Se refutan las ideas de aquellos filósofos que niegan a Dios el cuidado del mundo entero o de cualquiera de sus partes.
I, 13, § 47
I, 13, § 48
I, 13, § 49
I, 13, § 50
Nada escapa al conocimiento de Dios. Esto se prueba por el testimonio de las Escrituras y por la analogía del sol, el cual, aunque creado, con su luz o su calor entra en todas las cosas.
I, 14, § 51
I, 14, § 52
I, 14, § 53
I, 14, § 54
I, 14, § 55
I, 14, § 56
A quienes están descontentos porque los buenos reciben mal y los malos bien, se les muestra con el ejemplo de Lázaro y con la autoridad de Pablo que los castigos y las recompensas están reservados para la vida futura.
I, 15, § 57
I, 15, § 58
Para confirmar lo dicho arriba acerca de recompensas y castigos, añade que no es extraño si no hay recompensa reservada para algunos en el futuro; pues éstos no trabajan aquí ni luchan. Continúa diciendo también que por esta razón se conceden bienes temporales a estas personas, para que no tengan excusa alguna.
I, 16, § 59
I, 16, § 60
I, 16, § 61
I, 16, § 62
I, 16, § 63
I, 16, § 64
Se exponen a continuación los deberes de la juventud y ejemplos adecuados a esa edad.
I, 17, § 65
I, 17, § 66
Sobre las distintas funciones de la modestia. Cómo debe regular tanto la palabra como el silencio, acompañar a la castidad, encomendar a Dios nuestras oraciones, gobernar los movimientos del cuerpo; sobre esto último se alude a dos clérigos con un lenguaje en modo alguno inadecuado a su objeto. Prosigue diciendo que el porte debe ser conforme a esta misma virtud, y cuán cuidadoso ha de ser uno para que nada inmodesto salga de su boca ni se advierta en su cuerpo. Todos estos puntos se ilustran con ejemplos muy oportunos.
I, 18, § 67
I, 18, § 68
I, 18, § 69
I, 18, § 70
I, 18, § 71
I, 18, § 72
I, 18, § 73
I, 18, § 74
I, 18, § 75
I, 18, § 76
I, 18, § 77
I, 18, § 78
I, 18, § 79
I, 18, § 80
¿Cómo debe manifestarse lo decoroso en quien habla? ¿Añade algo la belleza a la virtud y, en tal caso, cuánto? Por último, ¿qué cuidado hemos de tener para que nada presuntuoso ni afeminado se vea en nosotros?
I, 19, § 81
I, 19, § 82
I, 19, § 83
I, 19, § 84
Si queremos conservar nuestra modestia, debemos evitar la compañía de los hombres disolutos, también los banquetes de extraños y el trato con mujeres; el tiempo libre en casa debe gastarse en ocupaciones piadosas y virtuosas.
I, 20, § 85
I, 20, § 86
I, 20, § 87
I, 20, § 88
I, 20, § 89
Debemos guardarnos de la ira antes de que surja; si ya ha surgido, debemos reprimirla y calmarla, y si tampoco podemos hacer eso, al menos debemos guardar la lengua de la injuria, para que nuestras pasiones sean como las riñas de los muchachos. Relata lo que dijo Arquitas y muestra que David fue el primero en esto, tanto en sus acciones como en sus escritos.
I, 21, § 90
I, 21, § 91
I, 21, § 92
I, 21, § 93
I, 21, § 94
I, 21, § 95
I, 21, § 96
I, 21, § 97
Sobre la reflexión y la pasión, y sobre la observancia de la propiedad del lenguaje, tanto en la conversación ordinaria como al sostener discusiones.
I, 22, § 98
I, 22, § 99
I, 22, § 100
I, 22, § 101
Las bromas, aunque a veces puedan ser muy propias, deben ser desterradas por completo entre los clérigos. La voz debe ser llana y franca.
I, 23, § 102
I, 23, § 103
I, 23, § 104
Hay tres cosas que notar en las acciones de nuestra vida. Primera, nuestras pasiones han de ser dominadas por nuestra razón; segunda, debemos observar una moderación conveniente en nuestros deseos; y, por último, todo debe hacerse en el tiempo oportuno y en el orden debido. Todas estas cualidades resplandecieron tan visiblemente en los santos varones del tiempo del Antiguo Testamento, que es evidente que estaban bien provistos de lo que los hombres llaman las virtudes cardinales.
I, 24, § 105
I, 24, § 106
I, 24, § 107
I, 24, § 108
I, 24, § 109
I, 24, § 110
I, 24, § 111
I, 24, § 112
I, 24, § 113
I, 24, § 114
I, 24, § 115