Premisa central
Ireneo contesta para qué se hizo carne el Verbo con un verbo de Pablo: Dios se propuso «recapitular» todas las cosas en Cristo. Para Ireneo eso significa que Cristo tomó la misma obra que Dios había modelado en Adán, recorrió sus pasos al revés y la salvó entera, carne incluida. Los estudios discrepan sobre si esa idea forma una teoría de la redención o es solo uno de sus hilos.
Hacia 180, Ireneo de Lyon argumenta contra quienes decían que Cristo «nada tomó de la Virgen». Si fuera así, replica, sobraría su descenso a María: «¿por qué descendió a ella si nada había de tomar de ella?» (Contra las herejías III, 22, 2). Detrás de la pregunta hay otra, la de qué carne era la de Cristo y para qué la tomó. A los discípulos de Valentín, que según Ireneo querían «excluir la carne de la salvación», les contesta que Cristo no sería de carne y sangre, «por las cuales nos redimió», a menos que hubiera «recapitulado en Sí mismo la antigua formación de Adán» (V, 1, 2).
La palabra no es de Ireneo. El verbo griego anakephalaioō aparece dos veces en el Nuevo Testamento: en , donde los mandamientos «se resumen» en el amor al prójimo, y en , donde Dios se propone recapitular todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra. Strong lo da por compuesto de aná y kephalaióō («resumir») y lo emparenta con kephalḗ, «cabeza». Ireneo conoce el versículo y lo pone en la regla de fe: la lista de I, 10, 1 incluye la manifestación futura de Cristo «para reunir todas las cosas». Lo que hace con él en los libros III y V es lo que sigue este artículo.
En una nota de su apéndice, Dorner ordena los usos de recapitulare en Ireneo en tres: repetir y, de ahí, resumir; devolver al principio, es decir, completar o restaurar; y poner todo bajo Cristo como cabeza (Doctrine of the Person of Christ, I, apéndice, nota AAAAA, pp. 465–466). La tabla sigue esa distinción con pasajes del escrito publicado en el sitio.
| Uso | Dónde aparece | Qué reúne o rehace |
|---|---|---|
| Repetir y resumir | III, 22, 3: Lucas lleva la genealogía de Cristo hasta Adán, «conectando el fin con el principio», y así Cristo ha resumido «todas las naciones dispersas desde Adán»; V, 14, 1: la sangre de los justos derramada desde el principio; V, 30, 1: el número de la bestia indica «las recapitulaciones de aquella apostasía» | Pueblos, lenguas y generaciones; la sangre de los justos; también el mal, que tiene su propia recapitulación |
| Devolver al principio | III, 18, 1: «lo que habíamos perdido en Adán […] eso lo recobráramos en Cristo Jesús»; V, 16, 2: de la imagen de Dios «se decía» que el hombre la tenía, pero no se «mostraba»; V, 21, 1–2: la enemistad con la serpiente y la tentación en el desierto | La imagen y la semejanza de Dios; la obediencia; la victoria sobre quien venció a Adán |
| Poner bajo una cabeza | III, 16, 6: el Verbo se hace hombre y se constituye «Cabeza de la Iglesia» para atraer «todas las cosas a Sí mismo» | La creación entera, visible e invisible |
Ireneo no separa los tres usos: III, 16, 6 los junta en tres frases seguidas, y III, 18 pasa de uno a otro sin aviso.
Ireneo da su razón más completa en III, 21, 10. Empieza por el origen de Adán y acaba preguntando por qué Cristo nació de María y no de un modo nuevo:
Y como el protoplasto mismo, Adán, tuvo su sustancia de tierra sin labrar y aún virgen ("porque Dios aún no había enviado lluvia, y el hombre no había labrado la tierra"), y fue formado por la mano de Dios, es decir, por el Verbo de Dios, porque "todas las cosas fueron hechas por Él", y el Señor tomó polvo de la tierra y formó al hombre; así Aquel que es el Verbo, recapitulando a Adán en sí mismo, recibió con razón un nacimiento, capacitándolo para reunir a Adán [en sí mismo], de María, que era todavía virgen. Si, pues, el primer Adán tuvo un hombre por padre, y nació de simiente humana, sería razonable decir que el segundo Adán fue engendrado de José. Pero si el primero fue tomado del polvo, y Dios fue su Hacedor, correspondía que el segundo también, haciendo una recapitulación en sí mismo, fuera formado como hombre por Dios, para tener una analogía con el primero respecto a su origen. ¿Por qué, entonces, no tomó Dios polvo de nuevo, sino que obró para que la formación se hiciera de María? Fue para que no hubiera otra formación llamada a existir, ni ninguna otra que [requiriera] ser salvada, sino que la mismísima formación fuera resumida [en Cristo como la que había existido en Adán], habiéndose preservado la analogía.
La respuesta es que si la salvación empezara con una formación nueva, lo salvado sería otra cosa. Ireneo lo quiere idéntico: «la mismísima formación» que había existido en Adán. Por eso el parecido entre los dos nacimientos no es un adorno. Si Cristo hubiera nacido de José, como decían los ebionitas (III, 21, 1; V, 1, 3), su nacimiento sería el de cualquier hijo de Adán. Si no hubiera tomado nada de María, como decían los que excluían la carne, no tendría con Adán la «analogía» que hace falta (III, 22, 1). El argumento corre contra los dos extremos a la vez. La Demostración 32–33 lo repite en pocas líneas.
El resto de las correspondencias tiene la misma estructura, la de deshacer un nudo en el orden inverso al que se ató. Ireneo lo dice a propósito de Eva y María: «lo que está unido no podría separarse de otro modo que por la inversión del proceso por el cual estos lazos de unión habían surgido» (III, 22, 4). El paralelo de las dos vírgenes tampoco es de Ireneo. Justino lo tenía unos veinte años antes, y Kelly cree que la idea del nuevo comienzo en Cristo llegó a Justino desde la tradición teológica de Asia Menor (Early Christian Doctrines, p. 170):
Y que se hizo hombre mediante la Virgen, a fin de que la desobediencia que procedió de la serpiente recibiera su destrucción de la misma manera en que tuvo su origen. Porque Eva, que era virgen e inmaculada, habiendo concebido la palabra de la serpiente, dio a luz desobediencia y muerte. Pero la Virgen María recibió fe y gozo cuando el ángel Gabriel le anunció la buena nueva de que el Espíritu del Señor vendría sobre ella y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra; por lo cual también el Santo que de ella es engendrado es el Hijo de Dios; y ella respondió: «Hágase en mí conforme a tu palabra».
Ireneo desarrolla lo que en Justino es una comparación. A la desobediencia «por causa de un árbol» responde la obediencia «en el árbol» de la cruz (V, 16, 3). Al alimento con que el enemigo persuadió a Adán, que no tenía hambre, responde el ayuno de Cristo, que sí la tenía, y a quien el enemigo no logró persuadir (V, 21, 2). El hambre prueba además, según Ireneo, que Cristo era un hombre real. La historia de Eva y María, con sus textos, está en el compendio María en los Padres.
La recapitulación exige que el que vence sea hombre, porque el vencido fue un hombre. Ireneo la apoya en tres condicionales encadenados:
Pues a menos que el hombre hubiera vencido al enemigo del hombre, el enemigo no habría sido legítimamente derrotado. Y de nuevo: a menos que hubiera sido Dios quien libremente diera la salvación, jamás podríamos poseerla con seguridad. Y a menos que el hombre hubiera sido unido a Dios, jamás podría haberse hecho partícipe de la incorrupción.
El primero fija quién tiene que vencer, el segundo de dónde viene la salvación y el tercero qué recibe el hombre. La fórmula con que Ireneo abre el libro V dice lo mismo de otra manera: el Verbo «se hizo lo que nosotros somos, para llevarnos a ser lo que Él mismo es» (V, prefacio). Russell advierte que Ireneo no usa ninguno de los términos técnicos de la divinización y que ni siquiera aplica la palabra «dioses» a los hombres fuera de su comentario al Salmo 82:6; con todo, su explicación «realista» de la salvación dará a Atanasio y a otros el contenido de esa doctrina (The Doctrine of Deification in the Greek Patristic Tradition, pp. 104–106).
La victoria tenía que ser, además, justa. Según V, 1, 1, el Verbo rescató lo suyo de la apostasía «no por medios violentos», sino «por medio de la persuasión», de modo que ni se infringiera la justicia ni la antigua obra de Dios fuera a la destrucción. Y el pasaje central de III, 16, 6 completa el cuadro con el tercer uso del verbo:
Hay, por tanto, como he señalado, un solo Dios Padre, y un solo Cristo Jesús, que vino por medio de todos los arreglos dispensacionales [relacionados con Él], y reunió todas las cosas en Sí mismo. Pero en todo aspecto, también, Él es hombre, la formación de Dios; y así tomó al hombre en Sí mismo, el invisible haciéndose visible, el incomprensible siendo hecho comprensible, el impasible volviéndose capaz de padecer, y el Verbo haciéndose hombre, resumiendo así todas las cosas en Sí mismo: de modo que así como en las cosas supercelestiales, espirituales e invisibles, el Verbo de Dios es supremo, así también en las cosas visibles y corpóreas pudiera poseer la supremacía, y, tomando para Sí la preeminencia, así como constituyéndose a Sí mismo Cabeza de la Iglesia, pudiera atraer todas las cosas a Sí mismo en el tiempo oportuno.
De la recapitulación se sigue que Adán es el primero en ser salvado. Ireneo lo sostiene en III, 23 contra quien lo niega, y su razón es de justicia y de victoria:
Pero éste es Adán, si la verdad ha de decirse, el primer hombre formado, del cual dice la Escritura que el Señor habló: "Hagamos al hombre a Nuestra propia imagen y semejanza;" y todos nosotros procedemos de él: y como procedemos de él, por tanto hemos heredado todos su título. Mas en la medida en que el hombre es salvado, es propio que aquel que fue creado como hombre original sea salvado. Porque es demasiado absurdo sostener que aquel que fue tan profundamente herido por el enemigo, y fue el primero en sufrir cautiverio, no fue rescatado por Aquel que venció al enemigo, sino que lo fueron sus hijos,—aquellos a quienes había engendrado en el mismo cautiverio.
Si Adán quedara fuera, dice Ireneo en III, 23, 1, Dios habría sido vencido y la maldad de la serpiente habría prevalecido sobre su voluntad. Llama «ignorancia y ceguera» a la idea contraria, que atribuye a Tatiano como primer autor, y concluye que quienes niegan la salvación de Adán «se hacen a sí mismos herejes y apóstatas de la verdad» (III, 23, 8). Daniélou lo toma como clave del concepto: la recapitulación reúne en Cristo la naturaleza humana y también a cada hombre, empezando por Adán (From Shadows to Reality, pp. 37–40).
Los estudios coinciden en que la recapitulación es central en lo que Ireneo piensa de Cristo. Discrepan en cuatro puntos.
Harnack ve en Ireneo dos series de ideas sobre el destino del hombre que no se concilian. Una es la «moralista»: el hombre fue creado niño, imperfecto por ser criatura, y crece hasta la perfección obedeciendo con libertad. Ireneo la expone en IV, 38, donde también dice que el Hijo pasó por la infancia «no para su propio beneficio, sino para el de la etapa infantil de la existencia del hombre». La otra es la «realista»: lo perdido en Adán se recobra en Cristo. Para Harnack la contradicción es real, y no hay explicación porque Ireneo dejó solo fragmentos (History of Dogma, II, pp. 239–244 y 267–275, nn. 571–573). Kelly, que no habla de contradicción, las expone en una sola secuencia: Adán niño en el paraíso, caída por debilidad e inexperiencia, restauración en Cristo (Early Christian Doctrines, pp. 171–173).
La etiqueta «teoría física» da a entender que la encarnación basta. Kelly la llama una media verdad peligrosa: Ireneo dice con claridad que Cristo redimió con su sangre, insiste en que la obediencia era indispensable y ve en la pasión la expresión suprema de esa obediencia, con la frase del árbol de V, 16, 3. Añade que la teoría de los derechos del diablo sobre el hombre está en el pensamiento de Ireneo, pero no se integra del todo en él (pp. 173–174). Harnack lee los mismos textos con otro resultado: no encuentra en Ireneo una enseñanza del sufrimiento vicario, ve su muerte pocas veces presentada como sacrificio ofrecido a Dios, y entiende la reconciliación sobre todo como devolver al hombre la comunión con Dios (II, pp. 288–292, nn. 616–617).
Pelikan se pregunta si la doctrina es especulación privada. Responde que no: la liturgia y otros Padres sugieren que Ireneo recoge lo que la comunidad creía, aunque lo elabore. La lee como la mejor justificación teológica que tuvo en los siglos II y III el ideal cristiano de imitar a Cristo, una imitación que empieza porque Cristo imita antes a Adán (The Emergence of the Catholic Tradition, pp. 143–146). Harnack, por su parte, observa en una nota que la recapitulación puede entenderse como una versión de la prueba por profecía: lo que sucedió «para que se cumpliera la Escritura» se convierte en lo que sucedió para repetir a Adán (II, n. 616). Pikaza subraya el uso contra los gnósticos: recapitular es meter la salvación en la historia concreta y en la Iglesia, y no sacar al creyente del mundo (Curso de Teología Patrística, apartado sobre Ireneo).
Daniélou advierte que no se trata de volver a una condición primitiva. El primer Adán fue «animal» y el segundo es «espiritual»: la recapitulación repite el comienzo y lo supera, y por eso pasa a ser tipología (From Shadows to Reality, pp. 38–40). Dorner había dicho algo parecido con su segundo sentido del verbo: restaurar es apartar lo que contradice la idea original, y no volver al estado anterior.
La lista es del editor. Son los textos que Ireneo y sus lectores tienen delante cuando hablan de Adán y de Cristo.
- : por un hombre entró el pecado y por otro la justicia. Ireneo lo cita en III, 18, 7 y en III, 21, 10, y Kelly lo tiene por la raíz paulina del esquema.
- : el único versículo del Nuevo Testamento donde se habla de recapitular todas las cosas en Cristo.
- : el primer hombre, de la tierra; el segundo, del cielo. Kelly lo cuenta, con Romanos 5, entre los textos paulinos de los que sale el «segundo Adán» de Ireneo.
- : la enemistad entre la serpiente y la simiente de la mujer, que Ireneo lee en V, 21, 1 como anuncio de quien «vigila la cabeza de la serpiente».
- : «nacido de mujer». Ireneo lo cita en III, 22, 1 y en V, 21, 1, donde dice que quien venciera a la serpiente tenía que nacer de mujer, porque por una mujer había obtenido ella ventaja.
- : «obediente hasta la muerte». Es la obediencia que Ireneo opone a la desobediencia de Adán en V, 16, 3.
Un lector pregunta: «Si para Ireneo Cristo recapitula a Adán, ¿salvó a la humanidad por el mero hecho de hacerse hombre?». Se puede responder en tres pasos.
- Qué supone. Que la recapitulación es una operación sobre la naturaleza humana, que la encarnación cumple sin más.
- Qué distingue. Que Ireneo dice que Cristo redimió «con Su propia sangre» (V, 1, 1), que su obediencia debía ser real y llegar hasta la cruz (V, 16, 3) y que la salvación es un don de Dios y no una consecuencia de la naturaleza (III, 18, 7; V, 21, 3). La encarnación es la condición de todo eso, y no lo agota.
- Dónde lo comprueba. En los tres «a menos que» de III, 18, 7 y en la lectura de Kelly (pp. 173–174). Harnack, que da más peso a la «redención real» y menos a la sangre, lee los mismos textos de otro modo (II, pp. 239–244 y 288–292).
Ireneo tomó una palabra de Pablo y la usó para exigir que lo salvado en Cristo sea lo mismo que Adán perdió, con su carne y con toda su descendencia. Con ella respondió a quienes dejaban fuera la carne. Por eso Contra las herejías insiste tanto en que Cristo nació de una virgen, tuvo hambre y sangró (III, 22, 2).
Sigue disputado cuánto de eso es teoría de la redención, cuánto es exégesis de Pablo y cuánto es lo que ya creía la Iglesia, y también si las dos series de ideas de Ireneo, el hombre que crece y el hombre que cae, forman un solo cuadro.
Nota de lectura · Fuentes de este artículo
Primarios. Ireneo, Contra las herejías I, 10, 1; III, 16, 6; III, 18, 1 y 7; III, 21, 1 y 10; III, 22, 1–4; III, 23, 1–2 y 8; IV, 38; V, prefacio; V, 1, 1–3; V, 14, 1; V, 16, 2–3; V, 21, 1–2; V, 30, 1; Justino, Diálogo con Trifón 100: textos castellanos de Eusebeia, copiados sin cambios (se omiten las llamadas de nota de las ediciones) de Ireneo y de Justino. Ireneo, Demostración de la predicación apostólica 32–33, citada a través de la traducción inglesa de J. Armitage Robinson (1920); no está publicada en el sitio. El griego de Efesios 1:10 y de Romanos 13:9, y la entrada de Strong, vienen del material bíblico de la biblioteca (NA27 con Strong y morfología).
Estudios. J. N. D. Kelly, Early Christian Doctrines, pp. 170–174; A. von Harnack, History of Dogma, II, pp. 239–244, 267–275 y 288–292, con las notas 571–573 y 616–617 (trad. inglesa); J. Pelikan, The Christian Tradition, I, The Emergence of the Catholic Tradition, pp. 143–146; I. A. Dorner, History of the Development of the Doctrine of the Person of Christ, división I, vol. 1, apéndice, nota AAAAA (pp. 465–466); J. Daniélou, From Shadows to Reality, pp. 37–40; N. Russell, The Doctrine of Deification in the Greek Patristic Tradition, pp. 104–106; J. Pikaza, Curso de Teología Patrística, apartado «Ireneo de Lyon».
Límites. Osborn (Irenaeus of Lyons), Behr (Irenaeus of Lyons) y Wingren (Man and the Incarnation) no están en la biblioteca; de Osborn solo hay sus libros sobre Tertuliano y Clemente. Orbe y Lashier, que el perfil de Ireneo cita para la «mezcla» estoica, y Scharl, que cita Daniélou, tampoco están. No se consultó el griego ni el latín de Ireneo: el texto de III, 21, 10 y de los demás pasajes viene del castellano del sitio, que sigue la traducción inglesa de Roberts y Rambaut, y en esa versión el mismo verbo se traduce unas veces por «recapitular», otras por «resumir» y otras por «reunir». Las citas de Harnack proceden de una edición inglesa en epub sin paginación propia; las páginas se toman del índice. Los números de página de Kelly, Pelikan, Daniélou y Russell son los del texto extraído por OCR de la biblioteca y pueden diferir en una página de otras ediciones.
- Ireneo de Lyon: el perfil, con la recapitulación dentro de su teología de la creación, la Escritura y la carne.
- Contra las herejías: los pasajes de este artículo en su lugar, en los libros III, IV y V.
- La regla de fe: el resumen de lo que la Iglesia confesaba, donde Ireneo ya pone «para reunir todas las cosas».
- María en los Padres: el paralelo de Eva y María, de Justino a Agustín.
- Gnosticismo: a quién respondía Ireneo.
- Sobre la carne de Cristo y Sobre la encarnación del Verbo: dos Padres que retoman el argumento de la carne tomada de la tierra y de la salvación del hombre entero.
- Taller de hermenéutica patrística: III, 21, 10 leído como ejemplo de recapitulación en la exégesis.