Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
Comentario editorial · Claves del argumento
Aristides ofrece la apología cristiana más antigua sustancialmente completa: monoteísmo, creación y vida moral frente al panteón y las calumnias.
Aristides de Atenas ocupa un lugar singular en la historia de la apologética cristiana: su defensa del cristianismo, presentada al emperador Adriano (117-138 d.C.) o posiblemente a Antonino Pío (138-161 d.C.), representa el primer intento sistemático conservado de exponer la racionalidad de la fe cristiana ante el poder imperial romano. Filósofo ateniense convertido al cristianismo, Aristides articula una apología que, sin recurrir a milagros ni profecías, defiende la superioridad del monoteísmo cristiano mediante un análisis comparativo de las concepciones religiosas de su época.
La Apología de Aristides es notable por tres razones fundamentales: primero, como el testimonio apologético más antiguo conservado en forma sustancialmente completa; segundo, por su método filosófico que parte de la contemplación del cosmos para llegar al conocimiento de Dios; y tercero, por su descripción etnográfica de la vida cristiana primitiva que ofrece una ventana única al ethos comunitario del siglo II.
Durante más de mil años, la Apología de Aristides fue conocida solo por referencias en Eusebio de Cesarea y Jerónimo, quienes la mencionaban como obra existente y ampliamente circulada entre los cristianos del siglo IV. Eusebio (Historia Eclesiástica IV.3) la sitúa en el reinado de Adriano, mientras que Jerónimo (De viris illustribus, XX) la describe como contextum philosophorum sententiis y afirma que fue posteriormente imitada por Justino Mártir.
El redescubrimiento de esta obra perdida constituye una de las historias más fascinantes de la investigación patrística moderna, involucrando tres descubrimientos independientes en tres idiomas diferentes:
1878 - El Fragmento Armenio: Los monjes mekhitaristas de San Lazzaro en Venecia publicaron una traducción latina de un fragmento armenio que contenía los párrafos iniciales de la Apología. Este descubrimiento confirmó la existencia histórica de la obra, pero su brevedad dejaba muchas preguntas sin respuesta sobre el contenido completo del documento.
1889 - La Versión Siríaca Completa: El profesor J. Rendel Harris de Cambridge realizó el descubrimiento más importante durante una expedición al Monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí. Entre una colección de tratados éticos siríacos del siglo VII, Harris identificó una versión siríaca completa de la Apología. Este hallazgo revolucionó el estudio de la literatura apologética primitiva al proporcionar por primera vez el texto íntegro de la defensa más antigua del cristianismo.
1891 - El Texto Griego Original: Poco después del descubrimiento de Harris, el profesor J. Armitage Robinson hizo un hallazgo extraordinario: al leer la traducción inglesa de la versión siríaca, reconoció el texto en la popular novela cristiana medieval "Vida de Barlaam y Josafat", atribuida a Juan Damasceno. La Apología había sobrevivido en griego, incorporada como el discurso del monje ficticio Nachor ante la corte del rey Abenner. Así, un texto del siglo II había circulado durante mil años en casi veinte idiomas europeos, asiáticos y africanos, disfrazado como parte de una novela hagiográfica que, irónicamente, era la vida de Buda adaptada al cristianismo.
La datación precisa de la Apología ha sido debatida desde la antigüedad. Eusebio la atribuye al reinado de Adriano (117-138), específicamente mencionando que fue presentada junto con la apología de Cuadrato. La Crónica Siríaca y la versión armenia apoyan esta datación temprana, situándola hacia 124-125 d.C., lo que la convertiría en la primera apología cristiana conservada.
Sin embargo, el texto griego recuperado de Barlaam y Josafat incluye una referencia a Antínoo, el favorito del emperador Adriano que fue divinizado tras su muerte en 130 d.C. Esta mención ha llevado a algunos estudiosos a fechar la obra hacia 130-134 d.C. Una tradición alternativa, menos documentada, la sitúa en el reinado de Antonino Pío (138-161).
La referencia a Antínoo en el texto griego plantea un dilema cronológico fascinante. Justino Mártir, escribiendo hacia 150-155 d.C., menciona explícitamente a Antínoo como ejemplo de la facilidad con que los paganos divinizaban a mortales recientes, diciendo: "No os avergonzáis de venerar como dios a Antínoo, a quien todos sabéis quién era y de dónde vino" (citado por Eusebio, HE IV.8).
Esta referencia en Aristides podría ser: (1) una adición posterior al texto original, realizada cuando la Apología fue copiada o revisada después de 130; (2) evidencia de que la obra fue realmente compuesta después de la muerte de Antínoo, lo que situaría su composición entre 130-138 bajo Adriano, o incluso más tarde bajo Antonino Pío; (3) una interpolación del autor de Barlaam y Josafat al incorporar el texto en su novela.
La mayoría de los estudiosos contemporáneos favorecen una datación temprana (c. 125) para la composición original, considerando la mención de Antínoo como una actualización posterior. Esta posición se basa en el testimonio concordante de Eusebio, la Crónica Siríaca y el fragmento armenio, todos los cuales sitúan la obra en el período temprano de Adriano.
Sobre la persona de Aristides sabemos poco más allá de lo que el texto mismo revela. Tanto el encabezamiento siríaco como la tradición patrística lo identifican como "Aristides, filósofo ateniense". Este título no es meramente honorífico: el método argumentativo de la Apología evidencia una mente entrenada en la filosofía griega, particularmente en la tradición platónica y estoica que dominaba el pensamiento ateniense del siglo II.
El apelativo "filósofo" (philosophus) en el contexto del siglo II indicaba no solo competencia intelectual sino un modo de vida. Los filósofos de este período, especialmente los platónicos medios y los estoicos, se distinguían por su vestimenta característica (el tribón o manto filosófico) y por su dedicación a la vida contemplativa. La conversión de Aristides al cristianismo representa un fenómeno que se volvería cada vez más común: el filósofo pagano que encuentra en el cristianismo la realización de los ideales filosóficos que había buscado.
La tradición posterior, especialmente en las versiones siríaca y armenia, añade el título de "confesor" a Aristides, sugiriendo que sufrió persecución por su fe. Sin embargo, no tenemos evidencia histórica independiente de martirio o confesión, y este título puede reflejar la tendencia hagiográfica posterior de atribuir martirio a las figuras venerables del cristianismo primitivo.
La Apología de Aristides sigue una estructura clara y sistemática que revela su formación filosófica:
1. Proposición teológica fundamental (Capítulo I): Aristides comienza con un argumento cosmológico por la existencia de Dios, derivado de la observación del orden del universo. Este método filosófico, que parte de la contemplación de la naturaleza (theoria physikē), era familiar tanto a platónicos como a estoicos.
2. Clasificación antropológica (Capítulo II): La humanidad se divide en cuatro razas o géneros: bárbaros (caldeos), griegos, judíos y cristianos. Esta división cuatripartita, ausente en el texto griego que fusiona a caldeos y bárbaros en tres razas, probablemente representa la forma original siríaca, reflejando la perspectiva de un cristiano oriental.
3. Refutación sistemática (Capítulos III-XIII):
- Caldeos/Bárbaros (III-VII): Culto a los elementos naturales
- Griegos (VIII-XIII): Mitología antropomórfica y sus inmoralidades
- Egipcios (XII): Zoolatría
- Judíos (XIV): Legalismo que confunde medio con fin
4. Exposición positiva del cristianismo (Capítulos XV-XVII): La sección culminante presenta no solo la teología cristiana sino, crucialmente, la praxis comunitaria que valida esa teología.
A diferencia de apologistas posteriores como Justino o Tertuliano, Aristides no apela a profecías cumplidas, milagros o la antigüedad de las Escrituras hebreas. Su argumento es puramente filosófico y etnográfico. Desde la contemplación del cosmos ordenado, infiere la existencia de un Dios único, inmutable, perfecto e incorpóreo. Luego examina cómo diferentes pueblos han concebido lo divino, mostrando las inconsistencias internas de cada sistema religioso.
Este método refleja el ideal filosófico del logos universal accesible mediante la razón natural. Aristides asume que su audiencia imperial, educada en filosofía, puede reconocer la verdad mediante el análisis racional. No es casualidad que su tratamiento de los dioses griegos se centre en las inconsistencias morales y lógicas de la mitología, usando el mismo tipo de crítica que filósofos como Jenófanes, Platón y los estoicos habían empleado siglos antes.
La originalidad de Aristides no radica en sus críticas al paganismo, que eran lugares comunes en la filosofía grecorromana, sino en su presentación del cristianismo como la culminación racional de la búsqueda filosófica de Dios y de la vida virtuosa.
La presente traducción se basa principalmente en la versión siríaca, que preserva el texto más completo, complementada con el texto griego recuperado de la "Vida de Barlaam y Josafat" para pasajes donde la comparación es iluminadora. Cabe aclarar que el autor de este artículo no conoce siríaco ni armenio, por lo que todo el análisis y uso de estas versiones depende de los comentarios y notas de J. Armitage Robinson sobre las relaciones entre las tres versiones (griega, siríaca y armenia), que informan todo el trabajo traductivo.
Principios traductivos adoptados:
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Fidelidad al siríaco como texto base: Aunque el griego representa el original, la versión siríaca es más completa y coherente, especialmente en la clasificación cuatripartita de la humanidad.
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Literalidad equilibrada: Se busca reproducir el tono elevado pero accesible del original, evitando tanto el arcaísmo artificial como la excesiva coloquialización.
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Términos técnicos: Palabras clave como "naturaleza" (physis), "esencia" (ousia), "providencia" (pronoia) se mantienen con su carga conceptual filosófica.
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Variantes significativas: Cuando las versiones griega y siríaca divergen sustancialmente, se señala en notas, permitiendo al lector apreciar el proceso de transmisión textual.
Los títulos de los capítulos son del editor. El comentario, muy extenso en esta edición, aparece plegado después de cada capítulo; los estudios más largos se rotulan como excursos.
La compleja historia de transmisión de la Apología plantea preguntas metodológicas importantes sobre cuál versión representa más fielmente el texto original de Aristides:
El Fragmento Armenio: Aunque breve, el texto armenio es valioso porque concuerda sustancialmente con el siríaco en la apertura de la obra, confirmando elementos ausentes en el griego. Sin embargo, muestra la tendencia del traductor armenio a añadir frases teológicas elaboradas, como referencias explícitas a la Trinidad, que reflejan desarrollos doctrinales posteriores.
La Versión Siríaca: Es la más completa, preservando la estructura cuatripartita original y secciones ausentes en el griego. El manuscrito siríaco (S) del siglo VII muestra signos de ser traducción directa del griego, no una adaptación libre. Sin embargo, el traductor siríaco ocasionalmente simplifica pasajes oscuros o añade breves expansiones explicativas.
El Texto Griego (de Barlaam y Josafat): Representa el original idiomático de Aristides, pero ha sido editado para su incorporación en la novela bizantina. Las principales modificaciones incluyen: (1) reducción de cuatro a tres razas humanas, fusionando caldeos y bárbaros; (2) abreviación de la descripción de las prácticas cristianas al final; (3) adición de la referencia a Antínoo; (4) ajustes menores de vocabulario para actualizar expresiones arcaicas.
La estrategia más prudente es utilizar el siríaco como texto base, verificando con el griego en pasajes paralelos y señalando divergencias significativas. Esta aproximación ecléctica permite reconstruir con alta probabilidad el contenido original de Aristides.
El análisis comparativo revela conexiones intrigantes entre Aristides y otros textos del siglo II:
La Carta a Diogneto (anónima, c. 130-200) comparte con Aristides el énfasis en la superioridad moral de la vida cristiana y el argumento de que los cristianos son al mundo lo que el alma es al cuerpo. Ambos textos evitan el apologetismo defensivo para adoptar un tono de serena superioridad intelectual.
Justino Mártir (c. 150-155) emplea argumentos sorprendentemente similares en su Primera Apología, especialmente en la crítica de la divinización de Antínoo y en la descripción etnográfica de las costumbres cristianas. Jerónimo afirmaba que Justino imitó a Aristides, aunque la relación literaria directa es difícil de establecer con certeza. Más probable es que ambos extraigan de un acervo común de argumentos apologéticos ya en circulación en las escuelas cristianas del siglo II.
El Kerygma Petri (Predicación de Pedro), conocido solo por fragmentos en Clemente de Alejandría, presenta una clasificación tripartita de la humanidad (griegos, judíos, cristianos) y emplea lenguaje muy similar al de Aristides en su descripción de Dios como "invisible pero que todo lo ve" y en su rechazo del culto a elementos creados.
Estos paralelos sugieren que Aristides no escribía en aislamiento sino que participaba en una tradición apologética ya establecida, con temas y argumentos comunes que circulaban en círculos cristianos educados. Su contribución específica fue sistematizar estos elementos en una presentación coherente dirigida al más alto nivel del poder imperial.
Título
La apología que el filósofo Aristides pronunció ante el rey Adriano sobre el culto a Dios.
[Al Emperador] César Tito Adriano Antonino Augusto Pío, de parte de Marciano Aristides, un filósofo de Atenas.
Comentario editorial · Por qué la obra tiene dos títulos
La presencia de dos títulos sucesivos es inusual. El primero ("ante el rey Adriano") refleja la tradición eusebiana; el segundo, más detallado, introduce el nombre completo del apologista (Marciano Aristides) y especifica los títulos imperiales de Antonino Pío. Este desdoblamiento puede indicar que el manuscrito siríaco se copió de un original griego que había sido actualizado o re-titulado en una fase temprana de transmisión. El hecho de que el armenio concuerde con el primer título sugiere que ambos derivan de una recensión griega anterior a la incorporación del segundo título. La autopresentación como "filósofo de Atenas" no es mera cortesía: en el siglo II, los filósofos gozaban de cierto estatus social y podían dirigirse a emperadores filohelenos como Adriano y Antonino. Justino Mártir adoptó la misma estrategia, vistiendo el pallium (manto) filosófico incluso después de su conversión.
Cap. 1
Yo, oh rey, por la gracia de Dios vine a este mundo; y habiendo contemplado los cielos y la tierra y los mares, y observado el sol y el resto de la creación ordenada, me asombré ante la disposición del mundo; y comprendí que el mundo y todo lo que en él hay se mueven por el impulso de otro, y entendí que el que los mueve es Dios, quien está oculto en ellos y velado de ellos: y es bien sabido que lo que mueve es más poderoso que lo que es movido.
E investigar acerca de este Motor de todo, sobre cómo existe —pues esto me es evidente, que es incomprensible en su naturaleza— y disputar sobre la firmeza de su gobierno para comprenderlo plenamente, no me es provechoso; pues nadie puede comprenderlo perfectamente. Pero digo acerca del Motor del mundo, que es el Dios de todo, quien hizo todo por causa del hombre; y me es evidente que esto es conveniente: que uno debe temer a Dios y no agraviar al hombre.
Digo ahora que Dios no es engendrado, no hecho; una naturaleza constante, sin principio y sin fin; inmortal, completo e incomprensible: y al decir que es completo, quiero decir esto; que no hay deficiencia en Él, y no necesita de nada, sino que todo necesita de Él: y al decir que es sin principio, quiero decir esto; que todo lo que tiene un principio tiene también un fin; y lo que tiene un fin es disoluble. No tiene nombre; pues todo lo que tiene nombre está asociado con lo creado; no tiene semejanza, ni composición de miembros; pues quien posee esto está asociado con las cosas modeladas. No es masculino ni femenino: los cielos no lo contienen; pero los cielos y todas las cosas visibles e invisibles están contenidas en Él. No tiene adversario; pues no hay nadie más poderoso que Él; no posee ira ni cólera, pues no hay nada que pueda oponérsele. El error y el olvido no están en su naturaleza, pues es enteramente sabiduría y entendimiento, y en Él consiste todo lo que consiste. No pide sacrificio ni libación, ni ninguna de las cosas visibles; no pide nada a nadie; sino que todos le piden a Él.
Comentario editorial · Conocer a Dios por la creación
Este proemio establece el fundamento epistemológico de toda la apología: el conocimiento de Dios (gnosis theou) se alcanza mediante la contemplación racional del cosmos ordenado (kosmos diakekosmeménos). Este no es un mero lugar común retórico. Aristides se inscribe en una tradición que va desde el argumento del Primum Mobile aristotélico hasta el Demiurgo platónico del Timeo (28c), pasando por la teología estoica del Logos rector. La versión armenia preserva una cita casi literal del Timeo: "Eum autem qui rector atque creator est omnium, investigare perdifficile" (τὸν μὲν οὖν ποιητὴν καὶ πατέρα τοῦδε τοῦ παντὸς εὑρεῖν τε ἔργον). Esta alusión platónica no es casual: los apologistas cristianos del siglo II (especialmente los alejandrinos) veían en Platón un precursor de la teología monoteísta. Sin embargo, Aristides subvierte el pesimismo gnoseológico platónico: para Platón, conocer al Hacedor es "difícil" (érgon) y comunicarlo a todos "imposible" (adýnaton); para Aristides, aunque la esencia divina sea incomprensible (akatáleptos), su existencia y gobierno providencial son evidentes (phanerón) mediante el argumento a contingentia mundi. Este giro es específicamente cristiano: la Providencia no es un principio impersonal (como el Logos estoico), sino un Dios personal que "hizo todas las cosas por causa del hombre" (di' ánthrōpon). Esta teleología antropocéntrica será el núcleo de su crítica al paganismo en los capítulos subsiguientes.
Comentario editorial · «Lo que mueve es más poderoso»: el trasfondo aristotélico
La premisa "lo que mueve es más poderoso que lo que es movido" (to kinoun kratioteron tou kinoumenou) es un axioma básico de la física aristotélica, formulado en Física VII-VIII y Metafísica XII. Para Aristóteles, la cadena causal de movimientos exige un Primer Motor Inmóvil (prōton kinoun akineton) que mueva sin ser movido, pues de lo contrario se caería en regresión infinita. Los estoicos adaptaron este principio a su monismo materialista: el Logos es el "fuego artífice" (pyr technikón) que ordena la materia desde dentro. Los apologistas cristianos, en cambio, reinterpretan el Motor Inmóvil como el Dios creador trascendente (no inmanente como en el estoicismo) que gobierna el cosmos desde fuera (extra mundum).
Nótese que Aristides añade una peculiaridad: Dios está "oculto en ellos y velado de ellos" (kekryptos en autois kai kekryptos ap' autōn). Esta frase paradójica refleja la tensión entre inmanencia (Dios presente en la creación como causa eficiente) y trascendencia (Dios velado a la percepción sensible). Es un eco de , donde Pablo afirma que lo invisible de Dios se comprende por lo visible de la creación. Sin embargo, Aristides va más allá: el paganismo erra precisamente porque adora lo visible (los elementos) en lugar del Motor invisible. Esta será la estructura de su refutación en los capítulos III–VI.
Comentario editorial · Un Dios incomprensible que lo hizo todo para el hombre
Aquí convergen dos tradiciones. Por un lado, la teología apofática o negativa, que define a Dios por lo que no es (via negationis). Aristides afirma la incomprensibilidad de la esencia divina (akatáleptos tē phýsei), un tema que será desarrollado por los Capadocios en el siglo IV pero que ya está presente en Filón de Alejandría y en el platonismo medio. La versión siríaca incluye una frase ausente en el griego: "que uno debe temer a Dios y no agraviar al hombre", que parece un eco de ("hacer justicia, amar misericordia, caminar humildemente con tu Dios"). Esta inserción ético-religiosa es típica de la mentalidad semítica, donde el conocimiento de Dios (da'at Elohim) no es especulativo sino práctico: conocer a Dios implica obedecerlo en el trato con el prójimo. Por otro lado, la afirmación de que "Dios hizo todas las cosas por causa del hombre" (di' ánthrōpon) es una provocación directa a la filosofía epicúrea, que negaba toda providencia especial. Celso (en su Alēthḗs Lógos, c. 178 d.C.) ridiculizará precisamente este antropocentrismo cristiano comparándolo con las "ranas en su charca" que creen que el universo fue hecho para ellas. Aristides, sin embargo, se sitúa en la línea de Justino Mártir (Apología I, 10) y la Epístola a Diogneto (10), que afirman la centralidad del hombre en el plan cósmico divino como preparación para la Encarnación.
Comentario editorial · Los atributos negativos de Dios
Lo que sigue es un catálogo de negaciones que buscan trascender las limitaciones del lenguaje humano para aproximarse a la realidad divina. Este método, que tendrá su culminación en el De Mystica Theologia del Pseudo-Dionisio Areopagita (s. VI), ya está operativo en Aristides. Cada negación desmantela una categoría filosófica:
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"No engendrado, no hecho" (agénētos, apoíētos): Rechaza tanto el generacionismo mitológico (los dioses nacen unos de otros, como en la Teogonía de Hesíodo) como el demiurgismo platónico subordinado (el Demiurgo es inferior al Uno). Dios no es producto de nada anterior.
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"Sin principio y sin fin" (ánarchos, atéleutētos): Refuta la cosmología estoica cíclica, que postulaba la destrucción periódica del cosmos por conflagración (ekpýrōsis) seguida de regeneración (palingénesis). El Dios cristiano es eterno a parte ante y a parte post.
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"Inmortal" (athánatos): Contra los dioses olímpicos que, siendo inmortales en el sentido de longevidad, son engendrados y por tanto post la generación. La inmortalidad cristiana es aseidad: Dios existe por sí mismo (a se).
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"Completo e incomprensible" (téleios, akatáleptos): Téleios es un término técnico estoico que significa "perfecto" en el sentido de no requerir nada externo para su actualización (autárkeia). Aristides lo glosa: "no hay deficiencia en Él, y no necesita de nada, sino que todo necesita de Él". Esto es una refutación anticipada de la teodicea sacrificial pagana: si Dios no necesita nada, ¿para qué sacrificios? (véase cap. XIII).
Comentario editorial · Ilustración: el cosmos ordenado

Comentario editorial · Un Dios sin nombre
La afirmación "No tiene nombre" (ouk échei ónoma) es central en la teología apofática. En el mundo antiguo, conocer el nombre de un dios significaba poder invocarlo, obligarlo o manipularlo (magia teúrgica). El Dios judeo-cristiano, en cambio, trasciende toda nominación humana. Filón de Alejandría desarrolló este tema extensamente: los "nombres" de Dios en las Escrituras (Elohim, YHWH, Adonai) son "poderes" (dynámeis) o aspectos relacionales, no designaciones de su esencia inefable. La glosa de Aristides es precisa: "todo lo que tiene nombre está asociado con lo creado" (pân tò ónom échon sýnestin têi ktísei). Esto refuta la teología mitológica, donde los nombres divinos (Zeus, Hera, etc.) son etiquetas de personajes con biografías, genealogías y pasiones. El Dios cristiano es trans-nominal: ni siquiera "Dios" (Theós) es su nombre propio, sino una denominación funcional que indica su relación con la creación como soberano absoluto.
La referencia a "composición de miembros" (sýnthesis melōn) es una alusión a , donde Pablo critica a quienes "cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles". La versión armenia aquí añade: "Ei neque colores sunt neque forma" (οὔτε χρῶμα ἔχων, οὔτε σχῆμα), que probablemente traduce el griego original perdido. Esto sitúa a Aristides en polémica directa con la teología antropomórfica de Homero y Hesíodo, ya criticada por Jenófanes de Colofón (s. VI a.C.): "Si los bueyes y caballos tuvieran manos [...] los caballos pintarían dioses con forma de caballo, y los bueyes con forma de buey" (DK 21 B 15).
Comentario editorial · «Los cielos no lo contienen»
Esta frase (ouk emperiéchei autón ho ouranós) es una reminiscencia de la oración de Salomón en la dedicación del Templo: "He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerte; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" (). La paradoja de la trascendencia-inmanencia divina (Dios no es contenido por el espacio, sino que contiene todo el espacio) era un topos común en el judaísmo helenístico. Filón lo expresaba con la fórmula "Dios es el lugar del mundo, pero el mundo no es el lugar de Dios" (paráfrasis de Leg. All. I, 44). Este concepto se convertirá en la base de la doctrina cristiana de la omnipresencia divina (ubiquitas Dei), que difiere radicalmente de la localización espacial de los dioses paganos (el Olimpo para los griegos, el templum para los romanos). Los apologistas usarán este argumento para desacralizar los templos paganos: si Dios no habita en construcciones humanas (), ¿para qué sirven los naoi (santuarios)?
Cap. 2
Puesto que, pues, os hemos hablado acerca de Dios, hasta donde nuestra mente fue capaz de discurrir sobre Él, vengamos ahora a la raza de los hombres, para que sepamos cuáles de ellos sostienen alguna parte de esa verdad que hemos hablado acerca de Él, y cuáles de ellos están en el error.
Es claro para ti, oh rey, que hay cuatro razas de hombres en este mundo: Bárbaros y Griegos, Judíos y Cristianos.
Ahora bien, los Bárbaros atribuyen el origen de su religión a Cronos y a Rea y al resto de sus dioses; pero los Griegos a Heleno, de quien se dice que procede de Zeus; y de Heleno nacieron Eolo y Xuto, y el resto de la familia de Ínaco y Foroneo, y por último de Dánao el egipcio y de Cadmo y de Dioniso.
Además, los Judíos atribuyen el origen de su raza a Abraham, quien engendró a Isaac, de quien nació Jacob, quien engendró a doce hijos que se trasladaron de Siria y se establecieron en Egipto, y allí fueron llamados la raza de los Hebreos por su legislador; pero finalmente fueron llamados Judíos.
Los Cristianos, entonces, atribuyen el comienzo de su religión a Jesucristo, quien es llamado el Hijo de Dios Altísimo; y se dice que Dios descendió del cielo, y de una virgen hebrea tomó y se vistió de carne, y en una hija de hombre habitó el Hijo de Dios. Esto se enseña en aquel Evangelio que hace poco fue proclamado entre ellos; en el cual, si también vosotros leéis, comprenderéis el poder que hay en él. Este Jesús, entonces, nació de la tribu de los Hebreos; y tuvo doce discípulos, para que se cumpliera un cierto designio suyo. Fue traspasado por los Judíos; y murió y fue sepultado; y dicen que después de tres días resucitó y ascendió al cielo; y entonces estos doce discípulos salieron a las partes conocidas del mundo, y enseñaron acerca de su grandeza con toda humildad y sobriedad; y por esta razón, aquellos que hoy creen en esta predicación son llamados Cristianos, quienes son bien conocidos.
Hay, pues, cuatro razas de la humanidad, como dije antes, Bárbaros y Griegos, Judíos y Cristianos.
A Dios, entonces, sirve el viento, y a los ángeles el fuego; pero a los demonios el agua, y a los hombres la tierra.
Comentario editorial · ¿Cuatro razas o tres? El problema textual
La versión siríaca y la armenia presentan una división de la humanidad en cuatro razas (génē): Bárbaros, Griegos, Judíos y Cristianos. Sin embargo, la versión griega de Barlaam y Josafat ofrece una división triple: adoradores de falsos dioses (subdivididos en Caldeos, Griegos y Egipcios), Judíos y Cristianos. Esta discrepancia no es trivial para la crítica textual. J.A. Robinson argumenta que el esquema triple es original, basándose en el Kerigma de Pedro (fragmento preservado en Clemente de Alejandría, Stromata VI, 39), que habla explícitamente de tría génē: "Nosotros, que adoramos a Dios de un modo nuevo, somos el tercer género (tríton génos), después de los griegos y los judíos". Este concepto del cristianismo como "tercera raza" (tertium genus) será fundamental en la autocomprensión cristiana del siglo II–III, diferenciándose tanto del paganismo como del judaísmo. La división cuatripartita de la siríaca puede ser una adaptación posterior, ya que para la mentalidad griega del siglo II, los "Bárbaros" (bárbaroi) incluían a todos los no griegos, entre ellos los judíos (véase Orígenes, Contra Celso I, 2: "los judíos son bárbaros"). Por tanto, separar "Bárbaros" de "Judíos" es antinatural desde un punto de vista helenístico. La unificación de Bárbaros y Griegos bajo la categoría "paganos" en el griego parece más coherente con el pensamiento del siglo II. Sin embargo, la versión siríaca pudo haber sido influida por una tradición que consideraba a los "Bárbaros" (caldeos, frigios, egipcios) como los maestros (didaskaloi) del error para el resto del mundo, y por tanto merecedores de mención aparte.
Buscando mantenernos fieles a la versión siríaca nos mantendremos con la opción cuatripartita.
Comentario editorial · El origen extranjero de los héroes griegos
La enumeración de Aristides no es casual: subraya el origen extranjero de figuras clave del helenismo. Dánao, según Heródoto (II, 91), era un "pelasgianio" (pre-griego) que llegó de Egipto y se estableció en Argos. Cadmo, hermano de Europa, era fenicio de Tiro (Heródoto II, 49; Eurípides, Bacantes 171; Ovidio, Metamorfosis IV, 571), y fue quien supuestamente introdujo el alfabeto en Grecia. Dioniso, aunque adorado como "el más griego de los dioses" según Nietzsche, tenía un culto de origen tracio o frigio. La estrategia apologética es clara: si incluso los "fundadores" de la religión griega son importados, ¿qué credibilidad tiene el helenismo como sistema autóctono? Esto invierte la acusación pagana de que el cristianismo es una "novedad" (kainótēs) extranjera: el paganismo mismo es un sincretismo de cultos orientales helenizados.
La versión armenia especifica: "Danaus el egipcio y Cadmo el sidoniano y Dioniso el tebano". Esto añade precisión geográfica y refuerza el argumento de la heterogeneidad del panteón. La mención de Cadmo "el sidoniano" (fenicio) es especialmente aguda: Fenicia era vista en el mundo grecorromano como cuna de supersticiones orientales y prácticas "bárbaras" como el sacrificio humano. Al vincular a Cadmo (introductor de la escritura) con Sidón, Aristides insinúa que la "sabiduría griega" tiene raíces en tradiciones que los propios griegos consideraban inferiores.
Comentario editorial · La genealogía de Abraham
La genealogía abrahámica es presentada con gran economía verbal, casi como un dato neutro. Sin embargo, en el contexto apologético del siglo II, mencionar a Abraham como fundador (archēgétēs) de la "raza judía" (génos Ioudaikón) tenía implicaciones polémicas. Pablo de Tarso había argumentado en Romanos 4 y Gálatas 3 que los cristianos son los "verdaderos hijos de Abraham" según la fe, no según la carne. Aristides no desarrolla esta polémica aquí, pero su inclusión de los judíos como una "raza" aparte (y no como meros "bárbaros equivocados") sugiere un reconocimiento de su estatus especial en la historia de la salvación (Heilsgeschichte). El término "Hebreos" (Hebraîoi) se dice que proviene de "su legislador" (Moisés), aunque etimológicamente se relaciona con 'eber (el otro lado del río, i.e., del Éufrates). La transición de "Hebreos" a "Judíos" (Ioudaîoi) marca el paso de la identidad tribal-nacional (las doce tribus) a la identidad político-religiosa centrada en Judá después del exilio babilónico. Aristides es consciente de que el judaísmo rabínico de su tiempo ya no es el de los patriarcas: es un sistema legal codificado (halakhah) cuya observancia ritualista será criticada en el cap. XIV.
Comentario editorial · Excurso: la cristología de Aristides
Este párrafo es uno de los testimonios cristológicos más tempranos fuera del Nuevo Testamento. Varios elementos merecen análisis detallado:
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"Hijo de Dios Altísimo" (Hyiós tou Theoû toû Hypsístou): Esta fórmula triádica (artículo + sustantivo + genitivo articular) enfatiza la filiación divina de Cristo. El título Hypsistos ("Altísimo") tiene raíces en la LXX (, Melquisedec como sacerdote del El Elyon) y era usado en la apologética judeo-helenística para traducir YHWH en contextos paganos, evitando el tetragrammaton. Aristides, al usarlo, señala que el Dios de Israel y el Padre de Cristo son el mismo.
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"Dios descendió del cielo" (katébē ek toû ouranoû): Esta formulación es sorprendentemente directa y podría interpretarse como sabelianismo (modalismo) si se lee aisladamente. Sin embargo, el contexto inmediato corrige: "y en una hija de hombre habitó el Hijo de Dios". El verbo katakoeinéō ("habitar", "residir") evoca : "el Verbo se hizo carne y habitó (eskḗnōsen, lit. 'tabernaculizó') entre nosotros". La dualidad "Dios descendió" / "el Hijo habitó" refleja la tensión prenicena de articular la relación Padre-Hijo sin caer ni en subordinacionismo (el Hijo como criatura) ni en modalismo (Padre e Hijo como máscaras del mismo Dios).
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"De una virgen hebrea tomó y se vistió de carne" (ek parthénou Hebraías élaben kaì periebáleto sárka): El verbo peribállō ("vestirse", "ponerse encima") será criticado posteriormente por las corrientes anti-docéticas, ya que podría sugerir que la carne es un "ropaje" externo que el Logos asumió temporalmente. Sin embargo, en el siglo II esta metáfora vestimentaria era común (cf. Ignacio de Antioquía, A los Esmirniotas 1:1: "verdaderamente nacido de una virgen, ... verdaderamente clavado en la carne por nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el tetrarca "). La especificación "hebrea" (Hebraías) es significativa: no aparece en los credos posteriores (que dirán simplemente "de la virgen María"). Aristides enfatiza la continuidad histórico-salvífica entre Israel y la Iglesia: el Mesías nace dentro del pueblo elegido, no al margen de él.
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"Fue traspasado por los Judíos" (etrýpē hypo tōn Ioudaíōn, siríaco: esthqal men yehudayē): Esta fórmula no aparece en ningún credo posterior, donde se dirá "padeció bajo Poncio Pilato" (pathónta epi Pontíou Pilátou). Sin embargo, es común en textos del siglo II:
- Melito de Sardes, Peri Pascha: "Dios fue asesinado por mano israelita" (frg. en Eusebio).
- Actas de Juan (apócrifas): "Quien fue crucificado por los judíos en Jerusalén".
- Kerigma de Pedro (frg.): "Los judíos no lo conocieron y lo crucificaron".
Esta atribución de responsabilidad refleja la polémica antijudía temprana, exacerbada tras la revuelta de Bar Kokhba (132–135 d.C.) y la destrucción definitiva de Jerusalén. Teológicamente, la fórmula subraya que la muerte de Cristo no fue un accidente político (como podría interpretarse con "bajo Pilato"), sino el cumplimiento de un rechazo profético (cf. : "a este Jesús [...] vosotros lo matasteis"). Con todo, es importante notar que Aristides no desarrolla una diatriba antijudía; su crítica en el cap. XIV será mesurada y se centrará en la ritualística, no en acusaciones de deicidio.
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"Tuvo doce discípulos, para que se cumpliera un cierto designio suyo" (kathá tina oikonomían autoû): El término oikonomía es técnico en la teología del siglo II y significa "plan salvífico" o "dispensación divina". Originalmente significaba "administración de una casa" (oîkos), pero Pablo lo elevó a categoría teológica en y (oikonomía toû mystēríou, "el plan del misterio [oculto desde las edades]"). Para los Padres del siglo II, la oikonomía designa especialmente el plan de la Encarnación y la Redención como actos históricos de Dios ad extra. La elección de doce apóstoles no es fortuita: reconstituye simbólicamente las doce tribus de Israel, señalando que la Iglesia es el nuevo Israel escatológico. Justino Mártir desarrollará esta tipología en su Diálogo con Trifón (cap. 106): "Cristo eligió doce apóstoles [...] como doce fueron los hijos de Jacob".
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"Aquel Evangelio que hace poco fue proclamado entre ellos" (to euangélion to prò mikroû keyrychthén en autoîs): Esta es una referencia explícita a un Evangelio escrito (graphḗ euangelikḗ), no simplemente a la predicación oral (kerygma). El adjetivo "hace poco" (prò mikroû) es relativo: para un apologista escribiendo c. 140–147 d.C., un texto redactado c. 80–100 d.C. (como el Evangelio de Juan o Mateo en su forma final) sería relativamente reciente. La expresión "si también vosotros leéis" (eàn entýchēte) es una invitación audaz al emperador a examinar la literatura cristiana. Esto presupone:
- Que circulaban copias de los Evangelios fuera de las comunidades cristianas (de lo contrario, ¿cómo accedería el emperador?).
- Que los apologistas confiaban en la fuerza persuasiva del texto mismo, sin mediación interpretativa (contrasta con la actitud rabínica, donde la Torá solo se entiende mediante la tradición oral).
La versión griega especifica: "cuya fama de su venida (parousía) puedes conocer, oh rey, de la santa escritura llamada Evangelio" (ou tò kléos tês parousías ek tês par' autoîs kaloumenês euangelikês hagías graphês éxesti soi gnônai). El uso de parousía (término técnico para la "venida" o "presencia real" de Cristo) anticipa el lenguaje escatológico posterior.
Comentario editorial · Ilustración: las cuatro razas de la humanidad

Comentario editorial · Una frase que solo trae el siríaco
El texto siríaco añade una frase final que no tiene correspondencia en el griego ni en el armenio: "Hay, pues, cuatro razas de la humanidad, como dije antes, Bárbaros y Griegos, Judíos y Cristianos. A Dios, entonces, sirve el viento, y a los ángeles el fuego; pero a los demonios el agua, y a los hombres la tierra". Esta última oración cosmológica es enigmática y probablemente una glosa tardía o un fragmento desplazado. Asigna "ministros" (hyperétai) elementales a cada categoría ontológica (Dios, ángeles, demonios, hombres). El esquema recuerda la especulación henóquica sobre los "espíritus de los elementos" (1 Enoc 60:11–22) y las jerarquías angélicas pre-dionisianas. Sin embargo, su inclusión aquí rompe la coherencia argumental, ya que Aristides está a punto de criticar precisamente la adoración de los elementos. Los editores modernos sospechan que pudo haber pertenecido originalmente a una sección cosmológica perdida (quizá entre los caps. VI y VII), donde se discutía la jerarquía de la creación. El siríaco, al no encontrar una ubicación obvia, la insertó al final del cap. II como nota marginal que luego se incorporó al texto.
Cap. 3
Comencemos, pues, con los Bárbaros, y gradualmente procederemos al resto de los pueblos, para que podamos entender cuál de ellos sostiene la verdad acerca de Dios, y cuál de ellos está en el error.
Los Bárbaros, entonces, como no comprendieron a Dios, erraron con los elementos; y comenzaron a servir a las cosas creadas en lugar del Creador de ellas, y por esta razón hicieron imágenes y las encerraron en templos; y he aquí que las adoran y las custodian con gran precaución, para que sus dioses no sean robados por ladrones; y los Bárbaros no han entendido que todo lo que vigila debe ser más grande que lo que es vigilado; y que todo lo que crea debe ser más grande que lo que es creado: si, pues, sus dioses son demasiado débiles para su propia salvación, ¿cómo proveerán salvación a la humanidad? Los Bárbaros, pues, han errado con un gran error al adorar imágenes muertas que no les aprovechan.
Y me causa asombro también, oh rey, que sus filósofos también hayan errado y hayan llamado dioses a esas imágenes que han sido hechas en honor de los elementos; y los sabios no han entendido que estos mismos elementos son corruptibles y disolubles; pues si una pequeña parte del elemento se disuelve o corrompe, todo él se disuelve y corrompe. Si, pues, estos elementos son disueltos y corrompidos, y obligados a estar sujetos a otro más fuerte que ellos, y no son en su naturaleza dioses, ¿cómo pueden llamar dioses a esas imágenes que son hechas en su honor? Grande es, pues, el error que sus filósofos han traído sobre sus seguidores.
Comentario editorial · Adorar la criatura en lugar del Creador
Este capítulo inaugura la sección refutatoria de la apología, que ocupará hasta el cap. XIII. La estructura es simple pero efectiva: Aristides examinará sucesivamente a Bárbaros (cap. III), los cuatro elementos (caps. IV–VI), la deificación humana (cap. VII), los dioses griegos (caps. VIII–XI), los egipcios (cap. XII) y concluirá con una síntesis de las contradicciones paganas (cap. XIII). El método es inductivo: va de lo particular (cada dios o elemento) a lo general (la insensatez del politeísmo).
La frase inaugural "como no comprendieron a Dios, erraron con los elementos" (mḕ epígnóntes tòn Theón, eplánēthēsan perì tà stoicheîa) es una alusión directa a , el texto fundamental en la polémica paulina contra el paganismo: "habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios [...] profesándose ser sabios, se hicieron necios [...] sirvieron a la criatura (ktísei) antes que al Creador (Ktísanti)". El verbo planáō ("errar", "extraviarse") tiene connotaciones morales: no se trata de un mero error intelectual, sino de una perversión voluntaria del orden natural. La adoración de lo creado (ktísis) en lugar del Creador (Ktísas) invierte la jerarquía ontológica: lo dependiente usurpa el lugar de lo autosuficiente.
El argumento de la "vigilancia de los ídolos" es un topos (lugar común) apologético estándar pero con variaciones interesantes. Aristides no dice simplemente "los ídolos no pueden protegerse" (argumento negativo), sino "lo que vigila debe ser más grande que lo vigilado" (argumento positivo, basado en el axioma aristotélico del cap. I). Este giro silogístico es más fuerte retóricamente: si los adoradores deben guardar (phylássein) a sus dioses de los ladrones, entonces los adoradores son ontológicamente superiores a sus dioses. La inversión es absurda y, por tanto, el sistema colapsa por reductio ad absurdum (reduccion al absurdo).
Comentario editorial · Ídolos que hay que vigilar: paralelos
El motivo de los "guardianes de ídolos" aparece en varios textos del siglo II con ligeras variaciones:
Justino Mártir, Apología I, 9:
"Y establecen guardianes de los templos donde los depositan, no sea que sean robados, no percibiendo en su insensatez que ponen como guardianes de los dioses a hombres que tienen razón y ven, mientras que las cosas que son guardadas no tienen ni razón ni vista".
Epístola a Diogneto, cap. 2:
"Pero ustedes, que ahora creen en ellos y los veneran, ¿no los desprecian mucho más? ¿No se burlan y los insultan mucho más cuando adoran a los de piedra y barro sin custodia alguna, pero encierran de noche a los de plata y oro, y de día les ponen guardias para que no sean robados? Y en cuanto a los honores que creen ofrecerles: si tienen sensibilidad, más bien los castigan; pero si no la tienen, los refutan al venerarlos con sangre y grasa quemada.".
Diferencia clave en Aristides: Mientras Justino y el autor de Diogneto se limitan a señalar la contradicción (los dioses necesitan guardias humanos), Aristides la eleva a un principio ontológico: "lo que vigila debe ser más grande que lo vigilado" (to phylásson meîzon toû phylassoménou). Esto no es mera sátira, sino una aplicación del axioma metafísico del cap. I: en toda relación de dependencia, el dependiente es ontológicamente inferior al que lo sostiene. Los ídolos, al depender de sus adoradores para su preservación física, quedan automáticamente descalificados como objetos de culto.
Trasfondo histórico: La preocupación por el robo de ídolos no era infundada. En el mundo grecorromano, el robo de estatuas (objeto-de-culto) era común durante saqueos militares o crisis políticas. Por ejemplo, tras la caída de Cartago (146 a.C.), los romanos sustrajeron miles de estatuas griegas. El historiador Pausanias (s. II d.C.) registra casos de agalmata (imágenes divinas) robadas de templos y revendidas. Algunos templos empleaban neokóroi (guardias-sacristanes) permanentes. La ironía apologética es mordaz: si los dioses fueran realmente poderosos, ¿necesitarían vigilancia humana?
Comentario editorial · La crítica a los filósofos
Aristides diferencia entre los bárbaros ingenuos (que adoran ídolos por ignorancia) y los filósofos (hoi philosóphoi) que, conociéndolo mejor, han racionalizado la idolatría al identificar los dioses con los elementos (stoicheîa: tierra, agua, fuego, aire). Esta crítica apunta directamente a las escuelas presocráticas (Tales, Anaxímenes, Heráclito, Empédocles) y a su resurgimiento en el estoicismo imperial (Séneca, Epicteto, Marco Aurelio). Para los presocráticos, el arché (principio material del cosmos) se identificaba con uno de los elementos: Tales propuso el agua, Anaxímenes el aire, Heráclito el fuego, Empédocles los cuatro elementos. Los estoicos sintetizaron estas teorías en un materialismo monista: el Logos es "fuego artífice" (pyr technikón) que ordena la materia desde dentro, siendo él mismo material. Esta inmanentización de lo divino era inaceptable para los cristianos, que insistían en la trascendencia del Creador respecto a la creación. La acusación de Aristides es doble: (1) Los elementos son corruptibles (phthartoí), como se verá en los caps. IV–VI; (2) los filósofos, al elevar lo corruptible a objeto de culto, han perpetrado un error aún mayor que el de los bárbaros analfabetos, porque lo han hecho con conocimiento de causa. Esto invierte la jerarquía cultural pagana: no son los filósofos quienes iluminan al pueblo, sino los que lo sumen en la oscuridad más profunda al vestir el error con ropajes racionales. Este argumento será desarrollado magistralmente por Justino en su Apología I, 5–8, donde atribuye las "semillas del Logos" (spermatikòs Lógos) solo a aquellos filósofos que rechazaron el politeísmo (Heráclito, Sócrates, Musonius Rufus).
Cap. 4
Volvamos, pues, oh rey, a los elementos mismos, para que podamos demostrar acerca de ellos que no son dioses, sino una creación, corruptible y cambiante, que está a semejanza del hombre. Pero Dios es incorruptible e inmutable e invisible, mientras que Él ve, torna y cambia todas las cosas.
Aquellos, por tanto, que piensan que la tierra es Dios ya han errado, puesto que es cavada, plantada y arada; y puesto que recibe la impureza del excremento de los hombres y de las bestias y del ganado; y puesto que a veces se vuelve inútil; pues si es quemada se vuelve muerta, porque de la arcilla cocida no brota nada; y de nuevo, si el agua se acumula sobre ella, se corrompe junto con sus frutos; y he aquí que es pisoteada por hombres y bestias, y recibe la impureza de la sangre de los muertos; y es cavada y llenada con los muertos y se convierte en un depósito de cuerpos: ninguna de estas cosas puede recibirlas esa naturaleza santa, venerable, bendita e incorruptible. Y de esto hemos percibido que la tierra no es Dios, sino una criatura de Dios.
Comentario editorial · Excurso: el método de los capítulos IV–VI
Los capítulos IV–VI constituyen un bloque compacto donde Aristides refuta la deificación de cada uno de los cuatro elementos mediante un método empírico-inductivo. No apela a autoridades filosóficas ni a textos sagrados, sino a la experiencia común: todos pueden observar que la tierra es cavada, el agua se contamina, el fuego se extingue, el aire es canalizado. Esta estrategia retórica es brillante porque:
- Democratiza el argumento: No hace falta ser filósofo para ver que los elementos son pasivos y manipulables.
- Invierte la carga de la prueba: Son los paganos quienes deben explicar cómo algo tan evidentemente débil puede ser divino.
- Anticipa la objeción estoica: Los estoicos no adoraban "literal" los elementos como tales, sino el Logos inmanente en ellos. Aristides responde: si el Logos está mezclado con materia corruptible, entonces es él mismo corruptible (sympátheia estoica). Por tanto, no puede ser Dios.
El pasaje sobre la tierra (gê) es paradigmático. Aristides enumera seis degradaciones que sufre la tierra:
- "Es cavada y plantada y arada" (skáptetai, phyteúetai, arotriâtai): Son actos violentos que demuestran la pasividad de la tierra. Un dios no puede ser objeto de violencia humana.
- "Recibe la impureza del excremento" (déchetai tḕn akathar sían tôn skybálon): Los estoicos consideraban la materia intrínsecamente neutra (ni buena ni mala), pero Aristides introduce un criterio moral: la tierra se contamina (miaínetai), lo que implica una degradación ontológica.
- "A veces se vuelve inútil; pues si es quemada se vuelve muerta" (áchronos gínetai; kaiomene nekrá gínetai): Alusión a la esterilidad de terrenos sobreexplotados o quemados. Si la tierra puede morir (nekrá), no es eterna ni divina.
- "De la arcilla cocida no brota nada" (ek tês optoû keramídos oudèn blastánei): Este detalle técnico se refiere a la cerámica. Una vez que la arcilla (pélos) es cocida para hacer vasijas, pierde su fertilidad original. Esto refuta la teoría de Empédocles de que los elementos son indestructibles: la tierra transformada por el fuego no retorna a su estado previo (irreversibilidad física).
- "Si el agua se acumula sobre ella, se corrompe junto con sus frutos" (epiklyzoménes hypo toû hýdatos, sýndiathríphetai...toîs karpoîs): Alusión a inundaciones que pudren las cosechas. Los elementos no solo son corruptibles individualmente, sino que se corrompen mutuamente (el agua daña la tierra, la tierra ensucia el agua, etc.). Esto demuele la teoría presocráctica de elementos inmutables y autosuficientes.
- "Es pisoteada por hombres y bestias, y recibe la impureza de la sangre de los muertos" (katapateitai... hypò anthrópōn kaì thēríōn; kaì déchetai tḕn akathar sían toû haímatos tôn phoneuoménōn): El argumento culmina con la indignidad última: la tierra es depósito de cadáveres (apothḗkē nekrôn). Un dios sepultado en sí mismo es una contradicción ontológica.
Comentario editorial · Excurso: presocráticos y estoicos
Los presocráticos y la búsqueda del arché:
La filosofía natural jónica (s. VI–V a.C.) buscaba reducir la multiplicidad de fenómenos a un principio material único (arché o archḗ):
- Tales de Mileto (c. 624–546 a.C.): "Todo es agua" (pánta ex hýdatos), basándose en que el agua es esencial para la vida y permea todas las cosas (Aristóteles, Met. I, 3).
- Anaxímenes (c. 585–525 a.C.): "El aire es el principio" (aḗr arché), pues el aire es alma (psychḗ) y aliento (pneûma) que cohesiona el cosmos (DK 13 B 2).
- Heráclito de Éfeso (c. 535–475 a.C.): "El fuego es el Logos" (pŷr aeízōon), símbolo del cambio perpetuo (pánta rheî, "todo fluye") (DK 22 B 30).
- Empédocles de Agrigento (c. 490–430 a.C.): No hay un solo arché, sino cuatro raíces (rhizṓmata): tierra, agua, aire, fuego, mezcladas por Amor (Philía) y separadas por Odio (Neîkos) (DK 31 B 17).
La síntesis estoica:
Los estoicos (Zenón, Crisipo, s. III a.C.) adoptaron a Heráclito y desarrollaron un panteísmo materialista: Dios es el Logos inmanente que ordena el cosmos desde dentro, identificado con el fuego primordial (pŷr technikón). Este Dios no es trascendente, sino corpóreo (sōmatikós), pues solo lo corpóreo puede actuar sobre lo corpóreo (axioma estoico: tò dúnasthon sōma estín, "lo que tiene poder es cuerpo"). Dios es el "alma del mundo" (psychḕ toû kósmou), penetrando toda la materia como el alma penetra el cuerpo humano.
Respuesta cristiana de Aristides:
Contra esta tradición, Aristides argumenta que:
- Los elementos son pasivos (pathetá), no activos. No tienen dynamis (poder) intrínseco, sino que son movidos por otro (cap. I).
- Los elementos son corruptibles (phthartoí). La corruptibilidad es incompatible con la divinidad, que es inmutable (atreptoí) e incorruptible (áphthartoi), según el cap. I.
- Los elementos están subordinados al uso humano (eis chrêsin anthropínēn). Esto invierte la jerarquía: si los elementos sirven al hombre, no pueden ser superiores a él, y mucho menos dioses.
Este argumento será repetido casi literalmente en la Epístola a Diogneto (cap. 8.2-8.4): "Algunos de ellos dijeron que el fuego era Dios —aquello hacia donde van a ir, eso llaman Dios—; otros agua, otros algún otro de los elementos creados por Dios. Y sin embargo, si alguno de estos argumentos fuera aceptable, también podría declararse que cada una de las demás criaturas es igualmente Dios. Pero estas son charlatanería y engaño de los magos".
Cap. 5
Y de igual manera han errado de nuevo aquellos que han pensado que el agua es Dios. Pues el agua fue creada para el uso del hombre y de muchas maneras está sujeta a él. Porque es cambiada, y recibe impureza, y se corrompe, y pierde su propia naturaleza cuando se cuece con muchas cosas, y recibe colores que no son los suyos; siendo además endurecida por el frío y mezclada con el excremento de hombres y bestias y con la sangre de los muertos; y es forzada por los obreros, mediante la compulsión de canales, a fluir y ser conducida contra su propia voluntad, y a entrar en jardines y otros lugares, para limpiar y sacar toda la suciedad de los hombres, y lavar toda impureza, y suplir la necesidad que el hombre tiene de ella. Por lo cual es imposible que el agua sea Dios, sino que es una obra de Dios y una parte del mundo.
Así también han errado no poco los que pensaron que el fuego es Dios: pues también fue creado para la necesidad de los hombres: y de muchas maneras está sujeto a ellos, en el servicio de la comida y en la preparación de ornamentos y otras cosas de las que vuestra majestad está enterada: mientras que de muchas maneras es extinguido y destruido.
Y de nuevo, aquellos que han pensado que el soplo de los vientos es Dios, también han errado: y esto es evidente para nosotros, que estos vientos están sujetos a otro, ya que a veces su soplo aumenta y a veces disminuye y cesa, según el mandamiento de Aquel que los somete. Puesto que por causa del hombre fueron creados por Dios, para que pudieran satisfacer las necesidades de árboles, frutos y semillas, y para que pudieran transportar naves sobre el mar; aquellas naves que traen a los hombres sus cosas necesarias, de un lugar donde se encuentran a un lugar donde no se encuentran; y abastecen las diferentes partes del mundo. Puesto que, entonces, este viento a veces aumenta y a veces disminuye, hay un lugar donde hace bien y otro donde hace mal, según el designio de Aquel que lo gobierna: e incluso los hombres pueden, por medio de instrumentos conocidos, atraparlo y coaccionarlo para que les cumpla las necesidades que le demandan: y sobre sí mismo no tiene poder alguno; por lo cual no es posible que los vientos sean llamados dioses, sino una obra de Dios.
Comentario editorial · Excurso: agua, fuego y aire
Aristides aplica el mismo esquema refutatorio al agua (hýdōr), con énfasis en su manipulabilidad (metabletheîsa, "siendo cambiada"). El agua no tiene voluntad propia (idía thélēsis); es coaccionada (anankazómēnon) por los hombres mediante canales (ochētôn) para servir necesidades agrícolas y urbanas. Esta pasividad es incompatible con la naturaleza divina, que el cap. I definió como autónoma y libre de toda coacción externa (ou pathḗs, sin pasiones). La mención de que el agua "recibe colores que no son los suyos" (déchetai chromáta ouk ídía) alude a la tinción industrial (usada en textiles) y a la contaminación por desechos. Esto refuta la teoría de los presocráticos de que los elementos tienen phýsis (naturaleza) inmutable: si el agua puede cambiar su chrôma (color), entonces su naturaleza no es fija.
Especialmente relevante es la descripción del agua como agente purificador subordinado: "limpia y saca toda la suciedad de los hombres, y lava toda impureza" (ekkatheirousa... pasan akatharteían). En las religiones mistéricas (Eleusis, cultos mitraicos) el agua tenía función lustral (purificadora ritual). Aristides desacraliza esta función: el agua no purifica porque sea divina, sino porque sirve (diakoneîn) al hombre por mandato del Creador. La crítica es sutil pero letal: incluso las funciones "sagradas" del agua (abluciones, bautismos paganos) demuestran su subordinación, no su divinidad.
El fuego: creado para la necesidad
El fuego (pŷr) era especialmente problemático para los apologistas porque Heráclito lo había identificado con el Logos divino, y los estoicos habían desarrollado esta tesis en su cosmología. Aristides responde con un argumento pragmático: "fue creado para la necesidad de los hombres" (eis chreían anthrópōn ektísthē). Si el fuego existe para un fin extrínseco (servir al hombre), entonces no es telos (fin en sí mismo), requisito de toda divinidad. El argumento es aristotélico: lo que es heneka tou (para algo otro) es inferior a lo que es kath' hautó (por sí mismo).
La refutación se completa con un hecho empírico: "de muchas maneras es extinguido y destruido" (pollachôs sbennyûtai kaì katakauktai). Si el fuego puede ser apagado (sbennýein) por el agua o sofocado por la falta de oxígeno, no tiene la eternidad (aidiótēs) que el cap. I atribuyó a Dios. Los estoicos respondían que el fuego primordial (pyr archikón) es eterno, aunque sus manifestaciones particulares se extingan; pero Aristides rechaza implícitamente esta distinción: si lo que observamos es corruptible, invocar un "fuego eterno" invisible es petitio principii (falacia de petición de principio).
El viento/aire: gobernado por otro
La refutación del "soplo de los vientos" (pneûma tôn anémōn) es la más elaborada de las cuatro. Aristides distingue entre el aire como elemento estático y el viento como aire en movimiento, centrándose en este último porque era el más deificado (Eolo, Bóreas, Céfiro en la mitología; pneûma en la física estoica). El argumento central es la heteronomía del viento: "a veces su soplo aumenta y a veces disminuye y cesa, según el mandamiento de Aquel que los somete" (katà tḕn prostagḕn toû hypotássontos autoús). El viento no tiene autexousía (auto-determinación), sino que obedece (hypakoúei) a un gobernante superior. Este gobernante no es nombrado, pero se sobreentiende que es el Dios creador del cap. I.
La mención de "instrumentos conocidos" (gnōstôn organōn) para "atrapar y coaccionarlo" (theraûsai kaì biásasthai) es fascinante. Aristides se refiere a tecnologías de aprovechamiento eólico conocidas en el siglo II: molinos de viento (difundidos en Persia desde el s. VII a.C., llegados al Mediterráneo oriental en época helenística) y velas marítimas. La ironía es mordaz: si el hombre puede esclavizar (douloûn) al viento mediante la técnica, entonces el viento es el esclavo, no el señor. Esto invierte radicalmente la relación amo-siervo de la teología pagana, donde el hombre servía al cosmos.
La conclusión es contundente: "sobre sí mismo no tiene poder alguno" (ep' heautoû ouden échei exousían). La falta de autarkeia (autosuficiencia) es la refutación definitiva de su divinidad, pues el cap. I estableció que Dios es autárkes por excelencia ("no necesita nada, sino que todo necesita de Él"). El viento, lejos de ser autosuficiente, existe teleológicamente "por causa del hombre" (di' ánthrōpon): para polinizar plantas, llevar barcos y equilibrar climas.
Cap. 6
Así también han errado los que han pensado que el sol es Dios. Pues he aquí que lo vemos, que por la necesidad de otro es movido y girado y recorre su curso; y procede de grado en grado, saliendo y poniéndose cada día, para calentar los brotes de las plantas y arbustos, y para hacer brotar en el aire que se mezcla con él toda hierba que hay sobre la tierra. Y en el cálculo, el sol tiene parte con el resto de las estrellas en su curso, y aunque es uno en su naturaleza, está mezclado con muchas partes, según la conveniencia de las necesidades de los hombres: y eso no según su propia voluntad, sino según la voluntad de Aquel que lo gobierna. Por lo cual no es posible que el sol sea Dios, sino una obra de Dios; y de igual manera también la luna y las estrellas.
Comentario editorial · Excurso: el culto a los astros
Este capítulo enfrenta una de las formas más elevadas y persistentes del paganismo: la astrolatría o culto a los astros. Desde Mesopotamia (donde el sol era Shamash, la luna Sin, Venus Ishtar) hasta el Imperio Romano (donde el Sol Invictus llegó a ser casi la religión oficial bajo Aureliano), la deificación de los cuerpos celestes tenía argumentos más sofisticados que el culto a los elementos terrestres:
- Regularidad astronómica: Los astros siguen órbitas predecibles (ciclos solares, fases lunares, precesión de equinoccios), lo que sugiere inteligencia y voluntad propias.
- Poder causal: El sol produce luz y calor, sin los cuales la vida sería imposible; la luna regula mareas; las estrellas orientan navegantes. Este poder causal parece independiente de la voluntad humana.
- Eternidad aparente: Los astros no envejecen visiblemente ni mueren, a diferencia de los elementos terrestres.
Aristides refuta estos tres argumentos con una sola premisa: "Por la necesidad de otro es movido y girado y recorre su curso" (anágkēi hetérou kineitai kaì stréph etai kaì peridinoûtai). La palabra clave es anágkē ("necesidad"), que en física aristotélica significa coacción externa, no libertad interna. El sol no se mueve kath' hautón (por sí mismo), sino hyph' hetérou (por otro). Este "otro" no es nombrado, pero es obviamente el Dios-Motor-Inmóvil del cap. I.
El sol como "ministro" (diákonos) de las plantas:
La descripción del sol "calentando los brotes de las plantas y arbustos, y haciendo brotar en el aire toda hierba" (thermaínōn tà blastḗmata phytôn kaì déndrōn, kaì exanablastánōn en tôi aéri pân khórton) no es poética, sino anti-mitológica. En las teogonías paganas, el sol (Helios/Apolo) era un dios independiente con voluntad propia. Aristides lo rebaja a agente instrumental: el sol no hace brotar las plantas porque quiera, sino porque fue programado para ello. La expresión "en el aire que se mezcla con él" (en tôi aéri tôi synkeimén ōi autô i) refleja la teoría médica hipocrática de que el crecimiento vegetal requiere la interacción de sol (thérma), aire (pneûma) y agua (hygròn). Aristides asume esta ciencia natural para demostrar que el sol es parte de un sistema, no señor del sistema.
El argumento matemático-astronómico:
"Y en el cálculo, el sol tiene parte con el resto de las estrellas en su curso" (en lógōi metéchei kaì tôn loipôn astérōn tês drómōu autoû). Esta frase enigmática presupone conocimientos de astronomía griega: el sol, la luna y los cinco planetas visibles (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno) tienen órbitas propias (drómoi), pero todas están sincronizadas (symphōnoûsin) en el sistema geocéntrico ptolemaico. Si el sol fuera Dios, ¿por qué estaría limitado por las mismas leyes (nómoi) que rigen a los demás astros? La coordinación implica un coordinador superior.
El pluralismo funcional del sol:
"Y aunque es uno en su naturaleza, está mezclado con muchas partes, según la conveniencia de las necesidades de los hombres" (kaì heis ōn tēi phýsei, syntýkhēi pollôn meristai, katà tò symphéron tôn khre iôn tôn anthrṓpōn). Esta frase críptica puede interpretarse así: el sol tiene múltiples funciones (iluminar, calentar, secar, madurar frutos, regular el tiempo), pero todas estas funciones están subordinadas a "las necesidades de los hombres" (khreíais anthrópōn). Esto reitera la tesis antropocéntrica del cap. I: el cosmos es un sistema de servicio (diakōnía) al hombre, no un fin en sí mismo. Si el sol existe "para" (eis) el hombre, no puede ser superior al hombre en la jerarquía ontológica, y mucho menos ser Dios.
Conclusión aplicable a todos los astros:
"Por lo cual no es posible que el sol sea Dios, sino una obra de Dios; y de igual manera también la luna y las estrellas" (hṓste ouk endéchetai ton hḗlion theòn eînai, allà érgon theoû; homoíōs dè kaì selḗnēn kaì ásteras). La brevedad de la mención de la luna y las estrellas indica que son casos análogos que no requieren argumentación separada. Sin embargo, el silencio sobre mitologías lunares (Artemisa, Selene, Hécate) es significativo: Aristides trata todos los astros como meros ergaleîa (herramientas) del Artífice divino, despojándolos de toda personalidad mitológica.
Implicaciones anti-idolátricas:
Este capítulo tiene implicaciones directas contra el culto imperial, que en el siglo II comenzaba a sincretizarse con el culto solar. Si el sol mismo no es divino, mucho menos lo es un emperador que se presenta como sozionomos tês dikaiosýnēs ("dispensador de justicia") bajo la protección del Sol Invictus. Aristides no dice esto explícitamente (sería suicida), pero la lógica es clara: ningún ser creado puede ser objeto legítimo de proskýnēsis (adoración/postración).
Cap. 7
Pero aquellos que han pensado acerca de los hombres de la antigüedad, que algunos de ellos son dioses, estos han errado grandemente: como tú, incluso tú, oh rey, sabes, que el hombre consiste en los cuatro elementos y en alma y espíritu, y por eso es llamado incluso Mundo, y aparte de cualquiera de estas partes no existe. Tiene principio y fin, y nace y también sufre corrupción. Pero Dios, como he dicho, no tiene nada de esto en su naturaleza, sino que es no hecho e incorruptible. Por esta razón, entonces, es imposible que representemos como Dios a quien es hombre por naturaleza, a quien a veces, cuando busca la alegría, le sobreviene la tristeza; y en lugar de la risa, le acaece el llanto; uno que es apasionado y celoso, envidioso y arrepentido, junto con el resto de los demás defectos: y de muchas maneras más corrompido que los elementos o incluso que las bestias.
Y de ahí, oh rey, es justo que entendamos el error de los Bárbaros, que, al no haber investigado acerca del verdadero Dios, se han apartado de la verdad y han seguido el deseo de su propia mente, sirviendo a elementos sujetos a disolución y a imágenes muertas: y a causa de su error no perciben quién es el verdadero Dios.
Comentario editorial · Excurso: evemerismo y culto imperial
Este capítulo es el más audaz políticamente de toda la apología, pues ataca la práctica del culto a los emperadores divinizados y, por extensión, el culto a héroes fundadores de ciudades y benefactores imperiales. El término técnico para esta práctica es evemerismo, derivado de Evémero de Mesene (c. 300 a.C.), quien en su Hiera Anagraphḗ ("Registro Sagrado") propuso que los dioses del Olimpo habían sido originalmente reyes humanos divinizados post mortem por sus súbditos agradecidos. Esta teoría, aunque criticada por algunos filósofos paganos, fue adoptada por los apologistas cristianos como arma contra el paganismo: si los dioses son hombres muertos, entonces el paganismo es necro-latría (culto a cadáveres).
Aristides comienza con un apóstrofe directo al emperador: "como tú, incluso tú, oh rey, sabes" (hōs syù kaì autoí, basileu, oídas). La repetición enfática syù kaì autoí ("tú mismo también") sugiere que el emperador, siendo humano, conoce por experiencia propia las limitaciones de la naturaleza humana. Esto es casi una captatio benevolentiae invertida: en lugar de halagar al monarca, Aristides lo sitúa en el mismo plano ontológico que cualquier otro hombre. La frase siguiente lo dice explícitamente: "el hombre consiste en los cuatro elementos y en alma y espíritu, y por eso es llamado incluso Mundo (kósmos)" (ho ánthrōpos ek tôn tessárōn stoikheíōn kaì psychês kaì pneúmatos synthétēi, kaì diá toût o kaì kósmos kaleîtai).
El hombre como microcosmos:
La idea del hombre como mikròs kósmos (pequeño mundo) es antigua, remontándose a Demócrito (DK 68 B 34) y desarrollada por los estoicos. Aristides la adopta, pero la invierte: si el hombre es un compuesto (sýnthesis) de elementos ya refutados como divinos en los caps. IV–VI, entonces el hombre a fortiori no puede ser divino, pues lo compuesto es inferior a sus componentes. El argumento es mereológico: el todo no es mayor que la suma de sus partes si las partes son corruptibles.
Listado de pasiones incompatibles con la divinidad:
Aristides enumera siete pasiones (páthē) que demuestran la indignidad humana para la divinidad:
- "Alegría → tristeza" (charán → lýpēn): La volatilidad emocional muestra falta de ataraxía (serenidad) estoica, requisito de la perfección divina.
- "Risa → llanto" (gélōta → klauthmón): Cambios involuntarios que demuestran pasividad ante estímulos externos. Los dioses homéricos ríen (ásbetos gélōs), pero no lloran; el Dios cristiano no hace ninguna de las dos cosas, pues es impasible (apathḗs).
- "Apasionado y celoso" (páthēmōn kaì dzēlótēs): Páthēma es sufrimiento-pasión-afección; dzēlotyp os es celos en sentido erótico o competitivo. Ambas son estados de dependencia respecto a objetos externos.
- "Envidioso y arrepentido" (phthoneròs kaì metamelóumenos): Phtónos (envidia) es el vicio que Platón consideraba más bajo (Rep. IX, 586a); metaméleia (arrepentimiento) implica error previo, incompatible con la omnisciencia divina.
- "Junto con el resto de los demás defectos" (metà tôn loipôn tôn állon elattōmátōn): Fórmula abreviada para no prolongar la lista.
- "Y de muchas maneras más corrompido que los elementos o incluso que las bestias" (kaì pollakrôs malakisthróteros tôn stoikheíōn kaì tôn theríōn): El comparativo malakisthróteros ("más blando", "más débil") es devastador. No solo el hombre no es divino, sino que es ontológicamente inferior a las bestias en ciertos aspectos (las bestias no mienten, no cometen parricidio, no se suicidan, argumentarán los cínicos).
Implicaciones políticas implícitas:
Aunque Aristides no menciona explícitamente a emperadores divinizados (Augusto, Vespasiano, Trajano), su argumento los incluye inevitablemente. La frase "es imposible que representemos como Dios a quien es hombre por naturaleza" (adýnaton esti theòn hēgêsasthai tòn physei ánth rōpon ónta) es una negación absoluta de la apotheōsis imperial. Si un emperador ha experimentado "alegría → tristeza" o "risa → llanto", no puede ser dios. El culto imperial, entonces, es una forma agravada de idolatría: no solo adora lo creado, sino lo más corrupto dentro de lo creado (el hombre).
Conclusión ética:
La transición al cap. VIII es fluida: "Es justo que entendamos el error de los Bárbaros, que, al no haber investigado acerca del verdadero Dios, se han apartado de la verdad y han seguido el deseo de su propia mente" (ophéilomen o ũn gignṓskein tḕn plánēn tôn barbárōn... eplánēth ēsan tê epithymíai toû idíou nous). La idolatría no es solo error intelectual (agnōsía), sino pecado volitivo (epithymía): los paganos eligieron adorar lo inferior porque era más cómodo o gratificante que buscar al Dios verdadero. Esto anticipa el argumento paulino de : "retuvieron con injusticia la verdad" (tḕn alḗtheian en adikíai katechóntōn).
Cap. 8
Volvamos ahora a los Griegos para saber qué opinión tienen acerca del verdadero Dios.
Los Griegos, entonces, porque son más sabios que los Bárbaros, han errado aún más que los Bárbaros, en cuanto han introducido muchos dioses que son hechos; y a algunos de ellos los han representado como masculinos y a otros como femeninos; y de tal manera que algunos de sus dioses resultaron ser adúlteros y asesinos, y celosos y envidiosos, e iracundos y apasionados, y asesinos de padres, y ladrones y saqueadores. Y dicen que algunos de ellos eran cojos y tullidos; y algunos de ellos magos, y algunos de ellos completamente locos; y algunos de ellos tocaban arpas; y algunos de ellos vagaban por las montañas: y algunos de ellos murieron por completo; y algunos fueron alcanzados por un rayo, y algunos fueron sometidos a los hombres, y algunos huyeron, y algunos fueron robados por los hombres; y he aquí que algunos de ellos fueron llorados y lamentados por los hombres; y algunos, dicen, descendieron al Hades; y algunos fueron gravemente heridos, y algunos fueron transformados en la semejanza de bestias para cometer adulterio con la raza de las mujeres mortales; y algunos de ellos han sido vilipendiados por acostarse con varones: y algunos de ellos, dicen, estuvieron casados con sus madres y hermanas e hijas; y dicen de sus dioses que cometieron adulterio con las hijas de los hombres, y de ellas nació una cierta raza que también era mortal. Y de algunas de sus diosas dicen que contendieron por la belleza y vinieron a juicio ante los hombres. Los Griegos, pues, oh rey, han presentado lo que es malvado, ridículo e insensato acerca de sus dioses y de sí mismos; en cuanto llamaron dioses a tales personas, que no son dioses: y de ahí los hombres han tomado ocasión para cometer adulterio y fornicación, y para saquear y hacer todo lo que es malvado, odioso y abominable. Porque si aquellos que son llamados sus dioses han hecho todas esas cosas que están escritas arriba, ¡cuánto más las harán los hombres que creen en aquellos que han hecho estas cosas! Y por la maldad de este error, he aquí que han ocurrido a los hombres frecuentes guerras y grandes hambrunas, y amarga cautividad y privación de todas las cosas: y he aquí que las soportan, y todas estas cosas les acontecen por esta única causa: y cuando las soportan no perciben en su conciencia que por causa de su error les suceden estas cosas.
Comentario editorial · Excurso: de la crítica física a la moral
Aristides cambia de táctica en los capítulos VIII–XII. Mientras que los caps. III–VII demostraron la imposibilidad ontológica de la deificación de elementos y hombres (argumento a potentiori: si lo superior no puede ser divino, tampoco lo inferior), ahora se centra en la indignidad moral de las narrativas mitológicas (argumento a turpitudine: si los dioses actúan inmoralmente, no merecen culto). Este método, conocido como retorsio argumenti (volver el argumento contra el oponente), usa las propias fuentes paganas (Homero, Hesíodo, tragedias áticas) como evidencia contra el paganismo.
La frase inaugural es clave: "Los Griegos, entonces, porque son más sabios que los Bárbaros, han errado aún más que los Bárbaros" (hoi Héllēnes oûn sophṓteroi óntes tôn barbárōn mallon autôn eplánēthēsan). La paradoja es deliberada: la superioridad intelectual griega (reconocida incluso por los romanos) agrava su culpabilidad. Aristides retoma aquí el principio paulino de : quien conoce la ley y la transgrede, peca más que quien la ignora. Los griegos tenían acceso a la filosofía (Platón, Aristóteles, Zenón), que enseñaba la existencia de un Dios supremo (tò theîon, tò prôton aítion); sin embargo, eligieron mantener el politeísmo mitológico por razones culturales y políticas.
El catálogo de vicios divinos:
Aristides enumera once categorías de inmoralidad olímpica, siguiendo probablemente un topos (tema reiterado) apologético ya establecido (cf. Justino, Apología I, 21; Taciano, Discurso a los Griegos 8–10):
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"Algunos de ellos eran adúlteros" (moikhoùs): Zeus con incontables amantes mortales; Ares con Afrodita (esposa de Hefesto); Afrodita con Hermes, Dioniso, etc. El adulterio era criminal en el derecho romano (lex Iulia de adulteriis, 18 a.C.), castigado con exilio y confiscación de bienes.
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"Y asesinos" (phoneus): Ares es "asesino de hombres" (brotoloigós) en la Ilíada V, 31; Apolo mata a Python; Artemisa a Niobe y sus hijos.
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"Y celosos y envidiosos" (dzēlōtaí kaì phthoneròi): El dzēlótēs (celos) divino es un topos homérico: Hera celosa de las amantes de Zeus, Afrodita de Perséfone por Adonis.
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"E iracundos y apasionados" (orgílo i kaì empatʰeîs): La orgḗ (ira) de Aquiles, provocada por Apolo, abre la Ilíada. La orgḗ es la pasión más destructiva según los estoicos.
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"Y asesinos de padres" (patraloyoî): Cronos castra a Urano; Zeus destrona a Cronos. El parricidio era nefas (sacrilegio capital) en el derecho romano.
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"Y ladrones y saqueadores" (klêptai kaì lēistaí): Hermes es el dios de los ladrones (klepto Hermes) desde el Himno Homérico a Hermes (en la batracomiomaquia), donde roba el ganado de Apolo siendo aún bebé; Autólico, nieto de Hermes, hereda este rasgo (Odisea XIX, 395–398).
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"Algunos de ellos eran cojos y tullidos" (chōloùs kaì anapḗrous): Hefesto es arrojado del Olimpo por Zeus o Hera y queda cojo (Ilíada I, 590–594); Edipo, medio-dios tebano, es oidípous ("pies hinchados").
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"Y algunos de ellos magos" (mágous): Circe (hija de Helios) transforma a los compañeros de Odiseo en cerdos (Odisea X); Medea (sacerdotisa de Hécate) practica pharmakeía (hechicería con venenos).
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"Y algunos de ellos completamente locos" (manéntas): Dioniso enloquece a las Bacantes; Heracles, en un ataque de locura enviado por Hera, mata a sus propios hijos (Eurípides, Heracles Furioso).
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"Y algunos de ellos tocaban arpas" (kitharí dzontas): Apolo es el mousēgétēs (conductor de las Musas), pero esta función artística es presentada irónicamente como signo de otium (ociosidad), impropio de un dios activo.
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"Y algunos de ellos vagaban por las montañas" (planōménous katà tà órē): Artemisa "la montaraz" (oreibásios); Pan y los sátiros en los bosques. El verbo planáō ("vagar", "errar") es el mismo que en cap. III para describir el error doctrinal, sugiriendo una conexión: los dioses que "vagan" físicamente simbolizan el "extravío" espiritual de quienes los adoran.
El argumento de la corrupción cívica
"Y de ahí los hombres han tomado ocasión para cometer adulterio y fornicación, y para saquear y hacer todo lo que es malvado, odioso y abominable" (hóthen lábóntes hoi ánthrōpoi aphormḕn práttousin pâsan anomían kaì asélgeian kaì asébēian). Este es el argumento social central: la mitología no es inocente literatura, sino pedagogía viciosa que corrompe la pólis. El término aphormḗ ("ocasión", "pretexto") es clave: los hombres usan (chrâsthai) el ejemplo divino como licencia moral (exousía tês hamartías). Aristides anticipa aquí la crítica platónica de República II–III, donde Sócrates propone censurar a Homero y Hesíodo porque sus mitos enseñan que "los dioses se engañan unos a otros" (pseudôntai theói). La diferencia es que Platón proponía reformar la mitología; Aristides, abolirla.
La conclusión es apocalíptica: "Y por la maldad de este error, he aquí que han ocurrido a los hombres frecuentes guerras y grandes hambrunas, y amarga cautividad y privación de todas las cosas" (kaì apò tês kakías toû tòpoû toútou gegónasin toîs anthrópois pólemoí polloì kaì loimoì megáloi kaì aichmalōsía pikrià kaì steḗ rēsis pantōn). Aristides conecta el error religioso con el colapso civilizatorio: las guerras civiles, las plagas (como la peste antonina, 165–180 d.C., que devastó el Imperio poco después de la muerte de Aristides), las invasiones bárbaras, no son accidentes históricos sino juicios divinos (kríma theoû) contra la idolatría. Esta teología de la historia será desarrollada plenamente por Agustín de Hipona en La Ciudad de Dios (libros I–V), donde refuta la acusación pagana de que el cristianismo causó la caída de Roma invirtiendo el argumento: fue el paganismo el que atrajo la ira divina.
Cap. 9
Vengamos ahora a la historia de estos sus dioses para que podamos probar con precisión todas estas cosas que hemos dicho arriba.
Antes que nada, los Griegos introducen como dios a Cronos, que se interpreta como Chiun; y los adoradores de esta deidad le sacrifican a sus hijos: y a algunos de ellos los queman aún vivos. Acerca de él dicen que tomó por esposa a Rea; y de ella engendró muchos hijos; de los cuales también engendró a Dios, que es llamado Zeus; y al final enloqueció y, por temor a un oráculo que le fue dicho, comenzó a comerse a sus hijos. Y de él, Zeus fue robado, y no se dio cuenta: y al final Zeus lo ató y le cortó los genitales y los arrojó al mar: de donde, como dicen en la fábula, nació Afrodita, que es llamada Astera: y arrojó a Cronos atado a la oscuridad. Grande es, pues, el error y el desprecio que los Griegos han introducido acerca de la cabeza de sus dioses, al haber dicho todas estas cosas sobre él, oh rey. No es posible que Dios sea atado o amputado; de lo contrario, es una gran desgracia.
Y después de Cronos introducen otro dios, Zeus; y dicen acerca de este que recibió la soberanía y se convirtió en rey de todos los dioses; y dicen de él que se transformó en ganado y en todo lo demás, para poder cometer adulterio con mujeres mortales, y para engendrar hijos para sí de ellas. Puesto que en una ocasión dicen que se transformó en un toro por su pasión por Europa y por Pasífae; y de nuevo se transformó en la semejanza de oro por su pasión por Dánae; y en un cisne, por su pasión por Leda; y en un hombre por su pasión por Antíope; y en un rayo por su pasión por la Luna: de modo que de estas engendró muchos hijos: pues dicen que de Antíope engendró a Zeto y Anfión; y de la Luna, a Dioniso; de Alcmena, a Heracles; y de Leto, a Apolo y Artemisa; y de Dánae, a Perseo; y de Leda, a Cástor y Pólux y Helena; y de Mnemósine engendró nueve hijas, a las que llamó las Musas; y de Europa, a Minos, Radamanto y Sarpedón. Pero al final se transformó en la semejanza de un águila por su pasión por Ganimedes el pastor.
A causa de estas historias, oh rey, mucho mal ha sobrevenido a la raza de los hombres que viven hoy en día, ya que imitan a sus dioses, y cometen adulterio, y se contaminan con sus madres y hermanas, y al acostarse con varones: y algunos de ellos se han atrevido a matar incluso a sus padres. Porque si aquel que se dice ser la cabeza y rey de sus dioses ha hecho estas cosas, ¡cuánto más lo imitarán sus adoradores! Y grande es la locura que los Griegos han introducido en su historia acerca de él: pues no es posible que un dios cometa adulterio o fornicación, o que se acerque a dormir con varones, o que sea un parricida; de lo contrario, es mucho peor que un demonio destructivo.
Comentario editorial · Excurso: Cronos
Identificación Cronos-Chiun:
La versión siríaca identifica a Cronos con Chiun (Kiyyun en hebreo), el dios astral mencionado en (LXX: Raiphán, identificado con Saturno/Rephan por tradición rabínica). Esta ecuación Cronos = Saturno = Chiun = Moloch es compleja y refleja sincretismos del judaísmo helenístico. Moloch/Molek (fenicio mlk, "rey") era la deidad fenicio-cananea asociada con sacrificios infantiles por fuego (topheth), condenados en y . La tradición rabínica post-exílica identificó a Moloch con Saturno/Cronos porque ambos "devoraban" niños (Cronos metafóricamente en el mito, Moloch literalmente en el culto). Aristides asume esta identificación para presentar a Cronos como el arquetipo del dios asesino de niños, lo que tiene resonancias anti-paganas directas: en el siglo II, aunque Roma había prohibido formalmente el sacrificio humano, persistían acusaciones mutuas entre cristianos y paganos sobre infanticidio ritual. Al vincular a Cronos con sacrificios infantiles, Aristides invierte la acusación: son los paganos, no los cristianos, quienes tienen una teología que justifica el asesinato de inocentes.
El mito según Hesíodo:
La Teogonía de Hesíodo (versos 453–506) narra que Cronos (Krónos, asociado etimológicamente con chrónos, "tiempo", aunque la conexión es popular, no filológica), hijo de Urano (Cielo) y Gea (Tierra), castró a su padre con una hoz (hárpē) instigado por Gea. Luego se casó con su hermana Rea y, advertido por un oráculo de Gea y Urano de que sería destronado por su hijo, devoraba a cada hijo recién nacido: Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón. Rea, embarazada de Zeus, engañó a Cronos dándole una piedra (ómphalos) envuelta en pañales, que Cronos tragó creyendo que era el niño. Zeus, criado en Creta, obligó a Cronos a regurgitar a sus hermanos y lo venció en la Titanomaquia, encadenándolo en el Tártaro.
Refutación de Aristides:
El argumento es triple:
- Inseguridad ontológica: "Si Cronos es un dios y fue vencido por su hijo, entonces no es soberano (pantokrátōr)".
- Mutilabilidad física: "No es posible que Dios sea atado o amputado (dethênai ḕ apokopeînai)". La castración (ektomḗ) es signo de debilidad corporal; un dios incorpóreo (asṓmatos) no tiene genitales que cortar.
- Locura moral: "Enloqueció y comenzó a comerse a sus hijos" (manḗnai... katesthíein toùs hyioùs autoû). La manía (locura) es incompatible con la phrónēsis (sabiduría) divina definida en el cap. I ("es enteramente sabiduría y entendimiento").
Afrodita nacida de la espuma genital:
Hesíodo (Teog. 188–200) narra que cuando los genitales de Urano cayeron al mar, de la espuma (aphrós) nació Afrodita Urania ("celestial"). Aristides resume esto como "de donde nació Afrodita, que es llamada Astera" (ex hou...egennḗthē Aphroditḗ, kaloume nḗ Astárē). La identificación Afrodita = Astera/Astarté (fenicio 'Aštart, acadia Ištar) es otro sincretismo helenístico: Heródoto (I, 105, 131) ya equipara a la diosa mesopotámica del amor y la guerra con Afrodita. Al llamarla "Astera", Aristides subraya el origen no griego de la diosa más "griega", reforzando el argumento del cap. II sobre la procedencia extranjera del panteón heleno.
Comentario editorial · Excurso: Zeus
La refutación de Zeus ocupa más espacio que ninguna otra porque Zeus es ho megistos theós (el dios supremo) del panteón. Aristides presenta una genealogía de la corrupción: Zeus no solo es inmoral, sino que transmite inmoralidad a sus incontables descendientes semi-divinos, creando una dinastía de violencia y lujuria que contamina toda la mitología. El método es enumerativo-exhaustivo: listar tantas transgresiones que la conclusión sea inevitable.
"Se transformó en ganado y en todo lo demás" (metebálleto eis ktḗnē kaì eis tà loipá pánta): La metamorphḗ (transformación) de Zeus es un tema central de Ovidio (Metamorfosis) pero tiene raíces en la épica y la lírica arcaica. Las transformaciones no son aleatorias, sino estrategias de seducción/violación. Aristides enumera siete metamorfosis con sus respectivas víctimas:
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Toro → Europa y Pasífae: Europa, princesa fenicia, fue raptada por Zeus transformado en toro blanco y llevada a Creta (origen mítico del Minotauro). Pasífae, esposa del rey Minos, se enamoró de un toro (algunos mitos atribuyen esto a un hechizo de Poseidón, pero tradiciones minoritarias lo conectan con Zeus), engendrando al Minotauro. Aristides fusiona ambas tradiciones bajo el signo del toro, símbolo de virilidad y violencia.
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Oro → Dánae: Acrisio, rey de Argos, encerró a su hija Dánae en una torre de bronce para evitar el oráculo de que su nieto lo mataría. Zeus penetró en la torre como "lluvia de oro" (chrysoûs ombros), fecundando a Dánae. Perseo, el hijo resultante, eventualmente mataría accidentalmente a Acrisio. La lluvia de oro ha sido interpretada desde la antigüedad como metáfora de la corrupción (oro = soborno).
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Cisne → Leda: Leda, esposa de Tindáreo, fue seducida por Zeus transformado en cisne. De esta unión nacieron (según la versión más común) dos huevos: uno con Cástor y Pólux, otro con Helena y Clitemnestra. La tradición varía en cuáles son hijos de Zeus (divinos-inmortales) y cuáles de Tindáreo (humanos-mortales). La imagen del cisne es icónica en el arte occidental (cf. Yeats, Leda and the Swan).
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Hombre → Antíope: Antíope, hija de Nicteo, fue seducida por Zeus disfrazado de sátiro (sátyros) según Pausanias (IX, 25, 3). Aristides simplifica a "hombre" (anḗr), omitiendo el detalle bestial. De esta unión nacieron Anfión y Zeto, fundadores de las murallas de Tebas.
-
Rayo → Luna (Selene): Esta es una variante poco común. La tradición mayoritaria hace a Dioniso hijo de Zeus y Sémele (hija de Cadmo, mortal), no de Selene (diosa lunar). Sémele, persuadida por Hera celosa, pidió a Zeus que se le revelara en su forma verdadera; Zeus obedeció y ella fue incinerada por su resplandor divino (kerauneîn, "fulgurar"). Zeus rescató al feto de Dioniso y lo cosió en su muslo hasta el nacimiento. Aristides fusiona tradiciones o comete un error al mencionar "la Luna" como madre de Dioniso, aunque la asociación de Dioniso con ciclos lunares (especialmente en los misterios órficos) puede explicar la confusión.
-
Águila → Ganimedes: Ganimedes, príncipe troyano de gran belleza, fue raptado por Zeus transformado en águila (aetós) para ser su copero (oinokhóos) en el Olimpo y, según tradiciones helenísticas, su eromenos (amante masculino). Esta relación fue el modelo mítico de la pederastia griega (paiderastía), especialmente en contextos militares (Batallón Sagrado de Tebas) y filosóficos (simposios platónicos). Aristides menciona esto al final del párrafo con máxima indignación: "Y algunos de ellos han sido vilipendiados por acostarse con varones" (eni tini autôn oneidízesthai epi tôi koitázesthai metà arrhénōn). La pederastia, aunque institucionalizada en Grecia, era criminalizada en Roma (lex Scantinia, fecha incierta) y absolutamente condenada en el cristianismo, basándose en y , reforzado por .
El argumento de la imitación moral:
"Si el que se dice ser la cabeza y rey de sus dioses ha hecho estas cosas, ¡cuánto más lo imitarán sus adoradores!" (ei ho legómenos autoîs ke phalḗ kaì basileùs tôn theôn taûta pánta epoíēsen, pósōi mâllon mimḗsontai autòn hoi proskyn oûntes!). Este es el clímax retórico del capítulo: el argumentum a fortiori aplicado a la ética. Si Zeus, el páter andrôn te theôn te ("padre de dioses y hombres", Ilíada I, 544), es un modelo de incesto, adulterio, homosexualidad y violación, entonces la religión griega es una escuela de crimen (didaskaleîon kakías). Aristides no solo critica la mitología como falsa, sino como peligrosa: erosiona la moral cívica al proporcionar justificaciones divinas para actos criminales.
"Grande es la locura que los Griegos han introducido en su historia" (megálē he manía hḗn eisḗgagon hoi Héllēnes eis tḕn historían autoûn): El término historía aquí significa "narración" o "tradición" (de historeîn, "investigar", "narrar"), no "historia" en sentido moderno. Aristides critica la tradición mitográfica (Homero, Hesíodo, los trágicos) como responsable de la corrupción moral. La manía (locura) no es solo individual (la de Cronos), sino colectiva: todo el sistema cultural griego está insano por haber elevado estas narrativas a estatus teológico.
Cap. 10
Y de nuevo introducen otro dios, Hefesto; y dicen de él que es cojo y lleva un gorro en la cabeza, y sostiene en su mano tenazas y un martillo; y trabaja el bronce para así encontrar su necesario sustento. ¿Está entonces este dios tan necesitado? Siendo que es imposible que un dios sea necesitado o cojo: de lo contrario, es muy débil.
Y de nuevo introducen otro dios y lo llaman Hermes; y dicen que es un ladrón, amante de la avaricia y codicioso de ganancias, y un mago, tullido, atleta e intérprete de palabras: siendo que es imposible que un dios sea un mago, o avaro, o tullido, o que codicie algo que no es suyo, o un atleta; y si se demuestra lo contrario, no sirve para nada.
Y después de él introducen otro dios, Asclepio; y dicen que es un médico y prepara medicinas y vendajes para satisfacer su necesidad de sustento. ¿Está entonces este dios necesitado? Y al final fue fulminado por un rayo de Zeus, a causa de Tindáreo el lacedemonio; y así murió. Si, pues, Asclepio era un dios, y al ser alcanzado por un rayo no pudo ayudarse a sí mismo, ¿cómo es que pudo ayudar a otros? Siendo que es imposible que la naturaleza divina esté necesitada, o que sea alcanzada por un rayo.
Y de nuevo introducen otro dios y lo llaman Ares, y dicen que es un guerrero y celoso, y codicia ovejas y cosas que no le pertenecen, y adquiere posesiones a través de sus armas; y de él dicen que al final cometió adulterio con Afrodita y fue atado por un niño pequeño, Eros, y por Hefesto, el esposo de Afrodita: siendo que es imposible que un dios sea un guerrero, un prisionero o un adúltero.
Y de nuevo dicen de Dioniso que también es un dios, que celebra festivales por la noche y enseña la embriaguez, y se lleva mujeres que no le pertenecen: y al final dicen que enloqueció y abandonó a sus servidoras y huyó al desierto; y en esta locura suya comió serpientes; y al final fue asesinado por Titán. Si, pues, Dioniso era un dios, y al ser asesinado no pudo ayudarse a sí mismo; ¿cómo es que pudo ayudar a otros?
También introducen a Heracles, y dicen de él que es un dios, un odiador de las cosas odiosas, un tirano y un guerrero, y un asesino de los malvados: y de él dicen que al final enloqueció y mató a sus hijos y se arrojó al fuego y murió. Si, por tanto, Heracles es un dios y en todos estos males no pudo defenderse a sí mismo, ¿cómo es que otros le pedían ayuda? Siendo que es imposible que un dios esté loco o borracho o que sea un asesino de sus hijos, o que sea destruido por el fuego.
Comentario editorial · Excurso: Hefesto y Hermes
Este capítulo examina divinidades asociadas con oficios (téchnai) y funciones cívicas, demostrando que la necesidad de trabajo manual o astucia estratégica es incompatible con la autarquía (autosuficiencia) divina.
Hefesto: el dios necesitado
"Dicen de él que es cojo y lleva un gorro en la cabeza, y sostiene en su mano tenazas y un martillo; y trabaja el bronce para así encontrar su necesario sustento" (phasi... chōlòn... ergazómenos en chalkêi, hína heurískēi tḕn anankaían chreían autô i). Tres deficiencias descalifican a Hefesto:
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Deformidad física (anaperós, "tullido"): Homero (Il. I, 590–594) narra que Hefesto fue arrojado del Olimpo por Zeus (o por Hera, según Il. XVIII, 394–405) y quedó cojo (chōlós) tras caer durante un día entero hasta la isla de Lemnos. Una divinidad que sufre trauma físico irreversible no es omnipotente.
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Necesidad económica (chreia trophês, "necesidad de sustento"): Hefesto trabaja como herrero (chalkeus) para "ganarse la vida". Aristides retoma el término chreia ("necesidad") que en el cap. I definió como opuesto a la autosuficiencia divina. Un dios que trabaja por necesidad es un doulou (esclavo) de sus circunstancias.
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Ridiculización estética: "Lleva un gorro en la cabeza" (pileídion échōn). El pilos era el gorro cónico de los artesanos, símbolo de estatus bajo. Representar al "dios de la tecnología" con indumentaria de clase trabajadora es, para Aristides, prueba de que no es realmente divino sino un héroe cultural divinizado post mortem (evemerismo).
Hermes: el dios inmoral
"Dicen que es un ladrón, amante de la avaricia y codicioso de ganancias, y un mago, tullido, atleta e intérprete de palabras" (klepo tḗn... philárgyron... pleonéktēn... mágon... kynōn... athlētḕn... hermēneútēn lógōn). El catálogo es devastador:
- Ladrón (kléptēs): El Himno Homérico a Hermes (s. VII–VI a.C.) narra que Hermes, recién nacido, robó el ganado de Apolo. Aunque Zeus medió y Apolo perdonó a Hermes a cambio de la lira, el robo quedó como característica permanente.
- Avaro (philárgyros, lit. "amante de la plata"): Hermes era dios del comercio (agorá), y el comercio se asociaba en la mentalidad aristocrática griega con la pleonexía (codicia, lit. "tener más"). Platón critica la pleonexía como raíz de injusticia en República I.
- Mago (mágos): Hermes era psychopompós ("conductor de almas" al Hades) y señor de los hermêia (montones de piedras en cruces de caminos), asociados con magia ctónica. La mageía era vista con sospecha por la filosofía racionalista.
- Tullido (kynōs, lit. "perro"): Esta palabra es problemática en el griego. Los manuscritos tienen kynōn o kynoun, que no significa "tullido" sino algo relacionado con "perro" o "cínico". Es probable que haya una corrupción textual. La versión siríaca traduce "tullido", sugiriendo que el original griego podría haber sido kypselon ("jorobado") o similar. Algunos editores conjeturan que debería ser dóliios ("astuto", "engañoso"), epíteto homérico de Hermes.
- Atleta (athlētḗs): Hermes era patrón de los gimnasios (palaístrai). Para un apologista cristiano, el atletismo griego era vanidad corporal asociada con desnudez pública, anatema para la modestia judeocristiana.
Asclepio: el médico fulminado
"Dicen que es un médico y prepara medicinas y vendajes para satisfacer su necesidad de sustento" (íatròs... pharmakéuōn kaì katadesmôn poiōn, hína... tḕn chreían autoû). Asclepio era el más "benéfico" (euergétēs) de los dioses del panteón, y su culto (centrado en Epidauro) rivalizaba en popularidad con el cristianismo en el siglo II. Los asklepieia (santuarios de Asclepio) funcionaban como hospitales donde enfermos pasaban la noche esperando sueños curativos (incubatio). Aristides ataca en tres frentes:
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Necesidad material: Asclepio "necesita sustento" de las ofrendas de enfermos. Un curador que cobra no es un dios sino un profesional (technítēs).
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Impotencia ante el rayo: "Fue alcanzado por un rayo de Zeus, a causa de Tindáreo el lacedemonio; y así murió" (ekera unōthḗ hypo Diòs.. .kaì apéthanen). Según Píndaro (Pítica III, 54–58), Asclepio resucitó a Hipólito (hijo de Teseo), violando las leyes de la muerte, y Zeus lo fulminó. La mortalidad de Asclepio es incompatible con la inmortalidad divina.
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Argumento retórico invertido: "Si al ser alcanzado por un rayo no pudo ayudarse a sí mismo, ¿cómo es que pudo ayudar a otros?" (ei keraun ōtheìs ouk edynḗthē boēthêsai heautô i, pôs ēdynḗthē állois boētheîn?). Este es un argumento a fortiori devastador. Si un médico no puede curarse a sí mismo de la muerte, ¿qué esperanza tienen sus pacientes? Los apologistas usaban este argumento frecuentemente para invertir las acusaciones paganas de que Jesús, siendo "hijo de Dios", no pudo salvarse de la cruz. La diferencia, argumentarían, es que Cristo eligió morir y resucitó; Asclepio fue forzado a morir y no resucitó.
Comentario editorial · Excurso: Ares, Dioniso y Heracles
Los tres dioses restantes del capítulo X representan aspectos de la violencia masculina: militar (Ares), orgiástica (Dioniso) y heroica (Heracles). Aristides los agrupa porque todos comparten un patrón: ejercen violencia sobre otros pero son vencidos por fuerzas superiores o autodestructivos, demostrando que su poder es relativo, no absoluto.
Ares: el guerrero prisionero
"Dicen que es un guerrero y celoso, y codicia ovejas y cosas que no le pertenecen, y adquiere posesiones a través de sus armas" (polemiárkhēs... dzēlōtḗs.. .epithumêí próbata kaì tà mḕ ónta autoû.. .ktízō n diá tôn hóplōn). Tres acusaciones:
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Profesionalización de la guerra: Ares es polemarkhos ("líder de guerra"), lo que implica que la guerra es su téchne (oficio), no su esencia. Un dios que trabaja en la guerra (como Hefesto en la herrería) no es ontológicamente superior a un general humano.
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Codicia (epithumía): Aristides acusa a Ares de rapiña: "codicia ovejas" (símbolo de botín de guerra) y "adquiere posesiones a través de armas". La guerra como medio de enriquecimiento era moralmente ambigua en la ética greco-romana: glorificada cuando es expansión imperial, condenada cuando es piratería o latrocinio.
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Adulterio y prisión: "Cometió adulterio con Afrodita y fue atado por un niño pequeño, Eros, y por Hefesto, el esposo de Afrodita" (emoícheusen Aphrodítēn kaì edéthē hypò paidiou... Érōtos kaì Hēphaístou toû andròs Aphrodítēs). Homero (Od. VIII, 266–366) narra que Hefesto, advertido por Helios del adulterio, tendió una trampa invisible que atrapó a Ares y Afrodita in flagrante, exponiéndolos a la burla de los dioses. El detalle de que "un niño pequeño" (Eros) participó en la captura añade humillación: Ares, dios de la guerra, es vencido por un paîs (niño), símbolo de debilidad. Argumento implícito: Si un dios puede ser atado (dethênai), no es omnipotente; si puede ser humillado sexualmente, no es digno de veneración.
Dioniso: el dios de la locura ebria
"Dicen que es un dios que celebra festivales por la noche y enseña la embriaguez, y se lleva mujeres que no le pertenecen" (heortázōn nyktṓr... didáskalón méthēs... apágōn gynaikas mḕ oússas autoû). Tres transgresiones:
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Festivales nocturnos (orgia nykteriná): Las orgía dionisíacas (de donde deriva "orgía" en español, aunque el término griego originalmente significaba solo "ritos secretos") eran celebraciones extáticas con vino, música y danza, a menudo culminando en sparagmos (desmembramiento ritual de un animal) y omophagia (consumo de carne cruda). Para observadores externos (y cristianos), estas prácticas eran obscenas y peligrosas.
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Pedagogía de la embriaguez (méthē): Dioniso como didáskalos méthēs ("maestro de la embriaguez") invierte el ideal educativo griego de paideia (formación del carácter mediante educación racional). La embriaguez era vista por estoicos y cristianos como pérdida de la razón (ánoía), el rasgo distintivo de la humanidad.
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Rapto de mujeres (harpagḕ gynaikôn): Las Bacantes (mujeres seguidoras de Dioniso) abandonaban sus hogares para celebrar en las montañas, lo que socialmente equivalía a deserción doméstica. Eurípides (Bacantes) dramatiza el conflicto entre Penteo (que intenta restablecer el orden cívico) y Dioniso (que libera las pasiones femeninas reprimidas).
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Locura y serpentofagia: "Al final enloqueció y abandonó a sus servidoras y huyó al desierto; y en esta locura suya comió serpientes" (emánē... apéphygen eis tḕn érēmon... éphage ópheis). Esta tradición es oscura; probablemente Aristides mezcla varias versiones del mito. En los Himnos Órficos, Dioniso es despedazado por los Titanes y resucitado por Zeus; en otros relatos, Dioniso enloquece temporalmente por castigo de Hera. La serpentofagia puede aludir a ritos dionisíacos donde serpientes sagradas (ópheis theoû) se usaban en procesiones.
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Muerte definitiva: "Fue asesinado por Titán" (ethanatoóth ē hypò Titânos). La muerte violenta de un dios lo descalifica como inmortal. Aristides no desarrolla el ciclo órfico de muerte y resurrección de Dioniso (que podría haber sido una contra-argumento pagano a la Resurrección de Cristo), simplemente afirma: si murió, no es Dios.
Heracles: el héroe autodestructivo
Heracles es el paradigma del héroe griego: fuerza sobrehumana, hazañas imposibles (los Doce Trabajos), benefactor de la humanidad al liberar el mundo de monstruos. Sin embargo, Aristides lo presenta como un caso extremo de virtud corrompida:
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"Odiador de las cosas odiosas" (misōn tà stygetá): Este epíteto, que podría parecer elogioso (odiar el mal es virtud), Aristides lo usa irónicamente: Heracles es un justiciero (dikastas), no un dios. Su función es reactiva (elimina males existentes), no creativa (instituir el bien absoluto).
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"Tirano" (týrannos): Este término es ambiguo en griego. Originalmente designaba a un gobernante no dinástico que toma el poder por la fuerza, sin connotación necesariamente negativa. Sin embargo, en el siglo II, týrannos había adquirido el sentido peyorativo de "déspota cruel". Heracles actuaba frecuentemente como campeón al servicio de Euristeo, pero también cometió actos arbitrarios (mató a Lino, su maestro de música; mató a sus propios hijos en un ataque de locura).
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Locura homicida: "Enloqueció y mató a sus hijos y se arrojó al fuego y murió" (emánē... apoktéinas toùs hyioùs... ébalen heautòn eis pŷr kaì apéthanen). Eurípides (Heracles Furioso) dramatiza la locura enviada por Hera: Heracles, creyendo que sus hijos son enemigos, los mata con sus propias manos. Posteriormente, atormentado por la culpa, se purifica mediante los Trabajos impuestos por Euristeo. La muerte de Heracles en la pira del monte Eta (después de vestir la túnica envenenada de Neso) es su apoteosis: según el mito, su parte mortal se quema y su parte divina asciende al Olimpo. Aristides omite la apoteosis, enfatizando solo la muerte: "Se arrojó al fuego y murió". Argumento implícito: Si necesitó inmolarse, no era inmortal ab initio; si fue víctima de veneno, no era invulnerable; si mató a sus hijos, no era virtuoso. Conclusión: no es Dios.
Cap. 11
Y después de él introducen otro dios y lo llaman Apolo: y dicen de él que es celoso y cambiante; y a veces sostiene un arco y un carcaj, y a veces una lira y un plectro; y da oráculos a los hombres para recibir una recompensa de ellos. ¿Está entonces este dios necesitado de recompensa? Siendo que es vergonzoso que todas estas cosas se encuentren en un dios.
Y después de él introducen a Artemisa, una diosa, hermana de Apolo; y dicen que era una cazadora; y llevaba un arco y flechas, y andaba por las montañas guiando perros, ya sea para cazar ciervos o jabalíes. Siendo que es vergonzoso que una doncella ande sola por las montañas persiguiendo la caza de bestias. Y por tanto, no es posible que Artemisa sea una diosa.
De nuevo dicen de Afrodita que ella, en verdad, es una diosa; y a veces, en verdad, habita con sus dioses, y a veces comete adulterio con hombres; y a veces tiene a Ares como amante y a veces a Adonis, que es Tammuz: y a veces, en verdad, Afrodita está gimiendo y llorando por la muerte de Tammuz: y dicen que descendió al Hades para rescatar a Adonis de Perséfone, que era la hija de Hades. Si, pues, Afrodita es una diosa y no pudo ayudar a su amante en su muerte, ¿cómo puede ayudar a otros? Y esto es algo imposible de escuchar, que la naturaleza divina llegue al llanto, al lamento y al adulterio.
Y de nuevo dicen de Tammuz que es un dios; y es, en verdad, un cazador y un adúltero; y dicen que fue muerto por el golpe de un jabalí, y no pudo ayudarse a sí mismo. Y si no pudo ayudarse a sí mismo, ¿cómo puede cuidar de la raza humana? Y esto es imposible, que un dios sea un adúltero o un cazador o que haya muerto violentamente.
Y de nuevo dicen de Rea que ella, en verdad, es la madre de sus dioses; y dicen de ella que en un tiempo tuvo un amante, Atis, y se regocijaba en hombres corruptibles; y al final estableció lamentaciones, y se lamentaba por su amante Atis. Si, pues, la madre de sus dioses no pudo ayudar a su amante y rescatarlo de la muerte, ¿cómo es posible que ayude a otros? Es vergonzoso, entonces, que una diosa se lamente y llore, y que se regocije por seres corruptibles.
De nuevo presentan a Coré; y dicen que era una diosa y que fue raptada por Plutón y no pudo ayudarse a sí misma. Si, pues, ella es una diosa y no pudo ayudarse a sí misma, ¿cómo puede ayudar a otros? Porque una diosa que es raptada es extremadamente débil.
Todas estas cosas, pues, oh rey, los Griegos han presentado acerca de sus dioses, y han inventado y dicho acerca de ellos: de donde todos los hombres han tomado ocasión para hacer todas las cosas malvadas e impuras: y por ello toda la tierra ha sido corrompida.
Comentario editorial · Excurso: los dioses del capítulo XI
"Dicen de él que es celoso y cambiante; y a veces sostiene un arco y un carcaj, y a veces una lira y un plectro; y da oráculos a los hombres para recibir una recompensa de ellos" (dzēlōtḗs... allássōn... toté mèn tóxon... toté dè kithára n... manteuómenos toîs anthrópois, hína misthòn lábēi par' autôn). Tres deficiencias:
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Volatilidad temperamental (allássōn, "cambiante"): Un dios que cambia de humor no tiene la stathērótēs (estabilidad) de carácter que el estoicismo requería del sabio (sophós) y, a fortiori, de Dios.
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Polivalencia funcional: Apolo es simultáneamente dios de la guerra (arquero), de la música (lira) y de la adivinación (oráculo délfico). Esta pluralidad de roles sugiere que es un compuesto de tradiciones locales helenizadas bajo un solo nombre, no una persona divina coherente.
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Venalidad profética (misthòs, "recompensa"): Los oráculos griegos (Delfos, Dodona, Dídima) funcionaban mediante un sistema de consultas pagadas (promanteía). Los consultantes ofrecían sacrificios y pagaban honorarios a los sacerdotes. Aristides argumenta que si Apolo exige pago por revelar el futuro, entonces su conocimiento no es un don gratuito de divinidad omnisciente, sino un servicio comercializado. Esto es paralelo a la crítica de Cristo a los mercaderes del Templo (): la religión no debe ser empórios (comercio).
Artemisa: la virgen cazadora itinerante
"Dicen que era una cazadora; y llevaba un arco y flechas, y andaba por las montañas guiando perros, ya sea para cazar ciervos o jabalíes" (kynēgétis... phoroûsa tóxon kaì beloûs.. .peripathoûsa en tois óresin, ágousa kýnas). La crítica es sociológica más que ontológica:
- Vergüenza de género (aiskhrón): "Es vergonzoso que una doncella ande sola por las montañas persiguiendo la caza de bestias" (aiskhrón esti parthénon monoûs an periodeúein ta órē kaì thērâin thēría). En la sociedad grecorromana del siglo II, una mujer "respetable" (sophrosýnē) permanecía en el oîkos (casa). Una mujer que vagabundea sin kyrios (tutor masculino) por lugares salvajes es socialmente transgresora. Para un apologista cristiano con ética judeocristiana estricta sobre roles de género, la "independencia" de Artemisa no es admirable sino escandalosa.
- Virginidad como defecto: Paradójicamente, aunque el cristianismo valoriza la virginidad consagrada, Aristides parece criticar la virginidad de Artemisa como esterilidad improductiva, no como castidad virtuosa. Esto puede reflejar que Aristides, escribiendo para un emperador pagano, usa valores grecorromanos (la matrona fecunda como ideal) contra la propia mitología griega, no valores específicamente cristianos.
Afrodita: la diosa llorona y adúltera
"Dicen que ella, en verdad, es una diosa; y a veces, en verdad, habita con sus dioses, y a veces comete adulterio con hombres" (theá estin.. .toté mèn synoikeî toîs theoîs autoû.. .toté dè moikheúetai metà anthrópōn). La acusación es triple:
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Promiscuidad inter-cósmica: Afrodita no solo es adúltera (ya demostrado con Ares), sino que su promiscuidad cruza la barrera ontológica divino/humano: "comete adulterio con hombres" (moikheúetai metà anthrópōn). Esto viola el principio platónico de que lo superior no se mezcla con lo inferior sin degradarse.
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Lamento por Tammuz/Adonis: "A veces está gimiendo y llorando por la muerte de Tammuz" (klaioysa kaì odyrómena epì tôi thanátōi Tammouî). Tammuz (babilonio Dumuzi, sirio Tammuz) era el dios de la vegetación cuya muerte anual (en verano) era llorada por mujeres en ritos mesopotámicos condenados en . El sincretismo helenístico identificó a Tammuz con Adonis (fenicio Adon, "Señor"), amante de Afrodita muerto por un jabalí. Los misterios de Adonis incluían lamentaciones rituales femeninas (Adonía). Aristides presenta esto como prueba de impotencia divina: "Si Afrodita es una diosa y no pudo ayudar a su amante en su muerte, ¿cómo puede ayudar a otros?" (ei Aphrodítē theá oûsa kaì ouk edynḗthē boēthêsai tôi erastêi autoû en tô i thanátoii autoû, pōs dýnatai boētheîn állois?).
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Katabasis al Hades: "Dicen que descendió al Hades para rescatar a Adonis de Perséfone" (katélythē eis Háidou, hína lytrṓsētai Ádōnin ek Persephónēs). Esta tradición (paralela al descenso de Ishtar por Tammuz en mitología mesopotámica) presenta a Afrodita como impotente ante Perséfone, reina del inframundo. Si necesita negociar con otra diosa, no es omnipotente.
Tammuz/Adonis: el dios que muere
"Dicen que es un dios; y es, en verdad, un cazador y un adúltero; y dicen que fue muerto por el golpe de un jabalí, y no pudo ayudarse a sí mismo" (thēreútēs... moikkhós... ethanáto thē hypò ktypḗmatos sýou agríou). El ciclo de muerte-resurrección de Adonis era central en los cultos mistéricos. Sin embargo, Aristides omite la resurrección (como hizo con Heracles), enfatizando solo la muerte. Este silencio es estratégico: reconocer la resurrección de Adonis sería problemático para los apologistas, ya que los paganos podrían responder: "Si Adonis resucitó, ¿por qué rechazáis nuestros misterios y aceptáis a Cristo?". La diferencia cristiana era que Cristo resucitó históricamente (en el reinado de Tiberio, con testigos nombrables), no mitológicamente (en el tiempo primordial, illo tempore). Pero esta distinción requiere argumentación compleja, que Aristides evita simplemente ignorando la resurrección de Adonis.
Rea/Cibeles: la Magna Mater inconsolable
"Dicen de ella que en un tiempo tuvo un amante, Atis, y se regocijaba en hombres corruptibles; y al final estableció lamentaciones, y se lamentaba por su amante Atis" (Átyn... kopetôn katéstēse... ōdýreto Átyn). Rea es identificada aquí con Cibeles, la Magna Mater (Gran Madre) de Frigia, cuyo culto llegó a Roma en 204 a.C. El amante de Cibeles es Atis (o Attis), un joven pastor que, según la versión más común, se auto-castró en un acceso de locura religiosa y murió. Cibeles lo lloró eternamente, y sus sacerdotes (gáll oi) se castraban ritualmente en imitación de Atis durante festivales extáticos. Aristides ataca en dos frentes:
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Amor por lo corruptible: "Se regocijaba en hombres corruptibles" (chairoysa en phthartoîs anthrópois). Si una diosa depende emocionalmente de un mortal, su naturaleza no es autárquica.
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Luto perpetuo: "Estableció lamentaciones" (kopetôn katéstēse). Los kop etoí (lamentos rituales) eran golpes de pecho, rasgado de vestiduras, etc. Una diosa que institucionaliza el lamento admite su impotencia ante la muerte.
Coré/Perséfone: la diosa raptada
"Dicen que era una diosa y que fue raptada por Plutón y no pudo ayudarse a sí misma" (ēpásthē hypò Ploútōnos kaì ouk edynḗthē heautḗi boēthêsai). Coré (lit. "la doncella") = Perséfone, hija de Deméter, fue raptada por Hades/Plutón para ser reina del inframundo (Himno Homérico a Deméter). El rapto es el mito fundacional de los Misterios Eleusinos, que prometían iniciación en los secretos de la vida después de la muerte. Aristides reduce este mito complejo a una sola pregunta: "Si ella es una diosa y no pudo ayudarse a sí misma, ¿cómo puede ayudar a otros?" (ei theá estin kaì ouk ēdynḗthē heautḗi boēthêsai, pôs dýnatai boētheîn állois?). Una diosa víctima de secuestro es "extremadamente débil" (sfódra asthenḗs).
Cap. 12
Ahora bien, los Egipcios, porque son más malvados e ignorantes que todos los pueblos sobre la tierra, han errado más que todos los hombres. Pues el culto de los Bárbaros y de los Griegos no les fue suficiente, sino que introdujeron también la naturaleza de las bestias, y dijeron de ellas que eran dioses: y también de los reptiles que se encuentran en la tierra seca y en las aguas, y de las plantas y hierbas han dicho que algunas de ellas son dioses, y se han corrompido en toda locura e impureza más que todos los pueblos que hay sobre la tierra. Porque antiguamente adoraban a Isis; y dicen que ella, en verdad, es una diosa, que tuvo, en verdad, un esposo, Osiris, su hermano; pero cuando, en verdad, Osiris fue asesinado por su hermano Tifón, Isis huyó con su hijo Horus a Biblos en Siria y estuvo allí por un tiempo hasta que su hijo creció: y él contendió con su tío Tifón y lo mató, y entonces Isis regresó y anduvo con su hijo Horus, buscando el cuerpo de Osiris su señor, y lamentando amargamente su muerte. Si, por tanto, Isis es una diosa, y no pudo ayudar a Osiris su hermano y señor, ¿cómo es posible que ayude a otros? Siendo que es imposible que la naturaleza divina tema y huya, o llore y se lamente. De lo contrario, es una gran desgracia.
Pero de Osiris dicen que es un dios, uno benéfico; y fue asesinado por Tifón y no pudo ayudarse a sí mismo; y es evidente que esto no puede decirse de la Deidad.
Y de nuevo dicen de Tifón, su hermano, que es un dios, un fratricida, y asesinado por el hijo y la esposa de su hermano, ya que no pudo ayudarse a sí mismo. Y ¿cómo puede ser un dios quien no se ayuda a sí mismo?
Ahora bien, porque los Egipcios son más ignorantes que el resto de los pueblos, estos y otros dioses semejantes no les bastaron, sino que también pusieron el nombre de dioses a las bestias que son meramente sin alma. Porque algunos hombres entre ellos adoran a la oveja, y otros al ternero; y algunos de ellos al cerdo, y otros al pez sábalo; y algunos de ellos al cocodrilo, y al halcón, y al cormorán, y al milano, y al buitre, y al águila, y al cuervo; algunos de ellos adoran al gato, y otros al pez Shibbuta; algunos de ellos al perro, y algunos de ellos a la serpiente, y algunos al áspid, y otros al león, y otros al ajo, y a las cebollas, y a las espinas, y otros al leopardo, y cosas semejantes.
Y los pobres desgraciados no perciben con respecto a todas estas cosas que no son nada; mientras que cada día ven a sus dioses, que son comidos y destruidos por los hombres, sí, incluso por sus propios semejantes; y algunos de ellos siendo quemados, y algunos de ellos muriendo y pudriéndose y convirtiéndose en desecho; y no entienden que son destruidos de muchas maneras.
Y, por consiguiente, los Egipcios no han entendido que los de su clase no son dioses, ya que su salvación no está en su propio poder; y si son demasiado débiles para su propia salvación, entonces, en cuanto a la salvación de sus adoradores, ¿de dónde tendrán el poder para ayudarlos?
Comentario editorial · Excurso: la zoolatría egipcia
Aristides reserva su crítica más mordaz para los egipcios, a quienes considera "más malvados e ignorantes que todos los pueblos sobre la tierra" (kakiótero i kaì agn ṓstoteroi ólōn tôn lý ethḗn tôn epì prosṓpou tês gês). Esta dureza retórica tiene una doble explicación:
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Estrategia apologética de gradación: Aristides ha construido una jerarquía descendente del error: Bárbaros (adoración de elementos) → Griegos (antropomorfismo mitológico) → Egipcios (zoolatría, adoración de animales y plantas). La zoolatría es presentada como el nadir (tò éschaton) de la degradación religiosa, pues invierte completamente la jerarquía ontológica: el hombre, cima de la creación (cap. I), adora lo que es inferior a él.
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Polémica histórico-cultural: Egipto era visto en el judaísmo y el cristianismo con ambivalencia: por un lado, era la tierra de la esclavitud del Éxodo; por otro, era cuna de sabiduría hermética (Moisés "instruido en toda la sabiduría de los egipcios", ). Los apologistas resolvían esta ambivalencia distinguiendo entre la sabiduría natural egipcia (astronomía, medicina, geometría) y su religión idolátrica. Aristides adopta esta distinción: no niega la inteligencia egipcia, pero afirma que en religión han sido "más ignorantes (agnōs tótēroi) que todos".
Isis y Osiris: el paradigma de la impotencia divina
"Antiguamente adoraban a Isis; y dicen que ella, en verdad, es una diosa, que tuvo, en verdad, un esposo, Osiris, su hermano" (palaiôs elatreuon Ísidi.. .théa.. .ándra échoy san Óseirin tòn adelphòn autoû). El incesto divino fraternal (común en el panteón egipcio: Osiris-Isis, Set-Neftis, Geb-Nut) ya es una transgresión según la ética grecorromana y judeocristiana (aunque Persia y Egipto permitían matrimonios entre hermanos en familias reales).
El mito osiriano, central en la religión egipcia, es narrado con economía pero precisión:
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Asesinato por Set/Tifón: "Osiris fue asesinado por su hermano Tifón" (ethanátothe Oseiri s hypò toû adelphoû autoû Týphōnos). Set (gr. Typhon, asociado con el monstruo griego Tifón) desmembra a Osiris y esparce las partes por Egipto.
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Huida de Isis: "Isis huyó con su hijo Horus a Biblos en Siria" (éphyge Ísis... eis Býblon tês Syrías). La mención de Biblos es históricamente precisa: Plutarco (De Iside et Osiride 15–16) narra que un fragmento de Osiris fue encerrado en un árbol que llegó a Biblos como columna del palacio real. Isis viajó allí para recuperarlo.
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Venganza de Horus: "Horus contendió con su tío Tifón y lo mató" (ēgōnísato Hōros... Týphōni kaì apékteine autón). Horus, al crecer, vengó a su padre venciendo a Set en combate.
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Búsqueda del cuerpo: "Isis regresó y anduvo con su hijo Horus, buscando el cuerpo de Osiris su señor, y lamentando amargamente su muerte" (epéstrepse Ísis kaì periepatēse.. .zētoûsa... tò sô ma Oseiridos toû andròs kaì kyríou autoû, odyroméne piktròs tòn thánaton autoû).
Refutación:
"Si Isis es una diosa, y no pudo ayudar a Osiris su hermano y señor, ¿cómo es posible que ayude a otros?" (ei Ísis theá estin kaì ouk edynḗthē boēthêsai Oseiridi.. ., pôs dýnatai boētheîn állois?). El argumento es el mismo que aplicó a Afrodita/Tammuz, pero aquí añade una observación psicológica: "Siendo que es imposible que la naturaleza divina tema y huya, o llore y se lamente" (adýnaton gár estin tḕn theían phýsin phobeîsthai kaì pheýgein, ḕ klaíein kaì odýresthai). Las emociones pasivas (miedo, dolor, luto) son incompatibles con la apátheia (impasibilidad) divina, dogma tanto estoico como cristiano. Un dios que siente (páskhei) es un dios pasivo (pathētós), y lo pasivo no puede ser causa primera activa.
Osiris y Tifón: fratricida e impotencia recíproca
Aristides dedica dos párrafos breves a demostrar que ni Osiris ni Tifón merecen ser dioses:
- Osiris: "Dicen que es un dios, uno benéfico (euergétēs); y fue asesinado por Tifón y no pudo ayudarse a sí mismo" (apektánthē hypò Týphōnos kaì ouk edynḗthē boēthêsai heautô i).
- Tifón: "Dicen que es un dios, un fratricida (adelphoktónos), y asesinado por el hijo y la esposa de su hermano, ya que no pudo ayudarse a sí mismo" (apektánthē hypò toû hyioû kaì tês gynaikòs toû adelphoû autoû, katʰóti ouk ēdynḗthē heautô i boēthêsai).
La estructura es quiástica (A mata B, C mata A), demostrando que ambos son relativamente poderosos pero no absolutamente omnipotentes. En un sistema politeísta donde los dioses se matan entre sí, ninguno puede ser el Dios supremo.
El catálogo zoológico:
La lista de animales adorados es impresionante y refleja conocimiento real de la religión egipcia:
- "La oveja" (próbaton): El carnero sagrado de Amón-Ra en Tebas; el cordero de Mendes (Banebdjedet).
- "El ternero" (móschos): El toro Apis (Hapi) de Menfis, encarnación de Ptah; el toro Mnevis (Mer-wer) de Heliópolis.
- "El cerdo" (choîros): Menos común, pero Set era a veces representado como jabalí; algunos nomes (provincias) tenían cultos porcinos locales.
- "El pez sábalo" (selákhos, lit. "tiburón" o "pez cartilaginoso"): La versión siríaca tiene ܫܠܘܫܐ (shalūshā), probablemente el pez Lepidotus (lepidōtós) o el Oxirrinco (oxýrhynchos), peces sagrados en varios nomes (distritos).
- "El cocodrilo" (krokódeilos): Sobek, adorado especialmente en Fayum y Kom Ombo. Templos mantenían cocodrilos vivos en estanques sagrados.
- "El halcón" (híerax): Horus, dios solar y real, representado como halcón o hombre con cabeza de halcón.
- "El cormorán" (katarráktēs, lit. "que se zambulle"): Posiblemente confusión con el ibis (î bis), ave sagrada de Thot.
- "El milano" (íktinos): Ave rapaz asociada con Isis en algunos contextos.
- "El buitre" (gŷps): Nejbet, diosa protectora del Alto Egipto, representada como buitre.
- "El águila" (aetós): Menos común, pero asociada con Horus en forma aguilar.
- "El cuervo" (kórax): No es una deidad egipcia principal; puede ser confusión con el ibis negro.
- "El gato" (aílouros): Bastet/Bast, diosa de la fertilidad y la guerra, adorada en Bubastis. Los gatos eran momificados por miles.
- "El pez Shibbuta" (ܫܒܘܛܐ, shebbuṭā): Probablemente el bagre del Nilo (Synodontis schall) o el Lates niloticus (perca del Nilo), ambos sagrados en ciertos nomes.
- "El perro" (kýōn): Anubis, dios de la momificación, con cabeza de chacal/perro.
- "La serpiente" (óphis): Uraeus (cobra), símbolo de soberanía real; Apofis, serpiente del caos; Renenutet, diosa-serpiente de la cosecha.
- "El áspid" (aspís): Cobra egipcia, instrumento de muerte de Cleopatra VII; símbolo de Wadjet, diosa del Bajo Egipto.
- "El león" (léōn): Sekhmet, diosa leonina de la guerra; Aker, dios-león guardián del horizonte.
- "El leopardo" (párdalis): Asociado con sacerdotes de Osiris, que vestían pieles de leopardo.
Vegetales y minerales:
- "Ajo" (skórodon): No es una deidad, pero el ajo era tabú en ciertos templos egipcios (los sacerdotes de Pelusio lo consideraban impuro).
- "Cebollas" (krómya): Igualmente tabú en algunos templos pero valoradas en otros contextos.
- "Espinas" (ákantha): Posiblemente alusión a la acacia (shittah en hebreo), árbol sagrado asociado con Osiris.
Refutación final:
"Y los pobres desgraciados no perciben con respecto a todas estas cosas que no son nada; mientras que cada día ven a sus dioses, que son comidos y destruidos por los hombres, sí, incluso por sus propios semejantes" (hoi talaípōr oi ouk antilambanó menoi perì pántōn toýtōn hóti oudén eisin; hekástēs hēméras horṓntes toùs theoùs autoî n, broutoménoys kaì apollyménous hypò tôn anthrópōn, kaì hupo allyélōn ōmosýllōn autoû n).
El argumento es triple:
-
Comestibilidad (brṓsis): Los animales adorados son sacrificados y comidos ritualmente o en contextos seculares. Un dios que es consumido (esthiómenos) por sus adoradores es obviamente inferior a ellos.
-
Depredación interespecífica: "Incluso por sus propios semejantes" (kaì hyp' allḗlōn homoiýllōn). Los animales se cazan entre sí: el halcón come al ratón sagrado, el gato caza al ibis, la serpiente devora al pez. Si los dioses se devoran mutuamente, ¿qué esperanza tienen los humanos de protección?
-
Putrificación (sêpsis): "Algunos de ellos siendo quemados, y algunos de ellos muriendo y pudriéndose y convirtiéndose en desecho" (kaí tines autôn kaiómenoi, kaí tines apothnḗskóntes kaì sēpómenoi kaì ginoménoi apokatástasis). La palabra apokatástasis (aquí "desecho") literalmente significa "restauración" o "restitución", pero en contexto significa "lo que queda", "residuo putrefacto". Los animales muertos se descomponen (sḗpsis), demostrando que su naturaleza es corruptible (phtʰartós), no divina.
Conclusión devastadora:
"Los Egipcios no han entendido que los de su clase no son dioses, ya que su salvación no está en su propio poder; y si son demasiado débiles para su propia salvación, entonces, en cuanto a la salvación de sus adoradores, ¿de dónde tendrán el poder para ayudarlos?" (ouk enóēsan hoi Aigýptioi hóti tà toiaûta ouk eisìn theoí, epeidḕ hē sōtēría autôn ouk éstin en tê i exousíai autôn; kaì ei asthenésteroi túnchánousin éi s tḕn idían sōtērían, póthen dunaḗsontai boēthêsai toîs proskynoûsin autoís?).
Este es el remate silogístico de toda la sección anti-pagana (caps. III–XII): Si X no puede salvarse a sí mismo, X no puede salvar a otros. Los elementos (caps. III–VI) son dominados por el hombre; los hombres deificados (cap. VII) mueren; los dioses griegos (caps. VIII–XI) son vencidos, encadenados, fulminados; los dioses egipcios (cap. XII) son comidos, quemados, descompuestos. Ninguno se salva a sí mismo (oudéis sṓzei heautón). Por tanto, ninguno es Dios (oudéis estin theós). Q.E.D.
Cap. 13
Los Egipcios, pues, han errado con un gran error, por encima de todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra. Pero es motivo de asombro, oh rey, acerca de los Griegos, que, superando a todos los demás pueblos en sus costumbres y en su razón, así se hayan extraviado tras ídolos muertos e imágenes insensatas: mientras ven a sus dioses aserrados y pulidos por sus fabricantes, y recortados, cortados, quemados, moldeados y transformados en toda forma por ellos. Y cuando envejecen y fallan por el paso del tiempo, y son fundidos y hechos pedazos, ¿cómo es que no entienden acerca de ellos que no son dioses? Y aquellos que no tienen la habilidad para su propia preservación, ¿cómo podrán cuidar de los hombres?
Pero incluso los poetas y filósofos entre ellos, estando en el error, han introducido acerca de ellos que son dioses, cosas como estas que son hechas para el honor de Dios Todopoderoso; y estando en el error buscan hacerlos semejantes a Dios, a quien ningún hombre ha visto jamás a quién se parece; ni es capaz de verlo; y junto con estas cosas introducen acerca de la Deidad como si se encontrara deficiencia en ella; en cuanto dicen que acepta sacrificio y pide holocausto y libación y asesinatos de hombres y templos. Pero Dios no es necesitado, y ninguna de estas cosas es buscada por Él: y es claro que los hombres están en el error en las cosas que imaginan.
Pero sus poetas y filósofos introducen y dicen que la naturaleza de todos sus dioses es una; pero no han entendido de Dios nuestro Señor, que mientras Él es uno, está sin embargo en todo. Ellos, pues, están en el error; porque si, mientras el cuerpo del hombre es múltiple en sus partes, ningún miembro teme a su prójimo, sino que mientras es un cuerpo compuesto, todo está en igualdad con todo: así también Dios, que es uno en su naturaleza, tiene una sola esencia propia de Él, y es igual en su naturaleza y su esencia, ni se teme a sí mismo. Si, por tanto, la naturaleza de los dioses es una, no es propio que un dios persiga a un dios, ni lo mate, ni le haga lo que es malo.
Si, pues, los dioses fueron perseguidos y traspasados por dioses, y algunos de ellos fueron raptados y otros fueron alcanzados por un rayo; es claro que la naturaleza de sus dioses no es una, y de ahí es claro, oh rey, que es un error lo que especulan sobre la naturaleza de sus dioses, y que los reducen a una sola naturaleza.
Si, pues, es propio que admiremos a un dios que es visible y no ve, ¡cuánto más digno de admiración es que un hombre crea en una naturaleza que es invisible y que todo lo ve! Y si de nuevo es justo que un hombre investigue las obras de un artífice, ¡cuánto más justo es que alabe al Hacedor del artífice! Porque he aquí que, mientras los Griegos han establecido leyes, no han entendido que con sus leyes estaban condenando a sus dioses; porque si sus leyes son justas, sus dioses son injustos, que han cometido transgresión al matarse unos a otros y practicar la hechicería, cometer adulterio, saquear, robar y acostarse con varones, junto con el resto de sus otras acciones. Pero si sus dioses excelentemente y como ellos describen han hecho todas estas cosas, entonces las leyes de los Griegos son injustas; y no están establecidas según la voluntad de los dioses; y en esto el mundo entero ha errado.
Comentario editorial · Síntesis de la refutación (caps. III–XII)
Este capítulo funciona como síntesis recapitulativa de la refutación anti-pagana (caps. III–XII) y como transición hacia la presentación positiva del judaísmo (cap. XIV) y el cristianismo (caps. XV–XVI). Aristides introduce aquí su argumento más sofisticado: la contradicción interna del helenismo entre su sistema legal (que condena crímenes) y su mitología (que glorifica esos mismos crímenes cuando son cometidos por dioses). Esta es una aplicación del principio lógico de no-contradicción: un sistema racional no puede afirmar simultáneamente P y no-P.
El argumento tiene raíces en la crítica platónica de la poesía (República II–III), donde Sócrates propone censurar los mitos homéricos porque enseñan que "los dioses mienten" y "cometen injusticias", corrompiendo así la educación de los guardianes (los encargados de proteger y educar a la ciudad). Sin embargo, Platón propone una reforma (crear nuevos mitos filosóficamente correctos); Aristides propone la abolición total del politeísmo mitológico. La diferencia es que Aristides no busca un politeísmo "purificado", sino el monoteísmo cristiano como única alternativa coherente.
Comentario editorial · Cómo se fabrica un ídolo
La descripción del proceso artesanal de creación de ídolos es uno de los tópicos más antiguos de la polémica anti-idolátrica, remontándose al profeta Isaías:
Isaías 44:9–20: "Los que fabrican ídolos son todos vanidad [...] Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado [...] y del resto hace un dios, su ídolo; se postra delante de él, lo adora y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi dios eres tú".
Los verbos que emplea Aristides para describir la manufactura de ídolos son técnicos y reflejan conocimiento real de las artes plásticas greco-romanas:
- "Aserrados" (prionómenoi): Bloques de mármol se cortaban con sierras (prión) de bronce con arena abrasiva.
- "Pulidos" (xyómenoi): Superficie se alisaba con piedra pómez (kōnís) y otros abrasivos.
- "Recortados" (koptómenoi): Detalles se tallaban con cinceles (smínē, sképaston).
- "Quemados" (kaiómenos): Imágenes de terracota se cocían en hornos; bronces se fundían.
- "Moldeados" (plassómenoi): Arcilla se modelaba manualmente o con moldes (týpos).
- "Transformados en toda forma" (metaschēmatizómenoi eis pâsan morphḗn): Las estatuas podían ser re-talladas, re-pintadas o incluso re-dedicadas a otra deidad (práctica común en el mundo romano cuando una dinastía caía en desgracia).
La observación sobre el envejecimiento es aguda: "Cuando envejecen y fallan por el paso del tiempo, y son fundidos y hechos pedazos" (geráskonta kaì diapiptonta tô i chrónōi, kaì chōneúonta kaì syntribómena). El verbo gerásken ("envejecer") aplicado a dioses es una ironía filosófica: si son inmutables y eternos (cap. I), no deberían sufrir erosión temporal. La práctica de fundir (chōneúein) estatuas antiguas para crear nuevas era común en Roma, especialmente durante crisis económicas o cambios de régimen. Por ejemplo, tras la caída de Nerón, muchas estatuas suyas fueron fundidas; Constantino I posteriormente fundió miles de estatuas paganas para acuñar moneda. Si los "dioses" pueden ser reciclados como materia prima, su divinidad es obviamente ficticia.
Implicación teológica: La fabricación manual de ídolos invierte la relación Creador-creatura. El artesano (technitēs) es ontológicamente superior a su producto, pues le comunica forma (morphḗ) a la materia informe (hýlē amorphos). Por tanto, el escultor es "creador" del dios, no vice versa. Esto es una parodia blasfema de la verdadera creación, donde Dios es el Artífice (Dēmiourgós) y el hombre la criatura.
Comentario editorial · «Doy para que me des»: el sacrificio pagano
Aristides ataca aquí la economía religiosa del paganismo: el sistema de do ut des ("doy para que des") que estructura la relación entre humanos y dioses. En este sistema, los sacrificios (thysíai), libaciones (spondaí) y templos (naoí) son "pagos" que los humanos ofrecen a cambio de favores divinos (victoria militar, cosechas abundantes, salud). Esto implica que los dioses necesitan (deîsthai) algo de los humanos, lo cual contradice la definición de Dios del cap. I como absolutamente autosuficiente (autárkēs).
La frase "pide [...] asesinatos de hombres" (aiteî [...] phónous anthrópōn) es especialmente fuerte. Probablemente alude a:
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Sacrificios humanos históricos: Aunque abolidos oficialmente en Roma desde el siglo II a.C. (senatus consultum de 97 a.C.), la memoria cultural de sacrificios humanos entre cartagineses (Moloch), galos (Cernunnos), germanos (Odin) y griegos arcaicos (Ifigenia) seguía viva.
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Gladiatura como sacrificio ritual: Los juegos de gladiadores (munera gladiatoria) tenían origen funerario etrusco-romano como sacrificios humanos sublimados. Aunque en el siglo II se habían "secularizado", conservaban aspectos rituales (juramento sacramentum gladiatorium, dedicación a Marte o dioses infernales). Tertuliano desarrollará esta crítica extensamente en De Spectaculis.
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Guerra como servicio a los dioses: Ares/Marte era "alimentado" con muertes en batalla. La ideología imperial romana presentaba las guerras de conquista como bella iusta et pia ("guerras justas y piadosas") que agradaban a los dioses.
La negación enfática "Dios no es necesitado" (ho theòs ouk endeeís estin) retoma : "No tomaré de tu casa becerros, ni machos cabríos de tus apriscos [...] Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud". Este tema será desarrollado por los Padres Capadocios en su doctrina de la aseidad divina (autexousía, "existencia por sí mismo"): Dios no es ens ab alio (ser desde otro) sino ens a se (ser desde sí).
Comentario editorial · Excurso: monoteísmo implícito y la analogía del cuerpo
Aristides identifica correctamente que algunos filósofos griegos (especialmente neoplatónicos y estoicos) habían desarrollado una teología casi monoteísta, postulando que "la naturaleza de todos los dioses es una" (mía phýsis pántōn tôn theôn). Esta tendencia se encuentra en:
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Estoicismo imperial: Marco Aurelio (Meditaciones IV, 23): "Todo procede de aquella fuente universal que es el Logos, o bien son consecuencias de él". Epicteto (Diatribas I, 12, 1): "Hay un solo Dios, y un solo providencia".
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Platonismo medio: Apuleyo en De Platone I, 5 distingue entre el Dios supremo, llamado Deus summus, y las deidades subordinadas, los dii minores. Destaca que estas deidades dependen y participan ontológicamente del Dios supremo, aunque no llegan a ser idénticas a él en sentido absoluto.
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Orfismo: Los himnos órficos tendían a identificar Zeus con el principio cósmico único: "Zeus es el principio, Zeus el medio, de Zeus todas las cosas han sido hechas" (fragmento 21a).
Sin embargo, Aristides señala una contradicción fatal: si todos los dioses tienen una sola naturaleza (mía phýsis), ¿cómo se explica que se persigan, asesinen y maltraten mutuamente en la mitología? La teomaquia (batalla de dioses) es incompatible con la unidad ontológica. O bien la naturaleza divina es múltiple y conflictiva (pero entonces no hay Dios supremo), o es una y armónica (pero entonces la mitología es falsa).
La analogía del cuerpo humano:
"Si, mientras el cuerpo del hombre es múltiple en sus partes, ningún miembro teme a su prójimo, sino que [...] todo está en igualdad con todo: así también Dios, que es uno en su naturaleza" (ei to sôma toû anthrṓpou polýmeron òn [...] ouden mélos phobeîtai tò plēsíon [...] pánta en isotḗti pánta: hoútō kaì ho theòs heis ṓn têi phýsei).
Esta analogía del corpus mysticum (cuerpo místico) tiene raíces paulinas (1 Corintios 12:12–27: "el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros [...] así también Cristo"). Sin embargo, Aristides la usa para un propósito diferente: no para describir la Iglesia, sino para refutar el politeísmo mediante reductio ad absurdum. Si los filósofos paganos afirman que los dioses comparten una naturaleza común, entonces deberían comportarse como miembros de un solo cuerpo (cooperación armónica), no como entidades independientes en conflicto (teomaquia). El hecho de que la mitología narre guerras divinas (Titanomaquia, Gigantomaquia, conflictos entre Olímpicos) demuestra que la teología filosófica del "monoteísmo implícito" es incompatible con la teología popular mitológica. Los paganos deben elegir: o abrazan el monoteísmo filosófico (y entonces deben rechazar Homero y Hesíodo), o abrazan la mitología tradicional (y entonces deben rechazar la filosofía). No pueden tener ambas.
Dios como unidad simple:
"Tiene una sola esencia propia de Él, y es igual en su naturaleza y su esencia, ni se teme a sí mismo" (mían ousían ídian échei, kaì ísos esti têi phýsei kaì têi ousíai autoû, kaì ouk ephobeîto heautón). Este pasaje introduce el vocabulario técnico de la metafísica de la esencia (ousía):
- Ousía: "esencia", "sustancia", lo que hace que algo sea lo que es.
- Phýsis: "naturaleza", el principio interno de operación.
Aristides afirma que en Dios, naturaleza y esencia coinciden perfectamente (ísos estí, "es igual/idéntico"), lo que significa que Dios es simplicidad absoluta (simplex): no hay composición de materia-forma, esencia-existencia, potencia-acto. Esta doctrina será formalizada en el siglo XIII por Tomás de Aquino como simplicitas Dei, pero sus raíces están aquí en Aristides y en Justino Mártir, quien afirma: "El Padre del universo no tiene necesidad de nombre, pues es ingénito" (Apol. II, 6).
Comentario editorial · Leyes justas, dioses injustos
Este es el argumento más poderoso del capítulo y uno de los más originales de toda la apologética del siglo II. Aristides formula un dilema destructivo (dilemma cornuti, "dilema con cuernos"):
Premisa mayor: O las leyes griegas son justas, o las acciones de los dioses son justas (no ambas).
Premisa menor: Las leyes griegas condenan asesinato, adulterio, robo, pederastia, etc.
Premisa menor 2: Los dioses griegos cometen asesinato, adulterio, robo, pederastia, etc.
Conclusión 1: Si las leyes son justas, los dioses son criminales.
Conclusión 2: Si las acciones de los dioses son el modelo moral, las leyes son injustas.
Resultado: El sistema helénico es internamente contradictorio y, por tanto, falso.
Este argumento anticipa la crítica nietzscheana de la "moral de esclavos" que condena lo que los dioses (= superhombres) hacen libremente. Pero mientras Nietzsche resuelve la aporía a favor de los dioses (= rechaza la moral burguesa cristiana), Aristides la resuelve a favor de la ley moral universal, concluyendo que los "dioses" no son dioses sino demonios o ficciones poéticas.
El argumento tiene un precedente parcial en Platón (República II, 377d–383c), donde Sócrates critica a Homero por narrar que "los dioses cometen injusticias", pero Platón no formula el dilema con esta claridad forense. Aristides lo convierte en un trilemma jurídico:
- Los dioses son inocentes y las leyes erróneas → Abolir las leyes (imposible sin colapso social).
- Los dioses son culpables y las leyes correctas → Abolir los dioses (lo que Aristides propone).
- Ambos son válidos en esferas separadas → Dualismo moral insostenible (rechazado por la filosofía griega misma, que busca unidad de nómos ["ley"] y phýsis ["naturaleza"]).
La frase final "y en esto el mundo entero ha errado" (kaì en toútoii apás ho kósmos eplánēthē) es apocalíptica. No se trata de un error local de una nación, sino de una apostasía universal (apóstasis katholiké). Esta visión de la historia como corrupción progresiva desde un monoteísmo original (conservado solo por Israel y luego por la Iglesia) se convertirá en la filosofía de la historia cristiana estándar, codificada por Agustín en De Civitate Dei.
Cap. 14
Vengamos ahora también a la historia de los Judíos, y veamos qué opinión tienen acerca de Dios.
Los Judíos, entonces, dicen que Dios es uno, Creador de todo y todopoderoso: y que no es propio que adoremos a ninguna otra cosa, sino solo a este Dios: y en esto se acercan mucho más a la verdad que todos los pueblos, en cuanto adoran a Dios más excepcionalmente y no a sus obras; e imitan a Dios por razón del amor que tienen hacia el hombre; pues tienen compasión de los pobres, y redimen al cautivo, y entierran a los muertos, y hacen cosas semejantes a estas, que son aceptables a Dios y también agradables a los hombres; cosas que han recibido de sus padres de la antigüedad.
Sin embargo, también ellos se han apartado del conocimiento verdadero, aunque parecían estar más cerca de él que los demás pueblos. Pues suponen en sus mentes que están sirviendo a Dios, pero en la práctica de sus acciones su servicio es a los ángeles y no a Dios, en cuanto observan sábados y lunas nuevas, y la pascua y la gran fiesta, y el ayuno, y la circuncisión, y la pureza de las carnes: cosas que ni siquiera observan perfectamente.
Comentario editorial · Del error a una verdad parcial
Este capítulo marca un giro radical en la estructura argumentativa. Mientras los capítulos III–XIII fueron enteramente refutatorios (demostrando el error del paganismo), los capítulos XIV–XVI son constructivos (presentando primero la verdad parcial del judaísmo, luego la verdad plena del cristianismo). La estrategia es sofisticada: Aristides no presenta el cristianismo como ex nihilo (surgido de la nada), sino como culminación (pleroma) de una revelación progresiva que comenzó con Abraham.
El tono hacia los judíos es notable por su benevolencia relativa. En contraste con la polémica virulenta de otros apologistas (como el Diálogo con Trifón de Justino Mártir, donde el judaísmo es severamente criticado), Aristides reconoce que los judíos "están más cerca de la verdad que todos los pueblos" (eggýteroi têi alētheíai parà pánta tà éthnē). Esto sugiere que la Apología fue escrita antes de la ruptura definitiva entre Iglesia y Sinagoga, probablemente antes o inmediatamente después de la revuelta de Bar Kokhba (132–135 d.C.), cuando aún era concebible una relación de "hermanos mayores" entre judíos y cristianos.
Sin embargo, esta benevolencia no es total. Aristides critica dos aspectos del judaísmo: (1) su ritualismo externo (sábado, luna nueva, circuncisión, leyes dietéticas) que confunde lo ceremonial con lo esencial; (2) su supuesto culto a ángeles en lugar de directamente a Dios. Esta segunda acusación es problemática y será analizada en detalle.
Comentario editorial · Excurso: los méritos del judaísmo
Aristides reconoce tres méritos fundamentales del judaísmo:
1. Monoteísmo estricto:
"Dicen que Dios es uno, Creador de todo y todopoderoso" (héna theòn légousi eînai [...] pantokrátora). Esta es la confesión del Shema: , "Oye, Israel: YHWH nuestro Dios, YHWH uno es" (Shema Yisrael, YHWH Eloheinu, YHWH echad). La LXX traduce: "Kýrios ho theòs hēmôn, Kýrios heîs estín". El término pantokrátōr ("Todopoderoso") traduce el hebreo Shaddai o YHWH Tzeba'ot ("Señor de los Ejércitos"). Esta designación aparece 181 veces en la LXX y pasará al cristianismo en el Credo Niceno: "Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso (Pantokrátora), Creador del cielo y la tierra".
El mérito específico del monoteísmo judío es su exclusivismo cultual: "no es propio que adoremos a ninguna otra cosa, sino solo a este Dios" (ou preiei hēmâs állon tinà sebásthai, ei mḕ tòn theòn toûton mónon). Esto es la doctrina del culto absoluto (latreia), diferente del honor relativo (douleia) que podría darse a santos o ángeles. El judaísmo rabínico post-70 d.C. había radicalizado esta doctrina tras la destrucción del Templo: sin sacrificios vicarios, la relación con Dios era directa a través de oración (tefillah), estudio (talmud Torah) y obras de misericordia (gemilut chasadim).
2. Adoración del Creador, no de la creación:
"Adoran a Dios más excepcionalmente y no a sus obras" (málista sebómenoi tòn theón kaì ou tà érga autoû). Esto retoma el argumento paulino de pero aplicado positivamente: los judíos no han caído en el error fundamental del paganismo (idolatría). Sin embargo, la formulación "más excepcionalmente" (málista) es ambigua: puede significar "en grado superior" (comparativo de superioridad) o "sobre todo/especialmente" (superlativo enfático). Si es comparativo, Aristides insinúa que hay algo aún más perfecto (el cristianismo); si es superlativo, simplemente alaba el fervor judío.
3. Ética de la caridad:
"Imitan a Dios por razón del amor que tienen hacia el hombre; pues tienen compasión de los pobres, y redimen al cautivo, y entierran a los muertos" (mimoûntai tòn theòn diá tḕn philanthrōpían hḕn échousin prós tous anthrṓpous; eleóusi gàr ptōchous, kaì lytrôntai aichmalṓtous, kaì tháptousi nekroús).
Este pasaje es extraordinario porque reconoce la filantropía (philanthropía) judía como imitación de Dios (mimēsis theoû). El concepto de imitatio Dei tiene raíces bíblicas: , "Santos seréis, porque santo soy yo, YHWH vuestro Dios"; , "Amaréis al extranjero, porque extranjeros fuisteis en tierra de Egipto"; , "Hacer justicia, amar misericordia, caminar humildemente con tu Dios".
Las tres obras de misericordia (gemilut chasadim) mencionadas son centrales en la ética rabínica:
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Compasión por los pobres (eleos ptōchôn): La tzedaká (justicia-caridad) era obligación legal, no mera benevolencia voluntaria. El Talmud (Baba Batra 9a) dice: "La caridad es tan grande como todos los mandamientos juntos".
-
Redención de cautivos (pidyon shevuyim): Considerada la más alta mitzvah (Baba Batra 8b: "No hay mitzvah mayor que redimir cautivos"). Incluía pagar rescates a piratas, comprar esclavos judíos para liberarlos, etc.
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Entierro de los muertos (hesed shel emet, "bondad verdadera"): Considerada acto supremo porque el beneficiado no puede retribuir (Berajot 18a). Los hevra kadisha (sociedades santas) se dedicaban a este fin.
Aristides reconoce que estas prácticas son "aceptables a Dios y también agradables a los hombres" (dekta tô i theô i kaì aresta tóis anthrṓpois), lo cual es una admisión notable: el judaísmo cumple el doble mandamiento (amor a Dios y al prójimo) que Cristo resumirá en .
La frase "cosas que han recibido de sus padres de la antigüedad" (hà parélabon parà tôn patérōn autôn tôn palaiôn) reconoce la continuidad de la tradición (paradosis) judía desde los Patriarcas. Esto es significativo porque algunos apologistas posteriores (como Marción) rechazarán toda continuidad con el Antiguo Testamento. Aristides, en cambio, ve el cristianismo como heredero legítimo de la revelación abrahámica, no como ruptura radical.
Comentario editorial · Excurso: el «culto a los ángeles»
Esta es la acusación más problemática de todo el capítulo XIV. Aristides afirma que los judíos, "en la práctica de sus acciones" (en praxisi tôn érgōn autōn), sirven "a los ángeles y no a Dios" (aggeloisi kaì ou tô i theô i). Esta acusación tiene tres posibles orígenes:
1. Lectura literal de textos paulinos (y la función de los ángeles como guardianes del pacto):
: "Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles (thrēskeíai tôn aggélōn), entremetiéndose en lo que no ha visto".
: "La ley fue promulgada por medio de ángeles (di' aggélōn) en mano de un mediador".
Estos textos sugieren que algunos judíos o judeocristianos veneraban ángeles, pero no está claro si se refiere a culto directo o a reconocimiento de su papel mediador en la entrega de la Torá. La tradición rabínica (Shabat 88a, Hebreos 2:2) efectivamente enseñaba que los ángeles estuvieron presentes en el Sinaí, pero esto no implica adoración (latreia) de ángeles, sino reconocimiento de su función ministerial.
Sin embargo, cabe añadir aquí que en la literatura profética y apocalíptica judía (por ejemplo, en Daniel, 1 Enoc, Jubileos, Qumrán y otros profetas), los ángeles aparecen como defensores y guardianes del pacto: Miguel es presentado como "el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo" (), y en varios pasajes los ángeles son mediadores y protectores de la alianza mosaica. Desde esta perspectiva, puede entenderse que la dispensación del pacto mosaico es preservada y defendida por ángeles, y que la adhesión explícita y exclusiva a esa dispensación —considerándola como lo último y perfecto— podría ser interpretada por los cristianos como una forma de idolatría: es decir, el error no sería tanto un culto directo a los ángeles, sino el aferrarse a una economía religiosa mediada y defendida por ángeles, en vez de reconocer que ahora, según la fe cristiana, el mediador y defensor del pacto es Dios mismo en Cristo, sin intermediarios angélicos. Así, la acusación de Aristides podría leerse como una crítica a la permanencia en una economía religiosa "angélica" cuando la revelación definitiva y directa de Dios ya ha tenido lugar.
2. Confusión sobre la función mediadora de la Ley:
Aristides puede estar malinterpretando la doctrina judía de que la Torá fue "mediada" (mesítes, ) a través de ángeles y Moisés. Si la Ley es de origen angélico (no directamente de Dios), entonces observar la Ley es, en cierto sentido, "servir" (latreúein) a los ángeles que la transmitieron. Esta interpretación es sofisticada pero teológicamente dudosa: el judaísmo nunca consideró a los ángeles co-autores de la Torá, sino mensajeros (mala'akhim, lit. "enviados").
3. Evidencia de sincretismo judeo-pagano local:
Existe evidencia arqueológica y literaria de que algunas comunidades judías helenizadas incorporaron elementos de angelolatría sincretista:
- Inscripciones en Asia Menor mencionan "ángeles" (ággeloi) en contextos votivos.
- Papiros mágicos judeo-egipcios invocan nombres de ángeles (Michael, Gabriel, Raphael) junto con el tetragrammaton.
- Filón de Alejandría describe a los ángeles como "poderes" (dynámeis) que median entre Dios y el mundo, lo que podría malinterpretarse como culto.
Sin embargo, esta evidencia es marginal y no representa el judaísmo rabínico normativo, que prohibía estrictamente cualquier culto a criaturas (: "No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol [...] y todo el ejército del cielo, seas impulsado a inclinarte a ellos y rendirles culto").
Veredicto crítico:
Es probable que Aristides esté exagerando a partir de prácticas sincretistas marginales o malinterpretando el lenguaje paulino sobre la mediación angélica de la Ley. El judaísmo rabínico del siglo II no adoraba ángeles; acusarlo de ello es una distorsión polémica. La única interpretación posible sería considerar el apego a la Ley dada por ángeles como una forma indirecta de idolatría, pero este argumento resulta débil. Esta acusación, repetida por Justino Mártir y Orígenes, era más bien un topos apologético cristiano que una descripción fiel de la práctica judía.
Lista de observancias judías criticadas:
Aristides enumera siete prácticas rituales:
- Sábados (sábbata): Descanso semanal ().
- Lunas nuevas (neōmeníai): Celebración mensual al inicio del ciclo lunar (, ).
- Pascua (páscha): Celebración de la liberación de Egipto ().
- La gran fiesta (hē megálē heortḗ): Probablemente Yom Kippur (Día de Expiación, Levítico 16) o Sukkot (Tabernáculos).
- El ayuno (hē nēsteía): Ayuno del Día de Expiación ().
- Circuncisión (peritomḗ): Señal del pacto abrahámico ().
- Pureza de las carnes (katharótēs tôn brōmátōn): Leyes dietéticas kashrut (Levítico 11, Deuteronomio 14).
La crítica final, "cosas que ni siquiera observan perfectamente" (hà oudè hoútōs têrẽsai teleíōs), es enigmática. Puede significar:
-
Crítica interna: Los judíos no cumplen perfectamente sus propias leyes (hipocresía), argumento que Cristo usa en Mateo 23.
-
Crítica hermenéutica: Los judíos observan la letra (grámma) pero no el espíritu (pneûma) de la Ley, argumento paulino en y .
-
Crítica escatológica: La observancia judía era provisional (pro kairô i) y quedó cumplida (peplērōméne) en Cristo, por lo que continuarla es un error anacrónico, argumento de : "Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer".
La moderación de la crítica es notable: Aristides no condena el judaísmo como falso (como hará el anti-judaísmo cristiano posterior), sino como incompleto (atelḗs). Los judíos tienen la verdad, pero la han oscurecido con ritualismo externo. Necesitan, por tanto, no abolir su tradición, sino cumplirla (plērôsai) en Cristo.
Cap. 15
Pero los Cristianos, oh rey, al ir y buscar, han encontrado la verdad, y como hemos comprendido de sus escritos, están más cerca de la verdad y del conocimiento exacto que el resto de los pueblos. Porque conocen y creen en Dios, el Hacedor del cielo y de la tierra, en quien y de quien son todas las cosas; el que no tiene igual, de quien nadie puede ser comparado; de quien han recibido aquellos mandamientos que han grabado en sus mentes y que guardan con la esperanza y la expectación del mundo venidero. Por lo cual no cometen adulterio, no cometen fornicación, no dan falso testimonio, no malversan, no codician lo que no es suyo; honran a padre y madre, y hacen bien a su prójimo; y cuando son jueces, juzgan con rectitud.
Y no adoran ídolos en la forma de hombre; y todo lo que no quieren que los hombres les hagan a ellos, ellos no lo hacen a otros; y no comen de las carnes de sacrificios de ídolos, porque están contaminadas: y aquellos que los oprimen los consuelan, y los hacen sus amigos; y hacen bien a sus enemigos.
Y sus mujeres, oh rey, son puras como vírgenes, y sus hijas modestas; y sus hombres se abstienen de toda unión ilegal y de toda impureza, con la esperanza de la recompensa que ha de venir en otro mundo. Pero si a alguno de ellos le nace un hijo o una hija, alaban a Dios; y si muere en su infancia, dan gracias a Dios aún más, por haber pasado por el mundo sin pecados. Y si ven que alguno de los suyos muere en la impiedad o en los pecados, se lamentan amargamente y se afligen, como por aquel que va a recibir su castigo.
Pero si alguno de ellos es pobre o necesitado, y no tienen comida de sobra, ayunan dos o tres días, para poder suplir al necesitado con su comida necesaria. Y guardan escrupulosamente los mandamientos de su Mesías: y viven con honestidad y sobriedad, como el Señor su Dios les mandó. Cada mañana y a toda hora, por la bondad de Dios hacia ellos, le alaban y le dan gracias; y por su comida y su bebida le dan gracias. Y si alguno justo entre ellos muere, se regocijan y dan gracias a Dios; y acompañan su cuerpo, como si partiera de un lugar a otro. Y cuando les nace un hijo, alaban a Dios; y si acaso muere en su infancia, le alaban grandemente, como por uno que ha pasado por el mundo sin pecados. Y si ven que alguno de los suyos muere en la impiedad o en los pecados, se lamentan amargamente y se afligen, como por aquel que va a recibir su castigo: tal es la ordenanza de la ley de los Cristianos, oh rey, y tal su conducta.
Comentario editorial · Del anuncio a la vida: estructura del capítulo
Este capítulo es el corazón teológico de la Apología. Aristides presenta el cristianismo en dos movimientos: (1) Cristología kerygmática (quién es Cristo y qué hizo), y (2) Ética comunitaria (cómo viven los cristianos). La estructura refleja la secuencia litúrgica primitiva: Credo (Symbolum Fidei) seguido de Decálogo cristiano (mandamientos de la Nueva Ley). Esta secuencia será canónica en la catequesis cristiana: primero fides (fe), luego mores (costumbres).
El capítulo tiene una notable ausencia: no hay apologética racional aquí. Aristides no intenta "probar" la Encarnación o la Resurrección mediante argumentos filosóficos. En cambio, ofrece testimonio: "esto es lo que los cristianos creen y cómo viven". La estrategia es performativa: la verdad del cristianismo se demuestra por la transformación ética que produce. Esta será la apologética característica del siglo II: no probatio (demostración racional) sino demonstratio (mostración existencial).
Comentario editorial · Excurso: paralelos con la Didaché
La descripción ética de los cristianos en este párrafo tiene paralelos casi literales con la Didaché (o "Enseñanza de los Doce Apóstoles"), un manual catequético del siglo I–II que estructura la moral cristiana en dos caminos: el Camino de la Vida y el Camino de la Muerte.
Paralelos específicos:
| Aristides (cap. XV) | Didaché |
|---|---|
| "No cometen adulterio, no cometen fornicación" | Did. 2:2: "Ou moicheúseis, ou porneúseis" |
| "No dan falso testimonio" | Did. 2:3: "Ou pseudomartyrḗseis" |
| "No malversan" |
(ouk aposteroûsin)
| Did. 2:3: "Ouk apostereís" |
| "No codician lo que no es suyo" | Did. 2:3: "Ouk epithumḗseis tà toû plēsíon" |
| "Honran a padre y madre" | Did. 4:9: "Timḗseis patéra kaì mētéra" |
| "Hacen bien a su prójimo" | Did. 1:2: "Agapḗseis tòn plēsíon sou" |
| "Juzgan con rectitud" | Did. 4:3: "Krineîs dikaíōs" |
La Regla de Oro negativa que sigue ("lo que no quieren que los hombres les hagan, ellos no lo hacen a otros", hósa ou thélousin hína gḗnētai autoîs, hetérōi ou poieîn) es casi idéntica a Did. 1:2: "Pánta dè hósa ean thelḗsēis mḕ gínesthaí soi, kaì sý állōi mḕ poíei". Sin embargo, hay una diferencia significativa:
- Didaché: "Todo lo que no quieras que te suceda, tampoco tú lo hagas a otro".
- Aristides: "Lo que no quieren que les suceda, no lo hacen a otros".
- Codex Bezae (Hechos 15:20, 29): "Lo que no queréis que os suceda, no lo hagáis a otros" (hósa ouk an thélēte heautoîs gínesthai, hetér ois mḕ poieîte).
La formulación de Aristides es más cercana al Codex Bezae que a la Didaché, lo que sugiere que ambos (Aristides y el interpolador del Codex Bezae) conocían una tradición catequética pre-Didaché, probablemente las Dos Vías (Dýo Hodoi), un documento judeo-cristiano aún más antiguo que subyace tanto a la Didaché como a la Epístola de Bernabé (caps. 18–20).
"Grabado en sus mentes" (en taîs kardíais autôn kecharachmén as):
Este lenguaje de "grabar" (charássein) los mandamientos en el corazón remite a la profecía de la Nueva Alianza:
: "Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón".
: "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros [...] y haré que andéis en mis estatutos".
: "Siendo manifiesto que sois carta de Cristo [...] escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón".
Aristides presenta el cristianismo como cumplimiento de esta profecía: los cristianos no necesitan la Torá externa (nómos éxō) porque tienen la Ley interna (nómos ésō) escrita por el Espíritu Santo. Esto es la doctrina de la Ley Nueva (Lex Nova), que Tomás de Aquino formalizará en Summa Theologiae I-II, q. 106–108: la Ley del Evangelio es principalmente interna (gracia del Espíritu Santo) y secundariamente externa (preceptos escritos).
"Con la esperanza y expectación del mundo venidero" (en elpídi kaì prosdokíai toû méllontos aiônos):
Esta frase introduce el fundamento escatológico de la ética cristiana. Los cristianos no son virtuosos por miedo al castigo legal (motivación pagana) ni por observancia de la Torá (motivación judía), sino por esperanza de recompensa futura (misthapodosía). Esto es exactamente la doctrina de : "Sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador (misthapodótēs) de los que le buscan".
La esperanza escatológica (elpìs eschatologiké) funciona como motivación ética de tres maneras:
- Relativiza lo temporal: Si hay vida eterna, los bienes de este mundo pierden atractivo absoluto (cf. ).
- Compensa el sufrimiento presente: El martirio es soportable si hay resurrección (ágnoia tês anastáseōs, cf. ).
- Orienta la voluntad: La virtud no es represión masoquista sino inversión estratégica en el Reino venidero (basileía méll ousa).
Este argumento será central en la apologética posterior. Tertuliano lo formulará provocativamente: "Los cristianos son los únicos que no temen la muerte, porque esperan la resurrección" (Apologeticum 50).
Comentario editorial · Excurso: de enemigos a amigos
La frase "aquellos que los oprimen los consuelan, y los hacen sus amigos" (toùs adikountá s autoùs parakalousin, kaì philoûs autoùs poieîn) es una de las formulaciones más radicales de la ética cristiana en toda la literatura patrística. No se trata simplemente de "perdonar" (aphiénai) a los enemigos (lo cual ya era excepcional en el mundo antiguo), sino de convertirlos en amigos (philous poieîn).
Esta praxis tiene su fundamento en las enseñanzas de Cristo:
: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen".
: "Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian".
: "Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza".
La singularidad de esta enseñanza en el mundo antiguo no puede exagerarse:
-
Filosofía greco-romana: Los estoicos enseñaban apátheia (indiferencia emocional) hacia enemigos, no amor activo. Aristóteles (Ética Nicomaquea VIII) consideraba imposible la philía (amistad) entre desiguales morales. Cicero (De Amicitia 21) enseñaba: "Hay que destruir a los enemigos de la república".
-
Ética judía: El Antiguo Testamento tiene textos ambivalentes. manda "amarás a tu prójimo (rea')", pero el "prójimo" se interpreta comunitariamente (miembro del pueblo). Los Salmos imprecatorios (35, 69, 109, 137) piden venganza divina contra enemigos. Qumrán enseñaba: "Amar a todos los hijos de la luz [...] y odiar a todos los hijos de las tinieblas" (Regla de la Comunidad 1:9–10).
-
Praxis cristiana única: Los cristianos no solo no respondían con violencia (como los zelotes judíos), sino que asistían materialmente a sus perseguidores. Ejemplos históricos:
- Martirio de Esteban: "Señor, no les tomes en cuenta este pecado" ().
- Martirio de Policarpo: Los cristianos alimentaban a los guardias que los llevaban al martirio.
- Tertuliano: "Oramos por los emperadores, por sus ministros [...] por la estabilidad del Imperio" (Apologeticum 30).
El verbo parakaléō ("consolar", "exhortar") es clave. No significa simplemente "tolerar" pasivamente, sino buscar activamente (parakaleîn) el bien del opresor. Esto presupone una antropología optimista: incluso el perseguidor tiene imago Dei y puede convertirse. La historia de la Iglesia confirmará esta antropología: muchos mártires fueron ejecutados por guardias que posteriormente se convirtieron tras presenciar su muerte serena (cf. conversión del centurión en ).
Comentario editorial · Excurso: la ética sexual cristiana
La descripción de la pureza sexual cristiana es notable por su contraste radical con la sociedad greco-romana del siglo II:
1. "Sus mujeres son puras como vírgenes" (hai gynaîkes autôn hagnaí hōs parthenoi):
Esta frase no significa que las mujeres casadas sean "vírgenes" literalmente (lo cual sería absurdo), sino que mantienen castidad matrimonial (sōphrosýnē) comparable a la virginidad consagrada. En el mundo grecorromano:
- Doble estándar moral: Se esperaba castidad de las matronas (matronae) pero se toleraba adulterio masculino con esclavas, prostitutas o concubinae. La lex Iulia de adulteriis (18 a.C.) castigaba solo el adulterio femenino (porque comprometía la legitimidad de la descendencia).
- Práctica cristiana: Aristides afirma que las mujeres cristianas viven en fidelidad conyugal absoluta (monogamía), equiparable a la virginidad en su pureza moral. Esto presupone que sus maridos también practican fidelidad, lo cual era revolucionario. Pablo lo enseña explícitamente en : "El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer". La reciprocidad (antídosis) sexual era anti-patriarcal para la época.
2. "Sus hijas modestas" (hai thygatéres autôn aidḗmones):
El término aidḗmōn (lit. "que tiene vergüenza/pudor") designa la modestia femenina como virtud. En el mundo pagano, la aidṓs (pudor) era virtud privada pero no pública: las heteras (cortesanas de lujo) y las pornai (prostitutas) eran socialmente aceptadas. El cristianismo extendió la exigencia de castidad a todas las mujeres, sin distinción de clase. Esto tenía implicaciones sociales radicales:
- Abolía la prostitución sagrada (templos de Afrodita en Corinto, Venus en Roma).
- Rechazaba el concubinato (pelicatus) como institución legal.
- Condenaba la exposición de niñas no deseadas (práctica romana común).
3. "Sus hombres se abstienen de toda unión ilegal y de toda impureza" (hoi ándres autôn apéchontai pasês synousías paranomu kaì pasês akatharsías):
Esto es extraordinario porque aplica a varones el mismo estándar de pureza sexual que a mujeres. En el mundo pagano:
-
Homosexualidad masculina: La pederastia (paiderastía) era institucionalizada en Grecia y tolerada en Roma (aunque criticada cuando el erómenos era un ciudadano libre adulto). El cristianismo la rechazó absolutamente, basándose en , , , .
-
Heterosexualidad extramarital: Visitar prostitutas era considerado higiénico y socialmente aceptable. Catón el Viejo (s. II a.C.) alababa a un joven que visitaba un burdel: "¡Bien hecho! Es mejor que adulterios con matronas". El cristianismo rechazó esta lógica: toda unión sexual fuera del matrimonio es porneía (fornicación).
-
Violación de esclavos: Los domini (amos) podían usar sexualmente a sus esclavos (servi) sin restricción legal. El cristianismo extendió la prohibición de fornicación a todas las relaciones, incluyendo las con esclavos. Esto tenía implicaciones revolucionarias: los esclavos cristianos eran "hermanos en Cristo" (), no objetos sexuales.
Motivación escatológica:
La frase "con la esperanza de la recompensa que ha de venir en otro mundo" (en elpídi toû méllontos misthodoû en állōi aiôni) reitera que la castidad cristiana no es represión neurótica sino inversión escatológica. Los cristianos renuncian a placeres temporales (hēdonaì proskairoi) por recompensa eterna (misthòs aiōnios).
Cristo promete: , "Todo aquel que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna".
Pablo enseña: , "El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer [...] Esto lo digo para vuestro provecho [...] para que os acerquéis al Señor sin distracción".
La virginidad consagrada (parthénos hagía) era ya una institución en el siglo II, como atestiguan Ignacio de Antioquía (A Policarpo 5:2) y Justino (Apol. I, 15). Aristides la presupone pero no la desarrolla, centrándose en la castidad matrimonial.
Actitud ante la muerte infantil:
"Si muere en su infancia, dan gracias a Dios aún más, por haber pasado por el mundo sin pecados" (ean...apothánēi nḗpios, málista eucharisteîn tôi theô i, hōs tòn kósmon dielthamén on anepílēpton).
Esta es una de las primeras expresiones de la doctrina del estado de inocencia (status innocentia) infantil. Los niños que mueren antes del uso de razón (ante usum rationis) no han cometido pecados personales (peccata actualia) y, por tanto, van directamente al Paraíso. Esta doctrina será matizada en el siglo IV–V por Agustín, quien introducirá el concepto de pecado original (peccatum originale): incluso los infantes no bautizados llevan la mancha del pecado de Adán. Pero Aristides, escribiendo antes de la controversia pelagiana, expresa una doctrina más optimista: los infantes muertos son automáticamente salvos porque son anepílēptoi ("irreprochables", sin culpa personal).
Esta doctrina tenía implicaciones pastorales importantes:
-
Consuelo a padres: La muerte infantil (muy común en el mundo antiguo: 30–50% de mortalidad antes de los 5 años) no era tragedia absoluta sino "promoción temprana" al Paraíso.
-
Rechazo del aborto y el infanticidio: Si los niños van al Paraíso, matarlos es privarlos de la oportunidad de méritos mayores en la tierra, pero no condenarlos. Esto difiere del paganismo, donde el infanticidio (expositio) era legal y rutinario.
-
Valoración de la vida humana desde la concepción: La Didaché (2:2) prohíbe "matar al niño en el aborto" (ou phonéuseis téknon en phthorâi). Aristides presupone esta doctrina al celebrar la vida incluso brevísima.
Comentario editorial · Excurso: ayunar para alimentar al pobre
La práctica del ayuno voluntario para alimentar a los pobres es una de las descripciones más conmovedoras de la caridad cristiana primitiva. Aristides dice: "Si alguno de ellos es pobre o necesitado, y no tienen comida de sobra, ayunan dos o tres días, para poder suplir al necesitado con su comida necesaria" (ean tis en autoîs pénēs kaì endeḗs, kaì ouk échōsin trophḕn perissoteuan, nēsteúousin dýo ḕ treis hēmeras, hína tô i endeeî tḕn anagkaían trophḕn paráschōsin).
Esta praxis tiene raíces en el judaísmo profético:
: "¿No es más bien el ayuno que yo escogí [...] que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa?"
Pero el cristianismo la radicalizó: no se trataba de ayuno ritual (como el Día de Expiación judío o los ayunos paganos preparatorios para iniciaciones mistéricas), sino de ayuno caritativo: privarse de comida para poder compartirla.
El Pastor de Hermas (Sim. V, 3, escrito c. 140–150 d.C., contemporáneo de Aristides) describe exactamente la misma práctica:
"Y así harás: completando lo escrito, en aquel día que ayunes no pruebes sino pan y agua, y del costo de los alimentos que ibas a comer, calculando la cantidad del gasto de aquel día que ibas a hacer, dáselo a viuda u huérfano o necesitado, y así te humillarás, para que de tu humildad el que recibió sacie su alma y ore por ti al Señor.".
Esta "economía eucarística" (oikonomía eucharistiké) tiene varias dimensiones teológicas:
-
Inversión del sistema de sacrificios paganos: En lugar de quemar comida para "alimentar" a dioses que no necesitan nada (cap. XIII), los cristianos "sacrifican" su comida para alimentar a pobres que la necesitan, y esto es culto a Dios (: "En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis").
-
Solidaridad corpórea: El cuerpo de Cristo (Corpus Christi) es uno; si un miembro sufre hambre, todos ayunan (sympáschein, "co-padecer", cf. ).
-
Redistribución no coercitiva: A diferencia de la annona romana (distribución estatal de grano) que era manipulada políticamente, la caridad cristiana era voluntaria (hekousiós) y anónima (cf. : "No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha").
Acción de gracias perpetua:
"Cada mañana y a toda hora, por la bondad de Dios hacia ellos, le alaban y le dan gracias; y por su comida y su bebida le dan gracias" (hekástēi prōíai kaì pasēi hṓrai, diá tà agathà toû theoû eis autoùs, ainousin kaì eucharistoûsin autô i; kaì epì têi trophêi kaì tô i pômati autoû eucharistoûsin).
Esto describe la liturgia doméstica cristiana:
-
Oración matutina (prōḯa proseuché): Costumbre judía adoptada por el cristianismo, basada en , "Oh YHWH, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti".
-
Oración de las horas (pasēi hṓrai): La Didaché (8:3) prescribe orar tres veces al día; Tertuliano (De Oratione 25) menciona oraciones en la hora tercera, sexta y nona (9 AM, 12 PM, 3 PM), más al alba y al anochecer. Esto se convertirá en el Oficio Divino (Liturgia Horarum).
-
Acción de gracias por la comida (eucharistía epì trophis): Costumbre judía de recitar la berakah ("bendición") antes y después de comer. Los cristianos la transformaron en referencia a la Eucaristía: el pan y el vino cotidianos recuerdan el Pan y Vino eucarísticos. La Didaché (9–10) conserva las oraciones eucarísticas más antiguas, que combinan acción de gracias por la creación con esperanza escatológica.
El verbo eucharisteîn ("dar gracias") aparece tres veces en dos líneas, subrayando que la gratitud (eucharistía) es el modo fundamental de relación del cristiano con Dios. Esto contrasta con:
- Paganismo: Relación contractual (do ut des).
- Judaísmo: Relación legal (obediencia a la Torá).
- Cristianismo: Relación filial-eucarística (gratitud del hijo adoptivo).
Actitud ante la muerte del justo vs del pecador:
Aristides concluye con una tipología bipolar de la muerte:
- Muerte del justo (dikaíou): "Se regocijan y dan gracias a Dios; y acompañan su cuerpo, como si partiera de un lugar a otro" (chaírousin kaì eucharistoûsin tô i theôi; kaì propémpousin tò sôma autoû, hōs ek tópou eis tópon metabainónta).
La frase "de un lugar a otro" (ek tópou eis tópon) implica continuidad existencial: el muerto no deja de ser (eînai), solo cambia de ubicación (tópos). Esto presupone:
- Inmortalidad del alma (athanatía tês psychês): Doctrina platónica cristianizada.
- Resurrección del cuerpo (anastasis toû sómatos): Doctrina específicamente judeocristiana, ausente en Platón.
El "acompañamiento del cuerpo" (propompḗ toû sómatos) se refiere a la procesión fúnebre (pomḗ). En el mundo pagano, las pompae funerarias eran teatrales, con plañideras pagadas (praeficae), músicos, máscaras de antepasados. Los cristianos las simplificaron: cantaban salmos, llevaban el cuerpo al cementerio (koimētḗrion, lit. "dormitorio") y celebraban Eucaristía. No había lamentación (kōkytós) sino celebración (panēgyris) de la victoria sobre la muerte.
- Muerte del pecador (hamartōloû): "Se lamentan amargamente y se afligen, como por aquel que va a recibir su castigo" (odyróontai pikrôs kaì stenázousin, hōs epì kolláthēsthénta).
El verbo kollázō ("castigar", lit. "mutilar", "cortar") es inusualmente fuerte. Sugiere no solo privación de recompensa sino tormento activo. Esto presupone la doctrina del juicio particular (krísis idiaké): inmediatamente tras la muerte, el alma comparece ante el tribunal divino y recibe sentencia provisional antes del Juicio Final.
El lamento (odyr mós) por el pecador muerto es acto de caridad fraternal: no se celebra su condenación (lo cual sería sadismo diabólico) sino que se llora su pérdida. Sin embargo, el lamento es "amargo" (pikrós), no desesperado: hay esperanza de que el juicio final (krísis eschatologiké) pueda modificar la sentencia mediante los méritos de Cristo. Esta doctrina será desarrollada en el siglo III con la teología del Purgatorio (Purgatorium), anticipada aquí embrionariamente.
Conclusión sintética:
"Tal es la ordenanza de la ley de los Cristianos" (toiaútē estin hē diátaxis toû nómou tôn christianôn). El término diátaxis ("ordenanza", "constitución") sugiere que Aristides ve el cristianismo como sistema legal completo (nómos téleios), no como religión "privada" o "mística". El cristianismo tiene:
- Constitución teológica (dógmata): Credo.
- Código ético (êthika): Decálogo cristianizado.
- Instituciones sociales (koinōnía): Comunidad eucarística.
- Antropología (psychología): Alma inmortal, cuerpo resucitable.
- Escatología (ta eschata): Juicio, recompensa, castigo.
Esta totalidad sistemática hace del cristianismo una civitas alterna (ciudad alternativa) dentro del Imperio, lo que explica tanto su atractivo (ofrece identidad total) como la hostilidad que genera (amenaza el orden cívico pagano).
Cap. 16
Como hombres que conocen a Dios, piden de Él peticiones que son propias para que Él dé y para que ellos reciban: y así cumplen el curso de sus vidas. Y porque reconocen las bondades de Dios hacia ellos, he aquí que por causa de ellos fluye la hermosura que hay en el mundo. Y verdaderamente ellos son de número de aquellos que han encontrado la verdad por ir y buscar, y en la medida en que hemos comprendido, hemos entendido que solo ellos están cerca del conocimiento de la verdad.
Pero las buenas obras que hacen, no las proclaman en los oídos de la multitud, y cuidan que nadie las perciba, y ocultan su don, como aquel que ha encontrado un tesoro y lo oculta. Y se esfuerzan por ser justos como aquellos que esperan ver a su Mesías y recibir de Él las promesas hechas con gran gloria.
Pero los dichos y las ordenanzas de ellos, oh rey, y la gloria de su servicio, y la expectación de su recompensa de premio, según la obra de cada uno de ellos, que esperan en otro mundo, puedes conocer de sus escrituras. Baste para nosotros que brevemente hayamos dado a conocer a tu majestad acerca de la conversación y la verdad de los Cristianos. Porque verdaderamente grande y maravillosa es su enseñanza para aquel que está dispuesto a examinarla y entenderla. Y verdaderamente este pueblo es un pueblo nuevo, y hay algo divino mezclado en él.
Toma, pues, sus escrituras y lee en ellos, y he aquí que encontrarás que no he presentado estas cosas por mí mismo ni las he dicho como su defensor, sino que, como he leído en sus escrituras, estas cosas creo firmemente, y también las que han de venir. Y por esta razón me vi obligado a declarar la verdad a los que la buscan y la desean para el mundo venidero.
Y no tengo duda de que el mundo subsiste por causa de la intercesión de los Cristianos. Pero los demás pueblos se engañan a sí mismos y se engañan, porque andan en la oscuridad y tropiezan unos con otros como hombres ebrios.
Comentario editorial · La «tercera raza»
Este capítulo funciona como peroración (peroratio) de la apología. Aristides eleva su defensa de lo particular (refutar acusaciones específicas) a lo universal (proclamar la verdad cristiana como única salvación mundial). La estructura es quiástica:
A. Los cristianos conocen a Dios y piden correctamente (peticiones conformes a su naturaleza).
--- B. Por ellos fluye belleza al mundo.
------ C. Han encontrado la verdad.
------ C'. Sus buenas obras no son públicas (humildad).
--- B'. Esperan su recompensa.
A'. Sus escrituras confirman todo esto.
El quiasmo culmina en la afirmación central: "Este es verdaderamente un pueblo nuevo, y hay algo divino mezclado en él" (alēthôs toûto tò génos kainón estin, kaí ti theîon en autoîs mémiktai).
Comentario editorial · Excurso: cómo oran los cristianos
"Piden de Él peticiones que son propias para que Él dé y para que ellos reciban" (aitountai par' autoû aitḗmata préponta autôi dothênai kaì autoîs lambánein).
Esta frase contiene una teología de la oración sofisticada. Aristides distingue entre peticiones apropiadas (préponta, "convenientes", "decorosas") e inapropiadas. ¿Qué hace que una petición sea apropiada?
-
Conformidad con la naturaleza divina: Dios da lo que es congruente (sýmphoron) con su bondad. Pedir riquezas, poder o venganza es inapropiado porque Dios no es philárgyros (avaro), philárchon (amante del poder) o orgílos (iracundo). Pedir santidad, sabiduría y amor es apropiado porque Dios es santo, sabio y amoroso.
-
Conformidad con la capacidad receptiva humana: No se pide lo que no se puede recibir. Un niño no pide vino fuerte; un enfermo no pide comida pesada. Así, el cristiano no pide visión beatífica inmediata (que cegará) sino crecimiento gradual en gracia (charismata).
-
Mediación cristológica: Las peticiones cristianas se hacen "en el nombre de Cristo" (en onómati Christoû), lo que significa que pasan por el filtro del Sumo Sacerdote (), quien corrige y perfecciona nuestras oraciones antes de presentarlas al Padre.
Esta doctrina será formalizada en el siglo IV por Evagrio Póntico: "La oración verdadera es aquella en la que el orante no sabe qué pide" (Capita Gnostica I, 61), porque ha vaciado su voluntad propia y dejado que el Espíritu ore en él ().
"Por causa de ellos fluye la hermosura que hay en el mundo" (di' autoùs échei tò kállos tò en tôi kósmōi rheîn):
Este es uno de los pasajes más líricos de toda la Apología. La imagen de la "hermosura fluyendo" (kállos rheîn) como de una fuente es casi platónica: en el Fedro (251a), Platón describe la belleza como un flujo (rhéon) que emana de la Forma del Bien. Aristides cristianiza esta metafísica: la Belleza (Kállos) no es forma impersonal sino don personal de Dios, mediado por los cristianos al mundo.
¿Cómo "fluye" la belleza a través de los cristianos?
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Belleza moral: Sus vidas virtuosas embellecen el cosmos moral. Donde hay justicia, castidad, caridad, allí hay kállos. El vicio es fealdad (aischros); la virtud, belleza (kalós).
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Belleza providencial: Las oraciones cristianas "sostienen" (anéchō) el cosmos, evitando su colapso. Esto es la doctrina del katéchon ("lo que retiene", ): los cristianos son la "sal de la tierra" () que preserva al mundo de la corrupción total.
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Belleza escatológica: Los cristianos son "primicias" (aparché, ) de la Nueva Creación (kainḕ ktísis, ). En ellos se anticipa la belleza del Reino venidero (basileia mellousa).
Esta tesis será desarrollada magistralmente por Ireneo en Adversus Haereses V: los cristianos son recapitulación (anakephalaíōsis) de la creación original en Cristo, nuevo Adán.
Comentario editorial · Excurso: el bien que no se anuncia
"Las buenas obras que hacen, no las proclaman en los oídos de la multitud" (tà agathà érga hà poieîsin, ou kērýssousin eis ôta tôn plēthôn).
Esto es implementación literal del Sermón del Monte:
: "Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos [...] Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público".
La metáfora del tesoro escondido viene de : "El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo".
Aristides hace una aplicación inesperada: no es el Reino el tesoro escondido (como en la parábola original), sino la propia caridad del cristiano (hē agathopoi ía autoû) la que debe ocultarse. ¿Por qué? Tres razones teológicas:
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Evitar la vanagloria (kenodoxía): Publicitar buenas obras las convierte en moneda de cambio social (timḗ, "honor"). El cristiano pierde la recompensa celestial si recibe un pago terreno (cf. , "ya tienen su recompensa", apéchousin tòn misthòn autôn).
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Proteger la dignidad del beneficiado: Publicitar que se ayudó a X lo humilla públicamente, marcándolo como "receptor de caridad". El anonimato preserva su aidōs (dignidad).
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Imitar la providencia oculta de Dios: Dios gobierna el mundo invisiblemente (aoratôs, cap. I). El cristiano, imitador de Dios (mimētḕs theoû, ), hace el bien invisiblemente.
Esta espiritualidad del anonimato caritativo contrasta radicalmente con el evergetismo (euergetismós) greco-romano: los benefactores (euergetai) paganos inscribían sus donaciones en placas de mármol, esperaban honores públicos (timḗ), estatuas (eikónes), aclamaciones (epiphōnḗmata). El emperador era sozionomos tês dikaiosýnēs ("dispensador de justicia") y esperaba culto a cambio. Los cristianos invirtieron este sistema: daban sin esperar reconocimiento terreno, solo recompensa escatológica (misthapodosía aiōnios).
"Se esfuerzan por ser justos como aquellos que esperan ver a su Mesías" (zētoûsin dikaioîsthai hōs hoi prosdokôntes idreîn tòn Christòn autôn):
El verbo dikaioústhai ("ser justificados", "ser hechos justos") es técnico paulino (, ). Aristides usa aquí el sentido ético (llegar a ser virtuosos) más que el sentido forense (ser declarados justos). La motivación es parusíaca (parousía, "venida"): esperan "ver" (idreîn) a Cristo. Esta esperanza de la visión beatífica (visio beatifica) será formalizada en el siglo XIV como fin último del hombre (Benedicto XII, Benedictus Deus, 1336), pero ya está operativa aquí en Aristides.
La expresión "recibir de Él las promesas hechas con gran gloria" (lambanein par' autoû tàs epangelías metà dóxēs pollês) alude al concepto de promesas divinas (epangelíai):
: "Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas (epangelíai), para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina (theías koinōnoì physeōs)".
: "Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros".
Las "promesas" incluyen: resurrección corporal, vida eterna, visión de Dios, deificación (theōsis), reinado con Cristo (), plenitud de conocimiento (, "entonces conoceré como fui conocido").
Comentario editorial · Excurso: un pueblo nuevo
"Verdaderamente este pueblo es un pueblo nuevo, y hay algo divino mezclado en él" (alēthôs toûto tò génos kainón estin, kaí ti theîon en autoîs mémiktai).
La frase génos kainón ("pueblo/raza nueva") es uno de los auto-designaciones más importantes del cristianismo primitivo. Tiene tres dimensiones:
1. Dimensión histórica: novedad cronológica
El cristianismo es "nuevo" (kainós) no en sentido peyorativo (como acusaban los paganos: nova superstitio, "superstición novedosa") sino en sentido escatológico: es la Nueva Alianza (kainḕ diathḗkē, ; ; ; ). No es una secta (haíresis) del judaísmo ni una escuela (scholḗ) filosófica griega, sino una realidad inédita (kainótēs).
2. Dimensión etnográfica: tercera raza
El concepto de tríton génos ("tercera raza") aparece explícitamente en el Kerigma de Pedro (fragmento en Clemente de Alejandría, Stromata VI, 39):
"Adorad a Dios de un modo nuevo, nosotros que somos el tercer género (tríton génos), cristianos (christianoí)".
La tríada es: paganos (politeístas) – judíos (monoteístas legales) – cristianos (monoteístas espirituales). Esta auto-comprensión será constante en el siglo II–III:
- Epístola a Diogneto (cap. 1): "Ni la nueva institución (kainḕ epitēdeusis) ni el nuevo linaje (génos) de este pueblo (laós)".
- Tertuliano, Scorpiace 10: "Somos el tercer linaje humano (tertium genus)".
- Clemente de Alejandría, Stromata VI, 41: "La filosofía fue dada a los griegos [...] la Ley a los judíos [...] pero la verdad y la vía divina a nosotros".
3. Dimensión teológica: mezcla de lo divino
"Hay algo divino mezclado en él" (ti theîon en autoîs mémiktai). El verbo meignymi ("mezclar") es técnico:
- En química: mezclar dos sustancias (krâsis).
- En teología: unión de naturalezas.
Aristides no desarrolla esto, pero apunta hacia la doctrina de la inhabitación del Espíritu Santo (oíkēsis toû Hagiou Pneúmatos):
: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?"
: "Vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él [...] Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros...".
: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí".
Los cristianos son teóforos (theophóroi, "portadores de Dios"), como dirá Ignacio de Antioquía (A los Efesios 9:2): "Sois todos compañeros de viaje, teóforos (theophóroi), templóforos (naophóroi), cristóforos (christophóroi)".
Esta doctrina de la divinización (theōsis) será central en la Patrística Oriental. Ireneo formulará: "La Palabra de Dios, nuestro Señor Jesucristo, por su inmenso amor se hizo lo que nosotros somos, para hacernos ser lo que Él es" (Adv. Haer. V, praef.). Atanasio: "Él se hizo hombre para que nosotros pudiéramos ser hechos divinos" (De Incarnatione 54). La "mezcla divina" (theîon mémiktai) de Aristides es el germen de esta gran tradición.
Apelación al emperador:
"Puedes conocer de sus escrituras" (ek tôn graphôn autôn dýnasai gnônai). Esta es la segunda referencia de Aristides a las escrituras cristianas (la primera en cap. II). Invita al emperador a leer personalmente (entychánein) los textos cristianos:
- Evangelios (euangélia): Mateo, Marcos, Lucas, Juan (los cuatro ya circulaban c. 140 d.C.).
- Cartas apostólicas (epistolaí apostolikaí): Corpus paulino, Pedro, Santiago, Juan.
- Apocalipsis (Apokalýpsis): Aunque su canonicidad era disputada en el siglo II.
- Didaché (Didachḗ): Texto catequético ampliamente usado.
- Pastor de Hermas (Poimḗn): Obra apocalíptica popular.
La confianza de Aristides en que los textos "hablen por sí mismos" (autopistía) es notable. No ofrece interpretación alegórica ni mediación magisterial: el emperador puede leer directamente. Esto presupone:
- Claridad de las Escrituras (perspicuitas Scripturae): Doctrina que será disputada en la Reforma (Lutero vs Concilio de Trento).
- Iluminación del Espíritu (photismós toû Pneúmatos): El lector sincero será iluminado por el Espíritu Santo para entender.
Conclusión retórica:
"Grande y maravillosa es su enseñanza para aquel que está dispuesto a examinarla y entenderla" (megálē kaì thaumastḕ autôn hē didachḗ tôi bouloménoii exetasai kaì synieînai).
Los verbos exetásein ("examinar") y synieînai ("entender") son epistemológicos:
- Exetásein: Investigación racional, escrutinio crítico (como en un tribunal).
- Synieînai: Comprensión sintética, captación del sentido global (como en contemplación).
Aristides invita a un proceso bifásico: primero análisis crítico (exétasis), luego síntesis contemplativa (sýnesis). La verdad cristiana resiste el escrutinio racional y, una vez comprendida, se revela como megálē kaì thaumastḗ ("grande y maravillosa"). El adjetivo thaumastós ("maravilloso", "que causa asombro") sugiere que el cristianismo no es solo verdadero (alēthḗs) sino bello (kalós) y admirable (thaumastós): provoca conversión estética (epistrophḗ di' ecstáseōs), no solo asentimiento intelectual.
Comentario editorial · Excurso: el mundo subsiste por los cristianos
"No tengo duda de que el mundo subsiste por causa de la intercesión de los Cristianos" (kaì ouk amphíbállō hóti dià tḕn presbeían tôn christianôn ménei ho kósmos).
Esta es una de las afirmaciones más audaces de toda la apologética primitiva. Aristides no se limita a defender el cristianismo como inocuo o benéfico; afirma que es necesario para la existencia misma del mundo (anagkaîos eís tḕn hypóstasin toû kósmou). El verbo ménō ("permanecer", "subsistir") es técnico: no significa meramente "existir" sino "mantenerse en su ser" frente a fuerzas disolutivas. El cosmos, corrupto por el pecado, tiende naturalmente hacia el chaos (desorden primordial); solo la "intercesión" (presbeía) cristiana lo mantiene en el kosmos (orden).
El término presbeía ("intercesión", "embajada", "mediación") tiene raíz política: un presbeutḗs es un embajador que negocia entre dos reinos. Los cristianos son embajadores entre Dios y el mundo (: "Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros"). Su oración no es solo petición (aítēsis) sino intercesión sacerdotal (hieratiké presbeía), que participa de la única intercesión de Cristo (: "por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos").
Esta doctrina se conecta con el misterioso katéchon ("lo que retiene") de :
"Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene (tò katéchon), a fin de que a su debido tiempo se manifieste [...] Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene (ho katéchōn), hasta que él a su vez sea quitado de en medio".
La identidad del katéchon fue objeto de especulación patrística intensa:
- Tertuliano (Apol. 32): el Imperio Romano, que mantiene el orden frente al caos escatológico.
- Jerónimo (In 2 Thess. 2): la predicación apostólica, que retrasa el fin hasta que el Evangelio llegue a todos.
- Juan Crisóstomo (Hom. in 2 Thess. 4): la gracia del Espíritu Santo operando en la Iglesia.
- Agustín (Civ. Dei XX, 19): dubitativo, pero sugiere que es la soberanía divina misma sobre la historia.
Aristides parece identificar el katéchon con la comunidad cristiana en cuanto cuerpo orante. Esta interpretación será canonizada en la Epístola a Diogneto (c. 6):
"Los cristianos son retenidos (katéchomai) en el mundo como en una prisión, pero ellos mismos retienen (synéchousin) al mundo".
El verbo synéchō ("retener", "mantener unido", "sostener") es más fuerte que katéchō: implica cohesión activa contra fuerzas centrífugas. Sin los cristianos, el cosmos se desintegraría (diarrhḗgnymi) en el caos original (chaos tò archegonon).
¿Cómo "retienen" los cristianos al mundo? Tres mecanismos teológicos:
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Intercesión litúrgica: La oración cristiana, especialmente la Eucaristía, "ata" (déō) al cielo con la tierra, haciendo presente el sacrificio eterno de Cristo que reconcilia (katallássō) al mundo con Dios (). Sin esta reconciliación continua, la ira divina (orgḗ theoû) destruiría el cosmos pecador.
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Presencia sacramental: Los cristianos, como "templos del Espíritu Santo" (), son puntos de contacto entre lo divino y lo terreno. Su presencia física en el mundo es una presencia sacramental de lo divino (parousia mystēriaké toû theiou), que bendice y santifica el entorno (pericherón).
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Sal de la tierra: : "Vosotros sois la sal de la tierra". La sal (halas) en el mundo antiguo tenía tres funciones: preservación (evita la putrefacción), purificación (se usaba en sacrificios), sabor (hace la comida agradable). Los cristianos preservan al mundo de la corrupción moral total, purifican con su testimonio, y hacen la creación "agradable" a Dios.
Esta doctrina será atacada por Celso, quien ridiculiza la pretensión cristiana de sostener el cosmos: "¿Acaso Dios hizo todas las cosas por causa del hombre?" (póteron dià tòn ánthropon tà pánta ho theòs pepoíēken?, Orígenes, Contra Celso IV, 23). Celso argumenta que si todo fue creado para el hombre, ¿por qué hay tantas cosas hostiles al hombre (fieras, enfermedades, desastres)? Y si el mundo subsiste por los cristianos, ¿cómo subsistió antes de Cristo?
- Creación original (ktísis archegonos): hecha para el hombre sin pecado, todo era armonioso.
- Creación caída (ktísis ptôtoûsa): tras el pecado, la naturaleza se rebeló contra el hombre (: "la creación gime a una").
- Creación redimida (ktísis apolytrōméne): en proceso de restauración por Cristo, los cristianos son agentes de esta redención cósmica.
El mundo subsistió antes de Cristo por la anticipación de su redención (virtud retroactiva del sacrificio eterno) y por los justos del Antiguo Testamento (patriarcas, profetas) que cumplían análogamente la función de katéchon.
"Los demás pueblos se engañan a sí mismos y se engañan" (hoi dè loipoì laoi planôntai kaì planôsin heautous):
El verbo planáō ("extraviar", "errar", "engañar") tiene doble voz: activa (engañar a otros) y media (engañarse a sí mismos). Los paganos son simultáneamente engañadores y engañados (plánoi kaì planṓmenoi), como dirá : "Los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados".
La metáfora "andan en la oscuridad y tropiezan unos con otros como hombres ebrios" (en tôi skótei perípateôsi kaì proskóptousin allélois hōs methýontes) es multivalente:
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Oscuridad moral: : "Los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas".
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Ceguera intelectual: : "El dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos".
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Embriaguez espiritual: : "Aturdíos y quedaréis aturdidos; ofuscaos y quedaréis ofuscados; embriagaos, y no de vino; tambaléos, y no de sidra".
La imagen del tropiezo (proskómma) mutuo sugiere conflicto entre idolatrías rivales: griegos vs. egipcios, bárbaros vs. judíos, escuela filosófica vs. escuela filosófica. Todos chocan en la oscuridad porque carecen de la "luz del mundo" (phôs toû kósmou, ), que es Cristo.
Esta imagen será desarrollada magníficamente por Agustín en Confesiones III, 1: "Vagaba por las calles de Babilonia y me revolcaba en su lodo como si fuera ungüento de cinamomo". El pagano es viator sine via ("caminante sin camino"), errante perpetuo en el laberinto del error.
Cap. 17
Hasta aquí llega mi discurso para ti, oh rey. Y he hablado estas cosas según mi capacidad, sin apartarme en nada de la verdad.
Los Griegos, pues, oh rey, porque practican cosas inmundas al acostarse con varones, y con madre, hermana e hija, vuelven el ridículo de su inmundicia sobre los Cristianos; pero los Cristianos son honestos y piadosos, y la verdad está puesta ante sus ojos, y son longánimos; y por eso, mientras conocen su error y son guiados por el Espíritu Santo, soportan el ridículo de ellos; pero de parte de Dios piden que se arrepientan de ello.
Y cuando sucede que uno de ellos se convierte, se avergüenza ante los Cristianos de las obras que ha hecho; y confiesa a Dios, diciendo: "En ignorancia hice estas cosas"; y purifica su corazón, y sus pecados le son perdonados, porque los hizo en ignorancia en el tiempo pasado, cuando blasfemaba y hablaba mal de la verdadera ciencia. Y ciertamente la raza de los Cristianos es más bendita que todos los pueblos que hay sobre la faz de la tierra.
Que los demás pueblos, pues, cesen en su vana palabrería contra los Cristianos, y que los honren; porque ellos son los que por todos los medios han encontrado la verdad. Y nosotros también, mientras los honramos, seremos juzgados con justicia. Porque grande y maravillosa es su enseñanza para quien está dispuesto a recibirla y a escucharla. Y verdaderamente esta es la puerta de la luz. Que todos los que no se acercan a ella, se acerquen; y que todos los que son extraños a ella, se apresuren a venir. Y que no sean hostiles a su palabra; porque es muy digna de ser escuchada. Porque no en vano los Cristianos han llegado a tal grado de verdad y santidad. Pero mientras se burlaban de ellos y los injuriaban, recibían en su mente palabras de ánimo del Dios que los había creado. Por eso, su vida es dulce y su doctrina es verdadera y su esperanza es imperecedera.
He aquí, oh rey, te he declarado estas cosas en pocas palabras. Y no hay nada dicho por nosotros que no sea conforme a la verdad. Y es conveniente que el rey investigue esta religión y la conozca; porque si la conoce, conocerá que es de Dios.
Aquí termina la apología de Aristides el filósofo.
Comentario editorial · Cómo se cierra la apología
Este breve capítulo funciona como epílogo apologético (epílogos apologētikós) y tiene tres movimientos retóricos:
- Recapitulación (anakephalaíōsis): "Hasta aquí llega mi discurso para ti, oh rey".
- Inversión de la acusación (antēgoría): Los griegos proyectan sus propios vicios sobre los cristianos.
- Llamado a la conversión (paraínesis eis metánoian): Que cesen la persecución y se acerquen a la luz.
La estructura es quiástica inversa (inversión de la acusación):
A. Los griegos practican inmoralidad (incesto, pederastia).
--- B. Los cristianos son calumniados.
------ C. Los cristianos son pacientes y oran por los perseguidores.
------ C'. Cuando un pagano se convierte, confiesa su pecado.
--- B'. Sus pecados son perdonados.
A'. Los cristianos son benditos sobre todos los pueblos.
El clímax es el perdón divino (áphesis hamartēmátōn), que transforma al perseguidor en hermano.
Comentario editorial · «Según mi capacidad»
"He hablado estas cosas según mi capacidad" (katà tḕn dýnamin mou taûta eírēka).
La fórmula de modestia retórica (apología tês ástheneías) era convencional en la oratoria greco-romana. El orador afirma su insuficiencia para exaltar la grandeza del tema. Pero en Aristides esto no es mera convención: hay humildad teológica genuina (tapeinophrosýnē). El verbo dýnamai ("poder", "ser capaz") alude a la capacidad dada por Dios (dýnamis ek theoû), como en : "No que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios".
Esta autolimitación contrasta con la arrogancia de los sofistas (typhos tôn sophistôn), quienes se jactaban de poder hablar brillantemente sobre cualquier tema (perì pantós). Platón los satiriza en el Gorgias (449a–b): el sofista promete enseñar "el arte de persuadir" (techné peithous) sin preocuparse por la verdad (alḗtheia). Aristides, en cambio, subordina su retórica a la verdad: "sin apartarme en nada de la verdad" (oudèn parekbàs tês alētheías).
El verbo parekbaínō ("apartarse", "desviarse", "transgredir") es técnico en contextos morales y legales. No ha cometido parékbasis (transgresión) contra la verdad. Esta afirmación es audaz porque implica infalibilidad delegada: no afirma su propia infalibilidad personal, sino la infalibilidad de las fuentes cristianas (hai graphài tôn christianôn) de las que ha extraído su discurso.
Compárese con : "Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado" (egṑ gàr parélabòn apò toû Kyríou, ho kaì parédōka hymîn). El apóstol es transmisor fiel (pistòs paradótēs) de una tradición recibida (parádosis). Aristides se coloca en esta misma posición: no inventa (anaplássō) sino transmite (paradídōmi) la verdad cristiana.
Esta insistencia en la fidelidad de la transmisión (akribes tês paradóseōs) será central en el concepto de tradición apostólica que desarrollará Ireneo en Adversus Haereses (c. 180 d.C.): la verdad se conserva intacta en la sucesión episcopal (diadochḗ episkopikḗ) que transmite la regula fidei (regla de fe) sin alteración.
Comentario editorial · Excurso: la calumnia devuelta
"Los Griegos practican cosas inmundas al acostarse con varones, y con madre, hermana e hija" (hoi Héllēnes aischràs práxeis askôntés, arsenokoítais kaì mētrokóitais kaì adelphokóitais kaì thygatrokóitais).
Aristides emplea aquí la táctica retórica de la retorsio argumenti (inversión del argumento): acusa a los griegos de los mismos crímenes que estos imputaban a los cristianos. Las acusaciones paganas contra los cristianos incluían:
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Incesto ritual (mígma athesmón): Se alegaba que en las "ágapes" (agápai, banquetes fraternos) los cristianos apagaban las luces y cometían incesto indiscriminado. Esta calumnia aparece en Minucio Félix, Octavio 9: "Después del banquete [...] se arrojan en promiscuas uniones, y todos son igualmente incestuosos".
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Pederastia ritual: La acusación de que los cristianos adoraban a un dios crucificado practicando ritos obscenos con niños.
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Canibalismo eucarístico (anthropophagía mystēriakḗ): La malinterpretación de "Esto es mi cuerpo" () llevó a la acusación de que los cristianos sacrificaban y devoraban niños.
Aristides invierte la acusación (antēgoría) señalando que son los griegos quienes practican estas abominaciones, como lo demuestran:
1. La mitología griega normaliza el incesto:
- Zeus y Hera: hermanos y esposos.
- Edipo: arquetipo trágico del incesto madre-hijo (mētrokóitēs).
- Mirra (Esmirna): seduce a su padre Ciniras y engendra a Adonis (incesto padre-hija, patrokóitēs).
- Bíblis: se enamora de su hermano Cauno (incesto fraterno, adelphokóitēs).
2. La pederastia griega (paiderastía) era institucional:
- Zeus y Ganimedes: rapto del joven Ganimedes para servir de copero y amante de Zeus.
- Apolo y Jacinto: relación pederástica paradigmática.
- Pedagogía erótica: En Atenas, Esparta y Tebas, la relación erastḗs/erṓmenos (amante adulto/amado adolescente) era parte de la formación cívica. El erastḗs era mentor intelectual y amante físico del erṓmenos.
3. La práctica social romana:
- Lex Scantinia (c. 226 a.C.): penalizaba la pederastia con ciudadanos romanos libres, pero permitía relaciones con esclavos (pueri delicati) y jóvenes extranjeros.
- Emperadores: Adriano (destinatario de la Apología) fue famoso por su relación con el joven Antínoo, a quien deificó tras su muerte (130 d.C.). La apología de Aristides es audazmente contra-cultural: critica implícitamente al emperador que la recibe.
Respuesta cristiana:
"Los Cristianos son honestos y piadosos, y la verdad está puesta ante sus ojos" (hoi dè christianoì eutheis kaì eusebeis eisin, kaì hē alḗtheia prókeitai emprósthen tôn ophthalmôn autôn).
El adjetivo euthýs ("recto", "honesto", lit. "derecho") implica integridad moral (orthótēs ēthikḗ) sin torceduras (kampḗ). El sustantivo eusébeia ("piedad", "devoción") es central en la ética greco-romana:
- En filosofía estoica: eusébeia es la virtud de dar a cada uno lo debido (tò oikeîon), especialmente a los dioses.
- En la LXX: traduce el hebreo yir'at YHWH ("temor del Señor"), la raíz de toda sabiduría ().
"La verdad está puesta ante sus ojos" (hē alḗtheia prókeitai emprósthen tôn ophthalmôn autôn): imagen de claridad epistémica (saphḗneia gnōstikḗ). Los cristianos no están en la oscuridad (skótos) de los paganos (cap. XVI), sino que tienen la verdad "puesta delante" (prókeimai) como un objeto visible (phanerón). Esta es la doctrina de la iluminación interior (phōtismòs esṓteros) por el Espíritu Santo:
: "Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz (phôs ek skótous), es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo".
: "Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento (pephōtisménous toùs ophthalmous tês kardías), para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado".
Los cristianos tienen los ojos del corazón iluminados (ophthalmoi kardías pephōtisménoi), mientras los paganos tienen ojos carnales cegados (ophthalmoi sarkikoi tetyph lōménoi).
Paciencia bajo la persecución:
"Son longánimos; y por eso, mientras conocen su error y son guiados por el Espíritu Santo, soportan el ridículo de ellos" (makrothymoûsin; kaì diá toûto ginṓskontes tḕn plánēn autôn kaì hodēgoúmenoi hypò toû Pneúmatos toû Hagiou, hypophérousin tòn chleuasmòn autôn).
La virtud de makrothymía ("longanimidad", "paciencia", lit. "larga-ira") es central en la ética paulina:
: "El amor es sufrido (hē agápē makrothymeî), es benigno".
: "El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia (makrothymía)".
: "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia (makrothymía)".
La makrothymía cristiana es imitación de Dios (mímēsis theoû), quien es "lento para la ira" (makróthymos, ; ; ). El cristiano, sabiendo que Dios soportó pacientemente su propia rebelión, soporta pacientemente la burla pagana.
El verbo hypophérō ("soportar", "cargar debajo") es técnico para sufrimiento vicario (páthos hyper hetéron). : "Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente [...] si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis (hypomeínēte), esto ciertamente es aprobado delante de Dios".
Los cristianos "soportan" (hypophérō) las burlas no pasivamente (como los estoicos, que enseñaban apátheia, "impasibilidad") sino activamente, orando por los perseguidores (euchoménoi hypèr tôn diōkóntōn):
: "Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen".
: "Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
: "Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado" (Esteban muriendo lapidado).
"De parte de Dios piden que se arrepientan de ello" (parà theoû aitoûntai hína metanóēsin ek toútou):
La oración cristiana por los perseguidores no es meramente que cesen la persecución (paúsōntai toû diōgmoû) sino que se conviertan (metanóēsin). El verbo metanóeō ("arrepentirse", "cambiar de mente") implica conversión radical (epistrophḗ): abandono del error (plánē) y abrazo de la verdad (alḗtheia).
Esta doctrina de la oración por los enemigos (euché hypèr tôn echthôn) era escandalosa en el mundo pagano. Marco Aurelio, contemporáneo de Aristides, escribió en sus Meditaciones (XI, 3): "Es propio del hombre amar incluso a los que le ofenden" (idion anthrṓpou phileîn kaì toùs ptaíontas), pero esto era un ideal filosófico extraño. La práctica cristiana lo hacía una norma comunitaria (kánōn ekklesiastikós).
Comentario editorial · Excurso: de perseguidor a confesor
"Cuando sucede que uno de ellos se convierte" (hótan dé symbêi héna ex autôn epistrépsai).
El verbo epistrép hō ("convertirse", "volverse", "retornar") es técnico en LXX y NT para conversión religiosa (metánoia). Tiene dos movimientos:
- Aversio a peccato ("aversión del pecado"): volverse desde (apó) el error.
- Conversio ad Deum ("conversión a Dios"): volverse hacia (pros) la verdad.
El proceso descrito por Aristides tiene cinco etapas:
1. Vergüenza ante la comunidad (aischýnē enṓpion tês ekklesías):
"Se avergüenza ante los Cristianos de las obras que ha hecho" (aischýnetai emprósthen tôn christianôn tà érga hà épraxen).
El sustantivo aischýnē ("vergüenza") es ambiguo en griego: puede ser negativo (vergüenza destructiva, katáplēxis) o positivo (pudor sano, aidṓs). Aquí es claramente positivo: el convertido no es humillado por la comunidad, sino que siente vergüenza propia (aischýnetai heautón) al contrastar su vida pasada con la santidad cristiana.
Esta vergüenza es sanadora (therapéuousa aischýnē), como la de Pedro tras negar a Cristo: "Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente" (). El llanto de Pedro es contrición (katánysis kardías), que precede al perdón.
2. Confesión verbal (exomológēsis logikḗ):
"Confiesa a Dios, diciendo: 'En ignorancia hice estas cosas'" (exomologeîtai tôi theôi légōn: En agnóiai taûta éprasa).
El verbo exomológeō ("confesar", "declarar públicamente") tiene dos dimensiones:
- Pública: La confesión no es privada sino ante la comunidad (koinónía). Cf. : "Confesaos vuestras ofensas unos a otros (exomologeîsthe allḗlois tàs parabáseis)".
- A Dios: Aunque hecha ante hombres, es dirigida a Dios (tôi theôi). La comunidad es testigo (mártys), no mediador (mesítēs). La mediación es de Cristo únicamente ().
3. Purificación del corazón (kátharsis kardías):
"Purifica su corazón" (kathairei tḕn kardían autoû).
El verbo kathaírō ("limpiar", "purificar") es sacrificial: se usaba para la purificación ritual (hágnismos) de vasos sagrados. Aquí es metafórico: el corazón (kardía), antes contaminado (memiasména) por el pecado, es limpiado por el arrepentimiento.
Esta purificación es obra del Espíritu Santo (érgon toû Pneúmatos):
: "Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias [...] Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros".
: "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración (diá loutroû palinggenesías) y por la renovación en el Espíritu Santo".
El bautismo (báptisma) es el sacramento de esta purificación. Aunque Aristides no menciona explícitamente el bautismo, el lenguaje "purifica su corazón" lo presupone. En la Didaché 7, el bautismo se llama "lavado" (loútron) para remisión de pecados.
4. Perdón divino (áphesis parà theoû):
"Sus pecados le son perdonados" (aphíentai autôi hai hamartíai).
El verbo aphíēmi ("perdonar", lit. "enviar lejos", "soltar") es técnico en NT para remisión de pecados (áphesis hamartēmátōn):
: "Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados (eis áphesin hamartēmátōn)".
: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados (eis áphesin tôn hamartēmátōn)".
: "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados (tḕn áphesin tôn parapómatoōn) según las riquezas de su gracia".
El perdón no es merecido (katà axían) sino gratuito (dōreán). Aristides enfatiza que los pecados fueron cometidos "en ignorancia" (en agnóiai), no en plena conciencia (en syneidḗsei), lo que mitiga (elattóō) pero no anula (katargeō) la culpa. La ignorancia no es una excusa absoluta (cf. : "Si una persona peca, e hiciere alguna de todas aquellas cosas que por mandamiento de Jehová no se han de hacer, aun sin hacerlo a sabiendas, es culpable"), pero es una circunstancia atenuante.
5. Integración eclesial (prosóchē eis tḗn ekklesían):
Aunque Aristides no lo menciona explícitamente, el proceso de conversión culmina en la recepción en la comunidad (dekhaí eis tḕn koinōnían). El convertido deja de ser xénos ("extraño") y se convierte en adelphós ("hermano"), participando plenamente en la vida litúrgica (Eucaristía), catequética (didachḗ) y caritativa (diakionía) de la Iglesia.
Comparación con otros testimonios patrísticos:
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Justino Mártir, 1 Apología 61: Describe el bautismo como "iluminación" (phōtismós), porque el bautizado recibe conocimiento (gnôsis) de Dios.
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Tertuliano, De Baptismo 20: Llama al bautismo "lavado" (lavacrum) que borra todos los pecados previos: "Entramos al agua manchados (sordidi), salimos limpios (mundi)".
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Cipriano, Epístola 73: Debate con Esteban de Roma sobre el re-bautismo de herejes. Cipriano sostiene que el bautismo herético es inválido; Esteban, que es válido pero irregular.
La fórmula "en ignorancia hice estas cosas" (en agnóiai taûta éprasa) tiene paralelos en:
: "Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia (katà ágnoian) lo hicisteis, como también vuestros gobernantes".
: "Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad (agnoôn epoíēsa en apistíai)".
La doctrina de la ignorancia invencible (agnóia ouk atéleutos) será desarrollada por Tomás de Aquino (Summa Theologiae I-II, q. 76): la ignorancia que no puede ser vencida por esfuerzo razonable disminuye la culpabilidad moral, aunque no la anula completamente si es ignorancia culpable (agnóia hekoúsios).
Comentario editorial · Excurso: la puerta de la luz
"Esta es la puerta de la luz" (haútē oun estìn hē pýlē toû phōtós).
Esta es una de las metáforas más densas de toda la Apología. La imagen de la "puerta" (pýlē) como acceso a la salvación tiene múltiples resonancias:
1. Arquitectura del templo:
En el Templo de Jerusalén, había varias puertas (pýlai):
- Puerta Hermosa (hē Hōraía Pýlē, ): entrada principal al atrio de las mujeres.
- Puerta de Nicanor: separaba el atrio de las mujeres del de Israel.
- Velo del Lugar Santísimo (katapétasma toû hagiou tôn hagiōn): no puerta literal sino cortina, que Cristo "rasgó" (eschísthē, ) en su muerte, abriendo acceso al Padre.
Aristides cristianiza esta arquitectura: Cristo es la nueva puerta (pýlē kainḗ) que reemplaza las puertas del templo destruido (70 d.C.).
2. Lenguaje joánico:
: "Yo soy la puerta (hē pýlē); el que por mí entrare, será salvo, y entrará, y saldrá, y hallará pastos".
: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí".
Cristo es puerta ontológica (pýlē ousiódes): no simplemente medio (méson) sino lugar (tópos) de encuentro entre Dios y hombre. Pasar "por" Cristo no es usar un instrumento (órganon) sino participar (metéchō) de su naturaleza.
3. Apocalíptica judaica:
En los escritos apocalípticos judíos (p. ej., 1 Enoc, 2 Baruc), hay puertas celestiales (pýlai ouraníai) custodiadas por ángeles. Solo los justos pasan. Aristides democratiza este acceso: todo ser humano (pâs ánthrōpos) puede entrar si se arrepiente.
4. Filosofía platónica:
En el mito de la caverna (República VII, 514a–517a), los prisioneros salen de la cueva por una ascensión (anábasis) difícil hacia la luz (phôs). Aristides invierte el platonismo: no es el hombre quien asciende penosa mente hacia la luz (gnosis filosófica), sino que la luz desciende (katábasis toû phōtós) en Cristo para iluminar al hombre en su caverna. La puerta no está arriba (ánō) sino aquí (hôde), en la predicación evangélica (kḗrygma euangelikón).
"Puerta de la luz" vs. "puerta de las tinieblas":
La literatura apocalíptica judía y cristiana conoce la polaridad puerta de vida/puerta de muerte (pýlē zōês/pýlē thanátou):
Didaché 1: "Hay dos caminos, uno de la vida y otro de la muerte (hodoi dýo, mía tês zōês kaì mía toû thanátou), pero hay gran diferencia entre los dos caminos".
: "Entrad por la puerta estrecha (diá tês stenês pýlēs); porque ancha es la puerta (plateia hē pýlē), y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta (stenḕ hē pýlē), y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan".
Aristides simplifica: solo hay una puerta verdadera (pýlē alēthinḗ), que es Cristo. Las demás "puertas" (religiones paganas, filosofías, herejías) son falsas puertas (pýlai pseudeîs) que llevan a la oscuridad (skótos).
Exhortación universal:
"Que todos los que no se acercan a ella, se acerquen; y que todos los que son extraños a ella, se apresuren a venir" (pántes hoì mḕ eggízontes autêi, eggisátōsan; kaì pántes hoì xénoi autês, speusátōsan eltheîn).
El doble imperativo eggízō ("acercarse") y speúdō ("apresurarse") sugiere urgencia escatológica (epeigousa eschatología). El tiempo es corto (ho kairòs synestalmenos, ); la puerta se cerrará (: "las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta (eklísthē hē pýlē)"). La conversión no puede posponerse (anaballesthai).
El adjetivo xénos ("extraño", "extranjero", "forastero") tiene doble sentido:
- Sociológico: Paganos, no-miembros de la comunidad cristiana.
- Ontológico: Alejados de Dios por el pecado, xénoi tês polyteías toû Israḗl ("extranjeros a la ciudadanía de Israel", ), pero ahora llamados a ser conciudadanos (sympolitai, ).
Dulzura de la vida cristiana:
"Su vida es dulce (hēdeîa) y su doctrina es verdadera (alēthinḗ) y su esperanza es imperecedera (áthanatos)".
La tríada dulzura–verdad–inmortalidad resume la apologética de Aristides:
- Dulzura (hēdýtēs): Contra la acusación de que el cristianismo es vida dura, ascética, sin gozo. Aristides afirma que la vida cristiana es hēdeîa ("dulce", "placentera"). Esta dulzura no es sensual (sarkiké) sino espiritual (pneumatiké): el gozo del Espíritu Santo (chará en Pneúmati Hagíōi, ).
: "Gustad, y ved que es bueno Jehová (geúsasthe kaì ídete hóti chrēstòs ho Kýrios)".
: "Si es que habéis gustado la benignidad del Señor (ei egeúsasthe hóti chrēstòs ho Kýrios)".
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Verdad (alḗtheia): No opinión (dóxa) ni mito (mŷthos) sino revelación divina (apokálypsis theoû). La doctrina cristiana no es construcción humana sino transmisión apostólica (paradosis apostoliké).
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Inmortalidad (athanasía): La esperanza cristiana no es meramente inmortalidad del alma (athanasía psychês, como en Platón) sino resurrección corporal (anástasis sōmatos). : "Es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (endýsasthai athanasían)".
"Palabras de ánimo del Dios que los había creado" (lógoi paraklḗseōs parà toû theoû toû poiḗsantos autoús):
El sustantivo paráklēsis ("consolación", "exhortación", "ánimo") es técnico en NT:
: "Si tenéis alguna palabra de exhortación (lógos paraklḗseōs) para el pueblo, hablad".
: "Para que por la paciencia y la consolación de las Escrituras (diá tês paraklḗseōs tôn graphôn), tengamos esperanza".
: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación (ho theòs pásēs paraklḗseōs)".
El Espíritu Santo es llamado Paráclito (Paráklētos, ; 15:26; 16:7), "Consolador" o "Abogado". Los cristianos perseguidos no están solos (mónoi): el Paráclito los acompaña, dándoles palabras en el momento de necesidad (: "Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros").
Comentario editorial · Excurso: que el rey investigue
"Es conveniente que el rey investigue esta religión y la conozca" (prépei tòn basiléa exetásai taútēn tḕn threskeían kaì gnônai autḗn).
El verbo prépō ("ser conveniente", "ser apropiado", "ser digno") implica obligación moral (kathêkon). No es mera sugerencia cortés sino imperativo ético: el emperador, como responsable del bien común (koinòn agathón), debe (opheílei) investigar la verdad. Si no lo hace, falta a su deber (parabainei tò kathêkon).
El verbo exetázō ("examinar", "escrutar", "investigar") es forense: se usa en contextos judiciales para la investigación de cargos (anakrisis kategoríōn). Aristides invierte la dinámica: no son los cristianos quienes deben defenderse ante el tribunal imperial, sino el paganismo quien debe ser juzgado. El emperador debe ser juez imparcial (dikastḕs adekástos), no perseguidor.
"Conocerá que es de Dios" (gnṓsetai hóti ek theoû estín):
Esta fórmula "de Dios" (ek theoû) es técnica en NT para distinguir lo auténtico de lo falso:
: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro (apò theoû elḗlythas didáskalos); porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él".
: "El que es de Dios (ho ṓn ek toû theoû), las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios (ouk esté ek toû theoû)".
: "Probad los espíritus si son de Dios (ei ek toû theoû eisín) [...] Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios (ek toû theoû estín); y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios (ek toû theoû ouk estín)".
Aristides apela al discernimiento racional (diákrisis logiké) del emperador: si investiga honestamente (aphilóponiṓs), llegará inevitablemente (anagkaíos) a la conclusión de que el cristianismo es verdadero. Esta confianza en la razón natural (lógos physikós) para reconocer la verdad divina será característica de la apologética cristiana:
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Justino Mártir (2 Apología 10): "Aquellos que vivieron conforme a la razón (metà lógou) son cristianos, aunque hayan sido tenidos por ateos, como Sócrates y Heráclito entre los griegos".
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Clemente de Alejandría (Stromata I, 28): "La filosofía fue dada a los griegos como su propio Testamento, como preparación para la perfección que se cumple en Cristo".
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Agustín (Confesiones VII, 9): La filosofía platónica le condujo al umbral del cristianismo; solo faltaba la gracia para entrar.
Esta confianza en la razón natural fue cuestionada radicalmente durante la Reforma. Lutero sostenía que la razón humana, por sí sola, es incapaz de alcanzar las verdades espirituales sin la intervención de la gracia y el Espíritu Santo; llegó incluso a describirla como “la mayor prostituta del diablo”. Así, estableció una separación mucho más estricta entre el conocimiento natural (razón) y el conocimiento sobrenatural o revelado (fe guiada por Dios) que salva. Por el contrario, la tradición católica —especialmente a partir de Tomás de Aquino— mantuvo que la razón natural, aunque limitada, puede llegar a conocer ciertas verdades sobre Dios, manteniendo una visión mas empoderada de la razon junto a la fe.
Comentario editorial · El colofón del manuscrito siríaco
Esta breve fórmula de cierre (kolophṓn) es típica de manuscritos antiguos. En el manuscrito siríaco del Monte Sinaí (s. VII) se lee: "Aquí termina la apología que Aristides el filósofo pronunció ante Adriano el rey sobre el culto al Dios Todopoderoso" (Telos tês apologías hḗn Aristeídēs ho philósophos epoiḗsato prós Hadrianòn tòn basiléa perì tês proskyneseōs toû pantodiýnámou theoû).
La preservación de este texto en versiones siríaca, armenia y —sorprendentemente— incrustada en la novela bizantina Barlaam y Josafat (s. VI–VII), atestigua la popularidad de la Apología en los primeros siglos. Su desaparición posterior (no mencionada después de Eusebio) sugiere que fue eclipsada por obras apologéticas más sofisticadas:
- Justino Mártir (Apologías I–II, Diálogo con Trifón, c. 150–160): argumentación filosófica más elaborada, diálogo con el judaísmo rabínico.
- Atenágoras (Legatio, c. 177): refutación detallada de las acusaciones de ateísmo, incesto, canibalismo.
- Teófilo de Antioquía (Ad Autolycum, c. 180): apologética trinitaria, exégesis del Génesis.
- Tertuliano (Apologeticum, c. 197): retórica jurídica latina, defensa de la libertad religiosa.
- Orígenes (Contra Celso, c. 248): refutación sistemática del ataque filosófico más elaborado contra el cristianismo.
La Apología de Aristides es más simple (haploustéra) que estas obras, pero tiene ventajas pedagógicas (paideíai sympheronta):
- Claridad (saphḗneia): Sin terminología filosófica técnica, accesible a lectores no especializados.
- Brevedad (syntómía): Puede leerse en una sesión, facilitando la memorización.
- Estructura clara (táxis euságōgos): División etnográfica (Bárbaros–Griegos–Judíos–Cristianos) que hace fácil la navegación conceptual.
- Tono irén ico (eírēnikós): No polemiza agresivamente; invita a investigar.
Por estas razones, fue probablemente usada como manual catequético (encheirídion katēchētikón) en comunidades cristianas primitivas, antes de ser reemplazada por la Didaché, el Pastor de Hermas y, finalmente, las Catequesis de Cirilo de Jerusalén (s. IV).
Su redescubrimiento en 1889 por J. Rendel Harris en el Monasterio de Santa Catalina (Sinaí) fue uno de los grandes hallazgos de la patrología moderna, comparable al descubrimiento de la Didaché (1873) y los manuscritos de Nag Hammadi (1945). Nos permite reconstruir la teología cristiana del siglo II con mayor precisión, confirmando que ya en tiempos de Adriano existía:
- Un corpus evangélico reconocido (aunque el canon no estaba cerrado).
- Una cristología alta (Cristo como "Hijo de Dios Altísimo", encarnado, crucificado, resucitado, ascendido).
- Una eclesiología universalista (tercera raza, que trasciende Barbarie–Grecia–Judaísmo).
- Una ética distintiva (no violencia, castidad, caridad radical, cuidado de marginados).
- Una escatología activa (esperanza en la parusía, que motiva la ética presente).
La Apología de Aristides, aparentemente "perdida" durante 1700 años, nunca estuvo realmente perdida: su espíritu pervivió en la tradición apologética cristiana, y su texto, milagrosamente preservado en rincones inesperados del Imperio bizantino, fue recuperado para nutrir la fe de generaciones posteriores.
Deo gratias.
Notas, recepción y bibliografía
Acompañamiento editorial
La influencia directa de la Apología de Aristides en la literatura patrística es difícil de rastrear con precisión, dado que el texto desapareció de la circulación relativamente temprano. Sin embargo, su impacto puede discernirse en varias direcciones:
Jerónimo afirmaba que Justino Mártir imitó a Aristides en su Primera Apología (c. 150-155 d.C.). Aunque la dependencia literaria directa es difícil de probar, los paralelos temáticos y argumentativos son notables:
Paralelos conceptuales:
- Ambos comienzan con un argumento cosmológico por la existencia de Dios
- Ambos critican extensamente la mitología griega usando los mismos ejemplos (Zeus, Afrodita, etc.)
- Ambos mencionan a Antínoo como ejemplo de divinización absurda de mortales recientes
- Ambos describen etnográficamente la vida cristiana como prueba de la verdad del cristianismo
- Ambos evitan apelar a milagros o profecías cumplidas
Diferencias de enfoque:
- Justino incorpora extensamente el argumento de profecía cumplida, ausente en Aristides
- Justino desarrolla una teoría del Logos que conecta la filosofía griega con el cristianismo
- Justino escribe en un contexto de mayor hostilidad y persecución explícita
- Justino es mucho más extenso y filosóficamente elaborado
La relación más probable es que ambos bebían de un acervo común de argumentos apologéticos que circulaban en las escuelas cristianas del siglo II, especialmente en los centros urbanos como Atenas, Roma y Éfeso donde se concentraban cristianos educados capaces de dialogar con la cultura grecorromana.
Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica IV.3.3) proporciona el testimonio más temprano conservado sobre Aristides:
"Aristides, hombre fiel a la religión que profesamos, como Cuadrato, dejó una Apología de la fe dirigida a Adriano. Su obra es conservada hasta hoy por muchos."
Este breve comentario revela varios puntos significativos:
-
Aristides era considerado figura venerable por Eusebio en el siglo IV, asociado con los apologistas más antiguos como Cuadrato.
-
El texto circulaba ampliamente en tiempos de Eusebio ("conservada hasta hoy por muchos"), sugiriendo que la obra era copiada y leída, aunque no alcanzó el estatus canónico de otros escritos patrísticos.
-
La datación al reinado de Adriano era tradicional pero no universalmente aceptada, como evidencian las variantes en otras fuentes.
Jerónimo (De viris illustribus XX, escrito en 392 d.C.) añade detalles significativos a lo que sabemos de Aristides:
"Aristides, filósofo ateniense muy elocuente, presentó una Apología a Adriano al mismo tiempo que Cuadrato. La obra estaba compuesta de sentencias de filósofos (contextum philosophorum sententiis), y posteriormente fue imitada por Justino Mártir. Circula ampliamente entre hombres doctos."
La frase "contextum philosophorum sententiis" (tejida con sentencias de filósofos) es crucial. Jerónimo reconoce que Aristides escribió en el lenguaje y estilo de la filosofía grecorromana, no en el de la retórica bíblica. Esta observación se confirma en el análisis del texto: Aristides raramente cita las Escrituras explícitamente, prefiriendo argumentos de razón natural.
La afirmación de que Justino "imitó" a Aristides puede ser exagerada. Más probable es que Jerónimo, conociendo cronológicamente el orden (Aristides precedió a Justino por al menos dos décadas), asumió influencia directa donde probablemente había tradición compartida.
El comentario final de que "circula ampliamente entre hombres doctos" (inter eruditos viros valde fertur) sugiere que en el siglo IV tardío, la Apología era conocida principalmente en círculos cristianos educados, no en la comunidad eclesiástica general. Esto explica su eventual desaparición: sin incorporación en la liturgia o en currículos catequéticos, dependía de la continuidad de una élite intelectual cristiana que fue severamente disrumpida durante las invasiones bárbaras.
La supervivencia del texto griego de Aristides en la novela hagiográfica "Vida de Barlaam y Josafat" (siglo VIII-IX) representa uno de los fenómenos más extraños de transmisión textual en la historia de la literatura cristiana. El autor bizantino, probablemente Juan Damasceno, tomó una antigua Apología cristiana y la insertó en una narrativa que en sí misma era la cristianización de la vida de Buda.
En el contexto de Barlaam y Josafat, el discurso de Aristides se convierte en el alegato del monje ficticio Nachor ante la corte del rey indio Abenner. El marco narrativo transforma completamente la función del texto:
Aristides original: Un filósofo cristiano dirige una defensa racional del cristianismo al emperador romano, argumentando por tolerancia o al menos reconocimiento intelectual.
Nachor en Barlaam: Un sabio pagano, forzado a personificar a un monje cristiano en un debate amañado, se encuentra inesperadamente inspirado por el Espíritu Santo (como la burra de Balaam) y pronuncia un discurso que convierte no solo a sí mismo sino al rey y toda la corte.
Esta transformación refleja la evolución de la apologética cristiana: en el Bizancio medieval, con el cristianismo como religión oficial, no se necesitaban apologías dirigidas a emperadores hostiles. En cambio, los argumentos apologéticos se reciclaban como herramientas de edificación interna y narrativas de conversión.
La popularidad de Barlaam y Josafat fue extraordinaria. Traducida a casi veinte idiomas, la historia se difundió desde Islandia hasta Etiopía. Irónicamente, Barlaam y Josafat fueron canonizados como santos por las iglesias orientales y occidentales, con día de festividad el 27 de noviembre. Así, el cristianismo medieval honraba sin saberlo al Buda histórico (transformado en Josafat) mientras preservaba la Apología más antigua del cristianismo (incorporada en el discurso de Nachor).
Al situar a Aristides en la trayectoria de la apologética patrística, emergen varios patrones significativos:
Fase 1 - Apologética Filosófica Temprana (125-180 d.C.):
- Aristides y Cuadrato establecen el precedente de dirigirse directamente al poder imperial
- Énfasis en argumentos de razón natural y observación ética
- Evitación de apelaciones a autoridad bíblica, que sería incomprensible para audiencia pagana
- Tono de serena confianza intelectual
Fase 2 - Síntesis Filosófico-Bíblica (150-200 d.C.):
- Justino Mártir: combina argumentos racionales con profecía cumplida
- Taciano: más hostil a la filosofía griega, enfatiza superioridad de las Escrituras
- Atenágoras: refinamiento filosófico sofisticado
- Teófilo de Antioquía: introduce terminología trinitaria técnica
Fase 3 - Apologética Agresiva (190-220 d.C.):
- Tertuliano: retórica legal y combativa
- Clemente de Alejandría: apologética educativa para élites
- Enfoque en demostrar superioridad intelectual y moral del cristianismo
Aristides representa el momento inicial de este desarrollo: cuando los cristianos educados primero articulaban sistemáticamente por qué su fe merecía respeto intelectual y tolerancia política. Su enfoque filosófico-ético, sin elaboración doctrinal compleja ni polémica agresiva, refleja el cristianismo del siglo II temprano: confiado en su verdad, aún no completamente separado de sus matrices judía y filosófica, y todavía imaginando posible el diálogo racional con el poder imperial.
El redescubrimiento de Aristides a finales del siglo XIX generó considerable debate académico sobre varias cuestiones que siguen siendo relevantes:
El Debate sobre Inculturación:
Aristides representa un modelo de "traducción cultural" del cristianismo: toma el mensaje evangélico y lo articula en categorías filosóficas grecorromanas sin comprometer su contenido esencial. Este modelo sería seguido por los Padres Capadocios, Agustín y la mayor parte de la tradición teológica.
Críticas Modernas:
Algunos teólogos del siglo XX (especialmente en tradiciones influidas por Karl Barth) han argumentado que esta traducción cultural diluye el carácter radicalmente "otro" del evangelio, domesticando su escándalo mediante acomodación filosófica.
La Cuestión de la Teología Natural:
Aristides asume que la razón humana puede llegar a conocimiento genuino de Dios a través de la contemplación del cosmos. Esta posición, fundamental para la teología católica (especialmente después de Tomás de Aquino), ha sido cuestionada por tradiciones protestantes que enfatizan la revelación sobre la razón natural.
Relevancia para Diálogo Interreligioso:
El método de Aristides, que evalúa sistemas religiosos por su coherencia interna y sus frutos éticos, ofrece un modelo para el diálogo interreligioso contemporáneo que evita tanto el relativismo ("todas las religiones son igualmente verdaderas") como el fideísmo ("solo la fe cristiana tiene verdad, sin necesidad de argumentos racionales").
La Apología de Aristides, perdida durante un milenio y recuperada fragmentariamente en tres idiomas a través de circunstancias extraordinarias, ofrece una ventana única al cristianismo del siglo II temprano. Su valor no radica en originalidad teológica (es notablemente conservador y poco especulativo) sino en su testimonio de cómo los primeros cristianos educados articularon su fe ante el mundo grecorromano.
Varios elementos distintivos merecen reflexión final:
1. La Confianza en la Razón: Aristides asume que la verdad cristiana puede ser defendida mediante argumentos racionales accesibles a cualquier mente abierta. Esta confianza caracteriza el cristianismo patrístico y contrasta con tendencias fideístas o antiintelectuales en períodos posteriores.
2. La Centralidad de la Ética: Para Aristides, la prueba definitiva del cristianismo no es doctrinal sino práctica. Los cristianos conocen al Dios verdadero porque sus vidas reflejan las virtudes que los filósofos solo teorizaban.
3. La Ausencia de Defensiva: Aristides no escribe como miembro de una minoría perseguida pidiendo misericordia, sino como alguien que ha descubierto una verdad que beneficiaría al emperador y al imperio conocer. Esta postura se perdería en apologías posteriores escritas en contextos de persecución activa.
4. El Universalismo Implícito: Aunque Aristides divide la humanidad en cuatro razas religiosas, el cristianismo transciende todas ellas. No es una religión étnica (como el judaísmo) ni cultural (como el helenismo) sino universal, accesible a cualquiera que contemple la verdad racionalmente.
La Apología de Aristides, leída en el siglo XXI, continúa planteando preguntas relevantes: ¿Puede la fe religiosa ser defendida racionalmente? ¿Cómo se relaciona el cristianismo con otras búsquedas humanas de verdad y virtud? ¿Qué constituye evidencia adecuada para compromisos religiosos? Al enfrentar estas cuestiones con claridad filosófica y convicción tranquila, Aristides de Atenas ofrece un modelo de apologética que, aunque enraizado en el siglo II, habla sorprendentemente al nuestro.
Esta traducción y comentario se basan principalmente en el texto siríaco editado por J. Rendel Harris (Texts and Studies, Vol. I, Cambridge, 1891), complementado con el texto griego recuperado de la Vida de Barlaam y Josafat editado por J. Armitage Robinson (Texts and Studies, Vol. I, No. 1, Cambridge, 1891). El fragmento armenio, publicado por los mekhitaristas de Venecia (1878), se consulta para pasajes iniciales.
Las notas de J. Armitage Robinson sobre las relaciones entre las tres versiones han sido fundamentales para establecer el texto y comprender su transmisión. Las referencias a paralelos patrísticos, en lo posible, se basan en nuestras propias traducciones publicadas en esta página; en los casos donde aún no existen, se recurre a la Loeb Classical Library.
Para profundizar: Los lectores interesados en explorar más la apologética del siglo II pueden consultar nuestros artículos sobre Justino Mártir, Carta a Diogneto, Atenágoras de Atenas (aun por hacer), y Teófilo de Antioquía (aun por hacer). Para mas escritos ir a biblitoeca y filtrar por "escritos".