Qué se va a leer
Pablo termina su primera carta pidiendo que «el mismo Dios de paz» santifique a los tesalonicenses «por completo» y los guarde enteros hasta la venida del Señor, y añade que quien los llama lo hará. Con este pasaje empieza la línea «Cristo nuestro Santificador», que toma de A. B. Simpson el orden de las cuatro verdades del evangelio cuádruple (Salvador, Santificador, Sanador, Rey que viene) como patrón de estudio. Simpson abre con estos dos versículos su libro Wholly Sanctified, y aquí es una voz más entre las de Ireneo, Tertuliano, Orígenes, Crisóstomo, Agustín, Haimón, Pedro Lombardo, Calvino, Wesley, Hodge y los comentaristas de los siglos XIX y XX. El texto deja abiertas tres preguntas: cuántas partes tiene el hombre que nombra, cuándo y cómo llega la santificación «por completo», y qué promete el verso 24.
Los versículos 23 y 24 son lo último que Pablo dice a los tesalonicenses antes de los encargos finales: que oren por él, que se saluden con un beso santo y que la carta se lea a todos los hermanos (). Antes corre una serie de mandatos breves, que va de la paz entre los hermanos a apartarse de toda forma de mal (), y Pablo cambia de registro: de las órdenes pasa a la oración. Crisóstomo lo nota en la homilía 11: «después de la amonestación añade una oración», porque «necesitamos tanto consejo como oración». Calvino da la razón desde el otro lado: la doctrina «se siembra en vano» si Dios no la implanta, y Pablo, que sabe que ninguna enseñanza sirve mientras Dios no la grabe «con su propio dedo» en el corazón, pide a Dios que santifique a los tesalonicenses.
El pasaje tiene dos tiempos. El verso 23 es un deseo, con dos verbos en optativo: «santifique» y «sea guardado». El verso 24 es una afirmación, con un verbo en futuro de indicativo: «lo hará». Henry ordena así el pasaje: la oración de Pablo por ellos y, después, su confianza en que Dios la oirá. Entre los dos versos hay un solo agente, el Dios de paz, que santifica, y un solo término, la venida del Señor, hasta la cual todo se guarda.

La carta es, según la introducción de la edición inglesa de Calvino, la primera que Pablo escribió a una iglesia, hacia fines de 52; Robertson la sitúa entre 50 y 51 y Henry encabeza este pasaje con «a. d. 51». La introducción de esa edición recuerda además, con Hechos 17, que un tumulto de judíos incrédulos obligó a Pablo y a Silas a salir de Tesalónica de repente. Pablo escribe, pues, a una iglesia joven, de conversos que en su mayoría venían de la idolatría, y termina pidiendo que Dios mismo haga en ellos la obra entera.
Es el primer pasaje de la línea «Cristo nuestro Santificador». La línea sigue el orden del evangelio cuádruple de Simpson, que en The Fourfold Gospel dice de la santificación que «es el segundo paso del evangelio cuádruple». Simpson abre con este texto Wholly Sanctified y le dedica una sección de Christ in Thessalonians. Cada voz, la suya incluida, se lee aquí con la regla que usó.
Las palabras que pesan, con el análisis del módulo NA27, el diccionario Strong ampliado y los comentarios de Vincent, Robertson y Jamieson–Fausset–Brown (JFB):
| Griego | Forma | Sentido en el pasaje |
|---|---|---|
| αὐτὸς δὲ ὁ θεὸς τῆς εἰρήνης | sujeto, antes del verbo | «Y el mismo Dios de paz»: αὐτός pone a Dios en primer plano. La expresión cierra otras cartas de Pablo (Ro 15:33; 16:20; 2 Co 13:11; Fil 4:9). |
| ἁγιάσαι ὑμᾶς ὁλοτελεῖς | aoristo activo de optativo; adjetivo en acusativo plural | «Os santifique por completo»: deseo para el futuro (Robertson). ὁλοτελής aparece solo aquí en el Nuevo Testamento. |
| ὁλόκληρον ὑμῶν τὸ πνεῦμα καὶ ἡ ψυχὴ καὶ τὸ σῶμα | adjetivo neutro singular; tres sustantivos con artículo | «Íntegro vuestro espíritu, y el alma y el cuerpo». ὁλόκληρος: dos veces en el Nuevo Testamento (aquí y Stg 1:4). Predicativo, según Vincent. |
| ἀμέμπτως | adverbio | «Sin reproche». Dos veces en el Nuevo Testamento: 1 Ts 2:10 y 5:23. |
| τηρηθείη | aoristo pasivo de optativo, 3.ª singular | «Sea guardado». El verbo va en singular con los tres sujetos. τηρέω: setenta veces en NA27; en 1 Ts, solo aquí. |
| ἐν τῇ παρουσίᾳ τοῦ κυρίου ἡμῶν Ἰησοῦ Χριστοῦ | dativo con ἐν | «En la venida»: παρουσία, veinticuatro veces en el Nuevo Testamento y cuatro en 1 Ts (2:19; 3:13; 4:15; 5:23). |
| πιστὸς ὁ καλῶν ὑμᾶς | adjetivo; participio de presente sustantivado | «Fiel es el que os llama»: «el Llamador», con el énfasis en la persona más que en el acto (Vincent). |
| ὃς καὶ ποιήσει | futuro de indicativo | «El cual también lo hará». El verbo no lleva objeto expreso. |

«El mismo Dios de paz». El texto empieza por el sujeto: αὐτὸς δὲ ὁ θεὸς τῆς εἰρήνης, literalmente «y él mismo, el Dios de la paz». Simpson traduce «el Dios de paz mismo os santifique por completo» y ve en ello la manera más enfática de decir que la santificación es obra de Dios y no de los esfuerzos humanos. JFB hace la misma lectura con otras palabras: es Dios quien puede hacer con su propio poder lo que Pablo no puede con todas sus amonestaciones ni ellos con todos sus esfuerzos. Calvino reconoce que no entiende del todo por qué Pablo lo llama aquí «Dios de paz», a menos que se refiera a la concordia fraterna que acaba de mencionar. Wesley lo une a lo que sigue: «por la paz que obra en vosotros, que es un gran medio de santificación». Robertson recuerda que la expresión cierra varias cartas de Pablo y que 2 Tesalonicenses 3:16 dice «el Señor de paz».
«Os santifique». ἁγιάσαι es un aoristo de optativo, el modo del deseo, y Robertson lo clasifica como «deseo para el futuro». El verbo ἁγιάζω aparece veintiocho veces en NA27. Para Vincent, su idea primera es la separación: «separar de lo profano y consagrar a Dios», y de ahí «limpiar o purificar a quien se ha apartado para usos santos». El Strong ampliado lo define como «hacer santo, i.e. (cerem.) purificar o consagrar» y da entre sus equivalentes hebreos de la Septuaginta qadash (H6942) y qodesh (H6944); el hebreo no se ha leído para este artículo. El sustantivo de la misma familia, ἁγιασμός, es el de («esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación»), de 4:4 y de 4:7, y ἁγιωσύνη es el de la otra oración de la carta, la de : que Dios afirme sus corazones «irreprensibles en santidad» en la venida de Jesús (Berkhof enumera estas ocurrencias).
«Por completo» e «íntegro». Las dos palabras de totalidad son raras. ὁλοτελεῖς aparece solo aquí, y Robertson hace notar que es un adjetivo en plural predicativo (de ὅλος, «todo», y τέλος, «fin»), no el adverbio ὁλοτελῶς: dice cómo han de quedar los tesalonicenses, «enteros». Qué quiere decir esa totalidad se ha entendido de cuatro maneras. Vincent: «de modo que nada escape al poder santificador», lo que él llama el sentido cuantitativo. Robertson: «el todo de cada uno de vosotros, cada parte de cada uno», «de parte a parte», como lo vertió Lutero, que él llama cualitativo más que cuantitativo. Los dos usan la misma etiqueta con signo contrario. Bengel, según JFB, toma «por completo» de modo colectivo: todos los tesalonicenses sin excepción, de modo que ninguno falte. Trench, también según JFB, lo entiende como haber alcanzado perfectamente el fin moral, ser un hombre hecho en Cristo.
ὁλόκληρον, en cambio, aparece dos veces: aquí y en , donde va junto a «perfectos». Viene de ὅλος y de κλῆρος, «porción», y significa, dice Vincent, tener la porción entera, «completo en todas sus partes»; Robertson añade que no ha de haber deficiencia en ninguna parte, mientras que τέλειος significa perfección final. Vincent da usos de la Septuaginta (Levítico 23:15; Deuteronomio 16:9 y 27:6) y uno de Josefo para una víctima sin defecto (Antigüedades III, 12, 2). El Strong ampliado da entre los equivalentes hebreos de la Septuaginta šālēm y tām (H8003, H8549), y JFB observa que «paz» y «por completo» son en hebreo términos emparentados. Vincent explica además un detalle de construcción: la versión inglesa antigua unía ὁλόκληρον solo con «espíritu» («vuestro espíritu entero»), y la Revisada lo toma, con razón, como predicado de los tres: «sea guardado íntegro».
«Espíritu, alma y cuerpo». Los tres sustantivos llevan artículo y van unidos por καί. El verbo está en singular, y Robertson, con el adjetivo neutro también singular, deduce que Pablo concibe al hombre como «un todo indiviso» (la expresión es de Frame, que Robertson cita). Las versiones españolas toman posición en la traducción: RV60, LBLA, NVI y DHH vierten «todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo», es decir, la lista como aposición de «todo vuestro ser»; BTX4 va palabra por palabra: «vuestro espíritu y el alma y el cuerpo». La KJV añade «y ruego a Dios», que no está en el griego (JFB). El otro texto del que depende la cuenta de las partes del hombre es , que las referencias cruzadas ponen en primer lugar y que Berkhof junta con este pasaje.
«Sea guardado» y «en la venida». τηρέω es «guardar»; el Strong ampliado lo describe como guardar de pérdida o daño, «mantener el ojo sobre». El pasivo no nombra al agente, pero el verso empieza por Dios y el siguiente termina con él. La preposición ἐν delante de παρουσίᾳ se ha traducido de varias maneras. La RV60, la LBLA y la NVI dicen «para la venida»; BTX4, «en la venida»; NTV, «hasta que… vuelva»; DHH, «para el regreso»; la KJV, «unto». Simpson sostiene que «unto» debería traducirse «at», en el momento de la venida. JFB propone «irreprensiblemente […] en la venida de Cristo». Ninguno de los comentarios leídos señala una variante textual que cambie el sentido de estos versículos; el módulo NA27 no trae aparato crítico.
«Fiel es el que os llama». El participio de presente, ὁ καλῶν, nombra a Dios como «el Llamador»; Vincent subraya que el énfasis recae en la persona. ποιήσει, el futuro, no tiene objeto, y los comentaristas lo completan de modos distintos: Henry, «efectuará lo que había prometido»; MacEvilly, «perfeccionará lo que ha comenzado, dándoos la gracia de la perseverancia»; Wesley añade una condición: «a menos que apaguéis el Espíritu». Las referencias cruzadas llevan a y a , y Robertson remite a .
La forma de una plegaria al final de una carta. Robertson, que cita a Milligan, dice que «Dios de paz» es una fórmula frecuente al final de las cartas de Pablo (, , , , y el «Señor de paz» de ). Hodge cita además , donde se pide que «el Dios de paz» haga perfectos a los lectores en toda buena obra. El patrón se repite: la carta acaba con una petición a quien puede cumplirla.
La santificación en la carta. El pasaje reúne tres hilos de la carta. El primero es la santidad: en Pablo pide que el Señor aumente su amor para que sus corazones queden irreprensibles en santidad, y en dice que la voluntad de Dios es su santificación y que Dios no los llamó «a impureza sino a santificación». El segundo es la venida, que cierra la petición de 3:13 («con todos sus santos») y la de 5:23. El tercero es el llamamiento: en Pablo recuerda que Dios los llama a su propio reino y gloria. Santidad, venida y llamamiento confluyen en 5:23-24. En la carta siguiente, junta otra vez la «santificación de espíritu» y un llamamiento «mediante nuestro Evangelio», para alcanzar la gloria del Señor.
El marco de la venida. La carta vuelve una y otra vez a la venida del Señor, y παρουσία sale cuatro veces: en 2:19, 3:13, 4:15 y 5:23. Simpson llamó a las dos cartas «las epístolas del Adviento» y dedicó a esa venida la primera parte de Christ in Thessalonians. Robertson dice que la Segunda Venida era para Pablo una esperanza que lo sostenía. La plegaria de 5:23 pone el término de la guarda en ese momento, y las lecturas que se verán difieren en qué es «la venida»: el fin de la vida de cada creyente, el día del juicio, la presencia misma del Señor.
Un eco posible de la Ley y los Profetas. Las referencias cruzadas de OpenBible llevan, para el verso 23, a , a y a , donde es el Señor mismo quien santifica a Israel. Los comentarios leídos no señalan ese eco, y por eso aquí queda como una pista de las referencias cruzadas y no como una afirmación. Otras dos de esas referencias completan el cuadro: , sobre Aquel que es poderoso para guardar «sin caída», y , donde Jesús dice que se santifica por los suyos. La segunda anuncia una pregunta que el pasaje deja abierta: quién santifica, si el Padre o el Hijo.
De los Padres, la biblioteca tiene comentario seguido a estos versículos solo en Crisóstomo (homilía 11 sobre 1 Tesalonicenses, NPNF1 vol. 13). Los demás citan el pasaje de paso, y casi siempre para decir qué es el hombre, no cómo se santifica: Ireneo y Tertuliano, para defender la salvación de la carne; Orígenes, para distinguir espíritu y alma; Agustín, en una controversia sobre el alma. Ambrosio, Cirilo de Jerusalén y Atanasio lo usan para otros fines. Las obras publicadas en Eusebeia se copian tal cual y se enlazan; lo demás se traduce de la edición de dominio público, y la nota de fuentes dice de cuál.
Ireneo cita el pasaje hacia el año 180, en el libro V, dentro de una defensa de que Dios salva toda la naturaleza del hombre, compuesta de cuerpo y alma. Su razonamiento parte de que el hombre no es una parte suya:
[…] porque el hombre perfecto consiste en la mezcla y la unión del alma que recibe el espíritu del Padre, y la adición de aquella naturaleza carnal que fue modelada según la imagen de Dios. […] Ni el espíritu es un hombre, porque se llama espíritu, y no hombre; sino que la mezcla y la unión de todos éstos constituye al hombre perfecto. Y por esta causa el apóstol, explicándose a sí mismo, deja claro que el hombre salvado es un hombre completo a la vez que un hombre espiritual; diciendo así en la primera Epístola a los Tesalonicenses: "Y el Dios de paz os santifique perfectos (perfectos); y vuestro espíritu, y alma, y cuerpo sean guardados enteros sin reprensión para la venida del Señor Jesucristo". Ahora bien, ¿cuál era su objeto al orar para que estos tres —es decir, alma, cuerpo y espíritu— fuesen guardados para la venida del Señor, a no ser que era consciente de la [futura] reintegración y unión de los tres, y [de que habían de ser herederos de] una y la misma salvación? Por esta causa también declara que son "los perfectos" quienes presentan al Señor las tres [partes constitutivas] sin ofensa. Aquellos, pues, son perfectos los que han tenido el Espíritu de Dios permaneciendo en ellos, y han guardado sus almas y cuerpos irreprensibles, reteniendo firmemente la fe de Dios, es decir, aquella fe que está [dirigida] hacia Dios, y manteniendo tratos justos para con sus prójimos.
Ireneo no cuenta las partes para fijar una antropología. Usa la lista de Pablo para sostener que Pablo ora por los tres y, por tanto, que los tres tienen «una y la misma salvación». Es la regla de fe aplicada al versículo: el Dios que modela la carne es el que la salva. La versión latina del libro V vierte ὁλοτελεῖς por perfectos, y Ireneo lo enlaza con lo que dijo unas líneas antes: Pablo habla sabiduría «entre los que son perfectos» (), y esos son los que han recibido el Espíritu de Dios. Su definición del perfecto interesa a esta línea: el que ha tenido al Espíritu de Dios permaneciendo en él, ha guardado alma y cuerpo irreprensibles, retiene la fe y mantiene tratos justos con el prójimo. No hay aquí un momento ni un grado; el acento está en la integridad, y nada del hombre queda fuera.
Tertuliano cita el pasaje en dos obras, con el mismo propósito: probar que la salvación alcanza a la carne. En Contra Marción V, 15 (207-208) argumenta con los nombres:
Vamos ahora, tú que niegas la salvación de la carne y que, siempre que se da la mención específica de cuerpo en un caso de este tipo, la interpretas como cualquier cosa antes que la sustancia de la carne: (dime) ¿cómo es que el apóstol ha dado nombres distintos a todas (nuestras facultades), y las ha comprendido todas en una sola oración por su integridad, deseando que nuestro «espíritu, alma y cuerpo sean guardados irreprensibles para la venida de nuestro Señor y Salvador (Jesús) Cristo?» Ahora, aquí ha presentado el alma y el cuerpo como dos cosas separadas y distintas. […] En efecto, no veo otra sustancia en el hombre, después de espíritu y alma, a la que pueda aplicarse el término cuerpo excepto «la carne.»
La regla es la de los nombres: si Pablo ha nombrado aparte el espíritu y el alma, lo que queda para «cuerpo» es la carne. En Sobre la resurrección de la carne 47 (hacia 208) lleva el mismo argumento a su conclusión, y cita el pasaje con el orden invertido, «cuerpo, alma y espíritu»:
Vamos, dime ahora cómo entienden ese pasaje (de la Epístola) a los Tesalonicenses —que, por su claridad, supondría que fue escrito con un rayo de sol— nuestros herejes, que rehúyen la luz de la Escritura: «Y el mismo Dios de paz os santifique por completo.» Y como si esto no fuera bastante claro, continúa diciendo: «Y que todo vuestro cuerpo, alma y espíritu sea guardado irreprensible para la venida del Señor.» [] Aquí tienes la sustancia entera del hombre destinada a la salvación, y esto en ningún otro tiempo sino en la venida del Señor, que es la clave de la resurrección.
Tertuliano lee «en la venida» como el tiempo de la resurrección. «Santificar por completo» incluye la carne, y la guarda llega a su término cuando el Señor viene. Ni él ni Ireneo se preguntan cuánto de la santificación se alcanza antes de ese día.
Orígenes cita el versículo en el Comentario a Mateo dos veces, con intenciones distintas. En XIII, 2, al refutar que el alma de Elías pasara a Juan el Bautista, escribe que Gabriel dijo «en el espíritu y el poder de Elías», no «en el alma»:
Porque la Escritura conoce bien la distinción entre espíritu y alma, como, «Que Dios os santifique por completo, y que vuestro espíritu, alma y cuerpo sean guardados enteros, sin reproche, en la venida de nuestro Señor Jesucristo;» [] y el pasaje, «Bendecid al Señor, espíritus y almas de los justos» tal como se halla en el libro de Daniel, según la versión de los Setenta, representa la diferencia entre espíritu y alma.
En XIV, 3 lee la promesa de Mateo 18:19, «si dos de vosotros se pusieren de acuerdo», como un acuerdo entre los elementos del hombre. En los perfectos el espíritu domina y vivifica el cuerpo; hay concordia de espíritu y cuerpo, y entonces el alma queda incluida:
Pero aún más bienaventurado es si los tres están congregados en el nombre de Jesús, para que se cumpla esto: «Que Dios os santifique por completo, y que vuestro espíritu, alma y cuerpo sean guardados enteros e irreprensibles en la venida de nuestro Señor Jesucristo.» [] Pero alguien podría preguntar, respecto de la concordia de espíritu y cuerpo de que se habla, si es posible que estos estén en concordia sin que lo esté el tercero — es decir, el alma —, y si no se sigue de la concordia de estos en la tierra, después de que los dos han sido congregados en el nombre de Cristo, que los tres también están ya congregados en su nombre, en medio de los cuales viene el Hijo de Dios, estando todos consagrados a Él — quiero decir, los tres —, y nadie se le opone, no habiendo antagonismo no sólo de parte del espíritu, sino ni siquiera del alma, ni menos aún del cuerpo.
Es una lectura espiritual en la línea alejandrina: el texto de Mateo se lee a través de una antropología de tres elementos, y el de Pablo sirve de prueba. Blosser (2012, pp. 95-96) recoge otro uso de Orígenes en el Diálogo con Heraclides, donde el pasaje aparece junto a «el Dios de paz os santifique por completo»: ese espíritu, dice Orígenes, «no es el Espíritu Santo, sino una parte del compuesto humano», como muestra el mismo apóstol en , «el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu». Blosser añade que en Orígenes el pneuma es un don trascendente, casi el equivalente del daimon de la filosofía griega, y no una parte constitutiva en el mismo sentido que el nous. La tricotomía de Orígenes, además, no es la de Platón. En Sobre los principios III, 4, 1, que el sitio publica, Orígenes dice que no ve que la Escritura confirme en gran medida la tesis de algunos filósofos griegos de que el alma tiene tres partes. Son dos cosas distintas: tres elementos en el hombre, y tres partes en el alma.
Dídimo el Ciego reparte en tres, según la edición española del ACCS que tiene la biblioteca (una compilación de traducción deficiente, que remite a PTA 9), el almendro de Eclesiastés 12:5: la capa exterior amarga es el cuerpo, la dura es el alma y el fruto comestible es el espíritu, y a ese reparto acerca la oración de 5:23, que abarca los tres (Comentario a Eclesiastés 356, 10). Haimón nombrará más adelante a Dídimo como quien sostuvo que el hombre tiene tres sustancias; no se ha podido comprobar que sea este texto el que tenía delante.
Crisóstomo comenta el pasaje de corrido en la homilía 11 sobre 1 Tesalonicenses, predicada en Constantinopla (NPNF1 vol. 13, traducción de Oxford revisada por J. A. Broadus). Acaba de explicar «no apaguéis el Espíritu» (5:19) con una lámpara que se cuida o se apaga, y esa explicación decide su lectura de 5:23:
«Os santifique por completo», dice, y «sea guardado entero vuestro espíritu, alma y cuerpo, sin reproche, en la venida de nuestro Señor Jesucristo». ¿Qué llama aquí espíritu? El don de la gracia. Pues si salimos de aquí con nuestras lámparas brillantes, entraremos en la cámara nupcial. Pero si están apagadas, no será así. Por eso dice «vuestro espíritu». Pues si este permanece puro, permanece también lo demás. «Y alma y cuerpo», dice. Pues ni lo uno ni lo otro admite entonces nada malo. […] «Fiel es el que os llama, el cual también lo hará». Obsérvese su humildad. Porque, como había orado, no penséis, dice, que esto sucede por mis oraciones, sino por el propósito con que él os llamó. Pues si os llamó a la salvación, y es veraz, ciertamente os salvará, en cuanto lo quiere.
Es la lectura por el contexto próximo, propia de Antioquía: el sentido sale de lo que Pablo acaba de decir y no de una antropología. El «espíritu» de 5:23 es lo mismo que Pablo mandó no apagar en 5:19, la gracia, y por eso conservarlo puro conserva el resto. En el verso 24 Crisóstomo hace descansar la seguridad del creyente en el propósito de quien llama; la oración de Pablo, dice, no es la causa. No dice aquí cuándo se completa la santificación ni si el creyente puede perder lo recibido antes de la venida; solo que, si Dios llamó a la salvación, la dará.
Agustín cita el pasaje en Sobre el alma y su origen (finales de 419), en el libro IV, contra Vicencio Víctor, que sostenía que el alma es un cuerpo. Su razonamiento procede por los nombres, igual que el de Tertuliano pero con otro fin:
Pero, de nuevo, por qué querrías tú que el alma sea un cuerpo y te niegas a considerarla un espíritu, no puedo verlo. Porque si no es un espíritu, por la razón de que el apóstol la nombró con distinción del espíritu, cuando dijo, «Ruego a Dios que todo vuestro espíritu, y alma, y cuerpo sea preservado,» [] la misma es una buena razón por la que no es un cuerpo, en cuanto nombró al cuerpo, también, como distinto de ella.
Más adelante explica qué es, para él, el «espíritu» de Pablo:
Ahora me resta mostrar cómo es que mientras la designación "espíritu" se predica con razón de una parte del alma, no del todo— así como el apóstol dice: "Todo vuestro espíritu, y alma, y cuerpo"; [] o, según la expresión mucho más enérgica del Libro de Job: "Separarás mi alma de mi espíritu", [] — sin embargo el alma entera es también llamada con este nombre; aunque esta cuestión parece ser mucho más una cuestión de nombres que de cosas. […] aquello se llama propiamente espíritu por lo cual razonamos y entendemos, y sin embargo que estas cosas se designan distintamente, como dice el apóstol "todo vuestro espíritu, y alma, y cuerpo".
La distinción de Agustín entre la cosa y el nombre le permite aceptar que Pablo nombre tres términos sin que haya tres sustancias: «espíritu» es la parte del alma con que se razona y se entiende, y el alma entera puede llevar ese nombre. Es la lectura dicotómica, con una razón de uso: Agustín mira cómo emplea la Escritura cada palabra, y ve que «espíritu» se dice de muchas maneras. La misma línea reaparecerá en Calvino y en Hodge.
Tres Padres citan el pasaje para otra cosa. Ambrosio lo usa en el libro III de Sobre el Espíritu Santo para mostrar que santificar es obra de Dios, común a las tres personas:
Pues así como el Padre santifica, así también el Hijo santifica, y el Espíritu Santo santifica. El Padre santifica según aquello que está escrito: «El Dios de la paz os santifique, y que vuestro espíritu, alma y cuerpo sean conservados enteros sin mancha en el día de nuestro Señor Jesucristo.» [] Y en otro lugar el Hijo dice: «Padre, santifícalos en la verdad.» []
En el párrafo siguiente (III, 4, 26) Ambrosio añade , donde Cristo «fue hecho santificación» sin cambiar lo que era, «para santificarnos en la carne». Así enlaza 5:23 con el Hijo: el que santifica es el Dios de paz, y el Hijo es hecho santificación para nosotros. Cirilo de Jerusalén (o quien escribió las Catequesis mistagógicas, cuya autoría el sitio señala como discutida) cierra con las palabras de Pablo la catequesis sobre la comunión, a modo de bendición: «Retened sin mancha estas tradiciones […]. Y el Dios de paz os santifique por completo» (Cat. mist. V, 23, texto en el sitio). Atanasio cita el verso 24 para decir que Dios es fiel porque es siempre el mismo:
Pero el Dios de todas las cosas, que es uno real, verdadero y ciertamente, es fiel: siempre es el mismo y dice: "Ved ahora que yo, yo soy", y "no cambio"; y por eso su Hijo es "fiel", porque es siempre el mismo e inmutable, y no engaña ni en su esencia ni en su promesa. Así dice también el Apóstol, escribiendo a los tesalonicenses: "Fiel es el que os llama, el cual también lo hará []"; pues, al hacer lo que promete, "es fiel a sus palabras".
Para Atanasio, la fidelidad de que habla Pablo es la inmutabilidad de Dios: lo que Dios dice, lo hace. Gregorio de Nisa cita en Sobre la hechura del hombre VIII, 5 la fórmula «cuerpo y alma y espíritu» y la atribuye a Efesios; el editor inglés que publica el sitio advierte que la referencia es 1 Tesalonicenses 5:23.
Los Padres coinciden en dos cosas. La primera, que quien santifica es Dios (Ambrosio, Crisóstomo) y que la obra alcanza al hombre entero, con su carne, hasta la venida del Señor (Ireneo, Tertuliano, Orígenes). La segunda, que la seguridad del creyente descansa en quien llama (Crisóstomo, Atanasio), no en la fuerza de quien es llamado.
Divergen en qué es el «espíritu». Para Orígenes es un elemento del compuesto humano, distinto del alma y no identificable con el Espíritu Santo; para Agustín, la parte del alma con que se razona; para Crisóstomo, el don de la gracia. Los textos que este artículo cita no discuten cuándo se completa la santificación ni si el creyente puede estar sin pecado a propósito de este versículo; esa pregunta llega a él con la glosa medieval, que la toma de Agustín.
Los principios que ejercen son la regla de fe, que Ireneo y Tertuliano aplican para sostener la salvación de la carne; el sentido espiritual de Orígenes, que lee un texto de Mateo con una antropología de tres elementos; la lectura de Antioquía por el contexto inmediato en Crisóstomo; y la distinción de Agustín entre las cosas y los nombres que las designan.
La biblioteca no tiene el comentario de Tomás de Aquino a 1 Tesalonicenses ni la Glosa ordinaria, y su Suma teológica no cita 1 Tesalonicenses 5:23. Tiene dos comentarios latinos en la Patrología latina de Migne: el que la PL 117 atribuye a Haimón de Halberstadt (siglo IX) y los Collectanea de Pedro Lombardo (PL 192, siglo XII), un mosaico de glosas con el autor señalado entre corchetes o al margen. La Expositio de Rabano Mauro (PL 112) también comenta el pasaje, pero su copia está tan estropeada por el reconocimiento óptico que no se cita. Los textos de Migne de la biblioteca son reconocimiento óptico con errores; se leyeron así, y la traducción es de Eusebeia, del latín.
Haimón (PL 117, col. 777-778, según la numeración que deja leer el reconocimiento óptico) dice que lo que Pablo pide se puede entender de dos maneras.
Esto de que «sea guardado íntegro vuestro espíritu, y el alma y el cuerpo» podemos entenderlo de dos maneras. El hombre consta de cuerpo, alma y espíritu, pero no hay en él tres sustancias, como sostuvo Dídimo, ni el espíritu es una tercera sustancia en el hombre: el espíritu mismo es el alma. […] Por el cuerpo andamos, por el alma vivimos, por el espíritu entendemos y tenemos sabiduría. […] Ruega, pues, el Apóstol que el espíritu, esto es, nuestra racionalidad, permanezca íntegro, incorrupto e inviolado, y que el alma y el cuerpo permanezcan de igual modo incorruptos e inmaculados hasta el día de nuestra muerte o hasta el día del juicio, como fuimos limpiados de todas las manchas de los pecados en el tiempo del bautismo. […] De otro modo: el Espíritu Santo se pone muchas veces por su gracia y sus dones. […] En este lugar puede entenderse por la gracia que se nos da en el tiempo del bautismo, que nos limpia de todas las impurezas de los vicios, y que el Apóstol pide que permanezca íntegra, incorrupta e inmaculada en nosotros, no sea que por nuestra culpa y suciedad se corrompa, o se disminuya, o se ahuyente de nosotros. […] «Sin queja», dice. No dice «sin pecado», porque no hay hombre que haga el bien y no peque, y «en muchas cosas ofendemos todos».
Haimón da las dos lecturas con el mismo peso. La primera coincide con la de Agustín, aunque no lo nombra: el espíritu es el alma en cuanto razona, y las tres cosas son dos. La segunda coincide con la de Crisóstomo: el espíritu es la gracia, aquí la del bautismo, y lo que Pablo pide es que no se corrompa ni se ahuyente por culpa del que la recibió. Para «la venida» propone el día de la muerte de cada uno o el del juicio. Y termina con una distinción: «sin queja», no «sin pecado». Haimón lee «irreprensible» sin suponer que el creyente deje de pecar.
Lombardo (PL 192, col. 311-312) compone el comentario con glosas rotuladas: «Haimón», «Ambrosio» (el nombre bajo el que la Edad Media citaba lo que hoy se atribuye a Ambrosiaster; no se ha cotejado con la PL 17) y notas que remiten, en el margen, a Agustín. Del verso 23:
[Haimón] […] que el espíritu —aquella mente que sirve a la ley de Dios— se guarde íntegro, esto es, que vuestra razón se guarde entera, sin consentir a la carne; y esto hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, es decir, hasta el fin de vuestra vida. Y el alma, esto es, la sensualidad, se guarde íntegra sirviendo a la razón; y el cuerpo, sin queja, de modo que nada hagáis por su ministerio de lo que alguien pueda quejarse. [Ambrosio] Puso estas tres cosas para que el hombre entero sea perfecto. […] Y observa que dice «sin queja», no «sin pecado». Una cosa es estar sin pecado, lo cual en esta vida se dijo solo del Unigénito; otra, estar sin queja, lo cual pudo decirse de muchos justos aun en esta vida. […] Y sin embargo, por lo mismo que dice esto, declara no estar sin pecado. […] Observa también que pone tres cosas de las que consta el hombre, es decir, espíritu, alma y cuerpo: aquello con que entendemos, aquello con que vivimos y aquello por lo que somos visibles y tangibles; y estas, a su vez, se dicen dos, porque con frecuencia el alma se nombra con el espíritu. [Haimón] O el espíritu se pone aquí por los dones del Espíritu Santo. […] Es como si dijera: ruego que santifique y que guarde a los santificados; ni hay que dudar de ello, porque Dios es fiel, esto es, veraz en sus promesas, el cual os llamó a la vida, el cual también lo hará en vosotros, esto es, llevará a cabo la obra de la gracia cumpliendo las promesas.
La glosa sobre «sin queja» tiene un origen que el sitio permite comprobar. Lombardo la toma de Agustín (Sobre la perfección de la justicia del hombre, según su nota marginal), y en la obra publicada dice:
Sin embargo, una cosa es estar sin pecado, lo cual en esta vida sólo puede predicarse del Unigénito, y otra cosa es estar sin acusación, lo cual podría decirse de muchos justos incluso en la vida presente; porque hay una cierta medida de vida buena, según la cual incluso en este trato humano no podría justamente presentarse acusación alguna contra él. […] Y sin embargo, por el mismo hecho de que dice verdaderamente: «Perdona, como también nosotros perdonamos», admite claramente que no está sin pecado.
El texto de Agustín no cita 1 Tesalonicenses 5:23. Lombardo lo lleva al verso por la expresión «sin queja»: es una glosa, no una exégesis de Agustín sobre Pablo. La misma glosa trae el recuento de lo que Pablo nombra («tres», que «a su vez se dicen dos») y las dos lecturas de «espíritu» de Haimón. Para el verso 24, «lo hará» significa que Dios completa «la obra de la gracia» cumpliendo lo prometido. El principio medieval es aquí el de la cadena de autoridades: cada glosa lleva su rótulo, y la lectura es literal y moral, no alegórica. La lectura de los cuatro sentidos casi no aparece en este pasaje.
Ninguna obra de Lutero de la biblioteca comenta 1 Tesalonicenses 5:23: no lo cita la Tabla de sobremesa, y su comentario a Gálatas y su tratado De las buenas obras no mencionan la carta. Lo que sí hay es su doctrina de la santificación en el Catecismo mayor, en la explicación del tercer artículo del Credo:
Este artículo (como he dicho) no puedo exponerlo mejor que refiriéndolo a la santificación, porque en ella se declara y se describe el Espíritu Santo con su oficio, a saber, que santifica. […] Y así, mientras la santificación ha comenzado y crece cada día, esperamos que nuestra carne sea destruida y sepultada con toda su impureza, y que salga gloriosa y resucite a una santidad entera y perfecta en una vida nueva y eterna. Pues ahora somos solo medio puros y santos, de modo que el Espíritu Santo tiene siempre [razón para] continuar su obra en nosotros por la Palabra, y repartir cada día el perdón, hasta que alcancemos aquella vida en que ya no habrá perdón, sino solo personas perfectamente puras y santas, llenas de piedad y de justicia, libres de pecado, de muerte y de todo mal, en un cuerpo nuevo, inmortal y glorificado.
Es la lectura del Credo, no del versículo: la santificación es oficio del Espíritu, tiene un comienzo, «crece cada día», y llega a ser «entera y perfecta» cuando la carne resucite. En este texto la perfección pertenece a la resurrección, y antes de ella los creyentes son solo «medio puros y santos» y viven del perdón diario. Calvino, Henry y Hodge lo repetirán con otras palabras.
Calvino comenta el pasaje en su comentario a 1 Tesalonicenses, que dedicó en Ginebra, el 17 de febrero de 1550, a su antiguo maestro Mathurin Cordier (traducción inglesa de J. Pringle, Calvin Translation Society, vol. 42). Para él «santificación» es la renovación entera del hombre:
Sabemos, sin embargo, que bajo el término santificación se incluye la renovación entera del hombre. Los tesalonicenses, es cierto, habían sido renovados en parte, pero Pablo desea que Dios perfeccione lo que falta. De aquí inferimos que, durante toda nuestra vida, debemos avanzar en la búsqueda de la santidad. Pero si es parte de Dios renovar a todo el hombre, no queda nada para el libre albedrío. Pues si hubiera sido parte nuestra cooperar con Dios, Pablo habría hablado así: «Que Dios ayude o promueva vuestra santificación». Pero cuando dice «santifique por completo», lo hace único autor de toda la obra. […] Pero como una integridad tan completa no se encuentra nunca en esta vida, conviene que cada día se haga algún progreso en pureza y que se quite algo de nuestras contaminaciones mientras vivamos en el mundo.
Calvino saca dos consecuencias del mismo verbo. La primera, contra el libre albedrío: si «os santifique por completo» tiene a Dios por único sujeto, la obra entera es suya. La segunda, sobre el tiempo: como la integridad que pide Pablo no se encuentra nunca en esta vida, la santificación avanza «durante toda nuestra vida». Y trata la división de «espíritu, alma y cuerpo», el punto más discutido del pasaje:
Hemos de notar, sin embargo, esta división de las partes que componen al hombre; pues en algunos casos se dice que el hombre consta simplemente de cuerpo y alma, y entonces el término alma denota el espíritu inmortal, que reside en el cuerpo como en una morada. Pero como el alma tiene dos facultades principales, el entendimiento y la voluntad, la Escritura suele mencionar en algunos casos estas dos cosas por separado cuando quiere expresar el poder y la naturaleza del alma; y entonces el término alma se emplea para significar la sede de los afectos, de modo que es la parte opuesta al espíritu. De ahí que, cuando encontramos aquí mencionado el término espíritu, entendámoslo como la razón o inteligencia, y por el término alma, la voluntad y todos los afectos. […] Sé que muchos explican de otro modo las palabras de Pablo, pues son de la opinión de que por alma se entiende el movimiento vital y por espíritu aquella parte del hombre que ha sido renovada; pero entonces la oración de Pablo sería absurda.
La regla de Calvino es la analogía de la Escritura: lo que Pablo dice aquí lo explica lo que dicen otros textos. Calvino cita en la forma «mi alma te ha deseado en la noche, mi espíritu ha pensado en ti», donde, dice, nadie duda de que habla del entendimiento y del afecto: dos departamentos del alma. Y añade el argumento del sentido: el hombre está «puro y entero» cuando no piensa nada, no desea nada ni hace nada con su cuerpo que Dios no apruebe. Sobre el verso 24 dice que Pablo promete el auxilio de Dios «porque los ha llamado»: «no promete ser Padre nuestro solo por un día», y por eso el llamamiento debe tenerse como prueba de una gracia eterna, pues el Señor «no dejará incompleta la obra de sus manos» ().
El comentario que lleva el nombre de Matthew Henry fue completado por otros tras su muerte; la parte sobre 1 Tesalonicenses es de Daniel Mayo (vol. 6). Lee el pasaje como Calvino:
Ora para que sean plenamente santificados, es decir, más perfectamente, pues los mejores solo son santificados en parte mientras están en este mundo; y por tanto debemos orar por la santificación completa y esforzarnos hacia ella. Donde se ha comenzado la buena obra de la gracia, se llevará adelante, será protegida y preservada; y todos los santificados en Cristo Jesús serán preservados hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. […] Nuestra fidelidad a Dios depende de su fidelidad hacia nosotros.
Wesley (Notas explicativas, 1755) lee el mismo pasaje de otro modo. Sobre «os santifique» y «por completo» escribe:
«Por completo»: la palabra significa por entero y perfectamente; cada parte y todo lo que os concierne, todo lo que es de vosotros o está en torno vuestro. Y todo vuestro ser, el espíritu y el alma y el cuerpo: antes dijo «vosotros»; ahora los denomina por su estado espiritual, el espíritu, deseando que se guarde entero; luego por su estado natural, el alma y el cuerpo (pues estos dos componen toda la naturaleza del hombre), deseando que se guarde irreprensible hasta la venida de Cristo. Para explicarlo un poco más: de los tres aquí mencionados, solo los dos últimos son partes constitutivas naturales del hombre. El primero es adventicio y don sobrenatural de Dios, que se halla solo en los cristianos. […] 24. El cual también lo hará: a menos que apaguéis el Espíritu.
Wesley junta dos lecturas que Haimón daba por separado: la dicotomía (el hombre natural son alma y cuerpo, y el alma no es un tercer elemento) y el espíritu como don de Dios, que ya estaba en Crisóstomo. Su nota al verso 24 añade una condición, «a menos que apaguéis el Espíritu», que Calvino y Henry no ponen. Un poco antes, al comentar los versículos 16 a 18 (alegraos siempre, orad sin cesar, dad gracias en todo), Wesley dice: «Esto es la perfección cristiana. Más allá de esto no podemos ir, y no necesitamos quedarnos cortos». Hodge, que cita la definición de la perfección de Wesley como amor sin temperamento contrario, le objetará que la ley condena más de lo que Wesley llama pecado.
La Reforma recibe de los Padres que la obra es de Dios y que alcanza al hombre entero. Calvino se decide por la dicotomía y Wesley por el espíritu como don, y aparece una pregunta que la glosa medieval apenas tocó: si la santificación «por completo» es el término de un camino (Lutero, Calvino, Henry) o algo que ya cabe pedir y esperar antes de ese término (Wesley, a juzgar por su nota a los versículos 16 a 18).
Jamieson, Fausset y Brown (JFB, 1871) leen el pasaje con el griego a la vista y citando a Tittmann, Bengel y Trench. Traducen «el Dios de paz mismo», «quien puede hacer por vosotros con su propio poder lo que yo no puedo con todas mis amonestaciones, ni vosotros con todos vuestros esfuerzos», y observan que la santidad «es la condición necesaria de la paz». Sobre la lista de tres términos son más tricotómicos que Calvino: todos juntos, «espíritu, alma y cuerpo, cada uno en su debido lugar, constituyen al hombre “íntegro”», y el espíritu «enlaza al hombre con las inteligencias superiores del cielo y es la parte más alta, receptiva del Espíritu Santo que vivifica». Sobre el verso 24: Dios «hará que su llamamiento no quede corto del fin que se le designó».
Vincent (Word Studies, vol. 4) va en sentido contrario. Escribe que es «inútil intentar sacar de estas palabras una declaración técnica y psicológica de una división triple de la personalidad humana»; si Pablo reconoció alguna división técnica, «fue más probablemente doble»: el cuerpo, o parte material, y la parte inmaterial con sus lados superior e inferior. MacEvilly (6.ª ed., 1898), comentarista católico, lee el espíritu como el alma racional, que ejerce las facultades superiores del entendimiento y la voluntad, y el alma como su parte sensitiva, «común a nosotros con las bestias»: que la mente, la voluntad y todos los sentidos «se conserven de la mancha del pecado». Sobre el verso 24 dice que Dios «perfeccionará lo que ha comenzado, dándoos la gracia de la perseverancia».
Los tres comentan palabra por palabra y llegan a conclusiones distintas por la razón de siempre: el texto nombra tres cosas y no dice si son tres.
Hodge (Systematic Theology, 1871-1873) trata el pasaje en dos lugares. En el volumen 2, al discutir la tricotomía (parte II, cap. II, § 2), lo clasifica entre los textos «dudosos», que pueden explicarse conforme a la representación común de la Escritura:
Cuando Pablo dice a los tesalonicenses: «Ruego a Dios que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo», solo usa una perífrasis para el hombre entero. Como cuando, en Lucas 1:46-47, la virgen dice: «Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador», alma y espíritu en este pasaje no significan cosas diferentes.
Hodge cuenta que la constitución triple, adoptada por Platón, entró en parte en la Iglesia primitiva, pero que pronto se la tuvo por peligrosa, si no por herética: los gnósticos hacían del πνεῦμα una parte de la esencia divina incapaz de pecar, y los apolinaristas daban a Cristo σῶμα y ψυχή, pero no πνεῦμα humano. Por eso, añade, todos los protestantes, luteranos y reformados, fueron más celosos en sostener que ψυχή y πνεῦμα son una misma sustancia. Es una explicación histórica de por qué la dicotomía llegó a ser doctrina común. Berkhof la sostiene con razones de exégesis. Para él (Systematic Theology, «Los elementos constitutivos de la naturaleza humana», § 2) 1 Tesalonicenses 5:23 y Hebreos 4:12 son los dos pasajes que «parecen chocar» con la representación dicotómica, y propone cuatro razones, entre ellas que una declaración excepcional se interpreta a la luz de la analogía de la Escritura y que en 5:23 el apóstol «simplemente quiere reforzar» la frase «el Dios de paz mismo os santifique por completo» con una declaración epexegética que resume los aspectos de la existencia del hombre.
En el volumen 3 (parte III, cap. XVIII, «Sanctification»), Hodge cita el pasaje como prueba de que la santificación es obra de Dios: «se refiere a Dios absolutamente, o al Padre, como en 1 Tesalonicenses v. 23». Después, en el § 7, formula la doctrina reformada sobre la perfección:
La doctrina de los luteranos y los reformados, las dos grandes ramas de la Iglesia protestante, es que la santificación nunca se perfecciona en esta vida; que el pecado no es en ningún caso sometido por entero, de modo que el creyente más adelantado necesita, mientras continúe en la carne, orar a diario por el perdón de los pecados.
En el § 8 expone la teoría arminiana y cita a Wesley: «La perfección es amar a Dios con todo el corazón, mente, alma y fuerzas. Esto implica que no queda en el alma ningún temperamento erróneo, ninguno contrario al amor, y que todos los pensamientos, palabras y acciones están gobernados por el amor». La objeción de Hodge se apoya en la ley: «La cuestión, sin embargo, no es qué escoja llamar pecado Wesley o cualquier otro hombre, sino qué condena la ley de Dios». Berkhof (§ «Sanctification», «perfectionism») resume la doctrina reformada en el mismo sentido: la santificación es imperfecta en esta vida, y el perfeccionista, para afirmar lo contrario, tiene que bajar el listón de la ley o estrechar el concepto de pecado.
A. B. Simpson abre Wholly Sanctified con este texto y lo recorre en tres partes: el autor de la santificación, su naturaleza y su extensión. Sobre el autor dice que «la traducción literal de esta frase sería “el Dios de paz mismo os santifique por completo”»; que expresa de la manera más enfática la «personalidad directa» de Dios como Autor de la santificación, y que esta es «el don del Espíritu Santo, el fruto del Espíritu, la gracia del Señor Jesucristo […], la gran obtención de la fe, no el logro de las obras». Sobre la paz, que la justificación trae paz con Dios y la santificación, la paz de Dios. Sobre su naturaleza:
- Significa separar. Esta idea puede seguirse a lo largo de todo su uso en relación con las ordenanzas ceremoniales. […] 2. Santificar significa dedicación. No es solo separar de, sino separar para. La idea radical de la palabra es apartar para ser propiedad de otro. […] 3. Santificar significa llenar. La traducción literal de la antigua palabra hebrea para consagrar es «llenar la mano». Sugiere la verdad más honda en relación con la santificación, a saber, que Cristo mismo ha de ser la sustancia y el sustento de nuestra nueva vida espiritual y nos llena de su propio Espíritu y santidad.
Para Simpson, entonces, los tres sentidos son necesarios para que la santificación sea entera. Su regla es seguir la palabra por sus usos bíblicos y sacar de ellos la doctrina. En el capítulo 2 sostiene que Pablo reconoce una naturaleza triple en el hombre, «el espíritu, el alma y el cuerpo»; que Dios obra de dentro afuera, como en el tabernáculo, del Lugar Santísimo hacia el atrio, y de arriba abajo, del espíritu al alma y al cuerpo; y que el espíritu es lo que en nosotros conoce a Dios, la región de la conciencia y de la voluntad. Su lectura es tricotómica, como la de Orígenes y la de JFB.
Sobre cuándo ocurre, escribe que no se puede «crecer» hasta la santificación: «hay que tomarla en su comienzo como un don, no como un crecimiento. Es una obtención, no un logro» (The Fourfold Gospel, «Christ our Sanctifier»). Pero en Wholly Sanctified (cap. 1, II, 3) añade: «Esta última visión de la santificación da un alcance sin límites a nuestro progreso espiritual. Aquí entra la fase gradual de la santificación. Comenzando con una separación completa del mal y una dedicación a Dios, avanza ahora a toda la plenitud de Cristo». En Christ in Thessalonians (cap. 1, VI) sostiene que la preposición «hasta» (unto) debería ser «en» (at): «no que debamos crecer hacia la santificación en vista de la venida del Señor, sino que hemos de recibirla como un don del Dios de paz y ser guardados en ella por su gracia». En el capítulo 5, «Preserved Blameless», enumera las condiciones de la guarda: la obediencia, el reposo en el amor de Cristo, la oración sin cesar, y reconoce que «la tentación no es pecado a menos que vaya acompañada del consentimiento de vuestra voluntad». Sobre «irreprensible» escribe que somos tales a los ojos de Dios «cuando seguimos, momento a momento, su perfecta voluntad en los deberes de la vida tal como se nos presentan», y que Dios «adapta la norma del deber según nuestras circunstancias y capacidad». El verso 24 es, para él, la promesa de que lo mismo que se recibe se guardará.
Simpson y Calvino leen, pues, de modo distinto el mismo versículo. Calvino parte de que la integridad completa no se encuentra en esta vida, y concluye que se avanza durante toda ella; Simpson parte de que Dios es el autor, y concluye que la santificación es un don que se recibe en un punto y que luego crece. Ninguno saca la conclusión del aoristo de ἁγιάσαι. Cada uno la saca de lo que conoce de la Escritura y de la vida cristiana.
A. T. Robertson (Word Pictures in the New Testament) anota el pasaje palabra por palabra. Cita a Frame para decir que el verbo y el adjetivo en singular muestran «un todo indiviso» y concluye que la lista no es «necesariamente tricotomía, en oposición a dicotomía, como en otros lugares en las epístolas de Pablo». Tanto los creyentes como los incrédulos tienen un hombre interior (alma, mente, corazón) y un hombre exterior (cuerpo), «pero el creyente tiene el Espíritu Santo de Dios, el espíritu renovado del hombre» (; ). Robertson junta así la dicotomía de Hodge y de Berkhof con el espíritu como lo propio del creyente, que ya venía de Crisóstomo y de Wesley. Sobre el verso 24 dice solo que el que llama, Dios, lo llevará hasta el fin (). Milligan, a quien cita, señala que «sin reproche» aparece en inscripciones sepulcrales halladas en Tesalónica.

Primera. Los lectores coinciden en quién santifica: el Dios de paz mismo. Ambrosio, Crisóstomo, Calvino, Hodge y Simpson lo afirman. Esto es firme para la línea.
Segunda. Pablo pide dos cosas con dos verbos distintos, «santifique» y «sea guardado», y las ata a un solo término, la venida del Señor. Lo que cada lector pone entre uno y otro (un camino, un salto, una condición) no está en el texto.
Tercera. El pasaje es, con Hebreos 4:12, uno de los dos textos en que Berkhof ve la dificultad para la dicotomía, y no la zanja. Las cuatro lecturas de la lista, cada una con un Padre y un comentarista, aparecen en la figura. Ninguna se apoya en que el texto cuente partes; todas se apoyan en otros textos o en una regla.
Cuarta. El pasaje no responde cuándo ni cuánto. «Por completo» y «íntegro» dicen que nada del hombre queda fuera; «sin reproche» dice cómo ha de presentarse, y la glosa de Haimón y Lombardo, tomada de Agustín, entiende «sin queja», no «sin pecado», mientras que Wesley y Simpson lo leen dentro de la perfección cristiana. Hodge y Wesley no discrepan en el griego de ἀμέμπτως; discrepan en qué condena la ley.
Lo que queda abierto es de quién es la obra: de Dios Padre (Ambrosio sobre 5:23), del Hijo (Juan 17:17, 1 Corintios 1:30) o del Espíritu, que Lutero llama el Santificador. El pasaje siguiente de la línea debe poner el nombre de Cristo en ese lugar.
Lo que el texto afirma con mayor seguridad:
- Que Pablo ora para que Dios, el Dios de paz mismo, santifique a los tesalonicenses «por completo» (v. 23).
- Que pide a la vez que todo lo que ellos son, nombrado en tres términos, sea guardado íntegro y sin reproche (v. 23).
- Que el término de esa guarda es la venida del Señor Jesucristo (v. 23).
- Que quien los llama es fiel y que, por eso, lo hará (v. 24).
Lo que el texto no dice, aunque se le haya hecho decir:
- No dice cuántas partes tiene el hombre. La lista de tres es una lectura que Ireneo, Tertuliano y Hodge toman por el hombre entero, Agustín, Calvino y Berkhof por dos partes con tres nombres, Crisóstomo y Wesley por una gracia, Orígenes y Simpson por tres elementos.
- No dice cuándo se completa la santificación. Calvino y Henry entienden un camino de toda la vida; Lutero, una santidad entera que llega con la resurrección; Simpson, un don que se recibe en un punto y luego crece; Wesley ve en los versículos 16 a 18 «la perfección cristiana».
- No dice qué es «sin reproche». La glosa de Haimón y Lombardo, que viene de Agustín, lo distingue de «sin pecado»; Wesley y Simpson lo leen dentro de la perfección cristiana; Hodge y Berkhof juzgan esa perfección con la ley entera.
- No dice si la promesa del verso 24 tiene condiciones. Calvino, Henry y MacEvilly no ponen ninguna; Wesley añade «a menos que apaguéis el Espíritu», y Simpson enumera condiciones de la guarda.
- No dice quién de la Trinidad santifica. El Padre, según Ambrosio; el texto solo dice «el Dios de paz».
Las lecturas, ordenadas por lo que el texto sostiene:
- La lectura común de los Padres, los medievales y la Reforma (Ireneo, Crisóstomo, Atanasio, Haimón, Lutero, Calvino, Henry): Dios santifica, el hombre entero está incluido y la guarda descansa en la fidelidad de quien llama.
- La que lee la lista de tres como dos partes (Agustín, Calvino, Vincent, MacEvilly, Berkhof): el texto nombra aspectos de un solo ser y no puede leerse como un inventario.
- La que lee «espíritu» como el don de la gracia (Crisóstomo, Haimón, Wesley): se apoya en el versículo anterior y en el uso de Pablo, y deja la cuenta de partes abierta.
- La que lee tres elementos (Orígenes, Simpson, JFB): aprovecha la lista tal como está y a cambio exige una antropología que otros textos deben sostener.
Principios hermenéuticos que este pasaje ha puesto a prueba: leer una lista de nombres sin convertirla en un recuento (Agustín, Calvino, Berkhof); explicar el texto difícil por el uso del mismo autor y por la analogía de la Escritura, y no al revés (Calvino, Hodge, Berkhof); atender a la frase anterior antes que a una teoría del hombre (Crisóstomo); distinguir lo que dice el verbo de lo que trae el lector (ni Calvino ni Simpson sacan de ἁγιάσαι el tiempo de la santificación); y separar «sin queja» de «sin pecado» antes de hablar de perfección (la glosa de Agustín).
Siguiente pasaje de la línea: , donde Jesús pide al Padre que santifique a los suyos en la verdad y dice que él mismo se santifica por ellos. Es el texto que Ambrosio pone junto a 1 Tesalonicenses 5:23 para mostrar que santifican el Padre y el Hijo, el que Simpson cita en The Fourfold Gospel para decir que Jesús es él mismo nuestra santificación, y el que lleva la pregunta que este artículo deja: qué parte tiene Cristo en lo que aquí se atribuye al Dios de paz. Después podrían venir , que dice a la vez que «hemos sido santificados» una vez para siempre y que los perfectos para siempre son «los que están siendo santificados»; y , que dan el contrapunto del conflicto; y .
Texto. Griego de NA27 con análisis morfológico (módulo iNA27); Diccionario Strong ampliado (Str-ES) para αὐτός, δέ, θεός, εἰρήνη, ἁγιάζω, ὁλοτελής, ὁλόκληρος, πνεῦμα, ψυχή, σῶμα, ἀμέμπτως, παρουσία, τηρέω, πιστός, καλέω y ποιέω; versiones BTX4, RV60, LBLA, NVI, DHH, NTV y KJV; referencias cruzadas de OpenBible; índice de citas patrísticas de la edición de Roberts y Donaldson, que sirve para localizar. El módulo NA27 no trae aparato crítico ni el Antiguo Testamento: lo que se dice de la Septuaginta viene de Vincent y del Strong, y no se ha leído el hebreo. Las cuentas de ocurrencias salen del módulo NA27.
Padres. Ireneo, Contra las herejías V, 6; Tertuliano, Contra Marción V, 15 y Sobre la resurrección de la carne 47; Orígenes, Comentario a Mateo XIII, 2 y XIV, 3, y Sobre los principios III, 4, 1; Ambrosio, Sobre el Espíritu Santo III, 4, 25-26; Cirilo de Jerusalén, Catequesis mistagógica V, 23; Atanasio, Cuatro discursos contra los arrianos II, 10; Agustín, Sobre el alma y su origen IV, 19 y 36, y Sobre la perfección de la justicia del hombre 11, 24; Gregorio de Nisa, Sobre la hechura del hombre VIII, 5: copiados de las ediciones publicadas en Eusebeia, que traducen del inglés del ANF y del NPNF y no del original. Dídimo el Ciego, Comentario a Eclesiastés 356, 10 (PTA 9: 205-209): por la edición española del ACCS de la biblioteca, una compilación de traducción mecánica y deficiente; solo se resume. Crisóstomo, Homilía 11 sobre 1 Tesalonicenses: NPNF1 vol. 13, traducción de Oxford revisada por J. A. Broadus, traducida del inglés. El Diálogo con Heraclides de Orígenes llega por Blosser (2012, pp. 95-96, nota 81); se cita por su traducción inglesa, traducida del inglés.
Medievales. Haimón (atribuido), PL 117, col. 777-778, y Pedro Lombardo, Collectanea, PL 192, col. 311-312: los textos de Migne de la biblioteca son reconocimiento óptico con errores, y las traducciones son de Eusebeia, del latín. La atribución a Haimón de Halberstadt es la que da la PL 117. La Expositio de Rabano Mauro (PL 112) se consultó, pero su texto está demasiado estropeado para citarlo.
Reforma y después. Lutero, Catecismo mayor (Concordia Triglotta, 1921, texto de CCEL); Calvino, Commentaries, vol. 42, traducción inglesa de J. Pringle; Matthew Henry, Commentary on the Whole Bible, vol. 6, parte de D. Mayo; Wesley, Notes: traducidos del inglés.
Modernos. Jamieson, Fausset y Brown, Commentary Critical and Explanatory on the Whole Bible (1871); Vincent, Word Studies in the New Testament, vol. 4; A. T. Robertson, Word Pictures in the New Testament; MacEvilly, An Exposition of the Epistles of St. Paul, vol. 2, 6.ª ed. (Benziger, 1898); Hodge, Systematic Theology, vol. 2 (parte II, cap. II, § 2) y vol. 3 (parte III, cap. XVIII, §§ 1, 7 y 8); Berkhof, Systematic Theology; Benjamin P. Blosser, Become Like the Angels: Origen's Doctrine of the Soul (Catholic University of America Press, 2012): traducidos del inglés. Frame, Milligan, Bengel, Tittmann y Trench llegan solo por Robertson y JFB.
Simpson. A. B. Simpson, Wholly Sanctified (caps. 1, 2 y 5), Christ in Thessalonians (caps. 1 y 2) y The Fourfold Gospel («Christ our Sanctifier»): ediciones digitales sin fecha original en la biblioteca, traducidas del inglés. No se ha fechado ninguna.
Límites. No hay en la biblioteca ningún comentario moderno específico a 1 Tesalonicenses: ni Frame, Best, Morris, Wanamaker, Green, Malherbe ni Weima, ni tampoco Bruce o Marshall. De ellos solo llegan Frame y Milligan, por Robertson. No hay libro de la tradición de Keswick (ni como título ni como mención en los textos consultados). De la tradición wesleyana están las Notas y lo que Hodge cita de Wesley, Fletcher y Peck, pero no A Plain Account of Christian Perfection. Tampoco están Warfield sobre el perfeccionismo, Berkouwer ni Bavinck. De los Padres no están el comentario de Ambrosiaster a Tesalonicenses (la biblioteca lo tiene sobre Romanos, las dos cartas a los Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses y las dos a Timoteo, pero no sobre esta carta), el de Teodoro de Mopsuestia ni el de Teodoreto. Tampoco el comentario de Tomás a 1 Tesalonicenses ni la Glosa ordinaria. Cipriano no cita 5:23-24 en las obras publicadas en el sitio. El localizador del Diálogo con Heraclides («6») sale de la nota 81 de Blosser, y no se ha cotejado con el texto de Orígenes. De Simpson solo se han leído esas tres obras.
Un esquema de lo que el pasaje permite predicar sin traicionar lo leído. No es la homilía; es su esqueleto.
Título. «Fiel es el que os llama».
Idea central. Pablo, después de sus mandatos, pide a Dios mismo que santifique a los suyos por completo y los guarde enteros hasta la venida del Señor, y afirma que lo hará porque quien llama es fiel.
- Quién santifica (v. 23a). El Dios de paz mismo, y no la fuerza del que recibe la carta.
- Qué se pide (v. 23b). Que todo lo que son, sin dejar nada fuera, sea guardado sin reproche hasta la venida del Señor.
- Qué lo sostiene (v. 24). Que quien llama es fiel, y por eso lo hará.
Aplicación. Pedir la santificación como Pablo, con oración y no solo con consejos; esperar la guarda de la fidelidad de Dios y no de la propia constancia; y no medir la santidad de un hermano por una cuenta de sus partes.
Cautela. El pasaje no dice cuántas partes tiene el hombre, ni cuándo ni en qué grado se completa la santificación, ni que «sin reproche» sea «sin pecado», ni si la promesa del verso 24 tiene condiciones. Quien predique una cosa u otra lo trae de otros textos y debe decirlo.