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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

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    Sobre el bautismo, contra los donatistas

    c. 400 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de J. R. King (NPNF)39 minPosición: 0% de esta parteParte 7 de 8 · Capítulo 22Publicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-28

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    Capítulo 22

    VI, 22, 38–39

    38. Dativo de Badia dijo: "Nosotros, en cuanto está en nuestro poder, rehusamos comunicar con un hereje, a menos que haya sido bautizado en la Iglesia y recibido la remisión de sus pecados".
    39. A esto se responde: Si tu razón para desear que sea bautizado es que no ha recibido la remisión de pecados, supón que encuentras dentro de la Iglesia a un hombre que ha sido bautizado, aunque alberga odio contra su hermano; puesto que el Señor no puede mentir, quien dice: "Si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" [], ¿ordenarás a tal hombre, cuando se corrija, que sea bautizado de nuevo? Ciertamente no; así tampoco debes ordenarlo al hereje. Es claro que no debemos pasar por alto por qué no dijo brevemente: "No comunicamos con un hereje", sino que añadió: "en cuanto está en nuestro poder". Pues vio que un número mayor concordaba con esta opinión, de cuya comunión, sin embargo, él y sus amigos no podían separarse, para que no se menoscabara la unidad, y por eso añadió: "en cuanto está en nuestro poder" —mostrando sin duda alguna que no comunicaba de buena gana con quienes él consideraba sin bautismo, sino que, aun así, todo debía soportarse por causa de la paz y la unidad; tal como hicieron también aquellos que pensaban que Dativo y su partido estaban equivocados, y que sostenían lo que después fue enseñado por una declaración más plena de la verdad, y urgido por la antigua costumbre, que recibió la confirmación más fuerte de un concilio posterior; y sin embargo, a su vez, con piadosa solicitud, mostraron tolerancia mutua, y sin violación de la caridad cristiana entretuvieron opiniones diferentes, esforzándose por guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de paz [], hasta que Dios revelase a uno de ellos, si estaba en otro sentir, aun este error de sus caminos []. Y a esto quisiera que prestaran atención aquellos por quienes la unidad es atacada apoyándose en la autoridad de este mismo concilio por el cual se declara cuánto debe amarse la unidad.

    Capítulo 23

    VI, 23, 40–41

    40. Suceso de Abbir Germaniciana dijo: "Los herejes pueden o no hacer nada o hacerlo todo. Si pueden bautizar, pueden también dar el Espíritu Santo; pero si no pueden dar el Espíritu Santo, porque no poseen el Espíritu Santo, entonces tampoco pueden bautizar espiritualmente. Por tanto, damos nuestro juicio de que los herejes deben ser bautizados".
    41. A esto podemos responder casi palabra por palabra: Los homicidas pueden o no hacer nada o hacerlo todo. Si pueden bautizar, pueden también dar el Espíritu Santo; pero si no pueden dar el Espíritu Santo, porque no poseen el Espíritu Santo, entonces tampoco pueden bautizar espiritualmente. Por tanto, damos nuestro juicio de que las personas bautizadas por homicidas, o los propios homicidas que han sido bautizados sin convertirse, deben, cuando se hayan corregido, ser bautizados. Pero esto no es verdad. Pues "todo aquel que aborrece a su hermano es homicida" []; y Cipriano conocía a tales hombres dentro de la Iglesia, que ciertamente bautizaban. Por tanto, es en vano que se usen palabras de esta clase acerca de los herejes.

    Capítulo 24

    VI, 24, 42–45

    42. Fortunato de Thuccabori dijo: "Jesucristo nuestro Señor y Dios, el Hijo de Dios Padre y Creador, edificó su Iglesia sobre una roca, no sobre la herejía, y dio el poder de bautizar a los obispos, no a los herejes. Por lo cual, los que están fuera de la Iglesia, y se oponen a Cristo, dispersando sus ovejas y su rebaño, no pueden bautizar fuera".
    43. Añadió la palabra "fuera" para que no se le respondiera con la misma brevedad que a Suceso. Pues de otro modo también se le habría podido responder palabra por palabra: Jesucristo nuestro Señor y Dios, el Hijo de Dios Padre y Creador, edificó su Iglesia sobre una roca, no sobre la iniquidad, y dio el poder de bautizar a los obispos, no a los injustos. Por lo cual, los que no pertenecen a la roca sobre la que edifican, los que oyen la palabra de Dios y la cumplen [], sino que, viviendo de modo contrario a Cristo al oír la palabra y no cumplirla, y edificando así sobre la arena, de esta manera dispersan sus ovejas y su rebaño por el ejemplo de una conducta abandonada, no pueden bautizar. ¿No podría decirse esto con toda la apariencia de la verdad? Y sin embargo es falso. Pues los injustos bautizan, puesto que aquellos ladrones son injustos a quienes Cipriano sostenía que estaban en unidad consigo mismo. Pero por esta razón, dice el donatista, añade "fuera". ¿Por qué, pues, no pueden bautizar fuera? ¿Acaso porque son peores por el hecho mismo de estar fuera? Pero no importa, en cuanto a la validez del bautismo, cuánto peor sea el ministro. Pues no hay tanta diferencia entre malo y peor como entre bueno y malo; y, sin embargo, cuando el malo bautiza, da el mismo sacramento que el bueno. Por tanto, también, cuando el peor bautiza, da el mismo sacramento que el menos malo. ¿O es que no es en cuanto al mérito del hombre, sino en cuanto al sacramento del bautismo mismo, que no puede darse fuera? Si esto fuera así, tampoco podría poseerse fuera, y sería necesario que un hombre fuera bautizado de nuevo cuantas veces saliera de la Iglesia y de nuevo volviera a ella.
    44. Además, si inquirimos más cuidadosamente qué se entiende por "fuera", especialmente porque él mismo hace mención de la roca sobre la cual está edificada la Iglesia, ¿no están acaso en la Iglesia los que están sobre la roca, y los que no están sobre la roca, no están tampoco en la Iglesia? Ahora, pues, veamos si edifican su casa sobre la roca quienes oyen las palabras de Cristo y no las cumplen. El Señor mismo declara lo contrario, diciendo: "Cualquiera que oye estas mis palabras y las cumple, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca"; y un poco después: "Todo aquel que oye estas mis palabras y no las cumple, será comparado a un hombre necio, que edificó su casa sobre la arena". Si, por tanto, la Iglesia está sobre la roca, los que están sobre la arena, porque están fuera de la roca, están necesariamente fuera de la Iglesia. Recordemos, pues, cuántos menciona Cipriano como situados dentro que edifican sobre la arena, es decir, que oyen las palabras de Cristo y no las cumplen. Y por tanto, porque están sobre la arena, se prueba que están fuera de la roca, es decir, fuera de la Iglesia; sin embargo, aun mientras están así situados, y o bien no han cambiado todavía o nunca cambian a mejor, no solo bautizan y son bautizados, sino que el bautismo que tienen permanece válido en ellos aunque estén destinados a la condenación.
    45. Ni tampoco puede decirse en este lugar: Mas ¿quién hay que cumpla todas las palabras del Señor que están escritas en el propio sermón evangélico, al final del cual Él dice que quien oyó las dichas palabras y las cumplió edificó sobre la roca, y quien las oyó y no las cumplió edificó sobre la arena? Pues, concediendo que por ciertas personas no todas las palabras son cumplidas, sin embargo en el mismo sermón Él ha establecido el remedio, diciendo: "Perdonad, y seréis perdonados" []. Y después de que la oración del Señor hubiera sido registrada en detalle en el mismo sermón, Él dice: "Porque os digo que si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" []. De ahí también dice Pedro: "Porque la caridad cubrirá la multitud de los pecados" []; caridad que ciertamente no tenían, y por esto edificaban sobre la arena, aquellos de quienes dice el mismo Cipriano que dentro de la Iglesia mantenían conversación, aun en tiempo de los apóstoles, en odio desamorado ajeno a la caridad cristiana; y por tanto parecían ciertamente estar dentro, pero realmente estaban fuera, porque no estaban sobre aquella roca por la cual es significada la Iglesia.

    Capítulo 25

    VI, 25, 46–48

    46. Sedato de Tuburbo dijo: "Así como el agua, santificada por la oración del sacerdote en la Iglesia, lava los pecados, del mismo modo multiplica los pecados cuando es infectada, como por un cáncer, con las palabras de los herejes. Por lo cual hay que esforzarse, con todos los empeños que conducen a la paz, para que nadie que haya sido infectado y manchado por el error herético rehúse recibir el único bautismo verdadero, sin el cual quien no sea bautizado no heredará el reino de los cielos".
    47. A esto respondemos que, si el agua no es santificada cuando, por falta de pericia, el sacerdote que ora profiere algunas palabras de error, muchos, no solo de los malos, sino de los buenos hermanos en la Iglesia misma, dejan de santificar el agua. Pues las oraciones de muchos son corregidas cada día al ser recitadas ante hombres de mayor saber, y se hallan en ellas muchas cosas contrarias a la fe católica. Suponiendo, pues, que se demostrara que algunas personas fueron bautizadas cuando estas oraciones habían sido pronunciadas sobre el agua, ¿se les ordenará ser bautizadas de nuevo? ¿Por qué no? Porque generalmente la falta en la oración es más que contrapesada por la intención de quien la ofrece; y aquellas palabras fijas del evangelio, sin las cuales el bautismo no puede ser consagrado, son de tal eficacia que, por su virtud, cualquier cosa defectuosa que se profiera en la oración contra la regla de la fe queda sin efecto, así como el diablo es excluido por el nombre de Cristo. Pues es claro que si un hereje profiere una oración defectuosa, no tiene la buena intención de amor con que aquella falta de pericia pueda ser compensada, y por tanto es como cualquier persona envidiosa o rencorosa en la Iglesia Católica misma, tal como Cipriano prueba que existen dentro de la Iglesia. O bien podría alguno ofrecer alguna oración, como no raramente sucede, en la que hablara contra la regla de la fe, puesto que muchos se precipitan al uso de oraciones compuestas no solo por hombres inexpertos que aman hablar, sino aun por herejes, y en la simplicidad de la ignorancia, no pudiendo discernir su verdadero carácter, las usan pensando que son buenas; y sin embargo, lo erróneo en ellas no vicia lo que es recto, sino que más bien queda anulado por ello, así como en el hombre de buena esperanza y fe aprobada, que sin embargo no es más que hombre, si en algo está en otro sentir, lo que sostiene rectamente no queda por ello viciado hasta que Dios le revele también aquello en lo que está en otro sentir []. Pero suponiendo que el hombre mismo es malvado y perverso, entonces, si ofreciera una oración recta, en ninguna parte contraria a la fe católica, no se sigue que, porque la oración es recta, el hombre mismo sea también recto; y si sobre algunos ofreciera una oración errónea, Dios está presente para sostener las palabras de su evangelio, sin las cuales el bautismo de Cristo no puede ser consagrado, y Él mismo consagra su sacramento, para que en el receptor, ya sea antes de ser bautizado, o cuando es bautizado, o en algún tiempo futuro cuando se vuelve en verdad a Dios, aquel mismo sacramento sea provechoso para la salvación, el cual, si no se convirtiera, sería poderoso para su destrucción. Pero ¿quién hay que no sepa que no hay bautismo de Cristo, si las palabras del evangelio en que consiste el signo visible exterior no están presentes? Mas hallarás más fácilmente herejes que no bautizan en modo alguno, que quienes bautizan sin aquellas palabras. Y por tanto decimos, no que todo bautismo (pues en muchos de los ritos blasfemos de los ídolos se dice que los hombres son bautizados), sino que el bautismo de Cristo, es decir, todo bautismo consagrado en las palabras del evangelio, es en todas partes el mismo, y no puede ser viciado por perversidad alguna de parte de hombre alguno.
    48. Ciertamente no debemos pasar por alto a la ligera en este juicio que él insertó aquí una cláusula, y dice: "Por lo cual hay que esforzarse, con todos los empeños que conducen a la paz, para que nadie que haya sido infectado", etc. Pues tuvo en cuenta aquellas palabras del bienaventurado Cipriano en su discurso de apertura: "No juzgando a nadie, ni privando a nadie del derecho de comunión si tiene una opinión diferente". Ved de cuánto poder es el amor de la unidad y de la paz en los buenos hijos de la Iglesia, que prefirieron mostrar tolerancia hacia aquellos a quienes llamaban sacrílegos y profanos, admitidos, según pensaban, sin el sacramento del bautismo, si no podían corregirlos como creían que era recto, antes que por causa de ellos romper aquel santo vínculo, no sea que por causa de la cizaña el trigo también fuera arrancado de raíz [] —permitiendo, en cuanto de ellos dependía, como en aquel nobilísimo juicio de Salomón, que el cuerpo del niño fuera más bien alimentado por la falsa madre que cortado en pedazos []. Pero esta era la opinión tanto de quienes sostenían la opinión más verdadera acerca del sacramento del bautismo, como de aquellos a quienes Dios, en consideración a su gran amor, se proponía revelar cualquier punto en el que estaban en otro sentir.

    Capítulo 26

    VI, 26

    Privatiano de Sufetula dijo: "El que dice que los herejes tienen poder de bautizar, diga primero quién fue el fundador de la herejía. Porque si la herejía es de Dios, puede tener el favor divino; pero si no es de Dios, ¿cómo puede tener o conferir a alguien la gracia de Dios?"
    A éste se le puede responder así, palabra por palabra: El que dice que los maliciosos y envidiosos tienen poder de bautizar, diga primero quién fue el fundador de la malicia y de la envidia. Porque si la malicia y la envidia son de Dios, pueden tener el favor divino; pero si no son de Dios, ¿cómo pueden tener o conferir a alguien la gracia de Dios? Pero así como estas palabras son del mismo modo evidentísimamente falsas, así también lo son aquellas para cuya refutación fueron dichas éstas. Porque los maliciosos y envidiosos bautizan, como lo admite el mismo Cipriano, pues da testimonio de que también ellos están dentro. Así también, pues, los herejes pueden bautizar, porque el bautismo es sacramento de Cristo; mas la envidia y la herejía son obras del diablo. Y, sin embargo, aunque un hombre las posea, no por ello hace que, si tiene el sacramento de Cristo, éste haya de contarse también en el número de las obras del diablo.

    Capítulo 27

    VI, 27

    Privato de Sufes dijo: "¿Qué puede decirse del hombre que aprueba el bautismo de los herejes, sino que comunica con los herejes?"
    A esto respondemos: No es el bautismo de los herejes lo que aprobamos en los herejes, como no es el bautismo de los avaros, ni de los traidores, ni de los engañosos, ni de los ladrones, ni de los envidiosos, lo que aprobamos en ellos; porque todos éstos son injustos, pero Cristo es justo, cuyo sacramento, existente en ellos, no violan en su esencia. De otro modo, otro podría decir: ¿Qué puede decirse del hombre que aprueba el bautismo de los injustos, sino que comunica con los injustos? Y si se dirigiese esta objeción contra la misma Iglesia Católica, se respondería como he respondido a lo anterior.

    Capítulo 28

    VI, 28

    Hortensiano de Lares dijo: "Cuántos bautismos haya, determínenlo quienes defienden o favorecen a los herejes. Nosotros afirmamos un solo bautismo de la Iglesia, el cual solo conocemos en la Iglesia. ¿O cómo pueden aquéllos bautizar a alguien en el nombre de Cristo, a quienes el mismo Cristo declara enemigos suyos?"
    Respondiendo a éste con palabras de tenor semejante, decimos: Miren por ello quienes defienden o favorecen a los injustos: nosotros reclamamos para la Iglesia, cuando podemos, el único bautismo que sabemos que es solo de la Iglesia, doquiera que se halle. ¿O cómo pueden aquéllos bautizar a alguien en el nombre de Cristo, a quienes el mismo Cristo declara enemigos suyos? Pues Él dice a todos los injustos: "Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de iniquidad" []; y, sin embargo, cuando ellos bautizan, no son ellos mismos los que bautizan, sino Aquel de quien Juan dice: "Él es el que bautiza" [].

    Capítulo 29

    VI, 29

    Casio de Macomadas dijo: "Puesto que no puede haber dos bautismos, quien concede el bautismo a los herejes se lo quita a sí mismo. Declaro, pues, mi parecer: que los herejes, esos objetos de nuestras lágrimas, esas masas de corrupción, deben ser bautizados cuando comienzan a venir a la Iglesia; y que, lavados así por el sagrado y divino lavacro e iluminados con la luz de la vida, sean recibidos en la Iglesia —como hechos ya no enemigos, sino pacíficos; no extraños, sino de la familia de la fe del Señor; no bastardos, sino hijos de Dios; participando no del error, sino de la salvación— con excepción de aquellos que, siendo creyentes transplantados de la Iglesia, se habían pasado a la herejía; y que éstos sean restaurados por la imposición de manos."
    Otro podría decir: Puesto que no puede haber dos bautismos, quien concede el bautismo a los injustos se lo quita a sí mismo. Pero aun nuestros mismos adversarios se unirían a nosotros para resistir a semejante hombre cuando dice que concedemos el bautismo a los injustos, el cual no es de los injustos, como lo es su injusticia, sino de Cristo, de quien procede la justicia, y cuyo sacramento, aun entre los injustos, no es injusto. Por tanto, lo que ellos se unirían a nosotros en decir de los injustos, díganlo a sí mismos de los herejes. Y por eso más bien debió haber dicho lo siguiente: Declaro, pues, mi parecer: que los herejes, esos objetos de nuestras lágrimas, esas masas de corrupción, no deben ser bautizados cuando comienzan a venir a la Iglesia, si ya tienen el bautismo de Cristo, sino que deben ser corregidos de su error. Pues de igual modo podemos decir de los injustos, de quienes los herejes son parte: Declaro, pues, mi parecer: que los injustos, esos objetos de nuestras lágrimas y masas de corrupción, si ya han sido bautizados, no deben ser bautizados de nuevo cuando comienzan a venir a la Iglesia, es decir, a aquella roca fuera de la cual están todos los que oyen las palabras de Cristo y no las ponen por obra; sino que, ya lavados con el sagrado y divino lavacro, y ahora además iluminados con la luz de la verdad, deben ser recibidos en la Iglesia no ya como enemigos, sino como pacíficos, porque los injustos no tienen paz; no ya como extraños, sino de la familia de la fe del Señor, porque a los injustos se les dice: "¿Cómo, pues, te me has vuelto sarmiento degenerado de vid extraña?" []; no ya como bastardos, sino como hijos de Dios, porque los injustos son hijos del diablo; participando no del error, sino de la salvación, porque la injusticia no puede salvar. Y por Iglesia entiendo aquella roca, aquella paloma, aquel huerto cerrado y fuente sellada, que se reconoce solo en el trigo, no en la paja, ya sea que ésta se halle esparcida lejos por el viento, ya parezca mezclada con el grano hasta el último aventamiento. En vano, pues, añadió Casio: "Con excepción de aquellos que, siendo creyentes transplantados de la Iglesia, se habían pasado a la herejía". Porque si aun ellos mismos habían perdido el bautismo al separarse, devuélvaseles también a ellos; pero si no lo habían perdido, reconózcase debidamente lo que fue dado por ellos.

    Capítulo 30

    VI, 30

    Otro Januario de Vicus Cæsaris dijo: "Si el error no obedece a la verdad, mucho más la verdad rehúsa asentir al error; y por eso nos mantenemos en la Iglesia en que presidimos, de modo que, reclamando para sí sola su bautismo, bautizamos a aquellos a quienes la Iglesia no ha bautizado."
    Respondemos: A los que la Iglesia bautiza, los bautiza aquella roca fuera de la cual están todos los que oyen las palabras de Cristo y no las ponen por obra. Sean, pues, bautizados de nuevo todos los que han sido bautizados por tales. Pero si esto no se hace, entonces, así como reconocemos en éstos el bautismo de Cristo, así también debemos reconocerlo en los herejes, aunque condenemos o corrijamos su injusticia y su error.

    Capítulo 31

    VI, 31

    Otro Secundino de Carpis dijo: "¿Son cristianos los herejes o no? Si son cristianos, ¿por qué no están en la Iglesia de Dios? Si no son cristianos, háganseles tales. De otro modo, ¿a qué se referirá el discurso del Señor en que dice: 'El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama'? []. De donde es claro que sobre los hijos extraños y sobre la descendencia del Anticristo no puede descender el Espíritu Santo por la sola imposición de manos, pues es claro que los herejes no tienen bautismo."
    A esto respondemos: ¿Son cristianos los injustos o no? Si son cristianos, ¿por qué no están sobre aquella roca sobre la cual está edificada la Iglesia? Porque oyen las palabras de Cristo y no las ponen por obra. Si no son cristianos, háganseles tales. De otro modo, ¿a qué se referirá el discurso de nuestro Señor, en que dice: "El que no está conmigo, contra mí está; y el que conmigo no recoge, desparrama"? Porque desparraman sus ovejas quienes las conducen a la ruina de sus vidas con una falsa imitación del Señor. De donde es claro que sobre los hijos extraños (como son llamados todos los injustos) y sobre la descendencia del Anticristo (que son todos los que se oponen a Cristo) no puede descender el Espíritu Santo por la sola imposición de manos, si no se añade una verdadera conversión del corazón; pues es claro que los injustos, mientras son injustos, pueden ciertamente tener el bautismo, pero no pueden tener la salvación de la cual el bautismo es sacramento. Porque veamos si los herejes están descritos en aquel salmo donde se usan las siguientes palabras acerca de los hijos extraños: "Líbrame, oh Señor, de la mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra es diestra de mentira; cuyos hijos son como renuevos bien arraigados, y sus hijas pulidas a semejanza del templo. Sus graneros están llenos, proveyendo toda suerte de provisión; sus ovejas son fecundas, pariendo abundantemente en sus plazas; sus bueyes son fuertes: no hay brecha en su cerca, ni abertura para salir, ni lamento en sus plazas. Los hombres tenían por dichoso al pueblo que se halla en tal estado; más bienaventurado es el pueblo cuyo Dios es el Señor". Si, pues, son hijos extraños los que ponen su dicha en las cosas temporales y en la abundancia de la prosperidad terrena, y desprecian los mandamientos del Señor, veamos si no son los mismos de quienes Cipriano habla así, aplicándolos también a sí mismo, para mostrar que habla de hombres con quienes tenía comunión en los sacramentos: "No guardando", dice, "el camino del Señor, ni observando los mandamientos celestiales que nos han sido dados para nuestra salvación. Nuestro Señor hizo la voluntad de su Padre, y nosotros no hacemos la voluntad del Señor, afanados por nuestro patrimonio y nuestras ganancias, siguiendo la soberbia", y así sucesivamente. Pero si éstos podían tener y transmitir el bautismo, ¿por qué se niega que pueda existir entre los hijos extraños, a quienes él exhorta, sin embargo, a que, guardando los mandamientos celestiales comunicados por el Hijo unigénito, merezcan ser hermanos suyos e hijos de Dios?

    Capítulo 32

    VI, 32

    Victorico de Tabraca dijo: "Si los herejes pueden bautizar y dar la remisión de los pecados, ¿por qué destruimos su crédito y los llamamos herejes?"
    ¿Qué si otro dijera: Si los injustos pueden bautizar y dar la remisión de los pecados, ¿por qué destruimos su crédito y los llamamos injustos? La respuesta que daríamos a éste acerca de los injustos puede darse también al otro acerca de los herejes; es decir, en primer lugar, que el bautismo con que bautizan no es suyo; y en segundo lugar, que no se sigue que todo el que tiene el bautismo de Cristo tenga también asegurada la remisión de sus pecados si solo lo tiene en el signo exterior, y no se convierte con verdadera conversión del corazón, de modo que quien da la remisión tenga él mismo remisión de sus pecados.

    Capítulo 33

    VI, 33

    Otro Félix de Uthina dijo: "Nadie puede dudar, santísimos hermanos en el sacerdocio, que la presunción humana no tiene tanto poder como la adorable y venerable majestad de nuestro Señor Jesucristo. Recordando, pues, el peligro, no solo debemos observar esto nosotros mismos, sino confirmarlo con nuestro consentimiento general: que todos los herejes que vienen al seno de nuestra madre la Iglesia sean bautizados, para que la mente herética, contaminada por una corrupción prolongada, sea reformada al ser limpiada por la santificación del lavacro."
    Tal vez el hombre que ha puesto la fuerza de su argumento en favor del bautismo de los herejes en la purificación de la corrupción prolongada perdonaría a quienes, habiendo caído de cabeza en alguna herejía, hubiesen permanecido en ella breve tiempo y, corregidos luego, hubiesen pasado de allí a la Iglesia Católica. Además, él mismo no ha observado que podría decirse que todas las personas injustas que vienen a aquella roca, en la cual se entiende la Iglesia, deberían ser bautizadas, para que la mente injusta, que edificaba fuera de la roca sobre la arena oyendo las palabras de Cristo y no poniéndolas por obra, pudiera ser reformada al ser limpiada por la santificación del lavacro; y sin embargo esto no se hace si ya han sido bautizados, aun cuando se pruebe que tal era su carácter cuando fueron bautizados, es decir, que "renunciaron al mundo de palabra y no de hecho".

    Capítulo 34

    VI, 34

    Quieto de Burug dijo: "Nosotros, que vivimos por la fe, debemos con creyente observancia obedecer lo que de antemano ha sido predicho para nuestra instrucción. Pues está escrito en Salomón: 'El que es lavado por un muerto, ¿de qué aprovecha su lavamiento?'. Lo cual ciertamente dice de los que son lavados por herejes y de los que lavan. Porque si quienes son bautizados entre ellos reciben la vida eterna por la remisión de sus pecados, ¿por qué vienen a la Iglesia? Pero si de un muerto no se recibe salvación, y por eso, reconociendo su antiguo error, vuelven con penitencia a la verdad, deben ser santificados con el único bautismo vivificante que está en la Iglesia Católica."
    Qué sea ser bautizado por los muertos, ya lo hemos declarado antes suficientemente, sin perjuicio de una consideración más cuidadosa de la misma Escritura. Pero yo preguntaría por qué quieren que solo los herejes sean tenidos por muertos, cuando el apóstol Pablo ha dicho en general del pecado: "La paga del pecado es muerte" []; y de nuevo: "El ocuparse de la carne es muerte" []. Y cuando dice que la viuda que vive en deleites está muerta [], ¿cómo no están muertos quienes "renuncian al mundo de palabra y no de hecho"? ¿Cuál es, pues, el provecho del lavamiento en quien es bautizado por ellos, sino, ciertamente, que si él mismo también es del mismo carácter, tiene el lavacro, pero no le aprovecha para salvación? Pero si aquel por quien es bautizado es tal, y el que es bautizado se vuelve al Señor sin corazón fingido, no es bautizado por aquel muerto, sino por aquel Viviente de quien está dicho: "Él es el que bautiza" []. Pero a lo que dice de los herejes, que si quienes son bautizados entre ellos reciben la vida eterna por la remisión de sus pecados, ¿por qué vienen a la Iglesia?, respondemos: vienen por esta razón: porque, aunque han recibido el bautismo de Cristo hasta el punto de la celebración del sacramento, no pueden alcanzar la vida eterna sino por la caridad de la unidad; así como tampoco alcanzarían la vida eterna aquellos envidiosos y maliciosos a quienes no se les perdonarían sus pecados, aun cuando solo abrigaran odio contra aquellos de quienes habían recibido agravio; pues la Verdad dijo: "Si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" []; ¿cuánto menos cuando odiaban a aquellos a quienes pagaban mal por bien? Y sin embargo estos hombres, aunque "renunciaran al mundo de palabra y no de hecho", no serían bautizados de nuevo si después fuesen corregidos, sino que serían santificados por el único bautismo viviente. Y éste ciertamente está en la Iglesia Católica, pero no en ella sola, como tampoco está solo en los santos que están edificados sobre la roca y de quienes se compone aquella única paloma. []

    Capítulo 35

    VI, 35, 68

    Casto de Sicca dijo: "El que presume seguir la costumbre con desprecio de la verdad es envidioso y está mal dispuesto hacia los hermanos a quienes la verdad es revelada, o bien es ingrato para con Dios, por cuya inspiración su Iglesia es instruida."
    68. Si este hombre probase que quienes disentían de él, y sostenían la opinión que después ha sostenido el mundo entero con la sanción de un concilio cristiano, seguían la costumbre con menosprecio de la verdad, tendríamos motivo para temer estas palabras; pero, viendo que esta costumbre se halla que tuvo su origen en la verdad y que fue confirmada por la verdad, nada tenemos que temer en este juicio. Y sin embargo, si ellos eran envidiosos o mal dispuestos hacia los hermanos, o ingratos hacia Dios, mira con qué clase de hombres estaban dispuestos a mantener la comunión; mira con qué clase de hombres, que sostenían opiniones distintas de las suyas, trataron como Cipriano les ordenó al principio, no apartándolos del derecho de comunión; mira por qué clase de hombres no fueron contaminados en la preservación de la unidad; mira cuán amable había de ser el vínculo de paz; mira qué opinión tienen quienes nos acusan fundándose en el concilio de obispos, sus predecesores, cuyo ejemplo no imitan y por cuyo ejemplo, cuando se consideran los méritos de la causa, son condenados. Si era costumbre, como atestigua este juicio, que los herejes que venían a la Iglesia fuesen recibidos con el bautismo que ya tenían, o esto se hacía rectamente, o los malos no contaminan a los buenos en la unidad. Si se hacía rectamente, ¿por qué acusan al mundo porque son recibidos así? Pero si los malos no contaminan a los buenos en la unidad, ¿cómo se defienden de la acusación de separación sacrílega?

    Capítulo 36

    VI, 36, 69–70

    69. Eucracio de Theni dijo: "Nuestro Dios y Señor Jesucristo, enseñando a los apóstoles con su propia boca, nos dejó plenamente establecida nuestra fe, y la gracia del bautismo, y la regla de la ley de la Iglesia, diciendo: 'Id, y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.' [] Por tanto, el bautismo falso e injusto de los herejes ha de ser repudiado por nosotros y contradicho con toda solemnidad de testimonio, puesto que de su boca no sale vida, sino veneno; no gracia celestial, sino blasfemia contra la Trinidad. Y así es manifiesto que los herejes que vienen a la Iglesia deben ser bautizados con el bautismo perfecto y católico, para que, purificados de la blasfemia de su presunción, sean reformados por la gracia del Espíritu Santo."
    70. Claramente, si el bautismo no está consagrado en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, debe considerarse de los herejes y ser repudiado por nosotros como injusto con toda solemnidad de testimonio; pero si discernimos en él este nombre, hacemos mejor en distinguir las palabras del evangelio del error herético, y aprobar lo que en ellas es sano, corrigiendo lo defectuoso.

    Capítulo 37

    VI, 37, 71–72

    71. Liboso de Vaga dijo: "El Señor dice en el evangelio: 'Yo soy la verdad'; [] no dijo: Yo soy la costumbre. Por tanto, cuando la verdad se manifiesta, ceda la costumbre ante la verdad; de modo que, si aun en tiempo pasado alguno no bautizaba a los herejes en la Iglesia, ahora puede comenzar a bautizarlos."
    72. Aquí en modo alguno ha tratado de probar cómo es verdad aquello a lo que dice que la costumbre debe ceder. Pero es de más importancia que nos ayuda contra los que se han separado de la unidad, confesando que la costumbre existía, que el hecho de que piense que debe ceder a una verdad que no muestra. Pues la costumbre es de tal naturaleza que, si admitía a hombres sacrílegos al altar de Cristo sin la purificación del bautismo, y no contaminaba a ninguno de los buenos que permanecían en la unidad, entonces todos los que se han separado de esa misma unidad, en la cual no podían ser contaminados por el contagio de personas malas de cualquier clase, se han separado sin razón y han cometido el manifiesto sacrilegio del cisma. Pero si todos perecían en la contaminación por aquella costumbre, ¿de qué caverna salen sin la verdad original y con toda la astucia de la calumnia? Si, en cambio, era recta la costumbre por la cual se recibía así a los herejes, abandonen su locura, confiesen su error; vengan a la Iglesia Católica, no para ser lavados de nuevo con el sacramento del bautismo, sino para ser curados de la herida de la separación.

    Capítulo 38

    VI, 38, 73–74

    73. Lucio de Thebaste dijo: "Declaro mi parecer que los herejes, y los blasfemos, y los hombres injustos, que con diversas palabras arrancan las sagradas y adorables palabras de las Escrituras, deben ser tenidos por malditos, y por tanto ser exorcizados y bautizados."
    74. Yo también pienso que han de ser tenidos por malditos, pero no que por ello deban ser exorcizados y bautizados; pues es su propia falsedad lo que tengo por maldito, pero el sacramento de Cristo es lo que venero.

    Capítulo 39

    VI, 39, 75–76

    75. Eugenio de Ammedera dijo: "También yo pronuncio este mismo parecer: que los herejes deben ser bautizados."
    76. A él respondemos: Pero no es este el parecer que pronuncia la Iglesia, a la cual también Dios ha revelado ahora en un concilio plenario el punto en que tú entonces pensabas de otro modo, [] sino que, porque en ti estaba la caridad que salva, permaneciste en la unidad.

    Capítulo 40

    VI, 40, 77–78

    77. También otro Félix de Ammacura dijo: "También yo, siguiendo la autoridad de las santas Escrituras, doy mi parecer de que los herejes deben ser bautizados, y con ellos también los que sostienen que han sido bautizados entre cismáticos. Pues si, según la advertencia de Cristo, nuestra fuente está sellada para nosotros, [] entiendan todos los enemigos de nuestra Iglesia que no puede pertenecer a otros; ni Aquel que es el Pastor de nuestro rebaño puede dar el agua para salvación a dos pueblos distintos. Y por tanto es claro que ni los herejes ni los cismáticos pueden recibir cosa celestial alguna, pues se atreven a recibirla de hombres pecadores y ajenos a la Iglesia. Cuando el que da no tiene en qué apoyarse, ciertamente tampoco el que recibe puede sacar provecho alguno."
    78. A él respondemos que las santas Escrituras en ninguna parte han mandado que los herejes bautizados entre herejes sean bautizados de nuevo, sino que en muchos lugares han mostrado que todos son ajenos a la Iglesia los que no están sobre la roca, ni pertenecen a los miembros de la paloma, y sin embargo bautizan y son bautizados y tienen el sacramento de la salvación sin salvación. Pero cómo nuestra fuente es semejante a la fuente del Paraíso, en que, como ella, brota aun fuera de los confines del Paraíso, ya ha sido suficientemente expuesto arriba; y en cuanto a que "Aquel que es el Pastor de nuestro rebaño no puede dar el agua para salvación a dos pueblos distintos", es decir, a uno que es suyo y a otro que es ajeno, convengo plenamente en admitirlo. ¿Pero se sigue de ello que, porque el agua no es para salvación, no es la misma agua? Pues el agua del diluvio fue para salvación de los que estaban dentro del arca, pero trajo muerte a los que estaban fuera, y era la misma agua. Y muchos ajenos, es decir, envidiosos, a quienes Cipriano declara y prueba por la Escritura que son del partido del diablo, parecen como estar dentro, y sin embargo, si no estuvieran fuera del arca, no perecerían por el agua. Pues a tales hombres mata el bautismo, como el buen olor de Cristo fue olor de muerte para aquellos de quienes habla el apóstol. [] ¿Por qué, pues, ni los herejes ni los cismáticos reciben cosa celestial alguna, así como las espinas o la cizaña, como aquellos que estaban fuera del arca recibieron en verdad la lluvia de las nubes del cielo, pero para destrucción, no para salvación? Y así no me tomo la molestia de refutar lo que dijo al concluir: "Cuando el que da no tiene en qué apoyarse, ciertamente tampoco el que recibe puede sacar provecho alguno", pues también nosotros decimos que no aprovecha a quienes lo reciben mientras lo reciben en la herejía, consintiendo con los herejes; y por tanto vienen a la paz y a la unidad católica, no para recibir el bautismo, sino para que lo que habían recibido comience a aprovecharles.

    Capítulo 41

    VI, 41, 79–80

    79. También otro Januario de Muzuli dijo: "Me admiro de que, reconociendo todos que hay un solo bautismo, no todos comprendan la unidad de ese mismo bautismo. Pues la Iglesia y la herejía son dos cosas distintas. Si los herejes tienen el bautismo, nosotros no lo tenemos; pero si nosotros lo tenemos, los herejes no pueden tenerlo. Pero no hay duda de que la Iglesia sola posee el bautismo de Cristo, puesto que ella sola posee tanto el favor como la verdad de Cristo."
    80. Otro podría decir igualmente, y decir con igual falta de verdad: Me admiro de que, confesando todos que hay un solo bautismo, no todos comprendan la unidad del bautismo. Pues la justicia y la injusticia son dos cosas distintas. Si los injustos tienen el bautismo, los justos no lo tienen; pero si los justos lo tienen, los injustos no pueden tenerlo. Pero no hay duda de que solo los justos poseen el bautismo de Cristo, puesto que solo ellos poseen tanto el favor como la verdad de Cristo. Esto es ciertamente falso, como ellos mismos confiesan. Pues también aquellos envidiosos que son del partido del diablo, aunque puestos dentro de la Iglesia, como nos dice Cipriano, y que eran bien conocidos del apóstol Pablo, tenían el bautismo, pero no pertenecían a los miembros de aquella paloma que está segura y abrigada sobre la roca.

    Capítulo 42

    VI, 42, 81–82

    81. Adelfio de Thasbalte dijo: "Ciertamente es sin causa que critican la verdad con términos falsos y maliciosos, diciendo que rebautizamos, pues la Iglesia no rebautiza a los herejes, sino que los bautiza."
    82. En verdad no los rebautiza, porque solo bautiza a quienes no estaban bautizados antes; y esta costumbre anterior ha sido confirmada en un concilio posterior por una más cuidadosa perfección de la verdad.

    Capítulo 43

    VI, 43, 83–84

    83. Demetrio de Leptis la Menor dijo: "Sostenemos un solo bautismo, porque reclamamos para la Iglesia Católica sola lo que es suyo. Pero los que dicen que los herejes bautizan verdadera y legítimamente son ellos mismos quienes hacen, no dos, sino muchos bautismos; pues siendo las herejías muchas en número, también los bautismos serán contados según su número."
    84. A él respondemos: Si esto fuera así, entonces se contarían tantos bautismos cuantas son las obras de la carne, de las cuales dice el apóstol "que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios"; [] entre las cuales se cuentan también las herejías; y muchas de esas mismas obras son toleradas dentro de la Iglesia como en la paja, y sin embargo hay un solo bautismo para todos ellos, que no es viciado por obra alguna de injusticia.

    Capítulo 44

    VI, 44, 85–87

    85. Vicente de Thibari dijo: "Sabemos que los herejes son peores que los paganos. Si ellos, convertidos, desean venir a Dios, tienen ciertamente una regla de verdad, que el Señor por su divino precepto encomendó a los apóstoles, diciendo: 'Id, imponed las manos en mi nombre, echad fuera demonios.' [] y en otro lugar: 'Id, y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.' [] Por tanto, primero por la imposición de manos en el exorcismo, y en segundo lugar por la regeneración en el bautismo, pueden venir a las promesas de Cristo; pero mi parecer es que de ningún otro modo debe hacerse esto."
    86. Por qué regla afirma que los herejes son peores que los paganos no lo sé, viendo que el Señor dice: "Si no escucha a la Iglesia, sea para ti como un pagano y un publicano." [] ¿Es un hereje peor aun que tal? No lo contradigo. Sin embargo, no admito que, porque el hombre mismo es peor que un pagano, es decir, que un gentil y un pagano, por eso todo lo que el sacramento contiene de Cristo se mezcle con sus vicios y su carácter, y perezca por la corrupción de tal mezcla. Pues si aun los que se apartan de la Iglesia, y se convierten no en seguidores sino en fundadores de herejías, han sido bautizados antes de su separación, siguen teniendo el bautismo, aunque, según la regla anterior, sean peores que los paganos; porque si al corregirse vuelven, no lo reciben, como ciertamente harían si lo hubieran perdido. Es, pues, posible que un hombre sea peor que un pagano, y sin embargo el sacramento de Cristo no solo esté en él, sino que no sea un ápice inferior a lo que es en un hombre santo y justo. Pues aunque en la medida de sus fuerzas no ha conservado el sacramento, sino que le ha hecho violencia en el corazón y en la voluntad, no obstante, en lo que atañe a la naturaleza propia del sacramento, ha permanecido incólume en su integridad aun en el hombre que lo despreció y rechazó. ¿No eran las gentes de Sodoma paganos, es decir, gentiles? Los judíos, pues, eran peores, a quienes el Señor dice: "Será más tolerable para la tierra de Sodoma en el día del juicio que para vosotros"; [] y a quienes el profeta dice: "Tú has justificado a Sodoma", [] es decir, en comparación contigo, Sodoma es justa. ¿Sostendremos, sin embargo, que por esta razón los santos sacramentos que existían entre los judíos participaban de la naturaleza de los judíos mismos —aquellos sacramentos que el Señor mismo también aceptó, y a los leprosos que había limpiado envió a cumplirlos, [] de los cuales, cuando Zacarías los administraba, el ángel se puso junto a él y declaró que su oración había sido oída mientras ofrecía sacrificio en el templo?—, y sin embargo esos mismos sacramentos estaban tanto en los hombres buenos de aquel tiempo como en aquellos hombres malos que eran peores que los paganos, viendo que eran antepuestos a los sodomitas en maldad, y no obstante esos sacramentos eran perfectos y santos en ambos.
    87. Pues aun si los mismos gentiles pudieran tener algo santo y recto en sus doctrinas, nuestros santos no lo condenaban, por más que los mismos gentiles hubieran de ser aborrecidos por sus supersticiones e idolatría y soberbia, y por las demás corrupciones suyas, y castigados con juicio del cielo a menos que se sometieran a la corrección. Pues cuando el apóstol Pablo decía también algo acerca de Dios ante los atenienses, adujo como prueba de lo que decía que algunos de ellos habían dicho algo en el mismo sentido, [] lo cual ciertamente no sería condenado sino reconocido en ellos si vinieran a Cristo. Y el santo Cipriano usa semejante testimonio contra los mismos paganos; pues, hablando de los magos, dice: "El principal de ellos, sin embargo, Hostanes, afirma tanto que la forma del Dios verdadero no puede verse, como que ángeles verdaderos asisten de pie junto a su trono. En lo cual también Platón conviene de modo semejante, y, sosteniendo la existencia de un solo Dios, llama a los otros ángeles o demonios. Hermes Trismegisto habla asimismo de un solo Dios, y confiesa que Él es incomprensible y está más allá de nuestra capacidad de estimarlo." Si, pues, hubieran de llegar a la percepción de la salvación en Cristo, ciertamente no se les diría: Eso que tenéis es malo o falso; sino que claramente se les diría con razón: Aunque eso en vosotros es perfecto y verdadero, sin embargo de nada aprovecharía si no vinierais a la gracia de Cristo. Si, pues, algo santo puede hallarse y aprobarse con razón en los mismos paganos, aunque la salvación que es de Cristo no haya de concedérseles aún, no debemos, aunque los herejes sean peores que ellos, movernos al deseo de corregir lo que en ellos es malo y les pertenece a sí mismos, sin estar dispuestos a reconocer lo que en ellos hay de bueno de Cristo. Pero expondremos desde un nuevo prefacio el considerar los restantes pareceres de este concilio.
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