Qué se va a leer
El segundo artículo de esta línea mostró que Mateo aplica Isaías 53:4 a las curaciones de Galilea: «él tomó nuestras debilidades y cargó las enfermedades». Este artículo lee la otra aplicación apostólica del mismo poema. Pedro, escribiendo a esclavos que recibían golpes injustos, toma de Isaías 53 los versículos 5, 6, 9 y 12 y los dice de la cruz y de los pecados: «llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero […]; por su herida fuisteis sanados; porque erais como ovejas extraviadas». Las dos lecturas están en la Escritura, y la cuestión de la «sanidad en la expiación» es, en el fondo, la cuestión de cómo se relacionan. Este artículo lee el griego de Pedro palabra por palabra, sigue a los Padres que citaron el pasaje desde el año 96, a Calvino y los puritanos, y al siglo XIX, que leyó el singular «herida» como suma de todos los dolores del cuerpo.
El pasaje está dentro de un código doméstico, y su primer destinatario no es «el cristiano» en general sino el esclavo doméstico. «Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos, no solo a los buenos y afables sino también a los difíciles» (2:18); si sufrís haciendo el bien y lo soportáis, «esto es gracia delante de Dios» (2:20). Y entonces, sin cambiar de destinatario: «porque para esto fuisteis llamados, pues también Cristo padeció por vosotros, dejándoos ejemplo». Lo que sigue, hasta el final del capítulo, es una pieza de ritmo marcado que la Biblia Textual imprime como poesía y anota como «poesía para ser recitada o cantada»: un himno, o un credo cantado, tejido con Isaías 53.
La estructura es la del Siervo. Versículo 22: «no hizo pecado ni fue hallado engaño en su boca» (Isaías 53:9). Versículo 23: insultado no devolvía el insulto, padeciendo no amenazaba (el Siervo mudo de 53:7). Versículo 24: «llevó nuestros pecados» (53:12), «por su herida fuisteis sanados» (53:5). Versículo 25: «como ovejas extraviadas» (53:6), vueltas ahora al Pastor. Pedro recorre el poema de atrás hacia delante y lo cierra con la imagen del pastor que Isaías no tiene y que Ezequiel 34 y Juan 10 dan.
Para la línea temática, el pasaje importa por una frase: «por su herida fuisteis sanados». Es la frase que el movimiento de sanidad del siglo XIX puso junto a Mateo 8:17 para fundar la curación del cuerpo en la cruz, y es la frase que toda la tradición anterior leyó del alma. Qué significa «sanados» en boca de Pedro, dicho a esclavos golpeados, es lo que hay que leer.
| Griego | Análisis | Lo que aporta |
|---|---|---|
| εἰς τοῦτο γὰρ ἐκλήθητε | «porque para esto fuisteis llamados» | «Esto» es sufrir haciendo el bien (v. 20). La vocación del esclavo cristiano es la forma de Cristo. |
| Χριστὸς ἔπαθεν ὑπὲρ ὑμῶν | «Cristo padeció por vosotros» | El Textus Receptus lee «por nosotros»; la Biblia Textual lo anota. ὑπέρ: en favor de, en lugar de. |
| ὑπολιμπάνων ὑπογραμμόν | «dejándoos una plana de escritura» | ὑπογραμμός, única vez en el NT: el modelo caligráfico que se copia trazo a trazo. |
| ἵνα ἐπακολουθήσητε τοῖς ἴχνεσιν αὐτοῦ | «para que sigáis sus huellas» | Las pisadas, una tras otra. El sufrimiento como camino, no como accidente. |
| ὃς ἁμαρτίαν οὐκ ἐποίησεν οὐδὲ εὑρέθη δόλος ἐν τῷ στόματι αὐτοῦ | Isaías 53:9 | Casi literal de la versión griega. Tres relativos encadenados (vv. 22, 23, 24) dan al himno su forma. |
| λοιδορούμενος οὐκ ἀντελοιδόρει, πάσχων οὐκ ἠπείλει | «insultado no devolvía el insulto; padeciendo no amenazaba» | Imperfectos: conducta habitual durante la pasión. Lo que se pide al esclavo. |
| παρεδίδου δὲ τῷ κρίνοντι δικαίως | «se entregaba al que juzga con justicia» | El objeto no se dice: se entregaba a sí mismo, o entregaba su causa. |
| τὰς ἁμαρτίας ἡμῶν αὐτὸς ἀνήνεγκεν | «él mismo subió nuestros pecados» | ἀναφέρω, el verbo de llevar la ofrenda al altar (2:5; Hebreos 7:27). Robertson: combinación de Isaías 53:12 y Deuteronomio 21:23; «Pedro pone la cruz en el lugar del altar» (Bigg). «Nosotros»: Pedro se incluye. |
| ἐν τῷ σώματι αὐτοῦ ἐπὶ τὸ ξύλον | «en su cuerpo sobre el madero» | El cuerpo es el de Cristo. ξύλον, madero, patíbulo: la palabra de Pedro para la cruz en Hechos 5:30 y 10:39, y la de . |
| ἵνα ταῖς ἁμαρτίαις ἀπογενόμενοι τῇ δικαιοσύνῃ ζήσωμεν | «para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia» | ἀπογίνομαι, «apartarse, morir a», solo aquí. La finalidad del llevar los pecados es ética. |
| οὗ τῷ μώλωπι ἰάθητε | «por cuya herida fuisteis sanados» | μώλωψ, única vez en el NT: el verdugón del latigazo. Singular. ἰάθητε, aoristo pasivo de ἰάομαι, segunda persona: Isaías y la versión griega dicen «fuimos». Pedro lo dice a los esclavos. |
| ἦτε γὰρ ὡς πρόβατα πλανώμενοι | «porque erais como ovejas que andaban extraviadas» | Isaías 53:6, en imperfecto perifrástico (Robertson): estado que duraba. |
| ἐπεστράφητε νῦν ἐπὶ τὸν ποιμένα καὶ ἐπίσκοπον τῶν ψυχῶν ὑμῶν | «habéis vuelto ahora al Pastor y Supervisor de vuestras almas» | ἐπιστρέφω, el verbo de la conversión. «De vuestras almas»: el objeto de la curación y del pastoreo se nombra. Única vez que Cristo es llamado ἐπίσκοπος. |
El hebreo detrás. termina: ubajaburató nirpá-lanu, «y con su herida fue sanado para nosotros». Jabburá es, según Brown, Driver y Briggs, «cardenal, verdugón, herida, golpe», en singular colectivo; nirpá es el nifal de rafá, el verbo de Mará (Éxodo 15:26), en forma impersonal: «hubo curación para nosotros». Pedro sigue la versión griega, que ya tenía el singular μώλωψ y el verbo ἰάομαι, y cambia una sola cosa: la persona. «Fuimos» pasa a «fuisteis».
Tres observaciones. Primera: Pedro lee Isaías 53 de los pecados, con todas las letras: «nuestros pecados» (v. 24a), «muertos a los pecados» (v. 24b), «ovejas extraviadas… vueltas al Pastor de vuestras almas» (v. 25). El «sanados» está entre esas dos frases, y su sentido lo fija el contexto: la curación es la vuelta de las ovejas. Es la otra lectura apostólica del poema: donde Mateo tomó el versículo 4 y lo aplicó a los cuerpos de Cafarnaún, Pedro toma los versículos 5, 6, 9 y 12 y los aplica a la cruz y a la conversión. Segunda: el único cuerpo del pasaje es el de Cristo («en su cuerpo sobre el madero»); el de los lectores no aparece, salvo implícitamente en los golpes del versículo 20. Tercera: el singular μώλωψ, que el siglo XIX leerá como «un solo golpe que resume todos los dolores», es el singular colectivo del hebreo y de la versión griega: «la herida», las marcas del azote tomadas como una. Jamieson lo anota sin sacar conclusión; Simpson sacará una.
Esclavos golpeados. El versículo 20 habla de ser «abofeteados» (κολαφιζόμενοι) por faltas y de sufrir «haciendo el bien». El amo pagano castigaba a golpes, y el esclavo cristiano no podía devolverlos. A esa gente Pedro le dice que el Señor fue insultado y no devolvió el insulto, que fue golpeado hasta el verdugón, y que por ese verdugón ellos fueron sanados. La palabra μώλωψ, elegida por la versión griega de Isaías, cobra en este contexto una fuerza que el hebreo no tenía: el esclavo que lleva marcas de látigo oye que su Señor las llevó primero, y que las de su Señor curaron.
Isaías 53 en el Nuevo Testamento. Pedro hace el uso más sostenido del poema en todo el NT: cuatro versículos en cuatro líneas. Los demás lo citan por partes: Mateo 8:17 el versículo 4 para las curaciones; los versículos 7-8, que Felipe explica al etíope; el 12 («entregado por nuestras transgresiones»); el «rescate por muchos». La Iglesia antigua heredó de Pedro, no de Mateo, su modo de leer el poema: como profecía de la pasión.
El Pastor. La imagen con que Pedro cierra no está en Isaías 53, que solo tiene las ovejas extraviadas. El pastor que las recoge es el de y el de ; Pedro añade «y Supervisor» (ἐπίσκοπος), el nombre del oficio que en 5:2 pedirá a los presbíteros que ejerzan «supervisando». El Cristo sanador de 1 Pedro es el Pastor que devuelve ovejas.
Leer el género. Es una carta ocasional y, dentro de ella, un código doméstico con un himno incrustado. Fee y Stuart recuerdan que las cartas responden a situaciones; la de 2:18-25 es la del esclavo cristiano, y el himno se cita para él. Leer «fuisteis sanados» fuera de esa situación es leerlo sin su sujeto.
1 Pedro 2:21-25 es uno de los textos más citados de los dos primeros siglos, y siempre para lo mismo. Clemente de Roma, hacia el año 96, cita Isaías 53 entero, incluido «por su llaga fuimos nosotros curados», para mostrar que «el cetro de la majestad de Dios vino en humildad»:
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas el Señor cargó en él el pecado de todos nosotros.
Policarpo, entre 110 y 135, es el primero que cita a Pedro y no a Isaías, y lo cita con la aplicación exacta de Pedro:
Perseveremos, pues, sin cesar en nuestra esperanza y en la garantía de nuestra justicia, que es Cristo Jesús, quien llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero, quien no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca; sino que por nosotros, para que vivamos en él, todo lo soportó. Hagámonos, pues, imitadores de su paciencia, y si sufrimos por su nombre, glorifiquémoslo. Porque este es el ejemplo que nos puso en sí mismo.
Y la Carta de Bernabé, hacia 130, cita el versículo 5 de Isaías para el perdón:
Para esto entregó el Señor su carne a la corrupción: para que por el perdón de los pecados fuésemos purificados, por la aspersión de su sangre. Pues la Escritura acerca de él habla en parte para Israel y en parte para nosotros, y dice así: «Fue herido por nuestras iniquidades, quebrantado por nuestros pecados; por sus llagas fuimos curados».
Tres documentos, tres usos, un sentido: la herida de Cristo cura del pecado, y el que la mira aprende humildad y paciencia. Ninguno conecta «sanados» con el cuerpo de los sanados.
Justino, hacia 155, copia Isaías 52:13–53:8 entero en la primera Apología (50) como prueba de que la humillación del Mesías estaba predicha, y lo mismo hará Cipriano un siglo después en los Testimonios (II, 13: «que Cristo había de venir en condición humilde en su primer advenimiento»), y Orígenes en el Contra Celso (I, 54), discutiendo con un judío que aplicaba el poema al pueblo. Para estos tres el valor del texto es apologético: anuncia la pasión.
Clemente de Alejandría es el único que explica el verbo «sanados», y lo hace de paso, en una discusión sobre lo voluntario y lo involuntario:
Por eso también dice: «Pues el pecado no se enseñoreará de ustedes, ya que no están bajo la ley, sino bajo la gracia», hablando a quienes ya han creído, porque «por su llaga hemos sido sanados».
La curación por la llaga es, para Clemente, la condición de los que «ya han creído» y no están bajo el dominio del pecado: la gracia como salud. Es la lectura de Pedro (muertos a los pecados, vivos para la justicia) dicha con Romanos 6.
Atanasio, en La encarnación del Verbo, cita el versículo 22 para afirmar que el cuerpo asumido por el Logos «no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca» (17): el cuerpo que llevó nuestros pecados no tenía los suyos. Y Cirilo de Jerusalén, en la catequesis sobre el Crucificado, da al versículo 24 la forma que la teología posterior desarrollará:
Porque éramos enemigos de Dios por el pecado, y Dios había destinado al pecador a la muerte. Era necesario, pues, que sucediera una de dos cosas: o que Dios, en su verdad, destruyera a todos los hombres, o que en su benignidad anulara la sentencia. Mas he aquí la sabiduría de Dios: conservó a la vez la verdad de su sentencia y el ejercicio de su benignidad. Cristo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, por su muerte, muriéramos al pecado y viviéramos para la justicia.
La lógica de Cirilo (verdad de la sentencia y benignidad, conservadas a la vez por la cruz) es la que Anselmo sistematizará siete siglos después y la que Calvino heredará. Nace de 1 Pedro 2:24 leído con la regla de fe: el que lleva los pecados es el Hijo encarnado, y lo que lleva es la sentencia.
En cuatro siglos nadie leyó «por su herida fuisteis sanados» del cuerpo de los creyentes. Los Padres apostólicos lo leyeron de la paciencia y del perdón; los apologistas, como profecía de la pasión; Clemente, de la fe que libra del pecado; Cirilo, de la justicia divina satisfecha. Y eso no porque espiritualizaran: leían el texto de Pedro en su contexto, que habla de pecados, de ovejas y de almas, y leían Isaías 53 con la versión griega, que en el versículo 4 decía ya «pecados». El compendio Leer la Biblia con la Iglesia antigua recoge la discusión de Orígenes con los judíos sobre quién es el Siervo; para los Padres, el que «fue sanado por sus llagas» era el creyente perdonado.
No tenemos en la biblioteca los comentarios medievales a 1 Pedro (Beda, la Glosa, Tomás), y esta capa se deja en lo que sus herederos conservan. Dos cosas pasaron de los Padres a la Edad Media por este versículo. La primera es la teología de la satisfacción, cuya lógica Cirilo formuló: la cruz como el lugar donde la justicia de la sentencia y la misericordia se cumplen a la vez; Calvino la recibirá en su forma jurídica. La segunda es la tipología del macho cabrío y del altar: «llevó nuestros pecados» leído con Levítico 16 y con el sacrificio, que Henry todavía expone en 1710 («como el macho cabrío emisario llevaba típicamente los pecados del pueblo sobre su cabeza y los llevaba lejos, así el Cordero de Dios lleva primero nuestros pecados en su propio cuerpo y así quita los pecados del mundo»). Ninguna de las dos toca el cuerpo del creyente: la herida que sana es la del Cordero, y lo que sana es la culpa.
Calvino comenta el pasaje con la claridad de quien encuentra en él su doctrina:
Si no hubiera recomendado en la muerte de Cristo nada más que el ejemplo, habría sido muy frío; por eso se refiere a un fruto mucho más excelente. […] Como bajo la Ley el pecador, para librarse de la culpa, sustituía una víctima en su lugar, así Cristo tomó sobre sí la maldición debida a nuestros pecados para expiarlos ante Dios. Y añade expresamente «sobre el madero», porque no podía ofrecer tal expiación sino en la cruz. […] Isaías, de quien Pedro ha tomado la sustancia de su doctrina, emplea varias expresiones: que fue herido por la mano de Dios por nuestros pecados, que fue traspasado por nuestras iniquidades, que fue afligido y quebrantado por nosotros, que el castigo de nuestra paz fue puesto sobre él. Pero Pedro quiso expresar lo mismo con las palabras de este versículo: que estamos reconciliados con Dios con esta condición, que Cristo se hizo ante su tribunal fiador y como culpable por nosotros, para sufrir el castigo que se nos debía.
Y sobre la cláusula que nos ocupa, Calvino hace una aplicación que no es la de Simpson sino la de Policarpo: «esta cláusula y la que sigue, "por cuya herida fuisteis sanados", pueden aplicarse también al asunto en cuestión, a saber, que nos conviene llevar sobre nuestros hombros los pecados de otros, no ciertamente para expiarlos, sino solo para llevarlos como carga puesta sobre nosotros». La herida de Cristo enseña al esclavo a llevar la injusticia de su amo.
Henry (1710) subraya el «él mismo» (para distinguirlo de los sacerdotes levitas, «que ofrecían la sangre de otros») y el «en su cuerpo» («no porque no sufriera en su alma, sino porque los sufrimientos del cuerpo eran visibles y más obvios a la consideración de estos siervos que sufrían, para quienes se produce este ejemplo»), y enumera los frutos: santificación y justificación. Wesley (1755) es breve: «llevó nuestros pecados: es decir, el castigo debido a ellos; en su cuerpo afligido, desgarrado, moribundo, sobre el madero: la cruz, donde solían sufrir sobre todo los esclavos o siervos». Jamieson, Fausset y Brown (1871) añaden la filología: «llevar» es término sacrificial («el siríaco necesita dos palabras: llevar y ofrecer»), «sobre el madero» evoca la maldición de Deuteronomio, y «por cuyas heridas: en griego, herida», en singular. Ninguno de ellos lee la curación del cuerpo; todos leen la del alma, porque leen el versículo 25.
El compendio Leer la Biblia en la Reforma explica el marco: la Escritura interpreta la Escritura, y para la Reforma 1 Pedro 2:24 interpreta Isaías 53, no al revés.
Robertson (1933) reúne lo que la filología decidió: ἀναφέρω es «verbo común de llevar el sacrificio al altar», y en Pedro se combinan Isaías 53:12 y Deuteronomio 21:23; «Jesús es la ofrenda perfecta por el pecado»; «aquí san Pedro pone la cruz en el lugar del altar» (Bigg); ξύλον es «primero madera, luego algo hecho de madera, patíbulo o cruz», la palabra de Pedro en Hechos; ἀπογίνομαι, «morir a algo», solo aquí; el imperfecto perifrástico de las ovejas; y «Pastor y Supervisor», donde «solo aquí se llama a Cristo nuestro obispo». La crítica literaria reconoció en 2:21-25 un himno o confesión prepaulina sobre Isaías 53, usado por Pedro para los esclavos (la Biblia Textual lo imprime en verso). Y la lectura del texto en su situación social, la de la casa antigua y sus castigos corporales, devolvió a μώλωψ su dureza. El compendio Leer la Biblia con la crítica histórica sitúa el método.
El movimiento de sanidad leyó 1 Pedro 2:24 junto a Mateo 8:17 como las dos mitades de una sola doctrina. Simpson, en El evangelio de la sanidad:
Así como ha quitado nuestros pecados, así también ha llevado nuestras enfermedades. Y Pedro afirma también que «llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el madero […], por cuyas heridas fuisteis sanados». En su propio cuerpo ha llevado todas las responsabilidades corporales del pecado, y nuestros cuerpos quedan libres. Aquel único y cruel «golpe» suyo, pues la palabra es singular, resumió en sí todos los dolores de un mundo sufriente, y ya no hay necesidad de que suframos lo que él ha llevado suficientemente. Así nuestra sanidad se convierte en un gran derecho de redención, que simplemente reclamamos como herencia comprada por la sangre de su cruz.
Y en El evangelio cuádruple: «me gusta pensar en esa palabra como singular: golpe. Ese es el sentido griego. Su cuerpo fue tan golpeado que era todo un solo golpe. […] No hay fibra de tu cuerpo por la que Cristo no haya sufrido para redimirla». La lectura tiene dos pasos. El primero une Mateo 8:17 (enfermedades) y 1 Pedro 2:24 (pecados) bajo «en su propio cuerpo»: lo que Cristo llevó en el cuerpo incluye lo del cuerpo. El segundo lee el singular μώλωψ como suma: un golpe que contiene todos los dolores. El primer paso es teología sintética, legítima como tal y ajena a los dos textos, que no se citan entre sí. El segundo es un error de léxico: el singular es el colectivo del hebreo jabburá y de la versión griega, como Jamieson, que también lo anota, no necesita explicar. Simpson añade enseguida algo más sólido: «hay algo más alto aún que la cruz: la resurrección; […] la muerte de Cristo destruye la raíz de la enfermedad, el pecado, pero es la vida de Jesús la que suministra la fuente de salud». Esa segunda tesis no depende de 1 Pedro 2:24 y es la que su propio testimonio sostenía.
Tres cosas quedan establecidas. Que el Nuevo Testamento lee Isaías 53 de dos maneras, y las dos son apostólicas: Mateo, el versículo 4, de los cuerpos curados en Galilea; Pedro, los versículos 5, 6, 9 y 12, de los pecados llevados en la cruz. Que «por su herida fuisteis sanados», en el texto de Pedro, se dice de ovejas que vuelven al Pastor de sus almas, y que ningún lector hasta el siglo XIX lo leyó de otro modo. Y que el único cuerpo del pasaje es el de Cristo. La «sanidad en la expiación» es la decisión de leer el versículo 4 de Isaías con el 5, Mateo con Pedro, el cuerpo de Galilea con el cuerpo del madero; la Escritura pone los dos textos y no los une; unirlos es teología, y como tal debe presentarse.
Lo que todas las capas sostienen:
- Pedro aplica Isaías 53 a la cruz y a los pecados. Clemente de Roma, Policarpo, Bernabé, Justino, Cipriano, Cirilo, Calvino, Henry, Wesley y Jamieson lo leen así; Simpson también, antes de añadir el cuerpo.
- El pasaje es ejemplo y expiación a la vez. Calvino: «si solo hubiera recomendado el ejemplo, habría sido muy frío»; Policarpo: «imitadores de su paciencia». Las dos cosas están en el texto (vv. 21 y 24).
- El cuerpo del pasaje es el de Cristo. «En su cuerpo sobre el madero»: Atanasio, Henry y Wesley se detienen en él; nadie habla del cuerpo de los sanados.
- La curación es la vuelta al Pastor. El versículo 25 fija el sentido del 24: ovejas extraviadas, almas supervisadas.
Lo que es lectura de una época:
- Isaías 53 como prueba apologética de la pasión (Justino, Cipriano): verdadero, y menos de lo que Pedro hace con él, que es dárselo a esclavos.
- La satisfacción jurídica (Cirilo en germen, Calvino en forma): lógica coherente con el «llevó» y el «madero», y más precisa que el himno de Pedro.
- «Un golpe que resumió todos los dolores» (el movimiento de sanidad): lectura de un singular colectivo como singular numérico; la filología de 1871 ya lo había anotado.
Lo que sigue abierto no está en este texto sino entre este y Mateo 8:17: si lo que Cristo «llevó en su cuerpo» incluye lo que «tomó» en Galilea. Pedro no lo dice; Mateo tampoco; la tradición no los unió; el siglo XIX sí.
Principios hermenéuticos que este pasaje ha puesto a prueba: leer la cláusula con su contexto inmediato («muertos a los pecados», «ovejas», «almas»); leer una cita con su destinatario (esclavos golpeados); no convertir un singular colectivo en argumento; distinguir las dos lecturas apostólicas de un mismo poema sin fundirlas ni oponerlas; y declarar como síntesis teológica lo que no es exégesis de ningún texto.
Siguiente pasaje de la línea: , el ciego de nacimiento: «ni él pecó ni sus padres», el texto con que Jesús rompe la ecuación entre enfermedad y pecado que Mará, Santiago 5 y 1 Pedro 2 dejaban abierta.
Texto. Griego de NA27 con análisis morfológico (módulo iNA27); Diccionario Strong ampliado (Str-ES) para μώλωψ, ἰάομαι, ἀναφέρω, ξύλον y ὑπογραμμός; hebreo de Isaías 53:5 según la numeración Strong del módulo RV60 y el léxico de Brown, Driver y Briggs (módulo BDB); versiones BTX4 (con su nota sobre la forma poética), RV60, LBLA, NVI, DHH, NTV, TLA, KJV; referencias cruzadas de OpenBible. La versión griega de Isaías 53:5 no se ha consultado directamente; su coincidencia con Pedro se afirma por el léxico (μώλωψ, ἰάομαι) y por Robertson.
Padres. 1 Clemente 16; Policarpo, Filipenses 8; Bernabé 5; Justino, Apología I 50; Clemente de Alejandría, Stromata II, 15, 64; Cipriano, Testimonios II, 13; Orígenes, Contra Celso I, 54; Atanasio, Encarnación 17; Cirilo de Jerusalén, Catequesis XIII, 33: copiados de las ediciones publicadas en Eusebeia.
Reforma y después. Calvino, Comentario a las epístolas católicas, trad. J. Owen (1855); Matthew Henry, vol. 6 (1710); Wesley, Notes (1755); Jamieson, Fausset y Brown (1871), que citan a Vitringa, Gesenius y Steiger: traducidos del inglés.
Modernos. A. T. Robertson, Word Pictures (1933), que cita a Bigg; Gordon Fee y Douglas Stuart sobre las cartas y su situación, en paráfrasis.
Siglo XIX. A. B. Simpson, The Gospel of Healing (ed. de 1890), cap. 2 («The Principles of Divine Healing», 4-5), y The Fourfold Gospel (1890), cap. 3: traducidos del inglés.
Límites. No están en la biblioteca Beda, la Glosa ni Tomás sobre 1 Pedro, ni Lapide sobre las epístolas de Pedro, ni Anselmo (Cur Deus homo), ni Lutero sobre 1 Pedro (1523), ni un comentario crítico moderno (Selwyn, Kelly, Achtemeier, Elliott), ni Bigg en su texto. No se ha leído el griego de Clemente, Cirilo o Atanasio. No hay ninguna obra de A. W. Tozer.
Un esquema de lo que el pasaje permite predicar sin traicionar lo leído. No es la homilía; es su esqueleto.
Título. «Para esto fuisteis llamados».
Idea central. A los que sufren injustamente, Pedro no les da una explicación sino una plana que copiar y una herida que ya los curó.
- La plana (vv. 21-23). Cristo padeciendo es el modelo de escritura; sus pisadas, el camino. Insultado, no devolvió el insulto; golpeado, no amenazó; se entregó al que juzga con justicia. Eso se dice a gente golpeada que no podía responder.
- El madero (v. 24a). Pero el ejemplo solo «sería muy frío»: él mismo subió nuestros pecados, como se sube la ofrenda al altar, en su cuerpo, al patíbulo. No nos pide copiar lo que no ha hecho primero por nosotros.
- La herida y el Pastor (vv. 24b-25). «Por su herida fuisteis sanados»: la marca del látigo en él es salud en vosotros. ¿De qué? De andar extraviados: habéis vuelto al Pastor que cuida de vuestras almas.
Aplicación. Soportar la injusticia sin devolverla, mirando la plana; descansar en que los pecados ya fueron llevados; volver al Pastor cada vez que uno se extravía; y, quien lleva marcas de golpes, saber que el Señor las llevó primero.
Cautela. Pedro dice «sanados» de ovejas que vuelven, no de cuerpos que sanan; y dice «en su cuerpo», no en el nuestro. Predicar aquí la salud física es tomar prestado de Mateo lo que Pedro no dijo; predicar solo el ejemplo es dejar fuera el madero.