parteParte 5 de 8 · Apología de la fugaPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ATA-12

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 8 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLa deposición de Arrio
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minExposición de la fe
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCarta encíclica
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 min§3. Ultrajes ocurridos en el momento de la llegada de Gregorio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 min§6. Todas las ilegalidades antedichas se llevaron a cabo en interés del arrianismo
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 6 minSobre la sentencia de Dionisio
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minLa apelación arriana a Dionisio se basa en un fragmento aislado de su enseñanza, con descuido del resto
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minEl lenguaje de los Apóstoles necesita similar cautela en pasajes particulares
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLas expresiones de Dionisio que reclaman los arrianos se refieren a Cristo como Hombre
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minPero también han de considerarse otros escritos de Dionisio. Su historia
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minContraste del lenguaje de Dionisio con el de Arrio
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minDionisio debe ser interpretado con justicia, y se le debe conceder el beneficio de sus propias declaraciones explicativas
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 7 minDionisio no sostuvo que haya dos Verbos
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 5 minCómo trató Dionisio con los sabelianos
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minA los obispos de Egipto y Libia
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minNo aprovecha recibir parte de la Escritura y rechazar parte
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minEl partido de Acacio realmente arrianos
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 8 minDeberían condenar primero a Arrio, si han de ser escuchados
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 7 minArgumentos de la Escritura contra las declaraciones arrianas
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minLos arrianos, paralelos a los maniqueos
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minSi los arrianos se sintieran en lo cierto, hablarían abiertamente
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 7 minMientras son amigos de Arrio, en vano sus palabras moderadas
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minConclusión
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 7 minApologia ad Constantium
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minNo hay tiempo ni lugar posible para el presunto agravio
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 7 minRefutación del cargo
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 7 minEste cargo descansa en la falsificación
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 7 minMejor orar en un edificio que en el desierto
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minHistoria de su desobediencia
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 7 minLa irrupción de Siriano
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 7 minLa noticia de la intrusión de Jorge
    33. Sesión 33 · Parte 4 · ≈ 6 minCarta de Constantio a los etíopes contra Frumencio
    34. Sesión 34 · Parte 4 · ≈ 5 minConducta de los arrianos hacia las vírgenes consagradas
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minApología de la fuga
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 6 minEn alabanza de Osio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minLa acusación muestra la mente de los acusadores
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minEjemplo de Nuestro Señor
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minEl ejemplo del Señor seguido por los Santos
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 6 minContinuación del mismo asunto
    41. Sesión 41 · Parte 5 · ≈ 8 minLa persecución proviene del diablo
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte I
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 6 minLos arrianos persiguen a Eustaquio y a otros
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 6 minHistoria de los arrianos, Parte II
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minProfanidad de Gregorio y muerte de Balacio
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 7 minActas del Concilio de Sárdica
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minEl cambio de parecer de Constantio
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 6 minRetractación de Ursacio y Valente
    49. Sesión 49 · Parte 6 · ≈ 6 minConstantio comienza a perseguir
    50. Sesión 50 · Parte 6 · ≈ 2 minEl destierro de los obispos de Occidente difundió el conocimiento de la verdad
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte V
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 7 minDiscurso de Liberio a Constancio
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 7 minValiente resistencia de Osio
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 7 minCaída de Osio, debida a cruel persecución
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 min49 y 50. Hipocresía del fingido respeto de Constantio a la memoria de su hermano
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 8 minInterferencia despótica de Constantio
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 7 minPersecución general en Alejandría
    58. Sesión 58 · Parte 7 · ≈ 2 minMaltrato de los pobres
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria de los arrianos, Parte VIII
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minConstantio, peor que Saúl, Acab y Pilato. Su conducta pasada para con sus propios parientes
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 6 minDestierro de los obispos egipcios
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minLlegada de Jorge a Alejandría, y actuaciones de Constancio en Italia
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 7 minAlianza de los melecianos con los arrianos
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 9 minLa Segunda Protesta
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 10 minHistoria Acephala
    66. Sesión 66 · Parte 8 · ≈ 7 minHistoria Acephala
    67. Sesión 67 · Parte 8 · ≈ 2 minLo que dejan estos escritos

    Apología de la fuga

    1. Atanasio acusado de cobardía por huir

    § 1

    Oigo que Leoncio, ahora en Antioquía, y Narciso de la ciudad de Nerón, y Jorge, ahora en Laodicea, y los arrianos que están con ellos, difunden muchos informes calumniosos acerca de mí, acusándome de cobardía, porque, en verdad, cuando yo mismo era buscado por ellos, no me entregué en sus manos. Ahora bien, en cuanto a sus imputaciones y calumnias, aunque hay muchas cosas que podría escribir, que ni siquiera ellos pueden negar, y que todos los que han oído de sus procedimientos saben que son verdaderas, no me dejaré persuadir a responderles, salvo solo recordarles las palabras de nuestro Señor y la declaración del Apóstol, de que 'la mentira es del Diablo', y que 'los difamadores no heredarán el reino de Dios'. Porque es suficiente con esto para probar que ni sus pensamientos ni sus palabras están conforme al Evangelio, sino que según su propio placer, todo lo que ellos desean, eso piensan que es bueno.

    2. Insinceridad de esta acusación

    § 2

    Pero por cuanto pretenden acusarme de cobardía, es necesario que escriba algo al respecto, con lo cual se probará que son hombres de mente perversa, que no han leído las Sagradas Escrituras; o si las han leído, que no creen en la inspiración divina de los oráculos que contienen. Pues si hubieran creído esto, no se atreverían a actuar en contra de ellas, ni a imitar la malicia de los judíos que mataron al Señor. Porque habiéndoles dado Dios un mandamiento: 'Honra a tu padre y a tu madre', y 'El que maldiga a padre o madre, muera de muerte []'; aquel pueblo estableció una ley contraria, cambiando el honor en deshonra, y desviando a otros usos el dinero que los hijos debían a sus padres. Y aunque habían leído lo que hizo David, actuaron en contradicción con su ejemplo, y acusaron a los inocentes por arrancar espigas y frotarlas en las manos en día de reposo. No es que les importaran las leyes o el sábado, porque eran culpables de mayores transgresiones de la ley en ese día; sino que, siendo de mente perversa, envidiaban a los discípulos el camino de la salvación, y deseaban que sus propias nociones privadas tuvieran la preeminencia exclusiva. Sin embargo, ellos han recibido el galardón de su iniquidad, habiendo dejado de ser nación santa, y siendo contados en adelante como los gobernantes de Sodoma y como el pueblo de Gomorra []. Y estos hombres, igualmente, no menos que ellos, me parece que ya han recibido su castigo en su ignorancia de su propia necedad. Porque no entienden lo que dicen, sino que piensan que saben cosas de las que son ignorantes; mientras que el único conocimiento que hay en ellos es hacer el mal, y tramar artificios cada vez más malvados día a día. Así nos reprochan nuestra huida presente, no por causa de la virtud, como deseando que mostremos hombría presentándonos (¿cómo es posible que tal deseo pueda ser albergado por enemigos en favor de los que no corren con ellos en la misma carrera de locura?); sino que, llenos de malicia, fingen esto y zumban por todas partes que tal es el caso, pensando, necios como son en verdad, que por miedo a sus injurias, aún nos veremos inducidos a entregarnos a ellos. Porque esto es lo que desean: para lograr esto recurren a toda clase de artimañas; se fingen amigos, mientras buscan como enemigos, con el fin de saciarse con nuestra sangre, y también quitarnos del medio, porque siempre hemos combatido y aún combatimos su impiedad, y refutamos y marcamos su herejía.

    3. Ultrajes de los arrianos contra los obispos

    § 3

    Porque, ¿a quién han perseguido y prendido jamás, al que no hayan insultado y dañado como se les antojó? ¿A quién han buscado y hallado, al que no hayan tratado de tal manera, que o ha muerto una muerte miserable, o ha sido maltratado de todas las formas? Lo que los magistrados parecen hacer, es obra suya; y los demás son meros instrumentos de su voluntad y maldad. En consecuencia, ¿dónde hay un lugar que no tenga algún memorial de su malicia? ¿Quién se ha opuesto a ellos, sin que conspiraran contra él, inventando pretextos para su ruina a la manera de Jezabel? ¿Dónde hay una Iglesia que no esté en este momento lamentando el éxito de sus tramas contra sus obispos? Antioquía llora por el Confesor ortodoxo Eustaquio; Balaneas por el admirable Eufración; Palto y Antarado por Cimatio y Carterio; Adrianópolis por aquel amante de Cristo, Eutropio, y su sucesor Lucio, que fue a menudo cargado de cadenas por causa de ellos, y así pereció; Ancira llora por Marcelo, Berea por Ciro, Gaza por Asclepas. A todos estos, después de infligirles muchos ultrajes, por sus intrigas les procuraron el destierro; pero por Teódulo y Olimpio, obispos de Tracia, y por nosotros y nuestros presbíteros, hicieron que se hiciera una búsqueda diligente, con la intención de que, si éramos descubiertos, sufriéramos la pena capital; y probablemente habríamos perecido así, si no hubiéramos huido en aquel preciso momento contra sus intenciones. Porque cartas en ese sentido fueron entregadas al Procurador Donato contra Olimpio y sus compañeros, y a Filagrio contra mí. Y habiendo levantado una persecución contra Pablo, obispo de Constantinopla, tan pronto como lo hallaron, hicieron que fuera estrangulado abiertamente en un lugar llamado Cucuso en Capadocia, empleando como verdugo para ello a Felipe, que era Prefecto. Él era patrón de su herejía e instrumento de sus malvados designios.

    4. Procedimientos después del Concilio de Milán

    § 4

    ¿Están entonces satisfechos con todo esto, y contentos de estar tranquilos en el futuro? De ninguna manera; aún no han cesado, sino que, como la sanguijuela en los Proverbios, se regodean cada vez más en su maldad, y se fijan en las diócesis más grandes. ¿Quién puede describir adecuadamente las enormidades que ya han perpetrado? ¿Quién es capaz de contar todas las obras que han hecho? Aun muy recientemente, mientras las Iglesias estaban en paz y el pueblo adoraba en sus congregaciones, Liberio, obispo de Roma, Paulino, metropolitano de Galia, Dionisio, metropolitano de Italia, Lucifer, metropolitano de las islas sardas, y Eusebio de Italia, todos ellos buenos obispos y predicadores de la verdad, fueron prendidos y desterrados, sin pretexto alguno, salvo que no quisieron unirse a la herejía arriana, ni suscribir las falsas acusaciones y calumnias que habían inventado contra mí.

    5. En alabanza de Osio

    § 5

    Del gran Osio, que hace honor a su nombre, aquel confesor de feliz vejez, es superfluo que yo hable, pues supongo que es conocido por todos los hombres que hicieron que también él fuera desterrado; porque no es persona oscura, sino el más ilustre de todos los hombres, y más aún. ¿Cuándo se celebró un Concilio en el que él no tomara la iniciativa, y con recto consejo convenciera a todos? ¿Dónde hay una Iglesia que no posea algún monumento glorioso de su patronazgo? ¿Quién ha venido a él con tristeza, y no se ha ido regocijándose? ¿Qué persona necesitada pidió alguna vez su ayuda, y no obtuvo lo que deseaba? Y sin embargo, aun contra este hombre hicieron su ataque, porque conociendo las calumnias que inventan en favor de su iniquidad, no quiso suscribir sus designios contra nosotros. Y si después, ante los repetidos azotes sobremanera que le fueron infligidos, y las conspiraciones que se formaron contra sus parientes, cedió ante ellos por un tiempo [], como anciano y enfermo de cuerpo, al menos su maldad queda demostrada incluso en esta circunstancia; tan celosamente se esforzaron por todos los medios en probar que no eran verdaderamente cristianos.

    6. Ultrajes de Jorge contra los alejandrinos

    § 6

    Después de esto, se aferraron de nuevo a Alejandría, buscando de nuevo darnos muerte; y sus procedimientos fueron ahora peores que antes. Porque de repente la Iglesia fue rodeada por soldados, y los sonidos de guerra ocuparon el lugar de las oraciones. Entonces Jorge de Capadocia, que fue enviado por ellos, habiendo llegado durante el tiempo de Cuaresma, trajo un aumento de males que le habían enseñado. Porque después de la semana de Pascua, las vírgenes fueron arrojadas a la cárcel; los obispos fueron llevados encadenados por soldados; las casas de huérfanos y viudas fueron saqueadas, y sus panes quitados; se hicieron ataques contra las casas, y los cristianos fueron expulsados en la noche, y sus viviendas selladas; los hermanos de los clérigos estuvieron en peligro de sus vidas por causa de sus hermanos. Estos ultrajes fueron suficientemente horrendos, pero siguieron otros más horrendos que estos. Porque en la semana que siguió al Santo Pentecostés [11 de mayo], cuando el pueblo, después de su ayuno, había salido al cementerio a orar, porque todos rehusaban la comunión con Jorge, aquella persona abandonada, al enterarse de esto, incitó contra ellos al comandante Sebastián, un maniqueo; quien inmediatamente, con una multitud de soldados con armas, espadas desenvainadas, arcos y lanzas, procedió a atacar al pueblo, aunque era el día del Señor; y hallando a unos pocos orando (pues la mayor parte ya se había retirado debido a lo avanzado de la hora), cometió tales ultrajes como correspondían a un discípulo de estos hombres. Habiendo encendido una hoguera, colocó a ciertas vírgenes cerca del fuego, y se esforzó por obligarlas a decir que eran de la fe arriana; y cuando vio que ellas se imponían y no temían el fuego, inmediatamente las desnudó y las golpeó en el rostro de tal manera que por algún tiempo apenas podían ser reconocidas.

    7. Ultrajes de Jorge

    § 7

    Y habiendo prendido a cuarenta hombres, los golpeó de una manera nueva. Cortando varas frescas de la palmera, con las espinas aún sobre ellas, los azotó en la espalda tan severamente, que algunos de ellos estuvieron por largo tiempo bajo tratamiento quirúrgico debido a las espinas que se habían quebrado en su carne, y otros, incapaces de soportar sus sufrimientos, murieron. A todos los que habían prendido, y a la virgen, los enviaron juntos al destierro al gran Oasis. Y los cuerpos de los que habían perecido no permitieron al principio que fueran entregados a sus amigos, sino que los ocultaron como les plugo, y los arrojaron sin sepultura, para que no pareciera que tenían conocimiento alguno de estos crueles procedimientos. Pero en esto sus mentes engañadas los extraviaron grandemente. Porque los parientes de los muertos, tanto regocijándose por la confesión como lamentando los cuerpos de sus amigos, divulgaron tanto más esta prueba de su impiedad y crueldad. Además, inmediatamente desterraron de Egipto y Libia a los siguientes obispos: Amonio, Muio, Caio, Filón, Hermes, Plenio, Psenosiris, Nilamón, Agato, Anagamfo, Marco, Amonio, otro Marco, Draconcio, Adelfio, Atenodoro, y los presbíteros Hierax y Dióscoro; a quienes expulsaron bajo un trato tan cruel, que algunos de ellos murieron en el camino, y otros en el lugar de su destierro. Hicieron también que más de treinta obispos huyeran; porque su deseo era, según el ejemplo de Acab, si fuera posible, arrancar de raíz la verdad por completo. Tales son las enormidades de las que estos hombres impíos han sido culpables.

    8. Si es malo huir, es peor perseguir

    § 8

    Pero aunque han hecho todo esto, no se avergüenzan de los males que ya han tramado contra mí, sino que proceden ahora a acusarme, porque he podido escapar de sus manos asesinas. Es más, se lamentan amargamente consigo mismos de no haberme quitado eficazmente del medio; y así fingen reprocharme cobardía, sin percibir que, al murmurar así contra mí, más bien vuelven la culpa sobre sí mismos. Porque si es malo huir, es mucho peor perseguir; pues uno se esconde para escapar de la muerte, el otro persigue con deseo de matar; y está escrito en las Escrituras que debemos huir; pero el que busca destruir transgrede la ley, es más, es él mismo la ocasión de la huida del otro. Si entonces me reprochan mi huida, que se avergüencen más de su propia persecución. Que cesen de conspirar, y los que huyen inmediatamente cesarán de hacerlo. Pero ellos, en lugar de abandonar su maldad, emplean todos los medios para apoderarse de mi persona, sin percibir que la huida de los perseguidos es un fuerte argumento contra los que persiguen. Porque ningún hombre huye de los mansos y humanos, sino de los crueles y malintencionados. 'Todos los que estaban en apuros, y todos los que estaban endeudados [],' huyeron de Saúl y se refugiaron con David. Pero esta es la razón por la que estos hombres desean eliminar a los que están ocultos: para que no surja evidencia alguna de su maldad. Pero en esto sus mentes parecen estar cegadas con su error habitual. Porque cuanto más se conoce la huida de sus enemigos, tanto más notorios serán la destrucción o el destierro que su traición les ha acarreado; de modo que, ya sea que los maten de inmediato, su muerte será proclamada más ruidosamente contra ellos, o ya sea que los empujen al destierro, no harán sino enviar por todas partes monumentos de su propia iniquidad.

    9. La acusación muestra la mente de los acusadores

    § 9

    Ahora bien, si hubieran estado en su sano juicio, habrían visto que estaban en este aprieto, y que caían en contradicción con sus propios argumentos. Pero como han perdido todo juicio, todavía son llevados a perseguir, y buscan destruir, y sin embargo no perciben su propia impiedad. Puede ser que incluso se atrevan a acusar a la Providencia misma (porque nada está fuera del alcance de su presunción), de que no les entrega a aquellos que desean; siendo cierto, según el dicho de nuestro Salvador, que ni siquiera un pajarillo puede caer en la red sin nuestro Padre que está en los cielos []. Pero cuando estos malditos se apoderan de alguien, inmediatamente olvidan no solo todo lo demás, sino incluso a sí mismos; y alzando su frente con gran altivez, no reconocen tiempos ni estaciones, ni respetan la naturaleza humana en aquellos a quienes dañan. Como el tirano de Babilonia, atacan con más furia; no muestran piedad a nadie, sino que sin misericordia 'sobre el anciano', como está escrito, 'cargan pesadamente el yugo', y 'añaden aflicción a los heridos'. Si no hubieran actuado de esta manera; si no hubieran desterrado a aquellos que hablaron en mi defensa contra sus calumnias, sus alegaciones podrían haber parecido a algunas personas suficientemente plausibles. Pero puesto que han conspirado contra tantos otros obispos de alto carácter, y no han perdonado ni al gran confesor Osio, ni al obispo de Roma, ni a tantos otros de las Españas y las Galias, de Egipto, de Libia y de los demás países, sino que han cometido tan crueles ultrajes contra todos los que de alguna manera se han opuesto a ellos en mi favor; ¿no es evidente que sus designios se han dirigido antes contra mí que contra cualquier otro, y que su deseo es destruirme miserablemente como han hecho con otros? Para lograr esto, vigilan atentamente una oportunidad, y se consideran agraviados cuando ven a salvo a aquellos a quienes deseaban que no vivieran.

    10. Su verdadera queja no es que Atanasio sea un cobarde, sino que es libre

    § 10

    ¿Quién, pues, no percibe su astucia? ¿No es evidente a todos que no me reprochan cobardía por consideración a la virtud, sino que, sedientos de sangre, emplean estos viles artificios como redes, pensando así atrapar a aquellos a quienes buscan destruir? Que tal es su carácter lo demuestran sus acciones, que los han convencido de tener disposiciones más salvajes que las fieras y más crueles que los babilonios. Mas aunque la prueba contra ellos es suficientemente clara por todo esto, no obstante, como aún disimulan con palabras suaves a la manera de su 'padre el diablo [],' y fingen acusarme de cobardía, siendo ellos mismos más cobardes que liebres; consideremos lo que está escrito en las Sagradas Escrituras respecto de casos como éste. Pues así se mostrará que luchan contra las Escrituras no menos que contra mí, mientras menosprecian las virtudes de los Santos.
    Porque si reprochan a los hombres por esconderse de quienes buscan destruirlos, y acusan a los que huyen de sus perseguidores, ¿qué harán cuando vean a Jacob huyendo de su hermano Esaú, y a Moisés retirándose a Madián por temor de Faraón? ¿Qué excusa alegarán para David, después de toda esta vana charla, por huir de su casa a causa de Saúl, cuando éste envió a matarlo, y por esconderse en la cueva, y por cambiar su apariencia, hasta que se apartó de Abimelec y escapó de sus designios contra él? ¿Qué dirán, ellos que están dispuestos a decirlo todo, cuando vean al gran Elías, después de invocar a Dios y resucitar a los muertos, esconderse por temor de Acab y huir de las amenazas de Jezabel? En aquel tiempo también los hijos de los profetas, cuando eran buscados, se escondieron con la ayuda de Abdías, y quedaron ocultos en cuevas.

    11. Ejemplos de Santos de la Escritura en defensa de la huida

    § 11

    Tal vez no han leído estas historias; como si estuvieran anticuadas; sin embargo, ¿no recuerdan lo que está escrito en el Evangelio? Pues también los discípulos se retiraron y se escondieron por temor de los judíos; y Pablo, cuando era buscado por el gobernador en Damasco, fue descolgado por el muro en una canasta, y así escapó de sus manos. Si, pues, la Escritura refiere estas cosas de los Santos, ¿qué excusa podrán inventar para su maldad? Reprocharles cobardía sería un acto de locura, y acusarlos de obrar contra la voluntad de Dios sería mostrarse enteramente ignorantes de las Escrituras. Porque bajo la ley hubo un mandamiento [] de que se designaran ciudades de refugio, a fin de que los que eran buscados para ser ejecutados tuvieran al menos algún medio de salvarse. Y cuando Aquel que habló a Moisés, el Verbo del Padre, apareció al fin del mundo, dio también este mandamiento, diciendo: 'Mas cuando os persigan en esta ciudad, huid a otra'; y poco después dice: 'Cuando veáis, pues, la abominación desoladora, dicha por el profeta Daniel, puesta en el lugar santo (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes; el que esté en la azotea no baje a tomar algo de su casa; ni el que esté en el campo vuelva atrás a tomar sus vestidos.' Sabiendo estas cosas, los Santos regularon su conducta en consecuencia. Pues lo que nuestro Señor ha mandado ahora, eso mismo habló también por sus Santos antes de venir en carne: y ésta es la regla dada a los hombres para llevarlos a la perfección: hacer lo que Dios manda.

    12. El Señor, ejemplo de huida oportuna

    § 12

    Por lo cual también el Verbo mismo, hecho hombre por nosotros, se dignó esconderse cuando era buscado, como nosotros; y también cuando era perseguido, huir y evitar los designios de sus enemigos. Pues convenía que Él, como por hambre, sed y padecimiento, así también escondiéndose y huyendo, mostrara que había tomado nuestra carne y se había hecho hombre. Así, desde el principio, apenas se hizo hombre, cuando era un niñito, Él mismo por su Ángel mandó a José: 'Levántate, toma al Niño y a su Madre, y huye a Egipto; porque Herodes buscará la vida del Niño [].' Y muerto Herodes, lo hallamos retirándose a Nazaret a causa de Arquelao, su hijo. Y después, cuando se manifestaba como Dios, y sanó la mano seca, los fariseos salieron y celebraron consejo contra Él, para ver cómo destruirlo; mas cuando Jesús lo supo, se retiró de allí. [] Así también, cuando resucitó a Lázaro de entre los muertos, 'desde aquel día,' dice la Escritura, 'tomaron consejo para darle muerte. Por tanto, Jesús ya no andaba abiertamente entre los judíos, sino que se fue de allí a la región cercana al desierto [].' De nuevo, cuando nuestro Salvador dijo: 'Antes que Abraham fuese, yo soy,' 'los judíos tomaron piedras para arrojárselas; mas Jesús se escondió y salió del templo [].' Y 'pasando por en medio de ellos, se fue,' y 'así pasó de largo [].'

    13. Ejemplo de Nuestro Señor

    § 13

    Cuando vean estas cosas, o más bien cuando las oigan, porque ver no ven, ¿no desearán, como está escrito, convertirse en 'pasto del fuego [],' porque sus consejos y sus palabras son contrarios a lo que el Señor hizo y enseñó? También cuando Juan fue martirizado, y sus discípulos sepultaron su cuerpo, 'cuando Jesús lo oyó, partió de allí en una barca a un lugar desierto y apartado [].' Así obró el Señor, y así enseñó. ¡Ojalá estos hombres se avergonzaran ya de su conducta, y limitaran su temeridad a los hombres, sin llegar a tan extrema locura como para acusar de cobardía incluso a nuestro Salvador! Pues contra Él es contra quien ahora profieren sus blasfemias. Pero nadie soportará tal locura; antes bien, se verá que no entienden los Evangelios. La causa debe ser razonable y justa, la que los Evangelistas presentan como la que movía a nuestro Salvador a retirarse y huir; y por tanto debemos atribuir la misma a la conducta de todos los Santos. (Pues todo lo que está escrito acerca de nuestro Salvador en su naturaleza humana debe considerarse aplicable a toda la raza humana; porque Él tomó nuestro cuerpo y exhibió en sí mismo la debilidad humana.) Ahora bien, de esta causa Juan ha escrito así: 'Procuraban prenderlo, pero nadie le echó mano, porque aún no había llegado su hora [].' Y antes de que llegara, Él mismo dijo a su Madre: 'Aún no ha llegado mi hora []:' y a los que llamaban sus hermanos: 'Mi tiempo aún no ha llegado [].' Y de nuevo, cuando su tiempo había llegado, dijo a los discípulos: 'Dormid ya y descansad; pues he aquí la hora está cerca, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores [].'

    14. Una hora y un tiempo para todos los hombres

    § 14

    Ahora bien, en cuanto era Dios y Verbo del Padre, no tenía tiempo; pues Él mismo es el Creador de los tiempos. Pero hecho hombre, muestra al hablar de esta manera que hay un tiempo asignado a cada hombre; y no por azar, como algunos de los gentiles imaginan en sus fábulas, sino un tiempo que Él, el Creador, ha fijado a cada uno según la voluntad del Padre. Esto está escrito en las Escrituras y es manifiesto a todos los hombres. Pues aunque esté oculto y sea desconocido para todos qué período de tiempo está asignado a cada uno, y cómo está asignado; sin embargo, todos saben esto: que así como hay un tiempo para la primavera y para el verano, y para el otoño y para el invierno, así, como está escrito [], hay un tiempo para morir y un tiempo para vivir. Y así el tiempo de la generación que vivió en los días de Noé fue acortado, y sus años fueron reducidos, porque el tiempo de todas las cosas estaba cerca. Pero a Ezequías le fueron añadidos quince años. Y como Dios promete a los que le sirven verdaderamente: 'Cumpliré el número de tus días [],' Abrahán muere 'lleno de días,' y David suplicó a Dios, diciendo: 'No me arrebates en la mitad de mis días.' Y Elifaz, uno de los amigos de Job, convencido de esta verdad, dijo: 'Llegarás al sepulcro como grano maduro, recogido a su tiempo, y como gavilla de trigo que entra en su sazón.' Y Salomón, confirmando sus palabras, dice: 'Las almas de los injustos son arrebatadas antes de tiempo.' Y por eso exhorta en el libro de Eclesiastés, diciendo: 'No seas demasiado malvado, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo []?'

    15. La hora y el tiempo del Señor

    § 15

    Ahora bien, como estas cosas están escritas en las Escrituras, el caso es claro: que los santos saben que un cierto tiempo está medido para cada hombre, pero que nadie conoce el fin de ese tiempo lo indican claramente las palabras de David: 'Hazme saber la brevedad de mis días.' Lo que no sabía, eso deseaba que se le informara. Así también el hombre rico, mientras pensaba que aún le quedaba mucho tiempo de vida, oyó las palabras: 'Necio, esta noche te reclaman el alma; entonces, ¿de quién será lo que has provisto []?' Y el Predicador habla con plena confianza en el Espíritu Santo, y dice: 'El hombre tampoco conoce su tiempo [].' Por lo cual el patriarca Isaac dijo a su hijo Esaú: 'He aquí, soy viejo, y no sé el día de mi muerte [].' Por tanto, nuestro Señor, aunque como Dios, y Verbo del Padre, conocía el tiempo medido por Él para todos, y era consciente del tiempo de padecer, que Él mismo había fijado también para su propio cuerpo; sin embargo, ya que fue hecho hombre por nosotros, se escondió cuando era buscado antes de que llegara aquel tiempo, como nosotros; cuando fue perseguido, huyó; y evitando los designios de sus enemigos pasó de largo, y 'así atravesó por en medio de ellos [].' Pero cuando hubo hecho llegar aquel tiempo que Él mismo había fijado, en el cual deseaba padecer en el cuerpo por todos los hombres, lo anuncia al Padre, diciendo: 'Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo [].' Y entonces ya no se escondió de los que lo buscaban, sino que se presentó dispuesto a ser tomado por ellos; pues dice la Escritura: Él dijo a los que vinieron a Él: '¿A quién buscáis []?' y cuando respondieron: 'A Jesús de Nazaret,' les dice: 'Yo soy a quien buscáis.' Y esto lo hizo más de una vez; y así lo llevaron enseguida a Pilato. Ni permitió ser tomado antes de que llegara el tiempo, ni se escondió cuando había llegado; sino que se entregó a los que conspiraban contra Él, para mostrar a todos los hombres que la vida y la muerte del hombre dependen de la sentencia divina; y que sin nuestro Padre que está en los cielos, ni un cabello de la cabeza del hombre puede volverse blanco o negro, ni un gorrión cae jamás en la trampa.

    6. El ejemplo del Señor seguido por los Santos

    § 16

    Nuestro Señor, pues, como dije antes, se ofreció así por todos; y los Santos, habiendo recibido este ejemplo de su Salvador (pues todos ellos antes de su venida, más aún, siempre, estuvieron bajo su enseñanza), en sus conflictos con sus perseguidores obraron legítimamente huyendo y escondiéndose cuando eran buscados. Y siendo ignorantes, como hombres, del fin del tiempo que la Providencia les había señalado, no quisieron entregarse de inmediato al poder de los que conspiraban contra ellos. Pero sabiendo, por otra parte, lo que está escrito: que 'las porciones' del hombre 'están en la mano de Dios,' y que 'el Señor mata [],' y el Señor 'da vida,' prefirieron más bien perseverar hasta el fin, 'vagando [],' como ha dicho el Apóstol, 'cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, necesitados, atormentados, errantes por los desiertos,' y escondiéndose 'en cuevas y cavernas de la tierra;' hasta que llegara el tiempo señalado de la muerte, o Dios, que había señalado su tiempo, les hablara, y detuviera los designios de sus enemigos, o entregara a los perseguidos a sus perseguidores, según le parecía bien. Esto bien podemos aprenderlo respecto de todos los hombres por David: pues cuando Joab lo instigó a matar a Saúl, dijo: 'Vive el Señor, que el Señor lo herirá; o llegará su día para morir; o descenderá a la batalla y será entregado a los enemigos; el Señor me guarde de extender mi mano contra el ungido del Señor.'

    17. Un tiempo para huir y un tiempo para quedarse

    § 17

    Y si alguna vez en su huida se encontraban con los que los buscaban, no lo hacían sin razón: sino que, cuando el Espíritu les hablaba, entonces, como hombres justos, iban y salían al encuentro de sus enemigos; con lo cual mostraban también su obediencia y celo hacia Dios. Tal fue la conducta de Elías cuando, mandado por el Espíritu, se presentó ante Acab []; y del profeta Micaías cuando vino al mismo Acab; y del profeta que clamó contra el altar en Samaria, y reprendió a Roboam; y de Pablo cuando apeló a César. No fue ciertamente por cobardía que huyeron: Dios me libre. La huida a la que se sometieron fue más bien un combate y una guerra contra la muerte. Pues con prudente cautela se guardaban de estas dos cosas: o de ofrecerse sin razón (porque esto habría sido matarse a sí mismos, hacerse culpables de muerte y transgredir el dicho del Señor: 'Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre [] '), o de sujetarse voluntariamente al reproche de negligencia, como si no se conmovieran por las tribulaciones que hallaban en su huida, y que traían consigo sufrimientos mayores y más terribles que la muerte. Pues el que muere deja de sufrir; pero el que huye, mientras espera a diario los asaltos de sus enemigos, estima la muerte más ligera. Por tanto, aquellos cuyo curso se consumó en la huida no perecieron deshonrosamente, sino que alcanzaron, igual que otros, la gloria del martirio. Por eso Job fue tenido por hombre de gran fortaleza, porque soportó vivir bajo tantos y tan graves sufrimientos, de los cuales no habría tenido conocimiento si hubiera llegado a su fin. Por lo cual los bienaventurados Padres regularon también su conducta de este modo; no mostraron cobardía huyendo del perseguidor, sino que manifestaron la fortaleza de su alma encerrándose en lugares estrechos y oscuros, y viviendo una vida dura. Mas no deseaban evitar el tiempo de la muerte cuando llegara; pues su empeño no era ni rehuirla cuando viniera, ni anticipar la sentencia determinada por la Providencia, ni resistir su dispensación, para la cual sabían que eran preservados; no sea que, obrando precipitadamente, se convirtieran en causa de terror para sí mismos: porque así está escrito: 'El que es precipitado con sus labios traerá terror sobre sí mismo.'

    18. Los Santos que huyeron no fueron cobardes

    § 18

    En verdad, nadie puede dudar de que estaban bien provistos de la virtud de la fortaleza. Pues el patriarca Jacob, que antes había huido de Esaú, no temió a la muerte cuando llegó, sino que en aquel mismo tiempo bendijo a los patriarcas, cada uno según sus méritos. Y el gran Moisés, que anteriormente se había escondido de Faraón y se había retirado a Madián por temor de él, cuando recibió el mandamiento: 'Vuelve a Egipto,' no temió hacerlo. Y de nuevo, cuando se le mandó subir al monte Abarim [] y morir, no se demoró por cobardía, sino que incluso fue allí gozoso. Y David, que antes había huido de Saúl, no temió arriesgar su vida en la guerra en defensa de su pueblo; sino que, teniendo ante sí la elección entre la muerte o la huida, cuando podía haber huido y vivido, sabiamente prefirió la muerte. Y el gran Elías, que en un tiempo anterior se había escondido de Jezabel, no mostró cobardía cuando el Espíritu le mandó salir al encuentro de Acab, y reprender a Ocozías. Y Pedro, que se había escondido por temor de los judíos, y el apóstol Pablo, que fue descolgado en una canasta y huyó, cuando se les dijo: 'Debéis dar testimonio en Roma,' no difirieron el viaje; antes bien, partieron gozosos; el uno, como apresurándose a encontrarse con sus amigos, recibió su muerte con exultación; y el otro no se acobardó cuando llegó el tiempo, sino que se glorió en él, diciendo: 'Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cerca [].'

    19. Los santos valientes en su huida, y divinamente favorecidos

    § 19

    Estas cosas prueban a la vez que su huida anterior no fue efecto de cobardía, y testifican que su conducta posterior tampoco fue de carácter común; y proclaman en alta voz que poseían en sumo grado la virtud de la fortaleza. Porque ni se retiraron por una timidez perezosa —al contrario, en tales tiempos practicaban una disciplina más severa que en otros—, ni fueron condenados por su huida, ni acusados de cobardía, por quienes ahora tanto se complacen en acriminar a otros. Antes bien, fueron bendecidos por aquella declaración de nuestro Señor: "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia []". Ni tampoco fueron aquellos sufrimientos sin provecho para ellos; pues habiéndolos probado como "oro en el horno", como dice la Sabiduría, Dios los halló dignos de sí []. Y entonces resplandecieron más "como chispas", salvados de los que los perseguían, librados de los designios de sus enemigos y preservados hasta el fin para que enseñaran al pueblo; de modo que su huida y escape de la furia de los que los buscaban fue conforme a la dispensación del Señor. Y así se hicieron queridos a los ojos de Dios, y tuvieron el testimonio más glorioso de su fortaleza.

    20. Continuación del mismo asunto

    § 20

    Así, por ejemplo, el patriarca Jacob fue favorecido en su huida con muchas visiones, incluso divinas, y permaneciendo él quieto, tuvo al Señor a su lado, reprendiendo a Labán y estorbando los designios de Esaú; y después vino a ser padre de Judá, de quien según la carne nació el Señor; y dispensó las bendiciones a los patriarcas. Y cuando Moisés, el amado de Dios, estaba en el destierro, fue entonces cuando vio aquella gran visión y, preservado de sus perseguidores, fue enviado como profeta a Egipto; y, hecho ministro de aquellos grandes prodigios y de la Ley, condujo a aquel gran pueblo por el desierto. Y David, cuando era perseguido, escribió el Salmo: "Mi corazón ha pronunciado una buena palabra"; y: "Nuestro Dios vendrá ciertamente de modo visible, y no guardará silencio". Y de nuevo habla con mayor confianza, diciendo: "Mi ojo ha visto su deseo sobre mis enemigos"; y otra vez: "En Dios he puesto mi confianza; no temeré lo que el hombre pueda hacerme". Y cuando huyó y escapó de la faz de Saúl "a la cueva", dijo: "Él envió desde el cielo y me salvó. Los ha entregado al oprobio a los que quieren pisotearme. Dios ha enviado su misericordia y su verdad, y ha librado mi alma de en medio de los leones". Así también él fue salvado según la dispensación de Dios, y después llegó a ser rey, y recibió la promesa de que de su descendencia saldría nuestro Señor. Y el gran Elías, cuando se retiró al monte Carmelo, invocó a Dios y destruyó de una vez a más de cuatrocientos profetas de Baal; y cuando enviaron para prenderlo a dos capitanes de cincuenta con sus cien hombres, dijo: "Que descienda fuego del cielo []", y así los reprendió. Y él también fue preservado, de modo que ungió a Eliseo en su lugar, y vino a ser modelo de disciplina para los hijos de los profetas. Y el bienaventurado Pablo, después de escribir estas palabras: "¡Qué persecuciones he sufrido! Pero de todas ellas me libró el Señor, y me librará []", pudo hablar con mayor confianza y decir: "Pero en todas estas cosas somos más que vencedores, porque nada nos separará del amor de Cristo []". Pues fue entonces cuando fue arrebatado hasta el tercer cielo y admitido en el paraíso, donde oyó "palabras inefables que no es lícito al hombre pronunciar []". Y para este fin fue entonces preservado: para que "desde Jerusalén hasta Ilírico" pudiera "predicar plenamente el Evangelio []".

    21. Los santos huyeron por causa nuestra

    § 21

    Por tanto, la huida de los santos no fue ni reprensible ni inútil. Si no hubieran evitado a sus perseguidores, ¿cómo habría sucedido que el Señor naciera de la descendencia de David? ¿O quién habría predicado la buena nueva de la palabra de verdad? Fue por esto por lo que los perseguidores buscaban a los santos: para que no hubiera quien enseñara, como los judíos acusaban a los Apóstoles; mas por esta causa soportaron todas las cosas, para que el Evangelio fuese predicado. He aquí, pues, que al estar así empeñados en lucha con sus enemigos, no pasaron inútilmente el tiempo de su huida, ni mientras eran perseguidos se olvidaron del bien de los demás; sino que, como ministros de la buena palabra, no rehusaron comunicarla a todos los hombres; de modo que aun mientras huían, predicaban el Evangelio, advertían de la maldad de los que conspiraban contra ellos y confirmaban a los fieles con sus exhortaciones. Así, el bienaventurado Pablo, habiéndolo comprobado por experiencia, declaró de antemano: "Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo sufrirán persecución []". Y así preparó enseguida a los que huían para la prueba, diciendo: "Corramos con paciencia la carrera que se nos presenta []"; pues aunque hay tribulaciones continuas, "sin embargo, la tribulación produce paciencia, y la paciencia experiencia, y la experiencia esperanza, y la esperanza no avergüenza []". Y el profeta Isaías, cuando se esperaba una aflicción semejante, exhortaba y clamaba en alta voz: "Ven, pueblo mío, entra en tus aposentos y cierra tus puertas; escóndete como por un breve momento, hasta que pase la indignación []". Y así también el Predicador, que conocía las conspiraciones contra los justos, decía: "Si ves la opresión del pobre y la perversión violenta del juicio y de la justicia en una provincia, no te maravilles del asunto; porque el que es más alto que el más alto lo mira, y hay otros más altos que ellos; además está el provecho de la tierra". Tenía a su propio padre David por ejemplo, el cual había experimentado en sí mismo los sufrimientos de la persecución, y que sostiene a los que sufren con las palabras: "Esforzaos, y Él fortalecerá vuestro corazón, todos los que confiáis en el Señor"; pues a los que así perseveran, no el hombre, sino el Señor mismo (dice), "los ayudará y los librará, porque confían en Él": porque yo también "esperé con paciencia al Señor, y Él se inclinó a mí y oyó mi clamor; me sacó también del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso". Así se muestra cuán provechosa para el pueblo y productora de bien es la huida de los santos, por más que los arrianos piensen otra cosa.

    22. Conclusión del mismo asunto

    § 22

    Así, los santos, como dije antes, fueron preservados abundantemente en su huida por la Providencia de Dios, como médicos para aquellos que los necesitaban. Y a todos los hombres en general, incluso a nosotros, se nos da esta ley: huir cuando se nos persigue, y escondernos cuando se nos busca, y no tentar temerariamente al Señor, sino esperar, como dije arriba, hasta que llegue el tiempo señalado de la muerte, o el Juez determine algo acerca de ellos, según le parezca bueno: que los hombres estén preparados para que, cuando el tiempo lo pida, o cuando sean apresados, puedan contender por la verdad hasta la muerte. Esta regla observaron los bienaventurados Mártires en sus diversas persecuciones. Cuando eran perseguidos, huían; mientras se ocultaban, mostraban fortaleza; y cuando eran descubiertos, se sometían al martirio. Y si algunos de ellos se presentaban a sus perseguidores, no lo hacían sin razón; pues inmediatamente en ese caso eran martirizados, y así hacían evidente a todos que su celo, y este ofrecerse a sus enemigos, provenían del Espíritu.

    23. La persecución proviene del diablo

    § 23

    Viendo, pues, que tales son los mandatos de nuestro Salvador y tal es la conducta de los santos, que estas personas, a quienes no se puede dar un nombre adecuado a su carácter —que nos digan, digo, de quién aprendieron a perseguir. No pueden decir que de los santos. No, sino del diablo (esa es la única respuesta que les queda), de aquel que dice: "Perseguiré, alcanzaré []". Nuestro Señor mandó huir, y los santos huyeron; pero la persecución es artificio del diablo, y uno que desea ejercer contra todos. Digan, pues, a quién debemos someternos: ¿a las palabras del Señor, o a sus invenciones? ¿La conducta de quién debemos imitar: la de los santos, o la de aquellos cuyo ejemplo estos hombres han adoptado? Pero, como es probable que no puedan resolver esta cuestión (porque, como dijo Isaías, su mente y su conciencia están cegadas, y piensan que "lo amargo es dulce" y que "las tinieblas son luz []"), salga alguno de entre nosotros los cristianos, y repréndalos, y clame en alta voz: "Es mejor confiar en el Señor que atender a las necedades de estos hombres; porque las «palabras» del Señor tienen «vida eterna []», mas las cosas que estos profieren están llenas de iniquidad y de sangre."

    24. Irrupción de Siriano

    § 24

    Esto sería suficiente para poner fin a la locura de estos hombres impíos y para probar que su deseo no es otra cosa sino, por puro amor a la contienda, proferir denuestos e injurias. Mas, por cuanto habiendo osado una vez luchar contra Cristo se han vuelto ahora entrometidos, que pregunten y aprendan de sus propios amigos la manera de mi retirada. Porque los arrianos se mezclaron con los soldados para exasperarlos contra mí y, como no conocían mi persona, para señalarme ante ellos. Y aunque carecen de todo sentimiento de compasión, sin embargo, cuando oigan las circunstancias, seguramente callarán por pura vergüenza. Era ya de noche, y algunos del pueblo estaban en vela preparándose para una comunión al día siguiente, cuando de repente el general Siriano vino sobre nosotros con más de cinco mil soldados, con armas y espadas desenvainadas, arcos, lanzas y garrotes, como he relatado arriba. Con ellos rodeó la Iglesia, apostando a sus soldados cerca, para que nadie pudiera salir de la Iglesia y pasar junto a ellos. Ahora bien, consideré que sería irrazonable de mi parte abandonar al pueblo durante tal disturbio y no ponerme en peligro por ellos; por tanto, me senté en mi trono y pedí al diácono que leyera un Salmo, y al pueblo que respondiera: "Porque para siempre es su misericordia", y luego que todos se retiraran y volvieran a casa. Pero el general, habiendo hecho ya una entrada violenta, y los soldados habiendo rodeado el santuario con el propósito de aprehendernos, el clero y los laicos que aún estaban allí clamaron y exigieron que también nosotros nos retiráramos. Pero yo me negué, declarando que no lo haría hasta que se hubieran retirado todos y cada uno. En consecuencia, me puse en pie y, habiendo ordenado oración, hice entonces mi petición: que todos salieran antes que yo, diciendo que era mejor que mi seguridad se pusiera en peligro antes que ninguno de ellos recibiera daño. Así, cuando la mayor parte había salido y los demás los seguían, los monjes que estaban allí con nosotros y algunos del clero subieron y nos arrastraron fuera. Y así (la Verdad me es testigo), mientras algunos soldados estaban junto al santuario y otros rondaban la Iglesia, pasamos, bajo la guía del Señor y con su protección, y nos retiramos sin ser observados, glorificando grandemente a Dios por no haber traicionado al pueblo, sino por haberlo enviado primero, y luego haber podido salvarnos y escapar de las manos de los que nos buscaban.
    Comentario editorial · La noche del 8 de febrero de 356
    Es el relato que Atanasio hace de su huida. Según los Prolegómenos del NPNF, en la noche del jueves 8 de febrero presidía en la iglesia de Teonas una vigilia preparatoria de la comunión; poco después de la medianoche entraron Siriano y el notario Hilario con una multitud de soldados. Atanasio se sentó en el trono y ordenó que se empezara el salmo 136, con el pueblo respondiendo; no aceptó irse hasta que la congregación estuvo a salvo, y al final un grupo de monjes y clérigos lo sacó casi desvanecido. Desde entonces, según la Historia acéfala, estuvo oculto seis años y catorce días, del 13 de Mequir de 356 al 27 de Mequir de 362.

    25. El maravilloso escape de Atanasio

    § 25

    Ahora bien, cuando la Providencia nos había librado de manera tan extraordinaria, ¿quién puede justamente echarme culpa alguna, porque no nos entregamos en manos de los que nos buscaban, ni volvimos y nos presentamos ante ellos? Esto habría sido claramente mostrar ingratitud al Señor, y obrar contra su mandamiento, y en contradicción con la práctica de los santos. Quien me censura en este asunto debe presumir también de culpar al gran apóstol Pedro, porque, aunque estaba encerrado y custodiado por soldados, siguió al ángel que lo llamaba, y cuando hubo salido de la prisión y escapado a salvo, no volvió ni se entregó, aunque oyó lo que Herodes había hecho. Que el arriano en su locura censure al apóstol Pablo, porque cuando fue descolgado del muro y había escapado a salvo, no cambió de parecer, ni volvió y se entregó; o a Moisés, porque no volvió de Madián a Egipto para ser apresado por los que lo buscaban; o a David, porque cuando estaba escondido en la cueva, no se descubrió ante Saúl. Como también los hijos de los profetas permanecieron en sus cuevas y no se entregaron a Acab. Esto habría sido obrar contra el mandamiento, puesto que la Escritura dice: "No tentarás al Señor tu Dios".

    26. Actuó según el ejemplo de los santos. Carácter de sus acusadores

    § 26

    Teniendo cuidado de evitar tal ofensa e instruido por estos ejemplos, ordené así mi conducta; y no tengo en poco el favor y la ayuda que el Señor me ha mostrado, por más que estos en su locura rechinen los dientes contra nosotros. Pues, siendo la manera de nuestra retirada tal como la hemos descrito, no creo que pueda atribuírsele culpa alguna en las mentes de quienes poseen un juicio sano: visto que, según la santa Escritura, este modelo nos ha sido dejado por los santos para nuestra instrucción. Mas no hay atrocidad, al parecer, que estos hombres dejen de practicar, ni dejarán nada sin hacer que pueda mostrar su propia maldad y crueldad. Y en verdad sus vidas están de acuerdo con su espíritu y con las necedades de sus doctrinas; pues no hay pecados que se les pueda imputar, por atroces que sean, que no cometan sin vergüenza. Leontio, por ejemplo, censurado por su intimidad con cierta joven llamada Eustolia, y habiéndosele prohibido vivir con ella, se mutiló por causa de ella, para poder asociarse libremente con ella. Sin embargo, no se libró de sospecha, sino que más bien por esta razón fue degradado de su rango de presbítero. [Aunque el hereje Constantio por la violencia hizo que lo nombraran obispo.] Narciso, además de ser acusado de muchas otras transgresiones, fue degradado tres veces por diferentes Concilios; y ahora está entre ellos, hombre malvadísimo. Y Jorge, que era presbítero, fue depuesto por su maldad, y aunque se había nombrado a sí mismo obispo, sin embargo fue depuesto por segunda vez en el gran Concilio de Sárdica. Y además de todo esto, su vida disoluta era notoria, pues es condenado incluso por sus propios amigos, por hacer consistir el fin de la existencia y su felicidad en la comisión de los crímenes más vergonzosos.

    § 27

    27. Conclusión
    Así, cada uno supera al otro en sus vicios particulares. Pero hay una mancha común que les corresponde a todos, en que por su herejía son enemigos de Cristo, y ya no se les llama cristianos, sino arrianos. Deberían, en verdad, acusarse mutuamente de los pecados de que son culpables, porque son contrarios a la fe de Cristo; mas, por su propio interés, los ocultan. Y no es de maravillarse que, poseídos de tal espíritu e implicados en tales vicios, persigan y busquen a quienes no siguen la misma herejía impía que ellos; que se deleiten en destruirlos y se aflijan si no logran sus deseos, y se consideren agraviados, como dije antes, cuando ven vivos a aquellos que desean que perezcan. Ojalá sigan siendo agraviados de tal modo que pierdan el poder de infligir agravios, y que aquellos a quienes persiguen den gracias al Señor y digan con las palabras del Salmo veintiséis: "El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? Cuando los malvados, mis enemigos y mis adversarios, vinieron sobre mí para devorar mi carne, tropezaron y cayeron"; y de nuevo el Salmo treinta: "Has salvado mi alma de las adversidades; no me has encerrado en manos de mis enemigos; has puesto mi pie en lugar espacioso", en Cristo Jesús nuestro Señor, por quien al Padre en el Espíritu Santo sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
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    Fin de la parte 5 de 8