Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Gregorio de Nisa (Wikipedia, en: c. 335 – c. 394; Wikipedia, es: entre 330 y 335 – entre 394 y 400), obispo de Nisa, hermano menor de Basilio de Cesarea y de Macrina |
| Título | La Gran Catequesis (inglés del NPNF The Great Catechism; los Prolegómenos del NPNF la llaman también Oratio catechetica y «Great Catechetical Oration»; Wikipedia en español la lista como «Gran discurso catequético») |
| Género | Instrucción para los catequistas, que la agrupa entre las obras apologéticas |
| Fecha | La tabla del NPNF la coloca en 385, después del Contra Eunomio; es una conjetura, y la obra no da año |
| Estructura | Sumario del editor, Prólogo y 40 capítulos; los párrafos de la traducción no están numerados |
| Extensión | Unas 29 000 palabras de Gregorio y 2 000 de sumario, más 129 notas del NPNF |
| Traducción | Castellana, automática y directa del inglés de la edición de Schaff y Wace; no del griego |
| Fuente | Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 5 (1892–1893), tal como lo recoge CCEL con sus notas |

El Gran Catecismo1934.Resumen.La Trinidad.Prólogo y capítulo 1.—La creencia en Dios se apoya en el arte y la sabiduría desplegados en el orden del mundo; la creencia en la Unidad de Dios, en la perfección que debe pertenecerle en lo tocante al poder, la bondad, la sabiduría, etc. Sin embargo, el cristiano que combate el politeísmo debe cuidarse de que, al contender contra el helenismo, no caiga inconscientemente en el judaísmo. Pues Dios tiene un Logos; de lo contrario estaría privado de razón. Y este Logos no puede ser un mero atributo de Dios. A una concepción más elevada del Logos nos conduce la consideración de que, en la medida en que Dios es mayor que nosotros, todos sus predicados deben ser también más altos que los que nos pertenecen. Nuestro logos es limitado y transitorio; mas la subsistencia del Logos divino debe ser indestructible, y al mismo tiempo viviente, pues lo racional no puede carecer de vida, como una piedra. Debe tener también una vida independiente, no una vida participada; de lo contrario perdería su simplicidad; y, en cuanto viviente, debe poseer asimismo la facultad de la voluntad. Esta voluntad del Logos debe ser igualada por su poder: porque una mezcla de elección e impotencia destruiría, de nuevo, la simplicidad. Su voluntad, por ser divina, debe ser también buena. De esta capacidad y de esta voluntad de obrar se sigue la realización del bien; de ahí la venida a la existencia del mundo sabia y artísticamente ajustado. Pero como, además, la concepción lógica del Verbo es en cierto sentido relativa, se sigue que, juntamente con el Verbo, debe reconocerse como existente Aquel que lo habla, es decir, el Padre del Verbo. Así, el misterio de la fe evita por igual el absurdo del monoteísmo judío y el del politeísmo pagano. Por una parte, decimos que el Verbo tiene vida y actividad; por otra, afirmamos que hallamos en el Λόγος, cuya existencia deriva del Padre, todos los atributos de la naturaleza del Padre.Capítulo II.—Por la analogía del aliento humano, que no es sino fuego inhalado y exhalado, es decir, un objeto ajeno a nosotros, se demuestra la comunidad del Espíritu divino con la esencia de Dios y, sin embargo, la independencia de su existencia.Capítulo III.—De la doctrina judía, pues, se ha retenido la unidad de la naturaleza divina; del helenismo, la distinción en hipóstasis.Capítulo IV.—El judío convicto por las Escrituras.Racionalidad de la Encarnación.Capítulos V y VI.—Dios creó el mundo por su razón y su sabiduría; pues no puede haber procedido irracionalmente en esa obra; pero su razón y su sabiduría, como se ha mostrado antes, no deben concebirse como una palabra hablada, ni como la mera posesión de conocimiento, sino como una potencia personal y volente. Si el mundo entero fue creado por esta segunda hipóstasis divina, entonces ciertamente también el hombre fue creado así; no por necesidad alguna, sino por un amor sobreabundante, para que existiera un ser que participara de las perfecciones divinas. Si el hombre había de ser receptivo de éstas, era necesario que su naturaleza contuviera un elemento afín a Dios; y, en particular, que fuera inmortal. Así, pues, el hombre fue creado a imagen de Dios. No podía, por tanto, carecer de los dones de la libertad, la independencia, la autodeterminación; y su participación en los dones divinos quedó, en consecuencia, supeditada a su virtud. Debido a esta libertad, pudo decidirse en favor del mal, el cual no puede tener origen en la voluntad divina, sino sólo en nuestro interior, donde surge en forma de desviación del bien y, por ende, de privación de éste. El vicio se opone a la virtud sólo como ausencia de lo mejor. Ahora bien, como todo lo creado está sujeto a cambio, era posible que, en un primer momento, uno de los espíritus creados apartara su mirada del bien y se volviera envidioso, y que de esta envidia surgiera una inclinación a la maldad, la cual, en secuencia natural, preparara el camino a todos los demás males. Él sedujo a los primeros hombres a la necedad de apartarse de la bondad, perturbando la armonía divinamente ordenada entre su naturaleza sensible y su naturaleza intelectual; y contaminó arteramente sus voluntades con el mal.Capítulos VII y VIII.—Dios no dejó al hombre sin crear, a pesar de su presciencia del mal que resultaría de la creación del hombre; pues era mejor hacer volver a los pecadores a la gracia original por el camino del arrepentimiento y del sufrimiento físico que no crear al hombre en absoluto. El levantamiento de los caídos era una obra propia del Dador de la vida, que es la sabiduría y el poder de Dios; y con este fin se hizo hombre.Capítulo IX.—La Encarnación no fue indigna de Él; pues sólo el mal produce degradación.Capítulo X.—La objeción de que lo finito no puede contener lo infinito y de que, por tanto, la naturaleza humana no pudo recibir en sí lo divino, se funda en la falsa suposición de que la Encarnación del Verbo significa que la infinitud de Dios quedó contenida en los límites de la carne, como en un vaso.—Comparación de la llama y la mecha.Capítulos XI, XII y XIII.—Por lo demás, el modo en que la naturaleza divina se unió a la humana supera nuestra capacidad de comprensión; aunque no nos está permitido dudar del hecho de esa unión en Jesús, a causa de los milagros que obró. El carácter sobrenatural de esos milagros da testimonio de su origen divino.Capítulos XIV, XV, XVI, XVII.—El plan de la Encarnación se expone aún con más detalle, para mostrar que este camino para la salvación del hombre era preferible a un solo fiat de la voluntad de Dios. Cristo tomó sobre sí la debilidad humana; pero fue debilidad física, no moral. En otras palabras, la bondad divina no mudó a su contrario, que es sólo el vicio. En Él, alma y cuerpo se unieron y luego se separaron, según el curso de la naturaleza; pero después de haber purgado así la vida humana, los reunió de nuevo en una escala más general, para todos y para siempre, en la Resurrección.Capítulo XVIII.—La cesación del culto a los demonios, los martirios cristianos y la devastación de Jerusalén son aceptados por algunos como pruebas de la Encarnación—Capítulos XIX y XX.—Pero no por el griego ni por el judío. Volvamos, pues, a su racionalidad. Ya consideremos la bondad, el poder, la sabiduría o la justicia de Dios, muestra una combinación de todos estos atributos reconocidos que, si falta uno solo, dejan de ser divinos. Es, por tanto, fiel a la perfección divina.
Capítulos XXI, XXII y XXIII.—¿Cuál es, pues, la justicia que hay en ello? Debemos recordar que el hombre fue creado necesariamente sujeto al cambio (a mejor o a peor). La belleza moral debía ser la dirección en que se moviera su libre albedrío; pero entonces fue engañado, para su ruina, por una ilusión de esa belleza. Después de habernos vendido así libremente al engañador, Aquel que por su bondad procuraba devolvernos a la libertad no podía, precisamente porque también era justo, recurrir para este fin a medidas de violencia arbitraria. Era necesario, por tanto, que se pagara un rescate que excediera en valor a aquello que había de ser rescatado; y por ello fue necesario que el Hijo de Dios se entregara al poder de la muerte. La justicia de Dios lo impulsó, pues, a elegir un método de intercambio, así como su sabiduría se manifestó al ejecutarlo.Capítulos XXIV y XXV.—¿Y qué decir del poder? Éste se manifestó de modo más conspicuo en la Deidad que descendía a la humildad que en todas las maravillas naturales del universo. Fue como si la llama fuera forzada a derramarse hacia abajo. Luego, después de tal nacimiento, Cristo venció a la muerte.Capítulo XXVI.—Ciertamente se practicó un engaño contra el Maligno, al ocultar la naturaleza divina dentro de la humana; pero para éste, que es él mismo un engañador, fue sólo una justa recompensa que fuera engañado a su vez: el gran Adversario debe al fin hallar que lo que se ha hecho es justo y saludable, cuando él también experimente el beneficio de la Encarnación. Él, lo mismo que la humanidad, será purgado.Capítulos XXVII y XXVIII.—Un enfermo, para ser sanado, debe ser tocado; y la humanidad tenía que ser tocada por Cristo. No estaba en "cielo"; así que sólo mediante la Encarnación podía ser sanada.—Además, no era más incompatible con su divinidad asumir un cuerpo humano que un cuerpo "celestial"; todos los seres creados están en un mismo nivel por debajo de la Deidad. Incluso "honor abundante" se debe a los instrumentos del nacimiento humano.Capítulos XXIX, XXX y XXXI.—En cuanto al retraso de la Encarnación, era necesario que la degeneración humana hubiera llegado al punto más bajo antes de que la obra de la salvación pudiera entrar. Sin embargo, que la gracia mediante la fe no haya llegado a todos debe atribuirse a la libertad humana; si Dios derribara nuestra oposición por medios violentos, se destruiría el carácter loable de la conducta humana.Capítulo XXXII.—Incluso la muerte en la Cruz fue sublime: pues fue el punto culminante y necesario en aquel designio de Amor en el que a la muerte debía seguir la resurrección bienaventurada para toda la "masa" de la humanidad; y la Cruz misma tiene un sentido místico.Los Sacramentos.Capítulos XXXIII, XXXIV, XXXV y XXXVI.—La naturaleza salvadora del Bautismo depende de tres cosas: la Oración, el Agua y la Fe. 1. Se muestra cómo la Oración asegura la Presencia divina. Dios es Dios de verdad; y ha prometido venir (como los milagros prueban que ya ha venido) si se le invoca de un modo particular. 2. Se muestra cómo la Deidad da vida a partir del agua. En la generación humana, incluso sin oración, Él da vida a partir de un pequeño comienzo. En una generación más alta, Él transforma la materia, no en alma, sino en espíritu. 3. La libertad humana, manifestada en la fe y el arrepentimiento, es también necesaria para la Regeneración. Ser sumergido tres veces en el agua es nuestra primera mortificación; salir de ella es un anticipo de la facilidad con que los puros se levantarán en una resurrección bienaventurada: todo el proceso es una imitación de Cristo.Capítulo XXXVII.—La Eucaristía une el cuerpo, como el Bautismo el alma, a Dios. Nuestros cuerpos, habiendo recibido veneno, necesitan un Antídoto; y sólo comiendo y bebiendo puede entrar. Un solo Cuerpo, receptáculo de la Deidad, es este Antídoto, así recibido. Pero ¿cómo puede entrar entero en cada uno de los fieles? Esto necesita una ilustración. El agua da su propio cuerpo a un odre. Así, el alimento (pan y vino), al convertirse en carne y sangre, da volumen al cuerpo humano: el alimento es el cuerpo. Así como en el caso de los demás hombres, el alimento de nuestro Salvador (pan y vino) era su Cuerpo; pero éstos, alimento y Cuerpo, fueron en Él transformados en el Cuerpo de Dios por el Verbo que moraba en su interior. Así también ahora, repetidamente, el pan y el vino, santificados por el Verbo (la sagrada Bendición), son al mismo tiempo transformados en el Cuerpo de aquel Verbo; y esta Carne se distribuye entre todos los fieles.Capítulos XXXVIII y XXXIX.—Es esencial para la Regeneración creer que el Hijo y el Espíritu no son espíritus creados, sino de naturaleza semejante a Dios Padre; pues quien hiciera depender su salvación (en la invocación bautismal) de algo creado confiaría en una naturaleza imperfecta y que ella misma necesita un salvador.Capítulo XL.—Sólo aquel se ha convertido verdaderamente en hijo de Dios que da prueba de su regeneración apartando de sí todo vicio.
Comentario editorial · Notas de la edición · Sumario
- 1934. No está exactamente claro por qué esta Instrucción para catequistas se llama la "Grande": acaso en referencia a algún manual menor. Sobre su intención apologética, véase Prolegomena, p. 12. Su autenticidad, que algunos pocos han puesto en cuestión únicamente por opiniones que en ella son origenistas e incluso eutiquianas, está confirmada por Teodoreto, Dial. ii. 3, contr. Eutych. Aubertin y Casaubon reconocen ambos a Gregorio como su autor. La división de los capítulos, sin embargo, quienquiera que la haya hecho, dista mucho de ser una guía correcta de su contenido; pero, agrupándolos, puede hacerse claro el argumento principal.
Prólogo
Comentario editorial · Notas de la edición · Prólogo
- 1935. 1 Tim. iii. 16.
- 1936. Hechos ii. 47.
- 1937. Marción, discípulo de Cerdón, añadió un tercer Principio a los dos que enseñaba su maestro. El primero es un Dios innominado, invisible y bueno, pero no creador; el segundo es un Dios visible y creador, es decir, el Demiurgo; el tercero, intermedio entre el Dios invisible y el visible, es decir, el Diablo. El Demiurgo es el Dios y Juez de los judíos. Marción afirmaba la Resurrección sólo del alma. Rechazaba la Ley y los Profetas por proceder del Demiurgo; sólo Cristo descendió del Padre innominado e invisible para salvar el alma y refutar a este Dios de los judíos. El único Evangelio que reconocía era el de San Lucas, omitiendo el comienzo que detalla la Concepción y la Encarnación de nuestro Señor. También mutiló otras porciones tanto en el medio como al final. Además de este Evangelio truncado de San Lucas, conservó diez de las cartas apostólicas, pero incluso ellas las alteró. Gregorio dice en otro lugar que los seguidores de Eunomio tomaron de Marción su "dualidad de dioses", pero fueron más allá que él al negar la bondad esencial al Unigénito, el "Dios del Evangelio".
- 1938. De los gnósticos Valentín y Basilides, la relación más veraz y mejor se ofrece en Gnostics, de H. L. Mansel, y en los artículos sobre ellos del Dictionary of Christian Biography. Allí se muestra cómo todas sus visiones de jerarquías celestiales, y las narraciones novelescas relacionadas con ellas, nacieron del intento de resolver el problema insoluble, es decir, cómo aquello que en la filosofía moderna se llamaría lo Infinito ha de pasar a lo finito. Cayeron en el fatalismo de la concepción emanantista de la Deidad, pero aun así el intento fue honesto.
- 1939. Sabelio. La herejía sabeliana abundaba en el siglo precedente: es decir, que la Personalidad se atribuye a la Deidad sólo por exigencia del lenguaje humano; que, en consecuencia, Él es a veces caracterizado como Padre, cuando se habla de operaciones y obras más apropiadas a la relación paterna; y así de modo semejante del Hijo y del Espíritu Santo; como cuando la Redención es el asunto, o la Santificación. Al hacer del Hijo el Padre, es el polo opuesto al arrianismo.
- 1940. "Vemos también el surgimiento (es decir, d.C. 350) de una escuela arriana nueva y más desafiante, más seria que la generación anterior, impaciente ante su diplomacia evasiva y menos dúctil a las influencias de la corte. Aecio… vino a reposar en una forma clara y simple de arrianismo. Un cristianismo sin misterio parece haber sido su meta. Los líderes anomeos se apoyaron en la doctrina del propio Arrio e insistieron con énfasis en sus aspectos más ofensivos. Arrio había sentado mucho antes la desemejanza absoluta del Hijo respecto del Padre, pero durante años los arrianizantes la habían suavizado prudentemente. Ahora, sin embargo, 'desemejante' se convirtió en la consigna de Aecio y Eunomio": Arians, de Gwatkin. Sobre el modo en que esta escuela trataba la Trinidad, véase Against Eunomius, p. 50.
- 1941. Es decir, un argumento contra el dualismo no haría sino confirmar al judío en su estricto monoteísmo. Manes había enseñado también que "las almas que creen que Jesucristo es el Hijo de Dios renuncian al culto del Dios de los judíos, que es el Príncipe de las Tinieblas", y que "el Antiguo Testamento era obra de este Príncipe, a quien los judíos pusieron en el lugar del Dios verdadero".
Cap. I, § 1
Cap. I, § 2
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. I
- 1942. la Deidad…sin Logos. En otro tratado (De Fide, p. 40) Gregorio funda el argumento de la eternidad del Λόγος en Juan i, 1, donde no se dice "después del principio", sino "en el principio". Por tanto, el principio nunca estuvo sin el Λόγος.
- 1943. inestable: ἀπαγὴς (la lectura ἅρπαγις es manifiestamente errónea). Así después se llama al habla humana ἐπίκηρος. Cf. Atanasio (Contr. Arian. 3): "Puesto que el hombre vino de lo no existente, por eso su ‘palabra’ también tiene pausa y no dura. Del hombre obtenemos, día tras día, muchas palabras diferentes, porque las primeras no permanecen, sino que son olvidadas."
- 1944. ὑπόστασιν. Acerca de esta palabra tan repetida surge la cuestión de si debemos a los cristianos o a los platónicos el primer uso hábil de ella para expresar lo que no es ni sustancia ni cualidad. Abraham Tucker (Light of Nature, ii. p. 191) aventura la siguiente observación respecto de la Tríada platónica, es decir, Bondad, Inteligencia, Actividad, a saber: que cualidad no serviría como nombre general de estos principios, porque las ideas y las esencias abstractas existían en la Inteligencia, &c., y las cualidades no pueden existir unas en otras, p. ej. lo amarillo no puede ser blando; ni podría sustancia ser el término, pues entonces habrían de ser partes componentes del Existente, lo que habría destruido la unidad de la Divinidad: "por tanto, él (Platón) las llamó Hipóstasis o Subsistencias, lo cual es algo entre la sustancia y la cualidad, que inexiste en la una y sirve de receptáculo para la inexistencia de la otra dentro de ella". Pero añade: "No recomiendo esta explicación a nadie"; ni tampoco declara la autoridad para este uso platónico, tan lúcidamente explicado, de la palabra. En efecto, si la palabra se hubiera aplicado alguna vez a los principios de la tríada platónica para expresar en cada uno de ellos "la subsistencia distinta en una οὐσία común", habría falseado la concepción misma del primero, es decir, la Bondad, que era nunca relativa. De modo que esta misma palabra parece subrayar, hasta cierto punto, el antagonismo entre el cristianismo y el platonismo. Sócrates (E. H. iii. 7) da testimonio de la ausencia de la palabra en la filosofía griega antigua: "nos parece que los filósofos griegos nos han dado varias definiciones de οὐσία, pero no han prestado la menor atención a ὑπόστασις.…no se halla en ninguno de los antiguos sino ocasionalmente en un sentido bastante distinto del que se le atribuye en la actualidad (es decir, siglo quinto). Así, Sófocles, en su tragedia titulada Phœnix, la usa para significar ‘traición’; en Menandro implica ‘salsas’ (i. e. sedimento). Pero aunque los antiguos escritores filosóficos apenas repararon en la palabra, los más modernos la han usado frecuentemente en lugar de οὐσία." Pero fue, hasta donde puede rastrearse, el genio infalible de Orígenes el que primero arrojó en torno al Λόγος aquella atmósfera de un término nuevo, es decir, ὑπόστασις, así como ὁμοούσιος, αὐτόθεος, lo cual hizo posible después presentar la Segunda Persona al mundo de habla griega como miembro de una Trinidad igual e indivisible. Fue él quien primero seleccionó tales palabras y vio de lo que eran capaces; aunque no insistió en aquel significado más pleno que se les dio cuando todo peligro de sabelianismo dentro de la Iglesia hubo desaparecido, y el error pasó bajo la apariencia del arrianismo al extremo opuesto.
- 1945. vive. Esta doctrina dista mucho de la de Filón, es decir, de la filosofía alejandrina. La primera afirmación de San Juan representa el Λόγος como teniendo un movimiento hacia atrás, hacia la Deidad, así como un movimiento hacia adelante, desde Ella; como retenido allí, y sin embargo enviado desde allí por una fuerza que él llama Amor, de suerte que el movimiento primero hacia el mundo no proviene del Λόγος, sino del Padre mismo. El Λόγος aquí es el Verbo, y no la Razón; Él es el efecto vivo de una causa viva, no una teoría o hipótesis situada a la puerta de un misterio insoluble. El Λόγος habla porque el Padre habla, no porque el Supremo no pueda ni quiera hablar; y sus relaciones son a menudo lo inverso de las que mantienen en Filón; pues el Padre se convierte a veces en el mediador entre el Λόγος y el mundo, atrayendo a los hombres hacia Él y sometiendo porciones de la Creación ante Su camino. La psicología parece derramar una luz directamente en la cámara del consejo del Eterno; mientras que la metafísica se había apartado de ella, con el dedo en los labios. Puede que Filón haya usado, como piensa Tholuck, aquellos mismos textos del Antiguo Testamento que apoyan la doctrina cristiana del Verbo, y en cuya traducción los LXX le suministraron la palabra griega. Pero, cualquiera que sea su origen, su teología acabó alineándose con aquellas visiones panteístas del universo que dominaron a todas las mentes pensantes no cristianizadas durante más de tres siglos después de él. La mayoría de los críticos recientes favorece ciertamente la suposición de que el Λόγος de Filón es un ser numéricamente distinto del Supremo; pero cuando se rastrea atentamente la relación del Supremo en cada uno, comienza a aparecer el antagonismo real entre el sistema cristiano y el suyo. El Supremo de Filón no está, ni puede estar jamás, relacionado con el mundo. El Λόγος es una necesidad lógica como mediador entre ambos; un ser espiritual ciertamente, pero sólo la cabeza de una larga serie de tales seres, que al fin logran llenar el paso entre lo finito y lo infinito. En este sistema no hay misión de amor ni de libre albedrío; tales seres no son sino hitos que marcan la distancia entre el hombre y el Gran Desconocido. Es significativo que Vacherot, el principal historiador de la escuela filosófica alejandrina, dude de que Juan el Evangelista oyera siquiera hablar del filósofo judío de Alejandría. Con los miembros de la Tríada neoplatónica ocurre más o menos lo mismo que con el Λόγος de Filón. El Dios de Plotino y de Proclo no es un Dios en tres hipóstasis: es simplemente uno, siendo la Inteligencia y el Alma sus emanaciones necesarias; están en Dios, pero no son Dios: el Alma no es sino una hipóstasis de una hipóstasis. El Uno no es una hipóstasis, sino que está por encima de ella. Esta "Trinidad" depende de la distinción y sucesión de los movimientos necesarios de la Deidad; consiste en tres principios de las cosas distintos y separados. La Trinidad es realmente propia del cristianismo. Tres Hipóstasis inseparables forman por igual parte de la naturaleza divina, de suerte que quitar una sería destruir el todo. El Verbo y el Espíritu son Divinos, no intermediarios dispuestos en una jerarquía en la ruta del mundo hacia Dios. Como Plotino reprochaba a los gnósticos, la mística cristiana desprecia el mundo y, suprimiendo a los intermediarios que en otras doctrinas sirven para elevar gradualmente el alma a Dios, la transporta de un solo impulso, por así decirlo, a la naturaleza divina. El cristiano va directamente a Dios por la Fe. La Imaginación, la Razón y la Contemplación de los neoplatónicos, es decir, los tres movimientos del alma que corresponden a su "trinidad" inferior de Naturaleza, Alma e Inteligencia, ya no son necesarias. Hay una antipatía profunda entre los dos sistemas; ¿cómo, pues, podría decirse que el uno influyó en el otro? Es posible que el neoplatonismo tiñera al cristianismo mientras éste buscaba aún un lenguaje para expresar su yo interior; pero nunca influyó en el carácter intrínsecamente moral de los Credos cristianos. La filosofía alejandrina es toda metafísica, y su escollo fue el panteísmo; todo, incluso la materia, procede de Dios necesaria y eternamente. La Iglesia nunca vaciló: vio el abismo que se abre en ese camino; y mediante severos decretos ha cerrado la vía al panteísmo.
- 1946. no dejará de realizarlo; μὴ ἀνενεργητον εἶναι. Esta es una expresión favorita de Gregorio y del platónico Sinesio.
- 1947. bondad. "Dios es amor"; pero ¿cómo es este amor superior o igual al Poder? "La Bondad infinita, según nuestra aprehensión, exige agotar la omnipotencia: que dé capacidades de gozo y confiera bendiciones hasta que no queden más por conferir; pero nuestra idea de omnipotencia exige que sea inagotable; que nada limite su operación, de modo que no haga más de lo que ha hecho. Por tanto, es mucho más fácil concebir una criatura imperfecta completamente buena que un Ser perfecto que lo sea.…Puesto que, pues, hallamos nuestro entendimiento incapaz de comprender la bondad infinita unida al poder infinito, no debemos sorprendernos de hallar nuestros pensamientos perplejos acerca de ellos…podemos presumir que la oscuridad proviene de algo erróneo en nuestras ideas, no de incongruencias en los sujetos mismos." Abraham Tucker, L. of N., i. 355.
Cap. II
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. II
- 1948. por la más alta ascensión mística, ἀναγωγικῶς. La lectura común era ἀναλογικῶς, la cual han traducido Herveto y Morell. Pero Krabinger, a partir de todos sus códices salvo uno, ha restituido con razón ἀναγωγικῶς. No es "analogía", sino más bien "inducción", lo que aquí se quiere decir; i.e. el argumentar de lo conocido a lo desconocido, de los hechos de la naturaleza humana ( τὰ καθ᾽ ἡμᾶς ) a los de la Divinidad, o de la historia a los acontecimientos espirituales. ᾽Αναγωγή es el instrumento principal en la interpretación que Orígenes hace de la Biblia; es más importante que la alegoría. Sólo ella da el sentido "celestial", en oposición al sentido moral y práctico, aunque todavía místico (cf. Guericke, Hist. Schol. Catech. ii. p. 60). Hablando de la torre de Babel, dice que hay un "enigma" en el relato. "Una exposición competente tendrá ocasión más oportuna para tratar de esto, cuando haya necesidad directa de explicar el pasaje en su sentido místico más alto" (c. Cels. iv. p. 173). Gregorio imita a su maestro al tratar así constantemente el Antiguo Testamento, i.e. haciendo inducciones acerca de las verdades espirituales más altas a partir de la "historia". Así trataría Basilio las profecías (en Isai. v. p. 948). Crisóstomo, sobre los Cánticos de las "Subidas" en los Salmos, dice que se llaman así porque hablan de la subida desde Babilonia, según la historia; pero, según su alta mística, porque nos elevan al camino de la excelencia. Aquí Gregorio usa los hechos de la naturaleza humana no a modo de mera analogía ni de alegoría: argumenta directamente desde ellos, como una realidad, hacia otra realidad casi de la misma clase, por así decirlo, como la primera, siendo el hombre "a imagen de Dios"; y así ἀναγωγή aquí se acerca más a la inducción que a cualquier otra cosa.
- 1949. καθ᾽ ὑπόστασιν. Ueberweg (Hist. of Philosophy, vol. i. 329) observa: "Que la misma argumentación, que en último análisis reposa sólo en el doble sentido de ὑπόστασις (a saber: (a) subsistencia real; (b) subsistencia individualmente independiente, no atributiva), pudiera usarse con referencia a cada uno de los atributos divinos, y así para la completa restauración del politeísmo, Gregorio lo deja sin notar". Sin embargo, Gregorio sin duda era bien consciente de esto, pues dice, justo más abajo, que incluso un estudio severo del misterio sólo puede resultar en una cantidad moderada de aprehensión de él.
Cap. III
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. III
- 1950. está separada en cuanto a la personalidad, pero no está dividida en cuanto al sujeto. Las palabras son respectivamente ὑπόστασις y ὑποκείμενον. La última palabra es en Gregorio, cuya claridad en las distinciones filosóficas hace muy observable su uso de las palabras, siempre equivalente a οὐσία, y οὐσία generalmente a φύσις. La siguiente nota de Casaubon (Epist. ad Eustath.) es valiosa: En la Santísima Trinidad no hay ni "confusión", ni "composición", ni "coalescencia"; ni la "contracción" sabeliana, como tampoco la "división" arriana, ni por otra parte "extrañamiento" o "diferencia". Hay "distinción" o "distribución" sin división. Esta palabra "distribución" es usada por Tertuliano y otros para expresar el efecto de las "personas" ( ἰδιότητες, ὑποστάσεις, πρόσωπα ) sobre la Divinidad, la cual forma la definición de la sustancia ( ὁ τῆς οὐσίας λόγος ).
Cap. IV
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. IV
- 1951. i.e. como con el griego.
- 1952. Sal. xxxiii. 4, versión de la Septuaginta.
Cap. V
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. V
- 1953. ideas innatas ( κοινῶν ἐννοιῶν ). Hay un Tratado de Gregorio que introduce el cristianismo a los griegos "a partir de las ideas innatas". Este título ha sido, erróneamente, atribuido por algunos a una mano posterior.
- 1954. Cf. el discurso de Catón en Cato de Addison:— Así debe ser; Platón, ¡tú razonas bien!— Si no, ¿de dónde esta esperanza grata, este afectuoso deseo, este anhelo de inmortalidad? * * * * * Es la divinidad que se agita dentro de nosotros; es el cielo mismo el que señala un más allá, y sugiere la eternidad al hombre.
- 1955. Gén. i. 27.
- 1956. Santiago i. 15: ἡ ἐπιθυμία τίκτει … ἁμαρτίαν
- 1957. τὸ καλὸν. La palabra griega para la perfección moral, según una visión de su derivación ( καίειν ), se refiere a "brillo"; según otra (cf. κεκαδμενος ), a "acabamiento" o perfección.
Cap. VI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. VI
- 1958. 1 Tim. iv. 4; "rejected" (R.V.), mejor que "refused" (A.V.).
- 1959. Esto no hace del Diablo el Demiurgo, sino sólo el "ángel de la Tierra". Y así como las regiones celestiales y la atmósfera de la tierra fueron asignadas a "potestades angélicas", así la Tierra misma y sus naciones fueron asignadas a ángeles subordinados. Orígenes ya había desarrollado, o más bien cristianizado, esta doctrina. Hablando de la confusión de lenguas, dice: "Y así cada (nación) había de ser entregada a la custodia de ángeles más o menos severos, y de este carácter o de aquel, según cada una se hubiera movido a mayor o menor distancia del Oriente, y hubiera preparado más o menos ladrillos en lugar de piedra, y más o menos betún en lugar de argamasa; y hubiera edificado más o menos. Esto para que fueran castigados por su osadía. Estos ángeles que ya habían creado para cada nación su lengua peculiar, habían de conducir a sus encomendados a diversas partes según sus méritos: a uno, por ejemplo, a un clima ardiente, a otro a uno que castigaría a sus moradores con su helada:…aquellos que retuvieron el habla original por no haberse movido del Oriente son los únicos que llegaron a ser 'la porción del Señor'.…Ellos, también, son los únicos que han de considerarse como habiendo estado bajo un gobernante que no los tomó a su cargo para castigarlos como a los demás" (c. Cels. v. 30–1).
- 1960. "Afirmamos que no es fácil, o quizá posible, incluso para un filósofo conocer el origen del mal sin que le sea dado a conocer por una inspiración de Dios, de dónde viene y cómo desaparecerá. La ignorancia de Dios está ella misma en la lista de males; la ignorancia de su modo de sanar y de servirle rectamente es ella misma el mayor mal: afirmamos que nadie en absoluto puede posiblemente conocer el origen del mal, quien no vea que el estándar de piedad reconocido por el promedio de las leyes establecidas es él mismo un mal. Nadie, tampoco, puede conocerlo quien no haya captado la verdad sobre el Ser que se llama Diablo; qué era al principio, y cómo llegó a ser tal como es."—Orígenes (c. Cels. iv. 65).
Cap. VII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. VII
- 1961. 1 Cor. ii. 15.
Comentario editorial · El mal como privación del bien
Cap. VIII, § 1
Cap. VIII, § 2
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. VIII
- 1962. ἱστορικώτερον καὶ δι᾽ αἰνιγμάτων
- 1963. "Aquí", dice Semler, "nuestro Autor se revela como un discípulo de Orígenes y de otros doctores que habían bebido los pensamientos paganos de Platón y deseaban fundar su sistema sobre una futura (puramente) mejora moral". Ciertamente, aquí se deja demasiado poco espacio para la aplicación a alma y cuerpo en esta vida de la expiación de Cristo.
- 1964. σκυθρωπῶν ἐπανόρθωσις, lit. "una corrección consistente en (procesos) terribles" (genitivo subjetivo). El siguiente pasaje lo ilustrará: "Ahora bien, esto requiere una investigación más profunda, antes de que pueda decidirse si algunos poderes malignos han tenido asignados…ciertos deberes, como los verdugos del Estado, que ocupan un cargo melancólico ( τεταγμένοι ἐπὶ τῶν σκυθρωπῶν…πραγμάτων ) pero necesario en la Constitución." Orígenes, c. Cels. vii. 70.
- 1965. en el día del juicio. La lección κτίσεως, que Herveto ha seguido, debe ser errónea aquí.
- 1966. S. Mt. ix. 12
- 1967. S. Mc. ii. 17
- 1968. de una verruga; μυρμηκίας. Gregorio usa el mismo símil en su tratado Sobre el alma (iii. p. 204). El siguiente "escolio" en griego se encuentra en el margen de dos mss. de aquel tratado, y en el de un ms. de este tratado: "Hay una afección de la piel que se llama verruga. Una pequeña excrecencia carnosa sobresale de la piel, que parece parte de ella, y un crecimiento natural sobre ella: pero esto no es realmente así; y por lo tanto requiere remoción para su cura. Esta ilustración empleada por Gregorio es sobremanera apropiada para la materia en cuestión."
- 1969. Sal. xxxix. (xxxviii.) 11: "Cuando con reprensiones corriges al hombre por la iniquidad, haces consumir su belleza" (A.V).
- 1970. i.e. Capítulo 1., en todo.
Cap. IX
Cap. X
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. X
- 1971. τῷ ἀτόμῳ: aquí, el cuerpo individual del hombre: "individuo corpusculo," traduce Zinus. Teodoreto, en su segundo Diálogo ("Unconfused"), cita este mismo pasaje sobre la "infinitud de la Deidad" y un "vaso", para probar las dos naturalezas de Cristo.
- 1972. ἐφαπλοῦται
- 1973. ἐφολκί& 251·.
- 1974. Hay en esta ilustración de la unión de las Dos Naturalezas un toque de eutiquianismo; como también en la respuesta de Gregorio (c. Eunom. iii. 265; v. 589) a la acusación de Eunomio de Dos Personas contra el partido niceno, a saber, que "la carne con todas sus marcas y propiedades peculiares es asumida y transformada en la naturaleza divina"; de donde surgió aquella ἀντιμεθίστασις τῶν ὀνομάτων, es decir, el intercambio recíproco de las propiedades humanas y divinas, que después ocasionó la controversia monofisita. Pero Orígenes había usado un lenguaje todavía más incauto: "en cuanto a su cuerpo mortal y a su alma humana, creemos que, debido a algo más que la comunión con Él, a una unión y mezcla reales, ha adquirido las más altas cualidades y participa de su Divinidad, y así se ha transformado en Dios" (c. Cels. iii. 41).
- 1975. adherirse a la materia. La palabra ( ἅπτεσθαι ) podría significar "adherirse a," o "depender de," o "encenderse de" (se ha usado en este último sentido justo antes). Krabinger elige el segundo, "quæ a subjecto dependet."
Cap. XI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XI
- 1976. διὰ τῶν ἱστορουμένων θαυμάτων οὐκ ἀμφιβάλλομεν
Cap. XII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XII
- 1977. παρεγράφοντο
Cap. XIII
Cap. XIV
Cap. XV
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XV
- 1978. Orígenes, respondiendo a las mismas objeciones, dice: "No sé qué tipo de alteración de la humanidad es la que Celso desea cuando duda de si no habría sido posible mejorar al hombre mediante una manifestación del poder divino, sin que se enviara a nadie en el curso de la naturaleza ( φύσει ) con ese propósito. ¿Quiere que esto ocurra entre los hombres por una aparición repentina de Dios que destruya el mal en sus corazones de un golpe y haga brotar allí la virtud? Bien cabría indagar si sería conveniente o posible que tal cosa sucediera. Pero supondremos que así es. ¿Entonces qué? ¿Cómo será (en ese caso) loable nuestro asentimiento a la verdad? Vosotros mismos profesáis reconocer una Providencia especial: por tanto, debéis habernos dicho a nosotros, tanto como nosotros a vosotros, por qué Dios, conociendo los asuntos de los hombres, no los corrige y, con un solo golpe de su poder, se libra de toda la familia del mal. Pero nosotros afirmamos confiadamente que Él envía mensajeros para este mismo propósito: pues sus palabras que apelan a las emociones más nobles de los hombres están entre ellos. Pero, habiendo ya grandes diferencias entre los diversos ministros del Verbo, la reforma de Jesús los superó a todos en grandeza; pues Él no quiso sanar a los hombres de un solo rinconcito del mundo, sino que vino a salvarlos a todos"; c. Cels. iv. 3, 4.
- 1979. Cap. v.
- 1980. φύσις.
- 1981. τὸ διανοητικὸν
Cap. XVI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XVI
- 1982. Así Orígenes (c. Cels. iv. 15) ilustra la κένωσις y συγκατάβασις de Cristo: "Ni fue este cambio uno desde las alturas de la excelencia a las profundidades de la bajeza ( τὸ πονηρότατον ), pues ¿cómo pueden la bondad y el amor ser bajeza? Si lo fueran, ya sería hora de declarar que el cirujano que inspecciona o toca casos graves y desagradables para curarlos sufre tal cambio de bueno a malo."
- 1983. No hay una sola palabra en inglés que represente el sentido pleno de πάθος. "Sufferance" a veces se le acerca más, pero no aquí, donde Gregorio intenta expresar aquello que de ninguna manera se adhería al Salvador, es decir, la debilidad moral, por oposición a la enfermedad física.
- 1984. a una escala más general, por así decirlo. El griego aquí es algo oscuro; la mejor lectura es la de Krabinger; γενικωτέρῳ τινι λόγῳ τὴν νοερὰν οὐσίαν τῇ αἰσθητῇ συγκατέμιξεν. La traducción de Hervetus es manifiestamente errónea: "Is generosiorem quandam intelligentem essentiam commiscuit sensili principio."—El alma y el cuerpo han sido reunidos por la Resurrección, a una escala más amplia y en una extensión mayor ( λόγῳ ), que en el caso anterior de una sola Persona (en la Encarnación), avanzando el nuevo principio de vida hasta los extremos de la humanidad por consecuencia natural: γενικωτέρῳ se referirá así, por comparación, a "la primera formación de estos elementos componentes". O bien contrasta la cantidad de vida con la de muerte; y ha de explicarse por Rom. v. 15: "Mas no como el delito, así también el don gratuito. Pues si por el delito de uno muchos murieron, mucho más la gracia de Dios, y el don por la gracia, que es por un solo hombre, Jesucristo, abundó para muchos." La traducción de Krabinger, "generaliori quâdam ratione," parece, por tanto, correcta. El modo de la unión del alma y el cuerpo se describe en el Tratado de Gregorio sobre el Alma como κρείττων λόγος, y en su De la creación del hombre como ἄφραστος λόγος, pero en ninguno hay comparación alguna sino con otros modos menos perfectos de unión; es decir, la referencia es a la cualidad, no a la cantidad, como aquí.
Comentario editorial · Nacer no es una vergüenza
Cap. XVII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XVII
- 1985. el Profeta, es decir, David; Sal. xxxi. 19: ὡς πολὺ τὸ πλῆθος τῆς χρηστότητός σου, κ.τ.λ. Hervetus traduce aquí a Gregorio "divitiæ benignitatis", como si hubiera encontrado πλοῦτος en el texto, lo cual no aparece. Jerónimo traduce dos veces la χρηστότης de la LXX por "bonitas"; Aquila y Símaco tienen τί πολὺ τὸ ἀγαθόν σου. Éste es el sentido posterior de χρηστότης, que originariamente significaba "utilidad" y luego "rectitud" (Salmo xiii. 2, 4; xxxvi. 3; cxix. 66), más bien que "bondad".
Cap. XVIII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XVIII
- 1986. manifestación, παρουσίαν. Casaubon en sus notas a la Epístola a Eustacia de Gregorio da una lista de los diversos términos aplicados por los Padres griegos a la Encarnación, a saber (además de παρουσία ),— ἡ τοῦ Χριστοῦ ἐπιφάνεια; ἡ δεσποτικὴ ἐπιδημία; ἡ διὰ σαρκὸς ὁμιλία; ἡ τοῦ λόγου ἐνσάρκωσις; ἡ ἐνανθρώπησις; ἡ ἔλευσις; ἡ κένωσις; ἡ συγκατάβασις; ἡ οἰκονομία (ninguna más frecuente que ésta); y otras.
- 1987. Tit. ii. 11. Ésta es la traducción preferible; no como en la Versión Autorizada, "se manifestó a todos los hombres".
- 1988. Sacerdocio incruento, ἀναίμακτον ἱερωσύνην, es decir, "sacerdotium", no "sacrificium". Esto, y no θυσίαν, está apoyado por los códices. La Eucaristía es llamada a menudo por los Padres "el sacrificio incruento" (p. ej. Crisóst., en el Sal. xcv., citando a Malaquías), y el Sacerdocio que lo ofrece puede llamarse también "incruento". Cf. Greg. Nac. en Poem. xi. 1— ῏Ω θυσίας πέμποντες ἀναιμάκτους ἱερῆες. Si bien estos términos afirman la naturaleza sacrificial de la Eucaristía, ¿no podrían al mismo tiempo suministrar un argumento contra la visión romana de la Transubstanciación, que enseña que se recibe la sangre real de Cristo y hace de ella todavía un sacrificio sangriento?
- 1989. de la presencia entre ellos, &c. Cf. un pasaje notable de Orígenes: "Una de las pruebas convincentes de que Jesús era algo divino y santo es ésta: que los judíos, después de lo que le hicieron, han sufrido tantas y tan terribles aflicciones durante tanto tiempo. Y nos atreveremos a decir que jamás serán restaurados de nuevo. Han cometido el más impío de los crímenes. Conspiraron contra el Salvador de la humanidad en aquella ciudad donde las ceremonias que continuamente realizaban para Dios encerraban grandes misterios. Era justo que aquella ciudad donde Jesús padeció fuera destruida por completo, y que la nación judía fuera expulsada, y que la llamada de Dios a la bienaventuranza se hiciera a otros, quiero decir, a los cristianos, a quienes han pasado las doctrinas de una religión de pureza inmaculada, y quienes han recibido leyes nuevas aptas para cualquier forma de gobierno que exista" (c. Celsum, iv. 22). Los judíos, dice, incluso "sufrirán más que otros en el juicio que anticipan, además de lo que ya han sufrido", ii. 8. Pero dice, v. 43: "Ojalá no hubieran cometido el error de haber quebrantado su propia ley; matando primero a sus profetas, y por último tomando a Jesús a escondidas; pues entonces todavía tendríamos entre nosotros el modelo de aquella ciudad celestial que Platón intentó bosquejar, aunque no puedo decir que sus facultades estuvieran a la altura de las de Moisés y sus sucesores".
- 1990. lo tomaron (es decir, la religión, que para el futuro, &c.) en un sentido equivocado: κακῶς ἐκλαβόντες (Hasius, ad Leon. Diacon., muestra cómo λαμβάνειν y μεταλαμβάνειν tienen también este significado "interpretar", "accipere"). Ésta es una lectura mejor que ἐκβαλόντες, y está apoyada por dos mss.
- 1991. entonces aun. La apódosis comienza aquí, y ὥστε debe sobreentenderse después de ὑπολέλειπται, para regir μεῖναι, "quedaron en pie, &c.… de modo que no queda".
Cap. XIX
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XIX
- 1992. Los Padres griegos y los teólogos ingleses en su mayor parte se limitan a mostrar esta conveniencia moral y consonancia con la naturaleza de Dios en la Encarnación, y no intentan probar su necesidad absoluta. Cf. Atanasio, De Incarn. Verb. c. 6; Hooker, Eccles. Pol. V. li. 3; Analogy de Butler, pt. ii. c. 5.
Cap. XX
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XX
- 1993. τὸ μέν τι (por τοι ). Hay la misma variante de lectura en c. i. y xxi., donde Krabinger ha conservado el τι: cita acertadamente a Sinesio, de Prov. ii. 2; ῾Ο μέν τις ἀποθνήσκει πληγεὶς, ὁ δὲ κ.τ.λ. (y remite a su nota allí).
- 1994. Sal. cvi. (cv.) 4, 5; cxix. (cxviii.) 65, 66, 68. En el primer pasaje la LXX tiene τοῦ ἰδεῖν ἐν τῇ χρηστότητι τῶν ἐκλεκτῶν σου (hebr. "la felicidad de tus elegidos"): evidentemente refiriéndose a la εὐδοκία de Dios en ellos; Él, bueno en sí mismo ( χρηστὸς, v. 1), los salvará "para aprobar su bondad". El segundo pasaje menciona cuatro veces esta χρηστότης (bonitas).
Cap. XXI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXI
- 1995. del curso que ha de recorrerse: τοῦ διεξοδευομένου. Glauber observa que la traducción latina aquí, "ejus qui transit", no tiene sentido, y con razón toma la palabra como pasiva. Krabinger traduce también "ejus quod evolvitur". Aquí hay de nuevo un platonismo inconsciente: αὐτὸ τὸ καλόν es eterno.
Cap. XXII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXII
- 1996. Compárese un pasaje de Dionisio Areopagita (De eccles. hierarch. c. iii. p. 297). "El amor ilimitado de la Bondad Suprema no rehusó una providencia personal para nosotros, sino que, participando perfectamente en todo lo que nos pertenece, y unido a nuestra bajeza, junto con una posesión no diluida e intacta de sus propias cualidades, nos ha otorgado para siempre una comunión de parentesco consigo mismo, y nos ha exhibido como partícipes de sus glorias: deshaciendo el poder adverso de la turba rebelde, como dice la Tradición secreta, "no por la fuerza, como si dominara, sino, según el oráculo secretamente entregado a nosotros, por derecho y justicia" (citado por Krabinger). A las palabras "no por la fuerza", S. Máximo ha añadido la nota: "Esto es lo que Gregorio de Nisa dice en la Catequética". Véase la nota siguiente.
- 1997. uno conforme a la justicia. Esta visión de la Redención, como un llegar a un acuerdo con Satanás y hacerlo parte o defensor en el caso, es bastante notable. El Prólogo al Libro de Job proporciona una base para ella, donde Satanás entra en tratos con Dios. Parece ser la visión miltoniana: como también que la Envidia fue el primer pecado de Satanás.
Cap. XXIII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXIII
- 1998. la absolución de los condenados. Estas palabras, ausentes en todos los demás, Krabinger las ha restaurado del Codex B. Morell traduce "damnatorum absolutio". El griego es τὴν τῶν καταδίκων ἀνά& 207·ῥυσιν. "Hæc Origenem sapiunt, qui damnatorum pœnis finem statuit": Krabinger. Pero aquí en todo caso no es necesario acusar a Gregorio de esto, puesto que claramente está hablando sólo del perdón de los pecados por Cristo durante su ministerio terrenal.
- 1999. φιλοτιμία
- 2000. lo elige como rescate. Esta enseñanza peculiar de Gregorio de Nisa, de que fue al Diablo, no a Dios Padre, a quien se pagó el rescate, es decir, la sangre de Cristo, es compartida por Orígenes, Ambrosio y Agustín. Este último dice: "Sanguine Christi diabolus non ditatus est, sed ligatus", es decir, atado por pacto. Por otra parte, Gregorio Nacianceno (tom. I. Orat. 42) y Juan Damasceno (De Fid. Orthod. iii. c. 27) dan el rescate al Padre.
Cap. XXIV
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXIV
- 2001. como con pez voraz. El mismo símil se encuentra en Juan Damasceno (De Fid. iii. 27), hablando de la Muerte. "Por tanto la Muerte avanzará y, engullendo el cebo del Cuerpo, será transfixionada por el anzuelo de la Divinidad: al gustar ese Cuerpo sin pecado y vivificante, queda deshecha y vomita a todos los que jamás ha engullido: pues como las tinieblas se desvanecen al dejar entrar la luz, así la corrupción es expulsada por la embestida de la vida, y mientras se da vida a todo lo demás, sólo hay corrupción para el Corruptor."
Comentario editorial · El rescate y el anzuelo
Cap. XXV
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXV
- 2002. Éxodo iii. 14.
Cap. XXVI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXVI
- 2003. τῇ μὲν δικαιοσύνῃ. El dativo no está regido por ἀντιδιδόντα sino que corresponde a τῇ δὲ ἀγαθότητι (un dativo de referencia), que no tiene tal verbo tras él. Por tanto, Krabinger apenas traduce correctamente "justitiæ quod datur, pro meritis tribuendo".
- 2004. οἱ θεραπευταὶ τοῦ χρυσίου En el margen de uno de los Codd. de Krabinger está escrito aquí en latín: "Esto debe leerse con cautela: parece saber a la opinión de Orígenes", es decir, la curación de Satanás.
- 2005. Mal. iii. 2, 3.
- 2006. τῇ καθάρσει. Esta es la lectura de tres de los Codd. de Krabinger y la de Hervetus y Zinus; "purgatione", "purgationis": el contexto también de todo el capítulo parece requerirla. Pero el Cod. de Morell tenía τῇ ἀφθαρσί& 139·, y Ducæus aprobó retenerla. Para esta κάθαρσις véase especialmente Orígenes, c. Cels. vi. 44.
- 2007. "De muy distinto modo fue con los grandes pensadores de la Iglesia primitiva.…Se daban cuenta de que la redención era un medio para un fin, y ese fin la reconsagración de todo el universo a Dios. Y así la plenitud misma de su comprensión de la Expiación les llevó a insistir sobre la significación cósmica de la Encarnación, su propósito de "reunir todas las cosas en una". Pues era una época en la que los problemas del universo eran sentidos con agudeza."—Lux Mundi, p. 134.
Comentario editorial · ¿Una restauración de todos?
Cap. XXVII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXVII
- 2008. "Para que el sacrificio pudiera ser representativo, Él tomó sobre Sí toda nuestra naturaleza humana y se hizo carne, condicionada como estaba esa naturaleza carnal en todo por el pecado. No fue sólo en Su muerte que lo contemplamos como el portador del pecado: sino que a lo largo de Su vida estuvo como condicionado por la pecaminosidad de aquellos con quienes Su naturaleza humana lo puso en relaciones cercanas y múltiples."—Lux Mundi, p. 217 (Agustín, de Musicâ, vi. 4, citado en nota, "Hominem sine peccato, non sine peccatoris conditione, suscepit").
Cap. XXVIII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXVIII
- 2009. Cf. 1 Cor. xii. 14–24.
Cap. XXIX
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXIX
- 2010. θεομαχία, palabra aplicada a menudo por los Padres griegos a la conducta de los egipcios, en referencia, por supuesto, al Faraón.
Cap. XXX
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXX
- 2011. El pasaje siguiente es anticalvinista. Gregorio aquí, como continuamente en otros lugares, afirma la libertad de la voluntad; y es fuertemente apoyado por Justino Mártir, i. 43: "Si ha sido fijado por el destino que un hombre sea bueno y otro malo, el uno no es digno de alabanza, el otro no es culpable. Y además, si el género humano no tiene poder por una libre elección para huir del mal y elegir el bien, no es responsable de resultado alguno, por chocante que sea."
Cap. XXXI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXI
- 2012. τῶν κατορθούντων
- 2013. Esta es una respuesta a los modernos "Determinantes éticos".
Cap. XXXII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXII
- 2014. μάλιστα μεν.
- 2015. Cf. Rom. ix. 21: φύραμα se usa para el cuerpo humano a menudo en los Padres griegos, es decir, Atanasio, Crisóstomo, Juan Damasceno: por todos los cuales Cristo es llamado ἀπαρχὴ τοῦ ἡμετέρου φυράματος. Cf. Gén. ii. 7; Job x. 9: Epicteto llama también al cuerpo humano πηλοω κομψῶς πεφυραμένον.
- 2016. ἐν μὲν τῷ θανάτῳ καθορᾷν τὸ ἀνθρώπινον, ἐν δὲ τῷ τρόπῳ πολυπραγμονεῖν τὸ θειότερον. Esta es la lectura de Krabinger (en lugar de ἐν τῳ ἀθανάτῳ…ἐν δὲ τῷ ἀνθρώπῳ ) según la autoridad de la cita de Teodoreto y de dos Codd. para la primera, y de todos sus Codd. para la segunda. Herveto parece también haber leído lo mismo: "in morte quidem quod est humanum intueri, in modo autem perscrutari quod est divinius." Glauber, sin embargo, traduce el texto común: "Man muss bei dem Unsterblichen zwar das Menschliche betrachten, aber bei dem Menschen auch das Göttliche hervorsuchen", no obstante que insinúa su preferencia por otra lectura, σκοπῷ para esto último; cf. justo antes, "pero el sentido secreto representa lo Divino", que entonces sería paralelo a esta última frase.
- 2017. Ef. iii. 18.
- 2018. Filip. ii. 10.
- 2019. κεραίαν. Los Padres gustaban de trazar similitudes con la forma de la Cruz, en la naturaleza y en el arte: en las vergas de una nave, como aquí, y en el vuelo de las aves con las alas extendidas. Esta es la lectura de los Codd. Morell., Reg., y de tres de los de Krabinger; pero γαῖαν en el margen del de J. Vulcobius (Abad de Belpré) ha pasado al texto de ambas ediciones de París, aunque la segunda lo marca con asterisco. Herveto ("et fastigium") parece haber leído καὶ ἄκραν.
Cap. XXXIII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXIII
- 2020. σωματικῶς: con referencia general tanto al recipiente, a las palabras (la "forma"), como al agua (la "materia", en sentido aristotélico). Cf. las cuestiones en Private Baptism of Infants: y las Bampton Lectures de Hampden, p. 336 n.
- 2021. τιμιώτατον ( τιμὴ = "precio") ζῶον. Así Platón, Leyes, p. 766: "El hombre, al recibir recta educación y una organización feliz, suele llegar a ser la criatura más divina y cultivada."
Cap. XXXIV
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXIV
- 2022. τῶν γινομένων
- 2023. ποιοῦνται (voz media), es decir, por sus oraciones.
- 2024. ἡ δε τῆς θεότητος μαρτυρία διὰ τῶν θαυμάτων ἐστίν: una sentencia digna de nota.
- 2025. τῶν γινομένων (cf. arriba) sobrentendido.
Cap. XXXV
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXV
- 2026. ἐκ τῆς κατὰ διδαχὴν ὑφηγήσεως. Esto es lo que Krabinger encuentra en tres códices, y Morell y Hervetus han traducido al latín. Pero las ediciones tienen διαδοχὴν ῾Υφήγησις no se refiere a ninguna enseñanza "precedente" ("præeunte", Hervetus); sino a la "instrucción" de cualquier clase, ya sea "en el modo de enseñanza", o de ejemplo, como abajo.
- 2027. la carne que ha asumido, y al mismo tiempo deificado. "Un término querido para los Padres del siglo IV, el de deificarnos" (Denis, Philosophie d’Origène, p. 458). Esta θεοποίησις u θέωσις es más que una metáfora ya desde el principio; "los fieles son llamados verdaderamente θεοί, no por naturaleza ciertamente, sino τῇ ὁμοιώσει, dice Atanasio"; Casaubon, In Epist. ad Eustath. "Nos convertimos en ‘dioses’ al captar el poder y la sustancia divinos"; Clemente, Stromata, iv. Que los platónicos habían usado así la palabra de τὸ πρὸς μείζονα δόξαν ἀνυψωθὲν es claro. Sinesio en uno de sus Himnos dice a su alma:— "Pronto, mezclada con el Padre Dançarás como un ‘dios’ con Dios." Como en otro lugar (in Dione, p. 50) dice: "no basta con no ser malo; cada uno debe ser incluso un ‘dios’." Cf. también Gregorio Taumaturgo, Panegyr Origenis, §142. Cuando llegamos a los Padres del siglo IV y posteriores, estas palabras se usan más especialmente de la obra del Espíritu Santo sobre el hombre. Cf. Cirilo de Alejandría: "Si poder ‘deificar’ es cosa mayor de la que una criatura puede hacer, y si el Espíritu ‘deifica’, ¿cómo puede ser creado o ser otra cosa que Dios, viendo que ‘deifica’?" "Si el Espíritu no es Dios", dice Gregorio Nacianceno, "que él sea primero deificado, y luego que me deifique a mí, su igual"; donde se implican dos cosas: 1. que la obra reconocida del Espíritu Santo es ‘deificar’, 2. que esta "deificación" no es Divinidad. Es "la divinización comparativa" de Dionisio Areopagita por la cual somos "partícipes de la naturaleza divina" (2 Pe. i, 4). Sobre la palabra aplicada a la naturaleza humana de nuestro Salvador mismo, Huet (Origeniana, ii. 3, c. 17), al discutir la afirmación de Orígenes en su Comentario a San Mateo (Tract 27), de que "Cristo después de su resurrección ‘deificó’ la naturaleza humana que había tomado", observa: "Si tomamos esta palabra de modo que Orígenes quiera decir que el Verbo fue cambiado en la naturaleza humana, y que la carne misma fue cambiada en Dios y hecha de la misma sustancia que el Verbo, será claramente culpable de aquel error deadly que Apolinar introdujo en la Iglesia (es decir, que el alma del Salvador no es ‘racional’, ni su carne humana); o más bien de la herejía perpetrada por algunas sectas de los eutiquianos, que afirmaban que la naturaleza humana fue cambiada en la Divina después de la Resurrección. Pero si lo tomamos en el sentido de que la naturaleza humana de Cristo, después de ser despojada de la debilidad después de la muerte, asumió una cierta cualidad Divina, no le haremos injusticia alguna." Luego cita una línea de los Yámbicos de Gregorio:— "Lo que ‘deifica’ y lo ‘deificado’ son un solo Dios:" y esto se dice incluso de la Encarnación de Cristo; ¿cuánto más, pues, puede decirse de su estado de Resurrección, como en este pasaje de la Gran Catequesis? Huet añade una de las respuestas de Orígenes a Celso: "Su cuerpo mortal y el alma humana en Él, en virtud de su unión o más bien de su unión y mezcla con aquella (deidad), asumieron, afirmamos, cualidades del mayor género.… ¿Qué incredibilidad hay en que la cualidad de mortalidad en el cuerpo de Jesús cambiara, cuando Dios así lo planeó y quiso, en una etérea y Divina" (es decir, la materia, como receptáculo de estas cualidades, permaneciendo la misma)? Es en este sentido que Crisóstomo puede decir que "Cristo vino a nosotros, y tomó sobre sí nuestra naturaleza y la deificó"; y Agustín, "vuestra humanidad recibió el nombre de aquella deidad" (contr. Arian.).
- 2028. Heb. ii, 10; xii, 2.
- 2029. ἀδιέξοδον…φρουράν. La excelente lectura de Krabinger. Cf. Platón, Fedón p. 62 B, "Nosotros los hombres estamos en una suerte de prisión."
- 2030. S. Juan iii, 31: 1 Cor. xv, 47 ( ἄνωθεν = ἐξ οὐρανοῦ ).
- 2031. ἐπιχεόμενος. Esto puede ser presionado para implicar que la inmersión no era absolutamente necesaria. Así abajo τὸ ὕδωρ τρὶς ἐπιχεαμενοι
- 2032. ἐφάπαξ. Así Rom. vi, 10, "Él murió al pecado una vez" (A.V.); es decir, una vez para siempre.
- 2033. ἀναλύειν. Cf. Filip. i, 23 ( ἀναλῦσαι ).
- 2034. οἷς δὲ προσεπωρώθη τὰ πάθη.
Cap. XXXVI
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXVI
- 2035. S. Juan iii. 5
Cap. XXXVII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXVII
- 2036. ἐφάπτεσθαι. Krabinger prefiere esto a ἐφέπεσθαι (Edición de París), por ser más adecuado a lo que sigue.
- 2037. Gregorio parece referirse aquí a la ingestión de la manzana por Eva, que introdujo un veneno moral y físico en nuestra naturaleza. Los pensamientos del general Gordon ("en Palestina") tomaron la misma dirección que todo este pasaje; que Frontón Ducæus (según cita Krabinger) llegaría a considerar incluso como prueba de la transubstanciación.
- 2038. 1 Cor. v. 6.
- 2039. δυνάμει.
- 2040. 1 Tim. iv. 5.
- 2041. por el proceso de comer, διὰ βρώσεως. Hay muy poca autoridad para καὶ πόσεως que sigue en algunos codd. Si el texto de Krabinger es aquí correcto, Gregorio enseña claramente una transmutación de los elementos muy semejante a la posterior transubstanciación: también enseña claramente que las palabras de la consagración efectúan el cambio. No parece haber razón para dudar de que el texto sea correcto. Las tres interpretaciones latinas, "a verbo transmutatus," "statim a verbo transmutatus," "per verbum mutatus," de Herveto, Morell y Zinus, todas apuntan a que hallaron πρὸς τὸ σῶμα διὰ τοῦ λόγου μεταποιούμενος en el texto: y ésta es la lectura del Cod. Reg. (la otra lectura es πρὸς τὸ σῶμα τοῦ λόγου ). Un pasaje de Justino Mártir, Apol. ii. p. 77, también apoya el texto de Krabinger. Justino dice: "así se nos enseña que aquel alimento que ha sido bendecido por la pronunciación de la palabra que procedió de Él, el cual alimento, al cambiarse, nutre nuestra sangre y carne, es la carne y la sangre de aquel Jesús Encarnado." En cuanto a la naturaleza del cambio ( πρὸς τὸ σῶμα μεταποιούμενος ), debe compararse otro pasaje de Gregorio (In Baptism. Christi, 370 A): "El pan, además, fue por un tiempo pan común, pero cuando la palabra mística lo haya consagrado ( ἱερουργήσῃ ), es llamado, y además es, el cuerpo de Cristo." Dice también al final de este capítulo: "Él da estos dones en virtud de la bendición por la cual transelementa ( μεταστοιχειώσας ) la cualidad natural ( φύσιν ) de estas cosas visibles a aquella cosa inmortal." Harnack no intenta debilitar la fuerza de estos y otros pasajes, sino que sólo señala que la idea de este cambio no corresponde exactamente (¿cómo podría?) con la "transubstanciación" escolástico-filosófica medieval. La creencia de Gregorio es que, así como la Palabra, cuando Cristo estuvo aquí en la carne, hizo santo su cuerpo que asimilaba pan, el cual aún en cierto modo permanecía pan, así ahora el pan es santificado por la Palabra de Dios y por la oración. "La idea," dice Neander, "de la repetición de la consagración del Λόγος se había apoderado de su mente." La construcción es προϊ& 241·ν (ὥστε) γενέσθαι εἰς τὸ σῶμα τοῦ λόγου, "eo progrediens, ut verbi corpus evadat."
- 2042. μεταστοιχειώσας. Suicer se esfuerza, sin éxito, en mostrar que la palabra no es equivalente a transelementare o μετουσιοῦν, sino sólo a substantiam convertere, es decir, a cambiar por una adición de gracia a otro modo o uso. En los pasajes de Epifanio que Suicer aduce para "figura", "modo", como significado de στοιχεῖον mismo, esa palabra significa un signo del zodíaco (como en el De Animâ et Resurr. de nuestro Gregorio, significa la luna), sólo porque los cuerpos celestes son los elementos o primeros principios, por así decirlo, del alfabeto celestial. El otro significado de μεταστοιχειοῦν que da, es decir, desenseñar, con vistas a oscurecer aquí el sentido literal, es del todo inaplicable. Gregorio define con más claridad que Crisóstomo ( μεταρρυθμίζεσθαι ), Teofilacto ( μεταποιεῖσθαι ) y Juan Damasceno ( μεταβάλλεσθαι ) el cambio que tiene lugar: pero todos van más allá del (Dial. ii) de Teodoreto, "no cambiando la naturaleza, sino añadiendo gracia a la naturaleza", lo que Suicer se esfuerza en leer en esta palabra de Gregorio. Ha de notarse, también, que en Filón la palabra se usa de Jerjes cambiando en su marcha un elemento en otro, es decir, tierra en agua, no el mero uso de lo uno en el uso de lo otro.
Comentario editorial · El pan cambiado en el Cuerpo
Cap. XXXVIII
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXVIII
- 2043. Fe. Cf. Catecismo de la Iglesia: "Fe por la cual creen firmemente las promesas de Dios hechas a ellos en aquel Sacramento (del Bautismo)."
- 2044. συνεπλάκημεν, es decir, contra Eunomio, en defensa de la igualdad de la Trinidad en el símbolo bautismal. Por mucho que Gregorio en aquel tratado se oponga a Eunomio por poner la esencia del cristianismo en la mera γνῶσις y δογμάτων ἀκρίβεια, frente a la incomprensibilidad de Dios y el conocimiento sólo por el corazón, había pasado toda su vida mostrando la suprema importancia de la exactitud en las fórmulas sobre las que descansaba la Fe. Esto ayuda a dar una fecha para la Gran Catequesis.
Cap. XXXIX
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XXXIX
- 2045. S. Juan iii. 6
- 2046. 1 Cor. iv. 15.
- 2047. naturaleza imperfecta: es decir, de una criatura ( κτιστός ); por ejemplo, de un Cristo meramente humano, que a su vez necesita, y por tanto no puede dar, la perfección.
- 2048. retirar su fe: es decir, como haría si la pusiera en seres que él sabía que no eran de ese mundo superior, increado.
- 2049. y el Dios Unigénito. Un códice lee aquí υἱ& 231·ν (no θεόν ), como está en S. Juan i. 18, aunque incluso allí "muchas autoridades muy antiguas" (R.V.) leen θεὸν. El latín de Herveto implica un οὐκ aquí; "et unigenitum Deum non esse existimant;" y Glauber lo retendría, haciendo κτιστὸν = θεὸν οὐκ εἶναι. Pero Krabinger no encontró ningún οὐκ en ninguno de sus códices.
- 2050. πρὸς ἑαυτὸν ἀναλύων, como se ha explicado antes, es decir εἰς τὸ ὁμογενὲς ἑαυτὸν εἰσαγάγῃ.
- 2051. S. Juan iii. 4
Cap. XL, § 1
Cap. XL, § 2
Comentario editorial · Notas de la edición · Cap. XL
- 2052. No es necesario considerar este pasaje sobre la Regeneración como una interpolación, con Aubertin, De Sacram. Eucharist. lib. ii. p. 487, porque Gregorio ya ha tratado del Bautismo en los caps. xxxv.–xxxvi.; y luego de la Eucaristía: su visión de la relación entre los dos Sacramentos, que la Eucaristía une el cuerpo, como el Bautismo el alma, a Dios, explica muy bien este retorno a los preliminares de esta doble unión.
- 2053. ὑπαμειφθείη. Una palabra casi peculiar de este Gregorio.
- 2054. Is. i. 16.
- 2055. τὸ κατὰ τὸν θυμὸν αἶσχος. Muy erróneamente los traductores latinos, "animi turpitudo," es decir, bajeza de la mente, que se menciona justo después.
- 2056. S. Lucas xix. 8
- 2057. Gal. vi. 3.
- 2058. S. Juan i. 12
- 2059. Estas citas proceden de la LXX de Salmos cxlv. 16; ciii. 12 (Is. xliii. 25); Joel ii. 13; Salmos vii. 11 (hebr. "Dios está airado cada día"); xcii. 15.
- 2060. Salmos iv. 2, 3. En el último versículo la LXX tiene ἐθαυμάστωσε; que sigue la Vulgata, es decir, "Él ha hecho admirable a su Santo" (el hebreo implica "ha separado maravillosamente"). Que θαυμαστοῦται (tres de los códices de Krabinger, y el de Morell) es la lectura aquí (omitida en las edd.), queda claro por toda la cita de la LXX de este Salmo.
- 2061. Is. lxiv. 4; 1 Cor. ii. 9.
- 2062. La sección que comienza aquí, que presenta un códice (el de Vulcobio), usado por Herveto, es "evidentemente la adición de algún copista torpe." P. Morell la considera parte de un prefacio a un tratado contra Severo, jefe de los herejes llamados Acéfalos. Pero Severo fue condenado bajo Justiniano, a.d. 536; y los propios Acéfalos no fueron un partido reconocido hasta después del Concilio de Éfeso (aquellos que no querían seguir ni a San Cirilo ni a Juan Damasceno, en un sentido del término, es decir, "sin cabeza"), o después del Concilio de Calcedonia (aquellos que rechazaron el Henoticon del emperador Zenón, dirigido a los ortodoxos y a los monofisitas, en el otro sentido). Es citado por Krabinger, ninguno de cuyos códices lo reconoce.
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial